Existe en los medios académicos católicos un pudor, una vergüenza por la piedad y la oración. Pareciera que ellos fuesen una amenaza para la ciencia. Es un caso particular del naturalismo que separa la naturaleza y el misterio, la razón y la fe. La última encÃclica del Papa Juan Pablo II es profética apunta a restañar misericordiosamente esa llaga 60 .
“Si hiciéramos hoy un sondeo preguntando dónde se encuentran los mejores modelos de fe, ¿cuál serÃa el porcentaje de los que responderÃan: ‘entre los teólogos’?†61 [...] “Muy raras veces son hoy las facultades de teologÃa lugares de oración, lugares en los que se vive la experiencia de Dios. Las facultades cientÃficas miden su nivel por la calidad de sus laboratorios de investigación; y las facultades de teologÃa deberÃan medirse por la calidad de sus lugares de oración; de los lugares ejemplares de los que habrÃan de salir santos. La experiencia orante deberÃa ser a la vez la inspiración y fructificación de la teologÃa†[...] “Las facultades universitarias de teologÃa se han alineado en exceso según el modelo que preside las ciencias humanas, y no han sabido dar una prioridad suficiente a su carácter teológico especÃfico†62 .
Es la consecuencia lógica de la separación naturalista y neomodernista entre fe y razón, entre conocimiento y caridad. El fenómeno tan bien descrito por Martin Buber ha llegado a las facultades teológicas: también allà se habla de Dios más que a Dios. No se trata de elegir entre una cosa u otra, sino de mantenerlas unidas: estudio y oración, conocimiento y caridad.
D.F. Strauss habÃa separado de tal manera ambas cosas que a Cristo sólo lo encontraba interesante como idea: “Esta es la clave de toda CristologÃa: que como sujeto de los predicados que la Iglesia atribuye a Cristo, se coloque una idea en lugar de un individuo†63 . “¿Qué puede tener todavÃa de especial un individuo? Nuestro tiempo quiere una CristologÃa que lo lleve desde el hecho a la idea, desde el individuo a la Especie. Una dogmática que se quede en Cristo como individuo, no es una dogmática sino una prédica†64 . ¿Cómo podrÃa ser una idea objeto de caridad? Es evidente que en este ‘cristianismo’ que propone Strauss, la comunión de amor ha desaparecido. La frÃa indiferencia hacia el individuo que murió en la Cruz por mà serÃa inexplicable en un creyente. Lo que ha sucedido en esta perspectiva es que ha muerto la fe, o se mantiene un conocimiento sin amor, que, como se verá al tratar del endemoniado de Cafarnaúm es el conocimiento que los demonios tienen de Jesús.
Esta ‘religión’ donde Dios se transforma en Idea es una Ideo-latrÃa. Es una propuesta lógica en un discÃpulo de Hegel. La ideo-latrÃa de Strauss es propia del idealismo, que penetrará en el catolicismo en forma de la herejÃa modernista condenada por San PÃo X en la encÃclica Pascendi.
Esta inversión de la fe católica, es, sin embargo difÃcil de discernir, por diversos motivos. Primero: porque nada más parecido a Cristo que la idea de Cristo. Strauss seguirá hablando de Jesús, pero ya se ve qué es lo que le interesa. Asà también, dentro del catolicismo, la gnosis, el modernismo y el secularismo seguirán hablando de Jesús, pero no desde la fe y la caridad. Lo que les importa de Jesús es la idea, el enunciable. En segundo lugar: porque el idealismo, al ingresar en la Iglesia católica no podÃa moverse con la misma libertad que en el mundo protestante, debido al Magisterio católico que vigila la doctrina. Por eso el modernismo siempre ha debido ocultar su pensamiento y cubrir sus errores con nieblas de silencios. En ese sentido, autores como D. F. Strauss tienen, al menos, la virtud de la sinceridad y la claridad en la exposición de sus convicciones.
Pero no quedan ahà los efectos del naturalismo. El pensamiento teológico no sólo se ha apartado de la oración sino que a menudo parece volverse contra la fe. Da la impresión a veces de que la teologÃa haya perdido el contacto con el Dios del que habla.
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