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Cardenal Dar铆o Castrill贸n Hoyos, El fen贸meno religioso: La evangelizaci贸n en la era digital
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El fen贸meno religioso: La evangelizaci贸n en la era digital

Estimados hermanos Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y laicos, que asisten a este Congreso Continental sobre Iglesia e inform谩tica:

Seg煤n algunos estudios, dentro de 10 a 15 a帽os, el 30 por ciento de las parejas que se casen, se habr谩n conocido a trav茅s de Internet 1 . Este dato nos ayuda a conocer ya una de las grandes caracter铆sticas de la cultura de la era digital: los seres humanos conocen mejor a sus compa帽eros de chat que a sus vecinos de condominio. Pero al mismo tiempo nos dice que Internet, lejos de ser un simple instrumento de informaci贸n, se ha convertido en un 谩mbito donde tienen lugar profundas relaciones humanas. Y por ello, la Evangelizaci贸n no puede estar ausente de 茅l.

I. EL FEN脫MENO RELIGIOSO EN LA WEB

Internet es, ante todo, un reflejo de la sociedad y la cultura actual, una especie de radiograf铆a que nos muestra lo m谩s profundo de nuestro entorno, de nuestros pensamientos, de nuestras convicciones, de nuestra vida. Si la Iglesia quiere evangelizar esta nueva civilizaci贸n con la que se encuentra, debe presentarse sin complejos en los 谩mbitos donde esta civilizaci贸n se forma e informa, y un medio privilegiado es Internet.

En 1996, un grupo de periodistas del Times hizo una b煤squeda en la Red y encontr贸 25,000 referencias de Bill Gates, 410,000 referencias de Dios y 146,000 referencias de Cristo. Es m谩s que evidente que Dios y Jesucristo no est谩n ausentes de Internet. Las religiones, los grupos sociales, las plataformas pol铆ticas, todos aparecen en la Red ofreciendo su mercanc铆a, muchas veces sin preocuparse por la verdad o el bien de su 鈥減roducto鈥�, sino movidos por el proselitismo o por el simple beneficio econ贸mico. Se ofrece la felicidad, el bienestar inmediato que sirva para magnetizar el inter茅s de los 鈥渃lientes鈥� potenciales, las mayores panaceas y las m谩s grandes utop铆as sociales, todas juntas y de forma llamativa, atrayente. Y este mercado de reciente irrupci贸n est谩 generando unos nuevos rasgos culturales, incluso est谩 formando un nuevo tipo de religiosidad de la que se pueden adelantar ciertas caracter铆sticas preocupantes.

1. Secularismo virtual

Basta navegar un poco en la Red para concluir que Internet no es un ambiente absolutamente laico. Efectivamente, la continua apertura de sitios religiosos que se constata en la Red, nos habla de una nueva reflexi贸n, instalada en esta nueva cultura, sobre la relaci贸n que el hombre debe establecer con Dios. Los restos del iluminismo, que todav铆a siguen influyendo fuertemente en nuestras sociedades, nos han llevado a plantearnos si el 煤nico medio para establecer una sana convivencia ser铆a la sociedad secular, dentro de la cual las religiones podr铆an establecerse s贸lo en el 谩mbito privado. Sin embargo, la realidad es que Internet est谩 plagado de reclamos religiosos. Pero hay que avanzar con cautela. 驴Nos encontramos ante verdaderos sitios religiosos o ante creaciones consum铆sticas hechas a la medida del hombre de hoy? 驴Estamos ante nuevas formas de secularismo? 驴C贸mo se presentan las religiones en la Web?

Entrar en la Web es entrar en un mercado donde, junto a otras mercanc铆a, se ofrece lo que hoy gen茅ricamente se denomina espiritualidad. Y esa espiritualidad, las m谩s de las veces, se sustenta en un acercamiento puramente psicol贸gico, hoy muy en boga, para convertirse en un recurso casi terap茅utico que solamente busca confortar al ser humano. En muchos sitios-web de aspecto aparentemente religioso s贸lo encontramos una pseudosacralidad. La secularidad se presenta no ya como ausencia de elementos sagrados, sino como ofrecimiento, casi comercial, de religiones sin sacro o con un concepto irreal del sacro, hecho a la medida del ser humano. Internet, como mercado, busca satisfacer las necesidades de las personas, y entre ellas se encuentra el deseo de transcendencia. Muchas veces, la mercanc铆a que ofrece son religiones proclamadas por el hombre, no por Dios, no reveladas, o como m谩ximo, alguna iluminaci贸n divina condimentada de sentimentalismo y esoterismo para hacerla m谩s atractiva, m谩s vendible.

Estos credos comerciales se sit煤an suavemente junto a la religi贸n revelada. Incluso dentro del cristianismo, Internet es el Speakers Corner donde se exponen los que han construido un catolicismo a la medida, alejado de la Sagrada Escritura y de la Revelaci贸n, hecho m谩s de opiniones que de doctrinas de origen sobrenatural, cargadas m谩s de lo ef铆mero y lo ego铆sta que de la verdadera salvaci贸n. Si la mentalidad desacralizante de finales del siglo XIX y comienzos del XX buscaba despertar a las conciencias anestesiadas por la cultura cristiana, ahora nos encontramos con una fuerte tendencia a absorberlas narcotiz谩ndolas con la droga de las nuevas espiritualidades que no cuestionan el comportamiento personal, ni las actitudes ante el bien y la verdad. As铆, la secularizaci贸n asume ahora una forma pseudo-religiosa

mimetiz谩ndose con coloraciones emotivas y configuraciones valorales de un nuevo sacro comercializado y domesticado por el hombre para su propio entretenimiento que sea capaz de llamar la atenci贸n al surfer individualista, que navega o naufraga por la Red. Se llega as铆, casi sin darse cuenta, a un nuevo secularismo que no consiste en eliminar a Dios de la Red, sino en presentar un nuevo dios hecho a la medida del hombre y de sus necesidades. El secularismo de la sociedad actual se presenta de modo silencioso, acomodaticio, tolerante, menos colectivo y m谩s individualista, oculto bajo nuevos credos alternativos y fulgurantes, que se venden con m谩s espectacularidad, ofreciendo unos contenidos m谩s fugaces, unas esperanzas m谩s de andar por casa y una salvaci贸n m谩s terrena.

2. Relativismo on line

Unido al secularismo, la Red ofrece tambi茅n un marcado relativismo heredado de la cultura en la que se desarrolla. Nada es absoluto, ni siquiera la verdad. Al entrar en la Red, el navegante encuentra m煤ltiples propuestas de felicidad que se le ofrecen con argumentos muy atractivos, con m煤ltiples promesas de una vida mejor, de superaci贸n personal, pero sin referencia a la verdad de sus contenidos. Es m谩s, para un hombre de hoy, hablar de verdad resulta casi de mal gusto. Parece una pretensi贸n aventurada suponer que alguien pueda hablar de una verdad que sirva para todos. M谩s bien se prefiere hablar de 鈥渢u verdad鈥�, o de 鈥渕i verdad鈥�. 鈥淓sto sucede porque la cultura medi谩tica se ha ido penetrando progresivamente por un sentido t铆picamente postmoderno donde la 煤nica verdad absoluta admitida es la inexistencia de la verdad absoluta o, en caso de que 茅sta existiese, ser铆a inaccesible a la raz贸n humana y por lo tanto irrelevante鈥� 2 .

En el cosmos interna煤tico, el relativismo religioso se presenta con forma de sincretismo, un sincretismo que presume de espontaneidad y renuncia a los aspectos m谩s visibles de las religiones para convertirse en pura interioridad. La religi贸n on line se construye rechazando la experiencia de comunidad y promoviendo una espiritualidad aut贸noma, de absoluta intimidad, que recuerda en muchos aspectos a la gnosis de los primeros siglos del cristianismo. Hay una curiosa contradicci贸n entre la publicidad de la proclamaci贸n y la privacidad de la profesi贸n.

En la Web, las religiones aparecen como iguales, subjetivas. Algunos analistas hablan de Internet como el promotor de un subjetivismo radical: 鈥淭odo hoy se ha convertido en subjetivo, todo tiene un valor de referencia al sujeto. 鈥楶ara m铆 es verdadero, para m铆 no es verdadero鈥�. 驴Hay una justicia y una verdad v谩lida para todos? No. Son v谩lidas en relaci贸n al sujeto, a sus gustos, a sus elecciones. [...]. Esta es la subjetividad. Ya no existe la verdad, sino cien verdades para cien cabezas. Es f谩cil comprender que en este clima se termina por convertirse en m谩s o menos religiosos seg煤n los gustos personales o subjetivos鈥� 3 . El sujeto cibern茅tico es art铆fice de su destino, salvador de s铆 mismo, protagonista de su propia existencia, sin m谩s autoridad sobre 茅l que las limitaciones de su instrumento medi谩tico.

A este hombre inundado de subjetividad, el mercado religioso on line le propone una provocante producci贸n de espiritualidad industrial, una oferta capaz de proveer a su sustento espiritual a trav茅s de la personalizaci贸n de la experiencia divina. As铆, el navegante puede prepararse su propia dieta religiosa despu茅s de clicar en varios anaqueles de productos con propuestas a su medida. En este contexto, el mundo de lo m谩gico adquiere una especial importancia. Es un producto que se vende bien por su atractivo morboso y porque refuerza la idea de independencia, de poder personal, de infatuaci贸n aut谩rquica.

En Internet parece encontrarse m谩s a gusto el que busca sin encontrar que quien parte de su confesi贸n de fe y edifica su vida desde ella. Es un reflejo de nuestra cultura, donde la duda, la instalaci贸n existencial en la perplejidad, el rechazo de todo dogma, parecen ser las actitudes m谩s racionales, respetuosas y tolerantes con las opiniones de los dem谩s. Incluso muchos cristianos se plantean si es mejor ser cristiano o ser tolerante, como si ambas opciones fueran incompatibles. Es cierto que la fe cristiana implica la aceptaci贸n incondicional de verdades absolutas. Supone la adhesi贸n plena y firme a la verdad de la Revelaci贸n Divina, que Dios nos manifest贸 para nuestra salvaci贸n. Eso es la confesi贸n de fe. Pero tambi茅n es verdad que en esa Revelaci贸n hay una continua referencia al valor de la persona humana. Y esta es la convicci贸n que hace del cristiano el m谩s tolerante, porque el cristiano no s贸lo tolera al pr贸jimo, sino que lo ama tal y como es, aunque luego pueda dialogar sobre la verdad o falsedad de sus ideas. Sin embargo, la tolerancia relativista, hace al ser humano indiferente hacia los dem谩s, y eso, en el mundo de Internet es muy f谩cil, porque el pr贸jimo es el que est谩 del otro lado del monitor, a miles de kil贸metros de fibra 贸ptica o de conexi贸n v铆a sat茅lite.

La fe cristiana compromete personalmente hasta el punto de estar dispuestos a dejarlo todo y a entregar, si fuese necesario, la propia vida, antes que renegar de ella, porque la fe conlleva la certeza, la seguridad plena, de que lo cre铆do es verdadero, absolutamente verdadero, porque es Dios quien lo revela, y Dios no puede ni equivocarse ni enga帽arnos. Esta certeza se apoya no en la sabidur铆a de los hombres, sino en la fidelidad de Dios a su palabra. Cristo, Dios hecho hombre, es la Verdad. El cristiano es tolerante no porque dude del contenido de su fe, pues sabe de qui茅n se ha fiado 4 , sino porque es consciente de que su verdad no es suya, no le pertenece; es una Verdad regalada, de la que no es due帽o, sino siervo. Es una Verdad que se desvela suavemente al que la busca con humildad, que sabe esperar con infinita paciencia y que se atestigua con la indulgente firmeza de un amor que prefiere el silencio de la cruz antes que cualquier palabra de coacci贸n.

3. Sincretismo digital

Algunos analistas del fen贸meno religioso en la cultura actual lo definen como una nebulosa m铆stico-esot茅rica 5 . Y esto se refleja en la Red. Las p谩ginas de meditaci贸n transcendental, por ejemplo, cuentan sus entradas por millones, mientras que las de oraci贸n cristiana, en las que se busca el di谩logo con Dios para encontrar Su voluntad y no el simple relax interior, no pasan de decenas de miles. Se aprecia un cambio en la b煤squeda espiritual; se pasa de una espiritualidad de la b煤squeda de Dios a una espiritualidad de y para el ego. Son innumerables los sitios de Internet que prometen alcanzar abismales estados de quietud del esp铆ritu y de autocontrol, delineando senderos escondidos a trav茅s de los cuales se puede entrar en contacto con lo m谩s profundo de la propia alma, no con Dios -que usualmente ni aparece ni se nombra-, o se ofrecen instrucciones precisas para reordenar una disonante armon铆a interior.

En algunos casos, el internauta puede abrir su alma a esp铆ritus-gu铆a, ciberchamanes virtualmente existentes, organizaciones especializadas en hacerle reencontrar la paz perdida o en restablecer su equilibrio interior, y todo esto en unos pocos clics, y en mensajes que no pasan de las diez l铆neas. Tambi茅n podr谩 acceder a mezclas de m煤sica y movimiento que le llevar谩n al 茅xtasis revitalizante, y lo m谩s sorprendente es que todo esto lo podr谩 hacer incluso desde portales dirigidos por organizaciones cat贸licas.

Desde el punto de vista religioso, Internet se presenta como un instituto de belleza interior, como un gimnasio psico-f铆sico en el que se reciben extraordinarias lecciones de sabidur铆a comprimida. A trav茅s de f谩ciles ense帽anzas, los alumnos conseguir谩n grados alt铆simos de dominio personal que, de otro modo, fuera de la Red, s贸lo estar铆an a su alcance despu茅s de muchos sacrificios y renuncias. La Web se convierte en una c贸moda autopista hacia el Absoluto, con el que se logra f谩cilmente un contacto r谩pido y directo, sin molestas normas morales ni aburridos ejercicios de piedad. Pero el Absoluto -llam茅mosle as铆-, en Internet, no recibe alabanza ni adoraci贸n, sino que simplemente se le nombra alguna vez, sin darle mayor importancia; es un dios domesticado, que no molesta.

En el mercado de las religiones on line, no importa tanto la inc贸moda verdad, sino la apariencia agradable y la satisfacci贸n del cliente. Para las distintas religiones y espiritualidades, Internet es al mismo tiempo medio de comunicaci贸n, lugar de profesi贸n y 谩rea de ventas. Tecnolog铆a, sacro y mercado se funden en un arm贸nico equilibrio, sin disonancias dogm谩ticas, hecho a la medida del hombre y la mujer de hoy. 鈥淟os datos sugieren que algunos visitantes de los sitios web religiosos pueden hacer compras, seleccionar y escoger elementos de paquetes religiosos a medida del usuario para adaptarlos a sus gustos personales鈥� 6 . Se favorece as铆 el sincretismo a cuyo culto se inmola la verdad, la comuni贸n y la fe. El ego铆smo se potencia creando seres religiosos aut贸nomos capaces de autogestionar su propia religi贸n mezclando los elementos m谩s convenientes -no m谩s convincentes-, que encuentran a lo largo de su nomadismo religioso virtual. El resultado es una perturbaci贸n del sacro que aparece adaptado a la subjetividad del navegante. El prototipo del surfet medi谩tico, contagiado del relativismo ambiental, no reconoce un Creador al que pertenece, sino que se considera propiedad de s铆 mismo, con total capacidad de decisi贸n sobre cualquier materia. Puede elegir entre esoterismo, parapsicolog铆a, astrolog铆a, ocultismo, cartomancia, medicina alternativa, y muchas otras posibilidades, seg煤n sus propios gustos, sin el peso de autoridades que le indiquen ning煤n criterio.

As铆, poco a poco, se llega a una divinizaci贸n del individuo que acaba prescindiendo de Dios, o mejor dicho, de un Dios objetivo. Por ello, en Internet surgen nuevas divinidades acomodaticias, complacientes, generosas, redentoras, rompiendo los viejos l铆mites que obligaban al ser humano a obedecer a un 煤nico Dios. Internet multiplica las posibilidades de elecci贸n, sin importar realmente si esos dioses existen o no. Ahora, los nuevos dioses no son de barro ni de oro, sino de bits, m谩s c贸modos de adorar, menos molestos, y siempre listos a atender nuestros gustos. Internet es un gran archipi茅lago de credos, pero credos sin fuerza ni creencia, donde se mezclan cultos, sectas, confesiones, religiones verdaderas, e Iglesias institucionales.

4. Web y libertad

Si hici茅ramos una encuesta a nivel mundial sobre cu谩les son las principales caracter铆sticas de la Red, seguramente la mayor铆a de las respuestas apuntar铆an a la informaci贸n y, sobre todo, a la libertad. Y es cierto, la libertad es la esencia misma de Internet. En el mundo virtual, se puede hacer casi todo lo que se quiera, pr谩cticamente sin leyes. Se puede acceder al sitio de una organizaci贸n terrorista, a p谩ginas de pornograf铆a o a organismos de resistencia antiglobalizaci贸n, todo en espacio de segundos, y sin ning煤n compromiso por parte del surfer cibern茅tico. El mundo de los internautas es un mundo libre, sin compromisos, sin trabas, sin normas.

Internet es como el altar en el que se rinde culto al concepto de libertad nacido en los albores de la 煤ltima modernidad, donde esta palabra ha asumido diferentes caracter铆sticas m铆ticas. En nuestras sociedades, la libertad es concebida frecuentemente de manera an谩rquica o, simplemente, anti-institucional, convirti茅ndose as铆 en un 铆dolo. Pero la libertad humana s贸lo puede ser, en todo momento, la libertad de la justa relaci贸n rec铆proca, la libertad en la justicia; de lo contrario, se convierte en mentira y lleva a la esclavitud. La libertad humana es mucho m谩s que una simple ausencia de trabas que degenera en rebeld铆a y desacato a toda autoridad. Es un compromiso por construir y construirse, una capacidad de decisi贸n para determinar el propio comportamiento y tender siempre a lo mejor 7 .

II. LAS CLAVES DE LA EVANGELIZACI脫N EN LA ERA DIGITAL

La Evangelizaci贸n de la era digital debe ir dirigida a todo el hombre, sin prescindir de la Evangelizaci贸n de la inteligencia, pero sin quedarse solamente en ella. Hay que llegar al hombre y la mujer que viven en y de Internet, y hay que llegar a ellos tambi茅n a trav茅s de la Red, proponi茅ndoles desde la verdadera salvaci贸n, la 煤nica salvaci贸n de Cristo.

1. Evangelizar desde Internet

鈥淧roclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina鈥� 8 . Estas palabras de Pablo nos siguen recordando que 鈥渆l deber de dar testimonio de la muerte y la resurrecci贸n de Jes煤s y de su presencia salv铆fica en nuestras vidas, es tan real y apremiante como el de los primeros disc铆pulos. Hemos de comunicar la buena noticia a todos aqu茅llos que quieran escuchar. Es indispensable la proclamaci贸n personal y directa, en la que una persona comparte con otra su fe en el Resucitado. Igualmente lo son otras formas tradicionales de sembrar la Palabra de Dios. No obstante, al mismo tiempo debe realizarse hoy una proclamaci贸n en y a trav茅s de los medios de comunicaci贸n social. 鈥楲a Iglesia se sentir铆a culpable ante el Se帽or si no utilizara estos poderosos medios鈥� 9 鈥� 10 . Y uno de estos medios es Internet.

Si verdaderamente la Iglesia tiene conciencia de lo que el Se帽or quiere que sea, surge de ella una singular plenitud y una necesidad de efusi贸n, con la clara advertencia de una misi贸n que la trasciende y de un anuncio que debe difundir. Es el deber de la Evangelizaci贸n. Es el mandato misionero. Es el ministerio apost贸lico. No es suficiente una actitud fielmente conservadora. Ciertamente tendremos que guardar el tesoro de la verdad y de gracia legado a nosotros en herencia por la tradici贸n cristiana; m谩s a煤n, tendremos que defenderlo: 鈥淕uarda el dep贸sito鈥� 11 , amonesta san Pablo. Pero ni la custodia, ni la defensa encierran todo el quehacer de la Iglesia respecto a los dones que posee. El deber cong茅nito al patrimonio recibido de Cristo es la difusi贸n, es el ofrecimiento, es el anuncio: 鈥淚d, pues, y ense帽ad a todas las gentes鈥� 12 , es el supremo mandato de Cristo a sus Ap贸stoles. Estos, con el nombre mismo de Ap贸stoles, definen su propia e indeclinable misi贸n. A este impulso interior de amor que tiende a hacerse don exterior es a lo que S.S. el Papa Pablo VI llamaba 鈥渄i谩logo鈥� 13 . Todo cat贸lico, desde su testimonio personal, desde su vida, es tambi茅n responsable de esta misi贸n de la Iglesia. Tambi茅n cuando se asoma al cibermundo debe sentirse comprometido a dar lo que ha recibido, a ir y ense帽ar a todas las gentes. As铆, Internet, se convierte para 茅l en un are贸pago desde el cual proclamar el nombre de Cristo.

Evangelizar es abrir las riquezas de la Revelaci贸n a los hombres, es anunciar la inescrutable riqueza de Cristo, y esclarecer c贸mo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios 14 . No se puede evangelizar cuando se traiciona la verdad del mensaje. Por ello, 鈥渓a solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuaci贸n o disminuci贸n de la verdad. Nuestro di谩logo no puede ser una debilidad respecto al compromiso con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acci贸n que deben definir nuestra profesi贸n cristiana. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la Palabra de Dios que queremos predicar. S贸lo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente ap贸stol. Y s贸lo el que vive con plenitud la vocaci贸n cristiana puede estar inmunizado del contagio de los errores con los que se pone en contacto鈥� 15 .

Evangelizar es colmar el coraz贸n del ser humano que busca a Dios hasta encontrar en 脡l su plenitud de vida y de felicidad. Todo hombre, toda mujer, lleva en su ser ese anhelo de Dios; su inteligencia, su voluntad, su libertad, su conciencia moral, sus ricos sentimientos e incluso sus pasiones 16 , hablan de la necesidad de buscar un Absoluto que llene su vida; algo o, mejor, Alguien que est谩 fuera y dentro de 茅l, que es al mismo tiempo Superior Summo meo et Interior Intimo meo 17 . El hombre d茅bil est谩 hecho para Alguien que parece esperarle y escucharle desde dentro y desde arriba.

San Agust铆n se preguntaba: 鈥溌緾贸mo es, Se帽or, que yo te busco?鈥�, y 茅l mismo encontraba la respuesta: 鈥淧orque al buscarte a Ti, Dios m铆o, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti鈥� 18 . La vida del hombre est谩 en Aquel de quien vive su alma. 鈥淣os has hecho para ti y nuestro coraz贸n est谩 inquieto mientras no descansa en ti鈥� 19 . Con la Evangelizaci贸n, la Iglesia sale a colmar la m谩s profunda necesidad del ser humano, a entregarle lo que m谩s ans铆a. Por eso, hoy es un imperativo com煤nmente aceptado el ponerle coraz贸n a nuestra fe, el hacer que las convicciones de la fe bajen de la cabeza al coraz贸n y llenen todas las facetas del ser humano.

La Iglesia, sin miedo ni falsas humildades, tambi茅n a trav茅s de Internet, debe presentarse ante los nuevos modelos culturales como la gran alternativa para el futuro del hombre y el punto de referencia para una renovaci贸n fundamental de la sociedad. S贸lo ella est谩 en condiciones de responder a 鈥渓os enigmas rec贸nditos de la condici贸n humana que, ayer como hoy, conmueven 铆ntimamente su coraz贸n: 驴Qu茅 es el hombre? 驴Cu谩l es el sentido y el fin de nuestra vida? 驴Qu茅 es el bien y qu茅 es el pecado? 驴Cu谩l es el origen y el fin del dolor? 驴Cu谩l es el camino para conseguir la verdadera felicidad? 驴Qu茅 es la muerte, el juicio y cu谩l la retribuci贸n despu茅s de la muerte? 驴Cu谩l es, finalmente, aquel 煤ltimo e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos?鈥� 20 . Ni la ciencia 21 , ni la exaltaci贸n de los sentimientos, pueden dar soluci贸n a los grandes interrogantes que envuelven la vida de los seres humanos.

鈥淚nternet puede ofrecer magn铆ficas oportunidades para la Evangelizaci贸n si se usa con competencia y con una clara conciencia de sus fuerzas y sus debilidades. Sobre todo, al proporcionar informaci贸n y suscitar inter茅s, hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los j贸venes, que se dirigen cada vez m谩s al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo. Por esta raz贸n, es importante que las comunidades cristianas piensen en medios muy pr谩cticos de ayudar a los que se ponen en contacto por primera vez a trav茅s de Internet, para pasar del mundo virtual del ciberespacio al mundo real de la comunidad cristiana鈥� 22 .

2. El encuentro personal con Cristo, clave de toda aut茅ntica Evangelizaci贸n

A la hora de plantear la Evangelizaci贸n en Internet, no hay que perder de vista que la fe cat贸lica y la pertenencia a la Iglesia es algo m谩s que una cultura o que una historia; es una relaci贸n con el Salvador, el 煤nico Salvador del hombre. Esta es la clave: el cristianismo no es s贸lo una tradici贸n cultural, ni s贸lo una doctrina, ni siquiera se reduce a una filosof铆a de vida. No, el cristianismo es un encuentro vital y personal con Cristo, en la Iglesia y a trav茅s de la Iglesia. Ser cristiano es ser disc铆pulo de Cristo, nuestro Maestro y 煤nico Salvador. Por eso, el primer paso de la Evangelizaci贸n es llevar al conocimiento de Cristo.

La fe es creer en algo, pero es sobre todo creer en Alguien, y creer por la autoridad de Dios que no puede enga帽arse ni enga帽arnos. Creer implica un movimiento del alma que acepta a Cristo como la Revelaci贸n de Dios. Pero a Cristo no llegamos directamente, por eso necesitamos intermediarios fieles. La Evangelizaci贸n es siempre obra de hombres, de evangelizados que dan lo que ellos, a su vez, han recibido, teniendo en cuenta la misteriosa frase de Jes煤s: Mi doctrina no es m铆a, sino del que me ha enviado 23 , o puesto en boca de san Pablo: Yo he recibido del Se帽or lo que os he transmitido 24 . El Evangelizador, por tanto, es un testigo fiel, un transmisor de Alguien en quien cree profundamente, de Alguien a quien ama con todo su coraz贸n, con toda su alma y con toda su mente 25 .

Evangelizar es guiar al encuentro personal con Cristo, a adquirir la convicci贸n profunda de que 鈥渓a vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me am贸 y se entreg贸 a s铆 mismo por m铆鈥� 26 . Esta es la clave de b贸veda de toda Evangelizaci贸n: abrir la puerta de la fe para que Cristo, el Redentor, entre en nuestras vidas: Ianua nostra est fides. Per istam ianuam Christus ingreditur: 鈥渘uestra puerta es la fe. Por esta puerta entra Cristo鈥� 27 . Internet es un medio en el que, con un n煤mero indefinido de personas se pueden dar los primeros pasos de una Evangelizaci贸n presentando a Cristo para abrir la puerta de la fe.

3. La vida de Iglesia on line

Hay una verdad indiscutible: la Iglesia est谩 muy presente en Internet 28 . En el supermercado de religiones que nos propone la Red, hay muchos portales cat贸licos ricos de informaci贸n y doctrina cat贸lica. Ciertamente, el aspecto sacramental de la Iglesia est谩 fuera de Internet, y es muy dif铆cil llevar a Internet algunos aspectos de la vida de la Iglesia, pero 鈥渁unque la realidad virtual del ciberespacio no puede sustituir a la comunidad real e interpersonal o a la realidad encarnada de los sacramentos y la liturgia, o la proclamaci贸n inmediata y directa del Evangelio, puede complementarlas, atraer a la gente hacia una experiencia m谩s plena de la vida de fe y enriquecer la vida religiosa de los usuarios, a la vez que les brinda sus experiencias religiosas鈥� 29 .

鈥淟a realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucarist铆a, ni la realidad sacramental de los otros sacramentos, ni tampoco el culto compartido en una comunidad humana de carne y hueso. No existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ah铆 por la gracia de Dios son insuficientes si est谩n separadas de la interacci贸n del mundo real con otras personas de fe. Este es otro aspecto de Internet que requiere estudio y reflexi贸n. Al mismo tiempo, la programaci贸n pastoral deber铆a considerar c贸mo llevar a las personas desde el ciberespacio hasta una aut茅ntica comunidad y c贸mo podr铆a luego usarse Internet, mediante la ense帽anza y la catequesis, para apoyarlos y enriquecerlos en su compromiso cristiano鈥� 30 .

Jesucristo ha querido actuar a trav茅s de mediaciones humanas 31 , ha querido llegar a todos los hombres de todos los continentes y de todos los tiempos, a trav茅s de su Iglesia. 鈥淛es煤s, enviando a sus ap贸stoles, les ha confiado no s贸lo el ministerio de la Palabra de Dios y de los sacramentos, sino tambi茅n el de la autoridad de regir la Iglesia en su nombre, autoridad que ha prometido y conferido en particular a un ap贸stol, Sim贸n Pedro, confi谩ndole as铆 la responsabilidad pastoral suprema de toda la Iglesia; resulta por ello que Cristo ha instituido verdaderamente una sola Iglesia como comunidad formal y espec铆ficamente visible, es decir, individuable en la historia como su Iglesia gracias a ciertas estructuras e instituciones visibles鈥� 32 . El comportamiento de los Ap贸stoles y de la primitiva Iglesia nos confirman esta realidad 33 .

La Iglesia tiene su origen en la Encarnaci贸n del Verbo que, asumiendo nuestra naturaleza, quiso salvarnos con ella y ense帽arnos desde ella. La Iglesia contin煤a esa Encarnaci贸n de Cristo en el tiempo y en el espacio, es su Cuerpo M铆stico. La Iglesia es una instituci贸n y esa instituci贸n significa que la Iglesia es una creaci贸n de Cristo, instituida por 脡l. La Iglesia es a la vez un don y una estructura o, mejor dicho, un don que posee una estructura.

鈥淟a Iglesia es el lugar donde los hombres, encontrando a Jes煤s, pueden descubrir el amor del Padre鈥� 34 . La Iglesia es la que recibe al hijo pr贸digo. Cristo vive en la Iglesia. Cada uno de los hijos que vive en la Iglesia, vive en la fe del Hijo de Dios que le am贸 y se entreg贸 a s铆 mismo por 茅l 35 .

Parece que actualmente la impresi贸n m谩s difundida es que la Iglesia en vez de atraer hacia s铆 a las personas que buscan respuestas para sus interrogantes, las aleja. Pero los que nos sentimos Iglesia, los que estamos en ella de coraz贸n, sabemos que nos toca a nosotros dar respuesta a esas preguntas, pues nosotros somos la Iglesia. Los que vivimos la Iglesia desde dentro sabemos que somos piedras vivas y percibimos que dentro de esa instituci贸n, muchas veces muy humana, a veces excesivamente humana, corre el r铆o de la gracia, del amor, de la caridad y de la infinita misericordia de Dios. Los de fuera, que no son los no bautizados, sino los que no hacen suya la Iglesia, los que no se sienten parte comprometida, los que hablan de ellos y nosotros (la jerarqu铆a y nosotros) tristemente no ven ese torrente. Piensan en una instituci贸n llena de imposiciones, legalista. Se asoman a la casa del Padre desde la puerta del jard铆n sin atreverse a entrar en ella, y no comprenden; sobre todo no comprenden que no se trata de comprender, sino de amar, de entrega, de donaci贸n, como la donaci贸n de Cristo 36 . No captan que esas leyes de la casa son camino de libertad, de una libertad que debe ir guiada por el amor. 驴Y la Iglesia, o sea nosotros, qu茅 hace? La Iglesia tiene que abrirles sus puertas y mostrarles el amor del Padre que vive en ella. Y eso lo puede hacer, lo debe hacer, tambi茅n a trav茅s de Internet.

4. Una nueva forma de inculturaci贸n 37

Evangelizar al hombre implica tambi茅n evangelizar su cultura, esa manera peculiar en que los hombres, en un determinado tiempo y lugar, cultivan su relaci贸n con la naturaleza, consigo mismos y con Dios, a fin de alcanzar un nivel verdadera y plenamente humano. La iglesia respeta la diversidad de culturas para enriquecerlas m谩s. Evangelizar no es faltarle al respeto a una cultura sino testimoniarle un respeto mayor llam谩ndola en nombre de Cristo al pleno desarrollo. Evangelizar las culturas es proponer modelos de sociedad inspirados en la Revelaci贸n, transformar desde dentro la sociedad, los criterios de juicio y los valores determinantes, hasta elevarlos a un nivel m谩s acorde con la dignidad del ser humano. Pero el Evangelio no es una cultura m谩s. Anunciar el Evangelio en su integridad es para la Iglesia una cuesti贸n de fidelidad a Dios y un servicio al hombre. La Buena Nueva cristiana brinda su alma a las culturas de todos los pueblos. La inculturaci贸n de la fe y la Evangelizaci贸n de las culturas avanzan al mismo paso, que es el del progreso en la fe, sin alterar sus contenidos. Lo propio del progreso es el crecimiento de una misma realidad en su identidad propia y no el cambio de esta realidad en otra diferente. En el centro de esta identidad est谩 la fe en Cristo vivo recogida por la Tradici贸n de la Iglesia.

Ahora bien, 驴se puede hablar de una verdadera inculturaci贸n del Evangelio en Internet? 驴de qu茅 modo puede realizarse esta inculturaci贸n?

En la Red desemboca una infinidad de culturas o, mejor dicho, Internet se convierte en un escaparate de culturas o en una especie de meta-cultura universal en la que todas las culturas pueden expresarse. Gracias a Internet, 鈥渓as culturas menos difundidas ya no se encuentran aisladas, se benefician de un aumento de contactos, pero sufren tambi茅n por las presiones ejercitadas por una fuerte tendencia a la uniformidad鈥� 38 .

La inculturaci贸n, si se orienta a proclamar eficazmente la Buena Nueva en la Red, debe tener en cuenta que 鈥淒ios, en efecto, al revelarse a su pueblo hasta la plena manifestaci贸n de s铆 mismo en el Hijo encarnado, habl贸 seg煤n los tipos de cultura propios de cada 茅poca. De igual manera, la Iglesia, al vivir durante el transcurso de la historia en variedad de circunstancias, ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el mensaje de Cristo en su predicaci贸n a todas las gentes...鈥� 39 . Esta es la clave que nos ofrece el Concilio: se trata de emplear los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el mensaje de Cristo. Por tanto, una verdadera inculturaci贸n de la Buena Nueva, debe superar la tentaci贸n de adaptar el Evangelio a la cultura actual destilando la religi贸n cat贸lica a trav茅s de un alambique que elimine los elementos dogm谩ticos para dejar pasar 煤nicamente unos vagos valores que puedan ser compartidos por todos.

La Iglesia tiene el deber de aprender los nuevos protocolos comunicativos y los nuevos lenguajes telem谩ticos para poder continuar su di谩logo con la humanidad. S贸lo as铆 podr谩 establecer un verdadero di谩logo con el hombre de hoy en un medio como Internet que es esencialmente interactivo. Hay que 鈥�... integrar el mensaje mismo en esta nueva cultura creada por la comunicaci贸n moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas t茅cnicas, nuevas actitudes sicol贸gicas鈥� 40 .

Partimos de una convicci贸n y es que el Evangelio puede enriquecer profundamente a esta nueva cultura. En este ambiente virtual de Internet 鈥渟e hace necesario un anuncio del Evangelio m谩s incisivo, testimonial, encarnado -capaz de penetrar en las honduras de la mentalidad, de los valores condivididos- para regenerar el ethos de la gente y contribuir a la realizaci贸n de un futuro m谩s digno de la persona, que sea mayormente respetuoso de lo humano 41 .

La uni贸n de los Ap贸stoles en el Cen谩culo, unidos en torno a Mar铆a Sant铆sima, Reina de los Ap贸stoles, nos presenta cu谩l debe ser la preparaci贸n de la Iglesia para la Evangelizaci贸n. El Colegio Apost贸lico perseveraba en la oraci贸n junto a Mar铆a, la Madre del Se帽or 42 . En aquel ambiente de uni贸n y caridad lleg贸 el Esp铆ritu Santo para poner en marcha la primera Evangelizaci贸n. Era necesario ese clima de amor, de entendimiento, de oraci贸n, de obediencia, para poder acoger el Esp铆ritu y lanzarse a la misi贸n encomendada a la Iglesia. Sin ese h谩bitat espiritual de amor, se malogra la acci贸n del Esp铆ritu Santo. 鈥淓l esp铆ritu de independencia, de cr铆tica, de rebeli贸n, no est谩 de acuerdo con la caridad animadora de la solidaridad, de la concordia, de la paz en la Iglesia, y transforma f谩cilmente el di谩logo en discusi贸n, en altercado, en disidencia: desagradable fen贸meno -aunque por desgracia siempre a punto de producirse- contra el cual la voz del Ap贸stol Pablo nos amonesta: Que no haya entre vosotros divisiones 43 鈥� 44 . Sin ese esp铆ritu de obediencia sol铆cita en el amor, no se habr铆a producido la respuesta generosa de los ap贸stoles a la acci贸n del Esp铆ritu. Pentecost茅s pone en marcha el milagro de unos hombres lanzados sin temores y por encima de sus propias capacidades humanas a la extensi贸n del Evangelio y la predisposici贸n de unas culturas y lenguas finitas abiertas a la plenitud del amor. Tambi茅n hoy, el Esp铆ritu Santo pone en marcha a su Iglesia lanz谩ndola por encima de sus posibilidades humanas y predisponiendo un 谩mbito cultural en el que los hombres pueden abrirse al Amor verdadero, al Amor que salva. Muchas gracias.

BIBLIOGRAF脥A

- Juan Pablo II, Internet: un nuevo foro para la proclamaci贸n del Evangelio, Mensaje con ocasi贸n de la Jornada de las Comunicaciones sociales, 24 de enero de 2002.

- Juan Pablo II, Proclamar desde los terrados: el Evangelio en la era de la comunicaci贸n global, Mensaje con ocasi贸n de la Jornada de las Comunicaciones sociales, 24 de enero de 2001.

- Consejo Pontificio Para Las Comunicaciones Sociales, La Iglesia e Internet.

- Vincenzo Comodo - Gian Franco Poli, Cliccate e vi sar脿 aperto, spunti per la misione della chiesa en Internet, Effat脿 Editrice, Cantalupa (TO) 2002.

- Cecilia Gatto Trocchi, Nomadi spirituali, Mondadori, Milano 1998.


1

Cfr Tonino Cantelmi, Lisa Giardina, La mente virtuale, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 2002, p 9.

2

Juan Pablo II, Proclamar desde los terrados: el Evangelio en la era de la comunicaci贸n global, Mensaje con ocasi贸n de la Jornada de las Comunicaciones sociales 2001, 3.

3

C. Fiore, Religione tra storia e attualit脿, LDC, Leumann (TO) 1999, p 150.

4

Cfr 2 Tim 1,12.

5

Cfr F. Champion, La n茅bulose mystico-exoterique. Une d茅composition du religieux entre humanisme r茅visit茅, magique, psycologique, Presses Universitaires, Lyon 1994.

6

Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, La Iglesia e Internet, 9.

7

A lo largo de la historia de la filosof铆a, hay tres grandes l铆neas para comprender la libertad humana que parten, a su vez, de tres definiciones distintas de libertad:
- "Es libre quien se gu铆a s贸lo por la raz贸n" (Baruch Spinoza, 脡tica demostrada seg煤n el orden geom茅trico, parte IV, proposici贸n 62). En otros pasajes de esta misma obra, la concepci贸n de la libertad de Baruch Spinoza se hace determinista, se reduce a simple ignorancia de las causas (por ejemplo, en la parte II, proposici贸n 35).
- "Un hombre libre es quien en las cosas que por su fuerza o ingenio puede hacer, no se ve estorbado en realizar su voluntad" (Thomas Hobbes, Leviat谩n, II, 21).
- "El poder, radicado en la raz贸n y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar as铆 por s铆 mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de s铆 mismo" (Catecismo de la Iglesia Cat贸lica 1731).

8

2 Tim 4,2.

9

Pablo VI, Exhortaci贸n apost贸lica Evangelii nuntiandi, 45.

10

Juan Pablo II, Anunciar a Cristo en los medios de comunicaci贸n al alba del Tercer Milenio, Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2000.

11

1 Tim 6,20.

12

Mt 28,19.

13

Cfr Pablo VI, Ecclesiam suam 16: 鈥淣osotros daremos a este impulso interior de caridad que tiende a hacerse don exterior de caridad el nombre, hoy ya com煤n, de di谩logo鈥�.

14

Cfr Rom 16,25; Ef 3,9; Col 1,26.

15

Pablo VI, Ecclesiam suam 21.

16

Sobre este tema es muy interesante releer con esa clave los n煤meros 1716 al 1845 del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica.

17

鈥淪uperior a lo m谩s alto que hay en m铆 y m谩s interno que lo m谩s profundo de mi intimidad鈥� (San Agust铆n, Confesiones, 3, 6,11).

18

鈥淨uomodo ergo Te quaero, Domine? Cum enim Te, Deum meum, quaero, vitam beatam quaero. Quaeram Te, ut vivat anima mea. Vivit enim corpus meum de anima mea et vivit anima mea de Te鈥� (San Agust铆n, Confesiones, 10, 20, 29).

19

San Agust铆n, Confesiones 1,1,1.

20

Concilio Vaticano II, Nostra Aetate, 1.

21

Cfr Juan Pablo II, Discurso a un grupo de 鈥減remios Nobel鈥�, 22 de diciembre de 1980.

22

Juan Pablo II, Internet: un nuevo foro para la proclamaci贸n del Evangelio, Mensaje con ocasi贸n de la Jornada de las Comunicaciones sociales 2002, 3.

23

Jn 7,16. Este es un tema preferido por el cuarto Evangelio. As铆 se ve, por ejemplo, en: Jn 3,34; 8,28; 12,49s; 14,24; 17,8.14.

24

1 Cor 11,23: la palabra transmitir, empleada aqu铆 por San Pablo, ha sido repetida a menudo en la Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi para describir la acci贸n evangelizadora de la Iglesia; se pueden ver, por ejemplo, los n煤meros: 4, 15, 78, 79.

25

Cfr Mt 22,37; Mc 12,30; Lc 10,27.

26

G谩l 2,20.

27

San Ambrosio, In Ps 118,12,14.

28

Baste ver, por ejemplo: I. Domanin - S. Porro, Il Web sia con voi, Mondadori, Milano 2001, y G. Girardet, .cristianesimo 1.0, Editori Riuniti, Roma 2000, que, aunque se refieren sobre todo a Italia, recogen amplios cat谩logos de p谩ginas cat贸licas en Internet.

29

Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, La Iglesia e Internet, 5.

30

Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, La Iglesia e Internet, 9.

31

Cfr Mt 18,18; Jn 20,23; Mt 28,18-20.

32

Andr茅 L茅onard, Le ragioni del credere, Jaca Book, Milano 1994, p. 144. Para una reflexi贸n sobre el origen cristol贸gico de la Iglesia, ver las p谩ginas 139 a 146.

33

Cfr Mt 16,18-19; Mc 16,15-16; Jn 21,15-17; Hch 2,38; 2,42; 4,34-35; 6,1-6; 15,1-35; 1 Cor 5,3-5; 11,33-34; 14,27-40; 2 Cor 2,9; 13,10.

34

Juan Pablo II, exhortaci贸n apost贸lica postsinodal Ecclesia in America 10. Adem谩s, en el n煤mero 11 de esta misma exhortaci贸n, se designa a Mar铆a como medio para llegar a Jes煤s y en el n煤mero 12 se habla de tres lugares de encuentro con Cristo: la Sagrada Escritura le铆da a la luz de la Tradici贸n, de los Padres y del Magisterio, profundizada en la meditaci贸n y la oraci贸n, La Sagrada Liturgia y las personas, especialmente los pobres, con los que Cristo se identifica.

35

Cfr Gal 2,20.

36

Cfr Jn 13,34; 15,12.

37

鈥淟a inculturaci贸n es un concepto que sirve para describir los cambios culturales consecuentes a la penetraci贸n del Evangelio en un ambiente humano. La inculturaci贸n es af铆n a la aculturaci贸n, t茅rmino usado por los antrop贸logos de finales del siglo pasado para designar los cambios culturales que se verifican cuando dos grupos humanos viven en estrecho contacto. El encuentro de las dos culturas provoca generalmente m煤ltiples cambios, por ejemplo en la lengua, en las usanzas, en las creencias, en los comportamientos. Los cat贸licos comenzaron a enseguida a usar el concepto de aculturaci贸n para estudiar las relaciones entre el cristianismo y la cultura. Hoy el t茅rmino inculturaci贸n se prefiere y es m谩s frecuente. Tiene la ventaja de subrayar que el encuentro del Evangelio con una cultura no se reduce simplemente a la relaci贸n entre dos culturas (aculturaci贸n). Se trata espec铆ficamente de la interacci贸n entre el mensaje de Cristo y una determinada cultura鈥� (Cfr H. Carrier, Inculturazione del vangelo, en R. Latourelle - R. Fisichella, Dizionario di Teologia Fundamentale, Citadella, Assisi (PG) 1990, pp 587-588.

38

Verso un approccio pastorale alla cultura, n 33, en Pontificio Consiglio delle Comunicazioni Sociali, Etica nelle Comunicazioni Sociali, n 16.

39

Concilio Ecum茅nico Vaticano II, Constituci贸n pastoral Gaudium et spes, n.58.

40

Juan Pablo II, Carta enc铆clica Redemptoris missio, n. 37c.

41

A. Staglian貌, Anche dai tetti urge predicare il Dio di Ges霉 Cristo, en Ufficio Nazionale per le Comunicazioni Sociali, 鈥淧redicatelo dai tetti鈥�, p 42.

42

Cfr Hch 1,14.

43

1 Cor 1,10.

44

Pablo VI, Carta enc铆clica Ecclesiam suam 31.
Consultas

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