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Mons. Jos茅 Antonio Eguren Anselmi, El Tiempo de Cuaresma
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EL TIEMPO DE CUARESMA

I. SU NATURALEZA

1. Un tiempo con caracter铆sticas propias

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebraci贸n de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversi贸n, de preparaci贸n y de memoria del Bautismo, de reconciliaci贸n con Dios y con los hermanos, de recurso m谩s frecuente a las 鈥渁rmas de la penitencia cristiana鈥�: la oraci贸n, el ayuno y la limosna (ver Mt 6, 1-6.16-18).

鈥淐on su duraci贸n de cuarenta d铆as, la Cuaresma encierra una indudable fuerza evocadora. En efecto, alude a algunos de los acontecimientos que marcaron la vida y la historia del antiguo Israel, volviendo a proponer, tambi茅n a nosotros, su valor paradigm谩tico: pensemos, por ejemplo, en los cuarenta d铆as del diluvio universal, que concluyeron con el pacto de alianza establecido por Dios con No茅, y as铆 con la humanidad, y en los cuarenta d铆as de permanencia de Mois茅s en el monte Sina铆, tras los cuales tuvo lugar el don de las tablas de la Ley. El tiempo de Cuaresma quiere invitarnos sobre todo a revivir con Jes煤s los cuarenta d铆as que pas贸 en el desierto, orando y ayunando, antes de emprender su misi贸n p煤blica鈥�. 1

De manera semejante como el antiguo pueblo de Israel march贸 durante cuarenta a帽os por el desierto para ingresar a la tierra prometida, la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, se prepara durante cuarenta d铆as para celebrar la Pascua del Se帽or. Si bien es un tiempo penitencial, no es un tiempo triste y depresivo. Se trata de un tiempo especial de purificaci贸n y de renovaci贸n de la vida cristiana para poder participar con mayor plenitud y gozo del misterio pascual del Se帽or.

La Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar el camino de la propia conversi贸n. Este camino supone cooperar activamente con la gracia, para dar muerte al hombre viejo que act煤a en nosotros. Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, alejarnos de todo aquello que nos aparta del Plan de Dios, y por consiguiente, de nuestra felicidad y realizaci贸n personal.

La Cuaresma es uno de los cuatro tiempos fuertes del a帽o lit煤rgico y ello debe verse reflejado con intensidad en cada uno de los detalles de su celebraci贸n. Cuanto m谩s se acent煤en sus particularidades, m谩s fructuosamente podremos vivir toda su riqueza espiritual.

Por tanto habr谩 que esforzarse, entre otras cosas:

- Para que se descubra que en este tiempo son distintos tanto el enfoque de las lecturas b铆blicas (en la santa misa pr谩cticamente no hay lectura continua), como el de los textos eucol贸gicos (propios y determinados casi siempre de modo obligatorio para cada una de las celebraciones).

- Para que los cantos, sean totalmente distintos de los habituales y reflejen la espiritualidad penitencial, propia de este tiempo.

- Para lograr una ambientaci贸n sobria y austera que refleje el car谩cter de penitencia de la Cuaresma.

2. Sentido de la Cuaresma

Lo primero que debemos decir al respecto es que la finalidad de la Cuaresma es ser un tiempo de preparaci贸n a la Pascua. Por ello se suele definir a la Cuaresma, 鈥渃omo camino hacia la Pascua鈥�. La Cuaresma no es por tanto un tiempo cerrado en s铆 mismo, o un tiempo 鈥渇uerte鈥� o importante en s铆 mismo.

Es m谩s bien un tiempo de preparaci贸n, y un tiempo 鈥渇uerte鈥�, en cuanto prepara para un tiempo 鈥渕谩s fuerte鈥� a煤n, que es la Pascua. El tiempo de Cuaresma como preparaci贸n a la Pascua se basa en dos pilares: por una parte, la contemplaci贸n de la Pascua de Jes煤s; y por otra parte, la participaci贸n personal en la Pascua del Se帽or a trav茅s de la penitencia y de la celebraci贸n o preparaci贸n de los sacramentos pascuales 鈥� bautismo, confirmaci贸n, reconciliaci贸n, eucarist铆a 鈥�, con los que incorporamos nuestra vida a la Pascua del Se帽or Jes煤s.

Incorporarnos al 鈥渕isterio pascual鈥� de Cristo supone participar en el misterio de su muerte y resurrecci贸n. No olvidemos que el Bautismo nos configura con la muerte y resurrecci贸n del Se帽or. La Cuaresma busca que esa din谩mica bautismal (muerte para la vida) sea vivida m谩s profundamente. Se trata entonces de morir a nuestro pecado para resucitar con Cristo a la verdadera vida: 鈥淵o les aseguro que si el grano de trigo鈥uere dar谩 mucho fruto鈥� (Jn 20, 24).

A estos dos aspectos hay que a帽adir finalmente otro matiz m谩s eclesial: la Cuaresma es tiempo apropiado para cuidar la catequesis y la oraci贸n de los ni帽os y j贸venes que se preparan a la confirmaci贸n y a la primera comuni贸n; y para que toda la Iglesia ore por la conversi贸n de los pecadores.

3. Estructuras del tiempo de Cuaresma

Para poder vivir adecuadamente la Cuaresma es necesario clarificar los diversos planos o estructuras en que se mueve este tiempo.

En primer lugar, hay que distinguir la 鈥淐uaresma dominical鈥�, con su dinamismo propio e independiente, de la 鈥淐uaresma de las ferias鈥�.

a. La "Cuaresma dominical"

En ella se distinguen diversos bloques de lecturas. Adem谩s el conjunto de los cinco primeros domingos, que forman como una unidad, se contraponen al 煤ltimo domingo 鈥� Domingo de Ramos en la Pasi贸n del Se帽or 鈥�, que forma m谩s bien un todo con las ferias de la Semana Santa, e incluso con el Triduo Pascual.

b. La 鈥淐uaresma ferial鈥�

Cabe tambi茅n se帽alar en ella dos bloques distintos:

- El de las Ferias de las cuatro primeras semanas, centradas sobre todo en la conversi贸n y la penitencia.

- Y el de las dos 煤ltimas semanas, en el que, a dichos temas, se sobrepone, la contemplaci贸n de la Pasi贸n del Se帽or, la cual se har谩 a煤n m谩s intensa en la Semana Santa.

Al organizar, pues, las celebraciones feriales, hay que distinguir estas dos etapas, subrayando en la primera los aspectos de conversi贸n (las oraciones, los prefacios, las preces y los cantos de la misa ayudar谩n a ello).

Y, a partir del lunes de la V Semana, cambiando un poco el matiz, es decir, centrando m谩s la atenci贸n en la Cruz y en la muerte del Se帽or (sobre todo las oraciones de la misa y el prefacio I de la Pasi贸n del Se帽or, toman este nuevo matiz).

En el fondo, hay aqu铆 una visi贸n teol贸gicamente muy interesante: la conversi贸n personal, que consiste en el paso del pecado a la gracia (santidad), se incorpora con un 鈥渃rescendo鈥� cada vez m谩s intenso, a la Pascua del Se帽or: es s贸lo en la persona del Se帽or Jes煤s, nuestra cabeza, donde la Iglesia, su cuerpo m铆stico, pasa de la muerte a la vida.

Digamos finalmente que ser铆a muy bueno subrayar con mayor intensidad las ferias de la 煤ltima semana de Cuaresma 鈥� la Semana Santa 鈥� en las que la contemplaci贸n de la Cruz del Se帽or se hace casi exclusivamente (Prefacio II de la Pasi贸n del Se帽or). Para ello, ser铆a muy conveniente que, en esta 煤ltima semana se pusieran algunos signos extraordinarios que recalcaran la importancia de estos 煤ltimos d铆as. Si bien las r煤bricas se帽alan algunos de estos signos, como por ejemplo el hecho que estos d铆as no se permite ninguna celebraci贸n ajena (ni aunque se trate de solemnidades); a estos signos habr铆a que sumar algunos de m谩s f谩cil comprensi贸n para los fieles, para evidenciar as铆 el car谩cter de suma importancia que tienen estos d铆as: por ejemplo el canto de la aclamaci贸n del evangelio; la bendici贸n solemne diaria al final de la misa (bendiciones solemnes, formulario 鈥淧asi贸n del Se帽or鈥�); uso de vestiduras moradas m谩s vistosas, etc.

4. El lugar de la celebraci贸n

Se debe buscar la mayor austeridad posible, tanto para el altar, el presbiterio, y los dem谩s lugares y elementos celebrativos. 脷nicamente se debe conservar lo que sea necesario para que el lugar resulte acogedor y ordenado. La austeridad de los elementos con que se presenta en estos d铆as la iglesia (el templo), contrapuesta a la manera festiva con que se celebrar谩 la Pascua y el tiempo pascual, ayudar谩 a captar el sentido de 鈥減aso鈥� (pascua = paso) que tienen las celebraciones de este ciclo.

Durante la Cuaresma hay que suprimir, pues, las flores (las que pueden ser sustituidas por plantas ornamentales), las alfombras no necesarias, la m煤sica instrumental, a no ser que sea del todo imprescindible para un buen canto.

Una pr谩ctica que en algunas iglesias podr铆a ser expresiva es la de recubrir el altar, fuera de la celebraci贸n eucar铆stica, con un pa帽o de tela morada.

Finalmente hay que recordar, que la misma austeridad en flores y adornos debe tambi茅n aplicarse al lugar de la reserva eucar铆stica y a la bendici贸n con el Sant铆simo, pues debe haber una gran coherencia entre el culto que se da al Sant铆simo y la celebraci贸n de la misa. 2 La misma coherencia debe manifestarse entre la liturgia y las expresiones de la piedad popular. 3 As铆, pues, tampoco caben elementos festivos, durante los d铆as cuaresmales y de Semana Santa, ni en el altar de la reserva ni en la exposici贸n del Sant铆simo.

5. Solemnidades, fiestas y memorias durante la Cuaresma

Otro punto que debe cuidarse es el de las maneras de celebrar las fiestas del Santoral durante la Cuaresma. El factor fundamental consiste en procurar que la Cuaresma no quede oscurecida por celebraciones ajenas a la misma. Precisamente para lograr este fin, el Calendario romano ha procurado alejar de este tiempo las celebraciones de los santos.

De hecho durante todo el largo per铆odo cuaresmal, s贸lo se celebran un m谩ximo de cuatro festividades (adem谩s de alguna solemnidad o fiesta de los calendarios particulares): San Cirilo y San Metodio (14 de febrero); la C谩tedra de San Pedro (22 de febrero); San Jos茅, casto esposo de la Virgen Mar铆a (19 de marzo) y la Anunciaci贸n del Se帽or (25 de marzo). En todo caso en la manera de celebrar estas fiestas no deber谩 darse la impresi贸n de que se 鈥渋nterrumpe la Cuaresma鈥�, sino m谩s bien habr谩 que inscribir estas fiestas en la espiritualidad y la din谩mica de este tiempo lit煤rgico.

Con respecto a la memoria de los santos, hay que recordar que durante la Cuaresma todas ellas son libres y si se celebran, se debe hacer con ornamentos morados, y del modo como indican las normas lit煤rgicas.

II. LAS LECTURAS B脥BLICAS DE LA CUARESMA

鈥淟a Cuaresma nos impulsa a dejar que la Palabra de Dios penetre en nuestra vida para conocer as铆 la verdad fundamental: qui茅nes somos, de d贸nde venimos, a d贸nde debemos ir, cu谩l es el camino que hemos de seguir en la vida. De este modo, el tiempo de Cuaresma nos ofrece un itinerario asc茅tico y lit煤rgico que, a la vez que nos ayuda a abrir los ojos a nuestra debilidad, nos estimula a abrir el coraz贸n al amor misericordioso de Cristo鈥�. 4

1. Visi贸n de conjunto

Desde el primer momento es bueno se帽alar el hecho que en este tiempo la tem谩tica de los diversos sistemas de lecturas es mucho m谩s variada que en los otros ciclos lit煤rgicos. Aunque todos los leccionarios de este tiempo tengan un tel贸n de fondo com煤n (la renovaci贸n de la vida cristiana por la conversi贸n), esta tem谩tica se presenta desde 贸pticas muy diversas, cada una de las cuales tiene sus matices propios y distintos. Si esta diversidad de enfoques se olvida, si se unifica y reduce el conjunto a una tem谩tica 煤nica, muchas de las lecturas lit煤rgicas pasar谩n, pr谩cticamente, desapercibidas; fen贸meno 茅ste que lamentablemente ocurre m谩s de una vez.

Debemos, pues, subrayar en primer lugar que la caracter铆stica principal de las lecturas de Cuaresma no estriba tanto en la 鈥渘ovedad鈥� de unas lecturas que se van descubriendo gracias a los leccionarios post-conciliares, cuanto en la abundancia de l铆neas afines que es preciso aunar espiritualmente, de modo que cada una de ellas aporte su contribuci贸n a la renovaci贸n cuaresmal de quienes usan los citados leccionarios.

La actitud fundamental frente a las lecturas cuaresmales debe ser, sobre todo, la de una escucha reposada y penetrante que ayude a que el esp铆ritu se vaya impregnando progresivamente de los criterios de la fe, hay veces suficientemente conocidos, pero no suficientemente interiorizados y hechos vida.

No se trata de 鈥渕editaciones鈥� m谩s o menos intelectualizantes, como de una contemplaci贸n 鈥済ozosa鈥� del Plan de Dios sobre la persona humana y su historia, y de una escucha atenta ante la llamada de Dios a una conversi贸n que nos lleve a la paz y a la felicidad.

En el conjunto de los Leccionarios cuaresmales emergen con facilidad unas l铆neas de fuerza en las que debe centrarse la conversi贸n cuaresmal. Esta conversi贸n esta muy lejos de limitarse a un mero mejoramiento moral. Es m谩s bien una conversi贸n radical a Cristo, el Hombre nuevo y perfecto, para existir en 脡l (ver Col 2, 7).

Est谩s l铆neas de fuerza son las siguientes:

a. La meditaci贸n en la historia de la salvaci贸n, realizada por Dios 鈥� Amor en favor de la persona humana creada a su imagen y semejanza. Debemos 鈥渃onvertirnos鈥� de una vida egoc茅ntrica, donde el ser humano vive encerrado en su mentira existencial, a una vida de comuni贸n con el Se帽or Jes煤s, el Camino, la Verdad y la Vida, que nos lleva al Padre en el Esp铆ritu Santo.

b. La vivencia del misterio pascual como culminaci贸n de esta historia santa: debemos 鈥渃onvertirnos鈥� de la visi贸n de un Dios com煤n a todo ser humano, a la visi贸n del Dios vivo y verdadero que se ha revelado plenamente en su 煤nico Hijo, Cristo Jes煤s y en su victoria pascual presente en los sacramentos de su Iglesia: 鈥淭anto am贸 Dios al mundo que le dio a su Hijo 煤nico, para que todo el que crea en 脡l no perezca, sino que tenga vida eterna鈥�(Jn 3, 16).

c. El combate espiritual, que exige la cooperaci贸n activa con la gracia en orden a morir al hombre viejo y al propio pecado para dar paso a la realidad del hombre nuevo en Cristo. En otras palabras, la lucha por la santidad, exigencia que hemos recibido en el santo Bautismo.

Estas tres l铆neas deben proponerse todas en simult谩neo. La primera l铆nea de fuerza 鈥搇a meditaci贸n de la Historia de la Salvaci贸n- la tenemos principalmente en las lecturas del Antiguo Testamento de los domingos y en las lecturas de la Vigilia Pascual. La segunda 鈥搇a vivencia del misterio pascual como culminaci贸n de la historia santa-, en los evangelios de los domingos III, IV y V (los sacramentales pascuales) y, por lo menos en cierta manera, en los evangelios feriales a partir del lunes de la semana IV (oposici贸n de Jes煤s al mal, que termina con la victoria pascual de Jes煤s sobre la muerte, mal supremo).

La tercera l铆nea 鈥揺l combate espiritual, la vida en Cristo, la vida virtuosa y santa- aparece particularmente en las lecturas apost贸licas de los domingos y en el conjunto de las lecturas feriales de la misa de las tres primeras semanas.

Vale la pena subrayar que las tres l铆neas de fuerza de que venimos hablando se hallan, con mayor o menor intensidad, al alcance de todos los fieles: desde los que s贸lo participan en la misa dominical a los que toman parte adem谩s en la Eucarist铆a de los d铆as feriales. Con intensidades diversas pero con un contenido fundamentalmente id茅ntico, todos los fieles beben, a trav茅s de la liturgia cuaresmal, en una fuente que les invita a la conversi贸n bajo todos sus aspectos.

2. Misas dominicales

Las lecturas dominicales de Cuaresma tienen una organizaci贸n unitaria, que hay que tener presente en la predicaci贸n.

Las lecturas del Antiguo Testamento siguen su propia l铆nea, que no tiene una relaci贸n directa con los evangelios, como el resto del a帽o. Una l铆nea importante para comprender la Historia de la Salvaci贸n.

Los Evangelios siguen tambi茅n una tem谩tica organizada y propia.

Y las lecturas que se hacen en segundo lugar, las apost贸licas, est谩n pensadas como complementarias de las anteriores.

a. La primera lectura tiene en este tiempo de Cuaresma una intenci贸n clara: presentar los grandes temas de la Historia de la Salvaci贸n, para preparar el gran acontecimiento de la Pascua del Se帽or:

  • La creaci贸n y origen del mundo (domingo primero).
  • Abraham, padre de los creyentes (domingo segundo).
  • El 脡xodo y Mois茅s (domingo tercero).
  • La historia de Israel, centrada sobre todo en David (domingo cuarto).
  • Los profetas y su mensaje (domingo quinto).
  • El Siervo de Yahv茅 (domingo de Ramos).

Estas etapas se proclaman de modo m谩s directo en el Ciclo A, en sus momentos culminantes.

En el Ciclo B se centran sobre todo en el tema de la Alianza (con No茅, con Abraham, con Israel, el exilio, la nueva alabanza anunciada por Jerem铆as).

En el Ciclo C, las mismas etapas se ven m谩s bien desde el prisma del culto (ofrendas de primicias, celebraci贸n de la Pascua, etc.).

En el sexto domingo, o domingo de Ramos en la Pasi贸n del Se帽or, invariablemente se proclama el canto del Siervo de Yahv茅, por Isa铆as.

Estas etapas representan una vuelta a la fuente: la historia de las actuaciones salv铆ficas de Dios, que preparan el acontecimiento central: el misterio Pascual del Se帽or Jes煤s. En la predicaci贸n hay que tener en cuenta esta progresi贸n, para no perder de vista la marcha hacia la Pascua.

b. La lectura Evang茅lica tiene tambi茅n su coherencia independiente a lo largo de las seis semanas:

-Domingo primero: el tema de las tentaciones de Jes煤s en el desierto, le铆das en cada ciclo seg煤n su evangelista; el tema de los cuarenta d铆as, el tema del combate espiritual.

-Domingo segundo: la Transfiguraci贸n, le铆da tambi茅n en cada ciclo seg煤n el propio evangelista; de nuevo el tema de los cuarenta d铆as (Mois茅s, El铆as, Cristo) y la preparaci贸n pascual; la lucha y la tentaci贸n llevan a la vida.

-Domingo tercero, cuarto y quinto: presentaci贸n de los temas catequ茅ticos de la iniciaci贸n cristiana: el agua, la luz, la vida.

En el Ciclo A: los grandes temas bautismales de San Juan: la samaritana (agua), el ciego (luz), L谩zaro (vida).

En el Ciclo B: temas paralelos, tambi茅n de San Juan: el Templo, la serpiente y Jes煤s Siervo.

En el Ciclo C: temas de conversi贸n y misericordia: iniciaci贸n a otro Sacramento cuaresmal 鈥� pascual: la Penitencia.

- Domingo Sexto : la Pasi贸n de Jes煤s, cada a帽o seg煤n su evangelista (reservando la Pasi贸n de San Juan para el Viernes Santo).

El predicador debe tener en cuenta esta unidad y ayudar a que la comunidad vaya desentra帽ando los diversos aspectos de su marcha hacia la Pascua, no qued谩ndose, por ejemplo en el tema de la tentaci贸n o de la penitencia, sino entrando tambi茅n a los temas bautismales: Cristo y su Pascua son para nosotros la clave del agua viva, de la luz verdadera y de la nueva vida.

c. La segunda lectura est谩 pensada como complemento de los grandes temas de la Historia de la Salvaci贸n y de la preparaci贸n evang茅lica a la Pascua. Temas espirituales, relativos al proceso de fe y conversi贸n y a la concretizaci贸n moral de los temas cuaresmales: la fe, la esperanza, el amor, la vida espiritual, hijos de la luz, etc.

3. Misas feriales

Este grupo de lecturas tiene gran influencia en la vida espiritual de aquellos cristianos que acostumbran a participar activamente en la eucarist铆a diaria. Es bueno se帽alar que el leccionario ferial de Cuaresma fue construy茅ndose a lo largo de varios siglos y antes de la reforma conciliar siempre fue el m谩s rico de todo el a帽o lit煤rgico. La reforma lit煤rgica lo respet贸 por su antigua tradici贸n y riqueza.

Al haberse construido con los siglos, su tem谩tica es bastante variada y muy lejana, por tanto, de lo que es una lectura continua o un plan concebido de conjunto, que son las formas a las que nos tienen acostumbrados los leccionarios salidos de la reforma conciliar.

El actual leccionario ferial de la misa divide la Cuaresma en dos partes: por un lado, tenemos los d铆as que van desde el Mi茅rcoles de Ceniza hasta el s谩bado de la III semana; y por otro, las ferias que discurren desde el lunes de IV semana hasta el comienzo del Triduo Pascual.

a. En la primera parte de la Cuaresma (Mi茅rcoles de Ceniza hasta el s谩bado de III semana), las lecturas van presentando, positivamente, las actitudes fundamentales del vivir cristiano y, negativamente, la reforma de los defectos que obscurecen nuestro seguimiento de Jes煤s.

En estas ferias, ambas lecturas suelen tener unidad tem谩tica bastante marcada, que insiste en temas como la conversi贸n, el sentido del tiempo cuaresmal, el amor al pr贸jimo, la oraci贸n, la intercesi贸n de la Iglesia por los pecadores, el examen de conciencia, etc.

En los or铆genes de la organizaci贸n de la Cuaresma, s贸lo hab铆a misa (adem谩s del Domingo), los d铆as mi茅rcoles y viernes. Por este motivo el leccionario de Cuaresma privilegia las lecturas de estos dos d铆as con lecturas de mayor importancia que las de las restantes ferias. Dichas lecturas suelen ser relativas a la pasi贸n y a la conversi贸n.

b. En la segunda parte de la Cuaresma, (a partir del Lunes de la IV semana hasta el Triduo Pascual), el leccionario cambia de perspectiva: se ofrece una lectura continua del evangelio seg煤n San Juan, escogiendo sobre todo los fragmentos en los que se propone la oposici贸n creciente entre Jes煤s y los 鈥渏ud铆os鈥�.

Esta meditaci贸n del Se帽or enfrent谩ndose con el mal, personalizado por San Juan en los 鈥渏ud铆os鈥�, est谩 llamada a fortalecer la lucha cuaresmal no s贸lo en una l铆nea asc茅tica, sino principalmente en el contexto de la comuni贸n con Cristo, el 煤nico vencedor absoluto del mal.

En estas ferias, las lecturas no est谩n tan ligadas tem谩ticamente una respecto de la otra, sino que presentan, de manera independiente, por un lado la figura del Siervo de Yahv茅 o de otro personaje (Jerem铆as especialmente), que viene a ser como imagen y profec铆a del Salvador crucificado; y, por otro, el desarrollo de la trama que culminar谩 en la muerte y victoria de Cristo.

Finalmente es bueno indicar que a partir del lunes de la semana IV aparece un tema quiz谩 no muy conocido: el conjunto din谩mico que, partiendo de las 鈥渙bras鈥� y 鈥減alabras鈥� del Se帽or Jes煤s, llega hasta el acontecimiento de su 鈥渉ora鈥�. Para no pocos puede ser aconsejable hacer un esfuerzo de meditaci贸n continuada en estos evangelios en su trama progresiva. Este tema puede resultar muy enriquecedor. Aunque se conozcan a veces los textos, pocas veces se ha descubierto el significado din谩mico que une el conjunto de estas lecturas, conjunto que desemboca en la 鈥渉ora鈥� de Jes煤s, es decir en su glorificaci贸n a trav茅s de la muerte que celebramos en el Triduo pascual.

III. NORMAS LITURGICAS

1. Con respecto al conjunto de las celebraciones

Se omite siempre el 鈥淎leluya鈥� en toda celebraci贸n.

Esta mandado suprimir los adornos y flores de la iglesia, excepto el IV Domingo. (Domingo de la alegr铆a en nuestro camino hacia la Pascua). Igualmente se suprime la m煤sica de instrumentos (excepto el IV Domingo), a no ser que sean indispensables para acompa帽ar alg煤n canto.

Las mismas expresiones de austeridad en flores y m煤sica se tendr谩n en el altar de la reserva eucar铆stica y en las celebraciones extralit煤rgicas, y en las manifestaciones de piedad popular.

2. Con respecto a las celebraciones de la eucarist铆a

Excepto en los domingos y en las solemnidades y fiestas que tienen prefacio propio, cada d铆a se dice cualquiera de los cinco prefacios de Cuaresma.

Los domingos se omite el himno del 鈥淕loria鈥�. Este himno, en cambio, se dice en las solemnidades y fiestas.

Antes de la proclamaci贸n del evangelio, tanto en las misas del domingo como en las solemnidades, fiestas y ferias, el canto del 鈥淎leluya鈥� se substituye por alguna otra aclamaci贸n a Cristo. Con todo, para subrayar mejor la distinci贸n entre las ferias y los d铆as festivos, creemos mejor omitir siempre este canto en los d铆as feriales. Incluso en los domingos, es mejor omitir esta aclamaci贸n que recitarla sin canto.

Los domingos no se puede celebrar ninguna otra misa que no sea la del d铆a. En las ferias, las se帽aladas en el Calendario Lit煤rgico con la letra (D), existe la posibilidad de celebrar alguna misa distinta de la del d铆a.

Si en las ferias se quiere hacer la memoria de alg煤n santo, se substituye la colecta ferial por la del santo. Los dem谩s elementos deben ser feriales (incluso la oraci贸n sobre las ofrendas y despu茅s de la comuni贸n).

IV. RECOMENDACIONES Y SUGERENCIAS

1. Textos eucol贸gicos

La Cuaresma es el tiempo del a帽o que posee mayor riqueza de textos eucol贸gicos (conjunto de oraciones de un libro lit煤rgico o de una celebraci贸n). La misa no s贸lo tiene propia la primera oraci贸n de cada d铆a, sino incluso la oraci贸n sobre las ofrendas y la oraci贸n despu茅s de la comuni贸n. Pero, adem谩s de estos textos obligatorios, subrayar铆amos la importancia de otros formularios que pueden usarse libremente:

a. El acto penitencial de la misa

Ser铆a recomendable destacar, durante este tiempo, esta parte de la celebraci贸n. Podr铆an, por ejemplo, variarse cada d铆a de la semana las invocaciones (la nueva edici贸n del Misal Romano ofrece para ello una variedad de posibilidades), y cantar a diario 鈥搉o limitarse a rezar- el 鈥淪e帽or ten piedad鈥�. Es una manera sencilla de subrayar el car谩cter penitencial de estos d铆as.

b. Oraci贸n de los fieles

Convendr铆a emplear algunos formularios en los que se atendiese el significado propio de este tiempo, y en los que se incluyeran algunas peticiones por los pecadores, a tenor de lo que se dice al respecto en el Concilio Vaticano II (ver Sacrosanctum Concilium, N. 109). Asimismo, y siguiendo el pedido del Santo Padre, se pueden incluir peticiones por la paz del mundo, por la familia, por la defensa de la vida, y por las vocaciones.

c. Prefacios

En el a帽o A, todos los domingos tienen un prefacio propio que glosa el evangelio del d铆a. En los a帽os B y C, tienen prefacio propio los domingos I y II y el domingo de Ramos. Los restantes domingos, se usa uno de los prefacios comunes de Cuaresma. El m谩s apropiado para el domingo IV es el prefacio I, por sus alusiones a la Pascua que, se avecina. En cambio el prefacio IV por sus alusiones al ayuno, no es apropiado para el domingo.

Para las ferias hay cinco prefacios. Todos estos prefacios habr谩 que distribuirlos de manera que ninguno de ellos quede olvidado. Por su car谩cter penitencial, el IV est谩 especialmente indicado para los viernes.

d. El esp铆ritu de la Cuaresma en sus Prefacios

La 煤ltima edici贸n de Misal Romano en castellano (1988), trae cinco Prefacios de Cuaresma, destinados a las cuatro primeras semanas de este tiempo.

La semana V y VI, como se recuerda, disponen de dos Prefacios de la Pasi贸n del Se帽or. Los cinco prefacios cuaresmales son 茅stos:

Prefacio I: Significaci贸n espiritual de la Cuaresma

A usarse sobre todo el domingo, cuando no hay se帽alado prefacio propio.

Este prefacio presenta cuatro l铆neas de fuerza:

En primer lugar define la actitud del cristiano en la cuaresma: 鈥渁nhelar a帽o tras a帽o la solemnidad de la pascua鈥�. Este prefacio presenta la meta positiva del proceso cuaresmal y de la vida cristiana: participar en plenitud del misterio pascual del Se帽or Jes煤s. Lo que deseamos y celebramos es el misterio de Cristo renovado en nuestra vida: la Iglesia, que se incorpora a la Pascua de su Se帽or.

En segundo lugar la tarea cuaresmal se describe con tres pinceladas: librarnos del pecado y purificarnos interiormente; dedicarnos con mayor empe帽o a la alabanza divina (vida de oraci贸n); y finalmente vivir m谩s intensamente el amor fraterno (la caridad).

En tercer lugar subraya que la meta 煤ltima a la que tiende el proceso cuaresmal es 鈥渓legar a ser con plenitud hijos de Dios鈥�, en Cristo, el Hijo por excelencia, en quien hemos sido injertados por el Bautismo.

Finalmente, en cuarto lugar, el prefacio subraya que todo es iniciativa divina, a la que la persona humana debe corresponder seg煤n el m谩ximo de sus posibilidades y capacidades: 鈥減or 脡l concedes a tus hijos anhelar, a帽o tras a帽o...鈥� La Palabra de Dios y los Sacramentos nos ayudan en nuestro camino hacia la santidad.

Prefacio II: La penitencia espiritual

A usarse sobre todo el domingo, cuando no hay se帽alado un prefacio propio.

Este prefacio subraya el sentido de la penitencia cuaresmal. La Cuaresma es presentada como un tiempo de gracia (tiempo de misericordia), que Dios nos ofrece para conseguir la purificaci贸n interior del esp铆ritu. Vernos libres del pecado, de nuestros vicios y esclavitudes, reordenando adecuadamente nuestras potencias y pasiones, aprendiendo a usar los bienes materiales como medios y no como fines, comprendiendo su naturaleza perecedera y por tanto no apeg谩ndonos a ellos desordenadamente. Este es el sentido de la penitencia cuaresmal: cambio de mentalidad (metanoia), despojarse del hombre viejo para revestirse del hombre nuevo.

Prefacio III: Los frutos de las privaciones voluntarias

A usarse durante las ferias y los d铆as de abstinencia y ayuno.

Este prefacio concreta a煤n m谩s esta 鈥減enitencia鈥� y se帽ala el por qu茅 de la abstinencia y el ayuno. El ayuno tiene una doble finalidad: por una parte mitigar nuestros apetitos desordenados, y por otra parte aliviar las necesidades del pr贸jimo con el fruto de nuestra renuncia. Con ello damos gracias a Dios y nos hacemos disc铆pulos e instrumentos de su amor.

Prefacio IV: Los frutos del ayuno

A usarse durante las ferias y los d铆as de abstinencia y ayuno.

Es el m谩s antiguo de los prefacios cuaresmales. Se limita a destacar el ayuno como elemento central de la Cuaresma, present谩ndonos el aspecto 鈥渁sc茅tico鈥� de este tiempo lit煤rgico.

Prefacio V: El camino del 茅xodo cuaresmal

A usarse durante las ferias de este tiempo.

Este prefacio fue incorporado en la 煤ltima edici贸n del Misal Romano en castellano (1988). Tiene un t铆tulo din谩mico y sugestivo. Presenta a Dios como Padre rico en misericordia, quien toma la iniciativa de nuestra salvaci贸n porque 鈥減or el grande amor con que nos am贸, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivific贸 juntamente con Cristo 鈥損or gracia hab茅is sido salvados- y con 脡l nos resucit贸 y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jes煤s鈥� (Ef 2, 4-6). El prefacio presenta el camino de la Iglesia en la Cuaresma como un 鈥渘uevo 茅xodo鈥�, donde la Iglesia est谩 llamada a hacer penitencia y renovar su vocaci贸n de pueblo de la alianza nueva y eterna, llamado a bendecir el nombre de Dios, a escuchar su Palabra y a experimentar con gozo sus maravillas.

Adem谩s de estos cinco prefacios numerados, hay otros varios, pr谩cticamente para cada domingo, sobre todo en el Ciclo A.

El domingo primero, se centra en las tentaciones de Jes煤s en el desierto.

El domingo segundo, sobre la Transfiguraci贸n del Se帽or.

Los domingos tercero, cuarto y quinto, tienen unos prefacios claramente bautismales, respondiendo a las lecturas evang茅licas, que presentan los grandes temas cuaresmales del agua (la samaritana), la luz (el ciego de nacimiento) y la vida (L谩zaro).

Como ya hemos indicado hay otros dos prefacios de Pasi贸n, para los 煤ltimos d铆as de la Cuaresma y Semana Santa.

Son once prefacios en total. Podemos sacar provecho de ellos para nuestra predicaci贸n y nuestra catequesis. En ellos est谩n las ideas 鈥� fuerza del misterio de salvaci贸n que sucede en nuestro camino cuaresmal-pascual.

e. Plegarias Eucar铆sticas

Pueden usarse las dos plegarias eucar铆sticas sobre la reconciliaci贸n, sobre todo los d铆as mi茅rcoles y viernes, que son los d铆as m谩s penitenciales de la Cuaresma.

f. Monici贸n introductoria al Padrenuestro

Durante el tiempo de Cuaresma, puede ser sugestivo recalcar en la monici贸n al Padrenuestro la petici贸n: 鈥淧erd贸nanos nuestras ofensas鈥�, o bien 鈥淟铆branos del mal鈥�.

g. Bendici贸n Solemne y Oraciones sobre el pueblo

La edici贸n del Misal Romano en castellano (1988), ha incorporado una bendici贸n solemne para este tiempo, que en la edici贸n anterior del Misal no exist铆a. Por ello ser谩 oportuno usarla sobre todo el Mi茅rcoles de Ceniza y los domingos de Cuaresma.

Tambi茅n se pueden usar para los domingos las 鈥渙raciones sobre el pueblo鈥� que trae el Misal Romano al final del elenco de las Bendiciones Solemnes, y que son las antiguas bendiciones romanas. Para los domingos las m谩s aconsejables son las de los n煤meros 4, 11, 18, 20 y 21. No hay que olvidar el domingo VI de Cuaresma o de Pasi贸n tiene bendici贸n propia.

Si para las ferias se quiere emplear alguna de las 鈥渙raciones sobre el pueblo鈥�, las m谩s apropiadas son las de los n煤meros, 6, 10, 12, 15, 17 y 24. La 17 resulta muy apropiada para los d铆as viernes.

2. Programa de cantos

a) Canto de entrada de la misa

Este canto ha de dar el color cuaresmal al conjunto de la celebraci贸n eucar铆stica. Debe ser penitencial o, en los d铆as viernes y en las dos 煤ltimas semanas, alusivos a la cruz del Se帽or. Por tanto hay que poner mucho cuidado en su elecci贸n.

b) Salmo responsorial

Se debe respetar siempre en la liturgia de la Misa y no ser alegremente sustituido por cualquier canto. No nos cansaremos de decir que el Salmo forma parte integral de la Liturgia de la Palabra; que es Palabra de Dios, y que la palabra divina nunca puede ser sustituida por la palabra humana.

En la medida de lo posible se debe cantar. Pero si la asamblea no puede cantar la ant铆fona propia del salmo de la misa, se pueden buscar algunas ant铆fonas aplicables a todas las misas, siempre y cuanto estas ant铆fonas respeten el sentido del salmo.

As铆 por ejemplo se pueden seleccionar ant铆fonas penitenciales, cuando el salmo sea penitencial (por ejemplo, 鈥淧erd贸n, Se帽or, Perd贸n鈥�; o 鈥淪铆 me levantar茅鈥�); o aclamaciones que aludan a la pasi贸n del Se帽or, cuando el salmo sugiera la oraci贸n de Cristo en la cruz (por ejemplo 鈥淧rot茅geme Dios m铆o鈥�).

En caso que esto tampoco se pueda hacer es preferible leer el salmo, y la asamblea responder con la ant铆fona indicada, a cantar una respuesta que no tenga el mismo sentido del salmo.

c) Aclamaci贸n antes del evangelio

Pueden hacerse estas indicaciones:

- Es mejor reservarla 煤nicamente para los d铆as m谩s solemnes (domingos y tres primeras ferias de Semana Santa), y omitirla en las ferias.

- Nunca la debe cantar un solista (no es un segundo salmo responsorial), sino la asamblea o un coro. Lo mejor es que sea un canto vibrante y aclamaci贸n a Cristo que hablar谩 en el santo evangelio.

d) Cantos de comuni贸n

Deber谩n evitarse los que tuvieren un matiz penitencial, pues la comuni贸n es siempre un momento festivo. En el momento de comulgar no se trata de crear un ambiente cuaresmal, sino acompa帽ar festivamente la procesi贸n eucar铆stica. Por ello es bueno para este momento de la Santa Misa escoger cantos alusivos al convite eucar铆stico.

e) Preparaci贸n de los cantos de la Vigilia y de la Cincuentena pascual

Hay que dedicar durante la Cuaresma un tiempo cada semana para ensayar cantos pascuales. Esto no se sit煤a solamente en la l铆nea de una necesidad pr谩ctica con vistas a las fiestas y al tiempo lit煤rgico que se aproximan, sino que adem谩s contribuir谩 a vivir la Cuaresma como un camino hacia la pascua, creando el deseo de anhelar su celebraci贸n.

En esta l铆nea, tiene tanta importancia los ensayos en s铆 como la explicaci贸n de algunos textos cantados. En estos ensayos cuaresmales deber铆a procurarse que el repertorio pascual progresara de a帽o en a帽o, y, as铆, los cantos pascuales superaran los de los otros ciclos, como la Pascua supera en solemnidad las otras fiestas.

Como cantos m谩s importantes podr铆an citarse:

Un 鈥淎leluya鈥� vibrante (y quiz谩 nuevo) que, bien ensayado desde el principio de la Cuaresma, lo podr铆a saber bien toda la asamblea.

Un 鈥淕loria鈥� solemne y extraordinario, que podr铆a estrenarse en la Noche santa de Pascua y convertirse en el 鈥淕loria鈥� propio de la cincuentena, o por lo menos de la Octava de Pascua. Es bueno recordar que el 鈥淕loria鈥� que se escoja debe recoger en su totalidad el texto lit煤rgico del Misal Romano.

Aquel que cantar谩 el 鈥淧reg贸n Pascual鈥� en la Vigilia Pascual, deber谩 practicarlo con la suficiente anticipaci贸n y nunca dejar su ensayo para el 煤ltimo momento.

3. Preparaci贸n del cirio pascual

El cirio pascual es quiz谩s el signo m谩s propio y expresivo de las celebraciones pascuales. Por ello, no es suficiente comprarlo (ser铆a imperdonable usar el cirio de otros a帽os, pues la Pascua es la renovaci贸n de todo), sino que es necesario ambientar su futura presencia, y, lograr que los fieles lo anhelen, pues el representa al Se帽or glorificado.

Por ello sugerimos que se organice el IV Domingo de Cuaresma una colecta entre los fieles para adquirirlo. El IV Domingo de Cuaresma, es el domingo de la alegr铆a en el camino penitencial hacia la Pascua (domingo de laetare), y nos invita a pensar en la Pascua como una celebraci贸n ya muy pr贸xima.

Con ello resultar铆a m谩s verdadera la expresi贸n que se cantar谩 en el preg贸n pascual: 鈥淓n esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio鈥�. Es evidente que esta expresi贸n pierde todo su sentido si se usa un cirio que ya ha sido, por decirlo as铆, 鈥渙frecido鈥� anteriormente.

4. Oraci贸n, mortificaci贸n y caridad

Son las tres grandes pr谩cticas cuaresmales o medios de la penitencia cristiana (ver Mt 6,1-6.16-18).

Ante todo, est谩 lavida de oraci贸n, condici贸n indispensable para el encuentro con Dios. En la oraci贸n, el cristiano ingresa en el di谩logo 铆ntimo con el Se帽or, deja que la gracia entre en su coraz贸n y, a semejanza de Santa Mar铆a, se abre a la acci贸n del Esp铆ritu cooperando con ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38). Por tanto debemos en este tiempo animar a nuestros fieles a una vida de oraci贸n m谩s intensa.

Para ello podr铆a ser aconsejable introducir el rezo de La煤des o V铆speras, en la forma que resulte m谩s adecuada: los domingos o en los d铆as laborables, como una celebraci贸n independiente o unidos a la Misa; invitar a nuestros fieles a formar alg煤n grupo de oraci贸n que se re煤na establemente bajo nuestra gu铆a, una vez por semana durante media hora. De esta manera adem谩s de rezar podemos ense帽arles a hacer oraci贸n; incentivar la oraci贸n por la conversi贸n de los pecadores, oraci贸n propia de este tiempo; etc. Adem谩s, no hay que olvidar que la Cuaresma es tiempo propicio para leer y meditar diariamente la Palabra de Dios.

Por ello ser铆a muy bueno ofrecer a nuestros fieles la relaci贸n de las lecturas b铆blicas de la liturgia de la Iglesia de cada d铆a con la confianza de que su meditaci贸n sea de gran ayuda para la conversi贸n personal que nos exige este tiempo lit煤rgico.

La mortificaci贸n y la renuncia, en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, tambi茅n constituyen un medio concreto para vivir el esp铆ritu de la Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino m谩s bien ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas; de aceptar con humildad, gozo y alegr铆a, los distintos contratiempos que nos presenta el ritmo de la vida diaria, haciendo ocasi贸n de ellos para unirnos a la Cruz del Se帽or. De la misma manera, el renunciar a ciertas cosas leg铆timas nos ayuda a vivir el desapego y el desprendimiento. Incluso el fruto de esas renuncias y desprendimientos lo podemos traducir en alguna limosna para los pobres. Dentro de esta pr谩ctica cuaresmal est谩n el ayuno y la abstinencia, de los que nos ocuparemos m谩s adelante en un ac谩pite especial.

La caridad. De entre las distintas pr谩cticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, la vivencia de la caridad ocupa un lugar especial. As铆 nos lo recuerda San Le贸n Magno: 鈥渆stos d铆as cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un inter茅s especial铆simo en la adquisici贸n de esta virtud, que contiene en s铆 a las dem谩s y cubre multitud de pecados鈥�. Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquel a quien tenemos m谩s cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos.

Sobre la vivencia de la caridad en la Cuaresma el Santo Padre nos se帽ala: 鈥淓n la enc铆clica Deus est caritas, quise presentar este amor como el secreto de nuestra conversi贸n personal y eclesial. Comentando las palabras de san Pablo a los Corintios: "Nos apremia el amor de Cristo" (2 Cor 5, 14), subray茅 que "la conciencia de que, en 脡l, Dios mismo se ha entregado por nosotros hasta la muerte, tiene que llevarnos a vivir no ya para nosotros mismos, sino para 脡l y, con 脡l, para los dem谩s" (n. 33). El amor, como reafirma Jes煤s en el pasaje evang茅lico de hoy, debe traducirse

despu茅s en gestos concretos en favor del pr贸jimo, y en especial en favor de los pobres y los necesitados, subordinando siempre el valor de las "obras buenas" a la sinceridad de la relaci贸n con el "Padre celestial", que "ve en lo secreto" y "recompensar谩" a los que hacen el bien de modo humilde y desinteresado (ver Mt 6, 1. 4. 6. 18). La concreci贸n del amor constituye uno de los elementos esenciales de la vida de los cristianos, a los que Jes煤s estimula a ser luz del mundo, para que los hombres, al ver sus "buenas obras", glorifiquen a Dios (ver Mt 5, 16). Esta recomendaci贸n llega a nosotros muy oportunamente al inicio de la Cuaresma, para que comprendamos cada vez mejor que "la caridad no es una especie de actividad de asistencia social (...), sino que pertenece a su naturaleza y es manifestaci贸n irrenunciable de su propia esencia" (Deus est caritas, n. 25). El verdadero amor se traduce en gestos que no excluyen a nadie, a ejemplo del buen samaritano, el cual, con gran apertura de esp铆ritu, ayud贸 a un desconocido necesitado, al que encontr贸 "por casualidad" a la vera del camino (ver Lc 10, 31)鈥�. 5

Por ello ser谩 oportuno discernir, conforme a la realidad de nuestras comunidades, qu茅 campa帽as a favor de los pobres podemos organizar durante la Cuaresma, y c贸mo debemos alentar a nuestros fieles a la caridad personal.

La oraci贸n, la mortificaci贸n y la caridad, nos ayudan a vivir la conversi贸n pascual: del encierro del ego铆smo (pecado), estas tres pr谩cticas de la Cuaresma nos ayudan a vivir la din谩mica de la apertura a Dios, a nosotros mismos y a los dem谩s.

5. La abstinencia y el ayuno

La pr谩ctica del ayuno, tan caracter铆stica desde la antig眉edad en este tiempo lit煤rgico, es un 鈥渆jercicio鈥� que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: 鈥淣o s贸lo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios鈥�(Mt 4,4; ver Dt 8,3; Lc 4,4; ant铆fona de comuni贸n del I Domingo de Cuaresma).

驴Qu茅 exige la Abstinencia y del Ayuno?

La abstinencia proh铆be el uso de carnes, pero no de huevos, lactinios y cualquier condimento a base de grasa de animales. Son d铆as de abstinencia todos los viernes del a帽o.

El ayuno exige hacer una sola comida durante el d铆a, pero no proh铆be tomar un poco de alimento por la ma帽ana y por la noche, ateni茅ndose, en lo que respecta a la calidad y cantidad, a las costumbres locales aprobadas (Constituci贸n Apost贸lica poenitemi, sobre doctrina y normas de la penitencia, III, 1,2).

Son d铆as de ayuno y abstinencia el Mi茅rcoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Seg煤n acuerdo de los Obispos del Per煤 reunidos en Enero de 1985, y conforme a las Normas complementarias de la Conferencia Episcopal Peruana al C贸digo de Derecho Can贸nico de Enero de 1986 aprobadas por la Santa Sede, el Ayuno y la Abstinencia puede ser reemplazado por:

  • Pr谩cticas de piedad (por ejemplo, lectura de la Sagrada Escritura, Santa Misa, Rezo del Santo Rosario).
  • Mortificaciones corporales concretas.
  • Abstenci贸n de bebidas alcoh贸licas, tabaco, espect谩culos.
  • Limosna seg煤n las propias posibilidades. Obras de caridad, etc.

驴Qui茅nes est谩n llamados a la abstinencia y al ayuno?

A la Abstinencia de carne: los mayores de 14 a帽os.

Al Ayuno: los mayores de edad (18 a帽os) hasta los 59 a帽os.

驴Por qu茅 el Ayuno?

鈥� Es necesario dar una respuesta profunda a esta pregunta, para que quede clara la relaci贸n entre el ayuno y la conversi贸n, esto es, la transformaci贸n espiritual que acerca al hombre a Dios. El abstenerse de la comida y la bebida tiene como fin introducir en al existencia del hombre no s贸lo el equilibrio necesario, sino tambi茅n el desprendimiento de lo que se podr铆a definir como 鈥渁ctitud consum铆stica. Tal actitud ha venido a ser en nuestro tiempo una de las caracter铆sticas de la civilizaci贸n occidental. 隆La actitud consum铆stica! El hombre, orientado hacia los bienes materiales, muy frecuentemente abusa de ellos. La civilizaci贸n se mide entonces seg煤n la cantidad y la calidad de las cosas que est谩n en condiciones de proveer al hombre y no se mide con el metro adecuado al hombre. Esta civilizaci贸n de consumo suministra los bienes materiales no s贸lo para que sirvan al hombre en orden a desarrollar las actividades creativas y 煤tiles, sino cada vez m谩s para satisfacer los sentidos, la excitaci贸n que se deriva de ellos, el placer moment谩neo, una multiplicaci贸n de sensaciones cada vez mayor. El hombre de hoy debe ayunar, es decir, abstenerse de muchos medios de consumo, de est铆mulos, de satisfacci贸n de los sentidos: ayunar significa abstenerse de algo. El hombre es 茅l mismo solo cuando logra decirse a s铆 mismo: No. No es la renuncia por la renuncia: sino para el mejor y m谩s equilibrado desarrollo de s铆 mismo, para vivir mejor los valores superiores, para el dominio de s铆 mismo鈥�. 6

6. La Confesi贸n

La Cuaresma es tiempo penitencial por excelencia y por tanto se presenta como tiempo propicio para impulsar la pastoral de este sacramento 7 , ya que la confesi贸n sacramental es la v铆a ordinaria para alcanzar el perd贸n y la remisi贸n de los pecados graves cometidos despu茅s del Bautismo. 8

No hay que olvidar que los fieles laicos saben, por una larga tradici贸n eclesial, que el tiempo de Cuaresma 鈥� Pascua, est谩 en relaci贸n con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al a帽o. Por todo ello, habr谩 que ofrecer horarios abundantes de confesiones.

7. La Cuaresma y la Piedad Popular

La Cuaresma es tiempo propicio para una interacci贸n fecunda entre liturgia y piedad popular. Entre las devociones de piedad popular m谩s frecuentes que durante la Cuaresma podemos alentar est谩n:

La Veneraci贸n a Cristo Crucificado

En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasi贸n del Se帽or, es el d铆a por excelencia para la 鈥淎doraci贸n de la Santa Cruz鈥�. Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneraci贸n cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiqu铆sima tradici贸n cristiana es el d铆a conmemorativo de la Pasi贸n de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.

Contemplando al Salvador crucificado captan m谩s f谩cilmente el significado del dolor inmenso e injusto que el Se帽or Jes煤s, el Santo, el Inocente, padeci贸 por la salvaci贸n del hombre, y comprenden tambi茅n el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor. En las manifestaciones de devoci贸n a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensi贸n y el beso de la cruz, la procesi贸n y la bendici贸n con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.

No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrecci贸n: la Cruz y el sepulcro vac铆o, la Muerte y la Resurrecci贸n de Cristo, son inseparables en la narraci贸n evang茅lica y en el designio salv铆fico de Dios.

La Lectura de la Pasi贸n del Se帽or

Durante el tiempo de Cuaresma, el amor a Cristo crucificado deber谩 llevar a la comunidad cristiana a preferir el mi茅rcoles y el viernes, sobre todo, para la lectura de la Pasi贸n del Se帽or.

Esta lectura, de gran sentido doctrinal, atrae la atenci贸n de los fieles tanto por el contenido como por la estructura narrativa, y suscita en ellos sentimientos de aut茅ntica piedad: arrepentimiento de las culpas cometidas, porque los fieles perciben que la Muerte de Cristo ha sucedido para remisi贸n de los pecados de todo el g茅nero humano y tambi茅n de los propios; compasi贸n y solidaridad con el Inocente injustamente perseguido; gratitud por el amor infinito que Jes煤s, el Hermano primog茅nito, ha demostrado en su Pasi贸n para con todos los hombres, sus hermanos; decisi贸n de seguir los ejemplos de mansedumbre, paciencia, misericordia, perd贸n de las ofensas y abandono confiado en las manos del Padre, que Jes煤s dio de modo abundante y eficaz durante su Pasi贸n.

El V铆a Crucis

Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasi贸n del Se帽or, hay pocos que sean tan estimados como el V铆a Crucis. A trav茅s de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el 煤ltimo tramo del camino recorrido por Jes煤s durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el 鈥渉uerto llamado Getsemani鈥� (Mc 14, 32) el Se帽or fue 鈥減resa de la angustia鈥� (Lc 22, 44), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (ver Lc 23, 33), al jard铆n donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (ver Jn 19, 40-42).

Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio de piedad son los innumerables V铆a Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonom铆a sugestiva. En el ejercicio de piedad del V铆a Crucis confluyen tambi茅n diversas expresiones caracter铆sticas de la espiritualidad cristiana: la comprensi贸n de la vida como camino o peregrinaci贸n; como paso, a trav茅s del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasi贸n de Cristo; las exigencias del seguimiento de Cristo, seg煤n la cual el disc铆pulo debe caminar detr谩s del Maestro, llevando cada d铆a su propia cruz (ver Lc 9,23). Por tanto debemos motivar su rezo los mi茅rcoles y/o viernes de Cuaresma.

8. La Virgen Mar铆a en la Cuaresma

En el plan salv铆fico de Dios (ver Lc 2, 34-35) est谩n asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa. Como Cristo es el 鈥渉ombre de dolores鈥� (Is 53, 3), por medio del cual se ha complacido Dios en 鈥渞econciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz鈥� (Col 1,20), as铆 Mar铆a es la 鈥渕ujer del dolor鈥�, que Dios ha querido asociar a su Hijo, como Madre y part铆cipe de su Pasi贸n. Desde los d铆as de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurri贸 bajo el signo de la espada (ver Lc 2, 35).

Por ello la Cuaresma es tambi茅n tiempo oportuno para crecer en nuestro amor filial a Aquella que al pie de la Cruz nos entreg贸 a su Hijo, y se entreg贸 Ella misma con 脡l, por nuestra salvaci贸n.

Este amor filial lo podemos expresar durante la Cuaresma impulsando ciertas devociones marianas propias de este tiempo: 鈥淟os siete dolores de Santa Mar铆a Virgen鈥�; la devoci贸n a 鈥淣uestra Se帽ora, la Virgen de los Dolores鈥� (cuya memoria lit煤rgico se puede celebrar el viernes de la V semana de Cuaresma; y el rezo del Santo Rosario, especialmente los misterios de dolor.

Tambi茅n podemos i mpulsar el culto de la Virgen Mar铆a a trav茅s de la colecci贸n de Misas de la Bienaventurada Virgen Mar铆a, cuyos formularios de Cuaresma pueden ser usados el d铆a s谩bado.

V. NORMAS LIT脷RGICAS COMPLEMENTARIAS

1. Mi茅rcoles de Ceniza

La bendici贸n e imposici贸n de la ceniza se hace despu茅s del evangelio y de la homil铆a. Con motivo de este rito penitencial, al empezar la misa de este d铆a se suprime el acto penitencial acostumbrado. Por ello, despu茅s que el celebrante ha besado el altar, saluda al pueblo y, a continuaci贸n, se pueden decir las invocaciones, 鈥淪e帽or ten piedad鈥�, (sin anteponer otras frases, pues hoy no son el acto penitencial), y la oraci贸n colecta, y se pasa a la liturgia de la palabra. Despu茅s de la homil铆a se hace la bendici贸n e imposici贸n de la ceniza; acabada 茅sta, el celebrante se lava las manos y se contin煤a la celebraci贸n con la oraci贸n de los fieles.

Sobre el rito de la Imposici贸n de la Ceniza el Santo Padre nos ense帽a: 鈥淓n todas las comunidades parroquiales se realiza hoy un gesto austero y simb贸lico: la imposici贸n de la ceniza; este rito va acompa帽ado de dos f贸rmulas muy densas de significado, que constituyen una apremiante llamada a reconocerse pecadores y a volver a Dios. La primera f贸rmula reza: "Acu茅rdate de que eres polvo y al polvo volver谩s" (cf. Jn 3, 19). Estas palabras, tomadas del libro del G茅nesis, evocan la condici贸n humana, marcada por la caducidad y el l铆mite, y quieren impulsarnos a volver a poner nuestra esperanza 煤nicamente en Dios. La segunda f贸rmula remite a las palabras que pronunci贸 Jes煤s al inicio de su ministerio itinerante: "Convert铆os y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15). Es una invitaci贸n a poner como fundamento de la renovaci贸n personal y comunitaria la adhesi贸n firme y confiada al Evangelio. La vida del cristiano es una vida de fe, fundada en la palabra de Dios y alimentada por ella. En las pruebas de la vida y en todas las tentaciones, el secreto de la victoria radica en escuchar la Palabra de verdad y rechazar con decisi贸n la mentira y el mal鈥�. 9

2. Domingo IV de Cuaresma

Por ser el domingo de la alegr铆a (domingo de laetare) en el camino cuaresmal hacia la Pascua, durante todo el domingo IV, desde las I V铆speras que se celebran el s谩bado anterior, es conveniente poner flores en el altar y tocar m煤sica durante las celebraciones. De esta manera se subraya a los fieles que esta cerca la gran fiesta de la Pascua y que el fruto de nuestro esfuerzo cuaresmal, ser谩 resucitar con el Se帽or a la vida verdadera.

3. Ferias de la V Semana de Cuaresma

Las ferias de la V Semana de Cuaresma 鈥揳ntigua semana de Pasi贸n- tienen unas peque帽as caracter铆sticas propias: sin dejar de ser tiempo de Cuaresma, ya toman algo del color propio de la pr贸xima Semana Santa y con ello inauguran, en cierta manera, la preparaci贸n del Triduo Pascual, llev谩ndonos a la contemplaci贸n de la gloria de la Cruz del Se帽or Jes煤s. Es conveniente recordar que en las celebraciones eucar铆sticas de esta semana, se dice todos los d铆as el prefacio I de la Pasi贸n del Se帽or.


1

S.S. Benedicto XVI, Audiencia General de los Mi茅rcoles, 1-III-06.

2

Ver Instrucci贸n Eucharisticum mysterium, N. 60.

3

Ver Concilio Vaticano II, Constituci贸n Sacrosanctum Concilium, N. 13.

4

S.S. Benedicto XVI, Audiencia General de los Mi茅rcoles, 1-III-06.

5

S.S. Benedicto XVI, Homil铆a durante la celebraci贸n eucar铆stica en la Bas铆lica de Santa Sabina, el Mi茅rcoles de Ceniza, 1-III-06.

6

S.S. Juan Pablo II, Catequesis, 21-III-1979.

7

Ver S.S. Juan Pablo II, Carta apost贸lica, 鈥淣ovo Millennio Ineunte, 6-1-01, N掳 37; Carta apost贸lica en forma de Motu Proprio, 鈥淢isericordia Dei鈥�, 7-4-02.

8

Ver C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 959.

9

S.S. Benedicto XVI, Audiencia General de los Mi茅rcoles, 1-III-06.
Consultas

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