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S.S. Juan Pablo II, Homilía del Santo Padre Juan Pablo II durante la Santa Misa celebrada en el Monte del Gozo
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Homilía del Santo Padre Juan Pablo II durante la Santa Misa celebrada en el Monte del Gozo

Viaje Pastoral a Santiago de Compostela y Asturias con motivo de la IV Jornada Mundial de la Juventud

1. ¬ęVendr√°n pueblos y habitantes de grandes ciudades, y los de una ciudad ir√°n a otra, diciendo: Vayamos a implorar al Se√Īor, a consultar al Se√Īor de los ej√©rcitos¬Ľ (Za 8, 20-21).

¬°Saludo cordialmente a todos los presentes!

¬°Habitantes de numerosas ciudades! ¬°Representantes de muchos pueblos y naciones! Llegados aqu√≠ no s√≥lo de Galicia, de Espa√Īa entera, de toda Europa, desde el Atl√°ntico hasta los Urales, sino tambi√©n de Am√©rica del Norte y de Am√©rica Latina, del Oriente Medio, de √Āfrica, de Asia y de Ocean√≠a.

Asimismo me es grato saladar a los jóvenes que han venido de tantas comunidades parroquiales y diocesanas, movimientos y grupos de la Iglesia de Dios.

Saludo a los jóvenes presentes en esta celebración eucarística y a todos vuestros coetáneos, dondequiera que se encuentren.

Os he invitado a esta peregrinaci√≥n con ocasi√≥n de la Jornada Mundial de la Juventud del A√Īo del Se√Īor 1989. Os agradezco vivamente vuestra presencia.

2. Este lagar est√° unido a la memoria del Ap√≥stol de Jesucristo. Uno de los dos hermanos Zebedeos: Santiago, hermano de Juan. Por el Evangelio conocemos el nombre de su padre y conocemos tambi√©n a su madre. Sabemos que ella intervino ante Jes√ļs en favor de sus hijos: ¬ęque estos dos hijos m√≠os se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda¬Ľ (Mt 20, 21).

La madre se preocup√≥ por asegurar el futuro de sus hijos. Observaba todo lo que Jes√ļs hac√≠a: hab√≠a visto el poder divino que acompa√Īaba a su misi√≥n. Cre√≠a ciertamente que El era el Mes√≠as anunciado por los profetas. El Mes√≠as que iba a restablecer el reino de Israel (cf. Hch 1, 6).

No hay que maravillarse de la actitud de esta madre. No hay que maravillarse de una hija de Israel que amaba a su pueblo. Y amaba a sus hijos. Deseaba para ellos lo que consideraba un bien.

3. He aquí a Santiago, hijo de Zebedeo, pescador como su padre y su hermano; hijo de una madre decidida.

Santiago sigui√≥ a Jes√ļs de Nazaret cuando el Maestro, respondiendo a la pregunta de su madre, les dijo: ¬ę¬ŅSois capaces de beber el c√°liz que yo he de beber?¬Ľ (Mt 20, 22). Santiago y su hermano Juan responden sin dudar: ¬ęLo somos¬Ľ (ib.).

Esta no es una respuesta calculada, sino llena de confianza.

Santiago no sab√≠a a√ļn, y en todo caso no lo sab√≠a totalmente, qu√© significaba este ¬ęc√°liz¬Ľ. Cristo hablaba del c√°liz que El mismo hab√≠a de beber: el c√°liz que hab√≠a recibido del Padre.

Lleg√≥ el momento en que Cristo llev√≥ a cabo lo que hab√≠a anunciado antes: bebi√≥ hasta la √ļltima gota el c√°liz que el Padre le habla dado.

Verdaderamente, en el G√≥lgota Santiago no estaba con su Maestro. Tampoco estaban Pedro ni los dem√°s Ap√≥stoles. Junto a la Madre de Cristo permaneci√≥ √ļnicamente Juan; solamente √©l.

Sin embargo, m√°s tarde todos comprendieron ‚Äēy Santiago comprendi√≥‚Äē la verdad sobre el ¬ęc√°liz¬Ľ. Comprendi√≥ que Cristo hab√≠a de beberlo hasta la √ļltima gota. Comprendi√≥ que era necesario que sufriera todo eso; que sufriera la muerte de cruz...

Cristo, en efecto, el Hijo de Dios, ¬ęno ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos¬Ľ (Mt 20, 28).

¡Cristo es el servidor de la Redención humana!

Por esto: ¬ęel que quiera ser grande de entre vosotros, que sea vuestro servidor¬Ľ (Mt 20, 26).

4. A trav√©s de los siglos gente de muchas ciudades y de muchas naciones ha venido en peregrinaci√≥n hasta aqu√≠; hasta el Ap√≥stol al que Cristo hab√≠a dicho: ¬ęmi c√°liz lo beber√°s¬Ľ.

Han peregrinado los j√≥venes para aprender junto a la tumba del Ap√≥stol aquella verdad evang√©lica: ¬ęel que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor¬Ľ.

En estas palabras se encuentra el criterio esencial de la grandeza del hombre. Este criterio es nuevo As√≠ fue en tiempos de Cristo y lo sigue siendo despu√©s de dos mil a√Īos.

Este criterio es nuevo. Supone una transformaci√≥n, una renovaci√≥n de los criterios con que se gu√≠a el mundo. ¬ęSab√©is que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No ser√° as√≠ entre vosotros¬Ľ (Mt 20, 25-26).

El criterio con el que se guía el mundo es el criterio del éxito. Tener el poder... Tener el poder económico para hacer ver la dependencia de los demás. Tener el poder cultural para manipular las conciencias. ¡Usar... y abusar!

Tal es el ¬ęesp√≠ritu de este mundo¬Ľ.

¬ŅQuiere esto decir acaso que el poder en s√≠ mismo es malo? ¬ŅQuiere esto decir que la econom√≠a ‚Äēla iniciativa econ√≥mica‚Äē es en s√≠ misma mala?

¬°No! De ninguna manera. Una y otra cosa pueden ser tambi√©n un modo de servir. Este es el esp√≠ritu de Cristo, la verdad del Evangelio. Esta verdad y este esp√≠ritu est√°n expresados en la Catedral de Santiago de Compostela por el Ap√≥stol, que ‚Äēseg√ļn el deseo de su madre‚Äē deb√≠a ser el primero, pero ‚Äēsiguiendo a Cristo‚Äē se convirti√≥ en servidor.

5. ¬ŅPor qu√© est√°is aqu√≠ vosotros j√≥venes de los a√Īos noventa y del siglo veinte? ¬ŅNo sent√≠s acaso tambi√©n dentro de vosotros ¬ęel esp√≠ritu de este mundo¬Ľ, en la medida en que esta √©poca, rica en medios del uso y del abuso, lucha contra el esp√≠ritu del Evangelio?

¬ŅNo ven√≠s aqu√≠ tal vez para convenceros definitivamente de que ¬ęser grandes¬Ľ quiere decir ¬ęservir¬Ľ? Pero. . . ¬Ņest√°is dispuestos a beber aquel c√°liz? ¬ŅEst√°is dispuestos a dejaros penetrar por el cuerpo y sangre de Cristo, para morir al hombre viejo que hay en nosotros y resucitar con El? ¬ŅSent√≠s la fuerza del Se√Īor para haceros cargo de vuestros sacrificios, sufrimientos y ¬ęcruces¬Ľ que pesan sobre los j√≥venes desorientados acerca del sentido de la vida, manipulados por el poder, desocupados, hambrientos, sumergidos en la droga y la violencia, esclavos del erotismo que se propaga por doquier...? Sabed que el yugo de Cristo es suave... Y que s√≥lo en El tendremos el ciento por uno, aqu√≠ y ahora, y despu√©s la vida eterna.

6. ¬ŅPor qu√© est√°is aqu√≠ vosotros, j√≥venes de los a√Īos noventa y del siglo veinte? ¬ŅNo sent√≠s tambi√©n dentro de vosotros ¬ęel esp√≠ritu de este mundo¬Ľ? ¬ŅNo ven√≠s tal vez ‚Äēvuelvo a decirlo‚Äē para convenceros definitivamente de que ¬ęser grandes¬Ľ quiere decir ¬ęservir¬Ľ? Este ¬ęservicio¬Ľ no es ciertamente un mero sentimiento humanitario. Ni la comunidad de los disc√≠pulos de Cristo es una agencia de voluntariado y de ayuda social. Un servicio de esta √≠ndole quedar√≠a reducido al horizonte de ¬ęesp√≠ritu de este mundo¬Ľ. ¬°No! Se trata de mucho m√°s. La radicalidad, la calidad y el destino del ¬ęservicio¬Ľ, al que todos somos llamados, se encuadra en el misterio de la Redenci√≥n del hombre. Porque hemos sido criados, hemos sido llamados, hemos sido destinados, ante todo y sobre todo, a servir a Dios, a imagen y semejanza de Cristo que, como Se√Īor de todo lo creado, centro del cosmos y de la historia, manifest√≥ su realeza mediante la obediencia hasta la muerte, habiendo sido glorificado en la Resurrecci√≥n (cf. Lumen gentium n. 36). El reino de Dios se realiza a trav√©s de este ¬ęservicio¬Ľ, que es plenitud y medida de todo servicio humano. No act√ļa con el criterio de los hombres mediante el poder, la fuerza y el dinero. Nos pide a cada uno de nosotros la total disponibilidad de seguir a Cristo, el cual ¬ęno vino a ser servido sino a servir¬Ľ.

Os invito, queridos amigos, a descubrir vuestra vocaci√≥n real para colaborar en la difusi√≥n de este Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, el amor y la paz. Si de veras dese√°is servir a vuestros hermanos, dejad que Cristo reine en vuestros corazones, que os ayude a discernir y crecer en el dominio de vosotros mismos, que os fortalezca en las virtudes, que os llene sobre todo de su caridad, que os lleve por el camino que conduce a la ¬ęcondici√≥n del hombre perfecto¬Ľ ¬°No teng√°is miedo a ser santos! Esta es la libertad con la que Cristo nos ha liberado (cf. G√°l 5, 1). No como la prometen con ilusi√≥n y enga√Īo los poderes de este mundo: una autonom√≠a total, una ruptura de toda pertenencia en cuanto criaturas e hijos, una afirmaci√≥n de autosuficiencia, que nos deja indefensos ante nuestros limites y debilidades, solos en la c√°rcel de nuestro ego√≠smo, esclavos del ¬ęesp√≠ritu de este mundo¬Ľ, condenados a la ¬ęservidumbre de la corrupci√≥n¬Ľ (Rm 8, 21).

Por esto, pido al Se√Īor que os ayude a crecer en esta ¬ęlibertad real¬Ľ como criterio b√°sico e iluminador de juicio y de elecci√≥n en la vida. Esa misma libertad orientar√° vuestro comportamiento moral en la verdad y en la caridad. Os ayudar√° a descubrir el amor aut√©ntico, no deteriorado por un permisivismo alienante y delet√©reo. Os har√° personas abiertas a una eventual llamada a la donaci√≥n total en el sacerdocio o en la vida consagrada. Os har√° crecer en humanidad mediante el estudio y el trabajo. Animar√° vuestras obras de solidaridad y vuestro servicio a los necesitados en el cuerpo y en el alma. Os convertir√° en ¬ęse√Īores¬Ľ para servir mejor y no ser ¬ęesclavos¬Ľ, v√≠ctimas y seguidores de los modelos dominantes en las actitudes y formas de comportamiento.

7. Servir: ser hombre para los dem√°s.

Esta es tambi√©n la verdad que el Ap√≥stol Pablo ense√Īa de modo muy elocuente en la segunda lectura de la liturgia de este d√≠a.

¬ęNo os estim√©is en m√°s de lo que conviene, sino estimaos moderadamente, seg√ļn la medida de la fe que Dios otorg√≥ a cada uno¬Ľ (Rm 12, 3).

Y el Ap√≥stol a√Īade: ¬ęlos dones que poseemos son diferentes¬Ľ (Rm 12, 6).

¬°S√≠! Es necesario conocer bien qu√© dones te ha concedido Dios en Cristo. Es menester conocer bien el don recibido, para saber darlo a los dem√°s. Para contribuir al bien com√ļn.

S√≠. Es necesario conocer bien qu√© dones te ha concedido Dios en Cristo. Es necesario conocer bien el don recibido en la propia experiencia de vida familiar y parroquial, en la participaci√≥n asociativa, en el florecimiento carism√°tico de los movimientos, para saber darlo a los dem√°s. Para enriquecer as√≠ la comuni√≥n y el impulso misionero de la Iglesia. Para ser testigos de Cristo en el barrio y en la escuela, en la universidad y en la f√°brica, en los lugares de trabajo y de diversi√≥n... Para contribuir al bien com√ļn, como servidores de experiencias de crecimiento en humanidad; experiencias de dignidad y solidaridad, en las que los j√≥venes sean aut√©nticos protagonistas de formas de vida m√°s humanas.

8. As√≠ ense√Īa el Ap√≥stol. Y lo que dice no es una mera ense√Īanza, sino una ferviente llamada.

¬ęQue vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno; como buenos hermanos, sed cari√Īosos unos con los otros, estimando a los dem√°s m√°s que a uno mismo. En la actividad, no se√°is descuidados; en el esp√≠ritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Se√Īor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulaci√≥n, sed asiduos en la oraci√≥n, contribuid en las necesidades del Pueblo de Dios; practicad la hospitalidad¬Ľ (Rm 12, 9-13).

¬ŅNo lo dice √©l tal vez particularmente a vosotros. a los j√≥venes?

¬ŅVuestro ser j√≥venes no es sensible precisamente a este programa de vida y de comportamiento, a este mundo de los valores?

¬ŅNo se abre hacia este mundo? Y si, por casualidad, siente las resistencias que vienen de dentro, o bien de fuera, ¬Ņno est√° vuestro ser j√≥venes dispuesto a luchar precisamente por semejante ¬ęforma¬Ľ de vida?

Esta forma ha sido dada a la vida humana por Cristo. El sabe lo que hay dentro del hombre (cf. Jn 2, 25).

¬ęCristo, el nuevo Ad√°n, en la misma revelaci√≥n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci√≥n¬Ľ (Gaudium et spes, n. 22).

¡Queridos jóvenes, dejaos prender por el! Sólo Cristo es el camino, la verdad y la vida como, en la admirable síntesis evangélica, proclama el lema de nuestra Jornada Mundial.

El Monte del Gozo, donde se juntaban los peregrinos, nos hace recordar una de las características más hermosas de Santiago y de su Camino: la universalidad.

Os invito a que os sigáis manteniendo, como siempre lo hicisteis, en los vínculos de la catolicidad.

9. Habéis venido en peregrinación hasta aquí, a la tumba del Apóstol, el cual puede confirmar de primera mano, por decirlo así, la verdad sobre la vocación del hombre, cuyo punto de referencia es Cristo. Venís para encontrar vuestra propia vocación.

Os acerc√°is al altar para ofrecer, con el pan y el vino, vuestra juventud, la b√ļsqueda de la verdad, as√≠ como lo bueno y lo bello que hay en vosotros.

Toda esta inquietud creativa.

Todos los sufrimientos de vuestros corazones jóvenes.

10. Estando en medio de vosotros, quiero decir con el Salmista: He aqu√≠ que ¬ęla tierra ha dado su cosecha¬Ľ (Sal 66/67, 7), el fruto m√°s precioso: el hombre, la juventud humana.

Resplandezca ante vosotros el rostro de Dios, que se refleja en el rostro humano de Cristo, Redentor del hombre.

¬ęAl√©grense y exulten las gentes¬Ľ (Sal 67/66, 5).

Que vuestros coetáneos, al contemplar vuestra peregrinación, puedan exclamar:

¬ęQueremos ir con vosotros, pues hemos o√≠do que Dios est√° con vosotros¬Ľ (Za 8, 23).

Esto os desea el Papa, el Obispo de Roma, que ha participado con vosotros en esta peregrinación a Santiago de Compostela.

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