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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre en la Catedral de San Patricio
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Homil铆a del Santo Padre en la Catedral de San Patricio, Nueva York

Visita Apost贸lica a Estados Unidos

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Saludo con gran afecto en el Se帽or a todos vosotros que represent谩is a los Obispos, sacerdotes y di谩conos, a los hombres y mujeres de vida consagrada, y a los seminaristas de los Estados Unidos. Agradezco al Cardenal Egan la cordial bienvenida y felicitaci贸n que ha expresado en nombre vuestro, al inicio del cuarto a帽o de mi Pontificado. Me alegra celebrar esta Misa con vosotros que hab茅is sido elegidos por el Se帽or, que hab茅is respondido a su llamado y que dedic谩is vuestra vida a la b煤squeda de la santidad, a la difusi贸n del Evangelio y a la edificaci贸n de la Iglesia en la fe, en la esperanza y en el amor.

Reunidos en esta hist贸rica catedral, 驴c贸mo no recordar a los innumerables hombres y mujeres que os han precedido, que han trabajado por el crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos, dej谩ndonos un patrimonio duradero de fe y de obras buenas? En la primera lectura de hoy hemos visto c贸mo los Ap贸stoles, con la fuerza del Esp铆ritu Santo, salieron de la sala del piso superior para anunciar las grandes obras de Dios a personas de toda naci贸n y lengua. En este pa铆s la misi贸n de la Iglesia ha conllevado siempre atraer a la gente 鈥渄e todas las naciones de la tierra鈥� (Hch 2,5) hacia una unidad espiritual enriqueciendo el Cuerpo de Cristo con la multiplicidad de sus dones. Al mismo tiempo que damos gracias por las bendiciones del pasado y consideramos los desaf铆os del futuro, queremos implorar de Dios la gracia de un nuevo Pentecost茅s para la Iglesia en Am茅rica. 隆Que desciendan sobre todos los presentes lenguas como de fuego, fundiendo el amor ardiente a Dios y al pr贸jimo con el celo por la propagaci贸n del Reino de Dios!

En la segunda lectura de esta ma帽ana san Pablo nos recuerda que la unidad espiritual 鈥� aquella unidad que reconcilia y enriquece la diversidad 鈥� tiene su origen y su modelo supremo en la vida del Dios uno y trino. La Trinidad, como comuni贸n de amor y libertad infinita, hace nacer incesantemente la vida nueva en la obra de la creaci贸n y redenci贸n. La Iglesia, como 鈥減ueblo unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp铆ritu Santo鈥� (Lumen gentium, 4), est谩 llamada a proclamar el don de la vida, a proteger la vida y a promover una cultura de la vida. Aqu铆, en esta catedral, nuestro recuerdo se dirige naturalmente al testimonio heroico por el Evangelio de la vida, dado por los difuntos Cardenales Cooke y O鈥機onnor. La proclamaci贸n de la vida, de la vida abundante, debe ser el centro de la nueva evangelizaci贸n. Pues la verdadera vida 鈥� nuestra salvaci贸n 鈥� se encuentra s贸lo en la reconciliaci贸n, en la libertad y en el amor que son dones gratuitos de Dios.

脡ste es el mensaje de esperanza que estamos llamados a anunciar y encarnar en un mundo en el que egocentrismo, avidez, violencia y cinismo parecen sofocar muy a menudo el crecimiento fr谩gil de la gracia en el coraz贸n de la gente. San Ireneo comprendi贸 con gran profundidad que la exhortaci贸n de Mois茅s al pueblo de Israel: 鈥淓lige la vida鈥� (Dt 30,19) era la raz贸n m谩s profunda para nuestra obediencia a todos los mandamientos de Dios (cf. Adv. Haer. IV, 16, 2-5). Quiz谩s hemos perdido de vista que en una sociedad en la que la Iglesia parece a muchos que es legalista e 鈥渋nstitucional鈥�, nuestro desaf铆o m谩s urgente es comunicar la alegr铆a que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios.

Soy particularmente feliz que nos hayamos reunido en la catedral de San Patricio. Este lugar, quiz谩s m谩s que cualquier otro templo de Estados Unidos, es conocido y amado como 鈥渦na casa de oraci贸n para todos los pueblos鈥� (cf. Is 56,7; Mc 11,17). Cada d铆a miles de hombres, mujeres y ni帽os entran por sus puertas y encuentran la paz dentro de sus muros. El Arzobispo John Hughes 鈥� como nos ha recordado el Cardenal Egan 鈥� fue el promotor de la construcci贸n de este venerable edificio; quiso erigirlo en puro estilo g贸tico. Quer铆a que esta catedral recordase a la joven Iglesia en Am茅rica la gran tradici贸n espiritual de la que era heredera, y que la inspirase a llevar lo mejor de este patrimonio en la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo en este pa铆s. Quisiera llamar vuestra atenci贸n sobre algunos aspectos de esta bell铆sima estructura, que me parece que puede servir como punto de partida para una reflexi贸n sobre nuestras vocaciones particulares dentro de la unidad del Cuerpo m铆stico.

El primer aspecto se refiere a los ventanales con vidrieras historiadas que inundan el ambiente interior con una luz m铆stica. Vistos desde fuera, estos ventanales parecen oscuros, recargados y hasta l煤gubres. Pero cuando se entra en el templo, de improviso toman vida; al reflejar la luz que las atraviesa revelan todo su esplendor. Muchos escritores 鈥� aqu铆 en Am茅rica podemos recordar a Nathaniel Hawthorne 鈥� han usado la imagen de estas vidrieras historiada para ilustrar el misterio de la Iglesia misma. Solamente desde dentro, desde la experiencia de fe y de vida eclesial, es como vemos a la Iglesia tal como es verdaderamente: llena de gracia, esplendorosa por su belleza, adornada por m煤ltiples dones del Esp铆ritu. Una consecuencia de esto es que nosotros, que vivimos la vida de gracia en la comuni贸n de la Iglesia, estamos llamados a atraer dentro de este misterio de luz a toda la gente.

No es un cometido f谩cil en un mundo que es propenso a mirar 鈥渄esde fuera鈥� a la Iglesia, igual que a aquellos ventanales: un mundo que siente profundamente una necesidad espiritual, pero que encuentra dif铆cil 鈥渆ntrar en el鈥� misterio de la Iglesia. Tambi茅n para algunos de nosotros, desde dentro, la luz de la fe puede amortiguarse por la rutina y el esplendor de la Iglesia puede ofuscarse por los pecados y las debilidades de sus miembros. La ofuscaci贸n puede originarse por los obst谩culos encontrados en una sociedad que, a veces, parece haber olvidado a Dios e irritarse ante las exigencias m谩s elementales de la moral cristiana. Vosotros, que hab茅is consagrado vuestra vida para dar testimonio del amor de Cristo y para la edificaci贸n de su Cuerpo, sab茅is por vuestro contacto diario con el mundo que nos rodea, cuantas veces se siente la tentaci贸n de ceder a la frustraci贸n, a la desilusi贸n e incluso al pesimismo sobre el futuro. En una palabra: no siempre es f谩cil ver la luz del Esp铆ritu a nuestro alrededor, el esplendor del Se帽or resucitado que ilumina nuestra vida e infunde nueva esperanza en su victoria sobre el mundo (cf. Jn 16,33).

Sin embargo, la palabra de Dios nos recuerda que, en la fe, vemos los cielos abiertos y la gracia del Esp铆ritu Santo que ilumina a la Iglesia y que lleva una esperanza segura a nuestro mundo. 鈥淪e帽or, Dios m铆o鈥�, canta el salmista, 鈥渆nv铆as tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra鈥� (Sal 104,30). Estas palabras evocan la primera creaci贸n, cuando 鈥渆l Aliento de Dios se cern铆a sobre la faz de las aguas鈥� (Gn 1,2). Y ellas impulsan nuestra mirada hacia la nueva creaci贸n, hacia Pentecost茅s, cuando el Esp铆ritu Santo descendi贸 sobre los Ap贸stoles e instaur贸 la Iglesia como primicia de la humanidad redimida (cf. Jn 20,22-23). Estas palabras nos invitan a una fe cada vez m谩s profunda en la potencia infinita de Dios, que transforma toda situaci贸n humana, crea vida desde la muerte e ilumina tambi茅n la noche m谩s oscura. Y nos hacen pensar en otra bell铆sima frase de san Ireneo: 鈥淒onde est谩 la Iglesia, all铆 est谩 el Esp铆ritu de Dios; donde est谩 el Esp铆ritu de Dios, all铆 est谩 la Iglesia y toda gracia鈥� (Adv. Haer. III, 24,1).

Esto me lleva a otra reflexi贸n sobre la arquitectura de este templo. Como todas las catedrales g贸ticas, tiene una estructura muy compleja, cuyas proporciones precisas y armoniosas simbolizan la unidad de la creaci贸n de Dios. Los artistas medievales a menudo representaban a Cristo, la Palabra creadora de Dios, como un 鈥渁parejador鈥� celestial con el comp谩s en mano, que ordena el cosmos con infinita sabidur铆a y determinaci贸n. Esta imagen, 驴no nos hace pensar quiz谩s en la necesidad de ver todas las cosas con los ojos de la fe para, de este modo, poder comprenderlas en su perspectiva m谩s aut茅ntica, en la unidad del plan eterno de Dios? Esto requiere, como sabemos, una continua conversi贸n y el esfuerzo de 鈥渞enovarnos en el esp铆ritu de nuestra mente鈥� (cf. Ef 4,23) para conseguir una mentalidad nueva y espiritual. Exige tambi茅n el desarrollo de aquellas virtudes que hacen a cada uno de nosotros capaz de crecer en santidad y dar frutos espirituales en el propio estado de vida. Esta constante conversi贸n 鈥渋ntelectual鈥�, 驴acaso no es tan necesaria como la conversi贸n 鈥渕oral鈥� para nuestro crecimiento en la fe, para nuestro discernimiento de los signos de los tiempos y para nuestra aportaci贸n personal a la vida y misi贸n de la Iglesia?

Una de las grandes desilusiones que siguieron al Concilio Vaticano II, con su exhortaci贸n a un mayor compromiso en la misi贸n de la Iglesia para el mundo, pienso que haya sido para todos nosotros la experiencia de divisi贸n entre diferentes grupos, distintas generaciones y diversos miembros de la misma familia religiosa. 隆Podemos avanzar s贸lo si fijamos juntos nuestra mirada en Cristo! Con la luz de la fe descubriremos entonces la sabidur铆a y la fuerza necesarias para abrirnos hacia puntos de vista que no siempre coinciden del todo con nuestras ideas o nuestras suposiciones. As铆 podemos valorar los puntos de vista de otros, ya sean m谩s j贸venes o m谩s ancianos que nosotros, y escuchar por fin 鈥渓o que el Esp铆ritu nos dice鈥� a nosotros y a la Iglesia (cf. Ap 2, 7). De este modo caminaremos juntos hacia la verdadera renovaci贸n espiritual que quer铆a el Concilio, la 煤nica renovaci贸n que puede reforzar la Iglesia en la santidad y en la unidad indispensable para la proclamaci贸n eficaz del Evangelio en el mundo de hoy.

驴No ha sido quiz谩s esta unidad de visi贸n y de intentos. - basada en la fe y en el esp铆ritu de continua conversi贸n y sacrificio personal - el secreto del crecimiento sorprendente de la Iglesia en este pa铆s? Basta pensar en la obra extraordinaria de aquel sacerdote americano ejemplar, el venerable Michael McGivney, cuya visi贸n y celo le llevaron a la fundaci贸n de los Caballeros de Col贸n, o en la herencia espiritual de generaciones de religiosas, religiosos y sacerdotes que, silenciosamente, han dedicado su vida al servicio del pueblo de Dios en innumerables escuelas, hospitales y parroquias.

Aqu铆, en el contexto de nuestra necesidad de una perspectiva fundamentada en la fe, y de unidad y colaboraci贸n en el trabajo de edificaci贸n de la Iglesia, querr铆a decir unas palabras sobre los abusos sexuales que han causado tantos sufrimientos. Ya he tenido ocasi贸n de hablar de esto y del consiguiente da帽o para la comunidad de los fieles. Ahora deseo expresaros sencillamente, queridos sacerdotes y religiosos, mi cercan铆a espiritual, al mismo tiempo que trat谩is de responder con esperanza cristiana a los continuos desaf铆os surgidos por esta situaci贸n. Me siento unido a vosotros rezando para que 茅ste sea un tiempo de purificaci贸n para cada uno y para cada Iglesia y comunidad religiosa, y tambi茅n un tiempo de sanaci贸n. Adem谩s, os animo a colaborar con vuestros obispos que siguen trabajando eficazmente para resolver este problema

Que muestro Se帽or Jesucristo conceda a la Iglesia en Am茅rica un renovado sentido de unidad y decisi贸n, mientras todos. - Obispos, clero, religiosos, religiosas y laicos. - caminan en la esperanza y en el amor rec铆proco y para la verdad.

Queridos amigos, estas consideraciones me llevan a una 煤ltima observaci贸n sobre esta gran catedral en la que nos encontramos. La unidad de una catedral g贸tica, es sabido, no es la unidad est谩tica de un templo cl谩sico, sino una unidad nacida de la tensi贸n din谩mica de diferentes fuerzas que empujan la arquitectura hacia arriba, orient谩ndola hacia el cielo. Aqu铆 podemos ver tambi茅n un s铆mbolo de la unidad de la Iglesia que es 鈥� como nos ha dicho san Pablo - unidad de un cuerpo vivo compuesto por muchos elementos diferentes, cada uno con su propia funci贸n y su propia determinaci贸n. Aqu铆 vemos tambi茅n la necesidad de reconocer y respetar los dones de cada miembro del cuerpo como 鈥渕anifestaci贸n del Esp铆ritu para provecho com煤n鈥� (1 Co 12,7). Ciertamente, en la estructura de la Iglesia querida por Dios se ha de distinguir entre los dones jer谩rquicos y los carism谩ticos (cf. Lumen gentium, 4). Pero precisamente la variedad y riqueza de las gracias concedidas por el Esp铆ritu nos invitan constantemente a discernir c贸mo estos dones tienen que ser insertados correctamente en el servicio de la misi贸n de la Iglesia. Vosotros, queridos sacerdotes, por medio de la ordenaci贸n sacramental, hab茅is sido conformados con Cristo, Cabeza del Cuerpo. Vosotros, queridos di谩conos, hab茅is sido ordenados para el servicio de este Cuerpo. Vosotros, queridos religiosos y religiosas, tanto los contemplativos como los dedicados al apostolado, hab茅is consagrado vuestra vida a seguir al divino Maestro en el amor generoso y en plena fidelidad a su Evangelio. Todos vosotros que hoy llen谩is esta catedral, as铆 como vuestros hermanos y hermanas ancianos, enfermos o jubilados que ofrecen sus oraciones y sus sacrificios para vuestro trabajo, est谩is llamados a ser fuerzas de unidad dentro del Cuerpo de Cristo. A trav茅s de vuestro testimonio personal y de vuestra fidelidad al ministerio o al apostolado que se os ha confiado prepar谩is el camino al Esp铆ritu. Ya que el Esp铆ritu nunca deja de derramar sus abundantes dones, suscitar nuevas vocaciones y nuevas misiones, y de dirigir a la Iglesia - como el Se帽or ha prometido en el fragmento evang茅lico de esta ma帽ana 鈥� hacia la verdad plena (cf. Jn 16, 13).

隆Dirijamos, pues, nuestra mirada hacia arriba! Y con gran humildad y confianza pidamos al Esp铆ritu que cada d铆a nos haga capaces de crecer en la santidad que nos har谩 piedras vivas del templo que 脡l est谩 levantando justamente ahora en el mundo. Si tenemos que ser aut茅nticas fuerzas de unidad, 隆esforc茅monos entonces en ser los primeros en buscar una reconciliaci贸n interior a trav茅s de la penitencia! 隆Perdonemos las ofensas padecidas y dominemos todo sentimiento de rabia y de enfrentamiento! 隆Esforc茅monos en ser los primeros en demostrar la humildad y la pureza de coraz贸n necesarias para acercarnos al esplendor de la verdad de Dios! En fidelidad al dep贸sito de la fe confiado a los Ap贸stoles (cf. 1 Tm 6,20), 隆esforc茅monos en ser testigos alegres de la fuerza transformadora del Evangelio!

隆Queridos hermanos y hermanas, de acuerdo con las tradiciones m谩s nobles de la Iglesia en este pa铆s, sed tambi茅n los primeros amigos del pobre, del pr贸fugo, del extranjero, del enfermo y de todos los que sufren! 隆Actuad como faros de esperanza, irradiando la luz de Cristo en el mundo y animando a los j贸venes a descubrir la belleza de una vida entregada enteramente al Se帽or y a su Iglesia! Dirijo este llamado de modo especial a los numerosos seminaristas y j贸venes religiosas y religiosos aqu铆 presentes. Cada uno de vosotros tiene un lugar particular en mi coraz贸n. No olvid茅is nunca que est谩is llamados a llevar adelante, con todo el entusiasmo y la alegr铆a que os da el Esp铆ritu, una obra que otros han empezado, un patrimonio que un d铆a vosotros tendr茅is que pasar tambi茅n a una nueva generaci贸n. 隆Trabajad con generosidad y alegr铆a, porque Aqu茅l a quien serv铆s es el Se帽or!

Las agujas de las torres de la catedral de san Patricio han sido muy superadas por los rascacielos del tipo de Manhattan; sin embargo, en el coraz贸n de esta metr贸poli ajetreada ellas son un signo vivo que recuerda la constante nostalgia del esp铆ritu humano de elevarse hacia Dios. En esta Celebraci贸n eucar铆stica queremos dar gracias al Se帽or porque nos permite reconocerlo en la comuni贸n de la Iglesia y colaborar con 脡l, edificando su Cuerpo m铆stico y llevando su palabra salvadora como buena nueva a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y despu茅s, cuando salgamos de este gran templo, caminemos como mensajeros de la esperanza en medio de esta ciudad y en todos aquellos lugares donde nos ha puesto la gracia de Dios. De este modo la Iglesia en Am茅rica conocer谩 una nueva primavera en el Esp铆ritu e indicar谩 el camino hacia aquella otra ciudad m谩s grande, la nueva Jerusal茅n, cuya luz es el Cordero (cf. Ap 21,23). Por esto Dios est谩 preparando tambi茅n ahora un banquete de alegr铆a y de vida infinitas para todos los pueblos. Am茅n.

Cortes铆a de aciprensa.com

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