Jos茅 Gros y Raguer, San Juan de Dios
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San Juan de Dios

Confesor, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios. Naci贸 en 1495 en Montemayor la Nueva (Portugal) y muri贸 en Granada en 1550. Beatificado en 1630 por Urbano VIII y canonizado en 1690 por Alejandro VIII. Fue declarado por Le贸n XIII celestial patrono de todos los hospitales y enfermos. 鈥 Fiesta: 8 de mayo. Misa propia.

Los padres de San Juan de Dios no fueron ni nobles ni ricos, sino simples artesanos, pero de grandes virtudes y de vida ejemplar, singularmente notables por su amor a los pobres, peregrinos y pordioseros, en lo que se revelaba sin duda algo de lo que deb铆a ser el hero铆smo extraordinario de su hijo Juan. Es el Vicente de Pa煤l espa帽ol, no inferior al heroico ap贸stol de la caridad franc茅s. Sus vidas guardan un gran paralelismo.

A sus doce a帽os sali贸 de su casa en pos de un santo sacerdote que en ella se hab铆a hospedado. A los catorce ingres贸 al servicio de un acaudalado propietario, en cuya hacienda desempe帽贸 el humilde oficio de pastor; all铆 aprendi贸 algunas letras y recibi贸 por vez primera la Sagrada Comuni贸n.

Al cabo de algunos a帽os sent贸 plaza en el ej茅rcito de Carlos V, y con la vida de la milicia se relaj贸 mucho su fervor. Por un descuido en el deber fue expulsado del ej茅rcito, despu茅s de haber estado a punto de que le ahorcaran.

Tiempo despu茅s, en La Coru帽a, al averiguar que su madre hab铆a muerto de pena, poco despu茅s que 茅l la hab铆a dejado, y de que su padre hab铆a acabado santamente sus d铆as en un convento, le afectaron ambos sucesos de tal modo que puede contarse esta 茅poca como el principio de su conversi贸n. Hizo confesi贸n general de sus pecados, se arrepinti贸 de haber abandonado a sus padres y determin贸 pasar al 脕frica en busca del martirio.

Estuvo alg煤n tiempo en Ceuta, hasta que, desenga帽ado por su confesor, que le afirmaba que no eran sino ilusiones aquellos deseos de martirio, resolvi贸 volver a Espa帽a.

Llegado a Gibraltar, se dedic贸 a la venta de estampas, rosarios, libros, etc., para ganarse el sustento.

Yendo un d铆a a un lugar vecino se le apareci贸 Jesucristo en la forma de un hermoso ni帽o, que caminaba con los pies descalzos.

Juan carga el ni帽o sobre sus espaldas y prosigue su camino.

Junto a una fuente donde se detiene para descansar y beber, el ni帽o se transfigura, y mostr谩ndole una granada abierta con una cruz en el centro, le dice: 芦Juan de Dios, Granada ser谩 tu cruz禄.

Comprendi贸 Juan el aviso del cielo y se encamin贸 enseguida a la hist贸rica ciudad.

Ya en Granada, empieza sus p煤blicas obras de caridad. Era en septiembre de 1536 y ten铆a la edad de cuarenta y un a帽os. O铆a a menudo los sermones del gran ap贸stol de Andaluc铆a Juan de 脕vila, y movido por su apost贸lica palabra, sali贸 una vez del templo encendido del fuego del divino amor y gritando con todas sus fuerzas: 芦隆Se帽or, misericordia!禄.

La gente se alborot贸 y le trataron y le apalearon como a un loco.

El Beato Juan de 脕vila, convertido despu茅s en su gu铆a espiritual, le mand贸 que cesase en aquel g茅nero de mortificaci贸n; y le impuso emprender una peregrinaci贸n al Santuario de Nuestra Se帽ora de Guadalupe, haciendo la promesa, delante de la imagen de Mar铆a, de dedicarse al cuidado de los enfermos, para lo cual reuni贸 limosnas, llegando a construir un amplio y bien dispuesto hospital en Granada y echando de este modo los fundamentos de la nueva Orden.

All铆 recog铆a a todos los enfermos abandonados y a todos los pobres que encontraba por la calle. Seg煤n las indigencias de cada enfermo, les atend铆a convenientemente, los lavaba, les daba de comer y beber, les procuraba medicamentos, atendi茅ndoles con gran solicitud en las necesidades del alma y del cuerpo.

Apenas llegaban al hospital, sal铆a a recibirlos con todo cari帽o y, despu茅s de abrazarlos, les lavaba los pies y les serv铆a como si fuesen ilustres personajes. A los m谩s sucios y repugnantes, cuya sola vista horrorizaba, los colocaba aparte para cuidarlos con mayor esmero. En ellos parec铆ale contemplar al propio Jesucristo.

Se dice que un d铆a recogi贸 en la calle a un enfermo moribundo y lo llev贸 al hospital, y, al lavarle los pies, seg煤n ten铆a por costumbre, advirti贸 que los ten铆a taladrados a modo de un crucifijo; levant贸 los ojos para mirarle el rostro y conoci贸 que era el mismo Jes煤s, el cual le dijo: 芦Juan, todo lo que haces con mis pobres lo recibo yo como si lo hicieras a m铆 mismo: sus llagas son las m铆as, y lavas mis pies siempre que lavas los su vos禄.

En el mismo Hospital sucedi贸 el prodigio de que, habi茅ndose producido un incendio, San Juan de Dios se lanz贸 por entre las llamas y salv贸 a sus enfermos uno a uno.

Acerc谩base entretanto su hora postrera y la de recibir la recompensa del Se帽or por sus inmensos trabajos. Recibi贸 con su acostumbrado fervor los Santos Sacramentos y bendijo por 煤ltima vez a sus hijos espirituales y a sus pobres.

Falleci贸 de rodillas con el crucifijo en las manos, creyendo, todos los que le ve铆an, que estaba en 茅xtasis. Aun cad谩ver, parec铆a seguir rezando a Dios.

Hacia 脡l hab铆a volado ya su alma; hab铆a ya dejado de latir aquel gran coraz贸n. Pero en esta actitud le encontraron cuando, despu茅s de haberle dejado solo para no perturbar su oraci贸n, asomaron otra vez sus Hermanos al aposento.

Ante su lecho de muerte desfil贸 Granada entera, desde el virrey y el arzobispo hasta los gitanos y los moriscos del Sacromonte Y del Albaic铆n, con la convicci贸n profunda de estar venerando a un Santo. Juan de Dios le hab铆a impuesto por nombre el Beato Juan de 脕vila, al vestirle el sencillo h谩bito de su nueva Orden religiosa, queriendo tal vez hacerse eco de la designaci贸n con que un d铆a le lanz贸 al apostolado Jes煤s Ni帽o.

Juan de Dios hab铆a sido en todo momento desde su conversi贸n al fervor, unido a 脡l con toda su alma, en todas sus intenciones, en todos sus esfuerzos, sin so帽ar en otra cosa que en darle gloria: la de su adoraci贸n incesante y la de su amor operativo a los enfermos, los cuales fueron siempre para 茅l im谩genes emocionantes de Jesucristo, el Verbo divino hecho Hombre sufriente.

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