Horacio Bojorge, S.J., La casa sobre roca

CUARTA PARTE

TESTIMONIOS

1. ANSIAR NOVIO. EL DESEO DE SER QUERIDA

Su causa, su verdadera naturaleza y su remedio

Querido Padre,

Acabo de leer apenas una peque帽a parte de una de las fichas de 鈥淧reparaci贸n al matrimonio鈥. Como estoy en el trabajo, no puedo leer con demasiada holgura, me pareci贸 muy hermoso su forma de redactarlo, de escribir y de explicar esto de la 鈥渁mistad matrimonial鈥 o del noviazgo, me ayud贸 mucho a entender y a entenderme, muchas veces me ha pasado esto del amor concupiscente, hoy mismo le ped铆a a Jes煤s sacramentado en mi visita diaria antes del trabajo, que me ordenara interiormente, estaba sintiendo mucha soledad y bueno, de ah铆 las consecuencias, un desorden total de mis pasiones. Aunque no he llegado a pecar concretamente, pero me trajo mucha desolaci贸n y tristeza. Quiero aclararle que no estoy de novia, pero era eso lo que interiormente estaba reclamando y anhelando. Un 鈥淎migo鈥 capaz de contenerme, de amarme hasta el extremo, yo estar铆a dispuesta a hacer lo mismo, pero me es muy dif铆cil encontrar a alguien as铆. C贸mo no he le铆do el resto de las fichas, no s茅 si comenta por alg煤n lado esta dificultad de 鈥渆ncontrarse鈥 y del tiempo de 鈥渆spera鈥 creo que fue eso lo que me desorden贸 en estos d铆as, el haberme cansado de esperar, y el tiempo no llega, ahora me siento m谩s serena interiormente, despu茅s de orar en el Sant铆simo, vuelvo al cauce, hacia mi Dios.

隆Que dif铆cil es! Bueno mi querido Padre, cierro los ojos, inclino mi cabeza y espero su bendici贸n, un abrazo en el Esp铆ritu.

Pierina.

Mi querida hija Pierina:

Tu testimonio es hermoso y sincero. Expresa la universalidad del alma de la mujer joven, herida por el pecado de su madre Eva. Expresa la herida que debe ser sanada y solamente la vuelta al Padre puede sanar. Esa sanaci贸n la hace libre para encontrarse con el var贸n sin compulsiones, sin af谩n de conquista o de posesi贸n afectiva, sin ansias de apoderamiento por la vehemente concupiscencia de ser amada.

Esa manera de encontrarse con el var贸n, redimida, de hija libre, es tambi茅n sanadora para 茅l. El var贸n huye del af谩n posesivo que experimenta o intuye en la mujer. Un af谩n que a veces se manifiesta en celos vehementes, nacidos del temor de perder el amor que una tanto busc贸, y que ve que otras est谩n buscando. Y nacidos tambi茅n de caer en la cuenta de que 茅l tambi茅n mira a otras, para cuyos encantos no es insensible. De ah铆 que si antes de encontrar al novio se ha sufrido la soledad, despu茅s de encontrado sobrevenga un tormento peor: el miedo de perderlo; de ser abandonada.

Si el alma de la hija no encuentra consuelo en la compa帽铆a del Padre, lo buscar谩 en las creaturas. Pero cuando encuentra el consuelo de las creaturas, experimente que junto con el consuelo del encuentro viene, en el mismo paquete, el p谩nico de perder lo encontrado.

Por eso, no encontrar el verdadero consuelo en Dios y andar mendig谩ndolo de las creaturas, eso, eso mismo es una herida producida por el pecado original en el alma de la mujer. Esa incapacidad de encontrar el consuelo en el amor a Dios, es la acedia, la incapacidad de gozarse con el bien divino, de sentirse acompa帽ada por el T煤 divino y poder decirle con verdad: "T煤 eres mi bien" (Salmo 15, 2). Es la ceguera de la Magdalena en el Huerto, de la que debe ser sanada por la palabra de Jes煤s Resucitado. Por eso, no te canses de visitar a Jes煤s sacramentado. Y a煤n en medio de tu desolaci贸n no te canses de preguntarle d贸nde han puesto a tu Se帽or.

El alma herida de la hija de Eva tiende, por eso, sin darse cuenta, a endiosar al var贸n, reclamando de 茅l lo que Dios solamente puede darle.

Porque tambi茅n en el matrimonio se pasa soledad, ya que el otro nunca puede sanar el hambre del alma. Un hambre que la acedia agudiza y no sana, pero que impulsa a querer saciar ceb谩ndose en las creaturas. Pero as铆, ella se convierte en mujer devoradora del que la ama y de los que ama. 驴Se convierte? No, en realidad es eso lo que ya es por la herida del pecado. Si es sanada de esa herida por la gracia, entonces es convertida en la mujer oblativa, a la cual Dios puede confiarle a los que 茅l ama, en calidad de esposo, de hijos, pero antes: de padre, madre, hermanos y hermanos, cu帽adas y cu帽adas...

La sanaci贸n, el ser convertida, no es otra cosa que la misma divina regeneraci贸n. Es el ser reengendrada como hija de Dios que puede descansar en su condici贸n de creatura, libre de p谩nicos, sin necesidad de atentar el ejercicio ilegal de la divinidad ni la usurpaci贸n de la divina Providencia, sin necesidad de planearse ella misma su destino. Porque lo planear谩 huyendo de sus fantasmas interiores y no de cara al Padre, recibi茅ndose a s铆 misma como un don de su amor. No es por carecer de novio, sino por no poder estar as铆 ante el Padre que el alma de la mujer se siente sola y triste, como dice el salmo 42: 驴Por qu茅 est谩s triste alma m铆a?

Te agradezco mucho tu testimonio, y pido al Padre que te haga Upa, para que no andes como ni帽ita perdida... es muy peligroso... se pega a cualquier desconocido que le d茅 un caramelo; se la lleva o la rapta cualquiera.

Estoy leyendo un libro que se llama "Mujeres que aman demasiado" y ha instalado el tema de las mujeres sedientas de amor que no saben esperar un hombre y que salen a conquistar uno, al que quieren convertir en enamorado a toda costa, a煤n cuando 茅l no lo es ni jam谩s llegar谩 a serlo. En realidad, no son mujeres que aman demasiado, sino mujeres que desean demasiado ser amadas. Ellas se meten en la m谩quina de picar carne de su propio deseo de merecer el amor del que no la ama. Se autoconvencen de que lo conquistar谩n a fuerza de complacerlo. Y 隆oh inconsecuencia! si aparece en el horizonte uno no esperado, llega como por el 谩ngulo del ojo, les cuesta verlo, y aunque realmente viene atado de pies y manos, no saben qu茅 hacer con 茅l. No sienten hacia 茅l nada de lo que est谩n sintiendo hacia la presa que tienen en la mira: "no siento nada por 茅l dicen", cuando en realidad deber铆an caer en la cuenta de que "no sienten lo mismo que por sus presas". Y dejan pasar al que las ama, porque no saben recibir el amor, sino que est谩n empe帽adas en conquistarlo.

Creo que la liberaci贸n del coraz贸n femenino para encontrarse, con aqu茅l que el Padre les destina - o mejor dicho, para darse por encontradas y descubiertas por 茅l -, est谩 en renunciar a 鈥榗azar鈥 uno, e incluso en el aceptar la posibilidad de que la voluntad del Padre no sea para ella el que se case y sea madre. En esa renuncia del propio querer en las manos del Padre, est谩 la libertad, la sanaci贸n, la regeneraci贸n que la hace hija, obediente, renunciante a su propio querer para que 鈥渟e haga en m铆 seg煤n tu palabra鈥. De la obediencia filial que acepta la muerte saca el Padre para realizar sus designios con su hija.

驴Pero qu茅 pasa cuando la hija de Eva persiste en su prop贸sito de buscar remedio a su soledad en un var贸n, aunque sea aqu茅l que verdaderamente la ama? Pasa que, aunque el var贸n ame verdaderamente a una mujer, como 茅l mismo est谩 herido por el pecado original, en el mismo lugar y momento que deber铆a darse el encuentro m谩s profundo, se produce una frustraci贸n del encuentro. No una frustraci贸n culpable sino no querida, inevitable, en la que precisamente consiste la herida del pecado original que debe ser sanada.

Como 茅l y ella han sido heridos de diversa manera se produce un malentendido y un desencuentro. Esto produce una dolorosa frustraci贸n de las expectativas. Y si no est谩n avisados, se inclinan a culpar al otro de lo que es una herida inculpable en el otro.

Cuando no a atribuir a culpa del otro lo que es en realidad un efecto de la herida propia. Ella lo culpa a 茅l de su involuntaria regresi贸n a lo instintivo con eclipse de la capacidad relacional. 脡l la culpa a ella de una posesividad afectiva a la que no sabe responder.

En vez de culparse, los hijos de Dios deben compadecerse el uno al otro comprendiendo cu谩l es la herida del otro. Cada uno debe renunciar a la forma propia de posesividad: ella a la posesividad afectiva y 茅l a la posesividad instintiva, f铆sica. Digo renunciar, pero no es del todo justo decirlo, porque no es algo del todo voluntario, sino en gran parte pena, involuntaria, no querida, del pecado original. S贸lo que como es pena ignorada, se toma como un dato de hecho de la naturaleza. Se considera natural, lo que es en realidad una herida en la naturaleza y como normal, lo que es una situaci贸n de naturaleza ca铆da.

As铆 que para que se d茅 el encuentro, debe darse en el matrimonio la renuncia bautismal, que es renuncia a s铆 mismo para darse al otro a la manera como el otro lo necesita y con la esperanza de que sea sanado de esa necesidad herida. Por eso el matrimonio es sacramento de sanaci贸n y ejercicio oblativo, ejercicio de don misericordioso de s铆 mismo por amor al otro y por compasi贸n con su herida, al mismo tiempo que esa misericordia nace del conocimiento de la propia herida, de la misericordia consigo mismo y del prop贸sito de renunciar a todo lo que impida ser sanado por el Esp铆ritu Santo filial.

驴Te sirve hija?

Tu padre en Cristo

2. DESCUBR脥 Y RECONOC脥 A MI MUJER

El creyente fil贸sofo argentino Alberto Caturelli relata en su libro autobiogr谩fico 鈥淟a Historia Interior鈥 1 el primer encuentro con su esposa Celia, o el descubrimiento de la que ser铆a su esposa, y c贸mo considera, iluminado por su fe, ese encuentro, el reconocimiento y la mutua elecci贸n matrimonial, como una obra de la Providencia divina, en donde convergen las libertades humanas y la de Dios, sin que la voluntad divina fuerce a las voluntades humanas.

驴Est谩n los esposos predestinados el uno al otro? 驴Una predestinaci贸n del uno al otro no anular铆a las libertades? La elecci贸n matrimonial es resultado de un consentimiento mutuo de dos libertades. Pero la libertad humana 鈥 y esto es un misterio 鈥 no escapa a la Providencia divina. 驴C贸mo puede intervenir la voluntad divina, en su Providencia universal, en este acuerdo de dos libertades sin disminuirlas? Cuando los dos est谩n en gracia, sus libertades est谩n de acuerdo entre s铆 y con la divina. El Dr. Alberto Caturelli nos narra el hecho as铆:

鈥淒ice Santo Tom谩s que la Providencia llega hasta donde llega el acto creador. Y el acto creador dona el acto mismo de existir. Por tanto, mi propio existir es providencial, como lo es el acto de ser de mi pr贸jimo y de todo ente. S铆. Esto ense帽a la filosof铆a, aunque siempre permanezca el enigma del sentido de mis actos libres, de mis encuentros personales, de los secretos, secret铆simos actos de nuestra vida interior.

S铆. Esto ense帽a la filosof铆a. Pero si vivimos la vida de la gracia, a inconmensurable distancia de la mera naturaleza, entonces nuestra vida es asumida, en su mismo ser e instante por instante por el misterio del amor de Cristo. Mi vocaci贸n, mis encuentros, personales, mis pruebas m谩s dolorosas, mis alegr铆as m谩s profundas, constituyen el encuentro misterioso de la libertad y la gracia. Si en el plano natural nada escapa a la Providencia, en el sobrenatural nada se evade del misterio; en este caso, del misterio de la Encarnaci贸n que nos hace re-nacer con el ser nuevo donado por el Bautismo. En ese instante misterioso, m谩s interior que la misma interioridad del alma cristiana, el Se帽or del castillo 2 me hizo descubrir y re-conocer, en mayo de 1948, a quien ser铆a, conmigo 鈥榰na sola carne鈥, en el estado nuevo del matrimonio. Encontr茅 a Celia, mi mujer, egresada como yo de Filosof铆a, en la biblioteca de la Facultad donde hac铆a poco hab铆a comenzado a trabajar. Despu茅s de una larga conversaci贸n que mantuvimos, me desped铆, baj茅 por el ascensor, sal铆 a la calle y, caminando lentamente, sent铆 una especie de estupor, mientras me dec铆a a m铆 mismo: he conocido a mi mujer. Se trat贸 de una suerte de intuici贸n llena de un temor expectante e inexplicable y de una certeza: yo no la merec铆a y sigo sin merecerla despu茅s de cincuenta a帽os.

Limpia como un cristal, equilibrada como balanza de precisi贸n, serena en los momentos dif铆ciles, inteligente y racionalmente l贸gica; es como lo opuesto de su marido que guarda la argumentaci贸n racional y la reflexi贸n persistente... para la soledad contemplativa, la clase o los libros que escribe, pero lleno de impulsos irracionales, 鈥榗orazonadas鈥 y actos absurdos movidos por la pasi贸n. Ella pone el equilibrio, calma el torbellino y encauza el fuego encendido. Coraz贸n recto y amante hasta el fondo, sin perder el equilibrio; su afecto es efectivo y su efectividad es afectuosa. Ampl铆sima cultura, voluntad tenaz, franqueza total y, por eso, expuesta a ciertos peligros; hay en m铆 un ineludible doble fondo, una suerte de proto-conciencia que jam谩s sale a la superficie y queda guardada bajo llave; Celia es toda claridad, sin doble fondo, testimonio de una sabidur铆a humana sin fisuras. 驴Qu茅 har铆a yo sin ella? 驴Qu茅 har铆a yo con este subterr谩neo r铆o incandescente de mis pasiones?

Cuando nos conocimos, era yo un joven de apenas veintid贸s a帽os. Los dos no dese谩bamos otra cosa que un matrimonio fiel. As铆 como Cristo es fiel a su Esposa con fidelidad perfecta, quer铆amos ser uno del otro con fidelidad participada. Quer铆amos amarnos, quer铆amos aprender a amarnos (aprendizaje que todav铆a no ha concluido ni concluir谩 jam谩s) y edificar una familia 鈥榗on todo鈥 cuyo mismo centro fuera el amor de Cristo.

Medit茅 largamente el libro del Padre Raoul Plus, el amor cristiano, cuyos m谩rgenes llen茅 con mis notas de letras microsc贸picas. Cuando nuestros hijos 鈥 esos ocho misterios 鈥 se hicieron grandes, leyeron aquel libro y se lo pasaron entre ellos. En este momento, ya no s茅 qui茅n lo tiene. [...]

Precisamente en esos a帽os 鈥 el noviazgo dur贸 tres 鈥 y pensando en la estrecha uni贸n y distinci贸n que debe haber entre la raz贸n y la fe, entre la vida y la inteligencia y el orden sobrenatural que admiraba y admiro en Santo Domingo de Guzm谩n y Santo Tom谩s de Aquino, ingresamos en la Tercera Orden dominicana. [...]

Nos dedicamos a prepararnos para el nuevo estado. Nos casamos el 27 de diciembre de 1951, en la Iglesia del Colegio de los Padres Escolapios, donde yo era profesor. Aunque entonces no se estilaba, nos casamos por la ma帽ana con Misa y Comuni贸n. Era y es la conmemoraci贸n de San Juan Evangelista. Esa tarde, el fraile dominico que hab铆a bendecido nuestro matrimonio, bendijo nuestro hogar. Hab铆amos comenzado nuestro propio camino.

Todav铆a no he salido de mi sorpresa de mayo de 1948 y, hoy, no ceso de rogar a Dios que, m谩s all谩 de esta vida, nos una para siempre en la morada que nos tiene preparada desde antes de la creaci贸n del mundo.

3. UN NOVIAZGO CASTO

Es fuente de fortaleza y fidelidad en las cruces del matrimonio

Querido Padre:

Pensando en esta historia que me ha pedido que relate como testimonio, y mientras estaba en oraci贸n, el Se帽or me regal贸 una luz en el entendimiento para comprender que mi fuerza en la espera, el no haber bajado los brazos ante tantas dificultades en el matrimonio que parec铆an iban a ser eternas por irremediables, esa fuerza la hab铆a modelado desde mi noviazgo, en el amor puro y casto de novios, que no fue f谩cil mantenerlo hasta llegar al altar

Un d铆a milagroso, con asombro, al despertar, me encontr茅 en los brazos de mi esposo, mi cabeza sobre su pecho y sus manos grandotas y firmes acariciaban mis cabellos. Gestos comunes en el matrimonio, pero desde hacia a帽os ya no lo eran m谩s en el m铆o. Un largo silencio, de varios a帽os hab铆a terminado haci茅ndose indiferencia, en un largo proceso de dolor y resentimiento.

Una enfermedad (diabetes) y una adicci贸n (alcohol) dejaron su secuela en 茅l: impotencia, no tratada, ni charlada. Su pena se hizo barrera que anul贸 el di谩logo; el mismo lecho, el mismo hogar, los mismos esposos, pero todo trastocado, y fuimos dos sobrevivientes, compartiendo el desapacible acto diario de la convivencia.

Cerr茅 mi boca y mi coraz贸n con la llave del orgullo, aparente sosiego que escond铆a hast铆o.

Por todo lo que hab铆a sufrido desde mi infancia, sab铆a que pod铆a enfrentar el desierto de la incomprensi贸n nuevamente en mi matrimonio. Pero esta vez no suceder铆a lo mismo...

Jes煤s Sacramentado me llam贸, o铆 su voz y corr铆 a su lado, misa y comuni贸n diaria, frecuentes visitas al sagrario, me dieron fortaleza y amor hecho servicio, el silencio, la oraci贸n, mis l谩grimas, esperanza, beb铆 de la fuente de la FE, acept茅 mi presente, am茅 mi realidad: 鈥淨ue yo quiera TU querer, Se帽or鈥 repet铆a mi coraz贸n. Experiment茅 la fortaleza en el per铆odo de abstinencia sexual, fruto de un noviazgo puro

Mi asombro de hoy es porque nada pido, nada reclamo, nada exijo, todo lo espero de mi Se帽or. Ahora tengo a mi lado un hombre recuperado y enamorado que me susurr贸 muy quedo: 隆nada me reprochaste! Le respond铆: - 隆sent铆 m谩s dolor por vos, que por m铆!鈥

Sobraba el decirlo con palabras. Se lo hab铆a venido diciendo con mi actitud. Ahora estamos descubriendo que, como en las bodas de Can谩, el mejor vino llega despu茅s. Feliz el matrimonio que llegado el tiempo del vino a帽ejo, saben degustarlo con placer.

隆Caridad embriagadora que te entregas en gozo y canto, con sabor a eternidad!

Amalia

4. POR AMOR A MI NOVIA

Har茅 un pacto con mis ojos de no mirar a otras y eso me har谩 bien

Padre,

Quer铆a consultarle, sobre un tema sobre el cual me falta 鈥揺stoy seguro- claridad en los fundamentos, y claridad al querer explicarle algo sobre este tema a quien sea y en particular a mi novia.

Y es, b谩sicamente, que hemos estado hablando con ella sobre el pudor en el vestir en las mujeres, y ha salido el tema de por qu茅 el hombre est谩 m谩s inclinado a buscar la sensualidad que la mujer. Ella no lo termina de entender, y creo que en gran medida debe ser por mi defectuosa exposici贸n del asunto. Igualmente influye mucho que ella tiene un gran problema con los celos (sobre lo cual le pedir铆a que me orientara alguna vez, sobre c贸mo mejorar yo, para no darle ning煤n motivo para tenerlos, y sobre c贸mo ayudarla a ella a que tenga los celos normales y ordenados de cualquier mujer) y que hace que le cueste entender m谩s este tema por ejemplo de que c贸mo puede ser que un hombre -a煤n uno casado- le pueda pasar de que se cruce su mirada con una mujer, y sin entregarle el coraz贸n ni nada que se le parezca, apreciar la belleza que pueda tener.

Carlos

Querido Carlos

Si bien los celos de la mujer son en parte consecuencia del pecado original, de una posesividad afectiva desordenada por el pecado original, hay que considerar en ellos dos cosas: la primera, la ocasi贸n que le dan al var贸n de sacrificar algo por amor a la novia primero y a la esposa despu茅s; la segunda, el valor sanador que tiene ese sacrificio hecho por amor a una mujer, para el var贸n que la ama.

Porque, en primer lugar, si bien puede no haber nada malo en muchas miradas del var贸n a las dem谩s mujeres, y si bien le ser铆a l铆cito mirarlas cuando no es con una mirada concupiscente, lujuriosa y culpable, el amor sabe renunciar a sus derechos. Y si el var贸n ve que mortifica a la mujer que ama cuando 茅l mira a otras, por amor a la mujer que ama se pondr谩 una venda en los ojos para no ver ni mirar a otras, y menos cuando ella est谩 presente. Y no porque pueda ser o no permitido mirarlas, sino primero por no mortificar a la mujer que ama y segundo por complacerla. Por no mortificarla con temores de que la abandone por otra, y por complacerla d谩ndole seguridad acerca de su amor que se expresa en sacrificar por ella a煤n cosas l铆citas. Estas razones del coraz贸n de la mujer no las entiende a veces la raz贸n del var贸n. Bienaventurado el que llega a comprenderlas.

Podr谩n ser celos enfermizos, exagerados, podr谩 ser una debilidad y un defecto del car谩cter de la novia. Eso no entra en la consideraci贸n evang茅lica. San Pablo ense帽a que aunque uno tenga derecho de comer carne inmolada a los 铆dolos, ya que los 铆dolos no son nada y los cristianos firmes en su fe no peligran comi茅ndola, con todo, por consideraci贸n a los d茅biles de la comunidad, que se escandalizar铆an, deben renunciar, por caridad con los hermanos, a una comida que da帽ar铆a espiritualmente a sus hermanos. Y no hay proporci贸n entre el beneficio material o ps铆quico propio que ese alimento proporciona, con el perjuicio espiritual que ocasiona a otros.

As铆 tambi茅n, aunque un var贸n fuera ya casto y no peligrara mirando otras mujeres, (lo cual no es el caso de la mayor铆a de los j贸venes como t煤) por atenci贸n a la debilidad de su novia, por no mortificarla, por no dar motivo de enojo o de tristeza, p贸ngase una venda en los ojos. H谩gase ciego por amor. Condescienda con el deseo de la novia. H谩gase cargo de que el coraz贸n de ella est谩 estremecido por el terror de perderlo. Comprenda que los celos son una forma del p谩nico. Y no quiera asustar a la que ya est谩 aterrorizada.

Y, en segundo lugar, de aqu铆 resulta una consecuencia beneficiosa para el var贸n herido por el pecado, y cuya mirada a las dem谩s mujeres muy frecuentemente, si no es pecado, es ocasi贸n de pecado y a veces ocasi贸n pr贸xima, que deber铆a evitar aunque no lo celara ninguna novia o esposa, por el solo bien de su alma. 隆Qu茅 bueno que lo que deber铆a hacer por amor a s铆 mismo, lo pueda hacer ahora por amor a la novia o a la esposa! Renunciar a la mirada peligrosa sobre otras mujeres. Como dice el justo Job: 鈥淗ice un pacto con mis ojos de no fijarme en doncellas鈥 (Job 31,1).

Si es bueno para el var贸n hacer este pacto con sus ojos, para no exponerse al riesgo de la impureza del coraz贸n, si es bueno hacerlo para no desagradar al Padre que nos disuade de la mirada lujuriosa 驴no es bueno hacer del pacto con los ojos, un pacto con la mujer amada? 驴No est谩 tu novia reclam谩ndote algo que te conviene y que si haces por amor a ella la pacificar谩 san谩ndole el sobresalto cr贸nico de su coraz贸n de mujer? Es decir 驴no est谩n los celos de tu novia, si los tomas en consideraci贸n por amor a ella, pidi茅ndote algo que redundar谩 en tu bien? 驴No se convierte ella en el 谩ngel tutelar de tu naturaleza de var贸n herida por el pecado original en la concupiscencia de la lujuria es decir en la mirada indiferenciada del macho sobre todas las hembras? 驴No te reclama ella la exclusiva de tu mirada por derecho de amistad, que es rescatarte del imperio del instinto? 驴No es bienhechora la exigencia de ella y no te levanta hacia la virtud de la castidad?

Tu padre en Cristo

En su momento le respond铆 a Carlos por carta, creo que ahora este libro contiene una respuesta mucho m谩s fundamentada y extensa a su pregunta. Tanto para que entienda la naturaleza de los celos de su novia, como para que ella, y tambi茅n 茅l, entiendan lo que les pasa a ambos con las dem谩s mujeres. Los celos de ella y las miradas de 茅l, ambas cosas son heridas de la naturaleza como consecuencia del pecado original. Pero de la herida saca remedio la gracia. Y as铆, los celos de ella, atendidos con amor por 茅l, se convierten en remedio para la lujuria de 茅l y para la posesividad y los terrores del alma de ella. Pues no puede darle el var贸n a ella prueba m谩s clara y fehaciente de su amor, que hacer pacto con sus ojos, y con los de su novia, de no mirar otras mujeres. Si ella ya no le basta con esto, entonces los celos pueden ser patol贸gicos. Pero enferma o no, ella necesita la certeza de una amistad fiel.

5. NO AFLOJES

Dale que pod茅s todav铆a no resististe hasta la sangre

Estimado Padre en Cristo:

隆Hola! 驴C贸mo est谩? Espero que est茅 muy bien f铆sica y espiritualmente. Le escribo, porque tengo una duda, quer铆a preguntarle si me pod铆a ayudar. Como se acordar谩, yo estoy de novio con mi novia hace poco m谩s de un a帽o. Usted ya sabe cu谩l es el problema y no se lo tengo que volver a plantear aqu铆. Sinceramente el tema cada vez se vuelve m谩s insoportable por muchas cosas, y nos est谩 costando mucho hacerle frente a煤n cuando sabemos que tiene sus ventajas, y a煤n cuando (a pesar de que nos cueste actuar en consecuencia) sabemos que Cristo bendice a sus mejores amigos particip谩ndolos de los dolores de su Pasi贸n.

Hasta el momento, creo que hab铆a sido yo m谩s fuerte que ella en soportar el problema, siempre en forma optimista, tratando de dar 谩nimos, y me atrever铆a a decir que tratando de demostrar externamente una fuerza que nos diera 谩nimo a los dos a seguir el camino que hab铆amos empezado. No s茅 si habr茅 cometido un error en haber hecho eso hasta ahora, porque en definitiva, no s茅 si la desaz贸n que me viene ahora es producto de esa misma seguridad que trat茅 de tener hasta ahora. Es como que se muestra que en realidad no soy tan fuerte como yo cre铆a.

Ayer, mientras hablaba con mi novia, le cont茅 lo que me estaba pasando, que me hac铆a sentir muy mal. Con un cansancio tremendo por el problema. Con una gran impotencia por no poder resolverlo. No le dije nada de lo que le cuento a usted de que yo pienso que hasta ahora hab铆a tenido un optimismo exterior que me daba fuerzas, pero que estaba medio bajoneado en ese sentido, no s茅 por qu茅. No s茅 si habr茅 cometido un error al contarle lo que me pasaba. Ella se puso mal, porque ella ya se hab铆a sentido as铆, pero hasta ahora se hab铆a apoyado en mis fuerzas para salir del trance de esos bajones en que uno se plantea. Como le digo, se puso mal, y no s茅 bien qu茅 pensar谩, y m谩s que eso, no s茅 si ser谩 ella la del error, por ponerse mal por eso.

Francisco

Querido Francisco

Tu noviazgo no tiene por qu茅 ser como el de otros novios que no tiene ese problema que tanto les molesta. Hay quienes se han casado despu茅s de haberlo tenido que padecer pacientemente ellos tambi茅n. El noviazgo tuyo es el que el Se帽or te dio. Y tienes que vivirlo como te lo dio.

Los dones de Dios implican muchas veces cruces. Ese problema de ustedes no tiene por qu茅 matar necesariamente la amistad de los novios, sino que la puede consolidar. Pero sobre todo puede ser, porque es cruz, motivo para que ambos crezcan juntos en la amistad con Dios, que es la caridad.

Yo no voy a entrar en esa dificultad. Pertenece a la virtud de la fortaleza el sobrellevarla.

Me quiero referir a la experiencia que has hecho y de la que debes sacar ense帽anza. Entre el Francisco fuerte que sosten铆a a su novia con la raz贸n, y el Francisco que se hizo d茅bil por empezar a o铆r la voz de los sentimientos, me quedo con el primero. Porque el amor es un acto de la voluntad regida por la raz贸n. Y eso le pertenece sobre todo al var贸n. La mujer puede ceder a sus sentimientos con m谩s facilidad, porque los tiene menos heridos por el pecado original. En el var贸n, donde el pecado original separ贸 con un hachazo la sexualidad y el amor a la mujer, tanto la pasi贸n, como la antesala de los sentimientos deben ser dominados por la raz贸n iluminada por la fe.

Creo que la experiencia te muestra y es important铆simo que recojas la lecci贸n, que fue malo ceder al asalto de los sentimientos. Yo le llamar铆a una cierta regresi贸n infantil. Cuanto m谩s cedas a eso, como sucede con la desolaci贸n, seg煤n ense帽a San Ignacio de Loyola, tanto m谩s gritar谩n y exigir谩n los sentimientos. Cuanto m谩s los domines con la raz贸n y la fe, tanto m谩s se someter谩n. El ni帽o que hay en ti querr谩 tirarse al suelo y decir 鈥榥o puedo m谩s鈥. Es el hombre el que debe levantarse y decir 鈥榩uedo eso y m谩s鈥. El peligro de la regresi贸n a lo infantil, la tentaci贸n, est谩 en convertir a la esposa en mam谩. En ir a buscar consuelo en la mujer. Parece tan l贸gico y tan natural, pero ya ves qu茅 peligroso es. Cu谩nto la ha da帽ado ver tu debilidad y c贸mo se ha desmoronado ella, en vez de lograr sostenerte. Es que debes crecer en fortaleza, precisamente por amor a ella, para protegerla a ella, en vez de acudir a buscar refugio en ella.

No te culpes de haber ignorado eso ni de haber cedido a lo que no advert铆as que es una regresi贸n emocional a la debilidad infantil. Podr铆as culparte si no sacas experiencia de lo sucedido y vuelves a repetir el error, tan da帽oso para tu novia. El hombre debe aprender a sufrir 茅l y no echar su peso sobre las espaldas de la esposa. As铆 va dejando de ser ni帽o ante la mujer y se convierte en caballero. As铆 va aprendiendo a morir.

En vez de desmoronarte ante esa dificultad, debes convertirla en un acicate para que no te venza, sino para poner lo que est谩 de tu parte con redoblado empe帽o y gallard铆a.

Esto es en esencia lo que tengo para decirte.

Mientras te cre铆ste fuerte, pudiste. No es que estuvieras equivocado en pensar que eras fuerte. Te equivocaste cuando empezaste a pensar que no lo eras. Te has equivocado, en ceder a la debilidad y pensar que ya no puedes resistir m谩s. 隆Dale que pod茅s! Como dice la Carta a los Hebreos: todav铆a no has resistido hasta la sangre (Hebreos 12,4).

Salud, Paz y Bendici贸n

6. UNA CASA SOBRE ARENA. LA OSCURIDAD DEL PECADO

Usada y abusada

Ten铆a entre trece y catorce a帽os cuando me enamor茅 por primera vez. No sab铆a qu茅 era ese sentimiento, pero lo viv铆 intensamente. Quer铆a estar todo el d铆a con 茅l. 脡l en cambio no. S贸lo ven铆a a mi encuentro como escondi茅ndose, cuando estaba sola o pocas personas en la cercan铆a. En ese entonces me gustaba much铆simo bailar. Bailaba en una comparsa del campo que hab铆a organizado mis familiares. O en alg煤n cumplea帽os de quince al que me dejaban ir. 脡l solamente bailaba conmigo de acuerdo a quienes estaban presentes. Empec茅 a sentirme mal. Pensaba que 茅l me despreciaba. Me sent铆a humillada, aunque por ese entonces no ten铆a claridad con mis sentimientos y no sab铆a nombrar lo que me pasaba. Solamente me sent铆a mal.

脡l pon铆a las condiciones para nuestros encuentros a solas y a oscuras. As铆 sucedi贸 que el d铆a en que cumpl铆a mis quince a帽os tuve relaciones con 茅l. Yo no sab铆a qu茅 era eso. Solamente me dej茅 llevar, me entregu茅. Y de pronto me encontr茅 toda ensangrentada, como toda rota. Me empec茅 a dar cuenta entonces de que todo hab铆a terminado antes de comenzar.

No ten铆a a nadie a quien confiarle lo que hab铆a vivido. Lo 煤nico que hac铆a era pensar en 茅l y ver la manera de encontrarme con 茅l, sin analizar nada. Era demasiado ignorante, demasiado incapaz de razonar nada. Sent铆a adem谩s que ya era demasiado tarde para empezar a razonar. Y no me animaba a hablar ni siquiera con 茅l de lo que yo sent铆a y de lo mal que estaba. As铆 seguimos vi茅ndonos a escondidas. Hasta que mis padres se enteraron. Pero se limitaban a decirme 鈥榩ortate bien鈥 cada vez que me iba al campo, a la casa de mis familiares, en esa zona en que viv铆a 茅l. Yo no sab铆a c贸mo alcanzar ese 鈥榖ien鈥. Me sent铆a sucia, usada y despreciada, todo a la vez. Pero no sab铆a c贸mo salir.

Segu铆 encontr谩ndome con 茅l s贸lo para seguir siendo usada. Esto lo digo hoy, pero en ese momento, yo no me daba cuenta. No entend铆a por qu茅 mi madre, a veces, no quer铆a dejarme ir al campo, que era para m铆 la ocasi贸n de nuestros encuentros. Empec茅 a enojarme con ella. Porque el dolor, la soledad de la oscuridad del pecado, el vivirlo a escondidas empezaba a asfixiarme. Comenc茅 a desmayarme en clase en la Escuela Secundaria, en la plaza, en los bailes. Sobre todo cuando lo ve铆a a 茅l bailar con otra. Ahora comprendo que yo ocupaba un segundo plano en su vida: 鈥榮贸lo uso y tiro鈥. Pero entonces yo pensaba que pod铆a que 茅l era tan m铆o como yo suya, y que pod铆a atarlo a m铆. Y no comprend铆a c贸mo se comportaba as铆.

Mis padres empezaron a preocuparse. Me llevaron de un m茅dico a otro. Pero mi angustia no se iba y mi rabia contra mi madre era cada vez mayor. Ella solamente buscaba por todos los medios que me sintiera mejor, pero yo entonces no lo entend铆a. Yo viv铆a mirando lo bien que se sent铆an mis compa帽eras de la escuela y mis primas. Y me llenaba de envidia hacia ellas. Empec茅 a rechazar mi propio cuerpo. Me encontraba fea, gorda. Comenc茅 a tomar vinagre de alcohol y a vomitar despu茅s. Me volv铆 bul铆mica sin saber lo que era eso. Por supuesto que no se lo contaba a nadie. Hasta que un d铆a mi madre me descubri贸. Recuerdo que se enoj贸 y que lloraba, porque en esa 茅poca escaseaba la comida en casa.

Yo no quer铆a entonces a mis hermanos. Sent铆a envidia de mi hermana mayor, que estaba de novia con el que hoy es su esposo. Siempre la ve铆a sonriente y acompa帽ada por 茅l en todas partes. Se los ve铆a felices de estar juntos.

Yo segu铆a sumida en mi oscuridad y esperaba que sucediese un milagro que cambiase mi vida y me descargara de esa carga de culpa. Yo entonces de religi贸n no sab铆a nada. Si bien hab铆a ido a un Colegio de Hermanas, s贸lo recordaba del Colegio cuando me dec铆a que les pidiera a mis padres que pagaran la cuota o las veces en que no pod铆a participar en alguna actividad porque mis padres no pod铆an comprarme lo necesario. Con todo yo intent茅 estudiar cada d铆a m谩s con la ilusi贸n de darle a mi familia todo lo que nos hab铆a faltado. Pensando que lo material nos iba a cambiar la vida; que, como por arte de magia o como en un mercado, iba a poder comprar el perd贸n y la sanaci贸n que tanto necesito.

Ese hombre 鈥 te tengo todav铆a tanto amor y rabia al mismo tiempo 鈥 se fue a otro lugar.

Yo segu铆 buscando afecto en cuanto hombre se cruzaba en mi camino. Siempre con el mismo resultado. S贸lo me usaban y luego me dejaban. Hasta incluso con el que hoy es mi pareja, el padre de mis hijos, con el que parec铆a que todo iba a ser diferente. Pero no. El d铆a que le dije que estaba embarazada de 茅l, me dijo que ni pensara que 茅l se iba a casar conmigo y se fue y desapareci贸. Iban pasando los d铆as y un d铆a vuelve y quiere que vaya al m茅dico y le pida que me haga un aborto. Y yo fui no m谩s. Solamente que me encontr茅 en el m茅dico y en su esposa a Jes煤s. Me dijo: 鈥樎i lo digas! 隆no sab茅s lo que me est谩s pidiendo!鈥. Cuando sal铆 del consultorio 茅l se enoj贸 much铆simo y quer铆a llevarme a otro lado. Pero yo ya no lo permit铆.

Vuelvo a mi casa y al otro d铆a le digo a m铆 padre: 鈥榚stoy embarazada y fulano no quiere casarse鈥 隆como si fuera si hubiera sido una decisi贸n que 茅l hubiera tenido que tomar por l贸gica! Pasaban los d铆as y la angustia crec铆a. Para estos d铆as ya todos sab铆an y algunos me miraban con l谩stima y otros se daban vuelta para re铆rse o me miraban de forma burlesca y humillante.

Un d铆a, inesperadamente, aparece, en el lugar en que yo trabajaba, mi primer amor, a decirme que no me case y que 茅l me ayudar铆a a cuidar a mi hijo o hija. Yo no escuch茅 lo que me dijo porque cre铆a que era una burla y me sent铆 todav铆a m谩s denigrada por 茅l. 脡l se fue dici茅ndome que no me casara ni buscara casarme con el padre de mi hijo 鈥 con el que eran conocidos 鈥 porque 茅l no me quer铆a.

隆Qu茅 casualidad! A los pocos minutos de irse 茅l, aparecen los padres del padre de mi hijo, que hoy es mi esposo, a decirme que iban a hablar con su hijo para que se casara conmigo. Y as铆 fue. Yo acept茅 a煤n sabiendo que 茅l no me quer铆a para sacarle un poco la verg眉enza a mis padres. Aunque me retumbaban en la cabeza las palabras de mi madre: 鈥楨se chico no es para vos. Es de una familia que tiene otros intereses, otras costumbres鈥. Ellos estaban econ贸micamente bien. Y as铆 fue que armaron una fiesta, en la que a veces me parece que no hubiera estado nunca. Lo 煤nico que recuerdo es que le ped铆 a Dios que me convirtiera en la persona que el padre de mi hijo necesitaba a su lado para ser feliz. Hace hoy veintitr茅s a帽os de esto y creo que nunca lo fue. S贸lo se fue acostumbrando a tener en m铆 una persona a su lado que lo sirviera y viviera en funci贸n de todo lo que 茅l quiere. Y digo esto porque lo he visto con otras mujeres. He atendido llamadas telef贸nicas de algunas de ellas. Algunas me han llamado para burlarse de m铆, para lastimarme. Un d铆a, en que volv铆 a casa despu茅s de haber salido para el trabajo, a buscar algo que me hab铆a olvidado, saqu茅 a una de debajo de nuestro lecho conyugal. Horas, d铆as, semanas sola. Sin saber si volvi贸 o no. Cada vez que intentaba hablar con 茅l, termin谩bamos en una discusi贸n y despu茅s pas谩bamos d铆as sin hablarnos.

Tengo un segundo hijo. El mayor tiene veintitr茅s a帽os y el segundo diecis茅is. Cuando est谩n juntos los escucho todo el d铆a insultarse con expresiones groseras, desearse la muerte. Son bautizados y tomaron la primera comuni贸n y la nena la Confirmaci贸n. Pero hecho todo como un tr谩mite, porque no se vive en la gracia del amor de Dios.

Estuve internada en m谩s de una oportunidad, porque ya no quiero vivir en esta angustia, soledad y dolor. Es verdad que Dios siempre se encarg贸 de mandarme a alguien en el momento justo. Pero no lo dejo que 脡l act煤e en m铆. Siempre quiero hacer mi voluntad, como si yo supiera qu茅 es lo mejor para m铆.

Vivir en la oscuridad. Sentir que siempre hiciste mal todo. Y no permitir que 脡l act煤e. Es vivir sin saber para qu茅. Es estar muerta en vida. Y quisiera poder trasmitir lo que siento en estos momentos en que, por primera vez en mi vida, no puedo creerlo, parece que me siento blanda, suave, liviana, sin el peso del pasado aplast谩ndome.

Gracias Padre, por haberme recibido, a pedido de la amiga que desde hace veintitr茅s a帽os se preocupa de que yo pueda liberarme de tanto peso y de tanto dolor, que no me permiti贸 nunca disfrutar de todo lo hermoso que tiene la vida. Porque siempre me sent铆a culpable de que me sucediera algo bueno a m铆, que no me lo merec铆a por estar en pecado siempre.

Y a prop贸sito de esto, le cuento que hace tres a帽os, despu茅s de veinte a帽os, volvi贸 el hombre que fue mi primer amor, del que podr铆a decir que fue aqu茅l con quien viv铆 el pecado que me destruy贸 para siempre y creo que puedo decir que hasta hoy. 隆驴Y sabe que al escucharlo sent铆 una alegr铆a tan grande?! Una alegr铆a que s茅 que ya no puedo manifestarla porque ya es tarde y construir algo con 茅l es algo imposible para m铆 humanamente hablando. Y sin embargo, nos encontramos y me volv铆 a entregar. Me parece que fue como un momento de locura por desesperaci贸n. Como una no aceptaci贸n de que estuviera arruinado para siempre lo que yo arruin茅 y el que me arruin贸.

Padre, no s茅 si pude contarle todo. Espero que esto sirva de testimonio y de experiencia para alguna jovencita. Para que no cometa mis mismos errores. Le pido que interceda por m铆 ante el Padre Todopoderoso, al que le digo como dec铆a Usted: 鈥樎adre, eng茅ndrame de nuevo, perd贸name y bend铆ceme!鈥.

Padre, tambi茅n le pido una bendici贸n para mis padres con los que durante mucho tiempo estuve enojada, para mis hermanos. Y en especial para mis dos hijos varones, para su padre y para la amiga que me consigui贸 la entrevista con Usted. Gracias Padre.

Irene, una pecadora que encontr贸 un rayo de luz.

7. P脕NICO

Hemos dicho que el alma de la mujer se inclina a atormentarse por el temor de males posibles o inminentes. La posibilidad se le hace a veces certeza. Un demonio amenazador parece divertirse tratando de atemorizarla con males que ella no puede conjurar. Esos temores pueden alcanzar la intensidad del y convertirse en una dolencia del alma que es necesario medicar, como le sucedi贸 a Raquel, de quien ese el siguiente testimonio.

Padre,

estoy muy atormentada y creo que no puedo m谩s. Tengo miedo de perder la raz贸n, de dejar a mi familia sin m铆, de enfermarme seriamente por luchar tanto en mi mente. De d铆a me asaltan pensamientos de honda preocupaci贸n por mi angustia permanente, pero de noche ya es casi una locura. Comienzo a sudar, taquicardia, mareos, desesperaci贸n ante pensamientos que me asaltan para hacerme creer que voy a enloquecer o morir en medio de esta batalla. Yo trato de orar, rezar, leer y cuando nada da resultado me levanto ,como ahora ,y prendo la computadora para conectarme con hermanos para pedirles ayuda. Me despierto con tanta inquietud que a veces saldr铆a corriendo pues no encuentro nada que me calme. Ahora he tomado un cuarto de un medicamento que me hab铆a recetado el Psiquiatra pues creo que tengo que cuidar mi salud. Me resisto a tomar medicaci贸n. Pero me parece que si no lo hago corro peligro pues mi salud no va a aguantar el mal descanso y la mala alimentaci贸n de este tiempo. No s茅 qu茅 es lo que agrav贸 mi estado pues yo me estaba sintiendo un poco mejor, pero siento que cada vez voy m谩s abajo. A pesar de todo s茅 que mi Dios me va a ayudar, aunque me parezca que no est谩 mirando lo que me pasa. Ruego a 脡l que se apiade y me d茅 la fuerza para

seguir y ganar esta batalla. Ore por m铆 por favor y env铆eme su consejo ante esto. Muchas gracias.

Raquel

8. CELOS

Hola Padre. C贸mo estas? Espero que muy bien. Yo ac谩, un poco mareada con mis sentimientos y pensamientos, tratando de escribir algo que me aclare, y que te sirva a ti, para recolectar opiniones y sentimientos de hombres y mujeres en pareja, como me hab铆as hablado. Si no sale nada bueno de esto, descartalo. Vos podes modificarle y recortarle lo que te parezca, y considera que va escrito como sale y con todos los defectos que tengo y los pesimismos del momento. Que Dios te ayude.

Me sale afirmar que las mujeres precisamos una especie de atenci贸n especial, por parte del marido, como si siempre quisi茅ramos que nos adorara. Cuando mi marido mira a otra mujer con inter茅s o varias veces, se me ponen los pelos de punta, y es como si yo ya empezara a pensar que quiere algo con ella. No me planteo que si yo veo un hombre lindo lo miro, y me gusta, pero sin pensar en tener nada con 茅l. No, pongo intencionalidad en la mirada de mi marido. Y adem谩s, si justo hace unos d铆as que estamos mal, o no me presta mucha atenci贸n, etc., no puedo ser ni un poquito misericordiosa, soy odiosa. Y te estoy diciendo tal y cual lo siento.

Despu茅s que hubo una infidelidad o un intento de la misma, en un matrimonio, se abre un mundo nuevo y desgastante. Esto no es solo experiencia m铆a, sino tambi茅n el caso de otras amigas y familiares. Es como si entonces, yo abriera un radar gigante que capta las miradas y comentarios de mi marido, solo y con amigos. Adem谩s chequeo si los tipos de mujeres que mira son como esa mujer que le interes贸 antes, para saber si se acuerda de ella, o si resulta que ahora le gustan las mujeres de ese tipo, etc. Todas bases diab贸licas para armar un mont贸n de conjeturas en mi mente que me dan amargura. Pero si se lo reprocho a 茅l, en alg煤n momento, con mis conclusiones y todo, resulta que el no entiende nada. Dice que si, que miro a esa mujer, pero no tantas veces como yo digo y que pod铆a ser linda pero el no quiere nada con ella. Adem谩s me agrega que yo mezclo las cosas y que arrastro cosas de otros idas generando as铆 una pelea mucho m谩s grande. Lo primero, se me ocurre pensar que es un cretino y un mentiroso, otras veces, se me ocurre pensar que capaz que tiene raz贸n, que estoy agrandando las cosas y siendo por ende injusta con 茅l.

Me parece Padre, que como dice San Fco. de As铆s, el diablo cuando puede asirte de un hilo, cambia ese hilo en tronco. Porque todo lo agranda.

Estas cosas nos hacen mal cuando las pensamos y tambi茅n cuando las decimos. Pero en algunas de estas peleas Dios permite que se nos ilumine el entendimiento y entonces vemos que estamos generalizando y buscando patrones de comportamiento en nuestros esposos (en realidad son ellos los que nos hacen ver esto, porque mientras nosotras seguimos atando cabos, como si fu茅ramos investigadoras, ellos bajan la pelota al piso, y te hablan de cada hecho en particular).

Me parece que, como una vez tuve raz贸n en algo referente a una infidelidad, ahora me creo siempre con raz贸n en ese tema, y me comporto como jueza y se帽ora. Me lanzo a juzgar sentimientos y creo que puedo "leer pensamientos" y hasta manejar comportamientos, es aberrante. Me parece que todo lo tuerce el diablo y como 1 vez Dios nos dio luz en este aspecto, ahora el diablo te tienta a llevar cosas chicas, sin importancia, por el mismo camino que cuando estuviste en lo cierto, entonces no hay quien te saque de tus cinco. As铆 hartas a tu marido, adem谩s sos soberbia con 茅l, y todo se torna imbancable.

Santa Teresa de 脕vila, me hizo ver esta tentaci贸n bien clarita, y (me doy cuenta ahora) que cuando se presenta de nuevo, solo tengo que tratar de ver si ese pensamiento viene de Dios.

Mira Padre, todo esto te debe parecer una pesadez, sucede que es dif铆cil salir de la rosca. Anoche me imaginaba que toda esa bola de pensamientos sal铆a como disparada de mi coraz贸n y reventaba en el aire, desaparec铆a, le pido eso a Jes煤s, porque mientras esto exista, no hay nada de esa libertad preciosa que a veces vislumbro.

Me parece que el tema de la infidelidad pas贸 a ser obsesivo para m铆, despu茅s que la confianza se rompi贸, y se abre entonces una brecha en la pareja: cada vez se agranda mas la distancia: -las mujeres convencidas de que no se nos da bolilla, buscamos en la belleza, el arreglo de la casa y la adquisici贸n de peque帽os lujos, la satisfacci贸n nuestra, y - los hombres, buscar谩n ver deportes y cosas light en la tele, o conseguir谩n otras mujeres que no los molesten con control y reclamos.

Esta parte la estoy suponiendo porque sinceramente no entiendo qu茅 piensan los hombres. Precisamente la brecha que se abre es esa, la incomprensi贸n mutua, el mito de "quien entiende a las mujeres?" y de "los hombres son todos iguales".

Padre puedo estar exagerando, pero esto es lo que se me ocurre que puede pasar despu茅s de muchos a帽os de un problema que se arrastra y reprocha.

Reley茅ndolo, sacar铆a cosas, (porque hago ver a las mujeres muy manipuladoras, pero es que no siempre somos conscientes de estas cretinadas que hacemos) as铆 que mejor saca t煤 lo que te parezca.

Creo que soy un poco ego铆sta y no resisto la idea de que mi esposo se fije menos en mi por mirar a otras mujeres, o porque a m铆 ya me conoce. Yo quiero que se de cuenta si me arreglo, o que me diga que me quiere aunque no pase nada y no hayamos estado peleando. Si no parece que obligan a las mujeres a estar llamando la atenci贸n con histerismos, porque sino no nos dan bola.

Que andes muy bien, que Dios te bendiga.

Virginia

9. ELLA CONTROLABA TANTAS COSAS

Padre,

Mam谩 tiene hepatitis, y la internaron el jueves. Para que el h铆gado desinflame tiene que estar solo a suero y calmantes, nada por boca. El proceso le dijeron que llevada 10 d铆as, empezando desde ayer. Sufri贸 much铆simo. Ayer y hoy est谩 menos dolorida, pero quiere irse, ya, del sanatorio. Parece que hoy le hacen una endoscop铆a de nuevo, porque esta bastante desinflamada ya, por suerte.

Dios quiera que todo salga bien, y que esto signifique un cambio de vida para todos nosotros, porque Mama es una mujer que se exige mucho y a la que le exigimos mucho, sin querer, pero ahora nos damos cuenta.

Un d铆a de estos, yo estaba muy asustada, le preguntaba a Dios por qu茅 le hac铆a esto, y sent铆a una sensaci贸n fuerte de desamparo. Entonces, se me ocurri贸, que capaz que estos d铆as en el sanatorio eran una forma de cuidarla a ella de nosotros y de ella misma. Un parate, porque no te miento que su vida es una vor谩gine, y ella no quiere parar. No sab铆a que Mama tenia ese desasosiego. Pens茅 muchas cosas estos d铆as, yo no me hab铆a dado cuenta que ella controlaba y manten铆a andando tantas cosas, pero a su vez esta atada a esas cosas con una fuerza y una terquedad que la hacen sublevarse a estar en el sanatorio. Antes yo quer铆a ser como ella, ahora no, la veo atada. A mi me asusta que pueda ser algo malo. Dice mi esposo que deje todo en las manos de Dios, y que tenga fe, que no sirve creer solo en las buenas, tiene mucha raz贸n, tanta como el desasosiego que me ataca a mi de a ratos. Reza por nosotros, yo rezo por tus intenciones. Gracias y saludos.

Ver贸nica

Querida Ver贸nica:

Lo que me escribiste acerca de tu mam谩 y todo lo que ella se echa sobre s铆, es de antolog铆a. Es un retrato perfecto de la bienintencionada usurpaci贸n de la divina providencia y del ingenuo ejercicio ilegal de la divinidad. La tentaci贸n a la que sucumbe la mujer buena es la de querer ser la divina providencia para los que ama.

Encomendemos a tu mam谩. Lo que te dice tu esposo, no te lo dice 茅l, te lo manda decir el Padre por boca suya. Porque no s茅 si es lo que 茅l lograr铆a hacer en una situaci贸n equivalente, porque su fe es debilucha. Dicho con todo respeto por tu esposo. Pero por ser tu esposo y por la gracia de estado que tiene, parece que hace de profeta para ti y te dice cosas que son realmente de Dios y exceden su capacidad como creyente. Pero eso a su vez, puede ayudarlo a crecer en fe, si se da cuenta c贸mo el Se帽or opera en 茅l para tu bien espiritual.

Lo que te dice es cierto. La oraci贸n que conviene es llamar al Angel de la Guarda en tu ayuda, y ponerte delante del Padre, o pedirle Upa Papa, estoy asustada, pero conf铆o en ti y sobre todo acepto todo lo que me mandes, dame la gracia de comprender y aceptar que lo que t煤 haces es lo mejor. "Ni un cabello cae sin su permiso".

Para tu ense帽anza. Ejercitate en ponerte delante de Dios como creatura. Declarar que no sab茅s lo que es bueno o malo, y que 茅l lo sabe mejor que t煤. Y dejar que el Padre conduzca las cosas, y obedecer y aceptar. Eso salva el alma de los enga帽os del Malo.

Bendiciones.


1

Alberto Caturelli La Historia Interior, Ed. Gladius, Buenos Aires, 2004, pp. 55-58

2

El Dr. Alberto Caturelli se refiere a la alegor铆a del castillo que utiliza Santa Teresa para describir el camino del alma hacia la interior uni贸n con Dios. La cursiva de este p谩rrafo es nuestra.

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