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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante el funeral del Cardenal Alfonso L贸pez Trujillo
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Homil铆a del Santo Padre durante el funeral del Cardenal Alfonso L贸pez Trujillo

Queridos hermanos y hermanas:

芦Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda 茅l solo; pero si muere, da mucho fruto禄 (Jn 12, 24). El evangelista san Juan anuncia as铆 la glorificaci贸n de Cristo a trav茅s del misterio de su muerte en cruz. En este tiempo de Pascua, precisamente a la luz del prodigio de la Resurrecci贸n, esas palabras cobran una elocuencia a煤n m谩s profunda e intensa. Aunque es verdad que en ellas se percibe cierta tristeza por la pr贸xima separaci贸n de sus disc铆pulos, tambi茅n es verdad que Jes煤s indica el secreto para derrotar el poder de la muerte.

La muerte no tiene la 煤ltima palabra; no es el fin de todo, sino que, redimida por el sacrificio de la cruz, puede ser ya el paso a la alegr铆a de la vida sin fin. Dice Jes煤s: 芦El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardar谩 para la vida eterna禄 (Jn 12, 25). As铆 pues, si aceptamos morir a nuestro ego铆smo, si no nos cerramos en nosotros mismos y hacemos de nuestra vida un don a Dios y a los hermanos, tambi茅n nosotros podremos conocer la rica fecundidad del amor. Y el amor no muere.

He aqu铆 el renovado mensaje de esperanza que nos comunica hoy la palabra de Dios, mientras damos la 煤ltima despedida a nuestro amado hermano el cardenal Alfonso L贸pez Trujillo. Su muerte, acaecida cuando parec铆a que ya se hab铆a recuperado de una fuerte crisis de salud iniciada desde hace m谩s de un a帽o, ha suscitado en todos nosotros una profunda emoci贸n. En Estados Unidos, donde me encontraba en visita pastoral, elev茅 inmediatamente a Dios una oraci贸n de sufragio por su alma y ahora, al final de la santa misa presidida por el cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio cardenalicio, me uno con afecto a todos vosotros para recordar con cu谩nta generosidad el difunto purpurado sirvi贸 a la Iglesia, y para dar gracias al Se帽or por los numerosos dones con que enriqueci贸 la persona y el ministerio de este querido hermano nuestro.

El arzobispo Alfonso L贸pez Trujillo fue el m谩s joven de los cardenales cuando, en el consistorio del 2 de febrero de 1983, mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II le impuso en la cabeza la birreta cardenalicia. Hab铆a nacido en Villahermosa, di贸cesis de Ibagu茅, en Colombia, en el a帽o 1935; siendo ni帽o se traslad贸, junto con su familia, a la capital, Bogot谩, donde, ya estudiante universitario, entr贸 en el seminario mayor.

Prosigui贸 los estudios en Roma y fue ordenado sacerdote en noviembre de 1960. Terminada su formaci贸n teol贸gica, ense帽贸 filosof铆a en el seminario arquidiocesano, trabajando durante muchos a帽os tambi茅n al servicio de toda la Iglesia en Colombia. En 1971, el siervo de Dios Pablo VI lo nombr贸 obispo auxiliar de Bogot谩. En esos mismos a帽os ejerci贸 la funci贸n de presidente de la comisi贸n doctrinal del Episcopado colombiano, y poco despu茅s fue elegido secretario general del Celam, cargo que desempe帽贸 con reconocida competencia durante un largo per铆odo de tiempo. El mismo Papa Pablo VI, en 1978, le encomend贸 el cargo de coadjutor con derecho a sucesi贸n de la arquidi贸cesis de Medell铆n, de la que m谩s tarde lleg贸 a ser pastor. Su profundo conocimiento de la realidad eclesial latinoamericana, madurado durante el prolongado per铆odo en que hab铆a trabajado como secretario del Celam, le mereci贸 el nombramiento de presidente de ese importante organismo eclesial, al que dirigi贸 sabiamente de 1979 a 1983.

De 1987 a 1990 fue presidente de la Conferencia episcopal colombiana. Adem谩s, tuvo ocasi贸n de ampliar su conocimiento de los problemas de la Iglesia universal al participar en las tres Asambleas del S铆nodo de los obispos, que tuvieron lugar en el Vaticano: en 1974, sobre la evangelizaci贸n; en 1977, sobre la catequesis; y en 1980, sobre la familia. Y precisamente a la familia fue llamado a dedicarse de modo particular desde el 8 de noviembre de 1990, cuando Juan Pablo II lo nombr贸 presidente del Consejo pontificio para la familia, cargo que desempe帽贸 hasta el momento de su muerte.

驴C贸mo no poner de relieve, en este momento, el celo y la pasi贸n con que trabaj贸 durante estos casi dieciocho a帽os, llevando a cabo una incansable actividad en defensa y promoci贸n de la familia y del matrimonio cristiano? 驴C贸mo no agradecerle la valent铆a con que defendi贸 los valores innegociables de la vida humana? Todos hemos admirado su incansable actividad. Fruto de este compromiso suyo es el Lexicon, que constituye un valioso texto de formaci贸n para agentes pastorales y un instrumento para dialogar con el mundo contempor谩neo sobre temas fundamentales de 茅tica cristiana.

No podemos menos de agradecerle la tenaz lucha que libr贸 en defensa de la 芦verdad禄 del amor familiar y en favor de la difusi贸n del 芦evangelio de la familia禄. El entusiasmo y la determinaci贸n con que actuaba en este campo eran el fruto de su experiencia personal, particularmente vinculada al calvario que tuvo que afrontar su madre, fallecida a la edad de 44 a帽os por una enfermedad muy dolorosa. 芦Cuando en mi trabajo 鈥攄ijo en cierta ocasi贸n鈥� hablo de los ideales del matrimonio y de la familia, me resulta natural pensar en la familia de la que provengo, porque a trav茅s de mis padres pude constatar que es posible realizar ambos禄.

El querido cardenal L贸pez Trujillo fundamentaba su amor a la verdad del hombre y al evangelio de la familia en la consideraci贸n de que todo ser humano y toda familia reflejan el misterio de Dios que es Amor. En la memoria de todos ha quedado grabada su conmovedora intervenci贸n en la Asamblea del S铆nodo de los obispos de 1997: fue un aut茅ntico canto a la vida. Present贸 una espiritualidad muy concreta para quienes est谩n comprometidos en la realizaci贸n del proyecto divino sobre la familia, y subray贸 que si la ciencia no se dedica a comprender y educar para la vida, perder谩 las batallas m谩s decisivas en el terreno fascinante y misterioso de la ingenier铆a gen茅tica.

El cardenal L贸pez Trujillo hizo de la defensa de la vida y del amor a la familia el compromiso caracter铆stico de su servicio en el Consejo pontificio del que era presidente, y dedic贸 toda su existencia a la afirmaci贸n de la verdad. Lo testimonia uno de sus escritos, en el que explica: 芦Escog铆 personalmente el lema "Veritas in caritate", porque todo lo que ata帽e a la verdad se encuentra en el centro de mis estudios禄. Y a帽ade que la verdad en el amor fue siempre para 茅l un 芦polo existencial禄, primero cuando en Colombia se esforzaba por 芦hallar el sentido de una genuina liberaci贸n en 谩mbito teol贸gico禄; y, luego, aqu铆 en Roma, cuando se dedic贸 a 芦profundizar, proclamar y difundir el evangelio de la vida y el evangelio de la familia, como colaborador del Santo Padre禄. Y concluye: 芦Tengo gran fe en el valor de esta lucha decisiva para la Iglesia y para la humanidad, y pido al Se帽or que me d茅 fuerza para no ser ni perezoso ni cobarde禄.

Si queremos llevar a cabo la misi贸n que Jes煤s nos encomienda, no debemos ser ni perezosos ni cobardes. En la segunda lectura hemos escuchado c贸mo el ap贸stol san Pablo, preso en Roma, exhorta a su fiel disc铆pulo Timoteo a tener valent铆a y perseverar en el testimonio de Cristo, incluso a costa de sufrir duras persecuciones, siempre con la certeza de que 芦si morimos con 茅l, tambi茅n viviremos con 茅l; si nos mantenemos firmes, tambi茅n reinaremos con 茅l禄 (2 Tm 2, 11-12).

La generosidad del cardenal L贸pez Trujillo, traducida en m煤ltiples obras de caridad, especialmente en favor de los ni帽os en diversas partes del mundo, nos debe estimular a gastar todas nuestras energ铆as f铆sicas y espirituales por el Evangelio; nos ha de impulsar a trabajar en defensa de la vida humana; nos debe ayudar a tener la mirada fija en la meta de nuestra peregrinaci贸n terrena. Y cu谩l es esa meta consoladora nos lo indica san Juan en el pasaje del Apocalipsis que se acaba de proclamar, ofreci茅ndonos la visi贸n de un 芦cielo nuevo禄 y de 芦una tierra nueva禄 (Ap 21, 1), y dibujando ante nuestra mirada las l铆neas prof茅ticas de la 芦ciudad santa禄, la 芦nueva Jerusal茅n... engalanada como una novia ataviada para su esposo禄 (Ap 21, 2).

Venerados hermanos y queridos amigos, no apartemos nunca los ojos de esta visi贸n: miremos hacia la eternidad, gustando anticipadamente, aun entre dificultades y tribulaciones, la alegr铆a de la futura 芦morada de Dios con los hombres禄, donde nuestro Redentor enjugar谩 todas nuestras l谩grimas y donde 芦no habr谩 ya muerte, ni llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado禄 (Ap 21, 4).

Pensamos que el querido cardenal Alfonso L贸pez Trujillo, por el que a煤n queremos orar, ya ha llegado a esta morada de luz y de alegr铆a. Que lo acoja Mar铆a y lo acompa帽en los 谩ngeles y los santos en el para铆so. Que su alma sedienta de Dios entre finalmente y descanse en paz para siempre en el 芦santuario禄 del Amor infinito. Am茅n.

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