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José Gros y Raguer, San Medín
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San Medín

Compa√Īero de martirio de San Severo, Obispo de Barcelona al comenzar el siglo IV. Durante el invierno del a√Īo 202 al 203 estall√≥ la persecuci√≥n de Diocleciano contra el Cristianismo, entre cuyos primeros m√°rtires en Espa√Īa figuran San F√©lix de Gerona, San Cucufate de Barcelona y los dos compa√Īeros se√Īalados, que fueron inmolados en el Castro Octaviano (San Cugat del Vall√©s) hacia el a√Īo 304. Med√≠n era un modesto agricultor de las cercan√≠as. ‚ÄĒ Fiesta: 3 de marzo.

Cerca de la gran urbe barcelonesa existe un pueblo que en la época de la dominación romana era un destacamento militar y se llamaba Castrum Octavianum. Está en el centro de una llanura considerable, de naturaleza fértil, de cuyos campos la labor dura y continua de sus habitantes saca precioso rendimiento. Se llama San Cugat del Vallés. Del Vallés, puesto que es éste el nombre de toda la comarca.

En San Cugat se alza un famoso monasterio benedictino medieval, de estilo rom√°nico, que ha sido y es objeto de se√Īalados estudios. No muy lejos, ha habido durante siglos otra Iglesia, m√°s bien ermita, testigo de la gloriosa fe de un pueblo: la dedicada al m√°rtir San Med√≠n. Reconstruida despu√©s de la guerra espa√Īola, se ha restablecido tambi√©n la fiesta anual del Santo, a la cual acude una verdadera muchedumbre desde los tiempos de la alta Edad Media. De Barcelona van all√° en suntuosas comitivas las llamadas ¬ęcollas de San Med√≠n¬Ľ, organizadas por entidades populares, amantes de las tradiciones del pa√≠s, pertenecientes especialmente a la populosa barriada de Gracia.

Med√≠n hab√≠a nacido en el mismo paraje de la ermita. Desde su tierna edad no hab√≠a tenido otro oficio que el de agricultor. Pose√≠a una casita junto al camino p√ļblico y labrando y cultivando sus tierras pasaba su vida, pobre pero tranquila. Tranquilidad que la persecuci√≥n anticristiana vino a turbar, pues Med√≠n era un buen creyente y muy pronto se sinti√≥ amenazado por la ferocidad de los edictos imperiales, que ordenaban a todos el culto a los √≠dolos.

En estas circunstancias, se presenta ante s√≠ el Obispo Severo de Barcelona, ataviado como un caminante. Se le da a conocer ‚ÄĒcomo Med√≠n al Prelado‚ÄĒ y le cuenta que el prefecto Daciano, delegado del Imperio, ha comenzado ya a desarrollar su plan persecutorio y le est√° buscando para hacer de √©l una de las primeras v√≠ctimas; por lo cual, teniendo presente aquel consejo del divino Maestro: ¬ęSi os persiguen en una ciudad, huid a otra¬Ľ, determin√≥ ausentarse de Barcelona y refugiarse en el Castro Octaviano, a donde se dirige.

Med√≠n ‚ÄĒEmeterio se le llama en textos antiguos‚ÄĒ estaba a la saz√≥n sembrando habas en su campo. Era en los primeros d√≠as de noviembre... El santo Obispo le expuso su certeza de que los soldados del Prefecto le buscar√≠an por todas partes y le recomend√≥ que si vinieren y le preguntasen por √©l, no les ocultase que hab√≠a pasado hacia el pueblo. Obr√≥ Dios entonces un milagro, pues en unos momentos crecieron y florecieron aquellas habas que acababa de sembrar... Daciano, en efecto, sabiendo que Severo se hab√≠a escapado y trataba de esconderse, hab√≠a dado √≥rdenes a un pelot√≥n de sus esbirros, para que lo buscasen y acabasen con √©l o lo trajesen preso ante su tribunal. Llegaban a poco al campo de Med√≠n; y al preguntarle ¬ęsi hab√≠a visto al Obispo¬Ľ, pudo contestar que, efectivamente, hab√≠a pasado por all√≠. Y al insistirle en su pesquisa, preguntando tambi√©n ¬ęcu√°ndo hab√≠a pasado¬Ľ, les respondi√≥: ¬ęCuando yo estaba sembrando estas habas¬Ľ.

Esta respuesta indignó a los soldados, pues viendo las habas ya en flor, creyeron que aquel hombre se burlaba de ellos. Sospecharon, además, que también era cristiano. Así, pues, lo prendieron y se lo llevaron con ellos al Castro Octaviano, donde estaba Severo.

Entretanto, el Obispo había visto o sabido que estaban llegando los emisarios del Prefecto, y decidió presentarse espontáneamente a ellos. Inmediatamente fue apresado, juntamente con cuatro sacerdotes de Barcelona. Y allí mismo se desarrolló el martirio de todos. Los cuatro sacerdotes fueron azotados bárbaramente. Lo mismo se hizo con Medín, después de tomarle declaraciones y persuadirse de la firmeza con que profesaba la fe cristiana, pronto a dar la vida por ella. Al Obispo lo azotaron con especial crueldad, con cuerdas armadas de pedazos de plomo; y para darle muerte, le fijaron un gran clavo de hierro sobre la cabeza y le dieron golpes encima con una maza, hasta clavárselo por completo. Cayó al suelo, falleciendo al instante.

Todos estos datos nos transmite una venerable tradición. Algunos constan por escrito en unas actas muy posteriores a los hechos, seguramente pertenecientes al siglo VI.

En Barcelona, y en diversas comarcas de Catalu√Īa, persiste la devoci√≥n a San Med√≠n, como se ha indicado, y le veneran como Copatrono, al lado de San Isidro, los hortelanos y agricultores. En la ciudad, una de las nuevas parroquias lo tiene por titular y ha levantado en su honor un magn√≠fico templo.

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