SEGRETERIA DI STATO
N. 303.637
"Señor Obispo:
"El Santo Padre ha sabido con viva complacencia, como manifestó de palabra a Vuestra Excelencia, "que la diócesis de Talca, y con ella toda la Iglesia en Chile, se prepara a conmemorar el décimo "aniversario de la muerte repentina y prematura de Mons. Manuel Larraín que se prodigó ahí, "durante más de 27 años, como Pastor solícito. Con este motivo me ha confiado el grato encargo de "hacerme intérprete de "su paterna participación al piadoso y significativo homenaje”.
"La figura de Monseñor Larraín sigue viva en la memoria y en "el corazón del Santo Padre, así como "de todos cuantos lo trataron en vida y pidieron apreciar su gran personalidad, la finura y simpatía "de su trato, Su generosa dedicación, su talento vivaz y sobre todo su pasión por la Iglesia. Toda su "vida, sus enseñanzas y Su ejemplo constituyen una página memorable y emblemática en los anales "del catolicismo no sólo en esa Nación, sino también en todo el continente latino-americano”.
"En efecto, como Presidente del CELAM, desde 1964 hasta el momento de su trágica desaparición "hace diez años, él vivió intensamente e irradió sabiamente la idea fundamental que dio vida a este "organismo, enriquecido por las directrices conciliares, es decir, un servicio y una ayuda a las "Conferencias Episcopales de las naciones de América Latina para que la Iglesia del Continente "pudiese leer más claramente los signos de los tiempos, responder de manera más cumplida a las "apremiantes instancias del pueblo de Dios, y ofrecer más copiosamente a los hombres ese "suplemento de alma que brota del evangelio”.
"En una frase lapidaria de la Carta a los Efesios, san Pablo sintetiza la vida y la misión de Cristo: "'dilexit Ecclesiam et tradidit semetipsum pro ea' (Efes. 5,25); no raras veces la sabia piedad de los "fieles ha hecho de esta sentencia el epitafio glorioso de insignes pastores de almas. Leyendo el "testamento pastoral de Mons. Larraín no se puede menos de pensar en tan sublime programa, en "efecto, amó apasionadamente y enseñó a amar a la Iglesia en la persona del Papa, de los Obispos, "de los sacerdotes; en su fe, en su culto y en sus sacramentos a los que prestó una particular atención "en el ejercicio de su misión episcopal, haciéndose propulsor también en el plano nacional, del "movimiento litúrgico; en su pueblo santo, manifestando su predilección por las categorías más "necesitadas, los pobres, los obreros, los jóvenes; en su eterno y siempre actual patrimonio de "doctrina, que él predicó incansablemente, asociando a su acción pastoral a numerosísimos "apóstoles del clero, de los religiosos y de los seglares por él formados. El honró y sirvió a la Iglesia "y enseñó a honrarla y a servirla con el ardiente testimonio de la palabra, la abnegación de un "compromiso generoso y sin límites, la responsabilidad del sacrificio personal, participando con "entusiasmo en sus alegrías y compartiendo íntimamente sus ansias y sufrimientos al verla "incomprendida, malentendida, combatida, contestada y perseguida en su obra de evangelización y "de salvación. ´Quiero que mi última palabra -escribe en su mensaje final- sea para la Iglesia, el "gran amor de mi vida sacerdotal. En ella he visto y encontrado a Cristo. Por ella únicamente he "trabajado y sufrido. Ofrezco mi muerte como supremo holocausto por ella`.
"En su Encíclica “Populorum Progresión” el Santo Padre se refirió a una carta pastoral de "Monseñor Larraín (AAS Vol. LIX - p. 273, n.32 "nota 33) sobre el desarrollo y la paz. Aunque "muchas situaciones han cambiado durante estos últimos años en la Iglesia y en el mundo, el "pensamiento del llorado Prelado permanece como una fuente de genuina inspiración para la "actividad social de los cristianos, que fue una de las constantes preocupaciones de su ministerio y "que tal permanece ya que, por encima de situaciones y vicisitudes contingentes que lo inspiraron, "brota de un auténtico sensus Ecclesiae, reconocible incluso cuando su discurso asume las "vibraciones existenciales del momento. En efecto, para él, los cristianos -y de manera particular los "sacerdotes, los religiosos y las religiosas- pueden prestar su calificado servicio a los hermanos en "favor de la promoción humana, de la justicia y de la paz, y pueden ser luz del mundo y sal de la "tierra sólo si aman y en la medida en que amen profundamente a la Iglesia y vivan plenamente su "comunión..
"Aprovecho la presente oportunidad para expresarle, Señor Obispo, el testimonio de mi sincera "consideración y devota estima en Cristo".
J. Card. Villoa
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