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S.S. Juan Pablo II, Exhortaci贸n Apost贸lica Postsinodal Ecclesia in Africa
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Exhortaci贸n Apost贸lica Postsinodal Ecclesia in Africa

Del Santo Padre

Juan Pablo II

al episcopado

a los presb铆teros y di谩conos

a los religiosos y religiosas

y a todos los fieles laicos

sobre la Iglesia en 脕frica

y su misi贸n evangelizadora

hacia el a帽o 2000

INTRODUCCI脫N

1. La Iglesia que est谩 en 脕frica celebr贸 con alegr铆a y esperanza, durante cuatro semanas, su fe en Cristo resucitado, en el curso de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos. Su recuerdo permanece a煤n vivo en toda la Comunidad eclesial.

Fieles a la tradici贸n de los primeros siglos del Cristianismo en 脕frica, los Pastores de este continente, en comuni贸n con el Sucesor del ap贸stol Pedro y los miembros del Colegio episcopal procedentes de otras regiones del mundo, celebraron un S铆nodo que se present贸 como acontecimiento de esperanza y de resurrecci贸n, en el momento mismo en que las vicisitudes humanas parec铆an m谩s bien empujar a 脕frica hacia el des谩nimo y la desesperaci贸n.

Los Padres Sinodales, asistidos por cualificados representantes del clero, de los religiosos y del laicado, examinaron detenidamente y con realismo las luces y las sombras, los desaf铆os y las perspectivas de la evangelizaci贸n en 脕frica, al aproximarse el tercer milenio de la fe cristiana.

Los miembros de la Asamblea sinodal me han pedido que d茅 a conocer a toda la Iglesia los frutos de sus reflexiones y de sus oraciones, de sus discusiones y de sus intercambios 1 . Con alegr铆a y gratitud al Se帽or he acogido esta petici贸n, y hoy, en el momento mismo en que, en comuni贸n con los Pastores y los fieles de la Iglesia cat贸lica en 脕frica, abro la fase celebrativa de la Asamblea especial para 脕frica, hago p煤blico el texto de esta Exhortaci贸n apost贸lica postsinodal, que es fruto de un trabajo colegial intenso y prolongado.

Pero antes de entrar en la exposici贸n de cuanto se madur贸 durante el S铆nodo, considero oportuno mencionar, aunque sea velozmente, las distintas fases de un acontecimiento tan decisivo para la Iglesia en 脕frica.

El Concilio

2. El Concilio Ecum茅nico Vaticano II puede considerarse ciertamente, desde el punto de vista de la historia de la salvaci贸n, como la piedra angular de este siglo, pr贸ximo ya a desembocar en el tercer milenio. En el marco de ese gran acontecimiento, la Iglesia de Dios que est谩 en 脕frica vivi贸, por su parte, aut茅nticos momentos de gracia. En efecto, la idea de un encuentro, bajo una forma u otra, de los Obispos de 脕frica para dialogar sobre la evangelizaci贸n del continente, se remonta al per铆odo del Concilio. Aquel acontecimiento hist贸rico fue verdaderamente el crisol de la colegialidad y una expresi贸n peculiar de la comuni贸n afectiva y efectiva del episcopado mundial. Los Obispos, en esa ocasi贸n, trataron de se帽alar los instrumentos adecuados para compartir mejor y hacer m谩s eficaz su solicitud por todas las Iglesias (cf. 2 Cor 11, 28) y comenzaron a proponer, con ese fin, las estructuras oportunas a nivel nacional, regional y continental.

El Simposio de Conferencias Episcopales de 脕frica y Madagascar

3. En este clima, los Obispos de 脕frica y Madagascar presentes en el Concilio decidieron crear un Secretariado General propio para coordinar sus intervenciones, de modo que se ofreciera en el aula, en cuanto fuera posible, un punto de vista com煤n. Esta cooperaci贸n inicial entre los Obispos de 脕frica se institucionaliz贸 despu茅s con la creaci贸n en Kampala del Simposio de las Conferencias Episcopales de 脕frica y Madagascar (S.C.E.A.M.). Esto sucedi贸 con ocasi贸n de la visita del Papa Pablo VI a Uganda en julio y agosto de 1969, primera visita a 脕frica de un Pont铆fice de los tiempos modernos.

La convocatoria de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos

4. Las Asambleas generales del S铆nodo de los Obispos, que se sucedieron peri贸dicamente a partir de 1967, ofrecieron a la Iglesia que est谩 en 脕frica preciosas oportunidades de hacer sentir su propia voz en el 谩mbito universal de la Iglesia. As铆, en la II Asamblea general ordinaria (1971), los Padres Sinodales de 脕frica acogieron con alegr铆a la oportunidad que se les presentaba de pedir una mayor justicia en el mundo. La III Asamblea general ordinaria sobre la evangelizaci贸n en el mundo contempor谩neo (1974) permiti贸 examinar particularmente los problemas de la evangelizaci贸n en 脕frica. En esa circunstancia los Obispos del continente presentes en el S铆nodo publicaron un importante mensaje titulado 芦 Promoci贸n de la evangelizaci贸n en la corresponsabilidad 禄 2 . Poco despu茅s, durante el A帽o Santo de 1975, el S.C.E.A.M. convoc贸 su propia Asamblea plenaria en Roma, para profundizar el tema de la evangelizaci贸n.

5. Posteriormente, de 1977 a 1983, varios Obispos, sacerdotes, personas consagradas, te贸logos y laicos manifestaron el deseo de un Concilio o de un S铆nodo africano, con el objetivo de evaluar la evangelizaci贸n en 脕frica en vista de las grandes opciones que se deben adoptar para el futuro del continente. Acog铆 favorablemente y alent茅 la idea de una 芦 coordinaci贸n bajo diferentes formas 禄 de todo el episcopado africano, 芦 a fin de examinar los problemas religiosos que se presentan al conjunto del continente 禄 3 . Por ello, el S.C.E.A.M. se preocup贸 de buscar v铆as y medios para llevar a buen fin el proyecto de este encuentro continental. Se consult贸 a las Conferencias Episcopales y a cada Obispo de 脕frica y Madagascar, despu茅s de lo cual pude convocar una Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos. El 6 de enero de 1989, en el contexto de la solemnidad de la Epifan铆a 鈥攃elebraci贸n lit煤rgica en que la Iglesia se siente m谩s consciente de la universalidad de su misi贸n y del consiguiente deber de llevar la luz de Cristo a todos los pueblos鈥�, anunci茅 que hab铆a asumido esta 芦 iniciativa de gran importancia para la difusi贸n del Evangelio 禄. Y precis茅 que lo hab铆a hecho acogiendo la petici贸n, manifestada muchas veces y en momentos distintos por los Obispos de 脕frica, por sacerdotes, te贸logos y exponentes del laicado, de que 芦 se promueva una org谩nica solidaridad pastoral en todo el territorio africano e islas adyacentes 禄 4 .

Un acontecimiento de gracia

6. La Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos ha sido un momento hist贸rico de gracia: el Se帽or ha visitado a su pueblo que est谩 en 脕frica. En efecto, este continente vive hoy lo que puede definirse un signo de los tiempos, un momento propicio, un d铆a de salvaci贸n para 脕frica. Parece llegada la 芦 hora de 脕frica 禄, una hora favorable que invita con insistencia a los mensajeros de Cristo a bogar mar adentro y a echar las redes para la pesca (cf. Lc 5, 4). Como al inicio del cristianismo, el alto funcionario de Candace, Reina de Etiop铆a, feliz de haber recibido la fe mediante el bautismo, prosigui贸 su camino llegando a ser testigo de Cristo (cf. Hch 8, 27-39), del mismo modo hoy la Iglesia en 脕frica, llena de alegr铆a y gratitud por la fe recibida, debe proseguir su misi贸n evangelizadora, para atraer los pueblos del continente al Se帽or, ense帽谩ndoles a observar cuanto 脡l ha mandado (cf. Mt 28, 20).

A partir de la solemne liturgia eucar铆stica inaugural que, el 10 de abril de 1994, celebr茅 en la Bas铆lica Vaticana junto con treinta y cinco Cardenales, un Patriarca, treinta y nueve Arzobispos, ciento cuarenta y seis Obispos y noventa Sacerdotes, la Iglesia, Familia de Dios 5 , pueblo de los creyentes, se congreg贸 en torno a la Tumba de Pedro. Estaba presente 脕frica con la variedad de sus ritos, junto con todo el pueblo de Dios: danzaba manifestando su alegr铆a, expresando su fe en la vida, al sonido de los tam-tam y de otros instrumentos musicales africanos. En esta ocasi贸n, 脕frica sinti贸 que era, seg煤n la expresi贸n de Pablo VI, 芦 una nueva patria de Cristo 禄 6 , tierra amada por el Padre eterno 7 . Por esto yo mismo salud茅 ese momento de gracia con las palabras del Salmista. 芦 隆Este es el d铆a que el Se帽or ha hecho, exultemos y gocemos en 茅l! 禄 (Sal 118117, 24).

Destinatarios de la Exhortaci贸n

7. Con esta Exhortaci贸n apost贸lica postsinodal, en comuni贸n con la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos, deseo dirigirme en primer lugar a los Pastores y a los fieles laicos, y tambi茅n a los hermanos de las dem谩s Confesiones cristianas, as铆 como a cuantos profesan las grandes religiones monote铆stas, en particular los seguidores de la religi贸n tradicional africana, y a todos los hombres de buena voluntad que, de un modo u otro, se interesan por el desarrollo espiritual y material de 脕frica o tienen en sus manos los destinos de este gran continente.

Ante todo mi pensamiento se dirige naturalmente a los africanos mismos y a todos los que viven en el continente; pienso, en particular, en los hijos y las hijas de la Iglesia cat贸lica: Obispos, sacerdotes, di谩conos, seminaristas, miembros de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apost贸lica, catequistas y todos los que hacen del servicio a sus hermanos el ideal de su existencia. Deseo confirmarlos en la fe (cf. Lc 22, 32) y exhortarles a perseverar en la esperanza que viene de Cristo resucitado, venciendo toda tentaci贸n de des谩nimo.

Plan de la Exhortaci贸n

8. La Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos examin贸 en profundidad el tema que le hab铆a sido propuesto: 芦 La Iglesia en 脕frica y su misi贸n evangelizadora hacia el a帽o 2000: Ser茅is mis testigos (cf. Hch 1, 8) 禄. Esta Exhortaci贸n tratar谩 de seguir de cerca este mismo itinerario. Arrancar谩 del momento hist贸rico, verdadero kair贸s, en que se celebr贸 el S铆nodo, examinando sus objetivos, preparaci贸n y desarrollo. Se detendr谩 sobre la situaci贸n actual de la Iglesia en 脕frica, recordando las distintas fases del compromiso misionero. Adem谩s, afrontar谩 los diferentes aspectos de la misi贸n evangelizadora con los que la Iglesia debe contar en el momento presente: la evangelizaci贸n, la inculturaci贸n, el di谩logo, la justicia y la paz, los medios de comunicaci贸n social. La alusi贸n a las urgencias y los desaf铆os que interpelan a la Iglesia en 脕frica a las puertas del a帽o 2000, permitir谩 delinear las tareas del testigo de Cristo en 脕frica, de cara a una aportaci贸n m谩s eficaz para la edificaci贸n del Reino de Dios. As铆 ser谩 posible individuar, al final, los compromisos de la Iglesia en 脕frica como Iglesia misionera: una Iglesia de misi贸n que llega a ser ella misma misionera: 芦 Ser茅is mis testigos... hasta los confines de la tierra 禄 (Hch 1, 8).

CAP脥TULO I UN MOMENTO ECLESIAL HIST脫RICO

9. 芦 Esta Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos es un acontecimiento providencial, por el que debemos dar gracias al Padre omnipotente y misericordioso mediante su Hijo en el Esp铆ritu Santo, y glorificarlo禄 8 . Con estas palabras los Padres sinodales, durante la primera Congregaci贸n general, abrieron solemnemente el debate relativo al tema del S铆nodo. En una ocasi贸n precedente, yo mismo hab铆a ya expresado una convicci贸n semejante, reconociendo que 芦 la Asamblea especial es un acontecimiento eclesial de suma importancia para 脕frica, un kair贸s, un momento de gracia, en el que Dios manifiesta su salvaci贸n. Toda la Iglesia est谩 invitada a aceptar plenamente este tiempo de gracia, a recibir y difundir la Buena Nueva. El esfuerzo de preparaci贸n para el S铆nodo no s贸lo servir谩 para el buen desarrollo de la celebraci贸n sinodal, sino que ya desde ahora redundar谩 en beneficio de las Iglesias locales que peregrinan en 脕frica, cuya fe y testimonio se refuerzan, haci茅ndolas cada vez m谩s maduras 禄 9 .

Profesi贸n de fe

10. Este momento de gracia se concret贸 ante todo en una solemne profesi贸n de fe. Congregados alrededor de la Tumba de Pedro para la inauguraci贸n de la Asamblea especial, los Padres del S铆nodo proclamaron su fe, la fe de Pedro que, respondiendo a la pregunta de Cristo: 芦 驴Tambi茅n vosotros quer茅is marcharos? 禄, dice: 芦 Se帽or, 驴donde qui茅n vamos a ir? T煤 tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que t煤 eres el Santo de Dios 禄 (Jn 6, 67-69). Los Obispos de 脕frica, en quienes la Iglesia cat贸lica hallaba aquellos d铆as una particular expresi贸n junto a la Tumba del Ap贸stol, reafirmaron que cre铆an firmemente que la omnipotencia y la misericordia del 煤nico Dios se han manifestado sobre todo en la Encarnaci贸n redentora del Hijo de Dios, Hijo que es consustancial al Padre en la unidad del Esp铆ritu Santo y que, en esta unidad trinitaria, recibe en plenitud gloria y honor. 脡sta es nuestra fe 鈥攁firmaron los Padres鈥� 茅sta es la fe de la Iglesia, 茅sta es la fe de todas las Iglesias locales que, diseminadas por el continente africano, caminan hacia la casa de Dios.

Esta fe en Jesucristo se manifest贸 de modo constante, con fuerza y unanimidad, en las intervenciones de los Padres del S铆nodo a lo largo de la Asamblea especial. Firmes en esta fe, los Obispos de 脕frica confiaron su continente a Cristo Se帽or, convencidos de que s贸lo 脡l, con su Evangelio y su Iglesia, puede salvar a 脕frica de las dificultades actuales y curarla de sus numerosos males 10 .

11. Al mismo tiempo, con ocasi贸n de la apertura solemne de la Asamblea especial, los Obispos de 脕frica proclamaron p煤blicamente su fe en 芦 la 煤nica Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, cat贸lica y apost贸lica 禄 11 . Estos atributos indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misi贸n. La Iglesia 芦 no los tiene por ella misma; es Cristo, quien, por el Esp铆ritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, cat贸lica y apost贸lica, y 脡l es tambi茅n quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades 禄 12 .

Todos aquellos que tuvieron el privilegio de asistir a la celebraci贸n de la Asamblea especial para 脕frica se alegraron de ver que los cat贸licos africanos van asumiendo cada vez m谩s responsabilidades en sus Iglesias locales y se esfuerzan por comprender mejor lo que significa ser simult谩neamente cat贸lico y africano. La celebraci贸n de la Asamblea especial manifest贸 al mundo entero que las Iglesias locales de 脕frica tienen un puesto leg铆timo en la comuni贸n de la Iglesia, tienen derecho a conservar y desarrollar 芦 sus propias tradiciones, sin quitar nada al primado de la Sede de Pedro, que preside toda la comunidad de amor, defiende las diferencias leg铆timas y al mismo tiempo se preocupa de que las particularidades no s贸lo no perjudiquen a la unidad, sino que m谩s bien la favorezcan 禄 13 .

S铆nodo de resurrecci贸n, S铆nodo de esperanza

12. Por un singular designio de la Providencia, la solemne inauguraci贸n de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos tuvo lugar el segundo domingo de Pascua, es decir, al concluir su octava. Los Padres Sinodales, reunidos aquel d铆a en la Bas铆lica Vaticana, eran conscientes del hecho de que la alegr铆a de su Iglesia brotaba del mismo acontecimiento que colm贸 de alegr铆a los corazones de los Ap贸stoles el d铆a de Pascua: la resurrecci贸n del Se帽or Jes煤s (cf. Lc 24, 40-41). Eran profundamente conscientes de la presencia en medio de ellos del Se帽or resucitado, que les dec铆a como a los Ap贸stoles: 芦 隆Paz a vosotros! 禄 (Jn 20, 21.26). Eran conscientes de su promesa de que permanecer铆a con su Iglesia para siempre (cf. Mt 28, 20) y, por tanto, tambi茅n durante todo el desarrollo de la Asamblea sinodal. El clima pascual en el que la Asamblea especial inici贸 su trabajo, con sus participantes unidos en la celebraci贸n de su fe en Cristo resucitado, evocaba espont谩neamente en mi esp铆ritu las palabras dirigidas por Jes煤s al ap贸stol Tom谩s: 芦 Dichosos los que no han visto y han cre铆do 禄 (Jn 20, 29).

13. En efecto, ha sido el S铆nodo de la resurrecci贸n y de la esperanza, como declararon con alegr铆a y entusiasmo los Padres sinodales en las primeras frases de su Mensaje dirigido al Pueblo de Dios. Son palabras que gustosamente hago m铆as: 芦 Como Mar铆a Magdalena, la ma帽ana de la Resurrecci贸n, y los disc铆pulos de Ema煤s, con coraz贸n ardiente e inteligencia iluminada, la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos proclama: 隆Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado! Se ha encontrado con nosotros, ha caminado con nosotros. Nos ha explicado las Escrituras y nos ha dicho: "Yo soy el primero y el 煤ltimo, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno" (Ap 1, 17-18) (...). Y, como san Juan en Patmos, en tiempos especialmente dif铆ciles, recibi贸 profec铆as de esperanza para el pueblo de Dios, tambi茅n nosotros anunciamos un mensaje de esperanza. En este momento en que tantos odios fratricidas, provocados por intereses pol铆ticos, desgarran a nuestros pueblos; en este momento en que el peso de la deuda externa o de la devaluaci贸n los agobia, nosotros, los Obispos de 脕frica, junto con todos los que participan en este santo S铆nodo, unidos al Santo Padre y a todos nuestros hermanos en el episcopado que nos han elegido, queremos pronunciar una palabra de esperanza y de consuelo con respecto a ti, Familia de Dios que est谩s en 脕frica; con respecto a ti, Familia de Dios esparcida por el mundo: 隆Cristo, nuestra esperanza, vive y nosotros tambi茅n viviremos! 禄 14 .

14. Exhorto a todo el Pueblo de Dios en 脕frica a acoger con esp铆ritu abierto el mensaje de esperanza que le dirigi贸 la Asamblea sinodal. Los Padres del S铆nodo, plenamente conscientes de ser portadores de las expectativas no s贸lo de los cat贸licos africanos, sino tambi茅n de todos los hombres y mujeres de aquel continente, durante sus discusiones afrontaron con claridad los m煤ltiples males que oprimen el 脕frica de hoy. Analizaron toda la complejidad y extensi贸n de lo que la Iglesia est谩 llamada a realizar para favorecer el deseado cambio, pero lo hicieron con una actitud libre de pesimismo o desesperaci贸n. A pesar del panorama prevalentemente negativo que hoy presentan numerosas regiones de 脕frica y de las tristes experiencias que no pocos pa铆ses atraviesan, la Iglesia tiene el deber de afirmar con fuerza que es posible superar estas dificultades. Ella debe fortalecer en todos los africanos la esperanza en una verdadera liberaci贸n. Su confianza se fundamenta, en 煤ltima instancia, en la conciencia de la promesa divina, que nos asegura que nuestra historia no est谩 cerrada en s铆 misma, sino que est谩 abierta al Reino de Dios. Por esto ni la desesperaci贸n ni el pesimismo pueden justificarse cuando se piensa en el futuro tanto de 脕frica como de las dem谩s partes del mundo.

Colegialidad afectiva y efectiva

15. Antes de comenzar a tratar los diversos argumentos, quisiera poner de relieve que el S铆nodo de los Obispos es un instrumento muy propicio para favorecer la comuni贸n eclesial. Cuando, hacia el final del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI instituy贸 el S铆nodo, indic贸 claramente que una de sus finalidades esenciales ser铆a la de expresar y promover, bajo la gu铆a del Sucesor de Pedro, la comuni贸n rec铆proca de los Obispos de todo el mundo 15 . El principio subyacente a la instituci贸n del S铆nodo de los Obispos es simple: cuanto m谩s fuerte es la comuni贸n de los Obispos entre s铆, m谩s enriquecida resulta la comuni贸n de la Iglesia en su conjunto. La Iglesia en 脕frica es testigo de la verdad de estas palabras, porque ha hecho la experiencia del entusiasmo y de los resultados concretos que han acompa帽ado los preparativos de la Asam blea del S铆nodo de los Obispos dedicada a ella.

16. Con ocasi贸n de mi primer encuentro con el Consejo de la Secretar铆a General del S铆nodo de los Obispos reunido con vistas a la Asamblea especial para 脕frica, indiqu茅 la raz贸n por la cual hab铆a parecido oportuno convocar esta Asamblea: la promoci贸n de 芦 una solidaridad pastoral org谩nica en todo el territorio africano y en las islas adyacentes 禄 16 . Con esta expresi贸n pretend铆a englobar los fines y objetivos principales hacia los que deber铆a orientarse la Asamblea especial. Para expresar mejor mis expectativas, a帽ad铆 que las reflexiones preparatorias de la Asamblea deber铆an referirse a 芦 todos los aspectos importantes de la vida de la Iglesia en 脕frica y, en particular, incluir la evangelizaci贸n, la inculturaci贸n, el di谩logo, la solicitud pastoral en lo social y los medios de comunicaci贸n social 禄 17 .

17. Durante mis visitas pastorales a 脕frica, me he referido con frecuencia a la Asamblea especial para 脕frica y a los objetivos principales para los cuales hab铆a sido convocada. Cuando particip茅 por primera vez, en suelo africano, en una reuni贸n del Consejo del S铆nodo, no dej茅 de subrayar mi convicci贸n de que una Asamblea sinodal no puede reducirse a una consulta sobre cuestiones pr谩cticas. Su verdadera raz贸n de ser est谩 en el hecho de que la Iglesia no puede crecer si no es fortaleciendo la comuni贸n entre sus miembros, comenzando por sus Pastores 18 .

Cada Asamblea sinodal manifiesta y desarrolla la solidaridad entre quienes presiden las Iglesias particulares en el cumplimiento de su misi贸n m谩s all谩 de los l铆mites de las respectivas di贸cesis. Como ense帽a el Concilio Vaticano II, 芦 los Obispos, como leg铆timos sucesores de los Ap贸stoles y miembros del Colegio episcopal, han de ser siempre conscientes de que est谩n unidos entre s铆 y mostrar su solicitud por todas las Iglesias. En efecto, por instituci贸n divina y por imperativo de la funci贸n apost贸lica, cada uno junto con los otros Obispos es responsable de la Iglesia 禄 19 .

18. El tema que he asignado a la Asamblea especial 鈥斅� La Iglesia en 脕frica y su misi贸n evangelizadora hacia el a帽o 2000. "Ser茅is mis testigos" (Hch 1, 8) 禄鈥� manifiesta mi deseo de que esta Iglesia viva el per铆odo de tiempo hasta el Gran Jubileo como un 芦 nuevo Adviento 禄, tiempo de espera y preparaci贸n. En efecto, considero la preparaci贸n para el a帽o 2000 como una de las claves de interpretaci贸n de mi pontificado 20 .

Las Asambleas sinodales celebradas en estos casi treinta a帽os 鈥攍as Asambleas Generales y las especiales continentales, regionales o nacionales鈥� se sit煤an todas en esta perspectiva de preparaci贸n del Gran Jubileo. El hecho de que la evangelizaci贸n sea el tema de todas estas Asambleas sinodales muestra c贸mo hoy est谩 viva en la Iglesia la conciencia de la misi贸n salv铆fica que ha recibido de Cristo. Esta toma de conciencia se manifiesta con particular evidencia en las Exhortaciones apost贸licas postsinodales dedicadas a la evangelizaci贸n, a la catequesis, a la familia, a la penitencia y reconciliaci贸n en la vida de la Iglesia y de toda la humanidad, a la vocaci贸n y misi贸n de los laicos, a la formaci贸n de los presb铆teros.

En plena comuni贸n con la Iglesia universal

19. Desde el inicio de la preparaci贸n de la Asamblea especial ha sido mi vivo deseo, plenamente compartido por el Consejo de la Secretar铆a General, procurar que este S铆nodo fuera aut茅nticamente africano, sin equ铆vocos. Al mismo tiempo, era de fundamental importancia que la Asamblea especial se celebrara en plena comuni贸n con la Iglesia universal. Efectivamente, la Asamblea ha tenido siempre en cuenta a la Iglesia universal. Rec铆procamente, cuando lleg贸 el momento de publicar los Lineamenta, invit茅 a mis Hermanos en el Episcopado y a todo el Pueblo de Dios disperso por el mundo a recordar en la oraci贸n a la Asamblea especial para 脕frica y a sentirse comprometidos en las actividades promovidas para este evento.

Esta Asamblea, como he afirmado frecuentemente, tiene notable importancia para la Iglesia universal, no solamente por el inter茅s que su convocatoria ha suscitado por todas partes, sino tambi茅n por la naturaleza misma de la comuni贸n eclesial que transciende toda frontera de tiempo y lugar. De hecho, la Asamblea especial ha inspirado muchas oraciones y buenas obras con las que los fieles y las comunidades eclesiales de los otros continentes han acompa帽ado el desarrollo del S铆nodo. No hay duda de que, en el misterio de la comuni贸n de los santos, 茅stos lo hayan sostenido tambi茅n con su intercesi贸n desde el cielo.

Cuando dispuse que la primera fase de los trabajos de la Asamblea especial se tuviera en Roma, lo hice para subrayar a煤n m谩s claramente la comuni贸n entre la Iglesia que est谩 en 脕frica y la Iglesia universal, para evidenciar el compromiso de todos los fieles en favor de 脕frica.

20. La solemne concelebraci贸n eucar铆stica de apertura del S铆nodo, que presid铆 en la Bas铆lica de san Pedro, puso de relieve la universalidad de la Iglesia de modo maravilloso y conmovedor. Esta universalidad, 芦que no es uniformidad sino comuni贸n de diferencias compatibles con el Evangelio禄 21 , ha sido vivida por todos los Obispos. Como miembros del cuerpo episcopal que sucede al Colegio de los Ap贸stoles, todos eran conscientes de haber sido consagrados no solamente para una di贸cesis, sino para la salvaci贸n de todo el mundo 22 .

Doy gracias a Dios Omnipotente por la ocasi贸n que nos ha dado de experimentar, gracias a la Asamblea especial, lo que significa una aut茅ntica catolicidad. 芦 Por la fuerza de esta catolicidad, cada grupo aporta sus dones a los dem谩s y a toda la Iglesia 禄. 23

Un mensaje oportuno y cre铆ble

21. Seg煤n los Padres sinodales, la cuesti贸n principal que la Iglesia en 脕frica debe afrontar consiste en describir con toda la claridad posible lo que ella es y lo que debe realizar en plenitud, para que su mensaje sea oportuno y cre铆ble 24 . Todas las discusiones de la Asamblea se han referido a esta exigencia verdaderamente esencial y fundamental, un aut茅ntico desaf铆o para la Iglesia en 脕frica.

Es verdad que 芦 el Esp铆ritu Santo es el agente principal de la evangelizaci贸n: 脡l es quien impulsa a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvaci贸n 禄 25 . Pero, reafirmada esta verdad, la Asamblea especial ha querido a帽adir justamente que la evangelizaci贸n es tambi茅n una misi贸n que el Se帽or Jes煤s ha confiado a su Iglesia, bajo la gu铆a y potencia del Esp铆ritu. Es necesaria nuestra cooperaci贸n mediante la oraci贸n ferviente, una gran reflexi贸n, proyectos adecuados y la disponibilidad de los recursos 26 .

El debate sinodal sobre el tema de la oportunidad y credibilidad del mensaje de la Iglesia en 脕frica implicaba una reflexi贸n sobre la credibilidad misma de los anunciadores de dicho mensaje. Los Padres han afrontado la cuesti贸n de modo directo, con profunda sinceridad, sin ninguna concesi贸n. De esto ya se hab铆a ocupado el Papa Pablo VI que, con palabras memorables, hab铆a recordado: 芦 Se ha repetido frecuentemente en nuestros d铆as que este siglo siente sed de autenticidad. Sobre todo con relaci贸n a los j贸venes, se afirma que 茅stos sufren horrores ante lo ficticio, ante la falsedad, y que adem谩s son decididamente partidarios de la verdad y la transparencia. A estos signos de los tiempos deber铆a corresponder en nosotros una actitud vigilante. T谩citamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta: 驴Cre茅is verdaderamente en lo que anunci谩is? 驴Viv铆s lo que cre茅is? 驴Predic谩is verdaderamente lo que viv铆s? Hoy m谩s que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condici贸n esencial con vistas a una eficacia real de la predicaci贸n. Sin andar con rodeos, podemos decir que en cierta medida nos hacemos responsables del Evangelio que proclamamos 禄 27 .

Por esto, con referencia a la misi贸n evangelizadora de la Iglesia en el campo de la justicia y de la paz, yo mismo se帽al茅: 芦 Hoy m谩s que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se har谩 cre铆ble por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y l贸gica interna 禄 28 .

22. 驴C贸mo no considerar aqu铆 que la octava Asamblea plenaria del S.C.E.A.M., celebrada en Lagos (Nigeria), en 1987, ya hab铆a tomado en consideraci贸n con notable claridad la cuesti贸n de la credibilidad y oportunidad del mensaje de la Iglesia en 脕frica? Dicha Asamblea hab铆a declarado que la credibilidad de la Iglesia en 脕frica depend铆a de Obispos y sacerdotes capaces de dar un testimonio ejemplar, siguiendo las huellas de Cristo; de religiosos realmente fieles, aut茅nticos testigos por su modo de vivir los consejos evang茅licos; de un laicado din谩mico con padres profundamente creyentes, educadores conscientes de su responsabilidad, dirigentes pol铆ticos animados por un profundo sentido moral 29 .

Familia de Dios en camino sinodal

23. Dirigi茅ndome el 23 de junio de 1989 a los miembros del Consejo de la Secretar铆a General, insist铆 mucho en la participaci贸n del Pueblo de Dios, a todos los niveles, especialmente en 脕frica, en la preparaci贸n de la Asamblea especial. 芦 Si se prepara bien, dije, la sesi贸n del S铆nodo permitir谩 implicar a todos los sectores de la comunidad cristiana: individuos, peque帽as comunidades, parroquias, di贸cesis e instituciones locales, nacionales e internacionales 禄 30 .

Entre el inicio de mi Pontificado y la inauguraci贸n de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos, he podido realizar diez viajes pastorales a 脕frica y Madagascar, visitando treinta y seis Naciones. Con ocasi贸n de los viajes apost贸licos sucesivos a la convocatoria de la Asamblea especial, el tema del S铆nodo y el de la necesidad para todos los fieles de prepararse a la Asamblea sinodal han estado siempre presentes de manera preeminente en mis encuentros con el Pueblo de Dios en 脕frica. Tambi茅n he aprovechado las visitas ad limina de los Obispos de aquel continente para solicitar la colaboraci贸n de todos en la preparaci贸n de la Asamblea especial para 脕frica. Adem谩s, en tres ocasiones diversas he tenido sesiones de trabajo, junto con el Consejo de la Secretar铆a General, en suelo africano: en Yamoussoukro (Costa de Marfil) en 1990, en Luanda (Angola) en 1992 y en Kampala (Uganda) en 1993, siempre para invitar a los africanos a participar de manera activa y conjunta en la preparaci贸n de la Asamblea sinodal.

24. La presentaci贸n de los Lineamenta en Lom茅 (Togo) el 25 de julio de 1990, con ocasi贸n de la novena Asamblea General del S.C.E.A.M., signific贸 sin duda una etapa nueva e importante del iter preparatorio de la Asamblea especial. Se puede decir que la publicaci贸n de los Lineamenta puso en marcha decididamente los preparativos para el S铆nodo en todas las Iglesias particulares de 脕frica. La Asamblea del S.C.E.A.M. en Lom茅 compuso una Plegaria por la Asamblea especial y pidi贸 que se recitara, tanto en p煤blico como en privado, en todas las parroquias africanas hasta la celebraci贸n del S铆nodo. Esta iniciativa del S.C.E.A.M. ha sido verdaderamente feliz y no ha pasado inadvertida en la Iglesia universal.

Para favorecer tambi茅n la difusi贸n de los Lineamenta, varias Conferencias Episcopales y di贸cesis los han traducido en su lengua como, por ejemplo, en suahili, 谩rabe, malgache y otros idiomas. 芦 Publicaciones, conferencias y simposios sobre los temas del S铆nodo han sido organizados por diversas Conferencias Episcopales, Institutos de Teolog铆a y Seminarios, Asociaciones de Institutos de vida consagrada, alg煤n peri贸dico, importantes revistas, Obispos y te贸logos 禄 31 .

25. Doy gracias a Dios Omnipotente por la solicitud con la que han sido redactados los Lineamenta y el Instrumentum laboris 32 del S铆nodo. Ha sido una tarea afrontada y desarrollada por africanos, Obispos y expertos, comenzando por la Comisi贸n antepreparatoria del S铆nodo, en enero y marzo de 1989. La Comisi贸n fue relevada despu茅s por el Consejo de la Secretar铆a General de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos, instituido por m铆 el 20 de junio de 1989.

Adem谩s, estoy profundamente agradecido al grupo de trabajo que ha preparado tan bien las liturgias eucar铆sticas para la apertura y la clausura del S铆nodo. El grupo, compuesto por te贸logos, liturgistas y expertos en cantos e instrumentos africanos de expresi贸n lit煤rgica, hizo posible, seg煤n mi deseo, que dichas celebraciones tuvieran un evidente car谩cter africano.

26. Ahora debo a帽adir que la respuesta de los africanos a mi llamada para participar en la preparaci贸n del S铆nodo fue verdaderamente admirable. La acogida dispensada a los Lineamenta, sea dentro como fuera de las comunidades eclesiales africanas, super贸 ampliamente toda previsi贸n. Muchas Iglesias locales se han servido de los Lineamenta para movilizar a los fieles y, desde ahora, podemos decir sin duda que los frutos del S铆nodo comienzan a manifestarse en un nuevo compromiso y en una renovada toma de conciencia de los cristianos de 脕frica 33 .

Durante las diversas fases de preparaci贸n de la Asamblea especial, numerosos miembros de la Iglesia en 脕frica 鈥攃lero, religiosos, religiosas, laicos鈥� han participado de manera ejemplar en el itinerario sinodal, 芦 caminando juntos 禄, poniendo cada uno los propios talentos al servicio de la Iglesia y orando juntos con fervor por el 茅xito del S铆nodo. M谩s de una vez los mismos Padres del S铆nodo se帽alaron, durante la Asamblea sinodal, que su trabajo se facilitaba gracias precisamente a la 芦 preparaci贸n esmerada y meticulosa de este S铆nodo, desarrollada con la colaboraci贸n activa de toda la Iglesia en 脕frica, en todos los niveles 禄 34 .

Dios quiere salvar a 脕frica

27. El Ap贸stol de los Gentiles nos dice que Dios 芦 quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y tambi茅n un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes煤s, hombre tambi茅n, que se entreg贸 a s铆 mismo como rescate por todos 禄 (1 Tm 2, 4-6). Puesto que Dios llama a todos los hombres a un 煤nico y mismo destino, que es divino, 芦 debemos mantener que el Esp铆ritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido s贸lo por Dios, se asocien a este misterio pascual 禄 35 . El amor redentor de Dios abraza a la humanidad entera, a toda raza, tribu o naci贸n: por tanto, abraza tambi茅n a las poblaciones del continente africano. La Providencia divina quiso que 脕frica estuviera presente durante la Pasi贸n de Cristo en la persona de Sim贸n de Cirene, obligado por los soldados romanos a ayudar al Se帽or llevando la Cruz (cf. Mc 15, 21).

28. La liturgia del domingo VI de Pascua de 1994, durante la solemne celebraci贸n eucar铆stica para la conclusi贸n de la sesi贸n de trabajo de la Asamblea especial, me ofreci贸 la ocasi贸n de reflexionar sobre el designio salv铆fico de Dios respecto a 脕frica. Una de las lecturas b铆blicas, tomada de los Hechos de los Ap贸stoles, evocaba un acontecimiento que puede ser considerado como el primer paso en la misi贸n de la Iglesia hacia los paganos: la narraci贸n de la visita de Pedro, bajo el impulso del Esp铆ritu Santo, a la casa de un pagano, el centuri贸n Cornelio. Hasta ese momento el Evangelio hab铆a sido proclamado sobre todo entre los hebreos. Despu茅s de haber dudado no poco, Pedro, iluminado por el Esp铆ritu, decidi贸 ir a la casa de un pagano. Cuando lleg贸, tuvo la grata sorpresa de ver que el centuri贸n esperaba a Cristo y el Bautismo. El libro de los Hechos de los Ap贸stoles refiere: 芦 Los fieles circuncisos que hab铆an venido con Pedro quedaron at贸nitos al ver que el don del Esp铆ritu Santo hab铆a sido derramado tambi茅n sobre los gentiles, pues les o铆an hablar en lenguas y glorificar a Dios 禄 (10, 45-46).

En casa de Cornelio, en cierto sentido, se reprodujo el milagro de Pentecost茅s. Pedro dijo entonces: 芦 Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepci贸n de personas, sino que en cualquier naci贸n el que le teme y practica la justicia le es grato... 驴Acaso puede alguno negar el agua del bautismo a 茅stos que han recibido el Esp铆ritu Santo como nosotros? 禄 (Hch 10, 34-35.47).

As铆 comenz贸 la misi贸n de la Iglesia ad gentes, cuyo principal heraldo ser铆a Pablo de Tarso. Los primeros misioneros que llegaron al coraz贸n de 脕frica se maravillaron, del mismo modo que los cristianos de los tiempos apost贸licos, ante la efusi贸n del Esp铆ritu Santo.

29. El designio de Dios para la salvaci贸n de 脕frica est谩 en los or铆genes de la difusi贸n de la Iglesia en el continente africano. Sin embargo, al ser la Iglesia, por voluntad de Cristo, misionera por su naturaleza, la Iglesia misma en 脕frica est谩 llamada a asumir un papel activo al servicio del plan salv铆fico de Dios. Por esto he dicho frecuentemente que 芦 la Iglesia en 脕frica es la Iglesia misionera y de misi贸n 禄 36 .

La Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos ha examinado los medios mediante los cuales los africanos podr谩n realizar mejor el mandato que el Se帽or resucitado dio a sus disc铆pulos: 芦 Id, pues, y haced disc铆pulos a todas las gentes 禄 (Mt 28, 19).

CAP脥TULO II LA IGLESIA EN 脕FRICA

I. Breve historia de la evangelizaci贸n en el continente

30. El d铆a de la apertura de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos, primera reuni贸n de ese tipo en la historia, los Padres sinodales recordaron algunas de las maravillas realizadas por Dios en la historia de la evangelizaci贸n en 脕frica. Es una historia que se remonta a la 茅poca del nacimiento mismo de la Iglesia. La difusi贸n del Evangelio tuvo fases diversas. Los primeros siglos del cristianismo vieron la evangelizaci贸n de Egipto y de 脕frica del Norte. Una segunda fase, relativa a las regiones del continente situadas al sur del Sahara, tuvo lugar en los siglos XV y XVI. Una tercera fase, caracterizada por un esfuerzo misio nero extraordinario, se inici贸 en el siglo XIX.

Primera fase

31. En un mensaje a los Obispos y a todos los pueblos de 脕frica sobre la promoci贸n del bienestar material y espiritual del continente, mi venerado predecesor Pablo VI evoc贸 con memorables palabras el glorioso esplendor del pasado cristiano de 脕frica: 芦 Pensamos en las Iglesias cristianas de 脕frica, cuyo origen se remonta a los tiempos apost贸licos y est谩 ligado, seg煤n la tradici贸n, al nombre y predicaci贸n del evangelista Marcos. Pensamos en la pl茅yade innumerable de santos, m谩rtires, confesores y v铆rgenes que pertenecen a ellas. En realidad, desde el siglo II al siglo IV la vida cristiana en las regiones septentrionales de 脕frica fue intens铆sima e iba en vanguardia tanto en el estudio teol贸gico como en la expresi贸n literaria. Nos vienen a la memoria los nombres de los grandes doctores y escritores, como Or铆genes, san Atanasio, san Cirilo, lumbreras de la escuela alejandrina, y en la otra parte de la costa mediterr谩nea africana, Tertuliano, san Cipriano, y sobre todo san Agust铆n, una de las luces m谩s brillantes de la cristiandad. Recordemos a los grandes santos del desierto, Pablo, Antonio, Pacomio, primeros fundadores del monaquismo, difundido despu茅s, siguiendo su ejemplo, en Oriente y Occidente. Y, entre tantos otros, no queremos dejar de nombrar a san Frumencio, llamado Abba Salama, que, consagrado obispo por san Atanasio, fue ap贸stol de Etiop铆a 禄 37 . Durante estos primeros siglos de la Iglesia en 脕frica, algunas mujeres dieron tambi茅n testimonio de Cristo. Entre ellas se debe mencionar particularmente a las santas Felicidad y Perpetua, a santa M贸nica y a santa Tecla.

芦 Estos luminosos ejemplos, como tambi茅n las figuras de los santos Papas de origen africano V铆ctor I, Melqu铆ades y Gelasio I, pertenecen al patrimonio com煤n de la Iglesia; y los escritos de los autores cristianos de 脕frica son todav铆a hoy fundamentales para profundizar, a la luz de la Palabra de Dios, en la historia de la salvaci贸n. En el recuerdo de las antiguas glorias del 脕frica cristiana, queremos expresar nuestro profundo respeto por las Iglesias con las que no estamos en plena comuni贸n: la Iglesia griega del Patriarcado de Alejandr铆a, la Iglesia copta de Egipto y la Iglesia eti贸pica, que tienen de com煤n con la Iglesia cat贸lica el origen y la herencia doctrinal y espiritual de los grandes Padres y Santos no s贸lo de su tierra, sino de toda la antigua Iglesia. Ellas han trabajado y sufrido mucho por mantener vivo el nombre cristiano en 脕frica a trav茅s de las vicisitudes de los tiempos 禄 38 . Estas Iglesias dan todav铆a hoy testimonio de la vitalidad cristiana que reciben de sus ra铆ces apost贸licas, particularmente en Egipto y en Etiop铆a y, hasta el siglo XVII, en Nubia. En el resto del continente comenzaba entonces otra etapa de la evangelizaci贸n.

Segunda fase

32. En los siglos XV y XVI, la exploraci贸n de la costa africana por parte de los portugueses fue acompa帽ada pronto por la evangelizaci贸n de las regiones de 脕frica situadas al sur del Sahara. Este esfuerzo afectaba, entre otras zonas, a las regiones del actual Ben铆n, Santo Tom茅, Angola, Mozambique y Madagascar.

El 7 de junio de 1992, domingo de Pentecost茅s, al conmemorar los 500 a帽os de la evangelizaci贸n de Angola, en Luanda dije entre otras cosas: 芦 Los Hechos de los Ap贸stoles describen por su nombre a los habitantes de los sitios que tomaron parte directamente en el nacimiento de la Iglesia por el soplo del Esp铆ritu Santo: "todos los o铆mos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios" (Hch 2, 11). Hace quinientos a帽os a ese coro de lenguas se a帽adieron los pueblos de Angola. En aquel momento, en vuestra patria africana, se renov贸 el Pentecost茅s de Jerusal茅n. Vuestros antepasados oyeron el mensaje de la Buena Nueva, que es la lengua del Esp铆ritu. Sus corazones acogieron por primera vez esta palabra e inclinaron su cabeza en la fuente del agua bautismal, en la que el hombre, por obra del Esp铆ritu Santo, muere con Cristo crucificado y renace a una vida nueva en su resurrecci贸n (...). Ese mismo Esp铆ritu fue el que impuls贸 a aquellos hombres de fe, los primeros misioneros, que en 1491, llegaron hasta la desembocadura del r铆o Zaire, en Pinda, iniciando una aut茅ntica epopeya misionera. Fue el Esp铆ritu Santo, que obra a su modo en el coraz贸n de los hombres, quien movi贸 al gran rey del Congo Nzinga- a-Nkuwu a pedir misioneros para anunciar el Evangelio. Fue el Esp铆ritu Santo quien anim贸 la vida de aquellos primeros cuatro cristianos angole帽os que, al regresar de Europa, dieron testimonio del valor de la fe cristiana. Despu茅s de los primeros misioneros, vinieron muchos m谩s de Portugal y de otros pa铆ses de Europa, para continuar, ampliar y consolidar la obra comenzada 禄 39 .

Durante este per铆odo se erigieron un cierto n煤mero de sedes episcopales y una de las primicias de esta acci贸n misionera fue la consagraci贸n en Roma, en 1518, por parte de Le贸n X, de Don Enrique, hijo de Don Alfonso I, rey del Congo, como obispo titular de 脷tica. Don Enrique lleg贸 a ser as铆 el primer obispo aut贸ctono del 脕frica negra.

En aquella 茅poca, exactamente en el a帽o 1622, el Papa Gregorio XV erigi贸 con car谩cter estable la Congregaci贸n De Propaganda Fide con el fin de organizar y desarrollar mejor las misiones.

Por diversas dificultades, la segunda fase de la evangelizaci贸n de 脕frica se concluy贸 en el siglo XVIII con la extinci贸n de casi todas las misiones en las regiones al sur del Sahara.

Tercera fase

33. La tercera fase de evangelizaci贸n sistem谩tica de 脕frica comenz贸 en el siglo XIX, per铆odo caracterizado por un esfuerzo extraordinario, llevado a cabo por los grandes ap贸stoles y animadores de las misiones africanas. Fue un per铆odo de r谩pido crecimiento, como muestran claramente las estad铆sticas presentadas a la Asamblea sinodal por la Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos 40 . 脕frica respondi贸 muy generosamente a la llamada de Cristo. En estos 煤ltimos decenios numerosos pa铆ses africanos han celebrado el primer centenario del comienzo de su evangelizaci贸n. Verdaderamente el crecimiento de la Iglesia en 脕frica, de cien a帽os a esta parte, es una maravilla de la gracia de Dios.

La gloria y esplendor del per铆odo contempor谩neo de la evangelizaci贸n en 脕frica quedan ilustrados de modo admirable por los santos que el 脕frica moderna ha dado a la Iglesia. El Papa Pablo VI tuvo oportunidad de manifestar con elocuencia esta realidad al canonizar a los m谩rtires de Uganda en la Bas铆lica de san Pedro, con ocasi贸n de la Jornada Misionera Mundial de 1964: 芦 Estos m谩rtires africanos vienen a a帽adir a ese cat谩logo de vencedores, que es el martirologio, una p谩gina tr谩gica y magn铆fica, verdaderamente digna de sumarse a aquellas maravillosas de la antigua 脕frica (...). El 脕frica, ba帽ada por la sangre de estos m谩rtires, primicias de la nueva era 鈥攜 Dios quiera que sean los 煤ltimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto鈥�, resurge libre y redimida 禄 41 .

34. La serie de santos que 脕frica da a la Iglesia, serie que es su mayor t铆tulo de honor, contin煤a creciendo. C贸mo no mencionar, entre los m谩s recientes, a Clementina Anwarite, virgen y m谩rtir de Zaire, que beatifiqu茅 en tierra africana en 1985, a Victoria Rasoamanarivo, de Madagascar, y a Josefina Bakhita, de Sud谩n, beatificadas tambi茅n durante mi pontificado. Y c贸mo no recordar al beato Isidoro Bakanja, m谩rtir de Zaire, que tuve el privilegio de elevar al honor de los altares durante la Asamblea especial para 脕frica?

芦 Otras causas est谩n en curso. La Iglesia en 脕frica debe encargarse de redactar su propio martirologio, a帽adiendo a las magn铆ficas figuras de los primeros siglos (...) los m谩rtires y los santos de los 煤ltimos tiempos 禄 42 .

Ante el formidable crecimiento de la Iglesia en 脕frica durante los 煤ltimos cien a帽os, ante los frutos de santidad alcanzados, hay una sola explicaci贸n posible: todo eso es don de Dios, ya que ning煤n esfuerzo humano habr铆a podido realizar una obra semejante en un per铆odo tan breve relativamente. Sin embargo, no hay lugar para un triunfalismo humano. Recordando el esplendor glorioso de la Iglesia en 脕frica, los Padres sinodales quisieron celebrar s贸lo las maravillas obradas por Dios para la liberaci贸n y la salvaci贸n de 脕frica.

芦 脡sta ha sido la obra del Se帽or,

una maravilla a nuestros ojos 禄 (Sal 118117, 23).

芦 Ha hecho en mi favor maravillas el Pode- roso,

Santo es su nombre 禄 (Lc 1, 49).

Homenaje a los misioneros

35. El espl茅ndido crecimiento y las realizaciones de la Iglesia en 脕frica se deben en gran parte a la heroica y desinteresada dedicaci贸n de los misioneros. Esto es reconocido por todos. En efecto, la tierra bendita de 脕frica est谩 sembrada de tumbas de valientes heraldos del Evangelio.

Cuando los Obispos de 脕frica se encontraron en Roma para la Asamblea especial eran muy conscientes de la deuda de gratitud que su continente tiene con sus antepasados en la fe.

En el discurso dirigido a la primera Asamblea del S.C.E.A.M. en Kampala, el 31 de julio de 1969, el Papa Pablo VI hizo referencia a esta deuda de gratitud: 芦 Vosotros, los africanos, sois ya los misioneros de vosotros mismos. La Iglesia de Cristo est谩, en verdad, plantada en esta tierra bendita (cf. Decr. Ad gentes, 6). Pero tenemos que cumplir un deber: el de recordar a cuantos en 脕frica, antes que vosotros, y hoy todav铆a con vosotros, predicaron y predican el Evangelio, como nos amonesta la Sagrada Escritura: "Recordaos de vuestros antecesores que os han anunciado la palabra de Dios y, considerando el fin de su vida, imitad su fe" (Hb 13, 7). Se trata de una historia que no debemos olvidar y que confiere a la Iglesia local la nota de su autenticidad y de su nobleza, la nota "apost贸lica"; ella es un drama de caridad, de hero铆smo, de sacrificio, que hace grande y santa, desde su origen, a la Iglesia africana 禄 43 .

36. La Asamblea especial sald贸 dignamente esta deuda de gratitud cuando, con ocasi贸n de su primera Congregaci贸n general, declar贸: 芦 Aqu铆 conviene rendir un sentido homenaje a los misioneros, hombres y mujeres de todos los Institutos religiosos y seculares, y a todos los pa铆ses que, a lo largo de los casi dos mil a帽os de evangelizaci贸n del continente africano (...) se han dedicado intensamente a transmitir la antorcha de la fe cristiana (...). Precisamente por eso, nosotros, los felices herederos de esta maravillosa aventura, queremos dar gracias a Dios en esta solemne circunstancia 禄 44 .

En el Mensaje al Pueblo de Dios los Padres sinodales renovaron con vigor el homenaje a los misioneros, pero no olvidaron rendir homenaje a los hijos e hijas de 脕frica, especialmente a los catequistas y a los int茅rpretes, que colaboraron con ellos 45 .

37. Gracias a la gran epopeya misionera, de la que el continente africano ha sido escenario sobre todo durante los 煤ltimos dos siglos, hemos podido encontrarnos en Roma para celebrar la Asamblea especial para 脕frica. La semilla esparcida a su tiempo ha producido frutos abundantes. Mis Hermanos en el episcopado, hijos de los pueblos de 脕frica, son un testimonio elocuente de esto. Junto con sus sacerdotes, llevan ya sobre sus espaldas gran parte del trabajo de la evangelizaci贸n. Lo atestiguan tambi茅n los numerosos hijos e hijas de 脕frica que ingresan en las antiguas Congregaciones misioneras o en los nuevos Institutos nacidos en tierra africana, llevando en sus manos la antorcha de la consagraci贸n total al servicio de Dios y del Evangelio.

Arraigo y crecimiento de la Iglesia

38. El hecho de que en casi dos siglos el n煤mero de cat贸licos en 脕frica haya crecido r谩pidamente constituye por s铆 mismo un resultado notable desde cualquier punto de vista. Elementos como el sensible y r谩pido aumento del n煤mero de las circunscripciones eclesi谩sticas, el crecimiento del clero aut贸ctono, de los seminaristas y de los candidatos en los Institutos de vida consagrada y la progresiva extensi贸n de la red de catequistas, cuya contribuci贸n a la difusi贸n del Evangelio entre las poblaciones africanas es bien conocida confirman, en particular, la consolidaci贸n de la Iglesia en el continente. De fundamental importancia es el alto porcentaje de Obispos nativos, que constituyen ya la Jerarqu铆a en el continente.

Los Padres sinodales pusieron de relieve los numerosos y muy significativos pasos dados por la Iglesia de 脕frica a nivel de inculturaci贸n y de di谩logo ecum茅nico 46 . Las notables y meritorias realizaciones en el campo de la educaci贸n son reconocidas universalmente.

Aunque los cat贸licos sean s贸lo el catorce por ciento de la poblaci贸n africana, las instituciones cat贸licas en el campo de la sanidad representan el diecisiete por ciento del total de las estructuras sanitarias de todo el continente.

Las iniciativas emprendidas con valent铆a por las j贸venes Iglesias de 脕frica para llevar el Evangelio 芦 hasta los confines de la tierra 禄 (Hch 1, 8) son sin duda dignas de menci贸n. Los Institutos misioneros surgidos en 脕frica han crecido num茅ricamente y han comenzado a ofrecer misioneros no s贸lo a los pa铆ses del continente, sino tambi茅n a otras regiones de la tierra. Sacerdotes diocesanos de 脕frica, cuyo n煤mero est谩 creciendo lentamente, comienzan a estar disponibles, durante per铆odos limitados, como sacerdotes fidei donum, en otras di贸cesis, pobres de personal, en su naci贸n o en otras. En las provincias africanas de los Institutos religiosos de derecho pontificio, tanto masculinos como femeninos, ha aumentado tambi茅n el n煤mero de sus miembros. De este modo la Iglesia se pone al servicio de los pueblos africanos; acepta adem谩s participar en el 芦 intercambio de dones 禄 con otras Iglesias particulares en el 谩mbito de todo el Pueblo de Dios. Todo esto manifiesta, de manera evidente, la madurez alcanzada por la Iglesia en 脕frica: esto es lo que ha hecho posible la celebraci贸n de la Asamblea especial del S铆nodo de los Obispos.

Qu茅 ha llegado a ser 脕frica?

39. Hace menos de treinta a帽os, no pocos pa铆ses africanos se independizaban de las potencias coloniales. Esto suscit贸 grandes esperanzas en lo relativo al desarrollo pol铆tico, econ贸mico, social y cultural de los pueblos africanos. Aunque 芦 en algunas naciones no se haya a煤n consolidado, desgraciadamente, la situaci贸n interna, y la violencia haya reinado o reine alguna vez, esto no puede dar lugar a una condena general que se extienda a todo un pueblo o toda una naci贸n, o peor todav铆a, a todo un continente 禄 47 .

40. Cu谩l es, sin embargo, la situaci贸n real del conjunto del continente africano hoy, especialmente desde el punto de vista de la misi贸n evangelizadora de la Iglesia? Los Padres sinodales, a este prop贸sito, se preguntaron en primer lugar: 芦 En un continente saturado de malas noticias, de qu茅 modo el mensaje cristiano constituye una Buena Nueva para nuestro pueblo? En medio de una desesperaci贸n que lo invade todo, d贸nde est谩n la esperanza y el optimismo que transmite el Evangelio? La evangelizaci贸n promueve muchos de los valores esenciales que tanta falta hacen al continente: esperanza, paz, alegr铆a, armon铆a, amor y unidad 禄 48 .

Despu茅s de haber se帽alado, justamente, que 脕frica es un inmenso continente con situaciones muy diversas y que por tanto es necesario evitar las generalizaciones tanto al evaluar los problemas como al sugerir las soluciones, la Asamblea sinodal constat贸 con dolor: 芦 Una situaci贸n com煤n es, sin duda, el hecho de que en 脕frica abundan los problemas: en casi todas nuestras naciones hay una miseria espantosa, una mala administraci贸n de los escasos recursos de que se dispone, una inestabilidad pol铆tica y una desorientaci贸n social. El resultado est谩 ante nuestros ojos: miseria, guerras, desesperaci贸n. En un mundo controlado por las naciones ricas y poderosas, 脕frica se ha convertido pr谩cticamente en un ap茅ndice sin importancia, a menudo olvidado y descuidado por todos 禄 49 .

41. Para muchos Padres sinodales el 脕frica de hoy se puede parangonar con aquel hombre que bajaba de Jerusal茅n a Jeric贸; cay贸 en manos de salteadores que lo despojaron, lo golpearon y se marcharon dej谩ndolo medio muerto (cf. Lc 10, 30-37). 脕frica es un continente en el que innumerables seres humanos 鈥攈ombres y mujeres, ni帽os y j贸venes鈥� est谩n tendidos, de alg煤n modo, al borde del camino, enfermos, heridos, indefensos, marginados y abandonados. Ellos tienen necesidad imperiosa de buenos Samaritanos que vengan en su ayuda.

Por mi parte, deseo que la Iglesia contin煤e paciente e incansablemente su obra de buen Samaritano. En efecto, durante un largo per铆odo, reg铆menes hoy desaparecidos pusieron a dura prueba a los africanos y debilitaron su capacidad de reacci贸n: el hombre herido debe reencontrar todas las fuerzas de su propia humanidad. Los hijos e hijas de 脕frica tienen necesidad de presencia comprensiva y de solicitud pastoral. Hay que ayudarles a recobrar sus energ铆as, para ponerlas al servicio del bien com煤n.

Valores positivos de la cultura africana

42. 脕frica, no obstante sus grandes riquezas naturales, se encuentra en una situaci贸n econ贸mica de pobreza. Sin embargo posee una m煤ltiple variedad de valores culturales y de inestimables cualidades humanas, que puede ofrecer a las Iglesias y a toda la humanidad. Los Padres sinodales han puesto de relieve algunos de estos valores culturales, que son ciertamente una preparaci贸n providencial para la transmisi贸n del Evangelio; son valores que pueden favorecer una evoluci贸n positiva de la dram谩tica situaci贸n del continente, y facilitar la recuperaci贸n global de que depende el auspiciado desarrollo de cada una de las Na- ciones.

Los africanos tienen un profundo sentido religioso, sentido de lo sacro, sentido de la existencia de Dios creador y de un mundo espiritual. La realidad del pecado en sus formas individuales y sociales est谩 bastante presente en la conciencia de aquellos pueblos, y se siente tambi茅n la necesidad de ritos de purificaci贸n y expiaci贸n.

43. En la cultura y tradici贸n africanas, el papel de la familia est谩 considerado generalmente como fundamental. El africano, abierto a este sentido de la familia, del amor y del respeto a la vida, ama a los hijos, que son acogidos con alegr铆a como un don de Dios. 芦 Todos los hijos e hijas de 脕frica aman la vida. Precisamente es el amor por la vida el que les manda atribuir una importancia tan grande a la veneraci贸n por los antepasados. Creen instintivamente que los muertos contin煤an viviendo y desean permanecer en comuni贸n con ellos. De alg煤n modo, no es 茅sta una preparaci贸n para la fe en la comuni贸n de los Santos? Los pueblos de 脕frica respetan la vida que es concebida y nace. Se alegran de esta vida. Rechazan la idea de que pueda ser aniquilada, incluso cuando las llamadas "civilizaciones desarrolladas" quieren inducirlos a esto. Y las pr谩cticas hostiles a la vida se les imponen por medio de sistemas econ贸micos al servicio del ego铆smo de los ricos 禄 50 . Los africanos manifiestan respeto por la vida hasta su t茅rmino natural y reservan dentro de la familia un puesto a los ancianos y a los parientes.

Las culturas africanas tienen un agudo sentido de la solidaridad y de la vida comunitaria. No se concibe en 脕frica una fiesta que no sea compartida con todo el poblado. De hecho, la vida comunitaria en las sociedades africanas es expresi贸n de la gran familia. Con ardiente deseo oro y pido que se ore para que 脕frica conserve siempre esta preciosa herencia cultural y nunca sucumba a la tentaci贸n del individualismo, tan extra帽o a sus mejores tradiciones.

Algunas opciones de los pueblos africanos

44. Aunque no hay que minimizar en absoluto los aspectos tr谩gicos de la situaci贸n africana antes citados, vale la pena recordar aqu铆 algunas realidades positivas de los pueblos del continente que merecen ser alabadas y alentadas. Por ejemplo, los Padres sinodales en su Mensaje al Pueblo de Dios han recordado con alegr铆a el inicio del proceso democr谩tico en tantos pa铆ses africanos y han auspiciado que se consolide y desaparezcan pronto los obst谩culos y resistencias al Estado de derecho, mediante la colaboraci贸n de todos los protagonistas y gracias a su sentido del bien com煤n 51 .

Los 芦 vientos de cambio 禄 soplan con fuerza en muchos lugares del continente y el pueblo pide cada vez con m谩s insistencia el reconocimiento y la promoci贸n de los derechos y libertades del ser humano. Al respecto, se帽alo con satisfacci贸n que la Iglesia en 脕frica, fiel a su vocaci贸n, est谩 decididamente al lado de los oprimidos, de los pueblos sin voz y de los marginados. La animo firmemente a continuar dando este testimonio. La opci贸n preferencial por los pobres es 芦 una forma especial de primac铆a en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradici贸n de la Iglesia... Esta preocupaci贸n acuciante por los pobres 鈥攓ue, seg煤n la significativa f贸rmula, son "los pobres del Se帽or"鈥� debe traducirse, a todos los niveles, en acciones concretas hasta alcanzar decididamente algunas reformas necesarias 禄 52 .

45. A pesar de la pobreza y de los pocos medios disponibles, la Iglesia en 脕frica tiene un papel de primer orden en lo referente al desarrollo humano integral; sus notables realizaciones en este campo son reconocidas frecuentemente por los gobiernos y por los expertos internacionales.

La Asamblea especial para 脕frica expres贸 su profundo agradecimiento 芦 a todos los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan en el campo de la asistencia y de la promoci贸n humana con Caritas y otras organizaciones para el desarrollo 禄 53 . La asistencia que ellos, como buenos Samaritanos, dan a las v铆ctimas africanas de las guerras y cat谩strofes, a los refugiados y pr贸fugos, merece admiraci贸n, reconocimiento y apoyo por parte de todos.

Siento el deber de expresar viva gratitud a la Iglesia en 脕frica por el papel que ha desarrollado, a lo largo de los a帽os, en favor de la paz y la reconciliaci贸n en no pocas situaciones de conflicto, desorden pol铆tico o guerra civil.

II. Problemas actuales de la Iglesia en 脕frica

46. Los Obispos de 脕frica se encuentran frente a dos interrogantes fundamentales: La Iglesia, c贸mo debe desarrollar su misi贸n evangelizadora al aproximarse el a帽o 2000? Los cristianos africanos, c贸mo podr谩n ser testigos cada vez m谩s fieles del Se帽or Jes煤s? Para ofrecer adecuadas respuestas a estos interrogantes los Obispos, antes y durante la Asamblea especial, han examinado los principales desaf铆os que debe afrontar hoy la comunidad eclesial africana.

Evangelizaci贸n en profundidad

47. El primer y fundamental dato puesto de relieve por los Padres sinodales es la sed de Dios de los pueblos africanos. Para no defraudar esta expectativa, los miembros de la Iglesia deben ante todo profundizar su fe 54 . En efecto, la Iglesia, precisamente porque es evangelizadora, debe comenzar 芦 por evangelizarse a s铆 misma 禄 55 . Es necesario que afronte el desaf铆o derivado de 芦 este tema de la Iglesia que se evangeliza, a trav茅s de una conversi贸n y una renovaci贸n constantes, para evangelizar el mundo de manera cre铆ble 禄 56 .

El S铆nodo ha visto la urgencia de proclamar en 脕frica la Buena Nueva a millones de personas todav铆a no evangelizadas. La Iglesia respeta y estima ciertamente las religiones no-cristianas profesadas por numeros铆simas personas en el continente africano, porque constituyen la expresi贸n viva del esp铆ritu de amplios sectores de la poblaci贸n, aunque 芦 ni el respeto ni la estima hacia estas religiones, ni la complejidad de las cuestiones planteadas implican para la Iglesia una invitaci贸n a silenciar ante los no cristianos el anuncio de Jesucristo. Al contrario, la Iglesia piensa que estas multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo (cf. Ef 3, 8) dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad 禄 57 .

48. Los Padres sinodales afirman con raz贸n que 芦 un profundo inter茅s por una inculturaci贸n verdadera y equilibrada de este mismo Evangelio resulta necesario para evitar la confusi贸n y la alienaci贸n en nuestra sociedad, que est谩 sufriendo una r谩pida evoluci贸n 禄 58 . Al visitar Malawi, en 1989, tuve ocasi贸n de decir: 芦 Pongo hoy ante vosotros un desaf铆o, un desaf铆o a que rechac茅is un camino de vida que no corresponda con lo mejor de vuestras tradiciones locales y de vuestra fe cristiana. Mucha gente en 脕frica mira m谩s all谩 de 脕frica, hacia la llamada "libertad del estilo moderno de vida". Hoy os urjo a que mir茅is dentro de vosotros mismos. Mirad a las riquezas de vuestras tradiciones, mirad a la fe que estamos celebrando en esta asamblea. Aqu铆 encontrar茅is la libertad genuina, encontrar茅is aqu铆 a Cristo que os guiar谩 hacia la verdad 禄 59 .

Superaci贸n de las divisiones

49. Otro desaf铆o se帽alado por los Padres sinodales se refiere a las diversas formas de divisi贸n que es necesario superar gracias a una sincera pr谩ctica del di谩logo 60 . Con raz贸n se ha puesto de relieve que, dentro de las fronteras heredadas de las potencias coloniales, la coexistencia de grupos 茅tnicos, tradiciones, lenguas e incluso religiones diversas, a menudo encuentra obst谩culos debido a graves hostilidades rec铆procas. 芦 Las oposiciones tribales ponen a veces en peligro, si no la paz, al menos la b煤squeda del bien com煤n para el conjunto de la sociedad, creando as铆 dificultades a la vida de las Iglesias y a la acogida de pastores de otro origen 茅tnico 禄 61 . Por esto la Iglesia en 脕frica se siente interpelada por el deber preciso de superar dichas divisiones. Tambi茅n desde este punto de vista, la Asamblea especial ha subrayado la importancia del di谩logo ecum茅nico con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, as铆 como del di谩logo con la religi贸n tradicional africana y con el Islam. Adem谩s, los Padres se han preguntado con qu茅 medios se puede alcanzar dicha meta.

Matrimonio y vocaciones

50. Un desaf铆o importante, subrayado casi un谩nimemente por las Conferencias Episcopales de 脕frica en las respuestas a los Lineamenta, es el matrimonio cristiano y la vida familiar 62 . Lo que est谩 en juego es mucho: en efecto, 芦 el futuro del mundo y de la Iglesia pasa a trav茅s de la familia 禄 63 .

Otro tema fundamental que la Asamblea especial ha puesto de relieve es la atenci贸n de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada: es necesario discernirlas con sabidur铆a, acompa帽arlas con formadores capaces y controlar la calidad de la formaci贸n que se les ofrece. De la solicitud puesta en la soluci贸n de este problema depende que se realice la esperanza de un florecimiento de vocaciones misioneras africanas, como requiere el anuncio del Evangelio en cualquier parte del continente e incluso m谩s all谩 de sus confines.

Dificultades sociopol铆ticas

51. 芦 En 脕frica se siente muy vivamente esta exigencia de aplicaci贸n del Evangelio a la vida concreta. C贸mo se podr铆a anunciar a Cristo en ese inmenso continente, olvidando que coincide con una de las zonas m谩s pobres del mundo? C贸mo se podr铆a no tener en cuenta la historia, tejida de sufrimientos, de una tierra donde muchas naciones luchan a煤n contra el hambre, la guerra, las rivalidades raciales y tribales, la inestabilidad pol铆tica y la violaci贸n de los derechos humanos? Todo ello constituye un desaf铆o a la evangelizaci贸n 禄 64 .

Todos los documentos preparatorios, as铆 como las discusiones durante la Asamblea, han puesto ampliamente de relieve el hecho de que cuestiones como la pobreza creciente en 脕frica, la urbanizaci贸n, la deuda internacional, el comercio de armas, el problema de los refugiados y los pr贸fugos, los problemas demogr谩ficos y las amenazas que pesan sobre la familia, la emancipaci贸n de las mujeres, la propagaci贸n del SIDA, la supervivencia en algunos lugares de la pr谩ctica de la esclavitud, el etnocentrismo y la oposici贸n tribal, son parte de los desaf铆os fundamentales examinados por el S铆nodo.

Invasi贸n de los medios de comunicaci贸n social

52. Finalmente, la Asamblea especial se ha preocupado de los medios de comunicaci贸n social, cuesti贸n de enorme importancia porque se trata, al mismo tiempo, de instrumentos de evangelizaci贸n y medios de difusi贸n de una nueva cultura que necesita ser evangelizada 65 . Los Padres sinodales han constatado as铆 el triste hecho de que 芦 los pa铆ses subdesarrollados, en vez de transformarse en naciones aut贸nomas, preocupadas de su propia marcha hacia la justa participaci贸n en los bienes y servicios destinados a todos, se convierten en piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco. Esto sucede a menudo en el campo de los medios de comunicaci贸n social, los cuales, al estar dirigidos mayormente por centros de la parte Norte del mundo, no siempre tienen en la debida consideraci贸n las prioridades y los problemas propios de estos pa铆ses, ni respetan su fisonom铆a cultural; a menudo, imponen una visi贸n desviada de la vida y del hombre y as铆 no responden a las exigencias del verdadero desarrollo 禄 66 .

III. Formaci贸n de los agentes de la evangelizaci贸n

53. Con qu茅 recursos la Iglesia en 脕frica lograr谩 superar los desaf铆os apenas mencionados? 芦 El m谩s importante, despu茅s de la gracia de Cristo, es el pueblo. El Pueblo de Dios 鈥攅ntendido en el sentido teol贸gico de la Lumen gentium, un pueblo que abarca a los miembros del Cuerpo de Cristo en su totalidad鈥� ha recibido el mandato, que es al mismo tiempo un honor y un deber, de proclamar el mensaje evang茅lico (...). Es preciso preparar, motivar y fortalecer a toda la comunidad para la evangelizaci贸n, a cada uno seg煤n su funci贸n espec铆fica dentro de la Iglesia 禄 67 . Por esto, el S铆nodo ha puesto fuertemente el acento en la formaci贸n de los agentes de la evangelizaci贸n en 脕frica. Ya he recordado la necesidad de la formaci贸n apropiada de los candidatos al sacerdocio y de quienes son llamados a la vida consagrada. La Asamblea ha prestado igualmente debida atenci贸n a la formaci贸n de los fieles laicos, reconociendo su papel insustituible en la evangelizaci贸n de 脕frica. En particular, se ha puesto justamente el acento en la formaci贸n de los catequistas laicos.

54. Se impone una 煤ltima pregunta: la Iglesia en 脕frica ha formado suficientemente a los laicos para que asuman con competencia sus responsabilidades civiles y consideren los problemas de orden sociopol铆tico a la luz del Evangelio y de la fe en Dios? Esto es seguramente un cometido que interpela a los cristianos: ejercer en el tejido social un influjo dirigido a transformar no solamente las mentalidades, sino las mismas estructuras de la sociedad, de modo que se reflejen mejor los designios de Dios sobre la familia humana. Precisamente por esto he propuesto para los laicos una formaci贸n completa que les ayude a llevar una vida plenamente coherente. La fe, la esperanza y la caridad no pueden dejar de orientar el comportamiento del aut茅ntico disc铆pulo de Cristo en cualquier actividad, situaci贸n y responsabilidad. Puesto que 芦 evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad 禄 68 , los cristianos deben ser formados para que vivan las exigencias sociales del Evangelio, de modo que su testimonio se convierta en un desaf铆o prof茅tico ante todo lo que perjudica el verdadero bien de los hombres y de las mujeres de 脕frica, como de cualquier otro continente.

CAP脤TULO III EVANGELIZACI脫N E INCULTURACI脫N

Misi贸n de la Iglesia

55. 芦 Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci贸n 禄 (Mc 16, 15). 脡ste es el mandato que, antes de subir al Padre, Cristo resucitado dej贸 a los Ap贸stoles: 芦 Ellos salieron a predicar por todas partes... 禄 (Mc 16, 20).

芦 La tarea de la evangelizaci贸n de todos los hombres, constituye la misi贸n esencial de la Iglesia (...). Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocaci贸n propia de la Iglesia, su identidad m谩s profunda. Ella existe para evangelizar 69 . La Iglesia, nacida de la acci贸n evangelizadora de Jes煤s y de los Doce, es a su vez enviada, 芦 depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada (...). La Iglesia comienza por evangelizarse a s铆 misma 禄. En lo sucesivo, 芦 la Iglesia misma env铆a a los evangelizadores. Ella pone en su boca la Palabra que salva 禄 70 . Como el Ap贸stol de los gentiles, la Iglesia puede decir: 芦 Predicar el Evangelio (...) es un deber que me incumbe. Y !ay de m铆 si no predicara el Evangelio! 禄 (1 Cor 9, 16).

La Iglesia anuncia la Buena Nueva no s贸lo a trav茅s de la proclamaci贸n de la palabra que ha recibido del Se帽or, sino tambi茅n mediante el testimonio de la vida, gracias al cual los disc铆pulos de Cristo dan raz贸n de la fe, de la esperanza y del amor que hay en ellos (cf. 1 Pe 3, 15).

Este testimonio que el cristiano da de Cristo y del Evangelio puede llegar hasta el sacrificio supremo: el martirio (cf. Mc 8, 35). En efecto, la Iglesia y el cristiano anuncian a Aquel que es 芦 se帽al de contradicci贸n 禄 (Lc 2, 34). Proclaman a 芦 un Cristo crucificado: esc谩ndalo para los jud铆os, necedad para los gentiles 禄 (1 Cor 1, 23). Como he dicho antes, adem谩s de los ilustres m谩rtires de los primeros siglos, 脕frica puede gloriarse de sus m谩rtires y santos de la 茅poca moderna.

La evangelizaci贸n tiene por objeto 芦 transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad 禄 71 . En el Hijo 煤nico, y por medio de 脡l, se renovar谩n las relaciones de los hombres con Dios, con los dem谩s hombres, con la creaci贸n entera. Por eso el anuncio del Evangelio puede contribuir a la transformaci贸n interior de todas las personas de buena voluntad que tienen el coraz贸n abierto a la acci贸n del Esp铆ritu Santo.

56. Testimoniar el Evangelio con la palabra y con las obras: 茅sta es la consigna que la Asamblea 脡special para 脕frica del S铆nodo de los Obispos ha recibido y transmite ahora a la Iglesia del continente. 芦 Ser茅is mis testigos 禄 (Hch 1, 8): esto es lo importante, 茅stos deber谩n ser en 脕frica los frutos del S铆nodo en cada 谩mbito de la vida humana.

La Iglesia en 脕frica, tierra que ha llegado a ser 芦 nueva Patria de Cristo 禄 72 , nacida de la predicaci贸n de valientes Obispos y sacerdotes misioneros, ayudada eficazmente por los catequistas 鈥斅� esa multitud tan benem茅rita de la obra de las misiones entre los gentiles 禄鈥� 73 , es ya responsable de la misi贸n en el continente y en el mundo: 芦 脕fricanos, sois ya misioneros de vosotros mismos 禄, dec铆a en Kampala mi predecesor Pablo VI 74 . Ya que la gran mayor铆a de los habitantes del continente africano no han recibido a煤n el anuncio de la Buena Nueva de la salvaci贸n, el S铆nodo recomienda que se favorezcan las vocaciones misioneras y pide que se fomenten y se apoye activamente el ofrecimiento de oraciones, sacrificios y ayudas concretas en favor del trabajo misionero de la Iglesia 75 .

Anuncio

57. 芦 El S铆nodo recuerda que evangelizar es anunciar por medio de la palabra y la vida la Buena Nueva de Jesucristo, crucificado, muerto y resucitado, camino, verdad y vida 禄 76 . A 脕frica, apremiada en todas partes por g茅rmenes de odio y violencia, por conflictos y guerras, los evangelizadores deben proclamar la esperanza de la vida fundamentada en el misterio pascual. Justo cuando, humanamente hablando, su vida parec铆a destinada al fracaso, Jes煤s instituy贸 la Eucarist铆a, 芦 prenda de la gloria eterna 禄 77 , para perpetuar en el tiempo y en el espacio su victoria sobre la muerte. Por esto la Asamblea 脡special para 脕frica, en este per铆odo en que el continente africano bajo algunos aspectos est谩 en situaciones cr铆ticas, ha querido presentarse como 芦 S铆nodo de la resurrecci贸n, S铆nodo de la esperanza (...). 隆Cristo, nuestra esperanza, vive y nosotros tambi茅n viviremos! 禄 78 . 隆脕frica no est谩 orientada a la muerte, sino a la vida!

Es necesario, pues, 芦 que la nueva evangelizaci贸n est茅 centrada en el encuentro con la persona viva de Cristo 禄 79 . 芦 El primer anuncio debe tender, por tanto, a hacer que todos vivan esa experiencia transformadora y entusiasmante de Jesucristo, que llama a seguirlo en una aventura de fe 禄 80 . Tarea, 茅sta, singularmente facilitada por el hecho de que 芦 el africano cree en Dios creador a partir de su vida y de su religi贸n tradicional. Est谩, pues, abierto tambi茅n a la plena y definitiva revelaci贸n de Dios en Jesucristo, Dios con nosotros, Verbo hecho carne. Jes煤s, Buena Nueva, es Dios que salva al africano (...) de la opresi贸n y de la esclavitud 禄 81 .

La evangelizaci贸n debe abarcar 芦 al hombre y a la sociedad en todos los niveles de su existencia. Se manifiesta en diversas actividades, en particular en aqu茅llas tomadas espec铆ficamente en consideraci贸n por el S铆nodo: anuncio, inculturaci贸n, di谩logo, justicia y paz, medios de comunicaci贸n social 禄 82 .

Para que esta misi贸n se logre plenamente es necesario actuar de modo que 芦 en la evangelizaci贸n el recurso al Esp铆ritu Santo sea insistente, para que se realice un continuo Pentecost茅s, en el que Mar铆a, como en el primero, tenga su lugar 禄 83 . En efecto, el Esp铆ritu Santo gu铆a a la Iglesia hacia la verdad completa (cf. Jn 16, 13) y le permite ir al encuentro del mundo para testimoniar a Cristo con segura confianza.

58. La palabra que sale de la boca de Dios es viva y eficaz, no vuelve nunca a 脡l de vac铆o (cf. Is 55, 11; Hb 4, 12-13). Es necesario, pues, proclamarla sin descanso, insistir 芦 a tiempo y a destiempo... con toda paciencia y doctrina 禄 (2 Tm 4, 2). La Palabra de Dios escrita, confiada en primer lugar a la Iglesia, 芦 no puede interpretarse por cuenta propia 禄 (2 Pe 1, 20); corresponde a la Iglesia ofrecer su interpretaci贸n aut茅ntica 84 .

Para hacer que la Palabra de Dios sea conocida, amada, meditada y conservada en el coraz贸n de los fieles (cf. Lc 2, 19.51), es necesario intensificar los esfuerzos para facilitar el acceso a la Sagrada Escritura, especialmente mediante traducciones completas o parciales de la Biblia, realizadas en lo posible en colaboraci贸n con las dem谩s Iglesias y Comunidades eclesiales y acompa帽adas con gu铆as de lectura para la oraci贸n, el estudio en familia o en comunidad. Se debe promover adem谩s la formaci贸n b铆blica del clero, religiosos, catequistas y laicos en general; preparar adecuadas celebraciones de la Palabra; favorecer el apostolado b铆blico con la ayuda del Centro B铆blico para 脕frica y Madagascar y de otras estructuras semejantes, que se han de fomentar a todos los niveles. En resumen, se procurar谩 poner la Sagrada Escritura en las manos de todos los fieles desde la infancia 85 .

Urgencia y necesidad de la inculturaci贸n

59. Los Padres sinodales han se帽alado en varias ocasiones la importancia particular que para la evangelizaci贸n tiene la inculturaci贸n, es decir, el proceso mediante el cual 芦 la catequesis "se encarna" en las diferentes culturas 禄 86 . La inculturaci贸n comprende una doble dimensi贸n: por una parte, 芦 una 铆ntima transformaci贸n de los aut茅nticos valores culturales mediante su integraci贸n en el cristianismo 禄 y, por otra, 芦 la radicaci贸n del cristianismo en las diversas culturas humanas 禄 87 . El S铆nodo considera la inculturaci贸n como una prioridad y una urgencia en la vida de las Iglesias particulares para que el Evangelio arraigue realmente en 脕frica 88 ; 芦 una exigencia de la evangelizaci贸n 禄 89 ; 芦 un camino hacia una plena evangelizaci贸n 禄 90 ; uno de los desaf铆os mayores para la Iglesia en el continente a las puertas del tercer milenio 91 .

Fundamentos teol贸gicos

60. 芦 Pero, al llegar la plenitud de los tiempos 禄 (Gal 4, 4), el Verbo, segunda Persona de la Sant铆sima Trinidad, Hijo 煤nico de Dios, 芦 se encarn贸 por obra del Esp铆ritu Santo en el seno de la Virgen Mar铆a y se hizo hombre 禄 92 . Es el misterio sublime de la Encarnaci贸n del Verbo, misterio que tuvo lugar en la historia: en circunstancias de tiempo y espacio bien definidas, en medio de un pueblo con una cultura propia, que Dios hab铆a elegido y acompa帽ado a lo largo de toda la historia de salvaci贸n con el fin de mostrar, mediante cuanto obraba en 茅l, lo que quer铆a hacer por todo el g茅nero humano.

Demostraci贸n evidente del amor de Dios hacia los hombres (cf. Rm 5, 8), Jesucristo, con su vida, con la Buena Nueva anunciada a los pobres, con su pasi贸n, muerte y gloriosa resurrecci贸n, llev贸 a cabo la remisi贸n de nuestros pecados y nuestra reconciliaci贸n con Dios, su Padre y, gracias a 脡l, nuestro Padre. La Palabra que la Iglesia anuncia es precisamente el Verbo de Dios hecho hombre, 脡l mismo sujeto y objeto de esta Palabra. La Buena Nueva es Jesucristo.

Como 芦 la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros 禄 (Jn 1, 14), as铆 la Buena Nueva, la palabra de Jesucristo anunciada a las naciones, debe penetrar en el ambiente de vida de sus oyentes. La inculturaci贸n es precisamente esta penetraci贸n del mensaje evang茅lico en las culturas 93 . En efecto, la Encarnaci贸n del Hijo de Dios, por ser total y concreta, fue tambi茅n encarnaci贸n en una cultura espec铆fica 94 .

61. Teniendo presente la relaci贸n estrecha y org谩nica entre Jesucristo y la palabra que anuncia la Iglesia, la inculturaci贸n del mensaje revelado tendr谩 que seguir la 芦 l贸gica 禄 propia del misterio de la Redenci贸n. En efecto, la Encarnaci贸n del Verbo no constituye un momento aislado sino que tiende hacia 芦 la Hora 禄 de Jes煤s y el misterio pascual: 芦 Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda 茅l solo; pero si muere, da mucho fruto 禄 (Jn 12, 24). 芦 Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraer茅 a todos hacia m铆 禄 (Jn 12, 32). Este anonadamiento de s铆 mismo, esta k茅nosis necesaria para la exaltaci贸n, itinerario de Jes煤s y de cada uno de sus disc铆pulos (cf. Flp 2, 6-9), es iluminador para el encuentro de las culturas con Cristo y su Evangelio. 芦 Cada cultura tiene necesidad de ser transformada por los valores del Evangelio a la luz del misterio pascual 禄 95 .

Es mirando al misterio de la Encarnaci贸n y de la Redenci贸n como se debe hacer el discernimiento de los valores y de los antivalores de las culturas. Como el Verbo de Dios se hizo en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, as铆 la inculturaci贸n de la Buena Nueva asume todos los valores humanos aut茅nticos purific谩ndolos del pecado y restituy茅ndolos a su pleno significado.

La inculturaci贸n tiene tambi茅n profundos v铆nculos con el misterio de Pentecost茅s; gracias a la efusi贸n y acci贸n del Esp铆ritu, que unifica dones y talentos, todos los pueblos de la tierra, al entrar en la Iglesia, viven un nuevo Pentecost茅s, profesan en su propia lengua la 煤nica fe en Jesucristo y proclaman las maravillas que el Se帽or ha realizado en ellos. El Esp铆ritu, que en el plano natural es la fuente originaria de la sabidur铆a de los pueblos, gu铆a con una luz sobrenatural a la Iglesia hacia el conocimiento de toda la Verdad. A su vez la Iglesia, asumiendo los valores de las diversas culturas, se hace 芦 sponsa ornata monilibus suis 禄, 芦 la novia que se adorna con sus aderezos 禄 (cf. Is 61, 10).

Criterios y 谩mbitos de la inculturaci贸n

62. Es una tarea dif铆cil y delicada, ya que pone a prueba la fidelidad de la Iglesia al Evangelio y a la Tradici贸n apost贸lica en la evoluci贸n constante de las culturas. Por ello los Padres sinodales observaron: 芦 Ante los r谩pidos cambios culturales, sociales, econ贸micos y pol铆ticos, nuestras Iglesias locales deben trabajar en un proceso de inculturaci贸n siempre renovado, respetando los dos criterios siguientes: la compatibilidad con el mensaje cristiano y la comuni贸n con la Iglesia universal (...). En todo caso se tratar谩 de evitar cualquier sincretismo 禄 96 .

芦 Como camino hacia una plena evangelizaci贸n, la inculturaci贸n trata de preparar al hombre para acoger a Jesucristo en la integridad de su propio ser personal, cultural, econ贸mico y pol铆tico, para la plena adhesi贸n a Dios Padre y para llevar una vida santa mediante la acci贸n del Esp铆ritu Santo 禄 97 .

Al dar gracias a Dios por los frutos que los esfuerzos de la inculturaci贸n han dado ya en la vida de las Iglesias del continente, particularmente en las antiguas Iglesias orientales de 脕frica, el S铆nodo ha recomendado 芦 a los Obispos y a las Conferencias Episcopales que tengan en cuenta que la inculturaci贸n engloba todos los 谩mbitos de la vida de la Iglesia y de la evangelizaci贸n: teolog铆a, liturgia, vida y estructura de la Iglesia. Todo esto muestra la necesidad de una b煤squeda en el 谩mbito de las culturas africanas en toda su complejidad 禄. Precisamente por eso el S铆nodo ha invitado a los Pastores 芦 a aprovechar al m谩ximo las m煤ltiples posibilidades que la disciplina actual de la Iglesia establece ya al respecto 禄 98 .

Iglesia como Familia de Dios

63. El S铆nodo no s贸lo ha hablado de la inculturaci贸n, sino que tambi茅n la ha aplicado concretamente, asumiendo como idea-gu铆a para la evangelizaci贸n de 脕frica la de Iglesia como Familia de Dios 99 . En ella los Padres sinodales han reconocido una expresi贸n de la naturaleza de la Iglesia particularmente apropiada para 脕frica. En efecto, la imagen pone el acento en la solicitud por el otro, la solidaridad, el calor de las relaciones, la acogida, el di谩logo y la confianza 100 . La nueva evangelizaci贸n tender谩 pues a edificar la Iglesia como Familia, excluyendo todo etnocentrismo y todo particularismo excesivo, tratando de promover por el contrario la reconciliaci贸n y la verdadera comuni贸n entre las diversas etnias, favoreciendo la solidaridad y el compartir tanto el personal como los recursos de las Iglesias particulares, sin consideraciones indebidas de orden 茅tnico 101 . 芦 Es de desear que los te贸logos elaboren la teolog铆a de la Iglesia-Familia con toda la riqueza contenida en este concepto, desarrollando su complementariedad mediante otras im谩genes de la Iglesia 禄 102 .

Esto supone una profunda reflexi贸n sobre el patrimonio b铆blico y tradicional que el Concilio Vaticano II ha recogido en la Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium. El admirable texto expone la doctrina sobre la Iglesia recurriendo a im谩genes, sacadas de la Sagrada Escritura, como Cuerpo m铆stico, Pueblo de Dios, templo del Esp铆ritu, reba帽o y redil, casa en la que Dios mora con los hombres. Seg煤n el Concilio, la Iglesia es esposa de Cristo y madre nuestra, ciudad santa y primicia del Reino futuro. Es necesario tener en cuenta estas sugestivas im谩genes al desarrollar, seg煤n la indicaci贸n del S铆nodo, una eclesiolog铆a centrada en el concepto de Iglesia-Familia de Dios 103 . Se podr谩 entonces apreciar en toda su riqueza y densidad la afirmaci贸n de la que parte la Constituci贸n conciliar: 芦 La Iglesia es en Cristo como el sacramento, o sea signo e instrumento de la uni贸n 铆ntima con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano 禄 104 .

Campos de aplicaci贸n

64. En la pr谩ctica, sin prejuicio alguno por las tradiciones propias de cada Iglesia, latina u oriental, 芦 se debe tender a la inculturaci贸n de la liturgia, teniendo cuidado de no cambiar nada de los elementos esenciales, de modo que el pueblo fiel pueda comprender y vivir mejor las celebraciones lit煤rgicas 禄 105 .

El S铆nodo ha afirmado adem谩s que, incluso cuando la doctrina es dif铆cilmente asimilable a pesar de un largo per铆odo de evangelizaci贸n, o bien, cuando su pr谩ctica supone serios problemas pastorales, sobre todo en la vida sacramental, es necesario permanecer fieles a la ense帽anza de la Iglesia y, al mismo tiempo, respetar a las personas en la justicia y con verdadera caridad pastoral. Partiendo de este principio, el S铆nodo ha expresado el deseo de que las Conferencias Episcopales, en colaboraci贸n con las Universidades y los Institutos cat贸licos, creen comisiones de estudio, especialmente sobre el matrimonio, la veneraci贸n de los antepasados y el mundo de los esp铆ritus, con objeto de examinar a fondo todos los aspectos culturales de estos problemas desde el punto de vista teol贸gico, sacramental, ritual y can贸nico 106 .

Di谩logo

65. 芦 La actitud de di谩logo es el modo de ser del cristiano tanto dentro de su comunidad, como en relaci贸n con los dem谩s creyentes y con los hombres y mujeres de buena voluntad 禄 107 . El di谩logo se ha de practicar ante todo dentro de la Iglesia- Familia, a todos los niveles: entre Obispos, Conferencias Episcopales o Asambleas de la Jerarqu铆a y Sede Apost贸lica, entre las Conferencias o Asambleas Episcopales de las diferentes naciones del mismo continente y las de los dem谩s continentes y, en cada Iglesia particular, entre el Obispo, presbiterio, personas consagradas, agentes pastorales y fieles laicos; as铆 como entre los diversos ritos dentro de la misma Iglesia. El S.C.E.A.M. procurar谩 tener 芦 estructuras y medios que garanticen el ejercicio de este di谩logo 禄 108 , en particular para favorecer una solidaridad pastoral org谩nica.

芦 Los cat贸licos, unidos a Cristo mediante su testimonio en 脕frica, est谩n invitados a desarrollar un di谩logo ecum茅nico con todos los hermanos bautizados de las dem谩s Confesiones cristianas, a fin de lograr la unidad por la que Cristo or贸, y de este modo su servicio a las poblaciones del continente haga el Evangelio m谩s cre铆ble a los ojos de cuantos y cuantas buscan a Dios 禄 109 . Este di谩logo podr谩 concretarse en iniciativas como la traducci贸n ecum茅nica de la Biblia, la profundizaci贸n teol贸gica de uno u otro aspecto de la fe cristiana, o incluso ofreciendo juntos un testimonio evang茅lico a favor de la justicia, la paz y el respeto de la dignidad humana. Para esto se procurar谩 crear comisiones nacionales y diocesanas de ecumenismo 110 . Juntos, los cristianos son responsables de dar testimonio del Evangelio en el continente. Los progresos del ecumenismo tienen tambi茅n como objetivo hacer que este testimonio sea m谩s eficaz.

66. 芦 El compromiso del di谩logo debe abarcar tambi茅n a los musulmanes de buena voluntad. Los cristianos no pueden olvidar que muchos musulmanes tratan de imitar la fe de Abraham y vivir las exigencias del Dec谩logo 禄 111 . A este respecto, el Mensaje del S铆nodo destaca que el Dios vivo, Creador del cielo y de la tierra y Se帽or de la historia, es el Padre de la gran familia humana que formamos. Como tal, quiere que demos testimonio de 脡l respetando los valores y las tradiciones religiosas propias de cada uno, trabajando juntos para la promoci贸n humana y el desarrollo en todos los niveles. Lejos de querer ser aqu茅l en cuyo nombre unos eliminan a otras personas, 脡l compromete a los creyentes a trabajar juntos al servicio de la justicia y la paz 112 . Se pondr谩, pues, particular atenci贸n en que el di谩logo islamo-cristiano respete por ambas partes el ejercicio de la libertad religiosa, con todo lo que esto comporta, incluidas tambi茅n las manifestaciones exteriores y p煤blicas de la fe 113 . Cristianos y musulmanes est谩n llamados a comprometerse en la promoci贸n de un di谩logo inmune de los riesgos derivados de un irenismo de mala ley o de un fundamentalismo militante, y levantando su voz contra pol铆ticas y pr谩cticas desleales, as铆 como contra toda falta de reciprocidad en relaci贸n con la libertad religiosa 114 .

67. En cuanto a la religi贸n tradicional africana, un di谩logo sereno y prudente podr谩, por una parte, proteger de influjos negativos que condicionan la misma forma de vida de muchos cat贸licos y, por otra, asegurar la asimilaci贸n de los valores positivos como la creencia en el Ser Supremo, Eterno, Creador, Providente y justo Juez que se armonizan bien con el contenido de la fe. 脡stos pueden ser vistos como una preparaci贸n al Evangelio, porque contienen preciosas semina Verbi capaces de llevar, como ya ha ocurrido en el pasado, a muchas personas a 芦 abrirse a la plenitud de la Revelaci贸n en Jesucristo por medio de la proclamaci贸n del Evangelio 禄 115 .

Por tanto, es necesario tratar con mucho respeto y estima a quienes se adhieren a la religi贸n tradicional, evitando todo lenguaje inadecuado e irrespetuoso. A este fin, en los centros de formaci贸n sacerdotal y religiosa se deben impartir oportunos conocimientos sobre la religi贸n tradicional 116 .

Desarrollo humano integral

68. El desarrollo humano integral 鈥攄esarrollo de todo hombre y de todo el hombre, especialmente de quien es m谩s pobre y marginado en la comunidad鈥� constituye el centro mismo de la evangelizaci贸n. 芦 Entre evangelizaci贸n y promoci贸n humana 鈥攄esarrollo, liberaci贸n鈥� existen efectivamente lazos muy fuertes. V铆nculos de orden antropol贸gico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y econ贸micos. Lazos de orden teol贸gico, ya que no se puede disociar el plan de la creaci贸n del plan de la Redenci贸n que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar. V铆nculos de orden eminentemente evang茅lico como es el de la caridad: en efecto, c贸mo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el aut茅ntico crecimiento del hombre? 禄 117 .

De ese modo, el Se帽or Jes煤s, cuando inaugur贸 su ministerio p煤blico en la sinagoga de Nazaret, eligi贸 para ilustrar su misi贸n el texto mesi谩nico del Libro de Isa铆as: 芦 El Esp铆ritu del Se帽or est谩 sobre m铆, por cuanto que me ha ungido el Se帽or. A anunciar la Buena Nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberaci贸n, y a los reclusos la libertad; a pregonar un a帽o de gracia del Se帽or 禄 (Lc 4, 18-19; cf. Is, 61 1-2).

El Se帽or se considera, pues, como enviado para aliviar la miseria de los hombres y combatir toda forma de marginaci贸n. Ha venido a liberar al hombre; ha venido a tomar nuestras flaquezas y a cargar con nuestras enfermedades: 芦 De hecho todo el ministerio de Jes煤s est谩 orientado a atender a cuantos, entorno a 脡l, estaban marcados por el sufrimiento: personas que sufr铆an, paral铆ticos, leprosos, ciegos, sordos, mudos (cf. Mt 8, 17) 禄 118 . 芦 No es posible aceptar que la obra de evangelizaci贸n pueda o deba olvidar las cuestiones extremadamente graves, tan debatidas hoy d铆a, que ata帽en a la justicia, a la liberaci贸n, al desarrollo y a la paz en el mundo 禄 119 : la liberaci贸n que la evangelizaci贸n anuncia 芦 no puede reducirse a la simple y estrecha dimensi贸n econ贸mica, pol铆tica, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios 禄 120 .

Afirma justamente el Concilio Vaticano II: 芦 La Iglesia, al buscar su propio fin salv铆fico, no s贸lo comunica al hombre la vida divina, sino que tambi茅n derrama su luz reflejada en cierto modo sobre todo el mundo, especialmente en cuanto que sana y eleva la dignidad de la persona humana, e impregna de un sentido y una significaci贸n m谩s profunda la actividad cotidiana de los hombres. La Iglesia cree que de esta manera, por medio de cada uno de sus miembros y de toda su comunidad, puede contribuir mucho a humanizar m谩s la familia de los hombres y la historia 禄 121 . La Iglesia anuncia y comienza a realizar el Reino de Dios siguiendo las huellas de Jes煤s, porque 芦 la naturaleza del Reino es la comuni贸n de todos los seres humanos entre s铆 y con Dios 禄 122 . As铆 芦 el Reino es fuente de plena liberaci贸n y de salvaci贸n total para los hombres: con 茅stos, pues, la Iglesia camina y vive, realmente y enteramente solidaria con su historia 禄 123 .

69. La historia de los hombres asume su aut茅ntico sentido en la Encarnaci贸n del Verbo de Dios, que es el fundamento de la dignidad humana restaurada. El hombre ha sido redimido por medio de Cristo, 芦 Imagen de Dios invisible, generado antes de toda criatura 禄 (Col 1, 15); m谩s a煤n, 芦 el Hijo de Dios, con su Encarnaci贸n, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre 禄 124 . C贸mo no exclamar con san Le贸n Magno: 芦 隆Cristiano, toma conciencia de tu dignidad! 禄 125 .

Anunciar a Cristo es, pues, revelar al hombre su dignidad inalienable, que Dios ha rescatado mediante la Encarnaci贸n de su Hijo 煤nico. El Concilio Vaticano II prosigue as铆: 芦 Al haberse confiado a la Iglesia la manifestaci贸n del misterio de Dios, que es el fin 煤ltimo del hombre, ella misma descubre al hombre el sentido de su propia existencia, es decir, la verdad 铆ntima sobre el hombre 禄 126 .

Dotado de esta incomparable dignidad, el hombre no puede vivir en condiciones de vida social, econ贸mica, cultural y pol铆tica infrahumanas. 脡ste es el fundamento teol贸gico de la lucha por la defensa de la dignidad personal, por la justicia y la paz social, por la promoci贸n humana, la liberaci贸n y el desarrollo integral del hombre y de todos los hombres. Por ello, considerando esta dignidad, el desarrollo de los pueblos 鈥攄entro de cada naci贸n y en las relaciones internacionales鈥� debe realizarse de manera solidaria, como afirmaba del modo m谩s apropiado mi predecesor Pablo VI 127 . Precisamente en esta perspectiva pod铆a decir: 芦 El desarrollo es el nuevo nombre de la paz 禄 128 . Se puede, pues, afirmar con raz贸n que 芦 el desarrollo integral supone el respeto de la dignidad humana, la cual s贸lo puede realizarse en la justicia y la paz 禄 129 .

Ser la voz de quienes no tienen voz

70. Animados por la fe y la esperanza en la fuerza salv铆fica de Jes煤s, los Padres del S铆nodo concluyeron sus trabajos renovando el compromiso de aceptar el desaf铆o de ser instrumentos de salvaci贸n en los distintos 谩mbitos de la vida de los pueblos africanos. 芦 La Iglesia 鈥攄eclararon鈥� debe continuar ejerciendo su papel prof茅tico y ser la voz de quienes no tienen voz 禄 130 , para que en todas partes se reconozca la dignidad humana a cada persona y el hombre sea siempre el centro de todos los programas de gobierno. 芦 El S铆nodo (...) interpela la conciencia de los jefes de Estado y de los responsables del bien p煤blico, para que garanticen cada vez m谩s la liberaci贸n y el desarrollo arm贸nico de sus poblaciones 禄 131 . S贸lo con estas condiciones se construye la paz entre las naciones.

La evangelizaci贸n debe promover iniciativas que contribuyan a desarrollar y ennoblecer al hombre en su existencia espiritual y material. Se trata del desarrollo de todo hombre y de todo el hombre, considerado no s贸lo de modo aislado, sino tambi茅n y especialmente en el marco de un desarrollo solidario y armonioso de todos los miembros de una naci贸n y de todos los pueblos de la tierra 132 .

En suma, la evangelizaci贸n debe denunciar y combatir todo lo que envilece y destruye al hombre. 芦 Al ejercicio de este ministerio de evangelizaci贸n en el campo social, que es un aspecto de la funci贸n prof茅tica de la Iglesia, corresponde tambi茅n la denuncia de los males y de las injusticias. Pero conviene aclarar que el anuncio es siempre m谩s importante que la denuncia, y que 茅sta no puede prescindir de aqu茅l, que le brinda su verdadera consis tencia y la fuerza de su motivaci贸n m谩s alta 禄 133 .

Medios de comunicaci贸n social

71. 芦 Desde siempre Dios se caracteriza por su voluntad de comunicaci贸n. Lo realiza de modos diversos. Da el ser a todas las criaturas animadas o inanimadas. Establece particularmente con el hombre relaciones privilegiadas. "Muchas veces y de muchos modos habl贸 Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos 煤ltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo" (Hb 1, 1-2) 禄 134 . El Verbo de Dios es, por su naturaleza, palabra, di谩logo y comunicaci贸n. Ha venido a restaurar, de una parte, la comunicaci贸n y las relaciones entre Dios y los hombres, y, de otra, las de los hombres entre s铆.

Los medios de comunicaci贸n social han llamado la atenci贸n del S铆nodo bajo dos aspectos importantes y complementarios: como un universo cultural nuevo y naciente, y como un conjunto de instrumentos al servicio de la comunicaci贸n. Constituyen desde el inicio una cultura nueva que tiene su lenguaje propio y sobre todo sus valores y contravalores espec铆ficos. En este sentido tienen necesidad, como todas las culturas, de ser evangelizados 135 .

En efecto, en nuestros d铆as los medios de comunicaci贸n social constituyen no s贸lo un mundo, sino una cultura y una civilizaci贸n. Y la Iglesia es enviada tambi茅n a llevar la Buena Nueva de la salvaci贸n a este mundo. Los heraldos del Evangelio deben, pues, penetrar en ellos para impregnarse de esta nueva civilizaci贸n y cultura, con el fin de servirse oportunamente de la misma. 芦 El primer are贸pago del tiempo moderno es el mundo de la comunicaci贸n, que est谩 unificando a la humanidad y transform谩ndola 鈥攃omo suele decirse鈥� en una "aldea global". Los medios de comunicaci贸n social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientaci贸n e inspiraci贸n para los comportamientos individuales, familiares y sociales 禄 136 .

La formaci贸n para el uso de los medios de comunicaci贸n social es una necesidad, no s贸lo para quien anuncia el Evangelio, que debe entre otras cosas poseer el estilo de la comunicaci贸n, sino tambi茅n para el lector, el receptor y el telespectador que, formados para comprender este tipo de comunicaci贸n, deben saber asumir sus aportaciones con discernimiento y esp铆ritu cr铆tico.

En 脕frica, donde la tradici贸n oral es una de las caracter铆sticas de la cultura, esta formaci贸n tiene una importancia capital. Este tipo de comunicaci贸n debe recordar a los Pastores, especialmente a los Obispos y sacerdotes, que la Iglesia es enviada a hablar, a predicar el Evangelio mediante la palabra y los gestos. Ella no puede, pues, callar, bajo el riesgo de incumplir su misi贸n; a menos que, en ciertas circunstancias, el silencio mismo sea un modo de hablar y de testimoniar. Debemos, pues, anunciar siempre a tiempo y a destiempo (cf. 2 Tm 4, 2), pero teniendo como objetivo edificar en la caridad y en la verdad.

CAP脥TULO IV EN LA PERSPECTIVA DEL TERCER MILENIO CRISTIANO

I. Los desaf铆os actuales

72. La Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos ha sido convocada para que la Iglesia de Dios, extendida por el continente, reflexione sobre su misi贸n evangelizadora con vistas al tercer milenio, y prepare 芦 una org谩nica solidaridad pastoral en todo el territorio africano e islas adyacentes 禄 137 . Esta misi贸n implica, como se ha subrayado anteriormente, urgencias y desaf铆os, debidos a profundos y r谩pidos cambios de las sociedades africanas y a los efectos derivados de la expansi贸n de una civilizaci贸n planetaria.

Necesidad del Bautismo

73. La primera urgencia es naturalmente la evangelizaci贸n misma. Por un lado, la Iglesia debe asimilar y vivir cada vez mejor el mensaje que el Se帽or le ha confiado. Por otro, debe testimoniar y anunciar este mensaje a cuantos todav铆a no conocen a Jesucristo. En efecto, es para ellos que el Se帽or dijo a los Ap贸stoles: 芦 Id, pues, y haced disc铆pulos a todas las gentes 禄 (Mt 28, 19).

Como en Pentecost茅s, la predicaci贸n del kerigma tiene como finalidad natural llevar a quien escucha a la metanoia y a recibir el Bautismo: 芦 El anuncio de la Palabra de Dios tiende a la conversi贸n cristiana, es decir, a la adhesi贸n plena y sincera a Cristo y a su Evangelio mediante la fe 禄 138 . La conversi贸n a Cristo, adem谩s, 芦 est谩 relacionada con el bautismo, no s贸lo por la praxis de la Iglesia, sino por voluntad del mismo Cristo, que envi贸 a hacer disc铆pulos a todas las gentes y a bautizarlas (cf. Mt 28, 19); est谩 relacionada tambi茅n por la exigencia intr铆nseca de recibir la plenitud de la nueva vida en 茅l: 芦 En verdad, en verdad te digo: 鈥攅nse帽a Jes煤s a Nicodemo鈥� el que no nazca del agua y del Esp铆ritu, no puede entrar en el Reino de Dios 禄 (Jn 3, 5). En efecto, el bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios, nos une a Jesucristo y nos unge en el Esp铆ritu Santo: no es un mero sello de la conversi贸n, como un signo exterior que la demuestra y la certifica, sino que es un sacramento que significa y lleva a cabo este nuevo nacimiento por el Esp铆ritu; instaura v铆nculos reales e inseparables con la Trinidad; hace miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia 禄 139 . Por lo tanto, un itinerario de conversi贸n que no llegase al bautismo se quedar铆a a mitad de camino.

En verdad, los hombres de buena voluntad que, sin ninguna culpa por su parte, no reciben el anuncio evang茅lico, pero viven en armon铆a con su conciencia seg煤n la ley de Dios, ser谩n salvados por Cristo y en Cristo. De hecho, para todo ser humano existe siempre en acto la llamada de Dios, que espera ser reconocida y acogida (cf. 1 Tim 2, 4). Precisamente para facilitar este reconocimiento y esta acogida, a los disc铆pulos de Cristo se les pide que no descansen hasta que el gozoso mensaje de la salvaci贸n no sea llevado a todos.

Urgencia de la evangelizaci贸n

74. El Nombre de Jesucristo es el 煤nico por el cual nosotros podemos salvarnos (cf. Hch 4, 12). Ya que en 脕frica existen millones de personas a煤n no evangelizadas, la Iglesia se encuentra ante la tarea, necesaria y urgente, de proclamar la Buena Nueva a todos, y conducir a aquellos que escuchan al bautismo y a la vida cristiana. 芦 La urgencia de la actividad misionera brota de la radical novedad de vida, tra铆da por Cristo y vivida por sus disc铆pulos. Esta nueva vida es un don de Dios, y al hombre se le pide que lo acoja y desarrolle, si quiere realizarse seg煤n su vocaci贸n integral, en conformidad con Cristo 禄 140 . Esta nueva vida en la originalidad radical del Evangelio implica tambi茅n rupturas con las costumbres y la cultura de cualquier pueblo de la tierra, porque el Evangelio nunca es un producto interno de un determinado pa铆s, sino que siempre 芦 viene de fuera 禄, viene de lo Alto. Para los bautizados el gran desaf铆o es siempre la coherencia de una existencia cristiana conforme con los compromisos del Bautismo, que significa muerte al pecado y resurrecci贸n cotidiana a una vida nueva (cf. Rm 6, 4-5). Sin esta coherencia, los disc铆pulos de Cristo dif铆cilmente podr谩n ser 芦 sal de la tierra 禄 y 芦 luz del mundo 禄 (Mt 5, 13.14). Si la Iglesia en 脕frica se compromete con valent铆a y sin titubeos en este camino, la Cruz podr谩 ser plantada en todas las partes del continente para la salvaci贸n de los pueblos que no tienen miedo de abrir las puertas al Redentor.

Importancia de la formaci贸n

75. En todos los sectores de la vida eclesial la formaci贸n es de capital importancia. En efecto, nadie puede conocer realmente las verdades de fe que nunca ha tenido ocasi贸n de aprender, ni puede realizar obras para las que jam谩s ha sido educado. Por eso 芦 es preciso preparar, motivar y fortalecer a toda la comunidad para la evangelizaci贸n, a cada uno seg煤n su funci贸n espec铆fica dentro de la Iglesia 禄 141 . Esto vale tambi茅n para los Obispos, los presb铆teros, los miembros de Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apost贸lica, los de los Institutos seculares y para todos los fieles laicos.

La formaci贸n misionera debe ocupar un lugar privilegiado. Es 芦 obra de la Iglesia local con la ayuda de los misioneros y de sus Institutos, as铆 como de los miembros de las Iglesias j贸venes. Esta labor ha de ser entendida no como algo marginal, sino central en la vida cristiana 禄 142 .

El programa de formaci贸n incluir谩, de modo particular, la preparaci贸n de los laicos para desarrollar plenamente su papel de animaci贸n cristiana del orden temporal (pol铆tico, cultural, econ贸mico, social), que es compromiso caracter铆stico de la vocaci贸n secular del laicado. A este prop贸sito, se debe animar a laicos competentes y motivados a comprometerse en la acci贸n pol铆tica 143 , en la cual, mediante un ejercicio digno de los cargos p煤blicos, puedan 芦 procurar el bien com煤n y preparar al mismo tiempo el camino al Evangelio 禄 144 .

Profundizaci贸n de la fe

76. La Iglesia en 脕frica, para ser evangelizadora, debe comenzar 芦 por evangelizarse a s铆 misma... Tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmerso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los 铆dolos, necesita saber proclamar las grandezas de Dios 禄 145 .

Hoy en 脕frica 芦 la formaci贸n de la fe... ha quedado muy frecuentemente en el estadio elemental, y las sectas obtienen f谩cilmente ventajas de esta ignorancia 禄 146 . Por esto es urgente una seria profundizaci贸n de la fe, porque la r谩pida evoluci贸n de la sociedad ha hecho surgir nuevos desaf铆os, vinculados en particular a los fen贸menos de desarraigo familiar, urbanizaci贸n, desocupaci贸n, as铆 como a las m煤ltiples seducciones materialistas, a una cierta secularizaci贸n y a una especie de trauma intelectual que provoca la avalancha de ideas insuficientemente cribadas, difundidas por los medios de comunicaci贸n social 147 .

La fuerza del testimonio

77. La formaci贸n debe tratar de dar a los cristianos no solamente una preparaci贸n t茅cnica para transmitir mejor los contenidos de la fe, sino tambi茅n una convicci贸n personal profunda para testimoniarlos eficazmente en la vida. Por tanto, todos los que son llamados a proclamar el Evangelio procurar谩n actuar con total docilidad al Esp铆ritu, el cual 芦 hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, act煤a en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por 脡l 禄 148 . 芦 Las t茅cnicas de evangelizaci贸n son buenas, pero ni las m谩s perfeccionadas podr铆an reemplazar la acci贸n discreta del Esp铆ritu. La preparaci贸n m谩s refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin 脡l. Sin 脡l, la dial茅ctica m谩s convincente es impotente sobre el esp铆ritu de los hombres. Sin 脡l, los esquemas m谩s elaborados sobre bases sociol贸gicas o psicol贸gicas se revelan pronto desprovistos de todo valor 禄 149 .

Un verdadero testimonio por parte de los creyentes es hoy esencial en 脕frica para proclamar de manera aut茅ntica la fe. En particular, es necesario que den testimonio de un sincero amor rec铆proco. 芦 "脡sta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el 煤nico Dios verdadero, y al que t煤 has enviado, Jesucristo" (Jn 17,3). Fin 煤ltimo de la misi贸n es hacer part铆cipes de la comuni贸n que existe entre el Padre y el Hijo: los disc铆pulos deben vivir la unidad entre s铆, permaneciendo en el Padre y en el Hijo, para que el mundo conozca y crea (cf. Jn 17, 21-23). Es 茅ste un significativo texto misionero que nos hace entender que se es misionero ante todo por lo que se es, en cuanto Iglesia que vive profundamente la unidad en el amor, antes de serlo por lo que se dice o se hace 150 .

Inculturar la fe

78. Con la profunda convicci贸n de que 芦 la s铆ntesis entre cultura y fe no es solamente una exigencia de la cultura, sino tambi茅n de la fe 禄, porque 芦 una fe que no se hace cultura es una fe no acogida plenamente, no enteramente pensada, no fielmente vivida 禄 151 , la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos ha considerado la inculturaci贸n una prioridad y una urgencia en la vida de las Iglesias particulares en 脕frica: s贸lo as铆 el Evangelio podr谩 tener s贸lidas ra铆ces en las comunidades cristianas del continente. Siguiendo las ense帽anzas del Concilio Vaticano II 152 , los Padres sinodales han interpretado la inculturaci贸n como un proceso que comprende toda la vida cristiana 鈥攖eolog铆a, liturgia, costumbres, estructuras鈥�, sin cercenar obviamente el derecho divino y la gran disciplina de la Iglesia, enriquecida durante los siglos por extraordinarios frutos de virtud y de hero铆smo 153 .

El desaf铆o de la inculturaci贸n en 脕frica es hacer que los disc铆pulos de Cristo puedan asimilar cada vez mejor el mensaje evang茅lico, permaneciando fieles a todos los valores africanos aut茅nticos. Inculturar la fe en todos los sectores de la vida cristiana y humana se presenta, pues, como una tarea ardua, que para su realizaci贸n exige la asistencia del Esp铆ritu del Se帽or, que conduce a la Iglesia a la verdad plena (cf. Jn 16, 13).

Una comunidad reconciliada

79. El desaf铆o del di谩logo es, en el fondo, el desaf铆o de la transformaci贸n de las relaciones entre los hombres, entre las naciones y entre los pueblos en la vida religiosa, pol铆tica, econ贸mica, social y cultural. Es el desaf铆o del amor de Cristo por todos los hombres, amor que el disc铆pulo debe reflejar en su vida: 芦 En esto conocer谩n todos que sois disc铆pulos m铆os: si os ten茅is amor los unos a los otros 禄 (Jn 13, 35).

芦 La evangelizaci贸n contin煤a el di谩logo de Dios con la humanidad, un di谩logo que alcanza su v茅rtice en la persona de Jesucristo 禄 154 . Por medio de la Cruz, 脡l ha destruido en s铆 mismo la enemistad (cf. Ef 2, 16) que divide y aleja a los hombres unos de otros.

Ahora, no obstante la civilizaci贸n contempor谩nea de la 芦 aldea global 禄, en 脕frica como en otras partes del mundo el esp铆ritu de di谩logo, paz y reconciliaci贸n est谩 lejos de habitar en el coraz贸n de todos los hombres. Las guerras, conflictos, actitudes racistas y xen贸fobas a煤n dominan demasiado el mundo de las relaciones humanas.

La Iglesia en 脕frica siente la exigencia de ser para todos, gracias al testimonio ofrecido por sus hijos e hijas, lugar de aut茅ntica reconciliaci贸n. As铆, perdonados y reconciliados mutuamente, podr谩n llevar al mundo el perd贸n y la reconciliaci贸n que Cristo, nuestra Paz (cf. Ef 2, 14), ofrece a la humanidad mediante su Iglesia. En caso contrario, el mundo parecer铆a cada vez m谩s un campo de batalla, donde s贸lo cuentan los intereses ego铆stas y donde reina la ley de la fuerza, que aleja inevitablemente a la humanidad de la deseada civilizaci贸n del amor.

II. La familia

Evangelizaci贸n de la familia

80. 芦 El futuro del mundo y de la Iglesia pasa a trav茅s de la familia 禄 155 . En efecto, la familia no solamente es la primera c茅lula de la comunidad eclesial viva sino que lo es tambi茅n de la sociedad. En 脕frica, particularmente, la familia representa el pilar sobre el cual est谩 construido el edificio de la sociedad. Por esto el S铆nodo considera la evangelizaci贸n de la familia africana como una de las mayores prioridades, si se quiere que asuma, a su vez, el papel de sujeto activo en la perspectiva de la evangelizaci贸n de las familias por medio de las familias.

Desde el punto de vista pastoral, esto es un verdadero desaf铆o, dadas las dificultades de orden pol铆tico, econ贸mico, social y cultural que los n煤cleos familiares en 脕frica deben afrontar en el contexto de los grandes cambios de la sociedad contempor谩nea. Aun adoptando los valores positivos de la modernidad, la familia africana debe, por tanto, salvaguardar sus propios valores esenciales.

La Sagrada Familia como modelo

81. A este prop贸sito, la Sagrada Familia que, seg煤n el Evangelio (cf. Mt 2, 14-15), vivi贸 cierto tiempo en 脕frica, es 芦 prototipo y ejemplo de todas las familias cristianas 156 , modelo y fuente espiritual para cada familia cristiana 157 .

Recordando las palabras del Papa Pablo VI, peregrino a Tierra Santa, 芦 Nazaret es la escuela donde se es iniciado para comprender la vida de Jes煤s: la escuela del Evangelio (...). Aqu铆, en esta escuela, se comprende la necesidad de tener una disciplina espiritual (...) si queremos convertirnos en disc铆pulos de Cristo 禄 158 . En su profunda meditaci贸n sobre el misterio de Nazaret, Pablo VI invita a aprender una triple lecci贸n: silencio, vida familiar y trabajo. En la casa de Nazaret cada uno vive la propia misi贸n en perfecta armon铆a con los otros miembros de la Sagrada Familia.

Dignidad y papel del hombre y de la mujer

82. La dignidad del hombre y de la mujer deriva del hecho de que, al crear Dios el ser humano, 芦 a imagen de Dios le cre贸, var贸n y mujer los cre贸 禄 (Gn 1, 27). Tanto el hombre como la mujer han sido creados 芦 a imagen de Dios 禄, es decir, dotados de inteligencia y voluntad y, consecuentemente, de libertad. Lo demuestra el relato del pecado de los primeros padres (cf. Gn 3). El salmista canta as铆 la dignidad incomparable del hombre: 芦 Lo hiciste poco inferior a los 谩ngeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies 禄 (Sal 8, 6-7).

Creados el uno y el otro a imagen de Dios, el hombre y la mujer, aunque diferentes, son esencialmente iguales desde el punto de vista de su humanidad. 芦 Ambos desde el comienzo son personas, a diferencia de los dem谩s seres vivientes del mundo que los circunda. La mujer es otro "yo" en la humanidad com煤n 禄 159 y cada uno es una ayuda para el otro (cf. Gn 2, 18-25).

芦 Creando al hombre "var贸n y mujer", Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer, enriqueci茅ndolos con los derechos inalienables y con las responsabilidades que son propias de la persona humana 禄 160 . El S铆nodo ha deplorado las costumbres africanas y las pr谩cticas 芦 que privan a las mujeres de sus derechos y del respeto que les es debido 禄 161 , y ha pedido que la Iglesia en el continente se esfuerce en promover la salvaguardia de tales derechos.

Dignidad y papel del Matrimonio

83. Dios, Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, es Amor (cf. 1 Jn 4, 8). 芦 La comuni贸n entre Dios y los hombres halla su cumplimiento definitivo en Cristo Jes煤s, el Esposo que ama y se da como Salvador de la humanidad, uni茅ndola a s铆 como su cuerpo. 脡l revela la verdad original del matrimonio, la verdad del "principio" y, liberando al hombre de la dureza del coraz贸n, lo hace capaz de realizarla plenamente. Esta revelaci贸n alcanza su plenitud definitiva en el don de amor que el Verbo de Dios hace a la humanidad asumiendo la naturaleza humana, y en el sacrificio que Jesucristo hace de s铆 mismo en la cruz por su Esposa, la Iglesia. En este sacrificio se desvela enteramente el designio que Dios ha impreso en la humanidad del hombre y de la mujer desde su creaci贸n (cf. Ef 5, 32-33); el matrimonio de los bautizados se convierte as铆 en el s铆mbolo real de la nueva y eterna Alianza, sancionada con la sangre de Cristo 禄 162 .

El amor rec铆proco entre los esposos bautizados manifiesta el Amor de Cristo y de la Iglesia. Signo del Amor de Cristo, el Matrimonio es un sacramento de la Nueva Alianza: 芦 Los esposos son por tanto el recuerdo permanente, para la Iglesia, de lo que acaeci贸 en la cruz; son el uno para el otro y para los hijos, testigos de la salvaci贸n, de la que el sacramento les hace part铆cipes. De este acontecimiento de salvaci贸n el Matrimonio, como todo sacramento, es memorial, actualizaci贸n y profec铆a 禄 163 .

Por tanto, el Matrimonio es un estado de vida, un camino de santidad cristiana, una vocaci贸n que debe conducir a la resurrecci贸n gloriosa y al Reino, donde 芦 ni ellos tomar谩n mujer ni ellas marido 禄 (Mt 22, 30). Por esto, el Matrimonio exige un amor indisoluble; gracias a esta estabilidad, puede contribuir eficazmente a realizar totalmente la vocaci贸n bautismal de los esposos.

Salvar la familia africana

84. Han sido muchas las intervenciones en el aula del S铆nodo que han puesto de relieve las amenazas que actualmente acechan a la familia africana. Las preocupaciones de los Padres sinodales eran muy justificadas, puesto que el documento preparatorio de la Conferencia de las Naciones Unidas, que tuvo lugar en septiembre de 1994 en El Cairo, tierra africana, parec铆a claramente que quer铆a adoptar resoluciones en contraste con no pocos valores familiares africanos. Haciendo propias las preocupaciones manifestadas anteriormente por m铆 a la mencionada Conferencia y a los Jefes de Estado de todo el mundo 164 , los Padres sinodales dirigieron una apremiante llamada para que se salvaguarde la familia: 芦 隆No dej茅is 鈥攃lamaron鈥� que enga帽en a la familia africana precisamente en su tierra! 隆No dej茅is que el A帽o Internacional de la Familia se convierta en el a帽o de la destrucci贸n de la familia! 禄 165 .

La familia abierta a la sociedad

85. El matrimonio, por su naturaleza, transciende la pareja, ya que tiene la misi贸n especial de perpetuar la humanidad. Del mismo modo, la familia, por naturaleza, supera los l铆mites del hogar dom茅stico: est谩 orientada hacia la sociedad. 芦 La familia posee v铆nculos vitales y org谩nicos con la sociedad, porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su funci贸n de servicio a la vida. En efecto, de la familia nacen los ciudadanos, y 茅stos encuentran en ella la primera escuela de esas virtudes sociales, que son el alma de la vida y del desarrollo de la sociedad misma. As铆, la familia, en virtud de su naturaleza y vocaci贸n, lejos de encerrarse en s铆 misma, se abre a las dem谩s familias y a la sociedad, asumiendo su funci贸n social 禄 166 .

En esta l铆nea, la Asamblea especial para 脕frica afirma que el fin de la evangelizaci贸n es edificar la Iglesia como Familia de Dios, anticipaci贸n, aunque imperfecta, de su Reino en la tierra. Las familias cristianas de 脕frica llegar谩n a ser de este modo verdaderas 芦 iglesias dom茅sticas 禄, contribuyendo al progreso de la sociedad hacia una vida m谩s fraterna. Se producir谩 as铆 la transformaci贸n de las sociedades africanas mediante el Evangelio.

CAP脥TULO V 芦SER脡IS MIS TESTIGOS禄 EN 脕FRICA

Testimonio y santidad

86. Los desaf铆os se帽alados muestran lo oportuna que ha sido la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos: la tarea de la Iglesia en el continente es inmensa; para afrontarla es necesaria la colaboraci贸n de todos. El testimonio constituye su elemento central. Cristo interpela a sus disc铆pulos en 脕frica y les conf铆a el mandato que dio a los ap贸stoloes el d铆a de la Ascensi贸n: 芦 Ser茅is mis testigos 禄 (Hch 1, 8) en 脕frica.

87. El anuncio de la Buena Nueva con la palabra y las obras abre el coraz贸n de las personas al deseo de la santidad, de la configuraci贸n con Cristo. San Pablo, en la primera Carta a los Corintios, se dirige 芦 a los santificados en Cristo Jes煤s, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Se帽or nuestro 禄 (1, 2). La predicaci贸n del Evangelio tiene tambi茅n como objetivo la construcci贸n de la Iglesia de Dios, en la perspectiva de la llegada del Reino, que Cristo entregar谩 al Padre al final de los tiempos (cf. 1 Cor 15, 24).

芦 La entrada en el Reino de Dios pide un cambio de mentalidad (metanoia) y de comportamiento, y un testimonio de vida en palabras y obras, alimentado dentro de la Iglesia por la participaci贸n en los sacramentos, particularmente en la Eucarist铆a, sacramento de salvaci贸n 禄 167 .

La inculturaci贸n es un camino para la santidad, pues mediante aqu茅lla la fe penetra en la vida de las personas y de sus comunidades originarias. As铆 como en la Encarnaci贸n Cristo asumi贸 la naturaleza humana, excepto en el pecado, as铆 de manera an谩loga mediante la inculturaci贸n el mensaje cristiano asimila los valores de la sociedad a la que se anuncia, descartando lo que est谩 marcado por el pecado. En la medida en que una comunidad eclesial es capaz de integrar los valores positivos de una determinada cultura, se hace instrumento de su apertura a las dimensiones de la santidad cristiana. Una inculturaci贸n de la fe realizada con sabidur铆a purifica y eleva las culturas de los diversos pueblos.

Un papel importante, desde este punto de vista, corresponde a la liturgia. Como modo eficaz de proclamar y vivir los misterios de la salvaci贸n, puede contribuir v谩lidamente a elevar y enriquecer las manifestaciones espec铆ficas de la cultura de un determinado pueblo. Ser谩, pues, tarea de la autoridad competente cuidar la inculturaci贸n, seg煤n modelos de reconocido car谩cter art铆stico, de los elementos lit煤rgicos que, a la luz de las normas vigentes, pueden ser modificados 168 .

I. Agentes de la evangelizaci贸n

88. La evangelizaci贸n tiene necesidad de agentes. En efecto, 芦 c贸mo invocar谩n a aquel (el Se帽or) en quien no han cre铆do? C贸mo creer谩n en aquel a quien no han o铆do? C贸mo oir谩n sin que se les predique? Y c贸mo predicar谩n si no son enviados? 禄 (Rm 10, 14-15). El anuncio del Evangelio s贸lo puede realizarse plenamente con la aportaci贸n de todos los creyentes, a todos los niveles de la Iglesia, tanto universal como local.

Corresponde en primer lugar a esta 煤ltima, la Iglesia local bajo la responsabilidad del Obispo, coordinar la obra de la evangelizaci贸n, convocando a los fieles, confirm谩ndolos en la fe mediante la labor de los sacerdotes y catequistas, y sosteni茅ndolos en la realizaci贸n de sus respectivas misiones. A este fin, la di贸cesis debe crear las estructuras necesarias de encuentro, di谩logo y programaci贸n. Sirvi茅ndose de ellas el Obispo podr谩 orientar oportunamente el trabajo de los sacerdotes, religiosos y laicos, acogiendo los dones y carismas de cada uno para ponerlos al servicio de una pastoral actualizada e incisiva. En este sentido, ser谩n muy 煤tiles los diversos Consejos previstos por las normas vigentes del Derecho Can贸nico.

Comunidades eclesiales vivas

89. Los Padres sinodales reconocieron r谩pidamente que la Iglesia como Familia s贸lo puede dar su medida de Iglesia ramific谩ndose en comunidades suficientemente peque帽as que permitan estrechas relaciones humanas. Las caracter铆sticas de dichas comunidades fueron sintetizadas as铆 por la Asamblea: deben ser lugares donde se atienda en primer lugar a la propia evangelizaci贸n para despu茅s llevar la Buena Nueva a los dem谩s; por eso deben ser lugares de oraci贸n y de escucha de la Palabra de Dios; de responsabilizaci贸n de sus propios miembros; de aprendizaje de vida eclesial; de reflexi贸n sobre los distintos problemas humanos, a la luz del Evangelio. En ellas se deben comprometer sobre todo a vivir el amor universal de Cristo, que transciende las barreras de las solidaridades naturales de los clanes, tribus u otros grupos de inter茅s 169 .

Laicado

90. Se debe ayudar a los laicos a tomar cada vez m谩s conciencia del papel que deben ocupar en la Iglesia, reconociendo as铆 la misi贸n que les es propia como bautizados y confirmados, de acuerdo con la ense帽anza de la Exhortaci贸n apost贸lica postsinodal Christifideles laici 170 y de la Enc铆clica Redemptoris missio 171 . Deben, pues, ser preparados para esto mediante adecuados centros o escuelas de formaci贸n b铆blica y pastoral. Del mismo modo, los cristianos que ocupan puestos de responsabilidad deben ser preparados cuidadosamente para su actividad pol铆tica, econ贸mica y social con una s贸lida formaci贸n en la doctrina social de la Iglesia, para que sean testigos fieles del Evangelio en su 谩mbito de acci贸n 172 .

Catequistas

91. 芦 El papel de los catequistas ha sido y contin煤a siendo determinante en la fundaci贸n y extensi贸n de la Iglesia en 脕frica. El S铆nodo recomienda que los catequistas no s贸lo se beneficien de una perfecta preparaci贸n inicial (...), sino que contin煤en tambi茅n recibiendo una formaci贸n doctrinal y un apoyo moral y espiritual 禄 173 . Tanto los Obispos como los sacerdotes deben tener una consideraci贸n especial para sus catequistas, procurando que tengan condiciones dignas de vida y trabajo, de modo que puedan cumplir bien su misi贸n. Su labor debe ser reconocida y estimada dentro de la comunidad cristiana.

La familia

92. El S铆nodo ha hecho una llamada expl铆cita para que cada familia cristiana se convierta en 芦 un lugar privilegiado de testimonio evang茅lico 禄 174 , una verdadera 芦 iglesia dom茅stica 禄 175 , una comunidad que cree y evangeliza 176 , una comunidad en di谩logo con Dios 177 y generosamente abierta al servicio del hombre 178 . 芦 En el seno de la familia los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe 禄 179 . 芦 Aqu铆 es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, "en la recepci贸n de los sacramentos, en la oraci贸n y en la acci贸n de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras". El hogar es as铆 la primera escuela de la vida cristiana y "escuela del m谩s rico humanismo" 禄 180 .

Los padres deben preocuparse de la educaci贸n cristiana de sus hijos. Con la ayuda concreta de familias cristianas estables, serenas y comprometidas, las di贸cesis podr谩n planificar el apostolado familiar en el marco de la pastoral de conjunto. Como 芦 iglesia dom茅stica 禄, construida sobre s贸lidas bases culturales y sobre los ricos valores de la tradici贸n familiar africana, la familia cristiana est谩 llamada a ser una c茅lula v谩lida de testimonio cristiano en la sociedad marcada por r谩pidos y profundos cambios. El S铆nodo ha sentido esta llamada con particular urgencia en el contexto del A帽o de la Familia, que la Iglesia estaba celebrando entonces junto con toda la comunidad internacional.

J贸venes

93. La Iglesia en 脕frica sabe bien que la juventud no es s贸lo el presente, sino sobre todo el futuro de la humanidad. Es necesario, pues, ayudar a los j贸venes a superar los obst谩culos que frenan su desarrollo: el analfabetismo, la ociosidad, el hambre y la droga 181 . Para hacer frente a estos desaf铆os, se debe llamar a los j贸venes a ser evangelizadores de su ambiente. Nadie puede serlo mejor que ellos. Es necesario que la pastoral de la juventud est茅 presente de modo expl铆cito en el conjunto de la pastoral de las di贸cesis y de las parroquias, para ofrecer a los j贸venes la ocasi贸n de descubrir muy pronto el valor de la entrega de s铆 mismos, camino esencial para el desarrollo de la persona 182 . A este prop贸sito, la celebraci贸n de la Jornada Mundial de la Juventud se presenta como un medio privilegiado de pastoral de la juventud, que favorece su formaci贸n mediante la oraci贸n, el estudio y la reflexi贸n.

Hombres y mujeres consagrados

94. 芦 En una Iglesia Familia de Dios, la vida consagrada tiene un papel particular, no s贸lo para mostrar a todos una llamada a la santidad, sino tambi茅n para testimoniar la vida fraterna en la comunidad. Por consiguiente, se invita a los consagrados a responder a su vocaci贸n en esp铆ritu de

comuni贸n y de colaboraci贸n con los respectivos Obispos, con el clero y los laicos 禄 183 .

En las condiciones actuales de la misi贸n en 脕frica, urge la promoci贸n de vocaciones religiosas a la vida contemplativa y activa, haciendo en primer lugar selecciones prudentes y dando despu茅s una s贸lida formaci贸n humana, espiritual y doctrinal, apost贸lica y misionera, b铆blica y teol贸gica. Esta formaci贸n debe renovarse en el curso de los a帽os, con constancia y regularidad. Para la fundaci贸n de nuevos Institutos religiosos, se ha de proceder con gran prudencia y claro discernimiento, teniendo en cuenta los criterios indicados por el Concilio Vaticano II y las normas can贸nicas vigentes 184 . Los Institutos, una vez fundados, deben ser ayudados a adquirir la personalidad jur铆dica y a alcanzar la autonom铆a en la gesti贸n tanto de sus propias obras como de sus respectivos ingresos financieros.

La Asamblea sinodal, despu茅s de hacer presente que 芦 los Institutos religiosos que no tienen casas en 脕frica 禄 no deben sentirse autorizados a 芦 buscar nuevas vocaciones sin un di谩logo previo con el Ordinario del lugar 禄 185 , exhort贸 a los responsables de las Iglesias locales, y tambi茅n de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apost贸lica, a promover entre s铆 el di谩logo para crear, en el esp铆ritu de la Iglesia Familia, grupos mixtos que trabajen de acuerdo como testimonio de fraternidad y signo de unidad al servicio de la misi贸n com煤n 186 . En esta perspectiva, he acogido la invitaci贸n de los Padres sinodales a revisar tambi茅n, si es necesario, algunos puntos del documento Mutuae relationes 187 para una mejor definici贸n del papel de la vida religiosa en la Iglesia local 188 .

Futuros sacerdotes

95. 芦 Hoy m谩s que nunca 鈥攁firmaron los Padres sinodales鈥� hay que preocuparse de formar a los futuros sacerdotes en los verdaderos valores culturales de sus respectivos pa铆ses, en el sentido de la honestidad, responsabilidad y fidelidad a la palabra dada. Deben ser formados para que tengan las cualidades de representantes de Cristo, verdaderos servidores y animadores de comunidades cristianas (...) de modo que sean sacerdotes espiritualmente firmes y disponibles, entregados a la causa del Evangelio, capaces de administrar con trasparencia los bienes de la Iglesia y llevar una vida sencilla, de acuerdo con su ambiente 禄 189 . Aun respetando las tradiciones propias de las Iglesias orientales, se ha de formar a los seminaristas de modo 芦 que adquieran una verdadera madurez afectiva y tengan las ideas claras y una 铆ntima convicci贸n sobre el v铆nculo que hay entre el celibato y la castidad del sacerdote 禄 190 ; adem谩s, deben 芦 recibir una formaci贸n adecuada sobre el sentido y el lugar de la consagraci贸n a Cristo en el sacerdocio 禄 191 .

Di谩conos

96. All铆 donde las condiciones pastorales se presten a la estima y comprensi贸n de este antiguo ministerio en la Iglesia, las Conferencias y las Asambleas episcopales estudiaran los modos m谩s adecuados para promover y estimular el diaconado permanente 芦 como ministerio ordenado y tambi茅n como medio de evangelizaci贸n 禄 192 . Y donde ya existan los di谩conos, se procurar谩 ofrecerles una formaci贸n permanente org谩nica y completa.

Sacerdotes

97. La Asamblea sinodal, profundamente agradecida a todos los sacerdotes, diocesanos y miembros de Institutos, por la obra apost贸lica desarrollada por ellos, y consciente de las exigencias de la evangelizaci贸n de los pueblos de 脕frica y Madagascar, les exhort贸 a vivir la 芦 fidelidad a su vocaci贸n, en la entrega total de s铆 mismos a la misi贸n y en comuni贸n plena con el propio Obispo 禄 193 . Es un deber de los Obispos cuidar la formaci贸n permanente de los sacerdotes, sobre todo en los primeros a帽os de ministerio 194 , ayud谩ndolos especialmente a profundizar en el significado del sagrado celibado y perseverar en su fiel adhesi贸n al mismo, reconociendo 芦 el extraordinario don que Dios les ha dado, y que el Se帽or alaba tan claramente, y que tengan tambi茅n presentes los grandes misterios que se expresan y se realizan en 茅l 禄 195 . En este proceso formativo debe reservarse tambi茅n atenci贸n a los sanos valores del ambiente de vida de los sacerdotes. Es oportuno recordar, adem谩s, que el Concilio Vaticano II ha animado a los presb铆teros a llevar 芦 una cierta vida com煤n 禄, es decir una comunidad de vida manifestada de diversos modos sugeridos por las necesidades personales y pastorales concretas. Esto ayudar谩 a fomentar la vida espiritual e intelectual, la acci贸n apost贸lica y pastoral, la caridad y la solicitud rec铆proca, especialmente en relaci贸n con los sacerdotes ancianos, enfermos o en dificultad 196 .

Obispos

98. Los Obispos mismos deben tener gran cuidado en apacentar la Iglesia que Dios se adquiri贸 con la sangre de su propio Hijo, cumpliendo as铆 el encargo confiado a ellos por el Esp铆ritu Santo (cf. Hch 20, 28). Dedicados, seg煤n la recomendaci贸n conciliar, a 芦 prestar atenci贸n a su misi贸n apost贸lica como testigos de Cristo ante los hombres 禄 197 , deben ejercer personalmente, colaborando confiadamente con el presbiterio y con los dem谩s agentes pastorales, el insustituible servicio de la unidad en la caridad, atendiendo con solicitud los ministerios de la ense帽anza, de la santificaci贸n y del gobierno pastoral. Han de procurar atender adem谩s a la profundizaci贸n de su cultura teol贸gica y al afianzamiento de su vida espiritual, participando, en cuanto sea posible, en las jornadas de actualizaci贸n y de formaci贸n organizadas por las Conferencias episcopales o por la Sede Apost贸lica 198 . Nunca han de olvidar, en particular, la exhortaci贸n de san Gregorio Magno, seg煤n la cual el pastor es luz de sus fieles sobre todo por una conducta moral ejemplar e impregnada de santidad 199 .

II. Estructuras para la evangelizaci贸n

99. Es motivo de alegr铆a y consuelo constatar que 芦 los fieles laicos est谩n asociados cada vez m谩s a la misi贸n de la Iglesia en 脕frica y Madagascar 禄, gracias especialmente 芦 al dinamismo de los movimientos de acci贸n cat贸lica, de las asociaciones de apostolado y de los nuevos movimientos de espiritualidad 禄. Los Padres del S铆nodo han propiciado ardientemente que 芦 este impulso contin煤e y se desarrolle en todos los niveles del laicado, con los adultos, con los j贸venes y con los mismos ni帽os 禄 200 .

Parroquias

100. La parroquia es por su naturaleza el lugar habitual de vida y culto de los fieles. 脡stos pueden expresar y realizar all铆 las iniciativas que la fe y la caridad cristiana sugieren a la comunidad de los creyentes. La parroquia es el lugar donde se manifiesta la comuni贸n de los diversos grupos y movimientos, que encuentran en ella apoyo espiritual y material. Sacerdotes y laicos se deben comprometer para que la vida de la parroquia sea armoniosa, en el contexto de una Iglesia como Familia, donde todos son asiduos 芦 a la ense帽anza de los ap贸stoles, a la comuni贸n, a la fracci贸n del pan y a las oraciones 禄 (Hch 2, 42).

Movimientos y asociaciones

101. La uni贸n fraterna para un testimonio vivo del Evangelio debe ser tambi茅n la finalidad de los movimientos apost贸licos y de las asociaciones de car谩cter religioso. En efecto, los fieles laicos encuentran en ellos una ocasi贸n privilegiada para ser levadura en la masa (cf. Mt 13, 33), especialmente cuando se ocupan de las cosas temporales seg煤n Dios y en lo referente a la lucha por la promoci贸n de la dignidad humana, de la justicia y la paz.

Escuelas

102. 芦 Las escuelas cat贸licas son contempor谩neamente lugares de evangelizaci贸n, educaci贸n integral, inculturaci贸n y aprendizaje del di谩logo entre j贸venes de religiones y ambientes sociales diferentes 禄 201 . La Iglesia en 脕frica y en Madagascar debe ofrecer, por lo tanto, la propia contribuci贸n para la promoci贸n de la 芦 escuela para todos 202 禄 en el marco de la escuela cat贸lica, sin descuidar 芦 la educaci贸n cristiana de los alumnos de las escuelas no cat贸licas. Se procurar谩 facilitar a los universitarios un programa de formaci贸n religiosa correspondiente a su nivel de estudios 禄 203 . Todo esto supone obviamente la preparaci贸n humana, cultural y religiosa de los educadores mismos.

Universidades e Institutos Superiores

103. 芦 Las Universidades e Institutos Superiores cat贸licos en 脕frica tienen un papel importante en la proclamaci贸n de la Palabra salv铆fica de Dios. Son un signo del crecimiento de la Iglesia cuando incorporan en sus investigaciones las verdades y las experiencias de la fe y ayudan a interiorizarlas. Estos centros de estudio est谩n as铆 al servicio de la Iglesia, ofreci茅ndole personal bien preparado; estudiando importantes cuestiones teol贸gicas y sociales; desarrollando la teolog铆a africana; promoviendo el trabajo de inculturaci贸n especialmente en la celebraci贸n lit煤rgica; publicando libros y difundiendo el pensamiento cat贸lico; emprendiendo las investigaciones que les encargan los Obispos y contribuyendo a un estudio cient铆fico de las culturas 禄 204 .

En estos tiempos de profundos cambios sociales generalizados en el continente, la fe cristiana puede iluminar eficazmente la sociedad africana. 芦 Los centros culturales cat贸licos ofrecen a la Iglesia singulares posibilidades de presencia y acci贸n en el campo de los cambios culturales. En efecto, 茅stos son unos foros p煤blicos que permiten la amplia difusi贸n, mediante el di谩logo creativo, de convicciones cristianas sobre el hombre, la mujer, la familia, el trabajo, la econom铆a, la sociedad, la pol铆tica, la vida internacional y el ambiente 禄 205 . Son as铆 un lugar de escucha, de respeto y tolerancia.

Medios materiales

104. Precisamente en esta perspectiva, los Padres sinodales han puesto de relieve c贸mo es necesario que cada comunidad cristiana sea capaz de satisfacer por s铆 misma, en cuanto sea posible, las propias necesidades 206 . La evangelizaci贸n requiere, adem谩s de personal cualificado, medios materiales y financieros consistentes y las di贸cesis no siempre disponen de los mismos de modo suficiente. Por tanto, es urgente que las Iglesias particulares de 脕frica se propongan el objetivo de llegar cuanto antes a satisfacer ellas mismas sus necesidades, asegurando as铆 su autosuficiencia. Por lo cual, invito de modo apremiante a las Conferencias episcopales, a las di贸cesis y a todas las comunidades cristianas de las Iglesias del continente, en lo que es de su competencia, a comprometerse para que esta autosuficiencia sea cada vez m谩s real. Al mismo tiempo, dirijo una llamada a las Iglesias hermanas del mundo para que sostengan m谩s generosamente las Obras Misionales Pontificias, de manera que, mediante sus organismos de ayuda, puedan ofrecer a las di贸cesis necesitadas subsidios econ贸micos destinados a proyectos de inversi贸n, capaces de producir recursos que llevan a su progresiva autofinanciaci贸n 207 . Adem谩s, no se debe olvidar que una Iglesia puede llegar a la autosuficiencia material y financiera s贸lo si su pueblo no sufre condiciones de extrema miseria.

CAP脥TULO VI EDIFICAR EL REINO DE DIOS

Reino de justicia y de paz

105. El mandato de Jes煤s a sus disc铆pulos en el momento de ascender al cielo est谩 dirigido a la Iglesia de Dios de todos los tiempos y lugares. La Iglesia Familia de Dios en 脕frica debe testimoniar a Cristo tambi茅n mediante la promoci贸n de la justicia y de la paz en el continente y en el mundo entero. 芦 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos ser谩n llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos 禄 (Mt 5, 9-10), dice el Se帽or. El testimonio de la Iglesia debe estar acompa帽ado por el compromiso consciente de cada miembro del Pueblo de Dios por la justicia y la solidaridad. Esto es particularmente importante para los laicos que desempe帽an funciones p煤blicas, ya que este testimonio exige una actitud espiritual permanente y un estilo de vida en armon铆a con la fe cristiana.

Dimensi贸n eclesial del testimonio

106. Los Padres sinodales, subrayando la dimensi贸n eclesial de este testimonio, declararon solemnemente: 芦 La Iglesia deber seguir desarrollando su papel prof茅tico y ser la voz de los que no tienen voz 禄 208 .

Pero para realizar eficazmente esto, la Iglesia, como comunidad de fe, debe ser un testigo firme de la justicia y la paz incluso en sus estructuras y en las relaciones entre sus miembros. El Mensaje del S铆nodo declara valientemente: 芦 Las Iglesias de 脕frica han reconocido que, incluso en su interior, la justicia no siempre se respeta en relaci贸n con los que est谩n a su servicio. La Iglesia debe ser testigo de justicia y, por ello, reconoce que quien se atreva a hablar a los hombres de justicia debe esforzarse por ser justo a sus ojos. Por esto, es preciso examinar atentamente los actos, los bienes y el estilo de vida de la Iglesia 禄 209 .

Su apostolado, respecto a la promoci贸n de la justicia y, en particular, a la defensa de los derechos humanos fundamentales, no puede dejarse a la improvisaci贸n. Consciente del hecho de que en numerosos Pa铆ses de 脕frica se perpetran flagrantes violaciones de la dignidad y de los derechos del hombre, pido a las Conferencias episcopales que instituyan, donde todav铆a no existan, Comisiones 芦 Justicia y Paz 禄 en los diversos niveles. 脡stas deben sensibilizar a las comunidades cristianas en su responsabilidad evang茅lica sobre la defensa de los derechos humanos 210 .

107. Si el anuncio de la justicia y la paz es parte integrante de la tarea de evangelizaci贸n, de aqu铆 se deduce que la promoci贸n de estos valores debe tambi茅n formar parte del programa pastoral de cada comunidad cristiana. Por eso insisto en la necesidad de formar a todos los agentes pastorales de un modo adecuado para dicho apostolado: 芦 La formaci贸n del clero, religiosos y laicos, impartida en los campos propios de su apostolado, debe insistir en la doctrina social de la Iglesia. Cada uno, seg煤n su propio estado de vida, debe tomar conciencia de sus derechos y deberes, aprender el sentido y el servicio del bien com煤n, as铆 como los criterios de una honesta administraci贸n de los bienes p煤blicos y de una recta presencia en la vida pol铆tica, para poder intervenir as铆 de forma cre铆ble ante las injusticias sociales 禄 211 .

La Iglesia, como cuerpo organizado dentro de la comunidad y de la naci贸n, tiene el derecho y el deber de participar plenamente en la edificaci贸n de una sociedad justa y pac铆fica con todos los medios a su alcance. Es necesario recordar aqu铆 su apostolado en los campos de la educaci贸n, la atenci贸n sanitaria, la sensibilizaci贸n social y otros programas de asistencia. En la medida en que contribuye con estas actividades a reducir la ignorancia, a mejorar la salud p煤blica y a favorecer una mayor participaci贸n de todos en los problemas de la sociedad en esp铆ritu de libertad y corresponsabilidad, la Iglesia crea las condiciones para el progreso de la justicia y de la paz.

La sal de la tierra

108. En nuestros d铆as, en el marco de una sociedad pluralista, es sobre todo gracias al compromiso de los cat贸licos en la vida p煤blica como la Iglesia puede ejercer un influjo eficaz. Se espera de los cat贸licos, sean profesionales o profesores, empresarios o funcionarios, agentes de seguridad o pol铆ticos, que den testimonio de bondad, verdad, justicia y amor de Dios en sus actividades cotidianas. 芦 La tarea del laico (...) consiste en ser la sal de la tierra y la luz del mundo y, sobre todo, en los lugares donde s贸lo 茅l puede hacer presente a la Iglesia 禄 212 .

Colaborar con los dem谩s creyentes

109. La obligaci贸n de comprometerse en el desarrollo de los pueblos no es un deber s贸lo individual, y mucho menos individualista, como si fuera posible conseguirlo con los esfuerzos aislados de cada uno. Es un imperativo para cada hombre y mujer, as铆 como para las sociedades y las naciones; en particular, es un imperativo para la Iglesia cat贸lica y para las dem谩s Iglesias y Comunidades eclesiales, con las que los cat贸licos est谩n dispuestos a colaborar en este campo 213 . En este sentido, al igual que los cat贸licos invitan a los hermanos cristianos a participar en sus iniciativas, del mismo modo, acogiendo las invitaciones que reciben, se manifiestan disponibles a colaborar en las de ellos. Para favorecer el desarrollo integral del hombre los cat贸licos pueden hacer mucho incluso con los creyentes de las otras religiones, como en realidad ya est谩n haciendo en diversos lugares 214 .

Una buena gesti贸n de los asuntos p煤blicos

110. Los Padres del S铆nodo fueron un谩nimes al reconocer que el mayor desaf铆o para realizar la justicia y la paz en 脕frica consiste en administrar bien los asuntos p煤blicos en los campos de la pol铆tica y la econom铆a, relacionados entre s铆. Ciertos problemas tienen origen fuera del continente y, por este motivo, no est谩n completamente bajo el control de los gobernantes y dirigentes nacionales. Pero la Asamblea sinodal reconoci贸 que muchas problem谩ticas del continente son consecuencia de un modo de gobernar frecuentemente degenerado por la corrupci贸n. Es necesario un fuerte despertar de las conciencias, unido a una firme determinaci贸n de la voluntad para poner en acto las soluciones que ya no es posible dejar de lado.

Construir la naci贸n

111. En la vertiente pol铆tica, el arduo proceso de construcci贸n de unidades nacionales encuentra en el continente africano particulares obst谩culos, ya que la mayor parte de los Estados son entidades pol铆ticas relativamente recientes. Conciliar profundas diferencias, superar antiguas enemistades de naturaleza 茅tnica e integrarse en un orden mundial requiere una gran habilidad en el arte de gobernar. Por este motivo, la Asamblea sinodal elev贸 al Se帽or una ferviente oraci贸n para que en 脕frica surjan pol铆ticos 鈥攈ombres y mujeres鈥� santos; para que se tengan santos Jefes de Estado, que amen el propio pueblo hasta el fondo y que deseen servir antes que servirse 215 .

La v铆a del derecho

112. Los fundamentos de un buen gobierno deben establecerse sobre la s贸lida base de las leyes, que protejan los derechos y definan los deberes de los ciudadanos 216 . Con gran tristeza debo constatar que no pocas naciones africanas est谩n sufriendo todav铆a bajo reg铆menes autoritarios y opresivos, que niegan a sus s煤bditos la libertad personal y los derechos humanos fundamentales, de modo particular la libertad de asociaci贸n y de expresi贸n pol铆tica, y el derecho de elegir a sus propios gobernantes mediante elecciones libres y justas. Estas injusticias pol铆ticas provocan tensiones, que a menudo degeneran en conflictos armados y en guerras internas, que llevan consigo graves consecuencias, como carest铆as, epidemias y destrucciones, por no hablar de los exterminios, del esc谩ndalo y de la tragedia de los refugiados. Por este motivo, el S铆nodo afirm贸 con raz贸n que una aut茅ntica democracia, en el respeto del pluralismo, es 芦 uno de los principales caminos por los que la Iglesia avanza con el pueblo. (...) El laico cristiano, comprometido en las luchas democr谩ticas seg煤n el esp铆ritu del Evangelio, es el signo de una Iglesia que quiere estar presente en la construcci贸n de un Estado de derecho, en toda 脕frica 禄 217 .

Administrar el patrimonio com煤n

113. El S铆nodo hace adem谩s una llamada a los gobiernos africanos para que adopten pol铆ticas apropiadas con objeto de promover el crecimiento econ贸mico y las inversiones, en vista de la creaci贸n de nuevos puestos de trabajo 218 . Esto implica el compromiso de promover pol铆ticas econ贸micas sanas, estableciendo correctas prioridades para la explotaci贸n y distribuci贸n de los recursos a veces exiguos, de modo que se provea a las necesidades fundamentales de las personas y se asegure una justa y equitativa distribuci贸n de beneficios y obligaciones. Los gobiernos tienen, en particular, el inderogable deber de proteger el patrimonio com煤n contra cualquier forma de despilfarro y de apropiaci贸n indebida por parte de ciudadanos sin sentido c铆vico o de extranjeros sin escr煤pulos. A los gobiernos corresponde tambi茅n emprender adecuadas iniciativas para mejorar las condiciones del comercio internacional.

Los problemas econ贸micos de 脕frica se han agudizado por el comportamiento deshonesto de algunos gobernantes corruptos que, en complicidad con intereses privados locales o extranjeros, derrochan en su provecho los recursos nacionales, transfiriendo dinero p煤blico a cuentas privadas en bancos extranjeros. Se trata de verdaderos y aut茅nticos robos, sea cual fuere la cobertura legal. Deseo vivamente que los organismos internacionales y personas 铆ntegras de los Pa铆ses africanos o de otros Pa铆ses del mundo sepan disponer los medios jur铆dicos adecuados para hacer volver los capitales indebidamente sustra铆dos. En la concesi贸n de cr茅ditos es importante tambi茅n asegurarse sobre la responsabilidad y la trasparencia de los destinatarios 219 .

La dimensi贸n internacional

114. El S铆nodo, como Asamblea de Obispos de la Iglesia universal presidida por el Sucesor de Pedro, ha sido una ocasi贸n providencial para valorar de manera positiva el puesto y el papel de 脕frica en el contexto de la Iglesia universal y de la comunidad mundial. Al ser cada vez m谩s interdependiente el mundo en que vivimos, los destinos y problemas de las diversas regiones est谩n relacionados entre s铆. La Iglesia, como familia de Dios en la tierra, debe ser signo vivo e instrumento eficaz de solidaridad universal, para la edificaci贸n de una comunidad de justicia y de paz, de dimensiones planetarias. Solamente surgir谩 un mundo mejor si se construye sobre s贸lidos fundamentos de sanos principios 茅ticos y espirituales.

En la actual situaci贸n mundial, las naciones africanas se encuentran entre las m谩s perjudicadas Es necesario que los Pa铆ses ricos tomen clara conciencia de su deber de apoyar los esfuerzos de los Pa铆ses que luchan por salir de la pobreza y la miseria. Por otra parte, interesa a las naciones ricas elegir la v铆a de la solidaridad, porque s贸lo as铆 se puede asegurar a la humanidad una paz y una armon铆a duraderas. Adem谩s, la Iglesia que vive en los Pa铆ses desarrollados no puede ignorar la responsabilidad derivada del compromiso cristiano por la justicia y la caridad: ya que todos, hombres y mujeres, llevan en s铆 mismos la imagen de Dios y est谩n llamados a formar parte de la misma familia redimida por la sangre de Cristo, se debe garantizar a cada uno un justo acceso a los recursos de la tierra que Dios ha puesto a disposici贸n de todos 220 .

No es dif铆cil entrever las numerosas implicaciones pr谩cticas que una postura semejante comporta. En primer lugar, se debe trabajar para que sean mejores las relaciones sociopol铆ticas entre las naciones, asegurando condiciones de mayor justicia y dignidad para las que, habiendo alcanzado la independencia, han entrado m谩s recientemente en el concierto internacional. Es necesario adem谩s escuchar, haciendo propio, el grito angustiado de las naciones pobres, que piden ayuda para 谩mbitos de particular importancia: la desnutrici贸n, el deterioro generalizado de la calidad de vida, la insuficiencia de los medios para la formaci贸n de los j贸venes, la falta de los servicios sanitarios y sociales elementales, con la consiguiente persistencia de enfermedades end茅micas, la difusi贸n del terrible azote del SIDA, el peso gravoso y a veces insoportable de la deuda internacional, el horror de las guerras fratricidas alimentadas por un tr谩fico de armas sin escr煤pulos, el espect谩culo vergonzoso y digno de compasi贸n de los pr贸fugos y refugiados. 脡stos son algunos campos que necesitan intervenciones inmediatas, que son oportunas aunque en el cuadro global de los problemas parezcan insuficientes.

I. Factores preocupantes

Devolver la esperanza a los j贸venes

115. La situaci贸n econ贸mica de pobreza tiene un impacto particularmente negativo en los j贸venes. Ellos entran en la vida de los adultos con escaso entusiasmo por causa de un presente marcado por no pocas frustraciones, y miran a煤n con menor esperanza hacia el futuro, que aparece a sus ojos como triste y oscuro. Por esto tienden a escapar de las zonas rurales descuidadas y se agrupan en las ciudades, que, en el fondo, no les ofrecen cosas mejores. Muchos de ellos marchan al extranjero como al exilio, y all铆 viven una existencia precaria de refugiados econ贸micos. Siento el deber, junto con los Padres del S铆nodo, de defender su causa: es necesario y urgente encontrar una soluci贸n a su deseo impaciente de participar en la vida de la Naci贸n y de la Iglesia 221 .

Al mismo tiempo, sin embargo, quiero dirigir tambi茅n una llamada a los j贸venes: queridos j贸venes, el S铆nodo os pide que os hag谩is cargo del desarrollo de vuestras Naciones, que am茅is la cultura de vuestro pueblo y trabaj茅is por su revitalizaci贸n con fidelidad a vuestra herencia cultural, con el perfeccionamiento del esp铆ritu cient铆fico y t茅cnico y, sobre todo, con el testimonio de fe cristiana 222 .

El flagelo del SIDA

116. Ante la perspectiva de pobreza general y de servicios sanitarios inadecuados, el S铆nodo ha considerado el tr谩gico flagelo del SIDA, que siembra dolor y muerte en numerosas zonas de 脕frica. Ha constatado las consecuencias de comportamientos sexuales irresponsables en la difusi贸n de esta enfermedad y ha formulado esta firme recomendaci贸n: 芦 El afecto, la alegr铆a, la felicidad y la paz proporcionados por el matrimonio cristiano y por la fidelidad, as铆 como la seguridad dada por la castidad, deben ser continuamente presentados a los fieles, sobre todo a los j贸venes 禄 223 .

La lucha contra el SIDA debe ser llevada a cabo por todos. Haciendo eco a la voz de los Padres sinodales, pido tambi茅n a los agentes pastorales que ofrezcan a los hermanos y hermanas afectados por el SIDA todo el alivio moral y espiritual. A los hombres de ciencia y a los responsables pol铆ticos de todo el mundo suplico con viva insistencia que, movidos por el amor y el respeto que se deben a toda persona humana, no escatimen medios capaces de poner fin a este flagelo.

隆芦 Con las espadas forjad arados 禄 (cf. Is 2, 4): nunca m谩s guerras!

117. La tragedia de las guerras que destrozan 脕frica ha sido descrita por los Padres sinodales con palabras incisivas: 芦 脕frica es, desde hace varios decenios, teatro de guerras fratricidas que diezman las poblaciones y destruyen sus riquezas naturales y culturales 禄 224 . El doloros铆simo fen贸meno, adem谩s de las causas externas a 脕frica, las tiene internas, como 芦 el tribalismo, el nepotismo, el racismo, la intolerancia religiosa, la sed de poder, llevada al extremo en los reg铆menes totalitarios que se burlan impunemente de los derechos y de la dignidad del hombre. Las poblaciones escarnecidas y reducidas al silencio sufren, como v铆ctimas inocentes y resignadas, todas estas situaciones de injusticia 禄 225 .

Uno mi voz a la de los miembros de la Asamblea sinodal para deplorar las situaciones de indecible sufrimiento, provocadas por tantos conflictos presentes o potenciales, y para pedir a quienes tienen la posibilidad de poner fin a estas tragedias que se comprometan a fondo.

Adem谩s, exhorto, junto con los Padres sinodales, a un compromiso efectivo que promueva en el continente condiciones de mayor justicia social y de un ejercicio m谩s equitativo del poder, para preparar as铆 el terreno a la paz. 芦 Si quieres la paz, trabaja por la justicia 禄 226 . Es preferible 鈥攜 tambi茅n m谩s f谩cil鈥� prevenir las guerras que tratar de pararlas despu茅s que han estallado. Es hora de que los pueblos rompan sus espadas para hacer con ellas arados y sus lanzas para transformarlas en podaderas (cf. Is 2, 4).

118. La Iglesia en 脕frica 鈥攑articularmente por medio de algunos de sus responsables鈥� ha estado en primera l铆nea en la b煤squeda de soluciones negociadas para los conflictos armados que han estallado en numerosas zonas del continente. Esta misi贸n de pacificaci贸n debe continuar, alentada por la promesa del Se帽or en las Bienaventuranzas: 芦 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos ser谩n llamados hijos de Dios 禄 (Mt 5, 9).

Los que alimentan las guerras en 脕frica mediante el tr谩fico de armas son c贸mplices de odiosos cr铆menes contra la humanidad. A este respecto hago m铆as las recomendaciones del S铆nodo que, despu茅s de haber declarado: 芦 El comercio de armas que siembra la muerte es un esc谩ndalo 禄, ha dirigido una llamada a todos los Pa铆ses que venden armas a 脕frica para implorarles que 芦 dejen este comercio 禄 y ha pedido a los gobiernos africanos que 芦 renuncien a los excesivos gastos militares para dedicar m谩s recursos a la educaci贸n, la sanidad y el bienestar de sus pueblos 禄 227 .

脕frica debe continuar buscando medios pac铆ficos y eficaces a fin de que los reg铆menes militares pasen el poder a los civiles. Sin embargo, es tambi茅n verdad que los militares est谩n llamados a desarrollar su papel peculiar en el Pa铆s. Por esto el S铆nodo, mientras elogia a 芦 los hermanos soldados por el servicio que desempe帽an en nombre de nuestras naciones 禄 228 , a continuaci贸n les advierte con fuerza que 芦 deber谩n responder directamente a Dios de cualquier acto de violencia realizado contra vidas inocentes 禄 229 .

Refugiados y pr贸fugos

119. Uno de los frutos m谩s amargos de las guerras y de las dificultades econ贸micas es el triste fen贸meno de los refugiados y los pr贸fugos, fen贸meno que, como recuerda el S铆nodo, ha alcanzado dimensiones tr谩gicas. La soluci贸n ideal est谩 en el restablecimiento de una paz justa, en la reconciliaci贸n y en el desarrollo econ贸mico. Por tanto, es urgente que las organizaciones nacionales, regionales e internacionales resuelvan de modo equitativo y duradero los problemas de los refugiados y de los pr贸fugos 230 . Entre tanto, puesto que el continente sigue sufriendo las migraciones masivas de refugiados, dirijo una apremiante llamada para que se les preste ayuda material y se les ofrezca apoyo pastoral all铆 donde se encuentran, en 脕frica o en otros continentes.

El peso de la deuda internacional

120. La cuesti贸n de la deuda de las naciones pobres con las ricas es objeto de gran preocupaci贸n para la Iglesia, como resulta de numerosos documentos oficiales y de no pocas intervenciones de la Santa Sede en diversas ocasiones 231 .

Recordando ahora las palabras de los Padres sinodales, siento ante todo el deber de exhortar a 芦 los Jefes de Estado en 脕frica y a sus gobiernos a que no opriman al pueblo con deudas internas y externas 禄 232 . Dirijo adem谩s una fuerte llamada 芦 al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial, as铆 como a todos los acreedores, para que mitiguen las deudas que sofocan a las naciones africanas 禄 233 . Finalmente pido con insistencia 芦 a las Conferencias Episcopales de los Pa铆ses industrializados que se hagan abogados de esta causa ante sus gobiernos y otros organismos interesados 禄 234 . La situaci贸n de numerosos Pa铆ses africanos es tan dram谩tica que no consiente actitudes de indiferencia y desinter茅s.

Dignidad de la mujer africana

121. Uno de los signos t铆picos de nuestra 茅poca es la creciente toma de conciencia de la dignidad de la mujer y de su papel espec铆fico en la Iglesia y en la sociedad en general. 芦 Cre贸, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le cre贸, var贸n y mujer los cre贸 禄 (Gn 1, 27).

Yo mismo he afirmado repetidamente la fundamental igualdad y la enriquecedora complementariedad existentes entre el hombre y la mujer 235 . El S铆nodo ha aplicado estos principios a la condici贸n de las mujeres en 脕frica. Sus derechos y deberes de cara a la formaci贸n de la familia y la plena participaci贸n en el desarrollo de la Iglesia y de la sociedad han sido puestos de relieve de manera notable. Por lo que se refiere espec铆ficamente a la Iglesia, es oportuno que las mujeres, adecuadamente formadas, participen, al nivel apropiado, en las actividades apost贸licas de la Iglesia.

La Iglesia deplora y condena, en la medida en que est谩n presentes en diversas sociedades africanas, todas 芦 las costumbres y pr谩cticas que privan a las mujeres de sus derechos y del respeto que les es debido 禄 236 . Es de desear que las Conferencias Episcopales creen comisiones especiales para profundizar el estudio de los problemas de la mujer en colaboraci贸n, donde sea posible, con las instancias gubernamentales competentes 237 .

II. Comunicar la buena nueva

Seguir a Cristo, Comunicador por excelencia

122. El S铆nodo, teniendo muy presentes las actuales circunstancias, ha tratado extensamente el tema de la comunicaci贸n social en el 谩mbito de la evangelizaci贸n de 脕frica. El punto de partida teol贸gico es Cristo, el Comunicador por excelencia, que transmite a quienes creen en 脡l la verdad, la vida y el amor compartido con el Padre celestial y el Esp铆ritu Santo. Por esto, 芦 la Iglesia es consciente del deber de promover la comunicaci贸n social ad intra y ad extra. Ella pretende favorecer la comunicaci贸n en su interior mejorando la difusi贸n de la informaci贸n entre sus miembros 禄 238 . Esto le facilitar谩 el comunicar al mundo la Buena Nueva del amor de Dios revelado en Jesucristo.

Formas tradicionales de comunicaci贸n

123. Las formas tradicionales de comunicaci贸n social no deben despreciarse de ning煤n modo. Todav铆a son muy 煤tiles y eficaces en numerosas zonas africanas. Adem谩s, son 芦 menos costosas y m谩s accesibles 禄 239 . Comprenden los cantos y la m煤sica, el mimo y el teatro, los proverbios y cuentos. Como transmisores de la sabidur铆a y del esp铆ritu popular, son una fuente preciosa de contenidos e inspiraci贸n para los medios modernos.

Evangelizaci贸n del mundo de los medios de comunicaci贸n

124. Los modernos medios de comunicaci贸n social no son solamente instrumentos de comunicaci贸n, sino tambi茅n un mundo que hay que evangelizar. Hay que asegurarse que, en los mensajes que transmiten, se propongan el bien, la verdad y la belleza. Teniendo en cuenta la preocupaci贸n de los Padres del S铆nodo, manifiesto mi inquietud por lo que se refiere al contenido moral de muchos programas que los medios de comunicaci贸n difunden en el continente africano; en particular, prevengo contra los peligros de la pornograf铆a y la violencia, con las cuales se est谩n invadiendo las naciones pobres. Por otra parte, el S铆nodo ha deplorado justamente 芦 la imagen tan negativa que los medios de comunicaci贸n social dan de lo africano y pide que esto cese inmediatamente 禄 240 .

Cada cristiano debe preocuparse de que los medios de comunicaci贸n sean veh铆culo de evangelizaci贸n. Pero el cristiano que trabaja como profesional de este sector ha de desempe帽ar un papel especial. En efecto, es su deber actuar de modo que los principios cristianos iluminen la pr谩ctica de la profesi贸n, incluido el sector t茅cnico y administrativo. Para que pueda desarrollar este papel de modo adecuado, es necesario dotarle de una sana formaci贸n humana, religiosa y espiritual.

Uso de los medios de comunicaci贸n social

125. La Iglesia de hoy puede disponer de una variedad de medios de comunicaci贸n social, tanto tradicionales como modernos. Es su deber hacer el mejor uso de ellos para difundir el mensaje de la salvaci贸n. Para la Iglesia en 脕frica, el acceso a estos medios se ha hecho dif铆cil por numerosos obst谩culos, y entre ellos su elevado coste. Adem谩s, en muchas localidades existen normas gubernamentales que imponen, al respecto, un control indebido. Es necesario hacer todos los esfuerzos para superar esos obst谩culos: los medios de comunicaci贸n, privados o p煤blicos, deben estar al servicio de las personas, sin excepci贸n. Por tanto, invito a las Iglesias particulares de 脕frica a hacer todo lo posible para conseguir este objetivo 241 .

Colaboraci贸n y coordinaci贸n de los medios de comunicaci贸n social

126. Los medios de comunicaci贸n, sobre todo en sus formas m谩s modernas, ejercen un influjo que supera toda frontera; en este 谩mbito es necesaria una estrecha coordinaci贸n, que permita una colaboraci贸n m谩s eficaz a todos los niveles: diocesano, nacional, continental y universal. En 脕frica, la Iglesia necesita mucho de la solidaridad de las Iglesias hermanas de los Pa铆ses m谩s ricos y avanzados desde el punto de vista tecnol贸gico. Asimismo, deber铆an ser impulsados y revitalizados algunos programas de colaboraci贸n continental ya operantes, como el 芦 Comit茅 episcopal panafricano de comunicaciones sociales 禄. Y como ha sugerido el S铆nodo, es necesario establecer una colaboraci贸n m谩s estrecha en otros sectores, como la formaci贸n profesional, las estructuras productivas de la radio y la televisi贸n y las emisoras de alcance continental 242 .

CAP脥TULO VII 芦SER脡IS MIS TESTIGOS HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA禄

127. Durante la Asamblea especial, los Padres sinodales examinaron a fondo la situaci贸n africana en su conjunto, con objeto de alentar un testimonio de Cristo cada vez m谩s concreto y cre铆ble dentro de cada Iglesia local, de cada naci贸n, de cada regi贸n, y del continente africano entero. En todas las reflexiones y recomendaciones hechas por la Asamblea especial se percibe el deseo predominante de testimoniar a Cristo. He visto en ello el esp铆ritu de cuanto dije a un grupo de Obispos en 脕frica: 芦 Respetando, preservando y fortaleciendo los valores particulares y ricos de herencia cultural de vuestro pueblo, estar茅is en condici贸n de conducirlo hacia una mejor comprensi贸n del misterio de Cristo, que ha de ser vivido en las experiencias nobles, concretas y cotidianas de la vida africana. No se trata de adulterar la Palabra de Dios, o de vaciar de su poder a la cruz (cf. 1 Cor 1, 17), sino m谩s bien de llevar a Cristo al centro mismo de la vida africana y de elevar toda la vida africana a Cristo. De este modo no s贸lo el cristianismo ser谩 relevante para 脕frica, sino que el mismo Cristo ser谩 africano en los miembros de su Cuerpo 禄 243 .

Abiertos a la misi贸n

128. La Iglesia en 脕frica no est谩 llamada a dar testimonio de Cristo s贸lo en el continente; en efecto, a ella se dirige tambi茅n la palabra del Se帽or resucitado: 芦 Ser茅is mis testigos hasta los confines de la tierra 禄 (Hch 1, 8). Precisamente por esto, durante las discusiones sobre el tema del S铆nodo, los Padres evitaron cuidadosamente toda tendencia de aislamiento de la Iglesia en 脕frica. En todo momento la Asamblea especial se mantuvo en la perspectiva del mandato misionero que la Iglesia ha recibido de Cristo para testimoniarlo en el mundo entero 244 . Los Padres sinodales reconocieron la llamada que Dios dirige a 脕frica para que desarrolle con pleno derecho, a escala mundial, su misi贸n en el plano de salvaci贸n del g茅nero humano (cf. 1 Tm 2, 4).

129. Precisamente en funci贸n de este sentido de la catolicidad de la Iglesia, los Lineamenta de la Asamblea especial para 脕frica declaraban: 芦 Ninguna Iglesia particular, ni siquiera la m谩s pobre, puede ser dispensada de la obligaci贸n de compartir sus recursos espirituales, temporales y humanos con las dem谩s Iglesias particulares y con la Iglesia universal (cf. Hch 2, 44-45) 禄 245 . Por su parte, la Asamblea especial se帽al贸 la responsabilidad de 脕frica para la misi贸n 芦 hasta los confines de la tierra 禄 con los siguientes t茅rminos: 芦 La frase prof茅tica de Pablo VI 鈥�"Africanos, est谩is llamados a ser misioneros de vosotros mismos"鈥� debe entenderse as铆: "sois misioneros para el mundo entero" (...). Se ha lanzado una llamada a las Iglesias particulares de 脕frica para la misi贸n m谩s all谩 de los l铆mites de sus propias di贸cesis 禄 246 .

130. Aprobando con gozo y reconocimiento esta declaraci贸n de la Asamblea especial, deseo repetir a todos mis hermanos Obispos de 脕frica lo que dec铆a a帽os atr谩s: 芦 La obligaci贸n que tiene la Iglesia de 脕frica de ser misionera en su propio seno y de evangelizar el continente exige la cooperaci贸n entre las Iglesias particulares en el 谩mbito de cada pa铆s africano, entre las diferentes naciones del continente y tambi茅n de otros continentes. De este modo 脕frica se integrar谩 plenamente en la actividad misionera 禄 247 . En una llamada precedente, dirigida a todas las Iglesias particulares, de reciente o antigua fundaci贸n, ya dec铆a que 芦 el mundo va unific谩ndose cada vez m谩s, el esp铆ritu evang茅lico debe llevar a la superaci贸n de las barreras culturales y nacionalistas, evitando toda cerraz贸n 禄 248 .

La valiente determinaci贸n manifestada por la Asamblea especial, de comprometer a las j贸venes Iglesias de 脕frica en la misi贸n 芦 hasta los confines de la tierra 禄, refleja el deseo de seguir, lo m谩s generosamente posible, una de las importantes directrices del Concilio Vaticano II: 芦 Para que este celo misionero florezca entre los naturales del pa铆s es muy conveniente que las Iglesias j贸venes participen cuanto antes activamente en la misi贸n universal de la Iglesia, enviando tambi茅n ellas misioneros que anuncien el Evangelio por toda la tierra, aunque sufran escasez de clero. Pues la comuni贸n con la Iglesia universal se consumar谩 en cierto modo cuando tambi茅n ellas participen en la actividad misionera para con otras naciones 禄 249 .

Solidaridad pastoral org谩nica

131. Al comienzo de esta Exhortaci贸n he indicado que, al anunciar la convocatoria de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los Obispos, ten铆a en perspectiva la promoci贸n de 芦 una solidaridad pastoral org谩nica en todo el territorio africano e islas adyacentes 禄 250 . Tengo el gusto de constatar c贸mo la Asamblea especial persigui贸 valientemente este objetivo. Los debates en el S铆nodo manifestaron la premura y generosidad de los Obispos para esta solidaridad pastoral y para compartir sus recursos con los dem谩s, incluso estando ellos mismos necesitados de misioneros.

132. Quiero dirigir a este respecto una especial palabra a mis hermanos Obispos, que 芦 son directamente responsables conmigo de la evangelizaci贸n del mundo, ya sea como miembros del Colegio episcopal, ya sea como Pastores de las Iglesias particulares 禄 251 . En la dedicaci贸n cotidiana al reba帽o a ellos confiado, no deben perder nunca de vista las necesidades de la Iglesia en su conjunto. Como Obispos cat贸licos han de sentir la 芦 preocupaci贸n por todas las Iglesias 禄 que abrasaba el coraz贸n del Ap贸stol (cf. 2 Cor 11, 28). Deben sentirla sobre todo cuando reflexionan y deciden juntos, como miembros de las respectivas Conferencias Episcopales, las cuales, mediante los organismos de coordinaci贸n a nivel regional y continental, pueden percibir y evaluar mejor las urgencias pastorales que surgen en otras partes del mundo. Los Obispos realizan adem谩s una eminente expresi贸n de solidaridad apost贸lica en el S铆nodo: 茅ste, 芦 entre los asuntos de importancia general, deber谩 tener en cuenta especialmente la actividad misionera, deber supremo y sant铆simo de la Iglesia 禄 252 .

133. La Asamblea especial, adem谩s, hizo notar justamente que, para organizar una solidaridad pastoral de conjunto en 脕frica, es necesario promover la renovaci贸n de la formaci贸n de los sacerdotes. Nunca se meditar谩n bastante las palabras del Concilio Vaticano II al afirmar que 芦 el don espiritual que recibieron los presb铆teros en la ordenaci贸n los prepara no para una misi贸n limitada y reducida, sino para una misi贸n ampl铆sima y universal de salvaci贸n "hasta los confines de la tierra" (Hch 1, 8) 禄 253 .

Por este motivo yo mismo exhort茅 a los sacerdotes a 芦 estar concretamente disponibles al Esp铆ritu Santo y al Obispo, para ser enviados a predicar el Evangelio m谩s all谩 de los confines del propio pa铆s. Esto exigir谩 en ellos no s贸lo madurez en la vocaci贸n, sino tambi茅n una capacidad no com煤n de desprendimiento de la propia patria, grupo 茅tnico y familia, y una particular idoneidad para insertarse en otras culturas, con inteligencia y respeto 禄 254 .

Estoy profundamente agradecido a Dios al constatar que, en n煤mero creciente, sacerdotes africanos han respondido a la llamada para ser testigos 芦 hasta los confines de la tierra 禄. Espero ardientemente que este tipo de respuesta sea promovido y consolidado en todas las Iglesias particulares de 脕frica.

134. Es tambi茅n motivo de gran consuelo saber que los Institutos misioneros, presentes en 脕frica desde hace mucho tiempo, 芦 acogen hoy de manera creciente candidatos provenientes de las j贸venes Iglesias que han fundado 禄 255 , permitiendo a estas mismas Iglesias que participen en la actividad misionera de la Iglesia universal. Asimismo, manifiesto mi reconocimiento a los nuevos Institutos misioneros que han surgido en el continente y que hoy env铆an a sus miembros ad gentes. Se trata de un crecimiento providencial y maravilloso que manifiesta la madurez, vitalidad y dinamismo de la Iglesia que est谩 en 脕frica.

135. Quiero hacer m铆a de modo particular la expl铆cita recomendaci贸n de los Padres sinodales para que se establezcan las cuatro Obras Misionales Pontificias en cada Iglesia particular y en cada Pa铆s, como medio para realizar una solidaridad pastoral org谩nica en favor de la misi贸n 芦 hasta los confines de la tierra 禄. Obras del Papa y del Colegio episcopal, ocupan justamente 芦 el primer lugar, pues son medios para infundir a los cat贸licos, ya desde la infancia, el sentido verdaderamente universal y misionero, y para estimular la recogida eficaz de ayudas en favor de todas las misiones seg煤n las necesidades de cada una 禄 256 . Un fruto significativo de su actividad 芦 es suscitar vocaciones ad gentes y de por vida, tanto en las Iglesias antiguas como en las j贸venes. Recomiendo vivamente que se oriente cada vez m谩s a este fin su servicio de animaci贸n 禄 257 .

Santidad y misi贸n

136. El S铆nodo ha reafirmado que todos los hijos e hijas de 脕frica est谩n llamados a la santidad y a ser testigos de Cristo en todas las partes del mundo. 芦 La historia nos ense帽a que la evangelizaci贸n se realiza, bajo la acci贸n del Esp铆ritu Santo, sobre todo a trav茅s del testimonio de caridad y del testimonio de santidad 258 . Por esto, deseo repetir a todos los cristianos de 脕frica las palabras que escrib铆 hace unos a帽os: 芦 Cada misionero, lo es aut茅nticamente si se esfuerza en el camino de la santidad (...). Todo fiel est谩 llamado a la santidad y a la misi贸n (...). El renovado impulso hacia la misi贸n ad gentes exige misioneros santos. No basta renovar los m茅todos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos b铆blicos y teol贸gicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo "anhelo de santidad" entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana 禄 259 .

Tambi茅n ahora, como entonces, me dirijo a los cristianos de las Iglesias j贸venes llamando la atenci贸n sobre su responsabilidad: 芦 Hoy sois vosotros la esperanza de la Iglesia, que tiene dos mil a帽os: siendo j贸venes en la fe, deb茅is ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valent铆a, con generosa entrega a Dios y al pr贸jimo; en una palabra, deb茅is tomar el camino de la santidad. S贸lo de esta manera podr茅is ser signos de Dios en el mundo y revivir en vuestros pa铆ses la epopeya misionera de la Iglesia primitiva. Y ser茅is tambi茅n fomento de esp铆ritu misionero para las Iglesias m谩s antiguas 禄 260 .

137. La Iglesia que est谩 en 脕frica comparte con la Iglesia universal 芦 la sublime vocaci贸n de realizar, en primer lugar en s铆 misma, la unidad del g茅nero humano m谩s all谩 de las diferencias 茅tnicas, culturales, nacionales, sociales y de otro g茅nero, con objeto de mostrar precisamente la caducidad de estas diferencias, abolidas por la cruz de Cristo 禄 261 . La Iglesia, respondiendo a su vocaci贸n de ser en el mundo el pueblo redimido y reconciliado, contribuye a promover una coexistencia fraterna entre los pueblos, superando las diferencias de raza y de nacionalidad.

Teniendo en cuenta la espec铆fica vocaci贸n confiada a la Iglesia por su divino Fundador, pido con insistencia a la Comunidad cat贸lica que est谩 en 脕frica que ofrezca ante toda la humanidad un testimonio aut茅ntico del universalismo cristiano que brota de la paternidad de Dios. 芦 Todos los hombres creados en Dios tienen el mismo origen; sea cual fuere su dispersi贸n geogr谩fica o el acento de sus diferencias a lo largo de la historia, est谩n destinados a formar una sola familia seg煤n el designio de Dios establecido "desde el principio" 262 . La Iglesia en 脕frica est谩 llamada a ir por amor al encuentro de cada ser humano creyendo con fuerza que 芦 el Hijo de Dios, con su encarnaci贸n, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre 禄 263 .

De modo particular, 脕frica debe ofrecer su propia contribuci贸n al movimiento ecum茅nico, cuya urgencia he vuelto a se帽alar recientemente en la Carta enc铆clica Ut unum sint, en vista del tercer milenio 264 . En efecto, 脕frica puede desarrollar tambi茅n un papel importante en el di谩logo entre las religiones, sobre todo cultivando relaciones intensas con los musulmanes y favoreciendo un atento respeto hacia los valores de la religi贸n tradicional africana.

Practicar la solidaridad

138. Testimoniando a Cristo 芦 hasta los confines de la tierra 禄, la Iglesia en 脕frica debe estar firmemente convencida del 芦 valor positivo y moral 禄 que supone la 芦 conciencia creciente de la interdependencia entre los hombres y entre las naciones. El hecho de que los hombres y mujeres, en muchas partes del mundo, sientan como propias las injusticias y las violaciones de los derechos humanos cometidos en pa铆ses lejanos, que posiblemente nunca visitar谩n, es un signo m谩s de que esta realidad es transformada en conciencia, que adquiere as铆 una connotaci贸n moral 265 .

Conf铆o en que los cristianos de 脕frica sean cada vez m谩s conscientes de esta interdependencia entre los individuos y entre las naciones, y que est茅n preparados para responder a ello practicando la virtud de la solidaridad. El fruto de la solidaridad es la paz, bien tan precioso para los pueblos y las naciones de cualquier parte del mundo. En efecto, precisamente a trav茅s de medios capaces de promover y reforzar la solidaridad, la Iglesia puede ofrecer una contribuci贸n espec铆fica y determinante a una verdadera cultura de la paz.

139. Al entrar en relaci贸n sin discriminaciones con los pueblos del mundo mediante el di谩logo con las diversas culturas, la Iglesia acerca los unos a los otros y les ayudas a asumir, en la fe, los aut茅nticos valores de los dem谩s.

Dispuesta a cooperar con todo hombre de buena voluntad y con la comunidad internacional, la Iglesia en 脕frica no busca ventajas para s铆 misma. La solidaridad que manifiesta 芦 tiende a superarse a s铆 misma, al revestirse de las dimensiones espec铆ficamente cristianas de gratuidad total, perd贸n y reconciliaci贸n 禄 266 . La Iglesia trata de contribuir a la conversi贸n de la humanidad, llev谩ndola a abrirse al plan salv铆fico de Dios mediante el testimonio evang茅lico, acompa帽ado por la actividad caritativa al servicio de los pobres y los 煤ltimos. Y cuando realiza esto, no pierde nunca de vista la primac铆a de lo transcendente y de las realidades espirituales que constituyen las primicias de la salvaci贸n eterna del hombre.

Durante los debates sobre la solidaridad de la Iglesia para con los pueblos y las naciones, los Padres sinodales han sido plenamente conscientes, en todo momento, de que 芦 hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo 禄 y que, sin embargo, 芦 el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios 禄 267 . Precisamente por esto, la Iglesia en 脕frica est谩 convencida 鈥攜 el trabajo de la Asamblea especial lo ha mostrado claramente鈥� que la espera del retorno final de Cristo 芦 no podr谩 ser nunca una excusa para desentenderse de los hombres en su situaci贸n personal concreta y en su vida social, nacional e internacional 禄 268 , puesto que las condiciones terrenas influyen en la peregrinaci贸n del hombre hacia la eternidad.

CONCLUSI脫N

Hacia el nuevo milenio cristiano

140. Reunidos en torno a la Virgen Mar铆a como para un nuevo Pentecost茅s, los miembros de la Asamblea especial examinaron a fondo la misi贸n evangelizadora de la Iglesia en 脕frica en el umbral del tercer milenio. Concluyendo esta Exhortaci贸n apost贸lica postsinodal, en la cual presento los frutos de esta Asamblea a la Iglesia que est谩 en 脕frica, en Madagascar y en las islas adyacentes, y a toda la Iglesia cat贸lica, doy gracias a Dios Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, que nos ha concedido el privilegio de vivir este aut茅ntico 芦 momento de gracia 禄 que ha sido el S铆nodo. Manifiesto mi vivo agradecimiento al Pueblo de Dios en 脕frica por cuanto ha hecho por la Asamblea especial. Este S铆nodo ha sido preparado con celo y entusiasmo, como demuestran las respuestas al cuestionario, adjunto al documento preliminar (Lineamenta), y las reflexiones recogidas en el documento de trabajo (Instrumentum laboris). Las comunidades cristianas de 脕frica han rezado con fervor por el 茅xito de los trabajos de la Asamblea especial. Y se puede decir que 茅sta ha sido bendecida generosamente por el Se帽or.

141. Ya que el S铆nodo ha sido convocado para permitir a la Iglesia en 脕frica que asuma, de la manera m谩s eficaz posible, su misi贸n evangelizadora con vistas al tercer milenio cristiano, invito con esta Exhortaci贸n al Pueblo de Dios en 脕frica 鈥擮bispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos鈥� a mirar decididamente hacia el Gran Jubileo, que se celebrar谩 dentro de pocos a帽os. Para todos los pueblos de 脕frica la mejor preparaci贸n al nuevo milenio consistir谩 en el firme compromiso de poner en pr谩ctica con gran fidelidad las decisiones y orientaciones que, con la autoridad apost贸lica de Sucesor de Pedro, presento en esta Exhortaci贸n. Son decisiones y orientaciones que se inscriben en la genuina l铆nea de las ense帽anzas y directrices de la Iglesia y, en particular, del Concilio Vaticano II, que ha sido la principal fuente de inspiraci贸n de la Asamblea especial para 脕frica.

142. Mi invitaci贸n al Pueblo de Dios que est谩 en 脕frica, para que se prepare al Gran Jubileo del a帽o 2000, quiere ser tambi茅n una vibrante llamada a la alegr铆a cristiana. 芦 El gran gozo anunciado por el 脕ngel, la noche de Navidad, lo ser谩 de verdad para todo el pueblo (cf. Lc 2, 10) (...). Fue la Virgen Mar铆a la primera en recibir el anuncio del 谩ngel Gabriel y su Magn铆ficat era ya el himno de exultaci贸n de todos los humildes. Los misterios gozosos nos sit煤an as铆, cada vez que recitamos el Rosario, ante el acontecimiento inefable, centro y culmen de la historia: la venida a la tierra del Emmanuel, Dios con nosotros 禄 269 .

Es el bimilenario de dicho acontecimiento, lleno de alegr铆a, lo que nos preparamos a celebrar con el pr贸ximo Gran Jubileo. 脕frica, que 芦 es, en cierto sentido, la "segunda patria" de Jes煤s de Nazaret, (el cual) como ni帽o peque帽o encontr贸 refugio precisamente en 脕frica contra la crueldad de Herodes 禄 270 , est谩 llamada a la alegr铆a. Al mismo tiempo, 芦 todo deber谩 mirar al objetivo prioritario del Jubileo, que es el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos 271 .

143. A causa de las numerosas dificultades, crisis y conflictos que conllevan tanta miseria y sufrimiento en el continente, hay africanos tentados a veces de pensar que el Se帽or los ha abandonado, que 隆los ha olvidado (cf. Is 49, 14)! 芦 Y Dios responde con las palabras del gran Profeta: "Acaso olvida una mujer a su ni帽o de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entra帽as? Pues aunque 茅sas llegasen a olvidar, yo no te olvido. M铆ralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada" (Is 49, 15-16). S铆, en las palmas de las manos de Cristo, 隆traspasadas por los clavos de la crucifixi贸n! El nombre de cada uno de vosotros (Africanos) est谩 escrito en esas manos. Por tanto, decimos con gran confianza: "El Se帽or mi fuerza, escudo m铆o, en El confi贸 mi coraz贸n y he recibido ayuda: mi carne de nuevo ha florecido, le doy gracias de todo coraz贸n" (Sal 28 [27], 7) 禄 272 .

Oraci贸n a Mar铆a, Madre de la Iglesia

144. Agradecido por el don de este S铆nodo, me dirijo a Mar铆a, Estrella de la evangelizaci贸n, y, mientras se acerca el tercer milenio, a Ella conf铆o 脕frica y su misi贸n evangelizadora. A Ella me dirijo con los pensamientos y sentimientos expresados en la oraci贸n que mis hermanos Obispos compusieron al final de la sesi贸n de trabajo del S铆nodo en Roma:

隆Oh Mar铆a!, Madre de Dios

y Madre de la Iglesia,

gracias a ti, en el d铆a de la Anunciaci贸n,

al alba de los tiempos nuevos,

todo el g茅nero humano, con sus culturas,

se alegr贸 de descubrir

que pod铆a recibir el Evangelio.

En v铆speras de un nuevo Pentecost茅s

para la Iglesia en 脕frica,

Madagascar e islas adyacentes,

el Pueblo de Dios con sus Pastores

se dirige a ti y contigo implora:

que la efusi贸n del Esp铆ritu Santo

haga de las culturas africanas

lugares de comuni贸n en la diversidad,

transformando a los habitantes

de este gran continente

en generosos hijos de la Iglesia,

que es Familia del Padre,

Fraternidad del Hijo,

Imagen de la Trinidad,

germen e inicio en la tierra

de aquel Reino eterno

que tendr谩 su plenitud

en la Ciudad cuyo constructor es Dios:

Ciudad de justicia, de amor y de paz.

Dado en Yaund茅, Camer煤n, el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltaci贸n de la Santa Cruz, del a帽o 1995, decimos茅ptimo de mi Pontificado.


1

Cf. Propositio 1

2

Declaraci贸n de los obispos de 脕frica y Madagascar presentes en la III Asamblea general ordinaria del S铆nodo de los obispos (20 de octubre de 1974): La Documentation catholique 71 (1974), 995- 996.

3

Discurso a un grupo de obispos de Zaire en visita ad limina Apostolorum (21 de abril de 1983): AAS 75 (1983), 634-635.

4

脕ngelus (6 de enero de 1989), 2: Insegnamenti XII, 1 (1989), 40.

5

Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 6.

6

Homil铆a durante la canonizaci贸n de los beatos Carlos Lwanga, Mat铆as Mulumba Kalemba y 20 compa帽eros m谩rtires ugandeses (18 de octubre de 1964): AAS 56 (1964), 907-908.

7

Cf. Homil铆a en la liturgia de clausura de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos (8 de mayo de 1994), 7: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 13 de mayo de 1994, 12.

8

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 1: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 8.

9

Discurso a la tercera Reuni贸n del Consejo de la Secretar铆a general para la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos, (Luanda, 9 de junio de 1992), 5: AAS 85 (1993), 523.

10

Cf. Relatio post disceptationem (22 de abril de 1994), 2: L'Osservatore Romano, 22 de abril de 1994, 8.

11

CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 8.

12

Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 811

13

CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 13.

14

Mensaje del S铆nodo, nn. 1-2: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 3.

15

Cf. Motu proprio Apostolica sollicitudo (15 de septiembre de 1965), II: AAS 57 (1965), 776-777.

16

Discurso al Consejo de la Secretar铆a general de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos (23 de junio de 1989), 1: AAS 82 (1990), 73; cf. 脕ngelus (6 de enero de 1989), 2: Insegnamenti XII, 1 (1989), 40, durante el cual se dio el primer anuncio oficial de la convocatoria de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos.

17

Ib., 5, l.c., 75.

18

Cf. Discurso al Consejo de la Secretar铆a general para la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos (Yamusukro, 10 de septiembre de 1990), 3: AAS 83 (1991), 226.

19

CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Christus Dominus, sobre la funci贸n pastoral de los obispos, 6.

20

Cf. Carta ap. Tertio millennio adveniente (10 de noviembre de 1994), 23: AAS 87 (1995), 19.

21

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 7: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 3.

22

Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 38.

23

CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 13.

24

Cf. Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 34: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 11.

25

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 75: AAS 68 (1976), 66.

26

Cf. Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 34: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 11.

27

Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1974), 76: AAS 68 (1976), 67.

28

Carta enc. Centesimus annus (1 de mayo de 1991), 57: AAS 83 (1991), 862.

29

Cf. Mensaje de la VIII Asamblea plenaria del S.C.E.A.M. (19 de julio de 1987): La Documentation catholique 84 (1987), 1.024-1.026.

30

Discurso al Consejo de la Secretar铆a general de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos (23 de junio de 1989), 6: AAS 82 (1990), 76.

31

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Relaci贸n del secretario general (11 de abril de 1994), VI: L'Osservatore Romano, 11-12 de abril de 1994, 10.

32

Cf. S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, La Iglesia en 脕frica y su misi贸n evangelizadora hacia el a帽o 2000: 芦Ser茅is mis testigos禄 (Hch 1, 8), Lineamenta, Ciudad del Vaticano 1990; Instrumentum laboris, Ciudad del Vaticano 1993.

33

Cf. Instrumentum laboris. De las 34 Conferencias episcopales de 脕frica y Madagascar, 31 enviaron sus observaciones, mientras que las otras 3 no lo pudieron hacer debido a la dif铆cil situaci贸n pol铆tica en que se encontraban.

34

Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 1: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 8; Cf. Relatio post disceptationem (22 de abril de 1994), 1: L'Osservatore Romano, 24 de abril de 1994, 8.

35

CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22; cf. Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 1.260.

36

Discurso en la audiencia general del 21 de agosto de 1985, 3: Insegnamenti VIII, 2 (1985), 512.

37

Mensaje Africae terrarum (29 de octubre de 1967), 3: AAS 59 (1967), 1.074-1.075.

38

Ib., 3-4: l.c., 1.075.

39

Homil铆a en el V centenario de la evangelizaci贸n de Angola (Luanda, 7 de junio de 1992), 2: AAS 85 (1993), 511-512.

40

Cf. Situaci贸n de la Iglesia en 脕frica y Madagascar (algunos aspectos y observaciones): L'Osservatore Romano, 16 de abril de 1994, 6-8; Oficina de estad铆sticas de la Iglesia, Iglesia en 脕frica: cifras y estad铆sticas: L'Osservatore Romano, 15 de abril de 1995, 6.

41

Homil铆a para la canonizaci贸n de los beatos Carlos Lwanga, Mat铆as Mulumba Kalemba y 20 compa帽eros m谩rtires ugandeses (18 de octubre de 1964): AAS 56 (1964), 905-906.

42

Homil铆a en la celebraci贸n conclusiva de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos (8 de mayo de 1994), 6: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 13 de mayo de 1994, 12.

43

Discurso en la conclusi贸n del Simposio de las Conferencias episcopales de 脕frica y Madagascar (Kampala, 31 de julio de 1969), 1: AAS 61 (1969), 575.

44

Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 5: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 8-9.

45

Cf. Mensaje del S铆nodo, n. 10: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 287

46

Cf. Relatio post disceptationem (22 de abril de 1994), 22-26: L'Osservatore Romano, 24 de abril de 1994, 8.

47

PABLO VI, Mensaje Africae terrarum (29 de octubre de 1967), 6: AAS 59 (1967), 1.076.

48

Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 2: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 8.

49

Ib., 4, l.c.

50

Homil铆a en la liturgia de apertura de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos (10 de abril de 1994), 3: AAS 87 (1995), 180-181.

51

Cf. Mensaje del S铆nodo, n. 36: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 5.

52

Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), AAS 80 (1988), 572-574.

53

Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 39: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 6.

54

Cf. S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 6: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 9.

55

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 15: AAS 68 (1976), 14.

56

Ib., l.c., 15.

57

Ib., 53, l.c., 42.

58

Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 6: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 9.

59

Homil铆a en la conclusi贸n de la sexta visita pastoral a 脕frica (Lilongwe, Malawi, 6 de mayo de 1989), 6: Insegnamenti XII, 1 (1989), 1.183.

60

Cf. S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 6: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 9.

61

PONTIFICIA COMISI脫N 芦JUSTICIA Y PAZ禄, Documento Los prejuicios raciales. La Iglesia ante el racismo (3 de noviembre de 1988), 12: Ench. Vat. 11, 918.

62

Cf. S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Instrumentum laboris, 68; Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 17: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 10; Relatio post disceptationem (22 de abril de 1994), 6, 9, 21: L'Osservatore Romano, 24 de abril de 1994, 8.

63

Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 75: AAS 74 (1982), 173.

64

脕ngelus (20 de marzo de 1994), L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 25 de marzo de 1994, 1.

65

Cf. Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 45-48: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 6.

66

Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), 22: AAS 80 (1988), 539.

67

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 8: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 9.

68

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 18: AAS 68 (1976), 17.

69

Ib., 14, l.c., 13.

70

Ib., 15, l.c., 15.

71

Ib., 18, l.c., 17.

72

PABLO VI, Homil铆a para la canonizaci贸n de los beatos Carlos Lwanga, Mat铆as Malumba Kalemba y 20 compa帽eros m谩rtires de Uganda (18 de octubre de 1964): AAS 56 (1964), 907-908.

73

CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 17.

74

Discurso al Simposio de las Conferencias episcopales de 脕frica y Madagascar (31 de julio de 1969), 1: AAS 61 (1969), 576.

75

Cf. Propositio 10.

76

Propositio 3.

77

Ant铆fona O sacrum convivium: II V铆speras de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, ad Magn铆ficat.

78

Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 2: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 3.

79

Propositio 4.

80

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 9: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 3.

81

Propositio 4.

82

Propositio 3.

83

Propositio 4.

84

Cf. Propositio 6.

85

Cf. ib.

86

Exhort. ap. Catechesi tradendae (16 de octubre de 1979), 53: AAS 71 (1979), 1.319.

87

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 52: AAS 83 (1991), 229; cf. Propositio 28.

88

Cf. Propositio 29.

89

Propositio 30.

90

Propositio 32.

91

Cf. Propositio 33.

92

S铆mbolo Nicenoconstantinopolitano, DS 150.

93

Cf. Exhort. ap. Catechesi tradendae (16 de octubre de 1979), 53: AAS 71 (1979), 1.319.

94

Cf. Discurso en la Universidad de Coimbra (15 de mayo de 1982), 5: Insegnamenti V, 2 (1982), 1.695.

95

Propositio 28.

96

Propositio 31.

97

Propositio 32.

98

Ib.

99

Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 6.

100

Cf. Propositio 8.

101

Cf. ib.

102

Ib.

103

Cf. ib.

104

CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 1. V茅ase el conjunto de sus cap铆tulos I y II.

105

Propositio 34.

106

Cf. Propositiones 35-37.

107

Propositio 38.

108

Propositio 39.

109

Propositio 40.

110

Cf. Ib.

111

Propositio 41.

112

Cf. Mensaje del S铆nodo, n. 23: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 4.

113

Cf. Propositio 41.

114

Cf. ib.

115

Propositio 42.

116

Cf. Ib.

117

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 31: AAS 68 (1976), 26.

118

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Lineamenta, 79.

119

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 31: AAS 68 (1976), 26.

120

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 33: AAS 68 (1976), 27.

121

Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 40.

122

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 15: AAS 83 (1991), 263.

123

Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), 36: AAS 81 (1989), 459.

124

CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22.

125

Sermo XXI, 3: SCh 22 a, 72.

126

Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 41.

127

Cf. Carta enc. Populorum progressio (26 de marzo de 1967), 48: AAS 59 (1967), 281.

128

Ib., 87, l.c., 299.

129

Propositio 45.

130

Propositio 45.

131

Propositio 45.

132

Cf. PABLO VI, Carta enc. Populorum progressio (26 de marzo de 1967), 48: AAS 59 (1967), 281.

133

Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), 41: AAS 80 (1988), 572.

134

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Instrumentum laboris, 127

135

Cf. Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 45-46: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 6.

136

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 37, c: AAS 83 (1991), 285.

137

脛ngelus (6 de enero de 1989), 2: Insegnamenti XII, 1 (1989), 40.

138

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 46: AAS 83 (1991), 292.

139

Ib., 47, l.c., 293-294.

140

Ib., 7, l.c., 255-256.

141

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 8: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 9.

142

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 83: AAS 83 (1991), 329.

143

Cf. S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 33: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 3.

144

CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 14.

145

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 15: AAS 68 (1976), 14.

146

Discurso a la Conferencia episcopal de Camer煤n, (Yaund茅, 13 de agosto de 1985), 4: Insegnamenti VIII, 2 (1985), 378.

147

Cf. Discurso a la Conferencia episcopal de Camer煤n, (Yaund茅, 13 de agosto de 1985), 5: Insegnamenti VIII, 2 (1985), 378.

148

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 75: AAS 68 (1976), 65.

149

PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 65: AAS 68 (1976), 65-66.

150

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 23: AAS 83 (1991), 269-270.

151

Discurso a los participantes en el Congreso nacional del Movimiento eclesial de Compromiso cultural (16 de enero de 1982), 2: Insegnamenti V, 1 (1982), 131.

152

Cf. Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 22.

153

Cf. Propositio 32; CONC. ECUM. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 37-40.

154

Propositio 38.

155

Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 75: AAS 74 (1982), 173.

156

Ib., 86, l.c., 189-190.

157

Cf. Propositio 14.

158

Homil铆a en la bas铆lica de la Anunciaci贸n en Nazaret (5 de enero de 1964): AAS 56 (1964), 167.

159

Carta ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 6: AAS 80 (1988), 1.662-1.664; Carta a las mujeres (29 de junio de 1995), 7: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 14 de julio de 1995, 2. 12.

160

Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 22: AAS 74 (1982), 107.

161

Propositio 48.

162

Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 13: AAS 74 (1982), 93-94.

163

Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 13: AAS 74 (1982), 93-94.

164

Cf. Mensaje a la se帽ora Nafis Sadik, secretaria general de la Conferencia internacional de 1994 sobre poblaci贸n y desarrollo (18 de marzo de 1994): AAS 87 (1995), 190-196.

165

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 30: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 5.

166

Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 42: AAS 74 (1982), 134.

167

Propositio 5.

168

Cf. Propositio 34.

169

Cf. Propositio 9.

170

Cf. Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici 30 de diciembre de 1988), 45-46: AAS 81 (1989), 481-506.

171

Cf. Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 71-74: AAS 83 (1991), 318-322.

172

Cf. Propositio 12.

173

Propositio 13.

174

Propositio 14.

175

CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 11.

176

Cf. Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 52: AAS 74 (1982), 144-145.

177

Cf. Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 55 , l. c. 147-148.

178

Cf. Exhort. ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 62, l. c., 155.

179

Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 1.656, que cita el CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 11.

180

Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 1.657, que cita el CONC. ECUM. VAT. II, const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 10, y const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 52.

181

Cf. Propositio 15.

182

Cf. Propositio 15.

183

Propositio 16, que expl铆citamente cita el CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 43-47.

184

Cf. Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 18 y Decreto Perfectae caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 19.

185

Propositio 16.

186

Cf. Propositio 22.

187

CONGREGACI脫N PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES Y CONGREGACI脫N PARA LOS OBISPOS, Notas directivas sobre las relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia Mutuae relationes (14 de mayo de 1978): AAS 70 (1978), 473-506.

188

Cf. Propositio 22.

189

Propositio 18.

190

Propositio 18.

191

Propositio 18.

192

Propositio 17.

193

Propositio 20.

194

Cf. Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis (25 de marzo de 1992), 70-77: AAS 84 (1992), 778-796; Propositio 20.

195

CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presb铆teros, 16.

196

Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presb铆teros, 8.

197

CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Christus Dominus, sobre la funci贸n pastoral de los obispos, 11.

198

Cf. Propositio 21.

199

Cf. Epistolarum liber, VIII, 33: PL 77, 935.

200

Propositio 23; cf. Relatio ante disceptationem (11 de abril de 1994), 11: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 22 de abril de 1994, 9.

201

Propositio 24.

202

Propositio 24.

203

Propositio 24.

204

Propositio 25.

205

Propositio 26.

206

Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 15.

207

Cf. Propositio 27.

208

Propositio 45.

209

Mensaje del S铆nodo, n. 43: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 6.

210

Cf. Propositio 46.

211

Propositio 47.

212

S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 57: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 7.

213

Carta enc. Ut unum sint (25 de mayo de 1995), 40: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 2 de junio de 1995, 11.

214

Cf. Carta enc. Sollicitudo rei sociales (30 de diciembre de 1987), 32: AAS 80 (1988), 556.

215

Cf. Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 35: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 5.

216

Cf. Propositio 56.

217

Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 34: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 5.

218

Cf. Propositio 54.

219

Cf. Propositio 54.

220

Cf. PABLO VI, Carta enc. Populorum progressio (26 de marzo de 1967): AAS 59 (1967), 257- 299; JUAN PABLO II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987): AAS 80 (1988), 513- 586; Carta enc. Centesimus annus (1 de mayo de 1991): AAS 83 (1991), 793-867; Propositio 52.

221

Cf. S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 63: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 7.

222

Cf. S铆nodo de los obispos, Asamblea especial para 脕frica, Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 63: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 7.

223

Propositio 51.

224

Propositio 45.

225

Propositio 45.

226

PABLO VI, Discurso en la 芦Ciudad de los muchachos禄 con ocasi贸n de la V Jornada mundial de la paz (1 de enero de 1972): AAS 64 (1972), 44.

227

Propositio 49.

228

Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 35: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 5.

229

Mensaje del S铆nodo (6 de mayo de 1994), 35: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 20 de mayo de 1994, 5.

230

Cf. Propositio 53

231

Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 86; PABLO VI, Carta enc. Populorum progressio (26 de marzo de 1967), 54: AAS 59 (1967), 283-284; JUAN PABLO II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), 19: AAS 80 (1988), 534- 536; Carta enc. Centesimus annus (1 de mayo de 1991), 35: AAS 83 (1991), 836-838; Carta ap. Tertio millenio adveniente (10 de noviembre de 1994), 51: AAS 87 (1995), 36, en la que se propone "una notable reducci贸n o incluso una total condonaci贸n de la deuda externa que grava sobre el destino de muchas naciones", como iniciativa oportuna con vistas al gran jubileo del a帽o 2000; PONTIFICIA COMISI脫N 芦JUSTICIA Y PAZ禄, Documento Al servicio de la comunidad humana: una consideraci贸n 茅tica de la deuda externa (27 de diciembre de 1986), Ciudad del Vaticano 1986.

232

Propositio 49

233

Propositio 49.

234

Propositio 49.

235

Cf. Carta ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 6-9: AAS 80 (1988), 1.662-1.670; Carta a las mujeres (29 de junio de 1995), 7: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 14 de julio de 1995, 2.12.

236

Propositio 48.

237

Cf. Propositio 48.

238

Propositio 57.

239

Propositio 57.

240

Propositio 61.

241

Cf. Propositio 58.

242

Cf. Propositio 60.

243

Alocuci贸n a los obispos de Kenia (Nairobi, 7 de mayo de 1980), 6: AAS 72 (1980), 497.

244

Cf. PABLO VI, Exhortaci贸n ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 50: AAS 58 (1976), 40.

245

Lineamenta, n. 42.

246

Relatio post disceptationem (22 de abril de 1994), 11: L'Osservatore Romano, 24 de abril de 1994.

247

Discurso a la Conferencia episcopal de Senegal, Mauritania, Cabo Verde y Guinea-Bissau (Poponguine, 21 de febrero de 1992), 3: AAS 85 (1993), 150.

248

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 39: AAS 83 (1991), 287.

249

Decreto Ad gentes, sobre la Actividad misionera de la Iglesia, 20.

250

Angelus (6 de enero de 1989), 2: Insegnamenti XII, 1 (1989), 40.

251

Carta Enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 63: AAS 83 (1991), 311.

252

Decreto Ad gentes, sobre la Actividad misionera de la Iglesia, 29.

253

Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presb铆teros, 10.

254

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 84: AAS 83 (1991), 316.

255

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 66: AAS 83 (1991), 314.

256

CONC. ECUM. VAT. II, Decr. Ad gentes, sobre la Actividad misionera de la Iglesia, 38.

257

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 84: AAS 83 (1991), 331.

258

Discurso a un grupo de obispos de Nigeria en visita ad limina (21 de enero de 1982), 4: AAS 74 (1982), 435-436.

259

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 90: AAS 83 (1991), 336-337.

260

Carta enc. Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 91: AAS 83 (1991), 337-338.

261

PONTIFICIA COMISI脫N 芦JUSTICIA Y PAZ禄, Documento Los prejuicios raciales. La Iglesia ante el racismo (3 de noviembre de 1988), 22: Ench. Vat., 11, 929.

262

PONTIFICIA COMISI脫N 芦JUSTICIA Y PAZ禄, Documento Los prejuicios raciales. La Iglesia ante el racismo (3 de noviembre de 1988), 20: Ench. Vat., 11, 925.

263

CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22.

264

Carta enc. Ut unum sint (25 de mayo de 1995), 77-79: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa帽ola, 2 de junio de 1995, 15.

265

Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), 38: AAS 80 (1988), 565.

266

Carta enc. Sollicitudo rei socialis, (30 de diciembre de 1987), 38, l. c. 568.

267

CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 39.

268

Cart enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987), 48: AAS 80 (1988), 583.

269

PABLO VI, Exhort. ap. Gaudete in Domino (9 de mayo de 1975), III: AAS 67 (1975), 297.

270

Homil铆a en la apertura de la Asamblea especial para 脕frica del S铆nodo de los obispos (10 de abril de 1994), 1: AAS 87 (1995), 179.

271

Carta ap. Tertio millenio adveniente (10 de noviembre de 1994), 42: AAS 87 (1995), 32.

272

Homil铆a durante la misa celebrada en Jartum.
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