Queridos hermanos y hermanas:
Esta ma帽ana, ha sido para m铆 una experiencia particularmente hermosa poder celebrar con todos vosotros el d铆a del Se帽or de modo tan digno en la magn铆fica catedral de San Esteban. El rito eucar铆stico, celebrado con el d o decoro, nos ayuda a tomar conciencia de la inmensa grandeza del don que Dios nos hace en la santa misa. Precisamente as铆 nos acercamos tambi茅n unos a otros y experimentamos la alegr铆a de Dios. Por tanto, expreso mi gratitud a todos los que, mediante su contribuci贸n activa en la preparaci贸n y en el desarrollo de la liturgia o tambi茅n mediante su fervorosa participaci贸n en los sagrados misterios, han creado un clima en el que la presencia de Dios era verdaderamente perceptible. Gracias de coraz贸n y que Dios os lo pague.
En la homil铆a he tratado de decir algo sobre el sentido del domingo y sobre el pasaje evang茅lico de hoy, y creo que esto nos ha llevado a descubrir que el amor de Dios, que "se perdi贸 a s铆 mismo" osotros entreg谩ndose a nosotros, nos da la libertad interior para "perder" nuestra vida, para encontrar de este modo la vida verdadera.
La participaci贸n en este amor dio a Mar铆a la fuerza para su "s铆" sin reservas. Ante el amor respetuoso y delicado de Dios, que para la realizaci贸n de su proyecto de salvaci贸n espera la colaboraci贸n libre de su criatura, la Virgen super贸 toda vacilaci贸n y, con vistas a ese proyecto grande e inaudito, se puso confiadamente en sus manos. Plenamente disponible, totalmente abierta en lo 铆ntimo de su alma y libre de s铆, permiti贸 a Dios colmarla con su Amor, con el Esp铆ritu Santo. As铆 Mar铆a, la mujer sencilla, pudo recibir en s铆 misma al Hijo de Dios y dar al mundo el Salvador que se hab铆a donado a ella.
Tambi茅n a nosotros, en la celebraci贸n eucar铆stica, se nos ha donado hoy el Hijo de Dios. Quien ha recibido la Comuni贸n lleva ahora en s铆 de un modo particular al Se帽or resucitado. Como Mar铆a lo llev贸 en su seno 鈥攗n ser humano peque帽o, inerme y totalmente dependiente del amor de la madre鈥, as铆 Jesucristo, bajo la especie del pan, se ha entregado a nosotros, queridos hermanos y hermanas. Amemos a este Jes煤s que se pone totalmente en nuestras manos. Am茅moslo como lo am贸 Mar铆a. Y llev茅moslo a los hombres como Mar铆a lo llev贸 a Isabel, suscitando alegr铆a y gozo. La Virgen dio al Verbo de Dios un cuerpo humano, para que pudiera entrar en el mundo. Demos tambi茅n nosotros nuestro cuerpo al Se帽or, hagamos que nuestro cuerpo sea cada vez m谩s un instrumento del amor de Dios, un templo del Esp铆ritu Santo. Llevemos el domingo con su Don inmenso al mundo.
Pidamos a Mar铆a que nos ense帽e a ser, como ella, libres de nosotros mismos, para encontrar en la disponibilidad a Dios nuestra verdadera libertad, la verdadera vida y la alegr铆a aut茅ntica y duradera.
Quiero rezar ahora la oraci贸n a la Madre de Dios que, en realidad, hubiera querido recitar ante la "Columna de la Virgen". Como sabemos, all铆 se produjo un apag贸n que lo hizo imposible. Por eso quiero recuperar ahora esa oraci贸n a la Virgen:
"Santa Mar铆a, Madre inmaculada de nuestro Se帽or Jesucristo, en ti Dios nos ha dado el prototipo de la Iglesia y el modo mejor de realizar nuestra humanidad. A ti te encomiendo a Austria y a sus habitantes: ay煤danos a todos a seguir tu ejemplo y a orientar totalmente nuestra vida hacia Dios. Haz que, contemplando a Cristo, lleguemos a ser cada vez m谩s semejantes a 茅l, verdaderos hijos de Dios. Entonces tambi茅n nosotros, llenos de toda clase de bendiciones espirituales, podremos corresponder cada vez mejor a su voluntad y ser as铆 instrumentos de paz para Austria, para Europa y para el mundo. Am茅n".
Queridos amigos, ahora cantemos todos juntos el "脕ngelus Domini" a la manera austr铆aca.
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