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S.S. Benedicto XVI, Santa Misa de Inauguraci贸n de la V Conferencia General en el Santuario de Aparecida
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Santa Misa de Inauguraci贸n de la V Conferencia General en el Santuario de Aparecida, Brasil

Venerables Hermanos en el Episcopado,

隆queridos sacerdotes y vosotros todos, hermanas y hermanos en el Se帽or!

No existen palabras para expresar la alegr铆a de encontrarme con vosotros para celebrar esta solemne Eucarist铆a, con ocasi贸n de la apertura de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. A todos saludo con mucha cordialidad, de modo particular al Arzobispo de Aparecida, Mons. Raymundo Damasceno Assis, agradeciendo las palabras que me fueron dirigidas en nombre de toda la asamblea, y a los Cardenales Presidentes de esta Conferencia General. Saludo con deferencia a las autoridades civiles y militares que nos honran con su presencia. Desde este Santuario extiendo mi pensamiento, con mucho afecto y oraci贸n, a todos aqu茅llos que se nos unen espiritualmente en este d铆a, de modo especial a las comunidades de vida consagrada, a los j贸venes comprometidos en movimientos y asociaciones, a las familias, bien como a los enfermos y a los ancianos. A todos les quiero decir: 芦Gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de parte del Se帽or Jesucristo禄 (1Cor 1,13).

Considero un don especial de la Providencia que esta Santa Misa sea celebrada este tiempo y en este lugar. El tiempo es el lit煤rgico del sexto Domingo de Pascua: est谩 pr贸xima la fiesta de Pentecost茅s, y la Iglesia es invitada a intensificar la invocaci贸n al Esp铆ritu Santo. El lugar es el Santuario nacional de Nuestra Se帽ora Aparecida, coraz贸n mariano del Brasil: Maria nos acoge en este Cen谩culo y, como Madre y Maestra, nos ayuda a elevar a Dios una plegaria un谩nime y confiada. Esta celebraci贸n lit煤rgica constituye el fundamento m谩s s贸lido de la V Conferencia, porque pone en su base la oraci贸n y la Eucarist铆a, Sacramentum caritatis. En efecto, solo la caridad de Cristo, emanada por el Esp铆ritu Santo, puede hacer de esta reuni贸n un aut茅ntico acontecimiento eclesial, un momento de gracia para este Continente y para el mundo entero. Esta tarde tendr茅 la posibilidad de entrar en el m茅rito de los contenidos sugeridos por el tema de vuestra Conferencia. Demos ahora espacio a la Palabra de Dios, que con alegr铆a acogemos, con el coraz贸n abierto y d贸cil, a ejemplo de Maria, Nuestra Se帽ora de la Concepci贸n, a fin de que, por el poder del Esp铆ritu Santo, Cristo pueda nuevamente 鈥渉acerse carne鈥� en el hoy de nuestra historia.

La primera Lectura, tomada de los Hechos de los Ap贸stoles, se refiere al as铆 llamado 鈥淐oncilio de Jerusal茅n鈥�, que consider贸 la cuesti贸n de si a los paganos convertidos al cristianismo deber铆a imponerseles la observancia de la ley mosaica. El texto, dejando de lado la discusi贸n sobre 鈥渓os Ap贸stoles y los ancianos鈥� (15,4-21), transcribe la decisi贸n final, que viene colocada por escrito en una carta y confiada a dos comisarios, a fin de que sea entregada a la comunidad de Antioquia (vv. 22-29). Esta p谩gina de los Hechos nos es muy apropiada, por haber venido aqu铆 para una reuni贸n eclesial. Nos habla del sentido del discernimiento comunitario en torno a los grandes problemas que la Iglesia encuentra a lo largo de su camino y que vienen a ser aclarados por los 鈥淎p贸stoles鈥� y por los 鈥渁ncianos鈥� con la luz del Esp铆ritu Santo, el cual, como nos narra el Evangelio de hoy, recuerda la ense帽anza de Jesucristo (cf. Jn 14,26) ayudando as铆 a la comunidad cristiana a caminar en la caridad en b煤squeda de la verdad plena (cf. Jn 16,13). Los jefes de la Iglesia discuten y se enfrentan, siempre sin embargo en actitud de religiosa escucha de la Palabra de Cristo en el Esp铆ritu Santo. Por eso, al final pueden afirmar: 芦Pareci贸 bien al Esp铆ritu Santo y a nosotros ...禄 (Hch 15,28).

脡ste es el 鈥渕茅todo鈥� con el cual nosotros actuamos en la Iglesia, tanto en las peque帽as como en las grandes asambleas. No es una simple cuesti贸n de procedimiento; es el resultado de la misma naturaleza de la Iglesia, misterio de comuni贸n con Cristo en el Esp铆ritu Santo. En el caso de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y el Caribe, la primera, realizada en Rio de Janeiro en 1955, recurri贸 a una Carta especial enviada por el Papa P铆o XII, de venerada memoria; en las otras, hasta la actual, fue el Obispo de Roma que se dirigi贸 a la sede de la reuni贸n continental para presidir las fases iniciales. Con devoto reconocimiento dirigimos nuestro pensamiento a los Siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II que, en las Conferencias de Medell铆n, Puebla y Santo Domingo, testimoniaron la proximidad de la Iglesia universal en las Iglesias que est谩n en Am茅rica Latina y que constituyen, en proporci贸n, la mayor parte de la Comunidad cat贸lica.

芦Pareci贸 bien al Esp铆ritu Santo y a nosotros ...禄. 脡sta es la Iglesia: nosotros, la comunidad de fieles, el Pueblo de Dios, con sus Pastores llamados a hacer de gu铆as del camino; juntos con el Esp铆riu Santo, Esp铆ritu del Padre mandado en nombre del Hijo Jes煤s, Esp铆ritu de Aqu茅l que es 鈥渕ayor鈥� de todos y que nos fue dado mediante Cristo, que se hizo 鈥渕enor鈥� por nuestra causa. Esp铆ritu Par谩clito, Ad-vocatus, Defensor y Consolador. 脡l nos hace vivir en la presencia de Dios, en la escucha de su Palabra, libres de inquietud y de temor, teniendo en el coraz贸n la paz que Jes煤s nos dej贸 y que el mundo no puede dar (cf. Jo 14, 26-27). El Esp铆ritu acompa帽a a la Iglesia en el largo camino que se extiende entre la primera y la segunda venida de Cristo: 芦Voy, y vuelvo a vosotros禄 (Jn 14,28), dijo Jes煤s a los Ap贸stoles. Entre la 鈥渋da鈥� y la 鈥渧uelta鈥� de Cristo est谩 el tiempo de la Iglesia, que es su Cuerpo, est谩n 茅sos dos mil a帽os transcurridos hasta ahora; est谩n tambi茅n estos poco m谩s de cinco siglos en los que la Iglesia se hizo peregrina en las Am茅ricas, difundiendo en los fieles la vida de Cristo a trav茅s de los Sacramentos y lanzando en estas tierras la buena semilla del Evangelio, que rindi贸 treinta, sesenta e incluso el ciento por uno. Tiempo de la Iglesia, tiempo del Esp铆ritu Santo: Es el Maestro que forma a los disc铆pulos: los hace enamorarse de Jes煤s; los educa para que escuchen su Palabra, a fin de que contemplen su Faz; los conforma a su Humanidad bienaventurada, pobre en esp铆ritu, aflicta, mansa, sedienta de justicia, misericordiosa, pura de coraz贸n, pac铆fica, perseguida a causa de la justicia (cf. Mt 5,3-10). Asimismo, gracias a la acci贸n del Esp铆ritu Santo, Jes煤s se vuelve la鈥淰铆a鈥� en la cual camina el disc铆pulo. 芦Si alguien me ama, observar谩 mi palabra禄, dice Jes煤s en el inicio del trecho evang茅lico de hoy. 芦La palabra que hab茅is o铆do no es m铆a, sino del Padre que me envi贸禄 (Jn 14,23-24). Como Jes煤s transmite las palabras del Padre, as铆 el Esp铆ritu recuerda a la Iglesia las palabras de Cristo (cf. Jn 14,26). Y como el amor por el Padre llevaba a Jes煤s a alimentarse de su voluntad, as铆 nuestro amor por Jes煤s se demuestra en la obediencia a sus palabras. La fidelidad de Jes煤s a la voluntad del Padre puede transmitirse a los disc铆pulos gracias al Esp铆ritu Santo, que derrama el amor de Dios en sus corazones (cf. Rm 5,5).

El Nuevo Testamento nos presenta a Cristo como misionero del Padre. Especialmente en el Evangelio de San Juan, Jes煤s habla de s铆 tantas veces a prop贸sito del Padre que Lo envi贸 al mundo. Asimismo, tambi茅n en el texto de hoy. Jes煤s dice: 芦 La palabra que hab茅is o铆do no es m铆a, sino del Padre que me envi贸禄 (Jno 14,24). En este momento, queridos amigos, somos invitados a fijar nuestra mirada en 脡l, porque la misi贸n de la Iglesia subsiste solamente en cuanto prolongaci贸n de aqu茅lla de Cristo: 芦Como el Padre me envi贸, as铆 tambi茅n yo os env铆o a vosotros禄 (Jn 20,21). El evangelista pone de relieve, incluso de forma pl谩stica, que esta consignaci贸n acontece en el Esp铆ritu Santo: 芦Sopl贸 sobre ellos diciendo: 鈥楻ecibid el Esp铆ritu Santo...鈥� 禄 (Jn 20,22). La misi贸n de Cristo se realiz贸 en el amor. Encendi贸 en el mundo el fuego de la caridad de Dios (cf. Lc 12,49). Es el amor que da la vida: por eso la Iglesia es invitada a difundir en el mundo la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos 芦tengan la vida y la tengan en abundancia禄 (Jn 10,10). A vosotros tambi茅n, que represent谩is la Iglesia en Am茅rica Latina, tengo la alegr铆a de entregar nuevo idealmente mi Enc铆clica Deus caritas est, con la cual quise indicar a todos lo que es esencial en el mensaje cristiano. La Iglesia se siente disc铆pula y misionera de ese Amor : misionera solamente en tanto disc铆pula, es decir, capaz de siempre dejarse atraer, con renovado arrobamiento, por Dios que nos am贸 y nos ama primero (1Jn 4,10). La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho m谩s por 鈥渁tracci贸n鈥�: como Cristo 鈥渁trae todo a s铆鈥� con la fuerza de su amor, que culmin贸 en el sacrificio de la Cruz, as铆 la Iglesia cumple su misi贸n en la medida en la que, asociada a Cristo, cumple su obra conform谩ndose en esp铆ritu y concretamente con la caridad de su Se帽or.

(en espa帽ol) Queridos hermanos y hermanas. 脡ste es el rico tesoro del continente Latinoamericano; 茅ste es su patrimonio m谩s valioso: la fe en Dios Amor, que revel贸 su rostro en Jesucristo. Vosotros cre茅is en el Dios Amor: 茅sta es vuestra fuerza que vence al mundo, la alegr铆a que nada ni nadie os podr谩 arrebatar, 隆la paz que Cristo conquist贸 para vosotros con su Cruz! 脡sta es la fe que hizo de Latinoam茅rica el 鈥淐ontinente de la Esperanza鈥�. No es una ideolog铆a pol铆tica, ni un movimiento social, como tampoco un sistema econ贸mico; es la fe en Dios Amor, encarnado, muerto y resucitado en Jesucristo, el aut茅ntico fundamento de esta esperanza que produjo frutos tan magn铆ficos desde la primera evangelizaci贸n hasta hoy. As铆 lo atestigua la serie de Santos y Beatos que el Esp铆ritu suscit贸 a lo largo y ancho de este Continente. El Papa Juan Pablo II os convoc贸 para una nueva evangelizaci贸n, y vosotros respondisteis a su llamado con la generosidad y el compromiso que os caracterizan. Yo os lo confirmo y, con palabras de esta Quinta Conferencia, os digo: sed disc铆pulos fieles, para ser misioneros valientes y eficaces.

La segunda Lectura nos ha presentado la grandiosa visi贸n de la Jerusal茅n celeste. Es una imagen de espl茅ndida belleza, en la que nada es simplemente decorativo, sino que todo contribuye a la perfecta armon铆a de la Ciudad santa. Escribe el vidente Juan que 茅sta 鈥渂ajaba del cielo, enviada por Dios trayendo la gloria de Dios鈥� (Ap 21,10). Pero la gloria de Dios es el Amor; por tanto la Jerusal茅n celeste es icono de la Iglesia entera, santa y gloriosa, sin mancha ni arruga (cf. Ef 5,27), iluminada en el centro y en todas partes por la presencia de Dios-Caridad. Es llamada 鈥渘ovia鈥�, 鈥渓a esposa del Cordero鈥� (Ap 20,9), porque en ella se realiza la figura nupcial que encontramos desde el principio hasta el fin en la revelaci贸n b铆blica. La Ciudad-Esposa es patria de la plena comuni贸n de Dios con los hombres; ella no necesita templo alguno ni ninguna fuente externa de luz, porque la presencia de Dios y del Cordero es inmanente y la ilumina desde dentro.

Este icono estupendo tiene un valor escatol贸gico: expresa el misterio de belleza que ya constituye la forma de la Iglesia, aunque a煤n no haya alcanzado su plenitud. Es la meta de nuestra peregrinaci贸n, la patria que nos espera y por la cual suspiramos. Verla con los ojos de la fe, contemplarla y desearla, no debe ser motivo de evasi贸n de la realidad hist贸rica en que vive la Iglesia compartiendo las alegr铆as y las esperanzas, los dolores y las angustias de la humanidad contempor谩nea, especialmente de los m谩s pobres y de los que sufren (cf. Gaudium et spes, 1). Si la belleza de la Jerusal茅n celeste es la gloria de Dios, o sea, su amor, es precisamente y solamente en la caridad c贸mo podemos acercarnos a ella y, en cierto modo, habitar en ella. Quien ama al Se帽or Jes煤s y observa su palabra experimenta ya en este mundo la misteriosa presencia de Dios Uno y Trino, como hemos escuchado en el Evangelio: 鈥淰endremos a 茅l y haremos morada en 茅l鈥� (Jn 14,23). Por eso, todo cristiano est谩 llamado a ser piedra viva de esta maravillosa 鈥渕orada de Dios con los hombres鈥�.隆Qu茅 magn铆fica vocaci贸n!

(portugu茅s) Una Iglesia enteramente alentada y movilizada por la caridad de Cristo, Cordero inmolado por amor, es la imagen hist贸rica de la Jerusal茅n celeste, anticipaci贸n de la Ciudad santa, resplandeciente de la gloria de Dios. De ella emana una fuerza misionera irresistible, que es la fuerza de la santidad. La Virgen Maria le alcance a Am茅rica Latina y el Caribe ser abundantemente revestidas de la fuerza de lo alto (cf. Lc 24,49) para irradiar en el Continente y en todo el mundo la santidad de Cristo. A 脡l sea dada gloria, con el Padre y el Esp铆ritu Santo, por los siglos de los siglos. Am茅n.

Traducci贸n no oficial

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