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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, a帽o 2007
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Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales

Eminencias;
queridos hermanos en el episcopado;
queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Me alegra acogeros hoy en el Vaticano con ocasi贸n de la asamblea plenaria anual del Consejo pontificio para las comunicaciones sociales. Agradezco, ante todo, al arzobispo mons. Foley, presidente del Consejo, sus amables palabras de saludo. Deseo expresaros a todos mi gratitud por vuestro compromiso en el apostolado de las comunicaciones sociales, cuya importancia no puede subestimarse en nuestro mundo cada vez m谩s tecnol贸gico.

El campo de las comunicaciones sociales cambia continuamente. Mientras los medios de comunicaci贸n de prensa se esfuerzan por mantener su difusi贸n, los dem谩s medios, como la radio, la televisi贸n e internet se est谩n desarrollando con una rapidez extraordinaria. En el trasfondo de la globalizaci贸n, este influjo de los medios electr贸nicos coincide con su concentraci贸n cada vez mayor en manos de algunas multinacionales, cuya influencia se extiende a todos los 谩mbitos sociales y culturales.

驴Cu谩les han sido los resultados y los efectos de este incremento en los medios de comunicaci贸n social y en la industria del entretenimiento? S茅 que esta pregunta requiere mucha atenci贸n por vuestra parte. En efecto, teniendo en cuenta el gran influjo que ejercen los medios de comunicaci贸n social para modelar la cultura, eso ata帽e a todos los que se interesan en serio por el bienestar de la sociedad civil.

No cabe duda de que los diversos componentes de los medios de comunicaci贸n social han aportado un gran beneficio a la civilizaci贸n. Basta pensar en los excelentes documentales e informativos, en el sano entretenimiento, as铆 como en los debates y las entrevistas que ayudan a reflexionar. Adem谩s, con respecto a internet, es preciso reconocer que ha abierto un mundo de conocimiento y de aprendizaje al que antes muchos, si no todos, ten铆an dif铆cilmente acceso. Estas contribuciones al bien com煤n merecen aplauso y han de estimularse.

Por otro lado, tambi茅n es evidente que mucho de lo que se transmite, de varias formas, a las casas de millones de familias en todo el mundo es destructor. La Iglesia, iluminando con la luz de la verdad de Cristo esas sombras, engendra esperanza. Intensifiquemos nuestros esfuerzos por impulsar a todos a poner la l谩mpara sobre el candelero a fin de que ilumine a todos en la casa, en la escuela y en la sociedad (cf. Mt 5, 15-16).

A este respecto, mi Mensaje para la Jornada de las comunicaciones sociales de este a帽o llama la atenci贸n hacia la relaci贸n entre los medios de comunicaci贸n social y los j贸venes. Mi preocupaci贸n no difiere de la de cualquier madre, padre, profesor o ciudadano responsable. Todos reconocemos que "la belleza, que es como un espejo de lo divino, inspira y vivifica el coraz贸n y la mente de los j贸venes, mientras que la fealdad y la vulgaridad tienen un impacto deprimente en las actitudes y en el comportamiento" (n. 2: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 2 de febrero de 2007, p. 5). Por tanto, es grave la responsabilidad de introducir y educar a los ni帽os y a los j贸venes en la belleza, en la verdad y en la bondad. Las multinacionales de medios de comunicaci贸n s贸lo pueden sostenerla en la medida en que promuevan la dignidad humana fundamental, el valor aut茅ntico del matrimonio y de la vida familiar, as铆 como los resultados positivos y las metas de la humanidad.

Apelo, una vez m谩s, a los responsables de la industria de los medios de comunicaci贸n social, para que impulsen a los productores a salvaguardar el bien com煤n, sostener la verdad, proteger la dignidad humana individual y promover el respeto a las necesidades de la familia.

A la vez que os animo a todos vosotros, aqu铆 reunidos hoy, conf铆o en que os esforzar茅is por garantizar que los frutos de vuestras reflexiones y de vuestros estudios sean efectivamente compartidos con las Iglesias particulares a trav茅s de las parroquias, las escuelas y las instituciones diocesanas.

A todos vosotros, a vuestros compa帽eros y a los miembros de vuestras familias que est谩n en casa imparto mi bendici贸n apost贸lica.

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