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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a un congreso sobre la identidad y la misi贸n de las radios cat贸licas.
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Discurso del Papa Benedicto XVI a un congreso sobre la identidad y la misi贸n de las radios cat贸licas

Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
ilustres se帽ores y amables se帽oras:

Me alegra acogeros en esta casa, que es la casa de Pedro. Con alegr铆a os doy la bienvenida a todos vosotros, directores, redactores y administradores, que represent谩is a las numerosas radios cat贸licas de todo el mundo, reunidos en Roma por el Consejo pontificio para las comunicaciones sociales para reflexionar sobre la identidad y la misi贸n de las radios cat贸licas hoy. Por medio de vosotros quiero saludar con afecto a vuestros numerosos oyentes de los diferentes pa铆ses y continentes que diariamente escuchan vuestra voz y, gracias a vuestro servicio informativo, aprenden a conocer mejor a Cristo, a escuchar al Papa y a amar a la Iglesia.

Doy vivamente las gracias al arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo pontificio para las comunicaciones sociales, por las amables palabras que me ha dirigido. Asimismo, saludo a los secretarios, al subsecretario y a todos los oficiales del Consejo pontificio para las comunicaciones sociales.

Las muchas y diversas formas de comunicaci贸n con las que contamos manifiestan de forma evidente que el hombre, en su estructura antropol贸gica esencial, est谩 hecho para entrar en relaci贸n con los dem谩s. Lo hace sobre todo por medio de la palabra. En su sencillez y aparente pobreza, la palabra, insert谩ndose en la gram谩tica com煤n del lenguaje, se pone como instrumento que realiza la capacidad de relaci贸n de los hombres. Esta capacidad se funda en la riqueza compartida de una raz贸n creada a imagen y semejanza del Logos eterno de Dios, es decir, del Logos en el que todo es creado libremente y por amor. Nosotros sabemos que ese Logos no ha permanecido ajeno a las vicisitudes humanas, sino que, por amor, se ha comunicado a s铆 mismo a los hombres 鈥�ho Logos sarx egheneto (Jn 1, 14)鈥� y, en el amor revelado por 茅l y donado en Cristo, sigue invitando a los hombres a relacionarse con 茅l y entre s铆 de una manera nueva.

Al haberse encarnado en el seno de Mar铆a, el Verbo de Dios ofrece al mundo una relaci贸n de intimidad y amistad 鈥�"ya no les llamo siervos (...), sino amigos" (Jn 15, 15)鈥�, que se transforma en fuente de novedad para el mundo y se pone en medio de la humanidad como comienzo de una nueva civilizaci贸n de la verdad y del amor. En efecto, "el Evangelio no es solamente una comunicaci贸n de cosas que se pueden saber, sino una comunicaci贸n que comporta hechos y cambia la vida" (Spe salvi, 2). Esta autocomunicaci贸n de Dios es la que ofrece un nuevo horizonte de esperanza y de verdad a las esperanzas humanas, y de esta esperanza es de donde surge, ya en este mundo, el inicio de un mundo nuevo, de esa vida eterna que ilumina la oscuridad del futuro humano.

Queridos amigos, al trabajar en estaciones de radio cat贸licas est谩is al servicio de la Palabra. Las palabras que transmit铆s cada d铆a son un eco de la Palabra eterna que se hizo carne. Vuestras palabras s贸lo dar谩n fruto si est谩n al servicio de la Palabra eterna, Jesucristo. En el plan de salvaci贸n y en la providencia de Dios, esta Palabra vivi贸 entre nosotros, o como dice san Juan, "puso su morada entre nosotros" (Jn 1, 14), con humildad. La Encarnaci贸n tuvo lugar en una aldea distante, lejos del ruido de las ciudades imperiales de la antig眉edad. Hoy, aunque utiliz谩is las tecnolog铆as modernas de la comunicaci贸n, las palabras que transmit铆s son tambi茅n humildes y a veces os podr铆a parecer que se pierden totalmente en la competencia con otros medios de comunicaci贸n ruidosos y m谩s poderosos. Pero no os desalent茅is. Est谩is sembrando la Palabra "a tiempo y a destiempo" (2 Tm 4, 2), cumpliendo de este modo el mandato de Jes煤s de anunciar el Evangelio a todas las naciones (cf. Mt 28, 19).

Las palabras que transmit铆s llegan a innumerables personas. Algunas de ellas est谩n solas y reciben vuestra palabra como un don consolador; otras tienen curiosidad y se interesan por lo que escuchan; otras nunca van a la iglesia, porque pertenecen a otras religiones o no pertenecen a ninguna; otras nunca han escuchado el nombre de Jesucristo, pero gracias a vuestro servicio escuchan por primera vez las palabras de salvaci贸n. Esta labor de siembra paciente, realizada d铆a tras d铆a, hora tras hora, constituye la manera como cooper谩is en la misi贸n apost贸lica.

Si las m煤ltiples formas y tipos de comunicaci贸n pueden ser un don de Dios al servicio del desarrollo de la persona humana y de toda la humanidad, la radio, con la que realiz谩is vuestro apostolado, propone una cercan铆a y una escucha de la palabra y de la m煤sica, para informar y entretener, para anunciar y denunciar, pero siempre en el respeto de la realidad y en una clara perspectiva de educaci贸n en la verdad y la esperanza. En efecto, Jesucristo nos da la Verdad sobre el hombre y la verdad para el hombre, y a partir de esta verdad, una esperanza para el presente y para el futuro de las personas y del mundo.

Desde esta perspectiva, el Papa os alienta en vuestra misi贸n y os felicita por el trabajo realizado. Pero como subray贸 la Redemptoris missio, "no basta usar los medios de comunicaci贸n social para difundir el mensaje cristiano y el magisterio aut茅ntico de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en la "nueva cultura" creada por la comunicaci贸n moderna" (n. 37).

Por este v铆nculo con la palabra, la radio participa en la misi贸n de la Iglesia y en su visibilidad, pero al mismo tiempo genera una nueva manera de vivir, de ser y de hacer Iglesia; implica desaf铆os eclesiol贸gicos y pastorales. Es importante hacer atractiva la palabra de Dios, d谩ndole cuerpo a trav茅s de vuestras producciones y emisiones, para tocar el coraz贸n de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, y para participar en la transformaci贸n de la vida de nuestros contempor谩neos.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 隆qu茅 perspectivas tan entusiasmantes se abren ante vuestro compromiso y vuestro trabajo! Vuestras redes pueden representar, ya desde ahora, un eco peque帽o pero concreto en el mundo de la red de amistad que la presencia de Cristo resucitado, Dios con nosotros, inaugur贸 entre el cielo y la tierra, y entre los hombres de todos los continentes y de todas las 茅pocas. As铆, vuestro trabajo se insertar谩 plenamente en la misi贸n de la Iglesia, a la que os invito a amar profundamente. Ayudando al coraz贸n de cada hombre a abrirse a Cristo, ayudar茅is al mundo a abrirse a la esperanza y a la civilizaci贸n de la verdad y el amor, que es el fruto m谩s elocuente de su presencia entre nosotros. Imparto a todos mi bendici贸n.

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