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Liliana Casuso Ferrand, El estr√©s, ¬Ņun producto del siglo XX?
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El estr√©s, ¬Ņun producto del siglo XX?
Breve recorrido por la historia del diagnóstico y tratamiento del estrés

El estr√©s es un tema de sumo inter√©s en la actualidad, tanto en la investigaci√≥n cient√≠fica como en el marco de la vida cotidiana. Ya en 1983 una revista de divulgaci√≥n popular como Time consideraba el estr√©s como ¬ęla epidemia de los ochenta¬Ľ y lo ubicaba como el mayor problema de salud en ese momento. La gran difusi√≥n que se le ha dado en las √ļltimas d√©cadas podr√≠a hacerlo aparecer como un asunto propio s√≥lo del siglo XX y reci√©n descubierto gracias a los avances de la ciencia moderna. Sin embargo, el hecho de que sea un tema de actualidad no significa que el estr√©s sea un fen√≥meno exclusivo de las √ļltimas d√©cadas, por el contrario, ya ha sido abordado y comentado desde siglos atr√°s.

Cary Cooper y Philip Dewe 1 , quienes han realizado una interesante y bien lograda revisi√≥n del concepto ‚Äúestr√©s‚ÄĚ en los √ļltimos a√Īos, sostienen que en realidad los actuales psic√≥logos realizan un ‚Äúredescubrimiento‚ÄĚ del estr√©s en lugar del pretendido ‚Äúdescubrimiento‚ÄĚ. Dichos autores nos recuerdan que el mismo t√©rmino ‚Äúestr√©s‚ÄĚ hab√≠a sido planteado ya desde el siglo XVII, cuando se hablaba de un cuadro de ‚Äúfuerza, presi√≥n o tensi√≥n‚ÄĚ af√≠n a la histeria, a la neurastenia, al desgaste mental y a la tensi√≥n en el campo cl√≠nico de la psicolog√≠a.

A pesar de que ‚Äúestr√©s‚ÄĚ es un t√©rmino ampliamente utilizado, a√ļn no se tiene una idea suficientemente clara y precisa sobre lo que el concepto abarca. En 1995, Sand√≠n nos advierte sobre este problema:

¬ę...llama la atenci√≥n que despu√©s de medio siglo de profusa investigaci√≥n del t√©rmino estr√©s, a√ļn siga siendo necesario delimitar el significado de dicho t√©rmino en revistas especializadas. Y es que posiblemente no exista otro t√©rmino en psicolog√≠a sobre el que haya m√°s ambig√ľedad y abuso. Es utilizado frecuentemente por psic√≥logos, m√©dicos, psiquiatras, soci√≥logos... y por la gente en general, tanto en las conversaciones cotidianas como en la radio y televisi√≥n...¬Ľ 2 .

Esto lleva a una saturaci√≥n en el uso del t√©rmino pues se utiliza indistintamente en el vocabulario del hombre moderno e incluso se cometen equ√≠vocos dentro del mismo √°mbito acad√©mico. Como resultado, obtenemos un escepticismo por parte de unos y una explicaci√≥n exagerada y omnipresente por parte de otros. Queda como tarea, entonces, caminar hacia una visi√≥n lo m√°s completa posible de dicho fen√≥meno para buscar iluminar la realidad del ser humano contempor√°neo en cuanto unidad biol√≥gica, psicol√≥gica y espiritual. El objetivo de este art√≠culo es tomar en cuenta los principales hallazgos sobre este fen√≥meno para que su comprensi√≥n ayude a que el hombre moderno camine hacia una mayor integraci√≥n como persona, de manera que ejerciendo con madurez el se√Īor√≠o de sus facultades y potencias, pueda realizarse plena y saludablemente. No ayuda, pues, ser negligente con un tema como el estr√©s y descalificarlo, as√≠ como tampoco, el calificar de estr√©s a cualquier situaci√≥n cotidiana que exija de nosotros un poco m√°s de entrega o sacrificio de al que estamos acostumbrados.

Un camino adecuado para esta tarea de clarificar el significado del término estrés y poder tener una mayor comprensión de sus manifestaciones será realizar un recorrido histórico, remontándonos a los antecedentes y usos iniciales que éste tuvo dentro del campo médico y psicológico. A continuación se presenta una sucinta revisión de hitos que paulatinamente han contribuido a perfilar un concepto más integral y que, por ende, responda mejor a la realidad humana.

Una breve mirada histórica

Siglo XVII

El t√©rmino ¬ęestr√©s¬Ľ

Al final del siglo XVII se plantea el t√©rmino ‚Äúestr√©s‚ÄĚ con un acento ‚Äút√©cnico‚ÄĚ debido a que el f√≠sico ingl√©s Robert Hooke (1635-1703) lo utiliza por analog√≠a con el uso de la misma palabra en el campo de la ingenier√≠a. A trav√©s de su ‚Äúley de elasticidad‚ÄĚ explica y proporciona el concepto de ‚Äúcarga‚ÄĚ (load), postulando que cuando una presi√≥n es aplicada sobre una estructura, √©sta produce un efecto de ‚Äúestiramiento‚ÄĚ, generando un cambio de la forma; √©ste ser√≠a el resultado de la interacci√≥n entre la presi√≥n (o carga) y el estr√©s. El concepto de estr√©s es pues entendido aqu√≠ como la situaci√≥n en la cual una exigencia externa act√ļa sobre un cuerpo y √©ste, an√°logamente a una m√°quina, se expone a un desgaste (wear and tear). Ante esta demanda, el cuerpo necesitar√≠a ‚Äúenerg√≠a‚ÄĚ proveniente del sistema nervioso para sobrellevar los desgastes. Por ello, los cient√≠ficos relacionaron inicialmente el estr√©s con un ‚Äúdesgaste de la energ√≠a nerviosa‚ÄĚ. Esto cobra particular relevancia cuando en el siglo XVIII los m√©dicos plantean que la tercera parte de las enfermedades se deb√≠an a or√≠genes nerviosos 3 .

Vemos ya desde esta definici√≥n una sugerencia de que la persona puede pasar por situaciones que ‚Äúsobrecargan‚ÄĚ sus recursos f√≠sicos de tal manera que se d√© una saturaci√≥n que su sistema nervioso pueda no sobrellevar. Es evidente la impronta mec√°nica que por analog√≠a ayuda a entender el plano m√°s f√≠sico del impacto del estr√©s en cuanto fuerza desgastante. Dicho concepto, llevado rectamente a la realidad humana, ayuda a reflexionar sobre una recta exigencia personal que eduque para la entrega generosa en la medida de las propias capacidades y posibilidades seg√ļn la realidad de cada uno.

Siglo XIX

El ‚Äúdesgaste nervioso‚ÄĚ

Un hallazgo que avanza en esta l√≠nea se da hacia la llegada del siglo XIX, cuando el m√©dico americano George Beard (1839-1883) describe un cuadro frecuente en sus pacientes como resultado de una ‚Äúsobrecarga‚ÄĚ de las demandas propias del nuevo siglo, y lo llama ‚Äúneurastenia‚ÄĚ. Este estudioso fue quien en 1868 populariz√≥ el t√©rmino ‚Äúneurastenia‚ÄĚ, aunque ya antes, en 1833, Van Dusen lo hab√≠a utilizado en el Diccionario M√©dico Dunglison 4 .

Si bien es cierto que la neurastenia no hace alusi√≥n a un cuadro id√©ntico al del ‚Äúestr√©s moderno‚ÄĚ, Beard tiene el gran aporte de sugerir que las condiciones sociales y las exigencias de la creciente vida urbana moderna pueden suscitar un desequilibrio en la persona que podr√≠a culminar en una enfermedad mental. Esto, adem√°s, contribuy√≥ a que los problemas psicol√≥gicos que entonces se calificaban como ‚Äúnerviosos‚ÄĚ perdieran el estigma que llevaban de enfermedad psiqui√°trica. Estas nuevas ideas, adem√°s, dieron pie a que se plantearan nuevas y m√°s humanas hip√≥tesis de tratamiento que las aplicadas a las llamadas ‚Äúenfermedades nerviosas‚ÄĚ. Esta novedosa perspectiva, al considerar la realidad social del individuo, exige educar a la persona en un sano y adecuado afrontamiento de las exigencias del medio.

Paralelamente, en Inglaterra se diagnostic√≥ una enfermedad similar, descubierta por el escoc√©s George Cheyne (1671-1743), quien la presentaba tambi√©n como propiciada por la situaci√≥n social existente en ese momento, pero que, en este caso, se circunscrib√≠a s√≥lo a la parte de la poblaci√≥n de nivel socioecon√≥mico alto. Por contar con este diagn√≥stico, los m√©dicos ingleses no comenzaron a usar el t√©rmino ‚Äúneurastenia‚ÄĚ sino hasta 50 a√Īos despu√©s que Beard. Robert Kugelmann (1992) 5 menciona que empezando en 1880, durante 40 a√Īos, el cuadro de neurastenia se consider√≥ una enfermedad resultante de una sobrecarga del sistema nervioso que produc√≠a una serie de des√≥rdenes por lo que se le llam√≥ tambi√©n ¬ędebilidad de los nervios¬Ľ 6 . Otros nombres usados como sin√≥nimos de esta enfermedad fueron ‚Äúpostraci√≥n nerviosa‚ÄĚ, ‚Äúagotamiento nervioso‚ÄĚ, ‚Äúfatiga patol√≥gica‚ÄĚ o ‚Äúirritabilidad m√≥rbida‚ÄĚ 7 .

Beard consideraba una amplia gama de s√≠ntomas f√≠sicos y mentales tales como una alta ansiedad, fatiga extrema, desesperaci√≥n, fobias e insomnio; e incluso problemas de atenci√≥n, migra√Īa, indigesti√≥n e impotencia sexual 8 .

Ensayos de explicación etiológica

La mentada neurastenia se ubic√≥ dentro de las llamadas ‚Äúenfermedades nerviosas‚ÄĚ de esa √©poca. Resulta interesante considerar las diversas explicaciones que se daban entonces para este tipo de enfermedades, ya que toman en cuenta variables que relacionan aspectos sociales y √©ticos con la enfermedad nerviosa.

En Inglaterra la llamada ‚Äúenglish malady‚ÄĚ, identificada por Cheyne, afectaba principalmente a la √©lite intelectual de dicha sociedad y se atribu√≠a a un exceso de comodidad y pereza y a una dificultad para afrontar el momento de aflicci√≥n que atravesaban como civilizaci√≥n moderna. Beard, por su parte, consideraba que la neurastenia era un desorden propio de la ‚Äúcultura moderna‚ÄĚ motivado por el intenso y agitado ritmo propio de la vida urbana americana, que produc√≠a consecuencias negativas a nivel psicol√≥gico en las personas como el desgaste y el desequilibrio emocional.

Por otro lado, el m√©dico brit√°nico Clifford Allbutt (1836-1925) sosten√≠a en el Contemporary Review que el sistema nervioso no se debilita ni se agota por el esfuerzo ya que por naturaleza es activo. Allbutt estaba en contra de la opini√≥n popular de que el siglo XIX estaba marcado por el estr√©s y los deseos insatisfechos; y m√°s bien planteaba que en una √©poca en la que las autoridades civiles se han debilitado, las personas se ven en la necesidad de una mayor autoexigencia moral y de un mayor autocontrol. No obstante, por el hecho de carecer tanto de la suficiente fortaleza interior como de un adecuado y maduro uso de su libertad para afrontar esta situaci√≥n, se enmascaraban en quejas som√°ticas como las que son propias de la neurastenia 9 . Este planteamiento resulta interesante considerando que se aproxima a la realidad humana de una manera integral y toma en cuenta la necesidad de una ‚Äúfortaleza‚ÄĚ a nivel moral para poder responder tambi√©n a nivel psicol√≥gico. En cuanto a la visi√≥n del desgaste nervioso y la incidencia perjudicial de √©ste en el organismo propiciando otras enfermedades, Allbutt era mucho m√°s optimista que sus contempor√°neos, pues consideraba que sus repercusiones en realidad no eran tan dram√°ticas. Para demostrarlo, alud√≠a al hecho de que los efectos de la neurastenia no ten√≠an consecuencias fatales en los pacientes que sufr√≠an enfermedades cardiovasculares 10 .

Estas explicaciones del estr√©s guardan similitud con las que se elaboraron despu√©s, en el sentido de que tomaban en cuenta las variables sociales de la cultura moderna identificando situaciones universalmente estresantes. Adem√°s, sugieren un cuestionamiento acerca de si toda situaci√≥n estresante enferma o si ‚ÄĒcomo veremos m√°s adelante‚ÄĒ s√≥lo un tipo de estr√©s resulta perjudicial para la salud f√≠sica o mental de la persona.

Terapias propuestas

Otra √°rea sugerente para la investigaci√≥n es la de las propuestas de tratamiento que en esta √©poca se aplicaban para las llamadas enfermedades nerviosas. Beard sol√≠a recomendar un tratamiento con electricidad ya que √©l mismo era electro-terapeuta y confiaba en los efectos ben√©ficos de esta pr√°ctica. Sin embargo, la terapia que m√°s √©xito tuvo fue la famosa rest cure (cura de descanso) creada por el m√©dico americano Silas Weir Mitchell (1829‚Äď1914). √Čste es considerado un precursor de la aplicaci√≥n de la psicolog√≠a a la medicina, especialmente a las enfermedades nerviosas. En su conocida obra Fat and Blood (1877) recomienda una terapia que consiste en sacar al paciente de su ambiente acostumbrado y aislarlo pidi√©ndole que descanse en cama, que siga una dieta balanceada, que haga ejercicio, que escriba una autobiograf√≠a y que reciba una terapia de masajes 11 . Este tipo de terapia tuvo mucho √©xito y posteriormente se le agregaron medidas como visitas a lugares naturales, estad√≠as cortas en sanatorios mentales y finalmente alguna forma de psicoterapia.

Es as√≠ que vemos c√≥mo hasta finales del siglo XIX, la terapia sobre lo que d√©cadas despu√©s se definir√° como ‚Äúestr√©s‚ÄĚ, atiende a una visi√≥n integral de la persona donde el aspecto cognitivo, el descanso, el ejercicio f√≠sico y la reformulaci√≥n de h√°bitos (fundamentalmente dieta y sue√Īo) adquieren un rol importante 12 . Como una medida terap√©utica ayudar√≠a a recuperar un ‚Äúestilo de vida‚ÄĚ que permita restaurar y asimilar las experiencias vividas para que la persona pueda afrontar nuevamente los desaf√≠os que se le presentan.

En este siglo empieza el esfuerzo de la psicolog√≠a por aparecer como ciencia y aparece el funcionalismo con William James (1842-1910) y su inter√©s en lo pr√°ctico, alentando as√≠ la capacidad de adaptaci√≥n del ser humano. En su perspectiva pragm√°tica propone el concepto de fatiga como signo de ‚Äúfalla‚ÄĚ en el ajuste exitoso del individuo a la vida moderna. Esto √ļltimo ser√≠a lo propio del ideal de vida de una sociedad industrialmente productiva como meta de realizaci√≥n.

Siglo XX

Medicina psicosom√°tica

Las primeras d√©cadas del siglo XX tambi√©n son testigo del acento en el concepto de estr√©s como enfermedad suscitada por una causa psicol√≥gica o ‚Äúconflicto interno‚ÄĚ, con ello se populariza lo que se llamar√° ‚Äúmedicina psicosom√°tica‚ÄĚ, t√©rmino que alude a una relaci√≥n de la psique con la enfermedad f√≠sica. Lamentablemente, el campo fue aprovechado por el movimiento psicoanal√≠tico que a inicios de 1920 empieza a producir ‚Äúpseudo teor√≠as‚ÄĚ explicativas, basadas en conflictos inconscientes y en una visi√≥n determinista de un hombre que, manejado por sus pulsiones e instintos, lucha por sobrevivir entre su Supery√≥ y su ello, siendo, la conciencia, presa de inevitables traumas y fijaciones 13 . Esto har√≠a recaer un gran desprestigio sobre la medicina psicosom√°tica por un largo periodo de tiempo.

Con el cambio de un paradigma fisiol√≥gico a uno con un acento m√°s psicol√≥gico, el cuadro de neurastenia cambi√≥ de un diagn√≥stico som√°tico a un diagn√≥stico psicol√≥gico y pas√≥ a formar parte del nuevo lenguaje de la neurosis. Posteriormente, muchos lo retomar√°n de manera aislada y le dar√°n el nuevo nombre de ¬ęfatiga cr√≥nica¬Ľ 14 .

Mantener la homeostasis

Fue probablemente el neur√≥logo Walter Cannon, en 1932 15 , el primer investigador moderno que aplic√≥ el concepto de estr√©s ‚ÄĒen este sentido‚ÄĒ a las personas, interesado principalmente en los efectos que el fr√≠o, la p√©rdida de ox√≠geno y otros factores ambientales (considerados estresores) producen en el organismo. Cannon parti√≥ de la hip√≥tesis de que toda vida humana requiere mantener un equilibrio interior al cual llamar√≠a ‚Äúhomeostasis‚ÄĚ y en caso de cambios intensos se da un proceso de reacomodaci√≥n a trav√©s del sistema endocrino y vegetativo.

Las investigaciones de Cannon lo llevaron a la conclusi√≥n de que a pesar de que un organismo pueda resistir un bajo nivel de estresores o un estresor inicial, cuando √©stos son prolongados o de car√°cter intenso pueden provocar un quiebre en los sistemas biol√≥gicos. Dicha formulaci√≥n es una valiosa intuici√≥n para los efectos da√Īinos del estr√©s cr√≥nico sobre la salud que actualmente se confirman gracias a los estudios sobre el sistema endocrino e inmunol√≥gico.

El enfoque de Cannon, además, define el estrés como un conjunto de estímulos del medio ambiente que alteran el funcionamiento del organismo. Al ubicar el estrés fuera de la persona, se hace necesario identificar, definir y entender cuáles son las situaciones estresantes, determinando así cómo y hasta qué punto los procesos fisiológicos afectan al ser humano en diferentes aspectos 16 .

De acuerdo a la teor√≠a de Cannon ser√≠an los hechos y situaciones los que generan el estr√©s: si una situaci√≥n considerada como est√≠mulo provoca alteraci√≥n emocional, agotamiento psicol√≥gico, debilitamiento f√≠sico o deterioro, entonces se califica dicha situaci√≥n como estresante o ‚Äúestresor‚ÄĚ.

Una cr√≠tica planteada a esta postura es la de Weinman (1987) quien afirma que si se entiende el estr√©s de esa manera, las soluciones terap√©uticas tendr√≠an que orientarse al control de todas las situaciones que se presenten a la persona durante su vida cotidiana 17 . Esto es, a todas luces, imposible y va contra la esencia misma del dinamismo de la vida. Tal perspectiva pareciera concebir al ser humano como incapaz de enfrentar desaf√≠os que exijan un sano quiebre de paradigmas de esfuerzo o de vivir experiencias de crecimiento a trav√©s del sacrificio y la donaci√≥n. A pesar de ello, el enfoque del estr√©s basado en el est√≠mulo resulta de valor porque permite identificar una serie de situaciones universales estresantes que sirven como puntos de referencia objetivos para comparar las distintas reacciones que presentan las diversas personas en diversos contextos sociales. Es por ello que la teor√≠a de Cannon ha tenido una gran influencia en la psicopatolog√≠a durante las dos √ļltimas d√©cadas. Esta perspectiva, sin excluir la importancia de la evaluaci√≥n subjetiva que hace la persona ante la situaci√≥n, brinda informaci√≥n relevante para profundizar en mayores investigaciones sobre el estr√©s 18 .

Hans Selye y la sistematización del estudio del estrés

Tomando los avances de Cannon, Hans Selye descubri√≥ que en sus pacientes (1936) se presentaban ciertas constantes biol√≥gicas independientemente del tipo de enfermedad que sufrieran. A partir de dicha observaci√≥n fue desarrollando una definici√≥n de estr√©s basada no ya en el est√≠mulo (como la de Cannon) sino en la respuesta que dan las personas durante situaciones estresantes 19 . Por el desarrollo sistem√°tico que realiz√≥ desde entonces, Selye es considerado por muchos como el ‚Äúpadre del concepto moderno de estr√©s‚ÄĚ pues marc√≥ un hito insoslayable en el desarrollo de dicha noci√≥n 20 .

De acuerdo a Selye, el agente desencadenante del estr√©s es siempre alg√ļn elemento que atenta contra la homeostasis del organismo. El estr√©s ser√≠a la respuesta no espec√≠fica del organismo ante cualquier situaci√≥n demandante, ya sea que se trate de un efecto mental o som√°tico 21 . En un inicio, Selye consideraba que la respuesta de estr√©s era un mecanismo inherente a la situaci√≥n: cada vez que se diera una demanda al organismo, se producir√≠a una respuesta defensiva con el fin de proteger y propiciar la adaptaci√≥n; √©l no encontraba diferencias en las respuestas dadas frente a est√≠mulos agradables o desagradables 22 .

El sistema endocrino

Selye consideraba que esta respuesta de estrés era estereotipada e implicaba una activación del eje hipotálamo-hipofísico-suprarrenal y del sistema nervioso autónomo.

Tal proceso recibi√≥ el nombre de ‚ÄúS√≠ndrome General de Adaptaci√≥n‚ÄĚ (SGA) y fue descrito como un proceso de tres etapas diferenciadas 23 :

a. Alarma: Se presenta en toda persona cuando el organismo percibe un agente que identifica como nocivo. En esta etapa de alarma se da una respuesta inicial de adaptación presentando diferentes síntomas y movilizando defensas para responder a la posible amenaza.

b. Resistencia: La anterior fase no puede mantenerse por mucho tiempo y da lugar a la etapa de resistencia, en la cual el organismo busca adaptarse al agente nocivo ‚ÄĒtambi√©n denominado estresor‚ÄĒ y desaparecen los s√≠ntomas iniciales.

c. Agotamiento: Si el estresor contin√ļa de manera cr√≥nica, finalmente el organismo ingresa en la etapa de agotamiento donde reaparecen los s√≠ntomas y se produce una ruptura de los procesos de recuperaci√≥n, siendo incluso posible que el proceso culmine con la muerte.

Luego de una mayor evoluci√≥n de su teor√≠a, en 1974 Selye hizo una distinci√≥n entre estr√©s positivo y negativo. Llam√≥ ‚Äúeustr√©s‚ÄĚ al estr√©s que se asocia a sentimientos positivos y procesos fisiol√≥gicos de protecci√≥n y denomin√≥ ‚Äúdistr√©s‚ÄĚ al estr√©s que se relaciona con sentimientos negativos y funciones destructivas para el organismo 24 .

Posteriormente, ampli√≥ el concepto al afirmar que el estresor no era exclusivamente de naturaleza f√≠sica sino que tambi√©n pod√≠a ser de naturaleza psicol√≥gica, como ocurre en el caso de emociones tales como el temor, la alegr√≠a, el odio, etc. Incluso consider√≥ el factor psicol√≥gico como el m√°s frecuente activador de respuestas ante situaciones estresantes, aunque dejando claro que no puede ser considerado como el √ļnico factor 25 .

El modelo del estr√©s, entendido como respuesta, ha recibido diversas cr√≠ticas. Entre las principales, se cuestiona si las reacciones de las personas ante el estr√©s son en realidad tan uniformes como Selye plantea 26 . Resulta importante agregar que al realizar estudios comparativos de respuesta ante situaciones consideradas ‚Äúuniversalmente estresantes‚ÄĚ se encuentra que no todas las personas se estresan y por el contrario, algunas se fortalecen, lo cual luego dar√° pie a que la actual psicolog√≠a positiva proponga el ‚Äúfortalecimiento del yo‚ÄĚ como fundamento terap√©utico.

También se le critica a Selye el que considere la respuesta como automática y el que afirme que la persona se encuentra bajo estrés sólo cuando se presenta la fase de adaptación general, dejando minimizado el aspecto psicológico 27 .

No obstante estas críticas, los trabajos de Selye abrieron un nuevo e importante campo de investigación en la medicina y aportaron argumentos para postular que un estímulo psicológico puede provocar una respuesta fisiológica; al mismo tiempo, ofrecieron un marco teórico que posibilitó las investigaciones sobre el estrés en las ciencias de la salud.

Un desarrollo posterior sobre la concepci√≥n del estr√©s, que adem√°s signific√≥ valiosos aportes en el √°mbito de la biolog√≠a, es el del especialista en neuroendocrinolog√≠a Bruce McEwen (1999) quien propone una formulaci√≥n del estr√©s como ‚Äúcarga alost√°tica‚ÄĚ. Aprovechando el concepto de ‚Äúalostasis‚ÄĚ (Sterling and Eyer, 1988), que significa ‚Äúmantener la estabilidad a trav√©s del cambio‚ÄĚ, este investigador plantea que el desgaste propio del estr√©s es parte de la naturaleza humana y que las situaciones estresantes, a corto plazo, incluso tienen una funci√≥n protectiva ya que nos habilitan para luchar frente a las amenazas, dificultades y obst√°culos. El problema reside cuando los estresores son cr√≥nicos y dificultan la recuperaci√≥n del organismo. La ‚Äúcarga alost√°tica‚ÄĚ se referir√° entonces al wear and tear [= desgaste] que el cuerpo experimenta durante repetidos ciclos y que no permiten la ‚Äúconexi√≥n‚ÄĚ y ‚Äúdesconexi√≥n‚ÄĚ de las respuestas necesarias. Uno de los efectos m√°s da√Īinos es la supresi√≥n del factor protectivo que tiene el sistema inmunol√≥gico en el organismo contra las enfermedades 28 .

Un proceso din√°mico

Harold G. Wolff entre los a√Īos 1940 y 1950 29 , aport√≥ un elemento importante al enfocar el estr√©s como un proceso din√°mico en el cual el organismo interact√ļa con el est√≠mulo, implicando una adaptaci√≥n a las demandas que se dan y ofreciendo la ventaja de apuntar a una definici√≥n mucho m√°s integral y completa que las propuestas anteriormente presentadas.

Posteriormente, se desarrollaron teor√≠as sobre el estr√©s que se basaban en la interacci√≥n. Lazarus es el principal representante de esta perspectiva. √Čl desarrolla el aspecto cognitivo y las evaluaciones adaptativas o desadaptativas que se pueden hacer sobre la realidad 30 . Desde esta visi√≥n, el estr√©s se originar√≠a a partir de las relaciones particulares entre la persona y su entorno, por lo que se acent√ļan los factores psicol√≥gicos que median entre los est√≠mulos (estresores) y las respuestas de estr√©s.

Actualmente una de las m√°s reconocidas definiciones de ‚Äúestr√©s‚ÄĚ es justamente la de este autor, quien lo define como una ¬ę...relaci√≥n entre la persona y el ambiente, el cual es cognitivamente evaluado como significativo y que excede a sus recursos...¬Ľ 31 . En un inicio, Lazarus 32 plante√≥ el concepto de evaluaci√≥n centr√°ndose b√°sicamente en el estr√©s psicol√≥gico, donde pod√≠a distinguir tres estados (amenaza, da√Īo-p√©rdida y desaf√≠o). Sin embargo, enriqueci√≥ su teor√≠a desarrollando la noci√≥n de evaluaci√≥n en relaci√≥n a la emoci√≥n, permitiendo discriminar la variedad de emociones individuales que se presentan en una situaci√≥n y que tambi√©n afectan el proceso subjetivamente evaluativo o interpretativo. Con la investigaci√≥n de Lazarus de los usuales patrones que propician el estr√©s se confirma que el subjetivismo y la distorsi√≥n de la evaluaci√≥n de las situaciones son elementos que requieren de correcci√≥n para un adecuado y adaptativo afrontamiento del estr√©s. Esto resulta sumamente valioso para reafirmar la importancia de la interpretaci√≥n que hace la persona de los hechos y la necesidad de educar en criterios y patrones cognitivos que conduzcan a una aproximaci√≥n l√≥gica, realista y objetiva a la realidad.

Un modelo sintético

El psic√≥logo Seldon Cohen (1997) quien ha realizado durante 25 a√Īos investigaciones sobre la relaci√≥n entre estr√©s y salud, plantea un modelo que incluye los tres acentos en el desarrollo del concepto de estr√©s hasta la actualidad:

1. Experiencia de demandas del ambiente, estresores o eventos de vida.

2. Percepción subjetiva de sentirse estresado.

3. Activación de condiciones físicas y fisiológicas.

De los modelos propuestos, √©ste resulta muy sugerente pues dicho autor considera cada aproximaci√≥n como un estadio propio del proceso a trav√©s del cual las demandas del ambiente son traducidas en cambios psicol√≥gicos y biol√≥gicos que ponen a la persona en riesgo de enfermarse. Cohen prefiere llamar ‚Äúestr√©s‚ÄĚ a toda la aproximaci√≥n en conjunto del proceso 33 :

El sistema inmunológico

Finalmente, muchos investigadores consideran que el sistema inmunol√≥gico podr√≠a ser el principal mediador en la relaci√≥n ‚Äúestr√©s-enfermedad‚ÄĚ. En un estudio meta-anal√≠tico, Segerstrom y Miller 34 (2004) reportaron que en los √ļltimos 30 a√Īos se han realizado m√°s de 300 estudios sobre estr√©s y el sistema inmunol√≥gico en humanos, y que los resultados han demostrado que los desaf√≠os psicol√≥gicos son capaces de modificar muchas caracter√≠sticas de dicho sistema. Es probable que el estr√©s psicosocial agote la protecci√≥n inmune local contra la invasi√≥n de virus o colonias de bacterias 35 .

Con el desarrollo de la psiconeuroinmunología, estas hipótesis están siendo reevaluadas para obtener nuevas luces sobre los mecanismos implicados en cuadros como el estrés. La psiconeuroinmunología es la ciencia básica que examina los vínculos estructurales y funcionales entre la conducta, los nervios, el sistema endocrino y el sistema inmunológico. Es una ciencia clínica que está estudiando las relaciones entre los estados de humor y el sistema de defensas del cuerpo, así como el impacto del aspecto psicológico en los cambios que se dan en el sistema inmunológico y los efectos que esto produce en la salud.

Segerstrom y Miller (2004) explicar√°n que es importante diferenciar el sistema inmunol√≥gico innato del adquirido, en vistas a entender mejor la relaci√≥n entre estresores psicosociales y dicho sistema inmune. Las c√©lulas que participan en los mecanismos innatos tienen diferentes prop√≥sitos y pueden atacar diferentes pat√≥genos en un periodo corto de tiempo. Tienen una respuesta generalizada llamada ‚Äúinflamaci√≥n‚ÄĚ y coordinan los complejos procesos de reconocer y destruir de todas las c√©lulas del sistema inmunol√≥gico. Se comunican entre s√≠ por medio de la segregaci√≥n de unas mol√©culas llamadas citoquinas.

Las citoquinas son prote√≠nas solubles sintetizadas y segregadas por c√©lulas inmunes y son vitales para la regulaci√≥n normal de la inmunidad en la persona. Estas prote√≠nas act√ļan como mensajeros qu√≠micos entre las c√©lulas inmunes y pueden tener efectos de amplio espectro: activan c√©lulas inmunes, las dirigen para que proliferen y se trasladen a las √°reas de infecci√≥n o da√Īo. Adem√°s, hacen que estas c√©lulas se diferencien en clases. Un adecuado funcionamiento del sistema inmunol√≥gico reduce tremendamente la posibilidad de que se presente una infecci√≥n o, en todo caso, la minimiza en cuanto a su duraci√≥n e intensidad. En cambio, las fallas en el sistema inmunol√≥gico, que disminuyen la resistencia, se reflejan en importantes fuentes de enfermedad e incluso de muerte prematura 36 . Es as√≠ pues, que las citoquinas son un camino de investigaci√≥n prometedor para explicar las relaciones entre el estr√©s, el cambio inmunol√≥gico y la enfermedad 37 .

CONCLUSI√ďN

Hasta aqu√≠, vemos que contin√ļan las posibilidades de investigaci√≥n t√©cnica y cient√≠fica que podr√°n ir perfilando mejor la comprensi√≥n del fen√≥meno del estr√©s. Sin embargo, si tomamos este recorrido breve en su conjunto, vemos c√≥mo desde hace siglos se plantean intuiciones valiosas para la comprensi√≥n del estr√©s en la perspectiva de la relaci√≥n mente-cuerpo y basadas no s√≥lo en t√©cnicas sino, sobre todo, en la experiencia cl√≠nica. Algo que resulta de particular relevancia es que la comprensi√≥n tambi√©n integra aportes de las √°reas social, √©tica y f√≠sica, lo cual m√°s de una vez se puede perder con la tendencia a la ‚Äúespecializacion‚ÄĚ en el conocimiento. Estos aportes iniciales no s√≥lo siguen vigentes sino que, cuando se toma en cuenta la psicolog√≠a desde el siglo XVII, se enriquece el concepto de estr√©s con una carga de humanismo. Esto alienta a revisar otros conceptos y teor√≠as en perspectiva hist√≥rica. La riqueza cient√≠fica de la psicolog√≠a contempor√°nea necesita tomar en cuenta siempre las intuiciones y hallazgos anteriores a la √©poca de la valoraci√≥n cient√≠fica y estad√≠stica para lograr un cuadro integral que realmente ayude al ser humano.

El problema del estr√©s abarca elementos f√≠sicos y psicol√≥gicos y afecta la dimensi√≥n espiritual de la persona, presentando como caracter√≠stica principal la percepci√≥n subjetiva de la propia falta de capacidad para responder al desaf√≠o que se le presenta. Luego de lo descrito, es claro que a nivel f√≠sico genera una serie de s√≠ntomas propios del desgaste y puede suscitar la aparici√≥n de cualquier vulnerabilidad gen√©tica en la persona como un cuadro temprano de diabetes, hipertensi√≥n, asma, migra√Īas, artritis, obesidad y conductas compensatorias como consumo de cafe√≠na, chocolate, cigarro y alcohol entre otros 38 .

En el área psicológica, además de la ansiedad mencionada, propicia cuadros de pánico y puede colaborar para detonar cualquier cuadro psiquiátrico que ya exista en la persona por predisposición genética.

Asimismo, en el área espiritual puede tener una influencia negativa al contribuir a la desesperanza y volver más difícil el propio combate espiritual contra los vicios o el cultivo de la vida interior. Definitivamente, nada determina absolutamente al ser humano; pero como unidad que es, sí es necesario considerar cómo resulta influenciado por factores diversos.

A la luz de lo expuesto, es importante considerar tambi√©n que no toda persona agotada o con un ritmo de tensi√≥n intenso est√° estresada, y al mismo tiempo, no toda situaci√≥n de estr√©s es negativa. La vida misma implica un dinamismo de conquista, de combate y de logro de metas seg√ļn los propios ideales, y en esta l√≠nea, la vivencia de experiencias estresantes e intensas, si son de corto plazo y adecuadamente afrontadas, fortalece y prepara al sujeto para nuevas luchas. El aporte sobre los estresores cr√≥nicos y el efecto negativo en la salud nos ayuda a evitar situaciones de negligencia propia, ya sea a nivel de consentir h√°bitos de pensamiento distorsionados, estilos de vida ca√≥ticos o incluso metas que encajen con un criterio exclusivo de ‚Äúproductividad‚ÄĚ y que conlleven un estilo de vida deshumanizante. El fin es servir al hombre en todo su ser integral y en ese sentido, fortalecerlo y prepararlo mejor para la fascinante aventura de vivir.

Liliana Casuso, psicóloga clínica peruana, es integrante de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación.


1

Ver C. Cooper y P. Dewe, Stress. A brief history, Blackwell, Oxford 2004.

2

B. Sandín, El estrés, en, A. Belloch, B. Sandín, y F. Ramos (eds.), Manual de psicopatología, McGraw-Hill, Madrid 1995, p. 4.

3

Ver C. Cooper y P. Dewe, ob. cit.

4

Ver M. Gijswijt-Hofstra, Introduction: Cultures of Neurasthenia from Beard to the First World War, en, Clio Medica/The Welcome Series in the History of Medicine, Rodopi, New York 2001, pp. 1-30.

5

Ver Robert Kugelmann, Stress: The Nature and History of Engineered Grief, Praeger, Westport 1992, pp. 86-88.

6

Ver lug. cit.

7

Ver James Mark Baldwin, Dictionary of Philosophy and Psychology, The Macmillan Company, New York 1901.

8

Ver M. Gijswijt-Hofstra, ob. cit., p. 2.

9

Ver Robert Kugelmann, ob. cit., pp. 86-88.

10

Ver M. Gijswijt-Hofstra, ob. cit., pp. 1-30.

11

Ver J. M. S. Pearse, Silas Weir Mitchell and the ‚Äúrest cure‚ÄĚ, en, Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry, 2004; 75; 381.

12

Ver B. Mc Ewen, The end of the stress as we know it, Dana Press, Washington 2002, pp. 135-145.

13

Ver A. Troch, El stress y la personalidad: Introducción a la psicología profunda de Sigmund Freud y Alfred Adler, Herder, Barcelona 1982.

14

Ver M. Gijswijt-Hofstra, ob. cit., pp. 1-30.

15

Ver S. E. Hobfoll, Conservation of Resources. A New Attempt at Conceptualizing Stress, en, American Psychologist, n¬ļ 44, Washington 1989, pp. 513-524.

16

Ver J. Weinman, An Outline of Psychology as Applied to Medicine, Bristol, Londres 1987.

17

Ver S. Folkman, M. Chesney, L. McKusick, G. Ironson, D. Johnson y T. Coates, Translating coping theory into an intervention, en, J. Eckenrode (ed.), The Social Context of Coping, Plenum, New York 1991, pp. 239-260.

18

Ver S. E. Hobfoll, ob. cit., pp. 513-524.

19

Ver H. Selye, The Stress Concept: Past, Present, and Future, en, C. L. Cooper (ed.), Stress Research. Issues for the Eighties, Wiley, New York 1983, pp. 1-20.

20

Ver S. Breznitz y L. Goldberger, Stress Research at a Crossroads, en, L. Goldberger y S. Breznitz (eds.), Handbook of Stress. Theoretical and Clinical Aspects, Free Press, New York 1993, pp. 4-6.

21

Ver B. Sandín, ob. cit., pp. 3-52.

22

Ver H. Selye, ob. cit., pp. 1-20.

23

Ver R. S. Lazarus y S. Folkman, Estrés y procesos cognitivos, Martínez Roca, Barcelona 1986.

24

Ver R. S. Lazarus, From Psychological Stress to the Emotions: A History of Changing Outlooks, en, Annual Review of Psychology, n¬ļ 44, 1993, pp. 1-21.

25

Ver H. Selye, ob. cit., pp. 1-20.

26

Ver R. S. Lazarus, From Psychological Stress to the Emotions, ob. cit., pp. 1-21.

27

Ver S. E. Hobfoll, ob. cit., pp. 513-524.

28

Ver B. Mc Ewen, ob. cit., pp. 135-145.

29

Ver R. S. Lazarus y S. Folkman, Estrés y procesos cognitivos, ob. cit.

30

Ver R. S. Lazarus y S. Folkman, If it Changes it Must be a Process: Study of Emotion and Coping During Three Stages of a College Examination, en, Journal of Personality and Social Psychology, n¬ļ 48, pp. 150-170.

31

Ver S. Folkman, M. Chesney, L. McKusick, G. Ironson, D. Johnson y T. Coates, ob. cit., pp. 239-260.

32

Ver R. S. Lazarus, Emotion and Adaptation, Oxford University Press, New York 1991.

33

Ver S. Cohen, C. Kessler and L. Gordon, Measuring Stress: A guide for health and social scientists, Oxford University Press, New York 1997.

34

Ver S. Segerstrom y G. Miller, Psychological stress and the Human Immune System: A Meta-Analytic Study of 30 Years of Inquiry, en, Psychological Bulletin, vol. 130, n¬ļ 4, pp. 601-630.

35

Ver P. Drummond y B. Hewson-Bower, Increased Psychosocial stress and decreased mucosal immunity in children with recurrent upper respiratory tract infections, en, Journal of Psychosomatic Research, vol. 43, n¬ļ 3, 1997, pp. 271-278.

36

Ver M. J. Forlenza y A. Baum, Psychoneuroimmunology, en, T. Boll, R. Frank, A. Baum y J. Wallander, Handbook of Clinical Health Psychology, American Psychological Asociation, Washington 2004, pp. 81-114.

37

Ver S. Segerstrom y G. Miller, ob. cit., pp. 601-630.

38

Ver B. Mc Ewen, ob. cit., pp. 55-95.
Consultas

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