Un otro t茅rmino en boga en el actual cuadro cultural es el de ganancia o lucro. Este concepto es referido, la mayor parte de las veces, al campo econ贸mico, reflejando la polarizaci贸n cultural del mundo en una clave exclusivamente monetaria. Desde esta perspectiva viene juzgadas todas las dem谩s esferas humanas, de modo que el dinero como centro y criterio de desarrollo personal 5 , regional o nacional, se admite de modo absoluto e indiscutible. La pol铆tica, la sanidad p煤blica, la seguridad nacional, la educaci贸n, la cultura, etc., todo se plantea en funci贸n de los centros de funcionamiento econ贸mico.
El poder adquisitivo, el nivel de vida econ贸mico, el Producto Interno Bruto, la Deuda externa, la Bolsa, la inflaci贸n, la devaluaci贸n, la paridad de las divisas, etc., son conceptos comunes en los noticieros de las cadenas televisivas. El estado de las finanzas nacionales viene identificado y presentado normalmente al medio d铆a, como si 茅ste fuera el 煤nico pan de cada d铆a.
Hablamos de los pa铆ses denominados en 鈥渧铆as de desarrollo鈥. 驴Qu茅 desarrollo? Econ贸mico -驴existe otro verdadero desarrollo para la mentalidad dominante? 6 - marco en el que deben necesariamente utilizarse los recursos culturales como una forma potencial de ganancia econ贸mica.
El comercio de lo cultural dentro de la globalizaci贸n econ贸mica y social supone, en t茅rminos laborales, una mentalidad que sabe apreciar bailes, ritos, ceremonias, vestidos; as铆 tambi茅n adornos externos, pasados, ex贸ticos, bizarros; todo eso s铆 dentro de un modelo uniforme de mentalidad, que elimina la memoria y el arraigo. De este modo se pretende mantener la competencia entre pueblos, en torno siempre al paradigma econ贸mico, implantado precisamente por una forma servil de ver al hombre, subordinado al dinero.
Las formas culturales tradicionales o populares vienen vendidas como folklore, a fin de poder continuar la vertiginosa carrera del mercado mundial. Ello genera entre otros efectos en los pueblos de tradici贸n cristiana:
a)La disoluci贸n de la misma cultura popular, dado que el centro de la cosmovisi贸n antropol贸gica viene desplazado del campo trascendente de la fe a la inmanencia del dinero.
b)La cultura no viene ya vivida como expresi贸n natural de los grupos humanos, sino como un elemento de producci贸n econ贸mica, desnaturalizando as铆 las relaciones interpersonales que la generaron, dado que la cultura es expresi贸n del ser del hombre. Ello quiere decir, que a煤n cuando la intenci贸n de los seres humanos muestre conscientemente en sus relaciones interpersonales la intenci贸n del lucro 7 , la condici贸n personal de las relaciones culturales, escapa en su consistencia metaf铆sica a la manipulaci贸n intencional de ganancia. Dicho de otra manera a煤n en una cultura del lucro es posible generar cultura.
Podr铆amos decir, que cada uno de nosotros tiene la posibilidad de buscar en las relaciones con los dem谩s un canal de beneficio econ贸mico, pero, ninguno de nosotros tiene la posibilidad de eliminar la condici贸n relacional, en cuyo desarrollo pueden o no ser buscados r茅ditos financieros. La gratuidad, la contemplaci贸n de lo simple, la pura cotidianidad libremente asumidas y buscadas, aparecen entonces como el paradigma antag贸nico, como la 鈥渕ediocridad feroz鈥.
Sin embargo, si bien es verdad que la cultura es inherente al ser del hombre, no es menos verdadero que la forma ontol贸gica humana no es el 煤nico elemento de la antropolog铆a, pues a煤n siendo fundante para el ser humano, reclama la tambi茅n inherente dimensi贸n hist贸rica del hombre. Esta dimensi贸n hist贸rica viene gravemente lacerada y a veces aniquilada por la avidez de lucro, generando situaciones de verdadera explotaci贸n humana 8 , una atm贸sfera de rencor, desconfianza, odio, indiferencia social, impunidad, venganza y resentimiento; en pocas palabras produciendo una anticultura de muerte.
c) Las tradiciones culturales cristianas no desaparecen en su expresi贸n, ya que son protegidas generalmente por las entidades gubernativas como folklore; pero vienen privadas de la fuerza y del talante de fe que las produjo, de la contemplaci贸n cristiana de la realidad y de las actitudes morales derivadas de 茅sta. La expresi贸n tradicional de la fe como dato cultural corre el riesgo de transformarse en arca铆smo social, identific谩ndolo con un momento ya superado de la cultura latinoamericana. El folklore reduce las formas culturales populares a teatros o museos vivientes, no pocas veces valorados como formas primitivas y retr贸gradas de sociedad.
Desgraciadamente este fen贸meno de rechazo, abandono, o autodevaluaci贸n de la propia cultura, es dram谩ticamente vivido en Am茅rica Latina y es constatable en los millones de personas que cada a帽o emigran a otro pa铆s m谩s industrializado o a las grandes ciudades de su propia naci贸n, v铆ctimas la mayor parte de las veces de un modelo absolutista Neoliberal que ha afincado al centro de la dignidad humana el signo monetario. La ponencia de Su Eminencia el Cardenal Hummes, seguramente iluminar谩 abundantemente esta dolorosa realidad.
Ganancia y solo ganancia pueden condicionar la duraci贸n de la vida y la cultura de estos hermanos nuestros. Cuanto m谩s distante sea la propia cultura del modelo global 9 , tanta mayor resistencia tendr谩 que enfrentar la persona para engranar en el proceso econ贸mico de ganancia.
Por ganancia y por la presi贸n de sobrevivencia f铆sica, se coacciona a vender el recinto de la voz de Dios en el hombre. Una conciencia cristiana que busca revertir este modelo corre el riesgo de permanecer en la marginaci贸n y el descr茅dito. Vender la identidad cultural es vender el ser mismo del hombre, su memoria, su arraigo, que implican tanto su dignidad metaf铆sica de persona como su indisoluble condici贸n hist贸rica.
La corrupci贸n e impunidad son los guardaespaldas, las muestras de un modelo que une lucro e irracionalidad, un modelo de explotaci贸n y control muy semejante al que describ铆a Hannah Arendt con respecto al uso de la propaganda y el terror de los sistemas totalitarios 10 , con la diferencia que en ellos se pretend铆a aniquilar cualquier ideolog铆a que fuese disidente del gobierno totalitario, mientras que, en nuestras sociedades, el modelo dominante, tiene como destinatario de su persecuci贸n y cacer铆a, las diferencias culturales.
Pareciera que hemos olvidado, que el liberalismo agn贸stico y el comunismo ateo, son hijos del mismo principio de autonom铆a y soberan铆a econ贸mica que el materialismo devorador ha generado 11 . Uno mediante la posesi贸n idol谩trica de la individualidad, otro mediante la adoraci贸n de la colectividad. Ambos han erigido el altar sacrificial del dinero, un paradigma en el que se inmola al hombre, realizando una parodia grotesca de la Historia de la Salvaci贸n.
Moderar esta pluralidad de campos culturales y sociales, remite a la cuesti贸n Conciliar del Vaticano II: la tensi贸n entre inmanencia y trascendencia. Este reto acecha el desarrollo pol铆tico- econ贸mico con dos extremos igualmente perniciosos: el secularismo materialista y el fundamentalismo religioso, polos que en los 煤ltimos a帽os se han visto confrontados a nivel pol铆tico y armado.
Considero que es fatal confundir el movimiento inherente al ser humano de progreso integral, que requiere del desarrollo econ贸mico, con la mentalidad del modelo reinante neoliberal que subordina la persona al factor econ贸mico. En el primer caso, la econom铆a permite el desarrollo de la dignidad humana 鈥渘o se tenga para sobrevivir, sino para vivir鈥. En el segundo caso se condiciona la dignidad humana a la econom铆a, 鈥渟e sobrevive para tener, no para vivir鈥.
El desarrollo de una cultura sana y s贸lida exige que las condiciones materiales de vida no comprometan la libertad y la dignidad humana. Elementos que no pueden asegurarse en millones de personas que viven en esta latitud en extrema pobreza o miseria. O frente a m谩s de seis generaciones de ciudadanos que han nacido con una deuda externa que ni siquiera sus bisnietos podr谩n liquidar a煤n cuando en este momento se detuviera el monto total del d茅bito. As铆, mientras los pocos capitales consistentes son trasladados al extranjero 12 , para asegurar 煤nicamente un patrimonio individual, se corona un sistema piramidal de lesi贸n al bien com煤n, reforzando la arraigada cultura del lucro.
Pero, detr谩s de esta forma desproporcionada de ambici贸n financiera, 驴qu茅 busca el hombre? 驴Qu茅 efecto proporciona el dinero en cada uno de nosotros que le buscamos con tanto af谩n? 驴Cu谩l es la estabilidad que persigue? La palabra ganancia o lucro, 驴no ser谩 un denominador cultural de la necesidad existencial de todo ser humano, de buscar una seguridad palpable? La ganancia, 驴no estar谩 indicando de alguna manera una acci贸n desesperada de invertir el flagelo de la miseria vivida o temida, en un nuevo y real orden de cosas 13 ?
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