Queridos hermanos y hermanas:
Después de haber hablado ampliamente del gran apóstol Pablo, hoy nos referiremos a dos de sus colaboradores más Ãntimos: Timoteo y Tito. A ellos están dirigidas tres cartas tradicionalmente atribuidas a san Pablo, dos de las cuales están destinadas a Timoteo y una a Tito.
Timoteo es nombre griego y significa "que honra a Dios". San Lucas lo menciona seis veces en los Hechos de los Apóstoles; san Pablo en sus cartas lo nombra en 17 ocasiones (además, aparece una vez en la carta a los Hebreos). De ello se deduce que para san Pablo gozaba de gran consideración, aunque san Lucas no nos ha contado todo lo que se refiere a él. En efecto, el Apóstol le encargó misiones importantes y vio en él una especie de alter ego, como lo demuestra el gran elogio que hace de él en la carta a los Filipenses. "A nadie tengo de tan iguales sentimientos (isópsychon) que se preocupe sinceramente de vuestros intereses" (Flp 2, 20).
Timoteo nació en Listra (a unos 200 kilómetros al noroeste de Tarso) de madre judÃa y de padre pagano (cf. Hch 16, 1). El hecho de que su madre hubiera contraÃdo un matrimonio mixto y no hubiera circuncidado a su hijo hace pensar que Timoteo se crió en una familia que no era estrictamente observante, aunque se dice que conocÃa las Escrituras desde su infancia (cf. 2 Tm 3, 15). Se nos ha transmitido el nombre de su madre, Eunice, y el de su abuela, Loida (cf. 2 Tm 1, 5).
Cuando san Pablo pasó por Listra al inicio del segundo viaje misionero, escogió a Timoteo como compañero, pues "los hermanos de Listra e Iconio daban de él un buen testimonio" (Hch 16, 2), pero "lo circuncidó a causa de los judÃos que habÃa por aquellos lugares" (Hch 16, 3). Junto a Pablo y Silas, Timoteo atravesó Asia menor hasta Tróada, desde donde pasó a Macedonia. Sabemos que en Filipos, donde Pablo y Silas fueron acusados de alborotar la ciudad y encarcelados por haberse opuesto a que algunos individuos sin escrúpulos explotaran a una joven como adivina (cf. Hch 16, 16-40), Timoteo quedó libre. Después, cuando Pablo se vio obligado a proseguir hasta Atenas, Timoteo se reunió con él en esa ciudad y desde allà fue enviado a la joven Iglesia de Tesalónica para tener noticias y para confirmarla en la fe (cf. 1 Ts 3, 1-2). Volvió a unirse después al Apóstol en Corinto, dándole buenas noticias sobre los tesalonicenses y colaborando con él en la evangelización de esa ciudad (cf. 2 Co 1, 19).
Volvemos a encontrar a Timoteo en Éfeso durante el tercer viaje misionero de Pablo. Probablemente desde allÃ, el Apóstol escribió a Filemón y a los Filipenses, y en ambas cartas aparece también Timoteo como remitente (cf. Flm 1; Flp 1, 1). Desde Éfeso Pablo lo envió a Macedonia junto con un cierto Erasto (cf. Hch 19, 22) y después también a Corinto con el encargo de llevar una carta, en la que recomendaba a los corintios que le dieran buena acogida (cf. 1 Co 4, 17; 16, 10-11).
También aparece como remitente, junto con san Pablo, de la segunda carta a los Corintios; y cuando desde Corinto san Pablo escribe la carta a los Romanos, transmite saludos de Timoteo y de otros (cf. Rm 16, 21). Desde Corinto, el discÃpulo volvió a viajar a Tróada, en la orilla asiática del mar Egeo, para esperar allà al Apóstol, que se dirigÃa hacia Jerusalén al concluir su tercer viaje misionero (cf. Hch 20, 4).
Desde ese momento, respecto de la biografÃa de Timoteo las fuentes antiguas sólo nos ofrecen una mención en la carta a los Hebreos, donde se lee: "Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido liberado. Si viene pronto, iré con él a veros" (Hb 13, 23).
Para concluir, podemos decir que Timoteo destaca como un pastor de gran importancia. Según la posterior Historia eclesiástica de Eusebio, Timoteo fue el primer obispo de Éfeso (cf. 3, 4). Algunas reliquias suyas se encuentran desde 1239 en Italia, en la catedral de Térmoli, en Molise, procedentes de Constantinopla.
Por lo que se refiere a Tito, cuyo nombre es de origen latino, sabemos que era griego de nacimiento, es decir, pagano (cf. Ga 2, 3). San Pablo lo llevó consigo a Jerusalén con motivo del asà llamado Concilio apostólico, en el que se aceptó solemnemente la predicación del Evangelio a los paganos, sin los condicionamientos de la ley de Moisés.
En la carta que dirige a Tito, el Apóstol lo elogia definiéndolo "verdadero hijo según la fe común" (Tt 1, 4). Cuando Timoteo se fue de Corinto, san Pablo envió a Tito para hacer que esa comunidad rebelde volviera a la obediencia. Tito restableció la paz entre la Iglesia de Corinto y el Apóstol, el cual escribió a esas Iglesia: "El Dios que consuela a los humillados, nos consoló con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que le habÃais proporcionado, comunicándonos vuestra añoranza, vuestro pesar, vuestro celo por mà (...). Y mucho más que por este consuelo, nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espÃritu fue tranquilizado por todos vosotros" (2 Co 7, 6-7. 13).
San Pablo volvió a enviar a Tito —a quien llama "compañero y colaborador" (2 Co 8, 23)— para organizar la conclusión de las colectas en favor de los cristianos de Jerusalén (cf. 2 Co 8, 6). Ulteriores noticias que nos refieren las cartas pastorales lo presentan como obispo de Creta (cf. Tt 1, 5), desde donde, por invitación de san Pablo, se unió al Apóstol en Nicópolis, en Epiro, (cf. Tt 3, 12). Más tarde fue también a Dalmacia (cf. 2 Tm 4, 10). No tenemos más información sobre los viajes sucesivos de Tito ni sobre su muerte.
Para concluir, si consideramos juntamente las figuras de Timoteo y de Tito, nos damos cuenta de algunos datos muy significativos. El más importante es que san Pablo se sirvió de colaboradores para el cumplimiento de sus misiones. Él es, ciertamente, el Apóstol por antonomasia, fundador y pastor de muchas Iglesias. Sin embargo, es evidente que no lo hacÃa todo él solo, sino que se apoyaba en personas de confianza que compartÃan sus esfuerzos y sus responsabilidades.
Conviene destacar, además, la disponibilidad de estos colaboradores. Las fuentes con que contamos sobre Timoteo y Tito subrayan su disponibilidad para asumir las diferentes tareas, que con frecuencia consistÃan en representar a san Pablo incluso en circunstancias difÃciles. Es decir, nos enseñan a servir al Evangelio con generosidad, sabiendo que esto implica también un servicio a la misma Iglesia.
Acojamos, por último, la recomendación que el apóstol san Pablo hace a Tito en la carta que le dirige: "Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme, para que los que creen en Dios traten de sobresalir en la práctica de las buenas obras. Esto es bueno y provechoso para los hombres" (Tt 3, 8). Con nuestro compromiso concreto, debemos y podemos descubrir la verdad de estas palabras, y realizar en este tiempo de Adviento obras buenas para abrir las puertas del mundo a Cristo, nuestro Salvador.
Saludos
Os agradezco vuestra presencia y me alegra dar a cada uno mi cordial bienvenida. Saludo ante todo a los fieles de las diócesis de Calabria, que han venido aquà acompañando a sus obispos con ocasión de la visita "ad limina Apostolorum". Queridos amigos, la Iglesia que vive en Calabria y que está aquà representada en sus componentes vivos —obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos— debe seguir desempeñando un papel fundamental en la sociedad calabresa. Me refiero ante todo a su misión evangelizadora, más urgente que nunca en nuestro tiempo para afrontar los actuales desafÃos culturales, sociales y religiosos.
Por tanto, no os canséis de sacar con valentÃa del Evangelio la luz y la fuerza para promover una auténtica renovación moral, social y económica de vuestra región. Sed testigos gozosos de Cristo e incansables constructores de su reino de justicia y de amor.
Por último, expreso mi sincera gratitud a Calabria por el regalo del árbol de Navidad, árbol grande y hermoso, que precisamente hoy ha sido colocado en la plaza de San Pedro. Lo he visto desde mi ventana.
Saludo también a los numerosos estudiantes aquà presentes. En este tiempo de Adviento, MarÃa nos acompaña hacia el encuentro con Jesús, en el misterio de su Nacimiento. A ella, a quien ayer veneramos con el tÃtulo de Virgen de Guadalupe, patrona del continente americano, os encomiendo a todos vosotros, queridos muchachos. La invitación que dirigió en Caná a los servidores: "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5), os impulse a abrir el corazón a la palabra de Cristo y hacerla fructificar en vuestra vida. Os bendigo a todos con afecto.
Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En especial a la parroquia Santa MarÃa Reina, de Barcelona, a la estudiantina de la Universidad autónoma de Querétaro (México) —muchas gracias por vuestro canto—, asà como a los demás peregrinos de España y Latinoamérica. Siguiendo el ejemplo de aquellos primeros colaboradores de los Apóstoles, os animo a anunciar, con valentÃa y entrega en vuestra vida, a Cristo, el único Salvador de los hombres. Muchas gracias por vuestra visita.
(En italiano)
Saludo, por último, a los enfermos y a los recién casados. A vosotros, queridos enfermos, que en vuestra experiencia de la enfermedad compartÃs con Cristo el peso de la cruz, os deseo que las próximas fiestas navideñas os proporcionen serenidad y consuelo. A vosotros, queridos recién casados, que acabáis de fundar vuestra familia, os invito a crecer cada vez más en el amor que Jesús nos ha dado en su Navidad.
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