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S.S. Juan Pablo II, Discurso al s茅ptimo grupo de Obispos de Brasil en visita "Ad limina"
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Discurso al s茅ptimo grupo de obispos de Brasil en visita 芦ad limina禄

Amados hermanos en el episcopado:

1. La liturgia de estos d铆as nos ha recordado nuestra llamada com煤n y la gracia que ha recibido cada uno "para las funciones del ministerio y para la edificaci贸n del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos (...) al estado de hombre perfecto, a la medida de Cristo" (Ef 4, 12. 13). Todo deber谩 tender a la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo, valorando la riqueza providencial de los carismas, que el Esp铆ritu Santo hace florecer continuamente en la comunidad.

Me alegra recibiros colegialmente, despu茅s de nuestro encuentro personal. A trav茅s de las amables palabras de monse帽or Celso Jos茅 Pinto da Silva, arzobispo de Teresina, pronunciadas en nombre de las regiones nordeste 1 y 4 de la Conferencia nacional de los obispos de Brasil, ha sido posible percibir las muchas esperanzas que animan a las comunidades cristianas encomendadas por la divina Providencia a vuestro cuidado pastoral, sin olvidar las preocupaciones y los problemas encontrados en una tierra donde se est谩n produciendo profundas transformaciones sociales.

2. La realidad de Cear谩 y de Piau铆, y del nordeste en general, presenta un cuadro innegable de modernizaci贸n de las estructuras creadas para su desarrollo, aunque en diversos aspectos convive con los rigores de la marginaci贸n de poblaciones enteras. En estas 煤ltimas d茅cadas, el esfuerzo por combatir el analfabetismo, las enfermedades end茅micas y la mortalidad infantil; la coexistencia con la pobreza y la miseria cr贸nicas, debidas en buena parte a la emigraci贸n del campo a las ciudades; el problema de la justa distribuci贸n de la tierra y de la atenci贸n a la gente del mar, y muchos otros problemas, sin olvidar el binomio sequ铆a-inundaciones, han sido motivo de constante preocupaci贸n para las autoridades locales, as铆 como para las diversas pastorales diocesanas.

Vuestras Iglesias particulares datan del siglo pasado; son relativamente j贸venes. Pero es propio de la juventud el dinamismo, el esp铆ritu de iniciativa y el arrojo, que forman parte de la esencia de la nacionalidad brasile帽a, donde se encuentra la fuerza para afrontar los desaf铆os que se presentan. Ambas provincias sufren la falta de clero; deben potenciar la evangelizaci贸n y la catequesis, tanto de adultos como de j贸venes y ni帽os, en el campo y en las ciudades, sin descuidar las clases que ejercen el poder de decisi贸n y los estudiantes, en todos los niveles.

Conozco vuestro esfuerzo por fomentar la justicia y la fraternidad en una de las 谩reas m谩s pobres del pa铆s. El empe帽o en trabajar en las pastorales de forma coordinada, especialmente para promover las vocaciones de seminaristas, con formadores cualificados, cuidando tambi茅n la formaci贸n permanente de los sacerdotes, es digno de elogio. Ruego a Dios que os ayude en vuestras necesidades materiales, puesto que la carencia de medios y el costo de la formaci贸n de los seminaristas no pueden interrumpir esa obra de promoci贸n de obreros para su mies.

Pero precisamente dentro del dinamismo de la fe, que nada hace desfallecer, deseo estimular la obra evangelizadora de vuestras di贸cesis, anim谩ndoos a dedicar vuestras mejores energ铆as, en un renovado ardor misionero, al crecimiento del reino de Dios en este mundo.

Formar a los fieles en una fe firme

3. Son muchas las iniciativas apost贸licas que se est谩n difundiendo en vuestras Iglesias particulares. El despertar religioso, sobre todo entre los j贸venes, es sensible y alentador. Tambi茅n es fuente de esperanza la sensibilidad de los fieles a una pr谩ctica cristiana m谩s firme y coherente. La gente del nordeste es muy religiosa. Le interesa mucho la vida de la Iglesia y est谩 siempre abierta a la dimensi贸n trascendente de la vida, aunque es preciso orientarla bien por lo que respecta a las devociones populares y a una inculturaci贸n conforme al Evangelio.

Sin embargo, muchos obst谩culos pueden debilitar el entusiasmo de los cristianos a causa de la influencia, no siempre positiva, de la cultura consumista dominante, que amenaza con ofuscar la claridad del anuncio evang茅lico. Es preciso formar a los fieles en una fe firme y coherente, porque s贸lo el redescubrimiento efectivo de Cristo como fundamento sobre el que se ha de construir la vida de toda la sociedad, les permitir谩 no temer ning煤n tipo de dificultades: cuando la casa est谩 cimentada sobre roca no se derrumba ante la embestida de las riadas, las lluvias torrenciales y los vientos que soplan amenazadores (cf. Mt 7, 24-25).

Es necesario un salto de calidad en la vida cristiana del pueblo, para que testimonie su fe de forma n铆tida y clara. Esta fe, celebrada y participada en la liturgia y en la caridad, alimenta y fortalece a la comunidad de los disc铆pulos del Se帽or y los edifica como Iglesia misionera y apost贸lica. Nadie debe sentirse excluido de este compromiso apost贸lico.

4. Cuando, al inicio del nuevo milenio, quise indicar algunas prioridades pastorales, nacidas de la experiencia del gran jubileo del a帽o 2000, no dud茅 en se帽alar, en primer lugar, que "la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la santidad" (Novo millennio ineunte, 30). A la "llamada universal a la santidad", destacada por el concilio Vaticano II en la constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium, ha respondido la Iglesia de hoy y del pasado con una legi贸n innumerable de santos, algunos de los cuales son mundialmente conocidos, mientras que otros permanecer谩n en el anonimato. Todos han vivido una entrega incondicional a Dios, abraz谩ndose a la cruz de Cristo, por la contemptio mundi, el alejamiento del mundo que los distingu铆a, o por la consecratio mundi, propia de los laicos. Sin embargo, "todos los cristianos, de cualquier estado o condici贸n, est谩n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci贸n del amor" (Lumen gentium, 40).

La Iglesia necesita sacerdotes santos; religiosos santos que se distingan por su consagraci贸n exclusiva, dentro de su carisma fundacional propio, a la realizaci贸n de la obra evangelizadora con generosidad y sacrificio en la misi贸n esencial que se les ha confiado, a ejemplo de la madre Paulina, fundadora de la congregaci贸n de las Hermanitas de la Inmaculada Concepci贸n, a la que canonic茅 el pasado mes de mayo. La Iglesia necesita, hoy m谩s que nunca, laicos santos que puedan recibir el honor de los altares despu茅s de haber buscado la perfecci贸n cristiana en medio de las realidades temporales, en el ejercicio de su trabajo intelectual o manual, todos ellos gratos a Dios, cuando se ofrecen para su honra y gloria. De sus filas surgen vocaciones para el seminario y para la vida religiosa.

5. Deseo dirigir hoy mi pensamiento a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se dedican, muchas veces con inmensas dificultades, a la difusi贸n de la verdad evang茅lica. De entre ellos, muchos colaboran o participan activamente en las asociaciones, en los movimientos y en otras realidades nuevas que, en comuni贸n con sus pastores y de acuerdo con las iniciativas diocesanas, llevan su riqueza espiritual, educativa y misionera al coraz贸n de la Iglesia, como valiosa experiencia y propuesta de vida cristiana.

En las diversas visitas pastorales y en los viajes apost贸licos he podido apreciar los frutos de esta presencia en muchos campos de la sociedad, en el mundo del trabajo, de la solidaridad internacional con los m谩s necesitados, del compromiso ecum茅nico, de la fraternidad sacerdotal, de la asistencia a las familias y a la juventud, y tantos otros. Es una realidad que representa la multiforme variedad de carismas, m茅todos educativos, modalidades y finalidades apost贸licas, vivida en la unidad de la fe, la esperanza y la caridad, en obediencia a Cristo y a los pastores de la Iglesia. En la pr谩ctica, "deben actuar como verdaderos instrumentos de comuni贸n en el seno de la Iglesia, dando prueba tanto de una sincera y efectiva colaboraci贸n mutua para afrontar los desaf铆os de la nueva evangelizaci贸n, como de una indispensable sinton铆a con los objetivos indicados por los obispos, sucesores de los Ap贸stoles, en las diversas Iglesias locales" (Mensaje para el Encuentro nacional de movimientos laicales, Lisboa, 28 de marzo de 2000).

6. Conozco el esfuerzo de vuestras di贸cesis por alcanzar estos objetivos. Uno de los factores que conviene destacar en vuestro sentire cum Ecclesia es que la presencia de las nuevas realidades suscitadas por el Esp铆ritu, los movimientos y las asociaciones laicales en vuestras Iglesias particulares, sirve para "participar responsablemente en la misi贸n que tiene la Iglesia de llevar a todos el Evangelio de Cristo como manantial de esperanza para el hombre y de renovaci贸n para la sociedad" (Christifideles laici, 29).

A veces se puede correr el riesgo de un ofuscamiento o miop铆a con respecto al valor trascendente que el fen贸meno asociativo va cobrando hoy en la vida de la Iglesia. Ya he afirmado que existe "una raz贸n eclesiol贸gica, como abiertamente reconoce el concilio Vaticano II, cuando ve en el apostolado asociado un signo de la comuni贸n y de la unidad de la Iglesia en Cristo" (ib.); y no s贸lo: esa gran asamblea puso de relieve lo que defini贸 como aut茅ntico "derecho de fundar y dirigir asociaciones, y de inscribirse en las fundadas" (ib.).

Naturalmente, la autoridad diocesana debe respetar y examinar siempre los criterios de eclesialidad para una inserci贸n adecuada de esas nuevas realidades, de acuerdo con las necesidades pastorales, no s贸lo de la propia Iglesia particular, sino tambi茅n de la Iglesia universal (cf. ib., 30). A todas esas realidades se les exige, ciertamente, una comuni贸n cada vez m谩s s贸lida con sus pastores, puesto que "ning煤n carisma dispensa de la relaci贸n y sumisi贸n a los pastores de la Iglesia" (ib., 24); por otro lado, a estos les compete la funci贸n de discernimiento, para juzgar la autenticidad del camino que ellas deber谩n recorrer en los 谩mbitos diocesanos. Tambi茅n se puede pensar en estructuras pastorales complementarias, que impliquen una convergencia org谩nica entre sacerdotes y laicos.

Con ello se busca orientar los esfuerzos hacia las metas que realmente est谩n inscritas en la pastoral diocesana y, en 煤ltimo an谩lisis, en la mente del Sucesor de Pedro y del Magisterio correctamente aplicado; pero es preciso evitar tambi茅n el peligro de dispersi贸n de las fuerzas vivas en objetivos diferentes de la "preocupaci贸n por todas las Iglesias" (2 Co 11, 28). En este sentido, quisiera atraer vuestra atenci贸n hacia el deseo, manifestado en ciertos sectores, de transformar en conferencia el Consejo nacional de laicos, como instancia paralela a la Conferencia nacional de los obispos de Brasil. Pretender crear un organismo aut贸nomo, representativo de los laicos, sin referencia a la comuni贸n jer谩rquica con los obispos, constituye un defecto eclesiol贸gico con implicaciones graves y f谩cilmente detectables. Por eso, conf铆o en vuestra diligencia para prevenir a los fieles contra tales iniciativas.

7. Asimismo, el papel fundamental que desempe帽an los laicos en la misi贸n de la Iglesia fue puesto de relieve, como sabemos, en el concilio Vaticano II y en numerosos documentos posconciliares.

Los laicos, dice la Lumen gentium, "est谩n llamados, como miembros vivos, a contribuir con todas sus fuerzas (...) al crecimiento de la Iglesia" (n. 33), a su expansi贸n entre los hombres y entre los pueblos. A煤n m谩s expl铆cito y categ贸rico es el Decreto sobre el apostolado de los laicos, que reafirma que "los laicos tienen un espec铆fico papel activo en la vida y la acci贸n de la Iglesia" (Apostolicam actuositatem, 10). Por eso, su actividad apost贸lica no es facultativa, sino un deber estricto que corresponde a cada fiel, por el simple hecho de estar bautizado. Todos "han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo, fomentar en s铆 mismos un esp铆ritu verdaderamente cat贸lico y consagrar sus energ铆as a la obra de evangelizaci贸n" (Ad gentes, 36).

La misi贸n es 煤nica, pero el modo de realizarla es diferente, conforme a los dones distribuidos por el Esp铆ritu a los diversos miembros de la Iglesia. La acci贸n de los laicos es indispensable para que la Iglesia se pueda considerar realmente constituida, viva y operante en todos sus sectores, convirti茅ndose plenamente en signo de la presencia de Cristo entre los hombres. Esto supone un laicado maduro, en plena comuni贸n con la jerarqu铆a y comprometido a encarnar el Evangelio en las distintas situaciones en que se encuentre.

La funci贸n de los pastores consiste en estimular y canalizar los esfuerzos de sus diocesanos, pues se trata de una verdadera obra misionera evangelizadora, tal como fue transmitida por el Redentor a su Iglesia. Como maestros en la fe, confirman en sus diocesanos el respeto a las leyes can贸nicas de la Iglesia, procurando orientarlos tambi茅n para que cumplan las leyes del Estado, porque "no se distinguen de los dem谩s hombres ni por el pa铆s, ni por la lengua, ni por la organizaci贸n pol铆tica" (Carta a Diogneto, 5: PG 2, 1173); s铆 se distinguen por la fe y la esperanza cristianas, y por la pureza de vida.

8. Con mayor raz贸n, es necesaria una diligente y atenta pastoral de la juventud, llamada a testimoniar los valores cristianos en el nuevo milenio. No est谩 de m谩s reafirmar que los j贸venes son el futuro de la humanidad. Preocuparse por su maduraci贸n humana y cristiana representa una valiosa inversi贸n para el bien de la Iglesia y de la sociedad. De aqu铆 la convicci贸n de que la "pastoral juvenil ha de ocupar un puesto privilegiado entre las preocupaciones de los pastores y de las comunidades" (Ecclesia in America, 47).

Como sabemos, la juventud brasile帽a caracteriza la vida nacional no s贸lo num茅ricamente, sino tambi茅n por la influencia que ejerce en la vida social. Adem谩s del arduo problema del acompa帽amiento del menor privado de la dignidad y de la inocencia, existen los problemas vinculados a la inserci贸n en el mundo laboral; el aumento de la criminalidad juvenil, en gran parte condicionado por la situaci贸n de pobreza end茅mica, por la falta de estabilidad familiar y por la acci贸n, a veces nociva, de ciertos medios de comunicaci贸n social; la emigraci贸n interna en busca de mejores condiciones de vida en las grandes ciudades; y la preocupante implicaci贸n de los j贸venes en el mundo de la droga y de la prostituci贸n; esos problemas constituyen factores prioritarios de vuestra solicitud pastoral.

Los j贸venes no son indiferentes a lo que ense帽a la fe cristiana sobre el destino y el ser del hombre. Aunque no faltan ideolog铆as -y personas que las sostienen- que permanecen cerradas, existen en nuestra 茅poca aspiraciones elevadas que se mezclan con actitudes mezquinas, hero铆smos y cobard铆as, idealismos y desilusiones; criaturas que sue帽an con un mundo nuevo, m谩s justo y m谩s humano. Por eso, "si a los j贸venes se les presenta a Cristo con su verdadero rostro, lo experimentan como una respuesta convincente y son capaces de acoger su mensaje, aunque sea exigente y est茅 marcado por la cruz" (Novo millennio ineunte, 9).

9. Antes de terminar este encuentro fraterno, dirijo, en forma de oraci贸n, un recuerdo especial a los obispos fallecidos, para que el Dios de misericordia los recompense con el premio eterno de su gloria. Al mismo tiempo, expreso profunda estima y fraternidad a los obispos que han dejado el servicio activo de las di贸cesis durante este largo quinquenio, y les renuevo aqu铆 mi gratitud; con su presencia y su ejemplo de fe y santidad siguen siendo una verdadera bendici贸n para la Iglesia peregrina. Que el Esp铆ritu Santo sacie a todos con la abundancia de sus consolaciones.

Mar铆a sant铆sima, nuestra Madre, os proteja en el camino de la vida y os ampare en las dificultades de vuestro ministerio. Con estos deseos, os concedo de coraz贸n a cada uno mi bendici贸n apost贸lica, extendi茅ndola a vuestros sacerdotes y colaboradores, a los di谩conos y a las familias religiosas, a los seminaristas y a todos los fieles de vuestras di贸cesis

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