DesafÃo a la pastoral en el horizonte de la Nueva Evangelización
Las Conclusiones de Santo Domingo han resaltado la urgencia de una acción pastoral, capaz de concretar la Nueva Evangelización, la promoción humana y la inculturación de la fe.
Desde hace algún tiempo y cada vez con mayor intensidad, está presente entre nosotros uno de los fenómenos relevantes de la llamada “cultura postmodernaâ€: la nueva religiosidad.
Al concluir la X Semana Argentina de TeologÃa, dedicada a la “CristologÃa ante el desafÃo del secularismoâ€, la Sociedad Argentina de TeologÃa (SAT) nos hizo llegar su viva inquietud “dada la importancia que está cobrando este fenómeno… y sus consecuencias por la distorsión de la religiosidadâ€.
Cabe reconocer que de formas nuevas, están creciendo los dos principales desafÃos señalados en las “LÃneas Pastorales para la Nueva Evangelizaciónâ€: el secularismo y la injusticia (LPNE 11-14).
En efecto, en este fenómeno unido a una expandida sed de religiosidad, el secularismo se hace presente al diluÃrse —en las conciencias— la realidad del misterio del Dios vivo y de su trascendencia. A su vez, la injusticia se ve favorecida por el énfasis unilateral puesto en el sentimiento y en la percepción experiencial subjetiva, con un notorio desentendimiento de la búsqueda del “bien comúnâ€, aislándose —casi exlusivamente— en el afán de bienestar individual y decreciendo en la solidaridad.
Entre nosotros, la expresión más difundida de la nueva religiosidad es el fenómeno de la “Nueva Era†(New Age) o “Era de Acuarioâ€, que se está constituyendo en un gran desafÃo cultural a la Nueva Evangelización. Realidad que exige de los pastores y de los agentes evangelizadores: lúcido discernimiento, serena clarificación doctrinal y acertada creatividad pastoral, para responder evangélicamente al nuevo fenómeno cultural. Tareas que habrÃamos de llegar a compartir con los hermanos cristianos pertenecientes a las iglesias históricas, aún separadas.
Para ayudar a este objetivo —dentro del horizonte de las “LÃneas Pastorales para la Nueva Evangelización†y las Conclusiones de la IV Conferencia realizada en Santo Domingo— la Comisión Permanente de la CEA nos ha solicitado la elaboración y publicación del subsidio que presentamos.
Agradecemos particularmente a Mons. Luis H. Rivas, Presidente de la Sociedad Argentina de TeologÃa, al R.P. Juan C. Meinvielle sdb y al Pbro. Oscar Gerometta, por su paciente colaboración en las tareas de redacción y revisión.
Que el EspÃritu Santo nos conceda el don de sabidurÃa para discernir y la fervorosa audacia evangelizadora que necesitamos a fin de “satisfacer el hambre de Dios mediante el pan de la Palabra y la sed de justicia con la promoción más Ãntegra de la dignidad humana†(LPNE32).
Octava de Pascua de 1993
Comisión Episcopal de Fe y Cultura
Desde hace algún tiempo somos testigos de una presencia masiva —sobre todo a través de los medios de comunicación social— de una serie de elementos incompatibles con nuestra fe católica como son algunos ritos propios de religiones paganas, orientalismo, esoterismo 1 , ocultismo 2 , magia, pseudos-psicologÃa, curanderÃa y ‘ciencias alternativas’. Su propalación suele ir acompañada de la certeza acerca del comienzo de una nueva era, caracterizada por una religión única, una ‘sabidurÃa’ global accesible a todos, que posibilitarÃa al individuo verse a sà mismo y al mundo en mayor armonÃa y hasta como un todo único.
Este fenómeno ha sido enmarcado por algunos investigadores dentro del fenómeno de la nueva religiosidad 3 . Sus difusores afirman que no se trata de una religión sino de una espiritualidad, a la que presentan como si fuera compatible con todos los credos religiosos. Sin embargo, New Age o la Nueva Era es algo mucho más amplio que una propuesta sobre la verdad de Dios y la relación del hombre con Él: se trata de una nueva alternativa cultural post moderna que no excluye lo religioso pero lo vacÃa de trascendencia.
Como todo fenómeno cultural, la Nueva Era conlleva la elaboración de un vocabulario propio, en el cual términos de uso habitual adquieren un nuevo significado accesible sólo para quienes están insertos en esa corriente cultural, sus ‘iniciados’. Ello exige detenernos en algunos conceptos centrales que utilizan, antes de abordar su presentación más detallada.
Según esta peculiar visión del hombre y el universo, la historia de la Tierra puede dividirse en perÃodos de tiempo o ‘eras’ cuyo comienzo y duración está dominado por el ingreso de nuestro sistema solar en los distintos signos del zodÃaco. Cada uno de estos ciclos dura entre 1970 y 2160 años (el cálculo varÃa según los autores). En el momento actual, luego de haber recorrido Tauro, Capricornio y Piscis, nos encontrarÃamos en la etapa de transición hacia el ingreso en Acuario.
La Era de Piscis es presentada como la era de desarrollo y dominio del Cristianismo. Se habrÃa iniciado con el nacimiento de Jesús de Nazareth y estiman que está próxima a concluir. La era de Piscis se habrÃa caracterizado por la división, el conflicto y el enfrentamiento, que han llevado a la humanidad al borde del desastre ecológico y la disgregación; división entre la Tierra y el Universo, el hombre y la naturaleza, el cuerpo y el alma, Dios y el hombre. En contraposición la nueva era de Acuario es presentada como un tiempo de concordia y armonÃa, de reconciliación de opuestos, de unificación; era de prosperidad, de paz y abundancia, especialmente de evolución interna del género humano hacia un nivel superior de conciencia cósmica.
Una de las denominaciones que se suele dar a este nuevo fenómeno cultural post moderno es la de ‘conspiración’. En este contexto el término adquiere una significación distinta. No se refiere a ‘un acuerdo de voluntades para cometer un delito’ como lo definirÃa un diccionario; sino que es un término acuñado por Marilyn Ferguson —una de las principales inspiradoras del movimiento—para referirse a un ‘espÃritu que se respira juntos’. Los conspiradores son los que co-inspiran este mismo aliento de la Nueva Era de Acuario que late y se manifiesta de maneras diversas en ambientes diversos, dando de este mundo lugar a lo que la misma autora denominó también ‘red de redes’.
El término ‘armonÃa’ es usado recurrentemente. La armonÃa, la unidad, es pregonada como la caracterÃstica de la Era de Acuario, el distintivo de la Nueva Era, la meta de todo acto humano. Esta armonÃa no es concebida como la superación de rupturas o la sÃntesis de lo diverso, sino como la coexistencia de los opuestos. A la armonÃa no se llega a través de un proceso de reedificación de lazos de unión rotos, sino mediante la superación de estas rupturas por un simple acto de voluntad. La armonÃa de la Nueva Era no implica diversidades o antagonismos, sino desestimarlos, ignorarlos.
Aunque pudiera parecer paradójico, el concepto de armonÃa que presenta la New Age está indisolublemente relacionado con el de dualidad, concepto tomado propiamente de la simbologÃa china, particularmente del ‘ying—yang’. En este contexto, la dualidad de ying-yang es la expresión más elevada del hecho del cambio y la transformación del universo. Etimológicamente es contraste entre la luz y la sombra: ‘yin’ es el elemento femenino, intuitivo, conciliador, mientras ‘yang’ es el elemento masculino, analÃtico, polémico y conflictivo; el dinamismo positivo de esta dualidad estarÃa dado porque la luz, el ‘yin’, ha de penetrar finalmente en las sombras, el ‘yang’, mientras las sombras son alcanzadas por la luz.
‘La New Age no es una religión es una espiritualidad’ es una de las afirmaciones quizás más utilizadas en el debate sobre estas nuevas formas religiosas, planteando de este modo el interrogante sobre si es posible hablar de espiritualidad al margen de la religión; en definitiva, sobre qué es lo que entendemos por ‘espiritualidad’.
Normalmente, cuando nos referimos a ‘cosas espirituales’ nos estamos refiriendo a todo aquello que está relacionado con el cultivo de la vida espiritual del hombre, con lo superior de él, aquello que lo pone en relación con Dios; quedando de este modo implÃcita su relación con lo propiamente religioso. Pero ocurre que en el contexto de Acuario, la religión ya no es considerada desde la perspectiva objetiva de la búsqueda de una relación verdadera con la trascendencia, sino a partir de la experiencia subjetiva de los estados de conciencia. Para la Nueva Era, la religión es generadora de divisiones porque no se la percibe como camino objetivo que conduce al establecimiento de una relación verdadera con la realidad trascendente de un Dios personal; sino como descubrimiento arbitrario de una voluntad ética divina, la cual es percibida como lÃmite y barrera, ‘causa de división’.
Por esto la Nueva Era reduce la vivencia religiosa a la búsqueda subjetiva de sintonÃa e identificación ‘mÃstica’ con la naturaleza y el universo, a través de la cual se supone que el hombre alcanza la verdadera libertad y encuentra su puesto en el devenir cósmico. A esta búsqueda de una experiencia de conciencia de libertad en comunión con el universo, al margen de toda realidad objetiva de lo divino, trascendente, es a la que denominan ambiguamente ‘espiritualidad’.
En esta nueva perspectiva nos encontramos con un hombre que ‘es religioso aunque sin Dios’, donde lo religioso es propiamente un sentimiento, una percepción originaria de la vida de la naturaleza, de la multiformidad de su energÃa. AsÃ, no se denomina ‘mÃstico’ al encuentro personal con Dios trascendente en la plenitud del amor de caridad; sino que la mÃstica New Age es básicamente un movimiento de vuelta sobre sà mismo que tiene como objetivo no la comunión unitiva con el Dios que es totalmente otro, sino la experiencia de sÃntesis con el universo, con el todo, de anulación de la propia individualidad para disolverse en la unidad de la totalidad.
La mÃstica New Age, no es una mÃstica de comunión sino de disolución; no es un camino de crecimiento personal en la unión con el Otro, sino de disolución personal para confundirse con un ‘todo cósmico’. Lo que denominan espiritualidad se confunde con sentimiento ecológico.
El término ‘evolución’ ha recibido en el contexto New Age un significado totalmente diferente. Cuando escucha hablar de diverso nivel evolutivo de los individuos, de que el hombre de Acuario es aquél, que ha alcanzado una instancia evolutiva superior, el oyente desprevenido no termina de captar la idea, ya que espontáneamente asocia el término ‘evolución’ al evolucionismo biológico que relaciona a todos los seres vivos en un proceso histórico de interrelación más o menos homogénea según las distintas escuelas.
La idea de evolución en la Nueva Era va mucho más allá de una mera evolución material, proyectando conceptos tomados del evolucionismo biológico al denominado ‘plano espiritual’: la evolución de los seres animados hacia formas de vida consideradas superiores, deviene en este contexto en evolución hacia formas espirituales estimadas como más elevadas, proyectando en el ámbito de lo espiritual una necesidad que es propia del reino de lo corpóreo.
AsÃ, habrÃa en definitiva una fuerza inmanente, interior al hombre, que lo conducirá hacÃa planos de evolución espiritual superiores; fuerza sobre la cual el hombre no tiene dominio pleno, ya que inevitablemente se proyecta y avanza siendo sólo demora o acelerada por la bondad o maldad del obrar del individuo. Asà el hombre y con él toda la creación, se encuentran inmersos en un movimiento necesario que lo arrastra hacia una ‘perfección’ que no depende de su obrar y que consiste en una espiritualización creciente que culminará en la fusión con la divinidad. Una divinidad a la medida de sà mismo.
El movimiento New Age encuentra sus raÃces en el siglo pasado en la obra de Madame Blavatzki 4 , quien fundó junto con Olcott la Sociedad Teosófica en 1875; es ella quien comienza la interpretación esotérica de los escritos de Saint Germán y es autora de los libros “Isis desvelada†(1975) y “La doctrina secreta†.
En torno al primero de estos escritos, “Isis desveladaâ€, se conformará la ‘Orden Hermética del Amanecer Dorado’ 5 , grupo al que perteneció Aleister Crowley, considerado como uno de los creadores del satanismo moderno, quien entre sus prácticas incluÃa el consumo de drogas y los rituales sexuales, conocÃa perfectamente el tarot y el I Ching. Crowley ya sostenÃa que la historia debÃa dividirse en eras que él tomaba del panteón egipcio:
la de Isis, de dominio espiritual, en torno al matriarcado egipcio;
la de Osiris, época del judaÃsmo, budismo, el Islam y el Cristianismo, caracterizadas por el dominio del varón;
la de Horus, que habrÃa comenzado en 1904, y que corresponde al dominio del verdadero ser del hombre, donde desaparecerá toda sumisión a autoridades religiosas, polÃticas y al mismo Dios.
También fueron discÃpulos de Madame Blavatzki Rudolf Steiner 6 y Alice Ann Bailey, quien además de acuñar el término ‘Nueva Era’, afirma que la ‘conciencia crÃstica’ ha tenido varias manifestaciones a través de la historia, entre ellas Jesús de Nazareth y Buda, para enseñar a los hombres el camino de la salvación. Al comenzar la era de Acuario ha de manifestarse nuevamente esta conciencia a través de su encarnación en un nuevo maestro, el más grande de todos, al que denomina ‘Maitreya’.
La TeosofÃa, junto con diversas formas del ocultismo europeo y un contacto creciente con elementos periféricos de la cultura hindú, inspiran el movimiento contracultural del rock ácido y el movimiento hippie a partir de los años ’60, tomando como base el estado de California. Es en la misma California, más precisamente en Big Sur, donde en 1962 Michael Murphy y Richard Price fundarán Esalen, una comunidad cuya finalidad declarada es lograr la autorrealización personal a partir de métodos como el nudismo y la inducción de visiones, a los que luego se anexaron las denominadas ‘drogas blandas’. Esta corriente tuvo gran impacto desde un principio en ciertos ambientes de profesionales y ejecutivos norteamericanos, asumiéndolas como terapias para combatir el stress, a las que actualmente se han sumado los ‘mind machine’ 7 . Esalén es para muchos, la cuna de la actual difusión de la conciencia de Acuario.
A pesar de los antecedentes ya centenarios, su expansión se verifica a comienzos de la segunda mitad de nuestro siglo y cabe vincularla con la aparición en 1948 de “El retorno de Cristoâ€, libro escrito por Alice Bailey. Es en esta obra donde se resta importancia al Cristo histórico. En realidad, dice Bailey, el Cristo es una idea, una energÃa, un conjunto de vibraciones que puede reencarnarse en distintas apariciones: Buda, Hermes, Zarathustra, Jesús, etc. Ella anuncia también que estarÃa próxima una nueva reencarnación del Cristo; es para acelerar esta venida que todos los fieles han de unirse en un DÃa General de Súplica, en el que la energÃa concentrada por esa unión de oración podrÃa cambiar el curso del mundo.
El empuje y despegue final de la New Age es adjudicado principalmente a Marilyn Ferguson, a través de su libro La Conspiración de Acuario 8 . En este escrito se considera a la cultura de la costa Oeste de los Estados Unidos como una visión social emergente que presagia algo sin precedentes: no un nuevo orden mundial, sino una civilización mundial.
Intentar definir la Nueva Era es una empresa imposible ya que la Conspiración de Acuario presenta tanto el aspecto de una religión, como de una filosofÃa, como de una ciencia, todo a la vez y ninguna de estas cosas en particular, y aún mucho más que todo eso. Cabe más bien analizarla como un fenómeno cultural post moderno.
Como señalara el Cardenal Danneels 9 : “No es una religión, pero es por lo menos religiosa; no es una filosofÃa, pero es por lo menos una visión del hombre y del mundo, asà como una clave de interpretación; no es una ciencia, pero se apoya en leyes “cientÃficasâ€, aunque haya que ir a buscarlas entre las estrellas. New Age es una nebulosa que contiene esoterismo y ocultismo, pensamiento mÃtico y mágico respecto de los secretos de la vida, y una pizca de cristianismo, todo revuelto con ideas que proceden de la astrofÃsica.â€
Una visión del hombre, del mundo y de la divinidad ‘cientÃficas’, que según el mismo Card. Danneels se puede describir a través de cuatro pilares o fuentes de inspiración:
Una subestructura pretendidamente cientÃfica
Un intento de ‘nueva psicologÃa’
El recurso a las religiones orientales
Las artes adivinatorias o mancias
La crisis ecológica, el temor a la contaminación radiactiva, las dificultades para controlar y detener enfermedades terminales, la aparición de nuevos problemas como consecuencias no deseadas del progreso tecnológico, han sido entre otras tantas cosas algunos de los factores determinantes que están conduciendo a un replanteo del optimismo cientificista que suponÃa como principio indemostrable que todo podÃa ser solucionado y alcanzado por el progreso cientÃfico.
Paralelamente el pensamiento cientÃfico se encuentra enredado en un enjambre de teorÃas e hipótesis, de informes y comunicaciones producto de su propia actividad, que hacen cada dÃa más necesaria la colaboración interdisciplinaria, el acotamiento de los campos de investigación, el fluÃdo intercambio de información.
Esta colaboración interdisciplinaria ha sido fecundada logrando algunos puntos de coincidencia entre áreas del pensamiento cientÃfico que se consideran como totalmente diversas hace pocos años. Es asà como se han hallado repentinamente coincidencias desde campos tan dispares como la fÃsica cuántica, la acústica, la neurologÃa, la óptica y la psiquiatrÃa. Estos principios de coincidencia han servido básicamente para alimentar y alentar el deseo de reencontrar la primitiva unidad del saber perdida en el proceso de diversificación de las ciencias, pero sobre todo para propiciar la apertura de las ciencias naturales a lo trascendente, a lo divino, a una visión de totalidad.
A partir de estos presupuestos se habla de una ‘nueva ciencia’, más humana, más ecológica, cuyos principios fundamentales podrÃan sintetizarse en dos 10 :
La ‘holonomÃa’ : todo el universo se encuentra regido por un principio de relación recÃproca, todo está unido, interconectado, y aún más que eso, cada parte de este universo es en sà misma una imagen de la totalidad 11 ; y esto porque el cosmos entero es una unidad compenetrada e influenciada recÃprocamente. Todo está en cada uno y cada uno está en todo. Todos los seres están hermanados y forman una única familia con diferentes grados de evolución. El hombre, no es más que una parte de ese todo, de esa intrincada y extensa red; un microcosmos que es en sà mismo una imagen acabada de toda la creación. Aquà encuentra su fundamento el monismo 12 de la Nueva Era: en definitiva, todo es el mismo ser, la misma imagen, sin distinción.
La calidad dinámica de la realidad: todo es un permanente cambio, todo está regido por un movimiento inmanente de evolución, por un principio intrÃnseco e inevitable de desplegamiento y replegamiento que abarca desde el todo hasta la más Ãnfima de las partes y que hace que todo intento de comprensión de la realidad que no esté regido por la asimilación a este mismo movimiento esté condenado a no ser más que una instancia muy imperfecta de conocimiento. La distancia entre nuestro conocimiento analÃtico — cientÃfico y la realidad serÃa la misma que hay entre la contemplación de unos fuegos artificiales y la fotografÃa de estos mismos artificios.
Estos dos principios surgen básicamente de la extrapolación de elementos tomados de la fÃsica atómica según la cual la realidad última y auténtica del cosmos no está constituida por cosas y cuerpos sólidos tal como podrÃan hacernos suponer erróneamente nuestra conciencia cotidiana, sino por vibraciones, energÃas, movimientos ondulatorios. El elemento fundamental de la materia no es algo sólido sino vibraciones; por esto, la multiplicidad de nuestra realidad diaria es sólo apariencia, superficie débil del ser, que es en realidad un todo vibrante. La misma divinidad es vibración. Los minerales, los seres vivos, el alma del hombre y Dios son vibraciones en distintas frecuencias. Nueva Era adopta asà una visión diversa del universo al que considera como una gran masa energética en permanente oscilación, vibración que se confunde con la vida y que deja sólo lugar a meras diferencias cualitativas. Desde esta perspectiva los planetas, las galaxias, son seres vivos dotados de afectos y pasiones (vibraciones de frecuencias diversas), capaces de responder a la agresión o el cuidado de los hombres.
Esta hermandad y unidad de todo lo existente es concebida como una hermandad de origen, ya que todo el cosmos esta constituÃdo por una misma materia: la vibración primera, divina; todo ha emanado 13 de la Divinidad, es variación de una única y primigenia vibración. Lo existente es una emanación, un desprendimiento del mismo ser de la divinidad; no hay distinción entre el ser divino y el ser de las criaturas, no hay un acto creador; la misma alma del hombre es una chispa, un desprendimiento de la divinidad.
En estos aspectos, los seguidores de Acuario se manifiestan claramente como seguidores del más antiguo gnosticismo 14 según el cual, el principio filosófico de explicación del mundo radicarÃa en el hecho de que en cada una de las partes, por pequeña que sea, está contenido siempre también el todo.
En el contexto New Age, esta cosmologÃa extraÃda más propiamente de los mitos y leyendas del Antiguo Oriente no se considera como originada propiamente en el mundo de las religiones orientales sino que es presentada como ‘cientÃfica’ por autores provenientes del ámbito de las ciencias, quienes sostienen que una ciencia mas avanzada es aquella que descubre y recupera una visión religiosa del universo; tal es el caso de Fritjof Capra 15 y entre nosotros el profesor Pedro Romaniuk 16 .
El hombre es parte de ese todo, del cosmos, y no sólo en lo que se refiere a la materialidad de su cuerpo o a la espiritualidad de su alma, sino aún también en su psiquis.
Pretendiendo fundarse en la que denominan ‘psicologÃa transpersonal’ de Kart Jung, pero que en realidad han recibido a través de Abraham Maslow 17 , la Nueva Era afirma que el yo consciente de cada individuo se encuentra inmerso en una conciencia suprapersonal, común a la humanidad entera, una especie de depósito de experiencias y conocimientos forjados por el conjunto de la humanidad desde sus orÃgenes, y a los cuales el individuo normalmente no accede de un modo consciente.
Este cúmulo de conocimientos se hace accesible solo a través de formas de conocimiento a-racionales como la intuición, los sueños, los sÃmbolos y mitos, que serÃan funciones propias del hemisferio cerebral derecho. Ocurre (sostiene Nueva Era) que normalmente no solemos recurrir a estas formas de conocimiento ya que por educación hemos desarrollado mejor las funciones analÃticas propias del hemisferio izquierdo. Como juzgan que el conocimiento analÃtico es parcial y carente de unidad, el hombre de Acuario necesita apelar a formas de educación no tradicionales para poder desarrollar las potencialidades del hemisferio cerebral derecho, el del conocimiento sintético, a fin de alcanzar un conocimiento totalizante y armonioso. La educación, en consecuencia, debe centrarse en el desarrollo de las potencialidades de conocimiento analÃtico, a las que consideran las más importantes y las menos desarrolladas hasta ahora, ya que ellas no permiten salir ‘conscientemente’ al encuentro de nuestro ‘yo soy’. Estas premisas de aprendizaje deben ser aplicadas especialmente a los niños, ya que ellos todavÃa no han sido sometidos a un proceso de aprendizaje analÃtico que dificulta el desarrollo de estas nuevas formas de percepción.
Todo ello da origen a una nueva teorÃa educativa según la cual, el hombre debe centrar su aprendizaje en el descenso a lo más profundo de su yo, donde ha de encontrarse con sà mismo, con su ‘yo soy’, es decir, el mismo Dios que es parte de cada una de sus creaturas. Este serÃa el verdadero conocimiento, el que se alcanza no por la observación de la realidad, sino por la instrospección lograda a través de técnicas de auto-hipnosis y de sueño dirigido. Esto es lo que algunos suelen denominar ‘desarrollo de la conciencia crÃstica’.
Acorde también con esta psicologÃa, la Nueva Era sostiene que es posible vivir conscientemente momentos fundamentales para el desarrollo del ‘karma’ 18 presente de cada uno de nosotros, como son el nacimiento y la muerte, proponiendo terapias de rebirth y de viaje a las puertas de la muerte 19 . A estas dos, suele sumarse otra técnica de gran importancia en el contexto acuariano: el channeling 20 , que permite ‘canalizar’ mensajes de entidades que habitan más allá del mundo visible y que pueden ser tanto espÃritus ya difuntos y aún no reencarnados, como entidades extraterrestres, incluÃdo el mismo Jesús o algún otro de los ‘Maestros Ascendidos’ 21 . Técnicas basadas en los procesos de hiperoxigenación y auto-hipnosis tomadas de los ejercicios respiratorios del yoga y el control mental, de alto riesgo para el equilibrio psÃquico y emocional de los individuos, son recursos muy frecuentes entre los indicados en la Nueva Era.
Detrás de este gran cambio cultural que impulsa la Nueva Era, subyace la necesidad del hombre contemporáneo de alcanzar una sÃntesis capaz de cubrir sus expectativas en el campo afectivo, intelectual y religioso, desde una perspectiva de unidad. Necesidad que al no verse satisfecha, ha generado en la cultura urbana del fin del presente milenio un cúmulo de tensiones de muy difÃcil resolución fuera del contexto de una fe cristiana integralmente vivida, celebrada y comprendida.
Pero la concepción de la realidad y del hombre propugnada por la Nueva Era, en gran medida es incompatible con la fe cristiana, la New Age busca sus fundamentos en una teologÃa de origen oriental con una concepción monista panteÃsta y un notorio dualismo de yin y yang en perfecto equilibrio (equilibrio que serÃa la causa de la tan ansiada paz interior).
Es sobre todo en las religiones nacidas a las orillas del Ganges, pero interpretadas a su modo por personas occidentales, donde hallamos el origen de buena parte del esquema conceptual religioso implÃcito en las propuestas de la Nueva Era. Particularmente su concepción de lo divino como un todo impersonal en el que se identifican como en una unidad absoluta el ser y la nada, el dios y la creatura, la luz y la oscuridad.
De esta concepción de Dios surge una espiritualidad que se funda más en la experiencia que en la razón y en el sentimiento antes que en la verdad. La ‘espiritualidad’ queda librada exclusivamente a la esfera de lo sensitivo e irracional: al ‘sentirse bien’, al encuentro con el ‘sà mismo’, a la búsqueda excluyente del propio bienestar individual.
La oración deja ya de ser un diálogo interpersonal con el Dios trascendente, para convertirse en monólogo interior, en una búsqueda introspectiva del propio yo. Lo más profundo del hombre ya no es el ‘interior Ãntimo meo’ 22 de san AgustÃn, sino sólo el propio yo. Dios no es la Trinidad personal, sino que se lo hallarÃa en la inmanencia del propio ‘sà mismo’. El hombre queda asà abandonado en completa soledad ante sà mismo.
En la visión de la Nueva Era lo humano se confunde e identifica con lo divino y la realidad del pecado carece de sentido. Es más, llega a considerarse al hombre como incapaz de pecar. Lo que puede aparecer como pecado es interpretado por la Nueva Era como imperfecciones provocadas por la falta de evolución del individuo y han de superarse a través de la toma de conciencia de su ‘yo soy’. Por tanto, no hay necesidad de Redención y se prescinde totalmente del misterio de la Encarnación y la Historia de la Salvación. Lo único que requerirÃa el hombre de la Nueva Era para salir de su actual estado de imperfección es adquirir el conocimiento que le posibilite el desarrollo de la conciencia de la propia divinidad y la consecuente evolución.
La evolución de la que se habla, no es por supuesto la evolución personal tal como habitualmente solemos comprenderla, sino la evolución espiritual que se da a través de los distintos ciclos del karma, a través de sucesivas reencarnaciones 23 hasta alcanzar un estado de divinización pleno. No hay que olvidar que para la Nueva Era, el hombre es un ‘espÃritu’ o energÃa divina, una partÃcula del todo cósmico, en continua evolución hacia la divinización.
Cuando el hombre pierde el camino de la Verdad que lo conduce al gozo verdadero de los hijos de Dios, dos son las sendas que se le presentan: la lucha inmanentista de un mesianismo temporal, o la seducción de una falsa trascendencia manipulable por la magia. La Nueva Era, con su exaltación sistemática de la irracionalidad y su búsqueda de una sabidurÃa escondida en el mismo ser del hombre, que le de una clave de interpretación del cosmos entero orientada hacia la comunión con la naturaleza, no puede obviar el camino del ocultismo y el esoterismo que responden a la inclinación primitiva del hombre a apoderarse de la ‘sabidurÃa de los dioses’.
Las artes adivinatorias de todo tipo, desde las cartas españolas hasta el I Ching, pasando por el Tarot, la lectura de la borra del café, la astrologÃa de alto vuelo y todas las formas de percepción extrasensorial, tienen un lugar privilegiado en el corazón del hijo de Acuario. Todas son válidas para intentar llegar más allá de las posibilidades de conocimiento del hombre y se prescinde de la Revelación realizada por Dios.
El supuesto básico es aquella comunión de origen que existe en toda la creación, lo que hace que el destino de cada hombre particular esté indisolublemente unido, a través de una larga cadena de acontecimientos (de ‘casualidades’) hasta con el de la más alejada de las estrellas. Por esto afirmarán que la astrologÃa y las demás mancias, no son supersticiones o creencias sin fundamento, sino que son ciencias fundadas en la casualidad universal. Este supuesto se traduce en un cerrado determinismo 25 , aunque siempre se reivindique la existencia del ‘libre albedrÃo’ de cada uno, albedrÃo que nunca llega a clarificarse qué función cumple en el desarrollo de la historia.
De este modo, la responsabilidad personal en la construcción del bien común es inexistente; el progreso del hombre no está relacionado con el desarrollo libre de las potencialidades que Dios ha depositado en él, sino con un poder o fuerza impersonal e intrÃnseca a la creación que la conduce necesariamente en un sentido que dicen ser de unidad creciente. Por lo tanto, el hombre ha dejado de ser el artÃfice y responsable de la propia cultura y de la propia historia, para pasar a ser un elemento anónimo más, parte de una red infinita, pasivo ante el devenir social, que debe dejar de lado toda preocupación real por lo socio-cultural (que en realidad está regido por esta fuerza interior a la que hicimos referencia), para ocuparse simplemente de cultivar una espiritualidad de introspección, a la medida del propio gusto, cuyo sólo propósito es la comunión en ‘un plano vibracional más elevado’, pero no con el otro, con la imagen de Dios presente en el prójimo, sino con una impersonal e indefinible onda de energÃa.
En la Nueva Era todo se confunde: las artes adivinatorias son ‘ciencias’, los brujos son ‘parapsicólogos’, y la curiosidad desordenada por conocer el futuro es ‘investigación’. En el contexto de Acuario, los dones paranormales ya no son dones sino capacidades que se adquieren y desarrollan por la práctica, los ‘parapsicólogos’, canalizadores, investigadores o amigos, son los nuevos gurúes o maestros de esta espiritualidad cósmica. A partir de su búsqueda de unión y comunión en armonÃa con el universo, objeto propio de este nuevo naturalismo, se ha elevado a categorÃa de una cuasi-religión a la ecologÃa que se convierte prácticamente en objeto de culto, y la deforman hasta convertirla de hecho en un camino mÃstico-espiritual, junto con muchas otras prácticas como las medicinas alternativas o los grupos de auto-ayuda, que se ven asà convertidos de repente en opciones religiosas.
Los libros de las civilizaciones antiguas adquieren a la luz de la Nueva Era la categorÃa de ‘sagrados’, por el sólo hecho de ser antiguos o de origen desconocido, la Sagrada Biblia es tan sólo uno más entre ellos, pero las ‘canalizaciones’ realizadas por cualquiera de los ‘hermanos’ tiene carácter de verdad indiscutible y constituyen parámetro de interpretación de toda otra escritura.
A los cuatro elementos o pilares enunciados hasta aquÃ, es oportuno agregar un último ingrediente que es preciso no olvidar al referirnos a la Nueva Era: su impostación mesiánica. Cada grupo y cada autor de modo diverso, hará referencia al fin de la historia, del eón presente, a la catástrofe planetaria o al llamado ‘plan de evaluación planetaria’.
En este punto hallamos una gran dispersión de opiniones: desde los que son optimistas y afirman que de un modo u otro el planeta encontrará su equilibrio, hasta los abiertamente pesimistas que consideran la casi inevitable destrucción del planeta que habitamos. Es en este punto donde la referencia al fenómeno O.V.N.I. 26 se hace más fuerte, ya que se apela a naves y seres extra-terrestres para afirmar que estamos siendo custodiados o impulsados en nuestro desarrollo por ellos (la diferencia reside en que según algunos hay una intervención activa en un cierto sentido de los ET 27 , y según otros no), serÃan ellos los que con sus enseñanzas guÃan y advierten al género humano acerca de los cambios por venir, los que intervienen en la historia del mundo evitando nuestra auto-destrucción, e incluso los que estarÃan a cargo de evacuar el planeta, en la eventualidad de un cataclismo planetario. No sólo dan por segura su existencia sino que los estiman como aquellos que han alcanzado el debido grado de desarrollo de sus conciencias.
Este cultivo de la referencia a fenómenos extraterrestres ha llegado ha convertirse en la conciencia de muchos, en un hecho pseudos-religioso: se habla de tener ‘fe’ en los O.V.N.I.s y en los E.T., se buscan referencias bÃblicas de intervenciones similares a las planeadas apelando a la figura de los ángeles. De modo semejante al desarrollo de la angelologÃa se ha creado todo un universo de ‘espÃritus ascendidos’ con sus nombres, a los cuales se presta veneración y respeto, y cuya enseñanza, canalizada a través de diversos ‘canalizadores’, se adopta como revelación de los dinamismos de la energÃa divina sobre el destino de la humanidad. Todo aquello que según las Sagradas Escrituras no nos ha sido dado saber, estarÃa siendo ahora comunicado a través de estas mediaciones.
Como hemos indicado, la Nueva Era no se presenta propiamente como una religión, busca ponerse por sobre las religiones, por sobre ‘la división que significan los diversos credos’, para profesar el culto de la unidad. Se habla propiamente de ‘técnicas’ de ‘oración’, de un ‘desarrollo crÃstico’ de pontencializar las ‘dimensiones espirituales’ del hombre, de un cosmos donde la ‘Ley suprema es la Ley del Amor’. En el caso particular de nuestro paÃs, sus difusores más fervorosos se manifiestan públicamente y sin ningún reparo como católicos, y se alude reiteradamente a figuras culturalmente distintivas de lo católico como la Madre Teresa de Calcuta o el mismo Santo Padre.
Todo esto provoca en el Pueblo de Dios confusión e interrogantes. ¿La Nueva Era es católica? ¿Puede un católico, permaneciendo fiel a su fe ‘creer’ en los extraterrestres, las flores de Bach, la ecologÃa?, si la respuesta fuera afirmativa, ¿puede, en consecuencia, creer en la reencarnación, acudir a la invocación de entidades misteriosas, y adorar a la diosa Gaia 28 ?
Son muchos los puntos particulares que es necesario clarificar y discernir, la extensión de esta publicación sólo nos permite una primera y básica definición:
Ante todo es preciso distinguir con claridad que constituye propiamente esta ‘nueva corriente cultural’, de distintos elementos independientes asumidos por ella. Nueva Era recoge en sÃ, muchos elementos que no le son propios, sino que vienen de muy antiguo y cuyo origen no está directamente ligado a ella.
Tal es el caso de, entre otras cosas, la homeopatÃa, las terapias y comidas naturistas, las técnicas de relajación y concentración, la misma ecologÃa y la parapsicologÃa. Elementos que se han desarrollado independientemente, que tienen entidad por sÃ, pero que a través del desarrollo del pensamiento New Age han sido asumidos como propios y ahora se los propaga como distintivos de este movimiento.
Siempre se corre el riesgo de descartar conjuntamente el trigo con la cizaña, por lo que es necesaria una tarea de discernimiento que se funde principalmente en la fidelidad al núcleo de nuestra fe cristiana, y el respeto de la verdad y la auténtica libertad, de modo que se de cabida a una respuesta libre en el corazón de cada hombre 29 . Todo lo que no sea compatible con la verdadera fe, debe ser abandonado; lo que pueda ser compatibilizado con ella podrá ser asumido según dicte la prudencia.
Además es necesario tener presente, que hay muchos de estos elementos que aún cuando no son en sà mismos incompatibles con la fe cristiana, el modo como son presentados es objetable, ya que se pretende divulgarlos como remedios ‘espirituales’ cuasi milagros y totalmente ‘inocuos’, cuando en realidad se trata de técnicas y elementos procedentes del ámbito de la medicina o la psicologÃa (p.e. las teorÃas de auto-hipnosis implÃcitas en el control mental), que realizados fuera del imprescindible control profesional pueden acarrear consecuencias de gravedad para la salud fÃsica o psÃquica de quienes desprevenidamente las practiquen o utilicen.
Al margen de una multitud de elementos que requieren un discernimiento para ver hasta dónde pueden ser rescatables, hay en el núcleo conceptual de Dios y su obra que son en todo incompatibles con la fe cristiana, por lo tanto inaceptables para un fiel católico y que pueden sintetizarse en los puntos que se formulan a continuación:
Dios no es una fuerza o energÃa informe e impersonal de una trascendencia diluÃda, sino un Ser personal que conoce, quiere, ama, guÃa, enseña y entra en diálogo permanente con los hombres 30 .
El cosmos, no ha ‘emanado’ del ser divino, sino que ha sido creado de la nada por el Dios personal que crea por un acto de puro amor y con entera libertad 31 .
Este cosmos, no es una parte del Ser divino (panteÃsmo), sino que Dios es trascendente y realmente distinto de sus creaturas 32 .
En consecuencia, el universo no es en sà mismo adorable y autosuficiente, sino que las creaturas son dependientes de su Creador, el Único necesario 33 .
El alma del hombre no es una chispa de la divinidad, algo de Dios alojado en el hombre, sino que este es una persona (cuerpo y alma) creada por Dios, distinta de Él, no divina sino llamada a una vocación divina no por derecho propio, sino por gracia 34 .
El alma de la persona humana no se halla sometida a un proceso evolutivo a través del tiempo y del espacio (karma) que se realiza mediante sucesivas reencarnaciones que tendrÃan como objetivo final la autodivinización; sino que cada hombre será juzgado por Dios al final de su vida presente, en atención a sus opciones libres y podrá ser llamado a la gloria de los hijos de Dios por pura Misericordia divina 35 .
La persona de Jesús de Galilea, no ha sido una manifestación más de la ‘conciencia crÃstica’ semejante a Buda, Mahoma, Gandhi, etc. Afirmaciones de este tenor implican negar la originalidad central de la fe cristiana, a saber, que Jesús de Nazareth, nacido de MarÃa siempre Virgen, es el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre 36 .
Es necesario además tener en cuenta que hay prácticas propias de Nueva Era, que no pueden ser suscriptas por un cristiano bajo ningún concepto, entre otras:
El ‘channeling’ o invocación de espÃritus, sean éstos de ‘maestros ascendidos’, extraterrestres o difuntos.
Las diversas ‘mancias’ o artes adivinatorias de cualquier tipo.
La aceptación de mensajes de los tales ‘maestros’ como verdades reveladas y parámetro para la interpretación de la fe de la Iglesia y de las Sagradas Escrituras.
La práctica de ‘trabajos’ o ritos generalmente originados en la magia negra, los rituales esotéricos o las religiones paganas, y cuyo fin es obrar la ‘pureza’ espiritual, obtener algún beneficio o forzar la voluntad de terceros 37 .
Consideradas en su conjunto, las publicaciones que se inspiran en la Nueva Era abundan en referencias a la niñez. Muchas de ellas están dirigidas primariamente a niños y en las demás se habla de la infancia espiritual, de la importancia de los niños, de la educación de los mismos, de los ‘niños de Acuario’.
Propuestas pedagógicas, libros de cuentos y programas infantiles, están ejerciendo una creciente influencia silenciosa en los ambientes educacionales, bajo la inspiración de la New Age.
Alguno de los autores adscriptos a este movimiento, al hablar de los ‘niños de Acuario’ los consideran como una ‘avanzada de la Nueva Era’, una serie de niños prodigio que, se dice, están naciendo en hogares cuyos padres han logrado niveles adecuados de vibración y cuyas almas ya han alcanzado el nivel de Amor-SabidurÃa que corresponde a la Era de Acuario. Estos niños, de los que se publican diálogos increÃbles, no sólo tienen un desarrollo intelectual excesivo para su corta edad, sino que esto serÃa la manifestación de una nueva conformación genética de una nueva conformación genética basada no en el ADN 38 , sino en el GNA. Este GNA, según un mensaje canalizado en 1987, es también un ácido nucléico pero con ‘una estructura quÃmica más sutil … más estructurado para la vibración magnética Astral de la 4ª dimensión’ 39 .
Pero al margen de afirmaciones como ésta, de modo inmediato es más preocupante —por su posibilidad de inserción en el contexto general del pueblo de Dios— toda una bibliografÃa y una serie de programas televisivos, infantiles y para padres, que tienen a considerar a todo niño como un prodigio reencarnado que corre el riesgo de ser anulado por la aplicación de los métodos educativos tradicionales: ‘cuando uno pretende educar al niño ya mutiló su inocencia’ afirma uno de sus autores 40 .
De este modo se pretende evitar el desarrollo del pensamiento analÃtico en los niños, potenciando unilateralmente el desarrollo de la intuición y proponiendo el empleo en la niñez de técnicas de alto riesgo psicológico como son el control mental, la auto-hipnosis, los sueños dirigidos, etc. todo lo cual tiende a anular la capacidad de discernimiento crÃtico y de percepción activa de la realidad circundante que el niño desarrolla, precisamente a través de la educación recibida durante su infancia.
No hemos de olvidar que según el decir de Marilyn Ferguson, una de las principales exponentes del movimiento, Nueva Era es una ‘conspiración silenciosa’ cuyo objeto es obrar un cambio radical de orden cultural y social; y según el decir de otro de sus autores, ‘…si queremos modificar un estado de cosas, son los hijos, los niños, los primeros que deben ser modificados, … es decir, llevarlos a su caudal sagrado para que desde allà descienda esa bendición que no es sólo una bendición para ellos sino también para el mundo’ 41 .
Cuando reunidos en abril de 1990 los Obispos Argentinos pasaron revista a la realidad de nuestra Iglesia con vistas a proponer ‘puntos esenciales… que servirán para revisar la actividad eclesial y para inspirar la planificación de la diócesis, sectores, asociaciones y movimientos…’ 42 , destacaron particularmente dos ‘desafÃos en el actual proceso histórico-cultural: el secularismo y la urgente necesidad de lo que el Papa llama una justicia demasiado largamente esperada’ 43 .
El secularismo, en cuanto silenciamiento y olvido de la necesaria conexión con Dios que guarda todo el orden creado, ‘conlleva el riesgo de alimentar en los hombres la autosuficiencia y de absolutizar el poder’ 44 . Autosuficiencia y búsqueda de poder que son el sustrato propio del desarrollo de la Nueva Era, y que llevan al hombre a caer en este nuevo naturalismo mágico inmanente, que no hace más que revivir viejas idolatrÃas que degradan y esclavizan a la persona humana a sus pasiones, inclinaciones y temores más primitivos. Cuando una cultura olvida al Dios verdadero que es su fundamento último e ignora que su núcleo esencial está dado por el modo particular en que ese pueblo se relaciona con su Dios, por sus valores o desvalores religiosos 45 ; se coloca en la vÃa rápida que conduce a la esclavitud de la idolatrÃa, la superstición y la magia.
Este es el sustrato socio-cultural que alimenta el fenómeno del estallido religioso contemporáneo que se ha denominado ‘nueva religiosidad’; fenómeno en el cual se inserta la Nueva Era, aunque en este caso particular se trate de una alternativa de mayor globalidad, elaboración y agresividad ya que se trata de una explÃcita propuesta cultural alternativa.
Por esto, el desafÃo pastoral que Nueva Era plantea a nuestra Iglesia en las décadas por venir se puede describir como un intento sutil y silencioso de reemplazar al Dios verdadero por una energÃa vibracional impersonal e imposible de amar; de reemplazar a la Iglesia de Cristo por una serie de mediadores, maestros astrales y extraterrestres que nos darán a conocer las ciencias ocultas y nos guiarán por senderos cuyo fin no se ve claro; de reemplazar el camino de la espiritualidad verdadera que se centra en el diálogo con Dios y el reconocimiento de nuestra condición de creaturas, por el camino de la introspección, la autosuficiencia y la autodivinización del sujeto individual carente de compromiso solidario en la construcción de la justicia y del bien común.
Nueva Era es la oferta de un espiritualismo sin Dios trascendente y personal, sin Iglesia, sin compromisos y objetivos y solidarios; a medida de la propia necesidad y gusto.
En consecuencia, es necesaria una respuesta eclesial que suscite, consolide y madure en los fieles cristianos de la fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, presentándola como potencial que sana, afianza y promueve la dignidad del hombre; teniendo presente como aspectos fundamentales: 1) la fe cristiana en Dios; 2) la dignidad del hombre; 3) la profunda vinculación entre la fe cristiana y la dignidad humana 46 . Respuesta que en principio puede canalizarse básicamente a través de dos niveles de acción complementarios:
Un nivel primario de esclarecimiento, es decir, de tarea orientada a que todos los bautizados tengan elementos de discernimiento que les permitan distinguir con claridad aquellas propuestas y publicaciones que no son cristianas, en un clima de fidelidad a la Verdad y respeto de la libertad.
Un nivel de profundización en la propia ‘pertenencia cordial a la Iglesia’ 47 , ya que la manera adecuada de evitar que los fieles católicos se vean tentados de recurrir a respuestas y salidas falsas, es trabajar para que se encuentren las respuestas a sus interrogantes y la solución a sus necesidades espirituales en el seno de nuestras parroquias y comunidades eclesiales.
Buena parte de la promoción y expansión de la Nueva Era puede originarse en que se auto presenta como una espiritualidad alternativa válida para todo hombre con prescindencia de su credo religioso, aún para un católico. Con vehemencia suelen recalcar —insistentemente— que no hay incompatibilidad entre las prácticas de la Nueva Era y la fe católica. Esto como ya hemos notado, es absolutamente incorrecto ya que el núcleo conceptual de Acuario está opuesto abiertamente a la fe revelada por Cristo y transmitida por su Iglesia; pero no es obstáculo para que buena parte del Pueblo de Dios, merced a aquella falta de formación que hiciera notar Juan Pablo II en Santo Domingo 48 , se encuentre confundido y muchas veces engañado en su buena fe.
A su vez la difusión de la Nueva Era como alternativa cultural, exige una serena revisión crÃtica de nuestros actuales métodos de acción pastoral evangelizadora como respuesta a las demandas manifiestas en la asà llamada cultura post moderna —especialmente en las grandes urbes—, expresada a través de la sed religiosa contemporánea. ¿Cómo predicamos a Jesucristo? ¿Con qué lenguaje, actitudes y sÃmbolos comunicamos la verdad del Evangelio? ¿Qué rostro de la Iglesia estamos presentando hoy? ¿Qué facilidades ofrecemos al hombre de la calle para que pueda hallar acogida, escucha y respuestas cordiales y veraces en nuestras parroquias? ¿Capacitamos eficazmente a los laicos de nuestras comunidades como maestros de oración y de espiritualidad católica, a fin de que puedan satisfacer el hambre de Dios con lenguajes y gestos realmente significativos para nuestros contemporáneos? ¡Qué iniciativas de diálogo y discernimiento estamos desarrollando a nivel religioso-cultural?
En atención a brindar un adecuado esclarecimiento parece importante:
Escuchando el discurso de los iniciados de la Nueva Era, el creyente poco alerta puede suponer que dicen lo mismo que los católicos. El vocabulario en efecto, muchas veces es el mismo, pero los contenidos son distintos. Se utilizan palabras semejantes y hasta se cita el evangelio, a numerosos autores y teólogos cristianos e incluso el Magisterio. Pero la interpretación que se suele hacer de estas citas, no pocas veces resulta contraria al pensamiento de sus autores, y con frecuencia se tergiversan o sacan de contexto.
Es importante tener claro que fe y ciencia no se oponen; se distinguen pero no se identifican, la Iglesia reconoce la legÃtima autonomÃa de las ciencias. Una teorÃa psicológica, un método terapéutico, una técnica pueden ser buenas en su campo especÃfico, pero no por eso deben ser utilizadas como medios religiosos. El cristiano ha de discernir a la luz de la fe, todas las realidades. Estos criterios han de aplicarse particularmente a una multitud de publicaciones de parapsicologÃa, mentalismo, espiritualidad, etc., que se refieren tanto a la oración como a la energÃa radiante, confundiendo la Era de Acuario con citas bÃblicas y teóricas de espiritualidad dudosa.
En este aspecto es importante no olvidar la perspectiva que tan bien sintetizara el Card. Danneels: “todo lo que hace bien no es necesariamente sano, y todo lo que es agradable no es necesariamente verdadero†49 .
En octubre de 1985 el Secretariado para la Unidad de los Cristianos hizo pública la sÃntesis de la encuesta realizada sobre el fenómeno de los nuevos movimientos religiosos y advierte que “el fenómeno se debe considerar no sólo como una amenaza a la Iglesia, sino, por el contrario, como un desafÃo pastoral.†50 . DesafÃo pastoral que ha de orientarse a dar respuesta a las necesidades y aspiraciones del hombre contemporáneo. A este respecto, parece oportuno señalar tres grandes necesidades a las que la acción evangelizadora en nuestras ciudades ha de dar respuesta desde la plenitud e integridad del mensaje del Evangelio:
Es indudable que muchos de los adherentes a las prácticas y doctrinas difundidas por la Nueva Era lo hacen con total buena fe, y por otro lado es indiscutible que algunos de esos elementos son buenos y rescatables. Pero también es cierto que aún cuando buenos, se ponen en ellos una esperanza y una confianza que sólo corresponde depositar en Dios. En consecuencia se hace más urgente la necesidad de inculturar el Evangelio en nuestras grandes ciudades con una creatividad, claridad y rotundez tal que a nadie le quepa duda de que en Cristo se ha inaugurado una era no solo nueva, sino también única y definitiva.
El mandamiento Nuevo de Cristo vivido en plenitud debe llevar a que los miembros de la Iglesia nos reconozcamos como hermanos en la fe y miembros de un mismo Cuerpo, siendo reconocidos ante el mundo por esta unión en la caridad 51 . Asà es preciso renovar continuamente los esfuerzos para que toda persona pueda encontrar en la Iglesia una cordial acogida como expresión de la caridad fraterna y la comprensión personalizada que tanto necesita el hombre contemporáneo.
La Nueva Era está desafiando a los cristianos a que seamos capaces de comunicar y contagiar la verdad, con la certeza de que ‘nosotros tenemos lo que ellos necesitan’ 52 . La necesidad básica del hombre post moderno es la necesidad de trascendencia, la necesidad de Dios. La Iglesia en el transcurso de su larga historia ha atesorado en su seno —-como frutos preciosos que el EspÃritu suscita en cada época— una gama amplÃsima de formas de oración y escuelas de espiritualidad; es oportuno entonces que ante el hambre de Dios a que está sometida nuestra sociedad, como el servidor prudente del Evangelio que administra a cada uno la ración a sus horas 53 , busquemos el lenguaje, sÃmbolos y gestos comprensibles y significativos para brindar de ese tesoro tanto lo nuevo como lo viejo 54 a fin de saciar “el hambre de Dios mediante el pan de la Palabra y la sed de justicia con la promoción más Ãntegra de la dignidad humana†55 .
Necesidades y desafÃos a los que corresponde dar respuesta desde la madurez de una Iglesia misionera que siga teniendo en cuenta 56 :
Asumir decididamente un espÃritu y estilo de diálogo con los diferentes cÃrculos de personas y ambientes de la cultura urbana post moderna.
Proponer un contenido evangelizador de Ãndole ‘misionero’ que aborde desde la fe los desafÃos y problemas del hombre contemporáneo; iluminando todas las dimensiones de su realidad existencial con el mensaje especÃfico de la Buena Nueva de Cristo Redentor.
Ser misionera por tener como destinatarios de su acción evangelizadora a todos los hombres, considerando de modo preferencial a aquellos que están más indefensos ante la agresión cultural en razón de su edad, grado de instrucción o nivel de angustia: fruto de la necesidad económica, afectiva o laboral.
Esta tarea exige a su vez, que cada agente evangelizador posea ‘un estilo cimentado en la santidad de vida’ y una actitud de respeto a la verdad y a la libertad que se nutran en una profunda ‘vida de oración’ 57 .
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