Un cuarta locuci贸n, quiz谩 no tan usada en el lenguaje ordinario de las sociedades contempor谩neas, es el de la indiferencia religiosa. Delante del fen贸meno de la secularizaci贸n, que predec铆a la desaparici贸n del 谩mbito religioso en la sociedad moderna, se ha comprobado que, lejos de desaparecer, el horizonte religioso ha crecido con nuevo vigor, si bien que con una orientaci贸n diversa.
La secularizaci贸n del contexto moderno ha dejado una expresi贸n religiosa de tipo subjetivista; despreciando cualquier clase de institucionalizaci贸n de la esfera religiosa que pretenda proponer la verdad absoluta de su credo. Para algunos, el 煤nico canal de supervivencia de la religiosidad se encuentra en la presentaci贸n de contenidos religiosos evolutivos y polifac茅ticos, cualquier clase de desarrollo dogm谩tico tradicional conducir铆a a la petrificaci贸n religiosa y a su anacronismo. Otros observan que la religiosidad permanecer谩 vigente en la medida que pueda ofrecer una propuesta seria sobre al sentido de la vida, al que la modernidad no ha podido responder.
Por otro lado, los derechos del hombre vienen defendidos, pero sin referencia al Trascendente Personal. Estamos delante de un nuevo humanismo, un humanismo auto idol谩trico, narcisista 17 . 鈥Yo铆sta鈥, del concreto individuo, no del g茅nero humano, como lo fueron el renacimiento, el racionalismo, el idealismo alem谩n o el marxismo, ni siquiera del tipo reflexivo existencialista, sino de la absoluta subjetividad herm茅tica de cada individuo.
La decepci贸n de la raz贸n y su acelerada ca铆da han afirmado en la nueva religiosidad una ruptura entre creencias profesadas y regla moral. Cualquier pretensi贸n de norma viene vista como atentado 18 a la autonom铆a moral del individuo.
El hombre ya no es centro de todo, sino el 鈥測o鈥. El hombre es solo, de ah铆 que busque una disoluci贸n de su soledad en la naturaleza 19 , con la cual forma un solo elemento, pero que parad贸jicamente explota y destruye para lograr el confort, que constituye el valor absoluto de bondad.
Desde el 谩mbito fenomenol贸gico la increencia no se presenta como corriente de pensamiento ateo, mucho menos como fen贸meno claramente manifiesto, sino como un dato extendido en la realidad occidental, que no es rechazado por la sociedad, ni contestado por los creyentes. Aparece pues, como una corriente envolvente, una mezcla de apat铆a, relativismo y tolerancia con respecto a la realidad trascendente. Hablar o no hablar de Dios, es realmente indiferente e improductivo. El ate铆smo te贸rico ha sido tan efectivo en las d茅cadas pasadas, que se ha transformado en un estilo asimilado de vida 20 , donde la fe, viene suplantada por el sentimiento religioso, expresi贸n emotiva de la inmanencia. El ate铆smo no necesita ya combatir la trascendencia de Dios, hoy se vive el sepelio de Dios en la cripta sentimentalista de la yo 21 .
El paradigma dominante 22 de bienestar, propone la felicidad como autosuficiencia y bienestar individual en materia econ贸mica, se erige como el 煤nico horizonte cre铆ble de realizaci贸n humana, para lo cual es preciso renunciar a la identidad hist贸rica, la pertenencia familiar, la memoria regional, el marco de valores tradicionales y todo aquello que suponga un obst谩culo a la uniformidad industrial de producci贸n y a la generaci贸n econ贸mica. Las tradiciones son vistas como mero atavismo ancestral que impide la realizaci贸n personal, por ello han de ser superadas por nuevas tradiciones, no comunitarias, sino individuales, ligadas a momentos "m谩gicos" de sentimiento. De este modo se intercambia la dimensi贸n hist贸rica de la fe y los sacramentos cristianos, con la expresi贸n herm茅tica de las propias formulaciones religiosas basadas en la emoci贸n y la m谩gica fuerza de los amuletos personales.
La globalizaci贸n como instrumento de propagaci贸n de este modelo atomizador, ha influenciado grandemente la no creencia, mediante un paradigma de felicidad norteamericano, que relativisa la relaci贸n con el Trascendente, recluy茅ndolo a煤n m谩s en el 谩mbito subjetivo, igualando as铆 las diversas formas de valores culturales y reduciendo el impacto y continuidad de la transmisi贸n de la fe.
El resurgimiento religioso parece orientarse en dos direcciones precisas y diversas del desarrollo previo:
1) La negaci贸n de la objetividad de la realidad trascendente, que por lo tanto no puede ser administrada u ofrecida por ninguna clase de instituci贸n religiosa; implicando as铆 el desprecio por la dimensi贸n hist贸rica y reveladora de la fe.
2) El rechazo o indiferencia a lo que signifique alteridad: la divinidad no puede ser 鈥淧ersonal鈥, ello implicar铆a diversidad, Autoridad y Obediencia. La vivencia colectiva s贸lo tiene valor en cuanto los otros sienten lo mismo que yo. La iniciaci贸n es v谩lida para estas nuevas formas religiosas en la medida que permite sentirse o reconocerse como protagonista de esta acci贸n o cuando permite tener emociones 鈥渇uertes鈥. Ello explicar铆a el auge occidental del modelo asi谩tico monista de trascendencia de lo humano y lo divino identificados y disueltos 23 .
La opci贸n religiosa o de creyente es asunto meramente subjetivo, de elecci贸n personal, cuyos efectos son tambi茅n subjetivos y objetivamente en nada distintos de los que un no creyente experimenta. No hay diferencia entre creer y no creer. La creencia de fe no aporta ning煤n beneficio o privilegio objetivo. Cualquier clase de razonamiento que intente mostrar que la fe da respuestas a lo que el no creyente no tiene, se observa como anticuado, iluso y autoritario. Esta situaci贸n proviene de la aceptaci贸n y legitimaci贸n de que los no creyentes posean valores propios, dignos de respeto e iguales a los cristianos. El impacto y las modalidades de secularismo y de relativismo presentes en la mentalidad hodierna de los cat贸licos, podr铆a requerir diversos an谩lisis a prop贸sito de este argumento. En esta ocasi贸n ser谩 presentado por el Profesor Pedro Morand茅, como uno de los rasgos culturales que configuran la actual sociedad tecn贸crata.
Solamente cuando la fe es puesta como respuesta hist贸rica al mensaje de Jesucristo, viene vista como objetivamente distinta a los valores de los no creyentes. Pero precisamente por ser hist贸rica, no siendo valorada como opci贸n de superioridad antropol贸gica, sino s贸lo como una misi贸n en la historia, no diversa del determinismo.
As铆 cualquier expresi贸n radical de la fe es vista como sectaria. Hacer presente la fe en lo cotidiano se vuelve rareza. Del mismo modo la afirmaci贸n sin ambages de la identidad cat贸lica es criticada como fundamentalismo, del mismo modo que la pertenencia a una experiencia comunitaria eclesial se denuncia como integrismo o gueto. Y esto, no por las dem谩s religiones, sino por los mismos cat贸licos, que ha fuerza de contemporizar con el secularismo han generado una propuesta cat贸lica 鈥渓ight鈥.
驴Ser谩 que la insatisfacci贸n de la experiencia religiosa con la fe cat贸lica en nuestras sociedades, es el resultado de una vivencia intensa de la fe, descubierta como fraude? 驴No ser谩 m谩s bien el rechazo a formas ingenuas, corrompidas y superficiales de una religiosidad popular 鈥渓ight鈥, de moralismo legalista e ignorancia hist贸rica? 驴La indiferencia no estar谩 invocando de alguna manera una forma m谩s radical de experiencia de lo Trascendente, precisamente en la historia, y una vivencia m谩s intensa y personal de la vida comunitaria 24 ?
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