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S.S. Juan Pablo II, Carta Apost贸lica por el Cuarto Centenario de la Uni贸n de Brest
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Carta Apost贸lica por el Cuarto Centenario de la Uni贸n de Brest

Del Santo Padre

Juan Pablo II

Amad铆simos hermanos y hermanas:

1. Se acerca el d铆a en que la Iglesia greco-cat贸lica de Ucrania celebrar谩 el cuarto centenario de la uni贸n entre los obispos de la Metropol铆a de la Rus' de Kiev y la Sede apost贸lica. La uni贸n se concert贸 en el encuentro de los representantes de la Metropol铆a de Kiev con el Papa, que tuvo lugar el 23 de diciembre de 1595 y se proclam贸 solemnemente en Brest-Litovsk sobre el r铆o Bug, el 16 de octubre de 1596. El Papa Clemente VIII, con la constituci贸n apost贸lica Magnus Dominus et laudabilis nimis 1 , lo anunci贸 a la Iglesia entera y con la carta apost贸lica Benedictus sit pastor 2 se dirigi贸 a los obispos de la Metropol铆a, comunic谩ndoles la uni贸n alcanzada.

Los Papas siguieron con solicitud y afecto el camino, a menudo dram谩tico y doloroso, de esta Iglesia. Quisiera recordar aqu铆, de modo particular, la carta enc铆clica Orientales omnes del Papa P铆o XII, el cual, en diciembre de 1945, escribi贸 palabras inolvidables, para recordar el 350 aniversario del restablecimiento de la plena comuni贸n con la Sede de Roma 3 .

La Uni贸n de Brest inaugur贸 una nueva p谩gina de la historia de esa Iglesia 4 . Hoy quiere cantar con alegr铆a el himno de gratitud y alabanza a Aquel que, una vez m谩s, la ha llevado de la muerte a la vida, y volverse a poner en camino con nuevo impulso por la senda que marc贸 el concilio Vaticano II.

A los fieles de la Iglesia greco-cat贸lica ucrania se unen, en la acci贸n de gracias y en la s煤plica, las Iglesias greco-cat贸licas de la emigraci贸n que se remiten a la Uni贸n de Brest, junto con las dem谩s Iglesias orientales cat贸licas y con toda la Iglesia. A los cat贸licos de tradici贸n bizantina de esas tierras quiero unirme tambi茅n yo, Obispo de Roma, que durante tantos a帽os, en el tiempo de mi ministerio pastoral en Polonia, experiment茅 una cercan铆a f铆sica, adem谩s de espiritual, a esa Iglesia entonces tan duramente probada y que, despu茅s de mi elecci贸n a la Sede de Pedro, sent铆 con apremio, en continuidad con mis predecesores, el deber de alzar la voz para defender su derecho a la existencia y a la libre profesi贸n de la fe, cuando ambas le eran negadas. Ahora tengo el privilegio de celebrar con emoci贸n, juntamente con ella, los d铆as de la libertad recuperada.

En b煤squeda de la unidad

2. Las celebraciones de la Uni贸n de Brest se han de situar en el contexto del milenio del bautismo de la Rus'. Hace siete a帽os, en 1988, ese acontecimiento se celebr贸 con gran solemnidad. En esa ocasi贸n publiqu茅 dos documentos: la carta apost贸lica Euntes in mundum, del 25 de enero de 1988 5 , para toda la Iglesia, y el mensaje Magnum baptismi donum, del 14 de febrero del mismo a帽o 6 , dirigido a los cat贸licos ucranios. En efecto, se trataba de celebrar un momento fundamental para la identidad cristiana y cultural de esos pueblos, con un valor muy particular, que brotaba del hecho de que las Iglesias de tradici贸n bizantina y la Iglesia de Roma viv铆an a煤n en comuni贸n plena.

Desde el tiempo de la divisi贸n que rompi贸 la unidad entre el Occidente y el Oriente bizantino, fueron frecuentes e intensos los esfuerzos realizados por restablecer la comuni贸n plena. Quiero recordar dos acontecimientos especialmente significativos: el concilio de Lyon, en 1274, y sobre todo el concilio de Florencia, en 1439, cuando se firmaron protocolos de uni贸n con las Iglesias orientales. Por desgracia, varias causas impidieron que las potencialidades contenidas en esos acuerdos dieran el fruto esperado.

Los obispos de la Metropol铆a de Kiev, al restablecer la comuni贸n con Roma, se refirieron expl铆citamente a las decisiones del concilio de Florencia, es decir, a un concilio que cont贸 con la participaci贸n directa, entre otros, de los representantes del Patriarcado de Constantinopla.

En este marco, resplandece la figura del metropolita Isidoro de Kiev que, fiel int茅rprete y defensor de las decisiones de ese concilio, tuvo que soportar el destierro por sus convicciones.

En los obispos que promovieron la uni贸n y en su Iglesia permanec铆a muy viva la conciencia del 铆ntimo v铆nculo originario con sus hermanos ortodoxos, adem谩s de la conciencia plena de la identidad oriental de su Metropol铆a, que conven铆a salvaguardar incluso despu茅s de la uni贸n. En la historia de la Iglesia cat贸lica es de gran valor el hecho de que ese justo deseo haya sido respetado y que el acto de uni贸n no haya significado el paso a la tradici贸n latina, como algunos pensaban que deb铆a suceder: su Iglesia vio que se le reconoc铆a el derecho de ser gobernada por una jerarqu铆a propia, con una disciplina espec铆fica, y que manten铆a el patrimonio lit煤rgico y espiritual oriental.

Entre persecuci贸n y florecimiento

3. Despu茅s de la uni贸n, la Iglesia greco-cat贸lica ucrania vivi贸 un per铆odo de florecimiento de las estructuras eclesiales, con repercusiones ben茅ficas sobre la vida religiosa, sobre la formaci贸n del clero y sobre el compromiso espiritual de los fieles. Con notable clarividencia, se atribuy贸 gran importancia a la educaci贸n. Con la valiosa contribuci贸n de la orden basiliana y de otras congregaciones religiosas, se dio admirable incremento al estudio de las disciplinas sagradas y de la cultura patria. En el siglo actual, una figura de extraordinario prestigio fue, en este sentido, as铆 como en el testimonio del sufrimiento padecido por Cristo, el metropolita Andr茅s Szeptyckyj, que a su preparaci贸n y a su finura espiritual, supo unir excelentes dotes de organizador, fundando escuelas y academias, sosteniendo los estudios teol贸gicos y las ciencias humanas, la prensa, el arte sacro y la conservaci贸n de las memorias.

Con todo, tan gran vitalidad eclesial fue siempre acompa帽ada por el drama de la incomprensi贸n y la oposici贸n. Una de sus v铆ctimas ilustres fue el arzobispo de Plock y Vitebsk, Josafat Kuncevyc, cuyo martirio fue coronado con la inmarcesible corona de la gloria eterna. Ahora su cuerpo descansa en la bas铆lica vaticana, donde recibe constantemente el homenaje conmovido y agradecido de todos los cat贸licos.

Las dificultades y los sufrimientos se repitieron sin cesar. P铆o XII los record贸 en la carta enc铆clica Orientales omnes, en la que, despu茅s de haberse referido a las persecuciones anteriores, ya presagia la dram谩tica persecuci贸n del r茅gimen ateo 7 .

Entre los testigos heroicos, no s贸lo de los derechos de la fe sino tambi茅n de la conciencia humana, que se distinguieron en esos a帽os dif铆ciles, destaca la figura del entonces metropolita Josyf Slipyj: su valent铆a al soportar el destierro y la c谩rcel durante dieciocho a帽os y su inquebrantable confianza en la resurrecci贸n de su Iglesia, hacen de 茅l uno de los ejemplos m谩s notables de confesores de la fe de nuestro tiempo. Y no se pueden olvidar sus numerosos compa帽eros de sufrimiento, en particular los obispos Gregorio Chomyszyn y Josafat Kocylowskyj.

Esos tempestuosos acontecimientos perjudicaron a la Iglesia de la madre patria. Pero ya desde hac铆a tiempo la Providencia divina hab铆a establecido que numerosos hijos de esa Iglesia pudieran encontrar un camino de salida para s铆 y para su pueblo: en efecto, a partir del siglo XIX, comenzaron a difundirse en gran n煤mero al otro lado del oc茅ano, en corrientes migratorias que los llevaron sobre todo a Canad谩, Estados Unidos de Am茅rica, Brasil, Argentina y Australia. La Santa Sede quiso estar cerca de ellos, asisti茅ndolos e creando para ellos estructuras pastorales en sus nuevos destinos, hasta constituir aut茅nticas eparqu铆as. As铆, en el momento de la prueba, durante la persecuci贸n atea en la tierra de origen, estos creyentes pudieron alzar su voz, en plena libertad, con fuerza y valent铆a. Su clamor reivindic贸 en el foro internacional el derecho a la libertad religiosa para sus hermanos perseguidos, reforzando de este modo el llamamiento que hizo el concilio Vaticano II en favor de la libertad religiosa 8 y la acci贸n realizada en este sentido por la Santa Sede.

4. A las v铆ctimas de tantos sufrimientos va el recuerdo conmovido de toda la comunidad cat贸lica: los m谩rtires y los confesores de la fe de la Iglesia en Ucrania nos ofrecen una magn铆fica lecci贸n de fidelidad a costa de la vida. Y nosotros, testigos privilegiados de su sacrificio, somos conscientes de que han contribuido a mantener en la dignidad a un mundo que parec铆a dominado por la barbarie. Han conocido la verdad, y la verdad los ha hecho libres. Los cristianos de Europa y del mundo, arrodillados en oraci贸n junto a los confines de los campos de concentraci贸n y de las c谩rceles, deben agradecerles su luz: era la luz de Cristo, que hac铆an resplandecer en las tinieblas. 脡stas, a los ojos del mundo, durante largos a帽os parecieron prevalecer, pero no pudieron apagar esa luz, que era luz de Dios y luz del hombre ofendido pero no doblegado.

Esa herencia de sufrimiento y de gloria est谩 atravesando hoy un cambio hist贸rico: ca铆das las cadenas de la c谩rcel, la Iglesia greco-cat贸lica en Ucrania ha vuelto a respirar el aire de la libertad y a recobrar plenamente su papel activo en la Iglesia y en la historia. Para cumplir con sabidur铆a y clarividencia esa tarea, delicada y providencial, es necesaria hoy una reflexi贸n particular.

Por la senda del Concilio Vaticano II

5. La celebraci贸n de la Uni贸n de Brest se ha de vivir e interpretar a la luz de las ense帽anzas del Concilio Vaticano II. Tal vez 茅ste sea el aspecto m谩s importante para la comprensi贸n del alcance de ese aniversario.

Es sabido que el Concilio Vaticano II quiso reflexionar principalmente sobre el misterio de la Iglesia, de forma que uno de los documentos m谩s importantes que redact贸 fue la constituci贸n Lumen gentium. Precisamente por esta profundizaci贸n, el Concilio reviste una importancia ecum茅nica particular. Lo confirma el decreto Unitatis redintegratio, que traza un programa muy clarificador sobre la acci贸n que conviene llevar a cabo con vistas a la unidad de los cristianos. Me pareci贸 oportuno volver a tratar sobre ese programa, a los treinta a帽os de la conclusi贸n del Concilio, con la carta enc铆clica Ut unum sint, publicada el 25 de mayo de este mismo a帽o 9 . Esa enc铆clica describe los pasos ecum茅nicos que se han dado despu茅s del concilio Vaticano II y, al mismo tiempo, en la perspectiva del tercer milenio de la era cristiana, trata de abrir nuevas posibilidades para el futuro.

Situando las celebraciones del a帽o pr贸ximo en el marco de la reflexi贸n sobre la Iglesia, promovida por el Concilio, deseo sobre todo invitar a profundizar la funci贸n propia que la Iglesia greco-cat贸lica ucrania est谩 llamada a desempe帽ar hoy en el movimiento ecum茅nico.

6. Hay quien ve en la existencia de las Iglesias orientales cat贸licas un obst谩culo para el camino del ecumenismo. El concilio Vaticano II no dej贸 de afrontar ese problema, indicando las perspectivas de soluci贸n, tanto en el decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo como en el decreto Orientalium ecclesiarum, dedicado espec铆ficamente a ellas. Ambos documentos se plantean en la perspectiva del di谩logo ecum茅nico con las Iglesias orientales que no est谩n en plena comuni贸n con la Sede de Roma, a fin de valorizar la riqueza que las dem谩s Iglesias tienen en com煤n con la Iglesia cat贸lica y de fundar en esa riqueza compartida la b煤squeda de una comuni贸n cada vez m谩s plena y profunda. En efecto, "el ecumenismo trata precisamente de hacer crecer la comuni贸n parcial existente entre los cristianos hacia la comuni贸n plena en la verdad y en la caridad" 10 .

Para promover el di谩logo con los ortodoxos bizantinos, se constituy贸, despu茅s del concilio Vaticano II, una comisi贸n mixta espec铆fica, que ha contado entre sus miembros tambi茅n con representantes de las Iglesias orientales cat贸licas.

En varios documentos se ha tratado de profundizar el esfuerzo por lograr una mayor comprensi贸n entre las Iglesias ortodoxas y las Iglesias orientales cat贸licas, con resultados positivos. En la carta apost贸lica Orientale lumen 11 y en la carta enc铆clica Ut unum sint 12 he tratado ya acerca de los elementos de santificaci贸n y de verdad 13 , comunes al Oriente y al Occidente cristiano, y acerca del m茅todo que conviene seguir en la b煤squeda de la comuni贸n plena entre la Iglesia cat贸lica y las Iglesias ortodoxas, a la luz de la profundizaci贸n eclesiol贸gica llevada a cabo por el concilio Vaticano II: "Hoy sabemos que la unidad puede ser realizada por el amor de Dios s贸lo si las Iglesias lo quieren juntas, dentro del pleno respeto de sus propias tradiciones y de la necesaria autonom铆a. Sabemos que esto s贸lo puede llevarse a cabo a partir del amor de Iglesias que se sienten llamadas a manifestar cada vez m谩s la 煤nica Iglesia de Cristo, nacida de un solo bautismo y de una sola Eucarist铆a, y que quieren ser hermanas" 14 . La profundizaci贸n en el conocimiento de la doctrina sobre la Iglesia, llevada a cabo por el Concilio y por el posconcilio, ha trazado una senda que se puede definir nueva para el camino de la unidad: la senda del di谩logo de la verdad alimentado y sostenido por el di谩logo de la caridad (cf. Ef 4, 15).

7. La salida de la clandestinidad signific贸 un cambio radical en la situaci贸n de la Iglesia greco-cat贸lica ucrania: se encontr贸 frente a los graves problemas de la reconstrucci贸n de las estructuras de las que hab铆a sido completamente privada y, m谩s en general, ha tenido que tratar de redescubrirse plenamente a s铆 misma, no s贸lo en su propio interior, sino tambi茅n en relaci贸n con las dem谩s Iglesias.

Demos gracias al Se帽or porque le ha concedido celebrar este jubileo en la situaci贸n de libertad religiosa reconquistada. Y d茅mosle gracias tambi茅n por el crecimiento del di谩logo de la caridad, en virtud del cual se han dado pasos significativos en el camino hacia la anhelada reconciliaci贸n con las Iglesias ortodoxas.

M煤ltiples emigraciones y deportaciones han alterado la geograf铆a religiosa de esas tierras; tantos a帽os de ate铆smo de Estado han marcado profundamente las conciencias; el clero no basta a煤n para responder a las inmensas necesidades de la reconstrucci贸n religiosa y moral: 茅stos son algunos de los desaf铆os m谩s dram谩ticos que han de afrontar todas las Iglesias.

Ante estas dificultades se requiere un testimonio com煤n de la caridad, para que no encuentre obst谩culos la predicaci贸n del Evangelio. Como he dicho en la carta apost贸lica Orientale lumen, "hoy podemos cooperar para el anuncio del Reino o convertirnos en causantes de nuevas divisiones" 15 . Que el Se帽or gu铆e nuestros pasos por el camino de la paz.

La sangre de los m谩rtires

8. En la libertad recuperada no podemos olvidar la persecuci贸n y el martirio que las Iglesias de esa regi贸n, tanto cat贸licas como ortodoxas, sufrieron en su carne. Se trata de una dimensi贸n importante para la Iglesia de todos los tiempos, como record茅 en la carta apost贸lica Tertio millennio adveniente 16 . Se trata de una herencia particularmente significativa para las Iglesias de Europa, que han quedado profundamente marcadas por ella: sobre esa misma herencia se deber谩 reflexionar a la luz de la palabra de Dios.

As铆 pues, una parte integrante de nuestra memoria religiosa es el deber de recordar a la mente el significado del martirio, para se帽alar a la veneraci贸n de todos las figuras concretas de esos testigos de la fe, conscientes de que tambi茅n hoy conserva plena validez el dicho de Tertuliano: "Sanguis martyrum, semen christianorum" 17 . Nosotros, los cristianos, tenemos ya un martirologio com煤n en el que Dios mantiene y realiza entre los bautizados la comuni贸n en la exigencia suprema de la fe, manifestada con el sacrificio de la vida. La comuni贸n real, aunque imperfecta, que ya existe entre cat贸licos y ortodoxos en su vida eclesial, llega a su perfecci贸n en todo lo que "consideramos el v茅rtice de la vida de gracia, la martyr铆a hasta la muerte, la comuni贸n m谩s aut茅ntica que existe con Cristo, que derrama su sangre y, en este sacrificio, acerca a quienes un tiempo estaban lejanos (cf. Ef 2, 13)" 18 .

El recuerdo de los m谩rtires no puede ser borrado de la memoria de la Iglesia y de la humanidad: sean v铆ctimas de ideolog铆as de Oriente o de Occidente, todos son unificados por la violencia que, por odio a la fe, se ha perpetrado contra la dignidad de la persona humana, creada por Dios "a su imagen y semejanza".

La Iglesia de Cristo es una

9. "Credo unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam". Esta profesi贸n de fe contenida en el S铆mbolo niceno-constantinopolitano es com煤n a los cristianos, tanto cat贸licos como ortodoxos: eso pone de manifiesto que no s贸lo creen en la unidad de la Iglesia, sino que viven y quieren vivir en la Iglesia una e indivisible, tal como la fund贸 Jesucristo. Las diferencias que surgieron y se desarrollaron entre el cristianismo de Oriente y el de Occidente en el decurso de la historia son, en gran parte, diversidades de origen cultural y de tradiciones. En este sentido, "la leg铆tima diversidad no se opone de ning煤n modo a la unidad de la Iglesia, sino que, por el contrario, aumenta su honor y contribuye no poco al cumplimiento de su misi贸n" 19 .

El Papa Juan XXIII sol铆a repetir: "Es mucho m谩s fuerte lo que nos une que lo que nos separa". Estoy seguro de que este esp铆ritu puede ser una gran ayuda para todas las Iglesias. M谩s de treinta a帽os han pasado desde que Juan XXIII pronunci贸 esas palabras. Muchos indicios nos impulsan a pensar que en ese per铆odo los cristianos han avanzado por este camino. Son signos elocuentes de ese progreso los encuentros fraternos entre el Papa Pablo VI y el patriarca ecum茅nico Aten谩goras I, y los que yo mismo he celebrado con los patriarcas ecum茅nicos Dimitrios y, recientemente, Bartolom茅, as铆 como con otros venerados patriarcas de las Iglesias de Oriente. Todo esto, junto con las numerosas iniciativas de encuentro y de di谩logo que se han organizado por doquier en la Iglesia, constituye un motivo de esperanza: el Esp铆ritu Santo, el Esp铆ritu de unidad, no cesa de actuar entre los cristianos a煤n separados entre s铆.

Con todo, la debilidad humana y el pecado siguen ofreciendo resistencia al Esp铆ritu de unidad. A veces se tiene tambi茅n la impresi贸n de que existen fuerzas dispuestas a todo con tal de frenar, e incluso destruir, el proceso de uni贸n entre los cristianos. Pero no podemos desistir: debemos encontrar cada d铆a la valent铆a y la fortaleza, don del Esp铆ritu y a la vez fruto del esfuerzo humano, para continuar por el camino emprendido.

10. Con respecto a la Uni贸n de Brest nos preguntamos cu谩l es hoy el significado de ese acontecimiento. Se trat贸 de una uni贸n que afect贸 s贸lo a un 谩rea geogr谩fica espec铆fica, pero su importancia es notable para todo el marco ecum茅nico. Las Iglesias orientales cat贸licas pueden aportar una contribuci贸n muy importante al ecumenismo. Lo recuerda el decreto conciliar Orientalium ecclesiarum: "Corresponde a las Iglesias orientales que est谩n en comuni贸n con la Sede apost贸lica romana la especial misi贸n de promover la unidad de todos los cristianos, sobre todo de los orientales, seg煤n los principios del decreto de este santo S铆nodo sobre el ecumenismo, principalmente con la oraci贸n, con el ejemplo de vida, con la escrupulosa fidelidad a las tradiciones orientales, con un mejor conocimiento mutuo, con la colaboraci贸n y estima fraterna de las cosas y de los esp铆ritus" 20 . Esas Iglesias tienen un compromiso de vivir con intensidad cuanto queda ah铆 descrito. Se les pide una confesi贸n plena de humildad y gratitud al Esp铆ritu Santo, que gu铆a a la Iglesia hacia el fin que le ha asignado el Redentor del mundo.

Tiempo de oraci贸n

11. El elemento fundamental que deber谩 caracterizar la celebraci贸n de este jubileo ser谩, por consiguiente, la oraci贸n. 脡sta es ante todo acci贸n de gracias por lo que se ha alcanzado, a lo largo de los siglos, en el compromiso en favor de la unidad de la Iglesia y, particularmente, por el impulso que dio el concilio Vaticano II a ese compromiso.

Esa oraci贸n es acci贸n de gracias al Se帽or, que dirige el camino de la historia, por el clima de libertad religiosa reconquistada, en que se celebra este jubileo. Y es tambi茅n s煤plica al Esp铆ritu Par谩clito, para que haga crecer todo lo que favorece la unidad y d茅 valent铆a y fortaleza a cuantos trabajan, de acuerdo con las orientaciones del decreto conciliar Unitatis redintegratio, en esta obra bendecida por Dios. Es s煤plica para obtener el amor fraterno, el perd贸n de las ofensas y de las injusticias padecidas en la historia. Es s煤plica para que el poder del Dios vivo saque un bien incluso del mal tan cruel y multiforme causado por la malicia de los hombres. La oraci贸n es tambi茅n esperanza para el futuro del camino ecum茅nico: el poder de Dios es m谩s grande que todas las debilidades humanas antiguas y nuevas. Si este jubileo de la Iglesia greco-cat贸lica ucrania, en los umbrales del tercer milenio, marca alg煤n paso adelante hacia la plena unidad de los cristianos, ser谩 ante todo obra del Esp铆ritu Santo.

Tiempo de reflexi贸n

12. Las celebraciones jubilares, adem谩s, ser谩n un momento de reflexi贸n. La Iglesia greco-cat贸lica ucrania se preguntar谩 ante todo sobre lo que ha significado para ella la plena comuni贸n con la Sede apost贸lica y sobre lo que deber谩 significar en el futuro. Dar谩 gloria a Dios, con actitud de humilde gratitud, por su heroica fidelidad al Sucesor de Pedro, y, bajo la acci贸n del Esp铆ritu Santo, comprender谩 que esa misma fidelidad la pone hoy en el camino del compromiso en favor de la unidad de todas las Iglesias. Esa fidelidad le ha costado sufrimientos y martirio en el pasado: se trata de un sacrificio ofrecido a Dios para implorar la anhelada uni贸n.

La fidelidad a las antiguas tradiciones orientales es uno de los medios de que disponen las Iglesias orientales cat贸licas para promover la unidad de los cristianos 21 . El decreto conciliar Unitatis redintegratio es muy expl铆cito cuando declara: "Sepan todos que conocer, venerar, conservar y fomentar el riqu铆simo patrimonio lit煤rgico y espiritual de los orientales es de la m谩xima importancia para conservar fielmente la plenitud de la tradici贸n cristiana y para lograr la reconciliaci贸n de los cristianos orientales y occidentales" 22 .

Una memoria confiada a Mar铆a

13. No dejemos de confiar el anhelo hacia la plena unidad de los cristianos a la Madre de Cristo, siempre presente en la obra del Se帽or y de su Iglesia. El cap铆tulo VIII de la constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium la muestra como la mujer que nos precede en nuestro camino de fe sobre la tierra, tiernamente presente en la Iglesia, la cual, al final del segundo milenio, se esfuerza por restablecer entre todos los creyentes en Cristo la unidad que el Se帽or quiere para ellos. Ella es Madre de la unidad, porque es Madre del 煤nico Cristo. Si por obra del Esp铆ritu Santo dio a luz al Hijo de Dios, que de ella recibi贸 el cuerpo humano, Mar铆a desea ardientemente la unidad visible tambi茅n para todos los creyentes que forman el Cuerpo m铆stico de Cristo. Estamos seguros de que la veneraci贸n a Mar铆a, que une con tanta fuerza a Oriente y Occidente, contribuir谩 a la unidad.

La Virgen sant铆sima, ya presente por doquier en medio de nosotros, en tantos edificios sagrados y en la vida de tantas familias, habla incesantemente de unidad, por la cual intercede sin cesar. Si hoy, al conmemorar la Uni贸n de Brest, recordamos qu茅 maravillosos tesoros de veneraci贸n ha sabido reservar a la Madre de Dios el pueblo cristiano de Ucrania, no podemos por menos de sacar de la admiraci贸n por la historia, la espiritualidad y la oraci贸n de esos pueblos, las consecuencias para la unidad que est谩n tan 铆ntimamente vinculadas a esos tesoros.

Mar铆a, que ha inspirado en la prueba a padres y madres, j贸venes, enfermos y ancianos; Mar铆a, columna de fuego capaz de guiar a tantos m谩rtires de la fe, est谩 actuando sin duda para preparar la anhelada uni贸n de todos los cristianos: con vistas a ella, la Iglesia greco-cat贸lica en Ucrania tiene ciertamente un papel que desempe帽ar.

A Mar铆a la Iglesia expresa su acci贸n de gracias y le pide que nos haga part铆cipes de su solicitud por la unidad: abandon茅monos a ella con confianza filial, para volvernos a encontrar con ella donde Dios ser谩 todo en todos.

A vosotros, amad铆simos hermanos y hermanas, os imparto mi bendici贸n apost贸lica.

Vaticano, 12 de noviembre, memoria de San Josafat, del a帽o 1995, decimoctavo de mi pontificado.


1

Cf. Bullarium romanum V/2 (1594-1602), 87-92.

2

Cf. A. Welykyj, Documenta Pontificum Romanorum historiam Ucrainae illustrantia, t. I, pp. 257-259.

3

Cf. AAS 38 (1946), 33-63.

4

Cf. Juan Pablo II, Carta al cardenal Myroslav I. Lubachivsky, arzobispo mayor de Lviv de los ucranios (25 de marzo de 1995), 3: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 19 de mayo de 1995, p. 15.

5

Cf. AAS 80 (1988), 935-956.

6

Cf. ib., 988-997.

7

Cf. AAS 38 (1946), 54-57. Esos temores encontrar铆an una angustiosa confirmaci贸n algunos a帽os despu茅s, como el mismo Pont铆fice anotaba oportunamente en la carta enc铆clica Orientales Ecclesias (15 de diciembre de 1952): AAS 45 (1953), 7-10.

8

Cf. Dignitatis humanae.

9

Cf. L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 2 de junio de 1995, pp. 7-18.

10

Ut unum sint, 14.

11

Cf. Orientale lumen, 18-19.

12

Cf. Ut unum sint, 12-14.

13

Cf. Unitatis redintegratio, 3.

14

Orientale lumen, 20.

15

ib., 19.

16

Cf. AAS 87 (1995), 29-30; Ut unum sint, 84.

17

Apol. 50, 13: CCL I, 171.

18

Ut unum sint, 84.

19

ib., 50.

20

Orientalium ecclesiarum, 24.

21

Cf. ib.

22

Unitatis redintegratio, 15.
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