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Mons. Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, Carta Pastoral sobre la Sagrada Liturgia
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Carta Pastoral sobre la Sagrada Liturgia

Mons. Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, S.J.
Arzobispo de Arequipa
Arequipa - 1983

Introducci贸n

Dentro de las m煤ltiples exigencias de nuestro quehacer pastoral, est谩 la de que todos vivamos la liturgia, no solamente fij谩ndonos en el cumplimiento de los ritos externos, sino observ谩ndolos todos, vivi茅ndolos con amor y piedad, y tratando de penetrar en la riqueza inagotable de la vida lit煤rgica.

En esta carta Pastoral nos dirigimos a nuestros sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a los agentes de pastoral y a todos los laicos, que quieren vivir en fidelidad a las orientaciones de la Iglesia y a la exigencia de un testimonio de amor a la misma Iglesia.

Tres partes comprende esta carta. Primera: La Liturgia: Escuela de Formaci贸n; Segunda: La Liturgia: Medio de evangelizaci贸n; Tercera: La Liturgia: Fuente de Vida Cristiana. No pretendemos agotar todos los aspectos y toda la profundidad del estudio y meditaci贸n de la Sagrada Liturgia, ya que la 鈥渓iturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza鈥�1.

Rogamos al Se帽or que estas reflexiones nos ayuden a todos a vivir m谩s plenamente el misterio de Cristo en su Iglesia.

Cap铆tulo I
Liturgia: escuela de formaci贸n

1. El hecho religioso es fundamental en la historia de la humanidad; su universalidad en el tiempo y en el espacio es incuestionable.

Ante la evidencia de que en todos los pueblos y culturas se dan manifestaciones por las que el hombre se lanza en la aventura de trascenderse a s铆 mismo en b煤squeda del infinito, del Absoluto, no es posible sostener que en la tierra haya pueblo carente de religiosidad. El hombre aparece, pues, como un ser eminentemente religioso.

2. Independientemente de las elucubraciones de la ciencia humana, la fe nos da la clave de tal hecho: el hombre es un ser creado a imagen y semejanza de Dios2. Dios que es Amor3, 鈥渃re贸 a los hombres para que particip谩ramos de esa comunidad divina de amor: el Padre, con el Hijo Unig茅nito en el Esp铆ritu Santo鈥�4.

La huella del Se帽or ha quedado en lo profundo de la creatura que no se entiende al margen de Dios.

El ser humano que as铆 vio la existencia, tiene como algo fundamental trascenderse en b煤squeda de comunicaci贸n y participaci贸n con su Creador5. En Puebla, los Obispos ense帽amos que el 鈥渉ombre es un ser sacramental, a nivel religioso expresa sus relaciones con Dios en un conjunto de signos y s铆mbolos鈥�6. Este ser, hecho para el di谩logo amical, 鈥渄eb铆a realizarse como imagen creada de Dios reflejando el misterio divino de comuni贸n en s铆 mismo y en la convivencia con sus hermanos, a trav茅s de una acci贸n transformadora sobre el mundo7.

3. Pero, el hombre, por el pecado original rompe con Dios, consigo mismo, con los dem谩s seres humanos y con el mundo8. 鈥淩oto as铆 por el pecado el eje primordial que sujeta al hombre al dominio amoroso del Padre, brotaron todas las esclavitudes鈥�9.

4. Sin embargo, a pesar de haber ca铆do en desgracia, la creatura conserva la huella de Dios en 茅l, y siente la necesidad de volver a restablecer la amistad con el Padre. Es por ello que San Agust铆n afirma que el hombre debe retornar a Dios, pues sin 脡l est谩 quebrado, inquieto, empobrecido10. A la luz del misterio de la Redenci贸n en Cristo Jes煤s, el Santo Obispo de Hipona propone el retorno por la v铆a de la interiorizaci贸n. Por la encarnaci贸n del Verbo, y los otros Misterios del Se帽or, particularmente la Muerte y la Resurrecci贸n, se restablece la comuni贸n de los hombres con Dios11. Y como nadie da lo que no tiene, la adherencia al Se帽or debe hacerse desde el descubrimiento de la propia identidad.

Por el camino de la fe, el ser humano va descubriendo su intimidad, la huella del Creador, una imagen del Dios, Uno y Trino12, a quien acoge desde el fondo de su coraz贸n al descubrirle: 鈥淢谩s interior que lo m谩s 铆ntimo m铆o, y m谩s elevado que el que en m铆 est谩 m谩s alto鈥�13. El Concilio nos hace reflexionar sobre una dimensi贸n extraordinaria, al ense帽ar que 鈥渆l misterio del hombre s贸lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado... (quien) manifiesta plenamente el hombre al propio hombre, y le descubre la sublimidad de su vocaci贸n鈥�14.

El Bautismo, aut茅ntico don, sana el pecado y otorga a la creatura gracia y virtudes para su peregrinar, pero a煤n contin煤a la debilidad causada por la herida original, que entre otras cosas hace al hombre extra帽o a s铆 mismo15.

5. 驴C贸mo ir pues a lo interior? 驴C贸mo hacer para que el hombre pueda traspasar la muralla de lo ilusorio, de lo contingente, para ir en busca de lo profundo, de lo permanente?

Respondiendo estas interrogantes tenemos que afirmar que el hombre podr谩 llevar a cabo sus fines s贸lo si responde al Plan de Dios, educ谩ndose integralmente para la respuesta a la invitaci贸n del Se帽or para vivir en su vida las exigencias del don del Amor, s贸lo ubic谩ndose en el dinamismo del encuentro de s铆 mismo, form谩ndose en todas sus dimensiones, incluyendo principalmente la forja del hombre celeste del que nos habla San Pablo16; formaci贸n en la que colaboran las pedagog铆as humanas, aunque no lleguen a llenar totalmente, pues est谩n limitadas al 谩mbito meramente terrestre. Al lado de ellas aparece la educaci贸n cristiana como un medio eficaz, que ayuda a la interiorizaci贸n y realizaci贸n del hombre: 鈥淟a educaci贸n cristiana no persigue solamente la madurez de la persona humana, sino que mira a que los bautizados, a medida que se van introduciendo gradualmente en el conocimiento del Misterio de la salvaci贸n, se vayan haciendo cada d铆a m谩s conscientes del don de la fe que han recibido; que aprendan en primer lugar en la acci贸n lit煤rgica a adorar a Dios Padre con sinceridad de esp铆ritu, que se preparen a realizar su propia vida, conforme al hombre nuevo que son y que as铆 traten de realizar en s铆 el tipo de var贸n perfecto buscando alcanzar esa edad de plenitud que es Cristo鈥�17.

6. De acuerdo a estas ense帽anzas del Concilio aparece la liturgia como un magn铆fico camino pedag贸gico18 que desarrolla al hombre completo en su dimensi贸n humana y divina, que permita a la persona, desde su interior, vivir el 鈥渕ensaje-llamada鈥� del Salvador: 鈥淐onvert铆os y creed en la Buena Nueva鈥�19. Desde lo exterior del culto va cooperando con la persona, para que desde su coraz贸n20, asumiendo su vida toda, en una actitud interior, realista, total, se comunique con Dios, le d茅 gloria y alabanza, y cumpla su voluntad21. La liturgia, como acci贸n de Cristo y de la Iglesia22, se presenta como el medio fundamental de formaci贸n social en el culto, que es donde ella se desarrolla. Es a trav茅s de ese 谩mbito de 鈥渆ncuentro con Dios y los hermanos鈥�23, donde la arquitectura de los templos, los cantos, los himnos, las oraciones, los ritos, el arte, hacen de nuestros templos cat贸licos verdaderas escuelas educadoras de la inteligencia, de la voluntad, del coraz贸n, en fin, de todas las facultades del hombre, y las lleva a un cristiano y adecuado desarrollo, ya que, 鈥渁unque no abarca toda la vida espiritual鈥�24, cuenta con los elementos necesarios para la formaci贸n integral del ser humano, desde su profundidad.

El hombre creado para participar en el Amor de Dios, y vivir en comuni贸n con los dem谩s hombres el misterio de la comunicaci贸n de Dios, desde lo 铆ntimo, a la luz de la fe, descubre el sentido de su ser social y cultual.

7. En cuanto a la inteligencia, la verdad religiosa que a trav茅s de la liturgia se nos va presentando, posee un valioso contenido en el orden dogm谩tico; y cada acto de culto es profesi贸n impl铆cita de lo que se cree. 鈥淓n efecto 鈥攅nse帽a la Constituci贸n sobre la Sagrada Liturgia鈥� en la liturgia Dios habla a su Pueblo; Cristo sigue anunciando el Evangelio. Y el pueblo responde con el canto y la oraci贸n鈥�25.

As铆 la liturgia es excelente pedagoga de nuestra inteligencia, porque nos va alimentando con los principios de fe fundamentales que luego deber谩n regular nuestra vida diaria, interioriz谩ndose cada vez m谩s26. La oraci贸n vocal, valioso ejercicio ofrecido por la liturgia 鈥渟e hace con palabras, acompa帽adas de la mente y la devoci贸n del coraz贸n鈥�27.

8. Tambi茅n la din谩mica de la Sagrada Liturgia incide en la voluntad y la educa ense帽谩ndole pr谩cticamente a obedecer y actuar. No se salvan los que dicen 隆Se帽or, Se帽or! sino los que cumplen la voluntad de Dios28. Descubrir al hombre la necesidad que tiene de cumplir con sus deberes, de ser coherente29, es favorecerlo con la m谩s profunda acci贸n educadora. Del ejercicio de la religi贸n surge naturalmente la idea de un fin primordial en la vida del ser humano: el cumplir con el destino propio a la luz del Plan de Dios.

Por otro lado, la liturgia es escuela donde el hombre aprende a confesar su propia debilidad, donde se reconoce pecador, d茅bil, necesitado. La convicci贸n de la debilidad, es el despertar de la voluntad para que ande con cautela. Es cuando descubrimos en nuestra debilidad que todas las fuerzas de nuestro esp铆ritu se agolpan para ir en refuerzo del punto m谩s d茅bil de nuestra voluntad.

9. La liturgia tambi茅n nos ense帽a a amar rectificando la din谩mica del antiamor, del amor desordenado de s铆 mismo, causa de los pecados30. En este orden la liturgia presenta el coraz贸n de Jes煤s junto al coraz贸n de la Madre, con los cuales al conformarnos surge la transformaci贸n de nuestro propio coraz贸n. La liturgia nos conduce como de la mano a los misterios de la bondad de Dios, de su gran amor por nosotros, lo que nos ayudar谩 a encauzar y reorientar todas nuestras pasiones hacia el amor a Dios y a los hombres. Nos va presentando tambi茅n la liturgia, la misericordia de Dios, su presencia amorosa, su entrega por nosotros, su generosidad plena; todo ello en claras lecciones que hacen que nuestros corazones se eleven hacia Dios para realizar el ideal sublime que dise帽ara Jes煤s en la 煤ltima cena: 鈥淎maos los unos a los otros como yo os he amado鈥�31. La sensibilidad tan propensa a inclinarse al mal, recibe tambi茅n los influjos pedag贸gicos de la liturgia que la va educando seg煤n sus fines propios, en la ternura y la confianza de la oraci贸n de Jes煤s al Padre: 鈥淎bba, Padre鈥�32.

10. La acci贸n educadora del culto penetra, en fin, en lo m谩s rec贸ndito de la vida humana, actuando sobre todas las facultades, desarroll谩ndolas, fecund谩ndolas y coordin谩ndolas de suerte que funcionen todas concertadas agrup谩ndose alrededor de las facultades del esp铆ritu y 茅stas, a su vez, alrededor de Cristo Jes煤s para hacer del hombre el ser perfecto en el Se帽or33.

11. Adem谩s de los valores mencionados, la liturgia cuenta con un elemento con el que ninguna pedagog铆a cuenta: la gracia. La liturgia, por los ritos y los sacramentos es el conducto ordinario y m谩s universal por el que viene esta fuerza, la gracia de Dios a los hombres. 驴Y qu茅 hay comparable a la gracia en orden a la educaci贸n seg煤n Dios que perfecciona la naturaleza, la sana, la eleva?

12. Ahora bien, para poder llevar a cabo esta educaci贸n de todo el hombre seg煤n Dios, la liturgia cuenta con una serie de elementos indispensables. Como pocas pedagog铆as ha sabido aprovechar mejor todo recurso, de todo orden, para lograr su objetivo: lugares sagrados, ministros de culto, funciones lit煤rgicas, ritos, expresiones de los hombres a trav茅s de canto y las oraciones, movimientos corporales, s铆mbolos, signos, todo est谩 sabiamente organizado para la alabanza debida a Dios y para que la liturgia ayude en orden a la educaci贸n del ser humano. El doble movimiento de la liturgia se desarrolla plenamente: alabanza a Dios y santificaci贸n de los hombres34.

13. Los templos por su simb贸lica estructura evocan las grandes verdades y hechos hist贸ricos de nuestra religi贸n, y por su mobiliario de alta significaci贸n parecen introducirnos en un ambiente en el que prima el sentido de la presencia de Dios, ayudando al hombre al recogimiento, sustray茅ndolo de la fascinaci贸n de la frivolidad en la que lo tiene sometido el mundo contingente. De aqu铆 la enorme importancia de que nuestros templos est茅n limpios y bien cuidados. Por ello el Concilio nos llama la atenci贸n ense帽谩ndonos que la 鈥渃asa de oraci贸n en la que se celebra y guarda la Sagrada Eucarist铆a y los fieles se re煤nen... debe conservarse limpia y adaptada a la oraci贸n y funciones sagradas鈥�35.

14. Las sagradas celebraciones que elevan y purifican al hombre ser谩n eco de la eterna liturgia de los cielos36 si se llevan a cabo con la gravedad, decoro y reverencia que corresponde a su santidad y grandeza. El Concilio nos hace ver la enorme importancia de las disposiciones personales para participar con plena eficacia en la sagrada liturgia37.

15. Al lado de la oraci贸n consciente, el canto es magn铆fico instrumento de adoraci贸n a Dios y de educaci贸n del hombre. M煤sica que lejos de distraer y perturbar la atenci贸n, debe pulsar en lo secreto los centros de nuestra vida afectiva y racional que responden a las m谩s profundas manifestaciones de la vida del esp铆ritu. La participaci贸n de los fieles no es asunto marginal, pues siendo la celebraci贸n lit煤rgica obra de Cristo, lo es tambi茅n de su Cuerpo, de la Iglesia, de la asamblea, del pueblo cristiano38, seg煤n la diversidad de 鈥溍硆denes, funciones y participaci贸n actuar39.

16. Por otro lado se encuentra el celebrante de las sagradas funciones. Si 茅l hace todo con orden, exactitud, armon铆a, reverencia, sin apuros y animando la liturgia con esp铆ritu profundo y tranquilo, dejar谩 aflorar en ella el dinamismo querido por Dios, y la liturgia arrebatar谩 as铆 el esp铆ritu de los fieles. La celebraci贸n mal organizada o de ejecuci贸n indebida oscurece los s铆mbolos y empobrece los ritos, constituyendo una grave falta a la Majestad de Dios, y a la caridad para con los hermanos. Todo en el ministro y en sus actos debe concurrir a dar a los fieles participantes una visi贸n del mensaje que se busca transmitir40. Por ello, particularmente, deben impregnarse los llamados a celebrar los Santos Misterios, del 鈥渆sp铆ritu y de la fuerza de la liturgia鈥�41.

17. 隆Cu谩nto puede hacer nuestra liturgia en favor de todo el Pueblo de Dios! Sin embargo, encontramos obst谩culos, dificultades que debemos advertir con el fin de que puedan ser superados lo m谩s pronto posible en bien de todos los hijos de esta querida Arquidi贸cesis.

18. Uno de los obst谩culos que en primer t茅rmino encontramos es el laicismo que ha penetrado en nuestros templos: serio enemigo de la liturgia, pues es la exclusi贸n de Dios del pensamiento, del coraz贸n y de la vida del hombre. Percibimos ecos de esta nefasta influencia ya en algunos cantos, en alguna forma de celebrar, en la participaci贸n de algunos.

19. Otro obst谩culo es el poco conocimiento que no pocos tienen de las Escrituras, del sentido de las ceremonias, habiendo entrado por esto la rutina y la falta de vida en los actos lit煤rgicos.

20. Uno de los m谩s funestos obst谩culos es la falta de respeto a las normas, que son las que deben regular el desarrollo de la vida lit煤rgica, sean de orden ritual o est茅tico en los lugares, en las funciones o en los mismos ministros y participantes. La actividad lit煤rgica donde se hace viva la Tradici贸n y la fe de la Iglesia, no es patrimonio de algunos, ni est谩 sometida a los acomodos que cualquiera desea hacer42. La liturgia debe ser siempre manifestaci贸n de la unidad de la Iglesia, y como tal debe ser acogida y celebrada43.

A este prop贸sito, a trav茅s de la Comisi贸n Arquidiocesana de Liturgia, hemos publicado el librito 鈥淓ucarist铆a I鈥� en que recordamos las principales normas lit煤rgicas en lo que respecta sobre todo a la celebraci贸n de la Santa Misa, y las hemos publicado con car谩cter obligatorio para todos nuestros sacerdotes y religiosos. Como indic谩bamos en el pr贸logo a este folleto, 鈥渘o se trata de dar normas nuevas鈥�; solamente hemos reunido todas las normas emanadas de la Sagrada Congregaci贸n para los Sacramentos y el Culto Divino, de la Comisi贸n Lit煤rgica del Concilio, y de la misma Sede Apost贸lica, principalmente por intermedio de la palabra de Su Santidad Juan Pablo II. Tenemos en preparaci贸n el segundo folleto dirigido a la liturgia de los difuntos, del Matrimonio y otros aspectos de las celebraciones y concelebraciones. Quiera Dios que no sean letra muerta, sino que todos los sepamos acatar con piedad y amor.

21. Otro problema es la poca o deficiente participaci贸n 鈥攊nterna y externa鈥� de algunos fieles, que hace de nuestras liturgias ceremonias fr铆as y apagadas, sin vida, y donde no se respira muchas veces un aire de recogimiento y profunda devoci贸n. Es deseable que todos los fieles participen plena, consciente y activamente44 cada vez m谩s en las ceremonias, de tal manera que se nutran del esp铆ritu que all铆 se debe vivir45.

22. Por ello queridos hijos de esta arquidi贸cesis, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral, laicos consagrados, laicos en general, hagamos un verdadero esfuerzo, todos juntos, con el fin de compenetramos con las acciones sagradas que celebramos, o en las que participamos, haciendo de nuestras liturgias un acto de adoraci贸n profunda, en los que nuestro 谩nimo, voz y gestos est茅n en consonancia con nuestro interior, colaborando con la gracia divina, para que nuestra recepci贸n no sea vana46.

Si caminamos hacia una cada vez m谩s digna celebraci贸n activamente participada de los santos Misterios de nuestra fe, ser谩 la liturgia una verdadera escuela donde el hombre todo se forme y se desarrolle seg煤n lo querido por Dios.

Cap铆tulo II
La liturgia: medio de evangelizaci贸n

23. Distinguir, separar, es grandemente 煤til en un estudio sistem谩tico, pero por insistir tanto en los elementos propios de cada acci贸n pastoral en no pocas partes se desarroll贸 una suerte de compartimientos estancos sobre los ministerios pastorales; y la liturgia sufri贸 grandemente.

M谩s a煤n, al tomar conciencia en Am茅rica Latina de lo insuficiente de la evangelizaci贸n de nuestros pueblos, se pens贸 en un proceso cronol贸gico: primero evangelizar, luego sacramentalizar, y por 煤ltimo llevar a una vida de caridad. Ante ello los Obispos reunidos en Puebla dec铆amos: 鈥渃omprobamos que no se ha dado todav铆a a la pastoral lit煤rgica la prioridad que le corresponde dentro de la pastoral de conjunto, siendo a煤n m谩s perjudicial la oposici贸n que se da en algunos sectores entre evangelizaci贸n y sacramentalizaci贸n鈥�47.

Y el Episcopado Colombiano en su asamblea del a帽o 1969 ya censuraba ese error de procedimiento: 鈥渆videntemente no se debe caer en el extremo de separar cronol贸gicamente evangelizaci贸n y sacramentalizaci贸n como si se pretendiera suspender por un tiempo toda acci贸n pastoral de participaci贸n sacramental hasta lograr una completa evangelizaci贸n鈥�48.

Tambi茅n hab铆a una reacci贸n contra otra pr谩ctica pastoral extrema que exageraba la sacramentalidad. El cultismo perd铆a de vista la unidad de la evangelizaci贸n.

Se perd铆a as铆 el punto de equilibrio y no se ve铆a con claridad la relaci贸n tan estrecha y la interacci贸n que debe haber entre la palabra que suscita la fe y la conversi贸n, y el sacramento que sella y perfecciona esta conversi贸n.

24. A este respecto nos ense帽aba el Papa Paulo VI: 鈥淧redicaci贸n de la b煤squeda de Dios a trav茅s de la oraci贸n, sobre todo de adoraci贸n y acci贸n de gracias y tambi茅n a trav茅s de la comuni贸n con ese signo visible del encuentro con Dios que es la Iglesia de Jesucristo; comuni贸n que a su vez se expresa mediante la participaci贸n en esos otros signos de Cristo viviente y operante en la Iglesia, que son los sacramentos.

Vivir de tal suerte los sacramentos hasta conseguir en su celebraci贸n una verdadera plenitud, no es como algunos pretenden, poner obst谩culo o aceptar una desviaci贸n de la evangelizaci贸n: es darle toda su integridad, porque la totalidad de la evangelizaci贸n, aparte de la predicaci贸n del mensaje, consiste en implantar la Iglesia, la cual no existe sin este respiro de la vida sacramental culminante en la Eucarist铆a鈥�49.

Hoy va siendo claro que la evangelizaci贸n y la sacramentalidad van de la mano. Una no se da sin la otra, pues, toda evangelizaci贸n debe tender a la celebraci贸n lit煤rgica teni茅ndola como prioridad50 y a su vez toda celebraci贸n lit煤rgica debe tener una proyecci贸n evangelizadora51. No es pues la liturgia s贸lo la cumbre y la fuente de donde mana toda la fuerza de la Iglesia52 sino que es tambi茅n el lugar ordinario de la evangelizaci贸n, pues la liturgia es uno de los medios m谩s valiosos por los que se celebra en medio del Pueblo de Dios las verdades de la fe, y se mueven los corazones a la conversi贸n53.

25. Es m谩s, ya la liturgia es en s铆 misma, por lo que en ella se lleva a cabo, un medio de evangelizaci贸n constante para todos los que en ella participen.

El ap贸stol San Pablo, cuando escribe a la comunidad de Corinto, les dice: 鈥減orque cuantas veces com茅is este pan y beb茅is el c谩liz anunci谩is la muerte del Se帽or hasta que venga鈥�54. El Ap贸stol no escribe aqu铆 de la predicaci贸n por medio de la palabra, sino de la predicaci贸n por medio de la acci贸n cultual. La festividad de culto es pues un medio de gracia y tambi茅n de evangelizaci贸n.

Ahora bien, no s贸lo la celebraci贸n Eucar铆stica como acci贸n lleva el sello de la anunciaci贸n del evangelio. Tambi茅n las oraciones y los cantos atestiguan la Palabra de Dios y la fe: evangelizan.

26. Pero hay una parte de la liturgia donde el car谩cter de anuncio se manifiesta con mayor claridad: las lecciones de la Sagrada Escritura que son presentadas tanto en las acciones sacramentales como en el Oficio Divino, as铆 como en cualquier otra liturgia de la palabra, donde no son un texto cualquiera sino verdadero mensaje de Buena Noticia, es decir, 鈥渆vangelizaci贸n鈥�.

27. Es fundamental detenernos tambi茅n en la consideraci贸n de las formas lit煤rgicas, pues para que el culto divino comunique su mensaje, depende en gran medida de las formas. La manera como se realizan las acciones lit煤rgicas determina la claridad y la intensidad de su efecto como mensaje. No se habla ac谩 de los sacramentos que obran lo que significan. Se trata de este universo de s铆mbolos que se echan a andar en cada celebraci贸n, y que apelan al interior de la persona.

Ser铆a una inconsecuencia admitir por una parte, que el culto divino tiene una funci贸n evangelizadora, y por otra no preocuparse de la forma de estas acciones.

De lo que venimos diciendo se desprende la importancia que tiene el que las acciones sagradas sean celebradas con toda diligencia, tratando que cada gesto corresponda al verdadero significado del rito que se ejecuta. La liturgia posee una gran fuerza evangelizadora. 脡sta resulta muchas veces ahogada por una deficiente celebraci贸n, por una rutinizaci贸n de las formas, por no darle la importancia debida a cada gesto, a cada palabra, a cada signo. Tanto los sacerdotes como los dem谩s fieles debemos tomar conciencia de la enorme importancia de la 鈥渞everencia鈥� con que se deben celebrar las acciones cultuales, y con la que se debe participar en ellas.

28. Recordemos que nuestra liturgia cat贸lica tendr谩 eficacia evangelizadora s贸lo en la medida en que se desarrolle con reverencia y devoci贸n de tal manera que todos vivamos plenamente lo que ah铆 se conmemora. El culto que ofrecemos a Dios desplegar谩 su fuerza evangelizadora si sus ritos, oraciones, lecturas, son debidamente entendidos, es decir, cuando todos somos verdaderos 鈥渙yentes鈥� y 鈥減articipantes activos鈥� de lo que ah铆 se realiza. Ser谩 necesario no conformarnos con meras pr谩cticas externas sin comprometernos decididamente con nuestra fe, de tal manera que el culto vaya operando en nuestro interior la conversi贸n del coraz贸n y nuestra conformaci贸n con Jesucristo, el Buen Pastor. El Se帽or nos habla por medio de la liturgia y espera de nosotros el silencio adecuado que nos posibilita el poder o铆rlo, y responderle activamente con todo nuestro ser.

29. El participar activamente en la liturgia, en cualquier acci贸n cultual, no quiere decir solamente que debemos cantar y responder a las oraciones e invitaciones del sacerdote, sino que sobre todo tenemos que vivir en la vida diaria lo que all铆 se celebra, haciendo de todas nuestras actividades un gesto lit煤rgic55. Y esto toca tambi茅n al que celebra. Esta realizaci贸n del culto en nuestras vidas nos llevar谩 a tener la actitud adecuada de reverencia y piedad durante las celebraciones lit煤rgicas.

30. As铆 la liturgia con su fuerza evangelizadora nos ayudar谩 a todos, celebrantes y dem谩s miembros del Pueblo de Dios, a transformarnos, a conformarnos con Cristo y ser agentes vivos de evangelizaci贸n en todos los ambientes en los que nos encontramos.

Cap铆tulo III
La liturgia: fuente de la vida cristiana

31. Hemos recordado ya aquella feliz expresi贸n que nos ha legado el Concilio Vaticano II refiri茅ndose a la liturgia: 鈥淟a liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza鈥�56.

Estas palabras del Concilio manifiestan con claridad que la acci贸n cultual o lit煤rgica no es un acontecimiento aislado en la acci贸n eclesial y que toda celebraci贸n lit煤rgica supone un antes y un despu茅s.

En cuanto al 鈥渁ntes鈥� debemos considerar que: 鈥渓a Palabra de Dios atestigua la abundancia de la acci贸n salv铆fica del Se帽or en el pasado, el presente y el futuro. Y, puesto que donde actualmente se ejerce esta acci贸n es, sobre todo, en los sacramentos, la predicaci贸n debe, por consiguiente, hablar de ellos. Y este hablar de los sacramentos debe ser verdadera predicaci贸n, pues debe ser en primer lugar una exposici贸n de la acci贸n salv铆fica de Dios en ellos. No puede conformarse con ser un est铆mulo para la frecuente y digna recepci贸n de los mismos. Debe tambi茅n mantener la conciencia de que es el Se帽or mismo el que obra en todos los misterios la salvaci贸n del hombre鈥�57.

32. La pastoral lit煤rgica no se restringe pues a la participaci贸n activa en la celebraci贸n, sino que exige una pastoral sacramental previa que lleve al sujeto a un crecimiento en la fe. Pero a la vez, el hecho de administrar o recibir un sacramento desencadena un proceso pastoral posterior: as铆 como para el individuo se han creado, por el sacramento, toda una serie de derechos y deberes, para el pastor y para la comunidad eclesial toda se han originado tambi茅n graves obligaciones de asistencia espiritual a aquel que ha recibido la acci贸n del Se帽or.

En todos los sacramentos, empezando por el Bautismo, los compromisos y obligaciones no son s贸lo del bautizado, sus padres y padrinos, sino de toda la comunidad eclesial. 脡sta es una grave responsabilidad que se debe tener siempre presente.

33. Hasta ahora se ha centrado preferentemente la pastoral lit煤rgica en el 鈥渄urante鈥�, es decir, mientras dura la celebraci贸n del sacramento; hoy es necesario apartarse de una visi贸n sacramentalista, para que asumiendo el sentido del sacramento, tengamos una visi贸n mucho m谩s amplia, abarcando toda la vida del cristiano: el antes, durante y despu茅s de la acci贸n lit煤rgica.

As铆 como es origen, la liturgia es tambi茅n cumbre, culmen adonde es preciso llegar, luego de un esforzado caminar, para de all铆 obtener como de su fuente, la gracia para llevar una vida aut茅nticamente cristiana. As铆 la liturgia no estar谩 alejada de nuestra vida cotidiana sino que ser谩 parte integral de la misma.

Medell铆n ense帽a que la 鈥渃elebraci贸n lit煤rgica corona y comporta un compromiso con la realidad humana, con el desarrollo y con la promoci贸n, precisamente porque toda la creaci贸n est谩 insertada en el designio salvador que abarca la totalidad del hombre鈥�58.

35. Dios busca provocar un di谩logo que, a trav茅s de signos, comprometa al creyente en una aut茅ntica vivencia de la salvaci贸n que le entrega: 鈥淟a Liturgia impulsa a los fieles a que saciados 鈥榗on los sacramentos pascuales鈥� sean 鈥榗oncordes con la piedad鈥�; pide que conserven en sus vidas lo que recibieron en la fe鈥�59. Las acciones cultuales deben tener pues un resultado concreto, deben dar frutos de redenci贸n en la vida diaria del cristiano, pues, como proclamamos los Obispos reunidos en Puebla de los 脕ngeles, la 鈥減articipaci贸n en la liturgia debe incidir adecuadamente en el compromiso social de los cristianos鈥�60.

Y esto se desprende l贸gicamente de lo que es en s铆 misma toda acci贸n lit煤rgica: celebraci贸n de nuestra fe donde se da un encuentro con la bondad del Se帽or, el Hijo de Santa Mar铆a. Este encuentro, si es sincero y ha sido preparado, transformar谩 nuestra mente, nuestro coraz贸n y nuestro actuar. El Se帽or Jes煤s siempre nos transforma si no hay obst谩culos de nuestra parte. A煤n cuando los sacramentos son siempre eficaces, y operan lo que significan, la acci贸n maravillosa que realizan aflora por nuestra respuesta. Su bendici贸n se manifiesta en nuestro peregrinar por estas tierras hacia la casa del Padre. Por ello la liturgia, lejos de ser una realidad alienante, como muchos pretenden, es un despertar permanente del cristiano en su compromiso de caridad y justicia con el hombre concreto, el pr贸jimo. Ya Jesucristo mismo, haciendo eco de los profetas, rechaz贸 el culto hip贸crita de labios que confiesan a Dios pero tambi茅n de corazones lejos de Dios y de su Divino Plan61.

36. Cada acci贸n lit煤rgica es pues, la fuente de donde cada cristiano, y la Iglesia toda se alimentan para la construcci贸n del Reino de Dios. Ahora bien, dado que donde m谩s se ejecutan las acciones lit煤rgicas es en los sacramentos 鈥攁unque de hecho no podemos afirmar que la liturgia se agote en ellos, pues toda celebraci贸n de la fe como culto p煤blico de la Iglesia es acci贸n lit煤rgica鈥�, se hace necesario pasar lo m谩s brevemente posible revista al contenido que tiene cada uno y las consecuencias pr谩cticas que repercuten en la vida cotidiana de cada cristiano.

Bautismo

37. 鈥淢ediante el Bautismo los hombres se insertan en el misterio pascual de Cristo: Con 脡l muertos, sepultados y resucitados, reciben el esp铆ritu de los hijos adoptivos que les hace exclamar 鈥楢bba, Padre鈥欌��62, son tambi茅n introducidos en la Iglesia, de la cual se hacen miembros, participando de la dignidad de las funciones sacerdotal. prof茅tica y real que Cristo comunica a su Cuerpo a trav茅s de los m谩s diversos medios63; y es adem谩s el inicio y el fundamento de una vida en el Esp铆ritu Santo que tiende a la santidad, vida entregada a celebrar los misterios de la fe en el culto, y comprometida en el testimonio y en el apostolado64.

38. Por el Bautismo el nuevo cristiano no s贸lo ha sido lavado del pecado original y ha tenido una transformaci贸n en lo m谩s profundo de su ser, sino que tambi茅n por la participaci贸n en la muerte y resurrecci贸n de Cristo queda obligado a rechazar el pecado y sus dinamismos, durante toda su vida y en todas las ocasiones en que se le presentasen.

El Bautismo nos lleva a vivir en la vida de todos los d铆as, en las diversas ocasiones cotidianas, la muerte al hombre viejo.

39. Ahora se es hijo de Dios65 debi茅ndose comportar como tal, dej谩ndose guiar por el Esp铆ritu de Dios66; cada fiel deber谩 vivir buscando conocer al Padre y a su enviado Jesucristo, pues en esto est谩 la vida eterna67.

40. Al ser nuevo miembro del Pueblo de Dios, todo bautizado participa de la funci贸n sacerdotal de Cristo, por medio de la cual se compromete a hacer de su vida una ofrenda que d茅 culto a Dios en uni贸n con Cristo, Sacerdote y V铆ctima, por medio de la participaci贸n activa en la liturgia y la oraci贸n continua. Ofrecer谩 su vida entera en todos sus momentos y circunstancias.

41. Participa tambi茅n de la funci贸n prof茅tica del Se帽or Jes煤s, por medio de la cual se compromete a hacer presente a Cristo en su vida personal y en el mundo, proclamado que el Reino est谩 cerca.

42. En cuanto a su participaci贸n en la funci贸n real de Cristo, el bautizado se compromete a profundizar en la fe y a vivirla de manera total. Ser谩 la fe la que gobernar谩 e informar谩 su vida en toda su realidad. Por esta funci贸n el nuevo cristiano se hace tambi茅n servidor de sus hermanos.

Confirmaci贸n

43. 鈥淐on el sacramento de la Confirmaci贸n los cristianos son vinculados m谩s perfectamente a la Iglesia, son enriquecidos con una especial fuerza del Esp铆ritu Santo y de este modo est谩n m谩s estrechamente llamados a difundir y defender con palabra y obra la fe como verdaderos testigos de Cristo鈥�68.

La Confirmaci贸n realiza un perfeccionamiento del don que el Se帽or ha comunicado ya en el Bautismo, pero que, por medio del nuevo sacramento, adquiere una interiorizaci贸n m谩s profunda y exige un ejercicio m谩s consciente y constante. Los confirmados deben tomar parte en la vida lit煤rgica y apost贸lica de la Iglesia con mayor intensidad y con un compromiso m谩s abierto y decidido.

44. La misi贸n dada al cristiano por la Confirmaci贸n es la misma misi贸n que se le dio al Pueblo de Dios reunido en torno a Mar铆a, la Madre de los Ap贸stoles, en Pentecost茅s; predicar por hechos y palabras la Buena Nueva, es decir, evangelizar.

El confirmado debe, pues, colaborar en la misma misi贸n de la Iglesia, debe llevarla a cabo, realizarla plenamente, ya que ahora es un miembro adulto del Cuerpo M铆stico. Misi贸n que debe realizar bajo la gu铆a de Santa Mar铆a, 鈥淓strella de la Evangelizaci贸n鈥�, como lo hicieron los Ap贸stoles y luego lo han hecho todos aquellos que han predicado el Mensaje de la Salvaci贸n.

El confirmado recibe una fuerza especial del Esp铆ritu con miras al testimonio y a la evangelizaci贸n, pues su maduraci贸n en la fe lo 鈥渓leva necesariamente a un compromiso apost贸lico鈥�69.

Eucarist铆a

45. Nuestro Salvador en la 脷ltima Cena, la noche que le traicionaban, instituy贸 el sacrificio eucar铆stico de su Cuerpo y Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la Cruz y a confiar as铆 a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrecci贸n: Sacramento de piedad, signo de unidad, v铆nculo de caridad, banquete pascual, 鈥渆n el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la Gloria Venidera鈥�70.

鈥淓s fundamental comprender que esta entrega de Jesucristo ha sido hecha definitivamente y, consecuentemente, es una oblaci贸n que dura por siempre. Esto nos fuerza a decir que todas las oblaciones que se descubren en los varios estados de la vida del Hijo de Dios son una misma oblaci贸n. Ha habido una oblaci贸n del Cuerpo de Cristo, aquella hecha en el seno de Santa Mar铆a desde el primer momento de la Encarnaci贸n, repetida en el templo, perfeccionada en la Cruz, prolongada en la Santa Misa y que permanece por siempre. Es la misma oblaci贸n, pero con ciertas diferencias: en la Encarnaci贸n est谩 oculta en la Madre Virgen; en el Templo descansa en la oscuridad de la infancia; en la Cruz est谩 oculta tras el velo de la muerte causada por sus enemigos; en la Misa est谩 revestida en los s铆mbolos; y en el Cielo est谩 sin velo alguno, sin signos y en Gloria71.

46. En la Santa Eucarist铆a est谩 el tesoro de la Iglesia, pues all铆 se nos da a Cristo mismo, Pan vivo que nos da la vida72. La celebraci贸n eucar铆stica es as铆 el centro de la asamblea de los fieles73 y la culminaci贸n de toda la vida de la comunidad cristiana74, mediante la cual se va edificando el nuevo Pueblo de Dios75.

47. La Eucarist铆a es ante todo la actualizaci贸n en el altar del sacrificio de Cristo en la Cruz, por medio del cual nos viene la Redenci贸n y la liberaci贸n. En ella ofrecemos la V铆ctima Divina a Dios Padre y presentamos con ella la ofrenda de la propia vida76. Viviremos nuestra vida como prolongaci贸n del sacrificio de la Misa s贸lo en la medida en que nos vayamos entregando amorosamente al Padre como ofrendas vivas, en la medida en que vayamos muriendo al hombre viejo, para que sea Cristo quien viva77, en la medida en que neg谩ndonos a nosotros mismos carguemos diariamente con la Cruz y vayamos en pos del Se帽or de la vida78.

48. La Eucarist铆a es sacrificio fecundo donde la Iglesia se edifica en unidad y fraternidad79: para que esta unidad y fraternidad se manifiesten de manera clara se har谩 necesario que todos los cristianos vivan el mandato del Se帽or: 鈥淎maos los unos a los otros como yo os he amado鈥�80. Es la fracci贸n del pan donde todos nos alimentamos para poder continuar peregrinando con los ojos puestos en las grandes promesas, y anhelando siempre la venida del Se帽or de la Historia.

Reconciliaci贸n

49. El pecado es un volverle nuevamente la espalda a Dios, es un romper con 脡l81, interrumpir la comunicaci贸n, deshacer la amistad, es un apartarse de su amor, es cambiar la libertad por la esclavitud, es optar por la muerte dejando la vida82. Es un romper con uno mismo y con la fraternidad entre los hermanos humanos83. Sin embargo 鈥渜uienes se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la Misericordia de Dios el perd贸n de la ofensa hecha a 脡l y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando鈥�84.

50. Recordemos que Dios se ha hecho hombre, hijo de Mujer85, para redimirnos del pecado y de la esclavitud que este pecado ejerce sobre nosotros. 脡l se ofreci贸 para expiar los pecados de todos86: 脡l nos ha reconciliado con Dios derramando su sangre en la Cruz. Y es a trav茅s del sacramento de la Reconciliaci贸n donde tenemos un encuentro con la misericordia de Jes煤s, el Buen Pastor que nos sube sobre sus hombros y nos lleva nuevamente a su redil, restableciendo su amistad y la del Padre con nosotros, y ayud谩ndonos a lograr la reconciliaci贸n con todos nuestros hermanos a fin de lograr la propia plenitud impedida por el pecado87.

51. Hoy que vemos con inmenso dolor que son muchos los que no comprenden totalmente este gran sacramento. Hoy que vemos con mayor dolor a煤n que son muchos lo que han dejado de acudir a ese admirable medio de perd贸n y de paz, debemos renovar nuestra fe en ese admirable sacramento que es como un 鈥渟egundo bautismo鈥�, un 鈥渂autismo laborioso鈥�, como nos ense帽an los Padres de la Iglesia. Esta renovaci贸n exige creer que la penitencia cristiana es tambi茅n una virtud interior, actitud de lucha contra el pecado, voluntad de conversi贸n cuando nos hemos alejado de nuestro Dios, empe帽o constante de realizar en s铆 las exigencias del Bautismo para participar en el misterio de la Muerte de Cristo y as铆 vivir la vida nueva en el Esp铆ritu Santo. La penitencia es, entonces, ejercicio y conquista de la libertad cristiana que es la victoria sobre el pecado.

52. Hermanos en el sacerdocio, a ustedes les pido que acojan al Pueblo Fiel, y se hagan de todo el tiempo que sea necesario para reconciliarlo con Dios y la Iglesia. 隆C贸mo hubiese siempre un sacerdote en cada parroquia dispuesto a administrar el sacramento de la Reconciliaci贸n!

Y a los dem谩s hijos, tambi茅n muy queridos en el Se帽or, pido que abran sus corazones a la bendici贸n de este gran sacramento, y que acudan con piedad y humildad, asiduamente a 茅l.

Matrimonio

53. 鈥淒ios ha creado al hombre a su imagen y semejanza: llam谩ndolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor.

Dios es amor y vive en S铆 mismo un misterio de comuni贸n personal de amor. Cre谩ndola a su imagen y conserv谩ndola continuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocaci贸n y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y la comuni贸n. El amor es, por tanto, la vocaci贸n fundamental e innata de todo ser humano鈥�88.

Es por ello que el Matrimonio v谩lido entre los cristianos ha sido elevado por el Se帽or Jes煤s a sacramento de la Nueva Alianza, para santificar la uni贸n conyugal y hacerla un signo del amor salv铆fico de Dios. El Matrimonio cristiano no se limita a restaurar en la unidad y en la indisolubilidad la situaci贸n querida por Dios en el origen de la historia humana, sino que tambi茅n inserta al pacto conyugal en la historia de la salvaci贸n, haciendo de 茅ste una alianza con el Se帽or.

El Se帽or viene a estar con los c贸nyuges y a permanecer con ellos, para que los esposos, en mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como 脡l mismo ha amado a la Iglesia y se ha entregado por ella89.

54. Es conveniente recordar con el Concilio que el Matrimonio, por su 铆ndole natural est谩 ordenado a la procreaci贸n y educaci贸n de la prole, fines que no se podr谩n realizar si por encima de todo no hay un amor mutuo entre los esposos; amor que se manifieste, progrese y vaya madurando ordenadamente90.

Es en la vida matrimonial y cumpliendo con sus fines como los c贸nyuges cristianos llevan a cabo la voluntad de Dios y se santifican. 鈥淪i (los esposos) cumplen con su deber conyugal y familiar penetrado por el esp铆ritu de Cristo, con el que toda su vida est谩 impregnada por la fe, la esperanza y la caridad, se van acercando cada vez m谩s hacia su propia perfecci贸n y mutua santificaci贸n com煤nmente, por tanto, a la glorificaci贸n de Dios鈥�91.

55. Debemos renovar tambi茅n nuestra fe en este gran sacramento, signo del amor de Cristo a su Iglesia92 y por el cual 鈥渓os esposos quedan vinculados uno a otro de la manera m谩s profundamente indisoluble鈥�93.

Queridos esposos, sean conscientes de la gran responsabilidad que tienen, de ser testimonios vivos de entrega, sacrificio, fidelidad, comprensi贸n, paciencia, servicio, desinter茅s, justicia, verdad, amor mutuo y pleno94, en medio de un mundo donde la divisi贸n, la separaci贸n, el divorcio se han extendido como c谩ncer nefasto.

Y a ustedes, hermanos en el sacerdocio, les pido una gran solicitud pastoral para con las familias. Preoc煤pense de visitarlas y ayudarlas en todo lo que fuere necesario, exhortando, insistiendo a tiempo y destiempo con toda paciencia y doctrina95.

Sacerdocio

56. Cristo Jes煤s, de tal manera constituy贸 a su Iglesia, que el Pueblo que eligi贸 y adquiri贸 por su propia sangre hubiera de tener siempre y hasta el fin del mundo sus sacerdotes, para que nunca fueran los cristianos como ovejas sin pastor96. As铆 , los 鈥減resb铆teros, aunque no tienen la cumbre del pontificado y dependen de los obispos en el ejercicio de su potestad, est谩n sin embargo unidos con ellos en el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del Orden, han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, a imagen de Cristo Sumo y Eterno sacerdote鈥�97. El sacerdote ha sido tomado de entre los hombres y es puesto para gloria de Dios y para beneficio de los hombres en las cosas del Se帽or98. Ha sido elegido para servir y es en el ejercicio de esta vocaci贸n de servicio pastoral como cumple con el Plan de Dios para 茅l y alcanza la santidad de vida. Es en el ejercicio de su triple funci贸n: Sacerdote (ministro de la liturgia, del culto, sobre todo en el sacrificio eucar铆stico, y en la administraci贸n de los dem谩s sacramentos), Profeta (ministro de la Palabra de Dios que escucha con atenci贸n, vive a profundidad y ense帽a con pureza) y Rey Se帽or (gu铆a y pastor bueno del Pueblo de Dios) que el sacerdote conseguir谩 la santificaci贸n personal y ayudar谩 eficazmente en la santificaci贸n de sus hermanos.

57. En su dimensi贸n de sacerdote debe ante todo 鈥渋mitar lo que celebra鈥�, ser eco fiel de los misterios que 茅l actualiza, debe ser ofrenda agradable al Padre; como Profeta se debe s贸lo a la Palabra de Dios99 que debe vivir en su vida diaria mediante un piadoso estudio, meditaci贸n constante y asidua oraci贸n; como Pastor tiene la exigencia de ser gu铆a del Pueblo santo con el testimonio de una vida santa, y ante todo servidor de los dem谩s entreg谩ndose totalmente a ellos con la renuncia a las propias comodidades e intereses personales.

58. Todo esto nos lleva a pedirles queridos hermanos en el sacerdocio, que sigan siendo fieles, que cada d铆a renueven sus compromisos de fidelidad y entrega al Se帽or, que no oculten su identidad sacerdotal, ya sea dedic谩ndose a tareas que no sean propias de su estado, ya sea viviendo como hombres de este siglo en el pensar, hablar e incluso en el vestir.

El sacerdote debe ser s贸lo sacerdote como nos ense帽a San Gregorio Magno: 鈥減ara una mies abundante son pocos los trabajadores. Al escuchar esto no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas. Mirad c贸mo el mundo est谩 lleno de sacerdotes y, sin embargo es muy dif铆cil encontrar un trabajador para la mies del Se帽or; porque hemos recibido el ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los deberes de este ministerio鈥�100. Aun hoy las palabras de San Gregorio son actuales y m谩s cuando el mundo no est谩 lleno de sacerdotes, sino que son escasos los obreros de la mies.

Por ello, S.S. Juan Pablo II subraya la identidad de los servidores del Pueblo de Dios, cuando hablando a los sacerdotes latinoamericanos dice: 鈥淪ois sacerdotes y religiosos; no sois dirigentes sociales, l铆deres pol铆ticos o funcionarios de un poder temporal. Por eso les repito, no nos hagamos la ilusi贸n de servir al evangelio si tratamos de diluir nuestro carisma a trav茅s de un inter茅s exagerado hacia el amplio campo de los problemas temporales鈥�101.

Unci贸n

59. Los evangelios nos relatan el gran cuidado que tuvo Nuestro Se帽or Jes煤s para con los enfermos y con aquellos que padec铆an cualquier mal.

脡l encarg贸 a sus disc铆pulos tener la misma solicitud102. Por ello, ya desde los primeros momentos observamos en la Iglesia primitiva la costumbre de velar por aquellos que estaban enfermos103.

60. 鈥淧or este sacramento el enfermo recibe la gracia del Esp铆ritu Santo, con la cual el hombre entero es ayudado en su salud, confortado con la confianza en Dios y robustecido contra las tentaciones del enemigo, y la angustia de la muerte, de tal modo que pueda no s贸lo soportar sus males con fortaleza, sino tambi茅n luchar contra ellos, e incluso, conseguir la salud si conviene para su salud espiritual; asimismo, le concede si es necesario, el perd贸n de los pecados y la plenitud de la penitencia cristiana鈥�104.

61. Con la sagrada Unci贸n de los enfermos y la oraci贸n de los presb铆teros toda la Iglesia encomienda los enfermos al Se帽or paciente y glorioso para que los alivie y los salve105, e incluso los exhorta a que asoci谩ndose voluntariamente a la pasi贸n y a la muerte de Cristo106 contribuyan as铆 al bien de todo el Pueblo de Dios107.

Tengamos la firme convicci贸n de que la enfermedad ofrece al disc铆pulo del Se帽or la posibilidad de imitar al Maestro, que ha tomado sobre s铆 todas nuestras enfermedades y dolencias. La enfermedad, como todo sufrimiento aceptado y vivido en uni贸n con Cristo sufriente108, viene as铆 a tomar un valor de redenci贸n.

62. A ustedes hermanos, que sufren el azote de la enfermedad, les digo que son hijos querid铆simos de la Iglesia, pues tienen un valor irremplazable: la posibilidad de conformarse con Cristo sufriente, con Cristo que se sacrifica y da su vida por los hombres y por su liberaci贸n del pecado y de la muerte. Ofr茅zcanse como v铆ctimas vivas por vuestra propia salvaci贸n y por la salvaci贸n de todo el mundo: 茅ste es el gran servicio que prestan a la causa de Cristo, 茅ste es el medio que tienen de instaurar el Reino de Cristo, 茅sta es la gran tarea social que realizan.

63. Y a ustedes, hermanos sacerdotes les pido que se preocupen de sus enfermos, que tengan la misma solicitud de Cristo, pues 脡l nos mand贸 como ejercicio de la Caridad el que visit谩semos a los enfermos, el que nos preocup谩semos de los d茅biles109.

64. Luego de recorrer muy brevemente estas siete fuentes de gracia y de amor, donde la persona de Cristo se nos da en amistad y como prenda de salvaci贸n, vemos con claridad c贸mo lo que celebramos en la liturgia es necesario vivirlo en nuestra vida diaria, pues s贸lo as铆 estamos realizando el Reino: 鈥渆n esp铆ritu y en verdad鈥�110 y no s贸lo de palabra.

La oraci贸n

65. La liturgia, que como ya hemos dicho no se agota en la celebraci贸n de los sacramentos, es una escuela de vida interior en el Espir铆tu Santo, pues nos ayuda de manera excelente a desarrollar nuestra vida cristiana. Ahora bien, a pesar de eso, la liturgia no abarca toda la vida espiritual鈥�111. Mal hacen algunos en pensar que con asistir a la Eucarist铆a dominical les es suficiente; nada m谩s equivocado. Seg煤n nos ense帽a el Concilio 鈥渆l cristiano, llamado a orar en com煤n, debe, no obstante, entrar tambi茅n en su cuarto para orar al Padre en lo secreto (Mt 6, 6); m谩s a煤n, debe orar sin tregua, seg煤n nos ense帽a el ap贸stol (I Ts 5, 17)鈥�112.

Es necesaria la oraci贸n personal, ese 鈥渢rato de amistad con el Se帽or鈥� como dir铆a Santa Teresa, pues la oraci贸n personal es una exigencia del coraz贸n que ama y del que se sabe necesitado del Se帽or.

66. Hermanos en el sacerdocio, sus vidas como 鈥淐ristos vivos鈥� en la Iglesia113, deben ser existencias de cara al Padre en permanente oraci贸n, vidas que tengan momentos fuertes de oraci贸n personal de donde sacar fuerzas y de donde alimentarse para crecer espiritualmente por el contacto con el coraz贸n amoroso del Se帽or. Deben aprender a abrir sus corazones al Se帽or y ejercitarse constantemente en la bendici贸n de su amistad. Recuerden siempre que sin oraci贸n personal no habr谩 nunca un servicio sacerdotal a la porci贸n del Pueblo de Dios a ustedes encomendada, aunque las apariencias muestren lo contrario, pues el tedio y la rutina no tardar谩n en invadir todos sus actos.

67. Hijos todos, miembros del Pueblo Santo elegido por Dios, la oraci贸n personal es tambi茅n necesaria para ustedes. Nadie puede excusarse del deber de buscar y cumplir la voluntad de Dios, y as铆 extender el Reino de Dios; exigencia que s贸lo se llevar谩 a cabo si cada quien mantiene una intensa relaci贸n con nuestro 煤nico Maestro: Jes煤s, el Hijo de Mar铆a.

68. Todos unidos, debemos construir el Reino en actitud de alabanza a Dios Padre. Nuestras vidas ser谩n verdaderamente provechosas s贸lo en la medida en que seamos santos; la liturgia se manifestar谩 en nuestras vidas s贸lo en la medida en que nos esforcemos en ser santos, pues as铆 habremos logrado que el mundo entero sea un altar donde todos, con gesto lit煤rgico, estaremos dando Gloria a Dios.

69. Terminamos esta Carta Pastoral implorando a la Inmaculada Virgen Mar铆a bajo cuya inspiraci贸n la escribimos, rog谩ndole a Ella, bajo el dulce t铆tulo de la Madre Virgen de Guadalupe, Reina y Emperatriz de Am茅rica, que estas reflexiones iluminen nuestra diaria meditaci贸n y nos hagan amar m谩s la liturgia, fuente de vida espiritual, a fin de que nuestra fidelidad a Cristo y a la Iglesia sea manifiesta y se traduzca en una vida m谩s sincera al servicio del Se帽or de todos.

Arequipa, en la Festividad de la Presentaci贸n del Se帽or,
2 de febrero de 1983

+ Fernando Vargas, S.J.
Arzobispo de Arequipa


1

SC, 10.

2

Gn 1, 26.

3

I Jn 4, 8.

4

DP, 182; cfr. Ef 1, 3-6.

5

Cfr. GS 21.

6

DP, 920.

7

DP, 184.

8

Cfr. Lc 15, 11.

9

DP, 186.

10

Cfr. San Agust铆n, Confesiones, 1,1,1.

11

Cfr. DP, 188.

12

Cfr. San Agust铆n, Sobre la Trinidad, IX, 12, 18.

13

San Agust铆n, Confesiones, III. 6, 11.

14

GS, 22.

15

Cfr. Santo Tom谩s, Suma Theologiae, III, q. 69, a. 3, ad. 3.

16

Cfr. I Cor 15, 47.

17

GE, 2.

18

Cfr. SC, 59.

19

Mc 1, 15.

20

Cfr. Mc 7, 14-23.

21

Cfr. Mt 7, 21; 21, 28-32.

22

Cfr. SC, 7.

23

DP, 918.

24

SC, 12.

25

SC, 53.

26

Cfr. SC, 33.

27

San P铆o X, Catecismo Mayor, 2, 1.

28

Cfr. Mt 7, 21.

29

Cfr. SC, 10.

30

Cfr. Santo Tom谩s, Summa Theologiae, Ia-IIae, q. 77, a. 4.

31

Jn 15, 12.

32

Mc 14, 36.

33

Cfr. Col 1, 28.

34

Cfr. SC, 10.

35

PO, 5.

36

Cfr. SC, 8.

37

Cfr. SC, 11.

38

Cfr. SC, 7; I Pe 2, 4-5.9.

39

SC, 26.

40

Cfr. SC, 28-29.

41

SC, 14.

42

Cfr. SC, 22, particularmente el inciso tercero.

43

Cfr. SC, 26.

44

Cfr. SC, 14.

45

Cfr. SC, 14, 27.

46

Cfr. SC, 11; II Cor 6, 1.

47

DP, 901.

48

Conferencia Episcopal Colombiana, La Iglesia ante el cambio, SPEC, 1969, p谩g. 230.

49

EN, 28.

50

Cfr. DP, 150.

51

Cfr. DP, 928.

52

Cfr. SC, 10.

53

Cfr. n煤mero 9.

54

I Cor 11, 26.

55

Cfr. DP, 213.

56

SC, 10.

57

Theodor Filthaut, La Formaci贸n Lit煤rgica, Herder, 1965, p谩g. 154.

58

DM, Liturgia, 9, 4.

59

SC, 10.

60

DP, 902.

61

Cfr. Mc 7, 6s.

62

SC, 6; cfr. 7.

63

Cfr. LG, 10, 11; SC, 14.

64

Cfr. SC, 14; LG, 10, 11, 33.

65

Cfr. I Jn 3, 1.

66

Cfr. Rm 8, 14.

67

Cfr. Jn 17, 3.

68

LG, 11.

69

DP, 1202.

70

SC, 47.

71

Cfr. L鈥檌d茅e du sacerdoce et du sacrifice de J茅sus-Christ par le P. de Condren, p谩g. 100-101.

72

Cfr. PO, 5.

73

Loc. cit.

74

Cfr. CD, 30.

75

Cfr. PO, 6.

76

Cfr. PO, 5.

77

Cfr. G谩l 2, 20.

78

Cfr. Mt 16, 24.

79

Cfr. LG, 26.

80

Jn 15, 12.

81

Cfr. DP, 328.

82

Cfr. Rm 3, 23.

83

Cfr. DP, 328; 185-186.

84

LG, 11.

85

Cfr. G谩l 4, 4.

86

Cfr. Hb 9, 28; Ef 5, 2.

87

Cfr. GS, 13.

88

S.S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 11.

89

Cfr. GS, 48.

90

Cfr. GS, 50.

91

GS, 48.

92

Cfr. Ef 5, 32; LG, 12.

93

Familiaris consortio, 13.

94

Cfr. I Cor 13, 4ss.

95

Cfr. II Tim 4, 2.

96

Cfr. PO, 11.

97

LG, 28.

98

Cfr. Hb 5, 1.

99

Cfr. I Pe 4, 11.

100

Oficio de Lectura, 18 de octubre. San Lucas Evangelista.

101

S.S. Juan Pablo II, Discurso a los sacerdotes y religiosos, Bas铆lica de Guadalupe, 27/01/1979.

102

Cfr. Lc 9, 1-2.

103

Cfr. St 5, 14s.

104

Praenotanda del ritual de unci贸n, 6; Dz, 909.

105

Cfr. St 5, 14ss.

106

Cfr. Rm 8, 17; I Pe 4, 13.

107

Cfr. Col 1, 24; Constituci贸n Apost贸lica Sacram Unctionem infirmorum.

108

Cfr. II Cor 4, 10.

109

Cfr. Mt 25, 36.

110

Jn 4, 20.

111

SC, 12.

112

Loc. cit.

113

Cfr. J.J. Olier, Saints Ordrees, Parte III, Cap铆tulo II.
Consultas

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