Cardenal Paul Poupard, La misi贸n de los centros culturales cat贸licos, un servicio al Evangelio que refuerza la identidad cat贸lica

Conclusi贸n

Al final de esta reflexi贸n pienso que no podemos sino estremecernos de los desaf铆os que s贸lo de cuatro palabras pueden surgir panor谩micamente. 驴C贸mo anunciar a Jesucristo a esta generaci贸n? Los conceptos que he referido, 驴no ser铆an la clara expresi贸n de que el Evangelio no es ya un mensaje adecuado para esta generaci贸n? 驴No ser谩 que su argumentaci贸n, luego de ser vivida durante tantos siglos, ha llegado a su momento de ocaso, debiendo aceptar que es una utop铆a superada a la cual es in煤til aferrarse?

Es indispensable tomar estas invectivas radicalmente. Hoy como en otros tiempos, nos vemos favorecidos con la interpelaci贸n de la radicalidad de la fe: creer 贸 es cuesti贸n de vida o muerte o no es fe. Colocar la fe fuera del campo dram谩tico de la contingente existencia humana es desnaturalizar la fe en su identidad m谩s honda: recepci贸n y custodia de una Buena Noticia que vence la muerte y da al hombre la vida indestructible que anhela.

Observemos pues, cu谩l es el deseo escondido los conceptos enunciados, qu茅 realidad sana, justa y santa es deseada por el hombre de nuestra 茅poca que tan afanosamente busca en el placer, la emoci贸n, la ganancia o lucro, la tolerancia, el misterio. Descifrar el objeto deseado aun incluso en el error, es sacar a la luz una v铆a de acceso del hombre a Dios.

El capax Dei del hombre de San Agust铆n, se expresa incluso de maneras deformes y pasionales. El movimiento muchas veces convulsivo de la b煤squeda de armon铆a, a煤n en sus formas m谩s aberrantes, es un grito desesperado de Amor, de Paz, de Dios. Son estos los puntos de anclaje que en cada 茅poca hemos de identificar y reproponer 25 a los hombres y mujeres que nos sean contempor谩neos.

Aqu铆 se inicia la verdadera misi贸n de los Centros Culturales Cat贸licos: discernir en las expresiones culturales y anticulturales de la propia sociedad, el movimiento de plenitud sembrado por Dios en el hombre, sin dejarse confundir por las aberraciones que en su ceguera genera la locura humana, que se concibe como sola, abandonada y destinada a la muerte.

Este deseo tr谩gicamente escondido en el hombre solamente puede ser colmado por Uno que conoce el coraz贸n del hombre, por ser 脡l mismo hombre. Por Aquel que siendo el Agua viva puede saciar la sed del deseo de Dios, por ser 脡l mismo, Dios. El es la compa帽铆a que colma los movimientos desordenados de la afectividad fr谩gil de nuestra generaci贸n. Pues al acoger las deformaciones de cada hombre y mujer, sin condenarle, sino am谩ndole -es decir, uniendo la suerte del otro a la propia vida, al proprio destino- la Vida de Jesucristo, que es Vida indestructible, endereza las deformaciones, no con golpes o represiones, sino con un paciente y amoroso morir en la Cruz. El amor perfecto que busca el ser humano encuentra por fin donde reposar, Jesucristo, el Siervo que no se resiste al mal y que sabe que la malicia del hombre es ceguera y desesperaci贸n.

Continuar la misma pedagog铆a del Dios Padre del Se帽or Nuestro Jesucristo, que la Constituci贸n Conciliar Dei Verbum enuncia de modo extraordinario: Sin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la Sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, 鈥減ara que aprendamos su amor inefable y c贸mo adapta su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia sol铆cita 26 .

La Encarnaci贸n constituye entonces el Camino, el m茅todo de evangelizar, de hacerse uno con el otro. Llevando a lo profundo del coraz贸n humano, la inconmensurable riqueza del Evangelio, que a su vez hab铆amos recibido gratuitamente. Un amor marcado por synkat谩basis , por una condescendencia que se adapta y se inclina hacia nosotros.

En este proceso de hacerse uno con el otro, se verifica un evento que transforma el universo creado: la comuni贸n. Esta forma din谩mica generada por Dios mismo en el coraz贸n de los creyentes, no es una fusi贸n, uniformaci贸n u homogenizaci贸n de la morfolog铆a cultural del g茅nero humano. La comuni贸n es la prueba que entre personas 煤nicas e irrepetibles es posible el amor, es posible recibir una vida com煤n, que no disuelve las diferencias sino que potencia la mutua donaci贸n de acoger al otro. Estamos llamados a descubrir: en la tolerancia, la urgencia al di谩logo y el reconocimiento de la irrepetibilidad de la persona humana; en la emoci贸n, la urgencia de un Amor que sea cercano, fiel y seguro; en el lucro, la urgencia de un orden social equilibrado; en la indiferencia religiosa la urgencia de la certeza hist贸rica de la Vida Eterna. A esto estamos llamados: a descubrir y reflejar en el mundo la imagen de la Santa y Vivificante Trinidad, mediante la comuni贸n.

Los Centros Culturales Cat贸licos precisan, junto al discernimiento y acompa帽amiento del hombre contempor谩neo, un lenguaje y una pr谩xis que favorezca los encuentros interpersonales, y el reforzamiento de las peque帽as comunidades eclesiales, parroquiales, diocesanas, religiosas, universitarias. La necesidad de irrepetibilidad de la persona que observamos en el t茅rmino tolerancia, no puede ser positivamente desarrollado sin la necesaria referencia a la comunidad. No se trata de atomizar la Iglesia, mucho menos de mantener una masa informe de desconocidos y an贸nimos bautizados, se trata de caminar pacientemente y sin violentar a la persona, hacia una formaci贸n y fortalecimiento de peque帽as comunidades, que con un mismo esp铆ritu y en la diversidad de carismas opciones, medios, estructuras, muestren al mundo el signo de la comuni贸n.

La forma m谩s f谩cil y aparentemente m谩s pac铆fica y eficaz de anunciar el Evangelio es la uniformidad, evitando toda clase de conflicto entre formas diversas de expresiones de la fe cat贸lica. Con ello se reforzar铆a la globalizaci贸n, agudizando a煤n m谩s las distancias con los cristianos alejados. Si bien es cierto que el enfrentamiento hiere la comuni贸n, no menos cierto es, que la comuni贸n no es en modo alguno una anestesia que elimina los sufrimientos de la diferencia. Padecer pacientemente no s贸lo ayuda a curar la fragilidad infantil de nuestras heridas ego铆stas; padecer pacientemente ofrece al mundo un signo cre铆ble de la comuni贸n de dos que siendo diversos no se desacreditan sino que se complementan.

El ministerio de discernimiento de los carismas est谩 confiado al Obispo Diocesano que a su vez en mutua comuni贸n con el sucesor de Pedro, expresa la comuni贸n con toda la Iglesia. Esta relaci贸n tan prometedora entre la Pastoral diocesana y los Centros Culturales Cat贸licos vendr谩 desarrollada por Mons. Andr茅s Arteaga Manieu, Obispo Auxiliar de Santiago y Presidente de la Comisi贸n Episcopal de Cultura de Chile.

Hoy m谩s que nunca el mensaje de Jesucristo es suspirado, sin saberlo, por los hombres y mujeres de esta generaci贸n. Su lenguaje lo grita, sus acciones lo denuncian y sus sufrimientos lo imploran. 隆Bendita hora para Am茅rica Latina que lleva en sus manos el m谩s precioso tesoro que jam谩s el mundo haya escuchado! Dios se ha hecho carne para dar a la carne del hombre una vida indestructible, desde la historia y para la eternidad: Jesucristo Muerto y Resucitado, 脡l es nuestra Vida.

Sea Alabado Jesucristo, ahora y por siempre.


25

Paul Poupard, Iglesia y Culturas, EDICEP, M茅xico,1985, p. 113: 鈥淓n un mundo secularizado, el sentido de la existencia cristiana, tiene necesidad de manifestarse, de renovar el lenguaje de la fe...para renovar la credibilidad del cristianismo en funci贸n de las exigencias de la inteligencia presa en la modernidad鈥.

26

In Sacra Scriptura ergo manifestatur,salva semper Dei veritate,et sanctitate, aeternae Sapientiae admirabilis 鈥渃ondescensio鈥, 鈥渦t discamus ineffabilem Dei benignitatem, et quanta sermones attemperatione usus sit, nostrae naturae providentiam et curam habens. Dei Verbum, n13.

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