Soporte
S.S. Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la XIV Sesi贸n Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en la XIV Sesi贸n Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
distinguidas se帽oras y se帽ores:

Me complace tener esta ocasi贸n de encontrarme con vosotros mientras est谩is reunidos con motivo de la XIV sesi贸n plenaria de la Academia pontificia de ciencias sociales. Durante las dos 煤ltimas d茅cadas, la Academia ha dado una valiosa contribuci贸n a la profundizaci贸n y al desarrollo de la doctrina social de la Iglesia y a su aplicaci贸n en las 谩reas del derecho, la econom铆a, la pol铆tica y otras ciencias sociales. Agradezco a la profesora Margaret Archer sus amables palabras de saludo y expreso mi sincero aprecio a todos vosotros por vuestro compromiso en la investigaci贸n, el di谩logo y la ense帽anza, para que el Evangelio de Jesucristo siga irradiando su luz sobre las complejas situaciones que se presentan en un mundo que cambia r谩pidamente.

Al elegir el tema: "Perseguir el bien com煤n. 驴C贸mo pueden actuar juntamente la solidaridad y la subsidiariedad?", hab茅is decidido examinar la interrelaci贸n entre cuatro principios fundamentales de la doctrina social cat贸lica: la dignidad de la persona humana, el bien com煤n, la subsidiariedad y la solidaridad (cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, nn. 160-163). Estas realidades clave, que emergen del contacto vivo entre el Evangelio y las circunstancias sociales concretas, ofrecen un marco para considerar y afrontar los imperativos que la humanidad tiene ante s铆 en el alba del siglo XXI, como reducir las desigualdades en la distribuci贸n de los bienes, ampliar las oportunidades de educaci贸n, fomentar un crecimiento y un desarrollo sostenibles, y proteger el medio ambiente.

驴C贸mo pueden actuar juntamente la solidaridad y la subsidiariedad en la b煤squeda del bien com煤n, de modo que no s贸lo respete la dignidad humana, sino que tambi茅n le permita desarrollarse? Este es el n煤cleo de la cuesti贸n que est谩is estudiando. Como han revelado vuestros debates preliminares, una respuesta satisfactoria s贸lo puede surgir despu茅s de un esmerado examen del significado de los t茅rminos (cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, cap铆tulo 4). La dignidad humana es el valor intr铆nseco de la persona creada a imagen y semejanza de Dios y redimida por Cristo. El conjunto de las condiciones sociales que permiten a las personas realizarse individual y comunitariamente se conoce como bien com煤n. La solidaridad es la virtud que permite a la familia humana compartir plenamente el tesoro de los bienes materiales y espirituales, y la subsidiariedad es la coordinaci贸n de las actividades de la sociedad en apoyo de la vida interna de las comunidades locales.

Con todo, estas definiciones son s贸lo el comienzo, y s贸lo se comprenden adecuadamente si se las relaciona de modo org谩nico entre s铆 y se las considera apoyadas unas en otras. Al inicio podemos delinear las conexiones entre estos cuatro principios poniendo la dignidad de la persona en el punto de intersecci贸n de dos ejes: uno horizontal, que representa la "solidaridad" y la "subsidiariedad", y otro vertical, que representa el "bien com煤n". Esto crea un campo en el que podemos trazar los diversos puntos de la doctrina social de la Iglesia cat贸lica, que forman el bien com煤n.

Aunque esta analog铆a gr谩fica nos brinda un cuadro rudimentario de c贸mo estos principios fundamentales son imprescindibles unos para otros y est谩n necesariamente vinculados, sabemos que la realidad es mucho m谩s compleja. En efecto, las profundidades insondables de la persona humana y la maravillosa capacidad de los hombres para la comuni贸n espiritual 鈥攔ealidades que s贸lo se han manifestado plenamente a trav茅s de la revelaci贸n divina鈥� superan con creces la posibilidad de representaci贸n esquem谩tica. En cualquier caso, la solidaridad que une a la familia humana y los niveles de subsidiariedad que la refuerzan desde dentro deben situarse siempre en el horizonte de la vida misteriosa de Dios uno y trino (cf. Jn 5, 26; 6, 57), en quien percibimos un amor inefable compartido por personas iguales, aunque distintas (cf. Summa Theologiae, I, q. 42).

Queridos amigos, os invito a dejar que esta verdad fundamental impregne vuestras reflexiones: no s贸lo en el sentido de que los principios de solidaridad y subsidiariedad se enriquecen indudablemente con nuestra fe en la Trinidad, sino particularmente en el sentido de que estos principios tienen el potencial para poner a hombres y mujeres en el camino de descubrir su destino definitivo y sobrenatural. La natural inclinaci贸n humana a vivir en comunidad se confirma y se transforma gracias a la "unidad del Esp铆ritu", que Dios ha concedido a sus hijos e hijas adoptivos (cf. Ef 4, 3; 1 P 3, 8).

En consecuencia, la responsabilidad de los cristianos de trabajar por la paz y la justicia, su compromiso irrevocable de construir el bien com煤n, es inseparable de su misi贸n de proclamar el don de la vida eterna, a la que Dios ha llamado a todo hombre y a toda mujer. A este respecto, la tranquillitas ordinis, de la que habla san Agust铆n, se refiere a "todas las cosas", es decir, tanto a la "paz civil", que es una "concordia entre ciudadanos", como a la "paz de la ciudad celestial", que es la "ordenad铆sima y conform铆sima sociedad establecida para gozar de Dios, y unos de otros en Dios" (De civitate Dei, XIX, 13).

Los ojos de la fe nos permiten ver que las ciudades terrena y celestial se compenetran entre s铆 y est谩n ordenadas intr铆nsecamente una a otra, ya que ambas pertenecen a Dios Padre, que "est谩 sobre todos, por todos y en todos" (Ef 4, 6). Al mismo tiempo, la fe evidencia con mayor 茅nfasis la leg铆tima autonom铆a de las realidades terrenas, en la medida en que "est谩n dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden y leyes propias" (Gaudium et spes, 36).

Por consiguiente, pod茅is estar seguros de que vuestros debates ser谩n 煤tiles para todas las personas de buena voluntad, e impulsar谩n a los cristianos a aceptar con mayor prontitud su deber de mejorar la solidaridad con sus conciudadanos y entre ellos, y de actuar seg煤n el principio de subsidiariedad promoviendo la vida familiar, las asociaciones de voluntariado, la iniciativa privada y un orden p煤blico que facilite el buen funcionamiento de las comunidades m谩s fundamentales de la sociedad (cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 187).

Cuando examinamos los principios de solidaridad y de subsidiariedad a la luz del Evangelio, comprendemos que no son simplemente "horizontales": ambos tienen una dimensi贸n vertical esencial. Jes煤s nos manda hacer a los dem谩s lo que queramos que los dem谩s nos hagan a nosotros (cf. Lc 6, 31); amar a nuestro pr贸jimo como a nosotros mismos (cf. Mt 22, 35 ss). Estas leyes han sido inscritas por el Creador en la misma naturaleza del hombre (cf. Deus caritas est, 31). Jes煤s ense帽a que este amor nos llama hoy a dedicar nuestra vida al bien de los dem谩s (cf. Jn 15, 12-13).

En este sentido, la verdadera solidaridad 鈥攁unque comienza con un reconocimiento del valor igual del otro鈥� s贸lo se realiza cuando pongo de buen grado mi vida al servicio de los dem谩s (cf. Ef 6, 21). Esta es la dimensi贸n "vertical" de la solidaridad: me siento impulsado a hacerme a m铆 mismo menos que el otro, para atender a sus necesidades (cf. Jn 13, 14-15), precisamente como Jes煤s "se humill贸 a s铆 mismo" para permitir a los hombres y a las mujeres participar en su vida divina con el Padre y el Esp铆ritu (cf. Flp 2, 8; Mt 23, 12).

De igual modo, la subsidiariedad 鈥攅n la medida en que alienta a los hombres y a las mujeres a entablar libremente relaciones vivificantes con aquellos a quienes est谩n unidos m谩s 铆ntimamente y de quienes dependen m谩s directamente, y exige que las m谩s altas autoridades respeten estas relaciones鈥� manifiesta una dimensi贸n "vertical" que tiende al Creador del orden social (cf. Rm 12, 16-18). Una sociedad que respeta el principio de subsidiariedad libra a las personas del desaliento y la desesperaci贸n, garantiz谩ndoles la libertad de comprometerse unos con otros en los 谩mbitos del comercio, la pol铆tica y la cultura (cf. Quadragesimo anno, 80).

Cuando los responsables del bien com煤n respetan el deseo humano natural de autogobierno basado en la subsidiariedad, dejan espacio para la responsabilidad y la iniciativa individual, pero, lo que es m谩s importante, dejan espacio para el amor (cf. Rm 13, 8; Deus caritas est, 28), que sigue siendo siempre "el camino m谩s excelente" (1 Co 12, 31).

Al revelar el amor del Padre, Jes煤s no s贸lo nos ense帽贸 a vivir como hermanos y hermanas aqu铆, en la tierra; tambi茅n nos mostr贸 que 茅l mismo es el camino que lleva a la comuni贸n perfecta de unos con otros y con Dios en el mundo futuro, puesto que a trav茅s de 茅l "tenemos acceso al Padre en un mismo Esp铆ritu" (Ef 2, 18). Mientras os esforz谩is para articular los modos como los hombres y las mujeres pueden promover mejor el bien com煤n, os animo a examinar las dimensiones "vertical" y "horizontal" de la solidaridad y la subsidiariedad.

De este modo, podr茅is proponer modos m谩s eficaces de resolver los m煤ltiples problemas que afligen a la humanidad en el umbral del tercer milenio, testimoniando tambi茅n la primac铆a del amor, que trasciende y realiza la justicia pues impulsa a la humanidad hacia la misma vida de Dios (cf. Mensaje para la Jornada mundial de la paz de 2004).

Con estos sentimientos, os aseguro mis oraciones y, como prenda de paz y alegr铆a en el Se帽or resucitado, os imparto cordialmente mi bendici贸n apost贸lica a vosotros y a vuestros seres queridos.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico