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Cardenal Cl谩udio Hummes, Los centros culturales cat贸licos: Una propuesta de comuni贸n frente al individualismo y anonimato urbano
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Los centros culturales cat贸licos: Una propuesta de comuni贸n frente al individualismo y anonimato urbano

La gran ciudad posmoderna de nuestros d铆as, cuyo modelo m谩s representativo es la meg谩polis, no se resume a la suma de sus habitantes, de sus domicilios, de sus barrios, de sus servicios, de su producci贸n, en fin, de las m煤ltiples realidades que la componen. Ella es tambi茅n una colectividad humana, una sociedad, que tiene una especie de 鈥渁lma鈥� unificadora.

De hecho, la ciudad tiene sus proyectos, sus aspiraciones, sus problemas, sus caracter铆sticas culturales propias; fuerzas econ贸micas de producci贸n, de mercado y distribuci贸n propias, organizadas y articuladas, red bancaria/financiera, red comercial; tiene sus medios de comunicaci贸n de masa, muy importantes para informar, formar la opini贸n p煤blica, debatir y formular los asuntos de mayor relevancia de la ciudad y, por lo tanto, ofrecer intercambio de pensamiento y voz a la sociedad. La ciudad tiene su gobierno, su pol铆tica, su sistema de seguridad, sistema de transporte, red escolar, instituciones universitarias/acad茅micas, producci贸n cultural, cient铆fica y tecnol贸gica, servicios de salud con red hospitalar. Cuenta normalmente con gran organizaci贸n de servicios religiosos. Desarrolla servicios sociales dirigidos a los pobres. La ciudad ofrece, tanto a las 茅lites espec铆ficas como a la gran masa popular, ocio y entretenimiento, entre los cuales se destaca hoy en d铆a el deporte. En fin, se presenta como un gran organismo social que comporta una cierta unidad y comuni贸n.

Pero, esta ciudad actual presenta, entre las caracter铆sticas de su sociedad, un fuerte individualismo, fruto del subjetivismo moderno. De hecho, la modernidad se define como antropoc茅ntrica. Prioriza el hombre y lo interpreta como sujeto, esto es, alguien que tiene conciencia de s铆 mismo, responde por s铆 y por sus actos, asume su destino, decide su historia, tiene derechos inalienables, es aut贸nomo. Autonom铆a es, para la modernidad, la caracter铆stica fundamental y definidora del ser humano. Por eso, 茅l es sujeto y no mero objeto. No puede ser esclavizado, dominado, usado o explotado. Nada puede serle impuesto a partir de fuera. Su dignidad consiste en definirse y decidirse a partir de su interioridad y no por coacci贸n o imposici贸n de lo que es exterior a 茅l. 脡l es se帽or de s铆 mismo. El hombre es todo eso, porque es un ser racional y libre. La raz贸n y la libertad, que tornan posible la autonom铆a, ocupan el centro de la comprensi贸n moderna del hombre y definen su subjetividad.

Sabemos que hist贸ricamente la modernidad fue tambi茅n un movimiento contra la tutela de la Iglesia y de la monarqu铆a, por lo tanto, contra la tutela religiosa y la tutela pol铆tica. La Iglesia reten铆a el poder intelectual, con su teolog铆a y filosof铆a, mientras que los monarcas reten铆an el poder pol铆tico. Liberarse de esa tutela era buscar la autonom铆a y la dignidad, era llegar a la edad adulta del hombre. En el 谩rea intelectual, significaba liberarse de la fe religiosa, de sus dogmas, y tener la osad铆a de buscar conocer la realidad - y hacer ciencia - por caminos independientes de los dict谩menes de la religi贸n, canonizando la raz贸n humana como 煤nica luz en la b煤squeda de la verdad. De ah铆, el surgimiento y el progreso extraordinario de las ciencias naturales y matem谩ticas en la era moderna. En consecuencia, ocurrieron tambi茅n conflictos hist贸ricos de la nueva ciencia con la autoridad eclesi谩stica, siendo los m谩s notorios el proceso contra Galileo Galilei y el proceso contra Giordano Bruno. En el campo pol铆tico, se procedi贸 al derribo de las monarqu铆as y la creaci贸n de la democracia, en la cual todo el poder emana del pueblo; de este proceso pol铆tico, la revoluci贸n francesa fue el gran modelo.

Todo ese proceso result贸 en un sistema de pensamiento encerrado en la inmanencia, cerrado a la trascendencia y, por eso, tambi茅n contrario a la metaf铆sica. El pensamiento inmanentista lleg贸 por veces a negar la posibilidad de la existencia de Dios. Esa posici贸n se manifiesta en el siguiente sofisma: 鈥淪i el hombre es libre, Dios no puede existir. Ora, es cierto que el hombre es libre y en esto est谩 su grandeza y dignidad. Por lo tanto, Dios no puede existir鈥�. Se trata de un sofisma, pues sabemos que Dios es la posibilidad 煤ltima de nuestra libertad y no su negaci贸n. No es aqu铆 el lugar de detenernos por mucho tiempo para profundizar esta cuesti贸n. Quiero s贸lo se帽alarla.

Pero, la modernidad trajo innegables avances. Es preciso reconocer primeramente todo el progreso de las ciencias y de la t茅cnica. Decisivo fue el paso de los descubrimientos cient铆ficos para su uso t茅cnico. As铆, las ciencias se tornaron emp铆ricas y 煤tiles, lo que transform贸 el modo de trabajar y de producir en la sociedad. Fue eso que torn贸 posible la revoluci贸n industrial. Fue un prodigioso desarrollo de las ciencias positivas y matem谩ticas, de las ciencias f铆sicas, qu铆micas y biol贸gicas, que estuvo por detr谩s de la transformaci贸n de toda actividad econ贸mica moderna y del propio modo de vivir de la sociedad. Nac铆a una nueva cultura.

En el campo pol铆tico, ciertamente la creaci贸n del Estado moderno, regido democr谩ticamente, fue un avance en relaci贸n a las monarqu铆as hereditarias y absolutistas.

En el mundo de las ideas, la modernidad elabor贸 fundamentalmente un racionalismo inmanentista, que se desdobl贸 en dos direcciones, una en la direcci贸n de las filosof铆as empiristas-cientificistas y otra en la direcci贸n de las filosof铆as idealistas. Aplicadas a la pol铆tica y a la econom铆a, generaron al mismo tiempo el liberalismo/capitalismo y el marxismo/comunismo, como grandes sistemas racionales, globales y totalizantes, las grandes ideolog铆as, los as铆 llamados 鈥済randes relatos鈥�, que se estructuraron un a partir de la primac铆a del individuo y su libre iniciativa, el otro a partir de la primac铆a de la colectividad y de la planificaci贸n centralizada de la vida pol铆tica, social y econ贸mica. Esas ideolog铆as ambicionaban imponerse a todos, como 煤nica verdad absoluta y universal y, consecuentemente, 煤nica v铆a de salvaci贸n, progreso y felicidad de la humanidad.

La modernidad se inspir贸 en la met谩fora de la luz. Era la arrojada pretensi贸n de la raz贸n humana de ser la verdadera y 煤nica luz capaz de iluminar y comprender toda la realidad y dominar todo con su conocimiento, iniciando as铆 un gran proceso de emancipaci贸n y progreso del hombre. Conocer y comprender racionalmente el mundo tornar铆a el hombre libre, due帽o de su destino, sujeto de su historia, factor de progreso constante, hasta la soluci贸n de todos sus problemas y desaf铆os, mediante la ciencia positiva y la tecnolog铆a. Ser铆a la gran iluminaci贸n, que tirar铆a la humanidad de las tinieblas y del oscurantismo. Eran esos los sue帽os del 鈥渟iglo de las luces鈥�, el siglo XVIII.

Tr谩gicamente, sin embargo, las grandes ideolog铆as modernas, en la secuencia de una ineludible 鈥渧oluntad de poder鈥�, no dudaron en tornarse violentas para imponer su verdad. As铆, la raz贸n humana, que se hab铆a declarado adulta y aut贸noma, juzg贸 鈥渞acional鈥� apelar a la violencia para coaccionar a todos a aceptar sus 鈥渓uces鈥�. Esa fue la parte que qued贸 para el siglo XX. Dos grandes guerras mundiales y varias revoluciones socialistas, todas nacidas de las ideolog铆as modernas de derecha y de izquierda (nazismo, fascismo, comunismo), intentaron imponer su 鈥渧erdad鈥� al mundo entero por la violencia brutal, que no vacil贸 en cometer los mayores cr铆menes contra la humanidad.

Esos tr谩gicos frutos de la modernidad trajeron una profunda desilusi贸n, que se expresa hoy en la posmodernidad. Esta trae nuevos par谩metros de pensamiento y de cultura. Delante de la insaciable 鈥渧oluntad de poder鈥�, delante de la violencia y de las deshumanidades de las ideolog铆as de derecha y de izquierda, delante del fracaso de los 鈥済randes relatos鈥�, surge la tentaci贸n del nihilismo, precedido de un agnosticismo desencantado, sin entusiasmo por verdades absolutas y universales. Un agnosticismo que se adapt贸 bien al pluralismo y al individualismo vigentes en la gran sociedad, al hedonismo del placer inmediato y f谩cil, al permisivismo comportamental y 茅tico, al consumismo ofrecido por una nueva orden econ贸mica mundial fundada en la hegemon铆a del libre mercado globalizado, todos elementos del modo de ser y pensar de nuestra sociedad.

En el agnosticismo se desisti贸 de la b煤squeda de la verdad. Se extingui贸 la pasi贸n por la verdad. M谩s un paso y el agnosticismo entra en el nihilismo, preguntando si a煤n vale la pena alguna cosa, si el hombre tiene a煤n alg煤n sentido, si a煤n es posible al menos la fundamentaci贸n de un m铆nimo indispensable de valores 茅ticos universales, o si el hombre realmente no pasa de 鈥渦na pasi贸n in煤til鈥�, como dec铆a Sartre.

En Europa, se llama eso de 鈥減ensamiento d茅bil鈥�. En vez de la arrogancia de las grandes ideolog铆as, ahora el 鈥減ensamiento d茅bil鈥�, sin pretensiones, ni voluntad, de tener la verdad fundamental y fundante de toda la realidad, la verdad verdadera y universal, base necesaria e indispensable tambi茅n para fundamentarse una 茅tica universal.

Todav铆a, no podemos doblarnos al agnosticismo. No debemos resignarnos a ese desencanto. La pasi贸n por la verdad, la b煤squeda de la verdad fundamental y fundante, pertenece a la esencia de la dignidad y de la vocaci贸n de la humanidad. Es preciso superar el 鈥減ensamiento d茅bil鈥�, sin miedo de la verdad. La verdad verdadera no genera violencia, no coacciona, sino que nos torna libres.

Eso vale 鈥渁 fortiori鈥� para las religiones. En particular, el cristianismo profesa que Dios es esencialmente amor y quiere ser acogido por adhesi贸n libre. Lamentablemente, hay quien insin煤e que las religiones pueden tornarse peligrosas, factor de conflicto y de guerra. En verdad, la violencia contradice la verdadera religi贸n.

Por otro lado, tenemos los fracasos del capitalismo, del sistema de libre mercado, que, teniendo por eje la libre iniciativa, se propon铆a liberar el mundo de la pobreza y generar el progreso general, la prosperidad econ贸mica y la felicidad para toda la humanidad. Sin embargo, al contrario, hoy, m谩s que nunca, nos deparamos con centenares de millones de pobres, miserables, desempleados y excluidos por el mundo afuera, con parte significativa incluso en los pa铆ses ricos y desarrollados, sin ninguna perspectiva de que esto vaya a cambiar de forma inmediata. Los pobres, los excluidos, los miserables y los hambrientos, frutos del capitalismo y del comunismo del pasado, as铆 como frutos de la actual nueva orden econ贸mica mundial de libre mercado globalizado, claman por justicia y solidaridad.

Delante de ese cuadro, resta hoy a las religiones, -en especial, al cristianismo- mostrar al mundo que es preciso reencender la pasi贸n por la verdad, buscar incansablemente la verdad fundamental y fundante, mostrar al mundo que la verdad verdadera no genera violencia, sino, que en su cerne m谩s determinante, es amor, es paz, es donaci贸n, es misericordia, es solidaridad.

Es en este contexto que se inscriben los Centros Culturales Cat贸licos con una vocaci贸n y misi贸n de promover comuni贸n en nuestra sociedad urbanizada y posmoderna.

El Pontificio Consejo de la Cultura se empe帽a, con raz贸n, en el apoyo a los Centros Culturales Cat贸licos existentes y en la creaci贸n y multiplicaci贸n de nuevos Centros. Son instituciones y espacios bastante diversificados seg煤n los pa铆ses y las regiones, pero tienen en com煤n el objetivo de convocar y ofrecer condiciones para reunir personas que acepten reflejar y dialogar sobre la fe cat贸lica y su inculturaci贸n, as铆 como evangelizar la cultura vigente. En ellos se podr谩 tratar de todas las cuestiones importantes de la realidad cultural, en sentido amplio, y confrontarlas con la fe cat贸lica, con las personas m谩s diversas, sean o no cat贸licas, desde las personas m谩s simples del pueblo hasta las personas del mundo de la intelectualidad, de las universidades y del sector espec铆fico de la investigaci贸n cient铆fica y tecnol贸gica, del mundo de la pol铆tica, de la econom铆a, del mercado, del di谩logo ecum茅nico e interreligioso, y otros m谩s.

El tema que el Pontificio Consejo me dio para esta charla quiere mostrar que los Centros Culturales Cat贸licos son una propuesta de comuni贸n frente al individualismo y anonimato en el mundo urbano.

Estos centros se caracterizan por la b煤squeda de hacer que las personas y los grupos se encuentren para reflexionar sobre el sentido de la fe cat贸lica para el mundo de hoy, as铆 como lo vimos dise帽ado en la primera parte de esta charla y, consecuentemente, sobre los servicios que los cat贸licos a partir de su identidad de fe pueden prestar al mundo y, en fin, sobre el proceso de inculturar la fe cat贸lica en la cultura moderna y posmoderna, as铆 como en todas las culturas antiguas remanescentes en esta nuestra sociedad multicultural, lo que por su vez resultar谩 en evangelizar esas culturas, principalmente la cultura dominante. En una sociedad pluralista, esta forma de encontrarse en los Centros Culturales Cat贸licos es una forma de reunir el que estaba disperso y desorientado en el pluralismo socio-cultural y religioso del actual mundo urbano. Reunir y tener oportunidad de dialogar y de intercambiar ideas, creencias, modos de ver y vivir, angustias, incertidumbres y esperanzas, crea comuni贸n y rescata del individualismo, del anonimato y de la dispersi贸n. Se trata de un servicio precioso que los Centros ofrecen a la sociedad urbana y, sin duda, tambi茅n a la Iglesia.

Me gustar铆a se帽alar algunos campos espec铆ficos en que las actividades de los Centros pueden prestar enormes servicios al hombre urbano, cat贸lico o no, confrontando la fe cat贸lica con la realidad urbana actual.

1. Los encuentros en el Centro ayudar谩n a rescatar al hombre urbano de la soledad y del individualismo, que transforman las relaciones humanas en la ciudad en feroz competici贸n en torno del dinero, del prestigio y del poder. En el encuentro y en el di谩logo el hombre urbano podr谩 reencontrar el otro no como enemigo y adversario, sino como colega, hermano y compa帽ero de vocaci贸n y misi贸n, un peregrino del absoluto, en esta vida terrena, buscando el sentido profundo de la existencia, para juntos construir una ciudad humanizada, solidaria y habitable para todos igualmente.

2. Los encuentros ayudar谩n a reencender la pasi贸n por la verdad y a derribar el agnosticismo y el desencanto, que son manifestaciones de la posmodernidad y que llevan tanta gente al consumismo desenfrenado, al hedonismo y a la b煤squeda del show alienante de una sociedad del espect谩culo inconsecuente e irresponsable. De hecho, en la interioridad m谩s profundiza de cada ser humano est谩 siempre latente el anhelo por la verdad, la pasi贸n por la verdad, pues su b煤squeda da dignidad al hombre, el cual no descansar谩 hasta que la encuentre. Por esa raz贸n, aunque la posmodernidad exprese un desencanto profundo e hist贸rico delante de las grandes ideolog铆as, no consigue destruir definitivamente la ra铆z de esta caracter铆stica humana que es la b煤squeda de la verdad. Los encuentros en los Centros Culturales precisan reponer en com煤n, en di谩logo y escucha mutua, en un encuentro entre personas, la responsabilidad que el ser humano tiene por la verdad, reponer que est谩 en juego la vocaci贸n y misi贸n m谩s alta de la persona, que s贸lo consigue realizarse a la luz de la verdad. Y en esta b煤squeda de la verdad, m谩s que poseer la verdad es necesario para el hombre dejarse progresiva y humildemente poseer por la verdad. A San Agust铆n, en su libro 鈥淐onfesiones鈥�, Dios le dice: 鈥淵o soy el alimento de los grandes. Crece y Me comer谩s. No Me cambiar谩s en ti como el alimento de tu cuerpo, pero t煤 te cambiar谩s en M铆鈥� (Conf. VII,10).

3. Hay algunos valores humanos fundamentales que son comunes a la posmodernidad y a la fe cat贸lica. La diferencia est谩 principalmente en la forma como la posmodernidad reelabor贸 estos valores cristianos, arranc谩ndolos de su referencia al Dios transcendente y trinitario, para reducirlos al horizonte limitado de la inmanencia antropoc茅ntrica. Uno de esos valores es, sin duda, la libertad humana. Dice la modernidad que si Dios existe, nosotros no somos libres, pues 脡l ser铆a el soberano Se帽or que todo domina. Pero, de hecho, nosotros somos libres, lo que implicar铆a en la no-posibilidad de la existencia de Dios. Eso es un sofisma. Verdaderamente, la fe cristiana nos ayuda a entender mismo racionalmente que Dios no contradice nuestra libertad, pero 脡l es el fundamento de la posibilidad de nuestra libertad. Somos libres en el horizonte de la libertad de Dios o en el cerne del misterio de Dios. En la concepci贸n posmoderna de la libertad humana hay una absolutizaci贸n de la libertad, que se arroga a no recibir ninguna orientaci贸n de fuera de ella, en el sentido de una autonom铆a sin l铆mites. Entendida as铆 la libertad humana desliza f谩cilmente para el individualismo y el arbitrio violento del m谩s fuerte, sin responsabilidad social, sin amor y sin solidaridad con los necesitados o al libertinaje irresponsable en la conducta 茅tica y moral. La concepci贸n cristiana muestra que la libertad humana para no ser auto-destructiva ni socialmente peligrosa necesita orientarse por la verdad y por la responsabilidad social. Juan Pablo II mostr贸 eso con mucha sabidur铆a en la carta enc铆clica 鈥淰eritatis Splendor鈥�(1993).

Se percibe de este modo como la libertad humana se presenta como un gran campo de di谩logo y debate entre la fe cat贸lica y posmodernidad, que los Centros Culturales Cat贸licos deber铆an recorrer.

4. Otro campo extremamente importante para el mundo pluralista y globalizado es la fundamentaci贸n y la elaboraci贸n de una 茅tica universal. Si no es posible encontrar la verdad fundamental y fundante que da sentido a toda la realidad, o sea, una verdad universal, entonces tampoco ser谩 posible fundamentar una 茅tica que se imponga por su propia naturaleza a todos los seres humanos. Una 茅tica no se sostiene por s铆 misma. Su fuerza vinculante depende de las razones que la fundamentan. Si no hay razones universales, no ser谩 posible una 茅tica universal vinculante por s铆. Se podr铆a llegar a definir una 茅tica universal por un consenso de todos los envueltos o al menos de la mayor铆a, pero su fuerza ser铆a entonces s贸lo de car谩cter consensual, mientras el consenso permanecer. Ser铆a una 茅tica de estad铆stica, pero no tendr铆a fuerza vinculante por s铆 misma.

Se percibe entonces como es importante rescatar la b煤squeda de la verdad. Se trata de una cuesti贸n determinante para la fundamentaci贸n de una 茅tica universal. Ser谩 preciso resucitar la pasi贸n por la verdad, como gran tarea, misi贸n y vocaci贸n de cada hombre y de la sociedad humana. Est谩 aqu铆 otro gran campo de actuaci贸n de los Centros Culturales Cat贸licos, pues la fe cat贸lica tiene mucho a contribuir en esta b煤squeda de la verdad fundamental y fundante, as铆 como en la elaboraci贸n de una 茅tica universal. Tanto la verdad universal como una 茅tica universal son enormes, o mejor, indispensables fuerzas de construcci贸n de la comuni贸n y de la paz en la sociedad humana. Sin ellas, la convivencia humana corre grandes riesgos de pulverizaci贸n y de arbitrio del m谩s fuerte.

5. Otro campo inmenso y urgente es la cuesti贸n de la solidaridad en el mundo urbano. La pobreza, la miseria, el hambre, el desempleo, crecieron en todo el mundo, principalmente en los pa铆ses pobres y en los pa铆ses emergentes. Son cuestiones sociales que dicen respecto a todos los ciudadanos, independientemente de creencia religiosa o diferencia cultural. Manifiestan obviamente la profundidad de la desigualdad social reinante y, por lo tanto, la falta de solidaridad y de comuni贸n, sobre todo en los grandes aglomerados urbanos. Aunque, hist贸ricamente la desigualdad ya haya existido antes de la modernidad, con todo las grandes ideolog铆as de izquierda y de derecha de la modernidad y ahora la posmodernidad con la nueva orden econ贸mica mundial de libre mercado globalizado, todas fracasaron en su tentativa de resolver esta situaci贸n, terminando generalmente por agravarlas. Hoy, de hecho, asistimos a un inaceptable proceso de exclusi贸n de millones de personas y de pa铆ses enteros. Ellos no cuentan m谩s para el gran sistema mundial de la nueva orden econ贸mica.

La doctrina social de la Iglesia, basada en la doctrina evang茅lica de la caridad y del amor por los pobres, seg煤n la palabra y la pr谩ctica del propio Jesucristo, tiene una decisiva contribuci贸n a dar en la discusi贸n de las grandes cuestiones sociales. Tambi茅n la pr谩ctica de la solidaridad de la Iglesia en favor de los pobres acumul贸 siglos de experiencia a ofrecer a quien quiera realizar proyectos concretos de solidaridad. Hoy la solidaridad exige al mismo tiempo asistencia al pobre, promoci贸n del pobre para que 茅l mismo pueda ganar su vida honestamente y transformaciones socio-econ贸micas que pasan por pol铆ticas p煤blicas en favor de los m谩s necesitados y excluidos. Todo eso son campos importantes de discusi贸n, di谩logo y acci贸n conjunta que los Centros Culturales Cat贸licos pueden promover entre personas y grupos de las m谩s diferentes creencias religiosas y teor铆as sociales. Ser铆a una contribuci贸n significativa en el combate a la desigualdad social y en la construcci贸n de la comuni贸n y de la paz.

En fin, muchos otros temas y situaciones concretas pueden entrar en la pauta y en los objetivos de los Centros Culturales Cat贸licos como contribuci贸n para la comuni贸n entre los hombres, frente al individualismo y anonimato en el mundo urbano. Reunir personas que quieran encontrarse e intercambiar ideas, creencias, angustias y esperanzas ya por s铆 s贸lo es un servicio valioso al hombre urbano. Sabemos, adem谩s de eso, que muchas personas, no solamente cat贸licas, del mundo de la cultura acad茅mica, de las universidades, de la intelectualidad, del mundo de la b煤squeda cient铆fica y tecnol贸gica, buscan un foro para dialogar y reflexionar sobre las grandes cuestiones del mundo de hoy y sobre el sentido profundo de sus vidas. Hay intelectuales cat贸licos que se quejan por ser tan poco convocados por su Iglesia para dar su contribuci贸n en el estudio y discusi贸n de los grandes desaf铆os que la Iglesia hoy enfrenta para realizar su vocaci贸n y misi贸n en el mundo. Para todos esos, los Centros Culturales Cat贸licos pueden ofrecer un espacio interesante y esperanzado.

Pero tambi茅n las personas m谩s simples y con menos escolarizaci贸n deben encontrar en esos Centros un espacio apropiado para poner en com煤n su sabidur铆a vivencial y sus preguntas. Todos deben poder contribuir para la construcci贸n de la comuni贸n, pues Cristo nos dijo claramente: 鈥淰osotros sois todos hermanos鈥� (Mt 23,8).

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