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S.S. Juan Pablo II, Carta Apost贸lica Patres Ecclesiae
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Carta Apost贸lica Patres Ecclesiae

Del Sumo Pont铆fice
Juan Pablo II
con ocasi贸n del XVI centenario
de la muerte de San Basilio

Venerables hermanos y queridos hijos,

saludos y bendici贸n apost贸lica

I. Introducci贸n

Padres de la Iglesia se llaman con toda raz贸n aquellos santos que, con la fuerza de la fe, con la profundidad y riqueza de sus ense帽anzas, la engendraron y formaron en el transcurso de los primeros siglos 1 .

Son de verdad "Padres" de la Iglesia, porque la Iglesia, a trav茅s del Evangelio, recibi贸 de ellos la vida 2 . Y son tambi茅n sus constructores, ya que por ellos 鈥攕obre el 煤nico fundamento puesto por los Ap贸stoles, es decir, sobre Cristo 3 鈥� fue edificada la Iglesia de Dios en sus estructuras primordiales.

La Iglesia vive todav铆a hoy con la vida recibida de esos Padres; y hoy sigue edific谩ndose todav铆a sobre las estructuras formadas por esos constructores, entre los goces y penas de su caminar y de su trabajo cotidiano.

Fueron, por tanto, sus Padres y lo siguen siendo siempre; porque ellos constituyen, en efecto, una estructura estable de la Iglesia y cumplen una funci贸n perenne en pro de la Iglesia, a lo largo de todos los siglos. De ah铆 que todo anuncio del Evangelio y magisterio sucesivo debe adecuarse a su anuncio y magisterio si quiere ser aut茅ntico; todo carisma y todo ministerio debe fluir de la fuente vital de su paternidad; y, por 煤ltimo, toda piedra nueva, a帽adida al edificio santo que aumenta y se amplifica cada d铆a 4 , debe colocarse en las estructuras que ellos construyeron y enlazarse y soldarse con esas estructuras.

Guiada por esa certidumbre, la Iglesia nunca deja de volver sobre los escritos de esos Padres 鈥攍lenos de sabidur铆a y perenne juventud鈥� y de renovar continuamente su recuerdo. De ah铆 que, a lo largo del a帽o lit煤rgico, encontremos siempre, con gran gozo, a nuestros Padres y siempre nos sintamos confirmados en la fe y animados en la esperanza.

Nuestro gozo es todav铆a mayor cuando determinadas circunstancias nos inducen a conocerlos con m谩s detenimiento y profundidad. Eso es lo que sucede ahora al conmemorar este a帽o el XVI centenario de la muerte de nuestro Padre San Basilio, obispo de Cesarea.

II. Vida y ministerio de San Basilio

Llamado "el Grande" entre los Padres griegos, los textos lit煤rgicos bizantinos invocan a San Basilio como "faro de piedad" y "luminaria" de la Iglesia. En efecto, ilumin贸 a la Iglesia y la sigue iluminando, no menos por la "pureza de su vida" que por la excelencia de su doctrina. Porque la primera y mayor ense帽anza de los santos es siempre su propia vida.

Nacido en una familia de santos, Basilio tuvo tambi茅n el privilegio de una educaci贸n selecta, impartida por los m谩s famosos maestros de Constantinopla y de Atenas.

Pero a 茅l le parec铆a que su vida hab铆a comenzado realmente s贸lo cuando, de una forma completa y determinante, pudo conocer a Cristo como su Se帽or; es decir, cuando arrastrado irresistiblemente hacia 脡l, se apart贸 radicalmente de todas las cosas 鈥攁ctitud que inculcar铆a en sus ense帽anzas 5 鈥攜 se hizo su disc铆pulo.

Emprendi贸 entonces el seguimiento de Cristo, conformando s贸lo a 脡l su conducta, mirando y escuchando 煤nicamente a 脡l 6 , consider谩ndole, en todo y por todo, su 煤nico 芦soberano, rey, m茅dico y maestro de verdad" 7 .

De ah铆 que, sin dudarlo un momento, abandon贸 los estudios que con tanta dedicaci贸n hab铆a realizado y con los que hab铆a atesorado tanta ciencia 8 ; porque habiendo decidido servir solamente a Dios, no quiso conocer otra cosa que a Cristo 9 y consider贸 vanidad cualquier sabidur铆a que no fuera la de la cruz. Al final de su vida, 茅l mismo evocaba el acontecimiento de su conversi贸n con estas palabras: "Habiendo desaprovechado un tiempo en vanidades, perdiendo casi toda mi juventud en un trabajo in煤til al que me aplicaba para aprender las ense帽anzas de una sabidur铆a que aparec铆a vana a los ojos de Dios 10 , por fin un d铆a, como si despertase de un sue帽o profundo, volv铆 mis ojos a la admirable luz de la verdad del Evangelio y me di cuenta de lo in煤til que resulta la sabidur铆a de los pr铆ncipes de este mundo, que son perecederos 11 . Y desde entonces, lamentando grandemente mi miserable vida, decid铆 disciplinar mis sentidos" 12 .

Y llor贸 sobre su vida anterior, aunque 鈥攕eg煤n testimonio de San Gregorio Nacianceno, que fue condisc铆pulo suyo鈥�, hab铆a sido humanamente ejemplar 13 ; pero no por ello la dej贸 de considerar "miserable", al no estar dedicada total, 铆ntegra y exclusivamente a Dios, que es el 煤nico Se帽or.

Con irrefrenable impaciencia, interrumpi贸 aquellos estudios y, abandonando a los maestros de la ciencia hel茅nica, "atraves贸 muchas tierras y mares" 14 , en busca de otros maestros que, considerados "necios" y pobres, ejerc铆an en lugares desiertos una sabidur铆a bien distinta.

Comenz贸 as铆 a aprender cosas que jam谩s hab铆an llegado al coraz贸n del hombre 15 ; verdades que ni oradores ni fil贸sofos habr铆an podido jam谩s ense帽arle 16 . Y en esta sabidur铆a nueva creci贸 de d铆a en d铆a, en un maravilloso itinerario de gracia, mediante la oraci贸n la mortificaci贸n, el ejercicio de la caridad y la constante meditaci贸n de las Sagradas Escrituras y de la doctrina de los Santos Padres 17 .

Y muy pronto fue llamado al ministerio.

Pero tambi茅n en el servicio de las almas supo, con sabio equilibrio, hacer compatible la infatigable predicaci贸n con largos momentos de soledad dedicados a la oraci贸n. Juzgaba, en efecto, que esto era absolutamente necesario para la "purificaci贸n del alma" 18 y, consiguientemente, para que el anuncio de la Palabra de Dios pudiese siempre ser confirmado con un "evidente ejemplo" de vida 19 .

As铆 se convirti贸 en Pastor y al mismo tiempo fue monje, en el aut茅ntico sentido de la palabra; m谩s a煤n, est谩 considerado como uno de los m谩s grandes monjes-pastores de la Iglesia. Una figura singularmente perfecta de obispo y un ejemplar promotor y legislador de la vida mon谩stica.

Basado en su personal experiencia, Basilio contribuy贸 grandemente a la formaci贸n de comunidades de cristianos totalmente consagrados al "divino servicio" 20 y se impuso la obligaci贸n y tarea de sostenerlas y visitarlas frecuentemente 21 . Para su propia edificaci贸n y la de esas comunidades, establec铆a con ellas admirables coloquios, muchos de los cuales, gracias a Dios, han llegado hasta nosotros en sus escritos 22 . De esos escritos se valieron despu茅s no pocos legisladores de la vida mon谩stica, entre ellos, muy especialmente, el propio San Benito, que considera a Basilio como su maestro 23 . Y en esos escritos 鈥攃onocidos directa o indirectamente鈥� se inspiraron tambi茅n la mayor parte de cuantos, tanto en Oriente como en Occidente, abrazaron la vida mon谩stica.

Tal es la raz贸n por la que muchos opinan que esa instituci贸n tan importante en toda la Iglesia como es la vida mon谩stica qued贸 establecida, para todos los siglos, principalmente por San Basilio o que, al menos, la naturaleza de la misma no habr铆a quedado tan propiamente definida sin su decisiva aportaci贸n.

Basilio tuvo que sufrir mucho a causa de los males que atormentaban, en aquellas horas dif铆ciles, al Pueblo de Dios 24 . Los denunci贸 con franqueza y, con gran lucidez y amor, se帽alaba sus causas, aprest谩ndose valientemente a emprender una amplia obra reformadora. Una obra 鈥攑erseguible, por otra parte en todo tiempo y renovable en toda generaci贸n鈥� que tend铆a a llevar nuevamente la Iglesia del Se帽or, "por la que Cristo muri贸 y sobre la cual derram贸 abundantemente los dones de su Esp铆ritu" 25 , a su forma primitiva; es decir, a aquella normativa imagen, hermosa y pura, que nos transmitieron la Palabra de Cristo y los Hechos de los Ap贸stoles. 隆Cu谩ntas veces recordaba Basilio, con ardorosa y eficaz intenci贸n aquellos tiempos en que "la muchedumbre de creyentes formaba un solo coraz贸n y una sola alma"! 26 .

Su actividad de reformador abarcaba a la vez, con armon铆a y gran acierto, todos los aspectos y 谩mbitos de la vida cristiana.

El obispo, por la naturaleza misma de su ministerio, es ante todo pont铆fice de su pueblo; y el Pueblo de Dios es, ante todo, un pueblo sacerdotal.

Por tanto, un obispo verdaderamente sol铆cito del bien de la Iglesia no puede olvidar en modo alguno la liturgia, su sagrada fuerza y riqueza, su hermosura, su "verdad".

M谩s a煤n; en la actividad pastoral, la preocupaci贸n por la liturgia ocupa l贸gicamente el primer lugar y debe estar realmente por encima de todo; porque, como recuerda el Concilio Vaticano II, "la liturgia es como la cumbre a la que tiende toda la acci贸n de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde emana toda su virtud" 27 , de forma que "ninguna otra acci贸n de la Iglesia, con el mismo t铆tulo y en el mismo grado, iguala su eficacia" 28 .

Todas estas admirables cosas las entendi贸 perfectamente San Basilio, y as铆, el "legislador de monjes" 29 , supo ser al mismo tiempo excelente "recopilador de preces" 30 .

Entre todas las obras que compuso en este campo, nos queda, como herencia valios铆sima para la Iglesia de todos los tiempos la an谩fora que leg铆timamente lleva su nombre: la gran oraci贸n eucar铆stica que, refundida y enriquecida por 茅l, sigue siendo la m谩s hermosa entre las mejores preces lit煤rgicas.

Y no s贸lo eso; sino que la misma ordenaci贸n fundamental de la oraci贸n salm贸dica tuvo en 茅l uno de sus mayores inspiradores y art铆fices 31 . Y as铆, gracias sobre todo al impulso que le dio Basilio, la salmodia 鈥�"incienso espiritual", respiro y consuelo para el Pueblo de Dios 32 鈥攆ue amorosamente acogida por los fieles de su Iglesia y la practicaban los j贸venes y los adultos, los doctos y los indoctos 33 . Como refiere el propio San Basilio: "Entre nosotros el pueblo se levanta de noche para dirigirse a la casa de oraci贸n... y transcurre la noche alternando los salmos con otras preces" 34 . Los salmos, que en las Iglesias retumbaban como truenos 35 , se o铆an tambi茅n resonar en las casas y en las calles 36 .

Basilio am贸 con gran celo a la Iglesia 37 ; y, sabiendo que su virginidad era su propia fe, custodiaba con gran vigilancia la integridad de esa fe.

Por eso, tuvo que combatir y supo hacerlo valientemente, no contra los hombres, sino contra toda adulteraci贸n de la Palabra de Dios 38 , contra toda falsificaci贸n de la verdad, toda tergiversaci贸n del dep贸sito santo 39 , transmitido por los Padres. Pero su 铆mpetu no llevaba violencia, sino fuerza amorosa; sus advertencias no eran arrogantes, sino llenas de manso amor.

Y as铆, desde el principio hasta el final de su ministerio se esforz贸 en procurar que se conservara intacto el sentido de la f贸rmula de Nicea referente a la divinidad de Cristo "de la misma naturaleza" que el Padre 40 ; e igualmente luch贸 para que no se disminuyera la gloria del Esp铆ritu que, "formando parte de la Trinidad y siendo de su misma divina y beata naturaleza" 41 , debe ser nombrado y conglorificado con el Padre y el Hijo 42 .

Con firmeza y exponi茅ndose personalmente a grav铆simos peligros, vigil贸 y combati贸 tambi茅n por la libertad de la Iglesia. Como verdadero obispo, no dudaba en enfrentarse a los poderes p煤blicos para defender su propio derecho y el del Pueblo de Dios a profesar la verdad y obedecer al Evangelio 43 . San Gregorio Nacianceno, que narra un episodio importante de esta lucha, hace notar atinadamente que el secreto de la fuerza de Basilio resid铆a 煤nicamente en la misma sencillez de su predicaci贸n en la claridad de su testimonio, en la inerme majestad de su dignidad sacerdotal 44 .

No menor severidad que contra las herej铆as y los tiranos, demostr贸 Basilio contra los equ铆vocos y abusos dentro de la propia Iglesia; especialmente contra la mundanizaci贸n y el apego a los bienes de la tierra.

A ello le mov铆a, como en todo, el mismo amor a la verdad y al Evangelio; en fin de cuentas, y aunque en modo diverso, era siempre el Evangelio lo que se negaba y rechazaba, tanto con el error de los heresiarcas, como con el ego铆smo de los ricos.

Son memorables, a tal respecto, y contin煤an siendo ejemplares, los textos de algunos de sus sermones: "Vende lo que tienes y dalo a los pobres 45 ... porque, aunque no hayas matado a nadie, ni cometido adulterio, ni robado, ni levantado falsos testimonios, de nada te sirve eso si no cumples tambi茅n lo dem谩s: s贸lo as铆 podr谩s entrar en el reino de Dios" 46 . Porque todo el que quiere, seg煤n el mandamiento de Dios, amar al pr贸jimo como a s铆 mismo 47 , "no debe poseer m谩s cosas que las que posee su pr贸jimo" 48 .

Y todav铆a con mayor vehemencia exhortaba, en tiempo de carest铆a, a "no mostrarse m谩s crueles que las bestias... apropi谩ndose de las cosas comunes y teniendo para uno solo lo que es de todos" 49 .

Esta actitud radical suya, desconcertante y hermos铆sima a la vez, es tambi茅n una exhortaci贸n a la Iglesia de todos los tiempos, para que abrace seriamente el Evangelio.

De ese Evangelio, que manda amar y servir a los pobres, dio siempre testimonio Basilio, no s贸lo con su palabra, sino con grandes obras de caridad; como fue la construcci贸n, en los alrededores de Cesarea, de un gigantesco asilo para necesitados 50 ; una aut茅ntica ciudad de la misericordia que de 茅l tom贸 el nombre de Basiliada 51 , verdadero testimonio tambi茅n del 煤nico mensaje evang茅lico.

Ese mismo amor a Cristo y a su Evangelio hizo que San Basilio sufriera grandemente por las divisiones de la Iglesia y que, con insistente perseverancia, esperando contra toda esperanza, se preocupara por lograr una comuni贸n m谩s eficaz y manifiesta con todas las Iglesias 52 .

Porque realmente la discordia de los cristianos es lo que oscurece la propia verdad del Evangelio y lacera el Coraz贸n de Cristo 53 . La divisi贸n de los creyentes contradice la potencia del 煤nico bautismo 54 , que nos hace una sola cosa en Cristo e incluso una sola m铆stica persona 55 ; contradice la soberan铆a de Cristo, Rey 煤nico al que todos deben estar sujetos por igual; contradice, en fin, la autoridad y la fuerza unificadora de la Palabra de Dios, que sigue siendo la 煤nica ley a la que todos los creyentes deben concordemente obedecer 56 .

La divisi贸n de las Iglesias es, por tanto, un hecho tan clara y directamente anticristol贸gico y antib铆blico que, seg煤n San Basilio, el 煤nico camino para recomponer la unidad es la conversi贸n de todos a Cristo y a su Palabra 57 .

As铆, pues, en el m煤ltiple ejercicio de su ministerio, Basilio se hizo lo que 茅l mismo aconsejaba a todos los predicadores de la Palabra de Dios: "ap贸stol y ministro de Cristo, dispensador de los misterios de Dios, heraldo del Reino, modelo y norma de piedad, ojo del Cuerpo de la Iglesia, Pastor de las ovejas de Cristo, m茅dico compasivo, padre nutricio, cooperador de Dios, agricultor de Dios, edificador del templo de Dios" 58 .

En esa actividad y en esa lucha 鈥斆pera, dolorosa, ininterrumpida鈥� Basilio ofreci贸 su vida 59 y se consum贸 en holocausto.

Muri贸 a la edad de cincuenta a帽os, consumido por las fatigas y la vida asc茅tica.

III. El magisterio de San Basilio

Despu茅s de haber resumido brevemente los aspectos m谩s salientes de la vida de Basilio y de su obra como cristiano y como obispo, parece oportuno extraer ahora, de la riqu铆sima herencia de sus escritos, al menos algunas importantes indicaciones. La consideraci贸n de sus ense帽anzas podr谩 servir de luz para mejor afrontar los problemas y las dificultades de este nuestro tiempo y de ayuda para el presente y el futuro.

Y no parece inoportuno empezar por lo que nos ense帽贸 respecto a la Sant铆sima Trinidad; m谩s a煤n, es realmente el mejor comienzo, si se quiere aferrar mejor su pensamiento.

Por otra parte, 驴qu茅 puede convencernos m谩s y ser m谩s provechoso para nuestra vida que el misterio de la vida de Dios? 驴Puede haber un punto de referencia m谩s significativo y vital para el hombre?

Hablamos del hombre nuevo, conformado a este misterio por su 铆ntima esencia y existencia; y hablamos de todo hombre, sea o no consciente de ello, porque no hay hombre alguno que no est茅 llamado por Cristo, el Verbo eterno, por el Esp铆ritu y en el Esp铆ritu para glorificar al Padre.

La Sant铆sima Trinidad es el misterio primordial, porque no es otra cosa que el propio misterio de Dios, del 煤nico Dios, vivo y verdadero.

San Basilio proclama firmemente la realidad de este misterio, afirmando que los tres nombres divinos indican ciertamente tres hip贸stasis distintos 60 . Pero con la misma firmeza confiesa la absoluta inaccesibilidad a ellas.

隆Cu谩n claramente consciente era 茅l, sumo te贸logo, de la debilidad e insuficiencia de cualquier disquisici贸n teol贸gica!

Nadie, dec铆a, es capaz de hacer esto con la dignidad debida, y la magnitud del misterio supera cualquier explicaci贸n, de forma que ni siquiera la lengua de los 谩ngeles puede lograrla 61 .

Dios vivo es, por tanto, una realidad inmensa, como abismo inescrutable. Pero no por ello San Basilio elude la "obligaci贸n" de hablar de esa realidad, antes y m谩s ampliamente que de cualquier otra cosa. Y como cree en ella, habla 62 y lo hace guiado por la fuerza de un irrefrenable amor, por obediencia al mandato de Dios y para edificaci贸n de la Iglesia, que no "se cansa de o铆r estas cosas" 63 .

Pero quiz谩 sea m谩s exacto decir que Basilio, como aut茅ntico "te贸logo", m谩s que hablar de este misterio, lo canta.

Canta al Padre, que es "el principio de todo, la causa de cuanto existe, la ra铆z de los vivientes" 64 y, sobre todo "Padre de Nuestro Se帽or Jesucristo" 65 . Y como el Padre est谩 en relaci贸n principalmente con el Hijo, as铆 el Hijo 鈥攅l Verbo que en el seno de la Virgen Mar铆a se hizo carne鈥� est谩 principalmente en relaci贸n con el Padre.

Y as铆 es como Basilio contempla y canta al Hijo: como "luz incesante, potencia inefable, grandeza infinita, gloria resplandeciente del misterio de la Sant铆sima Trinidad", Dios junto a Dios 66 , "imagen de la bondad del Padre y sello de igual figura" 67 .

S贸lo as铆, confesando sin ambig眉edad a Cristo como "uno de la Sant铆sima Trinidad" 68 , puede verlo despu茅s Basilio, con pleno realismo, en el anonadamiento de su humanidad. Y sabe, como pocos, hacernos medir y considerar el infinito espacio que Cristo recorri贸 en nuestra busca: y, tambi茅n como pocos, nos lleva a escrutar en la profundidad de la humillaci贸n "de quien, siendo Dios, se aniquil贸 a s铆 mismo tomando forma de siervo" 69 .

En la doctrina de San Basilio, la cristolog铆a de la gloria en nada debilita a la cristolog铆a de la humillaci贸n; sino m谩s bien se proclama con mayor fuerza todav铆a el contenido central del Evangelio que es la palabra de la cruz 70 , el esc谩ndalo de la cruz 71 .

Tal es en realidad el esquema habitual de su doctrina cristol贸gica: la luz de la gloria resalta m谩s el sentido de la humillaci贸n.

La obediencia de Cristo es aut茅ntico "Evangelio"; es decir, realizaci贸n singular del amor redentor de Dios, precisamente 鈥攜 s贸lo por eso鈥� porque quien obedece es "el Hijo Unig茅nito de Dios, Se帽or y Dios nuestro... por quien fueron hechas todas las cosas" 72 ; de ah铆 que su obediencia pueda doblegar nuestra desobediencia. Los sufrimientos de Cristo, cordero inmaculado que no abri贸 la boca contra quienes lo persegu铆an 73 , tienen un alcance y un valor eternos y universales, precisamente porque el que los padeci贸 es el "Creador y Se帽or del cielo y de la tierra, adorable por encima de toda criatura espiritual o sensible y que todo lo sostiene por la palabra de su potencia" 74 . Y as铆, la Pasi贸n de Cristo amortigua nuestra violencia y aplaca nuestra ira.

La cruz, en fin, es realmente nuestra "煤nica esperanza" 75 鈥攏o es una derrota, sino un acontecimiento salv铆fico, "exaltaci贸n" 76 y admirable triunfo鈥�, s贸lo porque Aquel que fue enclavado y muri贸 en ella es "el Se帽or nuestro y de todas las cosas" 77 , "por quien todas las cosas, tanto visibles como invisibles, fueron hechas; que posee la vida como la posee el Padre que se la ha dado y que recibe del Padre toda potestad" 78 , lo que hace que la muerte de Cristo nos libere del "temor de la muerte", a la que todos estamos sometidos 79 .

De Cristo "procede el Esp铆ritu Santo, Esp铆ritu de verdad, don de la adopci贸n filial, prenda de herencia futura, primicia de bienes eternos, potencia vivificadora, fuente de santificaci贸n; por el cual toda criatura dotada de raz贸n y entendimiento, recibe fuerza suficiente para adorar al Padre y tributarle glorificaci贸n eterna" 80 .

Este himno de la an谩fora de San Basilio expresa acertadamente, en s铆ntesis, el papel del Esp铆ritu Santo en la econom铆a de la salvaci贸n.

Es el Esp铆ritu, dado a todo el que se bautiza, quien infunde en cada uno los carismas y les recuerda los preceptos del Se帽or 81 ; es el Esp铆ritu quien anima a toda la Iglesia y la ordena y vivifica con sus dones, haciendo de toda ella un cuerpo "espiritual" y carism谩tico 82 .

De aqu铆, se eleva San Basilio a la serena contemplaci贸n de la "gloria" del Esp铆ritu, misteriosa e inaccesible, confes谩ndolo, por encima de toda creatura 83 , Rey y Se帽or, porque por 脡l hemos sido divinizados 84 , y Santo, porque por 脡l somos santificados 85 .

As铆, pues, San Basilio, habiendo contribuido a la formulaci贸n de la fe trinitaria de la Iglesia, le habla todav铆a hoy a su coraz贸n y la consuela, especialmente con la luminosa confesi贸n de su Consolador.

La luz resplandeciente del misterio trinitario no ensombrece ciertamente la gloria del hombre, sino que, por el contrario, la exalta y la pone de relieve.

El hombre, en efecto, no es rival de Dios, opuesto insensatamente a 脡l: pero tampoco est谩 hu茅rfano de Dios ni abandonado a la desesperaci贸n de su propia soledad, sino que es la imagen reflejada de Dios.

De ah铆 que cuanto m谩s resplandezca Dios, tanto mayor es su reflejo en el hombre; y cuanto m谩s es exaltado Dios, tanto m谩s se eleva la dignidad del hombre.

Y es as铆 realmente como San Basilio resaltaba la dignidad del hombre: consider谩ndola totalmente relacionada con Dios. Es decir, derivada de Dios y tendente hacia 脡l.

Porque el hombre recibi贸 la inteligencia principalmente para conocer a Dios, y fue dotado de libertad para vivir conforme a la ley divina. Solamente como imagen de Dios, el hombre trasciende todo el orden de la naturaleza y aparece "m谩s glorioso que el cielo, m谩s que el sol, m谩s que el conjunto de los astros (porque, en efecto, 驴qu茅 hay en el firmamento que haya sido llamado imagen del Dios Alt铆simo?)" 86 .

Precisamente por eso, la gloria del hombre est谩 radicalmente condicionada a su relaci贸n con Dios; por eso el hombre consigue totalmente su dignidad "regia" solamente realiz谩ndose como tal imagen de Dios; de ah铆 que s贸lo se encontrar谩 realmente a s铆 mismo conociendo y amando a Aquel de quien recibi贸 la raz贸n y la libertad.

Ya antes de San Basilio, se expresaba as铆 admirablemente San Ireneo: "La gloria de Dios es el hombre viviente y la vida del hombre es la visi贸n de Dios" 87 . Como si dijera que el hombre viviente es en s铆 mismo la glorificaci贸n de Dios, en cuanto que es rayo de su belleza; pero no tiene vida alguna si no la extrae de Dios, en su relaci贸n personal con 脡l. Si falla en esta tarea, el hombre traiciona su vocaci贸n primordial y con su actitud niega y envilece su propia dignidad 88 .

驴Qu茅 otra cosa es el pecado sino esto? 驴Es que acaso Cristo no vino para restaurar y restituir su gloria a esta imagen de Dios, es decir, al hombre el cual con el pecado, la hab铆a oscurecido 89 , corrompido 90 , roto? 91 .

Precisamente por esto 鈥攁firma San Basilio con palabras de la Sagrada Escritura鈥� "el Verbo se hizo carne y habit贸 entre nosotros 92 y se humill贸 a s铆 mismo haci茅ndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz" 93 . Por lo cual, "oh hombre, debes considerar tu dignidad teniendo en cuenta el precio pagado por ti; mira el precio con que has sido rescatado y comprende bien tu dignidad" 94 .

La dignidad del hombre, por tanto, reside a la vez en el misterio de Dios y en el de la cruz: tal es la doctrina de San Basilio, sobre los hombres, es decir, su "humanismo", que podr铆amos llamar sencillamente "humanismo" cristiano.

Por tanto, la restauraci贸n de la imagen s贸lo puede realizarse en virtud de la cruz de Cristo, ya que "su obediencia hasta la muerte... se convirti贸 para nosotros en remisi贸n de los pecados, liberaci贸n de la muerte que trajo el pecado a este mundo, reconciliaci贸n con Dios y facultad de serle gratos, don de justicia, comuni贸n de los santos en la vida eterna, herencia del reino de los cielos 95 .

Esto, para San Basilio, equivale a decir que todo ello se consigue en virtud del bautismo.

驴Qu茅 otra cosa es el bautismo sino el acontecimiento salv铆fico de la muerte de Cristo en el que nos insertamos mediante la celebraci贸n del misterio? Porque el misterio sacramental, que es "imitaci贸n" de su muerte, nos sumerge en ella, como dice San Pablo: "驴Acaso ignor谩is que cuantos nos bautizamos en Cristo, nos bautizamos en su muerte?" 96 .

Bas谩ndose, pues, en la misteriosa identidad del bautismo con el acontecimiento pascual de Cristo, Basilio, siguiendo las huellas de San Pablo, nos ense帽a que bautizarse no es en realidad otra cosa que crucificarse; es decir, enclavarse en la 煤nica cruz de Cristo, padecer realmente su muerte, sepultarse en su sepulcro y, consiguientemente, resucitar en su resurrecci贸n 97 .

Justamente, por tanto, puede atribuir al bautismo los mismos t铆tulos de gloria con que canta a la cruz. Tambi茅n el bautismo es "precio del rescate de la cautividad, perd贸n de las deudas, muerte del pecado, regeneraci贸n del alma, vestidura de luz, sello que en modo alguno se puede romper, veh铆culo para el cielo, conseguidor del reino, don de filiaci贸n" 98 . Mediante el bautismo, en efecto el hombre se configura con Cristo, por quien se inserta en el interior de la vida trinitaria: y se hace esp铆ritu porque nace del Esp铆ritu 99 , y se hace hijo porque se reviste del Hijo, uni茅ndose en relaci贸n alt铆sima con el Padre del Unig茅nito, que tambi茅n realmente se hace padre suyo 100 .

A la luz de una consideraci贸n tan vigorosa del misterio bautismal, se esclarece en Basilio el sentido mismo de la vida cristiana. Por otra parte, 驴c贸mo comprenderemos mejor este misterio del hombre nuevo si no es fijando la mirada en el punto luminoso de ese nuevo nacimiento y en la potencia divina que le engendra mediante el bautismo?

"驴Qu茅 es lo propio del cristiano?", se pregunta Basilio, para responder: "Ser engendrado nuevamente por medio del agua y por el Esp铆ritu Santo en el bautismo" 101 .

Solamente, por tanto, en aquello en que nos regeneramos se puede percibir claramente lo que somos y por qu茅 lo somos.

Como nueva criatura, el cristiano, aun sin darse cuenta de ello, vive una nueva vida; y en lo m谩s profundo de su ser, aunque lo niegue con sus obras, se traslada a una nueva patria como si se hiciera celestial ya en la tierra 102 , porque la obra de Dios es grande e infaliblemente eficaz, permaneciendo siempre, en cierto modo, por encima de lo que el hombre pueda negar o contradecir.

Indudablemente, el deber del hombre 鈥攖al es, por la relaci贸n esencial con el bautismo, el sentido de la vida cristiana鈥� no es otro que convertirse en lo que realmente es, adecu谩ndose a la nueva dimensi贸n "espiritual" y escatol贸gica de su misterio personal. Como el propio San Basilio, con su habitual claridad, afirma: "el significado y la potencia del bautismo reside en que el bautizado se transforma en sus pensamientos palabras y obras y se convierte, por la potencia que se le ha infundido, en lo que es Aquel por quien ha sido regenerado" 103 .

La Eucarist铆a, por la que se perfecciona la iniciaci贸n cristiana, es considerada siempre por San Basilio en estrech铆sima relaci贸n con el bautismo.

脷nico alimento adecuado al nuevo ser bautizado y capaz de sostener su vida nueva y sus nuevas energ铆as 104 . Culto de esp铆ritu y verdad, ejercicio del nuevo sacerdocio y perfecto sacrificio del nuevo Israel 105 , solamente la Eucarist铆a realiza y perfecciona la nueva creaci贸n efectuada por el Bautismo.

De ah铆, que sea un misterio de inmenso gozo 鈥攕贸lo cantando se puede participar en 茅l 106 鈥�, as铆 como de infinita y tremenda santidad. 驴C贸mo se puede tratar el Cuerpo de Cristo estando en pecado? 107 . Es necesario que la Iglesia, administradora de la sagrada comuni贸n, no tenga "mancha ni arruga y sea santa e inmaculada" 108 , consciente siempre de que, al celebrar el misterio, se examina a s铆 misma 109 para purificarse cada vez m谩s "de toda contaminaci贸n e impureza" 110 .

Por otra parte, no es posible abstenerse de comulgar, ya que el mismo bautismo est谩 en relaci贸n con la Eucarist铆a, que es necesaria para la vida eterna 111 y, por tanto, el Pueblo de los bautizados debe ser puro, para poder participar en la Eucarist铆a 112 .

Adem谩s, s贸lo la Eucarist铆a, verdadero memorial del misterio pascual de Cristo, es capaz de mantener vivo en nosotros el recuerdo de su amor. De ah铆 que la Iglesia vigile su celebraci贸n, ya que si la divina eficacia de esta vigilancia continua y dulc铆sima, no la fomentara, si no sintiera la fuerza penetrante de la mirada del Esposo fija sobre Ella, f谩cilmente la misma Iglesia se har铆a olvidadiza, insensible, infiel. El mismo Se帽or instituy贸 la Eucarist铆a recomend谩ndola con estas palabras: "Haced esto en conmemoraci贸n m铆a" 113 ; recomendaci贸n que no hay que olvidar al celebrarla.

San Basilio no se cansa de repetirlo: "en conmemoraci贸n" 114 ; m谩s a煤n en perpetua conmemoraci贸n, "en indeleble memoria" 115 , para expresar m谩s "eficazmente el recuerdo de quien muri贸 y resucit贸 por nosotros" 116 .

As铆, pues, s贸lo la Eucarist铆a, por designio y don de Dios, puede realmente custodiar en los corazones "el sello" 117 de ese recuerdo de Cristo que, presion谩ndonos y fren谩ndonos, nos impide pecar; por eso San Basilio recuerda, refiri茅ndolas a la Eucarist铆a, las palabras de San Pablo: "La caridad de Cristo nos constri帽e, persuadidos como estamos que si uno muri贸 por todos, luego todos son muertos; y muri贸 por todos para que los que viven no vivan ya para s铆, sino para Aquel que por ellos muri贸 y resucit贸" 118 .

Y, 驴qu茅 significa este vivir para Cristo 鈥攐 vivir "integralmente para Dios"鈥�, sino la esencia misma del pacto bautismal? 119 .

Tambi茅n en este sentido, por tanto, la Eucarist铆a se manifiesta como plenitud del bautismo, ya que s贸lo ella permite vivirlo con fidelidad y continuamente lo actualiza como potencia de gracia.

Por eso San Basilio no duda en recomendar la comuni贸n frecuente e incluso diaria: "Comulgar todos los d铆as recibiendo el santo Cuerpo y Sangre de Cristo, es cosa buena y 煤til, seg煤n 脡l mismo dijo claramente: "Quien come mi carne y bebe mi sangre, tendr谩 vida eterna" 120 . 驴Qui茅n puede, pues, dudar de que participar continuamente de esa vida no es sino vivirla en plenitud? 121 .

Verdadero "alimento de vida eterna, capaz de mantener la vida del bautizado, es, como la Eucarist铆a, tambi茅n "toda palabra que procede de la boca de Dios 122 .

El mismo Basilio pone de relieve el nexo fundamental que existe entre el alimento de la Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo 123 , ya que la Escritura, aunque de modo diverso, es como la Eucarist铆a, divina, santa y necesaria.

Es verdaderamente divina 鈥攁firma San Basilio con excepcional vigor鈥�, porque es "de Dios" en el verdadero y aut茅ntico sentido. Dios mismo la inspir贸 124 , Dios la confirm贸 125 , Dios la pronunci贸 por medio de los hagi贸grafos 126 鈥擬ois茅s, los profetas, los evangelistas, los ap贸stoles 127 鈥� y sobre todo a trav茅s de su Hijo 128 , 煤nico Se帽or, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento 129 ; ciertamente, con diversa intensidad y diversa plenitud de revelaci贸n 130 , pero sin sombra de contradicci贸n alguna 131 .

Realmente la Escritura, siendo sustancialmente divina aunque expresada con palabras humanas, tiene una suprema autoridad; fuente de la fe, seg煤n palabras de San Pablo 132 , es el fundamento de una certeza plena, indudable, firme 133 . Siendo toda de Dios, es toda ella, aun en sus m铆nimos detalles, de extraordinario peso y merecedora de suma atenci贸n 134 .

Por eso, a la Escritura se la denomina acertadamente Santa: y as铆 como ser铆a horrible sacrilegio profanar la Eucarist铆a, lo ser铆a igualmente atentar contra la integridad y la pureza de la Palabra de Dios.

No se la puede, por tanto, considerar seg煤n las categor铆as del entendimiento humano, sino a la luz de su propia doctrina, "como pidiendo al mismo Se帽or la interpretaci贸n de las cosas dichas por 脡l" 135 . Y no se puede quitar ni a帽adir nada a esos textos divinos transmitidos a la Iglesia para todos los tiempos; es decir, a esas palabras santas pronunciadas por Dios de una vez para siempre 136 .

Es, efecto, vitalmente necesario, que la disposici贸n hacia la Palabra de Dios, sea siempre de adoraci贸n, fidelidad y amor. De ella debe servirse esencialmente la Iglesia para expresar su mensaje 137 , gui谩ndose por las propias palabras del Se帽or 138 , para no "reducir la religi贸n a palabras humanas" 139 .

Y a la Escritura debe dirigirse "siempre y en todas partes" el cristiano, para todas sus decisiones 140 , "haci茅ndose como ni帽o" 141 , extrayendo de ella remedio eficaz para todas sus debilidades 142 y no atrevi茅ndose a dar paso alguno sin sentirse iluminado por la luz de esas palabras 143 .

Como hemos visto, todo el magisterio de San Basilio, es aut茅nticamente "Evangelio" cristiano, mensaje gozoso de salvaci贸n.

驴No es acaso plenamente gozosa y fuente de gozo la confesi贸n de la gloria de Dios que resplandece en el hombre, imagen de 脡l?

驴No es estupendo el anuncio de la Victoria de la cruz en la cual, "por la grandeza de la piedad y la multitud de las misericordias de Dios" 144 , fueron perdonados nuestros pecados antes de ser cometidos? 145 .驴Qu茅 anuncio m谩s consolador que el del bautismo que nos regenera, o el de la Eucarist铆a que nos alimenta, o el de la Palabra que nos ilumina?

Pero precisamente por eso, por no haber callado ni disminuido la potencia salv铆fica y transformadora de la obra de Dios y de las "energ铆as del tiempo venidero" 146 , San Basilio puede pedirnos a todos, con gran firmeza, amor absoluto hacia Dios, plena dedicaci贸n sin reservas, perfecci贸n de vida ajustada a la doctrina del Evangelio 147 .

Porque si el bautismo es gracia 鈥攜 隆qu茅 gracia m谩s singular!鈥� todos cuantos lo han conseguido han recibido realmente "el poder y la fuerza de agradar a Dios" 148 y est谩n, por tanto, "obligados, todos por igual, a secundar esa gracia bautismal"; es decir, "a vivir seg煤n el Evangelio" 149 .

"Todos por igual", dice; no hay, pues, cristianos de segunda categor铆a, simplemente porque no hay diversos bautismos y porque el mismo sentido de la vida cristiana est谩 todo 茅l contenido en el mismo pacto bautismal 150 .

"Vivir conforme al Evangelio", dice tambi茅n; y 驴qu茅 significa esto, seg煤n San Basilio?

Significa tender con ansia irrefrenable 151 y con todas las fuerzas disponibles, a "conseguir el complacimiento de Dios" 152 .

Significa, por ejemplo, "no ser rico, sino pobre, seg煤n el mandato del Se帽or" 153 , realizando as铆 la condici贸n fundamental para seguirle 154 sin ataduras 155 manifestando, contra la norma imperante del vivir mundano, la novedad del Evangelio 156 .

Significa someterse totalmente a la Palabra de Dios, renunciando a "las propias voluntades" 157 y haci茅ndose obediente, a imitaci贸n de Cristo, "hasta la muerte" 158 .

Realmente San Basilio no se avergonzaba del Evangelio, sino que, persuadido de que en 茅l se halla la potencia de Dios para la salvaci贸n de todo creyent 159 , lo anunciaba con aquella integridad 160 que le hace ser plenamente Palabra de Dios y fuente de vida.

Por 煤ltimo, nos agrada recordar que San Basilio, aunque m谩s moderadamente que su hermano San Gregorio Niseno y su amigo San Gregorio Nacianceno, celebra la virginidad de Mar铆a 161 , a la que llama "profetisa 162 y con feliz expresi贸n, resalta sus esponsorios con San Jos茅 que "se efectuaron 鈥攄ice鈥� para que fuera honrada la virginidad y no quedase despreciado el matrimonio" 163 .

En la an谩fora de San Basilio, m谩s arriba recordaba, figuran excelentes alabanzas dedicadas "a la Sant铆sima, Inmaculada, bendita sobre todas, gloriosa Se帽ora, Madre de Dios siempre Virgen Mar铆a", "Mujer llena de gracia, alegr铆a de todo el universo...".

Conclusi贸n

Todos en la Iglesia nos gloriamos de ser disc铆pulos e hijos de este gran santo y maestro. Y debemos, por tanto considerar su ejemplo y escuchar reverentemente su doctrina, dispuestos a recibir sus ense帽anzas, consuelos y exhortaciones.

Confiamos este mensaje especialmente a las numerosas 脫rdenes religiosas 鈥攎asculinas y femeninas鈥� que se honran con el nombre y patronazgo de San Basilio y siguen su Regla, anim谩ndoles, en esta feliz conmemoraci贸n, a que fomenten con renovado fervor la vida asc茅tica y contemplativa de las cosas divinas, que fructifique en obras santas para gloria de Dios y edificaci贸n de toda la Iglesia.

Por el feliz logro de estos objetivos, imploramos tambi茅n la materna intercesi贸n de la Virgen Mar铆a, mientras, con el deseo de bienes celestiales y en prenda de nuestra benevolencia, os impartimos la bendici贸n apost贸lica.

Dado en Roma, junto a San Pedro 鈥攅n recuerdo de los Santos Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia鈥� el 2 de enero del a帽o 1980, II de nuestro pontificado.

JOANNES PAULUS PP. II


1

Cf. Gal 4, 19; Vincentius Lirinensis, Commonitorium I, 3, PL 50, 641.

2

Cf. 1 Cor 4, 15.

3

Cf. 1 Cor 3, 11.

4

Cf. Ef 2, 21.

5

Cf. Regulae fusius tractatae 8; PG 31, 933c-941a.

6

Cf. Moralia LXXX, 1; PG 31, 860bc.

7

De baptismo I, 1; PG 31, 1516b.

8

Cf. Gregorio Nacianceno, In laudem Basilii; PG 36, 525c-528c.

9

Cf. 1 Cor 2, 2.

10

Cf. 1 Cor 1, 20.

11

Cf. 1 Cor 2, 6.

12

Epistula 223; PG 32, 824a.

13

In laudem Basilii; PG 36, 521cd.

14

Epistula 204; PG 32, 753 a.

15

Cf. 1 Cor 2, 9.

16

Cf. Epistula 223; PG 32, 824bd.

17

Cf. Especialmente Epistula 2 y 22.

18

Epistula 2; PG 32, 228a. Cf. Ep. 210, 769a.

19

Regulae fusius tractatae 43, PG 31, 1028a-1029b. Cf. Moralia LXX, 10; PG 31, 824d-825b.

20

Regula Benedicti, Prologus.

21

Cf. Gregorio Nacianceno, In laudem Basilii; PG 36, 536b.

22

Cf. Regulae brevius tractatae, proemium; PG 31, 1080ab.

23

Cf. Regula Benedicti, LXXIII, 5.

24

Cf. De indicio; PG 31, 653b.

25

Cf. De indicio; PG 31, 653b.

26

Act 4, 32: cf. De iudicio 660c. Regulae fusius tractatae 7, 933c. Homilia tempore famis, 325ab.

27

Sacrosanctum concilium, 10.

28

Sacrosanctum concilium, 7.

29

Gregorio Nacianceno, In laudem Basilii; PG 36, 541c.

30

Gregorio Nacianceno, In laudem Basilii; PG 36, 541c.

31

Cf. Epistula 2 y Regulae fusius tractatae 37; PG 31, 1013b-1016c.

32

Cf. In Psalmum, 1; PG 29, 212a-213c.

33

Cf. In Psalmum, 1; PG 29, 212a-213c.

34

Epistula 207; PG 32, 764ab.

35

Cf. Gregorio Nacianceno, In laudem Basilii; PG 36, 561cd.

36

Cf. In Psalmum, 1; PG 29, 212c.

37

Cf. 2 Cor 11, 2.

38

Cf. 2 Cor 2, 17.

39

Cf. 1 Tim 6, 20. 2 Tim 1, 14.

40

Cf. Epistula 9; PG 32, 272a; Epistula 52, 392b-396a; Adv. Eunomium I; PG 29, 556c.

41

Epistula 243; PG 32, 909a.

42

Cf. De Spiritu Sancto; PG 32, 117c.

43

Cf. Gregorio Nacianceno, In laudem Basilii; PG 36, 557c-561c.

44

Cf. Gregorio Nacianceno, In laudem Basilii; PG 36, 561c-564b.

45

Mt 19, 22.

46

Homilia in divites; PG 31, 280b-281a.

47

Cf. Lev 19, 18; Mt 19, 19.

48

Homilia in divites; PG 31, 281b.

49

Homilia tempore famis; PG 31, 325a.

50

Cf. Epistula 94, 488bc.

51

Cf. Sozomenus, Historia Eccl. VI, 34; PG 67, 1397a.

52

Cf. Epistulas 70 y 243.

53

Cf. 1 Cor 1, 13.

54

Cf. Ef 4, 4.

55

Cf. G谩l 3, 28.

56

Cf. De indicio; PG 31, 653a-656c.

57

Cf. De indicio; PG 31, 660b-661a.

58

Cf. Moralia LXXX, 12-21; PG 31, 864b-868b.

59

Cf. Moralia LXXX, 18; PG 31, 865c.

60

Cf. Adv. Eunomium I, PG 29, 529a.

61

Cf. Homilia de fide: PG 31, 464b-465a.

62

Cf. 2 Cor 4, 13.

63

Homilia de fide, 464cd.

64

Homilia de fide, 465c.

65

Anaphora S. Basilii.

66

Homilia de fide, 465cd.

67

Cf. Anaphora S. Basilii.

68

Liturgia S. Ioannis Chrysostomi.

69

Fil 2, 6s.

70

Cf. 1 Cor 1, 18.

71

Cf. G谩l 5, 11.

72

De iudicio; PG 31, 660b.

73

Cf. Is 53, 7.

74

Cf. Heb 1, 3: Homil铆a de ira: PG 31, 369b.

75

Liturgia de las Horas, Semana Santa, Himno de V铆speras.

76

Cf. Jn 8, 32 s., y en otros lugares.

77

Cf. Act 10, 36: De baptismo II, 12; PG 31, 1624b.

78

De baptismo II, 13, 1625c.

79

Cf. Heb 2, 15.

80

Cf. Anaphora S. Basilii.

81

Cf. De baptismo I, 2; PG 31, 1561a.

82

Cf. De Spiritu Sancto; PG 32, 181ab; De indicio; PG 31, 657c-660a.

83

Cf. De Spiritu Sancto, cap. 22.

84

Cf. De Spiritu Sancto, cap. 20s.

85

Cf. De Spiritu Sancto, cap. 9 y 18.

86

In Psalmum 48: PG 29, 449c.

87

Adversus haereses IV, 20, 7.

88

Cf. In Psalmum 48, 449d-452a.

89

Homilia de malo, PG 31, 333a.

90

In Psalmum 32, PG 29, 344b.

91

De baptismo I, 2; PG 31, 1537a.

92

Jn 1, 14.

93

Cf. Fil 2, 8; In Psalmum 48; PG 29, 452ab.

94

In Psalmum 48; PG 29, 452b.

95

De baptismo I, 2, PG 31, 1556b.

96

Rom 6, 3.

97

Cf. De baptismo I, 2.

98

In sanctum baptisma; PG 31, 433ab.

99

Cf. Moralia XX, 2; PG 31, 736d; Cf. Moralia LXXX, 22, PG 31, 869a.

100

Cf. De baptismo I, 2, 1564c-1565b.

101

Moralia LXXX, 22; PG 31, 868d.

102

Cf. De Spiritu Sancto, PG 32, 157c; In sanctum baptisma; PG 31, 429b.

103

Moralia, XX 2, PG 31, 736d.

104

Cf. De baptismo I, 3; PG 31, 1573b.

105

Cf. De baptismo II, 2s y 8, 1601c, Epistula 93; PG 32, 485a.

106

Cf. Moralia XXI, 4; PG 31, 741a.

107

Cf. De baptismo II, 3, PG 31 1585ab.

108

Ef 5, 27; Moralia LXXX, 22, 869b.

109

Cf. 1 Cor 11, 28; Moralia XXI 2, 740ab.

110

De baptismo II, 3; PG 31, 1585ab.

111

Cf. Moralia XXI, 1; PG 31, 737c.

112

Cf. Moralia LXXX, 22, 869b.

113

1 Cor 11, 24s y par.

114

Moralia XXI, 3, 740b.

115

Moralia XXI, 3, 1576d.

116

Moralia LXXX, 22, 869b.

117

Cf. Regulae fusius tractatae 5; PG 31, 921b.

118

2 Cor 5, 14s.

119

Cf. De baptismo II, 1, PG 31, 1581a.

120

Jn 6, 54.

121

Epistula 93; PG 32, 484b.

122

Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3: De baptismo I, 3, PG 31, 1573bc.

123

Cf. Dei Verbum 21.

124

Cf. De iudicio; PG 31, 664 d, De fide, ib., 677a, etc.

125

Cf. De fide; PG 31, 680b.

126

Cf. Regulae Brevius tractatae 13; PG 31, 1092a; Adv. Eunomium II; PG 29, 597c, etc.

127

Cf. De baptismo I, 1; PG 31, 1524d.

128

Cf. De baptismo I, 2, 1561c.

129

Cf. Regulae brevius tractatae 47; PG 31, 1113a.

130

Cf. Regulae brevius tractatae 276; PG 31, 1276cd; De baptismo I, 12, PG 31, 1545b.

131

Cf. De fide; PG 31, 692b.

132

Cf. Rom 10, 17; Moralia LXXX, 22; PG 31, 868c.

133

Cf. Rom 10, 17; Moralia LXXX, 22; PG 31, 868c.

134

Cf. In Hexaem. VI; PG 29, 144c; ib. VIII, 184c

135

De baptismo II, 4; PG 31, 1589b.

136

Cf. De fide; PG 31, 680ab; Moralia LXXX, 22; PG 31, 868c.

137

Cf. In Psalmum 115; PG 30, 105c-108a.

138

Cf. De baptismo I, 2; PG 31, 1533c.

139

Epistula 140; PG 32, 588b.

140

Cf. Regulae brevius tractatae, 269; PG 31, 1268c.

141

Cf. Mc 10, 15: Regulae brevius tractatae 217; PG 31, 1225bc; De baptismo I, 2; PG 31, 1560ab.

142

Cf. In Psalmum 1; PG 29, 209a.

143

Cf. Regulae brevius tractatae 1; PG 31, 1081a.

144

Regulae brevius tractatae 10; PG 31, 1088c.

145

Cf. Regulae brevius tractatae 12; PG 31, 1089b.

146

Cf. Heb 6, 5.

147

Cf. Moralia, LXXX 22; PG 31, 869c.

148

Regulae brevius tractatae 10; PG 31, 1088c.

149

De baptismo II, 1; PG 31, 1580ac.

150

De baptismo II, 1; PG 31, 1580ac.

151

Cf. Regulae brevius tractatae 157; PG 31, 1185a.

152

Cf. Moralia I, 5; PG 31, 704a y passim.

153

Moralia XLVIII, 3; PG 31, 769a.

154

Cf. Regulae fusius tractatae 10; PG 31, 944 d-945a.

155

Cf. Regulae fusius tractatae 8; PG 31, 940bc; Regulae brevius tractatae 237, 1241b.

156

Cf. De baptismo I, 2; PG 31, 1544d.

157

Cf. Regulae fusius tractatae 6; PG 31, 925c; 41, 1021a.

158

Cf. Fil 2, 8; Regulae fusius tractatae 28, 98 b; Regulae brevius tractatae 119, 1161d, y passim.

159

Cf. Rom 1, 16.

160

Cf. Moralia LXXX, 12; PG 31, 864b.

161

Cf. In sanctam Christi generationem 5; PG 31, 1468b.

162

Cf. In Isaiam 208; PG 30, 477b.

163

Cf. In sanctam Christi generationem 3; PG 31, 1464a.
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