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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre durante su visita a la Biblioteca Apost贸lica Vaticana y al Archivo Secreto Vaticano
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Discurso del Santo Padre Benedicto XVI durante su visita a la Biblioteca Apost贸lica Vaticana y al Archivo Secreto Vaticano

Se帽ores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:

He aceptado con alegr铆a la invitaci贸n que me dirigi贸 el se帽or cardenal Jean-Louis Tauran, archivero y bibliotecario de la santa Iglesia romana, a visitar la Biblioteca apost贸lica vaticana y el Archivo secreto vaticano. Ambas instituciones, por el importante servicio que prestan a la Sede apost贸lica y al mundo de la cultura, merecen una atenci贸n particular por parte del Papa.

Por tanto, de buen grado he venido a encontrarme con vosotros y, a la vez que os agradezco la cordial acogida, os dirijo a todos mi saludo cordial. Saludo en primer lugar al se帽or cardenal Jean-Louis Tauran, agradeci茅ndole las palabras que me ha dirigido y los sentimientos que ha expresado en vuestro nombre. Con igual afecto saludo al obispo mons. Raffaele Farina, y al prefecto del Archivo secreto vaticano, padre Sergio Pagano, as铆 como a vosotros, aqu铆 presentes, y a todos los que, con funciones diversas, prestan su colaboraci贸n en la Biblioteca y en el Archivo.

Queridos amigos, vuestra actividad no es s贸lo un trabajo, sino, como acabo de decir, un singular servicio que prest谩is a la Iglesia y, de modo especial, al Papa.

Por lo dem谩s, ya es sabido que la Biblioteca vaticana, la cual 鈥攃omo anunci贸 el cardenal Tauran鈥� se dispone a llevar a cabo ingentes trabajos de restauraci贸n, lleva el nombre de "apost贸lica", porque es una instituci贸n que desde su fundaci贸n se considera la "Biblioteca del Papa", la que le pertenece directamente.

Tambi茅n en tiempos recientes el siervo de Dios Juan Pablo II quiso recordar este v铆nculo que une a la Biblioteca apost贸lica con el Sucesor de Pedro, v铆nculo que pone de manifiesto su misi贸n peculiar, ya subrayada por el Papa Sixto IV: "Ad decorem militantis Ecclesiae et fidei augmentum", "Para decoro de la Iglesia militante y para la difusi贸n de la fe". Algo an谩logo dijo otro de mis predecesores, el Papa Nicol谩s V, indicando su finalidad con las palabras: "Pro communi doctorum virorum commodo", "Para la utilidad y el inter茅s com煤n de los hombres de ciencia".

A lo largo de los siglos, la Biblioteca vaticana ha asimilado y afinado esta misi贸n con una caracterizaci贸n inconfundible, hasta llegar a ser hoy una casa acogedora de ciencia, de cultura y de humanidad, que abre sus puertas a estudiosos procedentes de todas las partes del mundo, sin distinci贸n de origen, religi贸n y cultura.

Vosotros, queridos amigos que trabaj谩is aqu铆 todos los d铆as, ten茅is la misi贸n de custodiar la s铆ntesis entre cultura y fe que transpira de los valiosos documentos y de los tesoros que conserv谩is, de las paredes que os rodean, de los Museos que ten茅is muy cerca y de la espl茅ndida bas铆lica que aparece luminosa en vuestras ventanas.

Tambi茅n conozco muy bien el trabajo que se realiza a diario, con empe帽o humilde y casi oculto, en el Archivo secreto, meta de numerosos investigadores procedentes del mundo entero: en los manuscritos, menos solemnes que los ricos c贸dices de la Biblioteca apost贸lica, pero no menos importantes por su inter茅s hist贸rico, los investigadores buscan las ra铆ces de muchas instituciones eclesi谩sticas y civiles, estudian la historia de los tiempos lejanos y de los m谩s recientes, pueden esbozar los perfiles de figuras ilustres de la Iglesia y de las civilizaciones, y dar a conocer mejor la obra multiforme de los Romanos Pont铆fices y de numerosos Pastores.

El Archivo vaticano, abierto a la consulta de los estudiosos por la sabia clarividencia de Le贸n XIII en el a帽o 1881, ha sido punto de referencia de enteras generaciones de historiadores, m谩s a煤n, de las mismas naciones europeas, que, para favorecer las investigaciones en un scrinium tan antiguo y rico de la Iglesia de Roma, han fundado en la ciudad eterna instituciones culturales espec铆ficas.

Hoy no s贸lo se acude al Archivo secreto para investigaciones eruditas, ciertamente 煤tiles y dign铆simas, sobre per铆odos lejanos de los nuestros, sino tambi茅n para intereses que ata帽en a 茅pocas y tiempos cercanos a los nuestros, incluso muy recientes. Lo demuestran los primeros frutos que ha producido hasta hoy la reciente apertura del pontificado de P铆o XI a los estudiosos, que decid铆 en junio de 2006. A veces, las investigaciones, los estudios y las publicaciones, adem谩s de despertar un inter茅s principalmente hist贸rico, pueden suscitar tambi茅n algunas pol茅micas.

A este respecto, no puedo por menos de alabar la actitud de servicio desinteresado y ecu谩nime que ha prestado el Archivo secreto vaticano, manteni茅ndose alejado de est茅riles y a menudo tambi茅n d茅biles visiones hist贸ricas partidistas y ofreciendo a los investigadores, sin barreras o prejuicios, el material documental que posee, ordenado con seriedad y competencia.

Desde muchas partes llegan al Archivo secreto, al igual que a la Biblioteca apost贸lica, muestras de aprecio y de estima de parte de instituciones culturales y de estudiosos particulares de diversas naciones. Esto me parece el mejor reconocimiento al que pueden aspirar las dos instituciones. Y quisiera asegurar a ambas, a sus superiores y a todo el personal, en los diversos grados de sus plantillas, mi gratitud y mi cercan铆a.

Confieso que, cuando cumpl铆 setenta a帽os, deseaba ardientemente que el amado Juan Pablo II me concediera poder dedicarme al estudio y a la investigaci贸n de interesantes documentos y hallazgos que vosotros custodi谩is con esmero, aut茅nticas obras de arte que nos ayudan a repasar la historia de la humanidad y del cristianismo.

En sus designios providenciales, el Se帽or ha establecido otros programas para m铆 y por eso hoy no me encuentro en medio de vosotros como apasionado estudioso de textos antiguos, sino como Pastor llamado a animar a todos los fieles a cooperar en la salvaci贸n del mundo, cumpliendo cada uno la voluntad de Dios donde 茅l nos pone a trabajar.

Para vosotros, queridos amigos, se trata de realizar vuestra vocaci贸n cristiana en contacto con valiosos testimonios de cultura, ciencia y espiritualidad, dedicando vuestras jornadas, y en definitiva buena parte de vuestra vida, al estudio, a las publicaciones, a servir al p煤blico y en particular a los organismos de la Curia romana. Para esta m煤ltiple actividad os serv铆s de las t茅cnicas m谩s avanzadas en la inform谩tica, en la catalogaci贸n, en la restauraci贸n, en la fotograf铆a y, en general, en todo lo que ata帽e a la conservaci贸n y al aprovechamiento del riqu铆simo patrimonio que custodi谩is.

A la vez que os alabo por vuestro compromiso, os exhorto a que consider茅is siempre vuestro trabajo como una verdadera misi贸n que deb茅is cumplir con pasi贸n y paciencia, amabilidad y esp铆ritu de fe. Esforzaos por ofrecer siempre una imagen acogedora de la Sede apost贸lica, conscientes de que el mensaje evang茅lico pasa tambi茅n por vuestro coherente testimonio cristiano.

Ahora, al concluir este encuentro, me complace anunciar el nombramiento del se帽or cardenal Jean-Louis Tauran como presidente del Consejo pontificio para el di谩logo interreligioso. En su lugar, como archivero y bibliotecario de la santa Iglesia romana, he nombrado a mons. Raffaele Farina, elev谩ndolo al mismo tiempo a la dignidad de arzobispo. Para desempe帽ar el cargo de prefecto de la Biblioteca apost贸lica vaticana he llamado a mons. Cesare Pasini, hasta ahora vice-prefecto de la venerable Biblioteca Ambrosiana. A cada uno de ellos le deseo ya desde ahora un fecundo cumplimiento de sus nuevas misiones.

Os doy una vez m谩s las gracias a todos por el valioso servicio que prest谩is en la Biblioteca apost贸lica y en el Archivo vaticano, y, a la vez que os aseguro mi recuerdo en la oraci贸n, con especial afecto imparto de coraz贸n a cada uno mi bendici贸n, que de buen grado extiendo a sus respectivas familias y a sus seres queridos.

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