Soporte
Rvdo. P. J√ľrgen Daum, Domingo III de Pascua (Ciclo A). ¬ęLo reconocieron en la fracci√≥n del pan¬Ľ
Incrementar tama√Īo de fuente Disminuir tama√Īo de fuente
Compartir

Domingo III de Pascua. ¬ęLo reconocieron en la fracci√≥n del pan¬Ľ

I. LA PALABRA DE DIOS

Hech 2,14.22-28: ‚ÄúA quien vosotros matasteis clav√°ndole en la Cruz, Dios le resucit√≥‚ÄĚ

¬ęEntonces Pedro, present√°ndose con los Once, levant√≥ su voz y les dijo: ‚ÄúJud√≠os y habitantes todos de Jerusal√©n: Que os quede esto bien claro y prestad atenci√≥n a mis palabras‚Ķ A Jes√ļs, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y se√Īales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sab√©is, a √©ste, que fue entregado seg√ļn el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clav√°ndole en la cruz por mano de los imp√≠os; a √©ste, pues, Dios le resucit√≥ libr√°ndole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio; porque dice de √©l David:

Ve√≠a constantemente al Se√Īor delante de m√≠,
puesto que est√° a mi derecha, para que no vacile.
Por eso se ha alegrado mi corazón
y se ha alborozado mi lengua,
y hasta mi carne reposar√° en la esperanza
de que no abandonar√°s mi alma en el Hades
ni permitirás que tu santo experimente la corrupción.
Me has hecho conocer caminos de vida,
me llenar√°s de gozo con tu rostro.¬Ľ

Sal 15,1-2.5.7-11: ‚ÄúSe√Īor, me ense√Īar√°s el sendero de la vida‚ÄĚ

1Pe 1,17-21: ‚ÄúHab√©is sido redimidos con la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto‚ÄĚ

¬ęY si llam√°is Padre a quien, sin acepci√≥n de personas, juzga a cada cual seg√ļn sus obras, conduc√≠os con temor durante el tiempo de vuestro destierro, sabiendo que hab√©is sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo, predestinado antes de la creaci√≥n del mundo y manifestado en los √ļltimos tiempos a causa de vosotros; los que por medio de √©l cre√©is en Dios, que le ha resucitado de entre los muertos y le ha dado la gloria, de modo que vuestra fe y vuestra esperanza est√©n en Dios.¬Ľ

Lc 24, 13-35: ‚ÄúContaron lo que hab√≠a pasado en el camino y c√≥mo le hab√≠an conocido en la fracci√≥n del pan.‚ÄĚ

¬ęAquel mismo d√≠a iban dos de ellos a un pueblo llamado Ema√ļs, que distaba sesenta estadios de Jerusal√©n, y conversaban entre s√≠ sobre todo lo que hab√≠a pasado. Y sucedi√≥ que, mientras ellos conversaban y discut√≠an, el mismo Jes√ļs se acerc√≥ y sigui√≥ con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: ‚Äú¬ŅDe qu√© discut√≠s entre vosotros mientras vais andando?‚ÄĚ Ellos se pararon con aire entristecido.

Uno de ellos llamado Cleof√°s le respondi√≥: ‚Äú¬ŅEres t√ļ el √ļnico residente en Jerusal√©n que no sabe las cosas que estos d√≠as han pasado en ella?‚ÄĚ El les dijo: ‚Äú¬ŅQu√© cosas?‚ÄĚ Ellos le dijeron: ‚ÄúLo de Jes√ļs el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; c√≥mo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esper√°bamos que ser√≠a √©l el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres d√≠as desde que esto pas√≥. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta hab√≠an visto una aparici√≥n de √°ngeles, que dec√≠an que √©l viv√≠a. Fueron tambi√©n algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres hab√≠an dicho, pero a √©l no le vieron‚ÄĚ.

El les dijo: ‚Äú¬°Oh insensatos y tardos de coraz√≥n para creer todo lo que dijeron los profetas! ¬ŅNo era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara as√≠ en su gloria?‚ÄĚ Y, empezando por Mois√©s y continuando por todos los profetas, les explic√≥ lo que hab√≠a sobre √©l en todas las Escrituras.

Al acercarse al pueblo a donde iban, √©l hizo adem√°n de seguir adelante. Pero ellos le forzaron dici√©ndole: ‚ÄúQu√©date con nosotros, porque atardece y el d√≠a ya ha declinado‚ÄĚ. Y entr√≥ a quedarse con ellos. Y sucedi√≥ que, cuando se puso a la mesa con ellos, tom√≥ el pan, pronunci√≥ la bendici√≥n, lo parti√≥ y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero √©l desapareci√≥ de su lado. Se dijeron uno a otro: ‚Äú¬ŅNo estaba ardiendo nuestro coraz√≥n dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?‚ÄĚ

Y, levant√°ndose al momento, se volvieron a Jerusal√©n y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que dec√≠an: ‚Äú¬°Es verdad! ¬°El Se√Īor ha resucitado y se ha aparecido a Sim√≥n!‚ÄĚ Ellos, por su parte, contaron lo que hab√≠a pasado en el camino y c√≥mo le hab√≠an conocido en la fracci√≥n del pan.¬Ľ

II. APUNTES

Nos encontramos en ‚Äúel primer d√≠a de la semana‚ÄĚ, luego de la crucifixi√≥n del Se√Īor, cuando dos disc√≠pulos emprenden el retorno a su pueblo, Ema√ļs, que distaba aproximadamente 11 km. de Jerusal√©n.

Al momento de emprender el retorno ya las mujeres habían dado la noticia a los Once y a todos los demás de que aquella madrugada habían hallado el sepulcro vacío y de que habían visto unos ángeles que les habían asegurado que Jesucristo estaba vivo (ver Mt 28,8).

Quienes escucharon tales testimonios pensaban que las mujeres, debido a su estado emocional alterado, estar√≠an delirando (ver Lc 24,11). ¬ŅC√≥mo podr√≠a volver a la vida alguien tan brutalmente maltratado y crucificado? Lo razonable, por m√°s que el Se√Īor hab√≠a anunciado que resucitar√≠a, era pensar que todo hab√≠a terminado con su muerte.

En el camino a Ema√ļs, a√ļn cuando la pena agobia sus corazones, estos hombres hablan y dialogan sobre la causa de su abatimiento e infinita tristeza: la violenta e inesperada muerte del Maestro y, como consecuencia, de sus ilusiones desvanecidas y sus planes truncados. Ellos esperaban que √Čl fuese el Mes√≠as-liberador de Israel (ver Lc 24,21), pero luego de su dram√°tica crucifixi√≥n no quedaba m√°s que el sabor amargo del fracaso y de la frustraci√≥n. Todos sus anhelos y esperanzas, todas sus ilusiones hab√≠an estallado en mil pedazos con la muerte del Maestro y Amigo. Ahora, compa√Īeros en el dolor, compart√≠an un mismo vac√≠o infinito. La vida deb√≠a seguir su curso. Despu√©s de la muerte del Se√Īor Jes√ļs ya nada ten√≠an que hacer en Jerusal√©n.

Mas a pesar de su desolaci√≥n, no se cierran en s√≠ mismos, sino que abren sus corazones y se convierten as√≠, el uno para el otro, en un apoyo reconfortante. La pena compartida se hace m√°s f√°cil de sobrellevar, y as√≠, en mutua compa√Ī√≠a, recorren su dif√≠cil camino hablando de las tristezas que agobian sus corazones. Estos amigos no se quedan callados ni se encierran en una soledad autodestructiva para dejarse vencer por las penas, para dejarse atrapar por los propios problemas o para asfixiarse en medio de sus angustias. Ellos abren las puertas de sus dolientes corazones para hablar de lo que sufren, del dolor que experimentan. Simplemente, comparten, participan y se hacen part√≠cipes de sus mundos interiores, y con ello, se ayudan mutuamente, se apoyan entre s√≠.

Esa actitud de apertura genera entre los caminantes un dinamismo que permite que incluso un ‚Äúforastero‚ÄĚ pueda acercarse a ellos y compartir con √©l sus penas. El di√°logo dispone asimismo a los disc√≠pulos para que puedan acoger las palabras que han de sanar sus heridas y enardecer nuevamente sus corazones. De este modo el Se√Īor sale al encuentro de aquellos que le muestran sus heridas y sufrimientos y con su singular compa√Ī√≠a torna el triste camino a Ema√ļs en un camino de reconciliaci√≥n.

En efecto, gracias a la apertura de los disc√≠pulos, el Se√Īor establece con ellos un di√°logo que en s√≠ mismo porta un claro dinamismo reconciliador. Instruyendo primero sus entorpecidas mentes, el Se√Īor les explica que el Mes√≠as seg√ļn las Escrituras, y no seg√ļn sus propias expectativas horizontales, ten√≠a que padecer mucho y dar su vida en rescate por todo el pueblo. Mientras escuchaban con profunda atenci√≥n aquello que sin duda fue una incomparable ex√©gesis, las palabras del Se√Īor iban encontrando una profunda resonancia en sus corazones: ¬ęEl alma (de aquellos hombres) se enardec√≠a al o√≠r la palabra divina¬Ľ, comenta San Gregorio, pues las palabras del Se√Īor, cargadas de luz, penetraban en sus mentes y en sus corazones por lo verdaderas que eran.

Llegados a Ema√ļs el forastero convertido en compa√Īero de camino se dispone a continuar su propio camino y se despide. Luego de su instrucci√≥n primera el Se√Īor juzga oportuno dejar que los disc√≠pulos den el siguiente paso. √Čl ya ha tocado a la puerta de sus corazones y ahora es tiempo de esperar su respuesta libre. Al pedirle e insistirle que se quede con ellos es evidente que su adhesi√≥n no es obligada. La invitaci√≥n brota de un profundo deseo de acoger a aqu√©l hombre -desconocido a√ļn- cuyas ense√Īanzas hab√≠an abierto su entendimiento e iluminado sus embotadas mentes. Reci√©n entonces hab√≠an comprendido lo que anunciaban las antiguas Escrituras. As√≠, pues, un mayor deseo y anhelo de luz y de verdad que ard√≠a en lo √≠ntimo de sus corazones los impuls√≥ a insistir en esta invitaci√≥n a quedarse con ellos.

De este modo respond√≠an a la iniciativa del Se√Īor, acogi√©ndolo en su casa pero m√°s a√ļn en sus corazones. Una actitud pasiva, en cambio, habr√≠a significado el alejamiento del Se√Īor, el no reconocerlo presente y actuante en sus vidas.

Al invitarlo a permanecer con ellos el Se√Īor dejaba de ser un forastero o un compa√Īero de camino y pasaba a ser un amigo. En la mentalidad de aquellos lugares y culturas, acoger a alguien como hu√©sped tra√≠a consigo el compromiso de recibirle en la intimidad de la propia familia. Consiguientemente, el v√≠nculo que se formaba entre ellos pasaba a ser sagrado. En los disc√≠pulos de Ema√ļs hay el deseo de acoger e introducir al ‚Äúforastero‚ÄĚ en el c√≠rculo de su amistad. Con este gesto de generosa hospitalidad ellos mismos se convertir√°n en hu√©spedes del Se√Īor, seg√ļn las palabras del Apocalipsis: ¬ęMira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entrar√© en su casa y cenar√© con √©l y √©l conmigo¬Ľ (Ap 3,20).

El pan que el Se√Īor parte y comparte con ellos ser√° finalmente el signo visible que permita a sus disc√≠pulos reconocer una realidad hasta entonces retenida a sus ojos: ¬°es el Se√Īor! Al reconocerlo en la fracci√≥n del pan y luego de desaparecer √Čl de su vista, se dicen el uno al otro: ¬ę¬ŅNo estaba ardiendo nuestro coraz√≥n dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?¬Ľ (Lc 24,32). Es as√≠ como el camino de reconciliaci√≥n ha llegado a su culmen: la palabra del Se√Īor y la fracci√≥n del pan les ha abierto los embotados ojos de la mente y del coraz√≥n, los ha iluminado con un nuevo resplandor, cur√°ndolos de toda duda, ignorancia, tristeza, desaliento y miedo.

El gozo que experimentan los disc√≠pulos de Ema√ļs, la dicha inmensa que produce la experiencia de reconocer al Se√Īor resucitado es incontenible. Los disc√≠pulos, sin importar que sea de noche, se vuelven a Jerusal√©n de inmediato a anunciar la gozosa noticia a los dem√°s. El anuncio gozoso nace del encuentro reconciliador con Jesucristo, vivo y resucitado.

III. LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

Dos disc√≠pulos iban de vuelta a casa, a Ema√ļs. Las cosas no hab√≠an salido como esperaban. Sus ilusiones se hab√≠an trocado en amarga desilusi√≥n. En vez del ‚Äú√©xito‚ÄĚ se encontraron con el m√°s rotundo fracaso. Seg√ļn la idea que se hab√≠an hecho de Jes√ļs, seg√ļn su propio modo de ver las cosas, √Čl ten√≠a que ser el liberador pol√≠tico de Israel. ¬°Tantas se√Īales hab√≠a obrado! Parec√≠a que ya llegaba el momento de ser humanamente glorificado. Sin embargo, todo cambi√≥ abruptamente cuando en vez de ser ensalzado ‚ÄĒy ellos con √Čl‚ÄĒ fue crucificado como un maldito (ver G√°l 3,13). ¬°Todo iba tan bien, hasta que Dios hizo SILENCIO!

¬ŅCu√°ntas veces experimentamos en el caminar de nuestra vida esa ausencia de Dios, porque las cosas no salieron como yo quer√≠a? ¬ŅAcaso pensamos que los caminos de Dios son f√°ciles de seguir, que est√°n exentos de todo sufrimiento, de toda prueba? Y cuando en vez de la gloria el Se√Īor me pone delante la cruz, cuando el dolor se cruza en mi camino y Dios parece no escuchar mis s√ļplicas, cuando Dios permite el mal sin intervenir como yo pienso que deber√≠a actuar, cuando en vez de intervenir portentosamente s√≥lo hace SILENCIO, ¬°parece que perdemos la fe!

¬ŅCu√°ntas veces, como a aquellos peregrinos sin esperanza, me invaden tambi√©n a m√≠ en semejantes situaciones sentimientos de abandono de Dios, me ahogo en el desaliento y la desesperanza, y la tristeza me vuelve ciego a la presencia del Se√Īor que sale a mi encuentro y camina a mi lado? ¬ŅO cu√°ntas veces reacciono con infantil rebeld√≠a, alej√°ndome de Dios, hundi√©ndome en mi pecado para buscar un poco de alivio y desahogo, haci√©ndose luego mis tinieblas m√°s oscuras, m√°s pesadas, y mis soledades m√°s profundas?

Hoy como ayer, en medio de la tristeza o desaliento que podamos experimentar cuando el Se√Īor no responde a nuestras expectativas demasiado horizontalistas, cuando parece que ‚Äúya todo se ha acabado‚ÄĚ, el Se√Īor resucitado sale a nuestro encuentro para preguntarnos: ‚Äú¬Ņpor qu√© andas triste y cabizbajo?‚ÄĚ El acudir al Se√Īor con perseverancia en medio de las situaciones dif√≠ciles de la vida, el abrir el coraz√≥n doliente a quien al principio se nos puede presentar como un forastero tan ajeno a nuestros dolores y sufrimientos, la oraci√≥n perseverante, la escucha atenta de su Palabra, la apertura humilde del coraz√≥n, la insistencia para que se quede con nosotros, conducen finalmente a recibir el don de esa profunda mirada de fe que nos permite reconocerlo presente ¬ęen la fracci√≥n del pan¬Ľ (Lc 24,35). S√≠, en la Eucarist√≠a es donde se fortalece y alimenta nuestra comuni√≥n con √Čl, y en √Čl con toda la Iglesia. √Čl nos acompa√Īa todos los d√≠as en el camino de la vida de acuerdo a su promesa: ¬ęhe aqu√≠ que yo estoy con vosotros todos los d√≠as hasta el fin del mundo.¬Ľ (Mt 28,20)

IV. PADRES DE LA IGLESIA

‚ÄúY entr√≥ con ellos‚ÄĚ.

San Gregorio: ¬ęLe ponen la mesa, le ofrecen alimentos y conocen en el modo de partir el pan al que no hab√≠an conocido por la explicaci√≥n de las Escrituras.¬Ľ

‚ÄúY estando sentado con ellos a la mesa, tom√≥ el pan, y lo bendijo, y habi√©ndolo partido, se lo dio. Y fueron abiertos los ojos de ellos, y lo conocieron‚ÄĚ.

San Juan Cris√≥stomo: ¬ęEsto se dice, no de los ojos materiales, sino de los del esp√≠ritu.¬Ľ

San Agust√≠n: ¬ęNo estaban, sin embargo, tan ciegos, que no vieran algo, pero hab√≠a alg√ļn obst√°culo que les imped√≠a conocer lo que ve√≠an (lo que suele llamarse niebla, o alg√ļn otro obst√°culo). No porque Dios no pod√≠a transformar su carne y aparecer diferente de como lo hab√≠an visto en otras ocasiones, ya que tambi√©n se transform√≥ en el Tabor antes de su pasi√≥n, de tal modo que su rostro brillaba como el sol. Pero ahora no sucede as√≠, pues no recibimos este impedimento inconvenientemente, sino que el que Satan√°s haya impedido a sus ojos el reconocer a Jes√ļs, tambi√©n ha sido permitido por Cristo. Hasta que lleg√≥ al misterio del Pan, dando a conocer que cuando se participa de su Cuerpo desaparece el obst√°culo que opone el enemigo para que no se pueda conocer a Jesucristo.¬Ľ

San Agust√≠n: ¬ęQue el Se√Īor haya hecho adem√°n de ir m√°s lejos cuando acompa√Īaba a sus disc√≠pulos, explicando las Sagradas Escrituras a quienes ignoraban que fuese √Čl mismo, significa que ha inculcado a los hombres el poder acercarse a su conocimiento a trav√©s de la hospitalidad; para que cuando √Čl mismo se haya alejado de los hombres ‚ÄĒal cielo‚ÄĒ sin embargo, se quede con aquellos que se muestran como sus servidores. Aquel que una vez instruido en la doctrina participa de todos los bienes con el que lo catequiza, detiene a Jes√ļs para que no vaya m√°s lejos. He aqu√≠, por qu√© estos fueron catequizados por la palabra, cuando Jesucristo les expuso las Escrituras. Y como honraron con la hospitalidad a Aquel que no conocieron en la exposici√≥n de las Escrituras, lo conocieron en el modo de partir el Pan. No son buenos delante de Dios los que oyen su palabra, sino los que obran seg√ļn ella (Rom 2,13).¬Ľ

San Gregorio: ¬ęTodo el que quiere entender lo que oye, apres√ļrese a practicar lo que ya puede comprender. El Se√Īor no fue conocido mientras habl√≥, pero se dej√≥ conocer cuando fue alimentado.¬Ľ

San Gregorio: ¬ęEl alma se enardece al o√≠r la palabra divina, desaparece el hielo de la pereza y el esp√≠ritu se eleva al deseo y a la ansiedad de las cosas del cielo. Conviene, pues, o√≠r las divinas ense√Īanzas, y lo que es ense√Īado por medio de la ley, como si se inflamase por una porci√≥n de antorchas.¬Ľ

San Le√≥n Magno: ¬ęAquellos d√≠as, amad√≠simos hermanos, que transcurrieron entre la resurrecci√≥n del Se√Īor y su ascensi√≥n no fueron infructuosos, sino que en ellos fueron reafirmados grandes misterios y reveladas importantes verdades. (...) Durante estos d√≠as, el Se√Īor se junt√≥, como uno m√°s, a los dos disc√≠pulos que iban de camino y los reprendi√≥ por su resistencia a creer, a ellos, que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda. Sus corazones, por √Čl iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Se√Īor el sentido de las Escrituras. En la fracci√≥n del pan, cuando estaban sentados con √Čl a la mesa, se abrieron tambi√©n sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada.¬Ľ

V. CATECISMO DE LA IGLESIA

El sacramento de la Eucaristía

1328: La riqueza inagotable de este sacramento se expresa mediante los distintos nombres que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de sus aspectos. Se le llama:

1329: (…)

-Fracci√≥n del Pan porque este rito, propio del banquete jud√≠o, fue utilizado por Jes√ļs cuando bendec√≠a y distribu√≠a el pan como cabeza de familia, sobre todo en la ultima Cena. En este gesto los disc√≠pulos lo reconocer√°n despu√©s de su resurrecci√≥n, y con esta expresi√≥n los primeros cristianos designaron sus asambleas eucar√≠sticas (ver Hech 2, 42. 46; 20, 7. 11). Con √©l se quiere significar que todos los que comen de este √ļnico pan, partido, que es Cristo, entran en comuni√≥n con √©l y forman un solo cuerpo en √©l.

Cristo se hace verdaderamente presente ‚Äúen la Fracci√≥n del Pan‚ÄĚ

1373: ¬ęCristo Jes√ļs que muri√≥, resucit√≥, que est√° a la derecha de Dios e intercede por nosotros¬Ľ (Rom 8, 34), esta presente de m√ļltiples maneras en su Iglesia: en su Palabra, en la oraci√≥n de su Iglesia, ¬ęall√≠ donde dos o tres est√©n reunidos en mi nombre¬Ľ (Mt 18, 20), en los pobres, los enfermos, los presos, en los sacramentos de los que El es autor, en el sacrificio de la Misa y en la persona del ministro. Pero, ¬ęsobre todo (est√° presente), bajo las especies eucar√≠sticas¬Ľ (SC 7).

1374: El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucar√≠sticas es singular. Eleva la Eucarist√≠a por encima de todos los sacramentos y hace de ella ¬ęcomo la perfecci√≥n de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos¬Ľ. En el sant√≠simo sacramento de la Eucarist√≠a est√°n ¬ęcontenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Se√Īor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero¬Ľ (Concilio de Trento). ¬ęEsta presencia se denomina ‚Äúreal‚ÄĚ, no a t√≠tulo exclusivo, como si las otras presencias no fuesen ‚Äúreales‚ÄĚ, sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente¬Ľ (MF 39).

1375: Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. Los Padres de la Iglesia afirmaron con fuerza la fe de la Iglesia en la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo para obrar esta conversión. Así, S. Juan Crisóstomo declara que:

No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma las cosas ofrecidas.

Y S. Ambrosio dice respecto a esta conversión:

Estemos bien persuadidos de que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendici√≥n ha consagrado, y de que la fuerza de la bendici√≥n supera a la de la naturaleza, porque por la bendici√≥n la naturaleza misma resulta cambiada... La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no exist√≠a, ¬Ņno podr√≠a cambiar las cosas existentes en lo que no eran todav√≠a? Porque no es menos dar a las cosas su naturaleza primera que cambi√°rsela.

1376: El Concilio de Trento resume la fe cat√≥lica cuando afirma: ¬ęPorque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrec√≠a bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicci√≥n, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagraci√≥n del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Se√Īor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia cat√≥lica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciaci√≥n¬Ľ.

1377: La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.

VI. PALABRAS DE LUIS FERNANDO FIGARI (transcritas de textos publicados)

¬ęY, levant√°ndose al momento, regresaron a Jerusal√©n y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que dec√≠an: ‚Äú¬°Es verdad! ¬°El Se√Īor ha resucitado y se ha aparecido a Sim√≥n!‚ÄĚ Ellos, por su parte, contaron lo que hab√≠a pasado en el camino y c√≥mo lo hab√≠an reconocido en la fracci√≥n del pan¬Ľ (Lc 24,33-35).

Al momento. Antes de poner la tilde en la ‚Äúiota‚ÄĚ; el punto sobre la ‚Äúi‚ÄĚ. Al instante. Nada de procrastinaci√≥n (del lat√≠n pro, ‚Äúpara‚ÄĚ, y crastina, ‚Äúma√Īana‚ÄĚ), esto es: sin dejadeces ni demoras. Nada los detiene, ni la distancia por recorrer, ni el cansancio de lo caminado, ni otra circunstancia alguna. Efectivamente, los disc√≠pulos ardiendo de gozo por la experiencia del encuentro con el Resucitado ‚ÄĒ¬°y c√≥mo no habr√≠an de estarlo!‚ÄĒ fueron con toda prontitud a comunicar este acontecimiento a los Once y a los dem√°s en Jerusal√©n. Sus dudas se hab√≠an desvanecido. Su tristeza se hab√≠a trocado en ardor y gozo. ¬°Y es que han estado con el Se√Īor Jes√ļs!

El don y el misterio de la liturgia prolongan a trav√©s del tiempo la experiencia de Ema√ļs. La liturgia eucar√≠stica, expresi√≥n de la alegr√≠a pascual, es ¬ęuna invitaci√≥n a revivir, de alguna manera, la experiencia de los dos disc√≠pulos de Ema√ļs, que sent√≠an ‚Äúarder su coraz√≥n‚ÄĚ mientras el Resucitado se les acerc√≥ y caminaba con ellos, explicando las Escrituras y revel√°ndose ‚Äúal partir el pan‚ÄĚ. Es el eco del gozo, primero titubeante y despu√©s arrebatador, que los Ap√≥stoles experimentaron la tarde de aquel mismo d√≠a, cuando fueron visitados por Jes√ļs Resucitado y recibieron el don de su paz y de su Esp√≠ritu¬Ľ (S.S. Juan Pablo II, Dies Domini, 1).

Escucha de la Palabra en la Iglesia, encuentro con el Se√Īor, confesi√≥n de su presencia real en la Eucarist√≠a ‚ÄĒ¬°Se√Īor m√≠o y Dios m√≠o! (ver Jn 20,28)‚ÄĒ, conversi√≥n a √Čl y su divino Plan en la Comuni√≥n, y salida alegre a anunciar al mundo el misterio de la fe. Toda una concreci√≥n de un programa para la vida cristiana.

Ema√ļs ilumina el diario caminar. A cada quien toca ver y profundizar en su propia vida. Sacar las lecciones para que d√≠a a d√≠a se hagan concretas en el caminar y sean fuente de continua renovaci√≥n personal, haciendo efectiva y coherente su vida cristiana.

Que la rutina no nos robe el don que recibimos, que la propia atenci√≥n acoja la gracia para ser fiel al regalo magno recibido, al milagro en que se participa, al Se√Īor Jes√ļs realmente presente que se adora, y que la dejadez no impida llevar esa luz a la vida y compartirla con la familia, con nuestros hermanos y hermanas.

Pero d√≠a a d√≠a, hay que vivir la misma realidad. Esto es hacer de cada d√≠a un acto lit√ļrgico, descubriendo la sacramentalidad de las cosas, de las personas, y consagrando todas las acciones a Aquel de cuya presencia buscamos estar conscientes.

Hacer cotidianamente lo posible por responder al Se√Īor que llama a la puerta de nuestro coraz√≥n y nos invita a participar en la din√°mica de la reconciliaci√≥n. Como la Inmaculada Virgen Mar√≠a ante esa invitaci√≥n hay que decir: ‚ÄúHe aqu√≠ quien es tu siervo, h√°gase‚ÄĚ (ver Lc 1,38). ¬°S√≠, que toda nuestra vida sea un ‚Äúh√°gase‚ÄĚ a la invitaci√≥n de Dios!

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR√ďNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS‚ĄĘ. La versi√≥n electr√≥nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est√° protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par√°metros para su uso. Hecho el dep√≥sito legal.


Dise√Īo web :: Hosting Cat√≥lico