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Mons. Manuel Larra铆n E., Mons. Manuel Larra铆n. Escritos completos.
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Concilio Vaticano II

La participaci贸n de Monse帽or Larra铆n en el Concilio Vaticano II fue intensa.

El 31-VIII-1960 se anuncia oficialmente la composici贸n de la nueva Comisi贸n para el Apostolado de los Laicos, que consta de 25 miembros y 17 consultores: entre estos se haya este obispo.

El 14-XI-1960 se inicia en presencia del Papa Juan XXIII el per铆odo "preparatorio" del Concilio. Mons. Larra铆n es designado "miembro" de la mencionada Comisi贸n para el Apostolado de los Laicos.

En I y VI-1961 y a comienzos de 1962 concurre a Roma para participar en las sesiones de dicha Comisi贸n.

Entre el U-X y el 8-XII-1962, al iniciarse el 1.er per铆odo del Concilio se efect煤a la laboriosa elecci贸n de los miembros de las diversas Comisiones conciliares. En la Comisi贸n sobre el Apostolado de los laicos, Prensa y Espect谩culos, que preside el Cardenal Cento es elegido como integrante con 871 votos.

El 12-Il-1962, en la 17a Congregaci贸n General se debaten los cap铆tulos finales del esquema sobre Liturgia y en ella interviene Monse帽or.

El 23-X-1963, durante la 54a Congregaci贸n General, en el 2潞 per铆odo (29-IX-4-XlI-1963) interviene durante el debate sobre el Esquema "De EccIesia".

Entre el 23 y el 24-IV-1964, bajo la presidencia de Mons. Manuel Larrain, Presidente del CELAM, se re煤nen en Lima 9 obispos y 8 sacerdotes expertos en Liturgia, a fin de llevar a la pr谩ctica la doctrina conciliar sobre la Liturgia. All铆 se decide:

1) La formaci贸n de profesores de Liturgia para los seminaristas, religiosos y laicos; se formar谩n equipos m贸viles, para servir a los obispos que los soliciten; y

2) La creaci贸n de un equipo de especialistas de Am茅rica Latina y Espa帽a, que se ocupe de la traducci贸n de los libros lit煤rgicos al castellano y portugu茅s y a los dialectos.

El 18-1X-1964, durante la 83a Congregaci贸n General celebra la misa ante todos los Padres Conciliares.

EI 10-X-1964 da en Roma una conferencia de prensa durante el debate acerca del apostolado de los laicos.

El 5-X-1965, en la 142潞 Congregaci贸n General, durante el 4a per铆odo (14-1X-7-XII1965) interviene durante la discusi贸n del Esquema Xl1I, futuro documento sobre la Iglesia en el mundo contempor谩neo: Constituci贸n pastoral "Gaudium et spes".

El 12-XI-1965, en la 159a Congregaci贸n General presenta nuestro Obis-po, junto a otros Padres, su parecer acerca del asunto de las indulgencias.

Todas estas intervenciones se encuentran en los siguientes documentos:

- Acta De Documento Concilio Oecumenico Vaticano 11 apparando;

- Acta Synodalia Sacrosancti Concilii Oecumenici Vatican铆 11:

Typis Polyglottis Vaticanis. 1970... (A煤n apareciendo);

- Giovanni Caprile, Il. Concilio Vaticano Il, 5 vol煤menes en 6 tomos;

Roma: La Civilt脿 Cattolica, 1965-1969.

Las ponencias del Obispo las iremos presentando a lo largo de nuestros vol煤menes.

LA FUNCI脫N PROF脡TICA DEL PUEBLO DE DIOS PONENCIA EN EL CONCILIO VATICANO II 89 (23-X-1963)

"Venerables Padres, muy queridos Auditores y car铆simos Observadores:

La redacci贸n del cap铆tulo acerca del Pueblo de Dios es, seg煤n creo, de la mayor importancia para perfeccionar la imagen de la Iglesia, como ya ha sido dicho en esta Aula conciliar.

En efecto, en el cap. I, la descripci贸n de la Iglesia necesariamente deb铆a ser de car谩cter "esencial"; bell铆sima, ciertamente, pero, por as铆 decirlo, un tanto abstracta e intemporal; en cambio la Iglesia que peregrina en la tierra, es un misterio encarnado en la historia humana.

En mi modesta opini贸n, se hace necesario que este esquema, redactado por nuestro S铆nodo pastoral y ecum茅nico, se帽ale tambi茅n algunos elementos m谩s cercanos a la existencia concreta.

Esto puede llevarse a cabo con propiedad y de mejor manera en un cap铆tulo acerca del Pueblo de Dios que en el otro sobre el misterio de la Iglesia. Para proceder m谩s teol贸gicamente, opino que se debe introducir en este cap铆tulo la descripci贸n de la triple funci贸n del pueblo de Dios, es decir, la funci贸n prof茅tica, sacerdotal y real, en la que puede hallarse concretamente toda la misi贸n de la Iglesia en la historia.

El cap铆tulo acerca de la jerarqu铆a aplica con acierto esta triple funci贸n a los que presiden; y el cap. IV sobre los laicos, deber铆a aplicar tambi茅n esto a los mismos laicos. De este modo, tendr铆amos id茅nticas categor铆as teol贸gicas en todo el esquema y se asegurar铆a mejor su unidad 90 .

En nombre propio y en el de m谩s de sesenta obispos de Am茅rica Latina entregar茅 por escrito a la Secretar铆a una visi贸n de conjunto sobre la totalidad.

S茅ame permitido ahora a帽adir algo acerca de la funci贸n prof茅tica del Pueblo de Dios.

La funci贸n prof茅tica del pueblo de Dios, implica para todos la grave obligaci贸n de predicar y de dar testimonio.

El Pueblo de Dios es "testigo" o "m谩rtir" 91 del misterio de Cristo entre los hombres, mediante su palabra, su actuaci贸n y su vida entera. Se aplica con raz贸n a todo el pueblo de Dios lo que el evangelista dijo acerca de Juan Bautista: "El no era la luz, sino quien diera testimonio de la luz" 92 .

En la consagraci贸n bautismal, por la cual el pueblo de Dios se dilata, todo fiel es signado en vistas de un testimonio; la regeneraci贸n en Cristo, al hacemos participantes de su muerte es, en verdad, una vocaci贸n ontol贸gica para el testimonio, y como una tendencia sobrenatural conferida en orden al martirio. El pueblo de Dios est谩 en el mundo para dar testimonio de la verdad 93 y debe saber que el martirio es la culminaci贸n del testimonio 94 鈥�. la inevitable imitaci贸n del camino de la cruz 95 , a trav茅s del cual el Se帽or ha vencido al mundo 96 .

Por consiguiente, el cap铆tulo acerca del pueblo de Dios, debe hablar con claridad acerca de este oficio prof茅tico de predicar y dar testimonio.

1. La palabra misma de Dios contenida en el dep贸sito de la revelaci贸n y entregada al pueblo de Dios, es la que lo impulsa a ejercer esta funci贸n prof茅tica. La posesi贸n de la palabra de Dios no implica una recepci贸n pasiva, como si se tratara de defenderla encerrada en un cofre para que no se pierda. Las palabras de la revelaci贸n son esp铆ritu y vida, no para perfeccionar alg煤n" sistema" doctrinal: la revelaci贸n no puede reducirse a la teolog铆a, sino que es una buena nueva, "evangelio" de renovaci贸n, que debe hacer fermentar a toda la masa de la humanidad.

El pueblo de Dios, portador de la fuerza de esta palabra, debe dar testimonio de ella, ya sea en la predicaci贸n ya sea en un estilo evang茅lico de vida. El esquema habla lo bastante acerca del magisterio de los obispos y del Romano Pont铆fice, pero poco acerca de la predicaci贸n. Con todo, la misi贸n de la Iglesia se realiza ante todo por la predicaci贸n del Evangelio. En efecto, 驴c贸mo creer谩n los hombres si no escuchan?, 驴y c贸mo escuchar谩n sin nadie que les predique?

La predicaci贸n del Evangelio conlleva siempre el contacto de una persona con otra, puesto que la vocaci贸n personal de Jesucristo s贸lo se transmite mediante la palabra personal de sus ministros. Los modernos medios t茅cnicos de multiplicaci贸n y difusi贸n de las palabras e im谩genes, aunque 煤tiles e incluso necesarios en las actuales circunstancias, no pueden sustituir a la palabra personal por la cual cada ap贸stol habla al coraz贸n de los hombres.

Junto con la predicaci贸n, esta misi贸n de la Iglesia requiere tambi茅n el testimonio de un estilo evang茅lico de vida. Como escribi贸 S. Cipriano: "nosotros los cristianos no hablamos grandezas, las vivimos". El estilo evang茅lico de vida debe ser percibido clara y constantemente a trav茅s de una pobreza no ficticia, de la castidad del amor, de la obediencia libre, de la oraci贸n y el ayuno, de las persecuciones, de la caridad.

2. Hist贸ricamente, o sea en la existencia concreta de la Iglesia que peregrina, el Pueblo de Dios no siempre ha cumplido bien esta funci贸n, tal como hemos visto en la historia del antiguo Israel. El nuevo cap铆tulo acerca del pueblo de Dios, presenta la oportunidad de indicar claramente la distinci贸n que debe hacerse entre la esencia inmaculada de la Iglesia sin ninguna arruga, y los pecados y defectos de sus miembros a trav茅s de los siglos. De este modo en el esquema ser谩 imposible aquella visi贸n angelical; por el contrario, la descripci贸n de los miembros mismos del pueblo de Dios que hacen penitencia, que imploran la misericordia divina y se perdonan mutuamente las ofensas, mostrar谩 a los hombres con mayor verdad tambi茅n los aspectos humanos del misterio de la Iglesia. Por lo dem谩s 驴no es acaso la penitencia una de las virtudes espec铆ficas a la cual se consagran los cristianos mediante un sacramento determinado?

3. La obligaci贸n de dar testimonio del misterio de Cristo entra帽a la necesidad de una permanente reforma del pueblo de Dios, tal como ha sido se帽alado en este Sacrosanto S铆nodo. A fin de que la luz de Cristo no quede oscurecida, la Iglesia debe amar la renovaci贸n y la adaptaci贸n como una caracter铆stica inherente al pueblo peregrino.

M谩s todav铆a, para realizar dicha reforma el Esp铆ritu suscita testigos especiales, los santos y los m谩rtires adornados con carismas peculiares, de los cuales la Iglesia jam谩s ha carecido ni carecer谩. Recordad, Padres, por ejemplo a S. Francisco de As铆s o a S. Carlos o a los santos fundadores.

4. En fin, la misi贸n hist贸rica de la Iglesia invita siempre a la conversi贸n: "Convert铆os y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisi贸n de vuestros pecados, y recibir茅is el don del Esp铆ritu Santo" (Hechos 2,38). La "conversi贸n" consiste siempre en una actitud personal que impulsa a los hombres a abandonar sus malas acciones y profesar su fe en Cristo resucitado. Sin embargo, la conversi贸n verdadera no es fruto de una imitaci贸n exterior ni de decretos de p煤blica autoridad, ni de cierta apetencia de bienes materiales, ni una religiosidad sentimental o puramente natural, ni de un impulso de devoci贸n imbuido de superstici贸n. Para la conversi贸n se requiere siempre el testimonio viviente de los que tienen fe: "ser茅is mis testigos".

El valor del esquema depender谩, pues, de una m谩s clara ense帽anza acerca de la funci贸n prof茅tica del pueblo de Dios. Gracias. He dicho".

PRIMERA ETAPA DEL CONCILIO VATICANO II. IMPRESIONES RELATIVAS A ELLA 97 (鈥�..XII - 1962)

I. Saludos y gratitud

Mis primeras palabras al regresar a la Di贸cesis despu茅s de esta primera etapa del Concilio Vaticano II, deben ser de saludo y de gratitud.

De saludo a sacerdotes, autoridades, fieles, amigos: a todos sin excepci贸n. Su recuerdo me ha acompa帽ado en estos meses de ausencia, y en tollo momento he sentido que no he actuado a nombre propio sino como pastor de esta Di贸cesis tan amada.

De gratitud hacia Dios que me ha permitido vivir estos d铆as inolvidables que marcar谩n ciertamente una 茅poca en la historia de la Iglesia y de la humanidad.

El Concilio no es un simple acontecimiento humano; es una concentraci贸n de la acci贸n de la gracia visible del Esp铆ritu Santo que nos es enviado por la cabeza del Cuerpo M铆stico, Cristo.

Los Padres Conciliares somos modestos instrumentos del Divino Esp铆ritu. Hemos sentido esa responsabilidad. De ah铆 que si a algunos el trabajo puede aparecer lento, esa aparente lentitud no es sino el sentido vivo y agudo de un trabajo que no puede hacerse superficialmente, que es intenso y dif铆cil, que debe de una parte conservar el dep贸sito sagrado de la revelaci贸n, y de otra adaptado a las necesidades del mundo y de los hombres de nuestra edad.

Hemos sentido vivo el esp铆ritu de solidaridad de las generaciones; con las que nos precedieron, para continuar su labor, y con las que vienen para proyectar el mensaje de Cristo en una nueva edad que nace. Hemos trabajado con una perspectiva hist贸rica de siglos.

II. La labor desempe帽ada por los Padres Conciliares

Un r谩pido balance nos muestra el trabajo realizado en estos d铆as; se celebraron 36 Congregaciones generales, es decir asambleas plenarias, dentro de las cuales se realizaron 35 votaciones. Hubo 590 intervenciones orales, m谩s de 530 intervenciones escritas al trav茅s de las cuales se expres贸 la preocupaci贸n e inter茅s general de los Padres del Concilio.

El primer trabajo fue el de formar las Comisiones Conciliares, que son de gran importancia para el desarrollo del Concilio. La tarea no era f谩cil, ya que, reci茅n llegados, a煤n no se conoc铆an suficientemente los Obispos entre s铆.

Pero, pronto se establecieron los contactos y las Comisiones expresaron la realidad y el sentir de los Padres Conciliares.

La Sede de la Conferencia Episcopal Chilena, fue en esos d铆as uno de los m谩s grandes centros de actividad del Concilio. Tres Obispos chilenos, entre los cuales el de Talca, fueron elegidos como Comisarios o sea miembros de las Comisiones Conciliares.

Durante los 57 d铆as de esta primera etapa se pusieron en discusi贸n 5 esquemas. Sagrada Liturgia, Divina Revelaci贸n, Instrumentos de comunicaci贸n social, Unidad de la Iglesia, y la Iglesia de Cristo.

Pero, sobre todo, a trav茅s de la discusi贸n de los esquemas se dio la estructuraci贸n definitiva del mismo Concilio, determinando claramente su finalidad concreta, d谩ndole una l铆nea inconfundible de orientaci贸n netamente pastoral y designando especiales personas para la aplicaci贸n de estas normas org谩nicas del Concilio.

Quisiera hacer notar tres caracter铆sticas que presidieron todas nuestras reuniones: la primera, la libertad de expresi贸n de los Padres. En varias ocasiones habl茅 largamente con los observadores protestantes y ellos me hicieron saber su admiraci贸n ante esta libertad. La Iglesia Cat贸lica no era la que falsamente les hab铆an pintado: la Iglesia del temor o de la coacci贸n, sino la casa paterna donde se vive la verdadera libertad de los hijos de Dios.

La segunda, el sentido pastoral que dominaba todos los debates. No era ni una verdad escueta, ni una verdad pol茅mica la que se expon铆a, sino una verdad orientada a dar al mundo la palabra de salvaci贸n y la gracia redentora. M谩s que reuni贸n de doctores o maestros, el Concilio Vaticano II es una reuni贸n de pastores. La inquietud de las almas, el 铆mpetu misionero, el ansia de cumplir el mandato supremo de Cristo de evangelizar, era la nota central que dominaba el Concilio.

Por 煤ltimo, el sentido agudo de que este Concilio debe marcar una etapa trascendental en la acci贸n futura de la Iglesia, haci茅ndola presente en los grandes problemas de nuestra 茅poca y d谩ndole as铆 esa fisonom铆a de actualidad en la perennidad que acompa帽a su acci贸n evangelizadora.

III. La Fisonom铆a del Concilio Vaticano II

Dentro del desarrollo en 57 d铆as, breve para la historia de un Concilio, ya se perfilan claramente los aspectos peculiares que han de determinar su fisonom铆a. Se帽alemos algunos:

1) En el aspecto doctrinal, el inter茅s principal del Concilio es la doctrina de la Iglesia Ecclesia Christi, Lumen Gentium. La Iglesia de Cristo luz de los pueblos. Es el signo levantado entre las naciones; en Ella vive Cristo, guiando a la humanidad; es el Cuerpo de Cristo; es la comuni贸n del amor; es la familia de Dios.

2) La Iglesia quiere dialogar con el mundo de hoy; junto con admirar y animar sus conquistas y progresos t茅cnicos, busca y quiere su salvaci贸n eterna. Ella es Madre y tiene por misi贸n ser la conciencia de la humanidad y la luz de su historia.

3) La Iglesia debe ser sobre todo la Iglesia de los pobres. Es un aspecto esencial de la Iglesia peregrinan te en la tierra. La Iglesia es de todos, pero en especial de los pobres. Los tres grandes momentos de la Iglesia que hacen vibrar en la tierra su vitalidad son la Eucarist铆a, la Jerarqu铆a, los Pobres. Los Padres Conciliares quieren considerar profundamente la conexi贸n interna entre la presencia en la acci贸n eucar铆stica y en la sagrada jerarqu铆a. De ah铆 que los grandes cap铆tulos del Concilio son: la renovaci贸n de la sagrada liturgia como medio de vivir el misterio eucar铆stico; la paternidad del Obispo, su misi贸n fundamental en la Iglesia, el sentido misionero del apostolado dependiente en todo del Obispo la importancia de las conferencias episcopales y la promoci贸n del laicado a su edad adulta apost贸lica, 铆ntimamente asociado al ministerio jer谩rquico; por 煤ltimo, la Iglesia debe estar en el primer sitio del movimiento mundial que busca el mejoramiento de la suerte de los pobres y de los oprimidos. Hay que realizar, dijeron los Padres Conciliares, en su mensaje al mundo, "la gran justicia del Reino de Dios". La justicia de que trata la Enc铆clica Mater et Magistra y sobre la cual acabamos de hablar hace tres meses los obispos chilenos. La justicia proclamada por Jes煤s, a la luz de los pobres". "El Concilio debe ser, dijo Juan XXIII, una escuela de fraternidad y de amor". Debe anudar una cadena de amor alrededor de la cintura negra de miseria que estrecha hoy a la humanidad.

IV. La Dimensi贸n Ecum茅nica del Concilio Vaticano II

De otra parte, aunque el Concilio es un acto interno de la Iglesia, la nota ecum茅nica de la unidad con los hermanos separados, ha vibrado constantemente. Los observadores de las Iglesias no cat贸licas estuvieron presentes en todos los debates, recibieron todos los documentos de estudio entregados a los Obispos, y rein贸 entre ellos y nosotros un ambiente no s贸lo de cordialidad, sino de fraternidad extraordinaria. Un observador me hac铆a notar su profunda impresi贸n ante ese signo de caridad fraterna que presidi贸 todas las relaciones entre cat贸licos y no cat贸licos durante el Concilio. Eso no es complejo de inseguridad o claudicaci贸n con la verdad, sino gran esperanza de que el anhelo supremo de Cristo "Que sean una sola cosa" se realice. Lo que saldar谩 respecto a la uni贸n lo ignoramos, lo que s铆 sabemos es que muchos prejuicios han ca铆do por ambos lados y que un paso de siglos se est谩 realizando.

V. Reflexiones finales

Y debo terminar con dos reflexiones:

1. La primera, es la alegr铆a inmensa que experimento ante esta etapa del Concilio. Los impacientes, los que quieren ver cosas nuevas o espectaculares, los que creen que la Iglesia va a cambiar en sus puntos esenciales, puede ser que se sientan desilusionados. Pero los que hemos vivido el Concilio por dentro, los que hemos palpado la intensificaci贸n de la comuni贸n vital cat贸lica entre todos los Padres, los que hemos visto la libertad reinando en la caridad, sentimos que estamos viviendo el nacer de una nueva era pastoral para la Iglesia.

Alegr铆a tambi茅n, 驴por qu茅 no decirlo? al ver la posici贸n en el Concilio del Episcopado Chileno, altamente estimada por todos los Obispos de los otros pa铆ses. El d铆a antes de partir, un Cardenal alem谩n junto con un Obispo franc茅s, me dijeron: "debo confesarle que la gran revelaci贸n de este Concilio ha sido para nosotros europeos, el Episcopado Latinoamericano, y de un modo muy singular el chileno".

2. La segunda reflexi贸n es la necesidad de no decaer en nuestro esp铆ritu de oraci贸n y de penitencia. Los meses de interrupci贸n no ser谩n para nosotros de descanso. Hay trabajos dif铆ciles y delicados que debemos proseguir. El Concilio ha comenzado ahora y necesita la asistencia del Esp铆ritu Santo que debemos alcanzar con nuestras oraciones y sacrificios.

Es impresionante: al llegar a Roma me encontr茅 con cartas dirigidas a m铆 desde Thailandia, Ceyl谩n y otros pa铆ses lejanos en que me dec铆an que oraban por cada Padre del Concilio y que a ellos les hab铆a tocado orar por m铆. Los Cat贸licos alemanes y de otros pa铆ses de econom铆a desarrollada est谩n realizando colectas a base de sacrificios personales para costear los viajes y estad铆a de los Obispos de pa铆ses en d茅bil situaci贸n econ贸mica.

Es una gran marea espiritual la que se levanta con el Concilio, y como hermosamente lo dijera Jean Guitton 98 , de la Academia Francesa, "el cohete espacial del Concilio ha sido lanzado y nada podr谩 detenerlo en su marcha".

Con estas palabras he querido resumir algunos de los sentimientos e impresiones a mi llegada del Concilio.

A todos, mis saludos cari帽osos y mi paternal bendici贸n.

Quiero, por medio de las p谩ginas de La ma帽ana hacer llegar a todos estos sentimientos, saludos e impresiones.

APRECIACIONES EN TORNO AL CONCILIO Y SU PREPARACION 99 (11-XI-1961)

Hemos cre铆do de inter茅s para nuestros lectores, acercamos al Excmo. Sr. Obispo de la Di贸cesis, Mons. Manuel Larra铆n, que acaba de regresar de una de las reuniones plenarias preparatorias al Concilio Vaticano II, que se celebrar谩 en Roma.

Mons. Larra铆n nos recibe gentilmente, respondiendo a las preguntas que le formulamos.

Para muchos, nos dice, la palabra Concilio Ecum茅nico les ha sonado extra帽a. Pensaban que era algo pasado, como las Cruzadas. Y sin embargo, nosotros los hombres del siglo XX, que vivimos en los tiempos de la energ铆a at贸mica y de los "robots", vamos a ser contempor谩neos de un Concilio. M谩s de 1.600 obispos venidos de todas las partes del mundo, se reunir谩n en fecha relativamente pr贸xima en Roma. Esta asamblea ser谩 no s贸lo internacional -la m谩s grande internacional que exista ya que ning煤n lugar de la tierra dejar谩 de estar representado-, sino que contar谩, as铆 lo dice S.S. Juan XXIII, con la presencia de los cristianos que no son cat贸licos, que han estado separados por siglos de distancia y a煤n de oposici贸n, a buscar la unidad de la Iglesia fundada por Jesucristo.

Para comprender, contin煤a Mons. Larra铆n, lo que es un Concilio, debemos recordar lo que los Obispos representan en la Iglesia. Ellos son los sucesores de los Ap贸stoles. Cristo fund贸 su Iglesia sobre el Colegio Apost贸lico, con Pedro a su cabeza. Los Obispos de todo el mundo, presididos por el Papa y bajo su autoridad, representan la continuaci贸n del Colegio Apost贸lico primitivo.

Los Concilios Ecum茅nicos se celebran con bastante distancia en la Iglesia. El 煤ltimo, fue el Vaticano I en 1870 bajo P铆o IX, y el anterior hab铆a sido el de Trento, iniciado en 1545. Pero, el que ahora va a celebrarse, tendr谩 una importancia especial y podemos decir que ser谩 el m谩s grande de la historia. En primer lugar, su importancia num茅rica. Como dec铆a, se estima que el n煤mero de Obispos convocados ser谩 alrededor de 1.600. En segundo lugar, su importancia geogr谩fica. Hace un siglo, el 脕frica .era una tierra desconocida, otro tanto la Australia y parte del Asia. Hoy existen numerosos Obispos nativos de todas esas tierras. Ya, nos dice Mons. Larra铆n, en las reuniones preparatorias se siente ese ambiente universal. En la reciente, a la cual acabo de asistir, me tocaba sentarme entre un Obispo japon茅s y otro de Sud-脕frica. Poco m谩s all谩, se ve铆a a un Obispo negro del Dahomey y a un Canadiense. En realidad, es admirable ver c贸mo inmediatamente se establece ese sentido de la unidad espiritual sobre razas y continentes.

- Y 驴qu茅 lengua se habla, preguntamos?

Antes de las sesiones, nos dice Mons. Larra铆n, se oyen diferentes lenguas, especialmente el franc茅s, ingl茅s y alem谩n.

-驴Y el espa帽ol? interrogamos:

En realidad, nos responde Monse帽or, somos muy pocos en esa Comisi贸n los de habla espa帽ola; s贸lo el Secretario de la Acci贸n Cat贸lica Espa帽ola y su servidor. Pero, el Cardenal Cento, que la preside, y que estuvo en Chile, me saluda cada ma帽ana con un cari帽oso "buenos d铆as Excelencia", discretamente pronunciado. Puede decirse que el idioma m谩s usado es el franc茅s, que pr谩cticamente lo hablamos todos los miembros de la Comisi贸n. Pero, en la sesi贸n, el idioma oficial es el lat铆n. Evidentemente que para tratar problemas como los que ocupan a mi comisi贸n, relacionados con el apostolado laico; acci贸n social y asistencia, no siempre se encuentran en lat铆n los conceptos y frases que respondan a situaciones y problemas que no exist铆an en los tiempos de Cicer贸n y Ovidio.

Ciertamente, contin煤a Mons. Larra铆n, el Concilio tendr谩 una importancia espiritual extraordinaria, ya que su universalidad completa ser谩 la expresi贸n visible de una universalidad de Iglesia que no conoce fronteras.

-驴Vendr谩n, preguntamos, los Obispos de detr谩s de la cortina de hierro y de bamb煤?

Ciertamente, nos responde el Sr. Obispo, eso se ignora y probablemente, dadas las condiciones actuales, ser谩 muy dif铆cil. Su dolorosa ausencia ser谩 un testimonio mudo del drama del mundo de hoy.

Pero, seguimos preguntando, 驴por qu茅 este Concilio y cu谩l ser谩 la obra que realice?

Monse帽or se detiene unos minutos y nos dice: es menester que los cat贸licos abran los ojos y se den cuenta del mundo en que viven. No todos lo saben, y otros parece que no quisieran saberlo. Los Obispos en Chile hemos hablado con mucha claridad. No siempre hemos sido escuchados. Yo pienso, contin煤a, que el Concilio va a mostrar m谩s que nunca a la Iglesia unida, no s贸lo en torno a la doctrina esencial, que ya lo est谩, sino, sobre todo a la comprensi贸n del mundo de hoy y a la soluci贸n que los cristianos debemos presentar. Muchas veces, el peligro mayor no es tanto la audacia de los enemigos de la Iglesia, cuanto la inconsciencia de los cristianos para comprender la misi贸n que Dios exige de ellos en este mundo de hoy.

La evoluci贸n del mundo, contin煤a Monse帽or, presenta a la Iglesia una serie de problemas que las resoluciones del Concilio deber谩n considerar. Piense un instante, nos dice, con una mirada llena de angustia; los dos tercios de la humanidad est谩n sub-alimentados 驴podr谩 el mundo cristiano ignorar este hecho que los Papas han repetidamente se帽alado?

Al lado del hambre de los cuerpos, est谩 la de las almas. Una proporci贸n grande del mundo que crece demogr谩ficamente, ignora el Cristianismo. 驴Tomar谩n todos y cada uno de los cat贸licos conciencia de su misi贸n apost贸lica en el mundo actual?

Una violenta corriente atea atraviesa el mundo. Ya ha descristianizado regiones enteras y dejado impermeables a la evangelizaci贸n otras. 驴Qu茅 deben hacer los cristianos de hoy ante este hecho?

El cristiano de hoy, vive en contacto con numerosos no cristianos 驴cu谩l debe ser su actitud y su formaci贸n ante esta realidad?

Vemos el t茅rmino de una era colonialista y el nacimiento de nuevas nacionalidades. El racismo aun crece en algunas regiones del mundo. 驴C贸mo llevar el mensaje de paz y de amor a un mundo dividido? 驴C贸mo hacer que la fraternidad universal de los hombres, que est谩 en la base del Evangelio, sea vivida por todos?

Como ve, mi amigo, nos dice, Monse帽or, no faltan problemas a la Iglesia y al Concilio, y todos ellos van a tener que pesar en las decisiones que esta asamblea tome.

Dos 煤ltimas preguntas, Monse帽or. 驴No se va a tratar el problema de los cristianos separados de Roma?

Les responder茅, nos dice, con las palabras mismas del Papa:

"El Concilio debe ante todo afirmar y vivificar la organizaci贸n de la Iglesia". Entonces "cuando la Iglesia haya realizado 茅sta, se volver谩 hacia los cristianos separados y les dir谩: Ved lo que es la Iglesia, lo que Ella ha hecho, c贸mo se presenta; y cuando la Iglesia aparezca ante ellos, sanamente modernizada, rejuvenecida, podr谩 decir a los hermanos separados: un谩monos".

Debo a帽adirle, que hay entre las Iglesias separadas de Roma, una corriente de caridad fraterna que realmente emociona. Tengo especial amistad con una Comunidad no cat贸lica de Francia, la de Taiz茅, me une con su superior un fraterno afecto y he podido palpar en las conversaciones y cartas que hemos tenido, c贸mo el Esp铆ritu Santo est谩 realizando una uni贸n de caridad entre hermanos separados, que es augurio de una uni贸n m谩s profunda y estable en el futuro.

Debo terminar, nos dice Mons. Larra铆n, pero antes quisiera por su intermedio, decir dos cosas a los lectores de "La Ma帽ana":

- Primero, la satisfacci贸n que experimento al pensar que por mi modesto intermedio, la Di贸cesis de Talca est谩 representada en la preparaci贸n de este magno acontecimiento que ciertamente marcar谩 茅poca en la vida de la Iglesia. Quiero a帽adirles, que cuando estuve con S.S. Juan XXIII, me pidi贸 transmitir a todos los fieles de Talca su paternal inter茅s, su afecto y su bendici贸n.

Y, por 煤ltimo, deseo expresar este pensamiento: a veces veo a trav茅s de conversaciones y juicios, un pesimismo que va penetrando en los esp铆ritus. Se mira sobriamente el porvenir del mundo y de Chile. Yo, en cambio, no participo de esa impresi贸n. A trav茅s de la preparaci贸n del Concilio y de los numerosos contactos que 茅ste trae, yo palpo un ansia de renovaci贸n del mundo, que es se帽al clara de una presencia del Esp铆ritu. Yo s茅 que debemos pasar por cambios sociales que pueden en un instante dado ser dif铆ciles y dolorosos. Pero el esp铆ritu que anima el Concilio nos est谩 diciendo que la Iglesia no se liga a formas determinadas de civilizaci贸n. Que ella sabe discernir lo duradero de lo ef铆mero, lo accidental de lo esencial. Y que lo importante es que los cristianos permanezcamos fieles al esp铆ritu del Evangelio y al ideal de las bienaventuranzas del Serm贸n del Monte.

En cumplimiento de una comisi贸n del CELAM (Consejo Episcopal Latino-Americano) del cual soy Vice-Presidente, tuve que visitar r谩pidamente, despu茅s de Roma, Alemania, B茅lgica y Francia, y ponerme en contacto con los principales centros de actividad cat贸lica de esas regiones. En todas ellas, como igualmente los Obispos de esos pa铆ses que visit茅, encontr茅 una misma posici贸n frente al momento del mundo, la que podemos expresar as铆:

- M谩s que atemorizarnos cobardemente, miremos con valent铆a los problemas, seamos fieles al mensaje que debemos transmitir al mundo, no temamos los inevitables cambios sociales que la misma fidelidad al mensaje cristiano nos obliga, y enfrentemos con decisi贸n esta nueva era. De nosotros depende que est茅 inspirada por el signo de la justicia v del amor.

Como hermosamente dec铆a el Alcalde de Florencia, Giorgio La Pira, al poner en relaci贸n la Enc铆clica "Mater et Magistra鈥� y el pr贸ximo Concilio:

"Estamos en la edad espacial, la edad hist贸rica del nacimiento de nuevos pueblos de Asia y 脕frica, la edad que Juan XXIII se帽ala de la socializaci贸n, en que se trata de hacer que la econom铆a est茅 al servicio de la soluci贸n de los grandes problemas sociales: desocupaci贸n, miseria, ignorancia, la edad de la unificaci贸n econ贸mica, social y pol铆tica del mundo, la edad que el Concilio abrir谩, de la unificaci贸n de la Cristiandad".

Es a lo que el Papa Juan XXIII invita, y a lo que el Alcalde de Florencia llama en su magn铆fico comentario de la Enc铆clica:

"Cooperar para la edificaci贸n de una Ciudad nueva junto a la antigua fuente de la gracia y de la verdad".

Mi amigo, nos dice Mons. Larra铆n, al despedirnos, yo agradezco al Se帽or y al Papa poder cooperar modestamente a la preparaci贸n de este acontecimiento y poder entrever en lontananza su alto significado hist贸rico y social.

Es consolador, cuando uno comienza a envejecer, pensar que las generaciones futuras ver谩n un mundo diverso, pero m谩s justo; m谩s fraternal y m谩s pac铆fico que el actual.

Yo quisiera que supi茅ramos leer a trav茅s de la historia el plan armonioso de Dios que se desarrolla. Por eso, no porque no veo los problemas, soy optimista.

Finalmente, quiero darle una noticia en car谩cter de primicia para "La Ma帽ana". En la pr贸xima fiesta de Navidad, el 25 de diciembre, el Papa fijar谩 la fecha del Concilio y har谩 la convocatoria oficial. Digo que esto es exclusividad, ya que a煤n no se ha dado la noticia en Chile, y yo la recib铆 de labios del Cardenal Cento al clausurarse nuestra sesi贸n de estudios en Roma.

EL CONCILIO ECUMENICO VATICANO II 100 (VIII - 1962)

El 11 de octubre se iniciar谩 en Roma el Concilio Ecum茅nico Vaticano II.

Todo Concilio es un hecho grande en la historia de la Iglesia. Es la reuni贸n plenaria de su Jerarqu铆a con el Sucesor de San Pedro, el Santo Padre.

Es la continuaci贸n de aquella primera asamblea en el Cen谩culo cuando el Esp铆ritu Santo vino sobre los Ap贸stoles reunidos para infundirles las gracias que los har铆an capaces de realizar la misi贸n que Cristo les hab铆a confiado.

Son los sucesores de los Ap贸stoles, los Obispos, congregados en torno al Obispo de Roma. Sucesor de Pedro y Primado de la Iglesia, para ejercer conjuntamente la potestad recibida de "ense帽ar a todos los pueblos" y de "apacentar la grey del Se帽or".

Es la Iglesia toda entera, que a trav茅s de sus pastores, los Obispos, se concentra en oraci贸n y estudio para dar a cada 茅poca la respuesta eterna de verdad que necesita.

Es un hecho que a todo debe interesarnos vivamente, y por este motivo os hablo en la presente Carta Pastoral.

I. El Concilio Ecum茅nico Vaticano II que va pronto a iniciarse, es ciertamente el acto central del Pontificado de Juan XXIII.

A trav茅s de documentos y alocuciones numerosas, el Papa ha querido hacemos sentir su trascendencia e importancia.

El Concilio deber谩 ser un signo que marque a la Iglesia de estos nuevos tiempos. Sin variar en nada lo esencial de su constituci贸n y de su mensaje, ella debe adaptar sus m茅todos y ense帽anzas a los problemas de nuestra 茅poca. El Concilio significar谩 la culminaci贸n de un esfuerzo, que partiendo de Le贸n XIII, nos muestra a la Iglesia abierta frente a los problemas actuales. buscando en sus propias fuentes la savia de su dinamismo y energ铆a, d谩ndonos una visi贸n misionera del mundo de hoy, tomando todas las actividades del hombre para darles su significaci贸n cristiana y se帽alando la respuesta a las inquietudes y anhelos del mundo moderno.

II. Para tener una visi贸n precisa del Concilio Vaticano II, debemos decir lo que no es y lo que es. Lo que debemos esperar de 茅l y lo que no debemos esperar.

1) El Concilio no es parlamento donde se enfrentan ideolog铆as diversas. Es la uni贸n en la verdad y en la caridad de los que se saben unidos en una misi贸n com煤n; continuar la obra de los Ap贸stoles. Todos expresar谩n sus opiniones, buscando a su juicio las mejores resoluciones y f贸rmulas que convienen, pero, todos est谩n unidos en la doctrina, en la gracia y en la caridad. "Un Se帽or, una Fe, un Bautismo".

2) El Concilio no es un Congreso donde se pronuncian brillantes discursos o se realizan grandiosos actos externos. Es un acto interior de la vida de la Iglesia que se concentra en s铆 misma para responder mejor a lo que Cristo, su Fundador, pide de ella.

3) El Concilio tampoco es una reuni贸n donde van a producirse cambios esenciales en la vida de la Iglesia. La Iglesia tiene una constituci贸n que Cristo le ha dado y que los hombres no pueden alterar. Es custodia de un mensaje, la palabra de Dios, que debe conservarse inalterable. Es depositaria de una tradici贸n que ha ido lentamente elaborando, a la luz del dogma y de la moral eterna, sus principios y disciplina. Hay en ella, como en todo lo que proviene de la Verdad, algo inmutable y permanente. Puede variar y var铆a en todo lo que es accidental y transitorio. Pero errar铆an lastimosamente los que piensen que la Iglesia puede transigir con principios o actitudes que contrar铆an la divina misi贸n que Cristo le ha confiado: de continuar entre los hombres el misterio redentor.

El Concilio es un acto de la Iglesia, en su expresi贸n m谩s aut茅ntica y genuina; Pedro con los Doce - el Papa con los Obispos -.

Es la expresi贸n del magisterio oficial: la Iglesia docente. De la unidad 铆ntima de la Iglesia, de los Obispos entre s铆 y con el Vicario de Cristo, y de la unidad de todos los miembros de la Iglesia representados en sus Obispos.

III. El actual Concilio Vaticano II, presenta sin embargo algunas diferencias con los Concilios anteriores.

1) Ser谩 esta la primera vez que la Iglesia se encuentra geogr谩ficamente toda entera. Los primeros Concilios, Nicea, Constantinopla, Efeso, Calcedonia, reunieron preferentemente al mundo oriental. En los dos 煤ltimos, Trento y Vaticano I, estuvo representada la Europa, algo de la Am茅rica, pero pr谩cticamente ausente el 脕frica y el lejano Oriente. Hoy, de hecho, estar谩 todo el Episcopado del mundo. Ser谩 en su sentido m谩s amplio un Concilio "ecum茅nico", es decir, universal.

2) Los Concilios precedentes, se hicieron para mostrar la pureza de la fe o la integridad de la disciplina, frente a una herej铆a o a un cisma. El actual no persigue este prop贸sito. Es, como lo dijera S.S. Juan XXIII, un acto de renovaci贸n interna que mostrar谩 a la Iglesia en toda la belleza de su perenne juventud y atraer谩 a s铆 a los que se encuentran alejados de ella.

3) De ah铆 que este Concilio signifique poner a la Iglesia en un estado de misi贸n. Frente a un mundo que va perdiendo el sentido de Dios. Frente al olvido de Cristo y su doctrina. Frente al desprecio de lo sobrenatural. Frente a ideolog铆as que quieren construir un mundo al margen de los principios del Evangelio, la Iglesia no se encierra en sus propios ambientes, siente la necesidad de comprender las inquietudes y problemas de este tiempo y de darles a la luz de la ense帽anza de Cristo su respuesta. La Iglesia por este Concilio llama a sus hijos a realizar la gran tarea de transformar este mundo "de selv谩tico en humano, y de humano en divino". El gran fruto del Concilio ha de ser el de una Iglesia toda entera en estado de misi贸n. No debemos, pues, esperar del Concilio ni cambios espectaculares y violentos, ni que al clausurarse ya se haya realizado la uni贸n con las Iglesias separadas.

En cambio, con el Papa, debemos esperar, un incremento de la fe acerc谩ndonos cada vez m谩s a las fuentes de ella; la Biblia, la Liturgia, el conocimiento vivo del Misterio de la Iglesia.

En segundo lugar, una adaptaci贸n de su disciplina a las necesidades de los tiempos. Hay en la Iglesia algo inmutable y esencial y algo accidental y mudable que puede cambiar seg煤n los problemas y ambientes que ha de enfrentar. Por 煤ltimo, el Papa espera una suave orientaci贸n hacia la unidad con nuestros hermanos separados. Hay muchos lazos comunes con nuestros hermanos pertenecientes a confesiones cristianas diversas. Es menester establecer un di谩logo que haga posible el anhelo supremo de Cristo 鈥渜ue todos sean una sola cosa鈥�. El Concilio, ciertamente, marcar谩 un gran paso hacia la unidad tan anhelada.

El Concilio Ecum茅nico Vaticano II se ha preparado durante tres a帽os en 10 Comisiones y 2 Secretariados. Las proposiciones contenidas en ese material preparatorio se encierran en 110 folletos con un total de m谩s de dos mil p谩ginas. Ah铆 se encuentran las grandes tareas del Concilio que podemos resumirlas en las siguientes:

a) Concentraci贸n en lo esencial. Mostrar las l铆neas b谩sicas del Cristianismo, los postulados fundamentales de la vida cristiana y la jerarqu铆a de valores en las diferentes pr谩cticas cristianas.

b) Mostrar el rostro evang茅lico de la Iglesia. Hacer ver que lo que importa no es tanto el prestigio terreno como su presencia aut茅nticamente evang茅lica en los grandes problemas donde se juega el destino de la vida humana.

c) Una amplitud de catolicidad. El Concilio nos har谩 sentir en forma a煤n m谩s viva el terrible problema del mundo no cristianizado en que vivimos y que exige imperiosamente un esp铆ritu misionero que movilice a toda la Iglesia en la expansi贸n del mensaje redentor. El Concilio nos dar谩 una Iglesia en estado de misi贸n.

d) Una adaptaci贸n, sin variar en nada su estructura esencial, a las condiciones del mundo. Adaptaci贸n que pone a la Iglesia en estado de di谩logo con los hermanos separados y con los hombres que sin pertenecer a ella buscan sinceramente la Verdad.

e) El Concilio ser谩 una afirmaci贸n clara de que la Iglesia no se liga a ninguna cultura o clase social determinada. Que ella tiene su posici贸n propia en defensa de la persona y de la sociedad, y que es en esa su doctrina social 铆ntegramente profesada y sinceramente vivida donde los hombres y pueblos encontrar谩n la verdadera paz en la justicia.

f) De este modo el Concilio mostrar谩 a la Iglesia como signo y mensaje de esperanza para toda la humanidad.

IV. 驴Que podemos hacer por el Concilio?

Primero, saber que todos los cat贸licos est谩n ah铆 presentes por medio de sus Obispos. El Papa Juan XXIII ha dicho que el car谩cter propio del pr贸ximo Concilio viene "de la presencia y de la participaci贸n de los Obispos y de los prelados que son la representaci贸n de la Iglesia Cat贸lica extendida por todo el universo", Los Obispos reciben su pleno poder de Cristo, no de los fieles, pero como Obispos, rodeados del Colegio de sus sacerdotes, ellos son como "servidores de Dios" y "servidores de la comunidad de fe", el reflejo de la fe de su Iglesia. A trav茅s de este su Obispo, la comunidad de los fieles de esta Di贸cesis har谩 o铆r su voz en el Concilio.

Segundo, hay que orar y orar con insistencia y fervo, a fin de que Dios ilumine a su Iglesia, a sus Pastores y fieles, para que las decisiones de este Concilio den la respuesta que Cristo exige de todos nosotros en esta hora crucial del mundo.

Tercero, a la oraci贸n hay que a帽adir la penitencia. Su Santidad Juan XXIII, nos ha exhortado a ella en su Enc铆clica Penitentian agere en la cual nos pide ofrezcamos al Se帽or los dolores, trabajos y fatigas de cada d铆a por el feliz 茅xito del Concilio.

Amados hijos:

La Iglesia se encuentra en estado de Concilio. Hay que sentir con ella. Participar de los modos se帽alados en este acontecimiento hist贸rico del cual tantos bienes para el mundo y para las almas han de derivarse.

Vivamos en el esp铆ritu que la Iglesia nos se帽ala y estemos ciertos que de esta manera cumpliremos lo que Cristo espera de nosotros.

A fin de llevar a la pr谩ctica estas ense帽anzas, venimos en disponer, lo siguiente:

1. En todas las parroquias, iglesias rectorales y conventuales de la Di贸cesis, se llevar谩 a efecto una solemne novena al Esp铆ritu Santo, del 1潞 al 9 de septiembre. Pedimos a los fieles acercarse a la Sagrada Comuni贸n al t茅rmino de la novena el 9 de septiembre.

2. Rogamos a los sacerdotes, a tenor de la Constituci贸n de S.S. Juan XXIII, aplicar cada d铆a el rezo del Oficio divino por el Concilio Ecum茅nico.

3. Las Religiosas ofrecer谩n cada d铆a la tercera parte del Rosario por esta misma intenci贸n.

4. El d铆a 10 de octubre, v铆spera de la iniciaci贸n del Concilio, prescribimos sea "d铆a de ayuno y abstinencia", aunque no obliga bajo falta grave.

5. El 11 de octubre, d铆a en que comienza el Concilio Vaticano II, las campanas de todos los templos de la Di贸cesis repicar谩n a las 12 del d铆a.

6. Pedimos a los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, promuevan entre los fieles una intensa campa帽a de oraci贸n y penitencia por el buen 茅xito del Concilio.

VIVIR EL ESPIRITU Y LAS ORIENTACIONES CONCILIARES 101

Mis amigos:

Al finalizar los Ejercicios Espirituales, he tratado, casi todos los a帽os, de hablar a mi Clero.

Lo he hecho siempre con el sentido de cumplir una grave responsabilidad.

Hoy pongo un especial acento en mis palabras.

De una parte, se que los a帽os pasan, "et tempus resolutionis meae, instat" 102 . De otra parte, tengo la conciencia que la hora de la Iglesia y del mundo exige a los pastores hablar con especial claridad.

Tratar茅 de hacerla tomando como tema "la puesta en pr谩ctica del esp铆ritu y de las orientaciones conciliares".

I. El Vaticano II

Ante todo, demos una mirada al Concilio y lo que debe significar para el sacerdote. Es un momento de meditaci贸n, de incertidumbre y de decisi贸n.

1. El Concilio es un momento de meditaci贸n

La Iglesia se define a s铆 misma. La Iglesia se abre al di谩logo con las otras Iglesias, cristianas y no cristianas. La Iglesia estudia la manera de hacer realidad su presencia eficaz en el mundo actual.

Todo esto exige estudio y meditaci贸n.

Si del Concilio va a tenerse 煤nicamente la visi贸n trunca y no siempre exacta dada por la mayor铆a de la prensa, o el aspecto anecd贸tico que puede ser pintoresco, pero que no refleja su verdadero rostro, vamos a pasar inconscientes sobre una de las m谩s grandes manifestaciones del Esp铆ritu Santo en la vida de la Iglesia.

El Salmista dice que el justo defeccion贸 "porque fueron disminuidas las verdades entre los hijos de los hombres" 103 .

La Iglesia no conocer谩 la renovaci贸n que el Concilio promueve, si 茅ste mismo no constituye un tema central de meditaci贸n y estudio para el Episcopado y el Clero.

2. El Concilio es un momento de incertidumbre

Quiero subrayar esta palabra.

El Concilio nos hace mirarnos en el espejo del Evangelio y contemplamos ah铆 a nosotros mismos.

Esto, naturalmente, produce cambios. No en la estructura fundamental de la Iglesia, pero s铆, y profundos, en su actitud pastoral.

De ah铆 la incertidumbre de muchos.

De los que, sin darse cuenta, confundiendo lo accidental con lo esencial, se sienten desorientados. "Nos est谩n cambiando la religi贸n" se oye decir con frecuencia.

De otra parte, no faltan quienes piensen que este "ponerse al d铆a" debe 1levar a la revisi贸n total de la disciplina eclesi谩stica, y creen que las leyes can贸nicas est谩n ya fuera de tiempo y de uso, coloc谩ndose ante un dilema, uno de cuyos t茅rminos habr铆a necesariamente que excluir.

No existe tal dilema.

Como bien dice el P. Congar, O. P.:

"La Iglesia no es estructura o vida, instituci贸n o comunidad, jerarqu铆a o fraternidad, sino estructura y vida, instituci贸n y comunidad, jerarqu铆a y fraternidad; el dilema que se pretende establecer se convierte y sublima en una s铆ntesis. No es exacto que cada uno de estos aspectos represente una mitad de la verdad, que tendr铆a necesidad de ser equilibrada por otra media verdad. Esta dial茅ctica de la insuficiencia expresar铆a una insuficiencia de pensamiento... "que es imprescindible evitar".

De ambas posiciones brota una incertidumbre que podr铆a convertirse en un doble peligro. De una parte, una desinteligencia de los signos de Dios, que puede transformarse en una esclerosis o integrismo. De otra parte, un olvido de las leyes vitales del desarrollo que toda instituci贸n exige, lo que podr铆a conducir o a la anarqu铆a o a peligrosas desviaciones.

La incertidumbre debe en ambos casos ser superada por un sentido hondo de la Iglesia, por una visi贸n din谩mica de la historia, por una atenci贸n fiel a la acci贸n del Esp铆ritu Santo, y por una lealtad constante a la autoridad establecida en la misma Iglesia.

Integrismo y progresismo, son dos desviaciones igualmente peligrosas y que en el fondo proceden del olvido de un principio fundamental del Cristianismo: "Credo Ecclesiam".

3. El Concilio es, en tercer lugar, un momento de decisi贸n

El Vaticano II, se ha dicho muchas veces, es principalmente un Concilio pastoral. Esto significa que el Concilio coloca a la Iglesia frente a la manera c贸mo debe presentar su mensaje.

Todo el Concilio est谩 animado de un gran celo misionero.

La Iglesia sabe que el mundo espera de Ella una respuesta y que el Concilio la empuja a buscar una presencia eficaz en el mundo de hoy.

Esta presencia debe realizarse en un doble nivel: el de las relaciones en el terreno religioso, y el de las incidencias en el terreno temporal.

Por ahora, s贸lo quiero insistir en esta idea: el Concilio exige a todos decisi贸n.

Si los Obispos, por evitamos situaciones dif铆ciles, no tomamos decisiones en orden a hacer realidad lo que el Concilio exige, habremos descuidado un gran: deber pastoral del cual debemos dar cuenta al Se帽or.

Si los sacerdotes, por temor o rutina, piensan que todo debe permanecer igual y no hay una revisi贸n pastoral y personal que hacer a la luz del Concilio, habr谩n sido infieles a la misi贸n que la Iglesia les ha confiado.

Si, de otra parte, se pretende que el Concilio debe poner en revisi贸n los puntos fundamentales de la vida espiritual, de la disciplina eclesi谩stica o de las l铆neas esenciales de la pastoral, se estar铆a, sin quererlo quiz谩s, traicionando el esp铆ritu del mismo Concilio.

El Concilio es un momento de decisi贸n, para pastores, clero y fieles.

El pecado m谩s grave del pueblo escogido y por el cual llor贸 Jes煤s "fue el de no haber conocido el tiempo de su visita" 104 .

El Concilio es una hora de Dios. Es un tiempo de su visita. Y es un momento de decisi贸n que nos repite a todos las palabras del Salmista: "Hoy si escuchareis la voz del Se帽or, no endurezc谩is vuestros corazones" 105 .

II. Triple finalidad del Concilio

Es menester que esta triple finalidad est茅 muy clara ante nuestra mirada. Por esto, aunque sea en forma muy sucinta, la recordamos.

l. La primera finalidad es la renovaci贸n interior de la Iglesia. No nos choque la palabra renovaci贸n. Porque la Iglesia es un cuerpo viviente que debe crecer "hasta la estatura del var贸n perfecto", porque es el pueblo de Dios que avanza en la historia, porque en su etapa peregrina no ha llegado a煤n a la consumaci贸n final. "Ecclesia semper in reformatione". As铆 como han existido falsas reformas, as铆 siempre ha permanecido una verdadera: la que la misma Iglesia, por sus 贸rganos autorizados, se impone.

Esa reforma se expresa especialmente en la Constituci贸n "de Ecclesia".

Un sacerdote que no ha hecho de esa Constituci贸n un tema de estudio y de meditaci贸n no podr谩 comprender lo que el Concilio le exige.

Ella ha de significar para cada uno de nosotros una seria y honda revisi贸n de vida sacerdotal y pastoral.

Recordemos sus puntos principales.

En primer lugar, se nos presenta el misterio de la Iglesia, pueblo de Dios. La Iglesia es el misterio de Cristo Redentor continuado y aplicado al mundo. El pueblo de Dios es la expresi贸n hist贸rica de la Iglesia como nueva y definitiva Alianza. En ella culmina la historia de la salvaci贸n.

En seguida, se nos muestra la Constituci贸n Jer谩rquica de la Iglesia, que instaura en su seno un ministerio de origen divino en el Primado Pontificio y en el Colegio Episcopal. En esta luz, como se帽alaremos m谩s adelante, se contemplan las perspectivas sublimes del ministerio sacerdotal. Al mismo tiempo, se destaca la participaci贸n que el laicado tiene en su condici贸n secular en la misi贸n propia de la Iglesia.

Como conclusi贸n de esta visi贸n de la Iglesia aparece el llamado universal a la santidad dirigido tanto al conjunto del cuerpo como a cada uno de sus miembros. La caridad 煤nica de Dios se comunica a todos como don y como precepto imperativo.

El ministerio de la Iglesia, cualquiera que sea, debe llevar en 煤ltimo t茅rmino a la uni贸n del hombre con Dios. "Yo he venido a que tengan vida, y a que la tengan en abundancia" 106 .

2. La segunda finalidad del Concilio es el acercamiento entre todos los cristianos.

El movimiento ecum茅nico debe desde hoy entrar en el centro de la actividad pastoral y en el sentir interno de cada cristiano.

Sin embargo, es menester confesarlo, la actividad ecum茅nica a煤n no es familiar a la mayor铆a de los cat贸licos.

Es necesario, eso s铆, tener muy claro y precisos los principios y el esp铆ritu que informan un verdadero ecumenismo.

El Principio es la unidad de la Iglesia. Esa unidad es un don de Dios, un signo y una misi贸n.

El ecumenismo debe poner en nosotros una mirada nueva hacia los otros cristianos que conservan bienes del patrimonio com煤n.

El movimiento ecum茅nico, tal cual sale del Concilio, no es una confederaci贸n de las confesiones cristianas existentes, sino el deseo sincero de hacer realidad la plegaria suprema de Cristo: "Que sean uno" 107 . Cristo quiere la unidad de todos los que en 茅l creen.

3. La tercera finalidad del Concilio es hacer eficaz la presencia de la Iglesia en el mundo actual.

La Iglesia ha sido hecha para llevar al mundo la redenci贸n. El mundo, a su vez, se recapitula en la Iglesia 108 .

La presencia de la Iglesia al mundo se realiza en un doble nivel; el de las relaciones en el terreno religioso y el de las incidencias en el terreno temporal.

Hay un trabajo de expansi贸n misional y otro de colaboraci贸n en el sector humano temporal.

驴C贸mo hacer presente a la Iglesia ante el mundo de hoy? Es el problema que se pone ante el Concilio y que 茅ste a su vez nos pone ante nosotros.

La respuesta es la acentuaci贸n cada vez m谩s fuerte del sentido misional de la Iglesia. Pertenecemos a una Iglesia en estado de misi贸n. El deber misional incumbe a todos los fieles. El pueblo de Dios avanza con la historia. Sacerdotes y laicos pertenecen a una Iglesia que necesita el contacto con el mundo. La Encarnaci贸n envuelve consigo una misi贸n universal: realizar la unidad de la familia humana uni茅ndola con el Padre.

III. Estas consideraciones generales han de llevamos a realizaciones concretas

驴C贸mo poner en pr谩ctica el esp铆ritu y las orientaciones del Concilio?

Esto exige una condici贸n previa: el di谩logo del Obispo con su Clero.

He tratado, en mis largos a帽os de episcopado, de mantenerlo vivo con el clero, religiosos y religiosas.

Hoy, sin embargo, veo que de mi parte debo hacer un esfuerzo mucho mayor a fin de que ese di谩logo gane en profundidad, en comprensi贸n y en cordialidad.

De las deficiencias, que por mi culpa haya existido en este terreno, pido humildemente perd贸n.

A mi vez, pido al clero, hagan tambi茅n un esfuerzo para hacer posible estos prop贸sitos.

S茅 que a veces no es f谩cil conciliar la autoridad con la fraternidad.

S茅 que no siempre es posible satisfacer todo lo que se solicita.

S茅 tambi茅n, por experiencia, que autoridad y soledad se encuentran con frecuencia unidas.

Pero, es necesario que de ambas partes, crezca Una voluntad de di谩logo que haga posible el llamado insistente de Juan XXIII al convocar al Concilio y las iluminadas palabras de Paulo VI en su Enc铆clica Ecclesiam Suam.

El di谩logo entre el Obispo y su Clero, es la expresi贸n viviente y c茅ntrica de la Iglesia considerada como una comuni贸n. .

La estructura de la Iglesia es a la vez comunitaria y jer谩rquica.

La Iglesia es un pueblo reunido alrededor de Cristo. Toda su actividad se orienta hacia un fin: la comunidad viviente de los hijos de Dios.

La funci贸n jer谩rquica es necesaria para realizar esta reuni贸n. Por ella Cristo ejerce su influencia sobre sus miembros, les dirige la palabra, los santifica y los gu铆a en su existencia cristiana.

1. Unidad en el ministerio

De ah铆 la necesidad de esta uni贸n entre el Clero y el Obispo.

Los sacerdotes, dondequiera que act煤en sacerdotalmente, son una presencia del Obispo. Por eso su ministerio separado del Obispo no tiene significaci贸n eclesial.

De otra parte, la plenitud sacerdotal que reside en el Obispo se expresa y se realiza en la uni贸n con su Clero. El presbyterium, que ya san Ignacio de Antioqu铆a 109 comparaba a la uni贸n de las cuerdas al arco de la lira, adquiere en esta hora de renovaci贸n eclesiol贸gica toda su amplia significaci贸n.

El Obispo no est谩 solo en la Di贸cesis. Sus sacerdotes, que la liturgia de la ordenaci贸n llama "cooperatores ordinis nostri" 110 , le est谩n unidos como el Verbo al Padre.

Por el hecho de su sacerdocio est谩n unidos al Obispo y entre ellos. Sin el presbyterium el Obispo no puede actuar eficazmente.

De ah铆 surge la necesidad del di谩logo.

2. Reflexionar en com煤n en torno a la unidad ministerial

El di谩logo -la palabra lo dice- exige una comunicaci贸n mutua.

Yo deseo iniciarla entregando al clero una serie de proposiciones, que ser谩n estudiadas conjuntamente durante el a帽o 1965. Los sacerdotes dispondr谩n hasta el 30 de noviembre para consideradas, sugerir ideas, objetar lo que crean conveniente, formular proyectos, etc.

Basado en estas observaciones, el Obispo iniciar谩 en 1966, los cambios pastorales y administrativos que reflejen el esp铆ritu y las orientaciones del Concilio.

Es menester, eso s铆, que una voluntad com煤n nos oriente: el Concilio, en su letra y en su esp铆ritu, en su significado hist贸rico social, en su alcance eclesial y humano, tiene que ser una realidad en esta Di贸cesis de Talca.

Esto nos exige, a todos, Obispo y clero, una seria revisi贸n de vida.

Faltar铆a a mi deber si yo no realizara la que a m铆 corresponde.

Tengo derecho, en nombre de la Iglesia, a pedir al clero haga la suya.

Esas proposiciones, que la semana pr贸xima se enviar谩n por escrito, abarcan 9 puntos que solamente enumero. Me har铆a excesivamente largo si entrara aqu铆 a explicar cada uno de esos puntos. Solamente quiero exponer en pocas palabras mi criterio frente a ellos.

Las proposiciones que se enviar谩n tambi茅n son esquem谩ticas. Se insinuar谩n los temas a fin que cada sacerdote tenga plena libertad para desarrollarlo y a帽adir, si quiere, otras consideraciones.

Los temas se enviar谩n personalmente para el estudio individual. A partir del mes de mayo comenzar谩n a tratarse por Decanatos. Yo recibir茅 en noviembre la presentaci贸n de cada Decanato, donde se reflejar谩 el estudio personal hecho previamente y en seguida el realizado a nivel decanal.

Pero antes de enumerar estos puntos, yo deseo, como base de esta renovaci贸n pastoral, que el Concilio nos exige, a帽adir una consideraci贸n sobre el ministerio sacerdotal. Quiero solamente indicar su esencia y mostrar sus finalidades.

Trato este tema por un doble motivo: primero, porque ninguna reforma seria puede hacerse si la base doctrinal no es firme. Y, segundo, porque miro con cierto temor el que, sin darnos cuenta, precisamente por no hacer las distinciones doctrinales debidas, se est茅 debilitando, o al menos empalideciendo, el fin fundamental de nuestro ministerio: la evangelizaci贸n del Reino de Dios.

IV. Ministerio Sacerdotal

El Concilio significa para toda la Iglesia una exigencia de santidad.

Es un volver a sus fuentes primeras, de donde la Iglesia ha sacado siempre a lo largo de su historia sus reservas fundamentales.

La Iglesia en este Concilio, nos lo record贸 el Papa Juan, se mira en el Evangelio para volver 铆ntegramente a su esp铆ritu.

No hay renovaci贸n verdadera en la Iglesia sino a base de renovaci贸n espiritual.

Esta exigencia general se presenta con mayor apremio al clero. El problema no es si llevamos sotana o clergyman, si decimos la misa de frente o de espaldas al pueblo, si la recitamos en castellano o en lat铆n. Esos son medios, no fines. Si la Iglesia toma decisiones a este respecto, es siempre buscando un fin superior.

1. Ser sal del mundo 111

El problema fundamental, el que el mundo aun no cat贸lico nos exige, es si somos o no capaces de darle a este mundo, que crece en proporciones gigantes, el alma que ese mismo mundo necesita.

Mis amigos; existe un grave peligro: el naturalismo. Los peligros m谩s graves para la Iglesia -perm铆tanle a un viejo profesor de historia eclesi谩stica recordarlo- no son los que vienen de fuera, sino los de dentro. El problema no es el saber qu茅 ir谩n a hacer nuestros enemigos, sino 驴qu茅 somos nosotros capaces de hacer? La Iglesia puede resistir a todos los embates, menos a uno, el que le viene de olvidar la palabra de Cristo:

"Vosotros sois la sal de la tierra... la luz del mundo... el faro sobre el monte". Ya Cristo mismo a帽adi贸 la consecuencia: "si la sal se hace ins铆pida 驴con qu茅 se preservar谩 al mundo de la corrupci贸n?" 112 .

No podemos olvidar que nuestra presencia al mundo tiene ante todo un valor de testimonio y de signo.

El sacerdote es para la comunidad el signo de la presencia de Dios en el mundo. El es el testimonio constante de lo sobrenatural.

La historia de la salvaci贸n nos dice que las intervenciones de Dios en la vida de la humanidad se han realizado siempre por medio de hombres que Dios elige, llama y env铆a. En la econom铆a actual, el sacerdote tiene esa funci贸n.

Por otra parte, el mundo mismo quiere ver en nosotros "a los ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios" 113 .

No quiero que en el d铆a del "redde rationem" 114 , tenga que repetir la frase b铆blica: "vae est mihi quia tacui" 115 .

Por eso hablo a mi clero, como vig铆a sobre el muro, para se帽alar el peligro de una desnaturalizaci贸n del sacerdocio, que, no aqu铆, a Dios gracias, sino sobre todo fuera de Chile, se est谩 insinuando.

驴Que hay que revisar muchos puntos pastorales? 驴qui茅n puede negarlo? Creo en estos a帽os haber hablado muchas veces sobre la necesidad de esta renovaci贸n pastoral. 驴Qu茅 hay que adaptamos a los tiempos? Precisamente 茅sta es la finalidad principal del Concilio. 驴Qu茅 hay que abrirse al mundo para dialogar con 茅l? Los Papas Juan XXIII y Pablo VI nos dan el ejemplo.

2. La sal que se vuelve soza no sirve

Pero, cuidado, que esto no signifique ni ocultar nuestro sacerdocio, ni humanizarlo tanto que pierda su car谩cter esencial, sagrado (Sacerdocio viene de "sacer"). Ni disminuir el valor del mensaje, ni caer en un olvido de las prioridades apost贸licas, ni querer sustituir la eficacia divina que viene de Cristo, con simples eficacias humanas. Hoy, como ayer, "la victoria que vence al mundo es nuestra fe" 116 .

Para ser de nuestro tiempo, para realizar una acci贸n en profundidad, para estar presentes al mundo nuevo que se forma, no se nos pide que renunciemos a los valores permanentes que constituyen la riqueza del sacerdocio, sino que sepamos adaptar esos mismos valores en toda su integridad a las nuevas exigencias de los tiempos.

El sacerdote ha de ser un hombre de su tiempo, comprendi茅ndolo y am谩ndolo, y ha de ser un hombre de todos los tiempos, manteniendo lo que constituye su raz贸n de ser sacerdotal.

隆Cuid茅monos de palabras o de juicios superficiales, ni teol贸gica, ni psicol贸gica, ni sociol贸gicamente mundanos, con lo cual s贸lo se quiere justificar situaciones particulares!

Juan XXIII es el Papa del "aggiornamento", del di谩logo universal, de la presencia de la Iglesia. Pero es el sacerdote que nos deja su "Diario espiritual", simple y di谩fano como su alma, donde se trasluce n铆tidamente el ministro de Dios.

Fue el hombre que supo, como nadie, comprender a todos los hombres, precisamente porque como pocos supo vivir su vida sacerdotal.

Demos una r谩pida mirada doctrinal al fundamento de nuestro ministerio.

Por su ministerio pascual, Cristo reconcilia y congrega a los hombres dispersos, los une en 茅l para llevados al Padre y los constituye en Iglesia", nuevo pueblo de Dios, "hombre nuevo".

3. Un ministerio misionero

De ese pueblo, escoge a doce. Los hace sus Ap贸stoles. Los consagra a la misi贸n. Los arma por el Esp铆ritu Santo en una creaci贸n nueva.

El Colegio Apost贸lico y su continuaci贸n, el Colegio Episcopal, dirigido por su sucesor el Romano Pont铆fice, tienen como mandato fundamental la misi贸n de evangelizar al mundo.

Las diversas funciones episcopales tienen una unidad fundamental, de donde deriva la unidad de la pastoral sacerdotal: la misi贸n.

El Concilio acaba de recordamos que el Episcopado es responsable solidariamente de la evangelizaci贸n del mundo. Es la consecuencia primera de la colegialidad.

Esto significa el car谩cter netamente misionero del Colegio Episcopal.

A su vez, el Obispo con su clero es el responsable de la misi贸n en la Di贸cesis. Su tarea fundamental es la evangelizaci贸n.

Los tres momentos de esa misi贸n 煤nica pueden marcarse con tres palabras: evangelio, eucarist铆a, Iglesia, es decir: la fe, el sacramento, el pueblo, o mejor: el mensaje, el misterio, la comunidad. Se encuentra ah铆 en t茅rminos concretos y realistas lo que se esfuerzan en decir las palabras jur铆dicas: "munus docendi, sanctificandi, regendi" 117 .

4. Instaurar todas las cosas en Cristo.

Si los hombres de todas las ideolog铆as se interesan en el Concilio, no es porque esperen de 茅l f贸rmulas cient铆ficas, econ贸micas o pol铆ticas, sino precisamente "el suplemento de alma" que le falta al mundo en lo temporal.

Hay un tesoro que ninguna instituci贸n humana puede dar y que solamente puede darlo la Iglesia; el mensaje y la vida de Dios. Esto es lo que el mundo espera principalmente de Ella. Esta es la tarea fundamental que corresponde al sacerdocio.

En el momento en que un gran desarrollo temporal se precisa y se realiza, es m谩s necesario que nunca, justamente para que ese desarrollo tenga sentido aut茅nticamente humano, que el anuncio de la Buena Nueva tenga prioridad en el ministerio de aquellos que fueron llamados precisamente a esto: "ad dandam scientiam salutis plebe ejus" 118 .

En consecuencia, la Iglesia ha sido hecha para el mundo "ya que Dios lo am贸 tanto que le dio a su Unig茅nito" 119 . El mundo, a su vez, debe recapitularse en la Iglesia. Es el sentido profundo del "instaurare omnia in Christo" de San Pablo 120 .

La Iglesia peregrina, camina en la historia, avanza en el tiempo, est谩 铆ntimamente mezclada al desarrollo de la humanidad. Pero esa Iglesia, encarnada en lo humano, presente en lo temporal, que no rechaza ning煤n valor aut茅nticamente humano, tiene una ley fundamental que se expresa en el viejo aforismo: "salus populi suprema lex".

Ahora bien, esto exige para nuestro ministerio el acentuar sin negar otras actividades, la prioridad en el ministerio de salvaci贸n.

5. Una invitaci贸n a la revisi贸n de las actividades sacerdotales

Hagamos juntos, queridos hermanos, nuestra revisi贸n de actividades sacerdotales. Quiero ser el primero en someterme a este examen. El primero en reconocer mis deficiencias en este terreno. El primero en querer poner todo lo que el Concilio me exige. Yo no vengo aqu铆 a juzgar a mi clero. Vengo a hacer mi revisi贸n de vida junto con 茅l.

Y ese examen me pregunta: 驴estamos formando la comunidad cristiana?, 驴le estamos imponiendo a esa comunidad un estilo aut茅nticamente evang茅lico? El amor del Reino de Dios 驴preside nuestro apostolado?, 驴sabemos expresar en nuestra vida las razones verdaderas, profundas, no accesorias, de nuestro ministerio sacerdotal? 驴Sentimos la angustia de que a menudo el anuncio hecho a los hombres por nuestras comunidades cristianas no sea el anuncio del Reino?

Al afirmar este primado de la evangelizaci贸n, enti茅ndase bien, no quiero ni negar, ni disminuir la acci贸n temporal. Quiero colocarla en el lugar que nos corresponde en nuestro ministerio.

Creo tener derecho, despu茅s de 30 a帽os en que he mantenido claro el pensamiento social de la Iglesia ante muchas incomprensiones, tanto m谩s dolorosas cuanto m谩s 铆ntimas, a que se me crea, que no he cambiado ni disminuido la l铆nea que por amor a la Iglesia y a los humildes he seguido.

Pero estoy hablando al clero y necesito decirle, que hay una labor irremplazable que corresponde al laicado, y que nosotros no podemos ni debemos sustituir. Que si existe un peligro que es necesario evitar, de un laicado divorciado del sacerdocio, existe tambi茅n otro, el de un clero que asume tareas laicales que no son de su competencia. Que existe un laico adulto que no quiere ser tratado como menor de edad en funciones que le son propias.

Entonces 驴cu谩l es en este terreno la acci贸n del sacerdote?

Existen en el mundo valores naturales cuya ra铆z es evang茅lica y que es necesario que alcancen en una visi贸n m谩s trascendente su desarrollo total.

La Iglesia asume la lucha por la justicia, la fraternidad, la paz, en su sentido humano, pero para darles, a la luz de Cristo, toda su perspectiva redentora.

Y aqu铆 se coloca la acci贸n del sacerdote frente a lo temporal.

Tenemos, ante todo, que evitar tentaciones muy sut铆les, muy humanas, que no por eso dejan de ser tentaciones.

Tenemos que meditar constantemente en la respuesta que Cristo dio al Tentador al final de su ayuno en el desierto.

Tenemos, igualmente, que cuidar que el temor de no invadir el campo de lo temporal nos haga caer en un pecado de angelismo, de evasi贸n al mundo y de desolidarizaci贸n con sus problemas.

驴C贸mo resolver este conflicto?

No desear铆a extenderme, pero tampoco desear铆a omitir el enunciar un tema que juzgo para nosotros de extraordinaria importancia: es a la luz de la doctrina donde encontraremos la soluci贸n. Recordemos:

Las estructuras de la Iglesia son comunitarias y jer谩rquicas. Los Hechos nos dicen que "en la primitiva Iglesia se manten铆an fieles a la comuni贸n fraterna" 121 .

Esto significa que la fuerza primera de cohesi贸n no viene de lo exterior, sino de lo interior. Que la vitalidad de la Iglesia no depende tanto de fines esenciales de la comunidad, es decir, la redenci贸n de la humanidad.

6. La tarea sacerdotal

De ah铆 nuestra tarea.

Hacer posible que las comunidades humanas est茅n animadas de una vitalidad interior.

El sacerdote no se retira del mundo. No es extra帽o a 茅l. Todo lo que es humano lo siente suyo. Pero deja a los hombres, que Dios en su providencia puso en las comunidades humanas, la tarea de inspirar en ellas el soplo evang茅lico.

Su labor sacerdotal es doble; ense帽ar la verdad, establecer la doctrina, mostrar las perspectivas eternas del reino de Dios que avanza en la historia y formar a esos hombres para que sean en medio del mundo, al cual pertenecen por entero, los que saben leer en los signos de los tiempos y de los acontecimientos el plan de Dios para hacerlo realidad.

En la Iglesia, nos lo recuerda san Pablo, hay diversos ministerios.

No todos est谩n reservados al clero. Todos, sin embargo, tienen como finalidad el servicio de la comunidad. Debidamente distinguidos y coordinados han de producir el crecimiento del Cuerpo m铆stico de Cristo.

Hay que dar al laico su lugar en la Iglesia y su misi贸n insustituible de constructor de la ciudad terrestre, seg煤n el orden querido por Dios.

Nosotros, en cambio, sin desentendernos de esa responsabilidad temporal, pero sabiendo la forma en que nos corresponde actuar en ella, seguiremos repitiendo la palabra que los ap贸stoles nos entregaron al instituir el diaconado. "Nos autem, orationi et ministerio verbi instantes erimus". "Por lo que a nosotros concierne, nos mantendremos constantes a la oraci贸n y a la predicaci贸n de la palabra" 122 .

He se帽alado posibles desorientaciones que traen consigo incertidumbres y malestar.

Hay que buscar un equilibrio entre acci贸n evangelizadora y temporal, entre la presencia de Dios y la presencia al mundo, entre la construcci贸n de la ciudad terrestre y el crecimiento de la Iglesia.

7. Las exigencias de la conciencia mundial

Esto nos exige, a Obispo y Clero, tres cosas:

1) Un diagn贸stico de tipo misionero sobre el mundo, y sus necesidades en el campo de la fe.

Existen urgencias misioneras cuando hay:

a) ausencia de fe, pensemos en el ate铆smo actual, o en sectores sociales no iluminados por la fe, o en debilitamientos de la fe;

2) El sacerdote tiene que volver a pensar los fundamentos teol贸gicos de su ministerio en una perspectiva misionera.

3) Centrar su vida y su acci贸n a la luz de esta visi贸n misionera. Es decir, establecer la unidad profunda de su ser: oraci贸n y acci贸n, estilo de vida y cultura -plan de acci贸n donde el ministerio de la palabra tiene prioridad- coordinaci贸n de tareas en el presbyterium, di谩logo entre sacerdotes y Obispo en la l铆nea de su misi贸n solidaria.

S贸lo as铆 podr铆a responder a la pregunta que el Concilio nos presenta sobre la misi贸n del sacerdote en el mundo de hoy.

V. Proposiciones que hace el Obispo al Clero para ser estudiadas hasta el 30 de noviembre de 1965, y determinar despu茅s de ese estudio la forma c贸mo se responder谩 al Concilio.

No quiero leer una enumeraci贸n que se har铆a fastidiosa. Prefiero, la pr贸xima semana, como antes dije, enviarla al clero, junto con la presente alocuci贸n que establece los criterios fundamentales.

Me concreto a leer el resumen de las proposiciones:

1. Vida espiritual.

2. Vida intelectual.

3. Situaci贸n econ贸mica.

4. Vida comunitaria.

5. Criterios generales para el desempe帽o de los cargos.

6. Las Parroquias.

7. Los religiosos en la Di贸cesis.

8. La funci贸n del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad.

9. Hacia el "Presbyterium" diocesano.

VI. Plan de Trabajo 1965

Dentro de la idea central que ha guiado esta presentaci贸n, a saber, "poner en pr谩ctica el esp铆ritu y las orientaciones del Concilio", quiero dar a conocer en sus l铆neas generales el plan de trabajo para 1965.

Es de suma importancia que todos nos sintamos responsables de 茅l.

Este plan no es fruto de una elaboraci贸n te贸rica, ni de un deseo particular del que habla.

Es la expresi贸n de lo que a trav茅s de la experiencia de la Misi贸n general, que pr谩cticamente ha cubierto toda la di贸cesis, se ha recogido.

En su redacci贸n se ha tenido principalmente en cuenta las observaciones de los p谩rrocos, las impresiones recogidas por los misioneros, las encuestas previas realizadas, las peticiones de numerosos laicos, etc.

De otra parte, este plan no trae nada nuevo, sino que concentra en algunos puntos lo que desde hace largo tiempo se viene insistiendo en la Di贸cesis.

Creo en este plan interpretar las orientaciones m谩s actuales de la pastoral. Las urgencias m谩s apremiantes de la di贸cesis, las directivas fundamentales del Concilio y el juicio de los Documentos.

Creo, a este 煤ltimo respecto conveniente a帽adir otro dato que es importante. El plan que hoy se entrega es fruto del trabajo de los decanatos, no de disposici贸n arbitraria de la autoridad.

El 10 de noviembre de 1964 se celebr贸 una reuni贸n de Decanos en Curic贸 con el fin expreso de estudiar el plan de 1965. En esa reuni贸n, se propusieron tres ideas centrales, que son las que sirven de base al presente trabajo:

1. Espiritualidad sacerdotal, insistiendo en que el sacerdocio es un servicio;

2. Catequesis sacramental.

3. Formaci贸n de los seglares, sobre todo, en relaci贸n a su compromiso temporal.

Los Decanos deb铆an tratar estos puntos en la reuni贸n de sus respectivos Decanatos y recoger las sugerencias que se hicieran. En algunos Decanatos se hizo as铆.

Despu茅s de esa reuni贸n, los Decanos deb铆an enviar a la Secretar铆a del "Centro de Pastoral" las observaciones que se hubieran hecho en los Decanatos.

El 11 de febrero de 1965, en Iloca, y el 15 de febrero, en Talca, se hicieron dos reuniones de Decanos, para seguir estudiando el Plan de Trabajo y ver la manera de concretarlo. Las ideas que ahora se proponen en este Plan, recogen todas las sugerencias que se han hecho, conservan los tres puntos centrales, y se agregan algunas exigencias que parece importante impulsar este a帽o.

Mis queridos amigos:

Termino esta alocuci贸n, que ya fe hace extensa en demas铆a.

En ella he resumido largas reflexiones personales sobre el ministerio del sacerdote de hoy y de ma帽ana.

Tengo plena confianza en que el soplo renovador del Concilio nos dar谩 el sacerdote que la Iglesia y el mundo de hoy necesitan. Lo que yo llamo "el sacerdote del Vaticano II".

Pero esto exige solidez y serenidad para no dejarse arrastrar por corrientes superficiales y temerarias, que estiman que el "ponerse al d铆a" equivale a desviar la l铆nea profunda de nuestro sacerdocio.

Esa l铆nea honda y renovada ha sido magn铆ficamente expresada por el grupo de p谩rrocos franceses y belgas invitados al Concilio. Se resume en 3 ideas:

1) Ser misionero en funci贸n de la Eucarist铆a y partiendo de ella.

2) Ser miembro viviente del "presbyterium".

3) Estar vitalmente unido al pueblo de Dios, es decir, presente al mundo.

El Concilio exige una renovaci贸n. Nos pide que la Iglesia, seg煤n la palabra de san Irineo, engendre hombres vivos: "Gloria Dei vivens horno" (la Gloria de Dios es el hombre viviente); hombres que tengan toda su estatura de hombres y que sean cristianos con toda su estatura de cristianos.

Ello nos exige a nosotros ser sacerdotes en toda nuestra estatura sacerdotal. Hombre de Dios, hombre de los hombres. Ministro de Cristo, gu铆a del pueblo de Dios, profeta del mensaje eterno, servidor de nuestros hermanos, sacerdote seg煤n los sentimientos de Cristo Jes煤s.

Solamente as铆; reforzando nuestro sacerdocio, no disminuy茅ndolo; d谩ndole todas sus dimensiones, temporales y eternas; engarz谩ndolo en la savia siempre viviente de la Iglesia de ayer, en el tronco creciente de la Iglesia del Vaticano II, en las perspectivas inconmensurables de una nueva edad hist贸rica que nace y de una Iglesia que debe estar presente a ella, seremos poseedores de una respuesta en la fe, en la esperanza y en el amor a las grandes inquietudes de nuestro tiempo.

CONCILIO VATICANO II. REVISI脫N APOSTOLICA DE VIDA A LA LUZ DE LA PRIMERA ETAPA 123

Mis queridos colaboradores:

En "La Ma帽ana" y "La Prensa", he publicado algunas declaraciones sobre el Concilio Vaticano II. Ellas resumen en forma superficial las impresiones predominantes del Concilio. No deseo insistir sobre ellas.

Quisiera solamente reiterarles mi saludo cari帽oso, la alegr铆a que experimento al encontrarme de nuevo entre ustedes y asegurarles que en todo momento su recuerdo me ha acompa帽ado en las tareas conciliares.

El objeto de esta carta que les ruego meditar atentamente, es hacer ver lo que el Concilio debe ya producir entre nosotros. Ser铆a vano e in煤til lo que se est谩 haciendo si nosotros (Uds. y yo) no comenzamos desde ahora a realizar el esp铆ritu del Concilio aun antes que las decisiones finales de 茅l hayan sido tomadas.

Quiero que estas reflexiones no aparezcan como una cosa personal, sino como expresi贸n de lo que el Papa y los Obispos hemos dicho. De ah铆 que ellas tendr谩n siempre como base un texto pontificio o conciliar.

I. Las Palabras del Papa

1. El fin del Concilio es "una renovaci贸n de la vida del pueblo cristiano" 124 .

Toda renovaci贸n cristiana significa dos cosas:

a) Revisi贸n de nuestra vida, y

b) Restauraci贸n de ella a la luz del Evangelio.

Me pregunto y os pregunto: nuestra vida en su intimidad espiritual, en su expresi贸n externa, en su estilo de manifestarse, en su actividad apost贸lica 驴refleja plenamente el esp铆ritu de las bienaventuranzas, que es la s铆ntesis del esp铆ritu del Evangelio?

Si la respuesta de esta revisi贸n es negativa o incompleta 驴qu茅 debemos hacer para efectuar esa renovaci贸n de que nos habla el Papa Juan XXIII? Porque, entend谩moslo bien, no habr谩 "renovaci贸n de la vida del pueblo cristiano" si ella no comienza por nosotros.

2. Las pautas de Renovaci贸n 125

La pauta de esta renovaci贸n nos la da otro documento de S.S. Juan XXIII.

Se trata del discurso de Pentecost茅s de 1962, especialmente de la invocaci贸n final al Esp铆ritu Santo. 驴Qu茅 pide el Papa para nosotros como fruto del Concilio?

a) "Acelera en cada uno de nosotros el advenimiento de una profunda vida interior".

Si no somos almas de oraci贸n no seremos los instrumentos de la gracia que el mundo necesita.

Revisemos delante de Dios si somos fieles a la oraci贸n mental de cada d铆a 鈥� si rezamos con devoci贸n el "oficio divino" - si hacemos diariamente lectura espiritual - si la Misa es realmente el centro de nuestra vida y si ello se expresa en una ardiente piedad eucar铆stica.

No hay renovaci贸n verdadera si ella no procede de las fuentes aut茅nticas: la vida de fe, de esperanza y de caridad, que son fruto de una vida interior. El pueblo cristiano tendr谩 esa vida interior en la medida en que sepamos d谩rsela, y se la daremos en la medida en que nosotros la vivamos.

b) "Dad un impulso vigoroso a vuestra apostolado, que alcance a todos los hombres".

No podemos seguir con un apostolado l谩nguido, superficial, rutinario o sin planificar. Es deber de todos nosotros darle al apostolado el impulso, la profundidad, la coordinaci贸n y la adaptaci贸n que necesita. Tenemos que estar dispuestos a hacer sacrificios para lograrlo. Por mi parte, yo me siento responsable de tomar todas las medidas y emplear todos los medios para lograr esta necesidad urgente. No podemos detenemos en consideraciones personales ante una exigencia de Cristo.

3. Los medios de Renovaci贸n.

Para lograr esto, el Papa en el mismo documento nos se帽ala los medios:

a) "Mortificar en nosotros la presunci贸n demasiado conforme a nuestra naturaleza y elevarnos a las regiones de la Santa humildad, del verdadero temor de Dios, del valor generoso".

Una falta de verdadera humildad engendra la presunci贸n y 茅sta a su vez una exagerada susceptibilidad. Pensamos con frecuencia, m谩s en lo que se debe a nuestra persona que en lo que nosotros debemos a la Iglesia. De ah铆 que no pocas veces las tareas apost贸licas a las cuales est谩 subordinado el avance del reino de Dios, se encuentran detenidas por motivos personales o peque帽os. Hay que tener el valor generoso que pide el Papa para abordar los sacrificios que la causa de Dios exige.

b) "Haz que ning煤n lazo terreno nos impida hacer honor a nuestra vocaci贸n", prosigue el Papa en su oraci贸n de Pentecost茅s.

Es f谩cil que, imperceptiblemente, lazos terrenos que aparecen con justificaci贸n natural, se convierten sin embargo en obst谩culo a la vocaci贸n a la cual hemos sido llamados. Tenemos una "vocaci贸n": ser los ap贸stoles en medio de las almas que el Se帽or nos ha confiado. Debemos hacer honor a esa vocaci贸n.

c) "Que por nuestra inercia ning煤n inter茅s mortifique las exigencias de la justicia".

Las exigencias de la justicia est谩n a nuestro cuidado. No podemos permanecer inertes ante ellas. Si la justicia sufre, sufre el avance del reino de Dios. Cuidar con esmero del grav铆simo peligro para la Iglesia de, o aparecer ligada a las injusticias o de mostramos indiferentes ante ellas. La Mater et Magistra, los documentos episcopales, la 煤ltima pastoral colectiva sobre el deber social, nos est谩n se帽alando un camino que no podemos abandonar. Hay una l铆nea clara y definida, tanto de la S. Sede como de nuestro Episcopado en materia de justicia social que nos obliga, no s贸lo a declaraciones te贸ricas, sino a una actitud que inspire tanto nuestra mentalidad cuanto nuestras acciones.

"Que ning煤n c谩lculo 'comprima los espacios inmensos de la caridad", a帽ade, para terminar con algo que debiera ser un programa siempre actual de presencia apost贸lica: "Que todo sea grande en nosotros. La b煤squeda y el culto de la verdad, la prontitud al sacrificio hasta la cruz y la muerte".

Nada peque帽o en nuestra vida. Somos los instrumentos de la obra m谩s grande de la historia: la redenci贸n de la humanidad.

Esto exige de nosotros un coraz贸n rebosante de magnanimidad. Santo Tom谩s define esta virtud como "quaedam inclinatio animi ad magna". Una inclinaci贸n del alma a las cosas grandes.

No caben peque帽eces humanas, de amor propio, vanidad, inter茅s, comodidad, en la tarea magna a que Dios nos llama.

4. El programa de Renovaci贸n

驴Cu谩les son las grandes l铆neas del Concilio, que constituyen ya un programa para nosotros?

A trav茅s de dos grandes documentos conciliares: el discurso inaugural del Papa y el Mensaje de los Padres al Mundo, podemos indicado:

a) Optimismo de la hora presente. "Hacia un nuevo orden de relaciones humanas" 126 . El Papa disiente de "los profetas de calamidades que siempre est谩n anunciando infaustos acontecimientos" 127 . "Tales son quienes en los tiempos modernos no ven otra cosa que prevaricaci贸n y ruina; van diciendo que nuestra edad, en comparaci贸n con las pasadas, ha empeorado; y as铆 se comportan como quienes nada tienen que aprender de la historia" 128 .

Es necesario tener una visi贸n clara de nuestro tiempo. Termina una edad hist贸rica y comienza una nueva. El hombre de hoy no es ni mejor ni peor que el de ayer. Posee, s铆, una mentalidad y un estilo de vida que difiere mucho del antiguo. Hay que saber distinguir cuidadosamente lo que es sustancial y lo que es accidental, lo perenne y lo ef铆mero, lo que toca a la doctrina y lo que toca las formas en que 茅sta se expresa.

El refugiarse en un recuerdo nost谩lgico de los tiempos idos, suele con frecuencia ser una evasi贸n para no mirar de frente los tiempos nuevos con sus deberes y sacrificios.

b) El objetivo principal del Concilio es: "que el sagrado dep贸sito de la doctrina cristiana sea custodiado y ense帽ado en forma cada vez m谩s eficaz" 129 . Esto significa, en primer lugar, fidelidad a la tradici贸n y confiada aceptaci贸n del progreso humano. Hay que volver plenamente a la rica tradici贸n de la Iglesia. "Volver a la fuente"-"revertimini ad fontes", fue la voz de orden de S. P铆o X. De ah铆 la necesidad de conocer y de participar en el gran movimiento de renovaci贸n pastoral de los 煤ltimos a帽os, sea en el campo de la liturgia, de la piedad, de la catequesis o del apostolado.

Junto a esto, la confiada "aceptaci贸n del progreso humano" "al mismo tiempo tiene que mirar al presente considerando las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo moderno que han abierto nuevas rutas al apostolado cat贸lico" 130 .

La uni贸n de estas dos condiciones har谩 que se cumpla lo que el Papa pide: "la defensa y propagaci贸n eficaz de la verdad revelada".

Tenemos una obligaci贸n de eficacia: Esta eficacia depende fundamentalmente de que empleemos los medios aut茅nticos que el Evangelio y la Iglesia nos se帽alan. Nos preocupamos de m茅todos, asociaciones, Campa帽as, medios de propaganda, etc., sin preguntamos antes si ellos son los medios que tienen eficacia divina. El Papa nos pide "defensa y propagaci贸n eficaz de la verdad revelada" oblig谩ndonos con ello a un serio y profundo examen de conciencia, a una revisi贸n de m茅todos y actividades apost贸licas para ver si ellas poseen o no aquella eficacia divina que los har谩 aptos para el fin que se busca.

5. Modalidades y actitudes de Renovaci贸n

a) El discurso inaugural no se contenta con establecer este principio general, sino que desciende a- indicar la modalidad de la difusi贸n de la doctrina sagrada.

"Nuestro deber no es s贸lo custodiar, sino tambi茅n dedicamos con voluntad diligente, sin temores a la labor que exige nuestro tiempo" 131 .

Debemos dar sin temor un salto hacia adelante

"hacia una penetraci贸n doctrinal y una formaci贸n de las conciencias que est茅n en correspondencia m谩s perfecta con la fidelidad a la aut茅ntica doctrina, estudiando 茅sta y exponi茅ndola en conformidad con los m茅todos de la investigaci贸n y con la expresi贸n literaria que exigen los tiempos actuales" 132 .

b) Ante los errores, el Papa se帽ala igualmente cu谩l ha de ser nuestra posici贸n: "La verdad del Se帽or permanece siempre" 133 . No caben transigencias doctrinales, pero

"la Esposa de Cristo prefiere hoy usar la medicina de la misericordia m谩s que la de la severidad; piensa que hay que remediar a los necesitados mostr谩ndoles la validez de su doctrina sagrada m谩s que conden谩ndolos" 134 .

Es todo un programa pastoral el que aqu铆 se encierra.

No es la actitud negativa, sino la positiva la que ha de remediar los errores.

"La violencia causada a otros, el poder de las armas, el predominio pol铆tico, nada sirven para una feliz soluci贸n de los problemas que los aflige" 135 .

Es tentaci贸n f谩cil caer en una actitud de condenaci贸n, de "anti", pero no es 茅ste el camino del Evangelio. "No sab茅is de qu茅 esp铆ritu sois" dijo Jes煤s a los "hijos del trueno" que ped铆an fuego del cielo sobre las ciudades que no los hab铆an recibido.

Es m谩s dif铆cil, m谩s lento, pero en cambio eminentemente m谩s eficaz el camino positivo de "mostrar la validez de la doctrina" que el Papa se帽ala.

Cuid茅monos de dejarnos envolver por esas campa帽as negativas que a m谩s de su ineficacia sirven no pocas veces para esconder intereses meramente humanos. No es esa nuestra misi贸n ni nuestra tarea.

c) La Iglesia, contin煤a el Papa, pone sobre todo su eficacia en los medios aut茅nticos sobrenaturales de la doctrina y de la gracia: la fe y el amor. Lo mismo que un d铆a Pedro al pobre que le ped铆a limosna, dice ella al g茅nero humano oprimido por tantas dificultades: "No tengo oro ni plata; pero te doy lo que tengo: en Nombre de Jes煤s Nazareno lev谩ntate y anda" 136 . La Iglesia, pues, no ofrece riquezas caducas a los hombres de hoy, no promete una felicidad s贸lo terrena; sino que los hace participantes de los bienes de la gracia divina 137 .

Tengamos cuidado con un exceso de temporalismo. Tenemos que preocupamos gravemente de mejorar las condiciones materiales que permitan una vida verdaderamente humana, pero ah铆 no termina nuestra misi贸n. Somos, ante todo y sobre todo, "los ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios" 138 . Que la acci贸n temporal, necesaria, no nos haga jam谩s perder de vista que Uno es el Salvador: Cristo.

II. La Palabra de los Padres Conciliares

Haciendo eco a las palabras del Papa al iniciarse el Concilio, los Padres Conciliares enviaron el Mensaje a todos los hombres, cuyas notas principales podemos resumir en las siguientes, que nos dan una norma de actuaci贸n:

1. Universalidad; se dirige a todos los hombres de buena voluntad sin distinci贸n de Credos. El Colegio episcopal sucesor del Colegio apost贸lico, siente y vive su misi贸n para todos los pueblos y naciones. Somos deudores de la humanidad. Nos debemos a todos, "creyentes e incr茅dulos".

2. Recordamos a todos el gran mensaje de salvaci贸n: el Amor de Dios Padre a los hombres, encarnado en su Hijo hecho miembro de nuestra raza, orientador de la historia y salvador de la creaci贸n. Es el gran "kerygma" que es menester hoy d铆a repetir. El mundo pagano se convirti贸 por el anuncio de este mensaje. El paganismo de hoy ser谩 igualmente convertido por este mensaje que es necesario repetir incesantemente.

3. Los Pastores llevan en sus corazones las ansias de todos los hombres, de todos los pueblos, las angustias del cuerpo y del alma, los sufrimientos, los deseos, las esperanzas.

Porque el amor de Cristo los apremia recuerdan de una manera especial los dos problemas de mayor consideraci贸n: la paz entre los pueblos y la justicia social.

Es alentador para el Episcopado chileno, que a menos de un mes de la promulgaci贸n de su pastoral sobre "El Deber social" 139 de los cat贸licos, el Episcopado universal haya dado este mensaje de sintom谩tico parentesco. Lo que los Pastores chilenos sentimos y dijimos, lo dicen nuevamente los Pastores de la Iglesia universal. El deber de todos nuestros colaboradores hacer comprender la importancia de nuestra pastoral colectiva y c贸mo ella refleja el pensar y el sentir de la Iglesia Universal.

III. La Palabra de vuestro Obispo

Quisiera antes de terminar, se帽alar tres notas que me parecen de especial importancia:

1. El Concilio es una comuni贸n con el Papa, entre todos los Obispos, con todos los miembros de la Iglesia. La adhesi贸n al Papa, la uni贸n con el Obispo, la participaci贸n de los laicos en el apostolado jer谩rquico, son el signo visible de esa comuni贸n.

2. El Concilio es un triple di谩logo. Con sus propios fieles, con los hermanos separados y con el mundo moderno. Los Obispos han llegado sintiendo que son representantes de sus iglesias particulares. Han dialogado y quieren seguir dialogando con sus fieles a fin de que todos los anhelos se expresen en el aula Conciliar. En el pr贸ximo mes de mayo, un cuestionario al clero, religiosas y laicos permitir谩 al suscrito conocer en forma m谩s precisa el pensamiento de sus diocesanos.

Con los hermanos separados se ha establecido un di谩logo tan fraternal y sincero que dif铆cilmente podr谩 interrumpirse. Cu谩l ser谩 el resultado definitivo de ese di谩logo, lo ignoramos, pero s铆 sabemos que "ubi charitas et amor, ibi Deus est" 140 .

El di谩logo de caridad esperamos que un d铆a se transforme en comuni贸n. Oremos con instancia. No cerremos ninguna puerta. Abramos nuestra mente y nuestro coraz贸n para que ese d铆a auspiciado por Cristo venga pronto.

Con el mundo de hoy. La Iglesia admira sus conquistas y progresos. Pero m谩s all谩 del progreso t茅cnico mira el espiritual. La Iglesia quiere la salvaci贸n del mundo. Vibra en el sentido misionero de nuestro apostolado. La Iglesia quiere ser la conciencia de la humanidad y la luz de la historia.

3. El Concilio Vaticano II ser谩 el Concilio de la iglesia. La labor de todos levantar谩 ese edificio; "la Iglesia de los siglos futuros delineada por el Vaticano II". "Ecclesia Christi lumen gentium". Pero de un modo especial ser谩 el que muestra "la Ecclesia pauperum" la Iglesia de los Pobres de que habl贸 Juan XXIII en su memorable discurso del 11 de septiembre:

"Delante de los pa铆ses subdesarrollados, la Iglesia se presenta -y ella quiere serlo- como la Iglesia de todos y particularmente la Iglesia de los Pobres. "Es el deber de todo hombre, el deber apremiante del cristiano, de apreciar su superfluo teniendo en cuenta, las necesidades de los otros, y de velar cuidadosamente porque la explotaci贸n y la distribuci贸n de recursos de la creaci贸n sean subordinados al inter茅s de todos". "Se trata de difundir el sentido social y comunitario que es inherente al cristianismo aut茅ntico y todo esto ser谩 afirmado (en el Concilio) con vigor" 141 .

Palabras memorables que abren una nueva etapa a la historia de la Iglesia de hoy.

Quiero a帽adir los comentarios de dos eminentes prelados:

"Es necesario, dice el Card. Gerlier -Arzobispo de Lyon- que la Iglesia aparezca lo que ella es: la Madre de los pobres, preocupada ante todo de dar el pan del cuerpo y el del alma a sus hijos. Ella debe orientar a los que tienen lo necesario hacia la obligaci贸n de procurarlo a los que a煤n no lo tienen".

"La pobreza, dice el Patriarca de Antioqu铆a, M谩ximos IV, es una cuesti贸n de vida o muerte para la Iglesia; sin ella perder谩 el mundo obrero".

Los Padres Conciliares quieren considerar profundamente la conexi贸n 铆ntima entre la presencia de Cristo en los pobres y su presencia mist茅rica en la acci贸n Eucar铆stica y en la Sagrada Jerarqu铆a.

Los momentos del misterio de la Iglesia que hacen vibrar en la tierra su vitalidad, son la Eucarist铆a y los Pobres.

4. El Concilio fruto de la oraci贸n, la penitencia y el trabajo com煤n

El Concilio ha realizado su primera etapa. A trav茅s de ella vemos dise帽arse su fisonom铆a; la maternidad de la Iglesia y la paternidad del Obispo; la importancia de las Conferencias Episcopales; la solidaridad del Episcopado universal en la evangelizaci贸n del mundo ("Fidei domun") 142 . La canonizaci贸n y adaptaci贸n del movimiento lit煤rgico; la importancia del laicado que llega a su edad adulta apost贸lica. Un gran movimiento ecum茅nico que no es falso irenismo, se dise帽a. Una gran esperanza se abre. Una hora de Dios se acerca. "La primavera de la Iglesia" que anunci贸 P铆o XII, se avecina.

Pero el Concilio est谩 en plena realizaci贸n. Estos meses que nos separan de septiembre, ser谩n meses de trabajo intenso y silencioso.

Pero, sobre todo, son meses de oraci贸n y de penitencia.

Debemos en el esp铆ritu que se anuncia, comenzar a realizarlo.

"El cohete espacial del Concilio ha sido lanzado, dijo Jean Guitton 143 , nadie podr谩 detenerlo".

Mis amados colaboradores:

A trav茅s de estas l铆neas os he dicho algo de lo que pienso para m铆 y para vosotros. Algo de lo que siento que Dios nos exige a todos en esta hora.

Ayud茅monos mutuamente en la plegaria para que "en estos d铆as de salud" ni ustedes ni yo recibamos en vano la gracia de Dios.

Con mucho afecto los bendice en esta Navidad Conciliar.

LA ETAPA POST-CONCILIAR. LOS PROBLEMAS DE CHILE Y LA PLANIFICACION DE LA IGLESIA CHILENA 144 (9 - II - 1966)

Queridos hermanos,

脡stas no son ni un estudio ni un proyecto. Son 煤nicamente algunas reflexiones sobre el momento actual de la Iglesia en Chile y las l铆neas de apostolado, que a mi juicio, se precisan.

I. Deseo ante todo, detenerme en una r谩pida y sucinta visi贸n de la realidad.

1. El primer hecho que aparece son los graves y profundos cambios que Chile enfrenta en el presente y deber谩 afrontar en un futuro muy pr贸ximo.

Hay un cambio pol铆tico, que no consiste s贸lo en un cambio de partidos en el poder, como antes ha acontecido. Sin pretender juzgar al actual gobierno, hay que ver su l铆nea fundamental que consiste en una voluntad de cambios r谩pidos y estructurales, que el partido de gobierno califica de "revoluci贸n en libertad" 145 .

Esos cambios pol铆ticos est谩n 铆ntimamente unidos a cambios sociales estructurales: reforma agraria, reforma tributaria, reforma urbana, reforma constitucional, etc.

La mentalidad general del pa铆s, salvo un sector minoritario que constituye la Derecha, es revolucionaria. Que ella se llame revoluci贸n marxista, o en libertad, o como se quiera, hay dentro de la diversidad un denominador com煤n: mentalidad de revoluci贸n.

2. Segundo hecho: la mitad de la poblaci贸n chilena es menor de veinte a帽os. Esto significa que si el mayor esfuerzo apost贸lico en personal y en dinero se est谩 haciendo con la generaci贸n de treinta a帽os para arriba, estamos empleando el m谩ximo de esfuerzo, con el sector m谩s reducido.

3. Tercer hecho: la poblaci贸n rural se ha incorporado bruscamente en la vida nacional. De una parte, la ciudad influye sobre el campo; prensa, radio (se ha hablado con raz贸n que hoy presenciamos la revoluci贸n de los "transistors"). De otra parte el campo afluye a la ciudad (red caminera, servicio de buses, etc.). Por 煤ltimo, una parte no peque帽a de la poblaci贸n rural, se hace urbana (gran parte de la poblaci贸n central de las callampas, son de origen rural).

4. Existe un fuerte aumento de la influencia estatal. Sus organismos se hacen cada vez m谩s numerosos en el campo de la educaci贸n, la beneficencia, la promoci贸n social, la previsi贸n, etc. Muchas obras promovidas por la Iglesia en un rol de suplencia, pasan a ser estatales.

II. Situaci贸n de la Iglesia chilena, frente a estos cambios

1. Ante todo podemos constatar el gran respeto a que la Iglesia se ha hecho acreedora. Su posici贸n neutral y abierta, le ofrece, hoy m谩s que nunca, 贸ptimas expectativas de penetraci贸n.

2. Pero al mismo tiempo debemos constatar que ni el laicismo mas贸nico, ni el materialismo marxista, han perdido su sectarismo antirreligioso.

De otra parte, es posible que por odiosidades pol铆ticas hacia la Democracia Cristiana, quieran unir a la Iglesia con ella y confundidas en un ataque com煤n.

3. Es interesante tambi茅n anotar aqu铆 otro fen贸meno y es el de la Derecha Econ贸mica en relaci贸n con la Iglesia.

Hay en ella dos sectores: el de tradici贸n cat贸lica (especialmente conservadores) y el de tradici贸n liberal (en el sentido filos贸fico de la palabra).

El primero permanece fiel a la Iglesia, pero con una profunda amargura hacia ella. Se sienten postpuestos, sienten que han perdido la primogenitura y no les agrada la posici贸n de avanzada de la Iglesia. Hay fuertes analog铆as y a煤n contactos con el "integrismo" de otros pa铆ses (vgr. "Fiducia", subvencionada por capitalistas brasile帽os) 146 . El otro sector permanece sociol贸gicamente cat贸lico, pero en el fondo anticlerical.

4. 驴C贸mo afronta la Iglesia chilena esta situaci贸n? Podemos definirlo con una frase: existe crisis en algunas instituciones de Iglesia (tomamos la palabra crisis en su sentido etimol贸gico, es decir, decisi贸n entre dos tensiones opuestas).

驴Cu谩les son estas dos tensiones?

Son la de un mundo de hace treinta a帽os o cincuenta, en que estas instituciones tomaron su fisonom铆a y se desarrollaron y en el mundo de hoy.

De esta crisis vienen diversas consecuencias: inadaptaci贸n, multiplicidad de l铆neas pastorales, indiferencia apost贸lica de gran parte del laicado, desorientaci贸n del clero y especialmente eficacia muy limitada actualmente de algunas instituciones (educaci贸n, acci贸n cat贸lica, acci贸n social).

Esta situaci贸n ofrece dos peligros que me parecen muy actuales en Chile:

a) El de encerramos en esas mismas instituciones y sepultarnos juntamente con ellas, o

b) El de crear otras nuevas para substituir a las antiguas, con el peligro de que a corto plazo van a sufrir el mismo proceso de esclerosis (el mundo evoluciona m谩s r谩pido que las instituciones).

En resumen, una Iglesia que no est谩 presente al mundo de hoy y a煤n menos al de ma帽ana.

5. Este problema se refleja especialmente en dos sectores: el clero y el laicado.

El Clero

Es in煤til y perjudicial el oponer clero antiguo a clero joven. Ambos tienen sus grandes virtudes y defectos. Adem谩s es desviar el problema de su esencia.

Hay una crisis en el clero y esto debemos verlo con claridad.

En primer lugar falta la m铆stica de su sacerdocio (hablo del clero en conjunto).

En segundo lugar adolece de un grave individualismo. No tiene una conciencia social de su lugar y de su responsabilidad en la di贸cesis (obedece o critica al Obispo, o, lo que es m谩s f谩cil, se pone al margen de las directivas diocesanas).

Le falta una l铆nea pastoral clara en la cual vea las finalidades y las prioridades de su ministerio.

Por 煤ltimo, frente al Concilio, toma una actitud o de revisionismo negativo ("remise en question") o de "anomia" (carencia de leyes).

Esto no significa dar un juicio desfavorable a nuestro clero, antes al contrario, sino 煤nicamente ver los problemas fundamentales que lo afectan.

Laicado

La idea de un laicado apost贸lico militante se ha debilitado. En parte la acci贸n pol铆tica, en parte el excesivo temporalismo, lo ha apartado de una visi贸n apost贸lica de la vida.

Los cuadros donde el laico ap贸stol se debe formar (parroquia, colegio, Universidad Cat贸lica), cumplen en forma muy deficiente su misi贸n.

Los movimientos apost贸licos est谩n reducidos y les falta una inserci贸n en la pastoral total de la Iglesia.

III. La Iglesia del Vaticano II

Al Episcopado actual le corresponde poner en acci贸n el Concilio.

Este Concilio ha sido definido como un Concilio pastoral, lo cual no quiere decir que no sea doctrinal. Ser铆a origen de desviaci贸n oponer doctrinal a pastoral. Precisamente porque es pastoral es doctrinal. La pastoral es teologal.

Creo que la aplicaci贸n del Concilio Vaticano II en la actual situaci贸n de Chile, debe tener cuatro l铆neas fundamentales de acci贸n:

1. Sobre el clero

a) Debemos dar conjuntamente al clero la m铆stica de su sacerdocio y la visi贸n clara de su misi贸n en la di贸cesis.

Algunas ideas que pueden orientar esta soluci贸n:

El Vaticano II nos ha entregado en la Constituci贸n "De Ecclesia" el misterio del Obispo y del Colegio Episcopal. Es necesario mostrar la relaci贸n del sacerdote con este misterio, Esto exige el que demos una visi贸n doctrinal del "Presbyterium". Mostrar c贸mo el presbyterium unido al Obispo, constituye el Obispo en su plenitud. Mostrar igualmente que los sacerdotes, tomados aisladamente, son nada sin el Obispo.

De ah铆 proceden dos consecuencias importantes:

- La uni贸n del clero con el Obispo en la triple funci贸n sacerdotal de Cristo: Evangelio, Eucarist铆a, Iglesia. Es decir, el mensaje, el misterio, la comunidad. Lo que corresponde jur铆dicamente al "munus docendi, sanctificandi, regendi" 147 .

- Fraternidad de los sacerdotes, expresi贸n de la misi贸n original, proveniente del Padre, de Cristo y del Obispo. Fraternidad que se expresa en la vida com煤n.

Necesitamos entregar al clero, a trav茅s de estudios doctrinales, de formaci贸n espiritual y de acciones concretas, esta visi贸n, sin la cual vamos a tener que enfrentar muy hondas y dif铆ciles crisis sacerdotales.

El Episcopado, con la ayuda de un equipo de te贸logos y pastores, debiera preparar una presentaci贸n doctrinal y pr谩ctica de esta materia.

b) Esto exige en segundo t茅rmino, una revisi贸n de las estructuras diocesanas y parroquiales.

- La Curia no puede continuar como un 贸rgano burocr谩tico de dispensas can贸nicas, o de administraci贸n. Tiene que convertirse en un Consejo diocesano donde, bajo la direcci贸n del obispo y con diversa participaci贸n del clero, se coordinen las diversas tareas de una di贸cesis: administraci贸n, pastoral, apostolado laico, parroquia, etc.

Al frente de cada una, dos o tres sacerdotes que est谩n en el ministerio y que al mismo tiempo colaboran en la Curia. Con esto se pondr铆a t茅rmino a la separaci贸n entre curiales y clero.

- Hay que ir a un estudio serio y profundo de reformas de las estructuras parroquiales actuales. Esto se requiere por una triple raz贸n: de vida sacerdotal, de acci贸n pastoral, de raz贸n econ贸mica.

2. Sobre los religiosos y religiosas

Es necesario llegar a un estatuto donde se precise su incorporaci贸n en una pastoral de conjunto. El religioso o religiosa como un "francotirador" en la di贸cesis no puede continuar.

Sin desmedro contra la autonom铆a y exensi贸n requeridas para su vida religiosa interna, es necesario hacer realidad el principio aprobado por el Concilio que "todo el campo pastoral cae bajo la jurisdicci贸n del obispo".

3. Apostolado laico

Asistimos a una grave crisis del apostolado laico en Chile, proveniente a mi juicio de tres causas:

a) Falta de distinci贸n clara entre un apostolado de evangelizaci贸n y uno de orden temporal. Se necesitan ambos, pero debidamente distinguidos, estructurados y coordinados.

Existe un peligro en no distinguir, que puede llevar y est谩 llevando a la confusi贸n. Es una distinci贸n en orden a la coordinaci贸n la que se precisa.

b) Falta de una pastoral ambiental de conjunto (pol铆tica pastoral), que sea capaz de abordar desde distintos 谩ngulos, el problema de cada ambiente. Esto se precisa en tres campos especialmente: el joven, el obrero y el rural.

c) En cada uno de estos campos se precisan tres acciones diversas, simult谩neas y sincronizadas: A) sobre un motor (militantes). Necesidad de formarlos y asistirlos. B) sobre la masa cat贸lica en general, para incorporarla a la acci贸n apost贸lica. C) sobre la masa indiferente (aqu铆 tienen especial campo los movimientos aconfesionales de inspiraci贸n cristiana).

4. Acci贸n evangelizadora

Al hablar de la uni贸n del Obispo con su clero hay que precisar los tres modos de acci贸n en que esta actividad sacerdotal se realiza en la plenitud del presbiterium.

a) El anuncio de la palabra - que salva. Es necesario hacer ver la importancia fundamental de la evangelizaci贸n.

Esa evangelizaci贸n hay que hacerla:

- restituyendo a la lectura de la Biblia su valor insustituible;

- dando a la predicaci贸n, especialmente en su sentido kerygm谩tico y doctrinal, toda su importancia. Necesitamos restituir la homil铆a en el lugar en que la Constituci贸n sobre la Sagrada Liturgia la ha colocado;

- catequesis. Revisi贸n de nuestros m茅todos. Escuelas catequ铆sticas. El problema de la educaci贸n religiosa en las escuelas estatales tiene que ser abordado en forma mucho m谩s completa.

Los grandes problemas culturales vistos a la luz de la doctrina cristiana. Necesidad de que las Universidades Cat贸licas se integren plenamente en un plan conjunto de evangelizaci贸n.

La evangelizaci贸n debe llegar a la gran masa. Hasta el momento falta una acci贸n conjunta y eficaz de "comunicaci贸n de masas".

A mi juicio esto hay que hacerlo principalmente a trav茅s de 贸rganos neutros: peri贸dicos, radio, TV.

Un plan a escala nacional que conozca las posibilidades y necesidades de cada di贸cesis, debe ser elaborado cuanto antes.

Este plan debe, a mi juicio, abordar cuatro campos: lit煤rgico, cultural (filos贸fico y cient铆fico), evang茅lico (cursos b铆blicos) y social.

b) La Palabra conduce al sacrificio y al sacramento.

Necesidad de fundar un Instituto de Liturgia que estudie los grandes problemas, oriente y entregue los elementos pr谩cticos para ir a una Liturgia viviente, activa, renovada y profunda.

Necesidad de un Directorio pastoral sobre los sacramentos.

c) Por la palabra que lleva a la fe, por la Eucarist铆a que lleva al misterio de la re- creaci贸n, se constituye el "hombre nuevo". El ministro tiene que ordenarse a "establecer la Iglesia" en cada comunidad humana: familia, sector, barrio, ambiente.

Necesidad de dar la visi贸n y dimensi贸n eclesial a todas nuestras actividades.

Es aqu铆 donde debe sentirse fuertemente la acci贸n del "Presbyterium", donde la comuni贸n con el Obispo debe hacerse realidad, donde el sentido misionero tiene que inspirar constantemente nuevas actividades apost贸licas.

5. Acci贸n social

Creo que en el momento actual la Iglesia en Chile debe, en la acci贸n y campos sociales, ir dejando gradualmente su rol de suplencia y concretarse a los siguientes puntos:

a) el estudio de la doctrina social y elaboraci贸n concreta de soluci贸n de problemas a la luz de esa doctrina. Pienso que las Semanas Sociales pueden convertirse en un organismo permanente que responda a estas necesidades.

b) formaci贸n cristiana de leaders sociales (distinguiendo bien su acci贸n de la de los militantes de movimientos apost贸licos).

c) presencia activa en las grandes instituciones nacionales: educaci贸n, sindicalismo, promoci贸n, beneficencia.

6. 脫rganos promotores

Esto exige la creaci贸n o renovaci贸n de algunos organismos.

a) Facultad teol贸gica

El Episcopado debe mirar como una de sus primeras obras la Facultad teol贸gica. Hay que interesar a todas las Congregaciones religiosas. Hay que poner al Episcopado m谩s en relaci贸n con ella. Hay que hacer ver que la primera ayuda en dinero y personal que necesitamos es para una 贸ptima Facultad teol贸gica.

b) Instituto Catequ茅tico

En Chile funciona el ICLA. El pa铆s que menos proporci贸n de alumnos tiene en 茅l es... Chile.

c) Instituto Lit煤rgico

d) Semanas Sociales 148 .

Estas l铆neas, muy incompletas, fueron escritas al correr de la pluma el d铆a 9 de febrero en que, por efecto de una enorme nevaz贸n quedamos bloqueados en nuestras casas, sin poder asistir ese d铆a a la sesi贸n de la Comisi贸n redactora del esquema 13 del Concilio, que ha estado reunida dos semanas para entregar el proyecto definitivo.

Pensando en Chile y sus problemas, he redactado estas observaciones, que las pongo a disposici贸n de mis queridos hermanos por si en algo pueden serles de utilidad.

EL CONCILIO: LAS TRANSFORMACIONES EN LA IGLESIA Y SU RELACION CON EL MUNDO 149

"A los laicos cat贸licos corresponde el promover las justas transformaciones pol铆ticas".

-驴C贸mo ve V.E. la renovaci贸n conciliar de la Iglesia?

El cambio de perspectivas eclesiales provocado por el Concilio radica, en gran parte, en que la Iglesia se ha definido a s铆 misma, y al hacerla ha manifestado la inmensa riqueza espiritual que contiene como pueblo de Dios. Esta visi贸n de la Iglesia como pueblo de Dios, que el Concilio ha puesto especialmente en relieve, trae consecuencias inmensas para la pastoral. De aqu铆 aparece la Iglesia esclarecida como Comuni贸n. Igualmente, de aqu铆 se destaca en forma relevante la uni贸n de los diferentes elementos que constituyen la Iglesia: Jerarqu铆a, Clero y Laicado concurriendo en una misma misi贸n de expansi贸n misionera.

De todo esto surge a nueva luz una consecuencia fecunda; el apostolado es misi贸n de todo el Pueblo de Dios. Cada cual tiene aqu铆 su tarea. Sacerdotes y laicos 铆ntimamente unidos al centro motor del apostolado, la jerarqu铆a, han de realizar el lanzamiento de la Iglesia.

Veo igualmente otra perspectiva eclesial que surge del Concilio: la Iglesia de cara al mundo. Ella toma una conciencia renovada de que ha sido hecha para el mundo. Como continuadora de la misi贸n de Cristo que vino "no a juzgar, sino a salvar al mundo", la Iglesia del Vaticano II aparece al servicio del hombre. De todo el hombre y de todos los hombres. Todo el hombre; es decir; los valores humanos: cultura, econom铆a, vida familiar y c铆vica. etc.... Todos los hombres; es decir, una Iglesia que realiza en plenitud su sentido ecum茅nico y cat贸lico, tal como Pablo de Tarso la describiera. Al gran discurso del Papa -el 7 de diciembre- 150 , podemos llamarlo la Carta Magna del humanismo cristiano; la Iglesia y, en forma especial, el Concilio, al servicio del hombre, para llevar el hombre a Dios. Es toda la econom铆a de la encarnaci贸n, "por nosotros y por nuestra salvaci贸n descendi贸 de los cielos".

Esta acentuaci贸n que el Concilio Vaticano II ha puesto sobre el hombre, tendr谩, a mi juicio, proyecciones insospechadas que en el correr de los a帽os se ir谩n concretando. La visi贸n que muchos se hac铆an de una Iglesia, como un castillo, donde el hombre escapa al mundo, se sustituir谩, por la visi贸n de una Iglesia situada en el coraz贸n de la humanidad, con sus puertas abiertas para recibirla. "La palabra de Dios se hizo Carne y habit贸 en medio de nosotros".

-驴C贸mo ve V.E. el "compromiso temporal" del laicado cat贸lico?

En primer lugar deseo precisar que hay que evitar el mal entendido, que en algunos escritos parece insinuarse, de identificar la Iglesia con el Mundo. Tal confusi贸n traer铆a graves consecuencias.

Respondiendo directamente a su pregunta dir铆a que a la luz de la "Lumen gentium" 151 y del decreto sobre "Apostolado de los Laicos" se puede hacer este planteamiento: Toda la Iglesia ES sacerdotal, con su doble grado de sacerdocio: el ministerial y el de los fieles. Este pueblo de Dios participa en forma diversa pero conjunta en la obra redentora de Cristo. En esta tarea apost贸lica hay que distinguir el apostolado individual, al que est谩n llamados todos los fieles por el bautismo, y el apostolado asociado u organizado. Este puede ser multiforme y abarca todas las manifestaciones humanas. Sus expresiones caracter铆sticas con la evangelizaci贸n, en la cual el laico participa directamente en la misi贸n fundamental de la jerarqu铆a, y la inspiraci贸n cristiana de lo temporal, como espec铆fico, aunque no exclusivo del laico.

Esta inspiraci贸n cristiana de lo temporal obliga al laico a estar presente en todas las actividades humanas. As铆 como puede haber una desviaci贸n naturalista, puede tambi茅n caerse en un "angelismo", en que por una prudencia mal entendida el laico se aleje de los ambientes humanos donde la Providencia lo ha colocado.

驴Qu茅 significado tendr铆an entonces las palabras evang茅licas de "sal de la tierra", "levadura en la masa", "luz del mundo", etc.?

-驴Hasta d贸nde puede llegar en esta l铆nea la Acci贸n Cat贸lica?

No olvidemos la palabra de P铆o XI "el fin inmediato de la Acci贸n Cat贸lica es la recta formaci贸n de la conciencia cristiana". Esta recta formaci贸n de la conciencia no puede ser te贸rica ni meramente intelectual; ha de pasar por la vida. La Acci贸n Cat贸lica ha de orientar la inspiraci贸n cristiana de lo temporal. Evangelizar implica cristianizar la vida. El di谩logo del mundo con la Iglesia implica una doble presencia; a la Iglesia y al mundo. De otra manera el di谩logo es imposible. Esta presencia corresponde en primera l铆nea al laicado. Una de las grandes tareas del Concilio ha sido el esfuerzo por presentar a la Iglesia encarnada en la realidad hist贸rica.

De aqu铆 se deduce que si a la Acci贸n Cat贸lica como tal no le corresponde una acci贸n directa en lo temporal tiene, sin embargo, como misi贸n principal铆sima el formar la conciencia cristiana de sus miembros frente a las diversas tareas temporales sin excluir ninguna.

-驴Se puede hablar en alg煤n sentido de "compromiso temporal" de los sacerdotes?

Pienso que la funci贸n primera e insustituible del sacerdote es "evangelizar". Esta evangelizaci贸n ha de hacerla tomando al hombre en su realidad humana y social. Con el escritor de la antig眉edad cristiana el sacerdote ha de decir "nada de lo humano me es extra帽o 152 . Y repetir lo que San Pablo dice a Cristo "debi贸 asemejarse en todo a sus hermanos".

Sin mezclarse en los aspectos t茅cnicos de la gesti贸n directa de los asuntos temporales, el sacerdote ha de formar, tanto a nivel individual como colectivo, la conciencia de los fieles. Esto significa comprender todas las realidades humanas. Como en Pentecost茅s, los fieles han de poder decir del sacerdote que cada uno escucha en su propia lengua (es decir, en su realidad personal) las maravillas de Dios.

-驴C贸mo valora, Monse帽or, la experiencia de los sacerdotes en el trabajo?

Pienso que no podemos cerrar los ojos ante el hecho de la descristianizaci贸n de la masa obrera. Es en palabras de P铆o XI "el gran esc谩ndalo de nuestro tiempo". Esto exige experiencias pastorales que permitan la evangelizaci贸n de los obreros. Entre ellas se encuentra la que Ud. menciona en su pregunta. No es ciertamente una vocaci贸n para todos. Pero si algunos con la debida autorizaci贸n y con las normas que la Santa Sede ha se帽alado, lo hacen, debemos mirar esta vocaci贸n con m谩ximo respeto. Ella permitir谩 conocer desde dentro la mentalidad obrera, cosa que es muy dif铆cil de hacer desde afuera. Quisiera, eso s铆, agregar que aunque esto sea una forma de pre-evangelizaci贸n, no debe nunca olvidar el sacerdote que ella se ordena hacia la Eucarist铆a, donde culmina la acci贸n pastoral, seg煤n la Constituci贸n de la Sagrada Liturgia. Por lo dem谩s, no existe oposici贸n fundamental entre sacerdocio y trabajo manual. El Sumo y Eterno Sacerdote de la Ley Nueva fue "hijo de carpintero".

-驴Qu茅 me dice, Monse帽or, en cuanto a la renovaci贸n del diaconado en Am茅rica Latina?

Lo considero como una gran necesidad, no s贸lo por la escasez de sacerdotes, sino sobre todo por la constituci贸n y animaci贸n de las comunidades cristianas. Cuidemos eso s铆, de evitar dos riesgos: el de decapitar el laicado y el de dar excesivas facilidades que rebajen la funci贸n diaconal, sobre todo la predicaci贸n de la palabra. Una de las grandes renovaciones que el Concilio ha de traer, sea a la luz de la constituci贸n de la Liturgia, sea del decreto de Revelaci贸n, es la valorizaci贸n del ministerio de la palabra y el restituir al anuncio de la Palabra su proyecci贸n aut茅ntica. Debemos confesar que una de las grandes crisis de la Iglesia de hoy es la predicaci贸n.

-驴Qu茅 urgencias conciliares m谩s apremiantes se han creado de cara a Am茅rica Latina?

Hay que leer y meditar con gran atenci贸n el discurso de S.S. Paulo VI al Episcopado latinoamericano el 24 de noviembre pasado. Ah铆 el Papa nos habla de una "debilidad org谩nica" de nuestra Iglesia y nos llama a una "revitalizaci贸n". Esto exige, a mi juicio, tres cosas fundamentales:

a) Evangelizaci贸n m谩s profunda en orden a los sacramentos. No basta distribuirlos. Se requiere una catequizaci贸n adecuada a cada uno de ellos. Pienso que el aforismo "sacramenta propter homines" 153 , ha jugado en exceso en nuestra pastoral. Sin negar su verdad, hay tambi茅n que pensar que el sacramento es un "signo" y que eso exige conocimiento y fe en lo que se recibe.

b) Constituci贸n de comunidades vivientes. Hay que pasar de un cristianismo meramente sociol贸gico a uno de opci贸n cuidando eso s铆, de saber equilibrar estos dos t茅rminos, "catolicismo de 茅lite" y "catolicismo de masa", pues una desviaci贸n en este punto podr铆a traer graves consecuencias pastorales.

c) Una posici贸n decidida de la Iglesia frente al sub-desarrollo en todas sus formas: econ贸mico, social e intelectual y espiritual. Hace pocos meses di una pastoral titulada "Desarrollo, 茅xito y fracaso de Am茅rica Latina 154 . Para nosotros, dec铆a en esa carta, la bomba at贸mica se llama sub-desarrollo.

-驴C贸mo ve, Monse帽or, el marxismo en Am茅rica Latina?

Lo que me preocupa no es lo que los marxistas propugnan, sino si los cristianos somos capaces de hacer en nombre de nuestra doctrina, las justas y necesarias reformas estructurales que urge realizar. El cap铆tulo III de la segunda parte del esquema XIII nos urge a realizar en el campo social las reformas estructurales que Am茅rica Latina necesita. Antes de examinar lo que los marxistas pretenden hacer, pensemos en lo que los cristianos tenemos que hacer... y a帽ado, r谩pidamente; ma帽ana ser谩 tarde. En el campo pol铆tico, los laicos deben promover las justas transformaciones. Recordemos que P铆o XI dec铆a, que la caridad es tanto mayor cuanto m谩s alto sea el campo a que se refiere. As铆 como hay una caridad hacia el pr贸jimo existe una caridad "erga polis" (hacia la ciudad).

-驴Y el desarrollo del Ecumenismo?

Comienza, pero hay felices experiencias. Los hermanos de Taiz茅 155 regalan a Am茅rica Latina un mill贸n de ejemplares del Nuevo Testamento, traducci贸n ecum茅nica llevada a cabo por tres peritos espa帽oles cat贸licos y dos protestantes. El noventa por ciento de esta edici贸n ser谩 para los cat贸licos y el diez por ciento para los protestantes. Hay gestos que valen m谩s que muchos tratados.

-驴Puede comunicamos alguna decisi贸n del CELAM en cuanto a traducciones lit煤rgicas?

Se ha logrado la versi贸n 煤nica castellana para la cual se ha formado una Comisi贸n mixta compuesta por la comisi贸n episcopal espa帽ola de Liturgia y la del CELAM.

Se ha hecho ya la traducci贸n definitiva de los prefacios y se est谩 activamente trabajando en la definitiva del Psalterio y del Nuevo Testamento. Como ediciones provisorias se han aceptado dos: la conjunta CELAM-Espa帽a y la Argentina.

-驴Algunas experiencias renovadoras en la l铆nea de los seminarios?

Habiendo quedado este problema al juicio de las conferencias episcopales y de cada obispo, no puedo hablar en escala continental. Puedo solamente decir que en mi Di贸cesis he puesto un a帽o, al menos de diaconado, en ejercicio.

-驴Y del clergyman, qu茅 piensa?

Doy mi opini贸n personal, sin negar que otra diversa tenga tambi茅n sus razones. Debe existir un traje eclesi谩stico. Entre los dos en uso, prefiero para los actos no lit煤rgicos el clergyman. Pienso que si de una parte puede causar en algunos admiraci贸n, es un signo externo, por otra parte, de renovaci贸n. Por lo dem谩s, lo importante no es que vistamos en una forma u otra, sino que nos comportemos como lo que somos.

DE ECCLESIA PAUPERUM 156

La Comisi贸n Permanente de la Conferencia Episcopal Chilena ha tenido a bien encomendarme, para ser tratado en esta Asamblea Plenaria, el tema de la pobreza en nuestras vidas.

Creo conveniente dividir el tema en dos partes: doctrinal y pr谩ctica.

I. Parte doctrinal

Me ha parecido que nada mejor pod铆a presentarse, que las palabras pronunciadas en la sesi贸n del 7 de diciembre pasado, en la 煤ltima sesi贸n Conciliar del primer per铆odo por el Cardenal Lercaro, Arzobispo de Bolonia.

Dice el Cardenal Lercaro:

Vbles. Hermanos:

1. Insisto, ante todo, en lo que ha sido dicho por los Emmos. Cardenales Suenens 157 y Montini 158 , a prop贸sito de la raz贸n de ser de este Concilio, del orden y de la reducci贸n de ciertas materias, y sobre todo, de la necesidad de elaborar una doctrina sobre la Iglesia.

Hay ah铆 lugar para buscar una doctrina sobre la Iglesia, capaz de ir hasta los fundamentos y m谩s all谩 de los rasgos de origen jur铆dico a los cuales los esquemas parecen haberse apegado muy a menudo.

La conclusi贸n de esta sesi贸n parece ser la siguiente: dos meses de trabajo y de b煤squeda muy humilde, libre y fraternal con la ayuda del Esp铆ritu Santo, nos ha llevado a comprender mejor, a todos en conjunto, lo que el Concilio Vaticano II debe proponer a los hombres de este tiempo, a saber, el misterio 铆ntimo de la Iglesia, que es como el gran sacramento de Cristo, Verbo de Dios revel谩ndose, habitando, viviendo y trabajando entre los hombres.

2. Mi intenci贸n tiende a hacemos m谩s atentos a la revelaci贸n de ese misterio de Cristo en la Iglesia, no solamente permanente y esencial, sino aun de la m谩s grande actualidad hist贸rica. Quiero decir: el misterio de Cristo en la Iglesia es siempre, pero sobre todo hoy d铆a, el misterio de Cristo en los pobres, porque la Iglesia, como lo dijo el Santo Padre Juan XXIII, es en realidad la Iglesia de todos, pero sobre todo la "Iglesia de los Pobres".

Leyendo el sumario de todos los esquemas que nos han entregado ayer, he quedado muy sorprendido y emocionado por la laguna que encuentro. Todos los esquemas en nuestro poder, o que nos ser谩n propuestos, no parecen tener en cuenta, por un proyecto - expl铆cita y formalmente proporcionado de acuerdo con la coyuntura hist贸rica- esta revelaci贸n esencial primordial del misterio de Dios, aspecto predicho por los profetas como signo aut茅ntico de la consagraci贸n mesi谩nica de Cristo; aspecto ensalzado por la propia Madre del Salvador en la encarnaci贸n del Verbo; aspecto manifestado por el nacimiento, la infancia, la vida oculta y el ministerio p煤blico de Cristo; aspecto que es la ley y el fundamento del Reino de Dios; aspecto que imprime su marca propia a toda efusi贸n de gracia y a la vida de la Iglesia, desde la comunidad apost贸lica hasta las 茅pocas de m谩s intensa renovaci贸n interior y de desarrollo exterior de la Iglesia; aspecto, en fin, que ser谩 sancionado eternamente por la recompensa y el castigo en la segunda venida del Hijo de Dios al fin de los tiempos.

3. Por esto que, concluyendo esta primera sesi贸n de nuestro Concilio, nos es necesario reconocer y proclamar solemnemente: nosotros no cumpliremos suficientemente nuestra tarea, no tendremos un esp铆ritu abierto al plan de Dios y a la esperanza de los hombres, si no ponemos como centro y alma del trabajo doctrinal y legislativo de este Concilio, el misterio de Cristo en los pobres y la evangelizaci贸n de los pobres.

Es, en efecto, un deber evidente concreto, actual de nuestra 茅poca.

Esta 茅poca: es una 茅poca donde en comparaci贸n con las otras, los pobres parecen ser menos evangelizados, y donde los corazones parecen alejados y extra帽ados en relaci贸n al misterio de Cristo en la Iglesia; es una 茅poca sin embargo en la cual el esp铆ritu de los hombres solicita y escruta con preguntas angustiosas, casi dram谩ticas, el misterio de la pobreza y la condici贸n de los pobres, de cada individuo, como tambi茅n de los pueblos que viven en la miseria y toman actualmente nueva conciencia de sus propios derechos; es una 茅poca en la cual la pobreza de un mayor n煤mero (los dos tercios del g茅nero humano) est谩 ultrajada en comparaci贸n con las inmensas riquezas de la minor铆a, donde la pobreza inspira cada d铆a a las masas un mayor horror y donde el hombre carnal conoce la sed de las riquezas.

4. Recordando, como otros lo han hecho ya, el problema de la evangelizaci贸n de los pobres, yo estoy lejos de querer a帽adir otra materia al sumario ya muy copioso de los temas tratados por el Concilio. Pero me veo obligado a afirmar:

No daremos satisfacci贸n a las m谩s verdaderas y a las m谩s profundas exigencias de nuestro tiempo (comprendidas entre ellas nuestra gran esperanza de favorecer la unidad de todos los cristianos), sino, por el contrario, nos evadir铆amos si tratamos el tema de la evangelizaci贸n de los pobres como uno de los numerosos temas del Concilio. Si en verdad la Iglesia, como se ha repetido varias veces, es el tema de este Concilio, se puede afirmar con plena conformidad con la eterna verdad del Evangelio, y a la vez en perfecto acuerdo con las circunstancias presentes: el tema de este Concilio es ciertamente la Iglesia en cuanto ella es, sobre todo, "La Iglesia de los pobres".

5. Habiendo sido as铆 delimitado el objetivo del Concilio, yo me permito hacer las proposiciones siguientes:

a) Que en sus trabajos futuros el Concilio consagre no s贸lo una cierta parte, sino tal vez la principal, a la elaboraci贸n de la doctrina evang茅lica de la santa pobreza de Cristo en la Iglesia; que haga resplandecer el designio divino escogiendo la pobreza como signo y forma. Este sacramento de la presencia y del poder salv铆fico del Verbo encarnado entre los hombres, yo lo digo, es sacramento grande en Cristo y en la Iglesia.

b) Que goce as铆 mismo de una igual prioridad la elaboraci贸n de la doctrina evang茅lica de la eminente dignidad de los pobres en cuanto miembros privilegiados de la Iglesia, puesto que es de preferencia en esos miembros donde el Verbo de Dios ha escondido su gloria hasta el fin de los tiempos.

c) Seg煤n la nueva organizaci贸n de todos los esquemas doctrinales, reclamados por un gran n煤mero, que encuentre lugar en todas las materias tratadas, y que sea puesta en claro la conexi贸n ontol贸gica entre la presencia de Cristo en los pobres y las otras dos y m谩s profundas realidades del misterio de Cristo en la Iglesia, a saber: la presencia de Cristo en la acci贸n eucar铆stica, por la cual la Iglesia se unifica y se constituye; y la presencia de Cristo en la sagrada jerarqu铆a, que instruye y gobierna a la Iglesia.

Igualmente que en la elaboraci贸n de los esquemas de la reforma de las instituciones eclesi谩sticas y los m茅todos de evangelizaci贸n, encuentre lugar y sea puesto en claro, la conexi贸n hist贸rica entre el reconocimiento leal y operante de la eminente dignidad de los pobres en el reino de Dios y en la Iglesia; y de otra parte, nuestra capacidad de discernir los obst谩culos, las posibilidades y los m茅todos de reajustamiento de las instituciones eclesi谩sticas.

6. As铆 propuesto, bastar谩, a manera de conclusi贸n y confirmaci贸n pr谩ctica, dar algunos ejemplos de las materias donde se har铆a necesario continuar nuestro decreto de reforma con bien entendida sabidur铆a y moderaci贸n, pero tambi茅n sin ninguna timidez o compromiso:

a) La delimitaci贸n del uso de los medios materiales sobre todo de aquellos que llevan por s铆 mismo una menor apariencia de santa pobreza seg煤n la palabra: "No tengo ni oro, ni plata, pero lo que tengo te lo doy" 159 .

b) El esbozo de un nuevo estilo o "etiqueta" para los pont铆fices, de manera que no provoque con admiraci贸n la sensibilidad de los hombres de este tiempo, ni a los pobres d茅 ocasi贸n de esc谩ndalo, d茅 temor que nosotros que a menudo vivimos pobremente, parezcamos ser ricos.

c) La fidelidad a la santa pobreza no solamente individual, sino tambi茅n comunitaria de parte de las familias religiosas; un nuevo comportamiento en materia econ贸mica, con abandono de ciertas instituciones del tiempo pasado, desprovistas de utilidad y que entraban el libre y generoso trabajo apost贸lico.

7. Si nosotros nos mostr谩ramos d贸ciles al plan de la Divina Providencia, afirmando y reinvidicando el primado de la evangelizaci贸n de los pobres, no ser谩 dif铆cil, con la ayuda del Esp铆ritu Santo y la protecci贸n de la Madre de Dios, encontrar para todos los problemas, tanto doctrinales como pr谩cticos, un m茅todo aut茅ntico de presentaci贸n integral, sin ninguna reticencia o atenuaci贸n integral, sin ninguna reticencia o atenuaci贸n del eterno e inmutable Evangelio de Dios y tambi茅n proponerlo de tal manera que re煤na m谩s f谩cilmente en la unidad a toda la familia cristiana, as铆 como el Padre y Cristo no son sino uno, y que toque m谩s profundamente los corazones colmando la esperanza de todos los hombres de este tiempo, sobre todo en los pobres en la Iglesia de Cristo, quien siendo rico se hizo pobre a fin de enriquecemos con su gracia y su Gloria.

II. Parte pr谩ctica

En nuestro mensaje al mundo los Padres Conciliares dijimos: "Renovarnos nosotros y la grey confiada, a fin de que aparezca entre los pueblos el amable rostro de Cristo Jes煤s" 160 .

Se trata de una renovaci贸n interna y de los signos exteriores que la expresan. Tratamos del m谩s importante en este tiempo: la pobreza. La Iglesia en el siglo de los pobres, debe especialmente ser la Iglesia de los Pobres.

1. Simplificaci贸n del culto

a) El Episcopado Chileno hace suyo el voto presentado por el suscrito en el Concilio al tratarse el tema "de sacra supellectile" 161 .

VOTO:

Visum est Sanctae Synodo votum 茅dere ut omnino e sacro cultu tollantur illa ornamenta ac species externae, quae ad dignam claritatem et ad sobriam pulchritudinem nihil conferunt, quinimmo saeculi practi vanitatem aliquomodo sapiunt vel inopportunam magnificentiam aut etiam locupletem pompam" 162 .

b) Deben observarse estrictamente las normas lit煤rgicas y de arte sagrado referentes a la sobriedad en el culto. Especialmente en lo que se refiere a iluminaci贸n, gasas, exceso de flores, etc.

c) Reglamentar los matrimonios llamados "de lujo" y prohibir el derroche de flores y luces en el templo, los trajes masculinos llamados de etiqueta, las tenidas excesivamente mundanas (de fiesta) de los asistentes, pedir que la novia lleve un sencillo vestido blanco... En una palabra, no seguir haci茅ndose c贸mplice de un boato que hiere a la pobreza, de una vanidad que contrar铆a a la humildad, de un derroche de dinero que deber铆a emplearse en obras de beneficencia y caridad, etc. Es imposible que fomentemos la conciencia cristiana sobre el "uso de lo superfluo", si en nuestros templos, ante nuestra presencia y con nuestra autorizaci贸n, aceptamos el mal uso de lo superfluo hecho por cristianos y con ocasi贸n de recibir un sacramento de la Iglesia.

2. Trajes de los prelados

Debemos ir a una mayor simplificaci贸n y austeridad de nuestra "tenida" prelaticia:

a) suprimir las piedras preciosas en las cruces;

b) suprimir hebillas en el calzado;

c) suprimir encajes en roquetes y albas;

d) suprimir la "capa magna" y en lo posible el "ferraiolo";

e) usar ordinariamente sotana negra, con cruz, anillo y solideo solamente.

Hay que hacer que nuestra presentaci贸n externa sea conforme al esp铆ritu del evangelio y a la aut茅ntica tradici贸n de la Iglesia. No olvidar que la mayor parte de ellas tienen una antig眉edad superior a los cuatro siglos, son restos de un pasado "barrocco" que reflejan una 茅poca vivida en algunos pa铆ses de Europa, y que poco o nada tienen que ver con nuestra realidad latinoamericana.

3. T铆tulos

El obispo es ante todo un servidor. Todas sus funciones son de "ministerio" que se sintetizan en la "diacon铆a". Su actuaci贸n seg煤n la mejor tradici贸n de la Iglesia es la de servir y no la de dominar, "magis prodesse quam praeesse" 163 nos dice San Agust铆n.

a) Cambiar el t铆tulo de "Excelencia Rvma" por el de "Se帽or Obispo", "Nolite vocari Rabbi" 164 .

b) Suprimir los escudos de armas, que se refieren a una tradici贸n nobiliaria. El Evangelio nos ense帽a otra cosa: "deposuit potentes de sede et exaltavit humiles" 165 .

c) Quitar la genuflexi贸n en el saludo al obispo y dejarlo en el simple beso al anillo.

4) Casas

Procurar que nuestras casas sean humildes. No vivir en los mejores barrios residenciales, sino en los modestos. No llamar a la casa del Obispo "palacio episcopal".

Igual criterio con respecto de los autom贸viles. Que sean sencillos. Marcas. . .


PROYECCION DEL CONCILIO VATICANO II A LA VIDA 166

Hablo con los inmediatos colaboradores en el apostolado al regreso de la III sesi贸n del Concilio.

Y la palabra primera, por no decir, la 煤nica, que les entrego es la que encabeza esta comunicaci贸n:

Hagamos realidad el Concilio Vaticano II

La realizaci贸n del Concilio es una obra com煤n de toda la Iglesia. Si todas las fuerzas vivas de la Iglesia no se suman e implican en esta tarea, pueden quedar del Concilio unas magn铆ficas constituciones pero en el papel.

No es menester aguardar la IV y 煤ltima sesi贸n conciliar. Tenemos ya elementos suficientes para comenzar desde ahora este trabajo.

Pero esto exige:

1. Penetrarse de las ideas fundamentales que dirigen el Concilio;

2. Del esp铆ritu que lo anima;

3. De las reformas que exige, y

4. De la manera c贸mo debemos ponerlas en pr谩ctica.

Es lo que procurar茅 hacer en la forma m谩s sucinta posible en este Instrucci贸n pastoral sobre el Concilio.

I. Ideas fundamentales que dirigen el Concilio:

l. Ante todo, la tercera sesi贸n del Concilio nos da la imagen de una Iglesia viva, capaz de buscar la verdad en el debate (a veces apasionado) pero sabiendo lograr la unanimidad en la caridad y en el deseo com煤n de hacer que el Concilio produzca todos los frutos que de 茅l se aguardan.

2. En segundo lugar, el Concilio nos ofrece una visi贸n total de la Iglesia, que lejos de oponer una verdad a la otra las integra en la totalidad general. As铆, la Colegialidad Episcopal se integra en el Primado y lejos de disminuido lo exalta y lo refuerza.

3. El mostrar en su pleno valor las prerrogativas del Episcopado se integra igualmente en el valor, dignidad y ministerio de los sacerdotes. (La IV sesi贸n debi贸 aprobar la Constituci贸n sobre el Sacerdocio).

La santidad del ministerio sacerdotal a su vez, se integra en la importancia que el Concilio da al laicado y a su acci贸n apost贸lica en el mundo de hoy.

La visi贸n del Misterio de la Iglesia 167 se integra en las tareas de esa misma Iglesia en el mundo de hoy.

La vocaci贸n universal a la santidad 168 se integra en la consagraci贸n del mundo temporal que se ofrece como tarea principal del laicado.

La Iglesia peregrinante se integra en su uni贸n con la Iglesia celestial 169 .

La Virgen Mar铆a, Madre de Dios, se integra a su vez en el misterio de Cristo y de la Iglesia 170 .

La firmeza en la doctrina, se complementa en el di谩logo ecum茅nico con los hermanos separados y en la uni贸n a todos los elementos comunes que pueden encontrarse en otras religiones no cristianas (Idea de un solo Dios - Paternidad divina, etc.).

La contemplaci贸n de la verdad se integra en las normas concretas de acci贸n; lo inmutable del mensaje evang茅lico con el "aggiornamento" exigido por el cambiar de los tiempos; la necesidad de leyes y normas que regulen la vida de la Iglesia, con la adaptabilidad de esas mismas leyes a las condiciones de un mundo en r谩pida transformaci贸n.

De este modo, el Concilio, lejos de fragmentar, reagrupa; no cambia sino pone en mejor luz la doctrina; conserva y al mismo tiempo rejuvenece las fuerzas de la Iglesia.

Es el signo claro de un pasar del Esp铆ritu Santo que renueva y vivifica el Cuerpo muerto de Cristo.

4. La Idea central que inspira esta renovaci贸n hay que buscarla en dos constituciones, ya en pleno vigor, la de Sda. Liturgia y la de Ecclesia.

La primera busca que la participaci贸n activa y consciente del pueblo de Dios en el culto sagrado restituya su verdadero valor y la asamblea cristiana de a la celebraci贸n de los misterios su sentido comunitario, devuelva a la liturgia su verdadero sentido y la constituya "ra铆z y cumbre de la acci贸n pastoral de la Iglesia".

La segunda es la base de toda la arquitectura doctrinal del Concilio.

Ella le da su unidad org谩nica y al mismo tiempo le traza su programa. De ah铆 proceden las constituciones sobre la acci贸n pastoral de los Obispos, el ministerio sacerdotal y el apostolado de los laicos (que ser谩n aprobados en la pr贸xima sesi贸n).

De ah铆 mismo tambi茅n procede, la actitud rigurosamente... 171 que inspiran los decretos sobre el Ecumenismo y sobre las Iglesias separadas (ya aprobadas).

5. De todas estas versiones aparece en forma clara el sentido Misionero de la Iglesia de hoy. El mundo ya no est谩 unido en Cristiandad como en la Edad Media. Vivimos la hora del pluralismo religioso. Nos encontramos frente al hecho grav铆simo del ate铆smo.

Un mundo de dimensiones nuevas se forma. La triple explosi贸n: at贸mica, demogr谩fica y psicol贸gica de que habla Einstein hace sentir su influencia.

La Iglesia no puede ser la guardiana de un orden fenecido sino la anunciadora de un mundo nuevo. Todo esto se compendia en una palabra: Iglesia misionera, que nos pone ante una seria y profunda revisi贸n de nuestros cuadros apost贸licos y de nuestros m茅todos pastorales.

Hay quienes se alarman ante estos cambios. Hay otros que se impacientan porque no se hacen con suficiente rapidez. A ambas hay que recordarles el sentido de la historia, la visi贸n del presente y las perspectivas del futuro. A ambas; tanto a los que dicen "nos est谩n cambiando la religi贸n", como a los que repiten "hasta ahora nada se ve del Concilio", hay que repetirles las palabras de San Pablo: "debe el que are, arar en la esperanza". A ambos hay que decirles que este Concilio es ya "la primavera de la Iglesia" que anunciaba P铆o XII. Pero, a ambos, tambi茅n hay que repetirles que el Concilio es un gran llamado que Dios nos hace a todos y una grave responsabilidad de la cual deberemos darle cuentas.

II. 驴Cu谩l es el esp铆ritu que anima el Concilio?

Respondamos en palabras de Juan XXIII: "Una renovaci贸n evang茅lica de la vida".

驴Qu茅 significa esta frase?

a) En primer lugar una profundizaci贸n teol贸gico. La Constituci贸n "De Ecclesia" nos da el material. En vez de la visi贸n apolog茅tica, de la Iglesia que se defiende -la visi贸n dogm谩tica- una Iglesia que se muestra en toda su riqueza a ser misterio salvador. No se puede comprender la renovaci贸n espiritual, teol贸gica y pastoral presente si no se la contempla a la luz de la Constituci贸n de la Iglesia recientemente promulgada. M谩s a煤n, el ignorarla o el conocerla en frases incompletas puede producir un doble peligro, o el superficialismo que aumentan la esperanza en unas cuantas reformas superficiales, o desviaciones pastorales que pueden en el futuro traer graves consecuencias.

b) En segundo lugar una espiritualidad b铆blica. Volvemos a las fuentes, tal como lo pide san P铆o X. La Biblia, tanto en la Constituci贸n "de Ecclesia" y en la de Liturgia como el Decreto sobre Ecumenismo que nos lleva a un contacto mucho m谩s asiduo y profundo con la Palabra de Dios. La Constituci贸n de la Liturgia nos hace ver la presencia de Cristo en su Palabra. La Catequesis y la Predicaci贸n buscan en la Biblia su renovaci贸n fundamental. Del intelectualismo del "siglo de las luces" se pasa...


EL LAICO EN LA IGLESIA SEG脷N EL CONCILIO VATICANO II

Es este un tema que he tenido muy cerca en mis preocupaciones. He formado parte de la Comisi贸n Preconciliar y tambi茅n de la Comisi贸n Conciliar, y ahora de la Post-Conciliar: por eso he aceptado dar esta conferencia.

El laico en la Iglesia del Vaticano II

El desarrollo de este tema gira alrededor de dos ejes, sigue dos coordenadas que son, podr铆amos decir, las dos notas determinantes del Concilio Vaticano II: Iglesia y Mundo. Se ha hablado de la novedad del Concilio Vaticano II. Se ha dicho mucho m谩s de lo que debiera decirse porque hasta ahora se ha querido presentar como una Iglesia totalmente distinta de lo que es la Iglesia en su Constituci贸n. Debo decir que la gran novedad del Concilio Vaticano II es precisamente la vuelta a sus fuentes, a las ra铆ces mismas de la Iglesia. Es, como dijo Juan XXIII, ante todo miramos ante el Evangelio y es todo ese movimiento que hace m谩s de 40 a帽os viene produci茅ndose en el Campo del pensamiento y de la acci贸n de la Iglesia: el "ressourcement", la vuelta a las fuentes, y es precisamente la expresi贸n de esa vuelta a la fuente, a las fuentes mismas del cristianismo, del Evangelio, la tradici贸n de los Padres -todo el estilo de vida que el Evangelio y la tradici贸n de los Padres nos entregan- lo que el Concilio ha vuelto ha poner a luz; de estas fuentes arrancan las dos coordenadas, los dos ejes alrededor de los cuales gira el Concilio Vaticano II y que son tambi茅n los que determinan la posici贸n del laico en la Iglesia: una visi贸n de la Iglesia y del Mundo.

Me van a permitir entonces que en forma muy r谩pida trate estos dos temas que me parecen b谩sicos para poder comprender lo que el laico representa en la Iglesia.

I. La Iglesia, Pueblo de Dios 172

En primer lugar la visi贸n que el Concilio nos da de la Iglesia.

Es la Iglesia de siempre; no hay otra Iglesia, pero es una Iglesia rejuvenecida y renovada: dice el P. Congar 173 que la renovaci贸n de ideas y de instituciones est谩 sometida a la doble ley de la continuidad y de la identidad profunda con la idea o la instituci贸n que se desea reformar; de manera entonces, que no hay renovaci贸n verdadera donde no hay continuidad y no hay renovaci贸n verdadera donde no hay identidad profunda con la instituci贸n o con la idea que se desea renovar. Y me parece que es esto lo que nos explica precisamente todo lo que el Concilio nos ha dicho de la Iglesia y del Mundo.

La primera pregunta que el Concilio se hizo fue la siguiente:

"Iglesia qu茅 dices de ti misma". La Iglesia debe pues, definirse a s铆 misma para presentarse al mundo. Y 驴qu茅 es lo que la Iglesia dice de s铆 misma? La Iglesia se define como pueblo de Dios. Quiz谩s nosotros no alcanzamos a conocer toda la riqueza y toda la trascendencia pastoral que tiene esta idea de la Iglesia como pueblo de Dios. Ante todo, esta visi贸n de Iglesia como pueblo de Dios, nos pone en la mejor tradici贸n b铆blica -no vengo aqu铆 a acumular temas porque este no es el tema de esta conferencia-. Seg煤n la historia b铆blica da la salvaci贸n, el pueblo de Dios es el pueblo de la Alianza, es la alianza con Abraham, es la alianza con Mois茅s, es la alianza perfecta con Cristo, pero siempre es el pueblo; primero un pueblo carnal, con el cual Dios hace su alianza y en el cual deposita las promesas del mundo futuro, y es despu茅s con un pueblo espiritual que es Cristo que adquiere las palabras que le铆mos hace pocos d铆as de san Pedro: "El Pueblo que 茅l adquiere con su sangre" es siempre el pueblo de Dios": sentido b铆blico y sentido hist贸rico. Es toda la historia de la salvaci贸n injertada en la historia de los hombres, de manera que no hay dos l铆neas que corren paralelas, la Historia Sagrada y la historia profana. Es la historia de Dios en la historia del hombre, y es la historia del hombre proyectada en la historia de Dios. Yo creo que 茅sta es una de las grandes visiones que el Concilio nos da y por lo tanto -porque nos da una visi贸n hist贸rica de la Iglesia- el Concilio nos da tambi茅n de ella, una visi贸n din谩mica. La Iglesia no es una plaza fuerte, establecida e inm贸vil, la Iglesia es un avanzar del pueblo de Dios en la historia del mundo, un caminar del pueblo de Dios con el caminar de la historia del mundo para llegar a la historia definitiva que es precozmente la consumaci贸n final en el tiempo. Sentido din谩mico y al mismo tiempo actual. La palabra "pueblo" tiene hoy d铆a un car谩cter extraordinario; con la palabra puedo querr铆amos decir todo el sentido de la historia moderna; el pueblo que se incorpora plenamente en la historia del mundo precisamente adquiere a la luz de esta definici贸n Iglesia-Pueblo de Dios, todo su significado sagrado y todo su significado trascendente y absoluto.

De esta definici贸n que la Iglesia ha dado de s铆 misma, Iglesia-pueblo-de Dios, se sigue la consecuencia que tiene inmediata repercusi贸n en el tema que vamos a tratar: La integridad comunitaria. No son dise帽os parciales: aqu铆 la jerarqu铆a, ah铆 los religiosos, all谩 los laicos. Es, como un organismo, una integridad comunitaria. La Iglesia es la Comuni贸n de todos estos elementos diversos, con diversas funciones, con diversas actividades. Sin embargo, se integran en una actividad com煤n. El valor grande que esto tiene es alejamos de esa visi贸n clerical de la Iglesia.

Yo siempre recuerdo, mucho antes del Concilio, una expresi贸n muy antigua de gentileza y de respeto pero no bastante exacta quiz谩s: que cuando a uno lo hac铆an pasar primero, le dec铆an: "la Iglesia pasa primero". Yo siempre respond铆a: pero si la Iglesia somos todos. Como dijo P铆o XII en aquel memorable discurso: "Vosotros sois la Iglesia". As铆 que no es: la Iglesia pasa primero, no, es: la jerarqu铆a pasa primero.

Esta visi贸n de integridad comunitaria nos da entonces que estos elementos, jerarqu铆a, sacerdocio, laicado, todos, tienen una misi贸n com煤n; funciones diversas, pero una sola vida con el cuerpo; 贸rganos diferentes, pero un solo organismo; actividades diferentes, pero un solo apostolado, porque no hay m谩s que un apostolado. La palabra ap贸stol significa enviado. Dios env铆a a su Hijo a la tierra, env铆a a Cristo; Cristo env铆a a sus ap贸stoles; los ap贸stoles se contin煤an en los obispos; los obispos, a su vez, llaman al sacerdocio y al pueblo fiel, y la Iglesia se hace presente en el mundo -lo repetimos varias veces- por el laicado y el sacerdocio conjuntamente. El sacerdocio solo y el laicado solo no pueden hacer aparecer el verdadero rostro de la Iglesia en el mundo. De manera entonces -repito- que esta visi贸n del pueblo de Dios nos da una visi贸n de integridad comunitaria. La Iglesia es una comunidad viviente, es la comunidad que obra, que opera, que act煤a. 脥ntegramente apost贸lica en la misi贸n 煤nica de la salvaci贸n del mundo, toda la Iglesia es apost贸lica, toda la Iglesia integrada en una misi贸n com煤n: la salvaci贸n del mundo.

Me parece a m铆 que esto tiene una importancia muy grande para que comprendamos la responsabilidad que a todos nos cabe en la salvaci贸n del mundo.

Todos estamos unidos de diferentes maneras a Cristo, sacerdote, profeta y Rey en la constante edificaci贸n de la Iglesia. La Iglesia es una sociedad sacerdotal. La Iglesia tiene una acci贸n, dir铆amos real, en el sentido de conducir al pueblo de Dios. Todos tenemos entonces la responsabilidad de edificar la Iglesia, de construir la Iglesia que significa comunidad. Todos tenemos que hacer la comunidad, la comunidad en Cristo, la comunidad en la fe, en la esperanza en el amor, en la vida.

La Iglesia siempre est谩 en construcci贸n, no es cosa definitiva. La Iglesia siempre, porque es Iglesia itinerante, que va caminando hacia un t茅rmino que est谩 m谩s all谩 del tiempo y que est谩 m谩s all谩 del mundo. No debemos decir jam谩s "aqu铆 lleg贸 la Iglesia". La Iglesia siempre, mientras el mundo exista y mientras el mundo camine, caminar谩 con el mundo hasta el d铆a del Se帽or.

La Iglesia siempre en renovaci贸n interior. La palabra renovaci贸n, a veces nos parece un poco dura, hasta escandalosa. No olvidemos que en la Iglesia hay un doble elemento, un elemento divino y un elemento humano, y que ese elemento humano debe estar constantemente renov谩ndose. Y ya dijimos con las palabras del P. Congar, que toda renovaci贸n no es cambio de identidad, ni es discontinuidad; todo lo contrario, es continuidad y es identidad con aquello que se desea renovar. La Iglesia siempre es renovaci贸n interior. Y si tom谩ramos la historia de la Iglesia, (no lo voy a hacer ciertamente), ver铆amos que en las grandes etapas de la vida de la Iglesia, las grandes figuras de la Iglesia, son precisamente las figuras, las l铆neas y los momentos en que la Iglesia ha sentido la necesidad de esa renovaci贸n interior. Recordemos a san Francisco, para no citar m谩s que una figura tan conocida y querida: La Iglesia siempre en misi贸n. La Iglesia porque es itinerante, porque est谩 caminando con el mundo, porque tiene una misi贸n a la cual nunca puede decir "llegu茅", solamente lo podr谩 decir el 煤ltimo d铆a del mundo. La Iglesia siempre en misi贸n, es decir, es una Iglesia que siempre debe estar constantemente llegando a los hombres, a todos los ambientes, a todos los sectores, a todas las ideolog铆as, estar llevando el mensaje eterno de Cristo. La palabra del Cardo Suhard 174 : "La Iglesia en estado de misi贸n", creo que refleja esto.

Por lo tanto, yo creo que con esto cae esa concepci贸n de "Iglesia establecida", "castillo feudal", "no se puede tocar nada en la Iglesia"; concepci贸n de la que vienen muchos esc谩ndalos de personas: "nos est谩n cambiando a la Iglesia"; "nos est谩n cambiando el catolicismo"; "nos est谩n cambiando nuestra religi贸n". Al contrario, se est谩 renovando nuestra religi贸n, se est谩 renovando sin cambiar la identidad profunda y se est谩 cambiando en la identidad perfecta con lo que Cristo precisamente estableci贸. Yo creo que ser铆a una magn铆fica tesis que podr铆a desarrollarse a la luz de la historia interna de la Iglesia: ver esa continuidad o identidad, y al mismo, tiempo, esa renovaci贸n.

De ah铆 viene el otro concepto que es el que nos entrega el Concilio, de la Iglesia que avanza, una Iglesia que camina, una Iglesia que, precisamente porque es el Cuerpo M铆stico de Cristo, porque es entonces un organismo cuya cabeza es Cristo, el Cristo vivo, el Cristo resucitado y cuya alma es el Esp铆ritu Santo que renueva la faz de la tierra, como dice la oraci贸n lit煤rgica, cuya misi贸n es llevar a todos los hombres, no solamente a mirar hacia el pasado y conservar, sino tambi茅n, a penetrar y a mirar hacia el futuro. Yo siempre recuerdo esa respuesta de un jocista cuando un asesor al dar una conferencia les dec铆a: "ten茅is que estar preparados para el ma帽ana", y 茅l le respondi贸: "y ustedes, 驴est谩n preparados para pasado ma帽ana?" Y esa es la realidad yeso es precisamente lo que el Concilio Vaticano nos est谩 dando, nos est谩 preparando para el pasado ma帽ana. El Concilio Vaticano est谩 mirando toda esa evoluci贸n rapid铆sima del mundo, y no le teme a esta evoluci贸n, como no le ha temido jam谩s a ninguna cosa porque sabe que precisamente manteniendo su identidad, su continuidad y su finalidad es como podr谩 dar la respuesta.

II. La Iglesia y su Misi贸n en el mundo

El mundo es el segundo eje alrededor del cual gira el Concilio Vaticano. Es necesario considerarlo, pues, para obtener la figura del laico seg煤n el Concilio.

Hay una concepci贸n, podr铆amos llamar, de la filosof铆a griega del mundo: la de la "Moira", el destino fatal; o una concepci贸n maniquea del mundo, el dualismo maniqueo, es, decir, el principio del bien y el principio del mal, entonces todo lo que es acci贸n del cristiano debe alejarse del mundo, de lo temporal, de lo material. La mayor parte de las herej铆as que ha habido en la Iglesia, desde la primera de los "docetas" en el a帽o 70, derivan de esta concepci贸n dualista: Cristo no pudo tomar el cuerpo humano porque la materia es mala. Contra esta herej铆a, san Juan escribi贸 su Evangelio y comienza en su pr贸logo diciendo: "y el Verbo se hizo carne y habit贸 entre nosotros". En cambio la concepci贸n b铆blica del mundo, esa concepci贸n que nos arroja maravillosamente el G茅nesis, cuando en el relato de la creaci贸n repite esa palabra: "y vio Dios todo lo que hab铆a hecho y era muy bueno" 175 . Despu茅s crea al hombre y le da este mandato: "creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla" 176 . El hombre es -como dicen los escol谩sticos- un microcosmos, es como un mundo en peque帽o, todo el mundo est谩 encerrado en el hombre. Esta visi贸n del mundo es optimista, es cierto; aunque no podemos olvidar que el mundo ha sido da帽ado y maleado por el pecado. Tal es la visi贸n que aparece sobre todo en la Constituci贸n Conciliar que se llam贸 el esquema XIII: "La Iglesia en el Mundo de hoy".

Aparece all铆 la estrecha solidaridad de la Iglesia humana con el conjunto de la familia humana: el goce y la esperanza, las l谩grimas y angustias del hombre de hoy d铆a, sobre todos los pobres -los de la clase afligida- son tambi茅n goce y esperanza, l谩grimas y angustias de los disc铆pulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no tenga resonancia en su coraz贸n. Es la gran tradici贸n de la Iglesia. En el segundo, lugar, la Iglesia ha sido hecha para el hombre. Yo me permito recordarles el maravilloso discurso de su santidad Paulo VI el 7 de diciembre, que yo querr铆a llamar el discurso del humanismo cristiano, el discurso del humanismo integral. El nuevo humanismo integral, dice el Papa, es comprender al hombre en su condici贸n. Este Concilio pretende emitir su juicio bajo esta luz sobre los valores que se consideran fundamentales: 驴qu茅 siente la Iglesia del Hombre?, 驴qu茅 recomendaciones se han de hacer para la edificaci贸n de la sociedad moderna?, 驴cu谩l es el significado 煤ltimo de la actividad humana en el mundo? Problemas como estos son los que esperan respuesta. Y cuando se les haya dado una, aparecer谩 con mayor evidencia la reciprocidad del servicio entre el pueblo de Dios y el g茅nero humano. Es decir, en vez de oposici贸n entre el mundo y la Iglesia hay reciprocidad de servicios, que deben prestarse al pueblo de Dios y al g茅nero humano, en que este pueblo de Dios est谩 injertado, est谩 inmerso.

De manera que el Concilio nos da una ontolog铆a del mundo, es decir, lo que el mundo es para el cristiano. El mundo es el sitio donde se juega el drama de la salvaci贸n, el mundo es el sitio donde la acci贸n de Dios se desarrolla. Cristo no vino a realizar una obra misteriosa, esot茅rica. Cristo vino a meterse en la humanidad. Por eso siempre quiero corregir cuando dicen por ah铆: "Cristo vino a salvar a las almas". No es cierto, Cristo vino a salvar a los hombres. Por eso el Verbo de Dios se hizo carne y habit贸 entre nosotros. Cristo pudo salvamos de otra manera, pero no lo quiso. Cristo se hizo hombre, tom贸 la condici贸n humana, la de siervo, como dice san Pablo, y vivi贸 hasta la muerte. Hasta la muerte Cristo sinti贸 todo lo que pasa por el coraz贸n humano; cuando la escena de la Samaritana, dice que Jes煤s, cansado del camino, se sent贸, san Agust铆n comenta y dice: "Se cansa, la fuerza de Dios", Cristo sufri贸 la angustia, el temor, el temblor; todo pas贸 por el coraz贸n de Cristo. As铆 que el Concilio nos da una ontolog铆a del mundo, lo que el mundo es para el cristiano y al mismo tiempo, a esa ontolog铆a corresponde una sociolog铆a, es decir, el mundo en sus manifestaciones concretas; y despu茅s nos muestra las formas diversas de sociabilidad: la familia, la sociedad humana, la profesi贸n, el trabajo. Todos los problemas que agitan al hombre, 茅se es el mundo de que nos habla. No es un mundo abstracto, es un mundo concreto. A esa ontolog铆a, a esa visi贸n del mundo corresponde una sociolog铆a, una visi贸n concreta.

III. 驴Qui茅n es el laico?

1. Fuentes de estudio

Alrededor de estos dos ejes ya vamos a ver entonces al laico. Ante todo, perm铆tanme se帽alar lo siguiente: hay una serie de documentos conciliares que tratan del laico:

a) En primer lugar la Constituci贸n "Lumen Gentium", este tesoro extraordinario, que creo que de aqu铆 a 20 a帽os vamos a comprender y a sacar algo de lo que ah铆 est谩 encerrado.

b) La Constituci贸n "La Iglesia y el mundo moderno", la constituci贸n que cost贸 mucho porque era la primera vez que se hac铆a sobre este tema; porque en realidad hab铆a mucha dificultad para hacerla. Me toc贸 estar en la comisi贸n y ser testigo de los 4 esquemas que se iban pasando uno tras otro hasta llegar al cuarto.

c) "Constituci贸n de la Sagrada Liturgia", donde se destac贸 la importancia de la Asamblea del Pueblo de Dios; donde el sacerdote es el presidente de la asamblea, donde todos los miembros de la asamblea del Pueblo de Dios tienen un rol que desempe帽ar, tienen la parte activa que jugar.

d) "Decreto sobre el apostolado laico".

e) "Decreto sobre el ecumenismo": todo este movimiento ecum茅nico que debe apasionamos porque significa el gran di谩logo con nuestros hermanos separados. El decreto ecum茅nico da una importancia inmensa a la acci贸n del Laico.

f) "La declaraci贸n sobre la educaci贸n".

Estos son los principales documentos en que se habla del laico. Pero, hay dos documentos, dos piezas maestras que son: La Constituci贸n "Lumen Gentium" sobre la Iglesia, y el "Decreto del apostolado laico". Me vaya quedar unos momentos en la primera.

2. Precisiones preliminares

Es interesante, aunque parezca aburrido, se帽alar el orden de los cap铆tulos: Cap. I: El misterio de la Iglesia, es este misterio que se nos presenta a nosotros. Cap. II: La Iglesia pueblo de Dios, lo que hemos dicho hace un momento. Cap. III: Los pastores que deben regir el pueblo de Dios, la jerarqu铆a. Cap. IV: El laicado. Y vemos aqu铆 como una cosa se va entroncando en otra, c贸mo el misterio de la Iglesia se expresa en el pueblo de Dios, c贸mo ese pueblo de Dios se relaciona con la jerarqu铆a, y c贸mo el laicado est谩 en 铆ntima conexi贸n con esa jerarqu铆a que es el pueblo de Dios, para cumplir todos juntos la misi贸n que Dios le asigna a su pueblo.

Tenemos en el Cap. IV, una primera definici贸n del laico. Todos los sacerdotes que est谩n aqu铆 saben que hasta ahora la 煤nica definici贸n oficial del laico era una definici贸n negativa, la que ten铆amos en el Derecho Can贸nico: "el que no es sacerdote ni religioso". Recuerdo al Cardenal. . . Obispo Ingl茅s Benedictino, contaba que una vez un no cat贸lico le pregunt贸: 驴Cu谩l es la posici贸n del laico en la Iglesia? y el le respondi贸: "de rodillas en la consagraci贸n, y sentado en la predicaci贸n".

En el Cap. IV de la Constituci贸n Dogm谩tica sobre la Iglesia se dice que se entiende por laico a todos los fieles, a excepci贸n de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que est谩n en estado religioso reconocido por la Iglesia, es decir, los fieles cristianos que por estar incorporados a Cristo mediante el Bautismo, constituidos en pueblo de Dios y hechos part铆cipes a su manera en la funci贸n sacerdotal, prof茅tica y real de Jesucristo, ejercen por su parte, la misi贸n de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo. Por lo tanto, yo quisiera analizar un poco en primer lugar su car谩cter secular. El laico es el que est谩 incorporado a la Iglesia por el bautismo, es el hombre que est谩 en el mundo, que pertenece al mundo. Y aqu铆 hay tres elementos interesantes. En primer lugar hay una unidad en la diversidad, que analizar茅 en el n煤mero siguiente. Luego, hay una igualdad en la actividad com煤n de la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo. Todos, desde el Papa hasta ese ni帽ito que est谩n bautizando hoy, en este momento en la parroquia tal de Santiago, todos, en este momento, todos, tienen una actividad com煤n en la edificaci贸n del cuerpo de Cristo. Pero, segundo en la diversidad de funciones. No vayamos entonces a caer en una concepci贸n que va contra la Constituci贸n misma de la Iglesia. La Iglesia es jer谩rquica (la palabra jerarqu铆a viene de dos palabras griegas: hieros-arch茅, orden-sagrado). La Iglesia es jer谩rquica porque hay funciones diversas. Una es la funci贸n de la jerarqu铆a que rige y orienta al pueblo de Dios; una es la funci贸n del sacerdocio que tiene precisamente por misi贸n convocar al pueblo de Dios en la Palabra y en la Eucarist铆a. Otra es la misi贸n de los seglares. Todos tienen misiones diferentes, pero en la unidad y unidad en la comunidad de relaciones. Por lo tanto, los pastores, al servicio de los fieles y los fieles aportan el concurso gozoso de su ayuda.

-Aqu铆 me vaya apartar un segundo, pues es muy interesante ver la funci贸n episcopal jer谩rquica, que est谩 se帽alada en el Concilio no como un dominio, sino como un servicio.

Es toda la antigua tradici贸n de la Iglesia, dec铆a San Agust铆n, es decir m谩s y mejor servir que dominar. De manera que la jerarqu铆a tiene un gobierno que gobierna sirviendo. Hay una p谩gina -que no me resisto a leer- muy hermosa, en la m谩s pura y aut茅ntica tradici贸n de la Iglesia:

"Si pues, los seglares por designaci贸n divina tienen a Jesucristo por hermano, que siendo Se帽or de todas las cosas, vino sin embargo a servir y no a ser servido. As铆 tambi茅n tienen por hermanos a quienes se constituyen en el sagrado ministerio ense帽ando, santificando, gobernando con la autoridad de Cristo, apacienta la familia de Dios de tal modo que se cumpla por todos el mandato nuevo de la caridad As铆 como Cristo vino a servir y no a ser servido, los pastores de la Iglesia vienen a servir y no a ser servidos y si por ello obtienen el gobierno de la Iglesia, por otra parte, se sienten hermanos con aquellos que forman el pueblo de Dios".

Y aqu铆 viene una hermosa cita de San Agust铆n:

"Si me aterra el hecho de lo que soy para vosotros, esto mismo me consuela, porque estoy con vosotros; para vosotros soy el Obispo, con vosotros soy el cristiano. Aqu茅l es el nombre del cargo, 茅ste el de la gracia; aqu茅l el del peligro, 茅ste el de la salvaci贸n".

3. El papel del laico

Y aqu铆 entonces aparecen varias conclusiones que hemos de destacar.

a) Car谩cter obligatorio del apostolado laico

En primer lugar, el apostolado de los laicos, que vamos a se帽alar m谩s adelante, no es algo facultativo. Todo laico porque pertenece a la Iglesia, porque est谩 injertado en el Cuerpo M铆stico de Cristo, porque est谩 unido a la jerarqu铆a en el servicio de la edificaci贸n del cuerpo de Cristo, tiene una misi贸n apost贸lica. Ahora, c贸mo la cumpla, es cosa diversa, pero todos tienen una misi贸n. Por lo tanto siendo la caridad el mandato primero de la ley y siendo la caridad el fiel de la balanza en el cual nosotros vamos a ser juzgados, la mayor caridad es precisamente el servicio de nuestro pr贸jimo. Y ese servicio de nuestro pr贸jimo, lo hacemos en cualquier forma apost贸lica que vayamos realizando; el juicio definitivo del cristiano va a ser favorable o desfavorable seg煤n si cumplimos o dejamos de cumplir este mandato de la caridad, que no es dar una limosna solamente, que es el servicio de nuestro pr贸jimo. Por lo tanto, el apostolado de los laicos no es algo facultativo -lo quiere hacer, no lo quiere hacer- tiene que hacerlo. No digo que tiene que pertenecer a tal instituci贸n, a tal organizaci贸n. Pero el apostolado tiene que hacerlo porque es la consecuencia de su bautismo. Tampoco es una cuesti贸n de oportunismo. Yo a veces he o铆do esta raz贸n, que siempre he encontrado muy pobre: "Hay tanta escasez de clero; por eso llamamos a los seglares". Es hacerle muy poco favor a los seglares. Aunque hubiera abundancia de clero, siempre la misi贸n del seglar es insustituible. Y repito lo que dije antes, y lo volver茅 a repetir: la Iglesia representa en el mundo el rostro de la Iglesia por el sacerdocio y por el laicado conjuntamente. Una Iglesia clerical no es la Iglesia; una Iglesia totalmente laical no es la Iglesia; sacerdocio y laicado conjuntamente nos dan el rostro verdadero de la Iglesia. Entonces viene el llamado que hace la Iglesia. Llama al laicado para que asuma su misi贸n y al clero para que la deje asumir. As铆 que incumbe a todos los laicos colaborar en la hermosa empresa que el divino designio de salvaci贸n alcance m谩s y m谩s a todos los hombres de todos los tiempos y de todas las tierras; "谩braseles pues, camino por doquier, para que en la medida de sus fuerzas y de las necesidades de los tiempos participen tambi茅n ellos celosamente en la misi贸n salvadora de la Iglesia".

驴Cu谩l es el fundamento por el cual los laicos tienen esta funci贸n y misi贸n? Hay un triple fundamento: Los laicos, toda la Iglesia, dijimos, es sacerdotal en el sentido de que toda la Iglesia debe ofrecer a Cristo el sacrificio de alabanza y los laicos participan del sacerdocio de Cristo por el Bautismo y por la Confirmaci贸n. Hay una diferencia con el sacerdocio ministerial de los presb铆teros que, como dice el Concilio, no s贸lo, es cuesti贸n de grado, sino tambi茅n cuesti贸n de sustancia. Pero con el bautismo el laico tiene la capacidad de ofrecer sacrificios al Se帽or. Todos los actos de nuestra vida vividos en el esp铆ritu de Dios, pasan a ser ofrendas agradables a Dios y entonces comprendemos el valor del trabajo, el valor del sufrimiento, el valor de las l谩grimas. Lo que dijo Juan XXIII, visitando un hospital: "No se debe perder una l谩grima, no se debe perder un dolor". Todo tiene valor divino: la l谩grima, el dolor, el trabajo, todo es ejercicio del sacerdocio. Por lo dem谩s, tiene un fundamento b铆blico muy rico. San Pedro en su Ep铆stola y san Pablo en su primera Ep铆stola a los Corintios nos dice: "Sea que com谩is, sea que beb茅is, sea que hag谩is cualquier cosa, todo hacedlo en el nombre del Se帽or, d谩ndole gracias" 177 . Y este es el sentido de esa expresi贸n que no fue bien comprendida en el primer momento, el a帽o 1957, que dio el Papa P铆o XII en su discurso del apostolado de los laicos, cuando habl贸 y dijo que "la consagraci贸n del mundo es esencialmente obra de los laicos", El laico que es digno en el mundo tiene que consagrar ese mundo en el cual estamos viviendo. Ese mundo del trabajo, ese mundo del que sufre, es el mundo. Las cosas no se consagran por fuera, se consagran por dentro.

Perdonen un chiste, no se si es de buen o mal gusto. Pero yo siempre digo lo que un cristiano en un almac茅n, por ejemplo, no es que tenga el nombre de un santo y, peor que peor, un santo en la puerta; sino que lo cristiano en un almac茅n es que el metro tenga cien cent铆metros y el kilo tenga mil gramos, porque a veces con santo y todo las medidas y las pesas no est谩n de acuerdo con el sistema m茅trico. Esto parece un chiste, pero lo cristiano es el metro, lo cristiano es ah铆 la romana, no es el santo tal. Y nosotros a veces queremos cristianizar por fuera. Cu谩ntas veces -perdonen una confidencia aqu铆- lo invitan a uno a bendecir una m谩quina en una f谩brica, y yo pienso con terror en la frase de P铆o XI en la Quadragesimo Anno: "La materia sale de la f谩brica ennoblecida y el hombre sale de la f谩brica envilecido", Y uno va a bendecir; est谩 bendecida la m谩quina. Cu谩ntas veces la m谩quina no es m谩s que para esclavizar al hombre, no digo que sea siempre. Repito que la consagraci贸n del mundo tiene que hacerla el que est谩 en el mundo, consagrarlo por dentro, tomando su mundo -lo vamos a decir m谩s adelante- y d谩ndole su medida actual. Y Uds. me dir谩n 驴y entonces el sacerdote no tiene ninguna misi贸n? Claro que la tiene e inmensa. Y cuanto m谩s se realza la acci贸n del laico, m谩s grande aparece la funci贸n del sacerdote, much铆simo m谩s grande.

Cuando se estaba tratando esto, no faltaron algunos sacerdotes que dijeron: bueno, los obispos y los laicos resultan "promovidos" y los sacerdotes, no. Al contrario, en la Iglesia la promoci贸n del obispo es la promoci贸n del sacerdote, y la promoci贸n del laico es la promoci贸n del sacerdote, y la promoci贸n del sacerdote es la promoci贸n del laico, Hay una interdependencia enorme, maravillosa entre estas funciones diversas. Al sacerdote le corresponde sobre todo el culto comunitario de la asamblea Eucar铆stica, la entrega oficial de la Palabra de Dios, la convocaci贸n, la reuni贸n del pueblo de Dios. Que las gentes sean capaces de poder ofrecer sus vidas a Cristo mediador. Hay una magn铆fica definici贸n de la di贸cesis en el Decreto del ministerio Pastoral de los Obispos, La di贸cesis es una porci贸n del pueblo de Dios, es un territorio que se conf铆a a un obispo para que lo apaciente con la cooperaci贸n de su presbiterio: de forma que, unidos al pastor y reunidos por 茅l en el Esp铆ritu Santo, por el Evangelio y la Eucarist铆a, constituye una Iglesia particular en que verdaderamente est谩 y obra la Iglesia de Cristo que es una, santa, cat贸lica.

El laico participa de cierta manera del sacerdocio de Cristo, lo que se llama sacerdocio com煤n o sacerdocio de los fieles. En segundo lugar, el laico participa del ministerio prof茅tico de Cristo; -驴qu茅 es ser profeta?- nosotros a veces tenemos una idea un poquito curiosa: los profetas b铆blicos de barbas largas que anunciaban el porvenir. No, no era solamente el porvenir lo que anunciaban los profetas. El profeta era el que proclamaba la palabra de Dios y el que increpaba al pueblo porque no estaba de acuerdo con el mensaje de Dios. El sacerdote con los laicos participan de la funci贸n prof茅tica de Cristo en diferentes maneras. Primero, por el testimonio de la Vida. En el siglo III, ya escrib铆a un autor que nosotros los cristianos: "non multa loquimur, vivimus", "no hablamos muchas cosas, vivimos". Y en la ep铆stola a Diogneto 178 , tambi茅n en esa misma 茅poca, dice lo siguiente: que los cristianos no se diferencian de los dem谩s hombres, llevan la misma vida de los dem谩s, pero se diferencian en el estilo de vida, yeso me parece a m铆 que es fundamental. El cristiano no es el que anda cargado de cruces, de insignias, ni haciendo la se帽al de la cruz a cada instante, ni diciendo jaculatorias. Es sobre todo el que vive, el que da testimonio de su vida. Por lo tanto es el testigo de Dios en medio del pueblo, en medio del mundo. Segundo, por ser el que encarna el mensaje en un determinado ambiente, en una situaci贸n, por ejemplo la familia, la profesi贸n -no vaya entrar en detalles-. Son los que tienen en seguida la funci贸n prof茅tica dando el sentido sobrenatural al acontecimiento. Cu谩nto podr铆amos hablar aqu铆 sobre el sentido sobrenatural del acontecimiento, que no es el fatalismo, que es el sentido de la Providencia, en el sentido de los Padres, que es la fuerza de Cristo en nosotros. Ese hombre extraordinario que se llam贸 P茅guy, hace decir a Dios esa palabra: "je suis l'茅venement", "yo soy el acontecimiento". Y ese testimonio apost贸lico que es la funci贸n prof茅tica del laico, s贸lo produce efecto cuando es expresado con una vida teologal. No se trata de hacerle propaganda a Dios, porque muchos creen eso, No, Dios es el due帽o de todo. Para poder poner a otros en contacto con Dios, uno tiene que estar en contacto con Dios. El contacto que da la Fe, que da la Esperanza, que da la Caridad, esas virtudes teologales que son las que orientan la vida cristiana. Pero, al mismo tiempo, el laico cumple su misi贸n prof茅tica como cooperador de la verdad por la palabra, de donde el laico tiene la obligaci贸n de profundizar en la doctrina. Yo creo que en esto debi茅ramos examinarnos la conciencia, tenemos que reformamos totalmente. "Esta ni帽a ya hizo la primera comuni贸n, se confirm贸 y... aqu铆 no m谩s queda la religi贸n": del sal贸n en el 谩ngulo oscuro, de su due帽o tal vez olvidado. . . ". Esa es la verdad, la obligaci贸n que tenemos. Leemos el diario, compramos toda suerte de revistas, ponemos la radio, ponemos la televisi贸n. Yo no digo que sea mala ninguna de esas cosas. Pero, 驴tenemos el cuidado, el hambre de la Palabra de Dios, tenemos el hambre de conocer mejor a Dios y a Cristo?

b) El compromiso temporal del laico

Y, en segundo lugar, tienen la obligaci贸n -los laicos- de aceptar los compromisos temporales, para poder ah铆, en ese compromiso temporal ser el testigo, ser el que da sentido del acontecimiento y ser el que da la palabra que orienta a la luz de Cristo, y pone en contacto con 茅l.

Por 煤ltimo, el laico participa tambi茅n en este dominio de Cristo. Cristo es Rey y el laico es el hombre que est谩 en las estructuras humanas. Cuidado aqu铆: tenemos que respetar esas estructuras humanas. Todas las estructuras humanas tienen una verdad natural y divina y tenemos nosotros que despertar y poner en juego la teolog铆a que Dios mismo dio a esas estructuras humanas. Sabemos que el mundo ha sido hecho por Dios para el hombre, y que el mundo es bueno porque es de Dios y el mundo conduce a Dios. Estando aqu铆, en una casa jesuita, no puedo olvidarme de la meditaci贸n de San Ignacio del uso de las cosas temporales. El mundo ha sido hecho por Dios para el hombre y el hombre debe despertar constantemente las jerarqu铆as divinas que hay en el mundo para darle al mundo su desarrollo y todas sus fuerzas.

Las 茅pocas hist贸ricas tuvieron su valor. Es est煤pido (perdonen la palabra) comenzar a criticar las 茅pocas hist贸ricas. Todas tuvieron su valor y tuvieron su raz贸n de ser. Pero as铆 como tuvieron su valor y su raz贸n de ser, dejaron de tenerla 179 . Y as铆 como es est煤pido renegar de esas 茅pocas hist贸ricas, es insensato querer aplicar estos datos hist贸ricos, ya pasados, a las circunstancias actuales del mundo. La era constantiniana tuvo un valor. La cristiandad medieval, tuvo un valor. Pero hoy d铆a no podemos hacer ni la era constantiniana, ni la cristiana medieval. Podr铆a aqu铆 seguir enumerando otras cosas, pero me he quedado en el siglo XIII porque es m谩s seguro.

El gran peligro de querer retornar a algo, es imponer en nombre de Cristo una imagen sobre la vida o una estructura muerta. Qu茅 mal espantoso se ha hecho en hacer coincidir el Occidente con el Cristianismo. Es la tragedia de las misiones lejanas. Se ha querido occidentalizar esas culturas m谩s antiguas que la misma cultura occidental, como la cultura china, la cultura japonesa, etc... Por eso el P. Mateo Ricci, el gran misionero de la China, en el siglo XV - XVI, tuvo una visi贸n extraordinaria. y qui茅n nos dice que ma帽ana todas esas culturas antiguas no ofrecer谩n al cristianismo un campo maravilloso donde podr谩 desarrollarse siempre que no se ligue a una estructura determinada. Occidente tiene un valor, el Occidente cristiano. Pero, ser铆a absurdo, il贸gico, renovar ese valor del occidente cristiano. No queramos imponer la figura occidental a todo un mundo que tiene otras culturas y otros modos de ver.

Nos dice el Concilio:

"Deben pues los fieles conocer la naturaleza 铆ntima de todas las criaturas, su valor y su ordenaci贸n a la gloria de Dios, y adem谩s deben ayudarse entre s铆 tambi茅n mediante actividades seculares para lograr una vida m谩s santa, de suerte que el mundo se impregne del Esp铆ritu de Cristo y alcance m谩s eficazmente la justicia, la caridad y la paz".

Esto significa para nosotros comprender la 茅poca, el momento del mundo que estamos viviendo. Y esta Constituci贸n Conciliar nos muestra precisamente el cambio del mundo, la metamorfosis que el mundo est谩 sufriendo en todos sus aspectos. La metamorfosis incluso cultural, psicol贸gica, es lo que tenemos que comprender. Esto significa entonces que el cristiano tiene que estar presente en el problema del desarrollo. En un trabajo que hice sobre esa materia el a帽o pasado, yo dec铆a lo siguiente:

hace pocos d铆as cumpl铆 39 a帽os de sacerdocio -en los 38 dec铆a entonces - hasta ahora nadie se hab铆a acusado de no cooperar con el desarrollo (no falto en nada al sigilo de la confesi贸n). Yo creo que tenemos que examinamos la conciencia porque el desarrollo tiene como fin, que el mundo alcance su medida. Esos ni帽os y esa gente que muere de inanici贸n y esas poblaciones marginales... No es que cada uno sea responsable singular de ello; pero s铆 somos responsables si acaso nosotros no cooperamos en el desarrollo. Y el desarrollo es lo que dijo el Cardenal. . . -el nuevo nombre de la paz- La paz hoy d铆a se llama desarrollo y el subdesarrollo se llama guerra. Y para nosotros los latinoamericanos la bomba at贸mica se llama subdesarrollo.

Segundo, el perfeccionamiento de la persona, no de la nuestra, tenemos que en todo lo que signifique perfeccionar la persona humana, las tareas de la cultura, las tareas de la instrucci贸n, las tareas de la habitaci贸n, son tareas del hombre y por lo tanto tareas del cristiano. Porque -como lo dec铆a Paulo VI en su discurso del 7 de diciembre-: "La iglesia est谩 hecha para el hombre y para el servicio del hombre".

Y en tercer lugar, se nos llama a la construcci贸n del mundo. Yo veo que vamos r谩pidamente, despu茅s de este Concilio, a hacer la teolog铆a de las actividades humanas fundadas en el servicio. Y aqu铆 viene la teolog铆a del trabajo, la teolog铆a del saber, del intelectual, del profesional, del pol铆tico, es decir, del hombre que interviene en la cosa p煤blica, la teolog铆a de todas las actividades humanas para que este servicio beneficie a todos los hombres. Y eso explica por qu茅 la Iglesia tiene tanto en el tapete su doctrina social. Hay personas que han dicho que es oportunismo de la Iglesia. Al contrario, la Iglesia quiere poner en los laicos la conciencia de que es cumpliendo su labor social, edificando el mundo y d谩ndole al mundo una medida humana como est谩n sirviendo al mundo, a Dios y a Cristo.

c) El Decreto del Apostolado de los Seglares

Llego al decreto "Apostolicam Actuositatem". Esto es un decreto sobre el apostolado de los seglares. Yo quer铆a citarles algo sobre la historia de este decreto, pero vaya decir dos palabras nada m谩s. Y es que por primera vez en la historia de los Concilios -desde los Concilios de Jerusal茅n en, el siglo I, desde el siglo IV hasta ahora, 茅sta es la primera vez que se dedica un decreto s贸lo a los laicos. Es una situaci贸n nueva. 驴Qu茅 es lo que hab铆a antes? Hab铆a laicos sobresalientes por su virtud, por su trabajo. Eran una excepci贸n. Pero el laicado como tal, no ten铆a existencia reconocida como una categor铆a distinta en la historia de la Iglesia. Y ahora el laicado aparece como un organismo en el seno del pueblo de Dios. Los laicos forman el laicado. El laicado es dentro del pueblo de Dios, el conjunto de los laicos organizados y armonizados, tal como una composici贸n musical. No se trata de entonar notas, se trata de jerarquizadas, armonizadas, y ah铆 saldr谩 la composici贸n musical.

Llegamos entonces a lo que nos dice esto. Primero, que los laicos -perdonen por repetido, debo repetirlo- participan en la misi贸n de la Iglesia, pero participan de un modo propio, de un modo laical, por eso el laico es el laico. Y el beato -esa palabra que no nos gusta mucho- es el laico que juega al cl茅rigo, o como dijo uno m谩s maligno "que no ofende a Dios pero lo molesta". Pero esta originalidad del laico 驴de d贸nde viene? Precede de lo espec铆fico de su estado y de su situaci贸n en el mundo. Vive en el mundo, en medio de las cosas profanas, su desaf铆o entonces, primero es santificar al mundo profano. No se olviden que la palabra profana viene de profanus: lo que est谩 antes del templo. Despu茅s se ha cambiado el sentido y ha pasado a tener un sentido peyorativo. Pero la vocaci贸n laical es santificar al mundo profano, y esa vocaci贸n de santificar el mundo profano (lo dice la "Lumen Gentium" y lo dice "el apostolado de los seglares") determina la espiritualidad del laico. Esta espiritualidad del laico se inspira en la vida activa del laico en medio del mundo y de los hombres. Es como lo dec铆a hace un instante, un servicio de fe, de esperanza, de caridad. Hoy se ejercita la caridad sirviendo a los hermanos. Y ah铆 como en el decreto de los presb铆teros se dice una cosa hermos铆sima, que muchas veces en la vida de los sacerdotes hay el peligro de la dispersi贸n en medio de las m煤ltiples actividades del sacerdote, es la caridad pastoral -esto est谩 tomado, de Sto. Tom谩s. Sto. Tom谩s define al sacerdote: "un hombre que por amor de Dios se consagra al servicio de sus hermanos". As铆 tambi茅n entonces, el laicado se inspira en la vida activa. No es un hombre que se retira -tengamos cuidado, este es el gran peligro-. En otras 茅pocas ten铆amos una pastoral de conservaci贸n (驴preservaci贸n?). Entonces hicimos el teatro cat贸lico, el club cat贸lico, el billar cat贸lico y la piscina cat贸lica. Y 驴qu茅 sacamos con esto? que el cristiano fuera un hombre separado del mundo. El cristiano es un hombre presente al mundo y a los hombres, pero presente en virtud, no de una simple filantrop铆a, sino en virtud de la fe, esperanza y caridad. De la fe porque sabe que llega al Cristo de la esperanza, porque espera el mundo futuro y de la caridad, porque ama a Cristo en el amor de sus hermanos.

Los elementos -lo repito- de esa espiritualidad, no est谩n en el aire sino en las condiciones concretas de su existencia, de la familia, de la profesi贸n, de su situaci贸n social. He aqu铆 por ejemplo, c贸mo hemos de alabar al movimiento familiar cristiano que da una espiritualidad a la familia, a la vida conyugal, a todo lo que significa la vida de familia. Por qu茅 no hablar tambi茅n de la profesi贸n, la profesi贸n tomada no como un simple medio de actividad humana o de subsistencia, sino que tomada al mismo tiempo, como una vocaci贸n en medio del mundo, en nuestro ambiente social, en nuestro barrio, en el ambiente en que vivimos. Entonces esa espiritualidad se estira en la vida activa de los

seglares, toma sus elementos de las condiciones concretas de su existencia y se desarrolla -y esto me parece muy importante- en una espiritualidad de los estados de vida.

En el a帽o 1957, en el Congreso del apostolado laico, me toc贸 hablar sobre este tema: la espiritualidad. Y debo insistir en la espiritualidad de los estados de vida. Que cada estado de vida llama a la Santidad. Porque en la Iglesia, y esto lo dice maravillosamente el Concilio: "la vocaci贸n a la Santidad es universal", estamos llamados todos a la santidad. Y todo estado de vida, sea el sacerdocio, el religioso, el laicado, todos estos son estados que deben llevamos a lo que es la condici贸n final de la vida cristiana. Porque la vida cristiana debe conducimos a Cristo y la posesi贸n de Cristo es la santidad.

Nuestro apostolado, sin embargo, se especifica en forma aparentemente diversa. Vaya se帽alarlas muy r谩pidamente: Primero; el apostolado de la evangelizaci贸n y santificaci贸n de los hombres, el decreto habla de esto en algunos aspectos. Segundo; la participaci贸n en la vida lit煤rgica. Qu茅 importante es esto. C贸mo debi茅ramos nosotros hacer de nuestra Iglesia, de nuestros actos lit煤rgicos una cosa atrayente, hermosa. Yo le铆 hace dos o tres a帽os un art铆culo que se llamaba "El gusto de o铆r misa", no el dolor de o铆r misa, sino que el gusto de o铆r misa. La Misa como una fiesta, la fiesta de la familia de Dios que se re煤ne y donde nos sentimos maravillosamente hermanados en una sola oraci贸n y sabemos cantar con lo que Dios nos dio para cantar. Yo siempre les digo as铆 a los que les dio mala voz: cantamos mal, en el reino de las aves hay jilgueros y hay queltehues y cada uno canta a su manera, pero todos cantan al Se帽or.

IV. Dos grandes preocupaciones actuales

1. Participaci贸n con el movimiento ecum茅nico; el movimiento ecum茅nico tenemos que comprenderlo. No se trata de un casi hero铆smo, de renunciar a nuestras doctrinas. No se trata de halagarse, se trata de convivir en caridad con nuestros hermanos y llegar谩 el d铆a -eso estar谩 en el misterio de Dios y en nuestra oraci贸n, caridad y santidad- llegar谩 el d铆a entonces en que esa unidad se realice y se cumplir谩 el deseo de Cristo. Hay un solo reba帽o y un solo pastor. Pero como no sabemos cu谩ndo vendr谩 ese d铆a, nos toca a nosotros tomar parte y tomar una actitud de di谩logo con nuestros hermanos, una actitud de comprensi贸n, como la hay de ambos lados. Yo no puedo aqu铆, en este momento, dejar de mencionar y lo hago en forma personal y casi cumpliendo un deber personal de amistad y gratitud con los hermanos de Taiz茅, Comunidad protestante de Borgo帽a de 40 religiosos que viven la vida contemplativa orando por la unidad. Cuando el obispado a mi cargo hizo un trabajo en la Reforma Agraria, la primera ayuda vino de mis hermanos, que no tienen la misma fe, ni la misma lengua, ni la misma raza, y que no son ricos y que en este momento -los hermanos de Taiz茅- imprimen un Nuevo Testamento, un mill贸n de ejemplares para distribuir en la Am茅rica Latina, en edici贸n ecum茅nica. En el movimiento misionero del mundo, cuando nosotros vemos que llegan a nosotros, aqu铆 a Chile, de diversos pa铆ses, porque sienten la necesidad de cooperar con nosotros, 驴no sentimos nosotros, tal vez, la intranquilidad de ser s贸lo los que recibimos?

2. Pero sobre todo debo detenerme en otra cosa: la instauraci贸n cristiana del orden de las cosas temporales. El orden temporal tiene un valor propio, goza de una autonom铆a. Y los laicos obran en ese orden temporal con su responsabilidad propia. Yo no le voy a decir al abogado c贸mo defienda su juicio, no le voy a decir al ingeniero c贸mo haga sus c谩lculos, ni le voy a decir al m茅dico, ni al obrero c贸mo ejecute tal cosa. Por la taz贸n de que no soy t茅cnico y porque soy incompetente. Pero s铆 yo le voy a decir al laico que este mundo temporal debe conocerlo, debe juzgarlo, debe dar la respuesta a los problemas que le den. Debe perfeccionarlo. Nosotros no conocemos nuestro mundo, no conocemos porque no dialogamos. Yo siempre me recuerdo de esa pel铆cula hermos铆sima de Pierre Fresnay. Cuando en esa noche en el conventillo, San Vicente de Pa煤l, oye el grito del borracho, oye la mujer de vida p煤blica que va golpeando las puertas, oye la tos del tuberculoso, etc., y entonces se toma la cabeza y dice: "Se帽or, perd贸n, no lo sab铆a", Nosotros tenemos que decir esto: no conocemos ese mundo temporal, conocemos nuestro mundito: nuestro c铆rculo. Tenemos que conocerlo y tomar conciencia de la realidad. Tenemos que amarlo porque muchas veces nosotros conocemos pero no amamos. Valery tiene una p谩gina hermos铆sima en que cuenta a ese turista que entra a un museo y mira todas las pinturas y no aprecia ninguna. Y pone en la puerta del museo esta frase: "No entres sin amar, depende de ti que yo sea tumba a tesoro". Nosotros tenemos necesidad de juzgar, formar un juicio sobre los problemas del mundo. Porque cuanto m谩s el mundo profano crece, se hace m谩s dif铆cil la formulaci贸n de los juicios cristianos. Tenemos necesidad de tres fuentes: oraci贸n, doctrina y apostolado. Con la oraci贸n tomaremos el sentido sobrenatural de las cosas. En la doctrina profundizaremos en la realidad que se nos dice. Como movimiento apost贸lico entraremos en contacto con los problemas. Y por ultimo, realizar. El laico no puede o铆r un llamado sin responder. Su respuesta debe ser una respuesta en acci贸n. Y hoy d铆a el mundo nos lo exige a nosotros, en estos cambios profundos que el mundo est谩 sufriendo.

De ah铆 que la Constituci贸n sobre "La Iglesia en el mundo de hoy" nos exige mayor autenticidad, una adhesi贸n personal a la fe, una verdadera concordancia con esa fe, un sentido aut茅ntico de la divino. Todo esto nos exige el mundo de hoy y as铆 tenemos que actuar.

Y aqu铆 una palabra muy especial para la Acci贸n Cat贸lica. La Acci贸n Cat贸lica no ha terminado con el Concilio como algunos deseaban. La Acci贸n Cat贸lica sigue siendo una forma eminente del apostolado seglar y sigue siendo una acci贸n que le es particularmente exclusiva. Que dejando campo abierto a otras formas del apostolado laico, sin embargo, ella por ser esa cooperaci贸n con la jerarqu铆a, por su universalidad y por ir buscando los mismos fines y el mismo fin de la Iglesia tiene siempre en el pensamiento de la jerarqu铆a de la Iglesia un lugar muy especial sin que sea exclusiva.

Conclusi贸n

Y termino mostr谩ndoles una cosa que creo tiene importancia. Empin茅monos un poquito sobre el momento actual y miremos un mundo que se est谩 haciendo, un mundo que debemos hacer, un mundo que debemos hacer mejor, un mundo que debemos hacer m谩s bello y que debemos hacer m谩s santo. Y veremos c贸mo Dios tiene en todo momento una respuesta a los problemas del mundo y que esa respuesta se llam贸 Juan XXIII, esa respuesta se llam贸 Concilio Vaticano II y se llama Paulo VI. Y es una respuesta enorme, inmensa que nosotros tenemos la obligaci贸n de penetrar. En tanto, hay dos peligros: el peligro de quedamos "a lo que te criaste", que es un peligro grav铆simo; "no nos vengan con novedades", "la Iglesia es la misma". Es una Iglesia rejuvenecida y renovada, y ser铆a una infidelidad al Esp铆ritu Santo no o铆r la voz de Dios que nos habla en el Concilio. Y el otro peligro, de querer lanzamos por nuestra cuenta, de querer hacer un Concilio a nuestra manera, que la Iglesia de este modo, que tambi茅n es un peligro grav铆simo que debemos evitar. Por lo tanto, debemos conocer y empinamos -dec铆a yo- sobre esta hora del mundo y mirar c贸mo los laicos en este momento reciben una vocaci贸n extraordinaria. Una vocaci贸n que tienen desde el comienzo de la Iglesia, que es una vocaci贸n que aflora en este momento actual del Concilio y que ciertamente es una se帽al maravillosa de la juventud de la Iglesia, de la fuerza de la Iglesia y sobre todo lo que Dios est谩 preparando para el hombre. Yo tengo un optimismo inmenso, porque no veo problemas, ni peligros, ni dificultades, ni males. Sino que cuando yo veo que Dios ha puesto estas premisas es porque Dios va a sacar tambi茅n las consecuencias. Y esas premisas se llaman precisamente, esa promoci贸n del laicado en medio del mundo, para salvar al mundo y, al mismo tiempo, darle a la Iglesia ese aporte y esa vitalidad que la Iglesia espera. Por fin, podremos hacer una Iglesia a la medida de los hombres y a la altura de Dios, QUE ES LO QUE EL CONCILIO PIDE.


Y termino leyendo la 煤ltima p谩gina de la Constituci贸n Conciliar "La Iglesia en el mundo de hoy": "Los cristianos teniendo presente la palabra de Dios: "En esto conocer谩n todos que sois mis disc铆pulos, si os am谩is los unos a los otros" 180 . Nada desean m谩s ardientemente que servir con generosidad y eficacia a los hombres del mundo presente. As铆, fieles al Evangelio y confiados de las energ铆as que de 茅l provienen, han aprendido, con todos los que aman y defienden la justicia, aquella gran obra, de la cual deber谩n dar cuenta a Aqu茅l que nos ha de juzgar a todos el 煤ltimo d铆a. No todos los que dicen "Se帽or, Se帽or" entrar谩n en el reino de los cielos, sino aqu茅llos que hacen la voluntad del Padre y ponen de veras manos a la obra. El Padre quiere que veamos en todos los hombres y amemos realmente a Cristo hermano, de palabra y de obra, dando as铆 testimonio de la verdad. Quiere tambi茅n que comuniquemos a todos el misterio del amor del Padre celestial. Por esta v铆a, en todo el mundo, los hombres ser谩n animados a una viva esperanza, que es don del Esp铆ritu Santo, hasta que finalmente sean recibidos en la paz y felicidad supremas, en la Patria que resplandece en la gloria del Se帽or. "A Aqu茅l que es capaz de hacerlo todo, mejor de lo que pedimos o entendemos, seg煤n el poder que obra en nosotros, a El la Gloria en la Iglesia y en Cristo Jes煤s, para siempre. Am茅n" 181 182 .


89

Texto latino original: Acta Synodalis Sacrosancti Concilii Oecumenici Vaticani II. Vol. II. Periodus Secunda.
Pars III (Congregaciones Generales L-LVIII). Typis Polyglottis Vaticanis, 1972, pp. 223-226.
Traducci贸n del P. Fernando Retamal.
Esta es la 54陋 Congregaci贸n General y en ella se debate el esquema 鈥淒e Ecclesia鈥�.

90

鈥淓l Emmo. Cardenal Ra煤l Silva ya se ha referido suficientemente en esta Aula conciliar a esta visi贸n de acuerdo a las tres funciones indicadas鈥�.

91

El t茅rmino 鈥渕谩rtir鈥� en su significado original griego significa 鈥渢estigo鈥�.

92

Jn.1, 8.

93

Jn. 18, 37.

94

Ap. 11,7.

95

Ap. 1,8.

96

Jn. 16,33.

97

Aparecido en: D. M., p. 4.

98

Jean Guitton. Famoso literato franc茅s contempor谩neo. Tiene obras sobre Plotino, Agust铆n y otros temas filos贸ficos, religiosos y ecum茅nicos. Es amigo personal de Pablo IV.
Algunos subt铆tulos han sido agregados para facilitar su lectura.

99

Reportaje del D.M.

100

Carta Pastoral dirigida al clero y fieles, Talca.

101

Alocuci贸n al clero, 1965.

102

鈥淓l tiempo de mi partida es inminente鈥�. 2 Tim. 4, 6.

103

St. 11, 2.

104

Lc. 16, 44.

105

St. 44, 8.

106

Jn. 10, 10.

107

Jn. 17, 22.

108

Cfr. Ef. 1,10.

109

Ignacio de Antioqu铆a. Obispo de Antioqu铆a. M谩rtir de principios del siglo II. Es uno de los Padres Apolog茅ticos. Ejemplo de humildad y sacrificio por la fe.

110

Tr.: 鈥淐ooperadores de nuestro orden鈥�.

111

Algunos subt铆tulos han sido agregados para facilitar su lectura.

112

Mt. 4, 13.

113

1Co. 4, 1.

114

Tr.: 鈥渄ar cuenta鈥�, es decir, del juicio.

115

Tr.: 鈥溌y de m铆, porque call茅!鈥�.

116

1Jn. 5, 4.

117

Tr.: 鈥渕inisterio de ense帽ar, santificar y regir鈥�.

118

鈥淧ara dar la ciencia de la salvaci贸n a su pueblo鈥�. Lc. 1, 77. Con estas palabras se expresa prof茅ticamente el significado de la venida de Cristo.

119

Jn. 3, 16.

120

Tr.: 鈥淚nstaurar todas las cosas en Cristo鈥�.

121

Cfr. Hch. 2, 44-55.

122

Hch. 4, 4.

123

Carta privada al clero diocesano y religioso de la di贸cesis.

124

Juan XXIII: Ad Petri Cathedram.

125

Algunos subtitulos han sido agregados para facilitar su lectura.

126

Juan XXIII: Discurso inaugural.

127

Ibid.

128

Ibid.

129

Ibid.

130

Ibid.

131

Ibid.

132

Ibid.

133

Ibid.

134

Ibid.

135

Ibid.

136

Ibid.

137

Ibid.

138

1 Co. 4, 1.

139

Santiago de Chile, Ed. Universidad Cat贸lica (1962), 40 p.

140

Tr.: 鈥渄onde hay caridad y amor, ah铆 esta Dios鈥�. Son las primeras letras del himno lit煤rgico griego-cristiano: 鈥淯bi Caritas鈥�.

141

Juan XXIII, Discurso del 11 de septiembre de 1962.

142

Documento Conciliar sobre las misiones.

143

Jean Guitton. Famoso literato franc茅s contempor谩neo. Tiene obras sobre Plotino, Agust铆n y otros temas filos贸ficos, religiosos y ecum茅nicos. Es amigo personal de Paulo VI.

144

Estudio de Mons. Larra铆n, encontrado en si escritorio y para enviar a los Obispos.

145

El Gobierno dem贸crata-cristiano del presidente Eduardo Frei comenz贸 el 4 de noviembre, 1964. Expreso su orientaci贸n en la consigna 鈥渞evoluci贸n en libertad鈥�.

146

La Revista Fiducia apareci贸 en 1963.

147

Tr.: 鈥渙ficio de ense帽ar, santificar y regir鈥�.

148

En la 鈥�1陋 Semana Social de Chile鈥�, Mons. Larra铆n tuvo a su cargo el discurso inaugural: 鈥淟a Comunidad Nacional鈥�.

149

Declaraciones de Mons. Larra铆n para Incunable.

150

Papa Pablo VI, Discurso del 7 de diciembre, 1965.

151

Lumen Pentium o Luz de las Gentes. Nombre del documento del Concilio Vaticano II, referente a la Iglesia.

152

Frase perteneciente a Tertuliano.

153

鈥淟os sacramentos est谩n en funci贸n de los hombres鈥�.

154

Santiago: Editorial Universidad Cat贸lica (1965).

155

Taiz茅, monasterio de hermanos evang茅licos, ubicado en Francia, conocido por su espiritualidad ecum茅nica y actitud evang茅lica.

156

Tr.: 鈥淪obre la iglesia de los pobres鈥�.

157

Suenens (Card.), Arzobispo de Manilas (B茅lgica).

158

Montini (Card.), el actual Papa Paulo VI, era entonces Arzobispo de Mil谩n.

159

Hch. 3,6.

160

Hch. 3,6.

161

Tr.: 鈥淎cerca del ajuar sagrado鈥�.

162

Tr.: 鈥淗a parecido al Sto. S铆nodo oportuno expresar su deseo de que aquellos ornamentos y manifestaciones que nada aportan a un digno resplandor y a una belleza sobria, sino m谩s bien se asemejan a las vanidades mundanas por su inadecuada magnificencia y pompa, sean completamente suprimidos en el culto鈥�.

163

Tr.: 鈥渕谩s bien servir que presidir鈥�.

164

Tr.: 鈥淣o quieran que se les llame maestros鈥�.

165

Tr.: 鈥淪ac贸 a los poderosos de sus tronos y exalt贸 a los humildes鈥�, Lc. 1, 52.

166

Manuscrito con el t铆tulo: "Instrucci贸n pastoral. Hagamos realidad el Concilio Vaticano II".

167

Cap. I, Constituci贸n de Ecclesia, Esquema XIII.

168

Cap. V, Constituci贸n de la Universal Vocaci贸n a la santidad.

169

Cap. VII, Constituci贸n de la 脥ndole escatol贸gica de la Iglesia peregrinante.

170

Cap. VIII, Constituci贸n de la Sma. Virgen Mar铆a.

171

Palabras ininteligibles en los apuntes.

172

Algunos subt铆tulos han sido agregados para facilitar su lectura.

173

Congar Ives, te贸logo dominico franc茅s contempor谩neo, especializado en Eclesiolog铆a.

174

Suhard, Card., Arzobispo de Par铆s.

175

Gn. 1. 31

176

Gn. 1. 28.

177

1 Co. 10, 31.

178

Ep铆stola de Diogneto, Cap. V.

179

Lumen gentium, 36. 2.

180

Jn. 13,35.

181

Ef. 3,20-21.

182

Constituci贸n Gaudium et spes, No. 93.
Consultas

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