por Mart铆n F. Echavarr铆a b
Nuestra intenci贸n es presentar en modo breve la personalidad y las ideas fundamentales en campo de psicolog铆a pr谩ctica de Rudolf Allers. Dejamos de lado, por lo tanto, otros aspectos de su pensamiento, como sus estudios sobre la percepci贸n sensorial, o sus investigaciones en el 谩mbito de la filosof铆a medieval. El provecho que esperamos obtener es doble: en primer lugar, el de recordar y homenajear al autor que a nuestro juicio, durante el siglo XX ha representado, en el dif铆cil 谩mbito de la psicolog铆a y psicoterapia, con m谩s valent铆a y fidelidad, los valores cristianos. Allers, en su momento muy conocido y apreciado, no s贸lo entre los cat贸licos, hoy ha ca铆do en un injusto olvido, y por lo tanto nos parece que merece ser tra铆do a la memoria. En segundo lugar, las ideas que presentaremos aqu铆 las consideramos a tal punto basilares que creemos que no pueden ser ignoradas por ning煤n cat贸lico que investigue y trabaje en esta 谩rea epistemol贸gica.
Rudolf Allers, psiquiatra y fil贸sofo cat贸lico, naci贸 en Viena en 1883. Su padre era f铆sico, pero con intereses humanistas. Estudi贸 medicina en la Universidad de Viena, donde asisti贸 a las 煤ltimas lecciones dictadas por Sigmund Freud. Hacia 茅ste y el psicoan谩lisis mantuvo siempre una actitud radicalmente cr铆tica. Una vez doctorado, en 1906, combin贸 la pr谩ctica de m茅dico cl铆nico con estudios bioqu铆micos de laboratorio. De este modo, comenz贸 a interesarse por la neurolog铆a, y realiz贸 importantes investigaciones sobre la percepci贸n sensorial. Finalmente, se especializ贸 en psiquiatr铆a (1908), y trabaj贸 como asistente de Kraepelin, uno de los pilares de la moderna psicopatolog铆a. Ejerci贸 su profesi贸n y su labor investigativa en las Universidades de Praga y Munich.
En 1908, contrajo matrimonio con Carola Meitner, hermana de la Dra. Lisa Meitner, que estudi贸 con Otto Hahn la fisi贸n at贸mica. La Sra. Allers era tambi茅n una persona con profundos intereses intelectuales y espirituales, y su casa fue centro de encuentros con importantes figuras de la cultura de la 茅poca. Ya en 1913, Allers era instructor de psiquiatr铆a en la Escuela de Medicina de la Universidad de Munich, actividad que se vio interrumpida en 1914 al comenzar la Primera Guerra Mundial. Durante el conflicto b茅lico, sirvi贸 como m茅dico en la Armada de Austria, y escribi贸 su primer obra, sobre un tema estrictamente m茅dico: la cura de las heridas de bala.
En el per铆odo de posguerra, Allers se convirti贸 en disc铆pulo de Alfred Adler, m茅dico y psic贸logo vien茅s, inicialmente colaborador de Freud del que se separ贸 en 1912, a causa del dogmatismo extremo del creador del psicoan谩lisis y del pansexualismo que en esa 茅poca sosten铆a. En la d茅cada que va de 1918 a 1938, Allers trabaj贸 en la Escuela de Medicina de la Universidad de Viena, primero en el departamento de psicolog铆a de la sensaci贸n y psicolog铆a m茅dica, y, a partir de 1927, en el departamento de psiquiatr铆a.
Hacia 1925, se hab铆a formado dentro de la escuela de Adler un subgrupo, consciente de la necesidad de fundamentaci贸n filos贸fica de la psicolog铆a, y descontento con la poca apertura de Adler a una visi贸n antropol贸gica integral, abierta a la trascendencia e incluso a una perspectiva religiosa en psicoterapia. Los puntos de referencia de movimiento, que algunos llamar铆an 鈥渢ercera escuela de psicoterapia vienesa鈥, eran el mismo Rudolf Allers y su amigo Oswald Schwarz. Entre los psicoanalistas, adem谩s, Allers contaba con la amistad de Paul Schilder. En 1927, tras una acalorada discusi贸n, se produjo la ruptura de este c铆rculo con Adler. Allers abandon贸 la Asociaci贸n de Psicolog铆a Individual (creada por Adler), acompa帽ado de Schwarz y el joven Viktor E. Frankl, disc铆pulo de ambos. Simpatizante de este grupo, pero sin romper con Adler, fue Oliver Brachfeld, que luego difundi贸 el adlerismo en Espa帽a y Am茅rica Latina.
Consciente de la necesidad de profundizar sus conocimientos filos贸ficos, y por sugerencia de su amigo Fray Agostino Gemelli O.F.M, se traslad贸 a Mil谩n, y se doctor贸 en filosof铆a en la Universidad Cat贸lica del Sacro Cuore (1934). Aqu铆 aprendi贸 la filosof铆a neoescol谩stica que se ense帽aba en la 茅poca, y se aficion贸 al pensamiento de santo Tom谩s, autor al que ya antes le铆a, y cuyo De ente et essentia tradujo al alem谩n, como tambi茅n las obras de san Anselmo. Otra influencia importante, desde el punto de vista filos贸fico fue la de la fenomenolog铆a, en particular de Max Scheler. Comparti贸 adem谩s con Edith Stein, que frecuent贸 su casa y trab贸 amistad con la familia Allers, el inter茅s por una relaci贸n viva del tomismo con las tem谩ticas del pensamiento contempor谩neo. Allers tradujo al ingl茅s un art铆culo de la santa carmelita sobre el conocimiento de Dios, y ella, por su parte, en varias partes de sus obras recomend贸 las teor铆as de Allers en campo caracterol贸gico. 2
Antes de que se desatara la Segunda Guerra Mundial, en 1938, el psiquiatra americano Francis Braceland, que lo hab铆a conocido en 1934, lo invit贸 a ense帽ar en la Catholic University of America (Washington D.C.). Convencido finalmente por Fray Ignatius Smith O.P., Allers se instal贸 con su familia en los Estados Unidos. All铆 comenz贸 a dictar clases de psicolog铆a en la Escuela de Filosof铆a de aquella Universidad. Luego de ense帽ar all铆 durante una d茅cada, se traslad贸 en 1948 a la Georgetown University como profesor de filosof铆a. De aqu铆 en adelante, Allers se apartar铆a de la pr谩ctica psicoterap茅utica, dedicando los 煤ltimos a帽os de su vida al estudio y la ense帽anza de la filosof铆a. En 1957 fue nombrado profesor em茅rito. En 1960 la American Catholic Association lo premi贸 con la Cardinal Spellman-Aquinas Medal, en reconocimiento por su incansable labor como intelectual cat贸lico (este premio lo recibieron figuras de la talla de Maritain y Gilson). Finalmente, Allers dej贸 este mundo el 18 de Diciembre de 1963.
Nuestro autor ha escrito much铆simo. En la Georgetown University hay un fondo dedicado a sus obras, aunque todav铆a no se ha hecho una publicaci贸n completa de sus escritos. Entre sus libros m谩s importantes se cuentan: La evoluci贸n de la persona moral 3 , El error exitoso 4 , Pedagog铆a sexual 5 , etc. Por otro lado, escribi贸 innumerables art铆culos sobre temas de psicolog铆a y filosof铆a, en alem谩n, franc茅s e ingl茅s. Colabor贸 en revistas como Jahrbuch f眉r psychologie und psychotherapie, 脡tudes Carm茅litaines, The Thomist, The new Scholastism, Franciscan Studies, The Homiletic and Pastoral Review, etc.
A pesar de la indiscutible carrera acad茅mica y psicoterap茅utica de nuestro autor, los estudios dedicados a su pensamiento son escas铆simos, y de car谩cter general.
La formaci贸n psicol贸gica de Allers est谩, sin dudas marcada por el influjo de Alfred Adler. Sin bien, por los motivos antes indicados, ambos autores se separaron, Allers siempre mantuvo el respeto por su maestro y conserv贸 los puntos fundamentales de su psicolog铆a, aunque integr谩ndolos desde la perspectiva m谩s amplia del pensamiento cat贸lico.
La postura de Adler frente al psicoan谩lisis, luego de su disputa con Freud, fue sumamente cr铆tica. Adler reprueba, primeramente, su esquematismo. 6 Desde el punto de vista te贸rico, critica la reducci贸n de todas las motivaciones a la sexual, y el descuido de la finalidad. Seg煤n Adler, la conducta se debe interpretar en funci贸n de fin que el individuo, consciente o inconscientemente, persigue. Desde esta perspectiva, los trastornos sexuales, que tanto han llamado la atenci贸n del psicoan谩lisis, aparecen como factores secundarios, que deben ser interpretados en el conjunto de la personalidad, que se comprende desde la meta o fin 7 .
Esta es una perspectiva que Allers pondr谩 en el centro de su modo de hacer psicolog铆a: los aspectos parciales de la personalidad no se pueden comprender sino integrados en la personalidad total 8 . Sobre esto volveremos en breve.
Nuestro autor, a las cr铆ticas de Adler, suma las propias: el psicoan谩lisis se basa en una filosof铆a incompatible con el cristianismo. La separaci贸n propugnada por algunos autores, como Roland Dalbiez 9 y Jacques Maritain 10 , del m茅todo psicoanal铆tico y la filosof铆a de Freud, de tal modo que la primera, cient铆ficamente correcta ser铆a aceptable, mientras que la segunda se podr铆a rechazar, sin afectar en nada el n煤cleo de t茅cnicas psicoanal铆ticas, es fuertemente rechazada por Allers 11 . El psicoan谩lisis de Freud no es una ciencia, sino una ideolog铆a, que depende de algunos desarrollos de la filosof铆a moderna (iluminismo, romanticismo, filosof铆a del inconsciente). Por otra parte, se basa en paralogismos inaceptables a la raz贸n y, cada vez que se ataca l贸gicamente al psicoan谩lisis, sus cultores responden con argumentos ad hominem 12 .
El peor defecto del psicoan谩lisis, y no s贸lo de 茅ste, es la 鈥渙bsesi贸n por lo inferior鈥, la 鈥渕irada desde lo bajo鈥:
Esta manera de considerar la naturaleza humana no es m谩s que una de las numerosas formas por las que se manifiesta una tendencia general que, despu茅s de siglos, ha pervertido la mentalidad occidental. Podr铆a nombr谩rsela: la mirada desde lo bajo. Todo lo que es inferior, todo lo que se acerca a la naturaleza bruta o incluso muerta, es juzgado como lo m谩s verdadero, lo m谩s natural, lo m谩s importante. Si uno arroja una mirada sobre tantas herej铆as, tantas modas intelectuales, tambi茅n descarriadas, tantas pseudo-filosof铆as, tantas ideas sociales corrientes: por todas partes uno encontrar谩 esta idea funesta de que lo inferior constituye el fondo y el centro de la realidad, lo que realmente importa, que buscarlo, es hacer un acto de ciencia, y que vivirla es conformarse a las exigencias m谩s verdaderas de la naturaleza humana 13 .
La 鈥渕irada desde lo bajo鈥 es un peligro enorme en psicoterapia y en pedagog铆a, porque anula la posibilidad de cambio o de progreso. Por ello hay que asumir otra perspectiva, ver las cosas con otra luz: 鈥淐omo en filosof铆a o en psicolog铆a, no hay punto de vista m谩s peligroso, en materia de psicoterapia o de ascesis que este que hemos nombrado 鈥榣a mirada desde abajo鈥. Es necesario elevar los ojos hacia las alturas de nuestra vida y del ser en general.鈥 14 Es decir, la psicolog铆a debe superar el estancamiento del encerramiento en s铆 misma 15 , y atreverse a 鈥渕irar las cosas 鈥榙esde lo alto鈥欌, es decir, transformarse en una psicolog铆a de las alturas, y ya no s贸lo, en sentido psicoanal铆tico, una psicolog铆a profunda 16 .
Allers distingue entre aquellos trastornos mentales que son enfermedades en el sentido estricto del t茅rmino, y la neurosis, que es s贸lo enfermedad por analog铆a. Mientras que las enfermedades propiamente dichas son des贸rdenes del cuerpo, la neurosis no es primero y principalmente un trastorno del cuerpo, sino del alma.
Seg煤n Allers, ante todo, hay que distinguir los 鈥渟铆ntomas neur贸ticos鈥 del 鈥渃ar谩cter neur贸tico鈥. Adem谩s, una cosa es una neurosis propiamente constituida, y otra la aparici贸n de rasgos, que integran la neurosis, en una personalidad que es fundamentalmente sana. Aqu铆 se pone de manifiesto la insuficiencia de un diagn贸stico meramente descriptivo. Para diagnosticar la neurosis es necesario el conocimiento de la personalidad total, de su estilo de vida, de los fines que persigue, y su actitud frente a la vida como un todo.
Es necesario saber distinguir entre la neurosis que se manifiesta con s铆ntomas, sean org谩nicos, sean puramente mentales, y el 鈥榗ar谩cter nervioso鈥 como dec铆a el Dr. Adler; tambi茅n es necesario saber distinguir entre la neurosis -manifiesta o no- y la aparici贸n de ciertos rasgos m谩s o menos neur贸ticos en una persona sana. No se debe declarar neur贸tico a cada individuo que sufre de alguna perturbaci贸n 鈥榥erviosa鈥; el diagn贸stico de neurosis reposa siempre y sin ninguna excepci贸n sobre el estudio de la personalidad total 17 .
Allers sigue en general la concepci贸n adleriana de la neurosis. Para el fundador de la psicolog铆a del individuo, el car谩cter neur贸tico surge del intento supercompensatorio del complejo de inferioridad a trav茅s de la voluntad de poder, que tiene como meta el sentimiento de personalidad 18 . El neur贸tico es una persona que busca por todos los medios, a煤n a trav茅s de la debilidad y la enfermedad, llegar a ser alguien, llegar a la cima. A esta meta, el neur贸tico subordina todas sus fuerzas cognitivas (imaginaci贸n, memoria, etc.) y afectivas. Este fin de superioridad, se concretiza en particular a trav茅s de determinadas im谩genes y figuras, complejos de representaciones, que se ponen como metas o fines 鈥渇icticios鈥 (la masculinidad, el poder, la riqueza, etc.) 19 . De este modo el neur贸tico se va creando una 鈥渢茅cnica de vida鈥, e incluso a veces la justifica con una 鈥渇ilosof铆a de vida鈥 20 , que se traduce en el 鈥渆stilo de vida鈥, que configura su car谩cter.
Nuestro autor, en estas ideas, se mantiene fiel a Adler. Allers identifica la 鈥渧oluntad de poder鈥 del neur贸tico, con la superbia, que muchas veces puede no ser consciente, y que configura el car谩cter en un sentido negativo y destructivo.
El Dr. Adler ve铆a m谩s justo de lo que 茅l lo sab铆a, cuando ense帽aba que los rasgos caracter铆sticos del neur贸tico son la expresi贸n y la consecuencia de esta ambici贸n inaudita, ambici贸n sin embargo velada a los ojos del 鈥渆nfermo鈥. Pero no ha podido, a causa de ciertas limitaciones de su pensamiento, sea a causa de otros factores, medir toda la importancia de su descubrimiento. A decir verdad, este descubrimiento no era nuevo; se encuentra aqu铆 y all谩 en ciertos tratados, muy antiguos e ignorados por los psic贸logos y los m茅dicos, pasajes que denotan un conocimiento sorprendente de estas cosas 21 .
El car谩cter ficticio de la vida del neur贸tico es llamado por Allers, mentira existencial. En el fondo en el car谩cter neur贸tico se dar铆a seg煤n Allers una subversi贸n, consciente o no, del orden axiol贸gico. La realidad se venga de esta pretensi贸n ego铆sta del neur贸tico con el malestar.
Hemos dicho que la rebeli贸n consciente o no, contra el orden axiol贸gico o el orden de la dignidad conduce necesariamente a la mentira. Esto es -entre par茅ntesis- lo que hace que tantos neur贸ticos den la impresi贸n de no ser realmente 鈥渆nfermos鈥 y por eso los dem谩s los acusan de mala voluntad, de exageraci贸n e incluso de simulaci贸n. Esta mentira es inextricable porque para rebelarse es necesario que el hombre exista, y porque existiendo, es incorporado, por as铆 decir, en este orden que 茅l rehusa aceptar 22 .
En el hombre se da una dualidad interior. Es la dualidad constatada por la tradici贸n cristiana, por san Pablo y por san Agust铆n, de la carne que se rebela contra el esp铆ritu. Dice Allers: 鈥淓l hombre arrastrado por una fuerza misteriosa, no necesariamente demon铆aca (cf. lo que dice San Agust铆n de la 鈥榮egunda voluntad鈥, Confesiones VIII, 9), hacia una actitud esencialmente insensata, contraria a la objetividad 23 , se vuelve por eso mismo, en virtud de una ley inexorable, la presa de la mentira.鈥 24 Esta mentira se instala cuando la persona no quiere ver la realidad: 鈥淣o solamente existe la mentira que afirma una proposici贸n contraria a la verdad, sino tambi茅n aquella que cierra voluntariamente los ojos delante de la verdad.鈥 25 La mentira es tambi茅n llamada por Allers 鈥渋nautenticidad鈥.
Seg煤n Allers, en el fondo del coraz贸n del hombre existe la tendencia a la rebeli贸n, y esta es la causa profunda del trastorno caracterial llamado neurosis. Allers habla incluso de un 鈥渃onflicto metaf铆sico鈥, pues no se trata simplemente de una rebeli贸n frente a una cosa particular, sino frente al orden total de la existencia.
No es posible explicar aqu铆 c贸mo esta actitud de rebeld铆a interior, que generalmente el sujeto no reconoce como tal, constituye un factor de una importancia central en la evoluci贸n de las neurosis. El objeto de la rebeld铆a no es un hecho aislado, un sufrimiento, un conflicto, sino el hecho total de no ser m谩s que una creatura, limitada en su poder, en su existencia, en sus derechos. A pesar de los miles o millones de a帽os que han corrido despu茅s de que la serpiente empuj贸 a los primeros hombres a la rebeli贸n, las palabras del demonio no han cesado de hacerse escuchar sordamente en las profundidades de nuestro yo: eritis sicut Dii 26 .
La referencia de Allers al pecado original no es ociosa. Seg煤n el psiquiatra vien茅s, la naturaleza ca铆da es la fuente de esta tendencia a la rebeli贸n, de esa dualidad que est谩 a la base del trastorno neur贸tico. Dejado a s铆 mismo, todo hombre es virtualmente un neur贸tico.
La neurosis surge de la exageraci贸n acaecida en la divergencia -que existe en toda vida humana- de voluntad de poder铆o y posibilidad de poder铆o. En otras palabras: es un resultado de la situaci贸n puramente humana, tal como est谩 constituida en la naturaleza ca铆da. Puede igualmente decirse que, orientada hacia lo morboso y pervertido, es consecuencia de la rebeli贸n de la creatura contra su finitud e impotencia naturales 27 .
Esta neurosis virtual, que caracteriza a todo hombre por el hecho de tener la naturaleza ca铆da y sufrir dentro de s铆 la rebeli贸n de sus miembros contra la ley de la raz贸n, se actualiza, seg煤n Allers, cuando se manifiesta el 鈥渃onflicto metaf铆sico鈥.
El car谩cter nervioso se transforma en neurosis manifiesta desde que la situaci贸n del individuo amenaza con ponerlo frente al 鈥渃onflicto metaf铆sico鈥. En ciertas condiciones, este conflicto puede quedar absolutamente ignorado. Este es el caso cuando el individuo vive en un medio donde las leyes de la metaf铆sica -y por lo tanto de la realidad- han sido abolidas por alg煤n decreto. (Realmente no pueden ser abolidas, eso se entiende, pero se les puede hacer creer a las masas porque son demasiado cr茅dulas). Ser铆a posible si hubiera una disminuci贸n de la neurosis en un pa铆s donde el hombre, la raza, la sociedad, el Estado son declarados el bien supremo. Pero no se podr铆a concluir de eso que esas ideolog铆as son m谩s 鈥榮anas鈥 que lo es la filosof铆a cristiana. Uno deber铆a solamente juzgar que estas ideolog铆as impiden la eclosi贸n de la neurosis porque ense帽an a la mayor铆a de los hombres un m茅todo propio de apartar los ojos de la verdad 28 .
Siendo esta inclinaci贸n a la neurosis universal 驴Tiene sentido hablar de normalidad o de salud? 驴No tiene raz贸n en el fondo Freud, y quienes lo siguen, al negar la posibilidad de una curaci贸n total? En absoluto. La postura de Allers est谩 muy lejos del pesimismo psicoanal铆tico, que reduce la curaci贸n a la toma de consciencia del desorden, sin posibilidad de remediarlo.
En primer lugar, Allers pone de manifiesto la limitaci贸n de una concepci贸n meramente estad铆stica de normalidad.
Supongamos que en un pa铆s hubiera 999 hombres afectados por la tuberculosis y s贸lo uno que no estuviera enfermo. 驴Se podr铆a concluir que el 鈥渉ombre normal鈥 es aquel cuyos pulmones est谩n carcomidos por la enfermedad? Lo normal no se confunde con la media. Si pues, seg煤n la media, el hombre se decide por el instinto, esto no prueba que no pueda hacer otra cosa, ni que los valores elevados son por naturaleza d茅biles 29 .
Si el criterio estad铆stico fuera la norma decisiva, la normalidad ser铆a la tristeza, el fracaso, la rebeli贸n, el desequilibrio... Para Allers, el criterio de normalidad se toma del orden de la realidad, y esto ya al nivel de la medicina.
La medicina, tratando a un enfermo, no tiene solamente la intenci贸n de liberarlo de sus sufrimientos y de hacerse capaz de ganarse la vida; quiere tambi茅n y sobre todo restaurar el estado 鈥渘ormal鈥, porque sabe que lo 鈥渘ormal鈥 es lo que 鈥渄ebe鈥 ser. [...] La medicina no puede m谩s que aceptar, sea inconscientemente, sea incluso contra su voluntad, la idea de un ordo m谩s all谩 de los hechos, un estado de cosas que no existe siempre pero que debe existir y cuya realizaci贸n s贸lo constituye el estado 鈥渘ormal鈥 30 .
La anormalidad constituye, por lo tanto, una ruptura del orden, aunque sea para recaer en un orden inferior al debido a su naturaleza, pues el hombre no puede abolir absolutamente todo el orden de la realidad, sino el que le est谩 sujeto 31 . El desorden y anormalidad humanos acaecen, seg煤n Allers, por tres razones: la voluntad, la alienaci贸n mental en sentido estricto, y la neurosis, que participa un poco de ambas.
La acci贸n anormal es el resultado o de una voluntad consciente, o de una alienaci贸n mental, o de esta curiosa modificaci贸n del car谩cter que llamamos neurosis. Cada acci贸n o cada conducta est谩 determinada por su fin. Este fin es, sin excepci贸n alguna, la realizaci贸n de un valor juzgado m谩s alto que todo otro considerado en la misma circunstancia. Las leyes que rigen la normalidad de las acciones son las del orden objetivo de los valores. La anormalidad de una acci贸n es, en ciertos casos, causada por la ignorancia o por una visi贸n err贸nea del orden. Es m谩s o menos el caso del alienado. En otros casos -esperamos que sean muy raros- el sujeto obra contra unas leyes no s贸lo conocidas por 茅l, sino contra leyes de las cuales no pone en duda la validez. Esto es entonces la rebeli贸n abierta, el satanismo declarado. Finalmente, hay una tercera actitud que se ubica de alguna manera entre las dos precedentes: es la rebeli贸n cuya naturaleza y existencia el sujeto mismo ignora 32 .
Hemos visto en el punto anterior, que esta 煤ltima forma de desorden est谩 virtualmente en todo hombre por el pecado original, aunque no siempre se manifieste. Por eso volvemos a la pregunta inicial 驴Es posible la normalidad? En caso afirmativo 驴En qu茅 consiste? Allers responde de la siguiente manera.
Del hecho que la inautenticidad constituye, como a todo el mundo es dado a entender, un rasgo esencial del comportamiento neur贸tico, se sigue adem谩s la consecuencia de que solamente aquel hombre cuya vida transcurra en una aut茅ntica y completa entrega a las tareas de la vida (naturales o sobrenaturales), podr谩 estar libre por entero de las neurosis; aquel hombre que responde constantemente con un decidido 鈥榮铆鈥 a su puesto de creatura en general y de creatura con una espec铆fica y concreta constituci贸n. O dicho con otras palabras: 鈥渁l margen de la neurosis no queda m谩s que el santo鈥 33 .
Esto puede sonar extra帽o, y en efecto, ha causado muchas pol茅micas. Pero si se analiza bien la concepci贸n allersiana de la neurosis, como no reducida al trastorno declarado y expl铆cito, sino como existente radicalmente en todo hombre a causa de la naturaleza ca铆da, estas afirmaciones son del todo l贸gicas (por no decir, adem谩s, que son congruentes con la experiencia cristiana). Pero Allers no se queda en la constataci贸n, por as铆 decir, 鈥渘egativa鈥 de la ausencia de neurosis en una vida santa o que tiende realmente a la santidad 34 , sino que, 鈥減ositivamente鈥, afirma que la aut茅ntica 鈥渟alud del alma鈥 s贸lo se encuentra en la santidad.
Situ谩ndonos, pues -y para ello tenemos buenas razones-, en el punto de vista seg煤n el cual la definitiva superaci贸n de la inautenticidad, que caracteriza y define a la neurosis, no se logra sino en la vida verdaderamente santa, obtenemos esta otra conclusi贸n: la salud an铆mica en sentido estricto no puede alentar m谩s que sobre el terreno de una vida santa, o por lo menos de una vida que tiende a la santidad 35 .
De esto modo Allers supera ampliamente las mezquinas definiciones de normalidad de la psicolog铆a contempor谩nea, cuando las hay, incluso la de su maestro Alfred Adler. Sin embargo, asume lo que en la postura de este 煤ltimo hay de verdadero. Para Adler, el fin real de la vida humana, al que se contrapone el fin ficticio de la superioridad egoc茅ntrica neur贸tico, est谩 indicado por el 鈥渟entimiento de comunidad鈥, que impulsa al altruismo y a dar la vida por el bien com煤n. En Adler, esta visi贸n queda encerrada en una actitud inmanentista, de tal modo que al final termina casi por divinizar la comunidad humana 36 . En cambio, en Allers, la tendencia a la vida comunitaria, que 茅l llama no 鈥渟entimiento鈥 sino 鈥渧oluntad de comunidad鈥, se cumple en el modo m谩s pleno en la comunidad sobrenatural de los santos, en la Iglesia, que realiza totalmente la tendencia a la universalidad por su intr铆nseca 鈥渃atolicidad鈥.
La educaci贸n tiene que resolver esta dif铆cil tarea: hallar el camino que media entre aquellas medidas que pueden socavar la vivencia del valor propio, y las que propenden a instaurar una absolutizaci贸n de esa misma persona. [...] Esta paradoja y antinomia (no mayor, por lo dem谩s, que las restantes divergencias antin贸micas de la vida humana) halla su expresi贸n, o mejor, su prototipo en la pervivencia de Cristo en la Iglesia, en cuanto comunidad de los santos, pudiendo vivir tambi茅n en la persona humana individual: 鈥渘o vivo yo, sino Cristo vive en m铆鈥. As铆, pues, el ideal del car谩cter que 煤nicamente puede satisfacer por entero las condiciones de la existencia y la naturaleza humanas -por mucho que en concreto var铆e, de acuerdo con la constituci贸n individual y la estructura cultural, nacional, situacional- debe quedar inscrito en el marco de una forma de vida que reduzca a unidad las divergencias polares de individuo y comunidad, de persona autovaliosa y totalidad fundadora de valor, de finitud creadora y vocaci贸n a participar en la vida divina. No son necesarias m谩s aclaraciones para ver que todas estas exigencias se cumplen en una vida cat贸lica honda y exactamente entendida. As铆 como Katholik猫 no s贸lo se extiende sobre todas las culturas, pueblos y tiempos, sino tambi茅n abarca toda la cualitativa diversidad de las personas humanas individuales, as铆 tambi茅n la vida cat贸lica, una vida seg煤n el principio cat贸lico, puede satisfacer las divergencias de nuestro ser, reduci茅ndolas a la unidad de contrarios. No s贸lo la Iglesia deber铆a poder vivir Kat鈥檕lon -por encima de todo-, como en efecto lo hace, sino tambi茅n cada uno de sus miembros 37 .
Aquello que lleva a trascender de alguna manera la soledad original en que el hombre se encuentra 38 , y sobre todo su ego铆smo antinatural, es la fuerza del amor. El deseo de uni贸n substancial con el amado, sin embargo, no es posible en el nivel creatural, ni siquiera en la uni贸n nupcial, imagen del amor por excelencia 39 . S贸lo el amor de Dios es capaz colmar el deseo de uni贸n y completud a que aspira el coraz贸n humano.
En efecto, que el amor, actitud del yo, sea capaz de llevar al hombre a trascender su propio yo, es una cosa inimaginable. Para que el yo sea sacado de s铆 mismo, es indispensable la intervenci贸n de una fuerza ajena a s铆 mismo. Esta fuerza, el amor no puede ejercerla si no es, no solamente el acto, la pasi贸n, la actitud del yo, sino un ser en quien el yo y el amor se confunden. Es necesario que sea el Amor sustancial, y no una modificaci贸n de un ser esencialmente diferente de 茅l.
Cuando obra este Amor, de Dios, la uni贸n puede ser realizada (no por las propiedades de nuestra naturaleza, sino por la gracia que viene de lo alto) a un grado que ninguna uni贸n de aqu铆 abajo podr铆a producir jam谩s. La realizaci贸n de los deseos que el amor despierta en el alma s贸lo es posible en el amor de Dios y por la ayuda otorgada a nuestra impotencia por la bondad del Alt铆simo 40 .
Si esto es as铆, si la santidad y la neurosis son incompatibles. 驴C贸mo se explican ciertos fen贸menos aparentemente neur贸ticos que podemos observar en la vida de algunos santos, y sobre los que hay abundantes estudios?
En primer lugar, tenemos que tener presente que para importantes escuelas de psicolog铆a, entre las que destaca el freudismo, el santo es el prototipo del neur贸tico. Esto no es una conclusi贸n, basada en la experiencia, sino que es una premisa, que depende de la influencia que filosof铆as como la de Nietzsche han tenido en el psicoan谩lisis 41 . No es raro que luego, analizando la vida de los santos, encuentren lo que fueron a buscar, o lo que sus principios te贸ricos obligan a concluir.
Por otro lado, tenemos que tener presente que, salvo Cristo y la Virgen Mar铆a, que no tienen la mancha de pecado original 42 , la inclinaci贸n a la neurosis es seg煤n Allers com煤n a todos los hombres. El camino de santidad, con la ayuda de la gracia, lleva a superar esta inclinaci贸n, pero en los estados iniciales de su vida cristiana, la manifestaciones de desorden pueden ser evidentes. No, en cambio, al final.
Para concluir, tenemos ese per铆odo peculiar en la evoluci贸n espiritual que san Juan de la Cruz ha llamado 鈥渘oche oscura鈥. Rudolf Allers propone distinguir, para no caer en el equ铆voco de confundir la neurosis con una purificaci贸n espiritual, lo que el llama 鈥渁ridez-estado鈥, de la 鈥渁ridez-s铆ntoma鈥. Esto nos remite a la distinci贸n hecha m谩s arriba entre el car谩cter neur贸tico, sus s铆ntomas, y rasgos o conductas aparentemente neur贸ticos, que se dan en una personalidad fundamentalmente sana. La aridez como estado, es la que se verifica a lo largo de una purificaci贸n pasiva del alma, durante la que se pueden dar algunos fen贸menos aparentemente neur贸ticos. La segunda, es s铆ntoma de un trastorno verdaderamente neur贸tico de base, un car谩cter neur贸tico. 驴C贸mo los distinguimos? No es f谩cil, a veces implica una agudeza interior y una sabidur铆a verdaderamente sobrenaturales. El criterio b谩sico es, en principio, seg煤n Allers, el juicio desde la totalidad de la personalidad 43 .
Con ello se facilita la comprensi贸n de episodios o fases neur贸ticas que con tanta frecuencia ocurren, o que por lo menos se les parecen extraordinariamente, en el transcurso de la vida de muchos santos. Estos hechos no deben inducirnos a concluir que la vida santa es una actitud neur贸tica o germina en el terreno de la neurosis, como crey贸 una incomprensiva explicaci贸n pseudocient铆fica. Al observar con atenci贸n esas vidas, se ve que los episodios neur贸ticos no son m谩s que simples episodios de ciertos per铆odos de la vida, estadios de paso, en los que se traba la lucha con el 鈥渄茅spota sombr铆o del yo鈥 y cuya superaci贸n lleva siempre al hombre hasta un nivel m谩s alto en la vida. As铆 se explica tambi茅n que se puedan repetir tales episodios, pues que corresponden a diversos escalones de la ascensi贸n del hombre e inician siempre una 鈥渟obreformaci贸n鈥 m谩s completa de 茅ste en Dios -para servirnos de la expresi贸n de Tauler-. [...] Nos parecer铆a perfectamente descabellado el intento de explicar la 鈥淣oche Oscura鈥 y otros fen贸menos an谩logos, como neur贸ticos o simplemente naturales 44 .
En la escuela adleriana, de la que Allers proviene, la psicoterapia es en el fondo pedagog铆a. Se trata de educar o reeducar el car谩cter, para que se conforme con los fines reales de la naturaleza humana. De este modo, la psicoterapia se aleja de las ciencias m茅dicas y naturales, inscribi茅ndose entre las morales 45 .
Para esta escuela, la psicoterapia tendr铆a dos partes: una anal铆tica, en la que se pone de manifiesto la finalidad ficticia que persigue el individuo, y los medios con que la sostiene; otra sint茅tica 46 o pedag贸gica, que mira a reformar el car谩cter 47 .
Allers asume estas ideas, pero 鈥渄esde lo alto鈥, a partir de una visi贸n m谩s profunda del ser humano, dada por la antropolog铆a cristiana. Este proceso de transformaci贸n del car谩cter neur贸tico, la curaci贸n, es considerado por nuestro autor esencialmente como una conversi贸n, o mejor 鈥met谩noia鈥, un cambio de la mente 48 .
Para permanecer firme ante los conflictos, las dificultades, las tentaciones, es necesario ser simple. Para curar una neurosis no es necesario un an谩lisis que descienda hasta las profundidades del inconsciente para sacar no s茅 qu茅 reminiscencias, ni una interpretaci贸n que vea las modificaciones o las m谩scaras del instinto en nuestros pensamientos, en nuestro sue帽os y actos. Para curar una neurosis es necesaria una verdadera met谩noia, una revoluci贸n interior que sustituya al orgullo por la humildad, el egocentrismo por el abandono. Si nos volvemos simples, podr铆amos vencer el instinto por el amor, el cual constituye -si le es verdaderamente dado el desarrollarse- una fuerza maravillosa e invencible 49 .
La transformaci贸n interior que lleva a la salud, comienza por la humildad, que vence la soberbia, la voluntad de poder que es el motor oculto del car谩cter neur贸tico, seg煤n Allers. Esto no se puede hacer sin ser movidos por el amor aut茅ntico, que es la fuerza m谩s potente que impulsa a la plenitud de vida. Junto a la humildad y al amor, Allers coloca un tercer remedio: la verdad. Allers siempre tuvo presente como lema de su labor psicol贸gica, la frase de Nuestro Se帽or: 鈥淟a verdad os har谩 libres鈥.
Para poder llegar a esta simplicidad, a esta actitud hacia el mundo y hacia s铆-mismo, es necesario hacer entrar en juego la segunda de las grandes fuerzas puestas a nuestra disposici贸n por la bondad divina: la verdad. Estas dos fuerzas, la verdad y el amor, son las 煤nicas para ser invencibles. Para liberarse de las cadenas que nos atan a los valores inferiores, para poder resistir a las tentaciones que desde afuera o desde dentro surgen tan frecuentemente, para permanecer firmes a trav茅s de los inevitables conflictos de la existencia, no hay que fiarse del estoicismo que no es en el fondo m谩s que una forma refinada del orgullo, ni librarse a la b煤squeda de causas inconscientes perdidas en la lejana nebulosa de un pasado problem谩tico 50 .
El papel del psicoterapeuta, del pedagogo o de quien sea que acompa帽e a la persona en este cambio, es secundario y auxiliar. Se trata de quitar los impedimentos al desarrollo de estas fuerzas curativas en el interior de la persona, a trav茅s del amor 51 . Esto implica un cierto grado, no incipiente, de desarrollo moral y espiritual por parte del terapeuta, que muy a menudo es tomado como ejemplo por quien necesita ayuda 52 .
Es por todo esto que, en la perspectiva 鈥渄esde lo alto鈥 adoptada por Allers, psicoterapia y direcci贸n espiritual no s贸lo no se contraponen, sino que convergen. La segunda se convierte en la continuaci贸n m谩s l贸gica y adecuada de la primera 53 .
Una direcci贸n de almas comprensiva, cari帽osa, respetuosa, paciente y puramente religiosa, puede llegar a corregir, a la vez la conducta religiosa y la neur贸tica; porque dicha influencia aborda, en efecto, el problema m谩s central de todos. Por supuesto, no todos esos hombres est谩n en disposici贸n de conocer y comprender sin m谩s ni m谩s, ese problema, ni ver que es problema para ellos. En tales casos, es necesario un penoso trabajo de ilustraci贸n y educaci贸n, a fin de llevar a esos hombres hasta el punto donde ya es factible discutir ese problema, es decir, se precisa, justamente, una psicoterapia sistem谩tica 54 .
Rudolf Allers, como buen cristiano, es consciente de 鈥los l铆mites de los medios naturales. En nuestra opini贸n, el dominio m谩s perfecto de todos los conocimientos y de los procedimientos que de ellos se siguen, tiene que fracasar, en 煤ltima instancia, cuando no se entronca en la conexi贸n, fundamentante y superior en su alcance, del saber religioso. Estamos convencidos de que es imposible, tanto la fundamentaci贸n te贸rica de una doctrina sobre la educaci贸n del car谩cter, como la de una teor铆a general del car谩cter, sin referirse a las verdades religiosas ni enraizar aqu茅llas en 茅stas. Vimos c贸mo los planteamientos de nuestras cuestiones, surgidos de una inmediata necesidad pr谩ctica, abocaban siempre a 煤ltimos problemas que 煤nicamente se resolv铆an en el terreno de la metaf铆sica y en el amplio curso de la fe basada en la revelaci贸n鈥 55 .
Esperamos que esta breve exposici贸n de algunas de las ideas de Rudolf Allers referidas a temas psicoterap茅uticos sean suficientes para despertar el inter茅s en su estudio. Nuestro autor ha escrito sobre muchos otros temas, psicol贸gicos, filos贸ficos y pedag贸gicos, pero pensamos que lo que brevemente hemos presentado aqu铆 constituye su aporte m谩s personal y original.
Por cierto, no es necesario estar de acuerdo a la letra con todo lo que Allers dice. Se puede todav铆a profundizar m谩s, completar y precisar en muchos aspectos. Pero es opini贸n de quien esto escribe que los planteamientos principales que aqu铆 hemos expuesto deben ser puntos firmes y fundamentales para una psicolog铆a que quiera ser a la vez integral y eficaz.
Desde este punto de vista, Rudolf Allers aparece como una figura emblem谩tica, como un autorizado ejemplo de psic贸logo cristiano, que en modo valiente y sincero no se content贸 con acomodarse a la mentalidad del siglo, sino que busc贸 siempre el acuerdo entre fe y raz贸n. Por ello, nos parece digno de ser recordado e imitado.Publicado aqu铆 por permiso especial del autor.
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