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S.S. Benedicto XVI, Discurso de S.S. Benedicto XVI durante el encuentro con los jóvenes en el estadio Pacaembu
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Discurso de S.S. Benedicto XVI durante el encuentro con los jóvenes en el estadio Pacaembu

¡Queridos jóvenes! ¡Queridos amigos y amigas!

¬ęSi quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y d√°selo a los pobres [‚Ķ] luego ven, y s√≠gueme.¬Ľ (Mt 19,21).

1. He deseado ardientemente encontrarme con vosotros en √©ste mi primer viaje a Am√©rica Latina. Vine a inaugurar la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que, por deseo m√≠o, va a realizarse en Aparecida, aqu√≠ en Brasil, en el Santuario de Nuestra Se√Īora. Ella nos coloca a los pies de Jes√ļs para aprender sus lecciones sobre el Reino e impulsarnos a ser sus misioneros, para que los pueblos de este ‚ÄúContinente de la Esperanza‚ÄĚ tengan, en √Čl, vida plena.

Vuestros Obispos de Brasil, en su Asamblea General del a√Īo pasado, reflexionaron sobre el tema de la evangelizaci√≥n de la juventud y colocaron en vuestras manos un documento. Pidieron que fuese acogido y perfeccionado por vosotros durante todo el a√Īo. En esta √ļltima Asamblea retomaron el asunto, enriquecido con vuestra colaboraci√≥n, y anhelan que las ponderaciones hechas y las orientaciones propuestas sirvan como incentivo y faro para vuestro caminar. Las palabras del Arzobispo de S√£o Paulo y del encargado de la Pastoral de la Juventud, las cuales agradezco, bien testifican el esp√≠ritu que os mueve a todos.

Ayer por la tarde, al sobrevolar el territorio brasile√Īo, pensaba ya en √©ste nuestro encuentro en el Estadio de Pacaembu, con el deseo de daros un gran abrazo bien brasile√Īo, y manifestar los sentimientos que llevo en lo √≠ntimo del coraz√≥n y que a prop√≥sito, el Evangelio de hoy nos quiso indicar.

Siempre he experimentado una alegr√≠a muy especial en estos encuentros. Recuerdo particularmente la Vig√©sima Jornada Mundial de la Juventud, que tuve la ocasi√≥n de presidir hace dos a√Īos atr√°s en Alemania. ¬°Algunos de los que est√°n aqu√≠ tambi√©n estuvieron all√°! Es un recuerdo conmovedor, por los abundantes frutos de la gracia enviados por el Se√Īor. Y no queda la menor duda que el primer fruto, entre muchos, que pude constatar fue el de la fraternidad ejemplar que hubo entre todos, como demostraci√≥n evidente de la perenne vitalidad de la Iglesia por todo el mundo.

2. Pues bien, queridos amigos, estoy seguro de que hoy se renuevan las mismas impresiones de aquel mi encuentro en Alemania. En 1991, el Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, dec√≠a, a su paso por Mato Grosso (Brasil), que los ‚Äúj√≥venes son los primeros protagonistas del tercer milenio [...] son ustedes quienes van a trazar los rumbos de esta nueva etapa de la humanidad‚ÄĚ (Discurso 16/10/1991). Hoy, me siento movido a hacerles id√©ntica observaci√≥n.

El Se√Īor aprecia, sin duda, vuestra vivencia cristiana en las numerosas comunidades parroquiales y en las peque√Īas comunidades eclesiales, en las Universidades, Colegios y Escuelas y, especialmente, en las calles y en los ambientes de trabajo de las ciudades y de los campos; se trata, sin embargo, de ir adelante. Nunca podemos decir basta, pues la caridad de Dios es infinita y el Se√Īor nos pide, o mejor, nos exige ensanchar nuestros corazones para que en ellos quepa siempre m√°s amor, m√°s bondad, m√°s comprensi√≥n por nuestros semejantes y por los problemas que envuelven no s√≥lo la convivencia humana, sino tambi√©n la efectiva preservaci√≥n y conservaci√≥n de la naturaleza, de la cual todos hacemos parte. ‚ÄúNuestros bosques tienen m√°s vida‚ÄĚ: no dej√©is que se apague esta llama de esperanza que vuestro Himno Nacional pone en vuestros labios. La devastaci√≥n ambiental de la Amazon√≠a y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones requieren un mayor compromiso en los m√°s diversos espacios de acci√≥n que la sociedad viene pidiendo.

3. Hoy quiero con vosotros reflexionar sobre el texto de San Mateo (19, 16-22), que acabamos de o√≠r. Habla de un joven. √Čl vino corriendo al encuentro de Jes√ļs, merece que se destaque su ansia. En este joven veo a todos vosotros, j√≥venes de Brasil y de Am√©rica Latina. Vinisteis corriendo de diversas regiones de este Continente para nuestro encuentro; quer√©is o√≠r, por la voz del Papa, las palabras del propio Jes√ļs.

Como en el Evangelio, ten√©is una pregunta importante que hacerle. Es la misma del joven que vino corriendo al encuentro de Jes√ļs: ¬ŅQu√© debo hacer para alcanzar la vida eterna? Me gustar√≠a profundizar con vosotros esta pregunta. Se trata de la vida, la vida que, en vosotros, es exuberante y bella. ¬ŅQu√© hacer con ella? ¬ŅC√≥mo vivirla plenamente?

Pronto entendemos, en la formulaci√≥n de la propia pregunta, que no basta el aqu√≠ y ahora, o sea, nosotros no conseguimos delimitar nuestra vida al espacio y al tiempo, por m√°s que pretendamos extender sus horizontes. La vida os trasciende. En otras palabras, queremos vivir y no morir. Sentimos que algo nos revela que la vida es eterna y que es necesario empe√Īarnos para que esto acontezca. En otras palabras, ella est√° en nuestras manos y depende, de alg√ļn modo, de nuestra decisi√≥n.

La pregunta del Evangelio no contempla apenas el futuro. No trata apenas de una cuesti√≥n sobre qu√© pasar√° despu√©s de la muerte. Hay, por el contrario, un compromiso con el presente aqu√≠ y ahora, que debe garantizar autenticidad y consecuentemente el futuro. En una palabra, la pregunta cuestiona el sentido de la vida. Puede por eso ser formulada as√≠: ¬Ņqu√© debo hacer para que mi vida tenga sentido? O sea: ¬Ņc√≥mo debo vivir para cosechar plenamente los frutos de la vida? O mas a√ļn: ¬Ņqu√© debo hacer para que mi vida no transcurra in√ļtilmente?

Jes√ļs es el √ļnico capaz de darnos una respuesta, porque es el √ļnico que puede garantizar la vida eterna. Por eso tambi√©n es el √ļnico que consigue mostrar el sentido de la vida presente y darle un contenido de plenitud.

4. Sin embargo, antes de dar su respuesta, Jes√ļs cuestiona al joven con una pregunta muy importante: "¬ŅPor qu√© me llamas bueno?" En esta pregunta se encuentra la clave de la respuesta. Aquel joven percibi√≥ qu√© Jes√ļs es bueno y que es maestro. Un maestro que no enga√Īa. Estamos aqu√≠ porque tenemos esta misma convicci√≥n: Jes√ļs es bueno. Quiz√°s no sabemos toda la raz√≥n de esta percepci√≥n, pero es cierto que ella nos aproxima a √Čl y nos abre a su ense√Īanza: un maestro bueno. Quien reconoce el bien es se√Īal que ama, y quien ama, en la feliz expresi√≥n de San Juan, conoce a Dios (cf.1Jn 4,7). El joven del Evangelio tuvo una percepci√≥n de Dios en Jesucristo.

Jes√ļs nos garantiza que solo Dios es bueno. Estar abierto a la bondad significa acoger a Dios. As√≠ √Čl nos invita a ver a Dios en todas las cosas y en todos los acontecimientos, inclusive ah√≠ donde la mayor√≠a solo ve la ausencia de Dios; viendo la belleza de las criaturas y constatando la bondad presente en todas ellas, es imposible no creer en Dios y no hacer una experiencia de su presencia salv√≠fica y consoladora. Si logr√°semos ver todo el bien que existe en el mundo y, m√°s a√ļn, experimentar el bien que proviene del propio Dios, no cesar√≠amos jam√°s de aproximarnos a √Čl, de alabarlo y agradecerle. √Čl continuamente nos llena de alegr√≠a y de bienes. Su alegr√≠a es nuestra fuerza.

Pero nosotros no conocemos sino de forma parcial. Para percibir el bien necesitamos de auxilios, que la Iglesia nos proporciona en muchas oportunidades, principalmente por la catequesis. Jes√ļs mismo explicita lo que es bueno para nosotros, d√°ndonos su primera catequesis. ¬ę si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos ¬Ľ (Mt 19,17). √Čl parte del conocimiento que el joven ya obtuvo ciertamente de su familia y de la Sinagoga: de hecho, conoce los mandamientos. Ellos conducen a la vida, lo que equivale a decir que ellos nos garantizan autenticidad. Son los grandes indicadores que nos se√Īalan el camino cierto. Quien observa los mandamientos est√° en el camino de Dios.

No basta conocerlos. El testimonio vale más que la ciencia, o sea, es la propia ciencia aplicada. No nos son impuestos de fuera, ni disminuyen nuestra libertad. Por el contrario: constituyen impulsos internos vigorosos, que nos llevan a actuar en esta dirección. En su base está la gracia y la naturaleza, que no nos dejan inmóviles. Necesitamos caminar. Somos lanzados a hacer algo para realizarnos nosotros mismos. Realizarse, a través de la acción, en verdad, es volverse real. Nosotros somos, en gran parte, a partir de nuestra juventud, lo que nosotros queremos ser. Somos, por así decir, obra de nuestras manos.

5. En esta momento me vuelvo nuevamente a vosotros j√≥venes, queriendo o√≠r tambi√©n de vosotros la respuesta del joven del Evangelio: "todo esto lo he observado desde mi juventud". El joven del Evangelio era bueno, observaba los mandamientos, estaba pues en el camino de Dios, por eso Jes√ļs lo mir√≥ con amor. Al reconocer que Jes√ļs era bueno, dio testimonio de que tambi√©n √©l era bueno. Ten√≠a una experiencia de la bondad y por eso, de Dios. Y vosotros, j√≥venes de Brasil y de Am√©rica Latina ¬Ņya descubristeis lo que es bueno? ¬ŅSegu√≠s los mandamientos del Se√Īor? ¬ŅDescubristeis que √©ste es el verdadero y √ļnico camino hacia la felicidad?

Los a√Īos est√°is viviendo son los a√Īos que preparan vuestro futuro. El ‚Äúma√Īana‚ÄĚ depende mucho de c√≥mo est√©is viviendo el ‚Äúhoy‚ÄĚ de la juventud. Ante los ojos, mis queridos j√≥venes, ten√©is una vida que deseamos que sea larga; pero es una sola, es √ļnica: no la dej√©is pasar en vano, no la desperdici√©is. Vivid con entusiasmo, con alegr√≠a, pero, sobretodo, con sentido de responsabilidad.

Muchas veces sentimos temblar nuestros corazones de pastores, constatando la situación de nuestro tiempo. Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos revelan un enorme déficit de esperanza: miedo de morir, en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar el propio camino de realización; miedo de sobrar, por no descubrir el sentido de la vida; y miedo de quedar desconectado delante de la deslumbrante rapidez de los acontecimientos y de las comunicaciones. Registramos el alto índice de muertes entre los jóvenes, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy, se habla por eso, a menudo de una juventud perdida.

Pero mir√°ndoos a vosotros, j√≥venes aqu√≠ presentes, que irradi√°is alegr√≠a y entusiasmo, asumo la mirada de Jes√ļs: una mirada de amor y confianza, en la certeza de que vosotros encontrasteis el verdadero camino. Sois j√≥venes de la Iglesia, por eso yo os env√≠o para la gran misi√≥n de evangelizar a los j√≥venes y a las j√≥venes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor. Sed los ap√≥stoles de los j√≥venes, inv√≠tenlos a que vengan con vosotros, a que hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; se encuentren con Jes√ļs, para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse. Que tambi√©n ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y por ellos lleguen hasta Dios.

Pod√©is ser protagonistas de una sociedad nueva si busc√°is poner en pr√°ctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales, pero tambi√©n un empe√Īo personal de formaci√≥n humana y espiritual de vital importancia. Un hombre o una mujer no preparados para los desaf√≠os reales de una correcta interpretaci√≥n de la vida cristiana de su medio ambiente ser√° presa f√°cil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez m√°s actuantes en todos los niveles.

Sed hombres y mujeres libres y responsables; haced de la familia un foco irradiador de paz y de alegr√≠a; sed promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural; amparad a los ancianos, pues ellos merecen respeto y admiraci√≥n por el bien que os hicieron. El Papa tambi√©n espera que los j√≥venes busquen santificar su trabajo, haci√©ndolo con capacidad t√©cnica y con laboriosidad, para contribuir al progreso de todos sus hermanos y para iluminar con la luz del Verbo todas las actividades humanas (cf. Lumen Gentium, N. 36). Pero, sobretodo, el Papa espera que sepan ser protagonistas de una sociedad m√°s justa y m√°s fraterna, cumpliendo las obligaciones ante al Estado: respetando sus leyes; no dej√°ndose llevar por el odio y por la violencia; siendo ejemplo de conducta cristiana en el ambiente profesional y social, distingui√©ndose por la honestidad en las relaciones sociales y profesionales. Tengan en cuenta que la ambici√≥n desmedida de riqueza y de poder lleva a la corrupci√≥n personal y ajena; no existen motivos para hacer prevalecer las propias aspiraciones humanas, sean ellas econ√≥micas o pol√≠ticas, con el fraude y el enga√Īo.

Concluyendo, existe un inmenso panorama de acci√≥n en el cual las cuestiones de orden social, econ√≥mica y pol√≠tica ganan un particular relieve, siempre que tengan su fuente de inspiraci√≥n en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia La construcci√≥n de una sociedad m√°s justa y solidaria, reconciliada y pac√≠fica; la contenci√≥n de la violencia y las iniciativas que promuevan la vida plena, el orden democr√°tico y el bien com√ļn y, especialmente, aquellas que llevan a eliminar ciertas discriminaciones existentes en las sociedades latinoamericanas y no son motivo de exclusi√≥n, sino de rec√≠proco enriquecimiento.

Tened, sobretodo, un gran respeto por la instituci√≥n del Sacramento del Matrimonio. No podr√° haber verdadera felicidad en los hogares si, al mismo tiempo, no hay fidelidad entre los esposos. El matrimonio es una instituci√≥n de derecho natural, que fue elevado por Cristo a la dignidad de Sacramento; es un gran don que Dios hizo a la humanidad, Respetadlo, veneradlo. Al mismo tiempo, Dios os llama a respetaros tambi√©n en el romance y en el noviazgo, pues la vida conyugal que, por disposici√≥n divina, est√° destinada a los casados es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en la que sep√°is hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de vuestras esperanzas futuras. Repito aqu√≠ para todos vosotros que ¬ęel eros quiere conducirnos m√°s all√° de nosotros mismos, hacia Dios, pero por eso mismo requiere un camino de ascesis, renuncias, purificaciones y saneamientos¬Ľ (Carta encl. Dios caritas est, (25/12/2005), N. 5). En pocas palabras, requiere esp√≠ritu de sacrificio y de renuncia por un bien mayor, que es precisamente el amor de Dios sobre todas las cosas. Buscad resistir con fortaleza a las insidias del mal existente en muchos ambientes, que os lleva a una vida disoluta, parad√≥jicamente vac√≠a, al hacer perder el bien precioso de vuestra libertad y de vuestra verdadera felicidad. El amor verdadero ‚Äúbuscar√° siempre m√°s la dicha del otro, se preocupar√° cada vez m√°s de √©l, se donar√° y desear√° existir para el otro‚ÄĚ (Ib. N. 7) y, por eso, ser√° siempre m√°s fiel, indisoluble y fecundo.

Para ello, cont√°is con la ayuda de Jesucristo que, con su gracia, har√° esto posible (cf. MT 19,26). La vida de fe y de oraci√≥n os conducir√° por los caminos de la intimidad con Dios, y de la comprensi√≥n de la grandeza de los planes que √Čl tiene para cada uno. ‚ÄúPor amor del reino de los cielos‚ÄĚ (ib., 12), algunos son llamados a una entrega total y definitiva, para consagrarse a Dios en la vida religiosa, ‚Äúeximio don de la gracia‚ÄĚ, como fue definido por el Concilio Vaticano II (Decr. Perfectae caritatis, n.12). Los consagrados que se entregan totalmente a Dios, bajo la moci√≥n del Esp√≠ritu Santo, participan en la misi√≥n de Iglesia, testimoniando la esperanza en el Reino celeste ante todos los hombres. Por eso, bendigo e invoco la protecci√≥n divina a todos los religiosos que dentro de la mies del Se√Īor se dedican a Cristo y a los hermanos. Las personas consagradas merecen, verdaderamente, la gratitud de la comunidad eclesial: monjes y monjas, contemplativos y contemplativas, religiosos y religiosas dedicados a las obras de apostolado, miembros de institutos seculares y de las sociedades de vida apost√≥lica, eremitas y v√≠rgenes consagradas. ‚ÄúSu existencia da testimonio del amor a Cristo cuando ellos se encaminan por su seguimiento, tal como √©ste se propone en el Evangelio y, con √≠ntima alegr√≠a, asumen el mismo estilo de vida que √Čl escogi√≥ para S√≠‚ÄĚ (Congr. para los Inst. de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost√≥lica: Instr. Partir de Cristo, N. 5). Hago votos de que, en este momento de gracia y de profunda comuni√≥n en Cristo, el Esp√≠ritu Santo despierte en el coraz√≥n de tantos j√≥venes un amor apasionado en el seguimiento e imitaci√≥n de Jesucristo casto, pobre y obediente, dirigido completamente a la gloria del Padre y al amor de los hermanos y hermanas.

6. El Evangelio nos asegura que aquel joven, que vino corriendo al encuentro de Jes√ļs, era muy rico. Entendemos esta riqueza no apenas en el plano material, la propia juventud es una riqueza singular. Es necesario descubrirla y valorarla. Jes√ļs le dio tal valor que invit√≥ a este joven a participar de su misi√≥n de salvaci√≥n. Ten√≠a todas las condiciones para una gran realizaci√≥n y una gran obra.

Pero el Evangelio nos refiere que ese joven se entristeci√≥ con la invitaci√≥n. Se alej√≥ abatido y triste. Este episodio nos hace reflexionar una vez m√°s sobre la riqueza de la juventud. No se trata, en primer lugar, de bienes materiales, sino de la propia vida, con los valores inherentes a la juventud. Proviene de una doble herencia: la vida, transmitida de generaci√≥n en generaci√≥n, en cuyo origen primero est√° Dios, lleno de sabidur√≠a y de amor; y la educaci√≥n que nos inserta en la cultura, a tal punto que, en cierto sentido, podemos decir que somos m√°s hijos de la cultura y por eso de la fe, que de la naturaleza. De la vida brota la libertad que, sobretodo en esta fase se manifiesta como responsabilidad. Es el gran momento de la decisi√≥n, en una doble opci√≥n: una en cuanto al estado de vida y otra en cuanto a la profesi√≥n. Responde a la cuesti√≥n: ¬Ņqu√© hacer con la vida?

En otras palabras, la juventud se muestra como una riqueza porque lleva al descubrimiento de la vida como un don y como una tarea. El joven del Evangelio percibi√≥ la riqueza de su juventud. Fue hasta Jes√ļs, el Buen Maestro, a buscar una orientaci√≥n. Pero a la hora de la gran opci√≥n no tuvo coraje de apostar todo en Jesucristo. Consecuentemente sali√≥ de all√≠ triste y abatido. Es lo que pasa toda vez que nuestras decisiones flaquean y se vuelven mezquinas e interesadas. Sinti√≥ que falt√≥ generosidad, lo que no le permiti√≥ una realizaci√≥n plena. Se cerr√≥ sobre su riqueza, torn√°ndola ego√≠sta.

Jes√ļs sinti√≥ mucho la tristeza y la mezquindad del joven que lo fue a buscar. Los Ap√≥stoles, como todos y todos vosotros hoy, rellenan esta laguna dejada por aquel joven que se retir√≥ triste y abatido. Ellos y nosotros estamos alegres porque sabemos en qui√©n creemos (2 Tim 1,12). Sabemos y damos testimonio con nuestra propia vida de que solo √Čl tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68). Por eso, como San Pablo, podemos exclamar: "estad siempre alegres en el Se√Īor" (Fil 4,4).

7. Mi pedido hoy, a vosotros jóvenes, que vinisteis a este encuentro, es que no desaprovechéis vuestra juventud. No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana.

Vosotros, jóvenes, no sois apenas el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven. La Iglesia necesita de vosotros, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo, que se dibuja en la comunidad cristiana. Sin el rostro joven la Iglesia se presentaría desfigurada.

(en espa√Īol)

Queridos j√≥venes, dentro de poco inaugurar√© la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Os pido que sig√°is con atenci√≥n sus trabajos; que particip√©is en sus debates; que rec√©is por sus frutos. Como ocurri√≥ con las Conferencias anteriores, tambi√©n √©sta marcar√° de modo significativo los pr√≥ximos diez a√Īos de Evangelizaci√≥n en Am√©rica Latina y en el Caribe. Nadie debe quedar al margen o permanecer indiferente ante este esfuerzo de la Iglesia, y mucho menos los j√≥venes. Vosotros con todo derecho form√°is parte de la Iglesia, la cual representa el rostro de Jesucristo para Am√©rica Latina y el Caribe.

(en francés)

Saludo a los de habla francesa que viven en el Continente latinoamericano, invitándolos a ser testimonios del Evangelio y actores de la vida eclesial. Me uno particularmente a vosotros los jóvenes, sois llamados a construir vuestra vida sobre Cristo y sobre los valores humanos fundamentales. Que todos os sintáis invitados a colaborar en la edificación de un mundo de justicia y de paz.

(en ingles)

Queridos j√≥venes amigos, como el joven del Evangelio, que pregunt√≥ a Jes√ļs ‚Äú qu√© debo hacer para tener la vida eterna?‚ÄĚ , todos vosotros busc√°is maneras de responder generosamente al llamado de Dios. Rezo para que escuch√©is su palabra salvadora y os torn√©is sus testigos ante los pueblos de hoy. Que Dios derrame sobre vosotros sus bendiciones de paz y alegr√≠a.

Queridos j√≥venes, Cristo os llama a ser santos. √Čl mismo os convoca y quiere andar con vosotros, para animar con Su esp√≠ritu los pasos del Brasil en este inicio del tercer milenio de la era cristiana. Pido a la Se√Īora Aparecida que os conduzca, con su auxilio materno y os acompa√Īe a lo largo de la vida.

¬°Alabado sea Nuestro Se√Īor Jesucristo!

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