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S.S. Bartolomé I, Homilía del Patriarca Ecuménico Bartolomé I durante la Misa en la Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo
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Homilía del Patriarca Ecuménico Bartolomé I durante la Misa en la Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

Basílica de San Pedro
Domingo 29 de junio de 2008

Santidad:

Teniendo aún viva la alegría y la emoción de la personal y bendita participación de Su Santidad en la fiesta patronal de Constantinopla, en la memoria de San Andrés apóstol, "el primer llamado", en noviembre de 2006, hemos salido "con paso exultante", desde El Fanar de la nueva Roma, para venir donde usted, a fin de participar de su alegría en la fiesta patronal de la antigua Roma. Y hemos venido donde usted "con la plenitud de la bendición del Evangelio de Cristo" (Rm 15, 29), restituyendo el honor y el amor, festejando, juntamente con nuestro predilecto hermano en la tierra de Occidente, a "los heraldos seguros e inspirados, los corifeos de los discípulos del Señor", los santos apóstoles Pedro, hermano de Andrés, y Pablo, estas dos inmensas columnas centrales de toda la Iglesia, elevadas hacia el cielo, las cuales, en esta histórica ciudad, dieron también la última brillante confesión de Cristo: aquí entregaron su alma al Señor con el martirio, uno con la cruz y otro con la espada, santificándola.

Por tanto, saludamos con profundísimo y devoto amor, de parte de la santísima Iglesia de Constantinopla y de sus hijos dispersos por el mundo, a Su Santidad, querido hermano, augurando de corazón "a cuantos están en Roma amados por Dios" (Rm 1, 7) que gocen de buena salud, paz y prosperidad, y que progresen día y noche hacia la salvación, "fervientes en el espíritu, sirviendo al Señor, alegres en la esperanza, fuertes en la tribulación, perseverantes en la oración" (Rm 12, 11-12).

En ambas Iglesias, Santidad, honramos debidamente y veneramos tanto al que dio una confesión salvífica de la divinidad de Cristo, San Pedro, como al vaso de elección, San Pablo, que proclamó esta confesión y fe hasta los confines del universo, en medio de las dificultades y peligros más inimaginables. Desde el año de salvación 258, festejamos su memoria el 29 de junio, tanto en Occidente como en Oriente, donde en los días que preceden, según la tradición de la Iglesia antigua, nos hemos preparado también por medio del ayuno, observado en su honor. Para subrayar más su igual valor, pero también por su peso en la Iglesia y en su obra regeneradora y salvadora durante los siglos, Oriente los honra habitualmente también a través de un icono común, en el que o tienen en sus santas manos un pequeño velero, que simboliza la Iglesia, o se abrazan el uno al otro y se intercambian el beso en Cristo.

Precisamente este beso santo hemos venido a intercambiar con usted, Santidad, subrayando el ardiente deseo en Cristo y el amor, que sentimos profundamente unos de otros.

El diálogo teológico entre nuestras Iglesias, "en fe, verdad y amor", gracias a la ayuda divina, sigue adelante, más allá de las notables dificultades que subsisten y de los problemas ya conocidos. Verdaderamente deseamos y oramos mucho por esto, para que se superen estas dificultades y para que desaparezcan los problemas lo más rápidamente posible, a fin de alcanzar el objeto de deseo final, para gloria de Dios.

Sabemos bien que también usted tiene este mismo deseo, como estamos seguros de que Su Santidad hará personalmente todo lo que esté de su parte, junto con sus ilustres colaboradores, para allanar perfectamente el camino, a fin de que los trabajos del diálogo logren su objetivo, con la ayuda de Dios.

Santidad, hemos proclamado el año 2008 "Año del apóstol San Pablo", como hace usted desde hoy hasta el año próximo, al cumplirse el bimilenario del nacimiento del gran Apóstol. En el ámbito de las manifestaciones por este aniversario, en el que también hemos venerado el lugar preciso de su martirio, tenemos programadas entre otras cosas una sagrada peregrinación a algunos monumentos de la actividad apostólica del Apóstol en Oriente, como Éfeso, Perge y otras ciudades de Asia menor, pero también Rodas y Creta, a la localidad llamada "Buenos Puertos". Esté seguro, Santidad, de que en este sagrado trayecto estará presente también usted, caminando con nosotros en espíritu, y de que en cada lugar elevaremos una ardiente oración por usted y por nuestros hermanos de la venerable Iglesia católica romana, dirigiendo una fuerte súplica e intercesión del divino Pablo al Señor por usted.

Y ahora, venerando los padecimientos y la cruz de San Pedro y abrazando la cadena y los estigmas de San Pablo, honrando la confesión y el martirio y la venerada muerte de ambos por el nombre del Señor, que lleva verdaderamente a la Vida, glorificamos al Dios tres veces santo y le suplicamos que, por intercesión de sus Apóstoles protocorifeos, nos conceda aquí abajo a nosotros y a todos los hijos de todas partes del mundo de la Iglesia ortodoxa y católica romana, la "unión de la fe y la comunión del Espíritu Santo" en el "vínculo de la paz", y allá arriba, en cambio, la vida eterna y la gran misericordia. Amén.

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