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Jos茅 Gros y Raguer, San Federico
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San Federico

Descendiente de una familia ilustre entre los frisones, fue elegido obispo de Utrecht en 820. Dedic贸 toda su actividad a la reforma de las costumbres de sus diocesanos, y combati贸 las herej铆as. Muri贸 m谩rtir en Utrecht, el a帽o 838. 鈥� Fiesta: 18 de julio.

芦Al obispo 鈥攄ice el consagrante al nuevo obispo, durante el ritual de la consagraci贸n鈥�, corresponde juzgar, interpretar, consagrar, ordenar, ofrecer, bautizar y confirmar鈥�. Y cuando le hace entrega de la m谩s significativa insignia de su episcopado: 芦Recibe el b谩culo de Pastor a fin de que seas dulce y firme en tus correcciones; en tus juicios, justo y sereno; al fomentar la virtud en los dem谩s, persuasivo, y no te dejes llevar ni del rigor ni de la debilidad. Recibe este anillo, s铆mbolo de la fidelidad con que has de conservar intacta y sin mancha a la Esposa de Dios, es decir, la Iglesia禄. Y asimismo, cuando le hace entrega de los Evangelios, dice: 芦Recibe el Evangelio y ve a predicarlo al pueblo que te ha sido encomendado. Dios Omnipotente aumente en ti la gracia禄.

No es extra帽o que ante una misi贸n tan sublime y a la vez tan cargada de responsabilidad, Federico, var贸n justo y lleno de humildad, se declarase incapaz de aceptar el cargo de obispo de Utrecht, para el que hab铆a sido elegido por el clero y el pueblo de aquella di贸cesis. Fue necesaria toda la autoridad del emperador Ludovico P铆o, para que aquel sacerdote, conocido de todos por su ardor pastoral y su predicaci贸n, aceptase la C谩tedra episcopal que hab铆a quedado vacante a la muerte del obispo Ricfredo.

Y la verdad es que nadie mejor que 茅l pod铆a encargarse de la di贸cesis: por una parte, sus virtudes y su ciencia le daban la autoridad necesaria para ocupar la Silla episcopal, y por otra, el haber vivido en 铆ntima comunicaci贸n con Ricfredo le hac铆an el m谩s conocedor de la situaci贸n.

En efecto, nacido hacia el a帽o 790, en el seno de una noble familia de Frisia, hab铆a sido confiado para su educaci贸n al clero de la iglesia de Utrecht, primero, y m谩s tarde al mismo obispo, que se aplic贸 con ardor a formar el alma de aquel joven piadoso y trabajador, hasta que, suficientemente preparado, le confiri贸 el sacerdocio.

Ahora, consagrado ya obispo, en presencia del mismo emperador, Federico se entrega generosamente a su misi贸n, que cumplir谩 fielmente hasta las 煤ltimas consecuencias. Su humildad hab铆a hecho cuanto estaba de su mano para no aceptar aquel cargo que sus solas fuerzas no pod铆an soportar, pero ahora que hab铆a recibido ya la plenitud del sacerdocio, su fe conf铆a en que el 煤nico Sacerdote 鈥擩esucristo鈥�, realizar谩 en 茅l la tarea que le ha querido confiar.

Los primeros tiempos de su episcopado los dedica a la villa de Utrecht, esforz谩ndose en devolver la paz a su pueblo, y en hacer desaparecer los 煤ltimos restos de paganismo. Siempre acogedor, es generoso para con los pobres, hospitalario para los viajeros, y sacrificado en sus visitas a los enfermos. Entregado a la vida de oraci贸n y sacrificio, no ahorra vigilias ni ayunos, en favor de sus diocesanos.

M谩s adelante, su celo le lanza a recorrer todo el territorio que le ha sido confiado. En todas partes trabaja incansablemente en la reforma de las costumbres de sus diocesanos, y de una manera especial lo hace en la isla de Walcheren, donde reinaba la m谩s burda inmoralidad.

Se dedica tambi茅n a combatir la herej铆a arriana, bastante extendida en Frisia, y poco a poco va reduciendo los herejes a la verdadera fe cat贸lica. Para asegurar la duraci贸n de este retorno a la verdad, San Federico compone una profesi贸n de fe, que resume la ense帽anza cat贸lica sobre la Sant铆sima Trinidad, y ordena que se recite tres veces cada d铆a una oraci贸n en honor de las tres divinas Personas.

Cuando ya casi hab铆a recorrido toda la di贸cesis, un d铆a, mientras estaba dando gracias de la Misa, es atacado por dos criminales que le atraviesan las entra帽as, muriendo a los pocos minutos. 驴A qu茅 m贸viles respond铆a aquel asesinato? Algunos dan como causa cierta, el odio que Judit, segunda esposa de Ludovico P铆o, alimentaba contra San Federico, por haberla reprendido con santa libertad, a causa de su conducta inmoral. No obstante, aun cuando parece que esta persuasi贸n ya exist铆a en Utrecht, muy pr贸ximamente a la fecha del martirio, hay quien lo pone en duda, por el testimonio del famoso escritor R谩bano Mauro, que ensalza las virtudes de la emperatriz... Quiz谩 los hagi贸grafos no lleguen nunca a un acuerdo sobre este punto, pero a pesar de ello continuar谩 siendo cierto que en aquel d铆a del a帽o 838, un obispo mor铆a m谩rtir...

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