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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante la Vigilia Pascual (2008)
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Homil铆a de Su Santidad Benedicto XVI durante la Vigilia Pascual (2008)

Queridos hermanos y hermanas:

En su discurso de despedida, Jes煤s anunci贸 a los disc铆pulos su inminente muerte y resurrecci贸n con una frase misteriosa: 鈥淢e voy y vuelvo a vuestro lado鈥� (Jn 14,28). Morir es partir. Aunque el cuerpo del difunto a煤n permanece, 茅l personalmente se march贸 hacia lo desconocido y nosotros no podemos seguirlo (cf. Jn 13,36). Pero en el caso de Jes煤s existe una novedad 煤nica que cambia el mundo. En nuestra muerte el partir es una cosa definitiva, no hay retorno. Jes煤s, en cambio, dice de su muerte: 鈥淢e voy y vuelvo a vuestro lado鈥�. Justamente en su irse, 茅l regresa. Su marcha inaugura un modo totalmente nuevo y m谩s grande de su presencia. Con su muerte entra en el amor del Padre. Su muerte es un acto de amor. Ahora bien, el amor es inmortal. Por este motivo su partida se transforma en un retorno, en una forma de presencia que llega hasta lo m谩s profundo y no acaba nunca. En su vida terrena Jes煤s, como todos nosotros, estaba sujeto a las condiciones externas de la existencia corp贸rea: a un determinado lugar y a un determinado tiempo. La corporeidad pone l铆mites a nuestra existencia. No podemos estar contempor谩neamente en dos lugares diferentes. Nuestro tiempo est谩 destinado a acabarse. Entre el yo y el t煤 est谩 el muro de la alteridad. Ciertamente, amando podemos entrar, de alg煤n modo, en la existencia del otro. Queda, sin embargo, la barrera infranqueable del ser diversos. Jes煤s, en cambio, que a trav茅s del amor ha sido transformado totalmente, est谩 libre de tales barreras y l铆mites. Es capaz de atravesar no s贸lo las puertas exteriores cerradas, como nos narran los Evangelios (cf. Jn 20, 19). Puede atravesar la puerta interior entre el yo y el t煤, la puerta cerrada entre el ayer y el hoy, entre el pasado y el porvenir. Cuando, en el d铆a de su entrada solemne en Jerusal茅n, un grupo de griegos pidi贸 verlo, Jes煤s contest贸 con la par谩bola del grano de trigo que, para dar mucho fruto, tiene que morir. Con eso predijo su propio destino: no se limit贸 simplemente a hablar unos minutos con este o aquel griego. A trav茅s de su Cruz, de su partida, de su muerte como el grano de trigo, llegar铆a realmente a los griegos, de modo que ellos pudieran verlo y tocarlo en la fe. Su partida se convierte en un venir en el modo universal de la presencia del Resucitado, en el cual 脡l est谩 presente ayer, hoy y siempre; en el cual abraza todos los tiempos y todos los lugares. Ahora puede superar tambi茅n el muro de la alteridad que separa el yo del t煤. Esto sucedi贸 con Pablo, quien describe el proceso de su conversi贸n y Bautismo con las palabras: 鈥渧ivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m铆鈥� (Ga 2, 20). Mediante la llegada del Resucitado, Pablo ha obtenido una identidad nueva. Su yo cerrado se ha abierto. Ahora vive en comuni贸n con Jesucristo, en el gran yo de los creyentes que se han convertido 鈥揷omo 茅l define鈥� en 鈥渦no en Cristo鈥� (Ga 3, 28).

Queridos amigos, se pone as铆 de manifiesto, que las palabras misteriosas de Jes煤s en el Cen谩culo ahora 鈥搈ediante el Bautismo鈥� se hacen de nuevo presentes para vosotros. Por el Bautismo el Se帽or entra en vuestra vida por la puerta de vuestro coraz贸n. Nosotros no estamos ya uno junto al otro o uno contra el otro. 脡l atraviesa todas estas puertas. 脡sta es la realidad del Bautismo: 脡l, el Resucitado, viene, viene a vosotros y une su vida a la vuestra, introduci茅ndoos en el fuego vivo de su amor. Form谩is una unidad, s铆, una sola cosa con 脡l, y de este modo una sola cosa entre vosotros. En un primer momento esto puede parecer muy te贸rico y poco realista. Pero cuanto m谩s viv谩is la vida de bautizados, tanto m谩s podr茅is experimentar la verdad de esta palabra. Las personas bautizadas y creyentes no son nunca realmente ajenas las unas para las otras. Pueden separarnos continentes, culturas, estructuras sociales o tambi茅n acontecimientos hist贸ricos. Pero cuando nos encontramos nos conocemos en el mismo Se帽or, en la misma fe, en la misma esperanza, en el mismo amor, que nos conforman. Entonces experimentamos que el fundamento de nuestras vidas es el mismo. Experimentamos que en lo m谩s profundo de nosotros mismos estamos enraizados en la misma identidad, a partir de la cual todas las diversidades exteriores, por m谩s grandes que sean, resultan secundarias. Los creyentes no son nunca totalmente extra帽os el uno para el otro. Estamos en comuni贸n a causa de nuestra identidad m谩s profunda: Cristo en nosotros. As铆 la fe es una fuerza de paz y reconciliaci贸n en el mundo: la lejan铆a ha sido superada, estamos unidos en el Se帽or (cf. Ef 2, 13).

Esta naturaleza 铆ntima del Bautismo, como don de una nueva identidad, est谩 representada por la Iglesia en el Sacramento a trav茅s de elementos sensibles. El elemento fundamental del Bautismo es el agua; junto a ella est谩, en segundo lugar, la luz que, en la Liturgia de la Vigilia Pascual, destaca con gran eficacia. Echemos solamente una mirada a estos dos elementos. En el 煤ltimo cap铆tulo de la Carta a los Hebreos se encuentra una afirmaci贸n sobre Cristo, en la que el agua no aparece directamente, pero que, por su relaci贸n con el Antiguo Testamento, deja sin embargo traslucir el misterio del agua y su sentido simb贸lico. All铆 se lee: 鈥淓l Dios de la paz, hizo subir de entre los muertos al gran pastor de las ovejas, nuestro Se帽or Jes煤s, en virtud de la sangre de la alianza eterna鈥� (cf. 13, 20). En esta frase resuena una palabra del Libro de Isa铆as, en la que Mois茅s es calificado como el pastor que el Se帽or ha hecho salir del agua, del mar (cf. 63, 11). Jes煤s aparece como el nuevo y definitivo Pastor que lleva a cabo lo que Mois茅s hizo: nos saca de las aguas letales del mar, de las aguas de la muerte. En este contexto podemos recordar que Mois茅s fue colocado por su madre en una cesta en el Nilo. Luego, por providencia divina, fue sacado de las aguas, llevado de la muerte a la vida, y as铆 鈥搒alvado 茅l mismo de las aguas de la muerte鈥� pudo conducir a los dem谩s haci茅ndolos pasar a trav茅s del mar de la muerte. Jes煤s ha descendido por nosotros a las aguas oscuras de la muerte. Pero en virtud de su sangre, nos dice la Carta a los Hebreos, ha sido arrancado de la muerte: su amor se ha unido al del Padre y as铆 desde la profundidad de la muerte ha podido subir a la vida. Ahora nos eleva de la muerte a la vida verdadera. S铆, esto es lo que ocurre en el Bautismo: 脡l nos atrae hac铆a s铆, nos atrae a la vida verdadera. Nos conduce por el mar de la historia a menudo tan oscuro, en cuyas confusiones y peligros corremos el riesgo de hundirnos frecuentemente. En el Bautismo nos toma como de la mano, nos conduce por el camino que atraviesa el Mar Rojo de este tiempo y nos introduce en la vida eterna, en aquella verdadera y justa. 隆Apretemos su mano! Pase lo que pase, 隆no soltemos su mano! De este modo caminamos sobre la senda que conduce a la vida.

En segundo lugar est谩 el s铆mbolo de la luz y del fuego. Gregorio de Tours narra la costumbre, que se ha mantenido durante mucho tiempo en ciertas partes, de encender el fuego para la celebraci贸n de la Vigilia Pascual directamente con el sol a trav茅s de un cristal: se recib铆a, por as铆 decir, la luz y el fuego nuevamente del cielo para encender luego todas las luces y fuegos del a帽o. Esto es un s铆mbolo de lo que celebramos en la Vigilia Pascual. Con la radicalidad de su amor, en el que el coraz贸n de Dios y el coraz贸n del hombre se han entrelazado, Jesucristo ha tomado verdaderamente la luz del cielo y la ha tra铆do a la tierra 鈥搇a luz de la verdad y el fuego del amor que transforma el ser del hombre. 脡l ha tra铆do la luz, y ahora sabemos qui茅n es Dios y c贸mo es Dios. As铆 tambi茅n sabemos c贸mo est谩n las cosas respecto al hombre; qu茅 somos y para qu茅 existimos. Ser bautizados significa que el fuego de esta luz ha penetrado hasta lo m谩s 铆ntimo de nosotros mismos. Por esto, en la Iglesia antigua se llamaba tambi茅n al Bautismo el Sacramento de la iluminaci贸n: la luz de Dios entra en nosotros; as铆 nos convertimos nosotros mismos en hijos de la luz. No queremos dejar que se apague esta luz de la verdad que nos indica el camino. Queremos preservarla de todas las fuerzas que pretenden extinguirla para arrojarnos en la oscuridad sobre Dios y sobre nosotros mismos. La oscuridad, de vez en cuando, puede parecer c贸moda. Puedo esconderme y pasar mi vida durmiendo. Pero nosotros no hemos sido llamados a las tinieblas, sino a la luz. En las promesas bautismales encendemos, por as铆 decir, nuevamente, a帽o tras a帽o esta luz: s铆, creo que el mundo y mi vida no provienen del azar, sino de la Raz贸n eterna y del Amor eterno; han sido creados por Dios omnipotente. S铆, creo que en Jesucristo, en su encarnaci贸n, en su cruz y resurrecci贸n se ha manifestado el Rostro de Dios; que en 脡l Dios est谩 presente entre nosotros, nos une y nos conduce hacia nuestra meta, hacia el Amor eterno. S铆, creo que el Esp铆ritu Santo nos da la Palabra verdadera e ilumina nuestro coraz贸n; creo que en la comuni贸n de la Iglesia nos convertimos todos en un solo Cuerpo con el Se帽or y as铆 caminamos hacia la resurrecci贸n y la vida eterna. El Se帽or nos ha dado la luz de la verdad. Esta luz es tambi茅n al mismo tiempo fuego, fuerza de Dios, una fuerza que no destruye, sino que quiere transformar nuestros corazones, para que nosotros seamos realmente hombres de Dios y para que su paz act煤e en este mundo.

En la Iglesia antigua exist铆a la costumbre de que el Obispo o el sacerdote despu茅s de la homil铆a exhortara a los creyentes exclamando: 鈥�Conversi ad Dominum鈥� 鈥搗olveos ahora hacia el Se帽or. Eso significaba ante todo que ellos se volv铆an hacia el Este 鈥揺n la direcci贸n del sol naciente como se帽al del retorno de Cristo, a cuyo encuentro vamos en la celebraci贸n de la Eucarist铆a. Donde, por alguna raz贸n, eso no era posible, dirig铆an su mirada a la imagen de Cristo en el 谩bside o a la Cruz, para orientarse interiormente hacia el Se帽or. Porque, en definitiva, se trataba de este hecho interior: de la conversio, de dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera. A esto se un铆a tambi茅n otra exclamaci贸n que a煤n hoy, antes del Canon, se dirige a la comunidad creyente: 鈥�Sursum corda鈥� 鈥搇evantemos el coraz贸n, fuera de la mara帽a de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracci贸n鈥� levantad vuestros corazones, vuestra interioridad. Con ambas exclamaciones se nos exhorta de alguna manera a renovar nuestro Bautismo: Conversi ad Dominum 鈥搒iempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras. Siempre tenemos que dirigirnos a 脡l, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre hemos de ser 鈥渃onvertidos鈥�, dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro coraz贸n sea sustra铆do de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor. En esta hora damos gracias al Se帽or, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos Sacramentos nos indica el itinerario justo y atrae hacia lo alto nuestro coraz贸n. Y lo pedimos as铆: S铆, Se帽or, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, colmados del fuego de tu amor. Am茅n.

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