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Mons. Manuel Larraín E., Mons. Manuel Larraín. Escritos completos.
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La Iglesia en Latinoamérica

¿Sería exagerado afirmar que la relación de Mons. Larraín con la Iglesia Latinoamericana guarda semejanza con la de los "Padres de la Iglesia" respecto a la Iglesia universal?

¿Qué es un "Padre de la Iglesia"?

El término "padre de la Iglesia" ha llegado a ser clásico y a tener un sentido técnico muy preciso.

Así como un "padre de la patria" es alguien que contribuye a un nivel sobresaliente a formarla, a darle su fisonomía espiritual y a imprimirle su orientación definitiva, de tal modo que encarna en su persona el ideal de ciudadano de toda época, así también, un "padre de la Iglesia" es alguien que en los primeros alias de vida de ella -en su infancia, podríamos decir- contribuye de manera significativa a formarla, a configurar su rostro espiritual, a enriquecerla con abundante alimento doctrinal, donde pueda nutrirse sólidamente en el futuro y a señalarle, con sus palabra, su actitud y sus escritos, el camino que ha de seguir.

Tal fue el caso de Ignacio de Antioquía, Clemente de Alejandría, Agustín de Hipona y tantos otros.

Y si este es el concepto de "padre de la Iglesia", ¿no es legitimo pensar en "padres de las iglesias particulares", especialmente cuando éstas nacen -como en el caso de América Latina- quince siglos después de otras? ¿No avala nuestra hipótesis la distinción, universalmente aceptada, entre "Padres griegos" y "Padres latinos", es decir, Padres que engendran la Iglesia única en los mundos griego y latino, respectivamente.

Si bien no es usual en el magisterio eclesiástico nuestro término ("Padre de Iglesias particulares"), distingue y reconoce, si, a las Iglesias particulares en relación con la Iglesia universal:

"Por su parte, los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a base de las cuales se constituye la Iglesia católica, una y única" 475 .

Pareciera que el poder seductor y el lugar de respeto que ocupara y ocupa Monseñor Larraín en la Iglesia de Chile y de América Latina -a nivel de Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos- no fuera sino el reconocimiento en su carisma de rasgos de "Padre de la Iglesia en Chile y América Latina.

Se hacen necesarias, sin embargo, dos precisiones:

La primera, es que la calidad de "Padre de la Iglesia en Chile y América Latina" que hemos pretendido justificar en Monseñor Larraín no excluye a otros "padres", como la calidad de Padre de la Iglesia universal no es excluyente y san Ireneo no minimiza ni excluye a san Cirilo o a san Jerónimo.

La segunda, es que tales rasgos de paternidad respecto a la Iglesia en América Latina aparece hermanada, con singular equilibrio, con una apertura, adhesión irrestricta y amor a la Iglesia universal, encarnando también en esto, las palabras del Concilio:

"Pero en cuanto miembros del Colegio episcopal como legítimos sucesores de los Apóstoles, todos y cada uno, en virtud de la institución y precepto de Cristo, están obligados a tener por la Iglesia universal aquella solicitud que, aunque no se ejerza por acto de jurisdicción, contribuye, sin embargo, en gran manera al desarrollo de la Iglesia universal" 476 .

Al hacer esta pequeña introducción hemos usado frecuentemente expresiones condicionantes como "ta lvez", "quizá" y otras semejantes. La razón de ello es que carecemos todavía de la sistematización de los escritos de Mons. Larraín y sobre todo de la perspectiva que sólo el tiempo puede dar para apreciar el efectivo influjo doctrinal de alguien en las generaciones eclesiásticas.

Por eso, la calidad de "Padre de la Iglesia en América Latina" que nos parece poder reconocer en este obispo, tiene un carácter hipotético. Nos parece, sin embargo, que es una hipótesis procedente para intentar interpretar "el caso Manuel Larraín".

COLABORACION EN EL CAMPO DEL APOSTOLADO EN AMERICA LATINA 477 (VII-VIII-1955)

La sensible ausencia de esta Conferencia del Exmo. Cardenal Caggiano 478 , ha hecho que la Comisión Organizadora distribuya entre el Exmo. Mons. Barbieri 479 y el que suscribe, el tema del Sr. Cardenal de Rosario: "Colaboración en el campo del apostolado en América Latina".

Lamentando que no sea la autorizada voz del ilustre Purpurado argentino, sino la modesta y deficiente mía la que aborde este tema, entro a esbozar algunas ideas en la parte que me ha sido asignada.

El Exmo. Arzobispo de Montevideo, en la primera parte de este estudio, ha señalado con clara visión y honda experiencia "las lagunas de orden general en el apostolado, a subsanarse por la mutua colaboración". Me concretaré a mostrar, siguiendo el mismo plan del Exmo. Mons. Barbieri, los remedios que, por la mutua colaboración, pueden ofrecerse.

I. Posición misionera

Necesidad de formar en el clero y fieles un sentido más profundamente apostólico. He aquí el primer problema que Mons. Barbieri presenta como base a la colaboración en el campo apostólico. Dicha necesidad, que a mi juicio se expresa en una posición o estado de misión, fluye lógicamente de dos hechos que en el curso de esta Conferencia episcopal se han anotado. Es el primero, la realidad católica de América Latina. El segundo, es la comprobación que esos católicos no influyen realmente como -católicos en el seno de las instituciones en que actúan (vida profesional, sindical, cultural, política) ni en los ambientes sociales donde viven. Como consecuencia de estos dos hechos, aparece la desproporción evidente entre el número de católicos y su influencia en el ambiente. Por falta de un sentido de responsabilidad y sensibilidad apostólica, hay muchos católicos que no ocupan su puesto en la labor apostólica de la Iglesia.

Esa posición misionera consiste, a mi entender, en la conciencia viva que debe existir entre el clero y fieles de que nuestra labor apostólica no debe partir tanto de la base de conservar un mundo cristiano protegiéndolo de contaminaciones que lo debilitan, cuanto de cristianizarlo por un espíritu misionero de conquista y de penetración. "Operando custodire" 480 .

La extraordinaria labor misionera de España y Portugal en América Latina nos muestran en su hondura, extensión y rapidez la fuerza conquistadora de una posición de misión. Sería interesante estudiar más a fondo si la sustitución de esa labor misionera por una conciencia, quizás prematura, de Iglesia establecida no ha orientado excesivamente nuestro catolicismo latinoamericano en su sentido de conservación y preservación, dejando así sin penetrar grandes sectores que han sido invadidos por ideologías anticristianas.

Posición misionera, que, como Mons. Barbieri indica en su trabajo, debe ser dada al clero, auxiliares del clero y seglares y que, al hacerse en forma conjunta en toda América Latina, establecería la primera base o criterio fundamental en el apostolado.

Sin pretender entrar en el detalle de esa formación que ya ha sido tema de otras ponencias, creo sí conveniente señalar como una posición misionera el remedio a tres grandes peligros o escollos del apostolado sacerdotal que yo denominaría: el burocratismo, el enquistamiento y el absolutismo. El primero, que hace que la parroquia se transforme en una oficina, "la burocracia de lo espiritual"; el segundo, que hace que el sacerdote se rodee de un grupo de dóciles y fervorosos fieles y se olvide de las "alias oves quae non sunt ex hoc ovili" 481 y de las cuales el Evangelio y el Canon 1350 del C.J.C. le dice que debe preocuparse en forma preferente; el tercero, que hace que el sacerdote quiera hacerlo todo personalmente y olvide que su función pastoral es la de ser formador de apóstoles. La posición misionera condiciona así la propia formación sacerdotal dándole el verdadero sentido apostólico, que está en la esencia de su espiritualidad sacerdotal.

Esa misma posición misionera hace que los "Auxiliares del clero" tomen en la formación apostólica del laicado toda la vasta tarea que les corresponde. Cabe preguntarse con el Exmo. Mons. Suenens: "¿responden a todo lo que podría esperarse de ellos desde el punto de vista apostólico en este siglo XX?"

Del mismo modo, la posición misionera orienta la formación apostólica que debemos dar a nuestro laicado. S. S. Pío XII en su alocución a los predicadores de Cuaresma de 1954 resume esta labor en tres puntos; descubrir almas de apóstoles; formarlos en la acción ("fabricando fit faber") 482 y dirigirlos, no en el sentido de absorber su acción, sino inspirando y animando su actividad.

II. Plan pastoral

La similitud de problemas de una parte, la interdependencia social de otra y especialmente la posición misionera que acabamos de señalar, debe llevamos a un segundo punto práctico de colaboración, a saber, el establecer directrices pastorales comunes, no como un código exhaustivo de todos los problemas pastorales, sino como líneas generales destinadas a resolver con criterio uniforme los graves problemas apostólicos de la época presente. No se trata, en consecuencia. de establecer preceptos ya contenidos en el C.J.C. 483 , en los Concilios Plenarios, Sínodos o Decretos episcopales, sino el fijar criterios generales que inspiren las principales actividades de la vida pastoral. Ese Directorio pastoral que esta Conferencia no alcanza a elaborar, pero cuya realización posterior sería, a mi juicio, uno de sus más ricos frutos, responde a tres necesidades urgentes:

1. Dar una visión conjunta de los problemas que nuestro tiempo ofrece.

2. Tener frente a esos mismos problemas criterios comunes de solución.

3. Adaptar a las condiciones temporales de este tiempo la misión que la Iglesia nos ha confiado.

III. Aislamiento

El peligro más grande que amenaza a América Latina, dice en su trabajo el Exmo. Mons. Barbieri, es el aislamiento en que realizamos nuestra labor apostólica".

Su causa hay que buscada en una exceso de individualismo proveniente de un sentido de Iglesia. En el campo del apostolado se caracteriza por un interés excesivo en mirar su propia obra sin proyectarla en el apostolado general de la Iglesia. Este problema comienza en el seno de cada Diócesis, se extiende a lo nacional y se proyecta en el campo de la vida interamericana e internacional.

Su remedio está en recordar lo que S. S. Pío XII nos enseña en la Constitución Apostólica Bis Saecularis, a saber, que el campo apostólico pertenece integralmente al Obispo. Aunque la labor apostólica sea múltiple y diversa, ella se unifica en la comunidad diocesana. Realizada esa unidad y formado hondamente el sentido de Iglesia será posible la colaboración amplia, generosa y fraternal en el campo interamericano.

La gravedad de los problemas que amenazan a América Latina y la íntima relación interamericana de ellos, que contribuye a aumentar su fuerza y a hacer más grave el peligro, nos están indicando la necesidad urgente de salir de este aislamiento en que hasta ahora nos hemos hallado.

IV. Soluciones

1. a) Fomentar intercambio de seminaristas entre los principales Seminarios de las diversas naciones, lo que crea relaciones muy hondas entre el clero de diferentes países. Hay numerosas experiencias al respecto.

b) Fomentar las reuniones sacerdotales alrededor de diferentes Congresos. Los Congresos de la C.I.E. por ejemplo ha ido creando una honda y sólida unión entre los educadores de América Latina.

c) Reuniones y Congresos del laicado Católico. Pueden citarse como ejemplo las tres semanas interamericanas de Acción Católica, especialmente la última de Chimbote (Perú), que ha producido un extraordinario acercamiento entre las diferentes Acciones Católicas de nuestro Continente.

d) El intercambio de revistas y publicaciones entre los diversos órganos de publicidad.

e) El establecer entre las radios más potentes del Continente horas radiales destinadas a tratar problemas que nos son comunes.

f) El Secretariado Interamericano de Acción Católica, con sede en Santiago de Chile, iniciará a partir del próximo mes de octubre la publicación de un Boletín informativo al servicio de toda la A. C. de América Latina.

2. Organización Permanente:

a) Importancia de establecer los organismos de O.I.C. en todos los países de América Latina. En la Conferencia anual de la O.I.C. que acaba de celebrarse en esta Capital, con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional, se acordó dirigirse a todos los Exmos. Primados y Arzobispos de las Capitales de estas Naciones, solicitando respetuosamente el nombramiento en cada nación de una persona encargada de poner en contacto las diferentes O.I.C. con las organizaciones correspondientes de cada país.

b) Tanto el Exmo. Mons. Barbieri como el que suscribe, hemos presentado en las otras ponencias que nos han sido encomendadas, un proyecto de organización definitiva de un Organismo permanente, encargado de promover la colaboración interamericana en los diversos campos del apostolado especialmente en el intelectual, de Acción Católica y Social.

CENTENARIO DEL PIO LATINO 484 (20-XI-1958)

Un recuerdo que nos arraiga en la tradición. Una misión que nos enfrenta a la realidad. He aquí el alto significado de esta centenaria conmemoración.

La celebramos en una inmensa comunidad de afectos, donde se mezclan la plegaria por los que partieron, con el abrazo fraterno de los que aquí nos reunimos, la gratitud hacia los maestros que nos formaron con la añoranza de los compañeros lejanos, el vínculo sacerdotal de amistad que une a los antiguos alumnos con los que ahora pueblan sus aulas: la alegría común que embarga a los de ayer ya los de hoy, al sentir hecha realidad en nuestra historia centenaria el verso de Ovidio: "sicut cursores, vitae lampades tradunt" 485 ; y el percibir en este instante la plegaria común que brota de todos los ángulos de nuestro continente y que reúne espiritualmente en Roma a la dilatada familia del Pontificio Colegio Pío Latino Americano.

Un recuerdo que nos arraiga a la tradición.

Desde la cima de 100 años nos detenemos a contemplar el camino recorrido.

Es la rica visión de nuestra historia. Es el misterioso diseño donde se mezcla el esfuerzo del hombre y la paciente providencia de Dios. Es la jornada larga donde los ideales se funden en sacrificios, las inquietudes germinan en apostolado, las angustias se tornan en consuelos y los cielos de estaño se abren en vastos horizontes de azul.

Y de esa historia imperceptible y lenta, como todo crecer de la vida, surgen las figuras señeras de los que hicieron realidad este amoroso plan de Dios para América Latina.

Con emoción filial las evocamos en esta hora. Se llaman Pío Nono, Ignacio Víctor Eyzaguirre, la Compañía de Jesús.

Sobre la América Latina había sonado la hora histórica de su independencia. En el acerbo espiritual que España y Portugal le legaran, había tres valores que constituirían para siempre la rica veta de su auténtica vida cristiana: la Eucaristía, María Inmaculada y el Romano Pontífice.

"Pasearon el Corpus por nuestros solares los hombres que luego fundaban ciudades... ".

Y desde la Catedral de piedra a la humilde capilla de aldea, de la altiplanicie andina a la vasta pampa o sábana, desde la plegaria hogareña a la inmensa multitud reunida, la América Latina sigue cantando el salmo de sus grandes amores:

"Alabado sea el Santísimo

Sacramento del altar

y la Virgen concebida

Sin pecado original".

Los pueblos avanzan y crecen en el curso histórico que la Providencia les traza. La Independencia política de la América Hispana no podría separamos de estos valores esenciales que constituyen el alma de nuestras nacionalidades.

Junto a la Eucaristía y a la Inmaculada, era menester que estuviera la Cátedra de Pedro. La triple y grande devoción esculpida en el corazón de nuestra América, y que nunca acabaremos de agradecer a las grandes fuerzas evangelizadoras de España y Portugal.

Y Roma vio llegar un día una delegación que pudo quizá parecerle extraña. La presidía un sacerdote, el ex-párroco de Talca, José Ignacio Cienfuegos, que en nombre del Director Supremo de Chile, D. Bernardo O'Higgins, pedía, junto con el reconocimiento de la joven nación, la reconstitución de la Jerarquía que la guerra de la Independencia había dispersado.

La respuesta de Roma al primer grito filial de América independiente no podría faltar.

Tiempo después zarpaba de Génova un velero llevando a bordo la primera misión pontificia a América Latina, presidida por el Exmo. Mons. Muzzi, a quién acompañaba un joven sacerdote, Juan María Mastai Ferreti.

Misión larga y penosa, no coronada aparentemente por el éxito humano y que sin embargo permitió al futuro Pontífice entrar en íntimo contacto con varias naciones de nuestra América, conocer nuestra realidad, apreciar nuestros valores, palpar nuestros problemas y entrever en la lejanía el aporte magnífico que esas tierras significaban para el futuro de la Iglesia, tal como Bolívar había trazado en el Congreso de Angostura, su sueño de la grandeza americana.

Ha corrido la historia y el joven secretario Mastai Ferreti ha pasado a ser en el solio de Sn. Pedro, S.S. Pío IX. Será para la posteridad el Papa del "Syllabus" que se enfrentó a los errores modernos, el de la iniciación del Concilio Vaticano, que define la infalibilidad pontificia, el de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, pero seguirá siendo siempre para nosotros el Papa del Colegio Pio Latino Americano.

Y mientras Pío IX va escribiendo una de las grandes páginas de la Iglesia, por los caminos de Dios, avanza para bien de un Continente, el hombre que ha de concebir y realizar esta obra. Se llama José Ignacio Víctor Eyzaguirre. Un hogar de recia tradición cristiana ha mecido, en Santiago de Chile, su cuna. Las figuras apostólicas de Mons. Alejo Eyzaguirre 486 . Y del Arzobispo Valdivieso 487 han impulsado en amplio sentido misionero su juventud. El forjador de la democracia chilena, su tío materno D. Diego Portales 488 , le ha enseñado el valor de las grandes realizaciones.

Sólo falta que suene para su obra la hora de Dios.

Y ella llegó como siempre, por el sendero de la cruz. A los doce años de un sacerdocio ejemplar dedicados a la predicación y a la redacción de numerosas obras de apologética, los problemas políticos de su patria lo ponen en una difícil situación que lo deciden a alejarse del país por un tiempo indefinido.

Largo y difícil viaje que él proyecta para escribir su libro "El Catolicismo en presencia de sus disidentes", pero que en el plan de Dios va a servirle para conocer la situación religiosa y social de la mayor parte de los países de América Latina. Una mirada amplia y un corazón de apóstol le hace comprender los males espirituales que se ciernen sobre este Continente, las esperanzas que ahí se encierran, los peligros que le amenazan, y la solución que es necesario cuanto antes realizar.

Y un mes de enero de 1856, Pío IX recibía personalmente de manos de Eyzaguirre el memorial en que se proyectaba su obra y se ofrecían los medios para su realización. De ese documento, que para el Colegio Pío Latino Americano significa como el acta de nacimiento, entresacamos los siguientes párrafos que, juzgamos sería grave no recordar este día. Ella nos da magnífica síntesis de la mirada larga, el realismo profundo y el corazón apostólico de nuestro Fundador.

"El presbítero José Ignacio Eyzaguirre -dice- de la República de Chile, expone a Vuestra Santidad que, después de conocer prácticamente el estado del clero en diversas provincias de la América española y portuguesa, así como también la poderosa influencia que ejerce sobre el pueblo cristiano que dirige, cree que sería un servicio muy oportuno y ventajoso para la Iglesia Católica el que se prestase estableciéndose en la metrópolis del catolicismo, un Seminario donde los jóvenes más aventajados entre los que se disponen a abrazar la carrera eclesiástica, viniesen a hacer sus estudios de Filosofía, Teología y Jurisprudencia, bajo la misma constitución dada por Vuestra Santidad para su nuevo Seminario Pio".

"Más no sería éste solamente -añade- el bien que ha de producir este establecimiento, hay otro todavía, y de mucha trascendencia: tal es la colocación que los Obispos darían en los Seminarios Diocesanos a los educados en Roma, los cuales amoldarían la doctrina, opiniones y costumbres del clero por las que ellos mismos habrían aprendido en la escuela de Roma.

"Si algún país en el mundo -continúa- necesita estrechar más y más sus vínculos de unión con el centro de la unidad católica, es sin duda alguna la América, por ser la más distante por su situación geográfica, y la más expuesta a recibir las influencias de las malas pasiones, por encontrarse con menos arbitrios para resistirlas",

"Si este pensamiento, que el exponente humildemente somete a Vuestra Santidad, merece su aprobación, con el auxilio de Dios será llevado a su fin. Con este objeto el infrascripto podrá, a su costo, volver a la América y hablar a los Obispos de México, Centro América, Nueva Granada, Venezuela, Brasil, Provincias Argentinas, Chile y Perú, para recabar de ellos su cooperación para este proyecto",

"No se oculta al exponente que esta corta erogación que se pedirá a los Obispos de la América Española e Imperio del Brasil no pueden satisfacer las exigencias del establecimiento que se proyecta pero, existen también las oblaciones que ofrece para esta santa obra un eclesiástico y las que con seguridad puede creerse que no faltarán".

Ese eclesiástico era el propio Mons, Eyzaguirre que entregaba a la Santa Sede su herencia paterna, que continuaría recogiendo para el Colegio que fundara gruesas sumas entre sus familiares y amigos, que bajo la autorización expresa de Pío IX volvería a recorrer en largo, accidentado y penoso viaje toda la América Latina, que retornaría a Roma en enero de 1858 a dar cuenta al Sto. Padre de su misión, trayendo los primeros alumnos; que seguiría velando sobre el Colegio como su ángel tutelar, y después de cumplir una misión pontificia como Agregado papal ante los gobiernos de Ecuador, Perú y Bolivia, retornaría a continuar silenciosamente en su diócesis de Santiago de Chile, su apostólico ministerio sacerdotal.

Años más tarde, en 1875, después de visitar por última vez la obra que creara, partía en peregrinación a Tierra Santa. En el camino lo esperaba la corona que el justo Juez tiene preparada a los que saben pelear el buen combate de Cristo. Frente a la rada de Alejandría falleció el 16 de noviembre de 1875.

El inquieto peregrino reposará en la vasta inmensidad del mar. Ni su patria ni su colegio pudieron guardar sus cenizas. Pero un monumento "aere perennius" 489 más duradero que el bronce levanta su figura como un símbolo viviente de la devoción y de la fidelidad que unen en vínculo indisoluble a América Latina con el Pontificado Romano.

Ante las veneradas figuras de Pío IX y de Ignacio Víctor Eyzaguirre sentimos como perentorio mandato resonar en esta hora la palabra del Libro Santo: "Laudemos Viras gloriosos et parentes nostros in generatione sua" 490 .

Junto a ellos es menester pronunciar con inmensa gratitud otro nombre: la Compañía de Jesús.

Ella hizo posible que el sueño de los fundadores fuera realidad. Ella, durante 100 años, ha velado con afán y solicitud por cumplir la tarea de inmensa responsabilidad que la Santa Sede y la confianza del Episcopado Latinoamericano han puesto en sus manos.

Quisiera en esta hora poder pronunciar uno por uno los nombres de sus Rectores, profesores, directores espirituales y hermanos coadjutores, que en ininterrumpida serie han consagrado con admirable devoción sus mejores energías a nuestro Colegio, pero en la imposibilidad de hacerla, deseo ser intérprete ante el Rvdmo. Padre General, de la gratitud honda y del recuerdo perenne que la familia piolatina guardará siempre para con la Compañía de Jesús.

Pero, señores, no hemos venido tan sólo a recordar los viejos tiempos idos y a cavar en el rico suelo de nuestra historia centenaria, sino también a enfrentamos a la realidad de la misión que Dios ha querido confiar a nuestro Colegio; la de ser en América el forjador de un auténtico sentir romano. Es su razón de ser y su gloria.

Es la respuesta que a través de cien años damos hayal sueño visionario de nuestros fundadores.

La faja azul piolatina es la enseña de un ideal imperecedero que se llama la "romanidad".

Más que definir la "romanidad", es menester vivirla. Ella expresa el misterio de la Iglesia, bebido en su fuente; ella descubre el destino providencial de Roma, escrito en sus monumentos; ella nos engarza al dinamismo de la Redención que avanza, jalonado en la historia de los pontífices; ella nos apremia a la tarea evangelizadora, en el ímpetu sagrado que brota de su cátedra infalible; ella nos da el sentido de su maternidad espiritual que nosotros aprendimos a cantar, más que con los labios, con la vida:

"O Roma, nostris cordibus
Versaberis dulcissima:
erisque semper omnium
parens, magistra, patria" 491 .

Desde los oscuros laberintos de sus catacumbas a la grandiosa cúpula de Miguel Angel; del silencio misterioso de sus templos románicos al esplendor de la gloria de Bernini; de las tumbas de los apóstoles al sepulcro moderno de san Pío X; de las obras de arte que van acusando luces y sombras del elemento humano, a las huellas de sus peregrinos que, en marea constante de veinte siglos han llegado a buscar firmeza junto a la Roca eterna, Roma sabe dar a los que la comprenden y la viven el agudo sentido del mundo que pasa y de la Iglesia que permanece.

Quiso el Señor hacer providencialmente de Roma la encrucijada de la historia humana y el eje de su plan divino, precisamente para darnos aquí la lección de nuestra doble presencia, al crecer del mundo y al expandirse de la Iglesia.

Y desde este suelo, donde cada civilización deja su huella y donde, sobre el pasar de los siglos, se va discerniendo el plan de Redención, el Pío Latino fue señalando a sus alumnos el destino de nuestra tierra americana y la misión que en ella, le cabe a la Iglesia desarrollar.

Es el nuevo mundo en cuyo seno corre potente la savia cristiana que lo impulsa a los más altos ideales, pero que al mismo tiempo se enfrenta a la seducción de los grandes peligros ideológicos y morales que lo acechan.

Ese mundo, nos dijo Roma en su lección secular, hay que enfrentado misioneramente. Una pastoral de mera preservación no basta para salvado. En ningún sitio como en Roma se contempla mejor a la Iglesia, expresión histórica del movimiento salvador de Dios para la humanidad, y se percibe que hay que estar presentes a las inquietudes y anhelos, al dolor y a la angustia de nuestros pueblos, para llevarles la respuesta legítima que sólo ella es capaz de otorgar. Y, fieles a esa misión, han ido esparciéndose en cien años por tierras americanas, las generaciones de piolatinos portadores del mensaje que Roma les entregaba.

Era el mensaje de la unidad.

El que, en palabras de san Cipriano, como consigna y lema. Se leen en el corazón de la Basílica Vaticana: "Hinc, sacerdoti unitas, exoritur..." 492 . Y mientras ese mundo nuevo crecía y se desarrollaba, mientras surgían ciudades y se multiplicaban sus fábricas, mientras un afluir constante de razas diversas poblaba sus vastas extensiones, los piolatinos iban en tierras americanas, tejiendo con lazos cada vez más fuertes y vitales, el vínculo de la unidad en la fe, en la adhesión y en la obediencia a la Sede, "cabeza y madre de todas las Iglesias del orbe".

Era el mensaje de la santidad.

El que nos dice en sus costumbres que el crecer de la Iglesia es un crecer de vida divina en las almas; el que nos atestigua en el Circo y en el Coliseo que el martirio es su salmo de gloria; el que nos narra la virtud heroica de los que pasaron por este suelo sacro, sin otra mira que el amor a Cristo expresado en la inmolación al servicio de los miembros de su Cuerpo Místico.

Y ese Mensaje que brota de Roma responde a una vocación de santidad que Dios ha querido señalar a nuestras tierras americanas.

Es el llamado que nos viene en la alborada de nuestra existencia en la sonrisa maternal de María de Guadalupe.

Son las primicias de santidad que florecen en Rosa de Lima 493 y en Mariana de Quito 494 . Son las rosas de sangre de Felipe de Jesús, el Padre Pro 495 y Salvador Montes de Oca 496 . Es el testimonio heroico y silencioso del abnegado clero salido de nuestros seminarios diocesanos y que en estrecha unión con nuestros piolatinos, han sabido dar a nuestros pueblos el argumento definitivo e irredargüible de la santidad sacerdotal. No se ha escrito, y quizás sería imposible escribirlo, el poema de abnegación y sacrificio, de desinterés y celo, de inmolación humilde y callada de nuestro clero latinoamericano.

Lo sabe la pampa y el altiplano, el valle andino y la escabrosa sierra, el lejano villorrio y la ciudad populosa. Lo saben los humildes, que en la figura de sus sacerdotes han sentido como una sombra de la paternidad divina, y que en su sencillo lenguaje lo siguen llamando el Tata Cura.

Qué dulce es el poder, aquí junto a la casa del Padre, envolver en un común homenaje a la familia piolatina y a los sacerdotes salidos de nuestros seminarios diocesanos.

Con qué honda emoción evocamos en este instante junto a las figuras veneradas de esos ex alumnos ejemplares de nuestro Colegio. Un Agustín Boneo y un Francisco Orozco, un Rafael Guizar o un Ismael Perdomo, un Cardenal Lemeo o un Mariano Soler, un Gilberto Fuenzalida o un Víctor Sanabria; las de tantos otros sacerdotes ejemplares formados en nuestros seminarios; un Sinforiano Bogarin o un Federico Gonzáles Suárez, un Cura Bochero, un Carlos Casanueva 497 , o un Jacinto Vera; los que en su vida nos muestran haber dado la respuesta eterna de la Iglesia a los problemas cambiantes de su tiempo.

De sus existencias ejemplares brota la lección inolvidable que nos repite, como en permanente programa, que la gloria del sacerdote no es ni el aplauso lisonjero, ni el éxito humano, sino la fidelidad hasta el sacrificio en la misión que la Iglesia le confía.

La voz de san Pablo nos advierte que "lo que se pide entre los administradores, es que sean fieles..." 498 .

Como el labrador que recoge gozoso las gavillas de la simiente que sembró con lágrimas, el Colegio Pío Latino siente en este 21 de noviembre de 1958 haber hecho fructificar el germen que hace cien años la Iglesia le entregara.

Pero siente al mismo tiempo que esa misión, lejos de terminar, continúa en apremiante actualidad.

La Iglesia en América Latina se enfrenta a una etapa decisiva de su desarrollo. Mientras la técnica va realizando en proporción gigantesca su unidad material, aparece aún en forma más urgente para la Iglesia la tarea de afianzar su unidad espiritual.

En un continente que avanza vertiginosamente, es necesario que esa unidad marche al ritmo de la vida, dándole a la América Latina la estatura espiritual que su creciente desarrollo exige.

El cristiano debe saber en los signos de los tiempos, las disposiciones providenciales de Dios. Y nosotros sentimos que en el cuadrante de este siglo veinte está sonando la hora de América.

De aquí la actualidad del Colegio Pío Latino Americano.

El ha de seguir dando, en escuela de auténtica romanidad, el sacerdote del futuro que nuestro continente necesita.

Presente a la realidad de América, a sus transformaciones sociales, al dolor de sus pueblos, ya las inquietudes de las nuevas generaciones; con un hondo sentido de Iglesia que sepa imprimir a cada una de sus empresas el dinamismo de la obra redentora; unido filialmente a la Cátedra de Pedro, a su querer, a su sentir y a sus iniciativas; con la audacia conquistadora del apóstol, con la firmeza de quien se apoya en principios eternos, con la serenidad de quien mira los acontecimientos sabiendo que Dios avanza entre las turbulentas aguas de la historia; el Pío Latino renueva en esta fecha su misión no interrumpida de dar el mensaje evangélico de la esperanza que empuja a América hacia sus altos destinos.

Por la memoria de nuestros grandes muertos, por las necesidades angustiosas e impostergables de nuestros pueblos en el presente, por el destino espiritual de sus hijos, seamos dignos del mandato imperativo de estrechar la unidad que Roma nos señala a la inmensa multitud que puebla nuestra América.

Factor de esta unidad ha sido, es y será nuestro Colegio.

Dios lo suscitó hace cien años para bien de todo un continente.

Dios quiera mantenerlo en el futuro para bien de toda la humanidad.

INMENSO CARIÑO DEL PUEBLO ECUATORIANO POR CHILE 499 (X-1958)

Accediendo a la gentil invitación del Arzobispo de Guayaquil, Excmo. Mons. Cesar Antonio Mosqueray, a la del Comité Organizador del Congreso que tuvo la gentileza de enviarme los pasajes, concurrí al 11º Congreso Eucarístico que la Nación Ecuatoriana ha celebrado.

Este Congreso se caracterizó por la presencia de Prelados de todas las Naciones de América Latina. El Cardenal Primado de Colombia y 16 Obispos de ese país. Los Arzobispos de Caracas, Panamá, Trujillo (Perú), Córdoba (Argentina) y numerosos Obispos de otras naciones se contaban ente los concurrentes.

Tuve el honor de hablar el día de la juventud. El Congreso tuvo actos de extraordinarios fervor como la concentración de los hombres, donde más de 70 mil hombres se encontraban en el campo eucarístico. También la de los niños, llamado “el día blanco” en que se calculaba sobre 80 mil niños de asistencia.

También la procesión final, presidida por el Cardenal legado Emmo.Mons. Carlos Morela de la Torre, de Quito, a la que asistió el Presidente de la Republica, Dr. Camilo Ponce, quien pronunció una hermosa alocución al término de la Misa Pontifical, acercándose también a comulgar en compañía del Vice-Presidente de la Republica, del Presidente de la Cámara de Diputados y Ministros de Estado.

Gran Progreso en Guayaquil:

Llama profundamente la atención el extraordinario desarrollo de la ciudad de Guayaquil, que en breves años ha pasado a ser una de las metrópolis mas importantes de la costa del Pacifico.

Del pequeño país que conocí hace 30 años, hoy nos encontramos con la magnífica ciudad que llega a cerca de 500 mil habitantes. Su comercio y edificios son realmente grandiosos.

A mi juicio, Guayaquil es una de las ciudades que progresan en forma mas rápida en la costa del Pacifico.

Inmenso cariño por nuestro país.

Es impresionante el inmenso cariño que en Ecuador se tiene por Chile. Me tocó asistir y presidir un acto desarrollado en la Escuela que lleva el nombre de nuestra patria, en la cual los alumnos entonaron hermosas canciones chilenas. Hay en Guayaquil una colonia chilena muy esforzada y que prestigia altamente a nuestra nación, presidida por el dignísimo Cónsul de Chile, D. Juan Zúñiga Arancibia, que goza de todo el aprecio de la colectividad.

Es muy grato para el chileno ver el aspecto con que en Ecuador se recuerda y sigue toda la vida de nuestro país, como también el influjo cultural del libro chileno que se ha especialmente difundido.

Quinta semana internacional de la Acción Católica.

Mi viaje duró 9 días, deteniéndome a mi regreso un día en Lima, donde me reuní con la Acción Católica Peruana, para estudiar el programa de la quinta semana internacional de la Acción Católica que deberá celebrarse en 1960 y que en mi calidad de Asesor Interamericano de dicho secretariado me corresponde organizar.

FUERZA FLAQUEZA DE LA IGLESIA EN AMERICA LATINA 500 (1960)

I. Ausencia de la iglesia en América Latina

Este trabajo puede a primera vista aparecer pesimista. Como se verá más adelante, no lo es. Pero su objeto es señalar precisamente los puntos débiles de nuestra pastoral y las ausencias de la iglesia de América Latina en varios aspectos de la promoción humana de nuestro Continente.

Como observación previa debemos señalar la ausencia de un plan pastoral explícito. Las diversas instituciones de carácter eclesiástico no aparecen entre sí debidamente coordinadas para una actuación armónica.

Nadie puede negar la existencia en América Latina de numerosas y florecientes obras apostólicas, pero es necesario confesar la independencia y falta de correlación de unas y otras.

Se impone con urgencia una autentica pastoral de conjunto concebida en términos claros y precisos y en forma bien concreta. Pastoral en el plano diocesano conforme a planteamientos nacionales e interamericanos en orden a la evangelización.

Pastoral que partiendo del Obispo llegue a todos los párrocos y sacerdotes, oriente al Seminario y Casas de Formación Religiosa, enrole a religiosos, religiosas, institutos seculares, movimientos apostólicos y obras pías, en la gran tarea de edificar el Reino de Dios. “El individualismo apostólico, mas que una indocilidad, es un error doctrinal”. 501

Se carece, en segundo termino, de una orientación pastoral que integre la acción de las instituciones seglares de inspiración cristiana con la acción directamente ministerial de la jerarquía en un mismo sentido comunitario de la vida, que sea capaz de promover y crear estructuras que permitan el desenvolmiento plenamente humano y cristiano del pueblo.

3. Falta una presencia activa y dinámica de los católicos (especialmente laicos) en los campos de paciencia y de la técnica que posean la autoridad científica que les da su preparación y sen capaces, por su formación doctrinal, de responder concretamente a los problemas morales que la misma ciencia y técnicas les propone. No basta una moral empírica. Hay que ponerla en contacto con las realidades humanas que vive el hombre de hoy y con los problemas futuros que el mismo desarrollo de la ciencia y de la técnica va presentando a la conciencia cristiana. Un dirigente jocista hacía esta pregunta a uno de sus asesores: “Vosotros nos decís, hay que prepararse para el mañana. Bien, ¿estáis vosotros preparados para el pasado mañana?”.

Faltan dirigentes cristianos, técnicos y doctrinalmente preparados, para hacerse responsables de la promoción humana en lo educacional, en lo económico, en lo social, en lo cívico, etc.

Damos con frecuencia formación religiosa, y en esto, a pesar de muchas deficiencias, hay que anotar grandes progresos, pero ¿la damos en la vida y en la función de la vida? Los cuadros de nuestra formación apostólica, ¿están en relación intima con la comunidad humana en que ese militante debe actuar?

Un espíritu apostólico desencarnado de las grandes realidades sociales en donde el hombre actúa, nos da una acción que no logra solucionar los grandes problemas del hombre y del mundo de hoy.

4. Falta en forma realmente trágica, el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia. No la enseñan la mayor parte de nuestros colegios católicos. No la aplica la mayor parte de los empresarios católicos. La resisten en la práctica, las clases dirigentes, que si bien son católicos en cuanto a la práctica religiosa, poseen una mentalidad típicamente liberal e individualista en cuanto a lo económico y social. El mismo clero en su mayor parte la silencia.

Existiendo ese desconocimiento de la doctrina social es lógico que tampoco va a poder actuarse con una ideología que defina los objetivos en su multiplicidad y los jerarquice.

Consecuencia necesaria de esto, es la división de los católicos en el campo de la política. Toda política responde a una ideología y es expresión de una doctrina. Falta, dentro de la libertad política, un movimiento cívico de base, tendiente a movilizar la buena voluntad de los ciudadanos en una antropología trascendente, histórica y culturalmente cristiana.

Mientras exista en el campo católico una ignorancia casi total de la doctrina social de la Iglesia, un criterio individualista y liberal para juzgar los problemas del trabajo y de la vida social y la carencia de una conciencia social que diga el cristiano su responsabilidad frente a los problemas de la sociedad, dándole conjuntamente la sensibilidad social que necesita, será muy difícil lograr el mínimo de unión que los católicos requieren para hacer frente a los problemas de la política.

La división política de los católicos no es ni un hecho circunstancial, ni solo producto de pasiones. Arranca de algo mas profundo que es lo que acabamos de señalar. La división es un efecto de la causa. Solamente remediando esa causa podrá solucionarse el problema.

Ausencia de la Iglesia en las estructuras sociales fundamentales y en la promoción de comunidades humanas.

La causa es la carencia de dirigentes cristianos para hacerse responsables de esa acción que ante todo y esencialmente corresponde a los laicos.

Esto trae consigo dos grandes pregunta: La Acción Católica y los movimientos de Latinoamérica, ¿realizan la labor más adecuada para afrontar los grandes problemas que plantea la crisis contemporánea? Todos estos movimientos apostólicos se dirigen principalmente a reclutar gente olvidándose de hacerse presentes en las estructuras sociales fundamentales.

La Iglesia y las obras apostólicas que Ella inspira y dirige, tiene que comprender la presión creciente en el hombre de hoy; la ascensión personal y colectiva. Si los planes y actividades apostólicas se basan en estos dos hechos poderosos del mundo actual, podrá la Iglesia estructurar y bautizar la América Latina del mañana: los planes y actividades, en cambio, hechos sin la comprensión de estos fenómenos, irán contra la corriente y no tendrán resultados. El rumbo que toma la sociología de hoy es el desarrollo de la comunidad.

La acción apostólica del laicado debe orientarse a formar los hombres técnicos doctrinales capacitados para realizar esa labor.

El mundo del mañana se hará con nosotros… o sin nosotros. Y al hacerse sin nosotros será contra nosotros.

La segunda pregunta, aunque muy breve por pertenecer más bien a otro tema, es la siguiente: los colegios apostólicos, ¿forman al hombre capaz de actuar apostólicamente en sus ambientes y trabajar por una promoción cristiana de la comunidad que hoy tanto se precisa? Es un serio examen que urge realizar.

Oportunidades de la iglesia en América Latina.

Seré aquí muy breve.

Existe un rico fondo de tradición cristiana, fruto de una gran evangelización misionera.

Existe en América Latina un alma religiosa abierta a todos los grandes valores del cristianismo.

Existe un sano deseo de evolución y mejoramiento social que puede ser ampliamente captado por la Iglesia.

La Acción Católica en sus cortos años de vida, pese a grandes dificultades, ha ido formando un laicado selecto, conciente y preparado.

Los esfuerzos del CELAM en sus breves cuatro años de existencia han mostrado todas las posibilidades que existen cuando se realiza una acción planificada, metódica y coordinada.

Se esta despertando fuertemente en los católicos en Europa y Norteamérica la conciencia de dar a la Iglesia de América Latina los medios para vitalizar fundamentalmente su acción.

La generación joven aparece mucho mas abierta a una sana evolución social

Los peligros que hace algunos años pudieron presentarse en los elementos católicos de tendencias democráticas cristianas, de una excesiva apertura hacia la izquierda, van prácticamente desapareciendo, y no es de temer reaparezcan, si la Jerarquía sabe darle asistencia espiritual y doctrinal en la forma comprensiva que necesitan.

La presencia de la Iglesia en la historia de América Latina no puede ser fácilmente borrada. Los pueblos esperan de Ella una solución a sus problemas; lo importante es que la Iglesia sepa recoger esas aspiraciones y darles una respuesta cristiana.

Por último, existen en ele clero y laicado de América Latina valores espirituales e intelectuales de primera fuerza, capaces de orientar los grandes movimientos sociales del continente.

II. Presencia de la iglesia en América Latina

Llegamos al último punto que será el resumen de los anteriores y constituirá las sugerencias positivas ante el problema de la penetración comunista en América Latina. Deseo reducirlas a pocas conclusiones, las que siguiendo el mismo proceso de la línea de penetración comunista nos digan los puntos vitales en los cuales debemos actuar.

Campo de la ciencia y de la técnica.

Dirigentes.

Doctrina.

Orientación de las obras apostólicas hacia los grandes campos de estructuración de la sociedad.

Formación del militante católico.

Visión del mundo futuro.

1. Campo de la ciencia y de la técnica

Apremiante necesidad de orientar a los mejores de nuestros católicos hacia los campos de la ciencia y de la técnica, proveyendo al mismo tiempo a una sólida formación doctrinaria.

Creación en cada país de Latinoamérica de centros de investigación, planificación, etc., que trabajen en conexión con todos los elementos que el trabajo científico requiere. De ahí saldrán los técnicos capaces de dar una respuesta cristiana a los múltiples y complejos problemas de hoy.

2. Dirigentes

Formar la convicción que tanto la Acción Católica y demás obras apostólicas como los establecimientos educacionales, deben procurar en primer término la formación de militantes. Sin dirigentes la masa es incapaz de actuar. El cambio actuará siempre en el sentido que el dirigente le indique.

Ese dirigente tiene una doble tarea: construir un mundo y divinizarlo. Comprender el sentido de lo temporal. Crear un mundo donde la vida cristiana sea posible y deseable.

De ahí la necesidad de formación sistemática de dirigentes seglares competentes para asumir las funciones que la sociedad humana requiere para su desarrollo y realización. Sin esa formación, la Iglesia no contar con una vida humana apta para progresar espiritualmente y recibir su influencia sobrenatural.

Creación de Institutos de dirigentes seglares, tales como los Institutos de la Vida Rural, que funcionan en Chile bajo la dirección de la Acción Católica Rural.

3. Doctrina

Tomar conciencia de la urgente necesidad de divulgar la Doctrina Social de la Iglesia y mostrar sus aplicaciones concretas en América Latina.

Que cada país cree, como su Jerarquía lo estime conveniente, un Organismo permanente par la celebración de Semanas Sociales Nacionales.

Que bajo la iniciativa y dirección del CELAM se organicen en forma sistemática a través de América Latina, Semanas Sociales Interamericanas. Pedir al Secretario del CELAM la redacción de un Manual de Estudios Sociales para los colegios católicos secundarios y escuelas universitarias.

Hacer obligatoria la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en todos los establecimientos católicos, y proponerla creación de Facultades de Ciencias Sociales y Económicas en las Universidades Católicas de América Latina.

Pedir, por medio de los organismos correspondientes, la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en las Casas de Formación Religiosa.

4. Orientación de las obras apostólicas hacia los grandes campos de estructuración de la sociedad

Importancia vital de Acción Católica especializada, capaz de penetrar y transformar los ambientes. Necesidad urgente de activar una Acción Católica Obrera (ACO) una Acción Católica Rural (ACR) con técnicas y métodos apropiados a esos mismos ambientes.

Necesidad de evitar la Hiperestructuración de la Acción Católica cerrándola sobre si misma, y creando grupos de católicos al margen de los grandes problemas de la vida.

En cambio, necesidad de de impulsar una Acción Católica que lleve al militante a un doble campo de acción:

Presencia en la estructuración profesional. Importancia de dar una visión cristiana de la empresa y formar la conciencia y criterio del empresario (UNIAPAC).

Importancia de la presencias activa del católico en la profesión organizada. Criterio cristiano sobre el ejercicio de la profesión (problemas teológicos). Visión cristiana de la profesión en la elaboración de un orden social cristiano.

Urgencia de la acción sindical. Necesidad de que los militantes de la Acción Católica actúen en el seno de sus sindicatos. Formación de organizaciones para –sindicales inspiradas en los principios sociales del cristianismo, que tengas como fin unir,organizar,orientar y capacitar el elemento de inspiración cristiana dentro del sindicato para darle a la vida sindical su verdadera finalidad temporal.

Presencia activa en el desarrollo de la comunidad. La Acción Católica y movimientos apostólicos deben formar al cristiano espiritualmente adulto, capaz de incorporarse totalmente a los ambientes de la vida. El móvil de la organización debe ser organizarse par servir mejor, para hacerse más útil en la transformación de las personas y de los ambientes.

Comprender que el rumbo que toma la sociología de hoy es el del desarrollo de la comunidad. Los militantes han de ser orientados a es labor. La existencia en América Latina de situaciones sociológicamente regresivas de grupos humanos no pequeños, hace impostergable que la Iglesia asuma el método de la educación de base y lo inserte en su pastoral suburbana, rural y misionera.

Especial importancia cobra este método cuando por medio de las escuelas radiofónicas se le hace llegar a los sectores geográficamente lejanos de los centros de Cultura.

5. Formación del militante

El laico debe saber encontrar en la vida corriente una fuente de gracias que le están reservadas en el inspirar cristianamente todas sus acciones. En efecto, es el laico a quien Dios encomienda las tareas de dar sentido cristiano a las instituciones de este mundo. La Iglesia espera de los fieles que cumplan con su misión de cristianizar el orden temporal. Esta no es tarea directamente de los eclesiásticos. La Iglesia necesita de un laicado maduro, responsabilizado. Ser laico es tener un puesto en la Iglesia irremplazable.

Antes que nada su acción deberá proyectarse a su alrededor, a los suyos; con ello toma su vidas un carácter apostólico. Todo se engrandece con su misión. De aquí nace el verdadero carácter pastoral que debe tener el apostolado laico, considerándolos responsables de las almas que se le encomienden. Cuando un seglar se sienta”enviado” para salvar tal o tales almas llega a ser un militante. Militante es el seglar de Acción Católica que se ha responsabilizado de la salvación de otros. Esto supone intensa vida espiritual para darle gracia, sólida formación par transmitir ideales cristianos, y una iniciación en la acción apostólica de los que han sido encargados. Todo socio de Acción Católica deberá llegar a ser militante, para merecer el nombre de “Acción Católica”. Además de esta acción ante las personas, el militante tendrá que influenciar las instituciones civiles, educacionales, etc., procurando ser el representante de Dios en medio de sus ambientes. El militante comprende que no está por casualidad sino por providencia de Dios en cualquier institución o ambiente en que actúa.

El mal profundo de América Latina es una falta de sentido de Iglesia en lo católico. Nos contentamos con una mera formación piadosa o moralista. No damos suficientemente la formación apostólica. Y cuando la damos, a menudo la orientamos únicamente hacia la acción religiosa, olvidando que la tarea fundamentalmente e insustituible del laico es la de humanizar y cristianizar las estructuras temporales en que vive.

6. Visión del mundo futuro

Por último, es necesario formar la conciencia de los católicos respecto de su misión social ante el futuro desarrollo de América Latina.

Hacerle sentir la necesidad de que su misión se extiende no tanto en defender cuanto en promover y orientar las inquietudes de estos pueblos.

Hacerle comprender que el comunismo no será vencido por la fuerza de las armas o por medidas policiales, sino por la restitución plena de la escala de valores cristianos.

El valor de la persona humana –la economía orientada no hacia el lucro sino hacia la satisfacción de las necesidades humanas –el sentido humano de la economía -la dignidad humana y sobrenatural del trabajo –libertad de la persona humana ante los determinismos económicos, visión de una civilización basada no en el “tener más” sino en el “ser más”.

Esa visión del futuro animando la acción pastoral de América Latina hará posible el que este continente permanezca fiel a su vocación cristiana.

Quiera Cristo Nuestro Señor y Nuestra Madre Santísima Maria, darnos la conciencia de la gravedad de la hora, de la urgencia del trabajo y de la solución de la Iglesia que en su enseñanza nos señala.

AMERICA LATINA: PROBLEMAS, PELIGROS, SOLUCIONES 502 (1960)

I. Planteamiento:

Los problemas que el Comunismo Plantea en el aspecto social hay que considerados en un doble campo:

1) Teórico, y

2) Práctico.

1) En el Campo Teórico tenemos que estudiar:

1) los aspectos:

a) científico;

b) moral, y

c) técnico.

que nos dan la visión del problema, y

2) el doctrinario -es decir el fin que se persigue, que nos da el juicio sobre los problemas contemplados.

2) En el Campo Práctico tenemos que considerar,

a) el aspecto ideológico que define los múltiples objetivos y los jerarquiza;

b) el político, que ofrece las decisiones que hay que tomar e introduce en la problemática de los medios, y

c) la acción que es la síntesis de todo lo anterior,

II. Línea positiva:

Cualquier plan de actividades que pretenda hacerse sobre el Comunismo sin tener en cuenta estos elementos, va a pecar por incompleto y parcial, y no nos va a hacer ver lo más importante que es la línea positiva de su propio desarrollo. De hecho, cuando se habla o se escribe sobre la penetración comunista se pone casi exclusivamente la atención sobre acciones negativas que el Comunismo adopta frente a las estructuras actuales, tales como el aprovechamiento del malestar social existente, el promover actos subversivos, etc., pero no se va a la visión más profunda de su progreso sistemático, y de su penetración en los centros de influencia, penetración que responde a un plan racional y son manifestaciones de una misma operación general que progresivamente penetra y toma posiciones.

Es una nueva civilización la que el comunismo pretende construir. De ahí que exista una profunda cohesión interna que inspira y relaciona todas las actividades del comunismo en América Latina.

La posición del Comunismo en los campos de la ciencia, la moral y la técnica, son expresión de una doctrina. Esa doctrina a su vez, no se queda en el campo teórico, va a la práctica. Pero esa práctica está también planificada. Se expresa primero en el campo ideológico, donde los múltiples objetivos se definen y jerarquizan. Esa ideología toma decisiones concretas y entra en la problemática de los medios; hay una política.

La acción es la conjugación final de una política que brota de una ideología y de una doctrina. El Comunismo de este modo se presenta y actúa como un todo coherente que tiende a dar una visión integral del hombre, del mundo y de la vida. Es la base de su fuerza. "Todas las culturas están secas, en decadencia, menos la cultura comunista de Rusia", es la palabra de orden de la FISE (Federación Internacional de Sindicatos de la Educación).

III. Plan coordinado:

Para trazar un plan coordinado de la Iglesia frente a los problemas planteados por el Comunismo en América Latina, tenemos que considerar cinco puntos que a continuación señalo:

A) Oportunidades que se le ofrecen al Comunismo en América Latina.

B) Presencia del Comunismo en América Latina.

C) Ausencias de la Iglesia.

D) Oportunidades que se le ofrecen a la Iglesia en América Latina.

E) Presencia de la Iglesia.

Imposible e innecesario para la finalidad de este trabajo es el desarrollar completamente estas premisas. Procuraré tan sólo indicarlas. De los hechos que ellas nos entreguen saldrá, como lógica conclusión, la acción que se precisa.

IV. El comunismo en América Latina:

A) Oportunidades que se le ofrecen al comunismo en América Latina.

Me limito a señalarlas:

a) Subdesarrollo económico. Hay magníficos estudios sobre renta per capita, consumo de calorías, condiciones de trabajo y de empleo insuficiente, etc. No son del caso citarlos aquí, pero sí afirmar que todos ellos nos dan la visión del tremendo problema de subdesarrollo que produce en grandes sectores una vida subhumana.

b) Abismos entre los standards de vida de las clases sociales. Las diferencias sociales en América Latina son inmensamente mayores que en Europa. La clase media comienza a formarse y su potencialidad económica es relativamente pequeña en comparación de la fuerza de las clases medias europeas y de Estados Unidos.

c) Subdesarrollo cultural (problemas de educación, analfabetismo, etc.). Los datos dados en el último Congreso Latinoamericano de Educación de Lima, arrojan cifras de extraordinaria gravedad.

d) Explosión demográfica latinoamericana que no va a la par con la industrialización.

e) Facilidad de la comunicación ideológica. Deseo de movilidad social. Crecimiento de aspiraciones de una ascensión económica y social que no puede ser satisfecha por "los medios ordinarios" de la sociedad actual.

f) Problemas económicos nacionales -especialmente inflación- que para ser estabilizada necesita de una austeridad total (es decir de todos), y en que la congelación de sueldos, que es el medio técnico que más se encarece, afecta principalmente al que vive de sueldo o salario, creando así un mayor malestar social.

g) Estado actual de la sociedad moderna, especialmente en las áreas urbanas. Situación de Anomía, esto es, carencia de leyes preestablecidas que indiquen al individuo el comportamiento esperado de él, lo que trae la pérdida del consenso o aceptación general de las normas que antes orientaban el comportamiento humano.

h) Falta de integración del individuo en la sociedad. Sensación de inseguridad. De ahí el hecho social reconocido, de la búsqueda positiva de comunidades humanas, lo que constituye un elemento apto para ser canalizado y aprovechado por tendencias exageradamente comunitarias, como el Comunismo.

i) El Comunismo se presenta no sólo como una teoría profetizada, sino como una realidad operante. El progreso técnico, científico, económico de Rusia, es presentado como producto de una doctrina y utilizado como argumento apologético para valorizar la misma doctrina.

j) Estas oportunidades se ven favorecidas por la misma constitución del Estado liberal en los países subdesarrollados donde el Estado es el grande y único capitalista y donde faltan sociedades intermedias de proporciones más humanas. No es difícil el cambio de tal Estado a una concepción marxista. Unese a esto la tendencia hoy generalizada en casi todas las naciones de América Latina hacia una educación laicista y hacia el Estado docente, que constituye un peligro potencial, ya que el Estado docente en manos del Comunismo será el mejor medio de propagar su doctrina.

B) Presencia del Comunismo en América Latina

No vamos tanto a señalar hechos, acumular cifras, etc., cuanto a sacar de los mismos hechos la línea de penetración que el Comunismo sigue en América Latina. Esa misma línea nos indicará muchas omisiones nuestras y nos ayudará a trazar el plan de nuestra acción. "Fas est ab hoste doceri" 503 . Al estudiar en su conjunto y más allá de las simples apariencias externas, vemos que las actividades comunistas de penetración responden a un método de educación integral, siguen un proceso sistemático de formación colectiva y de capacitación disciplinaria y táctica de grupo, para que de esta manera se socialicen los individuos y las comunidades. La infiltración comunista posee un sistema dinámico de penetración de la vida humana que pretende estructurarla en función del colectivismo económico ateo.

Toda la acción de infiltración comunista en el campo laboral, educacional, cívico y social, es manifestación de una misma operación general que progresivamente penetra y toma posiciones.

Tratemos, dentro del esquema indicado al comienzo, de mostrar la dinámica interna de dicha operación.

El Comunismo necesita como base para llevar acabo su plan, realizar un enorme esfuerzo de racionalización total.

Tomará como base el desarrollo de la ciencia y de la técnica, que son los dos grandes elementos del progreso material. Y unirá ciencia y técnica con una moral que ponga al hombre al servicio de ellos. Quién no recuerda los "esclavos técnicos" de la célebre novela de Ghiorgiu. América Latina es un Continente donde puede decirse "todo está por hacerse", y donde el técnico tiene un poder incontrolado y decisivo. Hacia allá va la gran táctica del Comunismo. Las escuelas técnicas -llámense normales, institutos pedagógicos, facultades de ciencias económicas y sociales, bellas artes, asistentes sociales, etc., están siendo penetradas en forma extraordinaria por el Comunismo. El Congreso de Universidades Latinoamericanas, que acaba de celebrarse en septiembre en Buenos Aires, ha revelado la potencia de los elementos comunistas en la dirección y magisterio universitario. Sin proclamarse comunistas, sin nombrar la palabra "marxismo", "pour ne pas épater le bourgeois" 504 , el técnico marxista, en nombre únicamente de la ciencia y de la técnica, está dando una moral de contenido marxista. De ahí se pasa a la segunda etapa; ciencia, moral y técnica positivista requieren una interpretación doctrinal y entonces es el marxismo el que viene a dar una visión del mundo del mañana.

La tecnocracia produce como su mejor expresión el hombre marxista.

El Comunismo va más allá de un mero cambio social. Busca algo más profundo. Sabe -y la misma experiencia cristiana se lo confirma- que para cambiar las instituciones hay que cambiar primero a los hombres. De ahí que él tenga un método de educación integral, una capacitación del individuo en función de la doctrina tendiente a formar el hombre marxista.

El trabajo marxista tiene en primer lugar como sujeto la formación de especialistas en todas las actividades técnicas, los que al mismo tiempo reciben una profunda formación doctrinaria. De otra parte, una sólida organización los mantiene unidos y los lanza en forma metódica a la acción. Hay en consecuencia, dentro del campo comunista:

a) un enorme esfuerzo de capacitación técnica;

b) escuelas organizadas de dirigentes que toman a los más aptos de estos técnicos para formarlos doctrinalmente;

c) una planificación sistemática y metódica de la acción; el tipo de actividad será variado, pero especialmente orientado a investigaciones, planificaciones, realizaciones. Al través de todas ellas se actualiza con diversas consignas y medios su ideología y su política que va configurando su acción.

Esta acción se orienta en dos sentidos que podríamos llamar:

a) el esquema funcional, y,

b) el esquema comunitario.

a) El Esquema Funcional o de estructuración profesional, se expresa principalmente en la empresa, la profesión y el campo laboral, y en los cuerpos intermedios de los grandes elementos de la producción.

De un modo especial aparecen la organización profesional y el sindicato.

En el seno de todas las profesiones actúan con especial fuerza y unión los núcleos marxistas que tienden a dar a través de ellas una visión marxista del mundo y de la vida.

Respecto al sindicato, aun cuando numéricamente son minoría, con gran frecuencia controlan en América Latina las directivas sindicales. Es el caso típico que ya hemos señalado, de una doctrina que define sus actividades y las jerarquiza en una ideología y que por medio de una política entra en la problemática de los medios para realizar su acción.

b) Esquema Comunitario. La penetración comunista trata de dominar el método comunitario en el desarrollo de núcleos humanos y de organización de la comunidad. De este modo, la acción comunista aparece identificada con los ideales de superación cultural y anhelos de mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo.

Tiende a desarrollarse desde la comunidad más pequeña de tipo zonal, barrio, hacienda, club deportivo, hacia otras mayores de tipo regional; municipios, centros de progreso provincial, etc., y, sobre todo del tipo nacional; acción política -que entrega la dirección del Estado y de los grandes organismos estatales.

De un modo especial es necesario considerar en América dos comunidades muy susceptibles de ser penetradas; las indígenas -que presentan como antecedentes favorables a su penetración la misma organización comunitaria que ancestralmente tienen (v. gr. altiplano andino), y la hacienda agrícola que por la condición de los trabajadores campesinos y la mala distribución de la propiedad (latifundio y minifundio) son especialmente aptas para que el Comunismo pueda tener ahí éxito.

El Comunismo ha visto y comprendió, que hay un proceso en marcha de integración social. Que existe un ansia incontenible de promoción humana en vastos sectores de la población latinoamericana, especialmente en el campesino, en el obrero y en el elemento indígena. Desean estar presentes en esa promoción. Al través de dirigentes, técnica y doctrinariamente capacitados, de un plan vasto y profundo de acción, de organización metódica y, sobre todo, de un intenso espíritu militante, van infiltrándose en las diversas comunidades humanas para imponer en ellas sus consignas.

En esta forma provocarán una crisis interna violenta, exigirán otras formas de agrupación, impondrán una dirección colectivista disciplinada, y la articulación o subordinación de cada grupo revolucionario al plan general o planificación internacional del Comunismo.

C) Ausencias de la Iglesia

Esta parte puede a primera vista aparecer pesimista. Como se verá más adelante, no lo es. Pero su objeto es señalar precisamente los puntos débiles de nuestra pastoral y las ausencias de la Iglesia de América Latina en varios aspectos de la promoción humana de nuestro Continente.

1) Como observación previa debemos señalar la ausencia de un plan pastoral explícito. Las diversas instituciones de carácter eclesiástico no aparecen entre sí debidamente coordinadas para una actuación armónica.

Nadie puede negar la existencia en América Latina de numerosas y florecientes obras apostólicas, pero es necesario confesar la independencia y falta de correlación de unas y otras.

Se impone con urgencia una auténtica pastoral de conjunto concebida en términos claros y precisos y en forma bien concreta. Pastoral en el plano diocesano conforme a planteamientos nacionales e interamericanos en orden a la evangelización.

Pastoral que partiendo del Obispo llegue a todos los párrocos y sacerdotes, oriente el Seminario y Casas de Formación Religiosa, enrole a religiosos, religiosas, institutos seculares, movimientos apostólicos y obras pías, en la gran tarea de edificar el reino de Dios. "El individualismo apostólico, más que una indocilidad, es un error doctrinal" (Mons. Renard, Obispo de Versailles).

2) Se carece, en segundo término, de una orientación pastoral que integre la acción de las instituciones seglares de inspiración cristiana con la acción directamente ministerial de la jerarquía en un mismo sentido comunitario de la vida, que sea capaz de promover y crear estructuras que permitan el desenvolvimiento plenamente humano y cristiano del pueblo.

3) Falta una presencia activa y dinámica de los católicos (especialmente laicos) en los campos de la ciencia y de la técnica, que posean la autoridad científica que les da su preparación y sean capaces, por su formación doctrinal, de responder concretamente a los problemas morales que la misma ciencia y la técnica les propone. No basta una moral empírica. Hay que ponerla en contacto con las realidades humanas que vive el hombre de hoy y con los problemas futuros que el mismo desarrollo de la ciencia y de la técnica va presentando a la conciencia cristiana. Un dirigente jocista hacía esta pregunta a uno de sus asesores: "vosotros nos decís, hay que prepararse para el mañana. Bien, ¿estáis vosotros preparados para el pasado mañana?"

Faltan dirigentes cristianos, técnica y doctrinalmente preparados, para hacerse responsables de la promoción humana en lo educacional, en lo económico, en lo social, en lo cívico, etc.

Damos con frecuencia formación religiosa, y en esto, a pesar de muchas deficiencias, hay que anotar grandes progresos, pero la damos en la vida y en función de la vida? Los cuadros de nuestra formación apostólica, están en relación íntima con la comunidad humana en que ese militante debe actuar?

Un espíritu apostólico desencarnado de las grandes realidades sociales en donde el hombre actúa, nos da una acción que no logra solucionar los grandes problemas del hombre y del mundo de hoy.

4) Falta en forma realmente trágica, el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia. No la enseñan la mayor parte de nuestros colegios católicos. No la aplica la mayor parte de los empresarios católicos. La resisten en la práctica, las clases dirigentes, que si bien son católicas en cuanto a la práctica religiosa, poseen una mentalidad típicamente liberal e individualista en cuanto a lo económico y social. El mismo clero en su mayor parte la silencia.

5) Existiendo ese desconocimiento de la doctrina social es lógico que tampoco va a poder actuarse una ideología que defina los objetivos en su multiplicidad y los jerarquice.

Consecuencia necesaria de esto, es la división de los católicos en el campo de la política. Toda política responde a una ideología y es expresión de una doctrina. Falta, dentro de la libertad política, un movimiento cívico de base, tendiente a movilizar la buena voluntad de los ciudadanos en una antropología trascendente, histórica y culturalmente cristiana.

Mientras exista en el campo católico una ignorancia casi total de la doctrina social de la Iglesia, un criterio individualista y liberal, para juzgar los problemas del trabajo y de la vida social y la carencia de una conciencia social que diga al cristiano su responsabilidad frente a los problemas de la sociedad, dándole conjuntamente la sensibilidad social que necesita, será muy difícil lograr el mínimo de unión que los católicos requieren para hacer frente a los problemas de la política.

La división política de los católicos no es ni un hecho circunstancial, ni sólo producto de las pasiones. Arranca de algo más profundo que es lo que acabamos de señalar. La división es un efecto de esa causa. Solamente remediando esa causa podrá solucionarse el problema.

6) Con frecuencia, partidos políticos de orientación liberal capitalista, formados por elementos católicos, e invocando su carácter de tales, se presentan apoyando estructuras que no responden al bien común e impidiendo aquellas reformas de estructuras que permitan el desenvolvimiento plenamente humano y cristiano del pueblo. América Latina por ejemplo, va a tener que enfrentarse a corto plazo con el problema del agro. Una cierta reforma se precisa ahí con urgencia. Hay cifras y hechos ante los cuales no podemos cerrar los ojos. Las Semanas de la Vida Rural de Manizales, Panamá y Santiago de Chile, han señalado en forma clara el problema. La ausencia, y lo que es peor, la resistencia, de los católicos a estos movimientos, hará que ellos se realicen dentro de una inspiración y técnica marxistas.

7) Ausencia de la Iglesia en las estructuras sociales fundamentales y en la promoción de las comunidades humanas.

La causa es la carencia de dirigentes cristianos para hacerse responsables de esa acción que ante todo y esencialmente corresponde a los laicos.

Esto trae consigo dos grandes preguntas: la Acción Católica y los movimientos apostólicos de Latinoamérica ¿realizan la labor más adecuada para afrontar los grandes problemas que plantea la crisis contemporánea? Todos estos movimientos apostólicos se dirigen principalmente a reclutar gente olvidándose de hacerse presente en las estructuras sociales fundamentales.

La Iglesia y las obras apostólicas que Ella inspira y dirige, tiene que comprender la presión creciente en el hombre de hoy; la ascensión personal y la colectiva. Si los planes y actividades apostólicas se basan en estos dos hechos poderosos del mundo actual, podrá la Iglesia estructurar y bautizar la América Latina del mañana. Los planes y actividades, en cambio, hechos sin la comprensión de estos fenómenos, irán contra la corriente y no tendrán resultados. El rumbo que toma la sociología de hoy es el desarrollo de la comunidad.

La acción apostólica del laicado debe orientarse a formar los hombres técnicos doctrinalmente capacitados para realizar esa labor.

El mundo de mañana se hará con nosotros. .. o sin nosotros. Y al hacerse sin nosotros será contra nosotros.

La segunda pregunta, aunque muy breve por pertenecer más bien a otro tema, es la siguiente: ¿los colegios apostólicos forman al hombre capaz de actuar apostólicamente en sus ambientes y trabajar por una promoción cristiana de la comunidad que hoy tanto se precisa? Es un serio examen que urge realizar.

V. La Iglesia en América Latina

D) Oportunidades de la Iglesia en América Latina

Seré aquí muy breve.

1) Existe un rico fondo de tradición cristiana, fruto de una gran evangelización misionera.

2) Existe en América Latina un alma religiosa abierta a todos los grandes valores del cristianismo.

3) Existe un sano deseo de evolución y mejoramiento social que puede ser ampliamente captado por la Iglesia.

4) La Acción Católica en sus cortos años de vida, pese a grandes dificultades, ha ido formando un laicado selecto, consciente, y preparado.

5) Los esfuerzos del CELAM en sus breves cuatro años de existencia han mostrado todas las posibilidades que existen cuando se realiza una acción planificada, metódica y coordinada.

6) Se está despertando fuertemente en los católicos en Europa y Norteamérica la conciencia de dar a la Iglesia de América Latina los medios para vitalizar fundamentalmente su acción.

7) La generación joven aparece mucho más abierta a una sana evolución social.

8) Los peligros que hace algunos años pudieron presentarse en los elementos católicos de tendencias democráticas cristianas, de una excesiva apertura hacia la izquierda, van prácticamente desapareciendo, y no es de temer reaparezcan, si la Jerarquía sabe dar1e asistencia espiritual y doctrinal en la forma comprensiva que necesitan.

9) La presencia de la Iglesia en la historia de América Latina no puede ser fácilmente borrada. Los pueblos esperan de Ella, una solución a sus problemas, lo importante es que la Iglesia sepa recoger esas aspiraciones y darle una respuesta cristiana.

10) Por último, existen en el clero y laicado de América Latina valores espirituales e intelectuales de primera fuerza, capaces de orientar los grandes movimientos sociales del continente.

E) Presencia de la Iglesia en América Latina

Llegamos al último punto que será el resumen de los anteriores y constituirá las sugerencias positivas ante el problema de la penetración comunista en América Latina. Deseo reducirlas a pocas conclusiones, las que siguiendo el mismo proceso de la línea de penetración comunista nos digan los puntos vitales en los cuales debemos actuar:

a) Campo de la ciencia y de la técnica,

b) Dirigentes,

c) Doctrina,

d) Orientación de las obras apostólicas hacia los grandes campos de estructuración de la sociedad,

e) Formación del militante católico,

f) Visión del mundo futuro.

a) Campo de la Ciencia y de la Técnica

Apremiante necesidad de orientar a los mejores de nuestros católicos hacia los campos de la ciencia y de la técnica, proveyendo al mismo tiempo a una sólida formación doctrinaria.

Creación en cada país de América Latina de centros sociales de investigación, planificación, etc., que trabajen en conexión con todos los elementos que el trabajo científico requiere. De ahí saldrán los técnicos capaces de dar una respuesta cristiana a los múltiples y complejos problemas de hoy.

b) Dirigentes

Formar la convicción que tanto la Acción Católica y demás obras apostólicas, como los establecimientos educacionales, deben procurar en primer término la formación de militantes. Sin dirigentes la masa es incapaz de actuar. En cambio actuará siempre en el sentido que el dirigente le indique.

Ese dirigente tiene una doble tarea: construir un mundo y divinizarlo. Comprender el sentido de lo temporal. Crear un mundo donde la vida cristiana sea posible y deseable.

De ahí la necesidad de formación sistemática de dirigentes seglares competentes para asumir las funciones que la sociedad humana requiere para su desarrollo y realización. Sin esa formación, la Iglesia no contará con una vida humana apta para progresar espiritualmente y recibir su influencia sobrenatural.

Creación de Institutos de dirigentes seglares, tales como los Institutos de la Vida Rural que funcionan en Chile bajo la dirección de la Acción Católica Rural.

c) Doctrina

Tomar conciencia de la urgente necesidad de divulgar la Doctrina Social de la Iglesia y mostrar sus aplicaciones concretas en América Latina.

Que cada país cree, como su Jerarquía lo estime conveniente, un Organismo permanente para la celebración de Semanas Sociales Nacionales.

Que bajo la iniciativa y dirección del CELAM se organicen en forma sistemática a través de América Latina, Semanas Sociales Interamericanas. Pedir al Secretariado del CELAM la redacción de un Manual de Estudios Sociales, para los colegios católicos secundarios y escuelas universitarias.

Hacer obligatoria la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en todos los establecimientos católicos, y propender a la creación de Facultades de Ciencias Sociales y Económicas en las Universidades Católicas de América Latina.

Pedir, por intermedio de los organismos correspondientes, la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en las Casas de Formación Religiosa.

VI. Orientación de las Obras Apostólicas hacia los grandes campos de estructuración de la sociedad.

Importancia vital de la acción católica especializada capaz de penetrar y transformar los ambientes. Necesidad urgente de activar una Acción Católica Obrera (ACO) y una Acción Católica Rural (ACR) con técnicos y métodos apropiados a esos mismos ambientes.

Necesidad de evitar la hiperestructuración de la Acción Católica cerrándola sobre sí misma, y creando grupos de católicos al margen de los grandes problemas de la vida.

En cambio, necesidad de impulsar una Acción Católica que lleve al militante a un doble campo de acción:

a) Presencia en la estructuración profesional. Importancia de dar una visión cristiana de la empresa y formar la conciencia y criterio del empresario (UNIAPAC).

Importancia de la presencia activa del católico en la profesión organizada. Criterio cristiano sobre el ejercicio de la profesión (problemas deontológicos). Visión cristiana de la profesión en la elaboración de un orden social cristiano.

Urgencia de la acción sindical. Necesidad de que los militantes de Acción Católica actúen en el seno de sus sindicatos. Formación de organizaciones para-sindicales inspiradas en. los principios sociales del cristianismo, que tengan como fin unir, organizar, orientar y capacitar el elemento de inspiración cristiana dentro del sindicato para darle a la vida sindical su verdadera finalidad temporal.

b) Presencia activa en el desarrollo de la comunidad. La Acción Católica y movimientos apostólicos deben formar al cristiano espiritualmente adulto, capaz de incorporarse totalmente a los ambientes de vida. El móvil de la organización debe ser organizarse para servir mejor, para hacerse más útil en la transformación de las personas y de los ambientes.

Comprender que el rumbo que toma la sociología de hoy es el del desarrollo de la comunidad. Los militantes han de ser orientados a esa labor. La existencia en América Latina de situaciones sociológicamente regresivas de grupos humanos no pequeños, hace impostergable que la Iglesia asuma el método de educación de base y lo inserte en su pastoral suburbana, rural y misionera.

Especial importancia cobra este método cuando por medio de las escuelas radiofónicas se le hace llegar a los sectores geográficamente lejanos de los centros de Cultura.

c) Formación del militante. El laico debe saber encontrar en la vida corriente una fuente de gracias que le están reservadas en el inspirar cristianamente todas sus acciones. En efecto, es el laico a quien Dios encomienda la tarea de dar sentido cristiano a las instituciones de este mundo. La Iglesia espera de los fieles que cumplan con su misión de cristianizar el orden temporal. Esta no es tarea directamente de los eclesiásticos. La Iglesia necesita de un laicado maduro, responsabilizado. Ser laico es tener un puesto en la Iglesia, irreemplazable. Antes que nada su acción deberá proyectarse a su alrededor; a los suyos. Con ellos toda su vida toma un carácter apostólico. Todo se engrandece con su misión. De aquí nace el verdadero carácter pastoral que debe tener el apostolado laico, considerándose responsables de las almas que se le encomiendan. Cuando un seglar se siente "enviado" para salvar talo tales almas llega a ser un militante. Militante es el seglar de Acción Católica que se ha responsabilizado de la salvación de otros. Esto supone intensa vida espiritual para darle gracia, sólida formación para transmitir ideales cristianos, y una iniciación en la acción apostólica de los que han sido encargados. Todo socio de Acción Católica deberá llegar a ser militante, para merecer el nombre de "Acción Católica". Además de esta acción ante las personas, el militante tendrá que influenciar las instituciones civiles, educacionales, etc., procurando ser el representante de Dios en medio de sus ambientes. El militante comprende que no está por casualidad sino por providencia de Dios en cualquier institución o ambiente en que actúe.

El mal profundo de América Latina es una falta de sentido de Iglesia en el católico. Esto explica muchos de sus problemas. Nos contentamos con una mera formación piadosa o moralista. No damos suficientemente la formación apostólica. Y cuando la damos, a menudo la orientamos únicamente hacia la acción religiosa, olvidando que la tarea fundamental e insustituible del laico es la de humanizar y cristianizar las estructuras temporales en que vive.

Visión del Futuro. Por último, es necesario formar la conciencia de los católicos respecto a su misión social ante el futuro desarrollo de América Latina.

Hacerle sentir la necesidad de que su acción se extienda no tanto en defender cuanto en promover y orientar las inquietudes de estos pueblos.

Hacerle comprender que el comunismo no será vencido por la fuerza de las armas o por medidas policiales, sino por la restitución plena de la escala de los valores cristianos.

El valor de la persona humana -la economía orientada no hacia el lucro sino hacia la satisfacción de las necesidades humanas- el sentido humano de la economía -la dignidad humana y sobrenatural del trabajo -libertad de la persona humana ante los determinismos económicos, visión de una civilización basada no en el "tener más" sino en el "ser más".

Esa visión del futuro animando la acción pastoral de América Latina hará posible el que este continente permanezca fiel a su vocación cristiana.

Quiera Cristo Nuestro Señor y Nuestra Madre Santísima María, damos la conciencia de la gravedad de la hora, de la urgencia del trabajo y de la solución de la Iglesia que en su enseñanza nos señala.

LA GRAN URGENCIA DE AMERICA LATINA 505 (19-III-1961)

En su edición de febrero de 1961, THE SIGN publicó el presente reportaje a S.E. el Obispo de Talca, Mons. Manuel Larraín, de paso entonces por Estados Unidos. THE SIGN es una revista católica con difusión nacional en ese país, gracias a su tiraje de 500 a 600 mil ejemplares.

Innecesario es destacar, tanto la autoridad de Mons. Larraín, Vicepresidente de la Comisión Episcopal de América Latina, como el alcance y trascendencia de los temas abordados en este reportaje.

-¿Excelencia, a grandes rasgos, cuál es la necesidad más grande de América Latina?

Un mejor sentido de la justicia social; un orden económico y social que haga posible para toda la vida en un nivel humano y, en consecuencia, les permita desarrollar enteramente su vocación cristiana.

Usted debe tener en cuenta que una gran proporción de latinoamericanos no saben leer ni escribir. Las tasas de mortalidad infantil son, en varios países, cuatro, cinco o seis veces superiores a las de los Estados Unidos. En casi todos los países, el consumo de proteínas corresponde a la cuarta parte del consumo en Estados Unidos. Un número creciente de gente vive en chozas que no son dignas de un ser humano. Y la construcción que se emprende, apenas basta para cubrir un tercio de las necesidades creadas por el crecimiento de la población.

-¿Qué situación específica necesita solución con mayor urgencia?

No hay cosa tan urgente como una elevación del nivel de vida de las poblaciones rurales. Este mejoramiento incluye una repartición más equitativa de la tierra. Ya en 1953, expresé al Congreso de la Vida Rural en Manizales, Colombia, que contra el llamado comunista de abolir la propiedad, nosotros debíamos levantar el slogan: "Cada hombre un propietario". No podemos olvidar la lección de la historia: dondequiera que el comunismo se ha impuesto, lo ha hecho en hombros de un campesino descontento.

-Latifundio y minifundio.

¿Qué es lo que hace tan difícil la solución de este problema en América Latina?

Muchas y muy diferentes complicaciones se presentan en los distintos países, pero creo que puedo señalar algunas de las más generalizadas.

Primero que nada, hay dos males: la concentración de enormes áreas en las manos de unos pocos y la excesiva fragmentación de la propiedad. La mitad de toda la tierra agrícola latinoamericana se encuentra en propiedades de más de 15.000 acres (unas seis mil hectáreas), mientras que gran parte del resto está dividida en pequeñas parcelas que apenas producen suficiente comida como para evitar que sus propietarios perezcan por inanición.

Hay, además, elementos sociales y humanos. La sociedad latinoamericana ha sido tradicionalmente una sociedad urbana. Cerca de la mitad de la población uruguaya vive en Montevideo; un tercio de la Argentina, en Buenos Aires y la cuarta parte de la chilena en Santiago. El campesino carece de dinero, educación e influencia política. Nuestras economías son rurales, y sin embargo ellas apenas consideran al campesino. Sólo el despertar reciente de una conciencia social nos ha hecho comenzar a reconocer esta desigualdad.

Finalmente, la división de la tierra por sí misma no resolverá nada. Educación, salud y elementos sanitarios, un sentido de la dignidad, y un capital activo, todas estas cosas deben venir juntas si queremos ver el crecimiento de una clase media rural.

-El campesino abandonado.

Ud. habla de un permanente olvido del campesinado. ¿No es verdad, acaso, que muchos países latinoamericanos tienen desde hace tiempo una muy desarrollada legislación social?

Sí, es verdad. Incluso en algunas oportunidades nos hemos adelantado a Uds. en los Estados Unidos en lo referente a asignaciones familiares, seguros de cesantía y desahucio, vacaciones, jubilaciones, etc.

Pero hay una limitación crucial. Estas leyes sólo alcanzan a la clase media y a los trabajadores fabriles en las ciudades. Favorecen, en consecuencia, sólo a una minoría. La gran mayoría de los trabajadores agrícolas se encuentran fuera de sus beneficios.

-¿Qué ha hecho la Iglesia en América Latina a fin de mejorar las deficientes condiciones sociales que Ud. acaba de describir?

Comenzaré a responder por lo más general. En numerosas ocasiones y con creciente frecuencia y vigor en los últimos años, los obispos latinoamericanos han denunciado las injusticias y acentuado la urgente necesidad de reformas básicas y estructurales.

"Un pecado grave y el peligro más grande de nuestro tiempo" fueron las palabras usadas en la pastoral colectiva del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) después de su reunión en Fomeque, Colombia, hace un año, para describir el subdesarrollo y el hambre que sufren dos tercios de América Latina. Los católicos agregaron, deben dedicarse a terminar con las enormes diferencias económicas y sociales que dividen nuestro pueblo.

Muchos obispos han acentuado, y continúan acentuando, la exigencia de pagar salarios justos, la necesidad de extender a todos la obligación nacional de elevar los niveles de vida de nuestros compatriotas más pobres. Pienso, inmediatamente, en tres pastorales colectivas del episcopado chileno encabezado por el recordado Cardenal Caro, un hombre con un profundo sentido social; en una pastoral colectiva de los obispos del Perú en 1959; en una y reciente pastoral del Arzobispado de Lima, en la apasionada declaración de 1958 del Arzobispo de Guatemala de que "la justicia Divina no puede seguir soportando esta inicua explotación"; en la reciente pastoral de los obispos de Colombia en que respaldan el proyecto de Reforma Agraria presentado al Congreso de dicho país e igualmente en una de los obispos del Estado de Sao Paulo sobre la misma materia.

-¿Qué ha hecho la Iglesia?

La posición oficial de la Iglesia está muy clara. ¿Pero, hasta qué punto está la Iglesia preparada para hacer sentir sus puntos de vistas? Lo que quiero decir es ¿qué condiciones favorecen el programa de reforma de la sociedad de la Iglesia?

Creo que la respuesta no puede ser exactamente igual para dos países cualesquiera que sean. Pero en todos ellos hay condiciones básicas favorables, de las cuales puedo enumerar cuatro:

1. Una profunda fe en el alma del pueblo, la que se remonta a la evangelización, hace ya varios siglos, por nuestros grandes misioneros.

2. Un sentido profundo de la caridad que se expresa en una pronta entrega y en una ayuda mutua en nuestro pueblo, particularmente en los más pobres. Junto con esto, yo señalaría, como una expresión del mismo espíritu, una extremada hospitalidad, precisamente entre los más desposeídos.

3. Una profunda y sólida devoción a la Santísima Virgen. La confianza del pueblo en María, expresada de tantas maneras diferentes y bajo nombres regionales tan hermosos, no es algo superficial. Es un elemento integral de su fe.

4. Un desarrollo extraordinario de la Acción Católica y del Apostolado de los laicos en los últimos 25 años.

-¿Cuáles son algunos de los principales pasos que la Iglesia ha dado para realizar su programa?

Empezaré refiriéndome a los Congresos de la Vida Rural, por cuya concepción y desarrollo tenemos una deuda de profunda gratitud con Monseñor Ligutti, de la Conferencia Nacional de los Estados Unidos para la Vida Rural. Hemos efectuado tres de estos Congresos, en Manizales, Colombia, en Panamá y en Santiago de Chile. Tales encuentros concentran su atención en las necesidades rurales, definen programas de acción concretos para los dirigentes de la sociedad quienes deberán traducir tales principios en organismos, y ayudar a formar a estos dirigentes como apóstoles de la doctrina Social de la Iglesia. La Carta de Santiago sobre la Vida Rural es un documento que debiera ser ampliamente conocido y meditado.

Un trabajo notable ha sido y continúa siendo realizado por la Acción Cultural Rural en Colombia, encabezada por Mons. Salceda, quien se destaca por su trabajo como pionero de la, alfabetización por radio. De unos comienzos modestos, Radio Sutatenza se ha convertido en una poderosa red de emisoras, que no sólo enseña a leer a los campesinos, sino que también los instruye en técnicas agrícolas, trabajos caseros y en aspectos sanitarios. Para proveer de material de lectura a los nuevos lectores, ahora posee un excelente semanario con una circulación de 80.000 ejemplares y la planta impresora de folletos más grande de Sudamérica.

En Chile, tenemos una gran organización que persigue los mismos objetivos, los Institutos de Educación Rural. El objetivo específico de estos movimientos es el desarrollo de la comunidad, y ya tenemos ocho institutos que preparan dirigentes para las comunidades rurales. 90 graduados de estos institutos están contratados como full-time. Además estudiantes del Perú, Bolivia y Uruguay han sido preparados para trabajar en sus respectivos países.

-¿Puede Ud. señalar algunos de los problemas que este tipo de organizaciones debe afrontar?

Una distribución más equitativa de la tierra, combinada con mejores condiciones sociales y económicas para el poblador rural, es, como ya dije, el primer problema de todos los países latinoamericanos. Es tan vasto, que ninguna solución general es posible sin la intervención de los gobiernos. Pero podemos ayudar, y estamos ayudando, a crear el clima emocional que permita una acción nacional.

Entretanto, podemos avanzar modestamente. En Brasil, por ejemplo Mons. Helder Camara ha inspirado un interesante promisorio programa para una mejor distribución de la tierra. Y yo confío en que pronto encontrará imitadores.

También hay un problema de crédito, una de las necesidades primarias de la clase media rural, clase que justamente, comienza a surgir. Aquí la esperanza principal parece ser las cooperativas de crédito. En Chile hemos formado algunas cooperativas al estilo de Rochdale, los resultados son alentadores.

-El laico y su acción.

Antes Ud. mencionó, como un elemento positivo en la situación, el extraordinario crecimiento de la acción Católica del apostolado laico. ¿Puede ampliar este punto?

Sí La Acción Católica pone al laico frente a su doble misión de evangelización y de humanización del orden temporal.

No voy negar que, en cuanto a organización se refiere, los comunistas han sido en muchos lugares, más activos que nosotros. Pero esa situación está cambiando.

Mucha gente llega por la desesperación de su situación económica a buscar una respuesta en el comunismo. El gran peligro existe cuando no hace ver con eficacia la justa solución de los problemas a la luz del mensaje evangélico. No hay dos alternativas para la América Latina del mañana. Como ya dije, sólo hay una: transformar las instituciones económicas y sociales a fin de ponerlas de acuerdo con los principios de la doctrina social cristiana.

-EE. UU., y nosotros.

¿Finalmente, qué podemos hacer nosotros en los EE? UU., para ayudar a efectuar esta transformación?

En primer lugar, yo diría que nosotros y Uds. debemos tratar de lograr una mejor comprensión de nuestros mutuos problemas. La gente, a ambos lados del Río Grande tiene mucho que aprender y que dejar de lado acerca del otro, y esto es verdad, tanto para los católicos como para los otros miembros de nuestros dos grandes grupos culturales.

Esta necesidad es evidente con respecto a las muchas y admirables actividades que ya están en marcha en nuestros países por el Departamento de Estado, el Punto Cuarto, por las grandes fundaciones, por la UNESCO, por los programas de asistencia técnica de la NU, etc. A fin de lograr el bien que se proponen, deben mantener siempre claramente a la vista, nuestra religión y nuestra experiencia histórica. Tratar de norteamericanizarnos o de laicizarnos, sólo conducirá a un fracaso costoso y amargo.

-¿Incluiría en este comentario las actividades específicamente católicas que se efectúan o proyectan para América Latina en Estados Unidos?

En principio, sí. El catolicismo latinoamericano, como la sociedad en la que se desenvuelve, refleja diferentes elementos históricos y culturales. Debe perfeccionar su propio espíritu, no tratar de transformarlo de acuerdo con el espíritu de otra sociedad.

De hecho, creo que el problema no es grave. Hay una grande y creciente conciencia entre los misioneros, Hermanos y Hermanas de los Estados Unidos -que ahora suman varios miles, que dedican sus vidas a ayudamos en América Latina- de la necesidad de una acomodación cultural para hacer provechoso su sacrificio. Esto lo reconocemos y estamos agradecidos por ello. Y lo mismo puedo decir de los espléndidos grupos misioneros laicos, como el Grial, el AID y la Asociación de ayuda a los misioneros laicos.

-Sin querer mezclarlo a Ud. en nuestros problemas domésticos, ¿puedo preguntarle si tiene algún comentario que hacer con respecto a nuestras recientes elecciones?

Siempre ha sido defensor de una mayor cooperación entre todas las naciones de nuestro hemisferio.

Confío que la nueva administración estrechará aún más los lazos que nos unen. Al respecto, me agradaron especialmente los comentarios del senador Kennedy cuando anunció la designación de su secretario de Estado. Era su esperanza, dijo, que la política exterior de los Estados Unidos sería identificada en la mente de la gente del mundo como una política que no es sólo anti-comunista, sino que busca la libertad, y que no sólo quiere lograr fuerza en una lucha por el poder, sino que también se preocupa de la lucha contra el hambre, la enfermedad y el analfabetismo, la lucha que pesa tanto en las mentes y en las vidas de los pueblos de la mitad sur del globo.

Nosotros, en la mitad sur de este hemisferio, entendemos estas palabras y las agradecemos. Puedo asegurarle que colaboraremos en el logro de tales objetivos, tratando de ganar para nosotros y para todos los pueblos, paz, libertad y justicia social.

VISION OPTIMISTA DE AMERICA LATINA 506

En Francia se conoce bien la acción pastoral de S.E., Mons. Larraín, Obispo de Talca, en Chile, y primer Vice-Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). A lo largo de la primera sesión del Concilio, Mons. Larraín ha hecho, al examinar el esquema de la Liturgia, una intervención emocionante acerca de la pobreza en el culto y en el ministerio pastoral. Mons. Larraín ha recordado entonces que, si bien todo lo que se refiere al culto ha de ser hermoso, debe serlo en la verdad, en la sobriedad que fluye de la pobreza. Cristo, ha dicho, se ha manifestado siempre en la pobreza, como también los grandes sucesos de la vida de la Iglesia están marcados por el sello de la pobreza. Seguramente, es necesaria la belleza en la Iglesia, pero -repite él con San Agustín- "la belleza es el esplendor de la verdad". Lo que más toca el corazón de los hombres de nuestro tiempo, ha agregado Mons. Larraín -y se sabe, ya lo veremos, que él lo ha mostrado con el ejemplo-, es la mejor repartición de los bienes de la tierra. Durante la primera sesión del Concilio, los Obispos delegados del CELAM se reunían cada semana, y es antes de uno de estos encuentros, cuando S. E. Mons. Larraín, fiel lector de "La Croix", tuvo la bondad de recibirme donde las Religiosas de Santa Marta, en la vía Virginio Orsini.

La única Conferencia Episcopal de envergadura continental

-Se habla mucho del CELAM. ¿Quiere, Mons., precisamos su origen y sus objetivos?

El Consejo Episcopal Latinoamericano es la única Conferencia Episcopal que sea de dimensión continental. Ha sido fundada en 1955. Se ha aprovechado para ello de la presencia de un gran número de obispos en Río de Janeiro, donde se desarrollaban las manifestaciones del Congreso Eucarístico Internacional. Tuvimos entonces una reunión de diez días a fin de estudiar los principales problemas de América Latina. Uno de estos problemas era, justamente, el de las relaciones entre las naciones de este continente latinoamericano. Constatamos inmediatamente que el asunto tocaba a Chile como a Perú, a Brasil como a Argentina...y que había muchas cosas que no podían encontrar una solución, sino a nivel del continente. Yo mismo presenté una relación acerca de esta necesaria unión y la conclusión de ello fue el voto de querer constituirse en una conferencia común. La Santa Sede, con la cooperación especialmente de S. E. Mons. Samoré 507 , ha respondido a este voto con la creación del CELAM. Y permítame decirle en seguida que el Consejo Episcopal Latinoamericano debe, tanto en su puesta en marcha como en su desarrollo, mucho a S. E. Mons. Bertoli 508 , nuncio actualmente en Francia.

-¿Cómo se compone el CELAM?

El Consejo Episcopal de América Latina incluye un representante de cada nación, es decir 17 delegados: los de las naciones del continente latino-americano, América Latina, América Central y Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Haití. La sede se encuentra en Bogotá, en Colombia, donde se encuentra igualmente el secretario, Mons. Mendoza. Este secretariado se subdivide en seis sub-secretariados: de la catequesis, del clero, de la pastoral, del apostolado de los laicos, del apostolado social, de las técnicas de difusión. El Presidente es S. E. Mons. Miranda, Arzobispo y Primado de México. Yo soy, se lo he dicho, el primer Vice-Presidente, siendo el segundo S. E. Mons. Helder Camara 509 , Auxiliar de Río.

-¿Qué representa, exactamente, el CELAM, Monseñor?

Alrededor de 500 diócesis y 600 obispos contando a los auxiliares y cerca de 200 millones de almas.

Los principales problemas religiosos planteados a América Latina

- ¿Cómo sintetizaría Ud. los trabajos que realizan Uds. a escala del CELAM?

La "coordinación pastoral" está en marcha. Cada año los delegados se reúnen durante una semana. Teóricamente, esta semana anual debe tenerse en Bogotá, pero, en la práctica, desde 1956, nos hemos encontrado dos veces en Bogotá, luego en 1958 en Roma, en 1959 de nuevo en Bogotá, en 1960 en Buenos Aires y en 1960 en México. Desde la abertura del Concilio, nos reunimos cada semana.

En lo que concierne a la "catequesis", hemos fundado un Instituto inter-americano en Santiago de Chile. Es ahí donde se han formado todos los directores de los organismos catequéticos. Estamos ahora en vías de crear un "Instituto Pastoral" para formar los directores de los institutos pastorales en las diversas naciones.

El "apostolado de los laicos" nos preocupa mucho y tenemos, para promoverlo, el S.I.A.C., del que yo era hasta estos últimos meses asesor. Este secretariado tiene reuniones regulares de delegados. La última acaba de tener lugar en México. Hemos fundado igualmente una "Confederación de los Seminarios", otra para la "prensa" y la "radio", en unión con la "UNDA", una Confederación de las "Escuelas cristianas". Ud. lo ve, se hace ya todo un trabajo a la escala interamericana.

- M. el Canónigo Boulard, promotor en Francia de la Pastoral de Conjunto; el R.P. Motte, animador de las misiones regionales; y el Pbro. Izard, Director del Centro Nacional Francés de las vocaciones, ¿han ido varias veces a América Latina, Monseñor?

Nosotros trabajamos, en efecto, en una línea pastoral inspirada del espíritu de la pastoral francesa. El Canónigo Boulard me ha visitado tres veces en mi Diócesis. Una de las veces llegó exactamente antes del terremoto de Chile.

La justicia social

- Monseñor, Ud. no sólo ha hecho una intervención en el Concilio sobre el espíritu de la pobreza, sino que acaba de distribuir tierras, pertenecientes a su Diócesis, a familias de campesinos. ¿Quiere hablamos, entonces, de sus preocupaciones y de las del CELAM, en materia de justicia social?

Estamos, en efecto, muy preocupados, porque no basta con predicar, hay que dar el ejemplo. Es por ello que en la reunión plenaria del Episcopado Chileno en 1961, hemos decidido la indispensable reforma agraria por la distribución de las propiedades de los Obispados. En 1962 Su Eminencia el Cardenal Silva Henríquez, Arzobispo de Santiago, y yo mismo, hemos comenzado a repartir nuestras tierras. No las hemos dado, sino vendido, dejando para su pago un plazo de 20 años, y a una tasa muy módica. La superficie atribuida a cada familia es de alrededor de 10 hectáreas, porque la tierra es muy fértil. Sobre las 180 hectáreas pertenecientes a mí Diócesis de Talca, he instalado 17 familias. Preciso que aunque estas familias gozan de una propiedad individual, trabajan en cooperativa. Esto es muy importante. Yo no he vendido directamente las tierras a cada una de las familias, sino a la Cooperativa. Esto para reconocer la importancia del movimiento cooperativo, que lo llevamos muy en el corazón, porque estamos convencidos que el sistema cooperativo es una de las soluciones más adecuadas para nuestras regiones. Me he sorprendido al ver cuántas familias lo han comprendido; han respondido a través de un esfuerzo extraordinario y la iniciativa que hemos tomado ha tenido una gran repercusión en todos los medios, incluidos aquellos que están alejados de la Iglesia. Los diarios no católicos se han referido a ello con títulos a veces curiosos: "La reforma agraria ha comenzado en Chile con las sotanas", podía leerse en uno de ellos.

Las congregaciones religiosas, que frecuentemente tienen grandes dominios, comienzan a imitarnos. Esta acción no está planificada, pero ella se expande. Ella expresa una voluntad de justicia social del conjunto del Episcopado Latinoamericano.

- Los Obispos de Chile, ¿no acaban de publicar en común una Carta Pastoral?
En efecto; ella se titula "Los Obispos de Chile hablan: el deber social y político en la hora presente" 510 .

Después de una introducción que precisa los fundamentos morales, naturales y religiosos de la acción social y política en el sentido propio del término, analiza la situación actual y luego expone las condiciones de una acción coordinada y positiva: el aspecto de asistencia y de caridad, el aspecto socio-económico, el aspecto político. Precisa enseguida las condiciones de la renovación interior y termina con un llamado a los sacerdotes y a los laicos, a fin de que todos trabajen eficaz e incansablemente para cristianizar la sociedad, conforme a las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia y, en especial de la encíclica Mater et Magistra.

- En las notas abundantes y precisas que acompañan a esta Carta Pastoral colectiva, me permito aludir a las cifras siguientes: hay en Chile 151.082 explotaciones por un total de 21.637.060 hectáreas; pero hay 6.326 explotaciones que poseen 16.804.792 hectáreas. Esto significa que el 41 % de los explotadores poseen el 77,6% del total de las hectáreas agrícolas y 52,9 % de las tierras laborables. Agrego que el 9,5% de la población -que representa a la clase patronal- percibe el 46,4% de la renta nacional, mientras que el 90,5% que representa a la clase media y proletariado perciben el 53,6% de la misma renta. Y nosotros hemos sabido, hasta en Francia, cómo ha golpeado esta Carta Colectiva a todos los medios.

No hay que tener de América Latina una visión pesimista.

Ciertamente no todo anda bien entre nosotros, pero ¿dónde podría decirse que se da el estado social perfecto? Yo lamento a veces, por mi parte, que se tenga y que se de a veces una visión pesimista de América Latina. Pienso, en efecto, que esta visión es falsa.

Atravesamos un momento difícil, nuestro continente está en un "carrefour" 511 . Pero estoy persuadido que tenemos el derecho de esperar. Muchos hechos motivan esta esperanza. Para mí, ella está basada sobre todo en la "renovación pastoral" que es muy fuerte, en buena vía de realización y, ya se lo he dicho, inspirada en la línea francesa. Está basada, además, en el "sentido muy fuerte de la justicia social" y en un "despertar del laicado" que comienza a tener gran empuje. Pienso también en la clara toma de posición de la Iglesia respecto al "problema social". Pienso en el aumento de las "vocaciones". ¿Cómo hablar con realismo, por otra parte, de un continente tan vasto y variado como América Latina, desde el punto de vista geográfico, etnológico, histórico, económico?...

Confianza en el porvenir. Se anuncia, sin duda, temible. En nuestro continente la población se dobla cada 28 años. Somos cerca de 200 millones; en 1980 habrá 300 millones de almas, y ¡al fin del siglo 600 millones! Pero, acabo de decírselo, líneas de fuerza se hacen presente para animar y orientar esta formidable explosión demográfica.

En resumen, se lo repito, si percibo claramente la gravedad de los problemas que se plantean a América Latina, permanezco al mismo tiempo lleno de esperanza.

Permítame decirle, además, que una de las fuerzas que decidirán el porvenir se encuentra en nuestro "clero". En Europa a veces se le juzga mal. Pero yo le aseguro que estoy orgulloso de nuestro clero; es virtuoso, muy abnegado y movido por una gran inquietud pastoral. Es poco numeroso, es cierto, pero posee ese sentido pastoral en un sentido muy alto; vive en una gran simplicidad y aun en la pobreza, cumpliendo una tarea muy pesada, con mucho desprendimiento y adhesión a su Obispo. Soy obispo desde hace 24 años y puedo decirle que jamás alguno de mis sacerdotes me ha causado pena…

DISCURSO ANTE S. S. PAULO VI EN EL DECENIO DEL CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO 512 (23 - XI - 1965)

Beatísimo Padre:

El Episcopado Latinoamericano se congrega hoy junto al Sucesor de Pedro.

Viene a conmemorar el décimo aniversario en que, al impulso de Roma, el CELAM fue constituido.

Viene a reiterar a Vuestra Santidad su fidelidad íntegra, su amor sincero, su devoción plena.

Viene a deciros, por boca del menos calificado, que la Jerarquía de todo un Continente siente la responsabilidad que le cabe en este acontecer de la historia.

Viene a contemplar el breve tiempo transcurrido, desde que el CELAM se fundara, para extraer las lecciones de la experiencia, y a colocarse ante la nueva edad que se abre al clausurarse este Concilio, para renovar en él sus energías.

Viene a Roma porque aquí concluyen los caminos del mundo, para partir de Roma, donde junto a las tumbas de Pedro y Pablo se nutre el sentido auténtico de la apostolicidad.

Esta reunión de toda el Episcopado de un Continente, junto al que es Cabeza y Jefe del Colegio Apostólico, tiene en primer lugar el valor de un gran signo de unidad.

En la íntima comunión con el Vicario de Cristo, se realiza la frase de Cipriano grabada en la basílica petriana: hinc unitas sacerdotalis exoritur 513 .

En esa misma comunión eclesial, los Obispos de América Latina expresan en el CELAM su unión fraterna, en una tarea común. El CELAM no es ni será un organismo que se coloca sobre las Conferencias Episcopales, cuya importancia este Concilio acaba de consagrar, sino que es, en cambio, coordinación de esfuerzos, integración de actividades pastorales, comunicación de experiencias y, sobre todo, humilde servicio fraterno, en aras de un misma ideal: la salvación del destino cristiano de América Latina.

Ese signo de unidad presidió, hace diez años, nuestro nacimiento. Río de Janeiro, metrópoli "das terras da Santa Cruz"; Eminentísimo Cardenal Piazza, Enviado Pontificio; Congreso Eucarístico Internacional. Es decir, la Cruz, el Papa y la Eucaristía. La unidad en el misterio redentor, en la autoridad suprema de la Iglesia y en la participación al banquete pascual, que nos congrega en la unidad viviente de Cristo Resucitado.

Esta audiencia tiene en segundo lugar el valor de un programa.

Vuestra Santidad, hace tan sólo pocos días, nos ha recordado en su Exhortación Apostólica la gran tarea que nos incumbe de "traducir en la práctica en los años futuros las deliberaciones que han emanado del Concilio".

Un inmenso programa se abre ante nuestra mirada, programa que exige una visión común de los problemas, una planificación a diversos niveles de la pastoral y un intercambio creciente en la acción.

Es la tarea, que a través de sus diez departamentos, el CELAM ha comenzado a realizar y que en la dinámica del Concilio anhela, con renovado empeño, proseguir.

El camino inmenso de la mies apostólica se extiende en horizontes sin fin.

Un continente que crece vertiginosamente nos presenta las tareas de evangelización con urgencia apremiante.

Un continente, donde el subdesarrollo pone a multitudes inmensas en situaciones infrahumanas, nos coloca frente a nuestro deber social.

Un continente, estremecido por ansias incontenibles de progreso, nos llama a impulsarlo en su plena expresión armónica y humana, material, intelectual y espiritualmente.

Un continente en rápida mutación de estructuras nos urge con nueva fuerza a la renovación pastoral, fin principal de este Concilio.

En la hora de la integración de todos los campos de las actividades sociales, la Iglesia en América Latina ha sentido también, en forma viva, esa necesidad de su acción pastoral. Y a esa necesidad quiere el CELAM responder.

Si común fue nuestro nacer histórico, si comunes han sido nuestras grandes vicisitudes, si comunes, a pesar de diferencias regionales, son los problemas que nos angustian, también común ha de ser el esfuerzo que nos anime para lograr el destino común que el Señor ha fijado a América Latina. No fue vana ilusión el ensueño unitario de Bolívar, si a la raíz de él se coloca nuestra unidad espiritual.

De ahí que al Setentrión, como un signo, se yerga en México el Cristo Rey del Cubilete, y sobre las cumbres australes el Cristo de Los Andes estreche a dos naciones hermanas, mientras sobre el Corcovado los brazos del Redentor se extienden como una gran plegaria sobre el vasto territorio brasilero.

A través de esos signos renovados en todas las latitudes de nuestra América, sentimos que se expresa en forma sensible nuestra gran unidad cristiana.

Esa unidad ha de traducirse en la coordinada planificación de estos esfuerzos. Es el programa querido por los pastores de la grey latinoamericana y al servicio del cual el CELAM ha sido colocado.

Trabajo no siempre fácil es el que el CELAM ha debido cumplir, pero en el cual se siente animado por el afecto con que la Santa Sede lo ha, constantemente, impulsado y asistido.

Pío XII que convoca la reunión de Río de Janeiro y da su nacimiento al CELAM; Juan XXIII que nos hace oír sus paternas directivas casi al nacer de su pontificado; la Pontificia Comisión para América Latina, que sigue con apostólica solicitud los problemas y zozobras de nuestras Diócesis y alienta la labor del CELAM, son argumento irredargüible del amor de la Santa Sede hacia esas tierras de angustia y de esperanzas.

Hoy, el Episcopado Latinoamericano -sus Cardenales, Arzobispos y Obispos, reunidos junto a Vuestra Santidad- siente una nueva prueba de ese afecto, que nos anima a proseguir "in nomine Domini" el camino que la Iglesia nos ha señalado.

Sabemos que el reloj de la historia marca hoy para América Latina un momento decisivo.

Podemos repetir con el verso del poeta mexicano, que en este momento histórico precisamos tener "los ojos abiertos a la lejanía, atento el oído y el paso ligero".

Frente a un materialismo disfrazado, que con nombres diversos nos invade, tenemos una esperanza: Cristo; un mensaje de salvación: el Evangelio; una fuerza de cohesión y de renovación: su Iglesia.

Es esa imagen de la Iglesia viviente que Vuestra Santidad mostraba en su discurso del 28 de octubre pasado, la que una acción pastoral coordinada de la Iglesia Latinoamericana procura en estos instantes traducir.

Al hacerlo, sentimos que en la sencillez y sinceridad de los pueblos jóvenes estamos cooperando a la gran obra misional del mundo.

Queremos ser un continente que si recibe es para poder dar más.

Para servir esta causa hoy reiteramos a Vuestra Santidad el afecto filial y la adhesión plena de esa América Latina, cristiana en sus raíces profundas, que guarda como rico tesoro su fidelidad al Papa y que anhela, con el apremio del amor, que un día, no lejano, puedan nuestros pueblos contemplar en medio de ellos su blanca figura y recibir en tierras latinoamericanas Su apostólica bendición.

RESPUESTA DE AMERICA LATINA 514 (VI - 1966)

Tal es el tema que debo desarrollar. Es amplio y complejo. El querer abarcarlo íntegramente sería excesivamente largo.

Prefiero encerrarlo en una sola idea. La que más entregó en "Pacem in Terris" Juan XXIII; necesitamos conocer los signos de los tiempos.

Lo necesita el mundo, que a través de esos signos sabe leer, el sentido de la historia.

Lo necesita América, la del Norte y la del Sur, la Latina y la Sajona, que en los signos de los tiempos ha de descubrir su vocación en la hora presente.

La necesitamos los Católicos que, con sentido dinámico, hemos de descubrir que la Iglesia aprende a través del tiempo los hechos y momentos que interesan a la historia de la salvación.

Por eso la respuesta de América Latina es el tratar de tomar conciencia de los signos de los tiempos que le señalan el camino que debe seguir.

Quiero, al final de esta tercera reunión de CICOP mostrar tres signos, que deben constituir nuestra respuesta.

1) El primer signo nos lo da la CICOP.

El representa, por una parte la conciencia clara de los católicos americanos para comprender y colaborar en la solución de un gran problema de hoy, América Latina, y por otra parte, el deseo fraternal de los Católicos latinoamericanos para hacer más hondo y más amplio el diálogo que nos estrecha con nuestros hermanos del Norte.

Este diálogo promovido por CICOP es uno de los signos más claros, que, sobre dimensiones pequeñas, es necesario que tanto los pueblos de norte y sud América como los católicos de sus respectivas Iglesias sepan realizar unidos el común destino histórico a que la Providencia les llama.

El diálogo a que CICOP nos llama es a superar los "misunderstandings" 515 que por tanto tiempo nos han separado.

Existe el hecho doloroso de nuestro mutuo conocimiento. La imagen corriente del latinoamericano y de su catolicismo, que aquí existe no corresponde a la realidad, como tampoco corresponde la imagen inadecuada en América Latina de los valores espirituales de esta tierra.

Porque CICOP nos llama a este diálogo, porque sabemos que Dios habla en la historia, porque sentimos que uno de los grandes signos de la presencia divina en el mundo es ese encuentro de los pueblos y civilizaciones en busca de la unidad, CICOP se nos muestra como un signo de los tiempos, o mejor dicho, como una voz potente de Dios que nos llama a comprendernos y a unirnos.

La técnica, la ciencia han hecho desaparecer distancias materiales, hasta ayer insuperables. Del conjunto de solidaridades materiales que hoy une a todos los pueblos, surge con mayor fuerza la necesidad de solidaridad espiritual. Esa comunión es lo que América Latina necesita y pide.

Es verdad que nuestras horas son difíciles, nuestras jornadas duras, nuestra angustia del presente grande. Es verdad que nuestras Iglesias necesitan sacerdotes, religiosas, apóstoles laicos, recursos materiales, pero por sobre todos esos problemas, necesitamos comprensión.

CICOP quiere promover esa comprensión y por eso su acción nos aparece como un signo al cual debemos dar todo el valor que contiene.

Es grandioso explorar los mundos siderales, pero es aún más hermoso el que los hombres, hijos de un mismo Padre de los cielos nos descubramos, tales cuales somos con nuestras características y virtudes, con nuestras cualidades y defectos.

Descubriéndonos nos aceptaremos, sin tratar de cambiar nuestras propias fisonomías, aceptándonos nos amaremos, y amándonos tendremos el maravilloso diálogo de la caridad que supera las diferencias de lengua y de raza para hacernos hablar en el acento de Cristo.

"Once true understanding is achieved, friendship will grow, and from that friendship, active moral and material cooperation will flow" 516 .

Sólo así podremos realizar la tarea común a que la voz profética del hombre que supo comprendernos, llamó hace cinco años:

"Now the trumpet summons us again as it calls us to bear the burden of a long two light struggle, year in and year out, rejoicing in hope, patient, in tribulation a struggle against the common enemies of man: tyranny, poverty, disease and war it self" 517 .

Los latinoamericanos recibimos el llamado de CICOP a realizar esa mutua comprensión como "un gran signo de los tiempos".

2) El segundo gran signo de los tiempos se llama Concilio Vaticano II. No vamos a desarrollar aquí sus temas, pero sí, a sacar sus lecciones que tienen relación con nuestra reunión.

La Iglesia es inmutable en su constitución fundamental, sin embargo, la historia determina su vida y precisa su misión. La historia presenta a la Iglesia sus problemas, que son como otros golpes con que el mundo llama a su puerta para hacerla abrir al Evangelio en la página correspondiente. (Paúl Claudel - Discurso de Recepción en la Academia Francesa).

¿Qué otra cosa significa la convocación del Vaticano II y el discurso de apertura de Juan XXIII? ¿Qué otra cosa el discurso ante la ONU y el del 7 de diciembre pasado de Paulo VI sobre el Humanismo Cristiano?

¿Qué otra cosa el movimiento ecuménico, la relación con las religiones no cristianas, la libertad religiosa proclamada por el Concilio? ¿Qué otra cosa la Constitución Pastoral sobre la Iglesia y el mundo de hoy?

Y ese Evangelio que el Concilio ha abierto en la página que le corresponde, nos habla para decirnos:

a) La constitución "Lumen gentium" 518 nos muestra una solidaridad en la evangelización del mundo. Es la Iglesia entera la que debe responder a las necesidades que esa Iglesia, presente en cualquier pueblo o nación.

La Iglesia es el pueblo de Dios que avanza entre las turbulentas aguas de la historia. Debe existir una sincronización entre el progreso del mundo y el caminar del reino de Dios.

América Latina siente que en esa solidaridad que el Concilio proclama, ningún pueblo va a encerrarse en sí mismo para mirar únicamente la Iglesia de su propia nación, sino, al contrario, va a sentir que vive en forma más rica y plena el misterio de la Iglesia en la medida en que ayuda a otros pueblos a robustecer su vida cristiana y a las Iglesias de esos pueblos a vigorizar su acción pastoral.

América Latina, en la hora del Concilio, siente que su deber ante el resto de la Iglesia se acrecienta, pero espera confiada que sus hermanos en la fe sientan en forma igual, las responsabilidades que tienen hacia ellos.

América Latina sabe que si hoy recibe es porque mañana debe dar. Que si hoy pide es porque quiere alcanzar aquel vigor que la hará capaz de ser cada vez más un aporte positivo a la Iglesia Universal.

b) El Concilio nos dice en la misma constitución aludida que esa Iglesia que peregrina en el mundo es una Iglesia servidora. Es la continuación de su jefe que "no vino a ser servido sino a servir" 519 , y al decírnoslo, es una nueva página del Evangelio que se abre ante nosotros, para recordamos que el crecer de la Iglesia, no está en la medida de las obras exteriores sino en su medida de servicio a los hermanos.

Y al escuchar esa página, la Iglesia de América Latina afirma su voluntad de servicio. Como Pedro repite: "No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy" 520 . Es la fe arraigada de sus pueblos, es esa fe conservada, a pesar de la falta de auxilios pastorales, es la simplicidad de una vida pobre, la austeridad de una vida dura, la hospitalidad fraterna donde se parte con sencillez el plan de los hermanos, es el perfume de cuatro siglos de fe cristiana que moldeó su historia y que ella hoy siente la necesidad de consolidar y de comunicar.

c) La Iglesia, nos ha dicho el Concilio, tiene como fin su santidad. Es la continuación del misterio de Cristo entre los hombres. Como él puede repetir "que ha venido a que tengan vida y a que la tengan en abundancia" 521 .

Lo que América Latina quiere dar es el testimonio de una fe que vence las dificultades, de una esperanza que no se acobarda ante los problemas, y sobre todo de una caridad que iguala a los hombres en el común amor de Cristo.

De ahí que América Latina quiere que el diálogo espiritual con sus hermanos de los EE.UU. sea más vivo y más profundo. De ahí igualmente, el que nosotros deseemos que un intercambio espiritual más hondo se realice entre estas dos porciones, la latina y la sajona, del gran continente americano.

Nunca acabaremos de agradecer la ayuda que hoy recibimos de América del Norte, en sacerdotes, religiosas y apóstoles laicos, pero quisiéramos, igualmente el que se nos llamara aquí nuestro aporte espiritual. Permítanme hablar con libertad cristiana; así como de aquí va una ayuda apostólica hacia América Latina que agradecemos con toda el alma, quisiéramos que EE.UU. recibiera la misión Latino Americana. Sobre este mutuo intercambio, nuestras Iglesias se enriquecerían, nuestra comunión cristiana se haría más viva, dejaríamos nosotros de sentir que somos el único pueblo que recibe, y comprenderíamos en forma viva que si recibimos es para comunicar, no en un lejano futuro, sino en un urgente presente.

Puede ser que nuestro inglés no sea el de Shakespeare, pero tampoco el español de los misioneros americanos en Latinoamérica es el de Cervantes. Sobre las diferencias de idioma hablaremos aquí y allá el lenguaje del amor.

d) El Concilio nos ha hablado de la presencia de la Iglesia en el mundo para hacemos sentir que la Iglesia está al servicio del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres. Nuestro deber social aparece ahí en forma clara.

América Latina siente en esta hora y a la luz del Concilio, el deber de luchar contra el subdesarrollo. Sabe que la amenaza mayor para la paz entre nosotros, no es la bomba atómica que no poseemos, sino el subdesarrollo; que no habrá paz en América Latina mientras perdure el escándalo del subdesarrollo, y que es un deber tanto nuestro como de los pueblos desarrollados, el luchar porque este escándalo termine. Con el Cardenal Feltin, repetimos: "El nuevo nombre de la paz se llama desarrollo".

El Concilio adjura solemnemente, y con la expresión de una profunda ansiedad cristiana a que las naciones y especialmente las comunidades cristianas en los pueblos más favorecidos, pongan todo su esfuerzo por abolir las angustias y miserias de esos pueblos, que como en la visión de Paulo les repiten: "Ven en nuestra ayuda".

Yo no puedo aquí dejar de mencionar con emoción y afecto profundo el gran gesto Ecuménico de los Hermanos de Taizé, comunidad protestante de Francia, hacia América Latina lanzando la operación Esperanza. La primera tentativa de reforma agraria realizada por la Iglesia en Chile, contó con su ayuda, y hoy está en prensa la edición Ecuménica del Nuevo Testamento en español que ellos obsequian a América Latina.

América Latina pide que se le ayude a adquirir la igualdad en todos los campos de la vida humana con los pueblos desarrollados. Ayuda a que nuestros pueblos alcancen su promoción con eficacia y, al mismo tiempo, con un gran respeto de su propia fisonomía.

e) El Concilio ha demostrado a la Iglesia que asume todos los problemas de la humanidad. "La Iglesia -ha dicho Paulo VI- proclama un nuevo humanismo, nosotros más que nadie tenemos el culto del hombre".

La América Latina necesita que su vida económica social ayude y no impida realizar ese "culto del hombre" de que habla el Papa en su memorable discurso del 7 de diciembre pasado.

La Iglesia de América Latina siente su deber frente a esta responsabilidad. Sabe que si pecara por omisión, la revuelta anticristiana sería inevitable, pero América Latina pide a sus hermanos católicos de los EE.UU. que reexaminen en profundidad la situación presente, y hagan sentir su opinión a fin de evitar en las relaciones económicas y políticas todo aquello que impide el desarrollo integral y armónico del humanismo cristiano que el Concilio proclama.

El segundo signo de los tiempos que a mi juicio debemos contemplar en esta reunión, se llama Concilio Vaticano II.

3) Respuesta de América Latina: Escrutar los signos de los tiempos. Hemos señalado dos; el espíritu de diálogo que anima, a CICOP. Debo agregar un tercero: el Discurso de SS Paulo VI en ocasión del X aniversario del CELAM.

El Jefe supremo de la Iglesia ha hablado al Episcopado de América Latina el 24 de noviembre pasado.

Más que un discurso podríamos llamarlo una Encíclica Pastoral. Es un programa donde el problema de nuestro continente se contempla en toda su amplitud: espiritual, pastoral, económica y social.

Es una visión donde el maestro que enseña, da a conocer en un estilo sencillo, pero en un acento dramático, el problema que preocupa a su corazón de Pastor universal.

Es un programa pastoral concreto donde se planifica la acción de conjunto que es urgente realizar.

Es una palabra paterna donde el Padre común comprende, consuela y alienta la labor, a veces desconocida y no pocas veces tergiversada, de los abnegados pastores de la grey latinoamericana. Es un grito profético que tiende a despertar los espíritus aún pasivos, al soplo innovador de los tiempos.

Es, en una palabra, la respuesta de la Iglesia a las angustias y esperanzas de un continente, que busca una solución definitiva y absoluta a sus problemas.

El Discurso de Paulo VI a la América Latina tiene el valor de un signo de los tiempos que es necesario comprender.

El nos dice que el problema entero de la Iglesia, está subordinado a la solución del problema de América Latina y, en consecuencia, ningún católico tiene el derecho de decir: Ha nosotros no nos corresponde resolverlo".

Nos dice, enseguida, que la Iglesia ve de una parte el problema de una "debilidad orgánica" de América Latina y nos llama a su revitalización.

La palabra del Papa es un elogio al esfuerzo del CELAM y de todas las iniciativas que se cobijan bajo esta sigla, llamando a todos a colaborar en este esfuerzo común.

El Discurso del Papa tiene aún otro significado más profundo, cargado de esperanza. Al concluirse el Concilio, cuando comienza el tiempo de la caridad y de la responsabilidad, cuando todo el pueblo de Dios se vuelve hacia la revelación de los valores cristianos, contenidos en la situación histórica contemporánea, el Vicario de Cristo habla a un continente que no tiene ni la tradición histórica, ni el poderío económico, ni la abundancia del personal apostólico de otros países o continentes, pero que en cambio, en la misma carencia de esos elementos, está más apto y despierto para poner en ejercicio, todos esos "medios pobres" que en último término son la expresión de las Bienaventuranzas Evangélicas.

¿Y qué otra cosa es el "Aggiornamento", sino la vuelta total y absoluta al espíritu del Evangelio?

La Iglesia de los pobres de que habló Juan XXIII, ¿no es más fácil que sea comprendida por los que se encuentran en esa condición?

El discurso de Paulo VI el 24 de noviembre, no nos habla sólo a nosotros. Habla a toda la Iglesia y encierra en su espíritu todo el valor de un signo de renovación interior y pastoral.

Debo terminar:

Respuesta de América Latina.

Tal ha sido el tema que se me ha propuesto.

La respuesta es una y triple: miremos los signos de los tiempos sobre América. Esos signos se llaman: espíritu de diálogo de CICOP, retorno a las fuentes del Vaticano II, renovación pastoral del Discurso de Paulo VI.

A la luz de esos signos, América Latina tiene que decir tres palabras a sus hermanos de los Estados Unidos:

Palabra de gratitud, porque el amor de fraternidad y su espíritu de diálogo con nosotros se ha hecho cada vez más auténtico y vivo.

Palabra de comunión, porque estamos ciertos que únicamente en un intercambio común enriqueceremos nuestra vida presente y haremos posible para toda América la verdadera y honda renovación conciliar.

Palabra de esperanza, porque Dios nos ha hecho ver sus signos, porque a través de ellos hemos una vez más palpado su amor, porque sentimos a la Iglesia entera en íntima comunión con nosotros; por eso nuestra palabra está cargada de optimismo y de esperanza.

No ignoramos los problemas ni tampoco les tememos. No ignoramos las amenazas que se ciernen sobre nosotros, y ellas tampoco nos harán desviar nuestro camino.

Sabemos que el Señor ha puesto en nuestros pueblos potencialidades magníficas, y en ellas confiamos.

Unidos en el espíritu fraternal que el Vaticano II nos ha dado, podemos los americanos del norte y del sur, latinos y sajones, decir en nuestros diversos idiomas el himno que expresa esas esperanzas:

God bless the Americas 522 .


475

Lumen gentium, c. 2, Nº 13.

476

Lumen gentium, c. 3, Nº 23.

477

Ponencia (Dco. 61) presentada a la Reunión Gral. de los Obispos de A.L. en Río de Janeiro, julio - agosto 1955.

478

Caggiano Cardo Antonio. Obispo de Rosario, Arzobispo en ese momento de B. Aires. fue uno de los principales organizadores de la A. C. argentina.

479

Barbieri Mons. Arzobispo de Montevideo. Creado Cardenal en 1958.

480

Tr.: “Proteger mediante la acción”.

481

Tr.: “Otras ovejas, que no están en el redil”.

482

Tr.: “El artesano se forma trabajando”.

483

Código de Derecho Canónico (“Codex Iuris Canonici”).

484

Discurso en Roma.

485

Tr.: “Traen, como los corredores, las lámparas de la vida”.

486

Eyzaguirre Mons. Alejo. Canónigo de Santiago. Ocupa cargos legislativos siendo designado Presidente del Congreso Nacional en 1833. En 1843 es designado Vicario Capitular y gobierna la sede vacante hasta 1845. Después de renunciar a ocuparla como titular.

487

Valdivieso Arz. Rafael Valentín. Segundo Arzobispo de Santiago (1804-78). Fue misionero en el sur del país. Decano de Facultad de Teología de la U.C. de Chile. Fundador de la “Revista Católica”. Es construido Arzobispo de Santiago en 1847.

488

Portales Diego. Ministro de Estado importantísimo durante los gobiernos de Ovalle y Prieto. Mediante una fuerte represión logra estabilizar la política nacional. Es asesinado en 1837.

489

Tr.: “Más durable que el bronce”.

490

Tr.: “Alabemos a los varones gloriosos y a nuestros padres en su generación”, Si. 44,1.

491

Tr.: ¡Oh Roma, siempre serás tenida como dulcísimo y serás siempre de todos, madre, maestra y patria!

492

Tr.: “Aquí brota la unidad del sacerdocio”.

493

Rosa de Lima. Nacida en 1586 en Lima. Vistió el hábito de las Terciarias en la Orden de Sto. Domingo. En una hermita en su propia casa vivió una vida de gran austeridad y de elevada contemplación. Murió en 1617.

494

Mariana de Jesús Paredes y Flores (la “Azucena de Quito) vivió entre 1619 y 1645. Fue canonizada por Pío XIII en 1950.

495

Padre Pro. Jesuita mexicano. Su figura se hizo conocida durante la persecución religiosa de la primera parte de este siglo.

496

Fue el primer exalumno del Pio Latino promovido al Episcopado, para la Diócesis de S. Luis de Potosí (Mexico). Participó en el Concilio Plenario de América Latina en 1899, en Roma.

497

Casanueva Mons. Carlos Ordenando sacerdote en 1900, después de haber hecho estudios de Leyes. Fue Director Espiritual del seminario Pontificio y su profundidad espiritual fue ampliamente conocida. En 1920 fue nombrado Rector de la Universidad Católica, donde permaneció hasta su muerte. El llamó a Mons. Larrain a la U.C.

498

1 Co. 4,2.

499

Declaraciones efectuadas al regreso del Segundo Congreso Eucarístico Nacional efectuado en Ecuador, D.M., Talca, 6 de octubre , 1958, pág. 2.

500

Pastoral Popular, 1960, (60), pág. 3-12.

501

Bernard, Mons., Obispo de Versailles.

502

Santiago: Ed. del Pacífico.

503

Tr.: “Es lícito ser enseñado por el enemigo”.

504

Tr.: “Para no espantar al burgués”.

505

“La Voz”, 19 de marzo, 1961, pág. 1.

506

Entrevista en “La Croix”, de París por Jean Pelissier; tr. del autor.

507

Samoré Mons. Antonio. Nuncio en Bogotá hasta 1954. Luego desde Roma tuvo a su cargo inmediato la organización de la Pontificia Comisión para A.L., en la que ocupó diversos cargos hasta llegar a Presidente. Fue nombrado Cardenal.

508

Bertoli Mons. Pablo. Consagrado Obispo el 11 de mayo, 1952. Nuncio en Colombia y Francia.

509

Cámara, Mons. Helder. Actualmente Obispo de Olinda y Recife (Brasil). Nació en 1909 y fue consagrado Obispo en 1952. Activa participación y desarrollo del CELAM. Celebre a nivel mundial por su sostenida labor en favor de los desposeídos.

510

Santiago de Chile. Ed. Universidad Católica (1962), 40 pp.

511

Tr.: Frente a una variedad de caminos posibles y muy distintos.

512

Habla en calidad de presidente del CELAM.

513

Tr.: “De aquí brota la unidad sacerdotal”.

514

Último discurso de Mons. Larraín, poco antes de su muerte, en el CICOP.

515

Tr.: Malentendidos.

516

Tr.: “Una vez que se alcanza una verdadera comprensión, nace la amistad, y de ella surgirá la activa cooperación material y moral”.

517

Tr: “Ahora las trompetas nos convocan nuevamente como llamándonos a soportar el peso de dos luchas iluminadas, año tras año, regocijándonos en la esperanza, pacientes, en la tribulación de una lucha contra de los enemigos comunes del hombre: tiranía, pobreza, enfermedad y la guerra misma.”

518

Tr.: “Luz de las gentes”.

519

Mt. 20, 28.

520

Hch. 3,6.

521

Jn. 10,10.

522

Tr.: Dios bendiga América.
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