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S.S. Benedicto XVI, Carta a la Iglesia Cat贸lica en la Rep煤blica Popular China
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Carta a la Iglesia Cat贸lica en la Rep煤blica Popular China

del Santo Padre
Benedicto XVI
A los obispos, presb铆teros,
personas consagradas
y fieles laicos

Saludo

1. Venerables hermanos Obispos, queridos presb铆teros, personas consagradas y fieles laicos de la Iglesia cat贸lica en China: 芦En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Se帽or Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jes煤s y del amor que ten茅is a todo el pueblo santo. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos [...]. Desde que nos enteramos de vuestra conducta, no dejamos de rezar y de pedir que consig谩is un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabidur铆a e inteligencia espiritual. De esta manera vuestra conducta ser谩 digna del Se帽or, agrad谩ndole en todo; fructificar茅is en toda clase de obras buenas y aumentar谩 vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dar谩 fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad禄 (Col 1,3-5.9-11).

Estas palabras del ap贸stol Pablo son muy apropiadas para expresar los sentimientos que tengo hacia vosotros como Sucesor de Pedro y Pastor universal de la Iglesia. Sab茅is bien lo presentes que est谩is en mi coraz贸n y en mis oraciones cotidianas, y lo profunda que es la relaci贸n de comuni贸n que nos une espiritualmente.

Objetivo de esta Carta

2. Deseo, pues, haceros llegar a todos vosotros las expresiones de mi fraterna cercan铆a. Intensa es la alegr铆a por vuestra fidelidad a Cristo Se帽or y a la Iglesia, fidelidad que hab茅is manifestado 芦a veces tambi茅n con graves sufrimientos禄 1 , ya que Dios 芦os ha dado la gracia de creer en Jesucristo y aun de padecer por 茅l禄 (Flp 1,29). No obstante, existe preocupaci贸n por algunos aspectos importantes de la vida eclesial en vuestro Pa铆s.

Sin pretender tratar todos los detalles de problemas complejos bien conocidos por vosotros, quisiera con esta Carta ofrecer algunas orientaciones sobre la vida de la Iglesia y la obra de evangelizaci贸n en China, para ayudaros a descubrir lo que el Se帽or y Maestro, Jesucristo, 芦la clave, el centro y el fin de toda la historia humana禄 2 , quiere de vosotros.

Primera Parte Situaci贸n de la Iglesia
Aspectos Teol贸gicos

Globalizaci贸n, modernidad y ate铆smo

3. Dirigiendo una mirada atenta a vuestro pueblo, que se ha distinguido entre los dem谩s pueblos de Asia por el esplendor de su milenaria civilizaci贸n, con toda su experiencia sapiencial, filos贸fica, cient铆fica y art铆stica, me complace poner de relieve c贸mo, especialmente en los 煤ltimos tiempos, ha conseguido alcanzar tambi茅n significativas metas de progreso econ贸mico-social, atrayendo el inter茅s del mundo entero.

Como ya subrayaba mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II, tambi茅n 芦la Iglesia cat贸lica, por su parte, observa con respeto este sorprendente impulso y esta clarividente proyecci贸n de iniciativas, y brinda con discreci贸n su propia contribuci贸n a la promoci贸n y a la defensa de la persona humana, de sus valores, su espiritualidad y su vocaci贸n trascendente. La Iglesia se interesa particularmente por valores y objetivos que son de fundamental importancia tambi茅n para la China moderna: la solidaridad, la paz, la justicia social, el gobierno inteligente del fen贸meno de la globalizaci贸n禄 3 .

La tensi贸n hacia el deseado y necesario desarrollo econ贸mico y social, y la b煤squeda de modernidad coinciden con dos fen贸menos diferentes y contrapuestos, pero que se han de valorar igualmente con prudencia y con esp铆ritu apost贸lico positivo. Por una parte se advierte, especialmente entre los j贸venes, un creciente inter茅s por la dimensi贸n espiritual y trascendente de la persona humana, con el consiguiente inter茅s por la religi贸n, particularmente por el cristianismo. Por otra, tambi茅n se ve en China la tendencia al materialismo y al hedonismo, que desde las grandes ciudades se est谩n difundiendo dentro del Pa铆s 4 .

En este contexto, en el que est谩is llamados a actuar, deseo recordaros lo que el Papa Juan Pablo II subray贸 con voz potente y vigorosa: la nueva evangelizaci贸n exige el anuncio del Evangelio 5 al hombre moderno, con la conciencia de que, igual que durante el primer milenio cristiano la Cruz fue plantada en Europa y durante el segundo en Am茅rica y en 脕frica, as铆 durante el tercer milenio se recoger谩 una gran mies de fe en el vasto y vital continente asi谩tico 6 .

隆Duc in altum! (Lc 5,4). Esta palabra resuena tambi茅n hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasi贸n el presente y a abrirnos con confianza al futuro: 鈥淛esucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre鈥� (Hb 13,8)禄 7 . Tambi茅n en China la Iglesia est谩 llamada a ser testigo de Cristo, a mirar hacia adelante con esperanza y a tomar conciencia 鈥攅n el anuncio del Evangelio鈥� de los nuevos desaf铆os que el pueblo chino tiene que afrontar.

La Palabra de Dios nos ayuda, una vez m谩s, a descubrir el sentido misterioso y profundo del camino de la Iglesia en el mundo. En efecto, 芦una de las principales visiones del Apocalipsis tiene por objeto este Cordero en el momento en que abre un libro, que antes estaba sellado con siete sellos, y que nadie era capaz de soltar. San Juan se presenta incluso llorando, porque nadie era digno de abrir el libro y de leerlo (cf. Ap 5,4). La historia es indescifrable, incomprensible. Nadie puede leerla. Quiz谩s este llanto de san Juan ante el misterio tan oscuro de la historia expresa el desconcierto de las Iglesias asi谩ticas por el silencio de Dios ante las persecuciones a las que estaban sometidas en aquel momento. Es un desconcierto en el que puede reflejarse muy bien nuestra sorpresa ante las graves dificultades, incomprensiones y hostilidades que tambi茅n hoy sufre la Iglesia en varias partes del mundo. Son sufrimientos que ciertamente la Iglesia no se merece, como tampoco Jes煤s se mereci贸 el suplicio. Ahora bien, revelan la maldad del hombre, cuando se deja llevar por las sugestiones del mal, y la direcci贸n superior de los acontecimientos por parte de Dios禄 8 .

Hoy, como ayer, anunciar el Evangelio significa anunciar y dar testimonio de Jesucristo crucificado y resucitado, el Hombre nuevo, vencedor del pecado y de la muerte. 脡l permite a los seres humanos entrar en un nueva dimensi贸n donde la misericordia y el amor, incluso para con el enemigo, dan fe de la victoria de la Cruz sobre toda debilidad y miseria humana. Tambi茅n en vuestro Pa铆s, el anuncio de Cristo crucificado y resucitado ser谩 posible en la medida en que con fidelidad al Evangelio, en comuni贸n con el Sucesor del ap贸stol Pedro y con la Iglesia universal, sep谩is poner en pr谩ctica los signos del amor y de la unidad (芦que os am茅is unos a otros como yo os he amado. La se帽al por la que conocer谩n que sois disc铆pulos m铆os, ser谩 que os am谩is unos a otros [...]. Que todos sean uno, como t煤, Padre, en m铆 y yo en ti, que ellos tambi茅n lo sean en nosotros, para que el mundo crea que t煤 me has enviado禄: Jn 13,34-35; 17,21).

Disponibilidad para un di谩logo respetuoso y constructivo

4. Como Pastor universal de la Iglesia, deseo manifestar viva gratitud al Se帽or por el sufrido testimonio de fidelidad que ha dado la comunidad cat贸lica china en circunstancias realmente dif铆ciles. Al mismo tiempo, siento como mi deber 铆ntimo e irrenunciable y como expresi贸n de mi amor de padre, la urgencia de confirmar en la fe a los cat贸licos chinos y favorecer su unidad con los medios que son propios de la Iglesia.

Sigo tambi茅n con particular inter茅s los acontecimientos de todo el pueblo chino, hacia el cual manifiesto un vivo aprecio y sentimientos de amistad, llegando a formular el deseo 芦de ver pronto establecidas v铆as concretas de comunicaci贸n y colaboraci贸n entre la Santa Sede y la Rep煤blica Popular China禄, ya que 芦la amistad se alimenta de contactos, de comuni贸n de sentimientos en las situaciones alegres y tristes, de solidaridad y de intercambio de ayuda禄 9 . Y en esta perspectiva mi venerado Predecesor a帽ad铆a: 芦No es un misterio para nadie que la Santa Sede, en nombre de toda la Iglesia cat贸lica y, seg煤n creo, en beneficio de toda la humanidad, desea la apertura de un espacio de di谩logo con las Autoridades de la Rep煤blica Popular China, en el cual, superadas las incomprensiones del pasado, puedan trabajar juntas por el bien del pueblo chino y por la paz en el mundo禄 10 .

Soy consciente de que la normalizaci贸n de las relaciones con la Rep煤blica Popular China requiere tiempo y presupone la buena voluntad de las dos partes. Por otro lado, la Santa Sede est谩 siempre abierta a las negociaciones que sean necesarias para superar el dif铆cil momento presente.

En efecto, esta penosa situaci贸n de malentendidos e incomprensiones no favorece ni a las Autoridades chinas ni a la Iglesia cat贸lica en China. Como declaraba el Papa Juan Pablo II recordando lo que el padre Matteo Ricci escribi贸 desde Pek铆n 11 , 芦tampoco la Iglesia cat贸lica de hoy pide a China y a sus Autoridades pol铆ticas ning煤n privilegio, sino 煤nicamente poder reanudar el di谩logo, para llegar a una relaci贸n basada en el respeto rec铆proco y en el conocimiento profundo禄 12 . Que China lo sepa: la Iglesia cat贸lica tiene el vivo prop贸sito de ofrecer, una vez m谩s, un servicio humilde y desinteresado, en lo que le compete, por el bien de los cat贸licos chinos y por el de todos los habitantes del Pa铆s.

Adem谩s, por lo que ata帽e a las relaciones entre la comunidad pol铆tica y la Iglesia en China, es bueno recordar la luminosa ense帽anza del Concilio Vaticano II que declara: 芦La Iglesia, que en raz贸n de su funci贸n y de su competencia no se confunde de ning煤n modo con la comunidad pol铆tica y no est谩 ligada a ning煤n sistema pol铆tico, es al mismo tiempo signo y salvaguardia de la trascendencia de la persona humana禄. Y en este sentido a帽ade: 芦La comunidad pol铆tica y la Iglesia son entre s铆 independientes y aut贸nomas en su propio campo. Sin embargo, ambas, aunque por diverso t铆tulo, est谩n al servicio de la vocaci贸n personal y social de los mismos hombres. Este servicio lo realizan tanto m谩s eficazmente en bien de todos cuanto procuren mejor una sana cooperaci贸n entre ambas, teniendo en cuenta tambi茅n las circunstancias de lugar y tiempo禄 13 .

Por tanto, la misi贸n de la Iglesia cat贸lica en China no es la de cambiar la estructura o la administraci贸n del Estado, sino la de anunciar a Cristo, Salvador del mundo, a los hombres apoy谩ndose 鈥攑ara el cumplimiento de su propio apostolado鈥� en la potencia de Dios. Como recordaba en mi Enc铆clica Deus Caritas Est , 芦La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa pol铆tica de realizar la sociedad m谩s justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a trav茅s de la argumentaci贸n racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige tambi茅n renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la pol铆tica. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforz谩ndose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien禄 14 .

A la luz de estos principios irrenunciables, no puede buscarse la soluci贸n de los problemas existentes a trav茅s de un conflicto permanente con las Autoridades civiles leg铆timas; al mismo tiempo, sin embargo, no es aceptable una docilidad a las mismas cuando interfieran indebidamente en materias que conciernen a la fe y la disciplina de la Iglesia. Las Autoridades civiles son muy conscientes de que la Iglesia, en su ense帽anza, invita a los fieles a ser buenos ciudadanos, colaboradores respetuosos y activos del bien com煤n en su Pa铆s, pero tambi茅n est谩 claro que ella pide al Estado que garantice a los mismos ciudadanos cat贸licos el pleno ejercicio de su fe, en el respeto de una aut茅ntica libertad religiosa.

Comuni贸n entre las Iglesias particulares en la Iglesia universal

5. Iglesia cat贸lica en China, peque帽a grey presente y operante en la vastedad de un inmenso Pueblo que camina en la historia, 隆c贸mo resuenan alentadoras y provocadoras para ti las palabras de Jes煤s: 芦No temas, peque帽o reba帽o; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino禄 (Lc 12,32)! 芦Vosotros sois la sal de la tierra [...]. La luz del mundo禄. Por tanto, 芦alumbre as铆 vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro a Padre que est谩 en el cielo禄 (Mt 5,13.14.16).

En la Iglesia cat贸lica en China se hace presente la Iglesia universal, la Iglesia de Cristo, que en el Credo confesamos una, santa, cat贸lica y apost贸lica, es decir, la comunidad universal de los disc铆pulos del Se帽or.

Como vosotros sab茅is, la profunda unidad, que vincula entre s铆 a las Iglesias particulares existentes en China y que las pone tambi茅n en 铆ntima comuni贸n con todas las dem谩s Iglesias particulares esparcidas por el mundo, se basa, adem谩s de en la misma fe y en el Bautismo com煤n, sobre todo en la Eucarist铆a y en el Episcopado 15 . Y la unidad del Episcopado, del cual 芦el Romano Pont铆fice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible禄 16 , contin煤a a lo largo de los siglos a trav茅s de la sucesi贸n apost贸lica y es tambi茅n fundamento de la identidad de la Iglesia de todo tiempo con la Iglesia edificada por Cristo sobre Pedro y sobre los otros Ap贸stoles 17 .

La doctrina cat贸lica ense帽a que el Obispo es principio y fundamento visible de la unidad en la Iglesia particular, confiada a su ministerio pastoral 18 . Pero en cada Iglesia particular, para que 茅sta sea plenamente Iglesia, tiene que estar presente la suprema autoridad de la Iglesia, es decir, el Colegio episcopal junto con su Cabeza el Romano Pont铆fice, y nunca sin 茅l. Por tanto, el ministerio del Sucesor de Pedro pertenece a la esencia de cada Iglesia particular 芦desde dentro禄 19 . Adem谩s, la comuni贸n de todas las Iglesias particulares en la 煤nica Iglesia cat贸lica y, por tanto, la comuni贸n jer谩rquica ordenada de todos los Obispos, sucesores de los Ap贸stoles, con el Sucesor de Pedro, son garant铆a de la unidad de la fe y de la vida de todos los cat贸licos. Para la unidad de la Iglesia en cada naci贸n es indispensable, pues, que cada Obispo est茅 en comuni贸n con los otros Obispos, y que todos est茅n en comuni贸n visible y concreta con el Papa.

Nadie es extranjero en la Iglesia, sino que todos son ciudadanos del mismo Pueblo, miembros del mismo Cuerpo M铆stico de Cristo. La Eucarist铆a, garantizada por el ministerio de los Obispos y de los presb铆teros, es v铆nculo de comuni贸n sacramental 20 .

Toda la Iglesia en China est谩 llamada a vivir y manifestar esta unidad en una espiritualidad de comuni贸n m谩s rica que, teniendo en cuenta las complejas situaciones concretas en que se encuentra la comunidad cat贸lica, crezca tambi茅n en una arm贸nica comuni贸n jer谩rquica. Por tanto, Pastores y fieles est谩n llamados a defender y salvaguardar lo que pertenece a la doctrina y a la tradici贸n de la Iglesia.

Tensiones y divisiones dentro de la Iglesia: perd贸n y reconciliaci贸n

6. Dirigi茅ndose a toda la Iglesia con la Carta apost贸lica Novo Millennio Ineunte , mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II, afirmaba que un 芦aspecto importante en que ser谩 necesario poner un decidido empe帽o program谩tico, tanto en el 谩mbito de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares, es el de la comuni贸n (koinon铆a), que encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia. La comuni贸n es el fruto y la manifestaci贸n de aquel amor que, surgiendo del coraz贸n del eterno Padre, se derrama en nosotros a trav茅s del Esp铆ritu que Jes煤s nos da (cf. Rm 5,5), para hacer de todos nosotros 鈥渦n solo coraz贸n y una sola alma鈥� (Hch 4,32). Realizando esta comuni贸n de amor, la Iglesia se manifiesta como 鈥渟acramento鈥�, o sea, 鈥渟igno e instrumento de la 铆ntima uni贸n con Dios y de la unidad del g茅nero humano鈥�. Las palabras del Se帽or a este respecto son demasiado precisas como para minimizar su alcance. Muchas cosas ser谩n necesarias para el camino hist贸rico de la Iglesia tambi茅n en este nuevo siglo; pero si faltara la caridad (agap茅), todo ser铆a in煤til. Nos lo recuerda el ap贸stol Pablo en el himno a la caridad: aunque habl谩ramos las lenguas de los hombres y los 谩ngeles, y tuvi茅ramos una fe 鈥渜ue mueve las monta帽as鈥�, si faltamos a la caridad, todo ser铆a 鈥渘ada鈥� (cf. 1 Co 13,2). La caridad es verdaderamente el 鈥渃oraz贸n鈥� de la Iglesia禄 21 .

Estas indicaciones, que ata帽en a la naturaleza misma de la Iglesia universal, tienen un significado particular para la Iglesia en China. En efecto, vosotros no ignor谩is los problemas que ella est谩 afrontando para superar 鈥攅n su interior y en sus relaciones con la sociedad civil china鈥� tensiones, divisiones y recriminaciones.

A este respecto, ya el a帽o pasado, hablando de la Iglesia naciente, record茅 que 芦la comunidad de los disc铆pulos desde el inicio experimenta no s贸lo la alegr铆a del Esp铆ritu Santo, la gracia de la verdad y del amor, sino tambi茅n la prueba, constituida sobre todo por los contrastes en lo que ata帽e a las verdades de fe, con las consiguientes laceraciones de la comuni贸n. Del mismo modo que la comuni贸n del amor existe ya desde el inicio y existir谩 hasta al final (cf. 1 Jn 1,1ss), as铆 por desgracia desde el inicio existe tambi茅n la divisi贸n. No debe sorprendernos que exista la divisi贸n tambi茅n hoy [...]. Siempre existe el peligro de perder la fe y, por tanto, tambi茅n de perder el amor y la fraternidad. Por consiguiente, quien cree en la Iglesia del amor y quiere vivir en ella tiene el deber preciso de reconocer tambi茅n este peligro禄 22 .

La historia de la Iglesia nos ense帽a, adem谩s, que no se manifiesta una aut茅ntica comuni贸n sin un fatigoso esfuerzo de reconciliaci贸n 23 . En efecto, la purificaci贸n de la memoria, el perd贸n de quien ha obrado mal, el olvido de los da帽os sufridos y la pacificaci贸n de los corazones en el amor, que se han de realizar en el nombre de Jes煤s crucificado y resucitado, pueden exigir la superaci贸n de actitudes o visiones personales, nacidas de experiencias dolorosas o dif铆ciles, pero son pasos urgentes que se han de dar para aumentar y manifestar los v铆nculos de comuni贸n entre los fieles y los Pastores de la Iglesia en China.

Por eso, ya mi venerado Predecesor os hab铆a dirigido en varias ocasiones una apremiante invitaci贸n al perd贸n y a la reconciliaci贸n. A este respecto, me gusta recordar un fragmento del mensaje que 茅l os mand贸 al aproximarse el A帽o Santo del 2000: 芦Al prepararos para la celebraci贸n del gran jubileo, recordad que en la tradici贸n b铆blica este momento ha implicado siempre la obligaci贸n de perdonarse las ofensas unos a otros, reparar las injusticias cometidas y reconciliarse con los dem谩s. Tambi茅n a vosotros se ha anunciado la 鈥済ran alegr铆a preparada para todos los pueblos鈥�: el amor y la misericordia del Padre, la redenci贸n realizada por Cristo. En la medida en que vosotros mismos est茅is dispuestos a aceptar este anuncio gozoso, podr茅is transmitirlo, con vuestra vida, a todos los hombres y mujeres con quienes ten茅is contacto. Deseo ardientemente que secund茅is las sugerencias interiores del Esp铆ritu Santo, perdon谩ndoos unos a otros todo lo que deb茅is perdonaros, acerc谩ndoos y acept谩ndoos rec铆procamente, y superando las barreras para eliminar todo lo que pueda separaros. No olvid茅is las palabras de Jes煤s durante la 煤ltima cena: 鈥淓n esto conocer谩n todos que sois disc铆pulos m铆os: si os ten茅is amor los unos a los otros鈥� (Jn 13,35). He sabido con alegr铆a que quer茅is ofrecer, como don muy valioso para la celebraci贸n del gran jubileo, la unidad entre vosotros y con el Sucesor de Pedro. Este prop贸sito es seguramente fruto del Esp铆ritu, que gu铆a a su Iglesia por los dif铆ciles caminos de la reconciliaci贸n y la unidad禄 24 .

Todos somos conscientes de que este camino no podr谩 realizarse de un d铆a para otro, pero estad seguros de que la Iglesia entera elevar谩 una insistente oraci贸n por vosotros con este objetivo.

Adem谩s, tened presente que vuestro camino de reconciliaci贸n est谩 apoyado por el ejemplo y la oraci贸n de muchos 芦testigos de la fe禄 que han sufrido y han perdonado, ofreciendo su vida por el futuro de la Iglesia cat贸lica en China. Su misma existencia representa una bendici贸n permanente para vosotros ante el Padre celestial y su memoria producir谩 abundantes frutos.

Comunidades eclesiales y organismos estatales: relaciones que se han de vivir en la verdad y en la caridad

7. Un an谩lisis atento de la situaci贸n dolorosa con fuertes contrastes ya mencionada (cf. n. 6), que afecta a fieles laicos y Pastores, pone de relieve, entre las diversas causas, el papel significativo que han desempe帽ado organismos que han sido impuestos como responsables principales de la vida de la comunidad cat贸lica. En efecto, todav铆a hoy el reconocimiento por parte de dichos organismos es el criterio para declarar como legales, y por tanto 芦oficiales禄, una comunidad, una persona o un lugar religioso. Todo esto ha causado divisiones, tanto entre el clero como entre los fieles. Es una situaci贸n que depende sobre todo de factores externos a la Iglesia, pero que ha condicionado seriamente su camino, dando tambi茅n lugar a sospechas, acusaciones rec铆procas y denuncias, y que sigue siendo para ella una de sus preocupantes debilidades.

Por lo que concierne a la delicada cuesti贸n de las relaciones que se han de tener con los organismos del Estado, es particularmente iluminadora la invitaci贸n del Concilio Vaticano II a seguir la palabra y el modo de actuar de Jesucristo. En efecto, 脡l, 芦neg谩ndose a ser un Mes铆as pol铆tico y dominador por la fuerza 25 , prefiri贸 decir que 茅l era el Hijo del hombre, que ha venido 鈥渁 servir y dar su vida para redenci贸n de muchos鈥� (Mc 10,45). Se ofreci贸 como el Siervo perfecto de Dios 26 , que 鈥渘o rompe la ca帽a cascada y no extingue la mecha humeante鈥� (Mt 12,20). Reconoci贸 los derechos del poder civil al ordenar dar el tributo al C茅sar, pero advirti贸 con claridad que deben respetarse los derechos superiores de Dios: 鈥淒ad al C茅sar lo que es del C茅sar y a Dios lo que es de Dios鈥� (Mt 22,21). Finalmente, completando en la cruz la obra de redenci贸n, con la que adquiri贸 la salvaci贸n y la verdadera libertad para los hombres, concluy贸 su revelaci贸n. Dio testimonio de la verdad 27 , pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le contradec铆an. Pues su Reino no se defiende a golpes 28 , sino que se establece dando testimonio de la verdad y oy茅ndola, y crece por el amor con que Cristo, exaltado en la cruz, atrae a los hombres hacia 脡l (cf. Jn 12,32)禄 29 .

Verdad y amor son las dos columnas basilares de la vida de la comunidad cristiana. Por este motivo recordaba que 芦la Iglesia del amor es tambi茅n la Iglesia de la verdad, entendida ante todo como fidelidad al Evangelio encomendado por el Se帽or Jes煤s a los suyos [...]. Pero la familia de los hijos de Dios, para vivir en la unidad y en la paz, necesita alguien que la conserve en la verdad y la gu铆e con discernimiento sabio y autorizado: es lo que est谩 llamado a hacer el ministerio de los Ap贸stoles. Aqu铆 llegamos a un punto importante. La Iglesia es totalmente del Esp铆ritu, pero tiene una estructura, la sucesi贸n apost贸lica, a la que compete la responsabilidad de garantizar la permanencia de la Iglesia en la verdad donada por Cristo, de la que deriva tambi茅n la capacidad del amor [...]. Los Ap贸stoles y sus sucesores son, por consiguiente, los custodios y los testigos autorizados del dep贸sito de la verdad entregada a la Iglesia, como son tambi茅n los ministros de la caridad; estos dos aspectos van juntos [...]. La verdad y el amor son dos caras del mismo don que viene de Dios y, gracias al ministerio apost贸lico, es custodiado en la Iglesia y llega a nosotros hasta la actualidad禄 30 .

Por tanto, el Concilio Vaticano II subraya que 芦nuestro respeto y amor deben extenderse tambi茅n a aquellos que en materia social, pol铆tica e incluso religiosa sienten y act煤an de modo diferente al nuestro; y cuanto m谩s 铆ntimamente comprendamos con humanidad y amor su manera de pensar, m谩s f谩cilmente podremos dialogar con ellos禄. Pero, nos advierte el mismo Concilio, 芦este amor y esta benignidad no deben de ninguna manera hacernos indiferentes ante la verdad y el bien禄 31 .

Considerando 芦el plan originario de Jes煤s禄 32 , resulta evidente que la pretensi贸n de algunos organismos, que el Estado ha querido y que son ajenos a la estructura de la Iglesia, de ponerse por encima de los Obispos mismos y de dirigir la vida de la comunidad eclesial, no est谩 de acuerdo con la doctrina cat贸lica, seg煤n la cual la Iglesia es 芦apost贸lica禄, como ha reiterado tambi茅n el Concilio Vaticano II. La Iglesia es apost贸lica 芦por su origen, ya que fue construida sobre el 鈥渇undamento de los Ap贸stoles鈥� (Ef 2,20); por su ense帽anza, que es la misma de los Ap贸stoles; por su estructura, en cuanto es instruida, santificada y gobernada, hasta la vuelta de Cristo, por los Ap贸stoles, gracias a sus sucesores, los Obispos, en comuni贸n con el sucesor de Pedro禄 33 . Por lo cual, en cada Iglesia particular, s贸lo 芦el Obispo diocesano apacienta en nombre del Se帽or el reba帽o a 茅l confiado como Pastor propio, ordinario e inmediato禄 34 y, a nivel nacional, solamente una Conferencia Episcopal leg铆tima puede formular orientaciones pastorales, v谩lidas para toda la comunidad cat贸lica del Pa铆s interesado 35 .

La finalidad declarada de los mencionados organismos de poner en pr谩ctica 芦los principios de independencia y autonom铆a, autogesti贸n y administraci贸n democr谩tica de la Iglesia禄 36 , es tambi茅n inconciliable con la doctrina cat贸lica que, desde los antiguos S铆mbolos de fe, profesa que la Iglesia es 芦una, santa, cat贸lica y apost贸lica禄.

A la luz de los principios antedichos, los Pastores y los fieles laicos recordar谩n que la predicaci贸n del Evangelio, la catequesis y las obras caritativas, la acci贸n lit煤rgica y cultual, as铆 como todas las opciones pastorales competen 煤nicamente a los Obispos junto con sus sacerdotes en la continuidad permanente de la fe, transmitida por los Ap贸stoles en las Sagradas Escrituras y en la Tradici贸n, y por tanto no pueden estar sometidas a ninguna interferencia externa.

Teniendo en cuenta esta situaci贸n dif铆cil, muchos miembros de la comunidad cat贸lica se preguntan si el reconocimiento por parte de las Autoridades civiles 鈥攏ecesario para actuar p煤blicamente鈥� compromete de alg煤n modo la comuni贸n con la Iglesia universal. S茅 bien que esta problem谩tica preocupa dolorosamente el coraz贸n de los Pastores y fieles. A este respecto considero, en primer lugar, que la obligada y valiente salvaguardia del dep贸sito de la fe y de la comuni贸n sacramental y jer谩rquica no se oponga, de por s铆, al di谩logo con las Autoridades sobre aquellos aspectos de la vida de la comunidad eclesial que pertenecen al 谩mbito civil. Adem谩s, no se ven dificultades particulares para la aceptaci贸n del reconocimiento concedido por las Autoridades civiles, a menos que ello comporte la negaci贸n de principios irrenunciables de la fe y de la comuni贸n eclesi谩stica. En cambio, en bastantes casos concretos, si no en casi todos, en el proceso de reconocimiento intervienen organismos que obligan a las personas implicadas a asumir actitudes, a realizar gestos y a adquirir compromisos que son contrarios a los dict谩menes de su conciencia como cat贸licos. Comprendo, pues, lo dif铆cil que resulta determinar en estas diversas condiciones y circunstancias la opci贸n correcta para actuar. Por este motivo la Santa Sede, despu茅s de reafirmar los principios, deja la decisi贸n a cada Obispo que, despu茅s de escuchar a su presbiterio, est谩 en condiciones de conocer mejor la situaci贸n local, sopesar las posibilidades concretas de opci贸n y valorar las eventuales consecuencias dentro de la comunidad diocesana. Podr铆a suceder que la decisi贸n final no encuentre el consenso de todos los sacerdotes y fieles. Espero, sin embargo, que esta decisi贸n sea acogida, aunque fuera con sufrimiento, y que se mantenga la unidad de la comunidad diocesana con el propio Pastor.

Ser谩 conveniente, adem谩s, que Obispos y presb铆teros, con verdadero coraz贸n de pastores, procuren de todos modos que no se d茅 lugar a situaciones escandalosas, aprovechando los ocasiones que se presenten para formar la conciencia de los fieles, con particular atenci贸n a los m谩s d茅biles: todo se ha de vivir en la comuni贸n y comprensi贸n fraterna, evitando juicios y condenas rec铆procas. Se debe tener tambi茅n presente que en este caso para valorar la moralidad de un acto, especialmente cuando falta un verdadero espacio de libertad, hay que poner especial cuidado en conocer las intenciones reales de la persona interesada, m谩s all谩 de su falta objetiva. Cada caso tendr谩 que ser, pues, examinado singularmente, teniendo en cuenta las circunstancias.

El Episcopado chino

8. En la Iglesia, Pueblo de Dios, ejercer el oficio de 芦ense帽ar, santificar y gobernar禄 corresponde s贸lo a los ministros sagrados, ordenados debidamente despu茅s de una adecuada instrucci贸n y formaci贸n. Los fieles laicos pueden, con la misi贸n can贸nica por parte del Obispo, desempe帽ar un ministerio eclesial 煤til de transmisi贸n de la fe.

En a帽os recientes, por varias causas, vosotros, Hermanos en el episcopado, hab茅is encontrado dificultades, ya que personas no 芦ordenadas禄, y a veces incluso no bautizadas, controlan y toman decisiones sobre importantes cuestiones eclesiales en nombre de varios organismos estatales, incluida la del nombramiento de los Obispos. Como consecuencia, se ha producido un menoscabo de los ministerios petrino y episcopal debido a una visi贸n de la Iglesia seg煤n la cual el Sumo Pont铆fice, los Obispos y los sacerdotes, corren el riesgo de convertirse de hecho en personas sin oficio y sin poder. En cambio, como se dec铆a, los ministerios petrino y episcopal son elementos esenciales e integrales de la doctrina cat贸lica sobre la estructura sacramental de la Iglesia. Esta naturaleza de la Iglesia es un don del Se帽or Jes煤s, porque 芦茅l ha constituido a unos, ap贸stoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los fieles, en funci贸n de su ministerio, y para la edificaci贸n del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud鈥� (Ef 4,11-13).

La comuni贸n y la unidad 鈥攎e sea permitido repetirlo (cf. n. 5)鈥� son elementos esenciales e integrales de la Iglesia cat贸lica: por tanto, el proyecto de una Iglesia 芦independiente禄 de la Santa Sede, en 谩mbito religioso, es incompatible con la doctrina cat贸lica.

Soy consciente de las graves dificultades que ten茅is que afrontar en dicha situaci贸n para manteneros fieles a Cristo, a su Iglesia y al Sucesor de Pedro. Record谩ndoos 鈥攃omo ya afirmaba san Pablo (cf. Rm 8,35-39)鈥� que ninguna dificultad puede separarnos del amor de Cristo, espero que sabr茅is hacer todo lo posible, confiando en la gracia del Se帽or, para salvaguardar la unidad y la comuni贸n eclesial incluso a costa de grandes sacrificios.

Muchos miembros del Episcopado chino, que han regido la Iglesia en estas 煤ltimas d茅cadas, han ofrecido y ofrecen a las propias comunidades y a la Iglesia universal un testimonio luminoso. Una vez m谩s, brota del coraz贸n un himno de alabanza y agradecimiento al 芦supremo Pastor禄 del reba帽o (1 P 5,4). En efecto, no se puede olvidar que muchos de ellos han padecido persecuci贸n y han sido impedidos en el ejercicio de su ministerio, y algunos de ellos han hecho fecunda la Iglesia con la efusi贸n de su propia sangre. Los nuevos tiempos y el consiguiente desaf铆o de la nueva evangelizaci贸n ponen de relieve la funci贸n del ministerio episcopal. Como dec铆a Juan Pablo II a los Pastores de todo el mundo, congregados en Roma para la celebraci贸n del Jubileo, 芦el pastor es el primer responsable y animador de la comunidad eclesial, tanto en la exigencia de comuni贸n como en la proyecci贸n misionera. Frente al relativismo y al subjetivismo que contaminan gran parte de la cultura contempor谩nea, los obispos est谩n llamados a defender y promover la unidad doctrinal de sus fieles. Sol铆citos por las situaciones en las que se pierde o ignora la fe, trabajan con todas sus fuerzas en favor de la evangelizaci贸n, preparando para ello a sacerdotes, religiosos y laicos y poniendo a su disposici贸n los recursos necesarios禄 37 .

En la misma ocasi贸n mi venerado Predecesor recordaba que 芦para el Obispo, sucesor de los Ap贸stoles, Cristo lo es todo. Puede repetir a diario con Pablo: 鈥淧ara m铆 la vida es Cristo鈥� (Flp 1,21). Esto es lo que 茅l debe testimoniar con toda su conducta. El Concilio Vaticano II ense帽a: 鈥淟os Obispos han de prestar atenci贸n a su misi贸n apost贸lica como testigos de Cristo ante todos los hombres鈥� ( Christus Dominus , 11)禄 38 .

Respecto al servicio episcopal, aprovecho la ocasi贸n para recordar lo que dije recientemente: 芦Los Obispos tienen la primera responsabilidad de edificar la Iglesia como familia de Dios y como lugar de ayuda rec铆proca y de disponibilidad. Para poder cumplir esta misi贸n hab茅is recibido, con la consagraci贸n episcopal, tres oficios peculiares: el munus docendi, el munus sanctificandi y el munus regendi, que en conjunto constituyen el munus pascendi. En particular, el munus regendi tiene como finalidad el crecimiento en la comuni贸n eclesial, es decir, la construcci贸n de una comunidad concorde en la escucha de la ense帽anza de los Ap贸stoles, en la fracci贸n del pan, en la oraci贸n y en la uni贸n fraterna. 脥ntimamente unido a los oficios de ense帽ar y santificar, el de gobernar 鈥攅s decir, el munus regendi鈥� constituye para el Obispo un aut茅ntico acto de amor a Dios y al pr贸jimo, que se manifiesta en la caridad pastoral禄 39 .

Como ocurre en el resto del mundo, tambi茅n en China la Iglesia es gobernada por Obispos que, por medio de la ordenaci贸n episcopal recibida de manos de por otros Obispos ordenados v谩lidamente, han recibido, junto con el oficio de santificar, tambi茅n los oficios de ense帽ar y de gobernar el pueblo que se les ha confiado en las respectivas Iglesias particulares, con una potestad que es otorgada por Dios mediante la gracia del sacramento del Orden. Los oficios de ense帽ar y de gobernar sin embargo, 芦por su propia naturaleza, no pueden ejercerse sino en comuni贸n jer谩rquica con la Cabeza y con los miembros del Colegio禄 de los Obispos 40 . En efecto 鈥攑recisa el mismo Concilio Vaticano II鈥� 芦uno queda constituido miembro del Colegio episcopal en virtud de la consagraci贸n episcopal y por la comuni贸n jer谩rquica con la Cabeza y con los miembros del Colegio禄 41 .

Actualmente, todos los Obispos de la Iglesia cat贸lica en China son hijos del Pueblo chino. No obstante las muchas y graves dificultades, la Iglesia cat贸lica en China, por una particular gracia del Esp铆ritu Santo, nunca ha estado privada del ministerio de leg铆timos Pastores que han conservado intacta la sucesi贸n apost贸lica. Debemos dar gracias al Se帽or por esta presencia constante y sufrida de Obispos, que han recibido la ordenaci贸n episcopal de acuerdo con la tradici贸n cat贸lica, es decir, en comuni贸n con el Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, y de manos de Obispos, ordenados v谩lida y leg铆timamente, observando el rito de la Iglesia cat贸lica.

Algunos de ellos, no queriendo someterse a un control indebido ejercido sobre la vida de la Iglesia, y deseosos de mantener su plena fidelidad al Sucesor de Pedro y a la doctrina cat贸lica, se han visto obligados a recibir la consagraci贸n clandestinamente. La clandestinidad no est谩 contemplada en la normalidad de la vida de la Iglesia, y la historia ense帽a que Pastores y fieles han recurrido a ella s贸lo con el doloroso deseo de mantener 铆ntegra la propia fe y de no aceptar injerencias de organismos estatales en lo que ata帽e a la intimidad de la vida de la Iglesia. Por este motivo, la Santa Sede desea que estos leg铆timos Pastores puedan ser reconocidos como tales por las Autoridades gubernativas, incluso para los efectos civiles 鈥攅n la medida en que sean necesarios鈥� y que todos los fieles puedan expresar libremente la propia fe en el contexto social en el que viven.

Otros Pastores, en cambio, impulsados por circunstancias particulares han consentido en recibir la ordenaci贸n episcopal sin el mandato pontificio, pero despu茅s han solicitado que se les acoja en la comuni贸n con el Sucesor de Pedro y con los otros Hermanos en el episcopado. El Papa, considerando la sinceridad de sus sentimientos y la complejidad de la situaci贸n, y teniendo presente el parecer de los Obispos m谩s cercanos, en virtud de la propia responsabilidad de Pastor universal de la Iglesia, les ha concedido el pleno y leg铆timo ejercicio de la jurisdicci贸n episcopal. Esta iniciativa del Papa naci贸 del conocimiento de las circunstancias particulares de su ordenaci贸n, as铆 como de su profunda preocupaci贸n pastoral por favorecer el restablecimiento de una comuni贸n plena. Por desgracia, en la mayor铆a de los casos, los sacerdotes y los fieles no han sido informados adecuadamente de la legitimaci贸n concedida a su Obispo, y eso ha dado lugar a no pocos y graves problemas de conciencia. M谩s a煤n, algunos Obispos legitimados no han manifestado gestos que comprobaran claramente el hecho de su legitimaci贸n. Por este motivo es indispensable que, para el bien espiritual de las comunidades diocesanas correspondientes, esta legitimaci贸n se haga de dominio p煤blico en breve tiempo y que estos Prelados legitimados expresen cada vez m谩s gestos inequ铆vocos de plena comuni贸n con el Sucesor de Pedro.

Finalmente, no faltan algunos Obispos 鈥攅n n煤mero muy reducido鈥� que han sido ordenados sin el mandato pontificio y no han pedido, o no la han conseguido todav铆a, la legitimaci贸n necesaria. Seg煤n la doctrina de la Iglesia cat贸lica 茅stos han de considerarse ileg铆timos, pero ordenados v谩lidamente, cuando exista la certeza de que han recibido la ordenaci贸n de Obispos ordenados v谩lidamente y que han respetado el rito cat贸lico de la ordenaci贸n episcopal. Ellos, por tanto, aunque no est茅n en comuni贸n con el Papa, ejercen v谩lidamente su ministerio en la administraci贸n de los sacramentos, si bien de modo ileg铆timo. 隆Qu茅 gran riqueza espiritual ser铆a para la Iglesia en China si, d谩ndose las condiciones necesarias, estos Pastores llegaran tambi茅n a la comuni贸n con el Sucesor de Pedro y con todo el Episcopado cat贸lico! No s贸lo ser铆a legitimado su ministerio episcopal, sino tambi茅n ser铆a m谩s rica su comuni贸n con los sacerdotes y con los fieles que consideran a la Iglesia en China parte de la Iglesia cat贸lica, unida con el Obispo de Roma y con todas las otras Iglesias particulares esparcidas por el mundo.

En cada naci贸n todos los Obispos leg铆timos constituyen una Conferencia Episcopal, regida por un estatuto propio que, seg煤n el Derecho Can贸nico, debe ser aprobado por la Sede Apost贸lica. La Conferencia Episcopal expresa la comuni贸n fraterna de todos los Obispos de una naci贸n y trata las cuestiones doctrinales y pastorales que son importantes para toda la comunidad cat贸lica en su Pa铆s, pero sin interferir en el ejercicio de la potestad ordinaria e inmediata de cada Obispo en su propia di贸cesis. Adem谩s, cada Conferencia Episcopal mantiene oportunos y 煤tiles contactos con las Autoridades civiles del lugar, para favorecer tambi茅n la colaboraci贸n entre la Iglesia y el Estado. Pero es obvio que una Conferencia Episcopal no puede estar sometida a ninguna Autoridad civil en las cuestiones de fe y de vida seg煤n la fe (fides et mores, vida sacramental), que son competencia exclusiva de la Iglesia.

A la luz de los principios antes expuestos, el actual Colegio de los Obispos Cat贸licos de China 42 no puede ser reconocido como Conferencia Episcopal por la Sede Apost贸lica: no forman parte de ella los Obispos 鈥渃landestinos鈥�, es decir, no reconocidos por el Gobierno, y que est谩n en comuni贸n con el Papa; incluye Prelados que son todav铆a ileg铆timos y est谩 regida por Estatutos que contienen elementos inconciliables con la doctrina cat贸lica.

Nombramiento de los Obispos

9. Como todos sab茅is, uno de los problemas m谩s delicados en las relaciones de la Santa Sede con las Autoridades de vuestro Pa铆s es la cuesti贸n de los nombramientos episcopales. Por un lado, se puede comprender que las Autoridades gubernativas est茅n atentas a la selecci贸n de los que desempe帽ar谩n el importante papel de gu铆as y pastores de las comunidades cat贸licas locales, dadas las repercusiones sociales que 鈥攖anto en China como en el resto del mundo鈥� dicha funci贸n tiene tambi茅n en el campo civil. Por otro lado, la Santa Sede sigue con suma atenci贸n el nombramiento de los Obispos, puesto que esto afecta al coraz贸n mismo de la vida de la Iglesia, ya que el nombramiento de los Obispos por parte del Papa es garant铆a de la unidad de la Iglesia y de la comuni贸n jer谩rquica. Por este motivo el C贸digo de Derecho Can贸nico (cf. canon 1382) establece graves sanciones tanto para el Obispo que confiere libremente la ordenaci贸n sin mandato apost贸lico como para quien la recibe; en efecto, dicha ordenaci贸n representa una dolorosa herida para la comuni贸n eclesial y una grave violaci贸n de la disciplina can贸nica.

El Papa, cuando concede el mandato apost贸lico para la ordenaci贸n de un Obispo, ejerce su autoridad espiritual suprema: autoridad e intervenci贸n que quedan en el 谩mbito estrictamente religioso. No se trata por tanto de una autoridad pol铆tica que se entromete indebidamente en los asuntos interiores de un Estado y vulnera su soberan铆a.

El nombramiento de Pastores para una determinada comunidad religiosa est谩 previsto tambi茅n en documentos internacionales como un elemento constitutivo del pleno ejercicio del derecho a la libertad religiosa 43 . La Santa Sede desear铆a ser completamente libre en el nombramiento de los Obispos 44 ; por tanto, considerando el reciente y peculiar camino de la Iglesia en China, deseo que se llegue a un acuerdo con el Gobierno para solucionar algunas cuestiones referentes tanto a la selecci贸n de los candidatos al episcopado como a la publicaci贸n del nombramiento de los Obispos y el reconocimiento 鈥攅n lo que sea necesario a efectos civiles鈥� del nuevo Obispo por parte de las Autoridades civiles.

En fin, por lo que concierne a la selecci贸n de los candidatos al episcopado, aun conociendo vuestras dificultades al respecto, deseo recordar la necesidad de que los candidatos sean sacerdotes dignos, respetados y queridos por los fieles, modelos de vida en la fe y que tengan cierta experiencia en el ministerio pastoral, de modo que sean m谩s id贸neos para afrontar la pesada responsabilidad de Pastor de la Iglesia 45 . En el caso en que en una di贸cesis fuera imposible encontrar candidatos aptos para la provisi贸n de la sede episcopal, la colaboraci贸n con los Obispos de las di贸cesis colindantes puede ayudar a encontrar candidatos id贸neos.

Segunda parte
Orientaciones de Vida Pastoral

Sacramentos, gobierno de las di贸cesis, parroquias

10. En los 煤ltimos tiempos han surgido dificultades relacionadas con iniciativas individuales de Pastores, sacerdotes y fieles laicos que, movidos por un generoso celo pastoral, no siempre han respetado los cometidos o la responsabilidad de otros.

A este prop贸sito, el Concilio Vaticano II nos recuerda que, si por un lado el Obispo, 芦como miembro del Colegio episcopal y leg铆timo sucesor de los Ap贸stoles, cada uno tiene el deber, por voluntad y mandato de Cristo, de preocuparse de toda la Iglesia禄, por otro, cada Obispo 芦ejerce su gobierno pastoral sobre la porci贸n del Pueblo de Dios que le ha sido confiada, no sobre otras Iglesias ni sobre la Iglesia universal禄 46 .

Adem谩s, ante ciertos problemas surgidos en varias comunidades diocesanas durante los 煤ltimos a帽os, me parece preciso recordar la norma can贸nica seg煤n la cual todo cl茅rigo debe estar incardinado en una Iglesia particular o en un Instituto de vida consagrada, y debe ejercer el propio ministerio en comuni贸n con el Obispo diocesano. Un cl茅rigo puede ejercer el ministerio en otra di贸cesis s贸lo por justos motivos, pero siempre con el acuerdo previo de los dos Obispos diocesanos, es decir, el de la Iglesia particular en que est谩 incardinado y el de la Iglesia particular a cuyo servicio se le destina 47 .

Adem谩s, en bastantes ocasiones os hab茅is planteado el problema de la concelebraci贸n de la Eucarist铆a. A este respecto, recuerdo que 茅sta presupone, como condici贸n, la profesi贸n de la misma fe y la comuni贸n jer谩rquica con el Papa y con la Iglesia universal. Por tanto, es l铆cito concelebrar con Obispos y con sacerdotes que est谩n en comuni贸n con el Papa, aunque sean reconocidos por las Autoridades civiles y mantengan una relaci贸n con organismos que el Estado ha querido y que son ajenos a la estructura de la Iglesia, a condici贸n 鈥攃omo se ha dicho antes (cf. n. 7, p谩rr. 8潞)鈥� de que tal reconocimiento y relaci贸n no comporten la negaci贸n de principios irrenunciables de la fe y de la comuni贸n eclesi谩stica.

Los fieles laicos que est谩n animados por un amor sincero a Cristo y a la Iglesia tampoco tienen por qu茅 dudar en participar en la Eucarist铆a celebrada por Obispos y sacerdotes que est谩n en plena comuni贸n con el Sucesor de Pedro y son reconocidos por las Autoridades civiles. Lo mismo vale para todos los dem谩s sacramentos.

De igual modo, los problemas que surgen con aquellos Obispos que han sido consagrados sin el mandato pontificio, aunque se haya respetado el rito cat贸lico de la ordenaci贸n episcopal, han de ser resueltos a la luz de los principios de la doctrina cat贸lica. Su ordenaci贸n 鈥攃omo ya he dicho (cf. n. 8, p谩rr. 12潞)鈥� es ileg铆tima pero v谩lida, como son v谩lidas las ordenaciones sacerdotales conferidas por ellos y son tambi茅n v谩lidos los sacramentos administrados por dichos Obispos y sacerdotes. Los fieles, por tanto, teniendo presente esto, han de buscar en la medida de lo posible Obispos y sacerdotes que est茅n en comuni贸n con el Papa para la celebraci贸n eucar铆stica y los dem谩s sacramentos; no obstante, cuando esto no es factible sin una grave dificultad, pueden dirigirse tambi茅n, por exigencia de su bien espiritual, a los que no est谩n en comuni贸n con el Papa.

Estimo por fin oportuno llamar vuestra atenci贸n sobre lo que la legislaci贸n can贸nica prev茅 para ayudar a los Obispos diocesanos a desempe帽ar su propia funci贸n pastoral. Se invita a cada Obispo Diocesano a servirse de los instrumentos indispensables de comuni贸n y colaboraci贸n dentro de la comunidad cat贸lica diocesana: la curia diocesana, el consejo presbiteral, el colegio de los consultores, el consejo pastoral diocesano y el consejo diocesano para los asuntos econ贸micos. Estos organismos expresan la comuni贸n, favorecen la participaci贸n en las responsabilidades comunes y son una gran ayuda para los Pastores, que pueden contar de este modo con la colaboraci贸n fraterna de sacerdotes, de personas consagradas y de fieles laicos.

Lo mismo vale para los diversos consejos que el Derecho Can贸nico prev茅 para las parroquias: el consejo pastoral parroquial y el consejo parroquial para los asuntos econ贸micos.

Tanto en las di贸cesis como en las parroquias se debe poner especial atenci贸n en lo que se refiere a los bienes temporales de la Iglesia, muebles e inmuebles, que deben ser registrados legalmente en 茅l 谩mbito civil a nombre de la di贸cesis o de la parroquia y nunca a nombre de personas individuales (es decir, Obispo, p谩rroco o grupo de fieles). Al mismo tiempo, mantiene toda su validez la tradicional orientaci贸n pastoral y misionera, que se resume en el principio: 芦nihil sine Episcopo禄.

Del an谩lisis de los problemas mencionados se desprende claramente que la ra铆z de su verdadera soluci贸n se encuentra en la promoci贸n de la comuni贸n, que, como de un manantial, recibe su vigor e impulso de Cristo, icono del amor del Padre. La caridad, que siempre est谩 por encima de todo (cf. 1 Co 13,1-12), ser谩 la fuerza y el criterio en el trabajo pastoral para la construcci贸n de una comunidad eclesial que haga presente a Cristo resucitado al hombre de hoy.

Provincias eclesi谩sticas

11. Durante los 煤ltimos cincuenta a帽os se han producido numerosos cambios administrativos en campo civil. Esto ha afectado tambi茅n a muchas circunscripciones eclesi谩sticas, que han sido eliminadas o reagrupadas, o bien modificadas en su configuraci贸n territorial tomando como base las circunscripciones administrativas civiles. A este respecto, deseo confirmar que la Santa Sede est谩 disponible para afrontar toda esta cuesti贸n de las circunscripciones y provincias eclesi谩sticas en un di谩logo abierto y constructivo con el Episcopado chino y 鈥攅n lo que sea 煤til y oportuno鈥� con las Autoridades gubernativas.

Comunidades cat贸licas

12. S茅 bien que las comunidades diocesanas y parroquiales, diseminadas en el vasto territorio chino, manifiestan una particular vivacidad de vida cristiana, de testimonio de fe y de iniciativas pastorales. Me consuela comprobar que, no obstante las dificultades pasadas y presentes, los Obispos, los sacerdotes, las personas consagradas y los fieles laicos han mantenido una profunda conciencia de ser miembros vivos de la Iglesia universal, en comuni贸n de fe y vida con todas las comunidades cat贸licas esparcidas por el mundo. En su coraz贸n, ellos saben qu茅 quiere decir ser cat贸licos. Y es precisamente de este coraz贸n cat贸lico del que tiene que nacer tambi茅n el compromiso de hacer efectivo y manifiesto, tanto dentro de cada comunidad como en las relaciones entre las diversas comunidades, ese esp铆ritu de comuni贸n, comprensi贸n y perd贸n que 鈥攃omo se ha dicho antes (cf. n. 5, p谩rr. 4潞, y n. 6)鈥� es el sello visible de una aut茅ntica existencia cristiana. Estoy seguro de que el Esp铆ritu de Cristo, as铆 como ha ayudado a las comunidades a mantener viva la fe en tiempos de persecuci贸n, ayudar谩 tambi茅n hoy a todos los cat贸licos a crecer en la unidad.

Como ya hice presente (cf. n. 2, p谩rr. 1潞, y n. 4, p谩rr. 1潞), los miembros de las comunidades cat贸licas en vuestro Pa铆s 鈥攅specialmente los Obispos, presb铆teros y personas consagradas鈥� no pueden a煤n, lamentablemente, vivir y expresar en plenitud, y de manera tambi茅n visible, ciertos aspectos de su pertenencia a la Iglesia y de su comuni贸n jer谩rquica con el Papa, al tener normalmente impedidos unos contactos libres con la Santa Sede y con las otras comunidades cat贸licas en los diversos Pa铆ses. Es verdad que en los 煤ltimos a帽os la Iglesia goza, respecto al pasado, de una mayor libertad religiosa. Sin embargo, no se puede negar que sigue habiendo graves limitaciones que afectan al coraz贸n de la fe y que, en cierta medida, ahogan la actividad pastoral. A este prop贸sito renuevo el deseo (cf. n. 4, p谩rr. 2潞- 4潞) de que mediante un di谩logo respetuoso y abierto entre la Santa Sede y los Obispos chinos, por un lado, y las Autoridades gubernativas, por otro, se puedan superar las dificultades mencionadas y se llegue as铆 a un acuerdo provechoso en favor de la comunidad cat贸lica y de la convivencia social.

Sacerdotes

13. Quisiera dirigir adem谩s unas palabras especiales y una invitaci贸n a los sacerdotes 鈥攄e modo particular a los ordenados en los 煤ltimos a帽os鈥� que han emprendido el camino del ministerio pastoral con mucha generosidad. Considero que la situaci贸n eclesial y socio-pol铆tica actual hace cada vez m谩s apremiante la exigencia de sacar luz y fuerza de las fuentes de la espiritualidad sacerdotal, que son el amor de Dios, el seguimiento incondicional de Cristo, la pasi贸n por el anuncio del Evangelio, la fidelidad a la Iglesia y el servicio generoso al pr贸jimo 48 . 驴C贸mo no recordar a este respecto, como est铆mulo para todos, las figuras luminosas de Obispos y sacerdotes que en los a帽os dif铆ciles del pasado reciente han testimoniado un amor indefectible a la Iglesia, incluso con la entrega de su propia vida por ella y por Cristo?

隆Queridos sacerdotes! Vosotros que soport谩is 芦el peso del d铆a y el bochorno禄 (Mt 20,12), que hab茅is puesto la mano en el arado y no hab茅is vuelto la vista atr谩s (cf. Lc 9,62), pensad en aquellos lugares en los que los fieles esperan con ansiedad un sacerdote y donde desde hace muchos a帽os, sintiendo su falta, desean incesantemente su presencia. S茅 bien que entre vosotros hay sacerdotes que han debido afrontar tiempos y situaciones dif铆ciles, asumiendo posiciones no siempre aceptables desde un punto de vista eclesial y que, a pesar de todo, desean volver a la plena comuni贸n con la Iglesia. En el esp铆ritu de esa profunda reconciliaci贸n a la que mi venerado Predecesor ha invitado repetidamente a la Iglesia en China 49 , me dirijo a los Obispos que est谩n en comuni贸n con el Sucesor de Pedro, para que valoren con esp铆ritu paternal caso por caso y den una justa respuesta a dicho deseo, recurriendo 鈥攕i fuera necesario鈥� a la Sede Apost贸lica. Y, como signo de esta deseada reconciliaci贸n, pienso que no hay gesto m谩s significativo que el de renovar comunitariamente 鈥攃on ocasi贸n de la jornada sacerdotal del Jueves Santo, como ocurre en la Iglesia universal, o bien en otra circunstancia que se considere m谩s oportuna鈥� la profesi贸n de fe, como testimonio de que se ha logrado la plena comuni贸n, para edificaci贸n del Pueblo santo de Dios confiado a vuestros cuidados pastorales, y para alabanza de la Sant铆sima Trinidad.

Soy consciente, adem谩s, de que tambi茅n en China, como en el resto de la Iglesia, surge la necesidad de una adecuada formaci贸n permanente del clero. De aqu铆 nace la invitaci贸n, dirigida a vosotros, Obispos, como responsables de las comunidades eclesiales, a pensar especialmente en el clero joven, sometido cada vez m谩s a nuevos desaf铆os pastorales, relacionados con la exigencia de la tarea de evangelizar una sociedad tan compleja como es la sociedad china actual. Lo record贸 el Papa Juan Pablo II: la formaci贸n permanente de los sacerdotes 芦es una exigencia intr铆nseca del don y del ministerio sacramental recibido, que es necesaria en todo tiempo, pero hoy particularmente urgente, no s贸lo por los r谩pidos cambios de las condiciones sociales y culturales de los hombres y los pueblos, en los que se desarrolla el ministerio presbiteral, sino tambi茅n por aquella 鈥渘ueva evangelizaci贸n鈥�, que es la tarea esencial e improrrogable de la Iglesia en este final del segundo milenio禄 50 .

Vocaciones y formaci贸n religiosa

14. Durante los 煤ltimos cincuenta a帽os nunca ha faltado en la Iglesia en China un abundante florecer de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Hay que dar gracias a Dios por ello, porque se trata de un signo de vitalidad y es un motivo de esperanza. Adem谩s, a lo largo de los a帽os han surgido muchas congregaciones religiosas aut贸ctonas. Los Obispos y sacerdotes saben por experiencia lo insustituible que es la contribuci贸n de las religiosas en la catequesis y en la vida parroquial en todas sus facetas; adem谩s, la atenci贸n a los m谩s necesitados, realizada colaborando tambi茅n con las Autoridades civiles locales, es expresi贸n de la caridad y del servicio al pr贸jimo, que son el testimonio m谩s cre铆ble de la fuerza y vitalidad del Evangelio de Jes煤s.

Pero soy consciente de que este florecimiento no est谩 exento de dificultades. Surge, pues, la exigencia tanto de un discernimiento vocacional m谩s cuidadoso por parte de los responsables eclesiales como de una educaci贸n e instrucci贸n m谩s profunda de los aspirantes al sacerdocio y a la vida religiosa. No obstante la precariedad de los medios disponibles, para el futuro de la Iglesia en China es necesario poner una atenci贸n especial en el cultivo de las vocaciones y en una formaci贸n m谩s s贸lida en el aspecto humano, espiritual, filos贸fico, teol贸gico y pastoral, que se ha de impartir en los seminarios y en los institutos religiosos.

A este respecto, merece una menci贸n especial la formaci贸n al celibato de los candidatos al sacerdocio. Es importante que aprendan a vivir y estimar el celibato como don precioso de Dios y como signo eminentemente escatol贸gico, que da testimonio de un amor indiviso a Dios y a su pueblo, y que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia. En efecto, dicho don expresa principalmente 芦el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Se帽or禄 51 , y representa un valor prof茅tico para el mundo de hoy.

Por lo que se refiere a la vocaci贸n religiosa, en el contexto actual de la Iglesia en China es necesario que aparezcan cada vez m谩s luminosas sus dos dimensiones; es decir, por un lado, el testimonio del carisma de la consagraci贸n total a Cristo mediante los votos de castidad, pobreza y obediencia y, por otro, la respuesta a la exigencia de anunciar el Evangelio en las condiciones hist贸rico-sociales actuales del Pa铆s.

Fieles laicos y familia

15. En los tiempos m谩s dif铆ciles de la historia reciente de la Iglesia cat贸lica en China, los fieles laicos han mostrado una plena fidelidad al Evangelio, tanto individualmente como en el 谩mbito familiar, o como miembros de movimientos espirituales y apost贸licos, pagando incluso con su persona la propia fidelidad a Cristo. Vosotros, laicos, est谩is llamados tambi茅n hoy a encarnar el Evangelio en vuestra vida y a dar testimonio a trav茅s de un generoso y eficiente servicio para el bien del pueblo y el desarrollo del Pa铆s; y cumplir茅is esta misi贸n viviendo como ciudadanos honestos y comport谩ndoos como colaboradores activos y responsables en la difusi贸n de la Palabra de Dios en vuestro entorno, sea rural o urbano. Vosotros, que hab茅is sido testigos valientes de la fe en tiempos recientes, seguid siendo la esperanza de la Iglesia para el futuro. Esto exige de vosotros una participaci贸n cada vez m谩s motivada en todos los 谩mbitos de la vida de la Iglesia, en comuni贸n con vuestros respectivos Pastores.

Puesto que el porvenir de la humanidad pasa por la familia, creo indispensable y urgente que los laicos promuevan sus valores y tutelen sus exigencias. Ellos, que por la fe conocen plenamente el maravilloso designio de Dios sobre la familia, tienen una raz贸n m谩s para asumir esta entrega concreta y comprometida. En efecto, 芦la familia es el lugar normal donde las generaciones j贸venes alcanzan la madurez personal y social. La familia encierra la herencia de la humanidad misma, dado que la vida pasa por ella de generaci贸n en generaci贸n. La familia ocupa un lugar muy importante en las culturas de Asia y, como subrayaron los Padres sinodales, los valores familiares como el respeto filial, el amor y el cuidado de los ancianos y los enfermos, el amor a los peque帽os y la armon铆a, son tenidos en gran estima en todas las culturas y tradiciones religiosas de ese continente禄 52 .

Los valores mencionados forman parte del relevante contexto cultural chino, pero tampoco faltan en vuestra tierra fuerzas que influyen negativamente y de diversas maneras en la familia. Por eso la Iglesia en China, consciente de que el bien de la sociedad y de ella misma est谩 estrechamente relacionado con el bien de la familia 53 , ha de sentir de un modo m谩s vivo y urgente su misi贸n de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad 54 .

Iniciaci贸n cristiana de los adultos

16. En la historia reciente de la Iglesia cat贸lica en China ha habido un n煤mero elevado de adultos que se han acercado a la fe gracias tambi茅n al testimonio de la comunidad cristiana local. Vosotros, Pastores, est谩is llamados a cuidar de manera particular su iniciaci贸n cristiana mediante un periodo apropiado y serio de catecumenado que los ayude y prepare para llevar su vida como disc铆pulos de Jes煤s.

A este respecto, recuerdo que la evangelizaci贸n nunca es mera comunicaci贸n intelectual, sino tambi茅n experiencia de vida, purificaci贸n y transformaci贸n de toda la existencia, y camino en comuni贸n. S贸lo as铆 se establece una justa relaci贸n entre pensamiento y vida.

Mirando al pasado, se debe constatar por desgracia que muchos adultos no siempre han sido iniciados suficientemente en la verdad 铆ntegra de la vida cristiana, y tampoco han conocido la riqueza de la renovaci贸n aportada por el Concilio Vaticano II. Por tanto, parece necesario y urgente ofrecerles una formaci贸n cristiana s贸lida y profunda, incluso en la forma de un catecumenado postbautismal 55 .

Vocaci贸n misionera

17. La Iglesia, misionera siempre y en todas partes, est谩 llamada a proclamar y dar testimonio del Evangelio. Tambi茅n la Iglesia en China debe sentir en su coraz贸n el ardor misionero de su Fundador y Maestro.

Dirigi茅ndose a los j贸venes peregrinos en el Monte de las Bienaventuranzas, durante el A帽o Santo 2000, Juan Pablo II dijo: 芦En el momento de su Ascensi贸n, Jes煤s encomend贸 a sus disc铆pulos una misi贸n y les dio una garant铆a: 鈥淢e ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced disc铆pulos a todas las gentes (...). Y he aqu铆 que yo estoy con vosotros todos los d铆as hasta el fin del mundo鈥� (Mt 28,18-20). Desde hace dos mil a帽os los seguidores de Cristo han cumplido esta misi贸n. Ahora, en el alba del tercer milenio, os toca a vosotros. Toca a vosotros ir al mundo a predicar el mensaje de los diez mandamientos y de las bienaventuranzas. Cuando Dios habla, habla de cosas que son muy importantes para cada persona, para todas las personas del siglo XXI, del mismo modo que lo fueron para las del siglo I. Los diez mandamientos y las bienaventuranzas hablan de verdad y bondad, de gracia y libertad: de todo lo que es necesario para entrar en el reino de Cristo禄 56 .

Ahora os corresponde a vosotros, disc铆pulos chinos del Se帽or, ser ap贸stoles valientes de ese Reino. Estoy seguro de que vuestra respuesta ser谩 grande y generosa.

CONCLUSI脫N

Revocaci贸n de las facultades y de las directrices pastorales

18. Considerando en primer lugar algunas transformaciones positivas de la situaci贸n de la Iglesia en China; en segundo lugar las mayores oportunidades y facilidades en las comunicaciones y, por 煤ltimo, las peticiones que varios Obispos y sacerdotes han dirigido aqu铆, con la presente Carta revoco todas las facultades que fueron concedidas para afrontar exigencias pastorales particulares, surgidas en tiempos realmente dif铆ciles.

D铆gase lo mismo de todas las directrices de orden pastoral, pasadas y recientes. Los principios doctrinales que las inspiraron tienen ahora una nueva aplicaci贸n en las directrices contenidas en la presente Carta.

Jornada de oraci贸n por la Iglesia en China

19. Queridos Pastores y fieles, el d铆a 24 de mayo, que est谩 dedicado a la fiesta lit煤rgica de la Sant铆sima Virgen Mar铆a, Auxilio de los Cristianos 鈥攜 que es venerada con tanta devoci贸n en el santuario mariano de Sheshan en Shanghai鈥�, podr铆a llegar a ser en el futuro una ocasi贸n para los cat贸licos de todo el mundo para unirse en oraci贸n con la Iglesia en China.

Deseo que esta fecha sea para vosotros un d铆a de oraci贸n por la Iglesia en China. Os exhorto a celebrarla renovando vuestra comuni贸n de fe en Jes煤s, Nuestro Se帽or, y vuestra fidelidad al Papa, rogando para que la unidad entre vosotros sea cada vez m谩s profunda y visible. Os recuerdo adem谩s el mandamiento del amor que Jes煤s nos dio, de amar a nuestros enemigos y rogar por los que nos persiguen, adem谩s de la invitaci贸n del ap贸stol san Pablo: 芦Te ruego, lo primero de todo, que hag谩is oraciones, plegarias, s煤plicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que est谩n en el mundo, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad禄 (1 Tm 2,1-4).

En esta misma Jornada, los cat贸licos en el mundo entero 鈥攅n particular los de origen chino鈥� han de mostrar su solidaridad y solicitud fraterna por vosotros, pidiendo al Se帽or de la historia el don de la perseverancia en el testimonio, seguros de que vuestros sufrimientos pasados y presentes por el santo Nombre de Jes煤s y vuestra intr茅pida lealtad a su Vicario en la tierra ser谩n premiados, aunque a veces todo pueda parecer un triste fracaso.

Saludo final

20. Al final de esta Carta os deseo, queridos Pastores de la Iglesia cat贸lica en China, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos, que est茅is llenos de alegr铆a 芦aunque de momento teng谩is que sufrir un poco, en pruebas diversas: as铆 la comprobaci贸n de vuestra fe 鈥攄e m谩s precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego鈥� llegar谩 a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo禄 (1 P 1,6-7).

Que Mar铆a Sant铆sima, Madre de la Iglesia y Reina de China, que en la hora de la Cruz, en el silencio de la esperanza, supo esperar la ma帽ana de la Resurrecci贸n, os acompa帽e con solicitud maternal e interceda por todos vosotros junto con San Jos茅 y con los numerosos Santos M谩rtires chinos.

Os tengo presentes constantemente en mis oraciones y, pensando con afecto en los ancianos, los enfermos, los ni帽os y los j贸venes de vuestra noble Naci贸n, os bendigo de coraz贸n.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 27 de mayo, solemnidad de Pentecost茅s, del a帽o 2007, tercero de mi Pontificado.

S.S. Benedicto XVI

1

脕ngelus del 26 de diciembre de 2006: 芦Con especial cercan铆a espiritual, pienso tambi茅n en los cat贸licos que mantienen su fidelidad a la Sede de Pedro sin ceder a componendas, a veces incluso a costa de graves sufrimientos. Toda la Iglesia admira su ejemplo y ruega para que tengan la fuerza de perseverar, sabiendo que sus tribulaciones son fuente de victoria, aunque por el momento pueden parecer un fracaso禄: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (29 diciembre 2006), p. 2.

2

Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et Spes , sobre la Iglesia en el mundo actual, 10.

3

Mensaje Con 铆ntima alegr铆a a los participantes en el Congreso Internacional sobre 芦Mateo Ricci: para un di谩logo entre China y Occidente禄 (24 octubre 2001), 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (2 noviembre 2001), p. 5.

4

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Asia (6 noviembre 1999), 7: AAS 92 (2000), 456.

5

Cf. ib铆d., nn. 19 y 20: AAS 92 (2000), 477-482.

6

Cf. Juan Pablo II, Discurso a la Federaci贸n de las Conferencias Episcopales de Asia (Manila 15 enero 1995), 11: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (20 enero 1995), p. 16.

7

Juan Pablo II, Cart. ap. Novo Millennio Ineunte (6 enero 2001), 1: AAS 93 (2001), 266.

8

Audiencia General, 23 agosto 2006: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (25 agosto 2006), p. 12.

9

Juan Pablo II, Mensaje Con 铆ntima alegr铆a a los participantes en el Congreso Internacional sobre 芦Matteo Ricci: para un di谩logo entre China y Occidente禄 (24 octubre 2001), 6: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (2 noviembre 2001), p. 5.

10

Ib铆d.

11

Cf. Fonti Ricciane, a cargo de Pasquale M. D'Elia, S.I., vol. 2, Roma 1949, n. 617, p. 152.

12

Mensaje Con 铆ntima alegr铆a a los participantes en el Congreso Internacional sobre 芦Matteo Ricci: para un di谩logo entre China y Occidente禄 (24 octubre 2001), 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (2 noviembre 2001), p. 5.

13

Const. past. Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 76.

14

Carta enc. Deus Caritas Est (25 noviembre 2005), 28: AAS 98 (2006), 240; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 76.

15

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium , sobre la Iglesia, 26.

16

Ib铆d. 23.

17

Cf. Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Carta Communionis Notio a los Obispos de la Iglesia cat贸lica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comuni贸n (28 mayo 1992), 11-14: AAS 85 (1993), 844-847.

18

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium , sobre la Iglesia, 23.

19

Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Carta Communionis Notio a los Obispos de la Iglesia cat贸lica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comuni贸n (28 mayo 1992), 13: AAS 85 (1993), 846.

20

Exhort. ap. postsinodal Sacramentum Caritatis (22 febrero 2007), 6: 芦La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucar铆stica y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucarist铆a. La fe y los sacramentos son dos aspectos complementarios de la vida eclesial. La fe que suscita el anuncio de la Palabra de Dios se alimenta y crece en el encuentro de gracia con el Se帽or resucitado que se produce en los sacramentos: 鈥淟a fe se expresa en el rito y el rito refuerza y fortalece la fe鈥�. Por eso, el Sacramento del altar est谩 siempre en el centro de la vida eclesial; 鈥済racias a la Eucarist铆a, la Iglesia renace siempre de nuevo鈥�. Cuanto m谩s viva es la fe eucar铆stica en el Pueblo de Dios, tanto m谩s profunda es su participaci贸n en la vida eclesial a trav茅s de la adhesi贸n consciente a la misi贸n que Cristo ha confiado a sus disc铆pulos. La historia misma de la Iglesia es testigo de ello. Toda gran reforma est谩 vinculada de alg煤n modo al redescubrimiento de la fe en la presencia eucar铆stica del Se帽or en medio de su pueblo禄: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (16 febrero 2007), p. 5.

21

Carta ap. Novo Millennio Ineunte (6 enero 2001), 42: AAS 93 (2001), 296; cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus Caritas Est (25 diciembre 2005), 12: 芦Este actuar de Dios adquiere ahora su forma dram谩tica, puesto que, en Jesucristo, el propio Dios va tras la 鈥渙veja perdida鈥�, la humanidad doliente y extraviada. Cuando Jes煤s habla en sus par谩bolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca la dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pr贸digo y lo abraza, no se trata s贸lo de meras palabras, sino que es la explicaci贸n de su propio ser y actuar. En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra s铆 mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma m谩s radical禄: AAS 98 (2006), 228.

22

Audiencia General (5 abril 2006): L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola, 8 abril 2006, p. 4.

23

Tendr铆a que ser iluminadora para todos la experiencia vivida por la Iglesia antigua en tiempo de las persecuciones, as铆 como la ense帽anza dada a este respecto precisamente por la Iglesia de Roma, que, excluyendo las posiciones rigoristas de los Novacianos y de los Donatistas, exhortaba a la generosidad del perd贸n y de la reconciliaci贸n para aquellos que, habiendo apostatado (los 鈥渓apsi鈥�) durante las persecuciones, deseaban ser readmitidos en la comuni贸n de la Iglesia.

24

Juan Pablo II, Mensaje En v铆speras a los cat贸licos de China (8 diciembre 1999), 6: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola, 17 diciembre 1999, p. 5.

25

Cf. Mt 4,8-10; Jn 6,15.

26

Cf. Is 42, 1-4.

27

Cf. Jn 18,37.

28

Cf. Mt 26,51-53; Jn 18,36.

29

Declaraci贸n Dignitatis Humanae , sobre la libertad religiosa, 11.

30

Audiencia General (5 abril 2006): L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola, 7 abril 2006, p. 12.

31

Const. past. Gaudium et Spes , sobre la Iglesia en el mundo actual, 28.

32

Audiencia General (5 abril 2006): L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola, 7 abril 2006, p. 12.

33

Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 174; cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 857 y 869.

34

Juan Pablo II, Carta ap. Apostolos Suos (21 mayo 1998), 10: AAS 90 (1998), 648.

35

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 447.

36

Estatutos de la Asociaci贸n Patri贸tica Cat贸lica China (Chinese Catholic Patriotic Association, CCPA), 2004, art. 3.

37

Homilia para el Jubileo de los Obispos (8 octubre 2000), 5: AAS 93 (2001), 28; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Christus Dominus , sobre la funci贸n pastoral de los Obispos, 6.

38

Homilia para el Jubileo de los Obispos (8 octubre 2000), 4: AAS 93 (2001), 27; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Christus Dominus , sobre la funci贸n pastoral de los Obispos, 11.

39

Audiencia a los Obispos ordenados en los 煤ltimos doce meses, 21 septiembre 2006: AAS 98 (2006), 696.

40

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium , sobre la Iglesia, 21; cf. tambi茅n C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 375 搂 2.

41

Const. dogm. Lumen Gentium , sobre la Iglesia, 22; cf. tambi茅n 芦Nota explicativa previa禄, 2.

42

China Catholic Bishops' College (CCBC).

43

De rango universal v茅anse, por ejemplo, las disposiciones del art. 18, p谩rrafo 1, del International Covenant on Civil and Political Rights del 16 de diciembre de 1966 (芦Everyone shall have the right to freedom of thought, conscience and religion. This right shall include freedom to have or to adopt a religion or belief of his choice, and freedom, either individually or in community with others and in public or private, to manifest his religion or belief en worship, observance, practice and teaching禄) y la interpretaci贸n, vinculante para los Estados Miembros, que ha hecho el Comit茅 de los Derechos del hombre de las Naciones Unidas en el General Comment, No 22 (n. 4), del 30 de julio de 1993 (芦the practice and teaching of religion or belief includes acts integral to the conduct by religious groups of their basic affairs, such as the freedom to choose their religious leaders, priests and teachers, the freedom to establish seminaries or religious schools and the freedom to prepare and distribute religious texts or publications禄).
De 谩mbito regional v茅anse, por ejemplo, los siguientes compromisos asumidos en la Reuni贸n de Viena de los Representantes de los Estados participantes en la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperaci贸n en Europa (CSCE): 芦A fin de asegurar la libertad de la persona de profesar y practicar una religi贸n o creencia, los Estados participantes, inter alia, [...] respetar谩n el derecho de esas comunidades religiosas a [...] organizarse de conformidad con su propia estructura jer谩rquica e institucional; [...] elegir, nombrar y sustituir a su personal de conformidad con sus necesidades y normas respectivas, as铆 como con cualquier acuerdo libremente establecido entre tales comunidades y su Estado禄 (Documento Conclusivo de 1989, Principio n. 16 de la secci贸n 芦Cuestiones relativas a la seguridad en Europa禄).
Cf. tambi茅n Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Dignitatis Humanae , sobre la libertad religiosa, 4.

44

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Christus Dominus , sobre la funci贸n pastoral de los obispos, 20.

45

A este respecto, v茅anse las correspondientes normas del C贸digo de Derecho Can贸nico (cf. can. 378).

46

Const. Dogm Lumen Gentium , sobre la Iglesia, 23.

47

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, cann. 265-272.

48

Para una reflexi贸n sobre la doctrina y espiritualidad del sacerdocio y sobre el carisma del celibato remito a mi Discurso a la Curia Romana (22 diciembre 2006): L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola, 29 diciembre 2006, p. 7.

49

Cf. Juan Pablo II, Mensaje a la Iglesia que est谩 en China en el 70潞 aniversario de la ordenaci贸n en Roma del primer grupo de obispos chinos y el 50潞 aniversario de la jerarqu铆a eclesi谩stica en China, 4: AAS 89 (1997), 256.

50

Exhort. ap. postsinodal Pastores Dabo Vobis (25 marzo 1992), 70: AAS 84 (1992), 782.

51

Ib铆d., 29: AAS 84 (1992), 704.

52

Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Asia (6 noviembre 1999), 46: AAS 92 (2000), 521; cf. Benedicto XVI, V Encuentro mundial de las familias, en Espa帽a (Valencia, 8 julio 2006): 芦La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la donaci贸n total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia dom茅stica y santuario de la vida, es una gran responsabilidad de todos [...]. Cristo ha revelado cu谩l es siempre la fuente suprema de la vida para todos y, por tanto, tambi茅n para la familia: 鈥淓ste es mi mandamiento: que os am茅is unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos鈥� (Jn 15, 12-13). El amor de Dios mismo se ha derramado sobre nosotros en el bautismo. De ah铆 que las familias est谩n llamadas a vivir esa calidad de amor, pues el Se帽or es quien se hace garante de que eso sea posible para nosotros a trav茅s del amor humano, sensible, afectuoso y misericordioso como el de Cristo禄: AAS 98 (2006), 591-592.

53

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et Spes , sobre la Iglesia en el mundo actual, 47.

54

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. Familiaris Consortio (22 noviembre 1981), 3: AAS 74 (1982), 84.

55

Como han dicho los Padres sinodales de la S茅ptima Asamblea ordinaria del S铆nodo de los Obispos (1-30 octubre 1987), en la formaci贸n de los cristianos 芦puede servir de ayuda tambi茅n [...] una catequesis postbautismal a modo de catecumenado, que vuelva a proponer algunos elementos del 鈥淩itual de la Iniciaci贸n Cristiana de Adultos鈥�, destinados a hacer captar y vivir las inmensas riquezas del Bautismo ya recibido禄: Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles Laici (30 diciembre 1988), 61: AAS 81 (1989), 514; cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1230-1231.

56

Homil铆a en el Monte de las Bienaventuranzas (Israel, 24 marzo 2000), 5: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola, 25 marzo 2000, p. 5.
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