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José Gros y Raguer, Santiago; El Mayor
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Santiago, El Mayor

Hermano mayor de San Juan Evangelista. Viv√≠an con sus padres: el pescador Zebedeo y Mar√≠a Salom√©, prima de la Sant√≠sima Virgen. Por ser parientes de Jes√ļs, se les llama a veces en el Evangelio ¬ęhermanos del Se√Īor¬Ľ. Santiago fue martirizado el a√Īo 42 de la Era Cristiana. ‚ÄĒ Fiesta: 25 de julio. Misa propia.

Fue en la playa del mar de Galilea donde el divino Maestro escogi√≥ a los dos hijos del Zebedeo para formar parte de su Colegio apost√≥lico. Al instante, y con el permiso de su padre, lo dejaron todo y le siguieron. As√≠ como Jes√ļs cambi√≥ a Sim√≥n este nombre por el de Pedro, que significa piedra, as√≠ a Juan y a Santiago les llam√≥ Hijos del trueno, por su car√°cter decidido y ardorosamente entusiasta. A Santiago se le da el sobrenombre de mayor para distinguirle del menor, tambi√©n ap√≥stol, hijo de Alfeo.

Un d√≠a lleg√≥ Jes√ļs a una ciudad de Samaria con los Ap√≥stoles y envi√≥ a algunos delante para que preparasen la comida y el hospedaje. Los samaritanos no quisieron acogerlos. Semejante desprecio para Jes√ļs llen√≥ de indignaci√≥n los corazones de Santiago y Juan, los cuales exclamaron: ¬ęSe√Īor, ¬Ņquieres que hagamos bajar fuego del cielo que abrase todo este pa√≠s?¬Ľ. Jes√ļs les respondi√≥ contestando: ¬ęNo sab√©is de qu√© esp√≠ritu sois¬Ľ. Antiguamente el profeta El√≠as hab√≠a hecho bajar fuego del cielo para castigar a unos perseguidores. Los hijos del Zebedeo piden a Jesucristo que les conceda el poder de obrar semejante milagro. Y el dulc√≠simo Redentor les responde que no saben qu√© esp√≠ritu les deber√≠a animar. Como si les dijese: ¬ę¬ŅNo comprend√©is todav√≠a que he venido no para fulminar castigos, sino para derramar el perd√≥n y la misericordia?¬Ľ.

En otra ocasi√≥n demostraron los dos hermanos su decisi√≥n y √°nimo. Mar√≠a Salom√©, llena de amor maternal y confiada en la benignidad de Jes√ļs, le pidi√≥ con gran sencillez que se dignase dar a sus hijos dos lugares de especial√≠simo honor en el Cielo. Le debi√≥ parecer que Jesucristo no le negar√≠a la gracia, y as√≠, le dijo: ¬ęDisp√≥n que mis hijos est√©n sentados uno a tu derecha y otro a tu izquierda¬Ľ. Jesucristo, por toda respuesta, se dirigi√≥ a Juan y a Santiago. Eran ellos los que hablaban por boca de su madre, y el divino Maestro lo sab√≠a muy bien. ¬ęNo sab√©is lo que ped√≠s¬Ľ, les dijo. ¬ę¬Ņpod√©is beber el c√°liz que Yo he de beber?¬Ľ Como si les dijese: ¬ęMe habl√°is de gloria, y no ten√©is en cuenta lo que necesariamente ha de precederla. La gloria es el precio de los sufrimientos. ¬ŅOs veis con √°nimo de sufrir como seguidores m√≠os?¬Ľ. Los dos hijos del trueno respondieron, sin titubear un momento: ¬ęS√≠, nos vemos con √°nimo¬Ľ. Es decir, se ofrecieron a todo por el anhelo de la gloria pedida. Entonces Jes√ļs les anunci√≥ que en verdad beber√≠an de su c√°liz, o sea, que sufrir√≠an por su nombre: pero respecto a los lugares que habr√≠an de ocupar en la gloria eterna, les dijo que ya lo dispondr√≠an los decretos de la divina justicia.

Despu√©s de la Ascensi√≥n de Jesucristo, el apostolado de Santiago no fue de larga duraci√≥n. Al cabo de pocos a√Īos los jud√≠os le cortaron la cabeza en la misma ciudad de Jerusal√©n. Fue el primer m√°rtir entre los Ap√≥stoles. Pero si fue breve su tarea, no por eso fue menos gloriosa. Espa√Īa especialmente se vio favorecida con su apostolado, pues √©l fue su evangelizador, seg√ļn antiqu√≠simas y venerables tradiciones. Afirman √©stas que los pueblos espa√Īoles fueron muy refractarios al principio a la labor evang√©lica. Santiago, ayudado de unos pocos disc√≠pulos, trabaja valerosamente, predicando de un lugar a otro y desplegando su celo ardent√≠simo por todos los medios. Pero los resultados eran bien poco satisfactorios. Desconsolado el Ap√≥stol. se hallaba un d√≠a a las m√°rgenes del r√≠o Ebro, en Zaragoza, haciendo oraci√≥n devot√≠sima por la cristianizaci√≥n del pa√≠s, cuando de repente oy√≥ en los aires un c√°ntico delicioso que dec√≠a: ¬ęDios te salve, Mar√≠a, llena eres de gracia¬Ľ. Inmediatamente vio que se le acercaba la Sant√≠sima Virgen acompa√Īada de una banda de √Āngeles que la sosten√≠an sobre una columna o pilar. La Madre de Dios dijo sonriente a Santiago: ¬ęHijo m√≠o, el Se√Īor quiere que aqu√≠, en este lugar, me sea dedicado un santuario. S√© que estas tierras hisp√°nicas me ser√°n muy devotas. Y ya desde ahora las tomo bajo mi guarda y protecci√≥n¬Ľ. Desapareci√≥ la Sant√≠sima Virgen, dej√°ndole como prenda de su maternal promesa la columna en que la llevaban los √Āngeles. ¬°Hermoso s√≠mbolo de la firmeza que la fe cristiana tendr√≠a en el territorio espa√Īol!

Santiago se apresur√≥ a cumplir el mandato de Mar√≠a, e hizo levantar all√≠ mismo una modesta capilla que, con el tiempo, se convirti√≥ en grandioso templo, en el cual a√ļn hoy se venera la imagen de la Reina de los Cielos sobre el hist√≥rico lugar, y en donde ser√° venerada indudablemente hasta el fin de los siglos. La siempre heroica Zaragoza debe a la protecci√≥n de la Madre de Dios sus glorias m√°s nobles; y esta maternal protecci√≥n se ha dejado sentir en todo momento sobre la fe y la historia toda del pueblo espa√Īol.

En Jerusal√©n se venera el lugar en que sufri√≥ el martirio el Ap√≥stol de Espa√Īa. Est√° emplazada all√≠, actualmente, la iglesia catedral de los armenios cism√°ticos.

El cuerpo de Santiago fue sepultado en la misma Jerusal√©n. Pero la devoci√≥n de los espa√Īoles ‚ÄĒdice tambi√©n la tradici√≥n‚ÄĒ no se vio satisfecha hasta que consigui√≥ el traslado de los santos despojos. No se puede precisar la √©poca en que fueron tra√≠dos. Lo cierto es que el cuerpo de Santiago fue encontrado milagrosamente, por una revelaci√≥n del Cielo, a principios del siglo IX, en Iria Flavia o Padr√≥n (Coru√Īa), en donde los cristianos lo hab√≠an ocultado a causa de las persecuciones. Por orden del rey Alfonso el Casto fue llevado a Compostela, y all√≠ lo veneran no solamente los gallegos, sino innumerables visitantes de todas las naciones del mundo. Son famosas en toda la cristiandad las peregrinaciones de la Edad Media a Santiago de Galicia.

Santiago protegi√≥ diversas veces a los ej√©rcitos espa√Īoles en las luchas por la reconquista del pa√≠s contra los sarracenos. La leyenda, rellenando lo que dejaron incompleto la historia y la tradici√≥n, nos lo presenta repetidamente combatiendo de un modo invisible. Se invoca a San Pedro como patr√≥n de la fe, a San Juan como modelo de caridad, y a Santiago como gran protector de la esperanza, que es virtud de corazones animosos y de caracteres esforzados. Dante, el gran poeta te√≥logo, le ensalza por esta virtud, en su Divina Comedia. En el momento de llegar al Para√≠so, Beatriz recuerda al poeta que s√≥lo las virtudes teologales pueden darle acceso hasta Dios, y entonces intervienen los tres ap√≥stoles predilectos del Se√Īor, que le interrogan y examinan sucesivamente: San Pedro sobre la fe, Santiago sobre la esperanza y San Juan sobre la caridad... Excelente acto de devoci√≥n es pedir al excelso Patr√≥n de Espa√Īa que nos obtenga la fortaleza en los combates del alma y ser consolados en los males presentes con la perspectiva de los bienes futuros.

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