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S.S. Juan Pablo II, Carta Apost贸lica Spiritus Domini
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Carta Apost贸lica Spiritus Domini

Del Sumo Pont铆fice
Juan Pablo II
Con motivo del II Centenario de la muerte
de San Alfonso Mar铆a de Ligorio
Al querido hijo Juan M. Lasso de la Vega,
Superior general de la Congregaci贸n del Sant铆simo Redentor.

"El Esp铆ritu del Se帽or est谩 sobre m铆; por eso me ha consagrado con la unci贸n, me ha mandado a anunciar a los pobres la alegre noticia, y a curar al que tiene el coraz贸n herido" (Lc 4, 18; cf. Is 61, 1). El texto b铆blico que Jes煤s, el Enviado del Padre, se aplic贸 a s铆 mismo al comienzo de su misi贸n mesi谩nica y que abre la liturgia de la fiesta de San Alfonso Mar铆a de Ligorio (cf. la ant铆fona de la Misa propia), resuena de modo particularmente solemne en el d铆a en que celebramos el II centenario del nacimiento para el cielo de este celos铆simo obispo, doctor y fundador de la Congregaci贸n del Sant铆simo Redentor.

Siento verdadero gozo al dirigirme a ti y a todos los hijos de San Alfonso, participando con toda la Iglesia en el recuerdo todav铆a actual de un santo que fue maestro de sabidur铆a de su tiempo y que, con el ejemplo de su vida y con sus ense帽anzas, contin煤a iluminando, mediante luz reflejada de Cristo, luz de las gentes, el camino del Pueblo de Dios.

Alfonso naci贸 en Marianella de N谩poles el 27 de septiembre de 1696. Como heredero de una familia noble, tuvo una formaci贸n completa y cuidada lo mismo en el campo human铆stico que en el jur铆dico. Formaci贸n que en su adolescencia y juventud estuvo acompa帽ada de una pr谩ctica cristiana vigilante y fervorosa: profunda piedad eucar铆stica y mariana, visita a los enfermos y a los encarcelados, ternura hacia el pobre, fuerte compromiso en el apostolado de los laicos. Tras una brillante carrera en el foro de N谩poles, abandona el mundo para consagrarse s贸lo a Dios. Y a los 30 a帽os, el 21 de diciembre de 1726, es ordenado sacerdote del clero de N谩poles. Se prodiga enseguida mediante un intenso apostolado en los barrios pobres de la ciudad, entre otras cosas dando vigor a las "capillas vespertinas" que llegan a ser una escuela de reeducaci贸n c铆vica y moral. Al ministerio en la ciudad une el de la predicaci贸n en las zonas perif茅ricas del reino, como miembro de las "Misiones Apost贸licas" de la di贸cesis de N谩poles. Esta experiencia, que le pone en contacto con un mundo distinto, culturalmente desatendido y espiritualmente necesitado, hace madurar en 茅l la elecci贸n definitiva: "por las almas m谩s abandonadas del campo y de las aldeas rurales". Y para la evangelizaci贸n de los pobres funda en Scala (Salerno), el 9 de noviembre de 1732 un instituto misionero: la Congregaci贸n del Sant铆simo Redentor. Instituto caracterizado sobre todo por la predicaci贸n itinerante de las misiones al pueblo, los ejercicios espirituales y la actividad catequ铆stica. Durante 30 a帽os (1732-1762) el apostolado misionero lleva a Alfonso en las m谩s variadas direcciones, mientras se hace m谩s profunda en 茅l la elecci贸n de los pobres y de los humildes.

En 1762, a los 66 a帽os, es nombrado obispo de Santa Agueda de los Godos y desarrolla en su tarea pastoral una actividad que parece incre铆ble, en la doble vertiente del ministerio directo y del apostolado de la pluma.

Quebrantado por una dolorosa artritis deformante, en 1779 deja la di贸cesis y se retira a Pagani (Salerno), a la casa de su instituto, donde despu茅s de muchos sufrimientos f铆sicos y espirituales, soportados con plena adhesi贸n a la voluntad de Dios, permanece hasta la muerte, acaecida el 1 de agosto de 1787, a la edad de 91 a帽os.

Esta vida largu铆sima estuvo llena de un trabajo incesante: trabajo de misionero, de obispo, de te贸logo y de escritor espiritual, de fundador y superior de una congregaci贸n religiosa.

Despu茅s de esta breve descripci贸n cronol贸gica de su vida, parece oportuno ilustrar la importancia que San Alfonso tuvo en la sociedad de su tiempo.

Para ir al encuentro de las necesidades del Pueblo de Dios, pronto a帽adi贸 al apostolado de la palabra y de la acci贸n pastoral el de la pluma. Se trata de dos aspectos inseparables de su vida y de su actividad que se completan mutuamente, imprimiendo a la producci贸n literaria del Santo un car谩cter pastoral caracter铆stico. En efecto, el empe帽o del escritor proviene de la predicaci贸n y a ella retorna en la persistente tensi贸n por la salvaci贸n de las almas. Iniciada con las M谩ximas eternas y las Canciones espirituales su actividad literaria registr贸 un crescendo extraordinario que llega a su cima en los a帽os del episcopado. La amplia producci贸n comprende 111 t铆tulos y abraza tres grandes campos: la moral, la fe y la vida espiritual.

Alfonso fue el renovador de la moral; con el contacto de la gente en el confesionario, especialmente en el decurso de la predicaci贸n misionera, gradualmente y con mucho trabajo someti贸 a revisi贸n su mentalidad, llegando progresivamente al justo equilibrio entre la severidad y la libertad. A prop贸sito del rigor excesivo, a veces ejercido en el sacramento de la Penitencia, que 茅l llamaba "ministerio de gracia y de perd贸n", sol铆a repetir: "As铆 como la laxitud, en el ministerio de las confesiones, arruina las almas, tambi茅n les es da帽osa la rigidez. Yo repruebo ciertos rigores, no conformes a la ciencia, y que sirven para destrucci贸n y no para edificaci贸n. Con los pecadores se necesita caridad y dulzura; 茅ste fue el car谩cter de Jesucristo. Y nosotros, si queremos llevar almas a Dios y salvarlas, debemos imitar no a Jansenio sino a Jesucristo, que es el Jefe de todos los misioneros" 1 .

Y en su mayor obra de moral escribe, entre otras cosas, estas memorables palabras: "Siendo cierto, o de considerarse como tal... que no hay que imponer nada a los hombres bajo culpa grave, a no ser que la raz贸n induzca a ello con evidencia (...). Atendiendo a la fragilidad de la presente condici贸n humana, no siempre es verdad que la cosa m谩s segura sea dirigir las almas por la v铆a estrecha, mientras vemos que la Iglesia ha condenado tanto el laxismo como el rigorismo" 2 .

No hay duda de que la Praxis confessarii, el Homo apostolicus y la obra principal, Theologia Moralis han hecho de 茅l el maestro de la moral cat贸lica.

En el campo de la controversia teol贸gica milit贸 contra movimientos entonces emergentes: el iluminismo, que minaba los fundamentos de la fe cristiana; el jansenismo, patrocinador de una doctrina sobre la gracia que, en vez de alimentar la confianza y animar a la esperanza, llevaba a la desesperaci贸n o, por contraste, al abandono; el febronianismo que, fruto del jansenismo pol铆tico y el jurisdiccionalismo, limitaba la autoridad del Romano Pont铆fice en favor de los pr铆ncipes y de las Iglesias nacionales. En el sector estrictamente dogm谩tico, se debe decir que Alfonso elabor贸 una doctrina sobre la gracia, basada en la oraci贸n que devuelve a las almas la tranquilidad de la confianza y el optimismo de la salvaci贸n. Escribi贸 entre otras cosas "Dios no niega a nadie la gracia de la oraci贸n, con la cual se obtiene la ayuda para vencer toda concupiscencia y toda tentaci贸n. Y digo, y repito y repetir茅 siempre mientras tenga vida, que toda nuestra salvaci贸n est谩 en la oraci贸n". De donde el famoso axioma: "El que reza se salva, el que no reza se condena" 3 .

La estructura de la espiritualidad alfonsiana podr铆a reducirse a estos dos elementos: la oraci贸n y la gracia. Para San Alfonso, la oraci贸n no es un ejercicio primariamente asc茅tico; es una exigencia radical de la naturaleza correlativa a la din谩mica misma de la salvaci贸n. Y es evidente que este planteamiento hace comprender la importancia que la plegaria asume en la pr谩ctica de la vida cristiana como "el gran medio de la salvaci贸n". Al igual que la obra moral y dogm谩tica, tambi茅n la producci贸n espiritual de San Alfonso, y en medida mayor, nace del apostolado y lo integra.

Sus obras espirituales son conocidas de todos. Recordamos las m谩s importantes en orden cronol贸gico: Las glorias de Mar铆a, la Preparaci贸n para la muerte, El gran medio de la oraci贸n, la Verdadera esposa de Jesucristo, las Visitas al Sant铆simo Sacramento y a Mar铆a Sant铆sima, el Modo de conversar continua y familiarmente con Dios y, sobre todo, la Pr谩ctica del amor a Jesucristo, su libro asc茅tico principal y resumen de todo su pensamiento.

Si adem谩s se nos pregunta cual es la caracter铆stica de su espiritualidad, 茅sta se puede sintetizar as铆: es una espiritualidad popular. En resumen: Todos est谩n llamados a la santidad, cada uno en su propio estado. La santidad y la perfecci贸n consisten esencialmente en el amor de Dios, que encuentra su culmen y su perfecci贸n en la uniformidad con la voluntad de Dios. No de un Dios abstracto, sino de un Dios Padre de los hombres: el Dios de la "salvaci贸n", que se manifiesta en Jesucristo. La dimensi贸n cristol贸gica es una nota esencial de la espiritualidad alfonsiana, siendo la Encarnaci贸n, la Pasi贸n y la Eucarist铆a los signos m谩ximos del amor divino. Muy atinadamente, pues, la segunda lectura de la liturgia de las Horas est谩 tomada del cap铆tulo primero de su obra: Pr谩ctica del amor a Jesucristo 4 .

Alfonso atribuye una importancia capital a la vida sacramental, especialmente a la Eucarist铆a y al culto eucar铆stico, del que las visitas constituyen la expresi贸n m谩s t铆pica. Un punto enteramente particular en la econom铆a de la salvaci贸n es la devoci贸n a la Virgen, Mediadora de las gracias y Corredentora, y por ello Madre, Abogada y Reina. En realidad Alfonso fue siempre todo de Mar铆a, desde el comienzo de su vida hasta su muerte.

La fama de Alfonso, muy notable en vida, creci贸 de modo extraordinario despu茅s de su muerte, permaneciendo inalterada en estos dos siglos. He aqu铆 el motivo por el que, despu茅s de su canonizaci贸n, decretada por mi predecesor el Papa Gregorio XVI el 26 de mayo de 1839, comenzaron a llegar a la Santa Sede cartas pidiendo que le fuese conferido al Santo el t铆tulo de Doctor de la Iglesia. Dicho t铆tulo se lo confiri贸 el Papa P铆o IX el 23 de marzo de 1871. Y el mismo Papa, el 7 de julio de 1871, en la Carta Apost贸lica Qui Ecclesiae suae, comentando el t铆tulo de Doctor de la Iglesia dado al Santo, escrib铆a: Realmente se puede afirmar con toda verdad que no ha habido ning煤n error, aun en nuestro tiempo, que Alfonso, al menos en gran parte no haya refutado 5 .

Los Papas sucesivos han reconocido siempre esta fama, la han recordado y la han divulgado hasta nuestros d铆as.

El Papa P铆o XII de feliz memoria, que el 26 de abril de 1950 confiri贸 a San Alfonso el nuevo t铆tulo de "celeste Patrono de todos los confesores y moralistas" 6 , en fecha 7 de abril de 1953 lleg贸 a afirmar: "El Santo del celo misionero, de la caridad pastoral, de la encendida piedad eucar铆stica, de la tierna devoci贸n a la Virgen, en sus escritos ha difundido tesoros de vida espiritual, y las luces de su mente y los impulsos de su coraz贸n, nutridos unos y otros en la celeste sabidur铆a, son para las almas substancia de vida y de piedad, asimilable por todos, y para todos suave invitaci贸n al recogimiento del esp铆ritu, f谩cil impulso a la elevaci贸n del coraz贸n a Dios" 7 .

Merece tambi茅n ser recordada la siguiente exclamaci贸n del Papa Juan XXIII de feliz memoria: "隆Oh San Alfonso, San Alfonso! 隆Qu茅 gran gloria y qu茅 objeto de estudio para el clero italiano! Desde los primeros a帽os de nuestra formaci贸n eclesi谩stica nos son familiares su vida y sus obras" 8 . Del testimonio de la historia de la Iglesia y de la piedad popular resulta que el mensaje de San Alfonso es todav铆a actual. Y la Iglesia te lo vuelve a proponer hoy a ti, a tus dilectos hijos que son los miembros de su congregaci贸n y a todos los cristianos.

Deseo atraer vuestra atenci贸n hacia algunos aspectos que hoy aparecen m谩s elocuentes.

San Alfonso fue el gran amigo del pueblo, del pueblo bajo, del pueblo de los barrios pobres de la capital del reino de N谩poles, el pueblo de los humildes, de los artesanos y, sobre todo, la gente del campo. Este sentido del pueblo caracteriza toda la vida del Santo, como misionero, como fundador, como obispo, como escritor. En funci贸n del pueblo repensar谩 la predicaci贸n, la catequesis, la ense帽anza de la moral y de la misma vida espiritual.

Como misionero anduvo a la b煤squeda de las "almas m谩s abandonadas del campo y de las aldeas rurales", dirigi茅ndose al pueblo con los medios pastorales m谩s id贸neos y eficaces. Renov贸 la predicaci贸n en el m茅todo y en el contenido, lig谩ndola a un arte de oratorio sencilla y directa. Hablaba de esta forma, para que todos pudieran comprender.

Como fundador quiso un grupo que, como 茅l, hiciese la opci贸n radical por los m谩s abandonados y se instalase permanentemente cercano a ellos. Como obispo, su casa estaba abierta a todos, pero los visitantes m谩s deseados eran los humildes y sencillos. Para su pueblo promovi贸 iniciativas sociales y econ贸micas.

Como escritor miraba siempre y s贸lo a lo que resultaba 煤til para la gente. Sus obras, no excluida la de la moral, aparec铆an como solicitadas por el pueblo. Escrib铆a (en 1972) el entonces patriarca de Venecia, cardenal Albino Luciani: "Alfonso es te贸logo en funci贸n de problemas pr谩cticos que resolver enseguida, como consecuencia de experiencias vividas. 驴Ve que en los corazones hay que reavivar la caridad? Escribe obras de asc茅tica. 驴Hay que reforzar la fe y la esperanza del pueblo? escribe obras de teolog铆a dogm谩tica y moral" 9 .

La popularidad del Santo debe su fascinaci贸n a la disponibilidad, a la claridad, a la sencillez, al optimismo, a la afabilidad que llega a ser ternura. En la ra铆z de este su sentido del pueblo est谩 el ansia de la salvaci贸n. Salvarse y salvar. Una salvaci贸n que va hasta la perfecci贸n, la santidad. El sistema de referencias de su acci贸n pastoral no excluye a nadie: escribe a todos, escribe para todos. Impulsa a los Pastores del Pueblo de Dios: en particular, obispos, sacerdotes, religiosos, al don de s铆 mismos en bien del pueblo a ellos confiado de una u otra manera.

El mensaje de Alfonso, incluso cuando 茅l lo renueva, y precisamente entonces, emerge de la conciencia plurisecular de la Iglesia. Tuvo, como pocos, el "sensus Ecclesiae": un criterio que le acompa帽贸 en la b煤squeda teol贸gica y en la praxis pastoral hasta llegar a ser, de alg煤n modo, la voz de la Iglesia. Particular铆sima veneraci贸n tuvo el Santo hacia el Sumo Pont铆fice, cuyo Primado e infalibilidad defendi贸 en tiempos dif铆ciles y manifest贸 esta veneraci贸n incluso en el plano personal, por encima de todas las pruebas.

Si como Santo, obispo y doctor, San Alfonso pertenece a toda la Iglesia, como fundador representa el punto de obligada referencia para su congregaci贸n.

A este respecto deseo subrayar en particular tres aspectos de su "lecci贸n" de vida: la cercan铆a al pueblo. Estando la Congregaci贸n del Sant铆simo Redentor difundida por todo el mundo, la b煤squeda de las "almas m谩s abandonadas", que fue la intuici贸n del fundador, debe realizarse seg煤n las particulares exigencias de lugar y de tiempo, en una fidelidad radical. En esta b煤squeda, la preferencia ser谩 para los m谩s humildes y sencillos, que generalmente son tambi茅n los m谩s pobres.

Por ello, la congregaci贸n tanto ahora, como en los a帽os futuros, debe empe帽arse generosamente en proseguir la actuaci贸n de esta prioridad pastoral a todos los niveles. En efecto, me ha complacido saber que vuestro cap铆tulo general de 1985 se ha comprometido laudablemente con la "Missio ad gentes", especialmente en Asia y en 脕frica. Compromiso que corresponde a las intenciones originarias de vuestro fundador.

Las misiones populares: Son una forma consolidada de la actividad pastoral de la congregaci贸n. Ellas han sido siempre una expresi贸n de vuestra cercan铆a al pueblo. Las misiones, en las que San Alfonso dej贸 una impronta indeleble y que varias veces yo mismo he recomendado en diversos documentos 10 , deben lograr, a trav茅s de vosotros, un nuevo vigor para el bien de la Iglesia. En la predicaci贸n misionera, como en cualquier otra forma de vuestra actividad apost贸lica, tened muy presente esos contenidos que han constituido siempre la peculiaridad de los hijos de San Alfonso: los cuatro nov铆simos, que se han de anunciar con la sensibilidad pastoral de hoy; el amor misericordioso de Dios Padre, Dives in misericordia; la plena Redenci贸n, realizada en Cristo, Redemptor hominis; la intercesi贸n materna de Mar铆a, Redemptoris Mater, abogada y medianera; la necesidad de la oraci贸n para alcanzar el para铆so y evitar el infierno.

Por 煤ltimo, el estudio y la ense帽anza de la doctrina moral: nadie ignora la gran importancia que tiene en nuestro tiempo la teolog铆a moral. Oportunamente el Concilio Vaticano II ha recomendado: "T茅ngase especial cuidado en perfeccionar la teolog铆a moral, cuya exposici贸n cient铆fica, nutrida con mayor intensidad por la doctrina de la Sagrada Escritura, deber谩 mostrar la excelencia de la vocaci贸n de los fieles en Cristo y su obligaci贸n de producir frutos en la caridad para la vida del mundo" 11 . En efecto, "el bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad. La cultura contempor谩nea ha perdido en gran parte este v铆nculo esencial entre Verdad-Bien-Libertad y, por tanto, volver a conducir al hombre a redescubrirlo es hoy una de las exigencias propias de la misi贸n de la Iglesia, por la salvaci贸n del mundo" 12 . El bicentenario alfonsiano se presenta como ocasi贸n propicia para dedicarse con renovado impulso a este empe帽o, tratando de dejarse guiar, aun en el cambiado contexto sociocultural, por el gran equilibrio humano y por el profundo sentido de fe que San Alfonso demostr贸 constantemente en su actividad de estudioso y de Pastor. Por su parte, esta Sede Apost贸lica no dejar谩 de aportar su propia contribuci贸n de iluminaci贸n tratando en un pr贸ximo documento, m谩s amplia y profundamente, las cuestiones referentes a los fundamentos mismos de la teolog铆a moral.

Sin duda la vida moderna plantea nuevos problemas que a menudo no es f谩cil resolver. Sin embargo, deber谩 tenerse siempre presente, en la direcci贸n de las almas y en el ministerio de la ense帽anza, que el criterio irrenunciable al que hay que atenerse siempre sigue siendo la Palabra de Dios, tal como es aut茅nticamente interpretada por el Magisterio de la Iglesia. Adem谩s, hay que dejarse guiar siempre por la benignidad pastoral, seg煤n la sab铆a advertencia del Papa Pablo VI: "No disminuir en nada la saludable doctrina de Cristo es eminente forma de caridad para con las almas. Pero ello debe acompa帽arse siempre con la paciencia y la bondad de las que el Redentor mismo ha dado ejemplo al tratar con los hombres" 13 .

La Carta que te env铆o hoy, d铆a del bicentenario de la muerte de San Alfonso, quiere expresar mis convicciones y mis sentimientos referentes a un Santo que ha sido maestro de sabidur铆a y padre en la fe.

Al dirigirme a los hijos de San Alfonso esparcidos por todo el mundo, a los que dignamente representas, quisiera recordar cu谩les ser铆an los deseos de tan gran Padre respecto a su herencia que es la congregaci贸n por 茅l fundada. Son los deseos que San Alfonso, expres贸 en su vida, en su acci贸n pastoral y en sus escritos: la fidelidad a Cristo y a su Evangelio, la fidelidad a la Iglesia y a su misi贸n en el mundo, la fidelidad al hombre y a nuestro tiempo, la fidelidad al carisma de vuestro instituto.

Sed siempre en vuestra vida y en vuestra actividad, sin ceder jam谩s, los continuadores de la obra del Redentor, del que llev谩is el t铆tulo y el nombre, seg煤n el fin de vuestro instituto marcado por el Santo: "Seguir el ejemplo de Jesucristo, predicando la Palabra de Dios a los pobres, como 脡l dijo de s铆 mismo: He sido enviado a evangelizar a los pobres" 14 .

Vuestra congregaci贸n, en su largo camino de 255 a帽os, ha producido santos que me gozo en recordar: el hermano coadjutor San Gerardo Maiella (1726-1755); San Clemente Mar铆a Hofbaur (1751-1820), cuyo segundo centenario de llegada a tierras de Polonia se conmemora este a帽o, y que tuve ocasi贸n de recordar, participando con una carta en las celebraciones de Varsovia (10-17 mayo de 1987) 15 ; San Juan Nepomuceno Neumann (1811-1860); y el Beato Pedro Donders (1809-1887), que yo mismo he elevado al honor de los altares.

El ejemplo de San Alfonso y de sus mejores hijos, reconocidos como Santos por la Iglesia, inspire a todos vosotros el anhelo por la perfecci贸n en la santidad.

Gozoso por haber participado con esta carta en las celebraciones de la Iglesia y de vuestro instituto, imparto de coraz贸n a ti, a todos los hijos de San Alfonso, a las hermanas Redentoristas y a toda la familia alfonsiana una particular bendici贸n apost贸lica, prenda de gracias celestes.

Vaticano, 1 de agosto de 1987, IX a帽o de pontificado.

IOANNES PAULUS PP. II


1

A. M. Tannoia. Della vita ed Istituto del venerabile Servo di Dio Alfonso Maria Liguori, vescovo di S. Agata de' Goti e fondatore della Congregazione de' Preti Missionari del SS. Redentore, III, N谩poles 1800, p谩g. 88; cf. ib., p谩gs. 151, 191-192.

2

S. Alphonsus M. De Ligorio, Theologia moralis, ed. L. Gaud茅, II, Roma 1907, p谩g. 53. Es necesario, por lo dem谩s, tener presente lo que el Santo Doctor a帽ade inmediatamente despu茅s: 鈥淐omo advert铆 cuidadosamente a San Antonio all铆 donde, discutiendo sobre cu谩ndo una acci贸n puede ser condenada como mortal o no, escrib铆 as铆: si, en el caso que no se tenga la autoridad expl铆cita de la Sagrada Escritura, o de un canon, o de una decisi贸n de la Iglesia, o no exista una raz贸n evidente, aquella no podr谩 ser calificada como tal, sino con mucho riesgo鈥�.

3

S. Alfonso M. de' Liguori, Del gran mezzo della preghiera e opuscoli affini (Opere ascetiche, II), Roma 1962, p谩g 171.

4

S. Alfonso M. de' Liguori, Pratica di amar Ges霉 Cristo e opuscoli sull'amore divino (Opere ascetiche, I), Roma 1933, p谩gs. 1-4.

5

Pii IX P. M. Acta, V (1869-1871), p谩g. 337.

6

Cf. Carta Apost贸lica Consueverunt omni tempore: AAS 42 (1950), p谩gs. 595-597.

7

P铆o XII, Lettera Autografa para la nueva edici贸n de las obras de San Alfonso Mar铆a de Ligorio Spicilegium Historicum Congregationis SS.mi Redemptoris, I (1953), fasc. 1-2, p谩g. 247.

8

A. G. Roncalli, Il giornale dell'anima, Roma 1964, p谩g. 462.

9

A. Luciani, S. Alfonso cent'anni fa era proclamato Dottore della Chiesa. Carta al presbiterio de Venecia para el Jueves Santo de 1972, Venecia 1972, p谩g. 41.

10

Cf. Exhortaci贸n Apost贸lica Catechesi tradendae (16 octubre 1979), n. 47: AAS 71 (1979), p谩g. 1315; Discurso al consejo general de los padres redentoristas (6 diciembre 1979), n. 2: L'Osservatore Romano, Edici贸n en Lengua Espa帽ola, 23 de diciembre de 1979, p谩g. 14; Discurso a los participantes en el I Congreso nacional italiano sobre las Misiones al pueblo (6 febrero 1981): L'Osservatore Romano, Edici贸n en Lengua Espa帽ola, 8 de marzo de 1981, p谩g. 2; Exhortaci贸n Apost贸lica Reconciliatio et paenitentia (2 diciembre 1984), n. 26: AAS 77 (1985), p谩g. 247.

11

Concilio Ecum茅nico Vaticano II, Decreto sobre la formaci贸n sacerdotal Optatam totius, 16.

12

Juan Pablo II, Discurso a algunos profesores de teolog铆a moral: AAS 78 (1986), p谩g. 1099. Permanece completamente actual al respecto todo lo que Pablo VI dijo al cap铆tulo general de la Congregaci贸n de los redentoristas el 22 de septiembre de 1967: cf. AAS 59 (1967), p谩gs. 960-963.

13

Pablo VI, Carta Enc铆clica Humanae vitae, 29: AAS 60, (1968), p谩g. 501.

14

Constitutiones et statuta Congregationis SS. Redemptoris, Roma, 1986, Const. 1, p谩g. 21.

15

Carta al superior provincial de la provincia redentorista de Varsovia, 14 de mayo de 1987.
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