S.S. Benedicto XVI, Exhortaci贸n Apost贸lica Postsinodal "Sacramentum Caritatis"

TERCERA PARTE: EUCARIST脥A, MISTERIO QUE SE HA DE VIVIR

芦El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre;
del mismo modo, el que come, vivir谩 por m铆禄 (Jn 6,57)

Forma eucar铆stica de la vida cristiana

El culto espiritual 鈥 logik茅 latre铆a (Rm 12,1)

70. El Se帽or Jes煤s, que por nosotros se ha hecho alimento de verdad y de amor, hablando del don de su vida nos asegura que 芦quien coma de este pan vivir谩 para siempre禄 (Jn 6,51). Pero esta 芦vida eterna禄 se inicia en nosotros ya en este tiempo por el cambio que el don eucar铆stico realiza en nosotros: 芦El que come vivir谩 por m铆禄 (Jn 6,57). Estas palabras de Jes煤s nos permiten comprender c贸mo el misterio 芦cre铆do禄 y 芦celebrado禄 contiene en s铆 un dinamismo que hace de 茅l principio de vida nueva en nosotros y forma de la existencia cristiana. En efecto, comulgando el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo se nos hace part铆cipes de la vida divina de un modo cada vez m谩s adulto y consciente. An谩logamente a lo que San Agust铆n dice en las Confesiones sobre el Logos eterno, alimento del alma, poniendo de relieve su car谩cter parad贸jico, el santo Doctor imagina que se le dice: 芦Soy el manjar de los grandes: creces, y me comer谩s, sin que por eso me transforme en ti, como el alimento de tu carne; sino que t煤 te transformar谩s en m铆禄. 198 En efecto, no es el alimento eucar铆stico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a 茅l acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uni茅ndonos a 脡l; 芦nos atrae hacia s铆禄. 199

La Celebraci贸n eucar铆stica aparece aqu铆 con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial, ya que expresa, al mismo tiempo, tanto el inicio como el cumplimiento del nuevo y definitivo culto, la logik茅 latre铆a. 200 A este respecto, las palabras de San Pablo a los Romanos son la formulaci贸n m谩s sint茅tica de c贸mo la Eucarist铆a transforma toda nuestra vida en culto espiritual agradable a Dios: 芦Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; 茅ste es vuestro culto razonable禄 (Rm 12,1). En esta exhortaci贸n se ve la imagen del nuevo culto como ofrenda total de la propia persona en comuni贸n con toda la Iglesia. La insistencia del Ap贸stol sobre la ofrenda de nuestros cuerpos subraya la concreci贸n humana de un culto que no es para nada desencarnado. A este prop贸sito, el santo de Hipona nos sigue recordando que 芦茅ste es el sacrificio de los cristianos: es decir, el llegar a ser muchos en un solo cuerpo en Cristo. La Iglesia celebra este misterio con el sacramento del altar, que los fieles conocen bien, y en el que se les muestra claramente que en lo que se ofrece ella misma es ofrecida禄. 201 En efecto, la doctrina cat贸lica afirma que la Eucarist铆a, como sacrificio de Cristo, es tambi茅n sacrificio de la Iglesia, y por tanto de los fieles. 202 La insistencia sobre el sacrificio 鈥斅玥acer sagrado禄鈥 expresa aqu铆 toda la densidad existencial que se encuentra implicada en la transformaci贸n de nuestra realidad humana ganada por Cristo (cf. Flp 3,12).

Eficacia integradora del culto eucar铆stico

71. El nuevo culto cristiano abarca todos los aspectos de la vida, transfigur谩ndola: 芦Cuando com谩is o beb谩is o hag谩is cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios禄 (1 Co 10,31). El cristiano est谩 llamado a expresar en cada acto de su vida el verdadero culto a Dios. De aqu铆 toma forma la naturaleza intr铆nsecamente eucar铆stica de la vida cristiana. La Eucarist铆a, al implicar la realidad humana concreta del creyente, hace posible, d铆a a d铆a, la transfiguraci贸n progresiva del hombre, llamado a ser por gracia imagen del Hijo de Dios (cf. Rm 8,29 s.). Todo lo que hay de aut茅nticamente humano 鈥攑ensamientos y afectos, palabras y obras鈥 encuentra en el sacramento de la Eucarist铆a la forma adecuada para ser vivido en plenitud. Aparece aqu铆 todo el valor antropol贸gico de la novedad radical tra铆da por Cristo con la Eucarist铆a: el culto a Dios en la vida humana no puede quedar relegado a un momento particular y privado, sino que, por su naturaleza, tiende a impregnar cualquier aspecto de la realidad del individuo. El culto agradable a Dios se convierte as铆 en un nuevo modo de vivir todas las circunstancias de la existencia, en la que cada detalle queda exaltado al ser vivido dentro de la relaci贸n con Cristo y como ofrenda a Dios. La gloria de Dios es el hombre viviente (cf. 1 Co 10,31). Y la vida del hombre es la visi贸n de Dios. 203

芦Iuxta dominicam viventes禄 鈥 Vivir seg煤n el Domingo

72. Esta novedad radical que la Eucarist铆a introduce en la vida del hombre ha estado presente en la conciencia cristiana desde el principio. Los fieles han percibido en seguida el influjo profundo que la Celebraci贸n eucar铆stica ejerc铆a sobre su estilo de vida. San Ignacio de Antioqu铆a expresaba esta verdad calificando a los cristianos como 芦los que han llegado a la nueva esperanza禄, y los presentaba como los que viven 芦seg煤n el domingo禄 (iuxta dominicam viventes). 204 Esta f贸rmula del gran m谩rtir antioqueno ilumina claramente la relaci贸n entre la realidad eucar铆stica y la vida cristiana en su cotidianidad. La costumbre caracter铆stica de los cristianos de reunirse el primer d铆a despu茅s del s谩bado para celebrar la resurrecci贸n de Cristo 鈥攕eg煤n el relato de San Justino m谩rtir 205 鈥 es el hecho que define tambi茅n la forma de la existencia renovada por el encuentro con Cristo. La f贸rmula de San Ignacio 鈥斅玽ivir seg煤n el Domingo禄鈥 subraya tambi茅n el valor paradigm谩tico que este d铆a santo posee respecto a cualquier otro d铆a de la semana. En efecto, su diferencia no est谩 simplemente en dejar las actividades habituales, como una especie de par茅ntesis dentro del ritmo normal de los d铆as. Los cristianos siempre han vivido este d铆a como el primero de la semana, porque en 茅l se hace memoria de la radical novedad tra铆da por Cristo. As铆 pues, el Domingo es el d铆a en que el cristiano encuentra esa forma eucar铆stica de su existencia y a la que est谩 llamado a vivir constantemente. 芦Vivir seg煤n el domingo禄 quiere decir vivir conscientes de la liberaci贸n tra铆da por Cristo y desarrollar la propia vida como ofrenda de s铆 mismos a Dios, para que su victoria se manifieste plenamente a todos los hombres a trav茅s de una conducta renovada 铆ntimamente.

Vivir el precepto dominical

73. Los Padres sinodales, conscientes de este nuevo principio de vida que la Eucarist铆a pone en el cristiano, han reafirmado la importancia del precepto dominical para todos los fieles, como fuente de libertad aut茅ntica, para poder vivir cada d铆a seg煤n lo que han celebrado en el 芦d铆a del Se帽or禄. En efecto, la vida de fe peligra cuando ya no se siente el deseo de participar en la Celebraci贸n eucar铆stica, en que se hace memoria de la victoria pascual. Participar en la asamblea lit煤rgica dominical, junto con todos los hermanos y hermanas con los que se forma un solo cuerpo en Jesucristo, es algo que la conciencia cristiana reclama y que al mismo tiempo la forma. Perder el sentido del Domingo, como d铆a del Se帽or para santificar, es s铆ntoma de una p茅rdida del sentido aut茅ntico de la libertad cristiana, la libertad de los hijos de Dios. 206 A este respecto, son hermosas las observaciones de mi venerado predecesor Juan Pablo II en la Carta apost贸lica Dies Domini. 207 a prop贸sito de las diversas dimensiones del Domingo para los cristianos: es dies Domini, con referencia a la obra de la creaci贸n; dies Christi como d铆a de la nueva creaci贸n y del don del Esp铆ritu Santo que hace el Se帽or Resucitado; dies Ecclesiae como d铆a en que la comunidad cristiana se congrega para la celebraci贸n; dies hominis como d铆a de alegr铆a, descanso y caridad fraterna.

Por tanto, este d铆a se muestra como fiesta primordial en la que cada fiel, en el ambiente en que vive, puede ser anunciador y custodio del sentido del tiempo. En efecto, de este d铆a brota el sentido cristiano de la existencia y un nuevo modo de vivir el tiempo, las relaciones, el trabajo, la vida y la muerte. Por tanto, es bueno que en el d铆a del Se帽or los grupos eclesiales organicen en torno a la Celebraci贸n eucar铆stica dominical manifestaciones propias de la comunidad cristiana: encuentros de amistad, iniciativas para formar la fe de ni帽os, j贸venes y adultos, peregrinaciones, obras de caridad y diversos momentos de oraci贸n. Ante estos valores tan importantes 鈥攁煤n cuando el s谩bado por la tarde, desde las primeras V铆speras, ya pertenezca al Domingo y est茅 permitido cumplir el precepto dominical鈥 es preciso recordar que el Domingo merece ser santificado en s铆 mismo, para que no termine siendo un d铆a 芦vac铆o de Dios禄. 208

Sentido del descanso y del trabajo

74. Es particularmente urgente en nuestro tiempo recordar que el d铆a del Se帽or es tambi茅n el d铆a de descanso del trabajo. Esperamos con gran inter茅s que la sociedad civil lo reconozca tambi茅n as铆, a fin de que sea posible liberarse de las actividades laborales sin sufrir por ello perjuicio alguno. En efecto, los cristianos, en cierta relaci贸n con el sentido del s谩bado en la tradici贸n jud铆a, han considerado el d铆a del Se帽or tambi茅n como el d铆a del descanso del trabajo cotidiano. Esto tiene un significado propio, al ser una relativizaci贸n del trabajo, que debe estar orientado al hombre: el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. Es f谩cil intuir c贸mo as铆 se protege al hombre en cuanto se emancipa de una posible forma de esclavitud. Como he tenido ocasi贸n de afirmar, 芦el trabajo reviste una importancia primaria para la realizaci贸n del hombre y el desarrollo de la sociedad, y por eso es preciso que se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien com煤n. Al mismo tiempo, es indispensable que el hombre no se deje dominar por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en 茅l el sentido 煤ltimo y definitivo de la vida禄. 209 En el d铆a consagrado a Dios es donde el hombre comprende el sentido de su vida y tambi茅n de la actividad laboral. 210

Asambleas dominicales en ausencia de sacerdote

75. Al profundizar en el sentido de la Celebraci贸n dominical para la vida del cristiano, se plantea espont谩neamente el problema de las comunidades cristianas en las que falta el sacerdote y donde, por consiguiente, no es posible celebrar la Santa Misa en el D铆a del Se帽or. A este respecto, se ha de reconocer que nos encontramos ante situaciones bastante diferentes entre s铆. El S铆nodo, ante todo, ha recomendado a los fieles acercarse a una de las iglesias de la di贸cesis en que est茅 garantizada la presencia del sacerdote, a煤n cuando eso requiera un cierto sacrificio. 211 En cambio, all铆 donde las grandes distancias hacen pr谩cticamente imposible la participaci贸n en la Eucarist铆a dominical, es importante que las comunidades cristianas se re煤nan igualmente para alabar al Se帽or y hacer memoria del d铆a dedicado a 脡l. Sin embargo, esto debe realizarse en el contexto de una adecuada instrucci贸n acerca de la diferencia entre la Santa Misa y las asambleas dominicales en ausencia de sacerdote. La atenci贸n pastoral de la Iglesia se expresa en este caso vigilando que la Liturgia de la Palabra, organizada bajo la direcci贸n de un di谩cono o de un responsable de la comunidad, al que se le haya confiado debidamente este ministerio por la autoridad competente, se cumpla seg煤n un ritual espec铆fico elaborado por las Conferencias episcopales y aprobado por ellas para este fin. 212 Recuerdo que corresponde a los Ordinarios conceder la facultad de distribuir la comuni贸n en dichas liturgias, valorando cuidadosamente la conveniencia de la opci贸n. Adem谩s, se ha de evitar que dichas asambleas provoquen confusi贸n sobre el papel central del sacerdote y la dimensi贸n sacramental en la vida de la Iglesia. La importancia del papel de los laicos, a los que se ha de agradecer su generosidad al servicio de las comunidades cristianas, nunca ha de ocultar el ministerio insustituible de los sacerdotes para la vida de la Iglesia. 213 As铆 pues, se ha de vigilar atentamente que las asambleas sin sacerdote no den lugar a puntos de vista eclesiol贸gicos en contraste con la verdad del Evangelio y la tradici贸n de la Iglesia. Es m谩s, deber铆an ser ocasiones privilegiadas para pedir a Dios que mande santos sacerdotes seg煤n su coraz贸n. A este respecto, es conmovedor lo que escrib铆a el Papa Juan Pablo II en la Carta a los Sacerdotes para el Jueves Santo de 1979, recordando aquellos lugares en los que la gente, privada del sacerdote por parte del r茅gimen dictatorial, se reun铆a en una iglesia o santuario, pon铆a sobre el altar la estola que conservaba todav铆a y recitaba las oraciones de la liturgia eucar铆stica, haciendo silencio 芦en el momento que corresponde a la transustanciaci贸n desciende en medio de ellos禄, dando as铆 testimonio del ardor con que 芦desean escuchar las palabras, que s贸lo los labios de un sacerdote pueden pronunciar eficazmente禄. 214 Precisamente en esta perspectiva, teniendo en cuenta el bien incomparable que se deriva de la celebraci贸n del Sacrificio eucar铆stico, pido a todos los sacerdotes una activa y concreta disponibilidad para visitar lo m谩s a menudo posible las comunidades confiadas a su atenci贸n pastoral, para que no permanezcan demasiado tiempo sin el Sacramento de la caridad.

Una forma eucar铆stica de la vida cristiana, la pertenencia eclesial

76. La importancia del domingo como dies Ecclesiae nos lleva a la relaci贸n intr铆nseca entre la victoria de Jes煤s sobre el mal y sobre la muerte y nuestra pertenencia a su Cuerpo eclesial. En efecto, en el D铆a del Se帽or todo cristiano descubre tambi茅n la dimensi贸n comunitaria de la propia existencia redimida. Participar en la acci贸n lit煤rgica, comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo quiere decir, al mismo tiempo, hacer cada vez m谩s 铆ntima y profunda la propia pertenencia a 脡l, que ha muerto por nosotros (cf. 1 Co 6,19 s.; 7,23). Verdaderamente, qui茅n se alimenta de Cristo vive por 脡l. El sentido profundo de la communio sanctorum se entiende en relaci贸n con el Misterio eucar铆stico. La comuni贸n tiene siempre y de modo inseparable una connotaci贸n vertical y una horizontal: comuni贸n con Dios y comuni贸n con los hermanos y hermanas. Las dos dimensiones se encuentran misteriosamente en el don eucar铆stico. 芦Donde se destruye la comuni贸n con Dios, que es comuni贸n con el Padre, con el Hijo y con el Esp铆ritu Santo, se destruye tambi茅n la ra铆z y el manantial de la comuni贸n con nosotros. Y donde no se vive la comuni贸n entre nosotros, tampoco es viva y verdadera la comuni贸n con el Dios Trinitario禄. 215 As铆 pues, llamados a ser miembros de Cristo y, por tanto, miembros los unos de los otros (cf. 1 Co 12,27), formamos una realidad fundada ontol贸gicamente en el Bautismo y alimentada por la Eucarist铆a, una realidad que requiere una respuesta sensible en la vida de nuestras comunidades.

La forma eucar铆stica de la vida cristiana es sin duda una forma eclesial y comunitaria. El modo concreto en que cada fiel puede experimentar su pertenencia al Cuerpo de Cristo se realiza a trav茅s de la di贸cesis y las parroquias, como estructuras fundamentales de la Iglesia en un territorio particular. Asociaciones, movimientos eclesiales y nuevas comunidades 鈥攃on la vitalidad de sus carismas concedidos por el Esp铆ritu Santo para nuestro tiempo鈥, as铆 como tambi茅n los Institutos de vida consagrada, tienen el deber de ofrecer su contribuci贸n espec铆fica para favorecer en los fieles la percepci贸n de pertenecer al Se帽or (cf. Rm 14,8). El fen贸meno de la secularizaci贸n, que comporta aspectos marcadamente individualistas, ocasiona sus efectos delet茅reos sobre todo en las personas que se a铆slan, y por el escaso sentido de pertenencia. El cristianismo, desde sus comienzos, supone siempre una compa帽铆a, una red de relaciones vivificadas continuamente por la escucha de la Palabra, la Celebraci贸n eucar铆stica y animadas por el Esp铆ritu Santo.

Espiritualidad y cultura eucar铆stica

77. Es significativo que los Padres sinodales hayan afirmado que 芦los fieles cristianos necesitan una comprensi贸n m谩s profunda de las relaciones entre la Eucarist铆a y la vida cotidiana. La espiritualidad eucar铆stica no es solamente participaci贸n en la Misa y devoci贸n al Sant铆simo Sacramento. Abarca la vida entera禄. 216 Esta consideraci贸n tiene hoy un particular significado para todos nosotros. Se ha de reconocer que uno de los efectos m谩s graves de la secularizaci贸n, mencionada antes, consiste en haber relegado la fe cristiana al margen de la existencia, como si fuera algo in煤til respecto al desarrollo concreto de la vida de los hombres. El fracaso de este modo de vivir 芦como si Dios no existiera禄 est谩 ahora a la vista de todos. Hoy se necesita redescubrir que Jesucristo no es una simple convicci贸n privada o una doctrina abstracta, sino una persona real cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos. Por eso la Eucarist铆a, como fuente y culmen de la vida y de la misi贸n de la Iglesia, se tiene que traducir en espiritualidad, en vida 芦seg煤n el Esp铆ritu禄 (cf. Rm 8,4 s.; Ga 5,16.25). Resulta significativo que San Pablo, en el pasaje de la Carta a los Romanos en que invita a vivir el nuevo culto espiritual, menciona al mismo tiempo la necesidad de cambiar el propio modo de vivir y pensar: 芦Y no os ajust茅is a este mundo, sino transformaos por la renovaci贸n de la mente, para que sep谩is discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto禄 (12,2). De esta manera, el Ap贸stol de las gentes subraya la relaci贸n entre el verdadero culto espiritual y la necesidad de entender de un modo nuevo la vida y vivirla. La renovaci贸n de la mentalidad es parte integrante de la forma eucar铆stica de la vida cristiana, 芦para que ya no seamos ni帽os sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina禄 (Ef 4,14).

Eucarist铆a y evangelizaci贸n de las culturas

78. De todo lo expuesto se desprende que el Misterio eucar铆stico nos hace entrar en di谩logo con las diferentes culturas, aunque en cierto sentido tambi茅n las desaf铆a. 217 Se ha de reconocer el car谩cter intercultural de este nuevo culto, de esta logik茅 latre铆a. La presencia de Jesucristo y la efusi贸n del Esp铆ritu Santo son acontecimientos que pueden confrontarse siempre con cada realidad cultural, para fermentarla evang茅licamente. Por consiguiente, esto comporta el compromiso de promover con convicci贸n la evangelizaci贸n de las culturas, con la conciencia de que el mismo Cristo es la verdad de todo hombre y de toda la historia humana. La Eucarist铆a se convierte en criterio de valorizaci贸n de todo lo que el cristiano encuentra en las diferentes expresiones culturales. En este importante proceso podemos escuchar las muy significativas palabras de San Pablo que, en su primera Carta a los Tesalonicenses, exhorta: 芦examinadlo todo, qued谩ndoos con lo bueno禄 (5,21).

Eucarist铆a y fieles laicos

79. En Cristo, Cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo, todos los cristianos forman 芦una raza elegida, un sacerdocio real, una naci贸n consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las haza帽as del que nos llam贸 a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa禄 (1 P 2,9). La Eucarist铆a, como misterio que se ha de vivir, se ofrece a cada persona en la condici贸n en que se encuentra, haciendo que viva cotidianamente la novedad cristiana en su situaci贸n existencial. Puesto que el Sacrificio eucar铆stico alimenta y acrecienta en nosotros lo que ya se nos ha dado en el Bautismo, por el cual todos estamos llamados a la santidad, 218 esto deber铆a aflorar y manifestarse tambi茅n en las situaciones o estados de vida en que se encuentra cada cristiano. 脡ste, viviendo la propia vida como vocaci贸n, se convierte d铆a tras d铆a en culto agradable a Dios. Ya desde la reuni贸n lit煤rgica, el Sacramento de la Eucarist铆a nos compromete en la realidad cotidiana para que todo se haga para gloria de Dios.

Puesto que el mundo es 芦el campo禄 (Mt 13,38) en el que Dios pone a sus hijos como buena semilla, los laicos cristianos, en virtud del Bautismo y de la Confirmaci贸n, y fortalecidos por la Eucarist铆a, est谩n llamados a vivir la novedad radical tra铆da por Cristo precisamente en las condiciones comunes de la vida. 219 Han de cultivar el deseo de que la Eucarist铆a influya cada vez m谩s profundamente en su vida cotidiana, convirti茅ndolos en testigos visibles en su propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad. 220 Animo de modo particular a las familias para que este Sacramento sea fuente de fuerza e inspiraci贸n. El amor entre el hombre y la mujer, la acogida de la vida y la tarea educativa se revelan como 谩mbitos privilegiados en los que la Eucarist铆a puede mostrar su capacidad de transformar la existencia y llenarla de sentido. 221 Los Pastores siempre han de apoyar, educar y animar a los fieles laicos a vivir plenamente su propia vocaci贸n a la santidad en el mundo, al que Dios ha amado tanto que le ha entregado a su Hijo para que se salve por 脡l (cf. Jn 3,16).

Eucarist铆a y espiritualidad sacerdotal

80. La forma eucar铆stica de la existencia cristiana se manifiesta de modo particular en el estado de vida sacerdotal. La espiritualidad sacerdotal es intr铆nsecamente eucar铆stica. La semilla de esta espiritualidad se puede encontrar ya en las palabras que el Obispo pronuncia en la liturgia de la Ordenaci贸n: 芦Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Se帽or禄. 222 El sacerdote, para dar a su vida una forma eucar铆stica cada vez m谩s plena, ya en el per铆odo de formaci贸n y luego en los a帽os sucesivos, ha de dedicar tiempo a la vida espiritual. 223 脡l est谩 llamado a ser siempre un aut茅ntico buscador de Dios, permaneciendo al mismo tiempo cercano a las preocupaciones de los hombres. Una vida espiritual intensa le permitir谩 entrar m谩s profundamente en comuni贸n con el Se帽or y le ayudar谩 a dejarse ganar por el amor de Dios, siendo su testigo en todas las circunstancias, aunque sean dif铆ciles y sombr铆as. Por esto, junto con los Padres del S铆nodo, recomiendo a los sacerdotes 芦la celebraci贸n cotidiana de la Santa Misa, aun cuando no hubiera participaci贸n de fieles禄. 224 Esta recomendaci贸n est谩 en consonancia ante todo con el valor objetivamente infinito de cada Celebraci贸n eucar铆stica; y, adem谩s, est谩 motivado por su singular eficacia espiritual, porque si la Santa Misa se vive con atenci贸n y con fe, es formativa en el sentido m谩s profundo de la palabra, pues promueve la conformaci贸n con Cristo y consolida al sacerdote en su vocaci贸n.

Eucarist铆a y vida consagrada

81. En el contexto de la relaci贸n entre la Eucarist铆a y las diversas vocaciones eclesiales resplandece de modo particular 芦el testimonio prof茅tico de las consagradas y de los consagrados, que encuentran en la Celebraci贸n eucar铆stica y en la adoraci贸n la fuerza para el seguimiento radical de Cristo obediente, pobre y casto禄. 225 Los consagrados y las consagradas, incluso desempe帽ando muchos servicios en el campo de la formaci贸n humana y en la atenci贸n a los pobres, en la ense帽anza o en la asistencia a los enfermos, saben que el objetivo principal de su vida es 芦la contemplaci贸n de las cosas divinas y la uni贸n asidua con Dios禄. 226 La contribuci贸n esencial que la Iglesia espera de la vida consagrada es m谩s en el orden del ser que en el del hacer. En este contexto, quisiera subrayar la importancia del testimonio virginal precisamente en relaci贸n con el misterio de la Eucarist铆a. En efecto, adem谩s de la relaci贸n con el celibato sacerdotal, el Misterio eucar铆stico manifiesta una relaci贸n intr铆nseca con la virginidad consagrada, ya que es expresi贸n de la consagraci贸n exclusiva de la Iglesia a Cristo, que ella con fidelidad radical y fecunda acoge como a su Esposo. 227 La virginidad consagrada encuentra en la Eucarist铆a inspiraci贸n y alimento para su entrega total a Cristo. Adem谩s, en la Eucarist铆a obtiene consuelo e impulso para ser, tambi茅n en nuestro tiempo, signo del amor gratuito y fecundo de Dios para con la humanidad. A trav茅s de su testimonio espec铆fico, la vida consagrada se convierte objetivamente en referencia y anticipaci贸n de aquellas 芦bodas del Cordero禄 (Ap 19,7-9), meta de toda la historia de la salvaci贸n. En este sentido, es una llamada eficaz al horizonte escatol贸gico que todo hombre necesita para poder orientar sus propias opciones y decisiones de vida.

Eucarist铆a y transformaci贸n moral

82. Descubrir la belleza de la forma eucar铆stica de la vida cristiana nos lleva a reflexionar tambi茅n sobre la fuerza moral que dicha forma produce para defender la aut茅ntica libertad de los hijos de Dios. Con esto deseo recordar una tem谩tica surgida en el S铆nodo sobre la relaci贸n entre forma eucar铆stica de la vida y transformaci贸n moral. El Papa Juan Pablo II afirmaba que la vida moral 芦posee el valor de un "culto espiritual" (Rm 12,1; cf. Flp 3,3) que nace y se alimenta de aquella inagotable fuente de santidad y glorificaci贸n de Dios que son los sacramentos, especialmente la Eucarist铆a; en efecto, participando en el sacrificio de la Cruz, el cristiano comulga con el amor de donaci贸n de Cristo y se capacita y compromete a vivir esta misma caridad en todas sus actitudes y comportamientos de vida禄. 228 En definitiva, 芦en el 鈥渃ulto鈥 mismo, en la comuni贸n eucar铆stica, est谩 incluido a la vez el ser amado y el amar a los otros. Una Eucarist铆a que no comporte un ejercicio pr谩ctico del amor es fragmentaria en s铆 misma禄. 229

Esta referencia al valor moral del culto espiritual no se ha de interpretar en clave moralista. Es ante todo el gozoso descubrimiento del dinamismo del amor en el coraz贸n que acoge el don del Se帽or, se abandona a 脡l y encuentra la verdadera libertad. La transformaci贸n moral que comporta el nuevo culto instituido por Cristo, es una tensi贸n y un deseo cordial de corresponder al amor del Se帽or con todo el propio ser, no obstante la conciencia de la propia fragilidad. Todo esto est谩 bien reflejado en el relato evang茅lico de Zaqueo (cf. Lc 19,1-10). Despu茅s de haber hospedado a Jes煤s en su casa, el publicano se ve completamente transformado: decide dar la mitad de sus bienes a los pobres y devuelve cuatro veces m谩s a quienes hab铆a robado. El impulso moral, que nace de acoger a Jes煤s en nuestra vida, brota de la gratitud por haber experimentado la inmerecida cercan铆a del Se帽or.

Coherencia eucar铆stica

83. Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucar铆stica, a la cual est谩 llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio p煤blico de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posici贸n social o pol铆tica que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepci贸n hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educaci贸n de los hijos y la promoci贸n del bien com煤n en todas sus formas. 230 Estos valores no son negociables. As铆 pues, los pol铆ticos y los legisladores cat贸licos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. 231 Esto tiene adem谩s una relaci贸n objetiva con la Eucarist铆a (cf. 1 Co 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atenci贸n sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado. 232

Eucarist铆a, misterio que se ha de anunciar

Eucarist铆a y misi贸n

84. En la homil铆a durante la Celebraci贸n eucar铆stica con la que he iniciado solemnemente mi ministerio en la C谩tedra de Pedro, dec铆a: 芦Nada hay m谩s hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada m谩s bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con 茅l禄. 233 Esta afirmaci贸n asume una mayor intensidad si pensamos en el Misterio eucar铆stico. En efecto, no podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. 脡ste exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en 脡l. Por eso la Eucarist铆a no es s贸lo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es tambi茅n de su misi贸n: 芦Una Iglesia aut茅nticamente eucar铆stica es una Iglesia misionera禄. 234 Tambi茅n nosotros podemos decir a nuestros hermanos con convicci贸n: 芦Eso que hemos visto y o铆do os lo anunciamos para que est茅is unidos con nosotros禄 (1 Jn 1,3). Verdaderamente, nada hay m谩s hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los dem谩s. Adem谩s, la instituci贸n misma de la Eucarist铆a anticipa lo que es el coraz贸n de la misi贸n de Jes煤s: 脡l es el enviado del Padre para la redenci贸n del mundo (cf. Jn 3,16-17; Rm 8,32). En la 煤ltima Cena Jes煤s conf铆a a sus disc铆pulos el Sacramento que actualiza el sacrificio que 脡l ha hecho de s铆 mismo en obediencia al Padre para la salvaci贸n de todos nosotros. No podemos acercarnos a la Mesa eucar铆stica sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misi贸n que, partiendo del coraz贸n mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres. As铆 pues, el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucar铆stica de la vida cristiana.

Eucarist铆a y testimonio

85. La misi贸n primera y fundamental que recibimos de los santos Misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida. El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo imprime en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometi茅ndonos a ser testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invit谩ndolo a acoger libremente esta novedad radical. En el testimonio Dios, por as铆 decir, se expone al riesgo de la libertad del hombre. Jes煤s mismo es el testigo fiel y veraz (cf. Ap 1,5; 3,14); ha venido para dar testimonio de la verdad (cf. Jn 18,37). Con estas reflexiones deseo recordar un concepto muy querido por los primeros cristianos, pero que tambi茅n nos afecta a nosotros, cristianos de hoy: el testimonio hasta el don de s铆 mismos, hasta el martirio, ha sido considerado siempre en la historia de la Iglesia como la cumbre del nuevo culto espiritual: 芦Presentar vuestros cuerpos禄 (Rm 12,1). Se puede recordar, por ejemplo, el relato del martirio de San Policarpo de Esmirna, disc铆pulo de San Juan: todo el acontecimiento dram谩tico es descrito como una liturgia, m谩s a煤n como si el m谩rtir mismo se convirtiera en Eucarist铆a. 235 Pensemos tambi茅n en la conciencia eucar铆stica que Ignacio de Antioqu铆a expresa ante su martirio: 茅l se considera 芦trigo de Dios禄 y desea llegar a ser en el martirio 芦pan puro de Cristo禄. 236 El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en plena comuni贸n con la Pascua de Jesucristo y as铆 se convierte con 脡l en Eucarist铆a. Tampoco faltan hoy en la Iglesia m谩rtires en los que se manifiesta de modo supremo el amor de Dios. Sin embargo, aun cuando no se requiera la prueba del martirio, sabemos que el culto agradable a Dios implica tambi茅n interiormente esta disponibilidad, 237 y se manifiesta en el testimonio alegre y convencido ante el mundo de una vida cristiana coherente all铆 donde el Se帽or nos llama a anunciarlo.

Jesucristo, 煤nico Salvador

86. Subrayar la relaci贸n intr铆nseca entre Eucarist铆a y misi贸n nos ayuda a redescubrir tambi茅n el contenido 煤ltimo de nuestro anuncio. Cuanto m谩s vivo sea el amor por la Eucarist铆a en el coraz贸n del pueblo cristiano, tanto m谩s clara tendr谩 la tarea de la misi贸n: llevar a Cristo. No es s贸lo una idea o una 茅tica inspirada en 脡l, sino el don de su misma Persona. Quien no comunica la verdad del Amor al hermano no ha dado todav铆a bastante. La Eucarist铆a, como Sacramento de nuestra salvaci贸n, nos lleva a considerar de modo ineludible la unicidad de Cristo y de la salvaci贸n realizada por 脡l a precio de su Sangre. Por tanto, la exigencia de educar constantemente a todos al trabajo misionero, cuyo centro es el anuncio de Jes煤s, 煤nico Salvador, surge del Misterio eucar铆stico, cre铆do y celebrado. 238 As铆 se evitar谩 que se reduzca a una interpretaci贸n meramente sociol贸gica la decisiva obra de promoci贸n humana que comporta siempre todo aut茅ntico proceso de evangelizaci贸n.

Libertad de culto

87. En este contexto, deseo hablar de lo que los Padres han afirmado durante la asamblea sinodal sobre las graves dificultades que afectan a la misi贸n de aquellas comunidades cristianas que viven en condiciones de minor铆a o incluso privadas de la libertad religiosa. 239 Realmente debemos dar gracias al Se帽or por todos los Obispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos, que se esfuerzan por anunciar el Evangelio y viven su fe arriesgando la propia vida. En muchas regiones del mundo el mero hecho de ir a la Iglesia es un testimonio heroico que expone a las personas a la marginaci贸n y a la violencia. En esta ocasi贸n, deseo confirmar tambi茅n la solidaridad de toda la Iglesia con los que sufren por la falta de libertad de culto. All铆 d贸nde falta la libertad religiosa, lo sabemos, falta en definitiva la libertad m谩s significativa, ya que en la fe el hombre expresa su 铆ntima convicci贸n sobre el sentido 煤ltimo de su propia vida. Pidamos, pues, que aumenten los espacios de libertad religiosa en todos los Estados, para que los cristianos, as铆 como tambi茅n los miembros de otras religiones, puedan vivir personal y comunitariamente sus convicciones libremente.

Eucarist铆a, misterio que se ha de ofrecer al mundo

Eucarist铆a: pan partido para la vida del mundo

88. 芦El pan que yo dar茅 es mi carne para la vida del mundo禄 (Jn 6,51). Con estas palabras el Se帽or revela el verdadero sentido del don de la propia vida por todos los hombres y nos muestran tambi茅n la 铆ntima compasi贸n que 脡l tiene por cada persona. En efecto, los Evangelios nos narran muchas veces los sentimientos de Jes煤s por los hombres, de modo especial por los que sufren y los pecadores (cf. Mt 20,34; Mc 6,54; Lc 9,41). Mediante un sentimiento profundamente humano, 脡l expresa la intenci贸n salvadora de Dios para todos los hombres, a fin de que lleguen a la vida verdadera. Cada celebraci贸n eucar铆stica actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jes煤s ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucarist铆a Jes煤s nos hace testigos de la compasi贸n de Dios por cada hermano y hermana. Nace as铆, en torno al Misterio eucar铆stico, el servicio de la caridad para con el pr贸jimo, que 芦consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo tambi茅n a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto s贸lo puede llevarse a cabo a partir del encuentro 铆ntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comuni贸n de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya s贸lo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo禄. 240 De ese modo, en las personas que encuentro reconozco a hermanos y hermanas por los que el Se帽or ha dado su vida am谩ndolos 芦hasta el extremo禄 (Jn 13,1). Por consiguiente, nuestras comunidades, cuando celebran la Eucarist铆a, han de ser cada vez m谩s conscientes de que el Sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucarist铆a impulsa a todo el que cree en 脡l a hacerse 芦pan partido禄 para los dem谩s y, por tanto, a trabajar por un mundo m谩s justo y fraterno. Pensando en la multiplicaci贸n de los panes y los peces, hemos de reconocer que Cristo sigue exhortando tambi茅n hoy a sus disc铆pulos a comprometerse en primera persona: 芦dadles vosotros de comer禄 (Mt 14,16). En verdad, la vocaci贸n de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jes煤s, pan partido para la vida del mundo.

Implicaciones sociales del Misterio eucar铆stico

89. La uni贸n con Cristo que se realiza en el Sacramento nos capacita tambi茅n para nuevos tipos de relaciones sociales: 芦la 鈥樷榤铆stica'' del Sacramento tiene un car谩cter social禄. En efecto, 芦la uni贸n con Cristo es al mismo tiempo uni贸n con todos los dem谩s a los que 脡l se entrega. No puedo tener a Cristo s贸lo para m铆; 煤nicamente puedo pertenecerle en uni贸n con todos los que son suyos o lo ser谩n禄 241 A este respecto, hay que explicitar la relaci贸n entre Misterio eucar铆stico y compromiso social. La Eucarist铆a es sacramento de comuni贸n entre hermanos y hermanas que aceptan reconciliarse en Cristo, el cual ha hecho de jud铆os y paganos un pueblo solo, derribando el muro de enemistad que los separaba (cf. Ef 2,14). S贸lo esta constante tensi贸n hacia la reconciliaci贸n permite comulgar dignamente con el Cuerpo y la Sangre de Cristo (cf. Mt 5,23- 24). 242 Cristo, por el memorial de su Sacrificio, refuerza la comuni贸n entre los hermanos y, de modo particular, apremia a los que est谩n enfrentados para que aceleren su reconciliaci贸n abri茅ndose al di谩logo y al compromiso por la justicia. No hay duda de que las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauraci贸n de la justicia, la reconciliaci贸n y el perd贸n. 243 De esta toma de conciencia nace la voluntad de transformar tambi茅n las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. La Eucarist铆a, a trav茅s de la puesta en pr谩ctica de este compromiso, transforma en vida lo que ella significa en la celebraci贸n. Como he tenido ocasi贸n de afirmar, la Iglesia no tiene como tarea propia emprender una batalla pol铆tica para realizar la sociedad m谩s justa posible; sin embargo, tampoco puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia. La Iglesia 芦debe insertarse en ella a trav茅s de la argumentaci贸n racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige tambi茅n renuncias, no puede afirmarse ni prosperar禄. 244

En la perspectiva de la responsabilidad social de todos los cristianos, los Padres sinodales han recordado que el sacrificio de Cristo es misterio de liberaci贸n que nos interpela y provoca continuamente. Dirijo por tanto una llamada a todos los fieles para que sean realmente operadores de paz y de justicia: 芦En efecto, quien participa en la Eucarist铆a ha de empe帽arse en construir la paz en nuestro mundo marcado por tantas violencias y guerras, y de modo particular hoy, por el terrorismo, la corrupci贸n econ贸mica y la explotaci贸n sexual禄. 245 Todos estos problemas, que a su vez engendran otros fen贸menos degradantes, son los que despiertan viva preocupaci贸n. Sabemos que estas situaciones no se pueden afrontar de una manera superficial. Precisamente, gracias al Misterio que celebramos, deben denunciarse las circunstancias que van contra la dignidad del hombre, por el cual Cristo ha derramado su Sangre, afirmando as铆 el valor tan alto de cada persona.

El alimento de la verdad y la indigencia del hombre

90. No podemos permanecer pasivos ante ciertos procesos de globalizaci贸n que con frecuencia hacen crecer desmesuradamente en todo el mundo la diferencia entre ricos y pobres. Debemos denunciar a quien derrocha las riquezas de la tierra, provocando desigualdades que claman al cielo (cf. St 5,4). Por ejemplo, es imposible permanecer callados ante 芦las im谩genes sobrecogedoras de los grandes campos de pr贸fugos o de refugiados 鈥攅n muchas partes del mundo鈥 acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, 驴no son nuestros hermanos y hermanas? 驴Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas leg铆timas de felicidad que los dem谩s?禄. 246 El Se帽or Jes煤s, Pan de vida eterna, nos apremia y nos hace estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todav铆a gran parte de la humanidad: son situaciones cuya causa implica a menudo una clara e inquietante responsabilidad por parte de los hombres. En efecto, 芦se puede afirmar, sobre la base de datos estad铆sticos disponibles, que menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente a armamento ser铆a m谩s que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ej茅rcito de los pobres. Esto interpela a la conciencia humana. Nuestro com煤n compromiso por la verdad puede y tiene que dar nueva esperanza a estas poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, mucho m谩s a causa de situaciones que dependen de las relaciones internacionales pol铆ticas, comerciales y culturales, que por circunstancias incontroladas禄. 247

El alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre, en las que a causa de la injusticia y la explotaci贸n se muere por falta de comida, y nos da nueva fuerza y 谩nimo para trabajar sin descanso en la construcci贸n de la civilizaci贸n del amor. Los cristianos han procurado desde el principio compartir sus bienes (cf. Hch 4,32) y ayudar a los pobres (cf. Rm 15,26). La colecta en las asambleas lit煤rgicas no s贸lo nos lo recuerda expresamente, sino que es tambi茅n una necesidad muy actual. Las instituciones eclesiales de beneficencia, en particular Caritas en sus diversos 谩mbitos, desarrollan el precioso servicio de ayudar a las personas necesitadas, sobre todo a los m谩s pobres. Estas instituciones, inspir谩ndose en la Eucarist铆a, que es el Sacramento de la caridad, se convierten en su expresi贸n concreta; por ello merecen todo encomio y est铆mulo por su compromiso solidario en el mundo.

Doctrina social de la Iglesia

91. El misterio de la Eucarist铆a nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo para llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tiene su fuente inagotable en el don de Dios. La oraci贸n que repetimos en cada Santa Misa: 芦Danos hoy nuestro pan de cada d铆a禄, nos obliga a hacer todo lo posible, en colaboraci贸n con las instituciones internacionales, estatales o privadas, para que cese o al menos disminuya en el mundo el esc谩ndalo del hambre y de la desnutrici贸n que sufren tantos millones de personas, especialmente en los pa铆ses en v铆as de desarrollo. El cristiano laico en particular, formado en la escuela de la Eucarist铆a, est谩 llamado a asumir directamente la propia responsabilidad pol铆tica y social. Para que pueda desempe帽ar adecuadamente sus cometidos hay que prepararlo mediante una educaci贸n concreta a la caridad y a la justicia. Por eso, como ha pedido el S铆nodo, es necesario promover la doctrina social de la Iglesia y darla a conocer en las di贸cesis y en las comunidades cristianas. 248 En este precioso patrimonio, procedente de la m谩s antigua tradici贸n eclesial, encontramos los elementos que orientan con profunda sabidur铆a el comportamiento de los cristianos ante las cuestiones sociales candentes. Esta doctrina, madurada durante toda la historia de la Iglesia, se caracteriza por el realismo y el equilibrio, ayudando as铆 a evitar compromisos equ铆vocos o utop铆as ilusorias.

Santificaci贸n del mundo y salvaguardia de la creaci贸n

92. Para desarrollar una profunda espiritualidad eucar铆stica que pueda incidir tambi茅n de manera significativa en el campo social, se requiere que el pueblo cristiano tenga conciencia de que, al dar gracias por medio de la Eucarist铆a, lo hace en nombre de toda la creaci贸n, aspirando as铆 a la santificaci贸n del mundo y trabajando intensamente para tal fin. 249 La Eucarist铆a misma proyecta una luz intensa sobre la historia humana y sobre todo el cosmos. En esta perspectiva sacramental aprendemos, d铆a a d铆a, que todo acontecimiento eclesial tiene car谩cter de signo, mediante el cual Dios se comunica a s铆 mismo y nos interpela. De esta manera, la forma eucar铆stica de la vida puede favorecer verdaderamente un aut茅ntico cambio de mentalidad en el modo de ver la historia y el mundo. La liturgia misma nos educa a todo esto cuando, durante la presentaci贸n de las ofrendas, el sacerdote dirige a Dios una oraci贸n de bendici贸n y de petici贸n sobre el pan y el vino, 芦fruto de la tierra禄, 芦de la vid禄 y del 芦trabajo del hombre禄. Con estas palabras, adem谩s de incluir en la ofrenda a Dios toda la actividad y el esfuerzo humano, el rito nos lleva a considerar la tierra como creaci贸n de Dios, que produce todo lo necesario para nuestro sustento. La creaci贸n no es una realidad neutral, mera materia que se puede utilizar indiferentemente siguiendo el instinto humano. M谩s bien forma parte del plan bondadoso de Dios, por el que todos nosotros estamos llamados a ser hijos e hijas en el Unig茅nito de Dios, Jesucristo (cf. Ef 1,4-12). La fundada preocupaci贸n por las condiciones ecol贸gicas en que se encuentra la creaci贸n en muchas partes del mundo encuentra motivos de tranquilidad en la perspectiva de la esperanza cristiana, que nos compromete a actuar responsablemente en defensa de la creaci贸n. 250 En efecto, en la relaci贸n entre la Eucarist铆a y el universo descubrimos la unidad del Plan de Dios y se nos invita a descubrir la relaci贸n profunda entre la creaci贸n y la 芦nueva creaci贸n禄, inaugurada con la Resurrecci贸n de Cristo, nuevo Ad谩n. En ella participamos ya desde ahora en virtud del Bautismo (cf. Col 2,12 s.), y as铆 se le abre a nuestra vida cristiana, alimentada por la Eucarist铆a, la perspectiva del mundo nuevo, del nuevo cielo y de la nueva tierra, donde la nueva Jerusal茅n baja del cielo, desde Dios, 芦ataviada como una novia que se adorna para su esposo禄 (Ap 21,2).

Utilidad de un Compendio eucar铆stico

93. Al final de estas reflexiones, en las que he querido fijarme en las orientaciones surgidas en el S铆nodo, deseo acoger tambi茅n una petici贸n que hicieron los Padres para ayudar al pueblo cristiano a creer, celebrar y vivir cada vez mejor el Misterio eucar铆stico. Preparado por los Dicasterios competentes se publicar谩 un Compendio que recoger谩 textos del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, oraciones y explicaciones de las Plegarias Eucar铆sticas del Misal, as铆 como todo lo que pueda ser 煤til para la correcta comprensi贸n, celebraci贸n y adoraci贸n del Sacramento del altar. 251 Espero que este instrumento ayude a que el memorial de la Pascua del Se帽or se convierta cada vez m谩s en fuente y culmen de la vida y de la misi贸n de la Iglesia. Esto impulsar谩 a cada fiel a hacer de su propia vida un verdadero culto espiritual.


198

VII, 10, 16: PL 32, 742.

199

Homil铆a en la Explanada de Marienfeld, (21 agosto 2005): AAS 97 (2005), 892; cf. Homil铆a en la Vigilia de Pentecost茅s (3 junio 2006): AAS 98 (2006), 505.

200

Cf. Relatio post disceptationem, 6,47: L'Osservatore Romano (14 octubre 2005), pp. 5. 6; Propositio 43.

201

De civitate Dei, X, 6: PL 41, 284.

202

Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1368.

203

Cf. S. Ireneo, Contra las herej铆as IV, 20, 7: PG 7, 1037.

204

A los Magnesios, 9,1-2: PG 5, 670.

205

Cf. I Apolog铆a 67, 1-6; 66: PG 6, 430 s. 427. 430.

206

Cf. Propositio 30.

207

Cf. AAS 90 (1998), 713-766.

208

Propositio 30.

209

Homil铆a (19 marzo 2006): AAS 98 (2006), 324.

210

Se帽ala a este respecto el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 258: 芦El descanso abre al hombre, sujeto a la necesidad del trabajo, la perspectiva de una libertad m谩s plena, la del S谩bado eterno (cf. Hb 4,9-10). El descanso permite a los hombres recordar y revivir las obras de Dios, desde la Creaci贸n hasta la Redenci贸n, reconocerse a s铆 mismos como obra suya (cf. Ef 2,10), y dar gracias por su vida y su subsistencia a 脡l, que de ellas es el Autor禄.

211

Cf. Propositio 10.

212

Cf. ib铆d..

213

Cf. Discurso a los obispos de la conferencia episcopal de Canad谩 鈥 Quebec en visita ad limina Apostolorum (11 mayo 2006): L'Osservatore Romano (12 mayo 2006), p. 5.

214

N. 10: AAS 71(1979), 414-415.

215

Audiencia general del 29 marzo 2006: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (31 marzo 2006), p. 16.

216

Propositio 39.

217

Cf. Relatio post disceptationem, 30: L'Osservatore Romano (14 octubre 2005), p. 6.

218

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium sobre la Iglesia, 39-42.

219

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 14.16: AAS 81 (1989), 409-413; 416-418.

220

Cf. Propositio 39.

221

Cf. ib铆d.

222

Pontifical Romano. Ordenaci贸n del Obispo, de Presb铆teros y de Di谩conos, Rito de la ordenaci贸n del presb铆tero, n. 150.

223

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis (25 marzo 1992),19-33; 70-81: AAS 84 (1992), 686-712; 778-800.

224

Propositio 38.

225

Propositio 39. Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 95: AAS 88 (1996), 470-471.

226

C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 663, 搂 1.

227

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 34: AAS 88 (1996), 407-408.

228

Carta enc. Veritatis splendor (6 agosto 1993), 107: AAS 85 (1993), 1216-1217.

229

Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 14: AAS 98 (2006), 229.

230

Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae (25 marzo 1995): AAS 87 (1995), 401-522; Benedicto XVI, Discurso a un congreso organizado por la Academia Pontificia para la vida (27 febrero 2006): AAS 98 (2006), 264-265.

231

Cf. Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunas cuestiones con respecto al comportamiento de los cat贸licos en la vida pol铆tica (24 noviembre 2002): AAS 95 (2004), 359-370.

232

Cf. Propositio 46.

233

AAS (2005), 711.

234

Propositio 42.

235

Cf. Martirio de Policarpo, XV, 1: PG 5, 1039. 1042.

236

A los Romanos, IV,1: PG 5, 690.

237

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentiumsobre la Iglesia, 42.

238

Cf. Propositio 42; Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Decl. sobre la unicidad y la universalidad salv铆fica de Jesucristo y de la Iglesia Dominus Iesus (6 agosto 2000), 13-15: AAS 92 (2000), 754-755.

239

Cf. Propositio 42.

240

Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 18: AAS 98 (2006), 232.

241

Ib铆d., n. 14.

242

Durante la asamblea sinodal hemos escuchado conmovidos testimonios muy significativos acerca de la eficacia del sacramento en la obra de pacificaci贸n. Se afirma al respecto en la Propositio 49: 芦Gracias a las celebraciones eucar铆sticas, pueblos en conflicto se han podido reunir alrededor de la Palabra de Dios, escuchar su anuncio prof茅tico de reconciliaci贸n a trav茅s del perd贸n gratuito, recibir la gracia de la conversi贸n que permite la comuni贸n en el mismo pan y en el mismo c谩liz禄.

243

Cf. Propositio 48.

244

Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28: AAS 98 (2006), 239.

245

Propositio 48.

246

Discurso al Cuerpo Diplom谩tico acreditado ante la Santa Sede (9 enero 2006), 28: AAS 98 (2006), 127.

247

Ib铆d.

248

Cf. Propositio 48. A este respecto es muy 煤til el Compendio de la doctrina social de la Iglesia.

249

Cf. Propositio 43.

250

Cf. Propositio 47.

251

Cf. Propositio 17.

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