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S.S. Benedicto XVI, Encuentro del Santo Padre con representantes de otras religiones
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Encuentro del Santo Padre con representantes de otras religiones

Visita Apost贸lica a Estados Unidos

Queridos amigos:

Me alegra tener la ocasi贸n de encontrarme hoy con ustedes. Agradezco las palabras de bienvenida del Obispo Sklba y saludo cordialmente a todos los que est谩n aqu铆, en representaci贸n de las diversas religiones presentes en los Estados Unidos de Am茅rica. Muchos de ustedes han aceptado amablemente la invitaci贸n para elaborar las reflexiones contenidas en el programa de hoy. Les estoy muy agradecido por las palabras acerca de c贸mo cada una de sus tradiciones contribuye a la paz. Gracias a todos.

Este Pa铆s tiene una larga historia de colaboraci贸n entre las diversas religiones en muchos campos de la vida p煤blica. Servicios de oraci贸n interreligiosa durante la Fiesta Nacional de Acci贸n de Gracias, iniciativas comunes en actividades caritativas, una voz compartida sobre cuestiones p煤blicas importantes: 茅stas son algunas formas en que los miembros de diversas religiones se encuentran para mejorar la comprensi贸n rec铆proca y promover el bien com煤n. Aliento a todos los grupos religiosos en Am茅rica a perseverar en esta colaboraci贸n y a enriquecer de este modo la vida p煤blica con los valores espirituales que animan su acci贸n en el mundo.

El lugar en el que estamos ahora reunidos fue fundado precisamente para promover este tipo de colaboraci贸n. De hecho, el 鈥淧ope John Paul II Cultural Center鈥� desea ofrecer una voz cristiana para 鈥渓a b煤squeda humana del sentido y objeto de la vida鈥� en un mundo de 鈥渃omunidades religiosas, 茅tnicas y culturales diversas鈥� (Mission Statement). Esta instituci贸n nos recuerda la convicci贸n de esta Naci贸n de que todos los hombres deben ser libres para buscar la felicidad de manera adecuada a su naturaleza de criaturas dotadas de raz贸n y de voluntad libre. Los americanos han apreciado siempre la posibilidad de dar culto libremente y de acuerdo con su conciencia. Alexis de Tocqueville, historiador franc茅s y observador de las realidades americanas, estaba fascinado por este aspecto de la Naci贸n. Subray贸 que 茅ste es un Pa铆s en el que la religi贸n y la libertad est谩n 鈥溍璶timamente vinculadas鈥� en la contribuci贸n a una democracia estable que favorezca las virtudes sociales y la participaci贸n en la vida comunitaria de todos sus ciudadanos. En las 谩reas urbanas, es normal que las personas procedentes de sustratos culturales y religiosos diversos se impliquen de manera conjunta cada d铆a en entidades comerciales, sociales y educativas. Hoy, j贸venes cristianos, jud铆os, musulmanes, hind煤es, budistas, y ni帽os de todas las religiones se sientan en las aulas de todo el Pa铆s uno junto a otro, aprendiendo unos de otros. Esta diversidad da lugar a nuevos retos que suscitan una reflexi贸n m谩s profunda sobre los principios fundamentales de una sociedad democr谩tica. Es de desear que vuestra experiencia anime a otros, siendo conscientes de que una sociedad unida puede proceder de una pluralidad de pueblos 鈥揈 pluribus unum, de muchos, uno鈥�, a condici贸n de que todos reconozcan la libertad religiosa como un derecho civil fundamental (cf. Dignitatis humanae, 2). El deber de defender la libertad religiosa nunca termina. Nuevas situaciones y nuevos desaf铆os invitan a los ciudadanos y a los l铆deres a reflexionar sobre el modo en que sus decisiones respetan este derecho humano fundamental. Tutelar la libertad religiosa dentro de la normativa legal no garantiza que los pueblos 鈥揺n particular las minor铆as鈥� se vean libres de formas injustas de discriminaci贸n y prejuicio. Esto requiere un esfuerzo constante por parte de todos los miembros de la sociedad con el fin de asegurar que a los ciudadanos se les d茅 la oportunidad de celebrar pac铆ficamente el culto y transmitir a sus hijos su patrimonio religioso.

La transmisi贸n de las tradiciones religiosas a las generaciones venideras no s贸lo ayuda a preservar un patrimonio, sino que tambi茅n sostiene y alimenta en el presente la cultura que las circunda. Lo mismo vale para el di谩logo entre las religiones: tanto los que participan en 茅l como la sociedad salen enriquecidos. En la medida en que crezcamos en la mutua comprensi贸n, vemos que compartimos una estima por los valores 茅ticos, perceptibles por la raz贸n humana, que son reconocidos por todas las personas de buena voluntad. El mundo pide insistentemente un testimonio com煤n de estos valores.

Por consiguiente, invito a todas las personas religiosas a considerar el di谩logo no s贸lo como un medio para reforzar la comprensi贸n rec铆proca, sino tambi茅n como un modo para servir a la sociedad de manera m谩s amplia. Al dar testimonio de las verdades morales que tienen en com煤n con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los grupos religiosos influyen sobre la cultura en su sentido m谩s amplio e impulsan a quienes nos rodean, a los colegas de trabajo y los conciudadanos, a unirse en el deber de fortalecer los lazos de solidaridad. Usando las palabras del Presidente Franklin Delano Roosevelt, 鈥渘ada m谩s grande podr铆a recibir nuestra tierra que un renacimiento del esp铆ritu de fe鈥�.

Un ejemplo concreto de la contribuci贸n que las comunidades religiosas pueden ofrecer a la sociedad civil son las escuelas confesionales. Estas instituciones enriquecen a los ni帽os tanto intelectual como espiritualmente. Guiados por sus maestros en el descubrimiento de la dignidad dada por Dios a todo ser humano, los j贸venes aprenden a respetar las creencias y pr谩cticas religiosas de los otros, enalteciendo la vida civil de una naci贸n.

隆Qu茅 responsabilidad tan grande tienen los l铆deres religiosos! Ellos han de impregnar la sociedad con un profundo temor y respeto por la vida humana y la libertad; garantizar que la dignidad humana se reconozca y aprecie; facilitar la paz y la justicia; ense帽ar a los ni帽os lo que es justo, bueno y razonable.

Hay otro punto sobre el que deseo detenerme. He notado un inter茅s creciente entre los gobiernos para patrocinar programas destinados a promover el di谩logo interreligioso e intercultural. Se trata de iniciativas encomiables. Al mismo tiempo, la libertad religiosa, el di谩logo interreligioso y la educaci贸n basada en la fe, tienden a algo m谩s que a lograr un consenso encaminado a encontrar caminos para formular estrategias pr谩cticas para el progreso de la paz. El objetivo m谩s amplio del di谩logo es descubrir la verdad. 驴Cu谩l es el origen y el destino del g茅nero humano? 驴Qu茅 es el bien y el mal? 驴Qu茅 nos espera al final de nuestra existencia terrena? Solamente afrontando estas cuestiones m谩s profundas podremos construir una base s贸lida para la paz y la seguridad de la familia humana: 鈥渄onde y cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natural el camino de la paz鈥� (Mensaje para la Jornada mundial de la Paz, 2006, 3).

Vivimos en una 茅poca en la que con demasiada frecuencia se marginan estas preguntas. Sin embargo, jam谩s se podr谩n borrar del coraz贸n humano. A lo largo de la historia, los hombres y las mujeres han buscado relacionar sus inquietudes con este mundo que pasa. En la tradici贸n judeocristiana, los Salmos est谩n llenos de expresiones como 茅stas: 鈥淢i aliento desfallece鈥� (Sal 143,4; cf. Sal 6,7; 31,11; 32,4; 38,8; 77,3); 鈥溌縋or qu茅 te acongojas, alma m铆a, por qu茅 te me turbas?鈥� (Sal 42,6). La respuesta es siempre de fe: 鈥淓spera en Dios, que volver谩s a alabarlo: 鈥楽alud de mi rostro, Dios m铆o鈥欌�� (ib铆d.; cf. Sal 62,6). Los l铆deres espirituales tienen un deber particular, y podr铆amos decir una competencia especial, de poner en un primer plano las preguntas m谩s profundas de la conciencia humana, de despertar a la humanidad ante el misterio de la existencia humana, de proporcionar un espacio para la reflexi贸n y la plegaria en un mundo fren茅tico. Ante estos interrogantes m谩s profundos sobre el origen y el destino del g茅nero humano, los cristianos proponen a Jes煤s de Nazaret. 脡l es, as铆 lo creemos, el Logos eterno, que se hizo carne para reconciliar al hombre con Dios y revelar la raz贸n que est谩 en el fondo de todas las cosas. Es a 脡l a quien llevamos al forum del di谩logo interreligioso. El deseo ardiente de seguir sus huellas impulsa a los cristianos a abrir sus mentes y sus corazones al di谩logo (cf. Lc 10,25-37; Jn 4,7-26).

Queridos amigos, en nuestro intento de descubrir los puntos de comuni贸n, hemos evitado quiz谩s la responsabilidad de discutir nuestras diferencias con calma y claridad. Mientras unimos siempre nuestros corazones y mentes en la b煤squeda de la paz, debemos tambi茅n escuchar con atenci贸n la voz de la verdad. De este modo, nuestro di谩logo no se detendr谩 s贸lo en reconocer un conjunto com煤n de valores, sino que avanzar谩 para indagar su fundamento 煤ltimo. No tenemos nada que temer, porque la verdad nos revela la relaci贸n esencial entre el mundo y Dios. Somos capaces de percibir que la paz es un 鈥渄on celestial鈥�, que nos llama a conformar la historia humana al orden divino. Aqu铆 est谩 la 鈥渧erdad de la paz鈥� (cf. Mensaje para la Jornada mundial de la Paz, 2006). Como hemos visto, pues, el objetivo m谩s importante del di谩logo interreligioso requiere una exposici贸n clara de nuestras respectivas doctrinas religiosas. A este respecto, los colegios, las universidades y centros de estudios son foros importantes para un intercambio sincero de ideas religiosas. La Santa Sede, por su parte, intenta impulsar esta tarea importante por medio del Consejo Pontificio para el Di谩logo Interreligioso, del Instituto Pontificio de Estudios 脕rabes e Isl谩micos, as铆 como de varias Universidades Pontificias.

Queridos amigos, dejemos que nuestro di谩logo sincero y nuestra cooperaci贸n impulsen a todos a meditar las preguntas m谩s profundas sobre su origen y destino. Que los miembros de todas las religiones est茅n unidos en la defensa y promoci贸n de la vida y la libertad religiosa en todo el mundo. Y que, dedic谩ndonos generosamente a este sagrado deber 鈥揳 trav茅s del di谩logo y de tantos peque帽os actos de amor, de comprensi贸n y de compasi贸n鈥� seamos instrumentos de paz para toda la familia humana. Paz a todos ustedes.

Cortes铆a de aciprensa.com

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