Mons. Manuel Larra铆n E., Mons. Manuel Larra铆n. Escritos completos.
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente

Congresos y eventos de la Acci贸n Cat贸lica

Uno de los aspectos de la vida de la Iglesia sobre el cual Monse帽or m谩s escribi贸 fue la Acci贸n Cat贸lica.

En este primer volumen transcribimos s贸lo aquellos escritos que responden a momentos hist贸ricos m谩s significativos. El resto lo publicamos en el 2潞 volumen. "La Iglesia en su espiritualidad" al tratar de "La espiritualidad del laico鈥.

LA ACCION CATOLICA, OBRA DE REEVANGELIZACION 212
CONGRESO INTERNACIONAL DE ACCION CATOLICA DE CARACAS (18, 19, 20-XI-1953)

Unas palabras durante un Congreso Internacional de Acci贸n Cat贸lica ha de tener m谩s el sentido de una meditaci贸n que el de una conferencia.

Se viene a un Congreso a tomar conciencia de su misi贸n.

A contemplar la realidad presente a la luz del camino recorrido ya enfrentar la actividad futura con la mirada abierta a los horizontes hist贸ricos de esta nueva edad.

Y as铆 mi tema se inicia con palabras del Evangelio: "Es semejante el reino de los cielos al fermento que una mujer toma y lo pone en tres medidas de harina hasta que todo fermenta" 213 .

Vuestra misi贸n tiene el significado del fermento de la par谩bola evang茅lica.

A ahondar en la comprensi贸n de este significado hemos venido.

Y por eso os hablo.

Puedan tambi茅n mis palabras servir de fermento para dar a nuestro tiempo los panes 谩nimos de sinceridad y de verdad que necesita.

I. Misi贸n hist贸rica de la Acci贸n Cat贸lica

La misi贸n hist贸rica de la Acci贸n Cat贸lica ha quedado definida en frase de Su Santidad P铆o XII: "Es una obra de re-evangelizaci贸n" 214 .

Bajo el signo de la Acci贸n Cat贸lica y alrededor de la Iglesia eterna, se forma una nueva cristiandad.

Las relaciones entre el orden natural y el sobrenatural fueron rotas al comienzo de esta edad moderna.

El liberalismo triunfante en el siglo pasado quiso separar lo espiritual de lo temporal. De ah铆 el laicismo. De ah铆 la paganizaci贸n de los ambientes. De ah铆 la escuela, la econom铆a, la ciudad sin Dios.

La crisis del mundo moderno es ante todo crisis del esp铆ritu.

驴Qu茅 actitud cabe a los cristianos ante este mundo moderno?

La misi贸n del cristiano no es la de identificarse con ninguna forma de civilizaci贸n temporal, sino la de vivificar internamente a este mundo que pasa. Es de estar presente en lo temporal, pero sin ligarse.

No es la de tratar de volver a un pasado ideal que no siempre ha existido como se lo pinta, sino de empujar la humanidad hacia ese triunfo de Cristo, hacia esa Unidad con que la Revelaci贸n se cierra en el Apocalipsis en un inmenso canto. La Acci贸n Cat贸lica ha puesto bajo un nuevo 谩ngulo el problema de las relaciones entre el orden natural y el sobrenatural. No se trata solamente de las relaciones de la Jerarqu铆a con lo temporal, sino de la actividad de los seglares mezclados necesariamente a todas las formas de actividad temporal.

Y esa actividad se resume en una sola palabra, evangelizaci贸n.

No es pues, ni apart谩ndose de lo temporal, ni lig谩ndose permanentemente con 茅l como los seglares cumplir谩n su misi贸n, sino cristianiz谩ndolo. Siendo portadores de la buena nueva; evangelizadores. Cumpliendo la misi贸n que Cristo y la Iglesia les conf铆a; ap贸stoles.

Y aqu铆 radica la misi贸n hist贸rica de la Acci贸n Cat贸lica.

No se trata de un ejercicio de piedad, sino de vida piadosa, ni de a帽adir actos cristianos a la vida real, sino de penetrar de esp铆ritu cristiano esa vida real, ni de perderse en la discusi贸n si el apostolado debe ser de 茅lite o de masa, sino de ir a la masa por la 茅lite en la masa. La Acci贸n Cat贸lica no ser谩 primeramente obra de preservaci贸n, ni tampoco como a veces se ha dicho, una organizaci贸n de las fuerzas cat贸licas, ser谩 ante todo un movimiento de expansi贸n del aseglarado tendiente a cristianizar el ambiente en que su vida temporal se desarrolla.

Y aqu铆 radica su misi贸n hist贸rica o lo que atrever铆a a llamar, la potencia revolucionaria de la Acci贸n Cat贸lica.

Ella pone ante nuestros ojos como objetivo primordial del apostolado el primado del reino de Dios. Nuestra salvaci贸n personal, que a veces se nos ha presentado como finalidad de nuestra vida, no es sino la consecuencia, "la a帽adidura", de "buscar el reino de Dios y su Justicia 215 .

La Acci贸n Cat贸lica nos dice, en seguida, que los artesanos inmediatos del reino de Dios en la vida temporal ser谩n los seglares. Que el mundo, al cual nosotros sacerdotes hemos renunciado, pertenece a ellos. Que la acci贸n del seglar a esa misi贸n redentora es el complemento de nuestro sacerdocio, ya que por nuestra funci贸n de mediadores no podemos mezclarnos a lo temporal m谩s que en una cierta medida. Que frente a un mundo que se forma, los que viven en 茅l y act煤an han de darle el sentido cristiano que necesita.

El R. P. Chenu 216 sintetiza admirablemente la misi贸n hist贸rica de la Acci贸n Cat贸lica:

"Es de temer, observa, que a veces hayamos m谩s o menos conscientemente intentado la experiencia de santificar, de cristianizar a los individuos contra los tejidos sociales que componen efectivamente su vida. Demasiado tiempo se ha gastado un magn铆fico celo apost贸lico en "proteger" al cristiano contra su medio, en crearle un medio artificial donde pudiera refugiarse y vivir al fin cristianamente, en la piadosa atm贸sfera de un grupo bien cerrado, fuera de un ambiente pagano o perverso; expediente inevitable tal vez en un momento dado pero cuyo estrecho empirismo nos llevaba a un cristianismo de emigrados... La Acci贸n Cat贸lica no es una simple ampliaci贸n de una t茅cnica preexistente, un agregado de vicarios seglares a un clero insuficiente, sino que, viniendo de la esencia misma del Reino de Dios y de la m谩s profunda naturaleza de la Iglesia, es una extensi贸n de la Encarnaci贸n a un r茅gimen societario nuevo de la cristiandad, extensi贸n que se realiza dentro de estructuras apost贸licas nuevas, complementarias, necesarias, urgentes, cuyo principio regulador ha dado P铆o XI: la participaci贸n de los seglares en el apostolado jer谩rquico de la Iglesia" 217 .

II. Ambiente moderno

Pero antes de abordar directamente este punto preguntemos 驴qu茅 se entiende por ambiente? Tomo del can贸nigo Thiberghien la siguiente definici贸n: "Es el cuadro natural en el cual el hombre desarrolla su actividad, es la atm贸sfera que respira, es el fragmento de humanidad en que se injerta toda su vida".

Toda la sociolog铆a contempor谩nea prueba c贸mo y cu谩nto el ambiente influencia al individuo. S. S. P铆o XI en la Enc铆clica Divini Ilius Magistri, sobre la educaci贸n cristiana, nos dice que uno de los elementos, y de los m谩s importantes de la educaci贸n, es el ambiente. Nadie escapa a la presi贸n social del medio en el cual act煤a y vive.

Corresponde a la Acci贸n Cat贸lica el haber se帽alado la importancia del ambiente y el haber orientado el apostolado a su cristianizaci贸n.

El apostolado del siglo pasado y de comienzos de 茅ste se orient贸 principalmente a crear instituciones con objetivos definidos, sociedades que trataban de realizar una acci贸n determinada; protecci贸n de la infancia, defensa de la joven, asociaciones deportivas. Ellas han realizado una gran obra de bien y lejos estoy de criticarlas, pero el hecho social del ambiente, del Cardenal Sali猫ge 218 :

"Modificar la presi贸n social, dirigirla, hacerla favorable al desarrollo de la vida cristiana, crear por ella un clima, una atm贸sfera donde el hombre pueda desarrollar sus cualidades humanas, llevar una vida propiamente humana, donde el cristiano pueda respirar a sus anchas y permanecer cristiano, tal es si no me equivoco, el fin de la Acci贸n Cat贸lica" 219 .

Los elementos que constituyen un ambiente son al decir de la sociolog铆a cuatro: una cierta unidad geogr谩fica, la organizaci贸n del trabajo, o sea, el g茅nero de trabajo, la concepci贸n de la vida y de las instituciones, las costumbres, por ejemplo, deportes, actividades art铆sticas, etc.

Se帽alado lo que es y constituye un ambiente, cabe preguntar: los ambientes en que la vida normal del hombre moderno se desarrolla, 驴son cristianos? o sea, 驴son favorables para que en ellos se desarrolle y cultive nuestra vida humana y cristiana? Tomados en su conjunto debemos dar una respuesta negativa. No cabe duda que existen peque帽os ambientes cristianos, pero el ambiente general. el que forman los negocios, la f谩brica, el cine, la llamada vida social, la prensa, la literatura, la pol铆tica, etc., est谩n lejos de favorecer el desarrollo de la vida cristiana y mucho menos de reflejar un esp铆ritu cristiano.

Nos hallamos ante una civilizaci贸n enferma, m谩s dif铆cilmente permeable al Evangelio que muchas otras.

El naturalismo, separando el orden espiritual del temporal y constituyendo una sociedad laica, ha arrancado al mundo actual de sus bases eternas.

El capitalismo liberal y el r茅gimen exclusivo del inter茅s han viciado profundamente las costumbres y las instituciones. La mayor parte de los ambientes en que nuestra vida diaria se desarrolla son o indiferentes o nocivos a la vida cristiana. El cat贸lico ha de enfrentarse a un mundo que, conservando a煤n sus ra铆ces cristianas, se encuentra ante ambientes impregnados de paganismo. El Eminent铆simo Cardenal Suhard en su Pastoral de Cuaresma de 1947, que nunca meditaremos suficientemente, define la sociedad contempor谩nea como un "mundo sin Dios". Y el mismo Prelado de Par铆s a帽ade: "驴Habr铆a que admirarse que este ate铆smo universal influya sobre los mismos cristianos? A fuerza de respirar esta atm贸sfera, terminan por impregnarse de ella. Por todos sus sentidos ellos aspiran este veneno sutil, cuyo peligro supremo consiste en que no hace morir, sino que inmuniza contra la necesidad de la promedio propio de vida permaneci贸 extra帽o a dichas obras. Es la Acci贸n Cat贸lica la que nos da esta f贸rmula apost贸lica: organizaci贸n de la irradiaci贸n cristiana en un ambiente determinado. O sea, lo que en forma magn铆fica expresa el Eminent铆simo Cardenal Suhard鈥. sencia divina a sus v铆ctimas. Por eso, no es necesario ir lejos para buscar hombres sin Dios. Se les encuentra a cada paso. Un gran n煤mero de bautizados sin ser ateos aut茅nticos, se conducen pr谩cticamente con ellos" 220 .

Es el paganismo moderno, del cual los ambientes generales son la expresi贸n. .

Hace seis a帽os un eminente religioso chileno 221 escribi贸 una obra que titul贸: 驴Es Chile el pa铆s cat贸lico? Prescindo si el t铆tulo era o no el m谩s oportuno, o si tal o cu谩l dato estad铆stico era o no completo, pero un hecho queda ah铆 establecido sobre lo que haya podido observ谩rsele y es que nuestros ambientes actuales no reflejan ni favorecen el desarrollo de la vida cristiana.

驴Por qu茅 insisto en esta idea que a m谩s de alguno podr谩 parecer pesimismo de mal gusto?

Precisamente, para llevar al optimismo cristiano que de la realidad, por la esperanza, conduce a la acci贸n.

Para hacer ver que el dormirse sobre la idea de que vivimos en ambientes cristianos, a m谩s de falsa, es suicida.

Para demostrar lo que ya en el punto primero se帽alaba y que en los siguientes desarrollar茅, a saber, que nuestra labor es de re-evangelizaci贸n, Seg煤n la frase de P铆o XI, que nuestra acci贸n ha de orientarse fundamentalmente hacia la re-cristianizaci贸n de los ambientes y que eso s贸lo lo podr谩 hacer una acci贸n cat贸lica que est茅 penetrada y dos ideas centrales: que Dios ha dado a los seglares los ambientes donde el orden temporal se desarrolla, para conquistarlos y que su vocaci贸n para tal obra ha de tener las caracter铆sticas de la vocaci贸n misionera.

Habla san Mateo en el Cap铆tulo XVI:

"Se le acercaron los fariseos y saduceos para tentarle, y le rogaron que les mostrara una se帽al del cielo. El, respondi茅ndoles les dijo: "Por la tarde dec铆s buen tiempo, si el cielo est谩 arrebolado. Y a la ma帽ana: hoy habr谩 tempestad, si en el cielo hay arreboles obscuros. Sab茅is discernir el aspecto del cielo, pero no sab茅is discernir las se帽ales de los tiempos nuevos".

Yo no deseo que para los cat贸licos de Am茅rica pueda aplicarse el reproche de Jes煤s de "no saber discernir las se帽ales de los tiempos nuevos". Deseo, en cambio, que nuestra Acci贸n Cat贸lica tanto m谩s realista cuanto m谩s alto es su ideal, se penetre de la gravedad de los tiempos que vive, se enfrente al hecho por desgracia efectivo de la paganizaci贸n del ambiente y saque de 茅l, en forma viva y apremiante, la conciencia de que tanto individual como colectivamente debe ser misionera del ambiente.

III. Posici贸n cristiana ante el ambiente

Su Eminencia el Cardenal Suhard, en su trascendental Pastoral: 驴Crecer o declinar de la iglesia? nos ha se帽alado las dos posiciones que dividen al mundo cat贸lico ante el problema del mundo moderno: ruptura o adaptaci贸n.

No creo necesario el repetir las ense帽anzas de un documento que todo cat贸lico que experimente las inquietudes de su tiempo debe leer y meditar.

B谩stenos se帽alar un principio general que debe guiamos constantemente en este problema: "no hay que rechazar al mundo para pertenecer a Cristo, sino conducir con nosotros el mundo a Cristo" 222 .

Una visi贸n cristiana del mundo nos muestra a Dios, centro de toda la creaci贸n material e inmaterial. Es el 煤ltimo verso con que la Divina Comedia se cierra: 鈥渓麓amor che muove il sole e l'altre stelle鈥. Nos se帽ala a Cristo como "el restaurador universal", para emplear una expresi贸n paulina. Nos hace ver a la Iglesia como la maravillosa prolongaci贸n del misterio de la Encarnaci贸n por donde toda la humanidad ha de retornar hacia Dios.

De este principio general debemos descender, en seguida, a algunas aplicaciones particulares concretas y la primera es la siguiente: 驴cu谩l es el contacto que corresponde a la Acci贸n Cat贸lica con los problemas de orden temporal?

No se me oculta que el punto es delicado y que no es f谩cil dilucidarlo en pocos minutos. Pero peor ser铆a el omitirlo.

Resumamos algunas ideas fundamentales:

Existen dos potestades: la eclesi谩stica y la civil, "una, destinada a las cosas divinas, la otra, a las cosas humanas" 223 . Hay que evitar toda confusi贸n entre lo divino y lo temporal. La falta de distinci贸n clara entre lo temporales y lo eterno, lo espiritual y lo material, lo natural y lo sobrenatural es causa de muchas de las desorientaciones de nuestra 茅poca. La distinci贸n entre ambos 贸rdenes debe al mismo tiempo hacemos afirmar la necesaria relaci贸n que entre uno y otro existe, tal como la del alma y del cuerpo.

Corresponde a la Iglesia y en consecuencia a la Acci贸n Cat贸lica que es participaci贸n-al apostolado jer谩rquico, el animar de esp铆ritu cristiano todo el orden temporal.

No se trata de sustituir el orden temporal por el divino, lo que constituir铆a una teocracia, sino de infundir el esp铆ritu de Cristo en lo temporal. De donde aplicando este concepto a la Acci贸n Cat贸lica podemos decir que la Acci贸n Cat贸lica es el apostolado organizado animando un ambiente social.

De aqu铆 que se siguen tres consecuencias:

1. El cat贸lico no puede prescindir de trabajar por la reorganizaci贸n de lo temporal. No se puede establecer un orden social cristiano en una sociedad desorganizada.

La indiferencia de los cat贸licos hacia lo temporales constituye en el fondo una traici贸n a lo espiritual.

El sentido de las Enc铆clicas sociales es 茅ste: humanizar el ambiente del trabajo para hacer posible en 茅l, el desarrollo del esp铆ritu cristiano.

Pretender desarrollar una acci贸n religiosa cuando el ambiente material, econ贸mico y social, es contrario a una vida humana y, por ende, cristiana, es olvidar que Cristo vino a salvar al hombre -alma y cuerpo - y que como Santo Tom谩s ense帽a: "un m铆nimo de bienestar temporal es indispensable a la pr谩ctica de las virtudes cristianas".

De donde una Acci贸n Cat贸lica que no se proyecta en lo social, no lograr谩 realizar jam谩s lo que es esencial a ella misma: la cristianizaci贸n del ambiente.

2. La Acci贸n Cat贸lica no puede apartar al cat贸lico de la acci贸n temporal. Cuanto m谩s sobrenatural deba ser el esp铆ritu que anime a la Acci贸n Cat贸lica, tanto mayor debe ser la adaptaci贸n a lo temporal.

La Acci贸n Cat贸lica es un 贸rgano apost贸lico del Cuerpo M铆stico de Cristo y como tal ha de vivir intensamente el misterio de la Redenci贸n.

S. E. Mons. Montini 224 nos dice que:

"M谩s que nunca corresponde a los seglares de Acci贸n Cat贸lica el tomar sus responsabilidades en la ciudad cristiana que hay que edificar y mezclarse siempre m谩s resueltamente en el camino que les trazaba ayer con providencial oportunidad el Papa P铆o XI. Su Santidad ha indicado a todos ese camino".

Puede la Acci贸n Cat贸lica caer, en lo que acertadamente llama Maritain, "El pecado del angelismo" 225 , o sea, el concretarse exclusivamente a lo espiritual, olvid谩ndolo que su misi贸n apost贸lica ha de desarrollarse en el ambiente y que 茅ste se forma con todas las circunstancias concretas que rodean la vida humana.

La Acci贸n Cat贸lica tiene por misi贸n santificar lo temporal, de modo que el apartar a sus miembros de los problemas humanos ser铆a conducidos a un sobre naturalismo vac铆o de realidad que se pierde en discusiones sutiles y en distinciones in煤tiles. Podr铆a aplic谩rsele la genial frase de Peguy: "Tiene las manos puras, pero no tiene manos",

3. Los cat贸licos, al mezclarse en lo temporal, no deben mezclar a la Acci贸n Cat贸lica.

Podr铆a aparecer contradicci贸n entre este punto y el precedente, pero en realidad no la hay, antes al contrario lo complementa y act煤a.

A la Acci贸n Cat贸lica no le corresponde organizar lo temporal, pero s铆 sobrenaturalizarlo, darle su sentido divino.

Ella debe permanecer siempre como el 贸rgano apost贸lico del Cuerpo M铆stico de Cristo en medio del seglarado.

No ser谩 pues la Acci贸n Cat贸lica la que ordinariamente promueva asociaciones deportivas, teatrales, sindicatos o partidos pol铆ticos, pero s铆 la que forme en tal manera sus miembros para que en todas las instituciones y ambientes en que act煤en sepan darle sentido cristiano.

Este pensamiento est谩 claramente expresado en la declaraci贸n de los Cardenales y Arzobispos de Francia de marzo de 1945:

"La Acci贸n Cat贸lica, dicen, no tiene por fin organizar lo temporal, ella debe respetar la autonom铆a de las instituciones temporales, pero ella debe formar sus miembros a vivir un cristianismo encarnado, real, concreto y por su organizaci贸n debe cristianizar las instituciones y la vida social haciendo pasar en ella el esp铆ritu cristiano" 226 .

Pensamiento que se complementa con otra declaraci贸n de la misma Jerarqu铆a francesa del 28 de febrero del mismo a帽o:

"Pedimos, dicen, que en un terreno distinto del campo apost贸lico de la Acci贸n Cat贸lica, numerosos seglares cat贸licos, obrando como ciudadanos, tornen atrevidamente sus responsabilidades personales en la acci贸n temporal, que est茅n presentes en el mundo moderno y que busquen lealmente el bien propio de la ciudad temporal" 227 .

Se帽alada aunque superficialmente la posici贸n de la Acci贸n Cat贸lica anta lo temporal, conviene a帽adir otro principio y es el saber enfrentamos al realismo del ambiente para infundir en 茅l, el esp铆ritu cristiano.

Conclusiones y alcances 煤ltimos al punto III

REALISMO. Realidad del ambiente he dicho. O sea conocer sus caracter铆sticas, sus tendencias, la ra铆z de sus males, sus posibilidades de bien.

E infundir en 茅l el esp铆ritu cristiano, he a帽adido, o sea, sin variar en nada los principios inmutables de nuestra fe, ver en qu茅 forma hemos de comunicarla a ese ambiente que tratamos de transformar.

Dice el IV Libro de los Reyes que el Profeta Eliseo para dar vida al cad谩ver de un ni帽o "se ech贸 sobre 茅l y puso su boca sobre su boca, sus ojos sobre sus ojos, sus manos sobre sus manos" 228 y el ni帽o volvi贸 a la vida. La cristianizaci贸n de los ambientes por la Acci贸n Cat贸lica significa el plegarse y acomodarse a todas las sinuosidades y repliegues para infundirles el calor de la vida.

Las directivas que damos, el apostolado que pretendemos realizar, 驴tienen ese conocimiento de los ambientes donde van a recibirse y, en consecuencia, son adaptables a ellos? Si no, 驴de qu茅 sirven?

Ya en el primer siglo de nuestra Era quien conoci贸 como nadie los secretos del apostolado hasta merecer ser llamado por antonomasia el Ap贸stol, pudo escribir a los de Corinto:

"驴En qu茅 est谩 pues mi m茅rito...? En que siendo del todo libre me hago siervo de todos para ganarlos a todos, y me hago jud铆o para ganar a los jud铆os. Con los que viven bajo la ley, me hago como si estuviera sometido a ella, no est谩ndolo, para ganar a los que est谩n bajo ella. Con los que est谩n fuera de la Ley, me hago como si estuviera fuera de la Ley, para ganarlos a ellos, no estando yo fuera de la Ley de Dios, sino bajo la Ley de Cristo. Me hago con los d茅biles, d茅bil para ganar a los d茅biles; me hago todo para todos, para salvarlos a todos" 229 .

Pero, se帽ores, la respuesta a este punto que tratamos, posici贸n cristiana ante el ambiente, a煤n no la hemos abordado plenamente. Hemos se帽alado las premisas, mostrado los principios. Pero nos falta descender hasta las conclusiones. Yo las resumir铆a en las siguientes:

1潞 El militante de Acci贸n Cat贸lica es un mediador activo ante su ambiente. Debe penetrarse de la idea que entre Dios y su ambiente est谩 茅l para llevar Dios hacia ese ambiente.

Como Cristo, el gran mediador entre el mundo y Su Padre, como el Sacerdote, el mediador oficial entre Cristo y las almas, el ap贸stol de Acci贸n Cat贸lica representa su ambiente ante Dios y trae a Dios hasta su ambiente.

Como verdadero mediador, 茅l da gracias a nombre de los que representa. Siente que 茅l es la voz que en nombre de los que callan contin煤a el himno de gratitud que debe subir hasta el Padre.

En nombre de su ambiente, repara. Carga sobre sus hombros los pecados de su ambiente. De ah铆 nace su ascetismo, sus vencimientos, su esp铆ritu de mortificaci贸n.

El militante pide; su oraci贸n no es la ego铆sta e individual. Tiene el sentido de su clase, de su ambiente y por y para 茅l ora y suplica.

Y finalmente adora. Y esa adoraci贸n forma en 茅l su esp铆ritu de religi贸n. Participa en ese esp铆ritu el Sacerdocio de Cristo y lo vive. Y porque lo vive colabora al apostolado jer谩rquico y lleva hasta su ambiente el mensaje cristiano.

2潞 El socio de Acci贸n Cat贸lica se adapta a su ambiente, se encarna en 茅l, pero guarda ante 茅l su libertad.

Esa libertad ante el ambiente significa estar presente en lo temporal, sin ligarse a 茅l. "La figura de este mundo pasa" y la Iglesia a la cual servimos es eterna. Ella tiene por misi贸n el santificar un mundo que pasa. Ella sabe mantener intacto lo que es de su esencia y despojarse como de un vestido usado de lo que es s贸lo accidental. Guard茅monos del peligro de querer identificar cualquier r茅gimen econ贸mico, social o pol铆tico como Iglesia, de caer en el sofisma, m谩s de una vez repetido de confundir lo l铆cito con lo necesario, de afirmar que porque un r茅gimen no es contrario en s铆 al derecho natural, es exigido por el mismo derecho e impuesto por 茅l.

Viviendo en el ambiente y actuando en 茅l, cuidemos de no identificamos, pues de otro modo ser铆amos la levadura que ha perdido su fuerza y es incapaz de hacer fermentar la masa.

Esto exige el mantener frente a los ambientes aquel inconformismo a que nos exhorta el Ap贸stol dici茅ndonos:

"No os conform茅is con el presente siglo sino transformaos por la renovaci贸n de vuestro sentido, a fin de que discern谩is cu谩l es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto" 230 .

Esa libertad ante el ambiente significa que el militante de Acci贸n Cat贸lica debe en cuanto tal mantener su independencia sobre todas las combinaciones humanas que de un lado u otro dividen a la humanidad. Vivir en el mundo sin ser del mundo, como pidi贸 Nuestro Se帽or por sus disc铆pulos.

As铆 se evitar谩 la confusi贸n del cristianismo como un determinado r茅gimen econ贸mico y as铆 igualmente se evitar谩 el creer que s贸lo por algunas aspiraciones humanitarias ya se es cristiano. "No basta ser anticomunista para ser cristiano" escribe el P. Ducatillon, ni basta criticar el r茅gimen presente para decirse disc铆pulo de Cristo. S贸lo buscando ante el reino de Dios y su Justicia es como seremos fieles a nuestra misi贸n de santificar el ambiente.

Esa misma libertad har谩 que el cristiano en su ambiente colabore a todo aquello que sea justo y verdadero.

Ning煤n problema humano debe serie extra帽o, porque nadie como Cristo ha penetrado tan hondo en las ra铆ces de la humanidad. No podr铆a actuar, eficazmente sobre su ambiente quien no tomara sobre s铆 las angustias inquietudes y problemas que lo rodean. De Nuestro Se帽or se dijo que "quiso en todo asemejarse a sus hermanos". El apologista de la antig眉edad cristiana, Terencio, exclamaba: "Nada de lo que es humano reputo extra帽o a m铆".

3潞 La posici贸n cristiana ante el ambiente debe estar llena de un sentido de optimismo cristiano. Ese optimismo nos har谩 sentir en forma clara nuestra responsabilidad en medio del mundo en que nos toca vivir.

Nada mejor puede encontrarse para expresar este sentimiento que las palabras de Su Santidad P铆o XI al Cardenal Verdier 231 pocos meses antes de su muerte:

"Hijo m铆o la crisis que vivimos es 煤nica en la historia".

Un mundo debe brotar de la caldera en que hierven en la hora actual tantas energ铆as contrarias. En cuanto a nosotros, agradezcamos a Dios todos los d铆as el hacemos vivir en las circunstancias actuales.

Ante todo, hay que agradecer el ser los testigos, m谩s a煤n, los actores de esta tragedia que va a trastornar el mundo.

Todos los hombres de buena voluntad tienen el imperioso deber de pensar que tienen una misi贸n que llenar; la de ser mejores los unos para los otros y de hacer lo imposible cada uno en los l铆mites de su actividad, para mejorar la suerte de la humanidad.

Ser谩 el honor de esta generaci贸n si comprende su misi贸n, el haber ayudado piadosamente al mundo a mejorar su suerte.

Estoy cierto que despu茅s de las peripecias que yo no puedo, por desgracia, prever, ella saldr谩 m谩s bella y mejor adaptada a las necesidades de los tiempos presentes.

A nadie, quienquiera que sea, le es permitido el ser mediocre.

Vivir quej谩ndose de los tiempos presentes es hacerse ineficaz para actuar sobre ellos.

4潞 Hay que amar su tiempo, pero hay que mirar al porvenir.

Paul Hibout, de la JOC dec铆a un d铆a a Monse帽or Richaud 232 , entonces Obispo de Versalles:

"Nosotros estamos listos para el ma帽ana. 驴Est谩is vosotros listos para el pasado ma帽ana?".

Hay que trabajar en el ambiente con sentido de presente, pero sobre todo con visi贸n de porvenir.

Hay que saber animar cada una de nuestras tareas oscuras, inmoladas, ingratas, de un sentido constructivo de futuro. Levantamos los muros de la nueva ciudad. Construimos la Catedral del futuro.

Trabajar sin horizontes es carecer del sentido del apostolado.

Llevar la Acci贸n Cat贸lica a un apostolado negativo, es matarla.

Hacer consistir nuestra actividad en una serie de "antis", en ligas de defensa, es quitar a nuestra Acci贸n toda perspectiva de conquista.

Si no tenemos ante el ambiente una posici贸n firme y optimista, llena de visi贸n y de sentido sobrenatural, hacemos una Acci贸n Cat贸lica peque帽a, ahogada en f贸rmulas rutinarias o en meros procedimientos burocr谩ticos. No nos indignemos entonces que muchos cat贸licos no entren a las filas de tal Acci贸n Cat贸lica. Tratemos que la Acci贸n Cat贸lica parezca a todos apta para responder al anhelo cada vez m谩s sentido de desarrollar en ellos y alrededor de ellos el reino de Cristo.

IV. 驴C贸mo actuar en los ambientes?

Yo resumir铆a la respuesta a esta pregunta en dos palabras; con el testimonio y la misi贸n.

Permitidme que me detenga unos momentos en ambos conceptos.

EL TESTIMONIO. Hablemos en primer lugar del valor del testimonio.

El mundo se encuentra en lucha a muerte entre dos concepciones de la vida en que se juega lo m谩s sagrado del hombre: su dignidad, su libertad, sus derechos primordiales.

Hoy nos encontramos abocados con urgencia terrible ante el dilema: o cristianismo o materialismo; o vida cristiana vivida en plenitud o vida pagana con todas sus consecuencias; o someterse a Dios o perecer.

Estamos asistiendo a las 煤ltimas conclusiones del materialismo, hecho sistema filos贸fico, su concepci贸n de la vida, organizaci贸n pol铆tica y hasta podr铆amos decir en cierto sentido, hecho religi贸n.

驴Qu茅 otra cosa son el existencialismo de Sartre que lleva el horror hacia la vida; el comunismo marxista que esclaviza al hombre ante el Estado proletario, el nacismo que tortura en nombre de la sangre y el capitalismo que asfixia en nombre de la preminencia del dinero sobre el esfuerzo humano?

驴No vemos que todos estos elementos que hoy se juntan en el mundo moderno, en lo que podr铆amos llamar "Synagoga Satanae" 233 , constituyen la ciudad del mal que por todas maneras tiende a derrocar la ciudad de Dios?

驴C贸mo libraremos esta batalla?

Tenemos, se nos dice, la prensa, la radio, etc. No pretendo quitar la importancia a estos medios instrumentales, que para la propaganda son de una extraordinaria eficacia y que los 煤ltimos Pont铆fices nos han vivamente animado a emplear.

Pero, 驴qu茅 valor pueden tener las palabras si no van acompa帽adas de las obras? 驴Qu茅 eficacia las declaraciones, si el testimonio de la vida no las refrenda y sella? "Verba movent, exempla trahunt" 234 , nos ense帽a el antiguo proverbio, 驴De qu茅, sirve hacer el elogio de la pobreza, si no se la vive o se la desprecia o huye? 驴De qu茅, el de la oraci贸n, si no sabemos recogemos en ella?

La gran dificultad est谩 en vivir, sacrificarse, entregarse sin reservas por una idea. Cuando una verdad es amada hasta dejado todo por ella, esa verdad ser谩 f谩cilmente cre铆da. "Creo a los testigos que son capaces de dejarse matar" escrib铆a Pascal. Y aqu铆 viene, entonces, se帽ores el valor del testimonio.

Cristo nos pide ante todo el ser sus testigos.

El cristiano en el Serm贸n de la Monta帽a, que al decir de Bossuet es el compendio de todo el Evangelio, es comparado a la sal y a la luz.

"La vida es poder de expansi贸n, dice el P. Varillon. Desde las profundidades de la Fuente escondida (el Padre es Misterio y nadie lo ha visto jam谩s) ella se derrama en plenitud en el Verbo; por la Encarnaci贸n del Verbo ella eleva en plenitud al hombre que se llama Jes煤s, de Jes煤s injertado en la pasta humana, ella corre en ondas hacia los que est谩n directamente unidos a El. Que 茅stos a su vez la irradien, la difundan y la comuniquen por el contacto".

Es el testimonio.

"Luzca vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras (el testimonio) (y as铆) glorifiquen al Padre de los cielos".

No tengo aqu铆 el tiempo suficiente para hacer lo que llamar铆a la "historia del testimonio". Mi tesis es, sin embargo, 茅sta: la evangelizaci贸n del mundo es la historia del testimonio cristiano. Su Santidad P铆o XI nos ha dicho que el fin de la Acci贸n Cat贸lica es una re-evangelizaci贸n. Luego, es en ese testimonio donde hemos de buscar el secreto de cristianizar los ambientes.

Nos lo dice en primer lugar Cristo Nuestro Se帽or.

A los fariseos que lo increpan: "si no cre茅is en mis palabras creed en mis obras. Ellas dan de mi testimonio" 235 .

A los disc铆pulos del Bautista que preguntan si es el Mes铆as o han de esperar a otro, la respuesta es precisa:

"Id y contad a Juan lo que hab茅is visto y o铆do: los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y a los pobres se les da la buena nueva" 236 .

Para elegir al Ap贸stol que ha de reemplazar a Judas. Pedro, dice a los Once reunidos que, entre los que est谩n congregados elijan a uno y la sola condici贸n que pone es que sea "testigo" 237 .

Los ap贸stoles no tienen otra predicaci贸n al decir de S. Juan que el anunciar: "lo que vieron, lo que escucharon, lo que sus manos palparon del Verbo de vida" 238 . Y por esto su apostolado no puede ser otro que el de un testimonio continuo de verdad y caridad que lleva a los cristianos a la comunidad de bienes, a la comunidad de oraci贸n y a la comunidad de amor.

El grito del paganismo no es para admirar la elocuencia o la ciencia, sino para admirar el amor, testimonio de una Caridad y de una Vida: "mirad como se aman" 239 . Y ese testimonio llega a su expresi贸n m谩s alta: el martirio, palabra griega que significa precisamente "testimonio", pues "nadie tiene mayor amor que el que da su vida" 240 .

In茅s, Luc铆a, Perpetua, Felicidad 241 para citar s贸lo testimonios femeninos 驴qu茅 hacen en la c谩rcel, en el circo, en el tormento o en la muerte?

Dar el testimonio del amor que es el de la Cruz.

Y as铆 podr谩 San Agust铆n siglos m谩s tarde decir que al paganismo del Imperio Romano, no lo dom贸 el hierro, sino el e鈥.., no la fuerza del poder humano, sino el avasallador impulso del testimonio cristiano.

Tertuliano 242 y Lactancio 243 , apologistas, resumir谩n esta actitud en la frase magn铆fica, que yo llamo la f贸rmula del testimonio: "Non multa loquimur, seb vivimus" 244 .

Cuando S. Anscario quiere convertir a los daneses, s贸lo encuentra un medio: el testimonio y se hace tomar esclavo y permanece en esclavitud por 10 a帽os. Despu茅s ser谩 el primer Obispo de Upsala.

Yo no puedo continuar en esta historia que me har铆a interminable. S贸lo quisiera en la edad actual daros dos ejemplos. Charles de Foucauld 245 y Teresita de Jes煤s 246 . El uno en su ermita del desierto africano, la otra en su claustro de Lisieux. 驴Qui茅n puede negar su tremenda influencia?

Pero, se帽ores, al lado de la historia del testimonio que nos habla de su fuerza, hay que colocar, as铆 como la sombra para que resalte la luz, la fuerza, tambi茅n, por desgracia de los anti-testimonios, o como Mons. Franceschi 247 llama en magn铆fico art铆culo de julio pasado "los testimonios invertidos".

El mundo se paganiza, decimos, pero 驴es quiz谩s por falta de documentos?

Quiz谩s nunca ha habido en otra 茅poca de la Iglesia tanta y tan numerosa Enc铆clicas como en nuestro tiempo. No es que no interesen. Hasta se discute para tratar de probar qui茅n las ama m谩s.

No es por falta de documentos que el mundo se paganiza, es por falta de testimonio, o por estos testimonios invertidos. Cito de Mons. Franceschi:

"No lo otorgan por de pronto los cristianos superficiales, mezquinos, ni los que dan muestras de estar dominados por intereses particulares. 驴C贸mo puede pretenderse que conciban lo que es verdaderamente la fe aquellos obreros que son explotados por patrones que se dicen creyentes? 驴C贸mo clientes que se sienten esquilmados por comerciantes que ponen a sus negocios nombres de santos? 驴C贸mo personal dom茅stico que observa en sus manos una mundanidad desaforada? 驴C贸mo alumnos que notan en sus maestros, quiz谩s de religi贸n, la b煤squeda de puestos lucrativos obtenidos a cualquier precio? Todos estos casos y otros infinitos que ser铆a f谩cil mencionar, pueden ser calificados de testimonios invertidos, en cuanto lanzan la deshonra sobre el catolicismo y apartan de 茅l a las almas. La pluma se siente llevada a trazar burlones croquis de esas personas que tras suspirar en la Iglesia hacen pedazos la fama ajena fuera de ella; de esas otras que ponen los ojos en blanco ante las im谩genes de los santos, pero dejan entrever su ego铆smo sutil e incontrolado en el trato con sus semejantes; de aquellos que reducen la vida religiosa a un ritualismo despojado de todo contenido doctrinario, de tantos en fin, que buscan una posici贸n dentro de la cual por una parte aseguran -as铆 lo creen-, la salvaci贸n de sus almas, y por otra viven con el m铆nimo posible de molestias. Todos estos creen que la aportaci贸n de la Cruz exigida por Cristo a sus disc铆pulos se reduce a escoger una labrada en oro por un joyero, y colgarla del cuello a modo de adorno, cuando no de amuleto" 248 .

Dejo de lado este aspecto por decirlo as铆 negativo de la cuesti贸n, y encaro el positivo.

Tenemos que dar nuestro testimonio ante el ambiente. Es nuestra gran arma de conquista. No basta decir, creo en Cristo. Hay que decir, soy lo que El es. No basta afirmar: la doctrina de la Iglesia dice esto o aquello. "Hay que encarnar una concepci贸n evang茅lica de la vida".

S贸lo actuaremos sobre los ambientes 'Cuando llevemos a ellos un ideal vivido de Evangelio.

No son discursos, ni directivas las que faltan para santificar los ambientes, es el testimonio de nuestra vida.

Nada m谩s elocuente podemos escuchar sobre esto que las palabras de S. S. P铆o XII al Congreso Eucar铆stico Nacional de Francia en el a帽o pasado:

"Hoy m谩s que nunca, lo mismo que en los primeros tiempos de su existencia, la Iglesia tiene necesidad sobre todo de testigos; m谩s a煤n que de apologistas, de testigos que con su vida, hagan resplandecer el verdadero rostro de Jesucristo y de la Iglesia ante los ojos del mundo pagan izado que los rodea. A estos hombres innumerables, en el coraz贸n de los cuales se busca, aunque en vano gracias a Dios, ahogar toda aspiraci贸n religiosa, vosotros les hab茅is de revelar el divino atractivo de la dulzura y de la caridad del Salvador".

V. Elementos de nuestra actuaci贸n

Falta un 煤ltimo punto que me parece es de importancia para concretar los anteriores: 驴cu谩les ser谩n los elementos con los cuales la Acci贸n Cat贸lica actuar谩 en los ambientes? O en otras palabras, 驴cu谩les ser谩n las armas apost贸licas de la Acci贸n Cat贸lica?

Enviados por la Iglesia para participar en su apostolado jer谩rquico y continuar su obra, los elementos de actuaci贸n en el ambiente, deben ser evidentemente "los mismos" que la Iglesia emplea en su apostolado.

Ahora bien, existen en el apostolado de la Iglesia dos clases de elementos: los que son propios de Ella, elementos indispensables y que deben tener lugar primordial, y los que la Iglesia toma del mundo, o sea los t茅cnicos. Ambos deben emplearse, pero 驴en qu茅 proporci贸n?

Creo necesario esclarecer este punto, porque, no sin temor, veo dise帽arse en el ambiente del apostolado una cierta hipertrofia de la t茅cnica, un naturalismo latente que tiende a exaltar en demas铆a los medios que podr铆amos llamar humanos y a desde帽ar los tradicionales y divinos. Yo designar铆a esta tendencia, como la de la letra sobre el esp铆ritu, de la t茅cnica material sobre el m茅todo divino, de la agitaci贸n humana sobre la Gracia de Cristo.

Para afirmar esto recordemos algunos principios fundamentales. Seg煤n santo Tom谩s, "el Obispo se encuentra establecido en un estado de perfecci贸n".

La perfecci贸n del estado episcopal, seg煤n el mismo santo Doctor, "consiste en que un hombre se obliga por amor a Dios a consagrarse por amor al pr贸jimo" 249 .

La perfecci贸n episcopal es la caridad obligada a ser estado de vida.

"La Acci贸n Cat贸lica coloca al seglar que forma parte de 茅l en un rango superior al mediano, en un estado de perfecci贸n que es una participaci贸n a la perfecci贸n episcopal" 250 .

De aqu铆 se sigue que las armas fundamentales del apostolado de la Acci贸n Cat贸lica, cuya caracter铆stica es el profundizar el esp铆ritu cristiano, han de ser el empleo predominante de los elementos que son propios y espec铆ficos de la Iglesia y sin los cuales ninguna obra de cristianizaci贸n seria podr谩 emprenderse.

La conquista de los ambientes no va a hacerse tanto por el empleo de t茅cnicas humanas, que son de despreciar, cuanto por el de los medios aut茅nticos de la Iglesia.

Yo los reduzco a tres: "Contemplaci贸n, Biblia y Liturgia". Dir茅 breves palabras sobre cada uno de ellos.

CONTEMPLACION. La Iglesia tiene por misi贸n continuar en la tierra el misterio de Dios.

"Muchas veces y de muchos modos, Dios nos ha hablado, dice san Pablo, en los antiguos tiempos a nuestros padres en los Profetas, y en los 煤ltimos nos ha hablado en su Hijo" 251 .

Y esa manifestaci贸n de Dios en Cristo se prolonga y perpet煤a en la Iglesia.

El hombre tiene necesidad de Dios. No de un dios cualquiera, como el de铆smo ha fabricado, no de los falsos dioses modernos; la sangre, la raza, la Clase, el Estado, sino del Dios de los cristianos. El que la Revelaci贸n nos descubre, el que la fe nos revela.

Y a ese Dios se llega, en alas de la fe, por la contemplaci贸n.

Yo quisiera insistir en este primado de la contemplaci贸n para santificar el ambiente, que de olvidarlo, desvirtuar铆a a breve plazo nuestra Acci贸n Cat贸lica.

San Agust铆n nos recuerda que Cristo, m茅dico celestial, opuso algo contrario a los males de la humanidad; a la concupiscencia, mortificaci贸n; a la codicia, generosidad; a la soberbia, humildad, etc.

A la agitaci贸n que devora nuestro siglo, no vamos a sanarle con m谩s agitaci贸n, y al exceso de palabras, con m谩s palabras, sino a la agitaci贸n inmoderada con la contemplaci贸n, el exceso de palabras con los silencios de la oraci贸n.

As铆 obraron los Ap贸stoles.

"Nos autem orationi et ministerio verbi instantes erimus" 252 .

La Imagen m谩s Antigua que el arte cristiano nos ha legado para simbolizar la Iglesia, es la orante; la mujer de los brazos en alto que levanta al mundo en su plegaria.

La conversi贸n de la Europa es obra de los misioneros. Pero no olvidemos que eran monjes, que si tronchaban las selvas, levantaban ciudades, y salvaban la cultura antigua, antes que nada eran hombres de oraci贸n.

El 18 de septiembre de 1947, fue para m铆 un d铆a de recuerdo indeleble. Era la primera vez que ve铆a y o铆a al actual Pont铆fice, como Papa 253 .

Predicaba en la Bas铆lica de san Pablo en el XVI centenario de la muerte de san Benito y al hablar de 茅l le dio este t铆tulo: "Pater Europae" 254 .

La Europa cristiana fue levantada, es hija de un contemplativo.

La Edad Media concret贸 su esp铆ritu en la Catedral. De la Catedral brot贸 el arte, la cultura y hasta el teatro cristiano.

La gran quiebra de la unidad interior cristiana est谩 en el Renacimiento, que invierte la f贸rmula cristiana del primado de la contemplaci贸n sobre la acci贸n.

"En el principio es el Verbo" dice san Juan. "En el principio es la acci贸n" dice Goethe en su Fausto. Y la dial茅ctica marxista y el existencialismo de Sartre 驴qu茅 es sino el olvido de la contemplaci贸n.

隆Cuidado, en exagerar la t茅cnica y la organizaci贸n, que en su justa medida es conveniente y necesaria, pero que en exceso mata y asfixia!

Termino este punto con las bellas palabras del Card. Suhard 255 en su maravillosa Pastoral El Sentido de Dios, dice as铆:

"Lo que en realidad se opone a la contemplaci贸n, es el 'activismo', o sea, los procedimientos y los medios aplicados desde el exterior y, por ser artificiales, destinados al fracaso. En cambio, no hay que concebir como opuesta, de suyo, a la contemplaci贸n, la acci贸n. Pues, cuando 茅sta es leg铆tima, no es sino la manifestaci贸n del desborde hacia fuera de una sobreabundante vida de fe y de amor, y es una transparencia atravesada por la luz de Dios, ya que "resplandeciendo el Esp铆ritu Santo en los que est谩n purificados de toda mancha, los hace espirituales por su contacto con El mismo. Y as铆 como los cuerpos di谩fanos, cuando llega hasta ellos un rayo de luz, se tornan ellos mismos resplandecientes y proyectan la luz, as铆 las almas iluminadas por el Esp铆ritu Santo env铆an la luz a otros y se tornan ellas mismas espirituales" 256 .

BIBLIA. Junto a la contemplaci贸n; la Biblia.

En la santificaci贸n de los ambientes juega papel important铆simo, la Biblia.

Oigamos lo que al respecto nos dice el mismo Cardenal de Par铆s:

"Pr谩cticamente el esfuerzo de contemplaci贸n que pedimos a nuestros cristianos, es antes que nada una vuelta a las fuentes. En lugar de detenerse en tantas obras secundarias, en tantos comentarios sin vigor, cuya multiplicaci贸n obstaculiza las lecturas de fondo, que nuestros militantes vayan a los textos, que se acerquen a la Biblia, por reacci贸n contra la tesis protestante que fundaba sobre ella el libre examen, los cat贸licos se han apartado largo tiempo de la riqueza infinita de la palabra de Dios. Hoy, este peligro se ha conjurado y con alegr铆a vemos manifestarse una corriente, siempre m谩s fuerte, en favor de los libros inspirados. Formados en un mundo cient铆fico, t茅cnico y materialista, los intelectuales de hoy ya no encuentran a Dios en los antiguos cuadros. Es la vuelta a la econom铆a b铆blica la que los acercar谩 a este Dios que obra en la historia. Nosotros alentamos esta renovaci贸n, con las precauciones que se imponen para quedar en la verdad de la fe cuya depositaria es la Santa Iglesia. Pues este movimiento espont谩neo nos parece providencial, ya que en ninguna parte tanto como en los Profetas, en el Evangelio, en san Pablo y en el Apocalipsis hallamos un mejor testimonio de la grandeza y de la Santidad de Dios 257 .

Palabras que no son sino eco de las del Pont铆fice actual en su Enc铆clica Divino Afflante. Y a este Cristo, autor de la salud, tanto m谩s plenamente le conocer谩n los hombres, tanto m谩s intensamente le amar谩n, tanto m谩s fielmente le imitar谩n, cuanto con m谩s afici贸n se sientan movidos al conocimiento y meditaci贸n de las Sagradas Letras, especialmente del Nuevo Testamento. Porque como dijo el Estridon茅s "el ignorar las Escrituras es: ignorar a Cristo", y "si algo hay que en esta vida interese al hombre sabio, y le persuada a permanecer con igualdad de 谩nimo entre los aprietos y torbellinos del mundo, creo m谩s que nada es la meditaci贸n y ciencia de las Escrituras". Porque de aqu铆 sacar谩n los que se ven fatigados y oprimidos con adversidades verdadero consuelo y divina virtud para padecer, para aguantar; aqu铆 en los Santos Evangelios, se presenta a Cristo todo, sumo y perfecto ejemplar de justicia, caridad y misericordia; y al g茅nero humano desgarrado y trepidante le est谩n abiertas las fuentes de aquella divina gracia, postergada la cual y dejada a un lado, no podr谩n los pueblos ni los directores de los pueblos iniciar ni establecer ninguna tranquilidad de situaci贸n ni concordia de los 谩nimos; all铆 finalmente aprender谩n todos a Cristo, "que es cabeza de todo principado y potestad" y "que fue hecho para nosotros, por Dios, Sabidur铆a y Justicia y Santificaci贸n y Redenci贸n" 258 .

El tercer elemento para santificar el ambiente: es la LITURGIA.

S. S. P铆o X, la llama: "La fuente primera e indispensable del verdadero esp铆ritu cristiano". Por ella no s贸lo tributamos a Dios nuestra adoraci贸n sino damos a la Creaci贸n su sabor divino 259 .


30潞 ANIVERSARIO DE LA ASOCIACION DE LA JUVENTUD CATOLICA FEMENINA, (AJCF.) 260

Una cifra aparentemente fr铆a.

Y sin embargo cu谩nto encierra. Treinta a帽os desde que un alma de Ap贸stol, el Excmo. Mons. Rafael Edwards 261 y un coraz贸n juvenil empapado en los m谩s puros ideales, Teresita Ossand贸n 262 , lanzan la gran cruzada de la Asociaci贸n de la Juventud Cat贸lica Femenina.

Treinta a帽os en que a trav茅s del pa铆s en centenares de centros, callada, silenciosamente, un escuadr贸n de j贸venes avanzan en medio del mundo llevando como lema tres palabras que son una consigna: "oraci贸n, pureza, sacrificio".

Y 隆c贸mo han sabido cumplir ese lema! 驴Qui茅n dir谩 de los hero铆smos callados, de las abnegaciones silenciosas, de la simiente esparcida con hero铆smo?

Una juventud que sabe sobreponerse a la frivolidad de la vida, que sabe que la existencia se dignifica cuando un ideal grande la espera, que encuentra la felicidad en darse sin medida.

Para celebrar estos 30 a帽os se concentrar谩n desde hoy las delegadas de la Juventud Cat贸lica Femenina en 4 Di贸cesis.

Ellas nos dir谩n en esta concentraci贸n que la Juventud Cat贸lica Femenina est谩 siempre donde sus fundadores la pusieron. Ella har谩 sentir a todos los cat贸licos el llamado apremiante del apostolado. Ella afirmar谩 ante la juventud fr铆vola y vac铆a la frase de Claudel "la juventud no ha sido hecha para el placer sino para el hero铆smo".

Para nuestra Asociaci贸n de la Juventud Cat贸lica Femenina vayan las mejores bendiciones de la Iglesia y las mejores esperanzas de la Patria.

1er. CONGRESO MUNDIAL DE APOSTOLADO SEGLAR: PANORAMA 263

No es tarea f谩cil, sintetizar los m煤ltiples y variados aspectos que ofreci贸 el Primer Congreso Mundial del Apostolado de los Laicos, recientemente celebrado en Roma 264 , y al cual me cupo la honra de asistir.

Procurar茅 en la forma m谩s objetiva posible, dar, en primer lugar, una vista de conjunto de estas jornadas que ser谩n hist贸ricas en el desarrollo del Apostolado seglar y tratar茅, en seguida, de sacar algunas conclusiones de las experiencias y directivas ah铆 recibidas.

I. Oportunidad

Antes de entrar directamente en materia conviene destacar la oportunidad del Congreso. Fue precisamente la pregunta que se hizo en el discurso inaugural el Excmo. Cardenal Pizzardo 265 . 驴Era oportuno el convocarlo?

Y como respuesta el mismo Cardenal nos daba las memorables palabras de Su Santidad P铆o XII en su discurso del Consistorio de 1946, que hablan claramente de esa oportunidad.

"Los fieles, dec铆a entonces el Papa, y m谩s especialmente los laicos, est谩n en los puestos de avanzada de la Iglesia. Para ellos, Ella es el principio vital de la sociedad humana. Por consecuencia, los laicos deben tener una conciencia m谩s clara de que, no solamente dios pertenecen a la Iglesia, sino son la Iglesia, es decir la comunidad de fieles sobre la tierra, bajo la direcci贸n del Jefe com煤n, el Papa, y de los Obispos en comuni贸n con El. Ellos son la Iglesia, y es por esto que desde los or铆genes de su historia, los fieles, con la aprobaci贸n de sus Obispos, se unen en asociaciones particulares, se adaptan a las diversas manifestaciones de la vida humana y la Santa Sede en el curso de los siglos no ha cesado jam谩s de aprobarlos".

Y esa Iglesia, por circunstancias hist贸ricas, debe en estos tiempos encontrar en la libre actividad de los fieles la eficaz compensaci贸n, que un d铆a reciban de la sociedad y del Estado Cristiano.

La oportunidad del Congreso puede sintetizarse en la frase de S. Santidad: "hay que poner la Acci贸n de los Cat贸licos a la medida de las nuevas esperanzas de la humanidad".

Hay, adem谩s, una circunstancia que podemos llamar de orden hist贸rico, que hizo ver la urgencia de convocar el Congreso y que Vittorino Veronese 266 recordaba en el discurso de apertura: el A帽o Santo de 1950 fue un encuentro de los pueblos con la Iglesia y en ese encuentro el Papa asumi贸 el papel de protagonista. Fue en esa unidad de pueblos ante el Sepulcro de Pedro, jam谩s vista en forma tan amplia en la historia de la humanidad, donde madur贸 la idea de este primer Congreso Mundial del Laicado.

El 茅xito que el Congreso ha alcanzado es la mejor pauta de su oportunidad.

Una segunda pregunta previa conviene formular: 驴ha dado el Congreso el resultado que de 茅l se esperaba?

Para dar la debida respuesta y en ella calmar de una parte las ansiedades de los que creen que una nueva acci贸n cat贸lica iba a salir en estas jornadas, o levantar el 谩nimo de los pesimistas que siempre quieren buscar un fruto inmediato y concreto y al no hallado exclaman "tiempo perdido", conviene recordar qu茅 es lo que el Congreso pretend铆a. Si las finalidades establecidas al convocado fueron alcanzadas, no cabe duda que se ha logrado lo que sus organizadores buscaron.

Vittorino Veronese, el inteligente y activo Presidente Nacional de la A. C. Italiana y alma del Congreso, en sus palabras iniciales que resumo, sintetiz贸 en forma muy clara esas finalidades.

Ante todo, no se ha pretendido jam谩s dar vida a una organizaci贸n mundial de A. C. No se ha deseado que del Congreso salgan nuevos organismos o federaciones fuera de lo ya existente.

Lo que en este Congreso se buscaba y se logr贸, fue seg煤n las precisas palabras de Veronese:

1. Un rec铆proco conocimiento m谩s profundo y vasto de las diferentes experiencias del apostolado en los diversos pa铆ses, para que cada uno comprenda que, as铆 como las naciones son solidarias en el plan de la Providencia, del mismo modo las formas de nuestro apostolado se completan mutuamente y est谩n sometidas al mismo apostolado jer谩rquico, sirviendo unas de ejemplo a las otras, pero nunca excluy茅ndose mutuamente". No se trata por tanto de UNIDAD de ORGANIZACION, sino de UNIDAD PROFUNDA DE ACCION.

2. "El deseo y la voluntad de estudiar la doctrina, fundamental premisa de nuestra acci贸n de apostolado".

3. El hacer que el Congreso, no sea una meta de llegada, sino un punto de partida. De aqu铆 deben nacer Congresos Nacionales de Apostolado seglar y nuevos y m谩s hondos encuentros internacionales.

4. El lograr la clara percepci贸n de nuestro deber de presencia en la vida internacional y nuestra acci贸n individual y social en esa comunidad internacional que fatigosa, pero r谩pidamente, se est谩 formando.

II. El Congreso alcanza sus finalidades

Veamos, pues ahora, c贸mo esas finalidades se alcanzaron en forma magn铆fica y plena.

1. En primer lugar el Congreso hizo contemplar el panorama del mundo de hoy y el apostolado seglar y sentir c贸mo los problemas tanto de orden material como espiritual se plantean y resuelven en un plano universal. Fue esta la idea que ilumin贸 la primera y magistral conferencia de Mons. Cardijn 267 y la que dio una de las notas salientes del Congreso. El primer Congreso del Apostolado de los Laicos toma conciencia clara de un hecho capital de la historia: el nacimiento DE UN MUNDO NUEVO. Ese mundo nuevo se levanta sobre las ruinas de cinco siglos de revoluci贸n del hombre contra Dios. El progreso t茅cnico est谩 realizando la unificaci贸n del mundo y de la humanidad y haciendo a los hombres y a los pueblos solidarios y dependientes entre s铆, en forma jam谩s vista antes en la historia.

Esta unificaci贸n da a los problemas espirituales un car谩cter de gravedad inusitada. S. Santidad acaba de plantearlo en frase lapidaria en la reciente Enc铆clica: "Evangelii Praecones" 268 de 2 de Junio del presente a帽o.

"Casi toda la humanidad actual ha sido arrastrada a campos opuestos: por Cristo o contra El. La humanidad corre los m谩s graves peligros; de ah铆 resultar谩 o la salvaci贸n en Cristo o ruinas espantosas".

El congreso sinti贸 que la palabra c谩lida de Mons. Cardijn interpretaba algo que las 74 naciones ah铆 representadas sent铆an y viv铆an. Y guiados por el mismo orador se acentu贸 la convicci贸n que cada delegaci贸n tra铆a como una de sus m谩s ricas experiencias, a saber; que este momento hist贸rico responde al plan de amor del Creador, que esa unificaci贸n t茅cnica permite hoy d铆a llevar el mensaje redentor y asegurar su realizaci贸n a todos los pueblos de la tierra, que esta es la hora de la extensi贸n y de la intensificaci贸n de la misi贸n de Cristo y de la Iglesia en la medida de su unificaci贸n, y sobre todo QUE ESTA ES LA HORA DEL APOSTOLADO SEGLAR. Este cambio revolucionario de la historia se verifica en el campo seglar, es decir en la vida, el medio, las instituciones del laicado y es en consecuencia a los seglares a quienes pertenece el desarrollar las grandes posibilidades que estas transformaciones llevan consigo. De ah铆 otra idea tambi茅n expuesta por Mons. Cardijn, cuya conferencia voy resumiendo, y en las cuales el orador supo ser int茅rprete de un pensamiento com煤n en la asamblea: las grandes responsabilidades del seglar cat贸lico en su vida personal, nacional e internacional. Mons. Cardijn las concreta en esta f贸rmula: responsabilidades apost贸licas y misioneras que obligan a una acci贸n de los cristianos que inspire esta evoluci贸n de lo temporal.

Esa evoluci贸n, contin煤a Cardijn, exige 4 cosas:

a) Que los cristianos vivan intensamente su cristianismo, que vivan el Evangelio en toda su vida personal y con todas sus experiencias seglares.

b) Cristianos conscientes de una misi贸n expl铆cita: el llamado a trabajar en la extensi贸n del Reino de Dios.

c) Cristianos que penetren todos los sectores, todos los aspectos, todas las instituciones del mundo moderno, como testigos de Cristo y portadores de la doctrina de la Iglesia.

d) Cristianos que comprenden toda la importancia que hay en formar COMUNIDADES DE APOSTOLADO, es decir, un apostolado organizado, por un lazo interno, del cual la forma jur铆dica es su expresi贸n externa.

La palabra de Cardijn no ha sido tan s贸lo la frase elocuente y profunda de un ap贸stol, ha sido la expresi贸n clara y en voz alta de lo que todo el Congreso sent铆a.

Me hago un deber aqu铆 de se帽alar c贸mo esta idea de la comunidad de apostolado indicada por Mons. Cardijn encontr贸 en sesiones posteriores un magn铆fico, elocuente y vibrante comentario del Presidente de nuestra delegaci贸n chilena, William Thayer, cuyas palabras produjeron honda emoci贸n en toda la asamblea y fueron objeto posteriormente de elogiosos comentarios en el sentido de haber tocado uno de los puntos fundamentales de nuestro apostolado; la comunidad de caridad que hace vivir en su sentido hondo el dogma del Cuerpo M铆stico de Cristo y que da al apostolado aquella organizaci贸n interior, aquella llama viva sin la cual la nueva organizaci贸n externa no puede dar verdadero resultado. El "cor unum et anima una鈥 269 de la edad apost贸lica, por tantos aspectos semejantes a la nuestra.

El primer objetivo del Congreso fue alcanzado: la conciencia individual que cada delegaci贸n tra铆a se hizo colectiva; la misi贸n del seglar ante el mundo nuevo se hizo clara, la medida universal de los problemas se impuso ante la mente de los asistentes, el ansia de vivir en toda su riqueza el dogma del Cuerpo M铆stico se sinti贸 m谩s viva; la idea de la comunidad apost贸lica fue un lazo invisible que estrech贸 esta concentraci贸n ecum茅nica de 74 pueblos, vale a decir del mundo entero.

2. El estudio y la voluntad de estudiar la doctrina fundamental, premisa de nuestra acci贸n de apostolado. El Congreso no era una academia ni pretend铆a ser un curso t茅cnico de doctas conferencias, pero deb铆a se帽alar las bases doctrinales de un movimiento de tanta amplitud y trascendencia cual es el apostolado de los seglares. A medida del progreso de la A. C. han ido apareciendo en los 煤ltimos a帽os, interesantes estudios doctrinales sobre esta materia; citemos a modo de ejemplo, los del Padre Tromp, Can贸nigo Glorieux, Padre hes de Congar y el recient铆simo y por muchos t铆tulos espl茅ndido del Padre Spiazzi O. P. Las profundas lecciones del Emmo. Card. Caggiano 270 y del Excelent铆simo Arzobispo de Bombay Mons. Gracias, colocaron el apostolado seglar en su verdadero lugar en la Iglesia, supieron de una parte se帽alar la trascendencia no igualada de una misi贸n, que sin ser nueva, hoy aparece con caracteres de singular importancia y de otra parte, mostrar los peligros de exageraciones o imprecisiones que desvirt煤an el car谩cter eminentemente jer谩rquico sobre el cual N. Se帽or constituy贸 su Iglesia.

A prop贸sito de base doctrinal, s茅ame permitido, una impresi贸n personal. El Congreso o mejor dicho, los m煤ltiples contactos que el Congreso produjo me hicieron palpar, algo que fuera del mismo Congreso pude tambi茅n sentir en Espa帽a, Italia y Francia, pa铆ses que visit茅, a saber, la toma de posici贸n por el laicado cat贸lico en hondura extraordinaria de la doctrina del Cuerpo M铆stico de Cristo.

Lo que hace algunos a帽os constitu铆a una doctrina estudiada y comentada por unos pocos en el campo teol贸gico, pero de la cual los seglares ten铆an en general una vaga e imprecisa idea, hoy constituye la base y el alma de todos los movimientos apost贸licos del laicado.

Dice Peguy que "cuando una idea se encarna, el resultado es una revoluci贸n".

Tal podemos afirmar de la doctrina del Cuerpo M铆stico de Cristo. Es una idea que d铆a a d铆a se encarna en forma m谩s viva y profunda en el laicado cat贸lico. La obra restauradora de S. S. P铆o XII, conduciendo a los fieles a orar con la Iglesia, las grandes concepciones apost贸licas de S. S. P铆o XI, realizaciones de la doctrina del Cuerpo M铆stico, la 谩urea Enc铆clica de S. S. P铆o XII "Mystici Corporis" cuyas proyecciones comenzamos a vislumbrar, est谩n produciendo esta "primavera espiritual" que vigoriza la acci贸n de la Iglesia y promete para el futuro los m谩s ricos frutos de crecimiento del Reino de Cristo.

El laicado cat贸lico sent铆a a trav茅s de estas lecciones, que no asist铆a a una fr铆a exposici贸n de doctrina, sino que ah铆 se le expresaba el fundamento de la rica espiritualidad que est谩 ya viviendo, ese "sensus Ecclesiae" 271 que constituye la savia inagotable de nuevas y m谩s fecundas energ铆as apost贸licas.

Es mi modesta constataci贸n de este viaje, dentro y fuera del Congreso. Los diversos y ricos movimientos apost贸licos que hoy germian en la Iglesia, sean los que inspiran la floraci贸n extraordinaria de institutos seculares a la luz de la Provida Mater Ecclesia, sea los siempre crecientes de la A. C. sean las m煤ltiples formas del apostolado laico, se unen en el fondo en una espiritualidad com煤n: la que brota del dogma del Cuerpo M铆stico de Cristo vivido en plenitud.

El cat贸lico siente hoy con vigor extraordinario la idea de la Redenci贸n. Cristo ha salvado todo en la Redenci贸n, pero la redenci贸n no est谩 concluida. El Cuerpo M铆stico crece a trav茅s de la historia de la humanidad, que debe realizar su unidad en Cristo y por Cristo. El sentido cristiano de la historia da al cat贸lico la conciencia de su misi贸n social, de su solidaridad con todos los hombres, de su colaboraci贸n gloriosa en la obra redentora.

Y esta misma idea haci茅ndose como dije, cada vez m谩s viva, da una nueva experiencia que confirma lo que siempre ha sostenido: el Cristianismo no puede esperar de acciones que se basan 煤nicamente en el apoyo de los hombres, en la fuerza del dinero, o del poder. El laicado cat贸lico en su madurez siempre creciente va cada d铆a distinguiendo en forma m谩s clara lo que hace a帽os ya expresaba un gran pensador cat贸lico; la distinci贸n entre lo decorativamente cristiano y lo aut茅nticamente cristiano, para esperar s贸lo de esto 煤ltimo la salvaci贸n. La escena de David y Goliat se repite 272 .

3. El Congreso fue, como ya lo he dicho un inmenso "Carrefour", una encrucijada donde los seglares venidos de todas las latitudes se encontraron y enfrentaron a sus m煤ltiples experiencias, en un vivir en forma efectiva la catolicidad, y en un sentido un谩nime de la trascendente misi贸n con caracteres de urgencia suma se precisan.

Pero el Congreso fue algo m谩s, y de ello estoy convencido: es el comienzo de contactos cada vez m谩s frecuentes e intensos entre los movimientos apost贸licos y entre los seglares que trabajen en determinados campos.

No es turismo el que se hace cuando se va a esta reuni贸n de pueblos a la mesa del Padre com煤n, es catolicismo y del aut茅ntico.

Y cuando bajo la c煤pula de Miguel 脕ngel 273 , junto a la sede a la cual ya en el siglo segundo dec铆a Ireneo 274 que "propter potiorem principalitatem" 275 , "todas las Iglesias deben convenir" sent铆a vibrar la frase de Cipriano 276 grabada ah铆 en letras de oro "hinc-unitassacerdotalis exoritur" 277 , y ve铆a a los laicos reunidos universalmente por vez primera en la historia de la Iglesia para colaborar activamente a ese sacerdocio jer谩rquico, sent铆a que como respuesta a la frase de Cipriano brotaba el lema que inspir贸 este Congreso y que se constituyese el rico programa de una siempre creciente labor en el porvenir.

"Adsis Christe, eorumque aspira laboribus qui pro tuo nomine certant!" 278 .

4. Una cuarta finalidad del Congreso tambi茅n alcanzada, fue el rec铆proco conocimiento de las diferentes formas y experiencias apost贸licas y la afirmaci贸n de algo, que el discurso de clausura de S.S. subray贸: "hay un solo apostolado jer谩rquico, pero hay formas diversas de apostolado". Entre estas formas no caben ni rivalidades, ni mucho menos antagonismos, sino coordinaci贸n cada vez m谩s estrecha a fin que unas y otras se complementen en un ideal com煤n: servir a la Iglesia, vivir en ella nuestra vocaci贸n apost贸lica, extender la obra redentora y hacer que la historia de esta edad nueva que se abre, sea un avanzar en el tiempo del Reino de Dios.

Ya en mayo del presente a帽o S.S. hablando a la A.C. Italiana, hac铆a ver esa necesidad de coordinaci贸n entre los diferentes movimientos apost贸licos, en confirmaci贸n de otras anteriores, tales por ejemplo aqu茅llas de la Bis Saeculari 279 en que dice S.S.:

"Favorezcan la unidad en la pr谩ctica de las obras apost贸licas, uni茅ndolas fraternalmente bajo la direcci贸n de los Obispos, para dirigir todos los esfuerzos hacia un mismo fin" 280 .

Libertad pero en la unidad, diversidad, pero en la coordinaci贸n de actividades, y sobre todo algo que en las palabras del discurso de clausura de S.S. cobran especial entonaci贸n, la dependencia jer谩rquica del apostolado laical.

No puedo menos que citar textualmente las palabras de S.S., traduci茅ndolas del texto franc茅s en que fueron pronunciadas.

"Cae de su peso, que el apostolado de los laicos est谩 subordinado a la jerarqu铆a eclesi谩stica; 茅sta es de instituci贸n divina y no puede ser independiente ante ella. Pensar de otro modo ser铆a minar por sus bases el muro sobre el cual, el mismo Cristo construy贸 su Iglesia; "ser铆a err贸neo, a帽ade S.S., el poner el apostolado de los seglares en una l铆nea paralela al apostolado jer谩rquico, de modo que el Obispo no pudiere someter al cura el apostolado parroquial de los laicos. Lo puede, contin煤a el Papa, y puede poner como regla el que las obras de apostolado de los laicos, destinadas a las parroquias mismas est茅n bajo la autoridad del Cura. "El Obispo, dice S.S., lo ha constituido pastor de toda la parroquia, y es como tal, responsable de la salvaci贸n de todas sus ovejas",

"Que puede haber, por otra parte, obras de apostolado de laicos extra parroquiales y a煤n extra diocesanas -nos dir铆amos mejor supraparroquiales y supradiocesanos- seg煤n que el bien com煤n de la Iglesia lo pide es igualmente verdadero y no es necesario refutarlo".

Largo ser铆a el tratar de este tema, que cada d铆a aparece con mayor ingerencia en el campo del apostolado y para cuya soluci贸n este Congreso marca un paso de singular importancia ya que en 茅l se vio realizado aquello que pocos meses antes escrib铆a S.E. Mons. Urbani, Asesor General de la A.C. Italiana:

"Es necesario que haya entre las obras de apostolado mutua benevolencia, amplia comprensi贸n y sincera cooperaci贸n". El Congreso sintetiz贸 estas ideas en su 5陋 conclusi贸n. Es en la unidad de la fe, de la caridad y de la esperanza donde esta coordinaci贸n debe encontrar y encontrar谩 su realizaci贸n plena.

Unidad de la fe, sabiendo que no se trabaja en bander铆as peque帽as, por c铆rculos estrechos, por lo que se llama "esp铆ritu de companario" sino como el Ap贸stol nos ense帽a: "en la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo". Una visi贸n de Iglesia animando todas nuestras actividades borrar谩 los particularismos que nuestra mirada estrecha a veces forma.

Unidad de Caridad en la b煤squeda incesante del Amor de Dios y en la amplitud de nuestra fraternidad cristiana, pensando con Agust铆n que "si los vasos de carne se angustian, hay en cambio que dilatar los espacios de la caridad".

Unidad de esperanza, ya que el apostolado no es sino el llevar el Cuerpo M铆stico de Cristo a "aquella- plenitud del var贸n perfecto" en el cual toda la creaci贸n ser谩 consumada en la unidad de la Trinidad.

As铆 despojado de particularismos mezquinos, de amarras terrenas que limitan su misi贸n, del peso de compromisos humanos que entraban su vuelo, la acci贸n apost贸lica del laicado, puede presentarse ante este mundo, en formaci贸n, libre y responsable, con toda la pureza de su mensaje, y toda la seguridad de su posici贸n integralmente cristiana.

Y una vez m谩s la promesa evang茅lica tendr谩 pleno cumplimiento: "Buscad el reino de Dios y su justicia y el resto ser谩 dado por a帽adidura".

Las conclusiones

No podr铆a dar la rese帽a sumaria que pretendo presentar si no se帽alar las conclusiones 6, 7, 8, 9 y 10 del Congreso, por la especial importancia que a ellas se les dio.


3陋. SEMANA INTERAMERICANA DE ACCI脫N CAT脫LICA, CLAUSURA. JUVENTUD PEREMNE DE LA IGLESIA 281

"El mundo envejece; la Iglesia siempre es joven".

La frase de Newman 282 en su discurso sobre la "segunda primavera de la Iglesia", que nos sirvieran de palabras preliminares en esta semana, nos sirven hoy tambi茅n en este ep铆logo.

Ella nos entrega una realidad y una posici贸n.

Ante un mundo que muere, la Iglesia sabe desolidarizarse de todo lo que puede detener su misi贸n providencial, y "dejando a los muertos que entierren a sus muertos" 283 , no se abraza a otro cad谩ver que al de Cristo.

Ante un mundo que nace, Ella sabe, en actitud de bautismo, distinguir lo que hay de err贸neo o verdadero en los movimientos contempor谩neos y asumiendo todo lo que en ellos hay de justo y positivo, de respuesta a las inquietudes del siglo, repitiendo la palabra de Pablo en el Are贸pago; "lo que ador谩is sin 鈥淐onocer, yo os lo vengo a anunciar" 284 .

Juventud perenne, que nos coloca serenos ante la m谩s grande de las crisis hist贸ricas, para decimos con los labios firmes de P铆o XI "que hay que estar orgullosos de ser, no s贸lo los testigos, sino los actores de esta tragedia que va a cambiar al mundo".

Juventud siempre renovada, al trav茅s del declinar del mundo, y que hoy sentimos palpitar vibrante en esta Metr贸poli de Am茅rica, repiti茅ndonos la palabra admirable de Bossuet: "La Iglesia cristiana es siempre nueva porque el Esp铆ritu que la anima es siempre nuevo".

Sobre esta tierra lime帽a que escuch贸 otrora la voz apost贸lica de Toribio 285 , las elevaciones inflamadas de Rosa 286 , la plegaria sencilla de Mart铆n de Porres 287 y Juan Mas铆as 288 , de donde la sabidur铆a de sus Concilios estructuraron la Iglesia de la Am茅rica meridional, vuelve hoy, en esa misma vibraci贸n de juventud, a resonar el acento apost贸lico del laicado del siglo XX cargado con las inquietudes del presente y la angustiosa responsabilidad del mundo del ma帽ana.

Esta Semana Interamericana de Acci贸n Cat贸lica que hoy termina, ha sido un aletear misterioso del Esp铆ritu para decir a todo un continente que es la hora apost贸lica del laicado y repetir en esa juventud de la Iglesia la palabra de Newman que "si hemos de escapar de los males actuales, s贸lo lo conseguiremos avanzando".

Y en esta decisi贸n de avanzar nos hemos congregado.

No hemos venido como el pueblo de la cautividad a llorar sobre los r铆os de Babilonia y a colgar de los sauces nuestras liras 289 , sino a "cantar al Se帽or un c谩ntico nuevo鈥 290 , el del sembrador "que ara en la esperanza" 291 , que siembra en el dolor y que avizora en lontananza el fruto cierto.

Si seguimos con atenci贸n las luminosas directivas que los 煤ltimos Pont铆fices nos entregan, vemos destacarse en ellas una nota dominante: la conciencia de que hay que crear un nuevo orden.

"Un mundo debe salir, dec铆a S.S. P铆o XI al Cardenal Verdier 292 , de la caldera en que hierven en la hora actual tantas energ铆as contrarias. Ser谩 el honor de esta generaci贸n, a帽ad铆a el mismo Papa, si comprende su misi贸n de haber ayudado piadosamente al mundo a mejorar su suerte".

Tal como un organismo humano, el mundo llega a su adolescencia, y tal como la adolescencia humana, 茅sta es tempestuosa, apasionada e inquieta.

No debe el cristiano temer a esta crisis. No la teme la Iglesia, aunque la sigue con maternal solicitud. No teme la madre el crecer del hijo, cuando con angustia y esperanza, ora, vigila y amaestra en el peligroso trance entre la ni帽ez y la edad viril.

La crisis de crecimiento del mundo, nos pone ante un problema: en un mundo m谩s adulto, se precisa un cristianismo m谩s adulto.

A ello ya ha velado el Esp铆ritu Santo que gu铆a a la Iglesia, suscitando en su seno movimientos como el de la Acci贸n Cat贸lica, que acusa una plena adolescencia.

Sin cambiar nada en sus estructuras fundamentales, la promoci贸n del laicado y su inserci贸n en el apostolado jer谩rquico pone en una luz m谩s viva algo que existe desde el comienzo del cristianismo. Los fieles adquieren una conciencia m谩s aguda y profunda de esa misi贸n en el Cuerpo M铆stico de Cristo. Y de esa conciencia es expresi贸n clara la Acci贸n Cat贸lica.

Ella viene a establecer en plena luz algo que est谩 en la constituci贸n misma de la Iglesia y de lo cual tenemos no pocos testimonios de la edad apost贸lica, y es que el Apostolado, uno en su origen: la divina misi贸n de Cristo a los Doce, y uno en su fin: el advenimiento del Reino de Cristo, tiene dos 贸rganos para ejercitarse, el eclesi谩stico y el laico, el segundo integrando y complementando el primero.

La Acci贸n Cat贸lica es, en palabras de S. S. P铆o XII "la colaboraci贸n directa del laicado al trabajo espiritual y pastoral de la Iglesia".

Hoy hacen crisis los falsos dioses que los 煤ltimos siglos hab铆an levantado: crisis del racionalismo y del laicismo, crisis del cientismo erigido como fin supremo de la vida, crisis del liberalismo econ贸mico y del capitalismo. Todos ellos han hecho del hombre moderno "un lobo aullando de desesperaci贸n hacia el infinito", han destruido la unidad espiritual del mundo, han entregado a la humanidad a la lucha de los peores ego铆smos y en el mar de sangre de dos guerras han probado su absoluto fracaso y error.

Y esa humanidad destrozada y torturada debe ser reeducada.

"Hay que transformar, seg煤n palabras de S.S. P铆o XII, un mundo de selv谩tico en humano y de humano en divino" 293 .

La Acci贸n Cat贸lica, apostolado del laicado, es una inmensa riqueza de la Iglesia de Dios, complemento necesario e indispensable del apostolado sacerdotal.

Y debemos a帽adir algo m谩s: en esta encrucijada de la historia es algo decisivo para el futuro del cristianismo de la humanidad.

Nos hallamos en la 茅poca en que una edad hist贸rica termina.

El mundo profano ha perdido su car谩cter sacral. La presi贸n de los ambientes sociales se hace cada vez m谩s deformante y pagana.

La Iglesia, como tal est谩 ausente de los medios donde la vida profana se desenvuelve y crece.

Y sin embargo, es en esos ambientes donde se gesta el mundo del ma帽ana.

Y aqu铆 aparece en forma clara, la misi贸n trascendental del laica do en esta hora. Sin tocar en nada el patrimonio apost贸lico de la Jerarqu铆a y clero y en 铆ntima unidad con ellos, el laicado oye el llamado de la Iglesia que mostr谩ndole esos ambientes profanos, les hace sentir la responsabilidad apost贸lica de ellos y les conf铆a la tarea sublime de establecer la Iglesia en los medios de vida a que concretamente y por destinaci贸n providencial est谩n ligados.

Es el llamado a su mayor edad y al cumplimiento de la misi贸n activa que como a miembros vivos del Cuerpo M铆stico de Cristo les corresponde.

"Los fieles, dec铆a el Papa, y m谩s precisamente los laicos, se encuentran en las primeras filas de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Ellos, por consecuencia, ellos, sobre todo, deben tener siempre una conciencia m谩s neta, no solamente de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia, o sea, la comunidad de los fieles sobre la tierra, bajo la gu铆a del Jefe com煤n, el Papa, y de los Obispos en comuni贸n con 脡l. Ellos son la Iglesia, y de ah铆 viene que, desde los primeros tiempos de su historia los fieles, con el consentimiento de sus Obispos, se han unido en asociaciones particulares en relaci贸n con las manifestaciones m谩s diversas de la vida. Y la Santa Sede no ha cesado de aprobarlos y alabarlos" 294 .

La gran tarea de la Acci贸n Cat贸lica queda as铆 precisada.

Hay que suscitar, formar y organizar cristianos reales, dentro de los ambientes reales a que pertenecen, para que ah铆, gracias a su presencia y acci贸n, salgan las instituciones cristianas verdaderamente apropiadas a los mismos ambientes que, por la acci贸n apost贸lica de los seglares, han sido cristianamente reorganizadas. .

Hay que formar cristianos reales, es decir, en el estado de vida en que Dios los ha puesto. Aqu铆 est谩 lo que podr铆amos llamar el apostolado "de base", es decir, al cual otros pueden a帽adirse, pero sin el cual, todos los dem谩s son ineficaces. Es la convicci贸n clara y n铆tida de que el cumplimiento de sus deberes de estado es el medio seguro e indispensable de santificaci贸n. Es la conciencia precisa de que el apostolado no es algo a帽adido, yuxtapuesto a su vida, sino que es su vida, con toda la responsabilidad que ella ofrece en el orden individual y en el social.

Mientras no se desciende a los deberes de estado, se hace una moral abstracta. Mientras no se basa el apostolado en la vida real y concreta de cada hombre, se hace un apostolado suplementario y parcial.

"Si los cristianos no tienen sobre las realidades terrestres ideas justas o actitudes inteligentes, ser谩n un esc谩ndalo permanente para los hombres de este tiempo y retardar谩n en la misma medida aquel reino de Dios sobre la tierra que Nuestro Se帽or Jesucristo nos ha hecho cada d铆a pedir" 295 .

Para edificar la ciudad de Dios hay que levantar juntamente la ciudad del hombre.

Esos cristianos reales actuar谩n apost贸licamente en los ambientes reales. El 谩rbol florece donde ha sido plantado. Y adem谩s, actuar谩n en el interior mismo de esos ambientes. No se trata s贸lo de que las personas entren a la agrupaci贸n de Acci贸n Cat贸lica. Se trata sobre todo, que la Acci贸n Cat贸lica penetre en su ambiente de vida. La labor no termina cuando un nuevo miembro ingresa a la asociaci贸n. Precisamente, es entonces, cuando verdaderamente comienza.

As铆 tendremos una Acci贸n Cat贸lica que, inmensamente idealista en sus aspiraciones, es profundamente realista en sus planteamientos. Una Acci贸n Cat贸lica, no creada sobre los cuadros imaginarios o te贸ricos, sino sobre la realidad de la vida. No, sobre planes aprior铆sticos, dif铆ciles de realizar, sino sobre la rica lecci贸n que la experiencia nos ofrece.

"Esta es la hora providencial, ha dicho Cardijn 296 , en la cual el misterio de la Encarnaci贸n y de la Redenci贸n toman una amplitud y una extensi贸n insospechables. Es este misterio el que el clero y el laicado tienen que vivir hoy con una intensidad, un dinamismo hasta el sumo, sin l铆mites".

La Acci贸n Cat贸lica ser谩 as铆, ante todo, la irradiaci贸n cristiana, organizada en un determinado ambiente. Lo particular de la Acci贸n Cat贸lica, lo que la distingue entre otras cosas de las dem谩s obras de apostolado, es que dondequiera que encuentre ambientes, organiza en ellos influencias cristianas.

"La presi贸n social es un hecho innegable, ha escrito el Cardenal Salieges 297 . Se manifiesta cada d铆a m谩s fuerte. Se ejerce en las sacrist铆as, en los salones, en los ambientes de trabajo. Nada le escapa. El tiempo de Robinson Crusoe ha pasado. Modificar la presi贸n social, dirigirla, hacerla favorable al desarrollo de la vida cristiana, crear para ello un clima, una atm贸sfera en donde el hombre pueda desarrollar sus cualidades humanas, llevar una vida propiamente humana, donde el cristianismo pueda respirar a su antojo y permanecer cristiano, tal es, si no me equivoco, el fin de la Acci贸n Cat贸lica" 298 .

De esta forma la acci贸n de los seglares realiza su amplio sentido apost贸lico y conquistador. No es confin谩ndose en los templos agrupas cerrados sino actuando en el mundo. No es llorando sobre los tiempos idos, sino sol铆citamente atento a los tiempos que vienen como se reconstruye la ciudad. Es viviendo en plenitud del dogma del Cuerpo M铆stico para saber encontrar a Cristo en nuestros hermanos como se cumple el mandato supremo de la caridad. Es mirando la Creaci贸n y todo lo que en ella existe como un inmenso signo como se aprender谩 a leer el plan amoroso de Dios sobre el mundo. Es siguiendo las huellas del Dios humanado como el cristiano va a encarnarse en los ambientes y a tomar sobre s铆 sus angustias, preocupaciones y dolores.

Es sintiendo y viviendo su gran tarea apost贸lica como el cat贸lico realiza en esta hora, el mandato eterno del Evangelio: ser sal en la tierra de la vida humana para preservarla y levadura en la masa de nuestro tiempo para llevarlo hacia Dios.

La Acci贸n Cat贸lica es un nuevo florecer en la triunfante juventud de la Iglesia.

Con esta conciencia apost贸lica, que la Acci贸n Cat贸lica trata de infundir, hemos querido, y as铆 lo pedimos al Se帽or, que esta III Semana Interamericana d茅 a nuestro laica do el sentido y las dimensiones de su misi贸n.

No se trata de realizar un dinamismo est茅ril; "hacer algo", "moverse", "actuar". No; se trata de un apostolado integral que exige la uni贸n sincronizada y actual de la contemplaci贸n y de la acci贸n.

Y porque es apostolado aut茅ntico, irradiaci贸n de vida de Cristo, 谩rbol cuyas ra铆ces se nutren de sacrificio y de oraci贸n, llama viva de caridad evang茅lica, la Acci贸n Cat贸lica realiza una misi贸n cuya primera nota es la de ser iluminada y consciente. Cada miembro de ella, ha de saber exactamente lo que quiere aportar a su ambiente, c贸mo aportarlo y d贸nde efectivamente realizarlo, y al mismo tiempo ha de ir a buscar su base en las grandes verdades de la fe para comunicarlas a su hermano. El ap贸stol no es un fil贸sofo que elabora un sistema, ni un t茅cnico que ejecuta una consigna, es el portador de un mensaje que la revelaci贸n le transmite, el eco en el tiempo del Verbo eterno del Padre, el testimonio viviente de un contacto 铆ntimo y personal con Jes煤s. Con el Ap贸stol Juan, cada militante ha de saber repetir: "lo que fue en el comienzo, lo que vimos, lo que escuchamos, lo que nuestras manos palparon del Verbo de vida, esto es lo que os anunciamos" 299 .

Y porque es acci贸n iluminadora es tambi茅n vivificadora. El cristiano ha meditado la palabra de Jes煤s "he venido para que tengan vida y la tengan abundante" 300 . Y por eso siente que su ministerio es aproximar a sus hermanos a las fuentes de vida, es hacer que los efluvios salvadores alcancen todos los ambientes, que el misterio de la Redenci贸n llegue hasta los 煤ltimos confines, para que "haciendo la Verdad en la Caridad, crezcamos en Aqu茅l que es la Cabeza, Cristo" 301 .

Iluminadora, Consciente y Vivificadora, esa acci贸n ha de ser tambi茅n unificadora.

En la base de toda acci贸n apost贸lica hay una voz que grita imperiosa: "Id por el mundo universo y predicad el Evangelio a toda creatura" 302 , y hay un Esp铆ritu santifican te que crea y renueva la faz de la tierra. El Testamento de la Ascensi贸n y las lenguas de fuego de Pentecost茅s nos dicen que no basta proclamar en el Credo la unidad y la catolicidad de la Iglesia, sino trabajar porque cada vez m谩s se viva el grande y sublime misterio de la "Catholica", la universal, que est谩 en el fondo del mensaje cristiano.

Ese sentido de unidad y universalidad, dar谩 a nuestro apostolado la visi贸n amplia de su misi贸n, cuidando de no encerrar en l铆mites estrechos de particularismos, en capillas de raza, naci贸n o culturas, lo que nos ha sido dado no para servir ego铆smos personales o de grupos, sino para ser obreros en la obra redentora de la humanidad.

Hemos de saber desligamos de todo lo que aprisiona nuestro apostolado repitiendo con san Pablo: "Verbum Dei non est alligatum" 303 .

Unidad en la Acci贸n Cat贸lica, que no significa como algunos temen, un af谩n imperialista de sustituirse a las obras existentes o englobarlas en su actividad, sino ser, seg煤n palabras de S.S. P铆o XII al Congreso del Apostolado Laico: "el campo central en que concuerdan y se coordinan los cat贸licos de acci贸n".

La Acci贸n Cat贸lica formando en el laicado la conciencia de su responsabilidad apost贸lica, mostrar谩 c贸mo las diferentes actividades y obras concurren a una obra com煤n: la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo, el avanzar de la Iglesia, la Evangelizaci贸n a nuestro siglo del Reino de Dios.

Y porque la Acci贸n Cat贸lica es consciente de su deber, porque la luz que la gu铆a es la palabra de la Iglesia y la vida que la sostiene es la Gracia de Cristo, porque, coloc谩ndose sobre lo transitorio y accidental unifica en lo perenne y en lo absoluto, por eso tambi茅n, tiene la nota segura de todos los movimientos de Iglesia: ser obediente y sumisa a la Jerarqu铆a. Sabe que su mandato procede de "aquellos a quienes el Esp铆ritu Santo puso a regir la Iglesia de Dios" 304 . Sabe con Ignacio de Antioqu铆a 305 que "nada sin el Obispo" 306 , y con el mismo Padre de la edad apost贸lica comprende y gusta la belleza de "estar unidos al Obispo como las cuerdas del arco de la lira" 307 , y sabe tambi茅n lo que la Iglesia espera en esta hora de esa participaci贸n de los laicos en el apostolado jer谩rquico y por eso, gozosa, humilde y agradecida colabora en la gran tarea que se le ha confiado.

Estas ideas y estos sentimientos han presidido nuestras inolvidables Jornadas de Chimbote.

Ah铆 hemos estudiado la realidad humana y cristiana de Am茅rica. No han sido Jornadas te贸ricas. Un gran realismo las ha inspirado. Ese realismo, que nos preserva de ilusiones peligrosas y nos hace palpar nuestras deficiencias, no ha sido pesimista. Nos deja el inmenso saldo a favor de constatar el avance realizado, las posibilidades inmediatas y la conciencia clara de lo que nos queda por hacer. En 茅l, hemos sentido el grito angustiado de nuestros pueblos americanos por una vida m谩s humana para as铆 poderla hacer m谩s aut茅nticamente cristiana.

El realismo que nos ha presidido no ha sido cr铆tica est茅ril o demoledora, sino expresi贸n del sentido prof茅tico de la Iglesia: ser luz y decir la verdad.

Estas Jornadas que hoy terminan nos han dado la comprensi贸n clara de los grandes problemas de esta hora: un mundo que se unifica y un nuevo orden que se gesta. Y en esa visi贸n hemos visto la necesidad de una presencia efectiva y apost贸lica en los ambientes en que se acu帽a el mundo del ma帽ana.

Pero m谩s que una visi贸n, Chimbote nos entrega una voluntad clara, firme y decidida.

No queremos evadirnos de la gran tarea humana y cristiana que se nos ofrece. Tenemos conciencia de que no hemos sido llamados solamente para conservar un patrimonio sino para responder a una vocaci贸n apost贸lica y misionera. Queremos estar apost贸licamente presentes en su 铆ntima comuni贸n con nuestros hermanos y al servicio de ellos. Sabemos que esa presencia apost贸lica exige un testimonio de vida y una misi贸n, y comprendemos el peligro de separar ambas cosas. Una misi贸n sin testimonio ser铆a est茅ril, un testimonio sin misi贸n, ser铆a ineficaz.

En esa luz, hemos ahondado en la magn铆fica misi贸n que la Iglesia entrega al laicado. Recordamos la palabra de Newman:

"En todas las 茅pocas, el laicado ha sido la medida del esp铆ritu cat贸lico; 茅l salv贸 hace tres siglos la Iglesia en Irlanda y traicion贸 a la Iglesia en Inglaterra".

Por eso, Chimbote 308 nos ha hecho, es posible, amar a煤n con m谩s fuerza la Acci贸n Cat贸lica; tener fe en ella, porque sentimos su trascendencia y necesidad. Confiar en ella, porque sabemos que el futuro cat贸lico de Am茅rica est谩 subordinado a su crecimiento y desarrollo.

Chimbote no es una meta sino un nuevo punto de partida. Y el laicado de Am茅rica ah铆 representado, sale de Chimbote con la consigna de vivir en toda su amplitud su sublime vocaci贸n de ap贸stol laico.

Y esa vocaci贸n sabe que ha de vivirla en las tres notas que la caracterizan y especifican:

Primeramente, en la santificaci贸n de la vida ordinaria. Lo profano pierde su car谩cter indiferente y se transforma en la gran cantera donde el cristiano labra el poema de la voluntad divina en el cotidiano deber.

Ese cat贸lico vive, en segundo lugar, el misterio de la comunidad cristiana en una honda conciencia del dogma del Cuerpo M铆stico de Cristo. Sabe de la maravillosa e 铆ntima solidaridad espiritual que lo une a sus hermanos y siente la responsabilidad redentora que pesa sobre cada vida cristiana.

Y ese sentido de comunidad lo vive en sus m煤ltiples formas. En la comunidad que ora, en la gran voz de innumerables notas de nuestra liturgia. En la comunidad que trabaja, colaborando gozosa y humildemente en la c茅lula primera de la Iglesia, nuestra vida parroquial. En la comunidad que crece y se expande viviendo el sentido misionero que est谩 en el fondo de nuestra vocaci贸n apost贸lica.

Esa comunidad de oraci贸n, de acci贸n y de expansi贸n, se帽ala ante el laicado de Am茅rica aqu铆 representado, las medidas universales de humanidad que nuestra posici贸n ha de tener. Tomamos conciencia de que la Iglesia necesita en esta hora del mundo, de Am茅rica, y queremos dar a nuestra acci贸n, que no en balde se llama cat贸lica, la amplitud de los problemas, inquietudes y tareas de la Iglesia universal.

La exquisita cordialidad, digo mal, la sobrenatural caridad de nuestros hermanos peruanos nos han hecho posible este encuentro.

Hoy nos separamos con la conciencia clara de haber cumplido un deber y con la angustiosa impaciencia de realizar una misi贸n.

Una inmensa y generosa voluntad de acci贸n nos anima.

Chimbote nos ha dado una gran lecci贸n. Debemos, a nuestra vez, saber repetir a nuestros hermanos que aguardan, la lecci贸n de Chimbote.

En las p谩ginas del Libro Eterno hay una escena que creo la mejor palabra para clausurar esta asamblea.

Nos la ofrece el Profeta Isa铆as.

La noche envuelve la ciudad dormida. En la quietud de su silencio, un grito mantiene el esp铆ritu vigilante y alerta.

Son los centinelas que desde lejos se interrogan, mientras sus miradas escrutan las densas tinieblas.

-Vigilante 驴qu茅 vez en la noche?

y el centinela lejano responde como una esperanza:

-Amanece.

La noche de muchas desidias y ego铆smos parece envolver nuestras tierras de Am茅rica. El pesimismo de muchas claudicaciones ha hecho pensar que a煤n tarda la aurora, pero un laicado generoso y alerta, d贸cil al llamado de sus Pastores nos da en estos instantes la respuesta del centinela:

-Amanece.

Se帽ores delegados: id a repetirlo en vuestras tierras. Id a decir que Chimbote es una aurora cargada de promesas. Id a decir a vuestros pastores la voluntad decidida de este laicado de secundar d贸cilmente su labor.

Y cuando vuestros hermanos os pregunten 驴qu茅 visteis en esta III Semana Interamericana de Acci贸n Cat贸lica?, responded se帽alando el horizonte que la aurora comienza a blanquear:

Alborea.


D脥A INTERNACIONAL DE LA J.O.C. 309 (1潞-IV-1956)

Amados fieles:

El pr贸ximo domingo 15 de abril, se celebra en todo el mundo el D脥A INTERNACIONAL DE LA JOC (Juventud Obrera Cat贸lica).

Esto nos da ocasi贸n para hablar sobre la importancia de esta obra apost贸lica.

Seg煤n palabras de S.S. P铆o XI: "Nos enfrentamos a un mundo ca铆do en gran parte en el paganismo". De una manera especial, ese problema se hace sentir en el campo del Trabajo. Perdido el concepto de la dignidad humana, se pierde igualmente la noci贸n cristiana del trabajo. Tal p茅rdida ha llevado a lo que el mismo Pont铆fice llamaba "el esc谩ndalo m谩s grande del siglo XX, el alejamiento de los obreros de su Madre la Iglesia",

Para remediar tan grave mal, ha surgido providencialmente la Juventud Obrera Cat贸lica. Los Sumos Pont铆fices ven en ella la m谩s segura esperanza.

"Entre los signos llenos de promesas de una renovaci贸n social, percibimos, con gran alegr铆a de nuestro coraz贸n -dec铆a P铆o XI en la "Quadragesimo Anno"- las estrechas filas de j贸venes trabajadores que se levantan al llamado de la gracia divina y alimentan la noble ambici贸n de reconquistar para Cristo el alma de sus hermanos".

Y el Papa actual a帽ad铆a refiri茅ndose igualmente a la JOC: "Las condiciones del momento reclaman hoy m谩s imperiosamente que nunca su apostolado".

Obediente a esas voces de los Romanos Pont铆fices, el Episcopado Chileno cre贸 hace diez a帽os la JOC. Lentamente, teniendo que vencer muchas dificultades e incomprensiones, el movimiento ha ido creciendo entre nosotros hasta llegar a ser una realidad promisoria.

Queremos que no s贸lo los obreros, sino todos los cat贸licos, se penetren de la importancia y trascendencia de este movimiento.

Por eso, invitamos por estas l铆neas a todos los cat贸licos de Talca a tomar parte en los actos con que la JOC talquina celebra su D铆a Internacional.

En la ma帽ana del domingo 15 habr谩 Misa en todos los barrios donde funciona la JOC.

Ese mismo d铆a, a las 10,30 A.M. habr谩 una solemne velada art铆stica en el Teatro Palet.

Queremos en ese d铆a ver congregados a todos los cat贸licos alrededor de sus hermanos jocistas.

Invitamos por tanto, por estas l铆neas, a la juventud, especialmente a los Sextos A帽os Primarios, y al Segundo Ciclo de los Colegios Secundarios.

A las familias obreras, est茅n o no vinculadas con la JOC, y a todos los cat贸licos.

Ser cat贸lico es sentir con la Iglesia. Preocuparse de sus problemas. Interesarse en sus inquietudes.

Una de sus m谩s grandes inquietudes es precisamente la Juventud Obrera.

Para esto necesitamos la JOC.

La JOC es una soluci贸n de la Iglesia. Como de ella hemos de servida. Como de la Iglesia hemos de amada. Como de ella hemos de recibida.


25潞 ANIVERSARIO DE LA ACCI脫N CAT脫LICA CHILENA 310 (28-X-1956)

Tiene la conmemoraci贸n que hoy celebramos un hondo significado.

Veinticinco a帽os de vida de la A.C. Chilena, marcan un hecho gran de en la historia eclesi谩stica de nuestra Patria.

Este hecho representa:

La toma de conciencia de nuestros seglares del lugar que ellos tienen en la Iglesia y en su obra evangelizadora.

La respuesta generosa de selectos grupos cat贸licos al llamado apremiante que la Jerarqu铆a les hace.

El sentido agudo que esos mismos cat贸licos experimentan de la crisis espiritual que el mundo atraviesa, y, al mismo tiempo, de las esperanzas que en ese mismo mundo se encierran.

1. Maduraci贸n de los fieles

Y sobre todo, nuestros 25 a帽os de A.C. significan una maduraci贸n prodigiosa del sentido de la Iglesia en nuestros fieles, una convicci贸n cada vez m谩s acentuada que es en Ella y por Ella como el mundo encontrar谩 su camino, que es en la medida de esa adhesi贸n a la Iglesia, a su Jerarqu铆a, a sus normas, a sus orientaciones y a sus m茅todos, de donde saldr谩 la fuerza que d茅 la victoria.

2. El mensaje eterno

Veinticinco a帽os hablan de debilidades y 茅xitos, de esfuerzos y sacrificios, de horas de desaliento y de entusiasmo. Pero, sobre todo, nos dicen que una tarea apost贸lica de insospechadas proyecciones comienza a realizarse en nuestro Chile.

Nada nuevo; sino el eterno mensaje de Cristo.

Nada nuevo, sino el incesante golpear del mandato divino: Id, evangelizad a todos los pueblos.

Nada nuevo, sino el repetirse y actualizarse de las par谩bolas evang茅licas; del trigo que cae en el surco, de la levadura en la masa, de las diez monedas que hay que retornar en otras diez.

Y, sin embargo, una inmensa novedad.

3. La Iglesia en el ambiente

El clero siente que su acci贸n se prolonga y complementa en los fieles.

Los fieles no se sienten extra帽os a las inquietudes pastorales de sus p谩rrocos.

Los ambientes impermeables a la acci贸n sacerdotal reciben a trav茅s del laico el mensaje salvador.

Los seglares comprenden la responsabilidad apost贸lica que su condici贸n de bautizados, les se帽ala en el Cuerpo M铆stico de Cristo.

Un sentido de Iglesia, rico y hondo, cargado de inquietudes y estremecimientos sacude al cristianismo de nuestros d铆as.

4. Un gran hecho hist贸rico

La A.C. es un hecho de extraordinaria trascendencia en la historia del catolicismo contempor谩neo.

Por eso los Pont铆ficos la alaban y se帽alan su importancia. Por eso mismo, porque seg煤n palabras de P铆o XI "la A.C. es entre todas las formas del apostolado de la Iglesia, la m谩s conforme a la necesidad de los tiempos", la Jerarqu铆a Chilena acaba de afirmar en Pastoral Colectiva, su aprobaci贸n a la obra realizada y su esperanza en lo que a ella le cabe cumplir la dilataci贸n del reino de Cristo.

Y despu茅s de esto, 驴podr谩 hablarse de fracasos de la A.C.? 驴Podr谩 decirse que ya pas贸 su tiempo y que otras obras deben sustituirla? 驴Podr谩, con olvido de su misi贸n y desconocimiento de la voz de los pastores, quedarse indiferente ante su apremiante llamado?

En esta hora en que la A.C. Chilena llena de emoci贸n mira al pasado y agradece a Dios sus beneficios. En que, plet贸rica de confianza mira el futuro y no rehuye la tarea que la Iglesia le ofrece, vuestro Asesor General os habla.

5. Llamado

La representaci贸n del Episcopado Chileno ante la primera reuni贸n del Consejo Episcopal Latinoamericano, me obliga a estar f铆sicamente lejos de vosotros.

Pero mi afecto y mi plegaria me unen con ustedes.

Y en esta hora, a trav茅s de la distancia, os formulo un llamado. Tened fe

Tened fe en la Acci贸n Cat贸lica.

Ella es en el pensamiento de Dios, una nueva muestra de su misericordia para con el hombre y de protecci贸n para su Iglesia.

Tened fe aunque ve谩is defectos y limitaciones, como en todo lo humano.

La Acci贸n Cat贸lica es, a pesar de lo que los hombres podemos afearla, un destello de la belleza inmortal de la Iglesia.

Tened confianza en la Acci贸n Cat贸lica.

6. Amad a la Acci贸n Cat贸lica

No esper茅is de las soluciones meramente humanas. En el fondo de todos los problemas de nuestra 茅poca, nuestros graves y terribles problemas, est谩 la ausencia de Cristo y de su esp铆ritu, y mientras ellos no retornen, no habr谩 posibles remedios.

Confiad, porque trabajando en Ella, sembramos con El y Dios da el incremento a nuestra siembra.

Confiad, porque la Acci贸n Cat贸lica nos hace gustar el misterio tan desconocido de la victoria de Cristo sobre el mundo, la muerte y el pecado.

Amad la Acci贸n Cat贸lica.

7. Un铆os en la verdad y el amor

En ella cumpl铆s en forma perfecta el gran precepto de la caridad divina y de la caridad fraterna.

Es en el Campo de la doctrina, del apostolado de la Acci贸n Cat贸lica, de la defensa de los grandes principios cristianos, donde esa uni贸n de caridad debe producirse.

Uni贸n en la Verdad de Cristo que liberta, en la Justicia de Cristo que redime, y en la Caridad de Cristo que estrecha.

Y que a esa vocaci贸n amada, vivida y realizada en y por la Acci贸n Cat贸lica, le demos nuestras mejores energ铆as.

As铆 mereceremos que de nosotros se diga la gran palabra de san Pablo: "Apostolus, gloria Christi". Ap贸stol, gloria de Cristo.

INFORME SOBRE LA ACCION CATOLICA A LA COMISION EPISCOPAL 311 (VII-1956)

Eminencia Rvdma.

Excelencia Rvdma.

Estas p谩ginas que someto a la benevolencia de VV.EE. responden a una triple finalidad: cumplir el honroso cargo que la Comisi贸n Episcopal me hiciera en su 煤ltima reuni贸n, de tratar el tema de la A.C. a la luz de los acuerdos de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en R铆o de Janeiro y de presentar, en segundo lugar, una exposici贸n general sobre la A.C. en Chile en el momento actual y de proponer, por 煤ltimo, a la consideraci贸n de VV.EE. las indicaciones y sugerencias, que a mi modesto juicio son oportunas para la mejor marcha de la A.C. en Chile. Aunque diversas, estas tres finalidades se tratan de presentar unidas en las p谩ginas que siguen.

I. Breve mirada hist贸rica a la A. C. Chilena

He juzgado conveniente el dar una r谩pida ojeada hist贸rica a estos 25 a帽os de nuestra A.C. y a su desarrollo y evoluci贸n.

El Episcopado de Chile, fiel a su tradici贸n de incondicional adhesi贸n a las directivas de la Sta. Sede, fue uno de los primeros de Am茅rica Latina y aun de muchos pa铆ses de Europa, en organizar la A.C. Tuvo para organizarla, como orientaci贸n principal, la A.C. Italiana y la obra de Mons. Civardi 312 . Naci贸 cuando los problemas del apostolado laico comenzaban a plantearse, a la luz del gran movimiento de promoci贸n del laicado suscitado por S.S. P铆o XI, y cuando la doctrina de la A.C. a煤n no hab铆a logrado el magn铆fico desarrollo que ha tenido en los 25 a帽os posteriores. Fundada en la urgencia de momentos muy dif铆ciles sociales y pol铆ticos de la vida chilena (1931-32), tuvo que sufrir, como todas las obras que se inician, los inconvenientes de la improvisaci贸n. No siempre fue claramente comprendida y no siempre tambi茅n muchos de sus dirigentes laicos o asesores de ramas o centros, tuvieron la debida preparaci贸n para orientarla. Digo esto, no como una cr铆tica, sino como un hecho que explica muchas de las deficiencias que posteriormente se han presentado en la A.C. Tampoco, hablando en t茅rminos generales en los cuales caben numerosas ex