AmadÃsimos hermanos en el Episcopado,
queridos hijos e hijas:
1. “¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!†(Sal 87 [86], 3).
El salmista se prodiga en expresiones de alabanza a Jerusalén, la ciudad de Dios. Proclama la gloria de Sión, cuyas puertas son las que “prefiere el Señorâ€.
Sión, la montaña del Señor sobre la cual, como cimiento, está fundada la ciudad del Dios vivo: la ciudad que fue testigo de la Pascua, esto es, del Paso Salvador de Dios.
Y para este Paso de salvación estaba previsto un lugar: el Cenáculo de Jerusalén, donde se reunieron los Apóstoles después de la Ascensión del Señor. Allà permanecieron unidos en oración “Junto con algunas mujeres, entre ellas MarÃa, la madre de Jesús, y con sus hermanos†(Hch 1, 14).
Allà se prepararon para el acontecimiento de Pentecostés.
2. ¡“Qué pregón tan glorioso para tiâ€, santuario de Covadonga, Cueva de nuestra Señora!
Desde hace siglos se reúnen aquà asiduamente en oración generaciones de discÃpulos de Cristo, los hijos y las hijas de esta tierra de Asturias y de España. Se reúnen “con MarÃaâ€. Y la oración “con la Madre de Jesús†prepara, de una manera particular, los caminos de la venida del EspÃritu.
Este es el misterio de la Sión jerosolimitana. Este y no otro es el misterio de los santuarios marianos. Este es también el misterio del santuario de la Santina de Covadonga, donde, desde hace siglos, la Esposa del EspÃritu Santo, la Virgen MarÃa, está rodeada de veneración y amor.
Después de haber estado como peregrino en Compostela, he querido subir hasta aquÃ, a la montaña santa de Covadonga, tan unida por la historia a la fe de España.
Mi más cordial saludo se dirige en primer lugar a Su Alteza Real Don Felipe de Borbón, felizmente vinculado a este lugar Mariano, como PrÃncipe de Asturias.
Asimismo, pláceme renovar mi fraterno saludo al señor arzobispo de Oviedo, monseñor Gabino DÃaz Merchán, y a su auxiliar, asà como a los queridÃsimos asturianos. Este saludo se extiende también a los amadÃsimos Pastores de las diócesis hermanas de Astorga, León y Santander que, acompañados de numerosos fieles, han venido a esta solemne EucaristÃa.
3. Todos juntos ensalzamos en este dÃa a la Esposa del EspÃritu Santo. Fue a Ella sola, a quien el Ãngel mensajero de Dios anunció en Nazaret: “El EspÃritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del AltÃsimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios†(Lc 1, 35). MarÃa dio su consentimiento diciendo: “Hágase en mà según tu palabra†(ib. 1, 38). Y desde entonces quedó convertida en el santuario más santo de la historia de la humanidad.
¡MarÃa, Hija admirable de Sión!
He aquà que la vemos en camino hacia la casa de su prima Isabel. Esta, a su vez, iluminada por el EspÃritu Santo, reconoció en MarÃa este santÃsimo santuario:
“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!â€. “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?†(ib. 1, 42-43).
Con estas palabras inspiradas, ella tributó a MarÃa la primera bienaventuranza del Nuevo Testamento: la bienaventuranza de la fe de MarÃa:
“Dichosa tú, que has creÃdo, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá†(ib. 1, 45).
4. El Papa sucesor de Pedro, “que confiesa su fe†en este santuario vivo, que es la Virgen de Nazaret, sube también hoy a la montaña, a Covadonga, la Casa de la Señora, para proclamar a MarÃa ¡Bendita, feliz, dichosa! Se cumplirá asà la profecÃa de la Virgen del Magnificat: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones†(cf ib. 1, 38).
MarÃa es “la que ha creÃdoâ€. Es la creyente por excelencia, que ha dado su consentimiento a las palabras del Ãngel y a la elección del Señor. En esta narración evangélica se nos desvela el misterio de la fe de MarÃa.
Para poder anunciar esta verdad acerca de la Madre del Redentor es necesario recorrer el admirable “itinerario de la fe†que conduce de Nazaret a Belén, del templo de Jerusalén –el dÃa de la presentación del Niño Jesús– a Egipto, adonde huye en compañÃa de su esposo y su hijo, por temor de Herodes; y más tarde, tras la muerte de éste, regresa de nuevo a Nazaret. Asà van pasando los años de la vida oculta de Jesús.
Cuando Jesús da comienzo a su misión mesiánica, el itinerario mariano de la fe pasará por Caná de Galilea para llegar después a su revelación culminante en el Gólgota, a los pies de la Cruz.
Y finalmente, la encontramos en el Cenáculo de Jerusalén, en la ciudad santa de Sión, donde la primera comunidad de los discÃpulos de Jesús, en la espera de Pentecostés, reconoce en MarÃa a Aquella “que ha creÃdoâ€; la que con su fe ha hecho posible lo que ellos han podido contemplar con sus propios ojos.
MarÃa, testigo de Jesús que ha subido al cielo, es garantÃa del EspÃritu prometido, a quien los discÃpulos esperan en oración unánime y perseverante.
5. En el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha declarado que la Virgen, Santa Madre de Dios, admirablemente presente en la misión de su Hijo Jesucristo, “precedió†a toda la Iglesia en el camino de la fe, de la esperanza y de la perfecta unión con Cristo (cf. Lumen gentium, 58).
Desde el dÃa de Pentecostés se mantiene en el Pueblo de Dios por toda la faz de la tierra, este admirable “preceder†en la fe. Los santuarios marianos dan testimonio eficaz de este hecho.
Y lo da también el santuario de Covadonga.
La Cueva de nuestra Señora y el santuario que el pueblo fiel ha consagrado a esta imagen “pequeñina y galanaâ€, con el Niño en brazos y en su mano derecha una flor de oro, son un monumento de la fe del pueblo de Asturias y de España entera. La presencia de la Madre de Dios, vigilante y solÃcita en este lugar, realiza idealmente una unión sensible entre la primera comunidad apostólica de Pentecostés y la Iglesia establecida en esta tierra. Allà y aquà la presencia de MarÃa sigue siendo garantÃa de una auténtica fe católica y de una genuina esperanza nunca perdida.
En el Cenáculo los Apóstoles intensifican sin duda su cercanÃa afectuosa y filial a MarÃa, en quien contemplan un testigo singular del misterio de Cristo. Antes habÃan aprendido a mirarla a través de Jesús. Ahora aprendÃan a mirar a Jesús a través de la que conservaba en su corazón las primicias del Evangelio, el recuerdo imborrable de los primeros años de la vida de Cristo.
También en Covadonga los cristianos de Asturias veneráis en MarÃa a la Santa Madre de Cristo. Y Ella misma os introduce en el conocimiento de su Hijo, el Redentor del hombre.
Aquà y allÃ, en Covadonga y en el Cenáculo de Jerusalén, la presencia de MarÃa es garantÃa de la autenticidad de una Iglesia en la que no puede estar ausente la Madre de Jesús.
6. AsÃ, Covadonga, a través de los siglos, ha sido como el corazón de la Iglesia de Asturias. Cada asturiano siente muy dentro de sà el amor a la Virgen de Covadonga, a la “Madre y Reina de nuestra montañaâ€, como cantáis en su himno.
Por eso, si queréis construir una Asturias más unida y solidaria no podéis prescindir de esa nueva vida, fuente de espiritual energÃa, que hace más de doce siglos brotó en estas montañas a impulsos de la Cruz de Cristo y de la presencia materna de MarÃa.
¡Cuántas generaciones de hijos e hijas de esta tierra han rezado ante la imagen de la Madre y han experimentado su protección! ¡Cuántos enfermos han subido hasta este santuario para dar gracias a Dios por los favores recibidos mediante la intercesión de la Santina!
La Virgen de Covadonga es como un imán que atrae misteriosamente las miradas y los corazones de tantos emigrantes salidos de esta tierra y esparcidos hoy por lugares lejanos.
La Virgen MarÃa, podemos decir, no es sólo la “que ha creÃdo†sino la Madre de los creyentes, la Estrella de la evangelización que se ha irradiado en estas tierras y desde aquÃ, con sus hijos, misioneros y misioneras, ha llegado al mundo entero.
Covadonga es además una de las primeras piedras de la Europa cuyas raÃces cristianas ahondan en su historia y en su cultura. El reino cristiano nacido en estas montañas, puso en movimiento una manera de vivir y de expresar la existencia bajo la inspiración del Evangelio.
Por ello, en el contexto de mi peregrinación jacobea a las raÃces de la Europa cristiana, pongo confiadamente a los pies de la Santina de Covadonga el proyecto de una Europa sin fronteras, que no renuncie a las raÃces cristianas que la hicieron surgir. ¡Que no renuncie al auténtico humanismo del Evangelio de Cristo!
7. “El la ha cimentado sobre el monte santo... y cantarán mientras danzan: Todas mis fuentes están en tiâ€. (Sal 87 [86], 7)
Covadonga es también misteriosa fuente de agua que se remansa, tras brotar de las montañas, como imagen expresiva de las gracias divinas que Dios derrama con abundancia por intercesión de la Virgen MarÃa.
La ardua subida a esta montaña que muchos de vosotros seguÃs haciendo a pie en una noble y vigorosa experiencia de peregrinación, es el sÃmbolo del itinerario de la fe, del recorrido solidario de los caminos del Evangelio, de la subida al monte del Señor que es la vida cristiana. ¡Cuántos peregrinos han encontrado aquà la paz del corazón, la alegrÃa de la reconciliación, el perdón de los pecados y la gracia de la renovación interior! De esta manera la devoción a la Virgen se convierte en auténtica vida cristiana, en experiencia de la Iglesia como sacramento de salvación, en propósitos eficaces de renovación de vida.
¡MarÃa es la fuente y Cristo el agua viva!
Me complace saber que Covadonga es hoy lugar de peregrinación para tantos buscadores de Dios, que se manifiesta especialmente en la soledad y el silencio y se revela en los santuarios de la Madre. Aquà MarÃa, orante y maestra de oración, enseña a escuchar y a mirar al Maestro, a entrar en intimidad con El para aprender a ser discÃpulos, y ser después testigos del Dios vivo en una sociedad que hay que impregnar de auténtico testimonio de vida.
AquÃ, en Covadonga, templó su espÃritu un ilustre capellán de la Santina, Don Pedro Poveda y Castroverde, fundador de la Institución Teresiana, dedicada a la formación cristiana y a la renovación pedagógica en la España del primer tercio de este siglo. Una intuición profética, inspirada por MarÃa, para la promoción de la mujer, a través de mujeres de una auténtica transparencia mariana y un ardor apostólico tÃpicamente teresiano. ¡Aquà nació esta obra, a los pies de la Santina!
8. Queridos hermanos y hermanas: Hemos escuchado la proclamación del Salmista: “Se dirá de Sión: Uno por uno todos han nacido en ella: el AltÃsimo en persona la ha fundado†(Sal 87 [86], 5).
Asà es. Cada uno de nosotros ha nacido en Sión el dÃa de la efusión del EspÃritu Santo en Pentecostés. Cuando nace la Iglesia con la presencia de MarÃa. «El Señor escribirá en el registro de los pueblos: “ Este ha nacido allà â€Â» (ib. 6).
AquÃ, en el santuario mariano de Covadonga, el pueblo que habita en la penÃnsula ibérica, y en particular en la tierra de Asturias, percibe de una manera especial su nacimiento por obra del EspÃritu Santo.
Porque Covadonga es seno maternal y cuna de la fe y de la vida cristiana para la iglesia que vive en Asturias. Y MarÃa es imagen y Madre de la Iglesia y de cada comunidad cristiana que escucha la palabra, celebra los sacramentos y vive en la caridad, construyendo una sociedad más fraternal y solidaria.
Escuchad lo que nos enseña el Concilio Vaticano II:
“La Virgen SantÃsima... dio a luz al Hijo, a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8, 29), esto es, los fieles, a cuya generación y educación coopera con amor materno†(Lumen gentium, 63).
Aquella que ha creÃdo es también la que ha dicho:
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espÃritu en Dios mi Salvador†(Lc 1, 46-47).
Ella misma. La que es santÃsimo santuario del Dios hecho hombre.
Ella misma. La que es inspiración para todas las generaciones del Pueblo de Dios en su peregrinación terrena.
MarÃa. Ella misma... comienzo de un mundo nuevo –de un mundo mejor– en Cristo Jesús.
Amén.
© Copyright 2008. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOSâ„¢. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.