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S.S. Juan Pablo II, Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante la vigilia con los jóvenes en el Monte del Gozo
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Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante la vigilia con los jóvenes en el Monte del Gozo

Viaje Pastoral a Santiago de Compostela y Asturias con motivo de la IV Jornada Mundial de la Juventud

Peregrinos, ¬ŅQu√© busc√°is?

1.1. Queridos j√≥venes: os saludo en el nombre de nuestro Se√Īor Jesucristo: ¬ęel Camino, la Verdad y la Vida¬Ľ. A vosotros, que hab√©is venido de todos los pueblos de Espa√Īa y de las diferentes naciones de Am√©rica Latina, as√≠ como de tantos pa√≠ses del mundo, os doy las gracias por haber aceptado mi invitaci√≥n a hacer juntos esta peregrinaci√≥n, este camino hasta la tumba del Ap√≥stol Santiago.

Saludo ahora a los jóvenes de toda Galicia y, en especial, a los de la archidiócesis de Santiago. Vosotros tenéis la suerte de ofrecer casa y hospitalidad a los peregrinos que llegan a vuestra tierra, tierra privilegiada por albergar una meta de un camino que lleva a la alegría, al gozo, a Jesucristo.

Deseo saludar ahora en algunas lenguas representadas aquí por jóvenes peregrinos:

Os saludo a todos vosotros, jóvenes de lengua italiana: os deseo que esta peregrinación os sirva para reforzar vuestro camino de fe y para consolidar vuestra alegría de seguir y amar a Cristo, en todos los senderos de vuestra vida.

Saludo de todo coraz√≥n a los j√≥venes de lengua francesa y los felicito por haber respondido en tan gran n√ļmero a mi invitaci√≥n. Queridos j√≥venes, sed bienvenidos a este encuentro extraordinario que he deseado tanto. Que el gozo y la paz de Cristo est√©n siempre con vosotros.

Mi cordial saludo se dirige tambi√©n a los numerosos peregrinos de habla inglesa que est√°n con nosotros en esta feliz ocasi√≥n. Queridos j√≥venes: hab√©is venido a Santiago de Compostela siguiendo las huellas de los peregrinos cristianos de diferentes tiempos y lugares. Ojal√° que aqu√≠, ante la tumba del Ap√≥stol Santiago, os renov√©is en la fe cat√≥lica, que nos viene de los Ap√≥stoles. Junto con toda la Iglesia, entregaos con generosidad a seguir a Jesucristo, el √ļnico que es ¬ęel Camino, la Verdad y la Vida¬Ľ.

Mi saludo cordial se dirige tambi√©n a vosotros, j√≥venes de los pa√≠ses de lengua alemana. En el Evangelio Jes√ļs nos invita a seguir sus palabras y su ejemplo. Aceptad las palabras de Jes√ļs no como una imposici√≥n, sino como un est√≠mulo a la madurez humana y cristiana. Tened la valent√≠a de entregaros con generosidad mediante el servicio. As√≠ encontrar√©is vuestro ser aut√©ntico que no lo garantiza el ¬ęposeer¬Ľ, y descubrir√©is la experiencia interior de haber recibido un gran don.

Sed bienvenidos, j√≥venes de lengua portuguesa, aqu√≠ ampliamente representados por los chicos y chicas de la naci√≥n vecina: Portugal. ¬°El Papa ya ten√≠a muchas ganas de veros! A todos, con viva simpat√≠a y afecto, repito una pregunta que os hice hace alg√ļn tiempo en Lisboa: ¬ŅSois plenamente conscientes de ser ¬ęaliados naturales de Cristo¬Ľ para evangelizar? Que de este encuentro llev√©is m√°s viva y operosa la certeza de que sois testigos de Cristo, nuestra vida, paz y alegr√≠a.

Os saludo cordialmente, j√≥venes polacos, venidos desde Polonia y de los ambientes polacos en el extranjero, hasta Santiago de Compostela, para la jornada Mundial de la juventud del a√Īo del Se√Īor 1989, siguiendo la antiqu√≠sima ruta de los peregrinos. Expreso mi profunda alegr√≠a por el hecho de que en este lugar, vinculado a la memoria de Santiago, Ap√≥stol y m√°rtir, quer√©is rezar juntos con el Papa y ratificaros en vuestra vocaci√≥n, cuyo modelo es Cristo mismo, nuestro camino, verdad y vida.

De corazón saludo también a los jóvenes flamencos y holandeses. Ojalá que, gracias a la peregrinación a Santiago de Compostela, podáis comprender mejor que la vida terrena es una peregrinación ininterrumpida hacia la patria celestial y que Jesucristo es el camino que hay que recorrer.

Saludo tambi√©n cordialmente a todos los j√≥venes croatas. Que Cristo sea siempre para vosotros, para vuestros coet√°neos y para todo vuestro pueblo ¬ęCamino, Verdad y Vida¬Ľ. De coraz√≥n imparto a todos mi bendici√≥n apost√≥lica.

Saludo tambi√©n cordialmente a todos los j√≥venes eslovenos. Que Cristo sea siempre para vosotros y para vuestros coet√°neos ¬ęCamino, Verdad y Vida¬Ľ. Que os acompa√Īe por doquier mi bendici√≥n apost√≥lica.

¡Alabado sea Jesucristo! Deseo saludar a todos los jóvenes japoneses venidos aquí desde Extremo Oriente, para participar en la Jornada Mundial de la Juventud, en este encuentro de las esperanzas juveniles. Os deseo que, unidos en Cristo, con la ayuda de la Virgen y junto cor todos los jóvenes del mundo, podáis construir un mundo nuevo. ¡Alabado sea Jesucristo!

Saludo a los chicos y chicas del Vietnam. A todos vosotros que hab√©is venido de tan lejos, os deseo que, habiendo comprendido la misi√≥n del laico en la Iglesia, vay√°is a testimoniarla en el nombre de Jes√ļs:

El es el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14, 6).

Con vosotros, que os hab√©is congregado aqu√≠ en gran n√ļmero, tengo muy presentes, porque se han unido espiritualmente a nosotros, a tantos j√≥venes y tantas j√≥venes de todo el mundo, que han comunicado su cercan√≠a y adhesi√≥n a esta Jornada.

Tambi√©n doy las gracias a los cardenales y obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y a todos los fieles laicos que os han acompa√Īado en esta ruta jacobea.

El camino. Esta es la palabra que mejor expresa la característica de este Encuentro Mundial de la juventud.

Os hab√©is puesto en marcha desde todos los pa√≠ses de Europa, desde todos los continentes. Algunos hab√©is venido a pie, como los antiguos peregrinos; otros en bicicleta, en barco, en autob√ļs, en avi√≥n... Hab√©is venido para redescubrir aqu√≠, en Santiago, las ra√≠ces de nuestra fe, para comprometeros, con coraz√≥n generoso, en la ¬ęnueva evangelizaci√≥n¬Ľ, en el umbral ya del tercer milenio.

Durante siglos, innumerables peregrinos nos han precedido en el camino de Santiago. Al comienzo del primer cuadro de esta representaci√≥n esc√©nica hemos visto a los peregrinos con los s√≠mbolos caracter√≠sticos y tradicionales de la ¬ęruta jacobea¬Ľ: el sombrero, el bast√≥n, la concha y la calabaza. Cuando volv√°is a vuestros pa√≠ses ‚Äēen vuestras casas y ambientes de estudio‚Äē estos s√≠mbolos os har√°n recordar el encuentro de esta noche y sobre todo su significado.

Para nosotros, igual que para los peregrinos que nos han precedido en épocas pasadas, este camino expresa un profundo espíritu de conversión. Un deseo de volver a Dios. Un camino de purificación y de penitencia, de renovación y de reconciliación.

Por esto, para todos nosotros, corno para los peregrinos que nos han precedido, es muy importante terminarlo con un encuentro con el Se√Īor, a trav√©s de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarist√≠a. S√© que muchos de vosotros los hab√©is recibido a lo largo de estos d√≠as. ¬ęLa purificaci√≥n del coraz√≥n y la conversi√≥n al Padre del cielo son ‚Äēcomo han escrito en su Carta pastoral los obispos de la di√≥cesis de la ruta jacobea‚Äē inspiraci√≥n y motivo fundamentales del Camino de Santiago¬Ľ (n. 57).

1.2. Vamos a reflexionar sobre el significado de la palabra ¬ęcamino¬Ľ, para que esta conversi√≥n del coraz√≥n y el encuentro con el Se√Īor, que estamos viviendo, den sentido a nuestra vida.

La palabra ¬ęcamino¬Ľ est√° muy relacionada con la idea de ¬ęb√ļsqueda¬Ľ, Este aspecto ha sido resaltado en la representaci√≥n que estamos viendo.

¬ŅQu√© busc√°is, peregrinos?, ha preguntado la Encrucijada de los caminos. Esta encrucijada representa la pregunta que el hombre se hace sobre el sentido de la vida, sobre la meta que quiere alcanzar, sobre la raz√≥n de su comportamiento.

Hemos visto representadas, de forma muy expresiva, algunas de las cosas que frecuentemente muchos hombres se ponen como meta de su vida y de su acción: el dinero, el éxito, el egoísmo, el bienestar. Pero los jóvenes peregrinos del escenario han visto que a la larga esto no satisface al hombre. Estas cosas no pueden llenar el corazón humano.

1.3. ¬ŅQu√© busc√°is, peregrinos? Esta pregunta nos la tenemos que hacer todos aqu√≠. Sobre todo vosotros, queridos j√≥venes, que ten√©is ahora la vida por delante. Os invito a decidir de forma definitiva la direcci√≥n de vuestro camino.

Con las mismas palabras de Cristo os pregunto: ¬ę¬ŅQu√© busc√°is?¬Ľ (Jn 1, 38). ¬ŅBusc√°is a Dios?

La tradici√≥n espiritual del cristianismo no s√≥lo subraya la importancia de nuestra b√ļsqueda de Dios. Resalta algo todav√≠a m√°s importante: es Dios quien nos busca. El nos sale al encuentro.

Nuestro camino de Compostela significa querer dar una respuesta a nuestras necesidades, a nuestros interrogantes, a nuestra ¬ęb√ļsqueda¬Ľ y tambi√©n salir al encuentro de Dios que nos busca con un amor tan grande que dif√≠cilmente logramos entender.

1.4. Este encuentro con Dios se realiza en Jesucristo. En El, que ha dado la vida por nosotros, en su humanidad, experimentamos el amor que Dios nos tiene. ¬ęPorque tanto am√≥ Dios al mundo que dio a su Hijo √ļnico, para que todo el que crea en √©l no perezca, sino que tenga vida eterna¬Ľ (Jn 3, 16).

Y al igual que Jes√ļs llam√≥ a Santiago y a los otros Ap√≥stoles tambi√©n nos llama a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros, aqu√≠, en Santiago, tiene que entender y creer: ¬ęDios me llama, Dios me env√≠a¬Ľ. Desde la eternidad Dios ha pensado en nosotros y nos ha amado como personas √ļnicas e irrepetibles. El nos llama y su llamada se realiza a trav√©s de la persona de Jesucristo que nos dice, como ha dicho a los Ap√≥stoles: ¬ęVen y s√≠gueme¬Ľ. ¬°El es el Camino que nos conduce al Padre!

Pero hay que reconocer que nosotros no tenemos ni la fuerza; ni la constancia, ni la pureza de corazón suficiente para seguir a Dios con toda nuestra vida y con todo nuestro corazón. Pidámosle a María, Ella que ha sido la primera en seguir el camino de su Hijo, que interceda por nosotros.

Jes√ļs desea acompa√Īarnos, como acompa√Ī√≥ a los disc√≠pulos en el camino de Ema√ļs. El nos indica la direcci√≥n del camino a seguir. El nos da la fuerza. Al volver a casa, al igual que los disc√≠pulos del relato evang√©lico, podremos decir que nuestro coraz√≥n ard√≠a cuando nos hablaba en el camino y que le hemos reconocido al partir el pan (cf. Lc 24, 22.25). Ser√° el momento de presentarnos a nuestros hermanos, sobre todo a los dem√°s j√≥venes, como testigos. ¬°S√≠! ¬°Testigos del amor de Dios y de su esperanza de salvaci√≥n!

¬ŅD√≥nde est√° la verdad?

2.1. ¬ęBuscamos la verdad¬Ľ. Estas palabras de la √ļltima canci√≥n tienen que resonar en nuestros corazones. Es el sentido m√°s profundo del camino de Santiago: buscar la verdad y proclamarla.

¬ŅD√≥nde est√° la verdad? ¬ę¬ŅQu√© es la verdad?¬Ľ (Jn 18, 38). Antes que vosotros y vosotras hubo un hombre que hizo esta misma pregunta a Jes√ļs.

En la representaci√≥n hemos visto tres de las respuestas que el mundo da a estas preguntas. La primera, es poner todo nuestro anhelo en la satisfacci√≥n plena e inmediata de los sentidos, una b√ļsqueda continua de los placeres de la vida. Ante esto, los peregrinos han contestado: ¬ęnos hemos divertido, pero... continuamos vac√≠os¬Ľ.

Tampoco la segunda respuesta, la de los violentos que ponen todo su inter√©s en el poder y en el dominio sobre los dem√°s, ha sido v√°lida para nuestros peregrinos del segundo cuadro. Esta respuesta no s√≥lo conduce a la destrucci√≥n de la dignidad del otro ‚Äēhermano o hermana‚Äē sino tambi√©n a la propia destrucci√≥n. Algunas experiencias de este siglo, y tambi√©n de nuestros d√≠as, nos muestran claramente c√≥mo acaban los que ponen su meta en el poder y el dominio.

La tercera respuesta, representada por los drogadictos, busca la liberación y autorrealización mediante la evasión de la realidad. Es la triste experiencia de tantas personas, entre las cuales se hallan muchos coetáneos vuestros que siguen este camino u otros similares, y que en lugar de llevarlos a la libertad, los hace esclavos hasta conducirlos a la autodestrucción.

2.2. Estoy seguro de que a vosotros, como a casi todos los j√≥venes de hoy, os preocupa la contaminaci√≥n del aire y de los mares, es decir, la problem√°tica de la ecolog√≠a. Os indigna el mal uso de los recursos de la tierra y creciente destrucci√≥n del medio ambiente. Y ten√©is raz√≥n. Hay que actuar, de forma coordinada y responsable, para cambiar esta situaci√≥n antes de que nuestro planeta sufra da√Īos irreversibles.

Pero, queridos jóvenes, también hay una contaminación de las ideas y de las costumbres que puede conducir a la destrucción del hombre. Esta contaminación es el pecado, de donde nace la mentira.

La verdad y la mentira. Tenemos que reconocer que muchas veces la mentira se nos presenta como verdad. Por eso es necesario discernir para reconocer la verdad, la Palabra que viene de Dios, y rechazar las tentaciones que vienen del ¬ępadre de la mentira¬Ľ. Me refiero al pecado, que es la negaci√≥n de Dios, el rechazo de la luz. Como dice el Evangelio de Juan: ¬ęla luz verdadera¬Ľ estaba en el mundo ¬ęy el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoci√≥¬Ľ (Jn 1, 9-10).

La tragedia de Pilato

2.3. ¬ęEn la ra√≠z del pecado humano est√° la mentira como radical rechazo de la verdad contenida en el Verbo del Padre, mediante el cual se expresa la amorosa omnipotencia del Creador: la omnipotencia y a la vez el amor de Dios Padre, creador de cielo y tierra¬Ľ (Dominum et Vivificantem n. 33).

¬ęLa verdad contenida en el Verbo del Padre¬Ľ. Esto es lo que queremos decir cuando reconocemos a Jesucristo como la Verdad. ¬ę¬ŅQu√© es la verdad?¬Ľ, le preguntaba Pilato. La tragedia de Pilato era que la Verdad estaba frente a √©l, en la persona de Jesucristo, y no era capaz de reconocerla.

Queridos j√≥venes: esta tragedia no debe darse en nuestra vida. Cristo es el centro de la fe cristiana; una fe que la Iglesia proclama hoy, como ha hecho siempre, a todos los hombres y mujeres: Dios se hizo hombre. ¬ęY la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros¬Ľ (Jn 1, 14). Los ojos de la fe ven en Jesucristo lo que el hombre puede ser y c√≥mo Dios quiere que sea. Al mismo tiempo Jes√ļs nos revela el amor del Padre.

2.4. Como he escrito en el Mensaje para esta Jornada Mundial de la Juventud, la verdad es la exigencia más profunda del espíritu humano. Sobre todo vosotros y vosotras debéis tener sed de la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre la vida y el mundo.

Pero la Verdad es Jesucristo. ¬°Amad la Verdad! ¬°Vivid en la Verdad! Llevad la Verdad al mundo. ¬°Sed testigos de la Verdad! Jes√ļs es la Verdad que salva; es la Verdad completa a la que nos guiar√° el Esp√≠ritu de la Verdad (cf. Jn 16, 13).

Queridos j√≥venes: busquemos la verdad sobre Cristo, sobre su Iglesia. Pero seamos coherentes; amemos la verdad, vivamos en la verdad, proclamemos la verdad. ¬°Oh Cristo, ens√©√Īanos la Verdad! ¬°S√© T√ļ, para nosotros, la √ļnica Verdad!

¬ŅEn qu√© consiste la vida?

3.1. Por √ļltimo, querid√≠simos j√≥venes, Cristo es la Vida. Estoy seguro de que cada uno de vosotros ama la vida, no la muerte. Dese√°is vivir la vida en plenitud, animados por la esperanza, que nace de un proyecto de amplias perspectivas.

Es justo que teng√°is sed de vida, de vida plena. Sois j√≥venes precisamente por esto. Pero, ¬Ņen qu√© consiste la vida? ¬ŅCu√°l es el sentido de la vida y cu√°l es el modo mejor para actuarlo? Hace poco hab√©is cantado con entusiasmo: ¬ęSomos peregrinos de la vida, caminantes unidos para amar¬Ľ. ¬ŅNo est√° aqu√≠ la base para la respuesta que busc√°is?

La fe cristiana establece un v√≠nculo profundo entre amor y vida. En el Evangelio de Juan leemos: ¬ęTanto am√≥ Dios al mundo que dio a su Hijo √ļnico, para que todo el que crea en √©l no perezca, sino que tenga vida eterna¬Ľ (Jn 3, 16). El amor de Dios nos lleva a la vida, y este amor y esta vida se hacen realidad en Jesucristo. El es el amor encarnado del Padre; en El ¬ęse manifest√≥ la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres¬Ľ (Tt 3, 4).

Cristo, querid√≠simos j√≥venes, es pues, el √ļnico interlocutor competente al que se pueden plantear las preguntas esenciales sobre el valor y sobre el sentido de la vida: no s√≥lo de la vida sana y feliz, sino tambi√©n de la vida cargada con el sufrimiento, cuando est√© marcada por alguna invalidez f√≠sica o por situaciones de malestar familiar y social. S√≠, Cristo es el √ļnico interlocutor competente, tambi√©n para las preguntas dram√°ticas, que se pueden formular m√°s con gemidos que con palabras. ¬°Preguntadle, escuchadle!

El sentido de la vida, os dirá El, está en el amor. Sólo quien sabe amar hasta olvidarse de sí mismo para darse al hermano realiza plenamente la propia vida y expresa en el grado máximo el valor de la propia existencia terrena. Es la paradoja evangélica de la vida que se rescata perdiéndose (cf. Jn 12, 25), una paradoja que halla su luz plena en el misterio de Cristo muerto y resucitado por nosotros.

3.2. Queridos j√≥venes, en la dimensi√≥n de don se presenta la perspectiva madura de una vocaci√≥n humana y cristiana. Esto es importante sobre todo para la vocaci√≥n religiosa, en la que un hombre o una mujer, mediante la profesi√≥n de los consejos evang√©licos, hace suyo el programa que Cristo mismo realiz√≥ sobre la tierra para el Reino de Dios. Ellos se comprometen a dar un testimonio particular del amor de Dios por encima de todo y, recuerdan a cada uno la llamada com√ļn a la uni√≥n con Dios en la eternidad.

El mundo actual necesita como nunca estos testimonios, porque muy a menudo est√° tan ocupado en las cosas de la tierra que olvida las del cielo.

Quiero recordar aqu√≠ de modo particular a las 400 j√≥venes religiosas de vida contemplativa de Espa√Īa, que me han manifestado sus deseos de estar presentes en este encuentro. S√© ciertamente que est√°n muy unidas a todos nosotros a trav√©s de la oraci√≥n en el silencio del claustro. Hace siete a√Īos, muchas de ellas asistieron al encuentro que tuve con los j√≥venes en el Estadio Santiago Bernabeu de Madrid. Despu√©s, respondiendo generosamente a la llamada de Cristo, le han seguido de por vida. Ahora se dedican a rezar por la Iglesia, pero sobre todo por vosotros y vosotras, j√≥venes, para que sep√°is responder tambi√©n con generosidad a la llamada de Jes√ļs.

Con profundo gozo me es grato presentaros tambi√©n, como modelo de seguimiento a Cristo, la encomiable figura del Siervo de Dios Rafael Arn√°iz Bar√≥n, oblato trapense fallecido a los 27 a√Īos de edad en la abad√≠a de San Isidro de Due√Īas (Palencia). De √©l se ha dicho justamente que vivi√≥ y muri√≥ ¬ęcon un coraz√≥n alegre y con mucho amor a Dios¬Ľ. Fue un joven, como muchos de vosotros y de vosotras, que acogi√≥ la llamada de Cristo y le sigui√≥ con decisi√≥n.

3.3. Sin embargo, j√≥venes que me escuch√°is, la llamada de Cristo no se dirige s√≥lo a religiosas, religiosos y sacerdotes. El llama a todos; llama tambi√©n a quien, sostenido por el amor, se encamina a la meta del matrimonio. Efectivamente, es Dios quien ha creado el ser humano, hombre y mujer, introduciendo as√≠ en la historia aquella singular ¬ęduplicidad¬Ľ, gracias a la cual el hombre y la mujer, a√ļn en su sustancial igualdad de derechos, se caracterizan por aquella maravillosa complementariedad de sus atributos, que fecunda su rec√≠proca atracci√≥n. En el amor que brota del encuentro de la masculinidad con la feminidad se encarna la llamada de Dios mismo, que ha creado al hombre ¬ęa su imagen y semejanza¬Ľ precisamente como ¬ęhombre y mujer¬Ľ. Esta llamada Cristo la ha hecho propia, enriqueci√©ndola con nuevos valores en la Alianza definitiva establecida en la cruz. Pues bien, queridos j√≥venes, en el amor de todo bautizado El pide que se pueda expresar su amor hacia la Iglesia, por la cual se sacrific√≥ a S√≠ mismo a fin de ¬ępresent√°rsela resplandeciente a s√≠ mismo sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada¬Ľ (Ef 5, 27).

Querid√≠simos j√≥venes: a cada uno de vosotros, como aquel coet√°neo vuestro del que nos habla el Evangelio (cf. Mt 19, 16-22), Cristo re nueva su invitaci√≥n: ¬ęS√≠gueme¬Ľ. Algunas veces esa palabra significa: ¬ęTe llamo a un amor total hacia m√≠¬Ľ; pero muy frecuentemente con ella Jes√ļs quiere decir: ¬ęS√≠gueme a m√≠ que soy el Esposo de la Iglesia; aprende amar a tu esposa, a tu esposo, como yo he amado a la Iglesia¬Ľ. Hazte part√≠cipe tambi√©n t√ļ de ese misterio, de ese sacramento del que se dice en la Carta a los Efesios que es ¬ęgrande¬Ľ: grande precisamente ¬ęrespecto Cristo y la Iglesia¬Ľ (Ef 5, 32).

J√≥venes que me escuch√°is: Cristo desea ense√Īaros la maravillosa riqueza del amor conyugal. Dejad que El hable a vuestro coraz√≥n. No huy√°is de El. El tiene algo importante que deciros para el futuro de vuestro amor. Sobre todo con la gracia del sacramento, El tiene algo decisivo que daros para que vuestro amor tenga en s√≠ la fuerza necesaria para superar las pruebas de la existencia.

Muchas voces a nuestro alrededor hablan hoy un lenguaje distinto al de Cristo, proponiendo modelos de comportamiento que, en nombre de una ¬ęmodernidad¬Ľ libre de ¬ęcomplejos¬Ľ o de ¬ętab√ļes¬Ľ ‚Äēcomo se suele decir‚Äē reducen el amor a experiencia pasajera de gratificaci√≥n personal o incluso de mero goce sexual. A quien sabe mirar con ojo libre de prejuicios este g√©nero de relaciones, no es dif√≠cil descubrir detr√°s de oropel de las palabras la realidad enga√Īosa de una actitud ego√≠sta, que mira principalmente a su propio inter√©s. El otro ya no es reconocido en su dignidad de sujeto, sin que es rebajado al rango de objeto del que se dispone seg√ļn criterios inspirados no en los valores sino en el inter√©s.

El mismo hijo, que deber√≠a ser el fruto vivo del amor de los padres que en √©l se encarna y en cierto modo se transciende y perpet√ļa, acabe por sentirse como una cosa, que se tiene derecho de querer o de rechazas seg√ļn el propio estado de √°nimo subjetivo.

¬ŅC√≥mo no reconocer en todo esto la polilla de una mentalidad consumista que lentamente ha vaciado el amor de aquel contenido trascendente en que se manifiesta una chispa del fuego que arde en el coraz√≥n mismo de la Trinidad sant√≠sima? Es preciso hacer que el amor vuelva a esta su fuente eterna, si se quiere que siga generando satisfacci√≥n verdadera, gozo y vida.

A vosotros, j√≥venes, os corresponde la tarea de haceros en medio del mundo testigos de la verdad acerca del amor. Es una verdad exigente, que con frecuencia contrasta con las opiniones y con los ¬ęslogans¬Ľ corrientes. Pero ¬°es la √ļnica verdad digna de seres humanos, llamados a formar parte de la familia de Dios!

¬ŅQu√© quiere Jes√ļs de m√≠?

4.1. Vosotros y vosotras hab√©is venido a este Monte del Gozo, llenos de ilusi√≥n y de confianza, dejando a un lado las insidias del mundo, para encontrar verdaderamente a Jes√ļs, ¬ęel Camino, la Verdad y la Vida¬Ľ, el cual os invita a todos a seguirlo con amor. Es una llamada universal, que no tiene en cuenta el color de la piel, la condici√≥n social o la edad. En esta noche, tan emotiva por su significado religioso, fraternidad y alegr√≠a juvenil, Cristo Amigo est√° en medio de la asamblea para preguntares personalmente si quer√©is seguir decididamente el camino que El os muestra, si est√°is dispuestos a aceptar su Verdad, su Mensaje de salvaci√≥n, si dese√°is vivir plenamente el ideal cristiano.

Es una decisión que debéis tomar sin miedo. Dios os ayudará, os dará su luz y su fuerza, para que sepáis responder con generosidad a su llamada. Llamada a una vida cristiana total.

¬°Responded a la llamada de Jesucristo y seguidle!

4.2. Pero, m√°s de uno de vosotros y vosotras se estar√° preguntando: ¬ŅQu√© quiere Jes√ļs de m√≠? ¬ŅA qu√© me llama? ¬ŅCu√°l es el sentido de su llamada para m√≠?

Para la gran mayoría de vosotros el amor humano se presenta como una forma de autorrealización en la formación de una familia. Por eso, en el nombre de Cristo deseo preguntaron:

¬ŅEst√°is dispuestos a seguir la llamada de Cristo a trav√©s del sacramento del matrimonio, para ser procreadores de nuevas vidas, formadores de nuevos peregrinos hacia la ciudad celeste?

En la historia de la salvaci√≥n, el matrimonio cristiano es un misterio de fe. La familia es un misterio de amor, al colaborar directamente en la obra creadora de Dios. Amad√≠simos j√≥venes, un gran sector de la sociedad no acepta las ense√Īanzas de Cristo y, en consecuencia, toma otros derroteros: el hedonismo, el divorcio, el aborto, el control de la natalidad y los medios de contracepci√≥n. Estas formas de entender la vida est√°n en claro contraste con la Ley de Dios y las ense√Īanzas de la Iglesia. Seguir fielmente a Cristo quiere decir poner en pr√°ctica el mensaje evang√©lico, que implica tambi√©n la castidad, la defensa de la vida, as√≠ como la indisolubilidad del v√≠nculo matrimonial, que no es un mero contrato que se pueda romper arbitrariamente.

Viviendo en el ¬ępermisivismo¬Ľ del mundo moderno, que niega o minimiza la autenticidad de los principios cristianos, es f√°cil y atrayente respirar esta mentalidad contaminada y sucumbir al deseo pasajero. Pero tened en cuenta que los que act√ļan de este modo no siguen ni aman a Cristo. Amar significa caminar juntos en la misma direcci√≥n hacia Dios, que es el origen del Amor. En esta dimensi√≥n cristiana, el amor es m√°s fuerte que la muerte, porque nos prepara a acoger la vida, a protegerla y defenderla desde el seno materno hasta la muerte. Por eso os pregunto nuevamente:

¬ŅEst√°is dispuestos y dispuestas a salvaguardar la vida humana con el m√°ximo cuidado en todos los instantes, a√ļn en los m√°s dif√≠ciles? ¬ŅEst√°is dispuestos, como j√≥venes cristianos, a vivir y defender el amor a trav√©s del matrimonio indisoluble, a proteger la estabilidad de la familia que favorece la educaci√≥n equilibrada de los hijos, al amparo del amor paterno y materno que se complementan mutuamente?

Este es el testimonio cristiano que se espera de la mayoría de vosotros y vosotras, jóvenes. Ser cristiano significa dar testimonio de la verdad cristiana; y hoy, particularmente, es poner en práctica el sentido auténtico que Cristo y la Iglesia dan a la vida y a la plena realización del joven y de la joven a través del matrimonio y de la familia.

4.3. Si, mis queridos jóvenes, Cristo os llama no sólo a caminar con El en esta peregrinación de la vida. El os envía en su lugar para ser mensajeros de la verdad, para ser sus testigos en el mundo, concretamente, ante los demás jóvenes como vosotros, porque muchos de ellos hoy, en el mundo entero, están buscando el camino, la verdad y la vida, pero no saben a dónde ir.

¬ęHa llegado la hora de emprender una nueva evangelizaci√≥n¬Ľ (Christifideles laici n. 34), y vosotros no pod√©is faltar a esta llamada urgente. En este lugar dedicado a Santiago, el primero de los Ap√≥stoles que dio testimonio de la fe con el martirio, compromet√°monos a acoger el mandato de Cristo: ¬ęser√©is mis testigos... hasta los confines de la tierra¬Ľ (Hch 1, 8).

¬ŅQu√© significa dar testimonio de Cristo? Significa sencillamente vivir seg√ļn el Evangelio: ¬ęAmar√°s al Se√Īor, tu Dios, con todo tu coraz√≥n, con toda tu alma y con toda tu mente... Amar√°s a tu pr√≥jimo como a ti mismo¬Ľ (Mt 22, 37.39).

El cristiano está llamado a servir a los hermanos y a la sociedad, a promover y sostener la dignidad de cada ser humano, a respetar, defender y favorecer los derechos de la persona, a ser constructor de una paz duradera y auténtica, basada en la fraternidad, la libertad, la justicia y la verdad.

A pesar de las sorprendentes posibilidades ofrecidas a la humanidad por la tecnología moderna, existe todavía tanta pobreza y miseria en la sociedad. En muchas partes del mundo las personas viven amenazadas por la violencia, el terrorismo e incluso la guerra. Nuestro pensamiento se dirige una vez más al Líbano y a otros países del Medio Oriente, así como a todos los pueblos y regiones donde hay guerra y violencia.

Es urgente la necesidad de contar con enviados de Cristo, mensajeros cristianos. Vosotros y vosotras, queridos jóvenes, sois estos enviados y mensajeros para el futuro.

4.4. La llamada de Cristo lleva por un camino que no es f√°cil de recorrer, porque puede llevar incluso a la cruz. Pero no hay otro camino que lleve a la verdad y d√© la vida. Sin embargo, no estamos solos en este camino. Mar√≠a con su FIAT abri√≥ un camino nuevo a la humanidad. Ella, por su aceptaci√≥n y entrega total a la misi√≥n de su Hijo, es prototipo de toda vocaci√≥n cristiana. Ella caminar√° con nosotros, ser√° nuestra compa√Īera de viaje, y con su ayuda podremos seguir la vocaci√≥n que Cristo nos ofrece.

Queridos jóvenes, pongámonos en camino con María; comprometámonos a seguir a Cristo, Camino, Verdad y Vida. Así seremos ardientes mensajeros de la nueva evangelización y generosos constructores de la civilización del amor.

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