Del Sumo Pont铆fice
Juan Pablo II
al Cardenal Arzobispo y al clero,
a las personas consagradas
y a los fieles laicos
de la Archidi贸cesis de Mil谩n
en el XVI Centenario de la muerte
de San Ambrosio,
Obispo y Doctor de la Iglesia
Al venerado hermano cardenal Carlo Mar铆a Martini, arzobispo de Mil谩n:
1. El d铆a 4 de abril del a帽o 397 Ambrosio de Mil谩n conclu铆a su laboriosa jornada terrena, consumada generosamente al servicio de la Iglesia. En los 煤ltimos d铆as, como recuerda su secretario y bi贸grafo Paulino, 芦hab铆a visto al Se帽or Jes煤s, que ven铆a a 茅l y le sonre铆a (...). Y precisamente cuando nos dej贸 para volver al Se帽or, desde las cinco de la tarde hasta la hora en que entreg贸 su alma, or贸 con los brazos abiertos en forma de cruz禄 1 . Era el alba del S谩bado santo. El obispo dejaba esta tierra para unirse a Cristo Se帽or, a quien hab铆a deseado y amado intensamente.
Al aproximarse el XVI centenario de ese d铆a, usted, se帽or cardenal, me ha pedido que la muerte de ese gran pastor pueda conmemorarse con la celebraci贸n de un A帽o santo ambrosiano y que yo dedique a ese acontecimiento una carta apost贸lica especial.
Me complace acceder a su deseo porque, como escrib铆a usted, san Ambrosio fue y es un don para la Iglesia entera, a la que leg贸 un tesoro singularmente rico en doctrina y santidad.
2. Todo en 茅l se armoniz贸 y encontr贸 unidad en el servicio episcopal, desempe帽ado con una entrega sin reservas. Ambrosio, 芦llamado al episcopado desde el tumulto de las disputas del foro y desde el temido poder de la administraci贸n p煤blica禄 2 , ajust贸 su vida a las exigencias del ministerio que la Providencia pon铆a en sus manos y en su coraz贸n; le dedic贸 sus energ铆as, su experiencia y sus grandes dotes y capacidades. Pastor fuerte y manso a la vez, hombre que sab铆a amonestar y perdonar, firme contra el error y paciente con los que yerran, exigente con las autoridades y respetuoso del Estado, en buenas relaciones con los emperadores y cercano a su pueblo, estudioso profundo e incansable hombre de acci贸n, Ambrosio resalta sobre el trasfondo de las convulsas vicisitudes de su tiempo como figura de relieve extraordinario, cuyo influjo sigue a煤n vivo en nuestros d铆as, a pesar del paso de los siglos 3 .
La conmemoraci贸n del XVI centenario de su muerte, que comenzar谩 el pr贸ximo d铆a 6 de diciembre, coincidir谩 pr谩cticamente con el a帽o 1997 que, seg煤n las orientaciones dadas en la carta apost贸lica Tertio millennio Adveniente, inaugura la segunda fase de preparaci贸n para el gran jubileo del a帽o 2000 4 . En esta perspectiva, quisiera detenerme a reflexionar sobre la persona y la obra de san Ambrosio, para encontrar nuevos est铆mulos espirituales con vistas a esa hist贸rica fecha. En efecto, espero que el recuerdo de un pastor tan insigne, avivado por la celebraci贸n del A帽o santo ambrosiano, ayude a esa amada arquidi贸cesis a entrar de modo cada vez m谩s profundo en el esp铆ritu de preparaci贸n para el segundo milenio del nacimiento de Cristo.
3. Para la Iglesia de Mil谩n, ser谩 ciertamente motivo de gran alegr铆a ponerse, con renovado inter茅s, a la escucha de su antiguo pastor y casi hacer de nuevo la experiencia de aquellos innumerables fieles 鈥攈umildes o nobles, an贸nimos o ilustres鈥 que se dejaron iluminar por su palabra y, guiados por 茅l, llegaron a Cristo. El pasado y el presente se entrelazan en la fe viva de cada comunidad eclesial. En efecto, es propio de los santos seguir siendo misteriosamente 芦contempor谩neos禄 de cada generaci贸n: es la consecuencia de su profundo arraigo en el eterno presente de Dios. De alguna manera, Ambrosio habla a煤n desde la c谩tedra milanesa, y su voz es escuchada y anhelada por toda la Iglesia. Impulsados por esta convicci贸n, queremos tratar de recordar sus rasgos m谩s destacados, para abrirnos mejor a su testimonio y a su mensaje. A este redescubrimiento nos estimula tambi茅n el amor que la Iglesia inculca hacia aquellos que, eminentes por santidad y doctrina en los primeros siglos del cristianismo, con raz贸n se llaman y son realmente 芦Padres禄 en la fe. Ambrosio lo es de una manera muy especial.
4. De todos es conocida la singularidad de su elecci贸n, que el bi贸grafo Paulino atribuye a la inspirada iniciativa de un muchacho, a quien, por lo dem谩s, correspondi贸 la plena confianza del pueblo y del clero y, sucesivamente, la complacencia del mismo emperador 5 . Ambrosio, que naci贸 de padres cristianos, pero que permaneci贸 catec煤meno, seg煤n una costumbre bastante frecuente en las familias notables de aquel tiempo, hab铆a hecho con honor una carrera pol铆tica, primero en Sirmio, en la prefectura de Italia, de Il铆rica y de 脕frica, y luego en Mil谩n como consularis, con la responsabilidad de gobernar la provincia de Emilia-Liguria. Ah铆 hab铆a podido constatar la grave situaci贸n de la Iglesia milanesa, desorientada por el gobierno, que dur贸 casi dos d茅cadas del obispo arriano Ausencio, dividida y muy perjudicada por la difusi贸n de esa herej铆a.
5. Consider谩ndose impreparado para asumir el ministerio episcopal, intent贸 repetidamente evitar ese nombramiento, pero al final cedi贸 ante la insistencia del pueblo que, apreci谩ndolo por la ecuanimidad y la honradez demostradas en su cargo de gobernador, albergaba una fundada confianza en su capacidad de guiar con sabidur铆a a la comunidad eclesial. Acept贸, por tanto recibir el bautismo, que le administr贸 un obispo cat贸lico el 30 de noviembre del a帽o 374; y el 7 de diciembre sucesivo fue ordenado obispo 6 .
En los primeros a帽os, con 铆ntimo sufrimiento y gran sencillez, debi贸 reconocer el contraste entre su preparaci贸n espec铆fica y el deber urgente de ense帽ar a los fieles y realizar las necesarias opciones pastorales 7 . Pero inmediatamente quiso poner las bases de una esmerada preparaci贸n teol贸gica y, con el consejo y el apoyo del presb铆tero Simpliciano, que fue luego su sucesor en la sede de Mil谩n, se dedic贸 con empe帽o al estudio b铆blico y teol贸gico, profundizando en las Escrituras y acudiendo a las fuentes m谩s autorizadas de los grandes Padres y escritores eclesi谩sticos antiguos, tanto latinos como griegos, y en primer lugar a Or铆genes, su constante maestro e inspirador.
En sus homil铆as y en sus escritos, Ambrosio volv铆a a proponer lo que hab铆a asimilado inteligentemente, pero al mismo tiempo lo enriquec铆a con su talento, dando vigor a la exposici贸n, acu帽ando f贸rmulas sint茅ticas sumamente eficaces e introduciendo adaptaciones concretas a la situaci贸n de sus oyentes y lectores.
As铆, el estudio, renovado constantemente, de la doctrina cat贸lica era fuente de una rica y provechosa ense帽anza y, a la vez, desembocaba en una articulada acci贸n pastoral.
6. Inmediatamente Ambrosio quiso acoger a los que se hab铆an extraviado siguiendo el arrianismo. Por lo general, no trataba de arrancarlos bruscamente de las espinas de la herej铆a, ni siquiera cuando se trataba de miembros del clero 8 ; esa manera de actuar no se deb铆a a una imprudente actitud de compromiso, sino a la loable intenci贸n de promover una adhesi贸n convencida a la recta fe trinitaria mediante una predicaci贸n rigurosa y articulada. Y entre los a帽os 378 y 382 divulg贸 el fruto de esas ense帽anzas en los tratados De fide, De Spiritu Sancto y De incarnationis dominicae sacramento.
El 茅xito de esta estrategia pastoral fue palpable cuando, en la primavera del a帽o 385 y sobre todo en la del a帽o siguiente, la autoridad imperial foment贸 la oposici贸n arriana y pretendi贸 cederle una bas铆lica. La gente entonces, apoy贸 a su obispo, mostrando cu谩n eficaz hab铆a sido su palabra y, al mismo tiempo, cu谩n falsamente exagerada era la exigencia imperial. En esa circunstancia los comerciantes soportaron incluso los impuestos que les exig铆an precisamente con el fin de apartarlos del obispo, pero no lo quisieron privar de su apoyo 9 . Y, cuando llegaron a amenazar a Ambrosio y a asediar las iglesias, el pueblo vel贸 junto con su pastor, compartiendo su inquietud, su lucha y su oraci贸n. Al final, la autoridad imperial cedi贸 y el obispo pudo decir a su hermana Marcelina: 芦隆Qu茅 gran alegr铆a experiment贸 entonces toda la gente! 隆C贸mo aplaudi贸 todo el pueblo! 隆Y qu茅 gratitud mostr贸!禄 10 . Elegido por la firme voluntad de los milaneses, Ambrosio supo cultivar un profundo entendimiento con su comunidad, admirablemente arraigada en los principios de la fe cat贸lica.
7. En aquella sociedad romana en decadencia, que ya no se reg铆a por las antiguas tradiciones, resultaba, adem谩s, necesario reconstruir un entramado moral y social que colmara el peligroso vac铆o de valores que se hab铆a ido creando. El obispo de Mil谩n quiso responder a esas graves exigencias, no s贸lo actuando dentro de la comunidad eclesial, sino tambi茅n ensanchando su mirada a los problemas planteados por el saneamiento global de la sociedad. Consciente de la fuerza renovadora del Evangelio, encontr贸 en 茅l concretos y fuertes ideales de vida y los propuso a sus fieles para que alimentaran con ellos su vida y as铆 hicieran surgir, para el bien de todos, aut茅nticos valores humanos y sociales.
Por eso, no dud贸 en manifestar su clara oposici贸n, cuando, el a帽o 384, el praefectus Urbis S铆maco pidi贸 al emperador Valentiniano II que volviera a colocar en el Senado la estatua de la diosa Victoria. A quien pensaba salvar la 芦romanidad禄 regresando a unos s铆mbolos y pr谩cticas ya anticuados y sin vida, Ambrosio objet贸 que la tradici贸n romana, con sus antiguos valores de valent铆a, entrega y honradez, pod铆a ser asumida y revitalizada precisamente por la religi贸n cristiana. El antiguo culto pagano 鈥攁firmaba el obispo de Mil谩n鈥 asociaba a Roma con los b谩rbaros precisamente y s贸lo en la ignorancia de Dios 11 , pero que finalmente la gracia se ha derramado ahora entre los pueblos, 芦con raz贸n se ha preferido la verdad禄 12 .
8. La fuerza renovadora del Evangelio result贸 evidente en las intervenciones del Obispo en defensa de la justicia social, particularmente en los tres libritos De Nabuthae, De Tobia, De Helia et ieiunio. Ambrosio critica el abuso de las riquezas, denuncia las desigualdades y los atropellos con que unos pocos ricos explotan para su beneficio las situaciones de pobreza y carest铆a y condena a los que, fingiendo ayudar por caridad, dan en pr茅stamo con una gravos铆sima usura. A todos y en todo dirige sus amonestaciones: 芦La misma naturaleza es madre de todos los hombres y, por eso, todos somos hermanos, engendrados por una 煤nica y misma madre, unidos por el mismo v铆nculo de parentesco禄 13 ; 芦t煤 no das a los pobres de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo禄 14 . Refiri茅ndose espec铆ficamente a la usura, se pregunta: 芦驴Qu茅 hay m谩s cruel que dar tu dinero a quien no tiene y exigirle el doble?禄 15 . Por la salvaci贸n misma de los pueblos, a menudo ahogados por el peso de las deudas, Ambrosio consideraba que los obispos ten铆an el deber de esforzarse por extirpar esos vicios e impulsar una caridad efectiva.
Es comprensible, por tanto, su gran alegr铆a, e incluso su humilde orgullo de padre, cuando le lleg贸 la noticia de que uno de sus destacados hijos espirituales, Paulino de Burdeos, ex senador y futuro obispo de Nola, hab铆a regalado sus bienes a los pobres para retirarse, junto con su mujer Terasia, a vivir una vida asc茅tica en esa localidad de la Campania. Ejemplos como 茅ste 鈥攐bservaba Ambrosio en una carta 16 鈥 ten铆an que producir necesariamente clamor y esc谩ndalo en una sociedad presa del hedonismo, pero al mismo tiempo encarnaban, con la eficacia insustituible del testimonio, el gran desaf铆o moral del cristianismo.
9. Toda la vida deb铆a ser renovada por la levadura del Evangelio. Al respecto, Ambrosio presenta a sus fieles un itinerario espiritual claro y comprometedor: escucha de la palabra de Dios, participaci贸n en los sacramentos y en la oraci贸n lit煤rgica, y esfuerzo moral inspirado en el cumplimiento concreto de los mandamientos. Quien lee los escritos de este santo obispo percibe que se trata de elementos, sencillos y necesarios, repetidos continuamente en su predicaci贸n y en su actividad pastoral. Sobre estas realidades Ambrosio va construyendo d铆a a d铆a una comunidad viva, alimentada con los valores evang茅licos y signo inequ铆voco para la sociedad de su tiempo.
Eso impresion贸 vivamente, entre otros, a Agust铆n, que lleg贸 a Mil谩n en el oto帽o del a帽o 384. Aunque al principio iba atra铆do s贸lo por el estilo oratorio del Obispo, pronto experiment贸 la realidad y el atractivo de la vida de la Iglesia de Mil谩n: 芦Ve铆a la Iglesia llena y que, en ella, unos avanzaban de un modo y otros de otro禄, recordar谩 con admiraci贸n muchos a帽os despu茅s 17 . No logr贸 obtener del Obispo encuentros largos y confidenciales, pero hab铆a visto en la Iglesia que guiaba una manifestaci贸n elocuente de su sabidur铆a pastoral y hab铆a podido constatar de forma convincente la validez de su ense帽anza espiritual. Por eso, con raz贸n, consider贸 a Ambrosio, de quien tambi茅n recibi贸 el bautismo, su padre en la fe.
10. No podemos pasar revista detalladamente a todas las intervenciones del incansable pastor, que de varias maneras contribuyeron a vivificar la comunidad y a infundir energ铆as nuevas y vigorosas en la sociedad. Pero conviene recordar al menos las m谩s significativas.
En primer lugar se puede situar su solicitud por la formaci贸n de los sacerdotes y los di谩conos. Los quer铆a plenamente conformados con Cristo, pose铆dos totalmente por 茅l 18 y enriquecidos con las m谩s s贸lidas virtudes humanas: la hospitalidad, la afabilidad, la fidelidad, la lealtad, una generosidad que aborreciera la avaricia, la ponderaci贸n, un pudor incontaminado, el equilibrio y la amistad. Su afecto, exigente y paterno a la vez, hacia los sacerdotes era realmente desbordante: 芦Hacia vosotros, a quienes he engendrado en el Evangelio, no albergo menor amor que si os hubiera engendrado en el matrimonio禄 19 .
Igualmente intensa, ya desde su primera predicaci贸n llegada hasta nosotros en el De virginibus, fue la solicitud por las v铆rgenes consagradas. Ambrosio ve铆a su vocaci贸n arraigada en el misterio mismo del Verbo encarnado: 芦驴Qui茅n puede ser su autor sino el inmaculado Hijo de Dios, cuya carne no experiment贸 la corrupci贸n, cuya divinidad no conoci贸 contaminaci贸n?禄 20 ; y presentaba el testimonio de las v铆rgenes como una respuesta valiente, fuerte y concreta, al papel humillante al que la decadente sociedad romana hab铆a relegado a la mujer.
Fue constante tambi茅n la atenci贸n de Ambrosio al culto de los m谩rtires. Con el hallazgo de sus restos y la veneraci贸n que se les tributaba, quer铆a proponer a los creyentes modelos de un seguimiento de Cristo valiente y generoso; y no dejaba de ponerles en guardia contra los peligros de los tiempos de paz, cuando a los perseguidores violentos se suced铆an otros m谩s astutos que, 芦sin recurrir a la amenaza de la espada, destruyen a menudo el esp铆ritu del hombre, y otros que conquistan a los creyentes m谩s con los halagos que con las amenazas禄 21 .
Tambi茅n las celebraciones lit煤rgicas, alimentadas con las explicaciones catequ茅ticas del Obispo y animadas por su gran talento po茅tico, se convert铆an en momento comunitario de una valid铆sima formaci贸n y de testimonio incisivo. Basta pensar en los himnos que compuso y rez贸 茅l mismo en las largas horas de vigilia durante el asedio de las iglesias: 芦Dicen que el pueblo se ha quedado encantado con el hechizo de mis himnos禄, rebat铆a a los arrianos que lo acusaban. 芦Es exactamente as铆; no lo niego. Se trata de un gran hechizo: el m谩s fuerte de todos, pues 驴hay algo m谩s fuerte que confesar a la Trinidad, ensalzada cada d铆a por el pueblo entero? Todos se esfuerzan por proclamar su fe; todos han aprendido a alabar en verso al Padre, al Hijo y al Esp铆ritu Santo. As铆 se han convertido en maestros todos los que a duras penas pod铆an ser disc铆pulos禄 22 .
11. Ambrosio, pastor sumamente activo, fue ciertamente hombre de intenso recogimiento y de profunda contemplaci贸n. Era capaz de tener gran concentraci贸n; por eso, sus lecturas pudieron prepararlo al ministerio en tan poco tiempo y entre tantas actividades. Amaba el silencio; y Agust铆n, que lo encontr贸 absorto en su estudio, no se atrevi贸 ni siquiera a hablarle: 芦驴Qui茅n hubiera osado distraerlo en su concentraci贸n?禄 23 . De ese recogimiento nac铆a su penetraci贸n de las Escrituras y la explicaci贸n que de ellas hac铆a en sus homil铆as y comentarios.
De all铆 brotaba tambi茅n la profunda espiritualidad del Obispo. Su bi贸grafo Paulino subrayaba su ascesis: 芦Era hombre de gran abstinencia y de muchas vigilias y fatigas; castigaba su cuerpo con ayuno diario (...) y dedicaba largas horas a la oraci贸n, de noche y de d铆a禄 24 . En el centro de su espiritualidad estaba Cristo, buscado y amado con gran intensidad. A 茅l volv铆a continuamente en su ense帽anza. El ejemplo de Cristo constitu铆a tambi茅n el modelo de la caridad que propon铆a a los fieles y testimoniaba personalmente acogiendo 芦a much铆sima gente angustiada, a la que ayudaba禄, como nos recuerda Agust铆n 25 .
12. Faltar铆a un elemento caracter铆stico en este breve retrato del hombre y del Obispo si no repas谩ramos al menos su relaci贸n con la autoridad civil. Se hallaba a煤n vivo el recuerdo de las intromisiones en la vida y en la doctrina de la Iglesia realizadas en los decenios anteriores por los emperadores cristianos, que a veces hab铆an apoyado la herej铆a arriana y, en todo caso, hab铆an creado graves inconvenientes y divisiones en la comunidad de los creyentes. Cuando fue elegido obispo, Ambrosio confirm贸 en muchas situaciones su gran lealtad para con el Estado, pero tambi茅n sinti贸 el deber de promover una relaci贸n m谩s correcta entre la Iglesia y el Imperio 26 , exigiendo en primer lugar una precisa autonom铆a en su propio 谩mbito. De este modo no s贸lo defend铆a los derechos de libertad de la Iglesia, sino que tambi茅n pon铆a un dique al absolutismo ilimitado de la autoridad imperial, favoreciendo as铆 el renacimiento de las antiguas libertades civiles, en la l铆nea de la mejor tradici贸n romana.
Era un camino dif铆cil de recorrer y completamente nuevo. Y Ambrosio debi贸 precisar cada vez mejor sus modalidades y su estilo. Aunque logr贸 conjugar firmeza y equilibrio en las intervenciones que mencionamos antes 鈥攅s decir en la cuesti贸n del altar de la Victoria y cuando se le exigi贸 una bas铆lica para los arrianos鈥, result贸 inadecuado su juicio en el asunto de Cal铆nico, cuando el a帽o 388, fue destruida la sinagoga de esa lejana localidad situada en la ribera del Eufrates. En efecto, considerando que el emperador cristiano no deb铆a castigar a los culpables y ni siquiera obligarles a pagar los da帽os producidos 27 , iba m谩s all谩 de la reivindicaci贸n de la libertad eclesial, perjudicando el derecho ajeno a la libertad y a la justicia.
Por el contrario, fue admirable su actitud con respecto al mismo Teodosio, dos a帽os m谩s tarde, despu茅s de la matanza de Tesal贸nica, ordenada para vengar la muerte de un oficial del ej茅rcito. Al emperador, que se hab铆a manchado con una culpa tan grave, el Obispo le se帽al贸, con tacto y firmeza, la necesidad de someterse a penitencia 28 ; y Teodosio, aceptando la invitaci贸n, 芦llor贸 p煤blicamente en la iglesia su pecado禄 y 芦con gemidos y l谩grimas invoc贸 el perd贸n禄 29 . En este c茅lebre episodio Ambrosio supo encarnar en gran medida la autoridad moral de la Iglesia, apelando a la conciencia del extraviado, sin importarle su poder, y erigi茅ndose en vengador de la sangre injusta y cruelmente derramada.
13. Verdaderamente fue grande la figura de este santo obispo y extraordinariamente eficaz la obra que realiz贸 en favor de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo. Ojal谩 que su ejemplo de hombre, de sacerdote y de pastor, d茅 nuevo impulso a la toma de conciencia que todos los fieles de nuestro tiempo 鈥攐bispos, presb铆teros, almas consagradas y laicos cristianos鈥 necesitan para inspirar su vida en el Evangelio y transformarse en ap贸stoles cada vez m谩s celosos, en los umbrales del tercer milenio cristiano.
14. Junto con Jer贸nimo, Agust铆n y Gregorio Magno, el santo obispo de Mil谩n es uno de los cuatro doctores a los que la Iglesia latina rinde particular veneraci贸n. Por ello, deseo prestar atenci贸n especial a este aspecto de su personalidad, consider谩ndolo en la perspectiva del pr贸ximo jubileo.
Una primera indicaci贸n nos la brinda el papel que desempe帽贸 en la vida de Ambrosio la palabra de Dios. 芦Para conocer la verdadera identidad de Cristo 鈥攅scrib铆 en la carta apost贸lica Tertio millennio Adveniente鈥, es necesario que los cristianos (...) vuelvan con renovado inter茅s a la sagrada Escritura禄 31 . Ambrosio puede ser nuestro maestro y nuestro gu铆a, pues fue un magn铆fico ex茅geta de la Biblia, que tomaba constantemente como objeto de su catequesis. Todas sus obras son una explicaci贸n de los Libros inspirados.
El santo obispo dedic贸 una entera Expositio al evangelio seg煤n san Lucas y en muchos de sus escritos, sobre todo en algunas cartas, suele comentar el epistolario paulino, presentando nuevamente con viva participaci贸n el pensamiento del Ap贸stol. Pero es sobre todo en los libros del Antiguo Testamento donde se detiene con especial predilecci贸n. En ellos encuentra una larga y ardiente preparaci贸n para la venida de Cristo, como una 芦sombra禄 que, de modo a煤n imperfecto pero ya sabiamente trazado, anticipa el anuncio de la revelaci贸n plena del Evangelio.
Leyendo en profundidad las p谩ginas b铆blicas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, en la l铆nea de la concorde tradici贸n patr铆stica, Ambrosio invita a captar, por encima del sentido literal, un sentido moral, que ilumina la conducta, y un sentido aleg贸rico-m铆stico, que permite descubrir en las im谩genes y en los episodios narrados el misterio de Cristo y de la Iglesia. As铆, en particular, muchos personajes del Antiguo Testamento se presentan como 芦tipos禄 y anticipaciones de la figura de Cristo. Leer las Escrituras es leer a Cristo. Por eso, Ambrosio recomienda encarecidamente la lectura integral de la Escritura: 芦Bebe, por tanto, ambos c谩lices, el del Antiguo y el del Nuevo Testamento, porque en ambos bebes a Cristo. Bebes a Cristo, que es la vid; bebes a Cristo, que es la piedra de donde brot贸 el agua; bebes a Cristo, que es el manantial de la vida; bebes a Cristo, que es el r铆o cuya corriente fecunda la ciudad de Dios; bebes a Cristo, que es la paz禄 32 .
15. Ambrosio sabe que el conocimiento de las Escrituras no es f谩cil. En el Antiguo Testamento hay p谩ginas oscuras, que s贸lo reciben plena luz en el Nuevo. Cristo es su clave, su revelador: 芦Es grande la oscuridad de las Escrituras prof茅ticas. Pero si llamaras con la mano de tu esp铆ritu a la puerta de las Escrituras, y si examinaras con escrupulosidad lo que hay all铆 oculto, poco a poco comenzar铆as a captar el sentido de las palabras, y quien te abrir铆a no ser铆a otro hombre, sino el Verbo de Dios (...), porque s贸lo el Se帽or Jes煤s en su Evangelio desgarr贸 el velo de los enigmas prof茅ticos y de los misterios de la Ley; s贸lo 茅l nos ha dado la llave del saber y nos ha brindado la posibilidad de abrir禄 33 .
La Escritura es un 芦mar, que encierra en s铆 sentidos profundos y abismos de enigmas prof茅ticos: en este mar han desembocado much铆simos r铆os禄 34 . Por su car谩cter de palabra viva y a la vez compleja, la Escritura no se puede leer con superficialidad. Abre sus tesoros a quien se acerca a ella con esp铆ritu realmente sediento de luz, siguiendo el ejemplo de aquel cuya oraci贸n recoge el Salmo 118: 芦Se consumen mis ojos siguiendo tu Palabra禄 (v. 82). Como la joven esposa 鈥攃omenta Ambrosio con una imagen muy viva鈥 corre al puerto para escrutar cualquier nave que pueda traerle a su esposo, as铆 el salmista 芦abandonaba todas las preocupaciones de este tiempo y, como vig铆a siempre alerta, ten铆a fija la mirada de los ojos interiores en la palabra de Dios禄 35 . El mismo obispo personificaba a ese creyente que ten铆a tan gran anhelo, e impulsaba a sus fieles a hacer lo mismo.
Tambi茅n les ped铆a que 芦rumiaran禄 la Palabra, porque es alimento sustancioso, al que se debe volver muchas veces con paciencia y constancia, en una meditaci贸n continua: s贸lo as铆 podr谩 comunicarnos las inagotables sustancias nutritivas que encierra. 芦Proporcionemos a nuestra mente este alimento para que, triturado y masticado mediante una larga meditaci贸n, d茅 fuerza al coraz贸n del hombre, como el man谩 celestial: alimento que no hemos recibido ya triturado y masticado, sin esfuerzo de nuestra parte. Por eso es necesario triturar y masticar las palabras de las Escrituras celestiales, esforz谩ndonos con toda el alma y con todo el coraz贸n para lograr que la sustancia de ese alimento espiritual se derrame por todas las venas del alma禄 36 . Asimismo, les dec铆a: 芦Reflexiona, por tanto, todo el d铆a en la Ley (...). Toma como consejeros a Mois茅s, Isa铆as, Jerem铆as, Pedro, Pablo, Juan, e incluso al excelso consejero Jes煤s, si quieres llegar al Padre. Con ellos debes tratar; con ellos debes confrontarte todo el d铆a; debes reflexionar todo el d铆a禄 37 .
16. Ambrosio explica constantemente a sus fieles las Escrituras proclamadas en la liturgia. Las usa como inspiraci贸n y fundamento de toda su predicaci贸n y de sus escritos: de sus comentarios b铆blicos, de sus cartas, de sus discursos en funerales, de sus tratados sobre temas sociales y de sus obras de contenido netamente espiritual. Su estilo est谩 salpicado de im谩genes y expresiones b铆blicas. Se podr铆a decir que no s贸lo 茅l habla de la Biblia, sino que tambi茅n habla la Biblia, como transformada en la sustancia 铆ntima de su pensamiento y de su palabra. As铆, los Textos sagrados alimentan a los oyentes, que se convierten en conocedores cada vez m谩s competentes. La Iglesia guiada por Ambrosio se nos presenta realmente formada y plasmada por la palabra de Dios.
Deseo vivamente que su ejemplo impulse a poner la Biblia cada vez m谩s en el centro de la vida cristiana y a leerla con la fe y la profundidad, de las que el Obispo de Mil谩n fue eximio modelo y seguro maestro.
17. El A帽o santo ambrosiano coincide con el per铆odo que, en el itinerario de preparaci贸n para el jubileo, 芦se dedicar谩 a la reflexi贸n sobre Cristo, Verbo del Padre, hecho hombre por obra del Esp铆ritu Santo. Es necesario destacar el car谩cter claramente cristol贸gico del jubileo, que celebrar谩 la encarnaci贸n y la venida al mundo del Hijo de Dios, misterio de salvaci贸n para todo el g茅nero humano禄 39 .
En la l铆nea del concilio de Nicea, cuyo en茅rgico defensor fue, san Ambrosio ha sido reconocido maestro de la doctrina cristol贸gica y trinitaria. La ense帽anza del Obispo de Mil谩n tiene en Cristo su centro unificador; de 茅l recibe su esplendor teol贸gico y su fuerza de atracci贸n para la vida espiritual. Por eso, recorrer sus puntos m谩s destacados cobra un significado particular tambi茅n para la preparaci贸n al milenio que viene.
18. En muchos de sus escritos, a partir de la trilog铆a De fide, De Spiritu Sancto y De incarnationis dominicae sacramento, Ambrosio expone su doctrina sobre la Trinidad, acerca de la cual propone l煤cidas consideraciones, que servir谩n de modelo en el desarrollo ulterior de la teolog铆a trinitaria en Occidente, pero sin olvidar que el misterio de Dios supera siempre nuestra comprensi贸n y nuestras afirmaciones 40 . 芦Hemos aprendido que existe una distinci贸n entre "el Padre y el Hijo y el Esp铆ritu Santo" (Mt 28, 19), no una confusi贸n; una distinci贸n, no una separaci贸n; una distinci贸n, no una pluralidad; (...) por divino y admirable misterio, el Padre subsiste siempre, siempre subsiste el Hijo y tambi茅n el Esp铆ritu Santo subsiste siempre (...). Conocemos su distinci贸n, pero ignoramos sus secretos; no investigamos las causas; veneramos los misterios禄 41 .
Con respecto al Hijo, Ambrosio recuerda que 芦est谩 siempre con el Padre, siempre en el Padre禄 42 ; es engendrado por el Padre, fuente del ser: 芦Estos signos caracterizan al Hijo de Dios, de modo que de ellos deduces que el Padre es eterno, y tambi茅n que el Hijo no es diferente de 茅l, del Padre procede el Hijo; de Dios procede el Verbo; reflejo de su gloria, huella de su sustancia, espejo de la majestad de Dios, imagen de su bondad; sabidur铆a que proviene de aquel que es sabio; fuerza que proviene de aquel que es fuerte; verdad que proviene de aquel que es la verdad; vida que proviene de aquel que vive禄 43 .
Cristo viene al mundo para revelar al Padre: 芦Es el eterno esplendor del alma, que el Padre envi贸 a la tierra precisamente para darnos la posibilidad de contemplar, a la luz de su rostro, las realidades eternas y celestiales, que antes no pod铆amos ver a causa de la niebla que nos envolv铆a禄 44 .
19. San Ambrosio tiene una visi贸n unitaria del plan divino de la salvaci贸n: anunciado por Dios en la antigua alianza, se realiz贸 en la nueva con la venida de Cristo, que revel贸 al mundo el rostro del Padre y la luz de la Trinidad. M谩s a煤n Cristo Redentor est谩 ya significado veladamente en la obra misma de la creaci贸n, en el descanso que Dios se concede despu茅s de haber creado al hombre. 芦En ese momento 鈥攐bserva san Ambrosio鈥 Dios descans贸, pues ya ten铆a un ser a quien perdonar los pecados. O quiz谩 ya entonces se anunci贸 el misterio de la futura pasi贸n del Se帽or, con el que se revel贸 que Cristo descansar铆a en el hombre, 茅l que se predestinaba a s铆 mismo un cuerpo humano para la redenci贸n del hombre禄 45 . El descanso de Dios anticipaba el de Cristo en la cruz, con su muerte redentora, y la pasi贸n del Se帽or ven铆a as铆 a situarse desde el inicio en un proyecto de misericordia universal, como el sentido y el fin de la creaci贸n misma.
20. Del misterio de la Encarnaci贸n y de la Redenci贸n habla Ambrosio con el ardor de una persona que ha sido literalmente conquistada por Cristo y lo ve todo a su luz. La reflexi贸n que hace brota de la contemplaci贸n afectuosa y que, a menudo, se manifiesta en oraciones, aut茅nticas elevaciones del alma en medio de tratados profundos: el Salvador vino al mundo 芦por m铆禄, 芦por nosotros禄, son expresiones que se repiten con frecuencia en sus obras 46 .
Anunciado, de alguna manera, en todos los libros del Antiguo Testamento 47 , el Verbo desciende del seno del Padre y cumple su misi贸n en etapas sucesivas, que el Obispo, inspir谩ndose en el Cantar de los cantares, compara con los saltos de un ciervo, impulsado por el amor a la humanidad y a la Iglesia 48 . Con la Encarnaci贸n, el Verbo toma 芦el aspecto de siervo, es decir, la plenitud de la perfecci贸n humana禄 49 ; y asume en s铆, en su carne, toda la humanidad, confiri茅ndole un privilegio que no tienen ni siquiera los 谩ngeles 50 .
Si en la Encarnaci贸n Cristo se uni贸 a nosotros con v铆nculos de amor 51 , en su pasi贸n, sufrida por la redenci贸n del mundo, ese amor brill贸 en medio de los contrastes m谩s profundos de humillaci贸n 鈥攅xaltaci贸n del Crucificado 52 ; su ultraje borr贸 los ultrajes de todos 53 ; las l谩grimas que derram贸 en la cruz nos lavaron 54 . La Redenci贸n de Cristo es universal 55 : 芦En el Redentor de todos no entraba s贸lo un hombre, sino todo el mundo禄 56 ; 芦茅l se humill贸, para que t煤 fueras exaltado禄 57 .
21. De aqu铆 brotan en las obras de san Ambrosio todas las definiciones y apelativos del Redentor, que nos lo describen en su grandeza y benevolencia. Cristo se hizo todo a todos 58 ; 茅l es la plenitud y la amplitud 59 ; es el fin de la Ley 60 ; el fundamento de todas las cosas y la cabeza de la Iglesia 61 , la fuente de la vida 62 ; 芦su muerte es vida, su sepultura es vida, su resurrecci贸n es vida de todos禄 63 . 脡l es 芦la expiaci贸n universal, el rescate universal禄 64 , el rey y mediador 65 , el sol de justicia 66 , luz 67 , fuego 68 , camino 69 , alegr铆a 70 , el 煤nico en quien podemos gloriarnos a pesar de nuestros pecados 71 ; se hizo pobre por nosotros 72 , humilde para ense帽arnos la humildad 73 , compa帽ero nuestro 74 ; es bueno, m谩s a煤n, es la bondad misma 75 : 芦Que este "bien" venga a nuestra alma, a lo m谩s 铆ntimo de nuestra mente (...). 脡l es nuestro tesoro; 茅l es nuestro camino; 茅l es nuestra sabidur铆a, nuestra justicia, nuestro pastor y el buen pastor; 茅l es nuestra vida. Contempla cu谩ntos bienes se hallan encerrados en este 煤nico bien禄 76 .
22. Al presentar la figura de Cristo, el obispo Ambrosio anticipa las estupendas tem谩ticas que afrontar铆an en los siglos sucesivos los grandes Concilios cristol贸gicos; y con magistral s铆ntesis nos habla del 煤nico Cristo Se帽or, en sus dos naturalezas: divina y humana. He aqu铆 un ejemplo entre muchos, tomado del segundo libro del De fide: 芦Mantenemos la distinci贸n entre la naturaleza divina y la carne. En ambas habla el 煤nico Hijo de Dios, pues en el mismo se encuentran ambas naturalezas; aunque sea 茅l quien habla, no habla siempre del mismo modo. Contempla en 茅l unas veces la gloria de Dios; otras, las pasiones del hombre. En cuanto Dios, dice las cosas que son de Dios, pues es el Verbo; en cuanto hombre, dice las cosas que son del hombre, pues habla en mi sustancia禄 77 . Por ser tan completo y preciso, este pasaje fue citado en las actas de los concilios de 脡feso (431) y Calcedonia (451) as铆 como en el S铆nodo lateranense del a帽o 649. Pero numerosos textos del Obispo de Mil谩n fueron citados y meditados en aquellos tiempos, desde el De incarnationis dominicae sacramento, traducido al griego ya pocas d茅cadas despu茅s de la muerte de Ambrosio, hasta los largos extractos de la Expositio evangelii secundum Lucam, le铆dos y traducidos durante el tercer concilio de Constantinopla, en el a帽o 681.
As铆, la palabra de Ambrosio, apasionado por Cristo Se帽or, entraba a sostener y vivificar las grandes definiciones cristol贸gicas de la Iglesia antigua.
23. Por encima de su rica aportaci贸n doctrinal, Ambrosio fue sobre todo pastor y gu铆a espiritual. Sus orientaciones de vida nos ayudan tambi茅n a caminar con m谩s soltura hacia el objetivo que he se帽alado como prioritario en la celebraci贸n del primer a帽o de preparaci贸n para el tercer milenio: el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos. Al respecto escrib铆: 芦Es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversi贸n y de renovaci贸n personal en un clima de oraci贸n cada vez m谩s intensa y de solidaria acogida del pr贸jimo禄 79 .
En funci贸n de este exigente ideal de perfecci贸n, al que todos estamos llamados, deseo detenerme ahora espec铆ficamente a reflexionar sobre la ense帽anza espiritual del Obispo de Mil谩n.
24. Para ilustrar el camino espiritual propuesto a la Iglesia y a cada cristiano, san Ambrosio recurre a las ricas im谩genes que nos brinda el Cantar de los cantares: en el amor de los dos esposos ve representado tanto el matrimonio de Cristo con la Iglesia como la uni贸n del alma con Dios. Dos escritos dedic贸, en particular, a este tema: la amplia Expositio psalmi CXVIII y el breve tratado De Isaac vel anima. En el primero, comentando en 铆ntima relaci贸n el Salmo 118, con su prolongada meditaci贸n sobre la Ley de Dios, y amplios pasajes del Cantar de los cantares, el Obispo ense帽a que la m铆stica de la uni贸n esponsal con Dios debe ser preparada por la disciplina de una vida virtuosa y que, al mismo tiempo, el compromiso moral del cristiano no es algo cerrado en s铆 mismo, sino que tiene como finalidad el encuentro m铆stico con Dios.
Por esto, recorriendo en el De Isaac las etapas del crecimiento espiritual, Ambrosio pone de relieve la necesidad de un largo y arduo camino de ascesis y purificaci贸n, recomendado, por lo dem谩s, incesantemente en todos sus escritos. Asimismo, se帽ala que el progresar de etapa en etapa se orienta a ese encuentro con el Esposo divino, en el que el alma experimenta la plenitud del conocimiento y de la uni贸n en el amor. Es entonces cuando la esposa del Cantar, llevando al amado a su casa (cf. Ct 8, 2), 芦acoge en su casa al Verbo para que 茅l le ense帽e禄 80 ; y, subiendo apoyada en 茅l (cf. Ct 8, 5), experimenta una intimidad total con el Verbo divino: 芦Ella 鈥攃omenta el santo Obispo鈥 o se recostaba en Cristo o se apoyaba en 茅l o ciertamente, dado que estamos hablando de bodas, hab铆a sido entregada ya a la diestra de Cristo y era llevada por el esposo al t谩lamo禄 81 .
25. Quien se ha unido a Cristo, como la esposa al esposo, es consciente de la presencia de Dios en su alma 82 , toma de 茅l la fuerza para buscarlo y entrar en comuni贸n con 茅l 83 . Nunca est谩 solo, porque vive con 茅l 84 . En efecto, Cristo tiene sed de nosotros 85 que, hechos para 茅l y para Dios Trinidad, estamos llamados a llegar a ser uno con 茅l, mediante su inhabitaci贸n en nosotros 86 : 芦Que entre en tu alma Cristo; que ponga su morada en tus pensamientos Jes煤s, para cerrar todo espacio al pecado en la tienda sagrada de la virtud禄 87 .
As铆 se va desarrollando una relaci贸n cada vez m谩s profunda con Cristo: partiendo de la ascesis, condici贸n imprescindible para llegar a la intimidad con 茅l 88 , es preciso desear a Cristo 89 , imitarlo 90 , meditar en su persona y sus ejemplos 91 , orar continuamente a 茅l 92 , buscarlo siempre 93 , hablar de 茅l 94 , obedecerle en todo 95 , ofrecerle nuestros sufrimientos y nuestras pruebas 96 , encontrando en 茅l consuelo y apoyo 97 .
Pero incluso busc谩ndolo, no podremos nada por nosotros mismos, porque 煤nicamente Cristo es el mediador, el gu铆a, el camino. 芦Cristo es todo para nosotros禄 y por tanto: 芦si quieres curar una herida, 茅l es m茅dico; si ardes de fiebre, es manantial; si est谩s agobiado por la iniquidad, es justicia; si tienes necesidad de ayuda, es fuerza; si temes la muerte, es vida; si deseas el cielo, es camino; si huyes de las tinieblas es luz; si buscas alimento, es comida禄 98 . Nuestra vida debe desembocar en el encuentro con Cristo: 芦Iremos a donde el Se帽or Jes煤s ha preparado las moradas para sus pobres servidores, a fin de estar tambi茅n nosotros donde se encuentra 茅l: esto es lo que 茅l ha querido禄 99 . Por eso, con san Ambrosio, podemos invocar: 芦Te seguimos, Se帽or Jes煤s, pero ll谩manos para que te sigamos; sin ti nadie podr谩 subir, pues t煤 eres el camino, la verdad, la vida, la posibilidad, la fe y el premio. Acoge a los tuyos, pues eres el camino; conf铆rmalos, pues eres la verdad; vivif铆calos, pues eres la vida禄 100 .
26. San Ambrosio subraya con claridad que ese camino se propone a cada fiel y a la comunidad eclesial en su conjunto. La meta, aunque sea tan elevada, no est谩 reservada s贸lo a unos cuantos elegidos; todos los disc铆pulos de Jes煤s la pueden alcanzar escuchando la palabra de Dios, participando con fruto en los sacramentos y cumpliendo los mandamientos. Estos son los ejes de la vida espiritual, mediante los cuales se entabla la 铆ntima comuni贸n con Dios, que colma de gracia la vida del creyente.
Por eso, las homil铆as del Obispo rebosan de conclusiones morales, presentadas a los oyentes con pasi贸n, incisividad e intensa fuerza persuasiva. Se dedica personalmente a la predicaci贸n a los que se preparan para los sacramentos de la iniciaci贸n cristiana. Les explica el valor del bautismo, mostr谩ndoles el v铆nculo profundo que tiene con la muerte y resurrecci贸n de Cristo y, a la vez, record谩ndoles el compromiso moral que de 茅l deriva: 芦Como Cristo muri贸, as铆 tambi茅n t煤 gustas la muerte; como Cristo muri贸 al pecado y vive para Dios, as铆 tambi茅n t煤, mediante el sacramento del bautismo, debes estar muerto a los anteriores halagos de los pecados y resucitado mediante la gracia de Cristo. Es una muerte, pero no en la realidad de una muerte f铆sica, sino en un s铆mbolo. Cuando te sumerges en la fuente, asumes la semejanza de su muerte y de su sepultura, recibes el sacramento de su cruz, porque Cristo fue colgado en cruz y su cuerpo fue traspasado por los clavos. T煤 est谩s crucificado con 茅l, est谩s unido a los clavos de nuestro Se帽or Jesucristo, para que el diablo no te pueda arrancar de 茅l. Que, cuando la debilidad de la naturaleza humana quiera alejarte de 茅l, te mantenga el clavo de Cristo禄 101 .
27. La profundizaci贸n de la doctrina de san Ambrosio sobre el bautismo se inserta muy bien en el 芦esfuerzo de actualizaci贸n sacramental禄 que, en el camino hacia el jubileo, deber谩 distinguir tambi茅n el a帽o 1997, insistiendo precisamente en el 芦descubrimiento del bautismo como fundamento de la existencia cristiana禄 102 . Pero no menos fecunda resultar谩 la riqu铆sima doctrina sobre la Eucarist铆a: es cuerpo de Cristo, hecho realmente presente por la palabra eficaz del sacramento, la misma Palabra divina que con poder cre贸 las cosas al inicio del mundo. 芦Despu茅s de la consagraci贸n te digo que ya est谩 el cuerpo de Cristo. 脡l habl贸, y se hizo; 茅l orden贸, y fue creado禄 103 . La Eucarist铆a es sustento diario del cristiano, que cada d铆a se une as铆 al sacrificio de la salvaci贸n: 芦Recibe diariamente lo que cada d铆a te hace falta. Vive de tal manera que seas digno de recibirlo a diario (...). Escuchas repetir que cada vez que se ofrece el sacrificio, se anuncia la muerte del Se帽or, la resurrecci贸n del Se帽or, la ascensi贸n del Se帽or y el perd贸n de los pecados, y a pesar de ello 驴no recibes cada d铆a este pan de vida?禄 104 .
28. En el himno Splendor paternae gloriae Ambrosio invita a cantar: 芦Cristo sea nuestro alimento; nuestra bebida sea la fe; alegres bebamos la sobria embriaguez del Esp铆ritu禄 105 . En el De sacramentis, casi comentando las palabras de ese himno, el Obispo invita a gustar el pan eucar铆stico, en el que 芦no hay amargura, sino toda dulzura禄, y el vino, que produce una alegr铆a que 芦no se puede contaminar con la mancha de ning煤n pecado禄. En efecto, cada vez que bebemos el c谩liz de Cristo, recibimos el perd贸n de los pecados y nos embriagamos del Esp铆ritu: 芦Quien se embriaga con vino, vacila y duda al caminar; quien se embriaga del Esp铆ritu, est谩 arraigado en Cristo. Por eso, se trata de una magn铆fica borrachera, dado que produce la sobriedad de la mente禄 106 . Al parecer con la expresi贸n 芦sobria embriaguez del Esp铆ritu禄, Ambrosio quiere sintetizar su concepci贸n de la vida espiritual. As铆 nos ayuda a comprender que esa embriaguez es gozo y plenitud de comuni贸n con Cristo; nos ense帽a, adem谩s, que no se manifiesta con una exaltaci贸n exagerada y entusiasta, sino que m谩s bien exige una sobriedad activa; y, sobre todo, recuerda que es un don del Esp铆ritu de Dios. Los que acuden diligentemente a beber de las sagradas Escrituras, reciben esta embriaguez que 芦consolida los pasos de una mente sobria禄 y que 芦riega el terreno de la vida eterna que nos ha sido dado禄 107 .
La vida espiritual que el Pastor de Mil谩n ense帽a a sus fieles es, a la vez, exigente y atractiva, concreta e inmersa en el misterio. Tambi茅n para la Iglesia de hoy deseo que resuene esa invitaci贸n fuerte y comprometedora.
29. El exigente camino espiritual trazado por Ambrosio lleva al creyente a una comuni贸n con Cristo cada vez mayor. Por lo dem谩s, esa comuni贸n no puede menos de expresarse tambi茅n en una comuni贸n de alma y de coraz贸n (cf. Hch 4, 32) con los hermanos en la fe. El Obispo de Mil谩n lo sabe y lo atestigua en sus escritos. Se trata de un aspecto de su ense帽anza muy estimulante para cuantos est谩n comprometidos en el campo del ecumenismo. 驴C贸mo olvidar que Ambrosio, venerado tanto en Occidente como en Oriente, es uno de los grandes Padres de la Iglesia a煤n indivisa? Ciertamente, tambi茅n en su tiempo, como hemos visto, hab铆a contrastes incluso grandes y dolorosos, debidos a errores doctrinales y a otros muchos factores. Pero, al mismo tiempo, era fuerte la necesidad de volver a la comuni贸n de fe y de vida eclesial. El testimonio de Ambrosio, considerado en esta perspectiva, puede dar una contribuci贸n notable a la causa de la unidad. Por lo dem谩s, tambi茅n en esto su conmemoraci贸n coincide con uno de los objetivos principales del camino hacia el jubileo del a帽o 2000 108 .
En efecto, el valor ecum茅nico de su personalidad presenta varios aspectos dignos de consideraci贸n. Basta pensar, por lo que respecta a la dimensi贸n m谩s estrictamente doctrinal, en las n铆tidas formulaciones cristol贸gicas del Pastor de Mil谩n, traducidas y apreciadas tambi茅n en el 谩mbito griego y en los concilios de los siglos V y VII, y que explican la estima de que Ambrosio goza a煤n hoy entre nuestros hermanos de Oriente. Incluso su grandiosa figura de obispo de la ciudad imperial, en actitud leal pero nunca servil ante los poderosos, explica la atenci贸n que la historiograf铆a bizantina le ha prestado y que, junto con la estima por sus ense帽anzas, ha favorecido la permanencia de su culto en las Iglesias del Oriente cristiano, hasta nuestros d铆as.
No olvidemos tampoco que en el 谩mbito de la Reforma protestante se ha seguido mirando con admiraci贸n los escritos del Obispo de Mil谩n, reconociendo en 茅l un maestro dotado de la gracia de la ense帽anza y de gran cultura.
30. Pero hay m谩s: Ambrosio dej贸 una clara ense帽anza sobre las relaciones que la Iglesia debe mantener en el di谩logo con los no cristianos. Es esclarecedora al respecto la exhortaci贸n que dirige a sus fieles recomend谩ndoles que 芦no rehuyan el trato de los que se han separado de nuestra fe y de la comuni贸n con nosotros, porque tambi茅n los paganos, una vez convertidos, pueden llegar a ser defensores de la fe禄 109 .
Un interesante tratado de los diversos aspectos del problema se encuentra en la Expositio evangelii secundum Lucam, donde se presenta una clara s铆ntesis de los m茅todos de evangelizaci贸n de su tiempo en relaci贸n con los paganos, los jud铆os y los catec煤menos 110 .
A estos criterios se aten铆a el Obispo de Mil谩n en su catequesis, que ejerc铆a sobre los oyentes una singular fuerza de atracci贸n. Muchos la experimentaron. La lejana Fritigil, reina de los Marcomanos, atra铆da por su fama, le escribi贸 que quer铆a ser instruida por 茅l en la religi贸n cat贸lica, y recibi贸 como respuesta una 芦espl茅ndida carta en forma de catecismo禄 111 .
Aunque nuestros tiempos sean diferentes, su ejemplo puede a煤n suscitar inter茅s y atraer a personalidades preocupadas por el futuro de la humanidad, incluso fuera de las Iglesias y denominaciones cristianas, por el prestigio de cultura sagrada y profana, de amor al hombre, de firmeza contra las injusticias y las opresiones, de coherencia gran铆tica en la doctrina y en la praxis que, a煤n en vida, le granjearon un reconocimiento general.
31. En la perspectiva de la preparaci贸n para el jubileo, he sugerido que en el a帽o 1997 se contemple tambi茅n el misterio de la maternidad divina de Mar铆a, ya que 芦la afirmaci贸n de la centralidad de Cristo no puede separarse del reconocimiento del papel desempe帽ado por su sant铆sima Madre禄 113 . Ambrosio fue un refinado te贸logo y cantor inagotable de Mar铆a.
Ofreci贸 un retrato atento, afectuoso y detallado, describiendo sus virtudes morales, su vida interior, su dedicaci贸n continua al trabajo y a la oraci贸n. A pesar de la sobriedad del estilo, se trasparenta su c谩lida devoci贸n a la Virgen, Madre de Cristo, imagen de la Iglesia y modelo de vida para los cristianos. Contempl谩ndola en el j煤bilo del Magnificat, el santo Obispo de Mil谩n exclama: 芦Que en cada uno est茅 el alma de Mar铆a para glorificar al Se帽or; en cada uno est茅 el esp铆ritu de Mar铆a para exultar en Dios禄 114 .
32. Mar铆a, como ense帽a Ambrosio, est谩 completamente implicada en la historia de la salvaci贸n, como Madre y Virgen. Si Cristo es el perfume eterno del Padre, 芦con 茅l fue rociada Mar铆a y, permaneciendo virgen, concibi贸; siendo virgen, engendr贸 el buen olor: el Hijo de Dios禄 115 . Unida a Cristo, cuando el Hijo, ofreci茅ndose por amor, 芦colgado del tronco (...) difund铆a el perfume de la redenci贸n del mundo禄 116 , tambi茅n Mar铆a compart铆a esa efusi贸n de amor: 芦Ante la cruz estaba en pie la Madre, y mientras los hombres hu铆an, ella permanec铆a intr茅pida (...). Contemplaba con ojos de piedad las heridas de su Hijo, pues sab铆a que por 茅l llegar铆a a todos la redenci贸n (...). El Hijo pend铆a de la cruz y la Madre se ofrec铆a a los perseguidores (...). Sabiendo que su Hijo mor铆a por el bien de todos, ella estaba pronta, en el caso de que tambi茅n con su muerte hubiera podido a帽adir algo al bien de todos. Pero la pasi贸n de Cristo no tuvo necesidad de su ayuda禄 117 . La actitud de Mar铆a es la de una mujer fuerte y generosa, consciente del papel que se le encomend贸 en la historia de la salvaci贸n, dispuesta a cumplir su misi贸n hasta la ofrenda de su vida. Pero el Obispo de Mil谩n, que tanto la celebra y la ama, en ning煤n momento olvida que est谩 totalmente subordinada y en funci贸n de Cristo, 煤nico Salvador.
33. Amad铆simo y venerado hermano, a Mar铆a sant铆sima, a cuyo bendito nacimiento est谩 dedicada esa catedral, me complace encomendar el 茅xito del A帽o santo ambrosiano, que la ilustre Iglesia de Mil谩n se prepara a celebrar. Espero que sea para los fieles un intenso per铆odo de progreso interior en la fe, en la esperanza y en la caridad, siguiendo las huellas de su santo Obispo y patrono, contribuyendo as铆 a hacer que la vida de cada uno d茅 abundantes frutos de testimonio cristiano. A ese fin se orientan tambi茅n los favores espirituales especiales que enriquecen su celebraci贸n y que los fieles podr谩n conseguir con determinadas condiciones, abriendo su coraz贸n a la gracia del Se帽or.
Quisiera concluir esta carta con las mismas palabras que el Santo escribi贸 a la Iglesia de Vercelli: 芦Convert铆os todos al Se帽or Jes煤s. Est茅 en vosotros la alegr铆a de esta vida con una conciencia sin remordimientos, la aceptaci贸n de la muerte con la esperanza de la inmortalidad, la certeza de la resurrecci贸n con la gracia de Cristo, la verdad con la sencillez, la fe con la confianza, el desinter茅s con la santidad, la actividad con la sobriedad, la vida entre los dem谩s con la modestia, la cultura sin vanidad, la sobriedad de una doctrina fiel sin el aturdimiento de la herej铆a禄 118 .
Con estos deseos le imparto complacido a usted, venerado hermano, a los obispos sus colaboradores, a los sacerdotes y a los di谩conos, a las personas consagradas, as铆 como a todos los fieles laicos de esa arquidi贸cesis, que toma el nombre de su patr贸n, una bendici贸n apost贸lica especial, propiciadora de toda anhelada gracia celestial.
Vaticano, 1 de diciembre de 1996.
IOANNES PAULUS PP. II
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