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José Rey de Castro, La estructura de la interioridad humana según Posidonio de Apamea
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La estructura de la interioridad humana según Posidonio de Apamea

Al contemplar desde nuestra lejanía temporal a los distintos protagonistas de la historia del pensamiento es necesario tener presente que la distancia en el tiempo es mitigada por la profunda comunión en lo que podríamos llamar la experiencia de ser humano. Siempre podrán cosecharse frutos al retroceder mentalmente en el tiempo para indagar en la vida de un personaje, al comprender su esquema de pensamiento, las ideas que motivaron su esfuerzo por buscar la verdad y la entrega de su vida a este fin. En el escenario histórico, las vidas de sus actores, conforme a la importancia de su obra, van dejando huellas más o menos profundas.

Más allá de sus representantes concretos, el estoicismo imprimió marcas significativas en el pensamiento filosófico occidental. La figura de Posidonio de Apamea aparece como un personaje importante de este movimiento filosófico, una pieza clave que no debe pasar desapercibida.

Desde los albores de la filosofía nos encontramos con hombres que, inquietos por conocer más acerca de su propia naturaleza, tratan de sondear las profundidades del alma humana, encontrándose con un riquísimo depósito de significados y valores. Uno de los medios que estos exploradores de la psiqué utilizaron para realizar sus travesías por la interioridad humana fue el trazado de mapas.

Buscar trazar un mapa de la interioridad humana nos obliga a plantearnos una concepción del hombre que sea nuestro punto de partida y nos permita realizar esta empresa con éxito. Para los pensadores estoicos en general 1 , el punto de partida es una concepción dualista, donde se distingue con claridad el alma del cuerpo, y donde, con diversos matices, se le da al cuerpo una valoración negativa con respecto al alma. El vínculo entre alma y cuerpo se puede entender —dependiendo del contexto filosófico o religioso— como algo positivo, como un acontecimiento negativo que tiene que enfrentarse, como un hecho natural o como un yugo del cual liberarse.

El punto de partida de este trabajo es la visión del alma como unidad y multiplicidad al mismo tiempo, en el sentido de una unidad real que incluye dimensiones verdaderas que permiten hablar de elementos diferenciados en su interioridad que son la base para el desarrollo de sus diversas facultades (δυνἀμεις).

Desde el marco que hemos escogido como fundamento para nuestro estudio, debemos reconocer la existencia de una gran diversidad de modos de entender esta multidimensionalidad presente en el alma humana. En ella se enmarcan distinciones entre lo superior e inferior, lo evidente y lo oculto, lo profundo y lo superficial, etc.

Teniendo como contexto histórico-cultural el advenimiento de cambios profundos en la cosmovisión helénica, el resurgimiento de la ética y de nuevas propuestas religiosas, es un hecho incuestionable que se manifiesta un especial traslado del foco de reflexión hacia el hombre mismo, buscando encontrar respuestas que le permitan satisfacer sus anhelos de felicidad y de trascendencia. Necesitamos tomar en cuenta este contexto para una comprensión adecuada del desarrollo de la filosofía en el siglo II a.C. Es una época en la que se entiende que el sustento de los postulados éticos debe encontrarse a partir de la comprensión del alma humana.

Este artículo tiene como objeto adentrarse en el pensamiento de Posidonio de Apamea. Para él, la importancia del estudio del alma radica en la necesidad de controlar la mente y las pasiones, temática muy relacionada con la filosofía estoica que profesaba, pero con impostaciones particulares que lo convierten en un pensador singular dentro de esta corriente filosófica y en una decisiva señal en el camino de la filosofía estoica, después de la cual ésta no volvería a ser la misma.

Apuntes biográficos

Posidonio nació en Apamea, ciudad de Siria, aproximadamente hacia el año 135 a.C. Apamea se encontraba entonces dentro del amplio marco de la cultura helénica. Siria era por entonces un área fecunda de pensamiento y espiritualidad. A temprana edad viajó a Atenas para recibir su educación superior y estuvo bajo la tutela de Panecio 2 , iniciador del llamado estoicismo greco-romano. Las ideas de este filósofo calarían muy hondo en Posidonio, hasta el punto de convertirlo en un convencido seguidor de su maestro.

Posidonio es recordado por los numerosos viajes que realizó y por el saber enciclopédico que adquirió a lo largo de sus casi noventa años de vida. Se dice que, además de filosofía, enseñaba meteorología, etnología, astronomía, psicología, física e historia.

Movido por su particular interés en la cultura helena, decide mudarse a Rodas 3 , donde se dedica a la enseñanza de la filosofía. Nunca retornó a su ciudad natal. Su escuela fue muy famosa. Muchos romanos iban allí para terminar sus estudios; personajes como Pompeyo y Cicerón fueron alumnos de su escuela. Y el pensamiento de Posidonio deja sentir su influencia no sólo en el estoicismo, sino también en el desarrollo científico, histórico y filosófico en general.

La estructura del ser humano

Según Posidonio, la estructura básica del ser humano está compuesta por dos principios, uno inmaterial y otro material. Entre los estoicos, el cuerpo no tenía muy buena reputación, y Posidonio, como parece ser por lo que consigna Séneca en una de sus Epístolas 4 , no era ajeno a este pensamiento y consideraba que la carne —el cuerpo— «sólo sirve para la recepción de alimento». Se puede constatar desde esta visión el influjo de rasgos platonizantes que aparecen en diversas manifestaciones del pensador sirio. Sin embargo, por lo que iremos viendo en los distintos acápites posteriores, bien podría tratarse de un elemento que es parte de lo que sería una distinta concepción que reconoce el concurso o intervención del cuerpo en realidades propias de la psiqué.

El elemento rector

Por lo que se encuentra en los fragmentos, Posidonio pensó en la existencia de un elemento rector o gobernante, que estaría por sobre el alma y el cuerpo. Este tercer elemento sería de carácter inmaterial y se relacionaría directamente con un principio divino presente en el ser humano.

Se trata de un elemento activo que tiene la función de darle unidad al ser. Al referirse a la causa de las emociones (παθῶν), que es la misma que la causa de la infelicidad y de la inconsistencia de la vida, sostenía que ésta era «el no seguir en todo a lo divino (δαίμονι) de uno mismo, el cual nos es connatural y tiene una naturaleza análoga al principio divino que gobierna todo el universo, pero del que algunas veces se desvía y se es arrastrado por lo que es peor y semejante a la bestia» 5 . Posidonio está convencido de que sólo pueden ser felices quienes no son dominados por las emociones y son guiados por la razón, que está vinculada con lo divino.

Este tercer elemento, que está en la parte más interior del ser humano, es distinto al plano de la psiqué e interactúa de maneras diversas con el cuerpo. ¿Se trataría tal vez de aquella scintilla o dimensión superior de que se hablará con frecuencia en la mística cristiana? 6 .

También llama la atención en estas palabras de Posidonio la presencia de un elemento sobrenatural muy ligado a la naturaleza humana, desde sus raíces. Además, existe para el hombre un horizonte de felicidad y consistencia, fundados en el ejercicio y dominio de la capacidad racional por sobre lo no racional y animal. Esto marca una diferencia importante con respecto a otros pensadores estoicos como Crisipo 7 y sus seguidores, que desprecian el principio divino que reconoce Posidonio e ignoran así que el dejarse llevar por la irracionalidad es lo que causa las emociones. Posidonio y Crisipo tienen visiones diferentes de lo que significa vivir de acuerdo a la naturaleza.

La afirmación de una superioridad del elemento sobrenatural sobre lo corpóreo y lo psíquico puede fundamentarse no sólo en las mismas referencias hechas por Posidonio en el fragmento 187A, sino también en otros textos en los que muestra cómo existe un elemento agente racional, que es divino, y rige al elemento material paciente 8 . Al analizar la estructura del alma veremos cómo es difícil negar la presencia de este principio espiritual en el hombre.

Completando el sistema básico de Posidonio, el punto central del alma será el principio racional que debe gobernar los elementos no racionales del alma y controlar el cuerpo. Ello explica el fuerte acento en la educación de la razón como el medio para alcanzar la sabiduría —sinónimo de perfección humana— y librarse del dominio de lo irracional. Esto “irracional” correspondería a la parte de las vivencias o impulsos interiores que no pasan por el tamiz de la razón, o se rebelan contra ella.

El que para Posidonio el criterio de verdad 9 sea la recta razón 10 no sólo denota el protagonismo de la razón, sino también deja entrever una doctrina del conocimiento de carácter aristotélico, es decir, realista.

Estructura de la interioridad humana

Naturaleza del alma

Macrobio recoge en El comentario de Cicerón de los sueños de Escipión que Posidonio piensa que el alma del mundo —Dios— es forma (idea). Aunque Macrobio usa la palabra latina idea esto no implica que necesariamente se traduzca por forma y manifieste un concepto platónico, como se puede constatar en el fragmento 139.

El sentido que parece darle Posidonio a este término va más en la línea de una entidad intermedia entre lo material y lo inmaterial —en el esquema platónico serían las entidades matemáticas—, que goza de la permanencia de lo inteligible pero que también tiene la pasividad de lo perceptible. Bajo esta interpretación, en base a Plutarco 11 , incluso cabría una intelección de influjo aristotélico, donde Posidonio estaría expresando a través de una aporía la inmanencia del alma, además de la trascendencia que destaca la escuela platónica. Estas dos cualidades esenciales, aparentemente opuestas, coexisten esencialmente en el alma.

El dualismo posidoniano debe entenderse de acuerdo a dos ángulos distintos: desde el alma del ser individual y desde el alma del mundo. En esto se va a diferenciar de Platón. En cuanto al ser humano, mientras que para este último se trata de un dualismo metafísico entre el alma y el cuerpo, para Posidonio es más bien un dualismo sobre todo de carácter moral, en el cual el vínculo entre el alma y el cuerpo material es más complejo y menos distante que en la postura de Platón. En cuanto al mundo, el dualismo de Posidonio se incrementa con respecto al platónico, pues distingue con mayor claridad que lo que denomina alma del mundo es un principio rector inmaterial que da forma a la realidad. Mientras para Platón quedan aún vestigios de un cierto panteísmo, en Posidonio esto parece haber sido completamente superado. Ciertamente la concepción posidoniana del alma del mundo influye sobre su manera de entender el alma humana.

Las consecuencias del dualismo de Posidonio son difíciles de calcular; podemos decir que después de él la escuela estoica acentúa la separación entre lo material y lo incorpóreo. Este hecho se nota especialmente en la separación de Dios de la naturaleza. La naturaleza deja de ser toda ella divina y pasa a ser entendida como subordinada al principio divino. En relación al pensamiento griego y sus secuelas se trata de un importante paso en una apropiada secularidad, que se aleja del panteísmo.

Junto a este cambio de concepción en lo que respecta al alma del mundo, se da un cambio en la manera de entender el alma del individuo. En la conformación misma del alma individual existe una separación entre un principio rector, que dirige el ser hacia el bien, y otro que lo dirige hacia el mal. Estas fuerzas conductoras del alma humana son lo racional y lo irracional; ambas están enfrentadas y la que debe predominar para que el hombre sea feliz es la razón.

Si nos preguntamos acerca de cuál es la naturaleza del alma humana para Posidonio, podemos responder que, de acuerdo a lo que registra Diógenes Laercio, se trata de un «espíritu cálido (πνεῦμαὓ ἒνθερμον)» 12 gracias al cual somos capaces de respirar y movernos. Posidonio comparte la postura tradicional de Zenón Citieo y Antípatro. Esta postura es antigua entre los griegos y tiene ya un precedente en el aer de Anaxímenes de Mileto 13 . Un principio vital de origen divino.

Igualmente, no se puede descartar una influencia del concepto hebreo nefesh, traducido como esencia de la vida, respiración. Tampoco la relación con el aliento de vida del que habla el relato de la creación en el Génesis: «Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente» (Gén 2,7).

En el marco de una crítica a la concepción platónica de la generación de las almas, Plutarco reprocha a Posidonio y sus seguidores la atribución a Dios de la producción primaria del alma que —de acuerdo a la doctrina aristotélica— limita a la materia «definiendo y determinando su disolubilidad y su separación» 14 . Entre líneas, el fragmento citado manifiesta que Posidonio creía en un alma con una naturaleza preexistente al cuerpo material, que informa la materia y que contendría el aliento vital necesario para la constitución de un ser vivo. Esta alma, luego de dar consistencia a un cuerpo, adquiriría facultades relativas a esta materialidad sin perder su existencia inmaterial, pues su naturaleza es básicamente inmaterial.

Algo poco común entre los estoicos, Posidonio sigue la doctrina de Homero acerca del alma, al sostener que el alma —espíritu cálido— está difundida al interior de nuestros huesos. En la segunda parte del fragmento 28 Posidonio reafirma su idea al sostener que la expresión coloquial “su espíritu dejó sus huesos” es muestra de esta presencia profundamente enraizada del alma en el hombre viviente.

Estructura del alma

Según lo dicho hasta ahora, podemos establecer una primera distinción fundamental en el ser humano, entre un principio inmaterial, donde están el elemento gobernante y el alma, y otro material, correspondiente al cuerpo.

De acuerdo a Galeno 15 , Posidonio reconoce —como Platón y Aristóteles— que hay tres facultades del alma: desiderativa o concupiscible, vehemente o irascible, y racional. A diferencia de Platón, Posidonio —en sintonía con Aristóteles— cree que aunque son tres facultades distintas, no se trata de partes o especies de la psiqué esencialmente diferentes, ni que están separadas y ubicadas en lugares distintos. En esto no sólo se aleja de Platón sino que discrepa con los representantes más saltantes del estoicismo antiguo, como Zenón, Cleantes y Crisipo 16 . Esta distinción resulta fundamental para que Posidonio pueda acentuar el aspecto pedagógico de su doctrina, porque permite comprender cómo el elemento no racional puede estar presente al mismo tiempo que la razón y eventualmente dominar la expresión, interna o externa, de un ser racional. Luego veremos con más detalle este interesante punto del pensamiento de Posidonio.

Estas facultades —que podrían ser consideradas capacidades o poderes— pertenecen a una misma sustancia o sustrato, que tiene como base al corazón. Por este motivo rechaza denominar a tales facultades con el nombre de formas, especies o partes independientes.

Posidonio habría distinguido en el alma por lo menos catorce componentes —cuyos nombres lamentablemente no están registrados en los manuscritos—, comenzando por dos designados con las siguientes etiquetas: el gobernante (ἡγεμονικόν) y el racional (λογικόν) 17 . En esta división se reconoce la presencia de un elemento superior al racional, identificable con el neuma inmaterial, que gobernaría la razón y estaría, por lo tanto, también sobre lo no racional del alma humana. La relación entre este elemento gobernante y la razón sería una de subordinante a subordinado. En algunas ocasiones, como en el caso del fragmento 147, parecería que Posidonio considera al principio gobernante como parte del alma. No obstante, esta que podríamos llamar vacilación de Posidonio en cuanto a la ubicación del elemento rector no altera su naturaleza inmaterial ni su connaturalidad con lo divino.

En cuanto a la relación entre alma y cuerpo, Posidonio no comprendía por qué los epicúreos no podían aceptar que los cuerpos contengan las almas y postulaban que son las almas las que contienen los cuerpos, de la misma manera como el pegamento se contiene a sí mismo y a lo que es distinto de sí 18 . Para entender mejor este punto es importante recordar lo dicho en párrafos anteriores acerca de cómo Posidonio concebía la sustancia del alma. En el citado fragmento 149, reconoce claramente una distinción entre el alma y el cuerpo, así como una relación entre ambos que no es de simple conjunción. La unidad entre ambos se daría gracias a la dimensión espiritual del ser humano que ejerce el control. Aquí se puede entender adecuadamente la existencia de un elemento inmaterial que gobierne el cuerpo y las relaciones alma-cuerpo.

En el alma, Posidonio distingue entre un aspecto superior —racional— y otro inferior —no racional—. El aspecto irracional es el emotivo y contiene las facultades desiderativa 19 e irascible 20 , que tienen como fines o afinidades naturales al placer, la primera, y al poder y a la victoria, la segunda. En lo racional está la razón, orientada al conocimiento que tiene como fin natural lo que es moralmente bueno 21 .

Posidonio habría distinguido en la parte moral de la filosofía varias ramas: «De los apetitos o deseos, De los bienes y males, De las pasiones, De la virtud, Del fin, Del principal aprecio de las cosas, De las acciones, De los oficios, De las exhortaciones y disuasiones» 22 .

Cuando se busca conocer el alma deben considerarse las tres afinidades naturales, no sólo alguna de ellas. Ésta es una crítica que hace Posidonio a Epicuro y Crisipo; el primero de ellos sólo veía la afinidad de lo peor del alma, mientras que Crisipo sólo consideraba la afinidad moral —lo mejor del alma— 23 .

En cuanto respecta a las emociones y facultades mentales, Posidonio respeta la filosofía de Platón 24 , a quien admira y llama “divino”. Esta admiración que relata Galeno, si bien implica una influencia en las bases de su esquema de pensamiento en lo que se refiere a las facultades mentales, no nos dice que Posidonio dejara de profundizar en ese esquema que representa para él un punto de mayor importancia que para Platón.

Las emociones

Un tema que subyace a la especulación de Posidonio es el conocer cómo actúa el ser humano sometido a la fuerza de las emociones. Para él, la ética está cercanamente ligada al tema del alma y, específicamente, a las emociones.

El origen de las emociones está en el ímpetu y el deseo 25 —que corresponden a las facultades irascible y desiderativa—. También estos dos poderes del alma son la causa de que las emociones (τἀὓπάθη) se apacigüen en el tiempo. Cuando las emociones se apaciguan, la razón vuelve a obtener el control de los impulsos.

Para Posidonio «las emociones no son juicios ni lo que sobreviene a un juicio, sino que son ciertos movimientos de poderes no racionales distintos, que Platón ha denominado irascibles y concupiscibles» 26 . Cree que la causa de las emociones no puede ser la razón, puesto que ella no excede sus propios parámetros, sino que debe ser algo distinto, que sea no racional 27 . Notemos que la visión de este filósofo estoico observa que no todo lo que proviene de los poderes o facultades irascibles y desiderativas —o concupiscibles— sea causa de una emoción. Podríamos decir que no todo lo que proviene del aspecto no racional del hombre es negativo.

El concepto de emoción se aclara aún más cuando Posidonio sostiene que es el impulso excesivo causado por una facultad no racional que excede las medidas de la razón. Lo que produce esta emoción produce también el exceso en la medida de la elección. Al tratarse de algo que no es racional, considera que se trata del peso del cuerpo; con ello es muy probable que se refiriera al impulso hacia el cual naturalmente tiende el cuerpo en su materialidad, como puede ser la saciedad, la comodidad, etc. Es por eso que este filósofo, analizando la fisonomía, concluye que los «diferentes temperamentos físicos producen movimientos emocionales peculiares a sí mismos» 28 .

Plutarco registra que para Posidonio hay cuatro tipos de emociones:

Las que pertenecen al alma: aquellas que tienen algo que ver con decisiones y suposiciones racionales, como por ejemplo: deseos, temores, caprichos, ira, etc.

Las que son del cuerpo, como por ejemplo: fiebres, escalofríos, contracciones, apertura de los poros.

Las que son físicas con efectos mentales, aunque no pertenezcan al alma: letargos, mal genio que lleva a la locura, angustias mentales provenientes de dolores físicos persistentes, representaciones sensibles, sentimientos de relajación.

Las que son mentales pero que tienen efectos en el cuerpo aunque no pertenezcan al cuerpo: temblores y palideces —cambio de apariencia en temor y aflicción— 29 .

Esta completa clasificación de las emociones revela un particular interés por comprender la naturaleza y el funcionamiento del alma humana. Nos señala también la conciencia de Posidonio acerca de la existencia de un vínculo muy cercano entre el cuerpo y el alma, y cómo muchas afecciones del alma se manifiestan en el cuerpo de manera psicosomática, y viceversa.

El aspecto emocional del alma tiene sus fines o afinidades naturales propios que al ser saciados la satisfacen, calmándose así el movimiento que estaba en control de sus deseos, y que la estaba guiando por un camino errado —el camino de la no racionalidad—.

Posidonio juzga que es muy importante demostrar que las causas de las emociones pueden ser conocidas por la razón; el hecho de que sean aspectos no racionales del alma no los hace incognoscibles. Reconoce, además, que este conocimiento acerca de las pasiones fue conseguido por filósofos anteriores, cuyos avances en el conocimiento del alma no deben menospreciarse. Esos poderes o facultades a los que hemos hecho referencia anteriormente —desiderativo y vehemente—, tienen sus fines naturales orientados al placer y al poder y la victoria. Posidonio piensa que estos poderes también existen en otros seres vivos.

El hecho de considerar a las emociones como no racionales es un punto que diferencia a Posidonio de muchos de los estoicos que las tenían como parte de la racionalidad humana. De acuerdo a la perspectiva de éstos, y de su concepto de que la racionalidad es signo de “adultez”, creían que tanto los animales como los niños carecían de emociones.

Los movimientos emocionales producidos en las facultades no racionales son difíciles de comprender. Posidonio tiene la certeza de que las emociones surgen en el aspecto no racional del alma humana, pero no puede agotar el conocimiento sobre las causas de estos fenómenos psíquicos que se presentan de maneras tan desiguales.

La actividad de la razón durante una reacción emotiva no siempre es la misma. Posidonio observa que en los relatos homéricos los héroes conservan la razón, mediante la cual pueden tomar decisiones, aunque estén afectados por fuertes emociones como el temor. Pero, también nota el filósofo de Rodas, en algunas ocasiones tan sólo basta el recuerdo de una experiencia negativa para que el sujeto rechace el concurso de su razón, aunque sea el mismo sujeto que cuando se enfrentó a una situación emocional fuerte mantuvo vigente la actividad de la razón 30 . A estas cuestiones que en muchas circunstancias se muestran como contradictorias no pudieron encontrar solución ni Posidonio ni ningún otro estoico de su época; queda, sin embargo, como mérito de este filósofo el haberlas señalado.

Nuestro filósofo cree además en que para saber que existen emociones mentales no se necesita de grandes argumentos ni pruebas demostrativas muy rigurosas; tan sólo se necesita recordar lo que experimentamos en cada ocasión 31 .

Las virtudes

Para Posidonio el fin del ser humano, en acuerdo con los demás estoicos, es vivir en armonía con la naturaleza. Recordemos, sin embargo, que el apameo se distingue de sus compañeros de escuela en que considera que el estar en armonía con la naturaleza implica un vínculo estrecho con lo más interior del ser humano, con aquel aspecto que lo asemeja a lo divino.

Lo que se ajusta más a la naturaleza es la virtud, porque ella misma nos lleva a la virtud. Clemente de Alejandría rescata que Posidonio piensa que el fin del hombre es «vivir contemplando la verdad y el orden de todas las cosas juntas y ayudar en promoverlo tanto como sea posible, pero de ninguna manera siendo guiado por la parte no racional del alma» 32 . El aspecto racional del alma humana es el fundamento para poder vivir la virtud, en la que confluyen el conocimiento de la verdad con el hábito en la práctica reiterada de la obra virtuosa.

Él critica el error de quienes creen que todas las virtudes son tipos de conocimiento o que todas las virtudes son facultades. Para este filósofo las virtudes de las dimensiones no racionales del alma tienen que ser no racionales, y las de la parte racional deben ser racionales. A las virtudes de lo no racional las llama facultades, y a las de la razón, conocimiento. Si existen múltiples virtudes, es necesario que exista una multiplicidad de facultades del alma, porque la virtud es el estado de perfección de la facultad específica a la que corresponde y no de varias facultades al mismo tiempo.

Posidonio clasifica las virtudes en cuatro tipos, como está registrado —sin mayores detalles— por Diógenes Laercio 33 .

Llega a la conclusión, quizá tras las huellas de Aristóteles, de que la virtud puede ser enseñada. Esta concepción de la virtud como concepto universal es la que fue fundamental para Sócrates y sus discípulos, y marca un importante hito para la disciplina de la ética.

Al igual que su maestro Panecio, Posidonio afirma que para alcanzar la felicidad la virtud sola no basta, que también son necesarias la salud, la fuerza y la abundancia.

Los vicios

Cuando Posidonio se refiere a los vicios lo hace con la conciencia de que no se trata de un mal ocasional que pueda cometerse eventualmente, sino de la reiteración sistemática de una acción negativa 34 .

Para poder explicar el surgimiento de un vicio es necesario tener en cuenta los tres poderes o afinidades del alma. En el caso de Crisipo se da una manifiesta dificultad para justificar la presencia del vicio en los niños, puesto que él considera sólo el poder racional del alma y deja de lado los otros dos, y es de quienes, como hemos anotado, excluyen que los niños tengan racionalidad. De esta manera, la única explicación que puede encontrar para dar razón del hábito negativo de un niño es una causa externa a él. Esto deja sin explicar el mal obrar de un niño aunque haya sido bien educado en las virtudes y hábitos correctos.

Para Posidonio la causa de los vicios está en un tirón emocional que procede de falsas opiniones que surgen cuando la facultad racional se encuentra débil con respecto a su acción de juzgar. Así, aunque algunas veces el impulso puede nacer en una decisión juiciosa —errada— de la facultad racional, lo que sucede con más frecuencia es que ocurra en el movimiento del aspecto emotivo del alma 35 . La causa de la corrupción en los niños no puede establecerse a partir de una comunicación oral ni desde la naturaleza de las cosas.

Es importante recalcar que para Posidonio el origen de los vicios no está fuera de nuestras mentes; tiene una raíz propia en nuestras mentes, desde donde surgen y se desarrollan. Hay una semilla maligna incluso en nosotros mismos, y todos tenemos necesidad no tanto de evitar lo malo como de buscar aquellos medios que van a expurgar y prevenir el crecimiento del mal en nosotros.

El filósofo sirio piensa que no sucede como suelen decir el resto de los estoicos: «que toda la fuente del mal de nuestra mente viene de afuera»; sino que «en hombres malvados, la mayor parte del mal es interna, y sólo una parte menor tiene una fuente externa» 36 . Por varios siglos se anticipó —sin saberlo— en la crítica al pensamiento rusoniano que afirma que el ser humano es bueno pero que la causa del mal que hace está en la sociedad, es externa a él e introduce en él la corrupción. «El hombre nace bueno, pero la sociedad lo corrompe» 37 , decía míticamente el pensador ginebrino.

Las riquezas

Acerca de las riquezas, Posidonio piensa que ellas causan el mal pero no en sí mismas; pues ellas por sí no producen algo, sino tan sólo en cuanto provocan al hombre a hacer el mal cuando los medios o usos que dispone en relación a ellas son errados. En esta aproximación debe distinguirse entre causa eficiente y causa antecedente. En el caso de las riquezas podríamos decir que se trata de causa antecedente con respecto al mal, pero no de causa eficiente. Como también podría encontrarse en la virtud una causa antecedente con respecto a la envidia que pueda generar la vivencia de la virtud o excelencia de una persona en otra que la observa, aunque viva de manera equivocada 38 .

La ira

En relación a la ira el filósofo de Rodas se muestra tan limitado en su comprensión como otros que lo antecedieron. Para él la ira es un deseo de castigar a quien uno piensa nos ha injuriado injustamente. Siempre constituiría un desorden interior. Esto lo recoge el retórico ciceroniano africano del siglo III d.C. Lactancio, criticando el sentido puramente peyorativo con que los griegos, especialmente los estoicos y peripatéticos, califican a la ira. Lactancio, en una perspectiva más amplia, considera que también existe una ira justa, además de la ira injusta 39 .

La angustia

De acuerdo a Crisipo parece ser un hecho que algunas veces que tenemos una opinión “fresca” —en sentido de inmediatez temporal— de la presencia del mal en nosotros experimentamos angustia, mientras que si la opinión a la que hacemos referencia se prolonga en el tiempo no se experimenta angustia o sucede de manera distinta.

Sin embargo, Posidonio piensa que la razón de la angustia estriba en el contacto con una realidad para la cual no estamos preparados o que es extraña a nosotros; ella nos quita abruptamente el balance y remueve nuestros viejos juicios. Porque mientras algo es practicado por nosotros, o nos es familiar, o es un hecho prolongado, no nos disturba lo suficiente como para producir un movimiento emocionalmente perturbado, ni siquiera en un grado muy limitado 40 .

Para evitar sufrir esta angustia Posidonio propone una técnica psicológica. Sugiere él adelantarnos al evento que es susceptible de producir angustia, imaginándolo antes de que suceda, prefigurarlo en nuestra mente, de manera que vayamos generando una actitud de buen manejo hacia ello como si fuera algo que ya hubiera ocurrido.

El esquema de pensamiento del maestro de Rodas resulta ser más efectivo en cuanto se refiere a la práctica necesaria para evitar una afección del alma como la angustia, puesto que resalta, como hemos notado en el acápite anterior, que la causa del mal es más interna que externa, y así las posibilidades de que el afectado por esta experiencia pueda evitarla son mucho mayores.

Un efecto secundario de estas consideraciones, aunque no se encuentre registrado en los fragmentos, es la mayor preponderancia que tendría en la vida de las personas y, específicamente, en el tratamiento de la responsabilidad moral, la libertad y la educación de la voluntad en el camino recto.

Enfermedades del alma y pautas para una terapia psicológica

Como hemos podido ver, muchos elementos presentes en las especulaciones de Posidonio denotan un conocimiento muy particular de la psiquis humana y sus manifestaciones. Más allá de ese conocimiento, resulta particularmente interesante no sólo encontrar estas especulaciones racionales, sino también poder hallar en este filósofo estoico pautas claras orientadas a curar afecciones mentales o desórdenes interiores.

Dentro de este acápite es necesario considerar que Posidonio cree que el mal moral es de por sí una distorsión en la elección o en el rechazo de algo, que encuentra su explicación en la acción de las fuerzas no racionales que originan las emociones 41 .

Gran parte del trabajo por curar una afección psicológica está, pues, en el conocimiento de uno mismo y en el reconocimiento de lo que ha causado ese problema o afección. Él piensa que el misterio acerca de los movimientos que surgen de las emociones se esclarece con la razón y que se puede mover al aspecto racional «empujándolo con una idea mental vívida semejante a una que tú puedes ver» 42 .

La fuerza imaginativa o de la fantasía resulta decisiva para el filósofo. La fuerza de la imagen sería para él lo determinante. Dentro de la concepción psicológica que estamos exponiendo resultará eficaz para tratar los problemas del alma el realizar un ejercicio de reconocimiento y afirmación de criterios o ideas apropiadas, debidamente reforzadas con un trabajo sobre la imaginación, para habituarse a ellos como un nuevo fundamento a la actividad racional, de manera que puedan controlarse con mayor facilidad los impulsos no racionales.

Posidonio considera que la condición emocional es una suerte de enfermedad de la mente, pero no cree haber encontrado la explicación total de cómo la psiqué es movida o se mueve hacia ella. El abandono de la racionalidad al ser atrapado por la emotividad no implica necesariamente la presencia de una gran emoción; puede tratarse de una emoción pequeña o moderada 43 .

Resulta también muy interesente la manera en que, para Posidonio, se presentan las emociones: algunas veces con mayor intensidad y otras con menos fuerza. Pueden manifestarse por igual ante quienes son viciosos como ante quienes no están acostumbrados a ellas. En las mismas personas, bajo circunstancias semejantes pueden presentarse de maneras muy diferentes. Esta gran variabilidad del mundo emocional dificulta la investigación sobre cómo explicar la emotividad humana.

Salud del cuerpo y del alma

En general, acerca de las enfermedades del alma y su curación, como de la educación y entrenamiento del alma, Posidonio cree que es erróneo hacer una analogía entre las mentes de los hombres imperfectos y sus cuerpos como aptos para padecer enfermedades, como por ejemplo fiebres, ataques de diarrea o cosas por el estilo. Para este filósofo —a diferencia de Crisipo y otros estoicos— la analogía debe plantearse entre la mente de hombres imperfectos y cuerpos simplemente sanos. Esta postura se debe a que estima que no es correcto comparar por un lado la salud de la mente con la salud física y, por otro, comparar la enfermedad de la mente con el cuerpo que cae fácilmente en la enfermedad. Considera en la tradición aristotélica que la mente del hombre sabio es inmune a las afecciones. Pero, al mismo tiempo es enfático en decir que no se puede afirmar que el cuerpo del sabio sea inmune a las enfermedades. Para él está claro que no hay cuerpo que no esté expuesto a sufrir la enfermedad 44 .

De lo dicho se puede notar que Posidonio concuerda con Crisipo en la afirmación de que las personas imperfectas son mentalmente enfermas y no son sabias, y no han alcanzado la sabiduría porque no han llegado a controlar los aspectos no racionales de su alma. Pero no cree que la mente sana sea condición para que el cuerpo esté sano, ni viceversa. Rompe con la tradición del adagio: Mens sana in corpore sano. Quizá coincida con Séneca en dar primacía a la salud del alma, y pedir la salud del cuerpo luego 45 , pero en todo caso no hace depender la salud del alma de la del cuerpo.

Tiempo y emoción

El movimiento emotivo, el tirón que produce en el alma, se va apaciguando con el tiempo independientemente de una operación racional poco favorable, como puede ser el pensar que el mal que nos sucedió sigue aún presente 46 . El tiempo como un factor importante en el proceso de recuperación de la salud del alma resalta en el pensamiento de este autor estoico; él tiene conciencia clara de cómo las emociones se van, metafóricamente, enfriando poco a poco.

Además del factor temporal, está el hábito. Ambos factores influyen en que un movimiento emocional se detenga, pero no pueden ser por sí mismos la causa de ello 47 .

Posidonio deja entrever que el movimiento de las emociones tiene su propio ciclo temporal y que se detiene cuando cumple sus objetivos —saciar sus deseos—. También la fatiga va mitigando progresivamente la fuerza de un movimiento emocional y así, con la suma de ambos factores, la razón va recuperando el control de la interioridad de la persona 48 . Esclarece mucho la situación analizada la analogía con un caballo que se quiere domar, al cual se le deja correr a su gusto, impulsado por su propio deseo, hasta que se fatiga y el amo vuelve a tomar el control y lo lleva a donde quiere. Algún paralelo de esta posición se puede encontrar en la filosofía china, aunque no es el caso desarrollarla en esta ocasión.

La educación como cura del desorden emocional

Según Galeno, el elemento que unifica la teoría y la práctica —la cura— acerca de las emociones es el conocimiento de sus causas y el motivo por el que éstas cesan. Lo primero que se debe intentar es evitar que las emociones surjan, pero, si surgieran, se ha de conocer cómo detenerlas. Posidonio cree que para lograr este objetivo —el dominio de las emociones— el hombre se debe instruir acerca de las virtudes y de su fin, así como buscar conocer los poderes —o facultades— del alma 49 . Este trabajo de conocimiento de uno mismo está ligado a la formación de la razón de acuerdo a lo que debe mover la voluntad: la virtud y el fin. El principal medio para evitar los obstáculos que originan las emociones es, pues, la educación de la psiqué, y ésta debe comenzar desde las etapas más tempranas de la vida del hombre.

Frente a la opinión de Crisipo, quien consideraba que «puede acontecer que, aunque el impulso permanezca, lo que venga después no corresponda a éste si se ha sobreañadido una disposición de naturaleza diversa» 50 , Posidonio piensa que si el impulso sigue presente, su actividad propia no puede ser impedida por causa alguna. En efecto, lo que produce el impulso no es una determinada circunstancia subyacente, sino un poderosísimo movimiento emocional que puede llevar al hombre a actuar en contra de su pensar y de su voluntad.

Éste es el modo en que se descubre el conflicto y desacuerdo que existe entre razón y emoción; y el medio por el cual los poderes y facultades del alma son preservados 51 . Este hecho puede ser racionalmente explicado, como antiguamente trató de hacer Pitágoras, cuyo pensamiento fue el fundamento para el desarrollo —más profundo— de Platón y, posteriormente, de Aristóteles.

Posidonio concuerda con Platón en lo que este filósofo piensa acerca de la formación de los bebes aun en el vientre y su crianza y educación después del nacimiento 52 . El modo de la educación que debe dárseles ha de partir del reconocimiento de las causas de las emociones 53 , porque en el esfuerzo por el manejo racional de la existencia es de mucha utilidad conocer la causa de las emociones humanas 54 , como ya se lleva dicho.

Lo que debe aprender el ser humano, desde su nacimiento, estriba sobre todo en el manejo de la virtud de la facultad racional, que es primordialmente el conocimiento de la naturaleza de la realidad.

La razón tiene un desarrollo progresivo desde el nacimiento. «Inicialmente, esta facultad racional es pequeña y débil, pero adquiere fuerza y buen estado hacia los 14 años de edad, cuando ya le es propio controlar y guiar, cual auriga que conduce dos caballos emparentados, el deseo y la ira, en cuanto éstos no sean ni muy fuertes ni muy débiles...» 55 .

En cuanto a la metodología, Posidonio reconoce que en el proceso educativo en la moral se debe consolar y alentar además de dar preceptos. Cree, además, que es conveniente la investigación de las causas; como que también resulta útil la descripción de cada virtud. Con su “etología” demuestra su peculiar acento en la formación de la razón para poder manejarse mejor en el ámbito moral.

«Un solo día para los hombres educados se extiende más lejos que el tiempo de vida más largo para el inexperto» 56 . La educación tiene un valor inmenso en el pensamiento estoico de Posidonio, porque es el medio para poder alcanzar el dominio del aspecto no racional del alma y asegurarse la felicidad al estar en armonía con la naturaleza.

Posidonio distingue entre la comodidad y los bienes. «La comodidad es aquello que tiene una preponderancia de utilidad sobre el dolor, mientras que un bien es algo que debe ser puro y totalmente libre de perjuicio. Entonces, es tal no por traer más ventajas, sino porque sólo trae ventajas» 57 . Un hombre sabio buscará conseguir bienes antes que comodidades, aunque esto sea lo más difícil.

Conclusión

Luego de nuestro breve recorrido a través de las ideas de este pensador estoico del siglo II anterior a Jesucristo, podemos constatar cómo la búsqueda por comprender la realidad humana se remonta a las culturas antiguas.

Tratando de comprender al ser humano, Posidonio responde a problemas hasta ese momento sin solución, o, por lo menos, sin una respuesta satisfactoria. Su preocupación por hacer que el hombre se desenvuelva en su vida social de una mejor manera lo llevó a categorizar las emociones lo más que pudo, diseccionándolas en su esfuerzo por comprender su naturaleza y causa. Muestra de esa preocupación social, que tal vez sería mejor llamar “ética”, es su involucración con la realidad pedagógica para remediar las perturbaciones psicológicas que causan las emociones.

Con su obra, Posidonio fue un importante impulsor de la ciencia médica. Su claro influjo en Galeno así lo evidencia. Desde sus orígenes la medicina reconoce que debe comprender al hombre en su ser integral para poder curar su cuerpo. Algunas veces, la excesiva diversificación de esta ciencia en tantas disciplinas distintas puede hacer perder de vista la unidad primordial que tiene el ser humano en espíritu, alma y cuerpo, como también la influencia de una dimensión sobre la otra. Hoy, por ejemplo, se reproduce esa visión holística, que no sólo se detiene en el ámbito psicosomático, sino que aspira a avanzar hacia el hombre total, como se puede ver en la Teología de la enfermedad, de Jean-Claude Larchet 58 , así como en otros autores que andan en esa búsqueda.

Finalmente, de acuerdo a la sensibilidad espiritual de los griegos de entonces, Posidonio reconoce la divinidad del elemento rector del hombre, tal vez como resultado del maravillarse por la complejidad de la existencia humana. Quizá uno de los ejemplos que podemos retener de este filósofo sirio sea la invitación a no perder esta sensibilidad tan humana y humanizante, en juego cuando, como hoy, se exalta la materialidad de la existencia, en una sociedad que rinde culto al cuerpo y que busca experimentar emociones extremas por el solo hecho de poseer placer o, incluso, por el puro afán de tener una sensación nueva y singular. El respeto por la propia humanidad y la búsqueda de solucionar las dificultades causadas por los desórdenes psicológicos es un legado que debemos valorar en Posidonio de Apamea, pese a las significativas limitaciones que haya podido tener una aproximación como la suya.

José Rey de Castro Esposto, peruano, es profesor de filosofía en el Instituto Superior Nuestra Señora de la Reconciliación, en Lima (Perú).


1

Acerca del pensamiento estoico hemos consultado la obra de Eleuterio Elorduy, S.J., El estoicismo, Gredos, Madrid 1972, t. I, 392 pp. y de J.M. Rist, La filosofía estoica, Grijalbo - Mondadori, Barcelona 1995, pp. 210-227.

2

Panecio (185-110 a.C.) nació en la isla de Rodas y vivió mucho tiempo en Roma como huésped de Escipión Africano. Esta estadía sería decisiva para su concepción filosófica. Hacia el año 150 a.C. dirigía la escuela estoica en Atenas.

3

Isla sobre el Mar Egeo, al suroeste de Mileto.

4

Séneca, Ep., 92, 10 (fragmento 184). Salvo que se indique algo distinto, la numeración y el texto de los fragmentos presentados en este artículo son recogidos de la obra de I.G. Kidd, Posidonius. The translation of the fragments, vol. III, Cambridge University Press, Cambridge 2004, 414 pp.

5

Fragmento 187A.

6

Ver p.ej. San Buenaventura, Itinerario de la mente a Dios, I,6.

7

Crisipo (281-208 a.C.) se dice que fue el que permitió que la Estoa no desaparezca por los fuertes ataques que recibió en esos tiempos, dotando a esta naciente tradición de consistencia lógica.

8

Ver Diógenes Laercio, Vidas de filósofos ilustres, Iberia, Barcelona 2000, p. 279.

9

Es decir, la comprensión de la fantasía, la que dimana de un objeto existente.

10

Ver Diógenes Laercio, ob. cit., p. 255.

11

Ver fragmento 141a.

12

Fragmento 139, en Diógenes Laercio, ob. cit., p. 287.

13

Anaxímenes vivió aproximadamente entre el 585 y el 528 a.C.

14

Fragmento 141a.

15

Ver fragmento 142.

16

Ver fragmento 166.

17

Ver fragmento 147.

18

Ver fragmento 149.

19

Puede decirse que es la facultad concupiscible o apetitiva.

20

También puede ser denominada vehemente o pasional.

21

Ver fragmentos 158, 160 y 165C.

22

Diógenes Laercio, ob. cit., p. 264.

23

Ver fragmento 160.

24

Ver fragmento 150a.

25

Ver fragmento 165C.

26

Fragmento 152.

27

Ver fragmento 157.

28

Fragmentos 153 y 169F.

29

Ver fragmento 154.

30

Ver fragmento 164, § 5.

31

Ver fragmento 156; ver también Platón, La República, Gredos, Madrid 1988, 441b.

32

Fragmento 186.

33

Ver fragmento 180.

34

Ver fragmento 175.

35

Ver fragmento 169E.

36

Fragmento 35C.

37

Esta idea fundamental en el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau está presente en sus obras más importantes, como el Discurso sobre las ciencias y las artes (1750), el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (1755), el Contrato social o Principios de derecho político (1762) y el estudio Emilio o De la educación (1762).

38

Ver fragmentos 170B, 173.

39

Ver fragmento 155. Lactancio es un pensador ecléctico en el que su cristianismo aparece teñido de muchas ambigüedades, contradicciones y manifiestas deficiencias.

40

Ver fragmento 165A.

41

Ver fragmento 161.

42

Fragmento 162.

43

Ver fragmento 164.

44

Ver fragmento 163A.

45

Ver Séneca, Epistola., 10, 4.

46

Ver fragmento 165A.

47

Ver fragmento 165E.

48

Ver fragmento 166.

49

Ver fragmento 165B.

50

Fragmento 165D (esta traducción es nuestra).

51

Ver lug. cit.

52

En La República Platón plantea varias pautas, tanto exteriores como interiores, que deben seguirse para una educación adecuada. Ver p.ej. 376e, 378-383, 423e.

53

Ver fragmento 168.

54

Ver fragmento 150b.

55

Fragmento 31D. Este ejemplo tiene ecos platónicos, así como de la filosofía religiosa india.

56

Fragmento 179.

57

Fragmento 170D.

58

Ver Jean-Claude Larchet, Théologie de la maladie, París 1991; Thérapeutique des maladies mentales: l’expérience de l’Orient chrétien des premiers siècles, París 1991.
Consultas

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