Soporte
S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a los participantes en la Sesi贸n Plenaria de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, enero de 2008
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Discurso del Santo Padre a los participantes en la Sesi贸n Plenaria de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe

Sala Clementina

Se帽ores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos y fieles colaboradores:

Para m铆 es motivo de gran alegr铆a encontrarme con vosotros con ocasi贸n de vuestra sesi贸n plenaria. De este modo puedo comunicaros los sentimientos de profunda gratitud y de cordial aprecio que albergo por el trabajo que vuestro dicasterio realiza al servicio del ministerio de unidad, encomendado de modo especial al Romano Pont铆fice. Es un ministerio que se manifiesta principalmente en funci贸n de la unidad de fe, apoyada en el "sagrado dep贸sito", cuyo primer custodio y defensor es el Sucesor de Pedro (cf. const. ap. Pastor bonus, 11).

Agradezco al cardenal William Levada los sentimientos que, en nombre de todos, ha expresado en sus palabras y la presentaci贸n de los temas que han sido objeto de algunos documentos de vuestra Congregaci贸n durante estos 煤ltimos a帽os, as铆 como de los asuntos que est谩 estudiando a煤n el dicasterio.

En particular, la Congregaci贸n para la doctrina de la fe public贸 el a帽o pasado dos importantes documentos, que proporcionaron algunas aclaraciones doctrinales acerca de aspectos esenciales de la doctrina sobre la Iglesia y sobre la evangelizaci贸n. Son aclaraciones necesarias para el desarrollo correcto del di谩logo ecum茅nico y del di谩logo con las religiones y las culturas del mundo.

El primer documento, que lleva por t铆tulo: "Respuestas a cuestiones relativas a algunos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia", vuelve a proponer, tambi茅n en las formulaciones y en el lenguaje, la ense帽anza del concilio Vaticano II, en plena continuidad con la doctrina de la Tradici贸n cat贸lica. As铆 se confirma que la una y 煤nica Iglesia de Cristo, que confesamos en el Credo, tiene su subsistencia, permanencia y estabilidad en la Iglesia cat贸lica y que, por tanto, la unidad, la indivisibilidad y la indestructibilidad de la Iglesia de Cristo no quedan anuladas por las separaciones y divisiones de los cristianos.

Adem谩s de esta aclaraci贸n doctrinal fundamental, el documento vuelve a proponer el uso ling眉铆stico correcto de ciertas expresiones eclesiol贸gicas, que corren el peligro de ser mal entendidas, y con ese fin llama la atenci贸n sobre la diferencia que sigue existiendo entre las diversas confesiones cristianas en lo que se refiere a la comprensi贸n del ser Iglesia, en sentido propiamente teol贸gico.

Eso, lejos de impedir el compromiso ecum茅nico aut茅ntico, servir谩 de est铆mulo para que la confrontaci贸n sobre las cuestiones doctrinales se realice siempre con realismo y con plena conciencia de los aspectos que a煤n separan a las confesiones cristianas, reconociendo con alegr铆a las verdades de fe que se profesan en com煤n y la necesidad de orar sin cesar por un camino m谩s sol铆cito hacia una mayor y, al final, plena unidad de los cristianos.

Cultivar una visi贸n teol贸gica que considerara la unidad e identidad de la Iglesia como sus dotes "ocultas en Cristo", con la consecuencia de que hist贸ricamente la Iglesia existir铆a de hecho en m煤ltiples configuraciones eclesiales, s贸lo reconciliables en una perspectiva escatol贸gica, no podr铆a por menos de retardar y, al final, paralizar el ecumenismo mismo.

La afirmaci贸n del concilio Vaticano II seg煤n la cual la verdadera Iglesia de Cristo "subsiste en la Iglesia cat贸lica" (Lumen gentium, 8) no ata帽e solamente a la relaci贸n con las Iglesias y comunidades eclesiales cristianas, sino que tambi茅n se extiende a la definici贸n de las relaciones con las religiones y las culturas del mundo. El mismo concilio Vaticano II, en la declaraci贸n Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa, afirma que "esta 煤nica verdadera religi贸n subsiste en la Iglesia cat贸lica y apost贸lica, a la que el Se帽or Jes煤s confi贸 la tarea de difundirla a todos los hombres" (n. 1).

La "Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelizaci贸n" 鈥攅l otro documento publicado por vuestra Congregaci贸n en diciembre de 2007鈥�, ante el peligro de un persistente relativismo religioso y cultural, reafirma que la Iglesia, en el tiempo del di谩logo entre las religiones y las culturas, no se dispensa de la necesidad de la evangelizaci贸n y de la actividad misionera hacia los pueblos, ni deja de pedir a los hombres que acojan la salvaci贸n ofrecida a todas las gentes.

El reconocimiento de elementos de verdad y bondad en las religiones del mundo y de la seriedad de sus esfuerzos religiosos, el mismo coloquio y esp铆ritu de colaboraci贸n con ellas para la defensa y la promoci贸n de la dignidad de la persona y de los valores morales universales, no pueden entenderse como una limitaci贸n de la tarea misionera de la Iglesia, que la compromete a anunciar sin cesar a Cristo como el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14, 6).

Adem谩s, queridos hermanos, os invito a seguir con particular atenci贸n los dif铆ciles y complejos problemas de la bio茅tica, pues las nuevas tecnolog铆as biom茅dicas no s贸lo afectan a algunos m茅dicos e investigadores especializados, sino que son divulgadas a trav茅s de los medios modernos de comunicaci贸n social, provocando expectativas e interrogantes en sectores cada vez m谩s amplios de la sociedad.

Ciertamente, el Magisterio de la Iglesia no puede ni debe intervenir en cada novedad de la ciencia, pero tiene la tarea de reafirmar los grandes valores que est谩n en juego y de proponer a los fieles y a todos los hombres de buena voluntad principios y orientaciones 茅tico-morales para las nuevas cuestiones importantes.

Los dos criterios fundamentales para el discernimiento moral en este campo son: a) el respeto incondicional al ser humano como persona, desde su concepci贸n hasta su muerte natural; b) el respeto de la originalidad de la transmisi贸n de la vida humana a trav茅s de los actos propios de los esposos.

Despu茅s de la publicaci贸n, en el a帽o 1987, de la instrucci贸n Donum vitae, que enunci贸 esos criterios, muchos han criticado al Magisterio de la Iglesia, denunci谩ndolo como si fuera un obst谩culo para la ciencia y para el verdadero progreso de la humanidad. Pero los nuevos problemas relacionados, por ejemplo, con la crio-conservaci贸n de embriones humanos, con la reducci贸n embrionaria, con el diagn贸stico pre-implantatorio, con la investigaci贸n sobre c茅lulas madre embrionarias y con los intentos de clonaci贸n humana, muestran claramente c贸mo, con la fecundaci贸n artificial extra-corp贸rea, se ha roto la barrera puesta en defensa de la dignidad humana.

Cuando seres humanos, en la fase m谩s d茅bil e indefensa de su existencia, son seleccionados, abandonados, eliminados o utilizados como mero "material biol贸gico", no se puede negar que ya no son tratados como "alguien", sino como "algo", poniendo as铆 en tela de juicio el concepto mismo de dignidad del hombre.

Ciertamente, la Iglesia aprecia y estimula el progreso de las ciencias biom茅dicas, que abren perspectivas terap茅uticas hasta hoy desconocidas, por ejemplo mediante el uso de c茅lulas madre som谩ticas o mediante las terapias encaminadas a la restituci贸n de la fertilidad o a la curaci贸n de las enfermedades gen茅ticas.

Al mismo tiempo, siente el deber de iluminar las conciencias de todos, para que el progreso cient铆fico respete verdaderamente a todo ser humano, al que se le debe reconocer su dignidad de persona, por haber sido creado a imagen de Dios; de otro modo no ser铆a verdadero progreso. El estudio de esas cuestiones, al que os hab茅is dedicado de modo especial en vuestra sesi贸n durante estos d铆as, contribuir谩 ciertamente a promover la formaci贸n de la conciencia de numerosos hermanos nuestros, seg煤n lo que afirma el concilio Vaticano II en la declaraci贸n Dignitatis humanae: "Los cristianos, al formar su conciencia, deben atender con diligencia a la doctrina cierta y sagrada de la Iglesia. Pues, por voluntad de Cristo, la Iglesia cat贸lica es maestra de la verdad y su misi贸n es anunciar y ense帽ar aut茅nticamente la Verdad, que es Cristo, y, al mismo tiempo, declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana" (n. 14).

A la vez que os animo a proseguir vuestro arduo e importante trabajo, os expreso tambi茅n en esta circunstancia mi cercan铆a espiritual, y os imparto de coraz贸n a todos, en prenda de afecto y gratitud, la bendici贸n apost贸lica.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico