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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelizaci贸n
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Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelizaci贸n

I. Introducci贸n

1. Enviado por el Padre para anunciar el Evangelio, Jesucristo invita a todos los hombres a la conversi贸n y a la fe (cf. Mc 1, 14-15), encomendando a los Ap贸stoles, despu茅s de su resurrecci贸n, continuar su misi贸n evangelizadora (cf. Mt 28, 19-20; Mc 16, 15; Lc 24, 4-7; Hch 1, 3): 芦como el Padre me envi贸, tambi茅n yo os env铆o禄 (Jn 20, 21; cf. 17, 18). Mediante la Iglesia, quiere llegar a cada 茅poca de la historia, a cada lugar de la tierra y a cada 谩mbito de la sociedad, quiere llegar hasta cada persona, para que todos sean un solo reba帽o con un solo pastor (cf. Jn 10, 16): 芦Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creaci贸n. El que crea y sea bautizado, se salvar谩; el que no crea, se condenar谩禄 (Mc 16, 15-16).

Los Ap贸stoles, entonces, 芦movidos por el Esp铆ritu Santo, invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse y a recibir el bautismo禄 1 , porque la 芦Iglesia peregrina es necesaria para la Salvaci贸n禄 2 . Es el mismo Se帽or Jesucristo que, presente en su Iglesia, precede la obra de los evangelizadores, la acompa帽a y sigue, haciendo fructificar el trabajo: lo que acaeci贸 al principio contin煤a durante todo el curso de la historia.

Al comienzo del tercer milenio, resuena en el mundo la invitaci贸n que Pedro, junto con su hermano Andr茅s y con los primeros disc铆pulos, escuch贸 de Jes煤s mismo: 芦rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar禄 (Lc 5, 4) 3 . Y despu茅s de la pesca milagrosa, el Se帽or anunci贸 a Pedro que se convertir铆a en 芦pescador de hombres禄 (Lc 5, 10).

2. El t茅rmino evangelizaci贸n tiene un significado muy rico 4 . En sentido amplio, resume toda la misi贸n de la Iglesia: toda su vida, en efecto, consiste en realizar la traditio Evangelii, el anuncio y transmisi贸n del Evangelio, que es 芦fuerza de Dios para la salvaci贸n de todo el que cree禄 (Rm 1, 16) y que en 煤ltima instancia se identifica con el mismo Cristo (1 Co 1, 24). Por eso, la evangelizaci贸n as铆 entendida tiene como destinataria toda la humanidad. En cualquier caso evangelizaci贸n no significa solamente ense帽ar una doctrina sino anunciar a Jesucristo con palabras y acciones, o sea, hacerse instrumento de su presencia y actuaci贸n en el mundo.

芦Toda persona tiene derecho a escuchar la 鈥淏uena Nueva鈥� de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocaci贸n禄 5 . Es un derecho conferido por el mismo Se帽or a toda persona humana, por lo cual todos los hombres y mujeres pueden decir junto con San Pablo: Jesucristo 芦me am贸 y se entreg贸 por m铆禄 (Gal 2, 20). A este derecho le corresponde el deber de evangelizar: 芦no es para m铆 ning煤n motivo de gloria; es m谩s bien un deber que me incumbe. Y 隆ay de m铆 si no predicara el Evangelio!禄 (1 Co 9, 16; cf. Rm 10, 14). As铆 se entiende porqu茅 toda actividad de la Iglesia tenga una dimensi贸n esencial evangelizadora y jam谩s debe ser separada del compromiso de ayudar a todos a encontrar a Cristo en la fe, que es el objetivo primario de la evangelizaci贸n: 芦La cuesti贸n social y el Evangelio son realmente inseparables. Si damos a los hombres s贸lo conocimientos, habilidades, capacidades t茅cnicas e instrumentos, les damos demasiado poco禄 6 .

3. Hoy en d铆a, sin embargo, hay una confusi贸n creciente que induce a muchos a desatender y dejar inoperante el mandato misionero del Se帽or (cf. Mt 28, 19). A menudo se piensa que todo intento de convencer a otros en cuestiones religiosas es limitar la libertad. Ser铆a l铆cito solamente exponer las propias ideas e invitar a las personas a actuar seg煤n la conciencia, sin favorecer su conversi贸n a Cristo y a la fe cat贸lica: se dice que basta ayudar a los hombres a ser m谩s hombres o m谩s fieles a su propia religi贸n, que basta con construir comunidades capaces de trabajar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad. Adem谩s, algunos sostienen que no deber铆a anunciar a Cristo a quienes no lo conocen, ni favorecer la adhesi贸n a la Iglesia, pues ser铆a posible salvarse tambi茅n sin un conocimiento expl铆cito de Cristo y sin una incorporaci贸n formal a la Iglesia.

Para salir al paso de esta problem谩tica, la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe ha estimado necesario publicar la presente Nota, la cual, presuponiendo toda la doctrina cat贸lica sobre la evangelizaci贸n, ampliamente tratada en el Magisterio de Pablo VI y de Juan Pablo II, tiene como finalidad aclarar algunos aspectos de la relaci贸n entre el mandato misionero del Se帽or y el respeto a la conciencia y a la libertad religiosa de todos. Son aspectos con implicaciones antropol贸gicas, eclesiol贸gicas y ecum茅nicas.

II. Algunas implicaciones antropol贸gicas

4. 芦Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el 煤nico Dios verdadero, y al que t煤 has enviado, Jesucristo禄 (Jn 17, 3): Dios concedi贸 a los hombres inteligencia y voluntad para que lo pudieran buscar, conocer y amar libremente. Por eso la libertad humana es un recurso y, a la vez, un reto para el hombre que le presenta Aquel que lo ha creado. Un ofrecimiento a su capacidad de conocer y amar lo que es bueno y verdadero. Nada como la b煤squeda del bien y la verdad pone en juego la libertad humana, reclam谩ndole una adhesi贸n tal que implica los aspectos fundamentales de la vida. Este es, particularmente, el caso de la verdad salv铆fica, que no es solamente objeto del pensamiento sino tambi茅n acontecimiento que afecta a toda la persona 鈥� inteligencia, voluntad, sentimientos, actividades y proyectos 鈥� cuando 茅sta se adhiere a Cristo. En esta b煤squeda del bien y la verdad act煤a ya el Esp铆ritu Santo, que abre y dispone los corazones para acoger la verdad evang茅lica, seg煤n la conocida afirmaci贸n de Santo Tom谩s de Aquino: 芦omne verum a quocumque dicatur a Spiritu Sancto est 7 . Por eso es importante valorar esta acci贸n del Esp铆ritu Santo, que produce afinidad y acerca los corazones a la verdad, ayudando al conocimiento humano a madurar en la sabidur铆a y en el abandono confiado en lo verdadero 8 .

Sin embargo, hoy en d铆a, cada vez m谩s frecuentemente, se pregunta acerca de la legitimidad de proponer a los dem谩s lo que se considera verdadero en s铆, para que puedan adherirse a ello. Esto a menudo se considera como un atentado a la libertad del pr贸jimo. Tal visi贸n de la libertad humana, desvinculada de su inseparable referencia a la verdad, es una de las expresiones 芦del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como 煤ltima medida s贸lo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisi贸n禄 9 . En las diferentes formas de agnosticismo y relativismo presentes en el pensamiento contempor谩neo, 芦la leg铆tima pluralidad de posiciones ha dado paso a un pluralismo indiferenciado, basado en el convencimiento de que todas las posiciones son igualmente v谩lidas. Este es uno de los s铆ntomas m谩s difundidos de la desconfianza en la verdad que es posible encontrar en el contexto actual. No se sustraen a esta prevenci贸n ni siquiera algunas concepciones de vida provenientes de Oriente; en ellas, en efecto, se niega a la verdad su car谩cter exclusivo, partiendo del presupuesto de que se manifiesta de igual manera en diversas doctrinas, incluso contradictorias entre s铆禄 10 . Si el hombre niega su capacidad fundamental de conocer la verdad, si se hace esc茅ptico sobre su facultad de conocer realmente lo que es verdadero, termina por perder lo 煤nico que puede atraer su inteligencia y fascinar su coraz贸n.

5. En este sentido, en la b煤squeda de la verdad, se enga帽a quien s贸lo conf铆a en sus propias fuerzas, sin reconocer la necesidad que cada uno tiene del auxilio de los dem谩s. El hombre 芦desde el nacimiento, pues, est谩 inmerso en varias tradiciones, de las cuales recibe no s贸lo el lenguaje y la formaci贸n cultural, sino tambi茅n muchas verdades en las que, casi instintivamente, cree. De todos modos el crecimiento y la maduraci贸n personal implican que estas mismas verdades puedan ser puestas en duda y discutidas por medio de la peculiar actividad cr铆tica del pensamiento. Esto no quita que, tras este paso, las mismas verdades sean 鈥渞ecuperadas鈥� sobre la base de la experiencia llevada que se ha tenido o en virtud de un razonamiento sucesivo. A pesar de ello, en la vida de un hombre las verdades simplemente cre铆das son mucho m谩s numerosas que las adquiridas mediante la constataci贸n personal禄 11 . La necesidad de confiar en los conocimientos transmitidos por la propia cultura, o adquiridos por otros, enriquece al hombre ya sea con verdades que no pod铆a conseguir por s铆 solo, ya sea con las relaciones interpersonales y sociales que desarrolla. El individualismo espiritual, por el contrario, a铆sla a la persona impidi茅ndole abrirse con confianza a los dem谩s 鈥� y, por lo tanto, recibir y dar en abundancia los bienes que sostienen su libertad 鈥� poniendo en peligro incluso el derecho de manifestar socialmente sus propias convicciones y opiniones 12 .

En particular, la verdad que es capaz de iluminar el sentido de la propia vida y de guiarla se alcanza tambi茅n mediante el abandono confiado en aquellos que pueden garantizar la certeza y la autenticidad de la verdad misma: 芦La capacidad y la opci贸n de confiarse uno mismo y la propia vida a otra persona constituyen ciertamente uno de los actos antropol贸gicamente m谩s significativos y expresivos禄 13 . La aceptaci贸n de la Revelaci贸n que se realiza en la fe, aunque suceda en un nivel m谩s profundo, entra en la din谩mica de la b煤squeda de la verdad: 芦Cuando Dios revela hay que prestarle 鈥渓a obediencia de la fe鈥�, por la que el hombre se conf铆a libre y totalmente a Dios prestando 鈥渁 Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad鈥�, y asistiendo voluntariamente a la revelaci贸n hecha por 脡l禄 14 . El Concilio Vaticano II, despu茅s de haber afirmado el deber y el derecho de todo hombre a buscar la verdad en materia religiosa, a帽ade: 芦la verdad debe buscarse de modo apropiado a la dignidad de la persona humana y a su naturaleza social, es decir, mediante una libre investigaci贸n, sirvi茅ndose del magisterio o de la educaci贸n, de la comunicaci贸n y del di谩logo, por medio de los cuales unos exponen a otros la verdad que han encontrado o creen haber encontrado禄 15 . En cualquier caso, la verdad 芦no se impone de otra manera, sino por la fuerza de la misma verdad禄 16 . Por lo tanto, estimular honestamente la inteligencia y la libertad de una persona hacia el encuentro con Cristo y su Evangelio no es una intromisi贸n indebida, sino un ofrecimiento leg铆timo y un servicio que puede hacer m谩s fecunda la relaci贸n entre los hombres.

6. La evangelizaci贸n es, adem谩s, una posibilidad de enriquecimiento no s贸lo para sus destinatarios sino tambi茅n para quien la realiza y para toda la Iglesia. Por ejemplo, en el proceso de inculturaci贸n, 芦la misma Iglesia universal se enriquece con expresiones y valores en los diferentes sectores de la vida cristiana, [鈥 conoce y expresa a煤n mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una continua renovaci贸n禄 17 . La Iglesia, en efecto, que desde el d铆a de Pentecost茅s ha manifestado la universalidad de su misi贸n, asume en Cristo las riquezas innumerables de los hombres de todos los tiempos y lugares de la historia humana 18 . Adem谩s de su valor antropol贸gico impl铆cito, todo encuentro con una persona o con una cultura concreta puede desvelar potencialidades del Evangelio poco explicitadas precedentemente, que enriquecer谩n la vida concreta de los cristianos y de la Iglesia. Gracias, tambi茅n, a este dinamismo, la 芦Tradici贸n, que deriva de los Ap贸stoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Esp铆ritu Santo禄 19 .

En efecto, el Esp铆ritu que, despu茅s de haber obrado la encarnaci贸n de Jesucristo en el vientre virginal de Mar铆a, vivifica la acci贸n materna de la Iglesia en la evangelizaci贸n de las culturas. Si bien el Evangelio es independiente de todas las culturas, es capaz de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna 20 . En este sentido, el Esp铆ritu Santo es tambi茅n el protagonista de la inculturaci贸n del Evangelio, es el que precede, en modo fecundo, al di谩logo entre la Palabra de Dios, revelada en Jesucristo, y las inquietudes m谩s profundas que brotan de la multiplicidad de los hombres y de las culturas. As铆 contin煤a en la historia, en la unidad de una misma y 煤nica fe, el acontecimiento de Pentecost茅s, que se enriquece a trav茅s de la diversidad de lenguas y culturas.

7. La actividad por medio de la cual el hombre comunica a otros eventos y verdades significativas desde el punto de vista religioso, favoreciendo su recepci贸n, no solamente est谩 en profunda sinton铆a con la naturaleza del proceso humano de di谩logo, de anuncio y aprendizaje, sino que tambi茅n responde a otra importante realidad antropol贸gica: es propio del hombre el deseo de hacer que los dem谩s participen de los propios bienes. Acoger la Buena Nueva en la fe empuja de por s铆 a esa comunicaci贸n. La Verdad que salva la vida enciende el coraz贸n de quien la recibe con un amor al pr贸jimo que mueve la libertad a comunicar lo que se ha recibido gratuitamente.

Si bien los no cristianos puedan salvarse mediante la gracia que Dios da a trav茅s de 鈥渃aminos que 脡l sabe鈥� 21 , la Iglesia no puede dejar de tener en cuenta que les falta un bien grand铆simo en este mundo: conocer el verdadero rostro de Dios y la amistad con Jesucristo, el Dios-con-nosotros. En efecto, 芦nada hay m谩s hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada m谩s bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con 脡l禄 22 . Para todo hombre es un bien la revelaci贸n de las verdades fundamentales 23 sobre Dios, sobre s铆 mismo y sobre el mundo; mientras que vivir en la oscuridad, sin la verdad acerca de las 煤ltimas cosas, es un mal, que frecuentemente est谩 en el origen de sufrimientos y esclavitudes a veces dram谩ticas. Esta es la raz贸n por la que San Pablo no vacila en describir la conversi贸n a la fe cristiana como una liberaci贸n 芦del poder de las tinieblas禄 y como la entrada 芦en el Reino del Hijo predilecto, en quien tenemos la redenci贸n: el perd贸n de los pecados禄 (Col 1, 13-14). Por eso, la plena adhesi贸n a Cristo, que es la Verdad, y la incorporaci贸n a su Iglesia, no disminuyen la libertad humana, sino que la enaltecen y perfeccionan, en un amor gratuito y enteramente sol铆cito por el bien de todos los hombres. Es un don inestimable vivir en el abrazo universal de los amigos de Dios que brota de la comuni贸n con la carne vivificante de su Hijo, recibir de 脡l la certeza del perd贸n de los pecados y vivir en la caridad que nace de la fe. La Iglesia quiere hacer part铆cipes a todos de estos bienes, para que tengan la plenitud de la verdad y de los medios de salvaci贸n, 芦para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios禄 (Rm 8, 21).

8. La evangelizaci贸n implica tambi茅n el di谩logo sincero que busca comprender las razones y los sentimientos de los otros. Al coraz贸n del hombre, en efecto, no se accede sin gratuidad, caridad y di谩logo, de modo que la palabra anunciada no sea solamente proferida sino adecuadamente testimoniada en el coraz贸n de sus destinatarios. Eso exige tener en cuenta las esperanzas y los sufrimientos, las situaciones concretas de los destinatarios. Adem谩s, precisamente a trav茅s del di谩logo, los hombres de buena voluntad abren m谩s libremente el coraz贸n y comparten sinceramente sus experiencias espirituales y religiosas. Ese compartir, caracter铆stico de la verdadera amistad, es una ocasi贸n valiosa para el testimonio y el anuncio cristiano.

Como en todo campo de la actividad humana, tambi茅n en el di谩logo en materia religiosa puede introducirse el pecado. A veces puede suceder que ese di谩logo no sea guiado por su finalidad natural, sino que ceda al enga帽o, a intereses ego铆stas o a la arrogancia, sin respetar la dignidad y la libertad religiosa de los interlocutores. Por eso 芦la Iglesia proh铆be severamente que a nadie se obligue, o se induzca o se atraiga por medios indiscretos a abrazar la fe, lo mismo que vindica en茅rgicamente el derecho a que nadie sea apartado de ella con vejaciones inicuas禄 24 .

El motivo originario de la evangelizaci贸n es el amor de Cristo para la salvaci贸n eterna de los hombres. Los aut茅nticos evangelizadores desean solamente dar gratuitamente lo que gratuitamente han recibido: 芦Desde los primeros d铆as de la Iglesia los disc铆pulos de Cristo se esforzaron en inducir a los hombres a confesar Cristo Se帽or, no por acci贸n coercitiva ni por artificios indignos del Evangelio, sino ante todo por la virtud de la palabra de Dios禄 25 . La misi贸n de los Ap贸stoles 鈥� y su continuaci贸n en la misi贸n de la Iglesia antigua 鈥� sigue siendo el modelo fundamental de evangelizaci贸n para todos los tiempos: una misi贸n a menudo marcada por el martirio, como lo demuestra la historia del siglo pasado. Precisamente el martirio da credibilidad a los testigos, que no buscan poder o ganancia sino que entregan la propia vida por Cristo. Manifiestan al mundo la fuerza inerme y llena de amor por los hombres concedida a los que siguen a Cristo hasta la donaci贸n total de su existencia. As铆, los cristianos, desde los albores del cristianismo hasta nuestros d铆as, han sufrido persecuciones por el Evangelio, como Jes煤s mismo hab铆a anunciado: 芦a m铆 me han perseguido, tambi茅n os perseguir谩n a vosotros禄 (Jn 15, 20).

III. Algunas implicaciones eclesiol贸gicas

9. Desde el d铆a de Pentecost茅s, quien acoge plenamente la fe es incorporado a la comunidad de los creyentes: 芦Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel d铆a se les unieron unas tres mil personas禄 (Hch 2, 41). Desde el comienzo, con la fuerza del Esp铆ritu, el Evangelio ha sido anunciado a todos los hombres, para que crean y lleguen a ser disc铆pulos de Cristo y miembros de su Iglesia. Tambi茅n en la literatura patr铆stica son constantes las exhortaciones a realizar la misi贸n confiada por Jes煤s a los disc铆pulos 26 . Generalmente se usa el t茅rmino 芦conversi贸n禄 en referencia a la exigencia de conducir a los paganos a la Iglesia. No obstante, la conversi贸n (metanoia), en su significado cristiano, es un cambio de mentalidad y actuaci贸n, como expresi贸n de la vida nueva en Cristo proclamada por la fe: es una reforma continua del pensar y obrar orientada a una identificaci贸n con Cristo cada m谩s intensa (cf. Gal 2, 20), a la cual est谩n llamados, ante todo, los bautizados. Este es, en primer lugar, el significado de la invitaci贸n que Jes煤s mismo formul贸: 芦convert铆os y creed al Evangelio禄 (Mc 1, 15; cf. Mt 4, 17).

El esp铆ritu cristiano ha estado siempre animado por la pasi贸n de llevar a toda la humanidad a Cristo en la Iglesia. En efecto, la incorporaci贸n de nuevos miembros a la Iglesia no es la extensi贸n de un grupo de poder, sino la entrada en la amistad de Cristo, que une el cielo y la tierra, continentes y 茅pocas diferentes. Es la entrada en el don de la comuni贸n con Cristo, que es 芦vida nueva禄 animada por la caridad y el compromiso con la justicia. La Iglesia es instrumento 鈥� 芦el germen y el principio禄 27 鈥� del Reino de Dios, no es una utop铆a pol铆tica. Es ya presencia de Dios en la historia y lleva en s铆 tambi茅n el verdadero futuro, el definitivo, en el que 脡l ser谩 芦todo en todos禄 (1 Co 15, 28); una presencia necesaria, pues s贸lo Dios puede dar al mundo aut茅ntica paz y justicia. El Reino de Dios no es 鈥� como algunos sostienen hoy 鈥� una realidad gen茅rica que supera todas las experiencias y tradiciones religiosas, a la cual estas deber铆an tender como hacia una comuni贸n universal e indiferenciada de todos los que buscan a Dios, sino que es, ante todo, una persona, que tiene el rostro y el nombre de Jes煤s de Nazaret, imagen del Dios invisible 28 . Por eso, cualquier movimiento libre del coraz贸n humano hacia Dios y hacia su Reino conduce, por su propia naturaleza, a Cristo y se orienta a la incorporaci贸n en su Iglesia, que es signo eficaz de ese Reino. La Iglesia es, por lo tanto, medio de la presencia de Dios y por eso, instrumento de una verdadera humanizaci贸n del hombre y del mundo. La extensi贸n de la Iglesia a lo largo de la historia, que constituye la finalidad de la misi贸n, es un servicio a la presencia de Dios mediante su Reino: en efecto, 芦el Reino no puede ser separado de la Iglesia禄 29 .

10. Hoy, sin embargo, 芦el perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teor铆as de tipo relativista, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no s贸lo de facto sino tambi茅n de iure (o de principio)禄 30 . Desde hace mucho tiempo se ha ido creando una situaci贸n en la cual, para muchos fieles, no est谩 clara la raz贸n de ser de la evangelizaci贸n 31 . Hasta se llega a afirmar que la pretensi贸n de haber recibido como don la plenitud de la Revelaci贸n de Dios, esconde una actitud de intolerancia y un peligro para la paz.

Qui茅n as铆 razona, ignora que la plenitud del don de la verdad que Dios hace al hombre al revelarse a 茅l, respeta la libertad que 脡l mismo ha creado como rasgo indeleble de la naturaleza humana: una libertad que no es indiferencia, sino tendencia al bien. Ese respeto es una exigencia de la misma fe cat贸lica y de la caridad de Cristo, un elemento constitutivo de la evangelizaci贸n y, por lo tanto, un bien que hay que promover sin separarlo del compromiso de hacer que sea conocida y aceptada libremente la plenitud de la salvaci贸n que Dios ofrece al hombre en la Iglesia.

El respeto a la libertad religiosa 32 y su promoci贸n 芦en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. M谩s a煤n, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad que salva禄 33 . Ese amor es el sello precioso del Esp铆ritu Santo que, como protagonista de la evangelizaci贸n 34 , no cesa de mover los corazones al anuncio del Evangelio, abri茅ndolos para que lo reciban. Un amor que vive en el coraz贸n de la Iglesia y que de all铆 se irradia hasta los confines de la tierra, hasta el coraz贸n de cada hombre. Todo el coraz贸n del hombre, en efecto, espera encontrar a Jesucristo.

Se entiende, as铆, la urgencia de la invitaci贸n de Cristo a evangelizar y porqu茅 la misi贸n, confiada por el Se帽or a los Ap贸stoles, concierne a todos los bautizados. Las palabras de Jes煤s, 芦Id, pues, y haced disc铆pulos a todas las gentes bautiz谩ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp铆ritu Santo, y ense帽谩ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado禄 (Mt 28, 19-20), interpelan a todos en la Iglesia, a cada uno seg煤n su propia vocaci贸n. Y, en el momento presente, ante tantas personas que viven en diferentes formas de desierto, sobre todo en el 芦desierto de la oscuridad de Dios, del vac铆o de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre禄 35 , el Papa Benedicto XVI ha recordado al mundo que 芦la Iglesia en su conjunto, as铆 como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud禄 36 . Este compromiso apost贸lico es un deber y tambi茅n un derecho irrenunciable, expresi贸n propia de la libertad religiosa, que tiene sus correspondientes dimensiones 茅tico-sociales y 茅tico-pol铆ticas 37 . Un derecho que, lamentablemente, en algunas partes del mundo a煤n no se reconoce legalmente y en otras, de hecho, no se respeta 38 .

11. El que anuncia el Evangelio participa de la caridad de Cristo, que nos am贸 y se entreg贸 por nosotros (cf. Ef 5, 2), es su emisario y suplica en nombre de Cristo: 隆reconciliaos con Dios! (2 Co 5, 20). Una caridad que es expresi贸n de la gratitud que se difunde desde el coraz贸n humano cuando se abre al amor entregado por Jesucristo, aquel Amor 芦que en el mundo se expande禄 39 . Esto explica el ardor, confianza y libertad de palabra (parrhesia) que se manifestaba en la predicaci贸n de los Ap贸stoles (cf. Hch 4, 31; 9, 27-28; 26, 26, etc.) y que el rey Agripa experiment贸 escuchando a Pablo: 芦Por poco, con tus argumentos, haces de m铆 un cristiano禄 (Hch 26, 28).

La evangelizaci贸n no se realiza s贸lo a trav茅s de la predicaci贸n p煤blica del Evangelio, ni se realiza 煤nicamente a trav茅s de actuaciones p煤blicas relevantes, sino tambi茅n por medio del testimonio personal, que es un camino de gran eficacia evangelizadora. En efecto, 芦adem谩s de la proclamaci贸n, que podr铆amos llamar colectiva, del Evangelio, conserva toda su validez e importancia esa otra transmisi贸n de persona a persona. El Se帽or la ha practicado frecuentemente 鈥攃omo lo prueban, por ejemplo, las conversaciones con Nicodemo, Zaqueo, la Samaritana, Sim贸n el fariseo鈥� y lo mismo han hecho los Ap贸stoles. En el fondo, 驴hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe? La urgencia de comunicar la Buena Nueva a las masas de hombres no deber铆a hacer olvidar esa forma de anunciar mediante la cual se llega a la conciencia personal del hombre y se deja en ella el influjo de una palabra verdaderamente extraordinaria que recibe de otro hombre禄 40 .

En cualquier caso, hay que recordar que en la transmisi贸n del Evangelio la palabra y el testimonio de vida van unidos 41 ; para que la luz de la verdad llegue a todos los hombres, se necesita, ante todo, el testimonio de la santidad. Si la palabra es desmentida por la conducta, dif铆cilmente ser谩 acogida. Pero tampoco basta solamente el testimonio, porque 芦incluso el testimonio m谩s hermoso se revelar谩 a la larga impotente si no es esclarecido, justificado 鈥搇o que Pedro llamaba dar 鈥渞az贸n de vuestra esperanza鈥� (1 Pe. 3, 15)鈥�, explicitado por un anuncio claro e inequ铆voco del Se帽or Jes煤s禄 42 .

IV. Algunas implicaciones ecum茅nicas

12. Desde sus inicios, el movimiento ecum茅nico ha estado 铆ntimamente vinculado con la evangelizaci贸n. La unidad es, en efecto, el sello de la credibilidad de la misi贸n y el Concilio Vaticano II ha relevado con pesar que el esc谩ndalo de la divisi贸n 芦es obst谩culo para la causa de la difusi贸n del Evangelio por todo el mundo禄 43 . Jes煤s mismo, en la v铆spera de su Pasi贸n or贸: 芦para que todos sean uno鈥� para que el mundo crea禄 (Jn 17, 21).

La misi贸n de la Iglesia es universal y no se limita a determinadas regiones de la tierra. La evangelizaci贸n, sin embargo, se realiza en forma diversa, de acuerdo a las diferentes situaciones en las cuales tiene lugar. En sentido estricto se habla de 芦missio ad gentes禄 dirigida a los que no conocen a Cristo. En sentido amplio se habla de 芦evangelizaci贸n禄, para referirse al aspecto ordinario de la pastoral, y de 芦nueva evangelizaci贸n禄 en relaci贸n a los que han abandonado la vida cristiana 44 . Adem谩s, se evangeliza en pa铆ses donde viven cristianos no cat贸licos, sobre todo en pa铆ses de tradici贸n y cultura cristiana antiguas. Aqu铆 se requiere un verdadero respeto por sus tradiciones y riquezas espirituales, al igual que un sincero esp铆ritu de cooperaci贸n. 芦Excluido todo indiferentismo y confusionismo as铆 como la emulaci贸n insensata, los cat贸licos colaboren fraternalmente con los hermanos separados, seg煤n las normas del Decreto sobre el Ecumenismo, en la com煤n profesi贸n de la fe en Dios y en Jesucristo delante de las naciones 鈥� en cuanto sea posible 鈥� mediante la cooperaci贸n en asuntos sociales y t茅cnicos, culturales y religiosos禄 45 .

En el compromiso ecum茅nico se pueden distinguir varias dimensiones: ante todo la escucha, como condici贸n fundamental para todo di谩logo; despu茅s, la discusi贸n teol贸gica, en la cual, tratando de entender las confesiones, tradiciones y convicciones de los dem谩s, se puede encontrar la concordia, escondida a veces en la discordia. Inseparable de todo esto, no puede faltar otra dimensi贸n esencial del compromiso ecum茅nico: el testimonio y el anuncio de los elementos que no son tradiciones particulares o matices teol贸gicos sino que pertenecen a la Tradici贸n de la fe misma.

Pero el ecumenismo no tiene solamente una dimensi贸n institucional que apunta a 芦hacer crecer la comuni贸n parcial existente entre los cristianos hacia la comuni贸n plena en la verdad y en la caridad禄 46 : es tarea de cada fiel, ante todo, mediante la oraci贸n, la penitencia, el estudio y la colaboraci贸n. Dondequiera y siempre, todo fiel cat贸lico tiene el derecho y el deber de testimoniar y anunciar plenamente su propia fe. Con los cristianos no cat贸licos, el cat贸lico debe establecer un di谩logo que respete la caridad y la verdad: un di谩logo que no es solamente un intercambio de ideas sino tambi茅n de dones 47 , para poderles ofrecer la plenitud de los medios de salvaci贸n 48 . As铆 somos conducidos a una conversi贸n a Cristo cada vez m谩s profunda.

En este sentido se recuerda que si un cristiano no cat贸lico, por razones de conciencia y convencido de la verdad cat贸lica, pide entrar en la plena comuni贸n con la Iglesia Cat贸lica, esto ha de ser respetado como obra del Esp铆ritu Santo y como expresi贸n de la libertad de conciencia y religi贸n. En tal caso no se trata de proselitismo, en el sentido negativo atribuido a este t茅rmino 49 . Como ha reconocido expl铆citamente el Decreto sobre el Ecumenismo de Concilio Vaticano II, 芦es manifiesto, sin embargo, que la obra de preparaci贸n y reconciliaci贸n individuales de los que desean la plena comuni贸n cat贸lica se diferencia, por su naturaleza, de la empresa ecum茅nica, pero no encierra oposici贸n alguna, ya que ambos proceden del admirable designio de Dios禄 50 . Por lo tanto, esa iniciativa no priva del derecho ni exime de la responsabilidad de anunciar en plenitud la fe cat贸lica a los dem谩s cristianos, que libremente acepten acogerla.

Esta perspectiva requiere naturalmente evitar cualquier presi贸n indebida: 芦en la difusi贸n de la fe religiosa, y en la introducci贸n de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacci贸n o a persuasi贸n inhonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas rudas o necesitadas禄 51 . El testimonio de la verdad no puede tener la intenci贸n de imponer nada por la fuerza, ni por medio de acciones coercitivas, ni con artificios contrarios al Evangelio. El mismo ejercicio de la caridad es gratuito 52 . El amor y el testimonio de la verdad se ordenan a convencer, ante todo, con la fuerza de la Palabra de Dios (cf. 1 Co 2, 3-5; 1 Ts 2, 3-5) 53 . La misi贸n cristiana est谩 radicada en la potencia del Esp铆ritu Santo y de la misma verdad proclamada.

V. Conclusi贸n

13. La acci贸n evangelizadora de la Iglesia nunca desfallecer谩, porque nunca le faltar谩 la presencia del Se帽or Jes煤s con la fuerza del Esp铆ritu Santo, seg煤n su misma promesa: 芦yo estoy con vosotros todos los d铆as hasta el fin del mundo禄 (Mt 28, 20). Los relativismos de hoy en d铆a y los irenismos en 谩mbito religioso no son un motivo v谩lido para desatender este compromiso arduo y, al mismo tiempo, fascinante, que pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia y es 芦su tarea principal禄 54 . 芦Caritas Christi urget nos禄 (2 Co 5, 14): lo testimonia la vida de un gran n煤mero de fieles que, movidos por el amor de Cristo han emprendido, a lo largo de la historia, iniciativas y obras de todo tipo para anunciar el Evangelio a todo el mundo y en todos los 谩mbitos de la sociedad, como advertencia e invitaci贸n perenne a cada generaci贸n cristiana para que cumpla con generosidad el mandato del Se帽or. Por eso, como recuerda el Papa Benedicto XVI, 芦el anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden dar a cada persona y a todo el g茅nero humano, por estar llamados a comunicar a todos el amor de Dios, que se manifest贸 plenamente en el 煤nico Redentor del mundo, Jesucristo禄 55 . El amor que viene de Dios nos une a 脡l y 芦nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea 鈥渢odo en todos鈥� (cf. 1 Co 15, 28)禄 56 .

El Sumo Pont铆fice Benedicto XVI, en la Audiencia del d铆a 6 de octubre de 2007, concedida al Cardenal Prefecto de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, ha aprobado la presente Nota, decidida en la Sesi贸n Ordinaria de esta Congregaci贸n, y ha ordenado su publicaci贸n.

Dado en Roma, en la sede de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, 3 de diciembre de 2007, memoria lit煤rgica de san Francisco Javier, Patr贸n de la Misiones.

William Cardenal LEVADA
Prefecto

Angelo AMATO, S.D.B.
Arzobispo titular de Sila
Secretario


1

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio (7 de diciembre de1990), n. 47: AAS 83 (1991), 293.

2

Concilio Vaticano II, Constituci贸n Dogm谩tica Lumen gentium , n. 14; cf. Decreto Ad gentes , n. 7; Decreto Unitatis redintegratio , n. 3. Esta doctrina no se contrapone a la voluntad salv铆fica de Dios, que 芦quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad禄 (1 Tim 2, 4); por eso 芦es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvaci贸n en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvaci贸n禄 (Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio , n. 9: AAS 83 [1991], 258).

3

Juan Pablo II, Carta Apost贸lica Novo millennio ineunte (6 de enero de 2001, n. 1: AAS 93 (2001), 266.

4

Cf. Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de1975), n. 24: AAS 69 (1976), 22.

5

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio , n. 46: AAS 83 (1991), 293; cf. Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi , nn. 53 y 80: AAS 69 (1976), 41-42, 73-74.

6

Benedicto XVI, Homil铆a durante la Santa Misa en la explanada de la Nueva Feria de Munich (10 de septiembre de 2006): AAS 98 (2006), 710.

7

芦Toda verdad, d铆gala quien la diga, viene del Esp铆ritu Santo禄 (Santo Tom谩s de Aquino, Summa Theologi忙, I-II, q. 109, a. 1, ad 1).

8

Cf. Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Fides et ratio (14 de septiembre de 1998), n. 44: AAS 91 (1999), 40.

9

Benedicto XVI, Discurso en la ceremonia de apertura de la asamblea eclesial de la Di贸cesis de Roma (6 de junio de 2005): AAS 97 (2005), 816.

10

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Fides et ratio , n. 5: AAS 91 (1999), 9-10.

11

Ibidem, n. 31: AAS91 (1999), 29; cf. Concilio Vaticano II, Constituci贸n Pastoral Gaudium et spes , n. 12.

12

Este derecho ha sido reconocido y afirmado tambi茅n en la Declaraci贸n Universal de los Derechos del Hombre del 1948 (aa. 18-19).

13

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Fides et ratio , n.33: AAS 91 (1999), 31.

14

Concilio Vaticano II, Constituci贸n Dogm谩tica Dei Verbum , n. 5.

15

Concilio Vaticano II, Declaraci贸n Dignitatis human忙 , n. 3.

16

Ibidem, n. 1.

17

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris Missio , n.52: AAS 83 (1991), 3000.

18

Cf. Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Slavorum Apostoli (2 de junio de 1985), n.18: AAS 77 (1985), 800.

19

Concilio Vaticano II, Constituci贸n Dogm谩tica Dei Verbum , n. 8.

20

Cf. Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi , n. 19-20: AAS 69 (1976), 18-19.

21

Concilio Vaticano II, Ad gentes , n. 7; cf. Constituci贸n Dogm谩tica Lumen gentium , n. 16; Constituci贸n Gaudium et spes , n. 22.

22

Benedicto XVI, Homil铆a durante la Santa Misa del solemne inicio del ministerio del Pontificado (24 abril de 2005): AAS 97 (2005), 711.

23

Cf. Concilio Vaticano I, Constituci贸n Dogm谩tica Dei Filius , n. 2: 芦Es, ciertamente, gracias a esta revelaci贸n divina que aquello que en lo divino no est谩 por s铆 mismo m谩s all谩 del alcance de la raz贸n humana, puede ser conocido por todos, incluso en el estado actual del g茅nero humano, sin dificultad, con firme certeza y sin mezcla de error alguno (cf. Santo Tom谩s de Aquino, Summa Theologiae, I, 1, 1)禄 (DH 3005).

24

Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes , n. 13.

25

Concilio Vaticano II, Declaraci贸n Dignitatis human忙 , n. 11.

26

Cf. por ejemplo, Clemente de Alejandr铆a, Protreptico IX, 87, 3-4 (Sources chr茅tiennes, 2, 154); Aurelio Agust铆n, Sermo 14, D [=352 A], 3 (Nuova Biblioteca Agostiniana XXXV/1, 269-271).

27

Cf. Concilio Vaticano II, Constituci贸n Dogm谩tica Lumen gentium , n. 5.

28

Cf. Sobre este tema ver tambi茅n Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio , n. 18: AAS 83 (1991), 265-266: 芦Si se separa el Reino de la persona de Jes煤s, no existe ya el reino de Dios revelado por 茅l, y se termina por distorsionar tanto el significado del Reino 鈥攓ue corre el riesgo de transformarse en un objetivo puramente humano o ideol贸gico鈥� como la identidad de Cristo, que no aparece ya como el Se帽or, al cual debe someterse todo (cf. 1 Co l5, 27)禄.

29

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio , n. 18: AAS 83 (1991), 265-266. Acerca de la relaci贸n entre la Iglesia y el Reino, cf. tambi茅n Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Declaraci贸n Dominus Iesus , nn. 18-19: AAS 92 (2000), 759-761.

30

Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Declaraci贸n Dominus Iesus , n. 4: AAS 92 (2000), 744.

31

Cf. Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi , n. 80: AAS 69 (1976) 73: 芦鈥� 驴para qu茅 anunciar el Evangelio, ya que todo hombre se salva por la rectitud del coraz贸n? Por otra parte, es bien sabido que el mundo y la historia est谩n llenos de "semillas del Verbo". 驴No es, pues, una ilusi贸n pretender llevar el Evangelio donde ya est谩 presente a trav茅s de esas semillas que el mismo Se帽or ha esparcido?禄.

32

Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana (22 de diciembre de 2005): AAS 98 (2006), 50: 芦鈥� si la libertad de religi贸n se considera como expresi贸n de la incapacidad del hombre de encontrar la verdad y, por consiguiente, se transforma en canonizaci贸n del relativismo, entonces pasa impropiamente de necesidad social e hist贸rica al nivel metaf铆sico, y as铆 se la priva de su verdadero sentido, con la consecuencia de que no la puede aceptar quien cree que el hombre es capaz de conocer la verdad de Dios y est谩 vinculado a ese conocimiento bas谩ndose en la dignidad interior de la verdad. Por el contrario, algo totalmente diferente es considerar la libertad de religi贸n como una necesidad que deriva de la convivencia humana, m谩s a煤n, como una consecuencia intr铆nseca de la verdad que no se puede imponer desde fuera, sino que el hombre la debe hacer suya s贸lo mediante un proceso de convicci贸n禄.

33

Concilio Vaticano II, Constituci贸n Pastoral Gaudium et spes , n. 28; cf. Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi , n. 24: AAS 69 (1976), 21-22.

34

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio , n. 21-30: AAS 83 (1091), 268-276.

35

Benedicto XVI, Homil铆a durante la Santa Misa del solemne inicio del Pontificado (24 abril de 2005): AAS 97 (2005), 710.

36

Ibidem.

37

Cf. Concilio Vaticano II, Declaraci贸n Dignitatis human忙 , n. 6.

38

En efecto, all铆 donde se reconoce el derecho a la libertad religiosa, por lo general tambi茅n se reconoce el derecho que tiene todo hombre de participar a los dem谩s sus propias convicciones, en pleno respeto de la conciencia, para favorecer el ingreso de los dem谩s en la propia comunidad religiosa de pertenencia, como es sancionado por numerosas ordenanzas jur铆dicas actuales y por una difusa jurisprudencia.

39

芦Che per l鈥檜niverso si squaderna禄 (Dante Alighieri, La Divina Comedia, Para铆so, XXXIII, 87).

40

Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi , n. 46: AAS 69 (1976), 36.

41

Cf. Concilio Vaticano II, Constituci贸n Dogm谩tica Lumen gentium , n. 35.

42

Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi n. 22: AAS 69 (1976), 20.

43

Concilio Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio , n. 1; cf. Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio , nn. 1, 50; AAS83 (1991), 249, 297.

44

Cf. Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Redemptoris missio , n. 30s.

45

Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes , n. 15.

46

Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Ut unum sint ( 25 de mayo de 1995), n. 14: AAS 87 (1995), 929.

47

Cf. Ibidem, n. 28: AAS 87 (1995), 929.

48

Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio , nn. 3, 5.

49

Originalmente el t茅rmino 芦proselitismo禄 nace en 谩mbito hebreo, donde 芦pros茅lito禄 indicaba aquella persona que, proviniendo de las 芦gentes禄, hab铆a pasado a formar parte del 芦pueblo elegido禄. As铆 tambi茅n, en 谩mbito cristiano, el t茅rmino proselitismo se ha usado frecuentemente como sin贸nimo de actividad misionera. Recientemente el t茅rmino ha adquirido una connotaci贸n negativa, como publicidad a favor de la propia religi贸n con medios y motivos contrarios al esp铆ritu del Evangelio y que no salvaguardan la libertad y dignidad de la persona. En ese sentido, se entiende el t茅rmino 芦proselitismo禄, en el contexto del movimiento ecum茅nico: cf. The joint Working Group between the Catholic Church and the World Council of Churches, 鈥淭he Challenge of Proselytism and the Calling to Common Witness鈥� (1995).

50

Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio , n. 4.

51

Concilio Vaticano II, Declaraci贸n Dignitatis human忙 , n. 4.

52

Cf. Benedicto XVI, Carta Enc铆clica Deus caritas est (25 de diciembre de 2005), n. 31 c: AAS 98 (2996), 245.

53

Cf. Concilio Vaticano II, Declaraci贸n Dignitatis human忙 , n.11.

54

Benedicto XVI, Homil铆a durante la visita a la Bas铆lica de San Pablo extramuros (25 de abril de 2005): AAS 97 (2005), 745.

55

56

Benedicto XVI, Carta Enc铆clica Deus caritas est , n. 18: AAS 98 (2996), 232.
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