La participaci贸n de Monse帽or Larra铆n en el Concilio Vaticano II fue intensa.
El 31-VIII-1960 se anuncia oficialmente la composici贸n de la nueva Comisi贸n para el Apostolado de los Laicos, que consta de 25 miembros y 17 consultores: entre estos se haya este obispo.
El 14-XI-1960 se inicia en presencia del Papa Juan XXIII el per铆odo "preparatorio" del Concilio. Mons. Larra铆n es designado "miembro" de la mencionada Comisi贸n para el Apostolado de los Laicos.
En I y VI-1961 y a comienzos de 1962 concurre a Roma para participar en las sesiones de dicha Comisi贸n.
Entre el U-X y el 8-XII-1962, al iniciarse el 1.er per铆odo del Concilio se efect煤a la laboriosa elecci贸n de los miembros de las diversas Comisiones conciliares. En la Comisi贸n sobre el Apostolado de los laicos, Prensa y Espect谩culos, que preside el Cardenal Cento es elegido como integrante con 871 votos.
El 12-Il-1962, en la 17a Congregaci贸n General se debaten los cap铆tulos finales del esquema sobre Liturgia y en ella interviene Monse帽or.
El 23-X-1963, durante la 54a Congregaci贸n General, en el 2潞 per铆odo (29-IX-4-XlI-1963) interviene durante el debate sobre el Esquema "De EccIesia".
Entre el 23 y el 24-IV-1964, bajo la presidencia de Mons. Manuel Larrain, Presidente del CELAM, se re煤nen en Lima 9 obispos y 8 sacerdotes expertos en Liturgia, a fin de llevar a la pr谩ctica la doctrina conciliar sobre la Liturgia. All铆 se decide:
1) La formaci贸n de profesores de Liturgia para los seminaristas, religiosos y laicos; se formar谩n equipos m贸viles, para servir a los obispos que los soliciten; y
2) La creaci贸n de un equipo de especialistas de Am茅rica Latina y Espa帽a, que se ocupe de la traducci贸n de los libros lit煤rgicos al castellano y portugu茅s y a los dialectos.
El 18-1X-1964, durante la 83a Congregaci贸n General celebra la misa ante todos los Padres Conciliares.
EI 10-X-1964 da en Roma una conferencia de prensa durante el debate acerca del apostolado de los laicos.
El 5-X-1965, en la 142潞 Congregaci贸n General, durante el 4a per铆odo (14-1X-7-XII1965) interviene durante la discusi贸n del Esquema Xl1I, futuro documento sobre la Iglesia en el mundo contempor谩neo: Constituci贸n pastoral "Gaudium et spes".
El 12-XI-1965, en la 159a Congregaci贸n General presenta nuestro Obis-po, junto a otros Padres, su parecer acerca del asunto de las indulgencias.
Todas estas intervenciones se encuentran en los siguientes documentos:
- Acta De Documento Concilio Oecumenico Vaticano 11 apparando;
- Acta Synodalia Sacrosancti Concilii Oecumenici Vatican铆 11:
Typis Polyglottis Vaticanis. 1970... (A煤n apareciendo);
- Giovanni Caprile, Il. Concilio Vaticano Il, 5 vol煤menes en 6 tomos;
Roma: La Civilt脿 Cattolica, 1965-1969.
Las ponencias del Obispo las iremos presentando a lo largo de nuestros vol煤menes.
"Venerables Padres, muy queridos Auditores y car铆simos Observadores:
La redacci贸n del cap铆tulo acerca del Pueblo de Dios es, seg煤n creo, de la mayor importancia para perfeccionar la imagen de la Iglesia, como ya ha sido dicho en esta Aula conciliar.
En efecto, en el cap. I, la descripci贸n de la Iglesia necesariamente deb铆a ser de car谩cter "esencial"; bell铆sima, ciertamente, pero, por as铆 decirlo, un tanto abstracta e intemporal; en cambio la Iglesia que peregrina en la tierra, es un misterio encarnado en la historia humana.
En mi modesta opini贸n, se hace necesario que este esquema, redactado por nuestro S铆nodo pastoral y ecum茅nico, se帽ale tambi茅n algunos elementos m谩s cercanos a la existencia concreta.
Esto puede llevarse a cabo con propiedad y de mejor manera en un cap铆tulo acerca del Pueblo de Dios que en el otro sobre el misterio de la Iglesia. Para proceder m谩s teol贸gicamente, opino que se debe introducir en este cap铆tulo la descripci贸n de la triple funci贸n del pueblo de Dios, es decir, la funci贸n prof茅tica, sacerdotal y real, en la que puede hallarse concretamente toda la misi贸n de la Iglesia en la historia.
El cap铆tulo acerca de la jerarqu铆a aplica con acierto esta triple funci贸n a los que presiden; y el cap. IV sobre los laicos, deber铆a aplicar tambi茅n esto a los mismos laicos. De este modo, tendr铆amos id茅nticas categor铆as teol贸gicas en todo el esquema y se asegurar铆a mejor su unidad 90 .
En nombre propio y en el de m谩s de sesenta obispos de Am茅rica Latina entregar茅 por escrito a la Secretar铆a una visi贸n de conjunto sobre la totalidad.
S茅ame permitido ahora a帽adir algo acerca de la funci贸n prof茅tica del Pueblo de Dios.
La funci贸n prof茅tica del pueblo de Dios, implica para todos la grave obligaci贸n de predicar y de dar testimonio.
El Pueblo de Dios es "testigo" o "m谩rtir" 91 del misterio de Cristo entre los hombres, mediante su palabra, su actuaci贸n y su vida entera. Se aplica con raz贸n a todo el pueblo de Dios lo que el evangelista dijo acerca de Juan Bautista: "El no era la luz, sino quien diera testimonio de la luz" 92 .
En la consagraci贸n bautismal, por la cual el pueblo de Dios se dilata, todo fiel es signado en vistas de un testimonio; la regeneraci贸n en Cristo, al hacemos participantes de su muerte es, en verdad, una vocaci贸n ontol贸gica para el testimonio, y como una tendencia sobrenatural conferida en orden al martirio. El pueblo de Dios est谩 en el mundo para dar testimonio de la verdad 93 y debe saber que el martirio es la culminaci贸n del testimonio 94 鈥. la inevitable imitaci贸n del camino de la cruz 95 , a trav茅s del cual el Se帽or ha vencido al mundo 96 .
Por consiguiente, el cap铆tulo acerca del pueblo de Dios, debe hablar con claridad acerca de este oficio prof茅tico de predicar y dar testimonio.
1. La palabra misma de Dios contenida en el dep贸sito de la revelaci贸n y entregada al pueblo de Dios, es la que lo impulsa a ejercer esta funci贸n prof茅tica. La posesi贸n de la palabra de Dios no implica una recepci贸n pasiva, como si se tratara de defenderla encerrada en un cofre para que no se pierda. Las palabras de la revelaci贸n son esp铆ritu y vida, no para perfeccionar alg煤n" sistema" doctrinal: la revelaci贸n no puede reducirse a la teolog铆a, sino que es una buena nueva, "evangelio" de renovaci贸n, que debe hacer fermentar a toda la masa de la humanidad.
El pueblo de Dios, portador de la fuerza de esta palabra, debe dar testimonio de ella, ya sea en la predicaci贸n ya sea en un estilo evang茅lico de vida. El esquema habla lo bastante acerca del magisterio de los obispos y del Romano Pont铆fice, pero poco acerca de la predicaci贸n. Con todo, la misi贸n de la Iglesia se realiza ante todo por la predicaci贸n del Evangelio. En efecto, 驴c贸mo creer谩n los hombres si no escuchan?, 驴y c贸mo escuchar谩n sin nadie que les predique?
La predicaci贸n del Evangelio conlleva siempre el contacto de una persona con otra, puesto que la vocaci贸n personal de Jesucristo s贸lo se transmite mediante la palabra personal de sus ministros. Los modernos medios t茅cnicos de multiplicaci贸n y difusi贸n de las palabras e im谩genes, aunque 煤tiles e incluso necesarios en las actuales circunstancias, no pueden sustituir a la palabra personal por la cual cada ap贸stol habla al coraz贸n de los hombres.
Junto con la predicaci贸n, esta misi贸n de la Iglesia requiere tambi茅n el testimonio de un estilo evang茅lico de vida. Como escribi贸 S. Cipriano: "nosotros los cristianos no hablamos grandezas, las vivimos". El estilo evang茅lico de vida debe ser percibido clara y constantemente a trav茅s de una pobreza no ficticia, de la castidad del amor, de la obediencia libre, de la oraci贸n y el ayuno, de las persecuciones, de la caridad.
2. Hist贸ricamente, o sea en la existencia concreta de la Iglesia que peregrina, el Pueblo de Dios no siempre ha cumplido bien esta funci贸n, tal como hemos visto en la historia del antiguo Israel. El nuevo cap铆tulo acerca del pueblo de Dios, presenta la oportunidad de indicar claramente la distinci贸n que debe hacerse entre la esencia inmaculada de la Iglesia sin ninguna arruga, y los pecados y defectos de sus miembros a trav茅s de los siglos. De este modo en el esquema ser谩 imposible aquella visi贸n angelical; por el contrario, la descripci贸n de los miembros mismos del pueblo de Dios que hacen penitencia, que imploran la misericordia divina y se perdonan mutuamente las ofensas, mostrar谩 a los hombres con mayor verdad tambi茅n los aspectos humanos del misterio de la Iglesia. Por lo dem谩s 驴no es acaso la penitencia una de las virtudes espec铆ficas a la cual se consagran los cristianos mediante un sacramento determinado?
3. La obligaci贸n de dar testimonio del misterio de Cristo entra帽a la necesidad de una permanente reforma del pueblo de Dios, tal como ha sido se帽alado en este Sacrosanto S铆nodo. A fin de que la luz de Cristo no quede oscurecida, la Iglesia debe amar la renovaci贸n y la adaptaci贸n como una caracter铆stica inherente al pueblo peregrino.
M谩s todav铆a, para realizar dicha reforma el Esp铆ritu suscita testigos especiales, los santos y los m谩rtires adornados con carismas peculiares, de los cuales la Iglesia jam谩s ha carecido ni carecer谩. Recordad, Padres, por ejemplo a S. Francisco de As铆s o a S. Carlos o a los santos fundadores.
4. En fin, la misi贸n hist贸rica de la Iglesia invita siempre a la conversi贸n: "Convert铆os y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisi贸n de vuestros pecados, y recibir茅is el don del Esp铆ritu Santo" (Hechos 2,38). La "conversi贸n" consiste siempre en una actitud personal que impulsa a los hombres a abandonar sus malas acciones y profesar su fe en Cristo resucitado. Sin embargo, la conversi贸n verdadera no es fruto de una imitaci贸n exterior ni de decretos de p煤blica autoridad, ni de cierta apetencia de bienes materiales, ni una religiosidad sentimental o puramente natural, ni de un impulso de devoci贸n imbuido de superstici贸n. Para la conversi贸n se requiere siempre el testimonio viviente de los que tienen fe: "ser茅is mis testigos".
El valor del esquema depender谩, pues, de una m谩s clara ense帽anza acerca de la funci贸n prof茅tica del pueblo de Dios. Gracias. He dicho".
Mis primeras palabras al regresar a la Di贸cesis despu茅s de esta primera etapa del Concilio Vaticano II, deben ser de saludo y de gratitud.
De saludo a sacerdotes, autoridades, fieles, amigos: a todos sin excepci贸n. Su recuerdo me ha acompa帽ado en estos meses de ausencia, y en tollo momento he sentido que no he actuado a nombre propio sino como pastor de esta Di贸cesis tan amada.
De gratitud hacia Dios que me ha permitido vivir estos d铆as inolvidables que marcar谩n ciertamente una 茅poca en la historia de la Iglesia y de la humanidad.
El Concilio no es un simple acontecimiento humano; es una concentraci贸n de la acci贸n de la gracia visible del Esp铆ritu Santo que nos es enviado por la cabeza del Cuerpo M铆stico, Cristo.
Los Padres Conciliares somos modestos instrumentos del Divino Esp铆ritu. Hemos sentido esa responsabilidad. De ah铆 que si a algunos el trabajo puede aparecer lento, esa aparente lentitud no es sino el sentido vivo y agudo de un trabajo que no puede hacerse superficialmente, que es intenso y dif铆cil, que debe de una parte conservar el dep贸sito sagrado de la revelaci贸n, y de otra adaptado a las necesidades del mundo y de los hombres de nuestra edad.
Hemos sentido vivo el esp铆ritu de solidaridad de las generaciones; con las que nos precedieron, para continuar su labor, y con las que vienen para proyectar el mensaje de Cristo en una nueva edad que nace. Hemos trabajado con una perspectiva hist贸rica de siglos.
Un r谩pido balance nos muestra el trabajo realizado en estos d铆as; se celebraron 36 Congregaciones generales, es decir asambleas plenarias, dentro de las cuales se realizaron 35 votaciones. Hubo 590 intervenciones orales, m谩s de 530 intervenciones escritas al trav茅s de las cuales se expres贸 la preocupaci贸n e inter茅s general de los Padres del Concilio.
El primer trabajo fue el de formar las Comisiones Conciliares, que son de gran importancia para el desarrollo del Concilio. La tarea no era f谩cil, ya que, reci茅n llegados, a煤n no se conoc铆an suficientemente los Obispos entre s铆.
Pero, pronto se establecieron los contactos y las Comisiones expresaron la realidad y el sentir de los Padres Conciliares.
La Sede de la Conferencia Episcopal Chilena, fue en esos d铆as uno de los m谩s grandes centros de actividad del Concilio. Tres Obispos chilenos, entre los cuales el de Talca, fueron elegidos como Comisarios o sea miembros de las Comisiones Conciliares.
Durante los 57 d铆as de esta primera etapa se pusieron en discusi贸n 5 esquemas. Sagrada Liturgia, Divina Revelaci贸n, Instrumentos de comunicaci贸n social, Unidad de la Iglesia, y la Iglesia de Cristo.
Pero, sobre todo, a trav茅s de la discusi贸n de los esquemas se dio la estructuraci贸n definitiva del mismo Concilio, determinando claramente su finalidad concreta, d谩ndole una l铆nea inconfundible de orientaci贸n netamente pastoral y designando especiales personas para la aplicaci贸n de estas normas org谩nicas del Concilio.
Quisiera hacer notar tres caracter铆sticas que presidieron todas nuestras reuniones: la primera, la libertad de expresi贸n de los Padres. En varias ocasiones habl茅 largamente con los observadores protestantes y ellos me hicieron saber su admiraci贸n ante esta libertad. La Iglesia Cat贸lica no era la que falsamente les hab铆an pintado: la Iglesia del temor o de la coacci贸n, sino la casa paterna donde se vive la verdadera libertad de los hijos de Dios.
La segunda, el sentido pastoral que dominaba todos los debates. No era ni una verdad escueta, ni una verdad pol茅mica la que se expon铆a, sino una verdad orientada a dar al mundo la palabra de salvaci贸n y la gracia redentora. M谩s que reuni贸n de doctores o maestros, el Concilio Vaticano II es una reuni贸n de pastores. La inquietud de las almas, el 铆mpetu misionero, el ansia de cumplir el mandato supremo de Cristo de evangelizar, era la nota central que dominaba el Concilio.
Por 煤ltimo, el sentido agudo de que este Concilio debe marcar una etapa trascendental en la acci贸n futura de la Iglesia, haci茅ndola presente en los grandes problemas de nuestra 茅poca y d谩ndole as铆 esa fisonom铆a de actualidad en la perennidad que acompa帽a su acci贸n evangelizadora.
Dentro del desarrollo en 57 d铆as, breve para la historia de un Concilio, ya se perfilan claramente los aspectos peculiares que han de determinar su fisonom铆a. Se帽alemos algunos:
1) En el aspecto doctrinal, el inter茅s principal del Concilio es la doctrina de la Iglesia Ecclesia Christi, Lumen Gentium. La Iglesia de Cristo luz de los pueblos. Es el signo levantado entre las naciones; en Ella vive Cristo, guiando a la humanidad; es el Cuerpo de Cristo; es la comuni贸n del amor; es la familia de Dios.
2) La Iglesia quiere dialogar con el mundo de hoy; junto con admirar y animar sus conquistas y progresos t茅cnicos, busca y quiere su salvaci贸n eterna. Ella es Madre y tiene por misi贸n ser la conciencia de la humanidad y la luz de su historia.
3) La Iglesia debe ser sobre todo la Iglesia de los pobres. Es un aspecto esencial de la Iglesia peregrinan te en la tierra. La Iglesia es de todos, pero en especial de los pobres. Los tres grandes momentos de la Iglesia que hacen vibrar en la tierra su vitalidad son la Eucarist铆a, la Jerarqu铆a, los Pobres. Los Padres Conciliares quieren considerar profundamente la conexi贸n interna entre la presencia en la acci贸n eucar铆stica y en la sagrada jerarqu铆a. De ah铆 que los grandes cap铆tulos del Concilio son: la renovaci贸n de la sagrada liturgia como medio de vivir el misterio eucar铆stico; la paternidad del Obispo, su misi贸n fundamental en la Iglesia, el sentido misionero del apostolado dependiente en todo del Obispo la importancia de las conferencias episcopales y la promoci贸n del laicado a su edad adulta apost贸lica, 铆ntimamente asociado al ministerio jer谩rquico; por 煤ltimo, la Iglesia debe estar en el primer sitio del movimiento mundial que busca el mejoramiento de la suerte de los pobres y de los oprimidos. Hay que realizar, dijeron los Padres Conciliares, en su mensaje al mundo, "la gran justicia del Reino de Dios". La justicia de que trata la Enc铆clica Mater et Magistra y sobre la cual acabamos de hablar hace tres meses los obispos chilenos. La justicia proclamada por Jes煤s, a la luz de los pobres". "El Concilio debe ser, dijo Juan XXIII, una escuela de fraternidad y de amor". Debe anudar una cadena de amor alrededor de la cintura negra de miseria que estrecha hoy a la humanidad.
De otra parte, aunque el Concilio es un acto interno de la Iglesia, la nota ecum茅nica de la unidad con los hermanos separados, ha vibrado constantemente. Los observadores de las Iglesias no cat贸licas estuvieron presentes en todos los debates, recibieron todos los documentos de estudio entregados a los Obispos, y rein贸 entre ellos y nosotros un ambiente no s贸lo de cordialidad, sino de fraternidad extraordinaria. Un observador me hac铆a notar su profunda impresi贸n ante ese signo de caridad fraterna que presidi贸 todas las relaciones entre cat贸licos y no cat贸licos durante el Concilio. Eso no es complejo de inseguridad o claudicaci贸n con la verdad, sino gran esperanza de que el anhelo supremo de Cristo "Que sean una sola cosa" se realice. Lo que saldar谩 respecto a la uni贸n lo ignoramos, lo que s铆 sabemos es que muchos prejuicios han ca铆do por ambos lados y que un paso de siglos se est谩 realizando.
Y debo terminar con dos reflexiones:
1. La primera, es la alegr铆a inmensa que experimento ante esta etapa del Concilio. Los impacientes, los que quieren ver cosas nuevas o espectaculares, los que creen que la Iglesia va a cambiar en sus puntos esenciales, puede ser que se sientan desilusionados. Pero los que hemos vivido el Concilio por dentro, los que hemos palpado la intensificaci贸n de la comuni贸n vital cat贸lica entre todos los Padres, los que hemos visto la libertad reinando en la caridad, sentimos que estamos viviendo el nacer de una nueva era pastoral para la Iglesia.
Alegr铆a tambi茅n, 驴por qu茅 no decirlo? al ver la posici贸n en el Concilio del Episcopado Chileno, altamente estimada por todos los Obispos de los otros pa铆ses. El d铆a antes de partir, un Cardenal alem谩n junto con un Obispo franc茅s, me dijeron: "debo confesarle que la gran revelaci贸n de este Concilio ha sido para nosotros europeos, el Episcopado Latinoamericano, y de un modo muy singular el chileno".
2. La segunda reflexi贸n es la necesidad de no decaer en nuestro esp铆ritu de oraci贸n y de penitencia. Los meses de interrupci贸n no ser谩n para nosotros de descanso. Hay trabajos dif铆ciles y delicados que debemos proseguir. El Concilio ha comenzado ahora y necesita la asistencia del Esp铆ritu Santo que debemos alcanzar con nuestras oraciones y sacrificios.
Es impresionante: al llegar a Roma me encontr茅 con cartas dirigidas a m铆 desde Thailandia, Ceyl谩n y otros pa铆ses lejanos en que me dec铆an que oraban por cada Padre del Concilio y que a ellos les hab铆a tocado orar por m铆. Los Cat贸licos alemanes y de otros pa铆ses de econom铆a desarrollada est谩n realizando colectas a base de sacrificios personales para costear los viajes y estad铆a de los Obispos de pa铆ses en d茅bil situaci贸n econ贸mica.
Es una gran marea espiritual la que se levanta con el Concilio, y como hermosamente lo dijera Jean Guitton 98 , de la Academia Francesa, "el cohete espacial del Concilio ha sido lanzado y nada podr谩 detenerlo en su marcha".
Con estas palabras he querido resumir algunos de los sentimientos e impresiones a mi llegada del Concilio.
A todos, mis saludos cari帽osos y mi paternal bendici贸n.
Quiero, por medio de las p谩ginas de La ma帽ana hacer llegar a todos estos sentimientos, saludos e impresiones.
Hemos cre铆do de inter茅s para nuestros lectores, acercamos al Excmo. Sr. Obispo de la Di贸cesis, Mons. Manuel Larra铆n, que acaba de regresar de una de las reuniones plenarias preparatorias al Concilio Vaticano II, que se celebrar谩 en Roma.
Mons. Larra铆n nos recibe gentilmente, respondiendo a las preguntas que le formulamos.
Para muchos, nos dice, la palabra Concilio Ecum茅nico les ha sonado extra帽a. Pensaban que era algo pasado, como las Cruzadas. Y sin embargo, nosotros los hombres del siglo XX, que vivimos en los tiempos de la energ铆a at贸mica y de los "robots", vamos a ser contempor谩neos de un Concilio. M谩s de 1.600 obispos venidos de todas las partes del mundo, se reunir谩n en fecha relativamente pr贸xima en Roma. Esta asamblea ser谩 no s贸lo internacional -la m谩s grande internacional que exista ya que ning煤n lugar de la tierra dejar谩 de estar representado-, sino que contar谩, as铆 lo dice S.S. Juan XXIII, con la presencia de los cristianos que no son cat贸licos, que han estado separados por siglos de distancia y a煤n de oposici贸n, a buscar la unidad de la Iglesia fundada por Jesucristo.
Para comprender, contin煤a Mons. Larra铆n, lo que es un Concilio, debemos recordar lo que los Obispos representan en la Iglesia. Ellos son los sucesores de los Ap贸stoles. Cristo fund贸 su Iglesia sobre el Colegio Apost贸lico, con Pedro a su cabeza. Los Obispos de todo el mundo, presididos por el Papa y bajo su autoridad, representan la continuaci贸n del Colegio Apost贸lico primitivo.
Los Concilios Ecum茅nicos se celebran con bastante distancia en la Iglesia. El 煤ltimo, fue el Vaticano I en 1870 bajo P铆o IX, y el anterior hab铆a sido el de Trento, iniciado en 1545. Pero, el que ahora va a celebrarse, tendr谩 una importancia especial y podemos decir que ser谩 el m谩s grande de la historia. En primer lugar, su importancia num茅rica. Como dec铆a, se estima que el n煤mero de Obispos convocados ser谩 alrededor de 1.600. En segundo lugar, su importancia geogr谩fica. Hace un siglo, el 脕frica .era una tierra desconocida, otro tanto la Australia y parte del Asia. Hoy existen numerosos Obispos nativos de todas esas tierras. Ya, nos dice Mons. Larra铆n, en las reuniones preparatorias se siente ese ambiente universal. En la reciente, a la cual acabo de asistir, me tocaba sentarme entre un Obispo japon茅s y otro de Sud-脕frica. Poco m谩s all谩, se ve铆a a un Obispo negro del Dahomey y a un Canadiense. En realidad, es admirable ver c贸mo inmediatamente se establece ese sentido de la unidad espiritual sobre razas y continentes.
- Y 驴qu茅 lengua se habla, preguntamos?
Antes de las sesiones, nos dice Mons. Larra铆n, se oyen diferentes lenguas, especialmente el franc茅s, ingl茅s y alem谩n.
-驴Y el espa帽ol? interrogamos:
En realidad, nos responde Monse帽or, somos muy pocos en esa Comisi贸n los de habla espa帽ola; s贸lo el Secretario de la Acci贸n Cat贸lica Espa帽ola y su servidor. Pero, el Cardenal Cento, que la preside, y que estuvo en Chile, me saluda cada ma帽ana con un cari帽oso "buenos d铆as Excelencia", discretamente pronunciado. Puede decirse que el idioma m谩s usado es el franc茅s, que pr谩cticamente lo hablamos todos los miembros de la Comisi贸n. Pero, en la sesi贸n, el idioma oficial es el lat铆n. Evidentemente que para tratar problemas como los que ocupan a mi comisi贸n, relacionados con el apostolado laico; acci贸n social y asistencia, no siempre se encuentran en lat铆n los conceptos y frases que respondan a situaciones y problemas que no exist铆an en los tiempos de Cicer贸n y Ovidio.
Ciertamente, contin煤a Mons. Larra铆n, el Concilio tendr谩 una importancia espiritual extraordinaria, ya que su universalidad completa ser谩 la expresi贸n visible de una universalidad de Iglesia que no conoce fronteras.
-驴Vendr谩n, preguntamos, los Obispos de detr谩s de la cortina de hierro y de bamb煤?
Ciertamente, nos responde el Sr. Obispo, eso se ignora y probablemente, dadas las condiciones actuales, ser谩 muy dif铆cil. Su dolorosa ausencia ser谩 un testimonio mudo del drama del mundo de hoy.
Pero, seguimos preguntando, 驴por qu茅 este Concilio y cu谩l ser谩 la obra que realice?
Monse帽or se detiene unos minutos y nos dice: es menester que los cat贸licos abran los ojos y se den cuenta del mundo en que viven. No todos lo saben, y otros parece que no quisieran saberlo. Los Obispos en Chile hemos hablado con mucha claridad. No siempre hemos sido escuchados. Yo pienso, contin煤a, que el Concilio va a mostrar m谩s que nunca a la Iglesia unida, no s贸lo en torno a la doctrina esencial, que ya lo est谩, sino, sobre todo a la comprensi贸n del mundo de hoy y a la soluci贸n que los cristianos debemos presentar. Muchas veces, el peligro mayor no es tanto la audacia de los enemigos de la Iglesia, cuanto la inconsciencia de los cristianos para comprender la misi贸n que Dios exige de ellos en este mundo de hoy.
La evoluci贸n del mundo, contin煤a Monse帽or, presenta a la Iglesia una serie de problemas que las resoluciones del Concilio deber谩n considerar. Piense un instante, nos dice, con una mirada llena de angustia; los dos tercios de la humanidad est谩n sub-alimentados 驴podr谩 el mundo cristiano ignorar este hecho que los Papas han repetidamente se帽alado?
Al lado del hambre de los cuerpos, est谩 la de las almas. Una proporci贸n grande del mundo que crece demogr谩ficamente, ignora el Cristianismo. 驴Tomar谩n todos y cada uno de los cat贸licos conciencia de su misi贸n apost贸lica en el mundo actual?
Una violenta corriente atea atraviesa el mundo. Ya ha descristianizado regiones enteras y dejado impermeables a la evangelizaci贸n otras. 驴Qu茅 deben hacer los cristianos de hoy ante este hecho?
El cristiano de hoy, vive en contacto con numerosos no cristianos 驴cu谩l debe ser su actitud y su formaci贸n ante esta realidad?
Vemos el t茅rmino de una era colonialista y el nacimiento de nuevas nacionalidades. El racismo aun crece en algunas regiones del mundo. 驴C贸mo llevar el mensaje de paz y de amor a un mundo dividido? 驴C贸mo hacer que la fraternidad universal de los hombres, que est谩 en la base del Evangelio, sea vivida por todos?
Como ve, mi amigo, nos dice, Monse帽or, no faltan problemas a la Iglesia y al Concilio, y todos ellos van a tener que pesar en las decisiones que esta asamblea tome.
Dos 煤ltimas preguntas, Monse帽or. 驴No se va a tratar el problema de los cristianos separados de Roma?
Les responder茅, nos dice, con las palabras mismas del Papa:
"El Concilio debe ante todo afirmar y vivificar la organizaci贸n de la Iglesia". Entonces "cuando la Iglesia haya realizado 茅sta, se volver谩 hacia los cristianos separados y les dir谩: Ved lo que es la Iglesia, lo que Ella ha hecho, c贸mo se presenta; y cuando la Iglesia aparezca ante ellos, sanamente modernizada, rejuvenecida, podr谩 decir a los hermanos separados: un谩monos".
Debo a帽adirle, que hay entre las Iglesias separadas de Roma, una corriente de caridad fraterna que realmente emociona. Tengo especial amistad con una Comunidad no cat贸lica de Francia, la de Taiz茅, me une con su superior un fraterno afecto y he podido palpar en las conversaciones y cartas que hemos tenido, c贸mo el Esp铆ritu Santo est谩 realizando una uni贸n de caridad entre hermanos separados, que es augurio de una uni贸n m谩s profunda y estable en el futuro.
Debo terminar, nos dice Mons. Larra铆n, pero antes quisiera por su intermedio, decir dos cosas a los lectores de "La Ma帽ana":
- Primero, la satisfacci贸n que experimento al pensar que por mi modesto intermedio, la Di贸cesis de Talca est谩 representada en la preparaci贸n de este magno acontecimiento que ciertamente marcar谩 茅poca en la vida de la Iglesia. Quiero a帽adirles, que cuando estuve con S.S. Juan XXIII, me pidi贸 transmitir a todos los fieles de Talca su paternal inter茅s, su afecto y su bendici贸n.
Y, por 煤ltimo, deseo expresar este pensamiento: a veces veo a trav茅s de conversaciones y juicios, un pesimismo que va penetrando en los esp铆ritus. Se mira sobriamente el porvenir del mundo y de Chile. Yo, en cambio, no participo de esa impresi贸n. A trav茅s de la preparaci贸n del Concilio y de los numerosos contactos que 茅ste trae, yo palpo un ansia de renovaci贸n del mundo, que es se帽al clara de una presencia del Esp铆ritu. Yo s茅 que debemos pasar por cambios sociales que pueden en un instante dado ser dif铆ciles y dolorosos. Pero el esp铆ritu que anima el Concilio nos est谩 diciendo que la Iglesia no se liga a formas determinadas de civilizaci贸n. Que ella sabe discernir lo duradero de lo ef铆mero, lo accidental de lo esencial. Y que lo importante es que los cristianos permanezcamos fieles al esp铆ritu del Evangelio y al ideal de las bienaventuranzas del Serm贸n del Monte.
En cumplimiento de una comisi贸n del CELAM (Consejo Episcopal Latino-Americano) del cual soy Vice-Presidente, tuve que visitar r谩pidamente, despu茅s de Roma, Alemania, B茅lgica y Francia, y ponerme en contacto con los principales centros de actividad cat贸lica de esas regiones. En todas ellas, como igualmente los Obispos de esos pa铆ses que visit茅, encontr茅 una misma posici贸n frente al momento del mundo, la que podemos expresar as铆:
- M谩s que atemorizarnos cobardemente, miremos con valent铆a los problemas, seamos fieles al mensaje que debemos transmitir al mundo, no temamos los inevitables cambios sociales que la misma fidelidad al mensaje cristiano nos obliga, y enfrentemos con decisi贸n esta nueva era. De nosotros depende que est茅 inspirada por el signo de la justicia v del amor.
Como hermosamente dec铆a el Alcalde de Florencia, Giorgio La Pira, al poner en relaci贸n la Enc铆clica "Mater et Magistra鈥 y el pr贸ximo Concilio:
"Estamos en la edad espacial, la edad hist贸rica del nacimiento de nuevos pueblos de Asia y 脕frica, la edad que Juan XXIII se帽ala de la socializaci贸n, en que se trata de hacer que la econom铆a est茅 al servicio de la soluci贸n de los grandes problemas sociales: desocupaci贸n, miseria, ignorancia, la edad de la unificaci贸n econ贸mica, social y pol铆tica del mundo, la edad que el Concilio abrir谩, de la unificaci贸n de la Cristiandad".
Es a lo que el Papa Juan XXIII invita, y a lo que el Alcalde de Florencia llama en su magn铆fico comentario de la Enc铆clica:
"Cooperar para la edificaci贸n de una Ciudad nueva junto a la antigua fuente de la gracia y de la verdad".
Mi amigo, nos dice Mons. Larra铆n, al despedirnos, yo agradezco al Se帽or y al Papa poder cooperar modestamente a la preparaci贸n de este acontecimiento y poder entrever en lontananza su alto significado hist贸rico y social.
Es consolador, cuando uno comienza a envejecer, pensar que las generaciones futuras ver谩n un mundo diverso, pero m谩s justo; m谩s fraternal y m谩s pac铆fico que el actual.
Yo quisiera que supi茅ramos leer a trav茅s de la historia el plan armonioso de Dios que se desarrolla. Por eso, no porque no veo los problemas, soy optimista.
Finalmente, quiero darle una noticia en car谩cter de primicia para "La Ma帽ana". En la pr贸xima fiesta de Navidad, el 25 de diciembre, el Papa fijar谩 la fecha del Concilio y har谩 la convocatoria oficial. Digo que esto es exclusividad, ya que a煤n no se ha dado la noticia en Chile, y yo la recib铆 de labios del Cardenal Cento al clausurarse nuestra sesi贸n de estudios en Roma.
El 11 de octubre se iniciar谩 en Roma el Concilio Ecum茅nico Vaticano II.
Todo Concilio es un hecho grande en la historia de la Iglesia. Es la reuni贸n plenaria de su Jerarqu铆a con el Sucesor de San Pedro, el Santo Padre.
Es la continuaci贸n de aquella primera asamblea en el Cen谩culo cuando el Esp铆ritu Santo vino sobre los Ap贸stoles reunidos para infundirles las gracias que los har铆an capaces de realizar la misi贸n que Cristo les hab铆a confiado.
Son los sucesores de los Ap贸stoles, los Obispos, congregados en torno al Obispo de Roma. Sucesor de Pedro y Primado de la Iglesia, para ejercer conjuntamente la potestad recibida de "ense帽ar a todos los pueblos" y de "apacentar la grey del Se帽or".
Es la Iglesia toda entera, que a trav茅s de sus pastores, los Obispos, se concentra en oraci贸n y estudio para dar a cada 茅poca la respuesta eterna de verdad que necesita.
Es un hecho que a todo debe interesarnos vivamente, y por este motivo os hablo en la presente Carta Pastoral.
A trav茅s de documentos y alocuciones numerosas, el Papa ha querido hacemos sentir su trascendencia e importancia.
El Concilio deber谩 ser un signo que marque a la Iglesia de estos nuevos tiempos. Sin variar en nada lo esencial de su constituci贸n y de su mensaje, ella debe adaptar sus m茅todos y ense帽anzas a los problemas de nuestra 茅poca. El Concilio significar谩 la culminaci贸n de un esfuerzo, que partiendo de Le贸n XIII, nos muestra a la Iglesia abierta frente a los problemas actuales. buscando en sus propias fuentes la savia de su dinamismo y energ铆a, d谩ndonos una visi贸n misionera del mundo de hoy, tomando todas las actividades del hombre para darles su significaci贸n cristiana y se帽alando la respuesta a las inquietudes y anhelos del mundo moderno.
1) El Concilio no es parlamento donde se enfrentan ideolog铆as diversas. Es la uni贸n en la verdad y en la caridad de los que se saben unidos en una misi贸n com煤n; continuar la obra de los Ap贸stoles. Todos expresar谩n sus opiniones, buscando a su juicio las mejores resoluciones y f贸rmulas que convienen, pero, todos est谩n unidos en la doctrina, en la gracia y en la caridad. "Un Se帽or, una Fe, un Bautismo".
2) El Concilio no es un Congreso donde se pronuncian brillantes discursos o se realizan grandiosos actos externos. Es un acto interior de la vida de la Iglesia que se concentra en s铆 misma para responder mejor a lo que Cristo, su Fundador, pide de ella.
3) El Concilio tampoco es una reuni贸n donde van a producirse cambios esenciales en la vida de la Iglesia. La Iglesia tiene una constituci贸n que Cristo le ha dado y que los hombres no pueden alterar. Es custodia de un mensaje, la palabra de Dios, que debe conservarse inalterable. Es depositaria de una tradici贸n que ha ido lentamente elaborando, a la luz del dogma y de la moral eterna, sus principios y disciplina. Hay en ella, como en todo lo que proviene de la Verdad, algo inmutable y permanente. Puede variar y var铆a en todo lo que es accidental y transitorio. Pero errar铆an lastimosamente los que piensen que la Iglesia puede transigir con principios o actitudes que contrar铆an la divina misi贸n que Cristo le ha confiado: de continuar entre los hombres el misterio redentor.
El Concilio es un acto de la Iglesia, en su expresi贸n m谩s aut茅ntica y genuina; Pedro con los Doce - el Papa con los Obispos -.
Es la expresi贸n del magisterio oficial: la Iglesia docente. De la unidad 铆ntima de la Iglesia, de los Obispos entre s铆 y con el Vicario de Cristo, y de la unidad de todos los miembros de la Iglesia representados en sus Obispos.
1) Ser谩 esta la primera vez que la Iglesia se encuentra geogr谩ficamente toda entera. Los primeros Concilios, Nicea, Constantinopla, Efeso, Calcedonia, reunieron preferentemente al mundo oriental. En los dos 煤ltimos, Trento y Vaticano I, estuvo representada la Europa, algo de la Am茅rica, pero pr谩cticamente ausente el 脕frica y el lejano Oriente. Hoy, de hecho, estar谩 todo el Episcopado del mundo. Ser谩 en su sentido m谩s amplio un Concilio "ecum茅nico", es decir, universal.
2) Los Concilios precedentes, se hicieron para mostrar la pureza de la fe o la integridad de la disciplina, frente a una herej铆a o a un cisma. El actual no persigue este prop贸sito. Es, como lo dijera S.S. Juan XXIII, un acto de renovaci贸n interna que mostrar谩 a la Iglesia en toda la belleza de su perenne juventud y atraer谩 a s铆 a los que se encuentran alejados de ella.
3) De ah铆 que este Concilio signifique poner a la Iglesia en un estado de misi贸n. Frente a un mundo que va perdiendo el sentido de Dios. Frente al olvido de Cristo y su doctrina. Frente al desprecio de lo sobrenatural. Frente a ideolog铆as que quieren construir un mundo al margen de los principios del Evangelio, la Iglesia no se encierra en sus propios ambientes, siente la necesidad de comprender las inquietudes y problemas de este tiempo y de darles a la luz de la ense帽anza de Cristo su respuesta. La Iglesia por este Concilio llama a sus hijos a realizar la gran tarea de transformar este mundo "de selv谩tico en humano, y de humano en divino". El gran fruto del Concilio ha de ser el de una Iglesia toda entera en estado de misi贸n. No debemos, pues, esperar del Concilio ni cambios espectaculares y violentos, ni que al clausurarse ya se haya realizado la uni贸n con las Iglesias separadas.
En cambio, con el Papa, debemos esperar, un incremento de la fe acerc谩ndonos cada vez m谩s a las fuentes de ella; la Biblia, la Liturgia, el conocimiento vivo del Misterio de la Iglesia.
En segundo lugar, una adaptaci贸n de su disciplina a las necesidades de los tiempos. Hay en la Iglesia algo inmutable y esencial y algo accidental y mudable que puede cambiar seg煤n los problemas y ambientes que ha de enfrentar. Por 煤ltimo, el Papa espera una suave orientaci贸n hacia la unidad con nuestros hermanos separados. Hay muchos lazos comunes con nuestros hermanos pertenecientes a confesiones cristianas diversas. Es menester establecer un di谩logo que haga posible el anhelo supremo de Cristo 鈥渜ue todos sean una sola cosa鈥. El Concilio, ciertamente, marcar谩 un gran paso hacia la unidad tan anhelada.
El Concilio Ecum茅nico Vaticano II se ha preparado durante tres a帽os en 10 Comisiones y 2 Secretariados. Las proposiciones contenidas en ese material preparatorio se encierran en 110 folletos con un total de m谩s de dos mil p谩ginas. Ah铆 se encuentran las grandes tareas del Concilio que podemos resumirlas en las siguientes:
a) Concentraci贸n en lo esencial. Mostrar las l铆neas b谩sicas del Cristianismo, los postulados fundamentales de la vida cristiana y la jerarqu铆a de valores en las diferentes pr谩cticas cristianas.
b) Mostrar el rostro evang茅lico de la Iglesia. Hacer ver que lo que importa no es tanto el prestigio terreno como su presencia aut茅nticamente evang茅lica en los grandes problemas donde se juega el destino de la vida humana.
c) Una amplitud de catolicidad. El Concilio nos har谩 sentir en forma a煤n m谩s viva el terrible problema del mundo no cristianizado en que vivimos y que exige imperiosamente un esp铆ritu misionero que movilice a toda la Iglesia en la expansi贸n del mensaje redentor. El Concilio nos dar谩 una Iglesia en estado de misi贸n.
d) Una adaptaci贸n, sin variar en nada su estructura esencial, a las condiciones del mundo. Adaptaci贸n que pone a la Iglesia en estado de di谩logo con los hermanos separados y con los hombres que sin pertenecer a ella buscan sinceramente la Verdad.
e) El Concilio ser谩 una afirmaci贸n clara de que la Iglesia no se liga a ninguna cultura o clase social determinada. Que ella tiene su posici贸n propia en defensa de la persona y de la sociedad, y que es en esa su doctrina social 铆ntegramente profesada y sinceramente vivida donde los hombres y pueblos encontrar谩n la verdadera paz en la justicia.
f) De este modo el Concilio mostrar谩 a la Iglesia como signo y mensaje de esperanza para toda la humanidad.
Primero, saber que todos los cat贸licos est谩n ah铆 presentes por medio de sus Obispos. El Papa Juan XXIII ha dicho que el car谩cter propio del pr贸ximo Concilio viene "de la presencia y de la participaci贸n de los Obispos y de los prelados que son la representaci贸n de la Iglesia Cat贸lica extendida por todo el universo", Los Obispos reciben su pleno poder de Cristo, no de los fieles, pero como Obispos, rodeados del Colegio de sus sacerdotes, ellos son como "servidores de Dios" y "servidores de la comunidad de fe", el reflejo de la fe de su Iglesia. A trav茅s de este su Obispo, la comunidad de los fieles de esta Di贸cesis har谩 o铆r su voz en el Concilio.
Segundo, hay que orar y orar con insistencia y fervo, a fin de que Dios ilumine a su Iglesia, a sus Pastores y fieles, para que las decisiones de este Concilio den la respuesta que Cristo exige de todos nosotros en esta hora crucial del mundo.
Tercero, a la oraci贸n hay que a帽adir la penitencia. Su Santidad Juan XXIII, nos ha exhortado a ella en su Enc铆clica Penitentian agere en la cual nos pide ofrezcamos al Se帽or los dolores, trabajos y fatigas de cada d铆a por el feliz 茅xito del Concilio.
Amados hijos:
La Iglesia se encuentra en estado de Concilio. Hay que sentir con ella. Participar de los modos se帽alados en este acontecimiento hist贸rico del cual tantos bienes para el mundo y para las almas han de derivarse.
Vivamos en el esp铆ritu que la Iglesia nos se帽ala y estemos ciertos que de esta manera cumpliremos lo que Cristo espera de nosotros.
A fin de llevar a la pr谩ctica estas ense帽anzas, venimos en disponer, lo siguiente:
1. En todas las parroquias, iglesias rectorales y conventuales de la Di贸cesis, se llevar谩 a efecto una solemne novena al Esp铆ritu Santo, del 1潞 al 9 de septiembre. Pedimos a los fieles acercarse a la Sagrada Comuni贸n al t茅rmino de la novena el 9 de septiembre.
2. Rogamos a los sacerdotes, a tenor de la Constituci贸n de S.S. Juan XXIII, aplicar cada d铆a el rezo del Oficio divino por el Concilio Ecum茅nico.
3. Las Religiosas ofrecer谩n cada d铆a la tercera parte del Rosario por esta misma intenci贸n.
4. El d铆a 10 de octubre, v铆spera de la iniciaci贸n del Concilio, prescribimos sea "d铆a de ayuno y abstinencia", aunque no obliga bajo falta grave.
5. El 11 de octubre, d铆a en que comienza el Concilio Vaticano II, las campanas de todos los templos de la Di贸cesis repicar谩n a las 12 del d铆a.
6. Pedimos a los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, promuevan entre los fieles una intensa campa帽a de oraci贸n y penitencia por el buen 茅xito del Concilio.
Mis amigos:
Al finalizar los Ejercicios Espirituales, he tratado, casi todos los a帽os, de hablar a mi Clero.
Lo he hecho siempre con el sentido de cumplir una grave responsabilidad.
Hoy pongo un especial acento en mis palabras.
De una parte, se que los a帽os pasan, "et tempus resolutionis meae, instat" 102 . De otra parte, tengo la conciencia que la hora de la Iglesia y del mundo exige a los pastores hablar con especial claridad.
Tratar茅 de hacerla tomando como tema "la puesta en pr谩ctica del esp铆ritu y de las orientaciones conciliares".
Ante todo, demos una mirada al Concilio y lo que debe significar para el sacerdote. Es un momento de meditaci贸n, de incertidumbre y de decisi贸n.
La Iglesia se define a s铆 misma. La Iglesia se abre al di谩logo con las otras Iglesias, cristianas y no cristianas. La Iglesia estudia la manera de hacer realidad su presencia eficaz en el mundo actual.
Todo esto exige estudio y meditaci贸n.
Si del Concilio va a tenerse 煤nicamente la visi贸n trunca y no siempre exacta dada por la mayor铆a de la prensa, o el aspecto anecd贸tico que puede ser pintoresco, pero que no refleja su verdadero rostro, vamos a pasar inconscientes sobre una de las m谩s grandes manifestaciones del Esp铆ritu Santo en la vida de la Iglesia.
El Salmista dice que el justo defeccion贸 "porque fueron disminuidas las verdades entre los hijos de los hombres" 103 .
La Iglesia no conocer谩 la renovaci贸n que el Concilio promueve, si 茅ste mismo no constituye un tema central de meditaci贸n y estudio para el Episcopado y el Clero.
Quiero subrayar esta palabra.
El Concilio nos hace mirarnos en el espejo del Evangelio y contemplamos ah铆 a nosotros mismos.
Esto, naturalmente, produce cambios. No en la estructura fundamental de la Iglesia, pero s铆, y profundos, en su actitud pastoral.
De ah铆 la incertidumbre de muchos.
De los que, sin darse cuenta, confundiendo lo accidental con lo esencial, se sienten desorientados. "Nos est谩n cambiando la religi贸n" se oye decir con frecuencia.
De otra parte, no faltan quienes piensen que este "ponerse al d铆a" debe 1levar a la revisi贸n total de la disciplina eclesi谩stica, y creen que las leyes can贸nicas est谩n ya fuera de tiempo y de uso, coloc谩ndose ante un dilema, uno de cuyos t茅rminos habr铆a necesariamente que excluir.
No existe tal dilema.
Como bien dice el P. Congar, O. P.:
"La Iglesia no es estructura o vida, instituci贸n o comunidad, jerarqu铆a o fraternidad, sino estructura y vida, instituci贸n y comunidad, jerarqu铆a y fraternidad; el dilema que se pretende establecer se convierte y sublima en una s铆ntesis. No es exacto que cada uno de estos aspectos represente una mitad de la verdad, que tendr铆a necesidad de ser equilibrada por otra media verdad. Esta dial茅ctica de la insuficiencia expresar铆a una insuficiencia de pensamiento... "que es imprescindible evitar".
De ambas posiciones brota una incertidumbre que podr铆a convertirse en un doble peligro. De una parte, una desinteligencia de los signos de Dios, que puede transformarse en una esclerosis o integrismo. De otra parte, un olvido de las leyes vitales del desarrollo que toda instituci贸n exige, lo que podr铆a conducir o a la anarqu铆a o a peligrosas desviaciones.
La incertidumbre debe en ambos casos ser superada por un sentido hondo de la Iglesia, por una visi贸n din谩mica de la historia, por una atenci贸n fiel a la acci贸n del Esp铆ritu Santo, y por una lealtad constante a la autoridad establecida en la misma Iglesia.
Integrismo y progresismo, son dos desviaciones igualmente peligrosas y que en el fondo proceden del olvido de un principio fundamental del Cristianismo: "Credo Ecclesiam".
El Vaticano II, se ha dicho muchas veces, es principalmente un Concilio pastoral. Esto significa que el Concilio coloca a la Iglesia frente a la manera c贸mo debe presentar su mensaje.
Todo el Concilio est谩 animado de un gran celo misionero.
La Iglesia sabe que el mundo espera de Ella una respuesta y que el Concilio la empuja a buscar una presencia eficaz en el mundo de hoy.
Esta presencia debe realizarse en un doble nivel: el de las relaciones en el terreno religioso, y el de las incidencias en el terreno temporal.
Por ahora, s贸lo quiero insistir en esta idea: el Concilio exige a todos decisi贸n.
Si los Obispos, por evitamos situaciones dif铆ciles, no tomamos decisiones en orden a hacer realidad lo que el Concilio exige, habremos descuidado un gran: deber pastoral del cual debemos dar cuenta al Se帽or.
Si los sacerdotes, por temor o rutina, piensan que todo debe permanecer igual y no hay una revisi贸n pastoral y personal que hacer a la luz del Concilio, habr谩n sido infieles a la misi贸n que la Iglesia les ha confiado.
Si, de otra parte, se pretende que el Concilio debe poner en revisi贸n los puntos fundamentales de la vida espiritual, de la disciplina eclesi谩stica o de las l铆neas esenciales de la pastoral, se estar铆a, sin quererlo quiz谩s, traicionando el esp铆ritu del mismo Concilio.
El Concilio es un momento de decisi贸n, para pastores, clero y fieles.
El pecado m谩s grave del pueblo escogido y por el cual llor贸 Jes煤s "fue el de no haber conocido el tiempo de su visita" 104 .
El Concilio es una hora de Dios. Es un tiempo de su visita. Y es un momento de decisi贸n que nos repite a todos las palabras del Salmista: "Hoy si escuchareis la voz del Se帽or, no endurezc谩is vuestros corazones" 105 .
Es menester que esta triple finalidad est茅 muy clara ante nuestra mirada. Por esto, aunque sea en forma muy sucinta, la recordamos.
l. La primera finalidad es la renovaci贸n interior de la Iglesia. No nos choque la palabra renovaci贸n. Porque la Iglesia es un cuerpo viviente que debe crecer "hasta la estatura del var贸n perfecto", porque es el pueblo de Dios que avanza en la historia, porque en su etapa peregrina no ha llegado a煤n a la consumaci贸n final. "Ecclesia semper in reformatione". As铆 como han existido falsas reformas, as铆 siempre ha permanecido una verdadera: la que la misma Iglesia, por sus 贸rganos autorizados, se impone.
Esa reforma se expresa especialmente en la Constituci贸n "de Ecclesia".
Un sacerdote que no ha hecho de esa Constituci贸n un tema de estudio y de meditaci贸n no podr谩 comprender lo que el Concilio le exige.
Ella ha de significar para cada uno de nosotros una seria y honda revisi贸n de vida sacerdotal y pastoral.
Recordemos sus puntos principales.
En primer lugar, se nos presenta el misterio de la Iglesia, pueblo de Dios. La Iglesia es el misterio de Cristo Redentor continuado y aplicado al mundo. El pueblo de Dios es la expresi贸n hist贸rica de la Iglesia como nueva y definitiva Alianza. En ella culmina la historia de la salvaci贸n.
En seguida, se nos muestra la Constituci贸n Jer谩rquica de la Iglesia, que instaura en su seno un ministerio de origen divino en el Primado Pontificio y en el Colegio Episcopal. En esta luz, como se帽alaremos m谩s adelante, se contemplan las perspectivas sublimes del ministerio sacerdotal. Al mismo tiempo, se destaca la participaci贸n que el laicado tiene en su condici贸n secular en la misi贸n propia de la Iglesia.
Como conclusi贸n de esta visi贸n de la Iglesia aparece el llamado universal a la santidad dirigido tanto al conjunto del cuerpo como a cada uno de sus miembros. La caridad 煤nica de Dios se comunica a todos como don y como precepto imperativo.
El ministerio de la Iglesia, cualquiera que sea, debe llevar en 煤ltimo t茅rmino a la uni贸n del hombre con Dios. "Yo he venido a que tengan vida, y a que la tengan en abundancia" 106 .
2. La segunda finalidad del Concilio es el acercamiento entre todos los cristianos.
El movimiento ecum茅nico debe desde hoy entrar en el centro de la actividad pastoral y en el sentir interno de cada cristiano.
Sin embargo, es menester confesarlo, la actividad ecum茅nica a煤n no es familiar a la mayor铆a de los cat贸licos.
Es necesario, eso s铆, tener muy claro y precisos los principios y el esp铆ritu que informan un verdadero ecumenismo.
El Principio es la unidad de la Iglesia. Esa unidad es un don de Dios, un signo y una misi贸n.
El ecumenismo debe poner en nosotros una mirada nueva hacia los otros cristianos que conservan bienes del patrimonio com煤n.
El movimiento ecum茅nico, tal cual sale del Concilio, no es una confederaci贸n de las confesiones cristianas existentes, sino el deseo sincero de hacer realidad la plegaria suprema de Cristo: "Que sean uno" 107 . Cristo quiere la unidad de todos los que en 茅l creen.
3. La tercera finalidad del Concilio es hacer eficaz la presencia de la Iglesia en el mundo actual.
La Iglesia ha sido hecha para llevar al mundo la redenci贸n. El mundo, a su vez, se recapitula en la Iglesia 108 .
La presencia de la Iglesia al mundo se realiza en un doble nivel; el de las relaciones en el terreno religioso y el de las incidencias en el terreno temporal.
Hay un trabajo de expansi贸n misional y otro de colaboraci贸n en el sector humano temporal.
驴C贸mo hacer presente a la Iglesia ante el mundo de hoy? Es el problema que se pone ante el Concilio y que 茅ste a su vez nos pone ante nosotros.
La respuesta es la acentuaci贸n cada vez m谩s fuerte del sentido misional de la Iglesia. Pertenecemos a una Iglesia en estado de misi贸n. El deber misional incumbe a todos los fieles. El pueblo de Dios avanza con la historia. Sacerdotes y laicos pertenecen a una Iglesia que necesita el contacto con el mundo. La Encarnaci贸n envuelve consigo una misi贸n universal: realizar la unidad de la familia humana uni茅ndola con el Padre.
驴C贸mo poner en pr谩ctica el esp铆ritu y las orientaciones del Concilio?
Esto exige una condici贸n previa: el di谩logo del Obispo con su Clero.
He tratado, en mis largos a帽os de episcopado, de mantenerlo vivo con el clero, religiosos y religiosas.
Hoy, sin embargo, veo que de mi parte debo hacer un esfuerzo mucho mayor a fin de que ese di谩logo gane en profundidad, en comprensi贸n y en cordialidad.
De las deficiencias, que por mi culpa haya existido en este terreno, pido humildemente perd贸n.
A mi vez, pido al clero, hagan tambi茅n un esfuerzo para hacer posible estos prop贸sitos.
S茅 que a veces no es f谩cil conciliar la autoridad con la fraternidad.
S茅 que no siempre es posible satisfacer todo lo que se solicita.
S茅 tambi茅n, por experiencia, que autoridad y soledad se encuentran con frecuencia unidas.
Pero, es necesario que de ambas partes, crezca Una voluntad de di谩logo que haga posible el llamado insistente de Juan XXIII al convocar al Concilio y las iluminadas palabras de Paulo VI en su Enc铆clica Ecclesiam Suam.
El di谩logo entre el Obispo y su Clero, es la expresi贸n viviente y c茅ntrica de la Iglesia considerada como una comuni贸n. .
La estructura de la Iglesia es a la vez comunitaria y jer谩rquica.
La Iglesia es un pueblo reunido alrededor de Cristo. Toda su actividad se orienta hacia un fin: la comunidad viviente de los hijos de Dios.
La funci贸n jer谩rquica es necesaria para realizar esta reuni贸n. Por ella Cristo ejerce su influencia sobre sus miembros, les dirige la palabra, los santifica y los gu铆a en su existencia cristiana.
De ah铆 la necesidad de esta uni贸n entre el Clero y el Obispo.
Los sacerdotes, dondequiera que act煤en sacerdotalmente, son una presencia del Obispo. Por eso su ministerio separado del Obispo no tiene significaci贸n eclesial.
De otra parte, la plenitud sacerdotal que reside en el Obispo se expresa y se realiza en la uni贸n con su Clero. El presbyterium, que ya san Ignacio de Antioqu铆a 109 comparaba a la uni贸n de las cuerdas al arco de la lira, adquiere en esta hora de renovaci贸n eclesiol贸gica toda su amplia significaci贸n.
El Obispo no est谩 solo en la Di贸cesis. Sus sacerdotes, que la liturgia de la ordenaci贸n llama "cooperatores ordinis nostri" 110 , le est谩n unidos como el Verbo al Padre.
Por el hecho de su sacerdocio est谩n unidos al Obispo y entre ellos. Sin el presbyterium el Obispo no puede actuar eficazmente.
De ah铆 surge la necesidad del di谩logo.
El di谩logo -la palabra lo dice- exige una comunicaci贸n mutua.
Yo deseo iniciarla entregando al clero una serie de proposiciones, que ser谩n estudiadas conjuntamente durante el a帽o 1965. Los sacerdotes dispondr谩n hasta el 30 de noviembre para consideradas, sugerir ideas, objetar lo que crean conveniente, formular proyectos, etc.
Basado en estas observaciones, el Obispo iniciar谩 en 1966, los cambios pastorales y administrativos que reflejen el esp铆ritu y las orientaciones del Concilio.
Es menester, eso s铆, que una voluntad com煤n nos oriente: el Concilio, en su letra y en su esp铆ritu, en su significado hist贸rico social, en su alcance eclesial y humano, tiene que ser una realidad en esta Di贸cesis de Talca.
Esto nos exige, a todos, Obispo y clero, una seria revisi贸n de vida.
Faltar铆a a mi deber si yo no realizara la que a m铆 corresponde.
Tengo derecho, en nombre de la Iglesia, a pedir al clero haga la suya.
Esas proposiciones, que la semana pr贸xima se enviar谩n por escrito, abarcan 9 puntos que solamente enumero. Me har铆a excesivamente largo si entrara aqu铆 a explicar cada uno de esos puntos. Solamente quiero exponer en pocas palabras mi criterio frente a ellos.
Las proposiciones que se enviar谩n tambi茅n son esquem谩ticas. Se insinuar谩n los temas a fin que cada sacerdote tenga plena libertad para desarrollarlo y a帽adir, si quiere, otras consideraciones.
Los temas se enviar谩n personalmente para el estudio individual. A partir del mes de mayo comenzar谩n a tratarse por Decanatos. Yo recibir茅 en noviembre la presentaci贸n de cada Decanato, donde se reflejar谩 el estudio personal hecho previamente y en seguida el realizado a nivel decanal.
Pero antes de enumerar estos puntos, yo deseo, como base de esta renovaci贸n pastoral, que el Concilio nos exige, a帽adir una consideraci贸n sobre el ministerio sacerdotal. Quiero solamente indicar su esencia y mostrar sus finalidades.
Trato este tema por un doble motivo: primero, porque ninguna reforma seria puede hacerse si la base doctrinal no es firme. Y, segundo, porque miro con cierto temor el que, sin darnos cuenta, precisamente por no hacer las distinciones doctrinales debidas, se est茅 debilitando, o al menos empalideciendo, el fin fundamental de nuestro ministerio: la evangelizaci贸n del Reino de Dios.
El Concilio significa para toda la Iglesia una exigencia de santidad.
Es un volver a sus fuentes primeras, de donde la Iglesia ha sacado siempre a lo largo de su historia sus reservas fundamentales.
La Iglesia en este Concilio, nos lo record贸 el Papa Juan, se mira en el Evangelio para volver 铆ntegramente a su esp铆ritu.
No hay renovaci贸n verdadera en la Iglesia sino a base de renovaci贸n espiritual.
Esta exigencia general se presenta con mayor apremio al clero. El problema no es si llevamos sotana o clergyman, si decimos la misa de frente o de espaldas al pueblo, si la recitamos en castellano o en lat铆n. Esos son medios, no fines. Si la Iglesia toma decisiones a este respecto, es siempre buscando un fin superior.
El problema fundamental, el que el mundo aun no cat贸lico nos exige, es si somos o no capaces de darle a este mundo, que crece en proporciones gigantes, el alma que ese mismo mundo necesita.
Mis amigos; existe un grave peligro: el naturalismo. Los peligros m谩s graves para la Iglesia -perm铆tanle a un viejo profesor de historia eclesi谩stica recordarlo- no son los que vienen de fuera, sino los de dentro. El problema no es el saber qu茅 ir谩n a hacer nuestros enemigos, sino 驴qu茅 somos nosotros capaces de hacer? La Iglesia puede resistir a todos los embates, menos a uno, el que le viene de olvidar la palabra de Cristo:
"Vosotros sois la sal de la tierra... la luz del mundo... el faro sobre el monte". Ya Cristo mismo a帽adi贸 la consecuencia: "si la sal se hace ins铆pida 驴con qu茅 se preservar谩 al mundo de la corrupci贸n?" 112 .
No podemos olvidar que nuestra presencia al mundo tiene ante todo un valor de testimonio y de signo.
El sacerdote es para la comunidad el signo de la presencia de Dios en el mundo. El es el testimonio constante de lo sobrenatural.
La historia de la salvaci贸n nos dice que las intervenciones de Dios en la vida de la humanidad se han realizado siempre por medio de hombres que Dios elige, llama y env铆a. En la econom铆a actual, el sacerdote tiene esa funci贸n.
Por otra parte, el mundo mismo quiere ver en nosotros "a los ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios" 113 .
No quiero que en el d铆a del "redde rationem" 114 , tenga que repetir la frase b铆blica: "vae est mihi quia tacui" 115 .
Por eso hablo a mi clero, como vig铆a sobre el muro, para se帽alar el peligro de una desnaturalizaci贸n del sacerdocio, que, no aqu铆, a Dios gracias, sino sobre todo fuera de Chile, se est谩 insinuando.
驴Que hay que revisar muchos puntos pastorales? 驴qui茅n puede negarlo? Creo en estos a帽os haber hablado muchas veces sobre la necesidad de esta renovaci贸n pastoral. 驴Qu茅 hay que adaptamos a los tiempos? Precisamente 茅sta es la finalidad principal del Concilio. 驴Qu茅 hay que abrirse al mundo para dialogar con 茅l? Los Papas Juan XXIII y Pablo VI nos dan el ejemplo.
Pero, cuidado, que esto no signifique ni ocultar nuestro sacerdocio, ni humanizarlo tanto que pierda su car谩cter esencial, sagrado (Sacerdocio viene de "sacer"). Ni disminuir el valor del mensaje, ni caer en un olvido de las prioridades apost贸licas, ni querer sustituir la eficacia divina que viene de Cristo, con simples eficacias humanas. Hoy, como ayer, "la victoria que vence al mundo es nuestra fe" 116 .
Para ser de nuestro tiempo, para realizar una acci贸n en profundidad, para estar presentes al mundo nuevo que se forma, no se nos pide que renunciemos a los valores permanentes que constituyen la riqueza del sacerdocio, sino que sepamos adaptar esos mismos valores en toda su integridad a las nuevas exigencias de los tiempos.
El sacerdote ha de ser un hombre de su tiempo, comprendi茅ndolo y am谩ndolo, y ha de ser un hombre de todos los tiempos, manteniendo lo que constituye su raz贸n de ser sacerdotal.
隆Cuid茅monos de palabras o de juicios superficiales, ni teol贸gica, ni psicol贸gica, ni sociol贸gicamente mundanos, con lo cual s贸lo se quiere justificar situaciones particulares!
Juan XXIII es el Papa del "aggiornamento", del di谩logo universal, de la presencia de la Iglesia. Pero es el sacerdote que nos deja su "Diario espiritual", simple y di谩fano como su alma, donde se trasluce n铆tidamente el ministro de Dios.
Fue el hombre que supo, como nadie, comprender a todos los hombres, precisamente porque como pocos supo vivir su vida sacerdotal.
Demos una r谩pida mirada doctrinal al fundamento de nuestro ministerio.
Por su ministerio pascual, Cristo reconcilia y congrega a los hombres dispersos, los une en 茅l para llevados al Padre y los constituye en Iglesia", nuevo pueblo de Dios, "hombre nuevo".
De ese pueblo, escoge a doce. Los hace sus Ap贸stoles. Los consagra a la misi贸n. Los arma por el Esp铆ritu Santo en una creaci贸n nueva.
El Colegio Apost贸lico y su continuaci贸n, el Colegio Episcopal, dirigido por su sucesor el Romano Pont铆fice, tienen como mandato fundamental la misi贸n de evangelizar al mundo.
Las diversas funciones episcopales tienen una unidad fundamental, de donde deriva la unidad de la pastoral sacerdotal: la misi贸n.
El Concilio acaba de recordamos que el Episcopado es responsable solidariamente de la evangelizaci贸n del mundo. Es la consecuencia primera de la colegialidad.
Esto significa el car谩cter netamente misionero del Colegio Episcopal.
A su vez, el Obispo con su clero es el responsable de la misi贸n en la Di贸cesis. Su tarea fundamental es la evangelizaci贸n.
Los tres momentos de esa misi贸n 煤nica pueden marcarse con tres palabras: evangelio, eucarist铆a, Iglesia, es decir: la fe, el sacramento, el pueblo, o mejor: el mensaje, el misterio, la comunidad. Se encuentra ah铆 en t茅rminos concretos y realistas lo que se esfuerzan en decir las palabras jur铆dicas: "munus docendi, sanctificandi, regendi" 117 .
Si los hombres de todas las ideolog铆as se interesan en el Concilio, no es porque esperen de 茅l f贸rmulas cient铆ficas, econ贸micas o pol铆ticas, sino precisamente "el suplemento de alma" que le falta al mundo en lo temporal.
Hay un tesoro que ninguna instituci贸n humana puede dar y que solamente puede darlo la Iglesia; el mensaje y la vida de Dios. Esto es lo que el mundo espera principalmente de Ella. Esta es la tarea fundamental que corresponde al sacerdocio.
En el momento en que un gran desarrollo temporal se precisa y se realiza, es m谩s necesario que nunca, justamente para que ese desarrollo tenga sentido aut茅nticamente humano, que el anuncio de la Buena Nueva tenga prioridad en el ministerio de aquellos que fueron llamados precisamente a esto: "ad dandam scientiam salutis plebe ejus" 118 .
En consecuencia, la Iglesia ha sido hecha para el mundo "ya que Dios lo am贸 tanto que le dio a su Unig茅nito" 119 . El mundo, a su vez, debe recapitularse en la Iglesia. Es el sentido profundo del "instaurare omnia in Christo" de San Pablo 120 .
La Iglesia peregrina, camina en la historia, avanza en el tiempo, est谩 铆ntimamente mezclada al desarrollo de la humanidad. Pero esa Iglesia, encarnada en lo humano, presente en lo temporal, que no rechaza ning煤n valor aut茅nticamente humano, tiene una ley fundamental que se expresa en el viejo aforismo: "salus populi suprema lex".
Ahora bien, esto exige para nuestro ministerio el acentuar sin negar otras actividades, la prioridad en el ministerio de salvaci贸n.
Hagamos juntos, queridos hermanos, nuestra revisi贸n de actividades sacerdotales. Quiero ser el primero en someterme a este examen. El primero en reconocer mis deficiencias en este terreno. El primero en querer poner todo lo que el Concilio me exige. Yo no vengo aqu铆 a juzgar a mi clero. Vengo a hacer mi revisi贸n de vida junto con 茅l.
Y ese examen me pregunta: 驴estamos formando la comunidad cristiana?, 驴le estamos imponiendo a esa comunidad un estilo aut茅nticamente evang茅lico? El amor del Reino de Dios 驴preside nuestro apostolado?, 驴sabemos expresar en nuestra vida las razones verdaderas, profundas, no accesorias, de nuestro ministerio sacerdotal? 驴Sentimos la angustia de que a menudo el anuncio hecho a los hombres por nuestras comunidades cristianas no sea el anuncio del Reino?
Al afirmar este primado de la evangelizaci贸n, enti茅ndase bien, no quiero ni negar, ni disminuir la acci贸n temporal. Quiero colocarla en el lugar que nos corresponde en nuestro ministerio.
Creo tener derecho, despu茅s de 30 a帽os en que he mantenido claro el pensamiento social de la Iglesia ante muchas incomprensiones, tanto m谩s dolorosas cuanto m谩s 铆ntimas, a que se me crea, que no he cambiado ni disminuido la l铆nea que por amor a la Iglesia y a los humildes he seguido.
Pero estoy hablando al clero y necesito decirle, que hay una labor irremplazable que corresponde al laicado, y que nosotros no podemos ni debemos sustituir. Que si existe un peligro que es necesario evitar, de un laicado divorciado del sacerdocio, existe tambi茅n otro, el de un clero que asume tareas laicales que no son de su competencia. Que existe un laico adulto que no quiere ser tratado como menor de edad en funciones que le son propias.
Entonces 驴cu谩l es en este terreno la acci贸n del sacerdote?
Existen en el mundo valores naturales cuya ra铆z es evang茅lica y que es necesario que alcancen en una visi贸n m谩s trascendente su desarrollo total.
La Iglesia asume la lucha por la justicia, la fraternidad, la paz, en su sentido humano, pero para darles, a la luz de Cristo, toda su perspectiva redentora.
Y aqu铆 se coloca la acci贸n del sacerdote frente a lo temporal.
Tenemos, ante todo, que evitar tentaciones muy sut铆les, muy humanas, que no por eso dejan de ser tentaciones.
Tenemos que meditar constantemente en la respuesta que Cristo dio al Tentador al final de su ayuno en el desierto.
Tenemos, igualmente, que cuidar que el temor de no invadir el campo de lo temporal nos haga caer en un pecado de angelismo, de evasi贸n al mundo y de desolidarizaci贸n con sus problemas.
驴C贸mo resolver este conflicto?
No desear铆a extenderme, pero tampoco desear铆a omitir el enunciar un tema que juzgo para nosotros de extraordinaria importancia: es a la luz de la doctrina donde encontraremos la soluci贸n. Recordemos:
Las estructuras de la Iglesia son comunitarias y jer谩rquicas. Los Hechos nos dicen que "en la primitiva Iglesia se manten铆an fieles a la comuni贸n fraterna" 121 .
Esto significa que la fuerza primera de cohesi贸n no viene de lo exterior, sino de lo interior. Que la vitalidad de la Iglesia no depende tanto de fines esenciales de la comunidad, es decir, la redenci贸n de la humanidad.
De ah铆 nuestra tarea.
Hacer posible que las comunidades humanas est茅n animadas de una vitalidad interior.
El sacerdote no se retira del mundo. No es extra帽o a 茅l. Todo lo que es humano lo siente suyo. Pero deja a los hombres, que Dios en su providencia puso en las comunidades humanas, la tarea de inspirar en ellas el soplo evang茅lico.
Su labor sacerdotal es doble; ense帽ar la verdad, establecer la doctrina, mostrar las perspectivas eternas del reino de Dios que avanza en la historia y formar a esos hombres para que sean en medio del mundo, al cual pertenecen por entero, los que saben leer en los signos de los tiempos y de los acontecimientos el plan de Dios para hacerlo realidad.
En la Iglesia, nos lo recuerda san Pablo, hay diversos ministerios.
No todos est谩n reservados al clero. Todos, sin embargo, tienen como finalidad el servicio de la comunidad. Debidamente distinguidos y coordinados han de producir el crecimiento del Cuerpo m铆stico de Cristo.
Hay que dar al laico su lugar en la Iglesia y su misi贸n insustituible de constructor de la ciudad terrestre, seg煤n el orden querido por Dios.
Nosotros, en cambio, sin desentendernos de esa responsabilidad temporal, pero sabiendo la forma en que nos corresponde actuar en ella, seguiremos repitiendo la palabra que los ap贸stoles nos entregaron al instituir el diaconado. "Nos autem, orationi et ministerio verbi instantes erimus". "Por lo que a nosotros concierne, nos mantendremos constantes a la oraci贸n y a la predicaci贸n de la palabra" 122 .
He se帽alado posibles desorientaciones que traen consigo incertidumbres y malestar.
Hay que buscar un equilibrio entre acci贸n evangelizadora y temporal, entre la presencia de Dios y la presencia al mundo, entre la construcci贸n de la ciudad terrestre y el crecimiento de la Iglesia.
Esto nos exige, a Obispo y Clero, tres cosas:
1) Un diagn贸stico de tipo misionero sobre el mundo, y sus necesidades en el campo de la fe.
Existen urgencias misioneras cuando hay:
a) ausencia de fe, pensemos en el ate铆smo actual, o en sectores sociales no iluminados por la fe, o en debilitamientos de la fe;
2) El sacerdote tiene que volver a pensar los fundamentos teol贸gicos de su ministerio en una perspectiva misionera.
3) Centrar su vida y su acci贸n a la luz de esta visi贸n misionera. Es decir, establecer la unidad profunda de su ser: oraci贸n y acci贸n, estilo de vida y cultura -plan de acci贸n donde el ministerio de la palabra tiene prioridad- coordinaci贸n de tareas en el presbyterium, di谩logo entre sacerdotes y Obispo en la l铆nea de su misi贸n solidaria.
S贸lo as铆 podr铆a responder a la pregunta que el Concilio nos presenta sobre la misi贸n del sacerdote en el mundo de hoy.
No quiero leer una enumeraci贸n que se har铆a fastidiosa. Prefiero, la pr贸xima semana, como antes dije, enviarla al clero, junto con la presente alocuci贸n que establece los criterios fundamentales.
Me concreto a leer el resumen de las proposiciones:
1. Vida espiritual.
2. Vida intelectual.
3. Situaci贸n econ贸mica.
4. Vida comunitaria.
5. Criterios generales para el desempe帽o de los cargos.
6. Las Parroquias.
7. Los religiosos en la Di贸cesis.
8. La funci贸n del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad.
9. Hacia el "Presbyterium" diocesano.
Dentro de la idea central que ha guiado esta presentaci贸n, a saber, "poner en pr谩ctica el esp铆ritu y las orientaciones del Concilio", quiero dar a conocer en sus l铆neas generales el plan de trabajo para 1965.
Es de suma importancia que todos nos sintamos responsables de 茅l.
Este plan no es fruto de una elaboraci贸n te贸rica, ni de un deseo particular del que habla.
Es la expresi贸n de lo que a trav茅s de la experiencia de la Misi贸n general, que pr谩cticamente ha cubierto toda la di贸cesis, se ha recogido.
En su redacci贸n se ha tenido principalmente en cuenta las observaciones de los p谩rrocos, las impresiones recogidas por los misioneros, las encuestas previas realizadas, las peticiones de numerosos laicos, etc.
De otra parte, este plan no trae nada nuevo, sino que concentra en algunos puntos lo que desde hace largo tiempo se viene insistiendo en la Di贸cesis.
Creo en este plan interpretar las orientaciones m谩s actuales de la pastoral. Las urgencias m谩s apremiantes de la di贸cesis, las directivas fundamentales del Concilio y el juicio de los Documentos.
Creo, a este 煤ltimo respecto conveniente a帽adir otro dato que es importante. El plan que hoy se entrega es fruto del trabajo de los decanatos, no de disposici贸n arbitraria de la autoridad.
El 10 de noviembre de 1964 se celebr贸 una reuni贸n de Decanos en Curic贸 con el fin expreso de estudiar el plan de 1965. En esa reuni贸n, se propusieron tres ideas centrales, que son las que sirven de base al presente trabajo:
1. Espiritualidad sacerdotal, insistiendo en que el sacerdocio es un servicio;
2. Catequesis sacramental.
3. Formaci贸n de los seglares, sobre todo, en relaci贸n a su compromiso temporal.
Los Decanos deb铆an tratar estos puntos en la reuni贸n de sus respectivos Decanatos y recoger las sugerencias que se hicieran. En algunos Decanatos se hizo as铆.
Despu茅s de esa reuni贸n, los Decanos deb铆an enviar a la Secretar铆a del "Centro de Pastoral" las observaciones que se hubieran hecho en los Decanatos.
El 11 de febrero de 1965, en Iloca, y el 15 de febrero, en Talca, se hicieron dos reuniones de Decanos, para seguir estudiando el Plan de Trabajo y ver la manera de concretarlo. Las ideas que ahora se proponen en este Plan, recogen todas las sugerencias que se han hecho, conservan los tres puntos centrales, y se agregan algunas exigencias que parece importante impulsar este a帽o.
Mis queridos amigos:
Termino esta alocuci贸n, que ya fe hace extensa en demas铆a.
En ella he resumido largas reflexiones personales sobre el ministerio del sacerdote de hoy y de ma帽ana.
Tengo plena confianza en que el soplo renovador del Concilio nos dar谩 el sacerdote que la Iglesia y el mundo de hoy necesitan. Lo que yo llamo "el sacerdote del Vaticano II".
Pero esto exige solidez y serenidad para no dejarse arrastrar por corrientes superficiales y temerarias, que estiman que el "ponerse al d铆a" equivale a desviar la l铆nea profunda de nuestro sacerdocio.
Esa l铆nea honda y renovada ha sido magn铆ficamente expresada por el grupo de p谩rrocos franceses y belgas invitados al Concilio. Se resume en 3 ideas:
1) Ser misionero en funci贸n de la Eucarist铆a y partiendo de ella.
2) Ser miembro viviente del "presbyterium".
3) Estar vitalmente unido al pueblo de Dios, es decir, presente al mundo.
El Concilio exige una renovaci贸n. Nos pide que la Iglesia, seg煤n la palabra de san Irineo, engendre hombres vivos: "Gloria Dei vivens horno" (la Gloria de Dios es el hombre viviente); hombres que tengan toda su estatura de hombres y que sean cristianos con toda su estatura de cristianos.
Ello nos exige a nosotros ser sacerdotes en toda nuestra estatura sacerdotal. Hombre de Dios, hombre de los hombres. Ministro de Cristo, gu铆a del pueblo de Dios, profeta del mensaje eterno, servidor de nuestros hermanos, sacerdote seg煤n los sentimientos de Cristo Jes煤s.
Solamente as铆; reforzando nuestro sacerdocio, no disminuy茅ndolo; d谩ndole todas sus dimensiones, temporales y eternas; engarz谩ndolo en la savia siempre viviente de la Iglesia de ayer, en el tronco creciente de la Iglesia del Vaticano II, en las perspectivas inconmensurables de una nueva edad hist贸rica que nace y de una Iglesia que debe estar presente a ella, seremos poseedores de una respuesta en la fe, en la esperanza y en el amor a las grandes inquietudes de nuestro tiempo.
Mis queridos colaboradores:
En "La Ma帽ana" y "La Prensa", he publicado algunas declaraciones sobre el Concilio Vaticano II. Ellas resumen en forma superficial las impresiones predominantes del Concilio. No deseo insistir sobre ellas.
Quisiera solamente reiterarles mi saludo cari帽oso, la alegr铆a que experimento al encontrarme de nuevo entre ustedes y asegurarles que en todo momento su recuerdo me ha acompa帽ado en las tareas conciliares.
El objeto de esta carta que les ruego meditar atentamente, es hacer ver lo que el Concilio debe ya producir entre nosotros. Ser铆a vano e in煤til lo que se est谩 haciendo si nosotros (Uds. y yo) no comenzamos desde ahora a realizar el esp铆ritu del Concilio aun antes que las decisiones finales de 茅l hayan sido tomadas.
Quiero que estas reflexiones no aparezcan como una cosa personal, sino como expresi贸n de lo que el Papa y los Obispos hemos dicho. De ah铆 que ellas tendr谩n siempre como base un texto pontificio o conciliar.
Toda renovaci贸n cristiana significa dos cosas:
a) Revisi贸n de nuestra vida, y
b) Restauraci贸n de ella a la luz del Evangelio.
Me pregunto y os pregunto: nuestra vida en su intimidad espiritual, en su expresi贸n externa, en su estilo de manifestarse, en su actividad apost贸lica 驴refleja plenamente el esp铆ritu de las bienaventuranzas, que es la s铆ntesis del esp铆ritu del Evangelio?
Si la respuesta de esta revisi贸n es negativa o incompleta 驴qu茅 debemos hacer para efectuar esa renovaci贸n de que nos habla el Papa Juan XXIII? Porque, entend谩moslo bien, no habr谩 "renovaci贸n de la vida del pueblo cristiano" si ella no comienza por nosotros.
La pauta de esta renovaci贸n nos la da otro documento de S.S. Juan XXIII.
Se trata del discurso de Pentecost茅s de 1962, especialmente de la invocaci贸n final al Esp铆ritu Santo. 驴Qu茅 pide el Papa para nosotros como fruto del Concilio?
a) "Acelera en cada uno de nosotros el advenimiento de una profunda vida interior".
Si no somos almas de oraci贸n no seremos los instrumentos de la gracia que el mundo necesita.
Revisemos delante de Dios si somos fieles a la oraci贸n mental de cada d铆a 鈥 si rezamos con devoci贸n el "oficio divino" - si hacemos diariamente lectura espiritual - si la Misa es realmente el centro de nuestra vida y si ello se expresa en una ardiente piedad eucar铆stica.
No hay renovaci贸n verdadera si ella no procede de las fuentes aut茅nticas: la vida de fe, de esperanza y de caridad, que son fruto de una vida interior. El pueblo cristiano tendr谩 esa vida interior en la medida en que sepamos d谩rsela, y se la daremos en la medida en que nosotros la vivamos.
b) "Dad un impulso vigoroso a vuestra apostolado, que alcance a todos los hombres".
No podemos seguir con un apostolado l谩nguido, superficial, rutinario o sin planificar. Es deber de todos nosotros darle al apostolado el impulso, la profundidad, la coordinaci贸n y la adaptaci贸n que necesita. Tenemos que estar dispuestos a hacer sacrificios para lograrlo. Por mi parte, yo me siento responsable de tomar todas las medidas y emplear todos los medios para lograr esta necesidad urgente. No podemos detenemos en consideraciones personales ante una exigencia de Cristo.
Para lograr esto, el Papa en el mismo documento nos se帽ala los medios:
a) "Mortificar en nosotros la presunci贸n demasiado conforme a nuestra naturaleza y elevarnos a las regiones de la Santa humildad, del verdadero temor de Dios, del valor generoso".
Una falta de verdadera humildad engendra la presunci贸n y 茅sta a su vez una exagerada susceptibilidad. Pensamos con frecuencia, m谩s en lo que se debe a nuestra persona que en lo que nosotros debemos a la Iglesia. De ah铆 que no pocas veces las tareas apost贸licas a las cuales est谩 subordinado el avance del reino de Dios, se encuentran detenidas por motivos personales o peque帽os. Hay que tener el valor generoso que pide el Papa para abordar los sacrificios que la causa de Dios exige.
b) "Haz que ning煤n lazo terreno nos impida hacer honor a nuestra vocaci贸n", prosigue el Papa en su oraci贸n de Pentecost茅s.
Es f谩cil que, imperceptiblemente, lazos terrenos que aparecen con justificaci贸n natural, se convierten sin embargo en obst谩culo a la vocaci贸n a la cual hemos sido llamados. Tenemos una "vocaci贸n": ser los ap贸stoles en medio de las almas que el Se帽or nos ha confiado. Debemos hacer honor a esa vocaci贸n.
c) "Que por nuestra inercia ning煤n inter茅s mortifique las exigencias de la justicia".
Las exigencias de la justicia est谩n a nuestro cuidado. No podemos permanecer inertes ante ellas. Si la justicia sufre, sufre el avance del reino de Dios. Cuidar con esmero del grav铆simo peligro para la Iglesia de, o aparecer ligada a las injusticias o de mostramos indiferentes ante ellas. La Mater et Magistra, los documentos episcopales, la 煤ltima pastoral colectiva sobre el deber social, nos est谩n se帽alando un camino que no podemos abandonar. Hay una l铆nea clara y definida, tanto de la S. Sede como de nuestro Episcopado en materia de justicia social que nos obliga, no s贸lo a declaraciones te贸ricas, sino a una actitud que inspire tanto nuestra mentalidad cuanto nuestras acciones.
"Que ning煤n c谩lculo 'comprima los espacios inmensos de la caridad", a帽ade, para terminar con algo que debiera ser un programa siempre actual de presencia apost贸lica: "Que todo sea grande en nosotros. La b煤squeda y el culto de la verdad, la prontitud al sacrificio hasta la cruz y la muerte".
Nada peque帽o en nuestra vida. Somos los instrumentos de la obra m谩s grande de la historia: la redenci贸n de la humanidad.
Esto exige de nosotros un coraz贸n rebosante de magnanimidad. Santo Tom谩s define esta virtud como "quaedam inclinatio animi ad magna". Una inclinaci贸n del alma a las cosas grandes.
No caben peque帽eces humanas, de amor propio, vanidad, inter茅s, comodidad, en la tarea magna a que Dios nos llama.
驴Cu谩les son las grandes l铆neas del Concilio, que constituyen ya un programa para nosotros?
A trav茅s de dos grandes documentos conciliares: el discurso inaugural del Papa y el Mensaje de los Padres al Mundo, podemos indicado:
a) Optimismo de la hora presente. "Hacia un nuevo orden de relaciones humanas" 126 . El Papa disiente de "los profetas de calamidades que siempre est谩n anunciando infaustos acontecimientos" 127 . "Tales son quienes en los tiempos modernos no ven otra cosa que prevaricaci贸n y ruina; van diciendo que nuestra edad, en comparaci贸n con las pasadas, ha empeorado; y as铆 se comportan como quienes nada tienen que aprender de la historia" 128 .
Es necesario tener una visi贸n clara de nuestro tiempo. Termina una edad hist贸rica y comienza una nueva. El hombre de hoy no es ni mejor ni peor que el de ayer. Posee, s铆, una mentalidad y un estilo de vida que difiere mucho del antiguo. Hay que saber distinguir cuidadosamente lo que es sustancial y lo que es accidental, lo perenne y lo ef铆mero, lo que toca a la doctrina y lo que toca las formas en que 茅sta se expresa.
El refugiarse en un recuerdo nost谩lgico de los tiempos idos, suele con frecuencia ser una evasi贸n para no mirar de frente los tiempos nuevos con sus deberes y sacrificios.
b) El objetivo principal del Concilio es: "que el sagrado dep贸sito de la doctrina cristiana sea custodiado y ense帽ado en forma cada vez m谩s eficaz" 129 . Esto significa, en primer lugar, fidelidad a la tradici贸n y confiada aceptaci贸n del progreso humano. Hay que volver plenamente a la rica tradici贸n de la Iglesia. "Volver a la fuente"-"revertimini ad fontes", fue la voz de orden de S. P铆o X. De ah铆 la necesidad de conocer y de participar en el gran movimiento de renovaci贸n pastoral de los 煤ltimos a帽os, sea en el campo de la liturgia, de la piedad, de la catequesis o del apostolado.
Junto a esto, la confiada "aceptaci贸n del progreso humano" "al mismo tiempo tiene que mirar al presente considerando las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo moderno que han abierto nuevas rutas al apostolado cat贸lico" 130 .
La uni贸n de estas dos condiciones har谩 que se cumpla lo que el Papa pide: "la defensa y propagaci贸n eficaz de la verdad revelada".
Tenemos una obligaci贸n de eficacia: Esta eficacia depende fundamentalmente de que empleemos los medios aut茅nticos que el Evangelio y la Iglesia nos se帽alan. Nos preocupamos de m茅todos, asociaciones, Campa帽as, medios de propaganda, etc., sin preguntamos antes si ellos son los medios que tienen eficacia divina. El Papa nos pide "defensa y propagaci贸n eficaz de la verdad revelada" oblig谩ndonos con ello a un serio y profundo examen de conciencia, a una revisi贸n de m茅todos y actividades apost贸licas para ver si ellas poseen o no aquella eficacia divina que los har谩 aptos para el fin que se busca.
a) El discurso inaugural no se contenta con establecer este principio general, sino que desciende a- indicar la modalidad de la difusi贸n de la doctrina sagrada.
"Nuestro deber no es s贸lo custodiar, sino tambi茅n dedicamos con voluntad diligente, sin temores a la labor que exige nuestro tiempo" 131 .
Debemos dar sin temor un salto hacia adelante
"hacia una penetraci贸n doctrinal y una formaci贸n de las conciencias que est茅n en correspondencia m谩s perfecta con la fidelidad a la aut茅ntica doctrina, estudiando 茅sta y exponi茅ndola en conformidad con los m茅todos de la investigaci贸n y con la expresi贸n literaria que exigen los tiempos actuales" 132 .
b) Ante los errores, el Papa se帽ala igualmente cu谩l ha de ser nuestra posici贸n: "La verdad del Se帽or permanece siempre" 133 . No caben transigencias doctrinales, pero
"la Esposa de Cristo prefiere hoy usar la medicina de la misericordia m谩s que la de la severidad; piensa que hay que remediar a los necesitados mostr谩ndoles la validez de su doctrina sagrada m谩s que conden谩ndolos" 134 .
Es todo un programa pastoral el que aqu铆 se encierra.
No es la actitud negativa, sino la positiva la que ha de remediar los errores.
"La violencia causada a otros, el poder de las armas, el predominio pol铆tico, nada sirven para una feliz soluci贸n de los problemas que los aflige" 135 .
Es tentaci贸n f谩cil caer en una actitud de condenaci贸n, de "anti", pero no es 茅ste el camino del Evangelio. "No sab茅is de qu茅 esp铆ritu sois" dijo Jes煤s a los "hijos del trueno" que ped铆an fuego del cielo sobre las ciudades que no los hab铆an recibido.
Es m谩s dif铆cil, m谩s lento, pero en cambio eminentemente m谩s eficaz el camino positivo de "mostrar la validez de la doctrina" que el Papa se帽ala.
Cuid茅monos de dejarnos envolver por esas campa帽as negativas que a m谩s de su ineficacia sirven no pocas veces para esconder intereses meramente humanos. No es esa nuestra misi贸n ni nuestra tarea.
c) La Iglesia, contin煤a el Papa, pone sobre todo su eficacia en los medios aut茅nticos sobrenaturales de la doctrina y de la gracia: la fe y el amor. Lo mismo que un d铆a Pedro al pobre que le ped铆a limosna, dice ella al g茅nero humano oprimido por tantas dificultades: "No tengo oro ni plata; pero te doy lo que tengo: en Nombre de Jes煤s Nazareno lev谩ntate y anda" 136 . La Iglesia, pues, no ofrece riquezas caducas a los hombres de hoy, no promete una felicidad s贸lo terrena; sino que los hace participantes de los bienes de la gracia divina 137 .
Tengamos cuidado con un exceso de temporalismo. Tenemos que preocupamos gravemente de mejorar las condiciones materiales que permitan una vida verdaderamente humana, pero ah铆 no termina nuestra misi贸n. Somos, ante todo y sobre todo, "los ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios" 138 . Que la acci贸n temporal, necesaria, no nos haga jam谩s perder de vista que Uno es el Salvador: Cristo.
Haciendo eco a las palabras del Papa al iniciarse el Concilio, los Padres Conciliares enviaron el Mensaje a todos los hombres, cuyas notas principales podemos resumir en las siguientes, que nos dan una norma de actuaci贸n:
1. Universalidad; se dirige a todos los hombres de buena voluntad sin distinci贸n de Credos. El Colegio episcopal sucesor del Colegio apost贸lico, siente y vive su misi贸n para todos los pueblos y naciones. Somos deudores de la humanidad. Nos debemos a todos, "creyentes e incr茅dulos".
2. Recordamos a todos el gran mensaje de salvaci贸n: el Amor de Dios Padre a los hombres, encarnado en su Hijo hecho miembro de nuestra raza, orientador de la historia y salvador de la creaci贸n. Es el gran "kerygma" que es menester hoy d铆a repetir. El mundo pagano se convirti贸 por el anuncio de este mensaje. El paganismo de hoy ser谩 igualmente convertido por este mensaje que es necesario repetir incesantemente.
3. Los Pastores llevan en sus corazones las ansias de todos los hombres, de todos los pueblos, las angustias del cuerpo y del alma, los sufrimientos, los deseos, las esperanzas.
Porque el amor de Cristo los apremia recuerdan de una manera especial los dos problemas de mayor consideraci贸n: la paz entre los pueblos y la justicia social.
Es alentador para el Episcopado chileno, que a menos de un mes de la promulgaci贸n de su pastoral sobre "El Deber social" 139 de los cat贸licos, el Episcopado universal haya dado este mensaje de sintom谩tico parentesco. Lo que los Pastores chilenos sentimos y dijimos, lo dicen nuevamente los Pastores de la Iglesia universal. El deber de todos nuestros colaboradores hacer comprender la importancia de nuestra pastoral colectiva y c贸mo ella refleja el pensar y el sentir de la Iglesia Universal.
Quisiera antes de terminar, se帽alar tres notas que me parecen de especial importancia:
1. El Concilio es una comuni贸n con el Papa, entre todos los Obispos, con todos los miembros de la Iglesia. La adhesi贸n al Papa, la uni贸n con el Obispo, la participaci贸n de los laicos en el apostolado jer谩rquico, son el signo visible de esa comuni贸n.
2. El Concilio es un triple di谩logo. Con sus propios fieles, con los hermanos separados y con el mundo moderno. Los Obispos han llegado sintiendo que son representantes de sus iglesias particulares. Han dialogado y quieren seguir dialogando con sus fieles a fin de que todos los anhelos se expresen en el aula Conciliar. En el pr贸ximo mes de mayo, un cuestionario al clero, religiosas y laicos permitir谩 al suscrito conocer en forma m谩s precisa el pensamiento de sus diocesanos.
Con los hermanos separados se ha establecido un di谩logo tan fraternal y sincero que dif铆cilmente podr谩 interrumpirse. Cu谩l ser谩 el resultado definitivo de ese di谩logo, lo ignoramos, pero s铆 sabemos que "ubi charitas et amor, ibi Deus est" 140 .
El di谩logo de caridad esperamos que un d铆a se transforme en comuni贸n. Oremos con instancia. No cerremos ninguna puerta. Abramos nuestra mente y nuestro coraz贸n para que ese d铆a auspiciado por Cristo venga pronto.
Con el mundo de hoy. La Iglesia admira sus conquistas y progresos. Pero m谩s all谩 del progreso t茅cnico mira el espiritual. La Iglesia quiere la salvaci贸n del mundo. Vibra en el sentido misionero de nuestro apostolado. La Iglesia quiere ser la conciencia de la humanidad y la luz de la historia.
3. El Concilio Vaticano II ser谩 el Concilio de la iglesia. La labor de todos levantar谩 ese edificio; "la Iglesia de los siglos futuros delineada por el Vaticano II". "Ecclesia Christi lumen gentium". Pero de un modo especial ser谩 el que muestra "la Ecclesia pauperum" la Iglesia de los Pobres de que habl贸 Juan XXIII en su memorable discurso del 11 de septiembre:
"Delante de los pa铆ses subdesarrollados, la Iglesia se presenta -y ella quiere serlo- como la Iglesia de todos y particularmente la Iglesia de los Pobres. "Es el deber de todo hombre, el deber apremiante del cristiano, de apreciar su superfluo teniendo en cuenta, las necesidades de los otros, y de velar cuidadosamente porque la explotaci贸n y la distribuci贸n de recursos de la creaci贸n sean subordinados al inter茅s de todos". "Se trata de difundir el sentido social y comunitario que es inherente al cristianismo aut茅ntico y todo esto ser谩 afirmado (en el Concilio) con vigor" 141 .
Palabras memorables que abren una nueva etapa a la historia de la Iglesia de hoy.
Quiero a帽adir los comentarios de dos eminentes prelados:
"Es necesario, dice el Card. Gerlier -Arzobispo de Lyon- que la Iglesia aparezca lo que ella es: la Madre de los pobres, preocupada ante todo de dar el pan del cuerpo y el del alma a sus hijos. Ella debe orientar a los que tienen lo necesario hacia la obligaci贸n de procurarlo a los que a煤n no lo tienen".
"La pobreza, dice el Patriarca de Antioqu铆a, M谩ximos IV, es una cuesti贸n de vida o muerte para la Iglesia; sin ella perder谩 el mundo obrero".
Los Padres Conciliares quieren considerar profundamente la conexi贸n 铆ntima entre la presencia de Cristo en los pobres y su presencia mist茅rica en la acci贸n Eucar铆stica y en la Sagrada Jerarqu铆a.
Los momentos del misterio de la Iglesia que hacen vibrar en la tierra su vitalidad, son la Eucarist铆a y los Pobres.
4. El Concilio fruto de la oraci贸n, la penitencia y el trabajo com煤n
El Concilio ha realizado su primera etapa. A trav茅s de ella vemos dise帽arse su fisonom铆a; la maternidad de la Iglesia y la paternidad del Obispo; la importancia de las Conferencias Episcopales; la solidaridad del Episcopado universal en la evangelizaci贸n del mundo ("Fidei domun") 142 . La canonizaci贸n y adaptaci贸n del movimiento lit煤rgico; la importancia del laicado que llega a su edad adulta apost贸lica. Un gran movimiento ecum茅nico que no es falso irenismo, se dise帽a. Una gran esperanza se abre. Una hora de Dios se acerca. "La primavera de la Iglesia" que anunci贸 P铆o XII, se avecina.
Pero el Concilio est谩 en plena realizaci贸n. Estos meses que nos separan de septiembre, ser谩n meses de trabajo intenso y silencioso.
Pero, sobre todo, son meses de oraci贸n y de penitencia.
Debemos en el esp铆ritu que se anuncia, comenzar a realizarlo.
"El cohete espacial del Concilio ha sido lanzado, dijo Jean Guitton 143 , nadie podr谩 detenerlo".
Mis amados colaboradores:
A trav茅s de estas l铆neas os he dicho algo de lo que pienso para m铆 y para vosotros. Algo de lo que siento que Dios nos exige a todos en esta hora.
Ayud茅monos mutuamente en la plegaria para que "en estos d铆as de salud" ni ustedes ni yo recibamos en vano la gracia de Dios.
Con mucho afecto los bendice en esta Navidad Conciliar.
Queridos hermanos,
脡stas no son ni un estudio ni un proyecto. Son 煤nicamente algunas reflexiones sobre el momento actual de la Iglesia en Chile y las l铆neas de apostolado, que a mi juicio, se precisan.
1. El primer hecho que aparece son los graves y profundos cambios que Chile enfrenta en el presente y deber谩 afrontar en un futuro muy pr贸ximo.
Hay un cambio pol铆tico, que no consiste s贸lo en un cambio de partidos en el poder, como antes ha acontecido. Sin pretender juzgar al actual gobierno, hay que ver su l铆nea fundamental que consiste en una voluntad de cambios r谩pidos y estructurales, que el partido de gobierno califica de "revoluci贸n en libertad" 145 .
Esos cambios pol铆ticos est谩n 铆ntimamente unidos a cambios sociales estructurales: reforma agraria, reforma tributaria, reforma urbana, reforma constitucional, etc.
La mentalidad general del pa铆s, salvo un sector minoritario que constituye la Derecha, es revolucionaria. Que ella se llame revoluci贸n marxista, o en libertad, o como se quiera, hay dentro de la diversidad un denominador com煤n: mentalidad de revoluci贸n.
2. Segundo hecho: la mitad de la poblaci贸n chilena es menor de veinte a帽os. Esto significa que si el mayor esfuerzo apost贸lico en personal y en dinero se est谩 haciendo con la generaci贸n de treinta a帽os para arriba, estamos empleando el m谩ximo de esfuerzo, con el sector m谩s reducido.
3. Tercer hecho: la poblaci贸n rural se ha incorporado bruscamente en la vida nacional. De una parte, la ciudad influye sobre el campo; prensa, radio (se ha hablado con raz贸n que hoy presenciamos la revoluci贸n de los "transistors"). De otra parte el campo afluye a la ciudad (red caminera, servicio de buses, etc.). Por 煤ltimo, una parte no peque帽a de la poblaci贸n rural, se hace urbana (gran parte de la poblaci贸n central de las callampas, son de origen rural).
4. Existe un fuerte aumento de la influencia estatal. Sus organismos se hacen cada vez m谩s numerosos en el campo de la educaci贸n, la beneficencia, la promoci贸n social, la previsi贸n, etc. Muchas obras promovidas por la Iglesia en un rol de suplencia, pasan a ser estatales.
1. Ante todo podemos constatar el gran respeto a que la Iglesia se ha hecho acreedora. Su posici贸n neutral y abierta, le ofrece, hoy m谩s que nunca, 贸ptimas expectativas de penetraci贸n.
2. Pero al mismo tiempo debemos constatar que ni el laicismo mas贸nico, ni el materialismo marxista, han perdido su sectarismo antirreligioso.
De otra parte, es posible que por odiosidades pol铆ticas hacia la Democracia Cristiana, quieran unir a la Iglesia con ella y confundidas en un ataque com煤n.
3. Es interesante tambi茅n anotar aqu铆 otro fen贸meno y es el de la Derecha Econ贸mica en relaci贸n con la Iglesia.
Hay en ella dos sectores: el de tradici贸n cat贸lica (especialmente conservadores) y el de tradici贸n liberal (en el sentido filos贸fico de la palabra).
El primero permanece fiel a la Iglesia, pero con una profunda amargura hacia ella. Se sienten postpuestos, sienten que han perdido la primogenitura y no les agrada la posici贸n de avanzada de la Iglesia. Hay fuertes analog铆as y a煤n contactos con el "integrismo" de otros pa铆ses (vgr. "Fiducia", subvencionada por capitalistas brasile帽os) 146 . El otro sector permanece sociol贸gicamente cat贸lico, pero en el fondo anticlerical.
4. 驴C贸mo afronta la Iglesia chilena esta situaci贸n? Podemos definirlo con una frase: existe crisis en algunas instituciones de Iglesia (tomamos la palabra crisis en su sentido etimol贸gico, es decir, decisi贸n entre dos tensiones opuestas).
驴Cu谩les son estas dos tensiones?
Son la de un mundo de hace treinta a帽os o cincuenta, en que estas instituciones tomaron su fisonom铆a y se desarrollaron y en el mundo de hoy.
De esta crisis vienen diversas consecuencias: inadaptaci贸n, multiplicidad de l铆neas pastorales, indiferencia apost贸lica de gran parte del laicado, desorientaci贸n del clero y especialmente eficacia muy limitada actualmente de algunas instituciones (educaci贸n, acci贸n cat贸lica, acci贸n social).
Esta situaci贸n ofrece dos peligros que me parecen muy actuales en Chile:
a) El de encerramos en esas mismas instituciones y sepultarnos juntamente con ellas, o
b) El de crear otras nuevas para substituir a las antiguas, con el peligro de que a corto plazo van a sufrir el mismo proceso de esclerosis (el mundo evoluciona m谩s r谩pido que las instituciones).
En resumen, una Iglesia que no est谩 presente al mundo de hoy y a煤n menos al de ma帽ana.
5. Este problema se refleja especialmente en dos sectores: el clero y el laicado.
Es in煤til y perjudicial el oponer clero antiguo a clero joven. Ambos tienen sus grandes virtudes y defectos. Adem谩s es desviar el problema de su esencia.
Hay una crisis en el clero y esto debemos verlo con claridad.
En primer lugar falta la m铆stica de su sacerdocio (hablo del clero en conjunto).
En segundo lugar adolece de un grave individualismo. No tiene una conciencia social de su lugar y de su responsabilidad en la di贸cesis (obedece o critica al Obispo, o, lo que es m谩s f谩cil, se pone al margen de las directivas diocesanas).
Le falta una l铆nea pastoral clara en la cual vea las finalidades y las prioridades de su ministerio.
Por 煤ltimo, frente al Concilio, toma una actitud o de revisionismo negativo ("remise en question") o de "anomia" (carencia de leyes).
Esto no significa dar un juicio desfavorable a nuestro clero, antes al contrario, sino 煤nicamente ver los problemas fundamentales que lo afectan.
La idea de un laicado apost贸lico militante se ha debilitado. En parte la acci贸n pol铆tica, en parte el excesivo temporalismo, lo ha apartado de una visi贸n apost贸lica de la vida.
Los cuadros donde el laico ap贸stol se debe formar (parroquia, colegio, Universidad Cat贸lica), cumplen en forma muy deficiente su misi贸n.
Los movimientos apost贸licos est谩n reducidos y les falta una inserci贸n en la pastoral total de la Iglesia.
Al Episcopado actual le corresponde poner en acci贸n el Concilio.
Este Concilio ha sido definido como un Concilio pastoral, lo cual no quiere decir que no sea doctrinal. Ser铆a origen de desviaci贸n oponer doctrinal a pastoral. Precisamente porque es pastoral es doctrinal. La pastoral es teologal.
Creo que la aplicaci贸n del Concilio Vaticano II en la actual situaci贸n de Chile, debe tener cuatro l铆neas fundamentales de acci贸n:
a) Debemos dar conjuntamente al clero la m铆stica de su sacerdocio y la visi贸n clara de su misi贸n en la di贸cesis.
Algunas ideas que pueden orientar esta soluci贸n:
El Vaticano II nos ha entregado en la Constituci贸n "De Ecclesia" el misterio del Obispo y del Colegio Episcopal. Es necesario mostrar la relaci贸n del sacerdote con este misterio, Esto exige el que demos una visi贸n doctrinal del "Presbyterium". Mostrar c贸mo el presbyterium unido al Obispo, constituye el Obispo en su plenitud. Mostrar igualmente que los sacerdotes, tomados aisladamente, son nada sin el Obispo.
De ah铆 proceden dos consecuencias importantes:
- La uni贸n del clero con el Obispo en la triple funci贸n sacerdotal de Cristo: Evangelio, Eucarist铆a, Iglesia. Es decir, el mensaje, el misterio, la comunidad. Lo que corresponde jur铆dicamente al "munus docendi, sanctificandi, regendi" 147 .
- Fraternidad de los sacerdotes, expresi贸n de la misi贸n original, proveniente del Padre, de Cristo y del Obispo. Fraternidad que se expresa en la vida com煤n.
Necesitamos entregar al clero, a trav茅s de estudios doctrinales, de formaci贸n espiritual y de acciones concretas, esta visi贸n, sin la cual vamos a tener que enfrentar muy hondas y dif铆ciles crisis sacerdotales.
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