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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante la Santa Misa con ordenaciones sacerdotales
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Homil铆a del Santo Padre durante la Santa Misa con ordenaciones sacerdotales en la Bas铆lica de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas:

Se realizan hoy para nosotros, de modo muy particular, las palabras que dicen: "Acreciste la alegr铆a, aumentaste el gozo" (Is 9, 2). En efecto, a la alegr铆a de celebrar la Eucarist铆a en el d铆a del Se帽or, se suman el j煤bilo espiritual del tiempo de Pascua, que ya ha llegado al sexto domingo, y sobre todo la fiesta de la ordenaci贸n de nuevos sacerdotes.

Juntamente con vosotros, saludo con afecto a los veintinueve di谩conos que dentro de poco ser谩n ordenados presb铆teros. Expreso mi profundo agradecimiento a cuantos los han guiado en su camino de discernimiento y de preparaci贸n, y os invito a todos a dar gracias a Dios por el don de estos nuevos sacerdotes a la Iglesia. Sosteng谩moslos con intensa oraci贸n durante esta celebraci贸n, con esp铆ritu de ferviente alabanza al Padre que los ha llamado, al Hijo que los ha atra铆do a s铆, y al Esp铆ritu Santo que los ha formado.

Normalmente, la ordenaci贸n de nuevos sacerdotes tiene lugar el IV domingo de Pascua, llamado domingo del Buen Pastor, que es tambi茅n la Jornada mundial de oraci贸n por las vocaciones, pero este a帽o no fue posible, porque yo estaba partiendo para mi visita pastoral a Estados Unidos. El icono del buen Pastor ilustra mejor que cualquier otro el papel y el ministerio del presb铆tero en la comunidad cristiana. Pero tambi茅n los pasajes b铆blicos que la liturgia de hoy propone a nuestra meditaci贸n iluminan, desde un 谩ngulo diverso, la misi贸n del sacerdote.

La primera lectura, tomada del cap铆tulo octavo de los Hechos de los Ap贸stoles, narra la misi贸n del di谩cono Felipe en Samaria. Quiero atraer inmediatamente la atenci贸n hacia la frase con que se concluye la primera parte del texto: "La ciudad se llen贸 de alegr铆a" (Hch 8, 8). Esta expresi贸n no comunica una idea, un concepto teol贸gico, sino que refiere un acontecimiento concreto, algo que cambi贸 la vida de las personas: en una determinada ciudad de Samaria, en el per铆odo que sigui贸 a la primera persecuci贸n violenta contra la Iglesia en Jerusal茅n (cf. Hch 8, 1), sucedi贸 algo que "llen贸 de alegr铆a". 驴Qu茅 es lo que sucedi贸?

El autor sagrado narra que, para escapar a la persecuci贸n religiosa desatada en Jerusal茅n contra los que se hab铆an convertido al cristianismo, todos los disc铆pulos, excepto los Ap贸stoles, abandonaron la ciudad santa y se dispersaron por los alrededores. De este acontecimiento doloroso surgi贸, de manera misteriosa y providencial, un renovado impulso a la difusi贸n del Evangelio. Entre quienes se hab铆an dispersado estaba tambi茅n Felipe, uno de los siete di谩conos de la comunidad, di谩cono como vosotros, queridos ordenandos, aunque ciertamente con modalidades diversas, puesto que en la etapa irrepetible de la Iglesia naciente, el Esp铆ritu Santo hab铆a dotado a los Ap贸stoles y a los di谩conos de una fuerza extraordinaria, tanto en la predicaci贸n como en la acci贸n taumat煤rgica.

Pues bien, sucedi贸 que los habitantes de la localidad samaritana de la que se habla en este cap铆tulo de los Hechos de los Ap贸stoles acogieron de forma un谩nime el anuncio de Felipe y, gracias a su adhesi贸n al Evangelio, Felipe pudo curar a muchos enfermos. En aquella ciudad de Samaria, en medio de una poblaci贸n tradicionalmente despreciada y casi excomulgada por los jud铆os, reson贸 el anuncio de Cristo, que abri贸 a la alegr铆a el coraz贸n de cuantos lo acogieron con confianza. Por eso 鈥攕ubraya san Lucas鈥�, aquella ciudad "se llen贸 de alegr铆a".

Queridos amigos, esta es tambi茅n vuestra misi贸n: llevar el Evangelio a todos, para que todos experimenten la alegr铆a de Cristo y todas las ciudades se llenen de alegr铆a. 驴Puede haber algo m谩s hermoso que esto? 驴Hay algo m谩s grande, m谩s estimulante que cooperar a la difusi贸n de la Palabra de vida en el mundo, que comunicar el agua viva del Esp铆ritu Santo? Anunciar y testimoniar la alegr铆a es el n煤cleo central de vuestra misi贸n, queridos di谩conos, que dentro de poco ser茅is sacerdotes.

El ap贸stol san Pablo llama a los ministros del Evangelio "servidores de la alegr铆a". A los cristianos de Corinto, en su segunda carta, escribe: "No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que contribuimos a vuestra alegr铆a, pues os manten茅is firmes en la fe" (2 Co 1, 24). Son palabras program谩ticas para todo sacerdote. Para ser colaboradores de la alegr铆a de los dem谩s, en un mundo a menudo triste y negativo, es necesario que el fuego del Evangelio arda dentro de vosotros, que reine en vosotros la alegr铆a del Se帽or. S贸lo podr茅is ser mensajeros y multiplicadores de esta alegr铆a llev谩ndola a todos, especialmente a cuantos est谩n tristes y afligidos.

Volvamos a la primera lectura, que nos brinda otro elemento de meditaci贸n. En ella se habla de una reuni贸n de oraci贸n, que tiene lugar precisamente en la ciudad samaritana evangelizada por el di谩cono Felipe. La presiden los ap贸stoles san Pedro y san Juan, dos "columnas" de la Iglesia, que hab铆an acudido de Jerusal茅n para visitar a esa nueva comunidad y confirmarla en la fe. Gracias a la imposici贸n de sus manos, el Esp铆ritu Santo descendi贸 sobre cuantos hab铆an sido bautizados.

En este episodio podemos ver un primer testimonio del rito de la "Confirmaci贸n", el segundo sacramento de la iniciaci贸n cristiana. Tambi茅n para nosotros, aqu铆 reunidos, la referencia al gesto ritual de la imposici贸n de las manos es muy significativo. En efecto, tambi茅n es el gesto central del rito de la ordenaci贸n, mediante el cual dentro de poco conferir茅 a los candidatos la dignidad presbiteral. Es un signo inseparable de la oraci贸n, de la que constituye una prolongaci贸n silenciosa. Sin decir ninguna palabra, el obispo consagrante y, despu茅s de 茅l, los dem谩s sacerdotes ponen las manos sobre la cabeza de los ordenandos, expresando as铆 la invocaci贸n a Dios para que derrame su Esp铆ritu sobre ellos y los transforme, haci茅ndolos part铆cipes del sacerdocio de Cristo. Se trata de pocos segundos, un tiempo brev铆simo, pero lleno de extraordinaria densidad espiritual.

Queridos ordenandos, en el futuro deber茅is volver siempre a este momento, a este gesto que no tiene nada de m谩gico y, sin embargo, est谩 lleno de misterio, porque aqu铆 se halla el origen de vuestra nueva misi贸n. En esa oraci贸n silenciosa tiene lugar el encuentro entre dos libertades: la libertad de Dios, operante mediante el Esp铆ritu Santo, y la libertad del hombre. La imposici贸n de las manos expresa pl谩sticamente la modalidad espec铆fica de este encuentro: la Iglesia, personificada por el obispo, que est谩 de pie con las manos extendidas, pide al Esp铆ritu Santo que consagre al candidato; el di谩cono, de rodillas, recibe la imposici贸n de las manos y se encomienda a dicha mediaci贸n. El conjunto de esos gestos es importante, pero infinitamente m谩s importante es el movimiento espiritual, invisible, que expresa; un movimiento bien evocado por el silencio sagrado, que lo envuelve todo, tanto en el interior como en el exterior.

Tambi茅n en el pasaje evang茅lico encontramos este misterioso "movimiento" trinitario, que lleva al Esp铆ritu Santo y al Hijo a habitar en los disc铆pulos. Aqu铆 es Jes煤s mismo quien promete que pedir谩 al Padre que mande a los suyos el Esp铆ritu, definido "otro Par谩clito" (Jn 14, 16), t茅rmino griego que equivale al latino ad-vocatus, abogado defensor. En efecto, el primer Par谩clito es el Hijo encarnado, que vino para defender al hombre del acusador por antonomasia, que es satan谩s. En el momento en que Cristo, cumplida su misi贸n, vuelve al Padre, el Padre env铆a al Esp铆ritu como Defensor y Consolador, para que permanezca para siempre con los creyentes, habitando dentro de ellos. As铆, entre Dios Padre y los disc铆pulos se entabla, gracias a la mediaci贸n del Hijo y del Esp铆ritu Santo, una relaci贸n 铆ntima de reciprocidad: "Yo estoy en mi Padre, vosotros en m铆 y yo en vosotros", dice Jes煤s (Jn 14, 20). Pero todo esto depende de una condici贸n, que Cristo pone claramente al inicio: "Si me am谩is" (Jn 14, 15), y que repite al final: "Al que me ama, lo amar谩 mi Padre, y yo tambi茅n lo amar茅 y me revelar茅 a 茅l" (Jn 14, 21). Sin el amor a Jes煤s, que se manifiesta en la observancia de sus mandamientos, la persona se excluye del movimiento trinitario y comienza a encerrarse en s铆 misma, perdiendo la capacidad de recibir y comunicar a Dios.

"Si me am谩is". Queridos amigos, Jes煤s pronunci贸 estas palabras durante la 煤ltima Cena, en el mismo momento en que instituy贸 la Eucarist铆a y el sacerdocio. Aunque estaban dirigidas a los Ap贸stoles, en cierto sentido se dirigen a todos sus sucesores y a los sacerdotes, que son los colaboradores m谩s estrechos de los sucesores de los Ap贸stoles. Hoy las volvemos a escuchar como una invitaci贸n a vivir cada vez con mayor coherencia nuestra vocaci贸n en la Iglesia: vosotros, queridos ordenandos, las escuch谩is con particular emoci贸n, porque precisamente hoy Cristo os hace part铆cipes de su sacerdocio. Acogedlas con fe y amor. Dejad que se graben en vuestro coraz贸n; dejad que os acompa帽en a lo largo del camino de toda vuestra vida. No las olvid茅is; no las perd谩is por el camino. Releedlas, meditadlas con frecuencia y, sobre todo, orad con ellas. As铆, permanecer茅is fieles al amor de Cristo y os dar茅is cuenta, con alegr铆a continua, de que su palabra divina "caminar谩" con vosotros y "crecer谩" en vosotros.

Otra observaci贸n sobre la segunda lectura: est谩 tomada de la primera carta de san Pedro, cerca de cuya tumba nos encontramos y a cuya intercesi贸n quiero encomendaros de modo especial. Hago m铆as sus palabras y con afecto os las dirijo: "Glorificad en vuestro coraz贸n a Cristo Se帽or y estad siempre prontos para dar raz贸n de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 P 3, 15). Glorificad a Cristo Se帽or en vuestros corazones, es decir, cultivad una relaci贸n personal de amor con 茅l, amor primero y m谩s grande, 煤nico y totalizador, dentro del cual vivir, purificar, iluminar y santificar todas las dem谩s relaciones.

"Vuestra esperanza" est谩 vinculada a esta "glorificaci贸n", a este amor a Cristo, que por el Esp铆ritu, como dec铆amos, habita en nosotros. Nuestra esperanza, vuestra esperanza, es Dios, en Jes煤s y en el Esp铆ritu. En vosotros esta esperanza, a partir de hoy, se convierte en "esperanza sacerdotal", la de Jes煤s, buen Pastor, que habita en vosotros y da forma a vuestros deseos seg煤n su Coraz贸n divino: esperanza de vida y de perd贸n para las personas encomendadas a vuestro cuidado pastoral; esperanza de santidad y de fecundidad apost贸lica para vosotros y para toda la Iglesia; esperanza de apertura a la fe y al encuentro con Dios para cuantos se acerquen a vosotros buscando la verdad; esperanza de paz y de consuelo para los que sufren y para los heridos por la vida.

Queridos hermanos, en este d铆a tan significativo para vosotros, mi deseo es que viv谩is cada vez m谩s la esperanza arraigada en la fe, y que se谩is siempre testigos y dispensadores sabios y generosos, dulces y fuertes, respetuosos y convencidos, de esa esperanza. Que os acompa帽e en esta misi贸n y os proteja siempre la Virgen Mar铆a, a quien os exhorto a acoger nuevamente, como hizo el ap贸stol san Juan al pie de la cruz, como Madre y Estrella de vuestra vida y de vuestro sacerdocio. Am茅n.

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